
“Me había abandonado tantas veces en el pasado, que no me tomé el trabajo de denunciar su desaparición”.
Graham “Rick” Sturley en su declaración a la policía
Graham “Rick” Sturley nació en Londres (Inglaterra). Rick llevaba una vida turbulenta en Biggin Hill, cerca de Londres. Rick realmente nunca encontró su camino. En una ocasión fue dueño de una tienda de abarrotes, pero desafortunadamente debió cerrarla cuando las autoridades descubrieron que comerciaba con artículos robados. Pasó un año en la cárcel local. Después de ser liberado, condujo un taxi. Luego incursionó en el área de bienes raíces. Compraba y renovaba edificios destartalados con la idea de venderlos y obtener alguna ganancia, aunque la mayoría de las veces perdía dinero. Fue mientras conducía el taxi que Rick conoció a su futura esposa, Linda Jacqueline. Se llevaron de maravilla desde el principio y, con el paso del tiempo, los Sturley tuvieron dos hijos. Ambos eran promiscuos. Pese a la presencia de los niños, a Linda no le importaba recibir a hombres en su casa cada vez que Rick estaba lejos. Por su parte, él también tenía una amante: una chica mucho más joven que él, enfermera de profesión, que también estaba casada y tenía dos hijos.
Linda Sturley

Rick sabía que su esposa tenía sus aventuras, pero quería probar su infidelidad. Intervino la línea telefónica, y escuchó a Linda y a su amante hacer planes para reunirse. Cuando enfrentó a su esposa, ella prometió enmendarse. Cumplió su palabra por un tiempo, pero luego volvió a las andadas. Linda Sturley fue vista en su casa en el mes de julio de 1981, cuando la visitó su hermana. Linda, que estaba embarazada de seis meses, le confesó llorosa que su marido le había pegado y golpeado el vientre durante una violenta disputa la noche anterior, acusándola de que uno de sus amantes era el padre de la criatura que esperaba. Al día siguiente, Linda, vivaracha vendedora de la compañía de cosméticos Avon, desapareció. Sturley había dicho rotundamente a sus dos hijos, una niña de seis años y un niño de cuatro, que su madre no volvería nunca. Los vecinos observaron que Sturley había encendido una fogata en el jardín, y quemado en ella toda la ropa de su esposa. El 18 de julio de 1981, cuando llamó la hermana de Linda, Rick le dijo que ella se había ido. Hasta ese momento, Rick mantenía una excelente relación con la familia de Linda, que no tenía motivos para no creerle. Por su parte, Linda siempre había mantenido un estrecho contacto con sus hermanas y su madre. Es difícil entender por qué la familia de Linda esperó todo un año antes de notificar su desaparición.
Linda Sturley con sus amigos

Durante todo el año siguiente, hasta julio de 1982, Sturley vivió como si Linda se hubiese simplemente marchado. Incluso telefoneó a la familia de su mujer para asegurarles que Linda estaba bien, mientras alguien que conocía detalladamente las libretas de depósito de la mujer desaparecida había falsificado su firma para sacar todo lo que había en sus cuentas de ahorro y los cheques para el subsidio por maternidad. Finalmente, la familia de Linda llamó a la policía. Un inspector de Scotland Yard se presentó en la residencia de los Sturley. A Rick le sorprendió la tardía investigación, pero rápidamente recuperó la calma. Le dijo al agente que la noche del 17 de julio de 1981, él y Linda habían tenido una discusión. En medio de la acalorada riña, Linda, quien tenía seis meses de embarazo, le dijo a su esposo que él no era el padre de la criatura. Ante tan desagradable revelación, la había golpeado. Rick declaró que él se había ido a la cama, dejando a su esposa sentada en la sala. Cuando despertó al día siguiente, Linda se había marchado. No había vuelto a verla desde entonces, y admitió que no lamentaba que se hubiera ido.
Supuesto retrato de Linda Sturley

