¡BIENVENIDOS A "ESCRITO CON SANGRE"!



"El asesino es un monstruo en la misma medida que es un producto de la sociedad en que vive. Y para aprehender la complejidad de la especie, se precisa aceptar que el asesino es tan humano como cualquiera de sus víctimas".
Mauricio Bares



La violencia fascina al Hombre. "Amamos a la bestia", como afirma el ensayista José Luis Zárate. Por esa misma atracción, comparable a la del entomólogo que contempla a un extraño insecto, la sangre no ha cesado de verterse desde el albor de la humanidad.








Al respecto, Octavio Paz reflexionó:

"La conciencia del mal nace con nosotros. Al nacer conocemos la orfandad, nos sentimos arrojados a un mundo extraño. Descubrimos al mal, primero, al sentirnos en un mundo inhospitalario, indiferente; después, en la agresión de los otros contra nosotros o en nuestra agresividad contra ellos. Este saber es universal y común a todos los hombres desde la niñez (...) En 1945, al triunfo de los aliados, descubrimos un horror nuevo en la sucesión de horrores que ha sido la historia de los hombres: la industria de la muerte, los campos de concentración de los nazis. La novedad del horror consistía en que, por primera vez en su sangrienta historia, los hombres aplicaron la técnica moderna de la producción en masa al viejo arte del exterminio. Los métodos para matar al prójimo se volvieron más racionales y eficaces. Y la atrocidad final: el crimen era impersonal. Antes conocíamos el rostro terrible de los verdugos, pero la técnica no tiene rostro (...) Desde que tengo uso de la memoria, el misterio del mal (porque es un misterio), me ha desvelado. ¿Alguien ha descifrado el misterio que es ser hombre? Pues lo mismo pasa con el mal. En una época pensé que era una herencia de nuestro pasado animal. Pronto me di cuenta de mi error: ningún tigre mata a una pantera porque ella es negra y él, rayado. El mal aparece sobre la Tierra con los hombres. Por esto es inseparable de la Historia. Lo que distingue al hombre del resto de los animales es la conciencia, más o menos clara, de ser libre. Incluso los que creen en la fatalidad, al obedecerla, realizan, en cierto modo, un acto libre. ¿O será a la inversa y cuando pensamos ser libres, obedecemos a la necesidad? No lo sé. El nudo entre libertad y fatalidad es inextricable. El secreto del mal, su misterio, está en ese nudo. Pues bien, creamos en la fatalidad o en la libertad, somos siempre responsables de nuestros actos. Por esto, nadie es inocente, ni siquiera los santos o los héroes. Por esto también es imposible acabar con el Mal: es parte del hombre, como el Bien. A diferencia de las otras criaturas terrestres, nosotros sabemos que nuestros actos son buenos o malos; de ahí que a veces tengamos remordimientos. Un león no se arrepiente de haber devorado a una gacela, ni un virus de provocar una epidemia. Nuestro único recurso es reconocer la existencia de los otros, nuestros semejantes. Dañar al otro es, de alguna manera, dañarse a uno mismo. El origen de los grandes crímenes reside en la aparición de ideologías que negaron la humanidad de razas y clases enteras".







En este blog, exploramos un poco ese Mundo del Mal a través de sus representantes más selectos. Desfilan por estas páginas todo tipo de personajes y situaciones. Tenemos a los serial killers, esos dilectos asesinos seriales que semejan superestrellas: de "Jack el Destripador" a Jeffrey Dahmer; de Henri Landrú a Charles Manson; de Andrei Chikatilo a Ted Bundy; de Peter Kurten a Martha Beck; de John Wayne Gacy a Albert de Salvo; de Ed Gein a David Berkowitz.


Pero también están los mass murders, los asesinos en masa que respondieron a un impulso del momento y un día explotaron con psicótica violencia: los chicos del colegio Columbine se hallan aquí, así como Charles Whitman y Brenda Ann Spencer, entre otros impulsivos.







La Historia provee de asesinos despiadados, convertidos ahora en oscuras leyendas: de Atila "El Azote de Dios" hasta el infanticida Herodes; de Vlad Tepes "El Empalador" hasta Erzebeth de Bathory "La Condesa Sangrienta"; de Gilles de Rais a los Verdugos; de Al Capone a Bonnie & Clyde; de Billy the Kid al pirata Barbarroja.


Por supuesto, los magnicidas tienen un lugar de primera en estas páginas: acuden aquí, entre otros, Gavril Princip y Mark Chapman. Y los antihéroes de varios países no pueden faltar: de Gregorio "Goyo" Cárdenas al “Petiso Orejudo”; de Kim de Gelder a Luis Alfredo Garavito; de Enriqueta Martí a Tim Kretschmer.



Mención aparte tienen los "Crímenes de Estado": las muertes ordenadas por monarcas, dictadores y caudillos de todo el orbe, así como las acciones de guerra. Del sitio de los davidianos en Waco a la masacre de Tlatelolco; de los campos de exterminio de los nazis a las matanzas del Partido Comunista Chino.


Omitimos en este website biografiar a personajes de ficción; sin embargo, el tono es literario, aunque nunca se aparte del rigor histórico y documental. Sobre todo, sin emitir juicios de valor. Se incluyen, además de la biografía, todos los materiales que pueden revestir interés: fotografías originales de los asesinos y de sus víctimas; documentos oficiales y personales; videos; documentos de audio; publicaciones sobre el tema; discos y canciones relacionados; trailers de películas sobre ellos, así como carteles de estas cintas. Bienvenidos sean todos a este rincón del Infierno sobre la Tierra, a este sitio "Escrito con Sangre"... ¡es un crimen perdérselo!



Asesino en Masa




BIBLIOGRAFÍA:

Charles Cullen: "El Enfermero Asesino"


"Ni siquiera mis huesos se ponen amarillos,
ni aún mi saliva es verde, amarga y pálida".
Efraín Huerta


Charles Edmund Cullen nació el 22 de febrero de 1960 en West Orange, Nueva Jersey (Estados Unidos). Fue el más joven de ocho hermanos. Su padre, Meme Cullen, era chofer de transportes escolares y su madre era ama de casa. El futuro asesino creció en un barrio de obreros y trabajadores, dentro de una familia católica. Meme falleció a las 58 años de edad, cuando Charles tenía solo siete meses de vida, por lo que la falta de una figura paterna dejó inestable la mente del joven, quien en 1969 intentó suicidarse con unos químicos que robó del laboratorio de la escuela. Ese fue el primero de veinte intentos de quitarse la vida. Cullen describiría su infancia como miserable.



West Orange

El 6 de diciembre de 1977, la madre de Cullen murió en un accidente automovilístico; su hermana iba conduciendo. En abril de 1978, devastado por la muerte de su madre, Cullen abandonó la escuela secundaria y se alistó en la Marina de Estados Unidos. Fue asignado a un submarino y sirvió a bordo del “USS Woodrow Wilson”. Cullen ascendió al rango de suboficial de tercera clase como parte del equipo que operó la nave de misiles “Poseidón”. En este punto, comenzó a mostrar signos de inestabilidad mental; en una ocasión, realizó su turno vistiendo un uniforme de cirugía, verde y con mascarilla y guantes de látex, equipo que robó del botiquín de la nave. Fue trasladado a la nave de suministros “USS Canopus”. Cullen intentó suicidarse siete veces en los siguientes años. Recibió el alta médica de la Armada el 30 de marzo de 1984.



Charles Cullen

Ese mismo mes, Cullen se matriculó en la Escuela de Enfermería del Hospital Mountainside en Montclair, Nueva Jersey, donde era el único estudiante varón. Cullen fue elegido más tarde presidente de su clase de enfermería. Se graduó en 1987 y comenzó a trabajar en la unidad de quemados del St. Barnabas Medical Center en Livingston, Nueva Jersey. Ese mismo año contrajo matrimonio con Adrienne Taub, con quien tendría dos hijos. Mientras trabajaba como enfermero, Cullen fantaseaba con robar medicamentos del hospital y usarlos para matarse. En una ocasión se clavó un par de tijeras en la cabeza, por lo que tuvo que ser operado de inmediato. También abusaba de las mascotas, metiéndolas en bolsas de bolos y botes de basura. Cullen solía hacer bromas siniestras, en las que ponía líquidos inflamables en las bebidas de las personas o hacía llamadas falsas a casas funerarias.



St. Barnabas Medical Center


El primer asesinato se produjo el 11 de junio de 1988, mientras trabajaba en la Unidad de Quemados del Centro Médico. Le administró una sobredosis letal de la medicación intravenosa para el juez John W. Yengo, que había sido ingresado en el hospital sufriendo de una reacción fotoalérgica a un medicamento anticoagulante. Cullen admitió haber matado a varios pacientes en St. Barnabas, incluyendo a un paciente con SIDA, que murió tras recibir una sobredosis de insulina.



