Escrito con Sangre: ronald
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Ronald Janssen: "El Monstruo de Lovaina"



“El asesinato se produjo a mediodía, en plena calle y bajo el sol. De la otra acera empezaron a disparar y caí en redondo, tratando de imaginar qué clase de pájaro saldría de mi pecho cuando se acercara un compañero para recibir mi último mensaje”.
Ana María Moix


Ronald Janssen nació en el 6 de febrero de 1971 en Boorsem (Bélgica). Tuvo una infancia normal y fue un buen alumno durante sus años de estudiante. Pero un día, Janssen cambió. Siendo estudiante en Lovaina, a partir de 1990 comenzó a frecuentar los caminos vecinales y a recoger chicas que necesitaban ir a algún lugar. Todas ellas tenían entre quince y veintiocho años. Janssen primero las llevaba a un lugar apartado, las golpeaba, las violaba y terminaba por asesinarlas. Robaba el dinero que llevaban y se deshacía de los cadáveres tirándolos a un lado del camino.



Ronald Janssen


Tras salir de la universidad, se casó. Janssen tuvo dos hijas, quienes nacieron en 1998 y 2001. Se divorció años después. Luego se convirtió en profesor de secundaria en Halen. Sus conocidos lo describían como “un hombre agradable, sociable, amistoso y amable, alguien con quien dejarías salir a tu hija”.



Tiempo después, era considerado por sus colegas y alumnos un buen profesor de diseño industrial, labor que desempeñaba en un centro educativo de Loksbergen (en el noreste de Bélgica).




Pero ni la familia, ni el trabajo, ni su activa vida social, detuvieron su carrera criminal. Janssen asesinó a quince mujeres a lo largo de diecinueve años. De esa manera, se convirtió en el autor de prácticamente todos los homicidios sin resolver en Bélgica en dos décadas. Aunque se lanzó un retrato robot, nadie pudo identificarlo.



El retrato robot


En 2009, Janssen mató a Annick van Uytsel, una joven declarada como desaparecida en la localidad de Schaffen. La última llamada que Annik le contestó a su madre situaba su teléfono móvil en Halen, donde Janssen radicaba. Janssen la escogió al azar porque le gustó al verla en la calle. La obligó a subir a su furgoneta con todo y su bicicleta, la llevó a su casa, donde la retuvo en el sótano para violarla y torturarla, antes de asesinarla y envolver el cadáver en una bolsa de plástico.



Annick van Uytsel


Su cuerpo fue hallado días después de su desaparición, el 3 de mayo, en el Canal Albert de Lummen. Los policías interrogaron a Janssen, porque algunos amigos de la víctima lo vieron con ella. De hecho, su bicicleta apareció en un apartamento de estudiante en Leuven, que Janssen ocupó años atrás. Pero la correlación no fue establecida y quedó en libertad.



La noche del 1 al 2 de enero de 2010, Janssen asesinó a su vecina, Shana Appeltans, de dieciocho años, y a su novio Kevin Paulus, de veinte, porque, según declararía después a la policía, “le molestaban”. Ambos jóvenes habían estado celebrando el Año Nuevo hasta la 01:00 horas en un café situado a ochocientos metros de su domicilio. Luego subieron a su automóvil.



Shana Appeltans y Kevin Paulus


El catedrático asesino les disparó a ambos, antes de incendiar el auto dentro del cual se hallaban. La policía no tardó en detenerlo a causa de los casquillos, que Janssen dejó en la escena del crimen.



El funeral de los novios


Más de mil personas asistieron a los funerales de las dos últimas víctimas de Janssen. A medida que el hombre confesaba con gusto sus crímenes anteriores, los agentes se quedaron atónitos: no podían creer que el atildado hombre fuera el autor de tantos crímenes.



Janssen fue considerado como el peor asesino en serie de la historia de Bélgica. La policía belga tuvo que reabrir todos los expedientes de asesinatos sin esclarecer desde 1990 en la zona norte del país.



Ante las dimensiones del caso, las fiscalías de Lovaina y de Gante dejaron de informar a los periódicos sobre el asunto. Los medios belgas dieron por hecho que varios de estos casos sin esclarecer eran verdaderamente crímenes cometidos por el “simpático” profesor de secundaria.



Janssen durante una fiesta




El abogado de la familia de Annick Van Uytsel declaró que “la frialdad con la que cometió los dos últimos asesinatos daba a entender claramente que no era un novato en esto”.



Los titulares




La Fiscalía de Brujas intentó relacionar a Janssen con la muerte por apuñalamiento, en 1991, de Ingrid Caeckaert, de veintiséis años de edad, en Heist-aan-Zee; y de Carola Titze, una joven alemana de dieciséis años cuyo cuerpo sin vida fue hallado en las dunas de Coq en 1996.



Los padres de Annick


También se decidió reabrir la investigación sobre los hermanos Kim y Ken Heyrman, desaparecidos en 1994, según declaró su madre a un canal de televisión. El cuerpo de Kim fue encontrado en el puerto de Amberes, mientras que nunca se volvieron a tener pistas sobre Ken.



Mapa del crimen de Kim y Ken Heyrman


La policía logró que Janssen confesara con un método de interrogatorio consistente en halagar sus capacidades criminales, para que se sintiera orgulloso de todos sus actos y los revelara para que fueran valorados.



Las investigaciones



La detención de Janssen tuvo consecuencias en Holanda, cuya policía informó a los belgas de varios crímenes sin resolver en la región de Maastricht, al sur del país, una zona no muy lejana del lugar de nacimiento del confeso asesino en serie.




Internado en prisión provisional, Janssen quedó bajo vigilancia ante la posibilidad de que intentara suicidarse. Habló por teléfono en dos ocasiones con su madre, Hilda Houben, desde su primera inculpación. Houben declaró al diario Het Laatste Nieuws que su hijo le dijo que no podía explicar cómo había llegado a cometer los asesinatos, excepto que "estaba ciego de cólera".



Ronald Janssen fue bautizado por los medios como “El Monstruo de Lovaina”. Recluido en prisión, fue sentenciado a prisión perpetua el 21 de octubre de 2011.



La llegada al Tribunal




BIBLIOGRAFÍA:

Ronald Light: "El Crimen de la Bicicleta Verde"



“Las bicicletas, niña hermosa, son las que andan por allí…”
Canción de las bicicletas


Anna Bella Wright nació el 14 de julio de 1897 en Leicester (Inglaterra). Fue hija de Mary y Kenus Wright, siendo la mayor de siete hermanos. Desde joven trabajó como sirviente antes de conseguir un empleo en una fábrica de neumáticos en Leicester, en el centro de Inglaterra, a orillas del río Soar.



La casa de Bella Wright


Cuando el sábado 5 de julio de 1919 Bella Wright, de veintiún años, se despertó de la siesta, aún le quedaba tiempo para salir a tomar un rato el aire antes de comenzar el turno de noche en la fábrica. Hacia las 18:30 horas pedaleaba por Upper Road hacia Gaulby, donde residía su tío. Nada más pasar el desvío que conducía a Great Stretton se detuvo para echar un vistazo a una rueda, que parecía algo suelta.



Bella Wright


Mientras se hallaba inclinada sobre su vehículo, un hombre montado en una bicicleta verde apareció en el camino. Era robusto, tenía el pelo gris e iba sin afeitar. Bella Wright le preguntó si llevaba una llave. Mientras se bajaba, el extraño le preguntó con voz fuerte y chillona qué le pasaba. No disponía de ninguna llave, pero se puso a rodar la bicicleta de la joven por la carretera. “Creo que sí puedes conducirla. Llévatela así y mañana le ajustas la rueda”, le dijo.



Siguieron pedaleando juntos por Upper Road mientras charlaban amigablemente. Se bajaron de las bicicletas para subir una cuesta muy empinada y el desconocido le preguntó el nombre del pueblo al que se aproximaban. Bella le explicó que se trataba de Gaulby y lo condujo hasta una casita de campo de ladrillos rojos situada en Back Street. Hacia las 19:30 horas, George Measures, un peón caminero de la localidad, vio entrar a su sobrina en el patio con su bicicleta. Se quedó un tanto sorprendido al observar que iba acompañada por un hombre de aspecto descuidado y vestido con un traje gris, corbata y gabardina. “¿Quién es ese hombre, Bella?”, le preguntó su tío. “No lo conozco”, contestó ella; y le explicó que se lo había encontrado en el camino.



Measures sabía que su sobrina pensaba casarse con un joven que estaba prestando servicio en la Marina, y que no tenía costumbre de hablar con extraños. La muchacha le dijo que confiaba en que cuando ella regresara a casa, el hombre ya no estuviera allí. Se quedó a tomar el té con su tío y al rato se les unieron la hija y el yerno de éste, un minero llamado James Evans.



George Measures


El desconocido estuvo esperando fuera unos quince minutos y después se dispuso a recorrer la distancia que le separaba de Leicester. Al montarse en la bicicleta se dio cuenta de que la rueda trasera estaba desinflada y tardó una hora en poner el vehículo en condiciones. Luego decidió llamar a la casa de Back Street para ver si la joven iba a marcharse ya. Cuando Measures y Evans acompañaron a Bella a la puerta, se quedaron muy sorprendidos al descubrir que el hombre de la bicicleta verde seguía fuera. Y ambos le oyeron decir con absoluta claridad: “Has tardado mucho, Bella”.



La casa de Back Street


Mientras intentaban tensar la rueda de la joven, Evans y el desconocido se pusieron a hablar de bicicletas. Luego Bella y él se marcharon juntos. Después de separarse, el hombre tuvo más problemas con su rueda y se vio obligado a andar tres o cuatro kilómetros hasta Leicester. Entró en su casa alrededor de las 22:00 horas. Entre las 21:15 y 21:30 horas, Joseph Cowell atravesaba a pie su granja, en el pueblo de Little Stretton, a tres kilómetros de distancia de Gaulby. Elms Farm lindaba con Gartree Road y se comunicaba con Upper Road gracias a un sendero.



Joseph Cowell


Cowell se detuvo junto a Gartree Road al lado de una puerta instalada en la cerca. Una joven con un espeso cabello negro yacía inconsciente al otro lado de la carretera. Estaba de espaldas y ligeramente inclinada a la derecha; junto a ella había una bicicleta. Después de cruzar la cerca a toda prisa, Cowell observó que la muchacha tenía el rostro cubierto de sangre. El sombrero y la gabardina estaban impecables. Cuando levantó el cuerpo, éste aún conservaba cierto calor; pero el granjero le tomó el pulso y enseguida se dio cuenta de que estaba muerta. Después de avisar a uno de sus peones para que se quedara a cargo del cadáver, el hombre salió en busca de ayuda. La cara de la muchacha muerta estaba fuertemente magullada y ensangrentada. La gravilla de la carretera se había incrustado en su cara al caer de bruces de su bicicleta y chocar contra el suelo. Saltaba a la vista que había sido atropellada por un conductor de auto; al menos, así lo decían los lugareños. Los estruendosos vehículos a motor no eran todavía un espectáculo corriente en el campo. Los conductores, en opinión de la población rural, espantaban a los animales de las granjas y eran un peligro mortal para los pacíficos ciclistas y los transeúntes. Un examen rutinario del cuerpo de Bella por un médico local pareció confirmar aquella opinión. Dictaminó que algo había hecho que Bella perdiese el dominio de su bicicleta y saliese despedida contra la calzada, donde había muerto a causa de la hemorragia y de lesiones en la cabeza.



El agente Alfred Hall llegó a Elms Farm a las 22:30 horas. Habían trasladado el cuerpo de la joven a una casa de campo situada dentro de la granja, donde el doctor E.K. Williams, de Billesdon, lo examinó, prometiendo volver al día siguiente. A las 06:00 horas del domingo, a la luz del día, Hall descubrió restos de sangre en el pedal derecho de la bicicleta de Bella y una mancha de sangre seca en medio de la carretera. Al observar los bordes cubiertos de hierba a ambos lados de la estrecha carretera, encontró el cuerpo ensangrentado de una corneja. Pero no había ninguna huella de neumáticos cerca del pájaro. Volvió el cuerpo de éste con la punta de la bota y siguió buscando. A unos cuantos pasos de distancia, en el sitio donde había estado tirada la bicicleta de Bella, encontró otra cosa que le llamó la atención: un cartucho de bala vacío, hundido en el blando suelo debajo de una huella de herradura, lo cual le hizo considerar la posibilidad de una muerte violenta. Después de limpiar el cadáver de la víctima, que había pasado toda la noche en aquel estado, encontró un agujero de bala bajo el ojo izquierdo. Cuando el doctor Williams regresó aquella noche, descubrió una segunda herida, más grande que la anterior, en la parte superior de la cabeza y oculta por la espesa cabellera. No había señal alguna de violación. La policía dejó de buscar a un conductor fugitivo para lanzarse a la caza de un asesino.



Alfred Hall


Al día siguiente, el lunes 7 de julio, la joven fue identificada como Bella Wright. Sus desolados padres fueron incapaces de explicar por qué su hija había aparecido en Gartree Road cuando Bella había salido de Gaulby en dirección a Stoughton. Sin embargo, George Measures y James Evans proporcionaron a la policía una detallada descripción de su acompañante.



Mary y Kenus, los padres de Bella Wright


Una nota difundida por las autoridades describía al ciclista como un hombre de unos treinta y cinco o cuarenta años, “de cara rellena, constitución robusta y voz chillona”. La nota recogía todos los datos acerca de la bicicleta del desconocido, desde los guardabarros negros hasta el asiento con muelles en forma de espiral; incluyendo el del cable con que se acababa de reparar el pedal del vehículo.



La noche siguiente, el propietario de la bicicleta verde, un ingeniero de treinta y cuatro años desempleado, leía todos estos detalles en el Leicester Mercury. Ronald Light, quien aún se estaba recuperando del trauma producido en él por los bombardeos ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial, no había comentado con nadie, ni siquiera con su madre, el encuentro con Bella Wright. Dejó de sacar su bicicleta a la calle y se abstuvo de comprar una rueda nueva, ya que la policía estaba investigando todos los talleres de reparaciones.



Ronald Light


A principios de octubre, Light borró el número de la placa de la bicicleta y la arrojó a un canal cercano junto con una funda de pistola y varios cartuchos. Siete meses más tarde, el remolque de una barcaza que navegaba por el canal de Leicester quedó enganchado en algo. Cuando el timonel tiró de la cuerda, se quedó atónito al ver aparecer el cuadro y la rueda de una bicicleta. Al día siguiente, el 24 de febrero de 1920, Enoch Whitehouse rastreó ese tramo del canal y metió en su barcaza el cuadro verde de la bicicleta. Inmediatamente se dio cuenta de lo que había encontrado.



La policía dragando el canal


La policía dragó otros tramos del canal y cerca de St. Mary's Wharf apareció una pistolera. El hecho de que el número de identificación estuviera borrado confirmó la opinión de la policía: el desconocido que había aguardado a que Bella Wright saliera de Gaulby era el asesino. La tentativa de borrar toda pista se vio frustrada por la costumbre de la compañía BSA de grabar algunas marcas secretas en sus vehículos con técnicas especiales. Después de desatornillar el manillar de la bicicleta, comunicaron a la policía que ésta fue adquirida en Orton Brothers, un comercio de Derby cuyos archivos demostraron que R. Light la había comprado el 18 de mayo de 1910.



El lugar del crimen



La madre de Light comunicó al comisario Bowley que su hijo estaba dando clases en Cheltenham. El comisario Taylor, de la policía de Leicestershire, se trasladó a la escuela inmediatamente y le preguntó al profesor dónde estaba su bicicleta verde. Ronald Light negó que hubiera comprado una bicicleta en Orton Brothers; haber estado en Gaulby el 5 de julio de 1919; y cualquier encuentro con Bella Wright.



Pero después de un minucioso interrogatorio el sospechoso proporcionó la pista necesaria para relacionarlo con la bicicleta. Taylor lo trasladó a la comisaría de policía y le notificó que estaba acusado de asesinato. Light respondió tranquilamente: “Eso es absurdo”. Pero antes de salir de Cheltenham, Cox, el dueño de la tienda de bicicletas, identificó a Light. Y éste comentó con uno de los policías: “¡Válgame Dios! Ese tipo me ha reconocido perfectamente”.



La policía encuentra la bicicleta verde


Sir Edward Marshall Hall, quien solía fijarse sobre todo en los aspectos técnicos de sus casos judiciales, asumió la defensa del acusado. Los cartuchos de la funda del revólver de Light eran exactamente iguales al que apareció incrustado en la calzada junto al cadáver de Bella. Pero también había algunos hechos a favor de Light: ese tipo de balas eran empleadas habitualmente por el ejército; y además, nunca llegó a encontrarse el revólver. El presunto homicida declaró que había devuelto su arma antes de que le dieran de baja en el ejército. Pero las pruebas circunstanciales reunidas en su contra eran muy negativas.



Marshall Hall, el abogado defensor


Marshall Hall se entrevistó con un armero londinense para probar un revólver Weebley-Scott del calibre .45, del mismo tipo que el que tenía su cliente. Después de lo cual se convenció de que la bala hallada en Gartree Road no era la que había matado a Bella Wright; y que la inocencia de Ronald Light resultaba bastante probable. Ronald Light no conoció personalmente a su defensor, sir Edward Marshall Hall, hasta el 9 de junio de 1920, fecha en que ocupó el banquillo de los acusados en Leicester Castle ante el juez Horridge y se declaró inocente del asesinato de Bella Wright. En un principio, el acusado negó que él fuera el ciclista con el que se había encontrado la víctima y Marshall Hall quiso darle tiempo para que se percatara de lo inútil de su mentira. La táctica dio resultado y su cliente manifestó voluntariamente el deseo de prestar nuevo testimonio, afirmando que retiraría la declaración anterior.



La colección de armas de Marshall Hall


En su discurso inicial el fiscal general, sir Gordon Hewart, hizo hincapié en el hecho de que Light esperara a Bella en Gaulby, así como en sus mentiras y en la ocultación de pruebas; y trazó un dramático esquema del caso con una cadena de enérgicas preguntas sin respuesta. “¿Quién circulaba en bicicleta en dirección a Gaulby? ¿Quién salió de allí en compañía de la joven asesinada? ¿Quién era el hombre con el que vieron a la señorita Wright por última vez? ¿Quién era el ciclista de la bicicleta verde?”, preguntó el fiscal. La acusación ignoraba que Ronald Light tenía intención de admitir que había mentido e hizo desfilar a numerosos testigos dispuestos a probar que el inculpado era la persona que acompañó a Bella hasta Gaulby y luego la esperó para volver juntos a casa.



Ronald Light llega al Tribunal


El doctor E.K Williams declaró que la herida superficial infligida en el cráneo de la víctima se debía a un disparo efectuado desde unos dos metros de distancia; y que un tiro como éste, procedente de un revólver del ejército, podía continuar su trayectoria otros ochocientos metros. Williams no puso objeción cuando Marshall Hall comentó que si la bala aparecida en la carretera fue la que mató a la joven, ella debía estar tendida en el suelo cuando se efectuó el disparo; de otro modo, el proyectil habría continuado su trayectoria. Este hecho, unido a que nadie había oído ningún disparo, abonaba el camino del abogado, quien pretendía demostrar que a Bella la había herido el rifle de algún cazador.



