Escrito con Sangre: asesina
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Sabine Radmacher: "La Asesina de Lörrach"



“Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo”
.
Octavio Paz


Sabine Radmacher nació en 1969 en Lörrach (Alemania). Fue una hija modelo y una estudiante destacada. Nunca tuvo problemas y se distinguía por ser una joven responsable y metódica.



Sabine cuando era niña


Estudió Leyes y se graduó con buenas calificaciones. A los 30 años se casó con Wolfgang, otro abogado, con quien cinco años después procreó un hijo.



La vida de Sabine parecía idílica. Tenía un buen trabajo, un matrimonio estable y un círculo social amplio. Nada empañaba un horizonte que se antojaba promisorio.



Mapa de Lörrach


Luego, problemas conyugales comenzaron a fracturar su ordenada vida. Desarrolló un problema patológico de celotipia y atormentaba a su esposo con sus constantes reproches. Finalmente, Wolfgang no soporto los celos enfermizos de su mujer y le pidió el divorcio.



Sabine con su pequeño hijo


Fue una separación dolorosa. La conducta de Sabine cada vez se volvía más caótica. Tuvo fuertes problemas económicos y empezó a beber. Constantemente tenía enfrentamientos con su ex marido, principalmente por motivos relacionados con el hijo de ambos.



El problema llegó a tal extremo, que Wolfgang consiguió la custodia del pequeño. Sabine estaba desesperada por perder a su hijo. Pero sus súplicas no hicieron mella en el hombre a quien había estado tan unida.



Una depresión terrible se adueñó de ella. Sabine consiguió una pistola de bajo calibre. Planeaba suicidarse. Ya no soportaba seguir viviendo.



Wolfgang con su hijo


Todo estalló el domingo 19 de septiembre de 2010 en la localidad alemana de Lörrach, en el sur del país, donde Sabine y su ex esposo vivían. Sabine decidió que no moriría sola. A las 15:00 horas, tomó la pistola y un cuchillo, y se dirigió al edificio de departamentos donde su ex esposo vivía con su hijo de cinco años. Wolfgang la recibió con un notorio fastidio. Ella le pidió que le regresara al niño, pero Wolfgang se negó. Discutieron otra vez. Cuando la pelea subió de tono, Wolfgang le pidió que se marchara. Pero Sabine sacó la pistola y le disparó.



El arma de Sabine


Wolfgang cayó al suelo, herido de muerte. Ya no se levantó. El niño había visto todo y lloraba desesperadamente. Sabine tomó entonces su decisión: apuntó contra su hijo y disparó de nuevo, matándolo también. Luego le prendió fuego al departamento.



El incendio del departamento






Salió de allí, presa ya de un frenesí homicida. Poco después de salir, una explosión causada por el gas destruyó el departamento incendiado y dañó todo el edificio. Sabine Radmacher se dirigió entonces al Hospital St. Elisabethen; eran las 16:00 horas.



El edificio de departamentos tras el incendio






Entró al área de Ginecología enarbolando la pistola y un cuchillo que había tomado de la casa de su ex esposo. Un enfermero la vio y se acercó a ella; Sabine le disparó en varias ocasiones, hiriéndolo de muerte. Lo remató a cuchilladas. Luego recargó el arma.



El Hospital St. Elisabethen



Sabine siguió su recorrido por los pasillos del hospital. La gente huía al verla. Hirió con el cuchillo a un anciano que estaba en una silla de ruedas. Disparó contra más personas, hiriéndolas también.



Los heridos






Un guardia del hospital trató de enfrentarla, pero Sabine le disparó. Para entonces, la policía iba en camino. Sabine se atrincheró cerca de la entrada principal del hospital. Cuando los agentes llegaron, Sabine los recibió a balazos. Comenzó entonces un enfrentamiento que duró varios minutos.



Los cadáveres



La abogada no dejaba de dispararles, recargando cada vez que se le agotaban las balas. Trató de refugiarse luego en una de las habitaciones, pero los policías entraron arriesgando sus vidas y la abatieron en el pasillo del hospital. Trescientos agentes estaban en el lugar.



La escena del crimen





El hospital parecía un campo de batalla. Había gente herida, cadáveres, casquillos, sangre. Los gritos se escuchaban por doquier, gritos de terror y dolor. Habían pasado cuarenta minutos desde el momento en que el departamento de Wolfgang había explotado.






Poco después, los medios de información de todo el mundo difundieron la noticia del ama de casa alemana que había emprendido una ruta de muerte en aquella tarde soleada. La policía alemana dio una conferencia de prensa para ofrecer la versión oficial de la matanza.



Los titulares y la conferencia de prensa





Los bomberos y la policía rescataron del edificio en llamas donde comenzó el drama, a seis adultos y un niño, mientras que un total de quince personas necesitaron atención médica. La noticia dio la vuelta al mundo.



Homenaje a las víctimas






Sabine Radmacher se convirtió inmediatamente en una de las pocas asesinas en masa existentes, el mejor ejemplo de una mujer desesperada, decidida a terminar con todo, sin importar las consecuencias de su sangrienta travesía.



La tumba de Wolfgang





VIDEOGRAFÍA:

Noticiario sobre el ataque (en alemán)




BIBLIOGRAFÍA:

Hermelinda Hernández Solano: "La Asesina del Hormiguero"



“Antes de que deserten mis hormigas,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto…”

Ramón López Velarde


Hermelinda Hernández Solano nació en 1978 en Jilotepec, Veracruz (México). Era hija de Tomás Hernández García. Tuvo un hermano llamado Willebaldo. Años después, Hermelinda afirmaría que su padre la maltrató durante su infancia, aunque este y su hermano negaron esa versión. A los diecisiete años, se fue a vivir con Rubén García, con quien tuvo dos hijas: Sandra y Yamilet. A los veintidós años abandonó a su familia; se marchó de su hogar para, según diría tiempo después, “poder rehacer su vida”, sin importarle su esposo ni sus dos pequeñas hijas. Se dirigió entonces a la ciudad de Xalapa, donde conoció a otro hombre y se fue a vivir con él. Su nuevo amante respondía al nombre de Abraham Durán Cruz, de treinta y tres años de edad, de ocupación aluminero, con domicilio en la colonia Los Prados.



Hermelinda Hernández Solano


Un día de 2008 regresó a Jilopetec con la intención de ver a sus hijas, pero no las encontró. Tampoco a su ex esposo. No regresó más. Para entonces ya tenía otra hija: Yazmín Durán Hernández, quien la acompañó en ese viaje. Hermelinda la maltrataba constantemente. Un tiempo vivió con José Luis Sangabriel, un hombre que defendía a la pequeña de las crueldades de su madre. Esto fue la causa de la separación de ambos.



Yazmín Durán Hernández


En el interior de la vivienda ubicada en la calle Plaza del Sol nº 5, en la Colonia Plan de Ayala, construida con láminas y pedazos de madera y cartón, había ropa mojada y sucia, botellas de refresco vacías, trastes con comida podrida, basura y heces de perro. La niña ni siquiera recibía alimento suficiente; los vecinos tenían que regalarle comida, pues Hermelinda no se preocupaba por ello. Varias veces Hermelinda expresó: "Si yo le di la vida, también se la puedo quitar si eso quiero".



El lugar del crimen


Hermelinda se convirtió en empleada de un bar localizado sobre el bulevar Xalapa-Banderilla. Pero el dinero no alcanzaba. Desquitaba entonces su rencor y su frustración con su hija. La golpeaba con una vara de ortiga para causarle reacciones alérgicas; también usaba un palo o un cable eléctrico para azotarla. La bañaba con agua helada por la mañana antes de sacarla a la intemperie, totalmente desnuda y restregaba sus genitales con un cepillo de dientes hasta hacérselos sangrar. Su castigo favorito era desnudarla por completo, subirla a un cerro cercano y sentarla encima de un hormiguero. La dejaba allí un minuto y medio, para que las hormigas la mordieran. Después la quitaba, la llevaba a su casa y le daba una golpiza. La niña profería alaridos de dolor todo el tiempo y vivía en un estado de constante horror. Los vecinos siempre escuchaban su llanto, pero nunca denunciaron nada. A veces Hermelinda la amordazaba porque le molestaban sus gritos.



El 17 de septiembre de 2009, llegó a las 06:00 horas a su casa. Estaba harta y quería marcharse. Su hija Yazmín estaba durmiendo; se dio cuenta de que se había orinado en la cama, lo cual le dio el pretexto ideal. Comenzó a gritarle a la niña y le dio varios golpes. La sacó de la cama y, aún adormilada, la desnudó por completo. La sacó de la casa a la calle, para que la niña sufriera con el frío matutino. Luego, Hermelinda se fue a dormir. A las 09:00 horas, Maricela Andrade Casilda, la mujer que le daba alojamiento, fue a ver a Hermelinda para decirle que bañara a su hija y la abrigara porque le haría daño tanto frío. Molesta porque la habían despertado, Hermelinda montó en cólera y decidió ejecutar el plan que había meditado durante varios días.



Tomó a su hija, de apenas tres años de edad, y se la llevó hasta un cerro cercano. Incluso tenía un cable amarrado a un árbol para subir con mayor agilidad. "¡Apúrate o te jalo de las greñas!", le gritó. Cuando estaban a punto de llegar arriba le dijo: "¡Camina, que sólo es un castigo!". La niña, al saber lo que le esperaba, le prometió que ya no se iba a orinar en la cama, pero no valió de nada. Además, Hermelinda ya estaba decidida: iba a matar a su hija.



La niña aún iba desnuda. Hermelinda buscó entonces el hormiguero más grande que encontró. Luego le ordenó a la niña que se acostara encima. Ella no tuvo más remedio que obedecer. De inmediato, las hormigas comenzaron a invadir el cuerpo de la pequeña. Las mordidas no se hicieron esperar; la niña comenzó a llorar y a quejarse, pero Hermelinda regresó a su casa sin hacerle caso. Después declararía que había dejado a la niña solamente un minuto y medio, pero en realidad la dejó allí dos horas.



El hormiguero


A las 11:00 de la mañana, Maricela Andrade y su esposo escucharon los gritos de dolor de Yazmín, que llamaba a su madre. "¡Quítame, quítame! ¡Mamá, no me mates...!", fue lo último que gritó la niña. Fueron a buscarla y subieron al cerro junto con ella. Hermelinda tomó el cuerpo de la niña, pero ya no reaccionaba. La llevó a su casa y le untó alcohol. La niña comenzó a arrojar espuma por la boca y se convulsionó; luego se quedó quieta; había tenido un shock anafiláctico. Estaba muerta. Maricela Andrade solicitó el apoyo de una ambulancia para que auxiliaran a la pequeña, pero no pudieron hacer nada.



El cadáver de Yazmín


Los paramédicos notaron que la niña era víctima de maltrato y su muerte era derivada de ello, ante tal situación dieron aviso al personal de la Agencia Cuarta del Ministerio Público y a la policía. De inmediato Hermelinda quedó detenida para ser interrogada en la Fiscalía Cuarta, mientras elementos de la Agencia Veracruzana de Investigaciones (AVI) indagaban con los vecinos sobre los antecedentes de maltrato a la niña.



Hermelinda primero argumentó a los paramédicos que su hija “había ido a hacer sus necesidades fisiológicas”, pero el baño quedaba abajo y no en el cerro de donde fue bajada. Tras ser duramente interrogada, terminó por confesar con frialdad que la sentaba en el hormiguero para reprenderla y era la cuarta ocasión en que lo hacía.



“No entendemos por qué lo hizo, si hubiéramos sabido lo que le hacía a la niña se la quitamos”, declararía el hermano de Hermelinda. “No sabíamos que tenía otra hija hasta que la llevó cuando la niña empezaba a caminar, después nunca volvió y ayer nos enteramos por el periódico que unos vecinos llevaron hasta la casa, pues reconocieron a Hermelinda“.



La ficha de detención


La controvertida conductora peruana de televisión Laura Bozo, productora del programa Laura en América, viajó al estado de Veracruz y declaró que utilizaría el caso de Hermelinda en una de sus transmisiones. “¡Me gustaría agarrarla de verdad! (…) Me encolerizan estas cosas y no las tolero. ¡Eso te provoca agarrarla y sentar en el hormiguero a esa bruja!”, afirmó.



Hermelinda tras las rejas



Al salir a la rejilla de prácticas del Juzgado Primero de Primera Instancia con sede en Pacho Viejo, Hermlinda declaró que estaba tranquila y no se sentía culpable por el homicidio de su hija: “No quería matarla, sino castigarla. Se orinó en su ropa, la subí hasta donde estaba el hormiguero y luego la senté por minuto y medio (…) Ya lo había hecho en otras ocasiones. Siento que soy inocente porque la quise salvar. Pero no me lo permitieron”.



