Pablo “El Loco" Amín: el asesinato de María Marta Arias


"Deja que lloren tus ojos, corazón,
que tu tristeza es el sol de mi ciudad".
Tan Biónica. "Lunita de Tucumán"


Pablo Antonio Amín nació en 1983 en Tucumán (Argentina). Cuando era niño y tomaba un curso de inglés, conoció a la que un día sería su esposa: María Marta Arias, un año más joven que él. Años después, se reencontraron cuando ella era estudiante de tercer año de Ciencias Económicas; para entonces se había vuelto una chica callada y discreta. Pablo había sido cocainómano entre los dieciséis y los veintiún años. Se hicieron novios. Pablo no se llevaba bien con los hermanos de Marta, pero no les prestaba atención.



Pablo Amín

En 2005, Pablo pesaba 160 kilos, lo que unido a su estatura de dos metros, lo convertía en un gigante imponente. Decidido a perder peso, según sus propias declaraciones comenzó a consumir un famoso producto dietético: el polvo Herbalife. En cuatro meses adelgazó cuarenta kilos, lo que terminó convenciéndolo de que el célebre producto milagro era efectivo. Se volvió un apasionado vendedor de la marca y su vida empezó a girar en torno al producto adelgazante y tonificante. Manejaba un Citroen C3 y gustaba de viajar.



Herbalife





En julio de 2007, María Marta y Pablo se casaron en una iglesia santiagueña. Habían jurado amarse y respetarse para toda la vida. Y luego, entre sonrisas y mimos, se pusieron los anillos. Pero poco después un incidente nunca aclarado enturbió la dicha conyugal: María Marta se tomó varias fotos desnuda, en actitud lasciva, encima de una cama. Nunca se supo si las imágenes fueron captadas por su esposo, por ella misma o por alguien más. El caso es que una copia de ellas fue enviada por correo electrónico a muchos de los amigos de Pablo. Según una versión, Amín se habría enterado de que María Marta hizo circular esas imágenes entre sus conocidos y planeó vengarse.



María Marta Arias

El sábado 27 de octubre de 2007, la pareja había llegado de La Banda, Santiago del Estero, a 200 kilómetros al sur de la capital tucumana. Se registraron en el hotel Catalinas Park, ubicado en la Avenida Soldati nº 340, frente al Parque Nueve de Julio; les dieron la habitación 514, en el quinto piso. María Marta no quería viajar a Tucumán y fue el mismo Amín quien le insistió para que efectuaran la travesía. Era obvio que había planificado sus acciones mientras se encontraban en Santiago del Estero. Fueron al Hotel Tucumán Center, donde se celebraba una reunión de vendedores de Herbalife. Habló sobre la preparación de un licuado y los asistentes notaron que transpiraba mucho. Hacía calor. Al mediodía, Pablo comenzó a gritar con los puños en alto, retando a pelear a otro vendedor: Luis Bader, de quien sospechaba que quería robarle clientes. Pero estaba solo, tirando golpes al aire. Bader nunca estuvo allí. Estuvo un buen rato con las manos arriba, pidiendo, exigiendo, por el ausente Bader, hasta que llegó María Marta y lo tranquilizó. Los vieron irse por una vereda angosta, entre los vendedores de películas piratas y la gente que se bajaba a la calle para poder avanzar. Él iba adelante, apurado y ella atrás a pasos largos, tironeándole la camisa. Buscaron su auto. Luego dejaron el vehículo en una estación de servicio, y según diría Amín, a partir de ese momento empezó a escuchar una voz interior que decía que alguien lo quería matar. Era femenina: “Pablo, corre, que te van a matar”. Huyeron, entonces, de esas amenazas virtuales durante más de dos horas, en taxis y colectivos, pero terminaron a tres cuadras de donde habían empezado, en la Iglesia Catedral, frente a la Plaza Independencia. Había sido un recorrido incoherente. Estaban en las calles Congreso y 24 de Septiembre; eran las 17:15 horas. En la iglesia oficiaba el padre José. La rutina de los bautismos fue alterada por la pareja, que le pidió la bendición y el bautismo de su unión. Se pusieron adelante en la fila. “Padre, bautícenos”, pidió Amín. Y el párroco José Navarro le indicó que esperara al costado. “Padre, necesito que nos bautice”, repitió y le hizo señas al fotógrafo que esperaba el turno de uno de sus clientes. El cura, sorprendido por aquella intromisión, le tocó el rostro y el fotógrafo Fabián Amante disparó en el momento justo. Luego los buscó para venderles la imagen, pero no los encontró. El sacerdote se desconcertó cuando Pablo tomó la jarra de agua bendita y se la bebió de golpe. Varias personas vieron cuando Pablo corrió en medio de los autos que circulaban por Laprida, mientras gritaba que lo querían matar. Lo vieron perderse por esa calle y no entendieron qué estaba ocurriendo. “Tenía prisa y los ojos perdidos. Su mujer lloraba”, recordaría el sacerdote.