Georges Measures durante el juicio


Marshall Hall continuó ganando terreno gracias al testimonio del armero, Henry Clarke, el cual admitió que el disparo podía provenir de un rifle. Pero el testigo también comentó que una bala disparada solamente a dos metros de distancia probablemente dejaría idénticas señales a las aparecidas en medio de la carretera. Sin embargo, el armero no admitió la sugerencia de la defensa en el sentido de que un disparo efectuado a tan sólo dos metros de distancia debería haberle arrancado a la víctima la mitad del cráneo. Otra prueba de cargo parecía complicar el caso, pero de un modo casi irrelevante. La bala encontrada por el agente de policía del pueblo tenía varias marcas. Éstas habían sido causadas al atravesar la bala el cráneo de la joven y por la presión de la herradura que la había hundido en el suelo. Incluso había una marca que podía haber sido producida por un rebote.



El fiscal Gordon Hewart


Bella no había sido robada ni atacada sexualmente. Aunque Ronald Light negaba haberla matado, afirmando que se habían despedido en el cruce de carreteras del pueblo, parecía que las pruebas lo llevarían al patíbulo. Llevaba dos días oyendo todos aquellos testimonios con una frialdad increíble: apoyaba los codos en la barandilla del banquillo, juntaba las manos y se tocaba los labios con un dedo. De vez en cuando se inclinaba para tomar notas. El 10 de junio, antes de prestar declaración, Light pasó un papel a su abogado: “¿Sería tan amable de pedirme que explique delante del jurado por qué no me presenté? Les diré que estaba terriblemente preocupado. Empecé a darle vueltas y no me decidí a presentarme. Estuve dudándolo varios días”. El acusado, que llevaba un traje azul muy elegante y hablaba con la misma voz chillona que todos los testigos recordaban, dejó en la sala una impresión muy favorable de sinceridad y modestia. Insistió en que jamás había tenido una pistola de su propiedad y que el 5 de julio de 1919 no llevaba encima ningún arma.



La bicicleta de Light (click en la imagen para ampliar)


Marshall Hall lo interrogó acerca del encuentro con Bella y preguntó la razón de su espera en Gaulby. ¿Habían comentado uno u otro algo acerca de esperarse? “Bueno, no exactamente con esas palabras. Cuando ella dijo que iba a visitar a unos amigos y que estaría solamente diez minutos o un cuarto de hora, yo lo interpreté como una sugerencia para que la esperara y volviéramos juntos”. Light afirmó que regresó a la casita de campo en el mismo momento en que la joven salía porque necesitaba reparar la bicicleta, y no porque hubiera estado aguardando fuera todo el tiempo, tal y como pensaba la familia de Bella.



El fiscal general había recibido una llamada urgente solicitando su presencia en Londres y a Light lo interrogó Henry Maddocks, el cual le hizo preguntas relativas a sus intenciones con respecto a Bella.
—¿Conocía usted su nombre? ¿Sabía dónde vivía?
—No.
—¿La llamó usted Bella?
—No.
—Así que ¿suponía usted que la joven vivía al otro extremo de Gaulby?
—Era posible.
—En tal caso, habría sido absurdo esperarla, ¿no?
—Pero ella me dijo que iba a estar dentro sólo unos minutos.