John W. Yengo

Cullen dejó St. Barnabas, en enero de 1992, cuando las autoridades del hospital detectaron la contaminación de varias bolsas de fluido intravenoso. Una investigación interna determinó que Cullen era el probable responsable de la contaminación, que resultó en docenas de muertes de pacientes en el hospital. Un mes después de salir de St. Barnabas, Cullen tomó un trabajo en el St. Luke’s Warren Hospital de Phillipsburg, Nueva Jersey.



St. Luke’s Warren Hospital


Allí asesinó a tres ancianas, dándoles sobredosis de digoxina, un medicamento para el corazón. En agosto asesinó a Helen Dean, una mujer de 91 años que se recuperaba de una cirugía; el enfermero entró sigilosamente y le inyectó una dosis de digoxina cuando nadie le veía. Su última víctima dijo que “un enfermero sospechoso” la había inyectado mientras dormía, pero los miembros de la familia y los médicos desestimaron sus comentarios.



Helen Dean

Al año siguiente, Cullen se mudó a un departamento en el sótano ubicado en Shaffer Avenue, en Phillipsburg, después de un divorcio contencioso de su esposa. Tras la separación, ella realizó dos denuncias por violencia doméstica en su contra, pero compartía la custodia de sus hijas. Más tarde afirmaría que él deseaba dejar la enfermería en 1993, pero los pagos de manutención de menores ordenados por la corte lo obligaron a seguir trabajando. En marzo de 1993, Cullen irrumpió en la casa de una compañera de trabajo, mientras ella y su pequeño hijo dormían, pero se fue sin despertarlos. Comenzó a acechar a la mujer, que presentó una denuncia policial en su contra. Cullen se declaró culpable de allanamiento y recibió un año de libertad condicional. Un día después de su detención intentó suicidarse de nuevo. Tomó dos meses de baja laboral y fue tratado por depresión en dos centros psiquiátricos, pero intentó suicidarse dos veces más antes de finales de 1993, momento en el que dejó su trabajo en el Hospital Warren. Cullen comenzó un período de tres años en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hunterdon Medical Center en Flemington.



Hunterdon Medical Center


Tiempo después diría que no dañó a nadie durante los dos primeros años, pero los registros hospitalarios de ese período fueron destruidos durante el tiempo que estuvo detenido en 2003. Admitió haber asesinado a cinco pacientes entre enero y septiembre de 1996, de nuevo con sobredosis de digoxina. Cullen luego encontró trabajo en el Morristown Memorial Hospital en Morristown, Nueva Jersey, pero pronto fue despedido por los malos resultados. A lo largo de la segunda mitad de 1997, Cullen permaneció seis meses desempleado y dejó de hacer los pagos de manutención infantil. De nuevo buscó tratamiento para la depresión en la sala de emergencias del Hospital Warren. Fue ingresado en un centro psiquiátrico, pero salió poco tiempo después. El tratamiento psiquiátrico no parecía tener efecto sobre la salud mental de Cullen; sus vecinos dijeron que podía ser visto persiguiendo gatos por la calle durante la noche, gritando o hablando consigo mismo, y haciendo muecas a la gente cuando pensaba que no lo veían.






Morristown Memorial Hospital


En febrero de 1998, Cullen fue contratado por el Liberty Hospital en Allentown, Pennsylvania, donde atendía a los pacientes dependientes de un respirador. Allí fue acusado de dar a los pacientes medicamentos no prescritos, y fue despedido cuando se le vio entrar en la habitación de un paciente con varias jeringas en la mano. El hombre terminó con un brazo roto, pero al parecer no recibió inyecciones. Cullen causó la muerte de un paciente que fue atribuido a otra enfermera.



Liberty Hospital


Después de salir de allí, fue empleado en el Easton Hospital, en Easton, Pennsylvania, de noviembre de 1998 a marzo de 1999. El 30 de diciembre de 1998 se asesinó a otro paciente con digoxina. Las pruebas mostraron cantidades letales de la sustancia en la sangre del paciente, pero una investigación interna del hospital fue concluyente: nada señalaba definitivamente a Cullen como el asesino.



Easton Hospital


A pesar de su historial de inestabilidad mental y el número de muertes durante su empleo en diversos hospitales, Cullen siguió encontrando trabajo debido a una escasez nacional de enfermeras. Además, no existía ningún mecanismo de información para identificar a las enfermeras con problemas de salud mental o de empleo. Cullen tomó un trabajo en la Unidad de Quemados del Lehigh Valley Hospital en Allentown, Pennsylvania, en marzo de 1999. Allí asesinó a un paciente y trató de matar a otro.



Lehigh Valley Hospital


En abril de 1999, Cullen dimitió voluntariamente del Lehigh Valley Hospital. Poco después tomó un trabajo en el St. Luke's Hospital en Bethlehem, Pennsylvania, donde trabajó en la Unidad de Cuidados Cardiacos. Los siguientes tres años, Cullen mató al menos a cinco pacientes e intentó asesinar a dos más. El 11 de enero de 2000, Cullen intentó suicidarse de nuevo. Puso una parrilla de carbón en su tina de baño, la encendió, y esperaba sucumbir a la intoxicación por monóxido de carbono. Los vecinos de Cullen olieron el humo, y llamaron a los bomberos y a la policía. Cullen fue llevado a un hospital y a un centro psiquiátrico, pero regresó a su casa al día siguiente.



St. Luke's Hospital


Nadie sospechaba que Cullen estaba matando pacientes en el St. Luke's Hospital hasta que un compañero de trabajo encontró frascos de medicamentos, algunos utilizados, otros no, en un contenedor de eliminación. Las drogas no eran útiles fuera del hospital y no podían ser utilizadas por los usuarios de drogas recreativas, por lo que su robo parecía extraño. Una investigación demostró que Cullen había tomado la medicación. Se le ofreció un acuerdo: renunciar y recibir una carta de recomendación, o ser despedido e investigado. Él dimitió y fue escoltado fuera del edificio en junio de 2002.



James Strickland, una de las víctimas

Siete de los compañeros de trabajo de Cullen se reunieron con el fiscal de distrito para alertar a las autoridades de sus sospechas de que el enfermero había utilizado medicamentos para eliminar a algunos pacientes. Señalaron que entre enero y junio de 2002, Cullen había trabajado 20 % de las horas en su unidad, y estuvo presente en dos terceras partes de las muertes. Pero los investigadores nunca revisaron el pasado de Cullen, y el caso fue abandonado nueve meses más tarde debido a la falta de pruebas. Más tarde trascendió que los administradores del St. Luke's Hospital habían obstaculizado la investigación para evitar un escándalo.



Christopher Hardgrove, otra de las víctimas

En septiembre de 2002, Cullen comenzó a trabajar para el Somerset Medical Center en Somerville, Nueva Jersey, en la Unidad de Cuidados Intensivos. Alrededor de esta época, Cullen comenzó a salir con una chica, pero su depresión empeoró. En su nuevo empleo, mató a por lo menos ocho pacientes y trató de asesinar a otro en junio de 2003. Como de costumbre, sus fármacos de elección fueron la digoxina, la adrenalina y la insulina.



Somerset Medical Center


El 18 de junio 2003 Cullen intentó asesinar a Phillip Gregor, un paciente en el Somerset Medical Center. Gregor sobrevivió y fue dado de alta, pero murió seis meses después. Poco después, las autoridades del hospital notaron indicios de los crímenes de Cullen. El sistema informático mostró que estaba accediendo a los registros de los pacientes que no tenía asignados, y varios compañeros de trabajo comenzaron a verlo en los dispensarios de medicamentos. Solicitaba fármacos que no habían sido prescritos a los pacientes que atendía. Muchos pedidos fueron cancelados de inmediato y otras peticiones similares se hacían con diferencia de minutos.



Michael Strenko, otra de las víctimas

En julio de 2003, los investigadores advirtieron a los funcionarios del Somerset Medical Center que al menos cuatro muertes sospechosas por sobredosis indicaban la posibilidad de que un empleado estuviera matando pacientes. El hospital retrasó la colaboración con las autoridades hasta octubre. Para entonces, Cullen había matado al menos a otros cinco pacientes e intentó matar a un sexto. Cuando un paciente en Somerset murió por niveles de glucosa muy bajos, el centro médico cedió y alertó a las autoridades estatales. Ese paciente la fue víctima final de Cullen.


Una investigación sobre el historial de empleos de Cullen levantó sospechas sobre su participación en otras muertes. El Somerset Medical Center despidió a Cullen el 31 de octubre de 2003, supuestamente por mentir en su solicitud de empleo. La policía lo mantuvo bajo vigilancia durante varias semanas, hasta que terminaron su investigación. Cullen fue arrestado en un restaurante el 12 de diciembre de 2003, acusado de un cargo de asesinato y un cargo de intento de asesinato.