La foto en la Catedral

Pablo y María Marta se separaron cuando salieron de la Catedral. Ella se asustó por el extraño comportamiento de su marido y fue a buscar a sus amigos. A las 18:00 horas, el policía Sergio Santander, de guardia en la Plaza Independencia, pensaba en el ajetreo que le esperaba al otro día, con el operativo de seguridad para las elecciones nacionales. Un hombre alto deambulaba por el paseo, como si estuviera perdido. El agente de Patrulla Urbana intentó preguntarle quién era, si conocía la ciudad o a quién podía llamar para atenderlo, pero las respuestas del muchacho no eran coherentes. Decidió llevarlo a la base. Dijo llamarse Pablo Amín, que vivía en Santiago del Estero y se encontraba en Tucumán para un congreso zonal de vendedores de productos naturales. Fueron los datos claves que pudieron entender los efectivos, ya que hablaba con ansiedad y con urgencia de varios asuntos vinculados con su trabajo. Al igual que en la Catedral, otros detalles del protagonista de esta historia también causaban extrañeza a los guardias de la Patrulla Urbana. Mientras esperaba que lo buscaran pidió agua. Pero cuando los agentes le acercaron un vaso, Amín ya había bebido de la llave. Dio a entender que su problema era con su esposa. “Ella ya no me quiere. Me quiere alejar de todos. No quiero hablar con mi esposa, no quiero hablar con mis amigos. No confío en nadie”. Cerca de las 19:00 horas llegó María Marta. Unos minutos después, Walter Cancino, un amigo en común, entró por la puerta de la Patrulla Urbana. Ella le preguntó dónde había estacionado el Citroën C3 de la empresa. Pablo le mostró una nota con una dirección de Banda del Río Salí. Luego le pidió a Cancino que le acercara un envase de Herbalife y empezó a ofrecerles el producto a los policías de la guardia, mientras esperaba la llegada del comisario. Los agentes recordarían sus palabras: “Yo bajé con estos batidos cuarenta kilos. En casa lo tomamos todos, mi mamá, mi mujer”. Fueron los primeros en bautizarlo como Pablo "El Loco" Amín.