Los médicos de la familia de Linda Sturley revelaron que la mujer desaparecida habría tenido que sufrir una cesárea para dar a luz. Los funcionarios de Sanidad comprobaron los registros de todos los hospitales de maternidad y clínicas de Gran Bretaña, y ninguna paciente que coincidiese con su descripción había ingresado en ella. Rick además era ex detective privado, había estudiado docenas de casos de personas que habían desaparecido y nunca habían sido encontradas vivas. Y cuando Linda, su propia esposa, desapareció, Rick tenía los conocimientos, el móvil y la oportunidad de haberla asesinado. Los detectives que fueron a visitarle en su casa de Biggin HiIl, Kent, se convencieron rápidamente de que Sturley, que ahora otra vez se ganaba la vida con negocios sobre inmuebles, había matado a su esposa de veintinueve años. Además, Rick había llamado a su novia, la enfermera, quien rápidamente se había mudado a la casa con su ropa, sus pertenencias y sus dos hijos.
La granja de Sturley

Él confesó francamente que la odiaba por sus descaradas aventuras amorosas con otros hombres. Pero la policía empezó su investigación con una gran desventaja. Cuando la atribulada madre de Linda, la señora Ada Webb, se dirigió a la policía local para denunciar su desaparición, hacía ya doce meses que su hija faltaba de casa. La señora Webb había retrasado tanto su denuncia porque su yerno Sturley le aseguraba que, aunque Linda se había marchado de casa, había estado en contacto con él por teléfono. Cuando los policías llamaron a la puerta del pulcro bungalow suburbano de Sturley, éste les dijo francamente: “Sí, se marchó y espero no volver a verla. No sé dónde está y me alegro de haberme librado de ella”.
Biggin Hill

Entonces los detectives empezaron a reconstruir los hechos. “Sabemos que su mujer tenía muchos amantes y era una mala esposa. Y comprendemos que a veces estas presiones pueden impulsar a un hombre al homicidio”, le dijo un policía a Rick. Pero Sturley, que tenía un historial de salud delicada y dolencias cardíacas, no flaqueó una sola vez durante las largas sesiones de interrogatorio de la policía: “Ustedes creen que la enterré en el jardín. Bueno, no habría sido tan estúpido: habría envenenado las flores”. La policía pensaba que encontrar a Linda Sturley era sólo cuestión de tiempo, y que entonces destruirían la empeñada resistencia del marido y obtendrían su confesión. Sturley, negándose tenazmente a reconocer participación alguna en la desaparición de su esposa, les dijo: “Me había abandonado tantas veces en el pasado, que no me tomé el trabajo de denunciar su desaparición. Me alegro de que se fuese; no quiero volver a verla”.
Cartel de búsqueda de Linda Sturley

Cuando los numerosos anuncios publicados en los periódicos nacionales y en televisión no dieron el menor resultado para encontrar a la desaparecida, empezó la búsqueda del cadáver. Se consiguieron órdenes de cateo y la residencia de los Sturley fue registrada minuciosamente. Los agentes advirtieron que las alhajas de Linda aún estaban en su joyero. Su ropa aún colgaba en el armario. Cuando encontraron su chequera, Rick les dijo a los investigadores que Linda había cobrado varios cheques después del 17 de julio, el día que desapareció. Sin embargo, cuando la policía explicó que estas transacciones serían investigadas, Rick reconoció que había falsificado la firma de su desaparecida esposa para transferir el dinero de ella a su propia cuenta. A medida que avanzaba la investigación, se supo que Linda estaba particularmente encariñada con su hijo menor y nunca lo abandonaría de manera voluntaria. Los dos hijos anteriores de Linda habían nacido por cesárea y necesitaría someterse a otra intervención de esta clase para su tercer hijo. Se inspeccionaron los hospitales. No había registros de este tipo de operación. Los investigadores estaban convencidos de que Linda había sido víctima de asesinato a manos de su esposo. Consideraron que incluso sin el cuerpo, tenían suficiente evidencia circunstancial para proceder contra su sospechoso. Se levantaron las tablas del suelo del cuarto de estar de la casa de Sturley y se golpearon las paredes de ladrillo por si había alguna cavidad oculta. Se emplearon aparatos de rayos infrarrojos y otros detectores para registrar los jardines alrededor de la casa, y equipos de investigación con perros peinaron los bosques y parques de los alrededores. Buceadores de la policía se sumergieron en lagos, ríos y estanques. En una serie de interrogatorios exhaustivos, Rick Sturley se burló del fracaso de la policía en sus intentos de descubrir lo que había sido de su esposa. Los detectives, conocedores de una dolencia cardíaca padecida por el sospechoso, le trataron delicadamente, sondeándole e interrogándole sin pasarse de la raya.
El auto abandonado de Sturley