Los vecinos


Posteriormente, Hermelinda cambió su declaración y afirmó que su intención era matar a su hija para posteriormente enterrarla y huir de Xalapa, con el objetivo de iniciar una nueva vida. Por eso la dejó tanto tiempo en el hormiguero, para que todo pareciera un accidente. A pesar de que su hija le suplicaba que la quitara, no le hizo caso: su objetivo era matarla.



La reconstrucción de hechos


Sometida a un examen psiquiátrico, el resultado indicó que se encontraba sana de sus facultades mentales en el momento del asesinato. El crimen que cometió en agravio de su hija presentaba todas las agravantes.



Las investigaciones



El juez primero de Primera Instancia, Ariel César Robinson Manzanilla, declaró ante la prensa que Hermelinda Hernández podría ser sentenciada hasta a setenta años de cárcel, por el delito de homicidio calificado. Tras meses de proceso, “La Asesina del Hormiguero” fue sentenciada a cincuenta años de prisión en mayo de 2010.



La asesina en la cárcel



Apenas unos días después, una mujer que había leído sobre el caso de Hermelinda en los periódicos, decidió imitarla. Su nombre era Karina Ramírez Márquez, de veinte años de edad. Alcohólica, estaba harta de sus hijos y de las obligaciones que le suponían.



Karina Ramírez Márquez


Igual que Hermelinda, Karina trabajaba en un bar de la ciudad de Xalapa. Maltrataba frecuentemente a los niños, les propinaba golpizas y los dejaba sin comer. Vivía además en condiciones de miseria, además de tener siete meses de embarazo. Intentó suicidarse, pero no lo logró.



La vivienda


La noche del jueves 24 de septiembre de 2009, exactamente una semana después del asesinato del hormiguero, Karina Ramírez Márquez regresó a su casa en la madrugada, completamente alcoholizada. Juntó en un rincón de su vivienda ropa vieja y periódicos; luego fue por sus dos hijos, Cristian Salvador Rodríguez Márquez de tres años y Yosua Alberto Ramírez Márquez, de un año seis meses de nacido. Encendió la fogata junto a un tanque de gas. Comenzó a quemarles las manos y a tratar de empujarlos para arrojarlos a las llamas.



La fogata


Pero una vecina suya, María Teresa Castillo Muñoz, de dieciocho años de edad, escuchó los gritos de dolor de los niños. Corrió a un teléfono y llamó a la policía.



Karina tras las rejas


Los agentes lograron llegar a tiempo para detenerla. Fue llevada al cuartel de San José, hasta donde arribaron autoridades municipales, quienes decidieron hacerse cargo de los menores.



Las autoridades y una de las víctimas


Ya había un caso anterior, ocurrido el 24 de abril de 2009 en la calle Hacienda Zimpizahua, del fraccionamiento La Hacienda. La estilista Cruz Elida Guevara Juárez, originaria de Zacatecas, de veintisiete años y que había llegado a vivir a Xalapa, padecía una fuerte depresión y se encontraba bajo tratamiento psiquiátrico.



Cruz Elida Guevara Juárez


Aprovechó que su esposo se había ido a trabajar para asesinar a su pequeña hija Nadia Nazareth Silva Guevara, de tres años de edad. Cruz Elida Guevara obligó a la niña a ingerir pastillas molidas de Buscapina Compositum, Nivofox, Nex y Liderthi; después le cortó el cuello y trató de asfixiarla con una almohada, para finalmente dejarla desangrarse encima de su cama. Después, la asesina se cortó las venas y se colgó de una cuerda.



El cadáver de Nadia Nazareth Silva Guevara


Cuando su esposo, de nombre Rubén Isidro Santero, regresó a su casa, encontró a su esposa colgada y a su hija destrozada. Alcanzó a descolgar a su mujer y pidió auxilio a una ambulancia; aún lograron salvarla y la trasladaron al hospital, donde quedó internada. La niña estaba muerta. “Yo la maté”, dijo en cuanto recobró el conocimiento. Su motivo fue que no era hija de su pareja actual. Su esposo declaró que Cruz Elida Guevara le envió un mensaje de texto a su celular, en el cual le pedía perdón por arruinar su vida y afirmaba que ya estaba cansada de ser un estorbo en todos lados.



El lugar del crimen


Los casos de las madres asesinas conmovieron a la opinión pública xalapeña y mostraron la descomposición social que caracterizaba ya a una parte de la sociedad mexicana en la primera década del siglo XXI.



BIBLIOGRAFÍA:

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