María Marta poco antes del ataque

Después que Amín fue entregado a su esposa, la joven preguntaba si un policía los podía acompañar hasta el lugar donde se encontraba el auto. Eran pasadas las 20:00 horas cuando ingresó el comisario inspector Luis Roberto Ibáñez. El jefe de la unidad dialogó por separado con la pareja y con Cancino. Cuando charlaba con el joven santiagueño, le llamaron la atención varios detalles, entre ellos que hablaba sobre el producto que vendía como si estuviera drogado: su tono de voz era muy acelerado. El oficial superior recomendó un examen en un hospital, a lo que Amín se negó, bajo el argumento de que “allí me van a drogar”. Se le explicó que era un requisito legal para que volviera con su esposa, y entonces aceptó. Ibáñez hizo bajar el móvil de la Patrulla para trasladar al forastero hasta el Hospital Padilla, junto con el sargento Abel Nieva y el agente Santander. María Marta y Walter Cancino seguían al patrullero. Eran cerca de las 21:00 horas. En el hospital, lo revisó un neurólogo. No encontró anomalías y dio la autorización para que se retirara junto con su mujer y su amigo. Pablo fingió tropezar con una mesa de instrumental quirúrgico y aprovechó para robar un bisturí, que escondió entre sus ropas. Los agentes Nieva y Santander esperaron hasta que el trío salió de la guardia. Mientras caminaban por el estacionamiento, escucharon que Amín le decía a María Marta: “Quédate tranquila, mi amor. Cuando estemos descansando te comento por qué me pongo así”. Regresaron entonces al hotel Catalinas Park, donde los esperaba su fatal destino.



El hotel Catalinas Park

La noche ya había caído en Tucumán. Walter Cancino también se alojaba con su mujer en el hotel Catalinas Park, propiedad de Catalina Lonac, cónsul croata y mujer de Jorge Rocchia Ferro, ambos empresarios poderosos de la provincia argentina. Poseían ingenios y estaciones de servicio. Compraron el Gran Hotel del Tucumán, lo remodelaron y le cambiaron el nombre. La fachada del hotel estaba iluminada desde abajo, lo que lo hacía alto, majestuoso y elegante. En el bar, en planta baja, había un piano y cuadros costosos. Ahí conversaron la noche del sábado Walter Cancino y su mujer, sobre lo extraño que había actuado Pablo. Poco después apareció. “Pablo, ¿seguro que estás bien?”, le preguntó Cancino. “Sí, sí. No te preocupes. Quiero ir a mi cuarto. No pasa nada”. Les confesó que hacía cuatro noches que no dormía. No se le veía alterado, pero lo habían escuchado hablar todo el tiempo en forma incoherente. Lo vieron subir junto con su mujer en el ascensor, a quien dio un beso en la mejilla, tomados de la mano hasta que se cerró la puerta. Fueron a la habitación 514. Allí, Pablo encendió el televisor y el aire acondicionado. María Marta se quitó la falda corta y la blusa verde, dobló las prendas y las dejó sobre la silla. Pablo se despojó del pantalón oscuro y la camisa. Se acostaron desnudos, sin hablar, hasta que ella le dio la espalda en la cama. “¿Por qué no fuiste a verme cuando estaba en la comisaría?”, le preguntó entonces Pablo. “Walter me dijo que estabas enojado conmigo”, respondió María Marta. “Mentira... ¿Por qué demoraron tanto en ir a buscarme al hospital?” Y ella pronunció la frase lapidaria: “Porque te queríamos internar en un manicomio, Pablo”.



Pablo Amín poco antes del ataque

Pablo se enfureció. Montó en cólera y se lanzó, con sus 120 kilos de peso, sobre el pecho de la delgada María Marta y comenzó a estrangularla con las dos manos. “Lo hice con toda mi fuerza”, declararía. Los huéspedes de las habitaciones cercanas no escucharon gritos. María Marta se desmayó. Entonces, Pablo tomó el bisturí que había robado en el Hospital Padilla y con precisión de cirujano, cortó el perímetro del globo ocular derecho y, con cuidado de no dañarlo, lo tomó con los dedos y lo arrancó. Lo mismo hizo con el ojo izquierdo y después los acomodó sobre la cama, uno junto al otro. Luego introdujo la punta filosa en la vagina de su mujer y giró la muñeca para un lado. Después para el otro. Una y otra vez. Cortó un pedazo de carne de dos centímetros que quedó tirado sobre la alfombra. Le hizo varios tajos en el ano, también en la frente y las mejillas, donde quince minutos antes, cuando subían al ascensor, le había dado un beso.



Los ojos de María Marta

Amín salió desnudo al pasillo del quinto piso, arrastrando a su agonizante mujer de los cabellos. Se acercó al ascensor y apretó el botón. Luego fue a la habitación 513 y golpeó violentamente la puerta. Dejó manchas de sangre. De ahí arrastró el cuerpo hasta la escalera y lo tiró por el hueco. En el cuarto piso dejó una mancha grande, al caer y salpicar sangre. Ahí la volvió a tomarla del pelo y la arrastró otra vez por las escaleras, descendiendo todo el tiempo, hasta el descanso entre el primer y el segundo piso, mientras pedía a gritos el ascensor. La señal del elevador indicaba que alguien lo llamó del quinto piso. Pasaron dos minutos y se escuchó un grito desesperado. El recepcionista Sergio Núñez dio un paso largo, corrió por la escalera y se detuvo de repente, en el descanso entre el primer y el segundo piso. Había visto algo. Se quedó inmóvil, petrificado. Pablo, desnudo, estaba sentado en la espalda de su mujer, acostada en el suelo, también desnuda. La tomó del cabello y estampó su cabeza contra el piso, en medio de un charco de sangre. Lo hizo una y otra vez. La mujer no se quejaba. El recepcionista estaba horrorizado. Acababa de ver el rostro de ella: no tenía los ojos. Había dos agujeros negros y sangrantes donde deberían estar las esferas blancas con círculos azules. El hombre miró al recepcionista y le gritó: “¡El ascensor, que la maté! ¡Maté a mi mujer!” Y otra vez la golpeó contra el piso. El empleado del hotel cerró los ojos, sintiendo que iba a desmayarse. Cuando pudo abrirlos, corrió al teléfono. “¡Mándame el ascensor! ¡El ascensor, la puta madre!”, gritaba Pablo. La policía no demoró más de tres minutos en llegar. Para ese momento, la mujer ya estaba muerta. El oficial subió. El cadáver de la chica estaba en el suelo, pero Pablo lo pateaba con furia.



El cadáver de María Marta

“¡Tírate al piso!”, le ordenó el policía. Amín lo miró desde sus dos metros, desnudo, ensangrentado, agitado. A sus pies estaba el cuerpo destrozado. “¡Tírate al piso, mierda!”, repitió el policía y sacó el arma. Pablo se puso de espaldas, se arrodilló y luego se tiró al piso. Pablo entonces gritó, desde el suelo: ““No me mate, señor policía; por favor, no me tire”. A los cinco minutos llegaron más policías y lo esposaron. “Por favor, oficial, júnteme los riñones y el hígado”, pidió. “¡Quiero agua! ¡Esto fue emoción violenta, estoy loco! ¡Estoy loco y soy inimputable! El ascensor... ¡el ascensor no andaba! ¡Quiero agua, tengo el anillo en la garganta! Denme agua, y el Señor los va a perdonar. Quiero H2O. Quiero agua. ¡Tengan misericordia!” Uno de los agentes recordaría: “Unos huéspedes que habían llegado a filmar un documental se acercaron a ver qué pasaba. Uno de ellos empezó a vomitar”. Lo trasladaron al hospital, donde le administraron tres tranquilizantes por vía intravenosa. Pero él seguía gritando, ante la mirada de asombro de médicos y policías. El arma con que le arrancó los ojos a su mujer nunca apareció. No pudo tirarla por el inodoro, porque no encontraron sangre en el baño. Si la arrojó por la ventana, lo hizo desde la cama y la policía no la halló donde debería haber caído. Se sospechó que la podría haber entregado a los huéspedes de la habitación 513, donde estaban Walter Cancino y su esposa. Ellos dijeron que no escucharon nada.