Después de tres meses de intensa investigación, el jefe de la brigada de homicidios, detective inspector jefe George Cressy, examinó todas las pruebas circunstanciales y decidió que eran suficientes para recomendar la detención de Rick Sturley y acusarlo de la muerte de su esposa. Cuando los técnicos jurídicos de la policía empezaban a preparar su detención, convencidos de la procedencia de su acusación y de la inevitable condena, justo el día en que Rick sería detenido, su novia le informó a la policía que él había muerto por un ataque cardíaco. El probable asesino estaba muerto, pero la policía aún sentía curiosidad por saber cómo Rick se había deshecho del cuerpo de su esposa. Un inspector persistente decidió ir por última vez a la casa. No había nadie allí y todo tenía un aspecto ruinoso, pero el auto de Rick estaba en la entrada del estacionamiento, abandonado y sin el seguro en las puertas. El vehículo había sido inspeccionado anteriormente. En esta ocasión, el inspector encontró un viejo mapa debajo del asiento delantero. Una “X” marcaba New Haven Farm. El sabueso condujo hasta una enorme granja en que se criaban cerdos en Farmborough, Kent. Con permiso del propietario, la granja fue peinada por cien policías. Encontraron el zapato y los dedos del pie de una mujer. El granjero llevaba un diario, en el cual había registrado que salió con su esposa la noche del 17 de julio y regresó en la madrugada. Más tarde se supo que Rick había intentado alquilar una cabaña cerca de la granja meses antes de la desaparición de Linda. Dado que no había evidencia de que Rick hubiera descuartizado a su esposa en su casa en Biggin Hill, los agentes creían que la había asesinado en la cabaña y que había transportado el cuerpo a un campo cerca de New Haven Farm. Allí había cortado el cadáver en pedazos. Expertos forenses fueron enviados a examinar los huesos del cuerpo de la mujer desenterrada en el bosque, a cuarenta y ocho kilómetros de distancia. Los agentes creían que les había dado el cuerpo a los cerdos como alimento. Pero no se comprobó que los huesos fueran de ella y al final, no se encontraron rastros de Linda Sturley, viva o muerta.
New Haven Farm

El sumario sobre el asesinato de Linda Sturley fue sobreseído y archivado con la indicación de “El sospechoso ha muerto”. El abogado de Rick Sturley reveló más tarde: “El señor Sturley dejó un testamento disponiendo de sus bienes, pero no había en él nada sorprendente en ningún sentido, ninguna confesión, ningún reconocimiento”. Los detectives de Kent pensaron que era inútil asistir una semana más tarde a la incineración de Sturley, después de una ceremonia en la tranquila capilla de Honor Oak, Londres. Pero sí se enteraron de un extraño tributo final que fue depositado sobre su ataúd, una corona con una inquietante dedicatoria anónima: “Te sacaste eso de en medio, Sturley. Con todo mi amor”.
La capilla de Honor Oak

BIBLIOGRAFÍA:
