Escrito con Sangre: australia
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Peter Gerard Scully: “El Destructor de Daisy”


“¡Cómo la miraba yo morir, desde mi balcón!
La niña, rosa sentada. Sobre su falda, como una flor”.
Rafael Alberti


Peter Gerard Scully nació en 1964 en Melbourne (Australia). Se convirtió en un exitoso empresario. Pero estafó más de $2,680,000 dólares de veinte inversores diferentes. Desde 2009 comenzó a ser investigado por la Comisión de Valores e Inversiones de Australia. Sabía que quedarse en su país natal era un riesgo, así que decidió declararse en bancarrota y escapar. El padre de dos niños se fue de Melbourne tras ser acusado de 117 delitos de fraude. Regresó a Australia en 2011, acompañado por una adolescente de Malasia llamada Ling, quien se creía que era su novia antes de que él la convirtiera en una prostituta, ofreciendo sus servicios a sus amigos y antiguos asociados. Como los problemas continuaban, ese mismo año se trasladó a las Filipinas para escapar de la ley. Allí comenzó su afición por tener sexo con niñas y su gusto por filmar estos encuentros. Filipinas se había convertido en el punto de acceso a la pornografía infantil, para enviarla a través de Internet a países como Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia. Scully se estableció en Malaybalay, Bukidnon.



Peter Gerard Scully

Scully inició un lucrativo negocio de venta de pornografía infantil, que pronto completó con videos snuff a través de un sistema de streaming. Una chica llamada Carme Ann Álvarez conoció a Scully a la edad de catorce años, mientras trabajaba como prostituta. Fue maltratada y violada, pero Scully terminó por convertirla en su cómplice. Carme recibía una paga por atraer niñas a la casa de Scully. Tras engancharlas en la calle, las llevaba a comer y luego las conducía hasta el hogar del pederasta. A veces, los mismos padres les entregaban a sus hijas, pues ella prometía que les brindaría educación y una buena vida si se las regalaban. También gustaba de participar en los videos, abusando sexualmente de las pequeñas.



Carme Ann Álvarez

En 2012, la familia de una niña de trece años de edad estuvo de acuerdo en que realizara el trabajo doméstico en casa de Scully. Pero en realidad fue obligada a realizar actos sexuales con otras niñas. “Me dijeron que tenían que tomar fotos de mí desnuda, porque había un estadounidense que realmente quería verme así y pagaría una cantidad grande”. Huyó de la casa de Scully después de que le informaron que la habían vendido a un alemán, que iría a recogerla.



Scully en una comida

Dos niñas, una llamada Daisy y su prima Queenie, de 11 y 10 años de edad, tenían hambre y vagaban en las proximidades de un centro comercial en la ciudad de Cagayan de Oro en Mindanao. Fueron secuestradas y vivieron cinco días de torturas y violaciones. Primero, Álvarez las desnudaba y las bañaba mientras “el americano”, como llamaban a Scully, las grababa. Álvarez las tocaba y acariciaba, las obligaba a hacerle sexo oral y se los hacía a ellas; también las forzó a tener prácticas sexuales entre ellas. Las penetraba con sus dedos. Luego Scully las violaba. También las azotaban y las obligaban a beber alcohol hasta emborracharse. Daisy lloraba y gritaba tanto que Álvarez le cubría la cabeza con una almohada. La niña sentía que se estaba asfixiando. Scully continuaba violándola. “Quería suicidarme. Me quería morir esa noche porque no podía soportarlo más”, diría la niña. Después las obligó a que cavaran dos fosas dentro de la casa; planeaba enterrarlas en ellas. Mientras, tenía sexo duro con ellas y filmaba los encuentros. Queenie temía ser asesinada en una sesión de grabación, ya que estas eran violentas y dolorosas. Una mañana, despertó dentro de la fosa: se había desmayado y la arrojaron allí, pensando en enterrarla. Las dos niñas aprovecharon una salida de sus torturadores y consiguieron escapar.



Una de las víctimas

En otro video, Scully obligó a una niña de 13 años a torturar a un bebé de 18 meses y a un niño de dos años, después de realizar actos sexuales con ambos. También forzó a la pequeña a que cavara su propia tumba, antes de matarla a golpes y enterrar su cuerpo. Una mujer enmascarada que aparece en el video era Liezyl Margallo, una ex amante de Scully y obsesa sexual.



