Escrito con Sangre: norman
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Norman Thorne: "El Amo de las Gallinas"



“Espero, no sin cierta excitación, que algún día yo pueda brindar un gallinero digno para que estás gallinas se sientan cómodas a mi vera”.
José Manuel Pérez


Norman Thorne nació en 1898 en Sussex (Inglaterra). Para 1922, tenía veinticuatro años y había vivido un tierno romance con una chica llamada Elsie Cameron, que no pasaba de ser una muchacha común que había conocido en una capilla de Londres. Cuando sus miradas se cruzaron, Elsie Cameron cayó rendida al amor de Norman Thorne. Sus problemas depresivos le habían llevado a una vida ermitaña. Era poco atractiva para los hombres y además su carácter la hacía difícil de llevar, pero aquel invierno la mirada de Norman la había enamorado.



Norman Thorne con su gato


Hacia finales de año, la pareja inició su noviazgo formal. Vivían juntos en la casa de Thorne, un lugar poco apto que no era más que una choza destartalada de su granja avícola de Crowborough. Aquel joven que sólo vivía para cuidar de sus gallinas en su granja, era sencillo y tímido. Jamás había estado con ninguna mujer y Elsie era su oportunidad de conocer el sexo. Ella le ofrecía la oportunidad de tenerlo, pero también quería algo más. Con el tiempo apareció el temperamento de la chica y aquella relación tan aparentemente sencilla y superficial poco a poco se fue complicando. Norman no quería abandonar ni su granja ni a sus gallinas, a las que prodigaba un tierno amor; inclusive le dolía cuando sacrificaba a alguna para comer. Aquel era su mundo, y si estaban tan bien no veía por qué habían de cambiar.



En el otoño de 1924, el ardor de Norman se había enfriado y ya no amaba a Elsie. La constante insistencia de la chica para que se casaran aumentaba su irritación día tras día. Por su parte, ella le presionaba con más fuerza; incluso inventó que estaba embarazada. Norman se inventó una serie de excusas para retrasar el momento, y de paso se hizo amante de otra chica del pueblo, a la que sí le propuso matrimonio; se llamaba Elizabeth Coldicott. En una carta le confesó a Elsie: “Creo que estoy cogido entre dos fuegos”.



Elizabeth Coldicott


Ella, que nuevamente vivía con sus padres en Londres, se puso furiosa y le pidió detalles. Thorne no quiso decirle el nombre de su nuevo amor, pero sí la dijo que estaba enamorado. Elsie le respondió: “Oh, Norman. Me has roto el corazón”. Pero no estaba dispuesta a dejarse echar a un lado. El viernes 5 de diciembre tomó un tren para Crowborough con la intención de obligar a Thorne a que cumpliese su compromiso con ella. La última vez que alguien la vio, se dirigía hacia la verja de la casa de su novio. La noche estaba a punto de caer. Para empeorar las cosas, Thorne había quedado de verse con Elizabeth Coldicott en el pueblo.



Norman con sus amadas gallinas


Elsie entró y se inició una fuerte discusión. Norman no estaba dispuesto a dejarse chantajear. Ella le reclamó que le prestaba más atención a su amante y a sus gallinas que a ella, y terminó abofeteándolo. Presa de una furia incontrolable ante el insulto a sus amadas aves de corral y a su nueva chica, Norman la golpeó con un garrote hasta matarla. Una vez muerta su novia, quemó sus ropas, despedazó el cadáver con un hacha, los metió en sacos para plumas de pollo, y enterró los trozos bajo el gallinero, entre el estrepitoso escándalo de las gallinas que corrían nerviosas. La cabeza la guardó en su casa, dentro de una caja de galletas, como recuerdo.



Elsie y Norman en los días de felicidad


Dos días después, Norman escribió una carta para Elsie, la cual envió a Londres: “¿Dónde te metiste ayer? Fui a buscarte a Groombridge y no apareciste”. Al día siguiente volvió a escribir: “Espero que todo te vaya bien”. Esta carta provocó la airada respuesta de su suegro, el padre de Elsie: “Elsie salió el viernes. No hemos tenido noticias. Contesta”, decía el telegrama. Thorne respondió: “Elsie no está aquí, no lo comprendo”. El señor Cameron avisó a la policía. Los agentes se desplazaron hasta la granja avícola del muchacho. Al principio creyeron que Norman Thorne estaba tan sorprendido como los demás. Pero la gente de Crowborough les habló de la llegada de la chica.



En enero de 1925, agentes de Scotland Yard llegaron a la granja con una orden de allanamiento y palas. Cavaron ante las protestas de Norman y descubrieron el bolso de viaje de la desaparecida. Viéndose acorralado, Thorne se prestó a declarar. Afirmó que Elsie había llegado sin avisar el 5 de diciembre y le dijo que se quedaría hasta que se casara con ella. Comenzaron a reñir. Según él, dejó a Elsie sola en la choza para que se le pasara el mal humor y al volver, la encontró colgada de una viga del techo: se había ahorcado con la cuerda de tender la ropa. Luego la había enterrado. Los agentes volvieron a echar mano de las palas. A poca profundidad encontraron dos sacos con las piernas y el tronco de la víctima. También hallaron la cabeza putrefacta, metida en la caja de galletas. Thorne fue acusado de asesinato.



Los agentes desentierran el cadáver de Elsie Cameron


El juicio se celebró en marzo de 1925 en Lewes. Los expertos, sin embargo, discrepaban sobre la forma en que la víctima había muerto. Los doctores que llamó la defensa declararon que el suicidio cabía dentro de lo posible, enloquecida como estaba Elsie por el poco caso que le hacía Norman, y descorazonada por sus sentimientos hacia la otra novia. Pero el jurado prefirió creer en las pruebas presentadas por el patólogo del Ministerio del Interior, sir Bernard Spilsbury, que rechazó la hipótesis del ahorcamiento.



El juicio


Cuando los agentes tomaron pruebas de la viga donde supuestamente se había colgado, observaron que la misma tenía polvo acumulado desde hacía meses, por lo que era imposible que allí se hubiera anudado ninguna cuerda. Según el patólogo, la mujer murió por culpa de una brutal paliza, propinada muy probablemente con uno de los garrotes hallados en la choza. La prensa bautizó a Thorne como “El Amo de las Gallinas” y se hizo famoso en su época en Londres. El 4 de marzo de 1925 lo condenaron a muerte. Su apelación fue rechazada y ni siquiera pudo postergar su ejecución. En su última cena, Norman Thorne pidió que le sirvieran caldo de gallina. Rogó además que alguien siguiera cuidando a sus animales; pero nadie le hizo caso. Murió ahorcado el 22 de abril en la prisión de Wandsworth. Sus amadas gallinas murieron de hambre poco después.



Caricatura sobre “El Amo de las Gallinas”




BIBLIOGRAFÍA:



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