El arresto


El 14 de diciembre de 2003, Cullen admitió ante los detectives de homicidios Dan Baldwin y Timothy Braun, el intento de asesinato de Jin Kyung Han. Además, Cullen dijo a los detectives que había asesinado a cuarenta pacientes durante su carrera criminal de dieciséis años.



Timothy Braun y Dan Baldwin

También aceptó el asesinato del reverendo Florian Gall, paciente en Somerset. En abril de 2004, Cullen se declaró culpable en un tribunal de Nueva Jersey por el asesinato de trece pacientes y el intento de matar a otros dos mediante una inyección letal mientras estaba empleado en Somerset.



Florian Gall

Como parte de su acuerdo de culpabilidad, se comprometió a cooperar con las autoridades si no le daban la pena de muerte por sus crímenes. Un mes más tarde, se declaró culpable del asesinato de tres pacientes más en Nueva Jersey. En noviembre de 2004, Cullen se declaró culpable en la corte de Allentown, Pennsylvania, de matar a seis pacientes y tratar de matar a otros tres.



El juicio







En julio de 2005, Cullen se encontraba en la cárcel del condado de Somerset, en Nueva Jersey, mientras las autoridades continuaban investigando su participación en otras muertes. Dijo que no podía soportar la idea de presenciar o escuchar acerca de los intentos de salvar la vida de una víctima que ya estaba destinada a morir.






También afirmó que le daba a los pacientes sobredosis para poner fin a su sufrimiento. Sin embargo, muchos de sus pacientes no eran terminales y serían dados de alta en breve. Mencionó que aunque observaba a menudo el dolor de los pacientes durante varios días mientras pensaba en asesinarlos, la decisión de cometer cada homicidio obedecía a un impulso.






Muchos pensaron que la cifra real de sus crímenes podría ser muy superior y algunos expertos calcularon hasta 400 asesinatos. Charles Cullen fue sentenciado en Pennsylvania a cadena perpetua, más 100 años de prisión, sin derecho a libertad condicional.






La sentencia






El 2 de marzo de 2006, fue sentenciado a otras once cadenas perpetuas consecutivas en Nueva Jersey, y no será elegible para libertad condicional durante 397 años. El 10 de marzo de 2006, Cullen se presentó en la Sala de Audiencias. Cullen, que estaba molesto con el juez, repitió “Su señoría, tiene que dimitir” por treinta minutos, hasta que el juez ordenó que fuera amordazado con tela y cinta adhesiva. Incluso después de haber sido amordazado, Cullen siguió tratando de repetir la frase.




El 10 de marzo de 2006, Cullen se presentó en la Sala de Audiencias. Cullen, que estaba molesto con el juez, repitió “Su señoría, tiene que dimitir” por treinta minutos, hasta que el juez ordenó que Cullen fuera amordazado con tela y cinta adhesiva. Incluso después de haber sido amordazado, Cullen siguió tratando de repetir la frase. En esta audiencia, Platt lo condenó a otras seis cadenas perpetuas.






Como parte de su acuerdo de culpabilidad, Cullen trabajó con los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley para identificar a las víctimas adicionales. En agosto de 2006, Cullen donó un riñón al hermano de una ex novia. Fue recluido en la prisión estatal de Trenton, Nueva Jersey.



En prisión


Los hospitales temían investigar incidentes o dar una mala referencia de empleo pensando que tales acciones podrían desencadenar una demanda. Según los detectives y el propio Cullen, varios hospitales sospechaban que estaba matando pacientes, pero no tomaron las acciones legales correspondientes.


Después del juicio, muchos familiares de las víctimas acudieron para insultarlo y preguntar por sus parientes muertos. A raíz del Caso Cullen, Pennsylvania, Nueva Jersey, y otros treinta y cinco estados, adoptaron nuevas leyes para alentar a los empleadores a dar evaluaciones honestas de los trabajadores y de su desempeño laboral, brindando inmunidad a los empleadores cuando proporcionan una evaluación veraz de los trabajadores.



Familiares de las víctimas

Muchas de estas leyes, aprobadas en 2004 y 2005, refuerzan los requisitos para contratar profesionales con licencia para el cuidado de la salud, quienes deben someterse a verificaciones de antecedentes penales. Charles Cullen dijo que había vivido toda su vida como en una neblina. Comentó también lo fácil que era moverse de un lugar a otro, en el momento que escuchaba rumores sobre sus actos.




BIBLIOGRAFÍA:




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