Liezyl Margallo

En busca de nuevas víctimas, Liezyl Margallo visito a una mujer llamada Eva Obod en 2012, ofreciéndole adoptar a su sobrina de cinco años, Barbie, cuya madre acababa de morir. Obod diría tiempo después: “Les di a Barbie porque Liezyl me aseguró que la iban a cuidar y a amar como si fuera de ellos y la enviarían a la escuela. Cerca de 2013, perdimos contacto con ella. Su número de teléfono y dirección habían sido cambiados, y ella no llamaba. Sabía que algo estaba mal”. Ni siquiera se imaginaba lo que ocurriría con la niña.



La pequeña Barbie

Scully produjo y filmó uno de los videos de maltrato infantil más famosos de la red: Daisy’s Destruction. En el video, protagonizado por Carme Ann Álvarez, Liezyl Margallo y el propio Scully, se documenta la destrucción literal de Barbie, la niña de cinco años, a quien los asesinos rebautizaron como “Daisy” en recuerdo de la chica que escapó, pues consideraban que así el video tendría más éxito. El contenido de esta grabación fue descrito ante la policía y la descripción se filtró a Internet. Al principio, la niña es desnudada en un baño y se le somete a abuso sexual: las dos mujeres, usando antifaces, la acarician, la tocan y la penetran con los dedos. Le hacen sexo oral y la obligan a que se los haga a ellas. Luego comienzan a darle azotes. La cargan de los pies y le meten la cabeza en el inodoro, jalándole a la cadena para ahogarla. La niña se agita con desesperación, llora y grita todo el tiempo. La sacan y le golpean los genitales con un cinturón delgado, le dejan caer cera hirviendo en su sexo, antes de colocarle pinzas para colgar ropa hechas de metal en los pezones, que terminan sangrando. Entre las dos le dan una salvaje golpiza. Después las mujeres la tiran en el piso boca arriba, para orinar y defecar sobre su rostro.



El video Daisy’s Destruction
El video prosigue con la llegada de un hombre, quien viola a la niña, primero vaginal y después analmente. El llanto de la niña para entonces es desgarrador. Luego le inserta cubos de hielo en la vagina. Después de darle algunos golpes más, utiliza un alambre de púas; también penetra a la pequeña con él. Con un cuchillo, le corta algunos dedos de la mano y le hace diferentes heridas en el cuerpo. El torturador utiliza un encendedor para quemarla en varias partes, incluido su clítoris. Luego la amarra a un tronco, la rocía con un líquido y le prende fuego. Los alaridos son desgarradores. Luego de un rato, la apagan. Al final, la mujer le dispara. El piso se llena de sangre y la niña queda agonizando sin emitir sonidos, sólo moviendo la cabeza de vez en cuando, hasta que por fin muere. Barbie fue enterrada en la cocina de una casa en Surigao.



La Policía Federal Australiana y la policía holandesa ayudaron a la policía de Filipinas a investigar a Scully, después de que investigadores de los Países Bajos descubrieran sus videos en internet. En septiembre de 2014, los agentes policíacos llegaron a la casa. Scully había huido. En noviembre, la policía llegó a una casa que Scully y Álvarez rentaban; encontraron a dos niñas encadenadas de manos y pies, pero a ellos no los hallaron. Allí también estaban los restos de una niña de diez años, sepultados en un pozo, asesinada durante una de las grabaciones.



Los cadáveres


El 20 de febrero de 2015, la policía de Filipinas arrestó a Scully como sospechoso de abuso sexual infantil, asesinato y secuestro en contra de once niños. Al momento de su detención no se conocían todas las cosas que había hecho. Fue gracias a la investigación de la agente Janet Francisco, que se logró desintegrar a toda la red de distribución de pornografía infantil. Los videos incautados por la policía registraban todo tipo de abuso sexual infantil, pero sobresalía la grabación que se volvió célebre en la Internet profunda y fue considerada mucho tiempo como una leyenda: Daisy’s Destruction. Scully narró en su declaración, con lujo de detalles, la historia del video.