El juicio


Cuando Ronald Light declaró en su propia defensa, pareció al principio que se estaba condenando él mismo. Refirió al jurado su triste y torturada historia mental: que se había desequilibrado después de tres años de guerra inhumana en las trincheras del frente; que se le había diagnosticado un trauma producido por la guerra, y que le habían enviado a Inglaterra cuando estaba terminando la contienda, para tratamiento psiquiátrico. Pero su declaración produjo un efecto fulminante en el jurado. Con voz clara y firme, sin sombra de vacilación, Light dijo al Tribunal: “Yo era artillero, y había estado en las trincheras desde 1915 hasta 1918, cuando fui enviado a casa como un hombre destrozado. Conservé la funda y las municiones, porque estaban en una bolsa atada a mi camilla cuando me sacaron del frente. El Ejército se quedó con mi revólver de reglamento. Cuando Bella Wright fue asesinada, vi en los periódicos del día siguiente que era la joven con quien yo había estado poco antes de su muerte. Sabía que la policía quería interrogarme. De nuevo fui cobarde. No dije a nadie lo que sabía. Me libré de todo lo que podía relacionarme con ella porque tenía miedo”. Maddocks le preguntó entonces si tenía tanto interés en ella como para esperarla. “No”, respondió Ronald Light, sin ningún embarazo. La sala entera permaneció inmóvil cuando el juez le interrogó sobre sus motivos para no acudir a la policía. “Nunca decidí de forma deliberada no presentarme. Continué dudando y, por fin, lo dejé correr y no hice nada de nada”. En las conclusiones, Maddocks insistió en la cadena de pruebas circunstanciales del asunto y finalizó diciendo: “El acusado siguió los mismos pasos que habría seguido un hombre inteligente, pero culpable”.



Marshall Hall, en la réplica, aprovechó para puntualizar que no existían pruebas de que su cliente hubiera estado con Bella en Gartree Road, lugar de la muerte de la joven; y que ésta lo describió como “un perfecto desconocido”. “Tendrán que contentarse ustedes con saber que la joven fue asesinada. Un maníaco sexual primero habría hecho con ella lo que le hubiera venido en gana y luego la habría matado. Y en este caso no había señal alguna de violación”, puntualizó la defensa al jurado. Insistió en que el encuentro entre Light y Bella fue uno de tantos habidos entre un hombre y una mujer como resultado del irresistible poder de la atracción sexual.



Mapa del crimen


El 11 de junio, en sus conclusiones, el juez Horridge le pidió al jurado que tuviera en cuenta sobre todo la actitud de Ronald Light después de enterarse de la muerte de Bella Wright. “¿Les parece a ustedes que un hombre inocente habría cometido un engaño semejante?”, preguntó. El jurado estuvo tres horas deliberando y regresó poco después de las 19:30 horas con el veredicto de absolución del acusado. Con ello, la identidad del asesino quedaba oficialmente en el misterio.



Una chica de campo (click en la imagen para ampliar)


Ronald Light pareció relajarse ligeramente, pero su expresión apenas cambió al mirar interrogativamente al juez, quien lo exoneró de los cargos formulados. Comenzaron a sonar gritos de júbilo entre la multitud que se apiñaba fuera de Leicester Castle. Ronald Light pidió prestados a un amigo tres peniques, se escabulló por una puerta lateral sin que nadie se diera cuenta y cogió un tranvía en dirección a su casa.



La investigación había demostrado que Ronald Light, aparentemente, no era el asesino de Bella Wright, aunque sí era el dueño de la bicicleta verde. ¿Entonces, quién la había matado? ¿Realmente se había tratado de un accidente y una bala perdida era la autora de la muerte? Tiempo después del juicio, Ronald Light abandonó Leicestershire y se trasladó a una tranquila granja de Isle of Sheppey, en Kent. Se casó con una viuda y vivió allí hasta el momento de su muerte, ocurrida en 1975, a la edad de ochenta y nueve años. Siempre negó haber matado a Bella.



Durante muchos años sólo la familia de Bella Wright supo dónde se encontraba la tumba de la joven, en la iglesia parroquial de Stoughton. En enero de 1987, un comprador anónimo adquirió en Christie's la funda del revólver de Light y tres balas del Caso de la Bicicleta Verde a cambio de 3,960 libras. La bicicleta verde continúa en manos de una persona de Leicestershire, a cuya familia Ronald Light solía encargarle el mantenimiento del vehículo. El crimen de la bicicleta verde quedó siempre como un caso sin resolver.



La tumba de Bella Wright




BIBLIOGRAFÍA:








DISCOGRAFÍA:

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