La policía desentierra los cuerpos



Scully formaba parte de una organización llamada NLF (“No Limits Fun”, “Diversión Sin Límites”), que filmaba videos de pornografía infantil y cine snuff para comercializarlos a través de la Internet Profunda (“Deep Internet”). “Scully realizaba actos sexuales de acuerdo a las instrucciones y las fantasías de sus clientes”, declararía el director regional de la Oficina Nacional de la Policía de Investigaciones (NBI). A Margallo la detuvieron poco después. Fue capturada en el aeropuerto nacional, camino a Bukidnon desde Palawan para ver a Scully, pues acababa de pasar su Luna de Miel con su esposo, de nacionalidad francesa. Margallo admitió haber llevado a varias niñas a vivir con ella y Scully para torturarlos, violarlos y matarlos. También aceptó su participación en el video Daisy's Destruction.



Liezyl Margallo bajo arresto

Zar Eric Nuqui, jefe de la división de tráfico anti-humano de la NBI, dijo que Scully “atrajo a las niñas en su casa y se ganó su confianza, incluso haciendo falsas promesas de enviarlas a la escuela y darles de comer. Scully se enteró de que lo que estaba haciendo era un negocio lucrativo y tenía clientes por toda Europa. Hay una tortura sistemática de los niños hasta la muerte. Un video de una niña que es obligada a realizarle sexo oral a una mujer mayor que habla en el dialecto visayan, dirigió a la policía holandesa hasta aquí”.



El arresto de Scully





Los clientes pagaban entre $100 y $10,000 dólares por los vídeos, algunos de los cuales fueron descritos como “los más impactantes” vistos por los agentes policíacos de Filipinas. Uno de ellos muestra la tortura y el abuso sexual a un bebé de un año de edad, el cual es violado analmente y luego golpeado hasta matarlo.



Ficha de detención



Sobre Daisy’s Destruction, el jefe policiaco aseguró: “El video muestra cómo Daisy jadea en busca de aire después de que la mujer pega sus partes más privadas en la cara de la niña, la cual estaba colgada cabeza abajo. El cuerpo frágil y pequeño de Daisy convulsiona cada vez que la azotan con un cinturón fino y dejan caer la cera caliente de una vela derretida en sus partes íntimas. Es el peor vídeo que hemos encontrado en nuestros años de campaña contra la pornografía infantil”.



Ante la prensa




Carme Álvarez quedó presa en la cárcel de Cagayan de Oro, en el sur del país. En una entrevista con el programa 60 minutos, Scully dijo que “casi nunca” tuvo la necesidad de encontrar niñas para abusar de ellas. Dijo que estaba “arrepentido” y que se hallaba a la espera de su sentencia.



El juicio




También aseguró: “Aún no puedo sentir remordimiento por lo que he hecho. Las razones de mis actos sólo podría explicarlas un psiquiatra. Aunque no quiero hablar de nada de eso. Hay diferentes grados de remordimiento cuando finalmente te das cuenta de lo que has hecho”. “Él es, en todos los sentidos de la palabra, un depredador”, dijo la reportera Tara Brown, quien lo entrevistó en la cárcel.



Tara Brown durante la entrevista

“Fuimos dentro de la Casa de los Horrores, directo al corazón de las tinieblas, para entender exactamente por qué era tan importante que fuera detenido”, afirmó. La opinión pública exigía cadena perpetua e inclusive la pena de muerte para él, aunque esta última fue abolida en ese país desde 2006.




BIBLIOGRAFÍA:


Kurdaitcha: "Los Asesinos del Hueso"


“Nuestros enemigos están muertos.
Grande es el poder de Kurdaitcha.
Grande es la fuerza de Kurdaitcha, energía en el brazo fuerte.
La fuerza en el objetivo claro.
Kurdaitcha es de nuestra sangre.
Es de nuestros huesos”.
Oración australiana


Desde los tiempos del Egipto y la Mesopotamia antiguos hasta la época moderna en Haití, Australia, África y otros lugares, muchas personas sanas se han puesto enfermas y han muerto porque alguien las había maldecido o hechizado, o les había echado “mal de ojo”. Los métodos para llevar a cabo la maldición son tan numerosos como variados. Se puede hacer una efigie de la víctima y clavarle alfileres o quemarla, como en el vudú haitiano. Para ello se utiliza cera, madera, arcilla, trapos o paja. También puede hacerse el maleficio sobre pelo o uñas. Se puede maldecir cantando; se pueden cargar mágicamente piedras o armas, o bien utilizar un recipiente con polvos o hierbas de mágicos poderes para llevar a cabo el hechizo. Aunque los métodos difieren, la magia actúa cuando se cree lo suficientemente en ella. El hechicero debe tener una confianza absoluta en sus poderes, la víctima debe creer que su magia es todopoderosa, y la comunidad compartir esa creencia. Esto último es especialmente importante. Imaginémonos el efecto de la magia en aquellas culturas en las que la comunidad considera a la víctima virtualmente muerta desde el momento en que tiene noticia de la maldición. A veces la víctima deja incluso de comer y beber (como hacen los muertos), lo que sirve para apresurar su fin. Se ha sugerido una posible explicación fisiológica de esta reacción de la víctima del hueso asesino. Las consecuencias del miedo extremo son semejantes a las de una gran cólera: las glándulas suprarrenales aumentan su producción de adrenalina, reduciendo el suministro de sangre a las partes menos esenciales del cuerpo a fin de asegurar un suministro adecuado a los músculos, de cuya eficacia para la huida o la lucha puede depender la vida del sujeto. La adrenalina produce ese resultado constriñendo los pequeños vasos sanguíneos en aquellas partes del cuerpo que pueden sobrevivir temporalmente con un aporte de sangre reducido. Pero la ventaja lograda por este sistema tiene un precio. Al reducir el aporte de sangre, se reduce también el de oxígeno, que es transportado por los glóbulos rojos de la sangre. Cuando los finos vasos sanguíneos capilares se ven privados de oxígeno, se hacen más permeables al plasma sanguíneo, que se infiltra en el tejido que rodea el vaso. En un estado prolongado de miedo o cólera hay una reducción general del volumen de la circulación sanguínea. Esto a su vez reduce la presión sanguínea, pudiendo establecerse así un ciclo potencialmente desastroso. La presión sanguínea reducida tiene un efecto adverso sobre aquellas partes del cuerpo encargadas de mantener la circulación de la sangre, y la menor circulación reduce aún más la presión sanguínea. Esta secuencia resulta fatal si algo no viene a interrumpirla. Es muy extraño que un maleficio, conjuro maldición pueda desencadenar tales desórdenes fisiológicos. Aún más extraños son los casos de muerte en los que la autopsia no revela reducción de la presión sanguínea ni acumulación anormal de glóbulos rojos. Otros rituales similares que provocan la muerte se han registrado en varias partes del mundo. Las víctimas se vuelven apáticas, por lo general rechazan la comida o el agua y el deceso a menudo ocurre a los pocos días de ser "maldito". Cuando las víctimas sobreviven, se supone que el ritual se llevó a cabo con errores. Los médicos se refieren a este fenómeno psicosomático como "síndrome del hueso que apunta". En Australia, los hospitales y el personal de enfermería están capacitados para manejar la enfermedad causada por los "malos espíritus" y la denominada “lanza mental”, causada por un hueso apuntado. Es un método que no deja rastro. Entre los Arrernte, nativos de Australia central, no existe la creencia en la muerte natural. Inclusive, cuando una persona anciana muere, se supone que su deceso ha sido provocado por la influencia mágica de algún enemigo. En las condiciones normales de la tribu, la muerte de un individuo es seguido por el asesinato de alguna otra persona, que se supone es culpable de haber causado la primera muerte. Es frecuente que el moribundo le susurre al oído a un Railtchawa o curandero, el nombre del hombre cuya magia lo está matando. Si esto no ocurre, entonces se localiza al presunto culpable por otros métodos. Por ejemplo, al cavar la tumba, alguna ráfaga de viento puede señalar la dirección de la casa del culpable; e inclusive mucho tiempo después, si un animal cava su madriguera cerca de la sepultura, el lado del que la cavó indica la dirección en que el responsable vive. A veces el espíritu del enemigo se revela, sin saberlo, a uno de los viejos mientras duerme. Los signos se buscan continuamente. De una manera o de otra, la identidad del hombre culpable siempre es revelada por el curandero.



Los Arrernte

Los ancianos de la tribu se reúnen entonces para decidir un castigo adecuado.Tras identificar al culpable, se le pide que acuda ante el Consejo de Ancianos. La sentencia casi siempre es a muerte y los encargados de ejecutarla son los integrantes del Kurdaitcha, verdugos al servicio de la tribu que son llamados para recibir las indicaciones de a quién tienen que eliminar. Otras formas de nombrar al Kurdaitcha son Cadiche y Kadaitcha. La práctica del Kurdaitcha se extinguió por completo en el sur de Australia durante el siglo XX, aunque todavía se lleva a cabo en el norte. La palabra también es utilizada para referirse a los zapatos usados por los integrantes del Kurdaitcha, los cuales están tejidos con plumas y cabello humano, y tratados con sangre.



El Consejo de Ancianos (ilustraciones de Elizabeth Durack)

El nombre aborigen de los zapatos es interlinia en el norte de Australia e intathurta en el sur. Incluso un examen minucioso no revela cómo se mantienen las plumas pegadas. La superficie superior está cubierta con una red tejida de cabello humano. Una abertura en el centro permite que el pie se inserte. Es un tabú para cualquier mujer o niño verlos y cuando no están en uso, se mantienen envueltos en piel de canguro o escondidos en un lugar sagrado. Aunque pueden usarse más de una vez, por lo general no duran más de un viaje. Cuando están en uso, se decoran con líneas de color blanco y rosa. Se ocupan para no dejar huellas. Antes de que los zapatos se puedan usar, se debe realizar un ritual secreto. Una piedra se calienta al rojo vivo y luego se coloca contra el dedo meñique del pie. Una vez que la articulación se ha suavizado, el dedo del pie se sacude con fuerza hacia el exterior, dislocando la articulación. Aunque nunca se ha observado el ritual, los exámenes de los pies de los hombres que dicen ser Kurdaitcha han mostrado la misma dislocación peculiar. Además, el zapato genuino de los Kurdaitcha tiene una pequeña abertura en un lado, donde se inserta el dedo meñique dislocado.



El calzado Kurdaitcha



Luego de dictar la sentencia, sigue la elección de quiénes integrarán el Kurdaitcha. Esto también se deja a la sabiduría de los viejos. Durante el transcurso de estas discusiones interminables, los posibles candidatos se sientan a dormitar bajo el sol, en espera de que los llamen. Nadie disfruta con la idea de ser elegido, pero ninguno podrá cuestionar la decisión. A veces es sólo una persona, nunca son más de cinco. Tras ser elegidos, se celebra un ritual para ungirlos. Se pintan el cuerpo con carbón en polvo y líneas de plumas blancas. Sus cabezas se adornan con cuerdas de cabello humano en diferentes formas. Se colocan cinturones hechos con el cabello de los hombres muertos, cuyos espíritus los acompañarán.



Decoración del Kurdaitcha

El hueso o kundela se entrega entonces al Kurdaitcha. A veces se utiliza una piedra en lugar de un hueso, una roca lisa con forma de huevo, por lo general de color negro o azul oscuro. Se cree que la piedra es capaz de tener movimiento independiente y se considera peligroso para cualquier persona, aparte del propietario, tocarla o simplemente mirarla. El hueso que se utiliza para esta finalidad puede ser humano, de canguro, de emú o incluso de madera.


Calzado del Kurdaitcha

La forma del kundela varía de tribu en tribu. Las longitudes pueden ser de seis a nueve pulgadas. Semejan una aguja larga. En el extremo redondeado, un manojo de cabellos se pasa a través de un agujero, y se pega en su lugar con una resina gomosa del arbusto spinifex. Antes de que se puede utilizar, el kundela se carga con “energía psíquica” en un ritual que se mantiene en secreto para las mujeres y a los que no son miembros de la tribu. Para ser eficaz, el ritual debe realizarse sin errores.



El kundela




Los miembros del Kurdaitcha persiguen a su presa durante años si es necesario. Cuando al fin acorralan a su hombre, se acercan a unos cuatro o cinco metros y uno de ellos, doblando la rodilla, empuña el hueso y lo apunta como una pistola. Se dice que en ese instante el condenado queda paralizado por el miedo. El Kurdaitcha finge asestarle una estocada con el hueso y emite un canto breve y penetrante. Después, él y sus compañeros de cacería se retiran, dejando solo al "señalado".



El viaje nocturno del Kurdaitcha

El condenado puede vivir todavía algunos días o semanas; pero sus parientes y los miembros de cualquier otra tribu a la que pueda ir (que sin duda sabrán ya que ha sido señalado), convencidos del poder fatal del kundela, lo tratan como si ya estuviese muerto. La carga ritual del kundela crea un doble psíquico del hueso, una auténtica "lanza mental", que traspasa al condenado cuando le apuntan con él. Una vez "alcanzado", su muerte es segura, como si lo hubiese atravesado una verdadera lanza.



El Kurdaitcha rodeando a la víctima

Una descripción muy gráfica de los efectos de ese método de ejecución fue descrito por el doctor Herbert Basedow en su libro Los aborígenes australianosEl espectáculo del que descubre que está siendo apuntado con el hueso por un enemigo es ciertamente lastimoso. Se queda espantado, con los ojos clavados en el arma traidora y las manos levantadas como para desviar el mortal instrumento, que imagina que está entrando en su cuerpo. Palidece, se le ponen Ios ojos vidriosos y la cara se le desfigura horriblemente. Intenta gritar, pero la voz suele ahogársele en la garganta, y sólo puede vérsele echar espumarajos por la boca. Retrocede y cae al suelo, al parecer desmayado; pero poco después empieza a retorcerse como en una agonía mortal, mientras gime y se tapa la cara con las manos. Al cabo de un rato se tranquiliza un poco y se arrastra hasta su cabaña. A partir de entonces enferma y vive atormentado, se niega a comer y se mantiene apartado de la vida normal de la tribu. A menos que reciba ayuda en forma de un contrahechizo, administrado por manos del nangarri o hechicero, su muerte es cuestión de poco tiempo. Si el hechicero llega a tiempo, puede salvarse”.



El canto del Kurdaitcha

Tras la muerte del condenado, los miembros del Kurdaitcha regresan y lo evisceran. Retornan a su tribu, donde los intestinos de los muertos son presentados a los viejos que los examinan cuidadosamente, antes de tirarlos a los perros que esperan. Después, los cuerpos de los Kurdaitcha se ceremoniosamente limpiados. Se frotan con arena y se enjuagan con agua. Esto se acompaña de cantos. El kundela es quemado en una ceremonia. Las vestimentas, los zapatos, las piedras, las puntas de lanza y todos los aditamentos son cuidadosamente envueltos y atados con cuerdas de piel. Se almacenan para su uso futuro con otros emblemas sagrados en algún escondite seguro.



Muerte de la víctima

El primer caso documentado ocurrió en Australia en 1919, siendo más tarde comunicado por el doctor S.M. Lambert cuando formaba parte de la International Health Division de la Fundación Rockefeller. En la misión de Mona Mona, en Queensland del Norte, había muchos nativos conversos, pero en sus alrededores vivía un grupo de no conversos entre los que estaba un tal Nebo, famoso hechicero. El principal ayudante del misionero era Rob, un nativo converso. Cuando el doctor Lambert llegó a la misión, supo que Rob estaba enfermo y el misionero quiso que lo examinara. Así lo hizo, y no le encontró fiebre, ni se quejaba de dolores, ni había síntomas o indicios de ningún mal. No obstante, sí los había, y claros, de que Rob estaba seriamente enfermo y extremadamente débil. Por el misionero supo que Nebo había apuntado a Rob con un hueso, y éste estaba convencido de que por esa causa iba a morir. El doctor Lambert y el misionero fueron a ver a Nebo y le dijeron que si le ocurría algo a Rob le quitarían la ración de comida y lo expulsarían a él y a los suyos de la misión. Nebo accedió inmediatamente a ir con ellos a ver a Rob. Se inclinó sobre la cama del enfermo y le dijo que todo era un error, una simple broma, y que en manera alguna le había apuntado con un hueso. El alivio, testimoniaba el doctor Lambert, fue casi instantáneo. Esa tarde Rob volvió a trabajar, otra vez feliz y en plena posesión de sus fuerzas.



La disposición del cadáver

En 1953, un aborigen llamado Kinjika fue víctima del Kurdaitcha. Era miembro de la tribu de los maillis y había quebrantado una de las leyes que regulaban las relaciones incestuosas. En consecuencia, fue convocado ante un consejo tribal, se negó a acudir y fue condenado a muerte en ausencia. Kinjika huyó entonces de su tierra, y el verdugo de la tribu, el mulunguwa, hizo y "cargó" ritualmente el hueso asesino o kundela. Después de que el Kurdaitcha lo encontró y le apuntó con el hueso asesino, Kinjika fue trasladado en avión desde la tierra de Arnhem, en Australia del Norte, hasta un hospital de Darwin. Las pruebas revelaron que no había sido envenenado, lesionado, ni sufría de algún tipo de lesión. Sin embargo, el hombre estaba moribundo. Después de cuatro días de agonía en el hospital, Kinjika murió. En el certificado de defunción se indicó que murió por “apuntamiento de hueso”.



El retorno del Kurdaitcha

Una Illapurinja, literalmente "la que ha cambiado", es una mujer Kurdaitcha que es enviada en secreto por su esposo para vengar algún mal. A menudo la ofensa es el fracaso de una mujer para cortarse a sí misma y dejar en su cuerpo una “marca de la tristeza” por la muerte de un familiar. El miedo a la Illapurinja y lo que puede hacer es suficiente para inducir el seguimiento de la medida. A mediados de abril de 1956, en la Tierra Arnhem (Australia), un joven aborigen llamado Lya Wulumu cayó enfermo y fue llevado en avión a un hospital de Darwin. Era incapaz de comer o beber porque, aunque lo intentaba, no podía tragar. Sin embargo, no había causa aparente para su enfermedad. Los reconocimientos, incluidos rayos X, análisis de sangre y punciones lumbares, no revelaron nada anormal. Otra cosa era lo que ocurría en el ánimo de la víctima. Pidió a un ministro metodista que rezase por él porque, según dijo, "me han cantado y estoy acabado". El cantar a que se refería Wulumu es una forma de ejecución ritual practicada por su pueblo. En su caso, su suegra había pedido a un grupo de mujeres que le cantaran para que muriese, quizá en represalia por algún tabú que había quebrantado. Para iniciar el ritual, las mujeres robaron la lanza y el boomerang (woomera) de Wulumu y los colgaron de un poste ceremonial. Después entonaron las canciones que se cree que atraen la maldición mortal sobre el propietario de los objetos sustraídos. Terminado el cántico, colgaron su maza (nulla) de la copa de un árbol, para proclamar que la maldición había sido llevada felizmente a término. Cuando Wulumu vio el arma, supo lo ocurrido, y al intentar tragar no pudo. Pero una vez en el hospital, lo conectaron a un respirador artificial y le administraron un medicamento, lo que permitió que respirase sin problemas. Le dijeron que la medicina del hombre blanco era más poderosa que las maldiciones de su tribu y el hombre, aliviado, salvó su vida.



La presentación de las vísceras

Sólo se sabe de una persona que ha sobrevivido, tras ser condenada a morir por el hueso, sin que interviniese la medicina del hombre blanco. Ese hombre, Alan Webb, era un aborigen puro de la tribu de los aruntas y había matado a otro miembro de la tribu durante una pelea por un rifle. En abril de 1969, un tribunal australiano encontró que Webb había sido atacado y el rifle se había disparado accidentalmente, por lo que fue declarado inocente de la acusación de homicidio. Hecho público el veredicto, a Webb lo esperó en la puerta de la Sala de Audiencia una delegación de su tribu. Le dijeron que el juicio de los blancos carecía de valor y que tendría que ser juzgado por sus iguales según la costumbre tribal. Webb sabía de sobra cuál iba a ser el veredicto. Había matado a un miembro de su propia tribu y en consecuencia debía morir. Se apresuró a abandonar Alice Springs y fue condenado a muerte in absentia por los aruntas.



La limpieza del Kurdaitcha

Esta vez el Kurdaitcha tuvo una tarea más difícil que de costumbre. Su presa manejaba una camioneta y vivía en ella con su mujer, dos hijos y tres perros. Dormía con un rifle al lado, esperando ser despertado en cualquier momento por el ladrido de los perros. En 1976, fecha de la última información disponible, Alan Webb había conseguido eludir al Kurdaitcha durante siete años, y se ganaba la vida trabajando a salto de mata y marchándose en cuanto oía que el escuadrón de la muerte llegaba en su busca. Es poco probable que alguien haya sobrevivido a una condena a muerte aborigen durante más tiempo. Pero Webb sabía, y quizá lo sabe aún, que el Kurdaitcha nunca abandonaría su persecución; y, aunque vivía al margen de la sociedad blanca, se daba cuenta de que si quienes le daban caza llegaban a acercársele alguna vez lo suficiente como para apuntarle con el kundela, sería hombre muerto; asesinado, sin rastro de herida, por algo tan inmaterial como es una lanza mental.



El envolvimiento de los objetos rituales

En 2004, los aborígenes australianos que no estaban de acuerdo con ciertas políticas, maldijeron al Primer Ministro de Australia, John Howard, y el Kurdaitcha fue a verlo para apuntarle con un hueso. Él aún está vivo.



John Howard



BIBLIOGRAFÍA:




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