Horas después, mientras los tucumanos votaban en la elección que consagró a Cristina Fernández como presidenta, el comentario de los ojos arrancados no faltó en ninguna de las mesas electorales. Los policías que trabajaron en los  comicios difundieron la noticia antes de que saliera en los periódicos. Los estudios médicos determinaron que Amín tenía un elemento circular perfecto en el estómago: se había tragado el anillo de matrimonio. Luego del crimen, lo llevaron al Hospital Psiquiátrico Obarrio, donde leía la Biblia y dormía encerrado cuando tenía ataques violentos. Ningún familiar de Pablo se presentó en los Tribunales Penales para ponerse al tanto de la situación procesal del imputado, quien permaneció sedado y bajo custodia policial en el hospital. Estuvo ahí hasta que la justicia decidió que debían llevarlo a una cárcel común. Pablo Amín quedó encerrado junto a los veinticinco delincuentes más peligrosos de la provincia argentina, en la Unidad número 9 de Máxima Seguridad, en el Penal de Villa Urquiza.



Infografía del crimen (click en la imagen para ampliar)

La junta médica determinó que no estaba loco. “Lo tienen como a Hannibal Lecter”, diría su abogado. “Nosotros exigimos un nuevo análisis. No se tomaron en cuenta los actos incoherentes que hizo Pablo antes del crimen. Además, la junta médica está integrada por mujeres y se impresionaron por la violencia del caso. Y otra cosa: cargan con la piedra de la condena social. Y es más fácil determinar que estaba bien, que es un asesino y no un loco. No es así. Pablo actuó fuera de sí. Es inimputable”.



El arresto

Por su parte, el abogado de la familia de María Marta argumentó que Pablo Amín jamás pudo haber actuado en medio de una “emoción violenta”, por la manera en que sucedió el crimen. “Se hizo pasar por loco, pero se acordaba de todo lo que había hecho con lujo de detalle. Una persona que actúa fuera de sí, como un loco, no tiene la habilidad para arrancarle los ojos a alguien como un cirujano experto. Todo lo que hizo desde la tarde del sábado estuvo montado. Lo que hizo con el cuerpo de su mujer fue un circo para que pensaran que estaba fuera de sí, cuando por el contrario, actuó con total frialdad”.



Pablo en el hospital

Según esta versión, Pablo tenía celos de Walter Cancino. Había planeado matar a su esposa ese día. Por eso montó un siniestro plan de asesinato: un simulacro de locura para quedar impune ante la justicia, y así poder destazarla a gusto. Poco después del crimen, a las cuentas de correo electrónico de los periodistas tucumanos llegaron las fotos de María Marta desnuda, posando para la cámara sobre una cama. Nunca fueron publicadas.






El juicio






Un año después, el juicio se llevó a efecto. Pablo Amín, custodiado por tres policías, caminó por los pasillos de los Tribunales. Silbaba y miraba hacia arriba. Un periodista de televisión le puso el micrófono frente a la cara: “Quiero pedir perdón por lo que hice. A la familia de mi señora y a la sociedad. Lo que hice es algo gravísimo. Pero primero y principal quiero decir que las visitas reciben mal trato en la unidad penitenciaria. No más declaraciones”. Luego entró a la sala. Vestía una camisa remangada hasta los codos, por arriba de las mangas del saco. No llevaba corbata. Le quitaron las esposas y se sentó frente al estrado, presidido por Emilio Herrera Molina, un juez de cabello y barba blancos.







El juez le preguntó: “Señor Pablo Antonio Amín, ¿en qué trabaja?” Respondió: “Empresario, businessmen, management. Dueño del Bayern Munich. Dueño de una empresa de Herbalife”. Quince peritos analizaron el estado mental de Amín, de los cuales trece afirmaron que fue consciente en el momento del asesinato. Los jueces de la Sala II de la Cámara Penal lo encontraron culpable en 2009.



La foto final en la Catedral la compró el periódico El Siglo tres días después. “Sé que valía mucho más, pero bueno, agarré la primera oferta”, se lamenta Amante, ahora que sabe que fue la última foto con vida de la víctima del crimen más escalofriante que tuvo la provincia. En septiembre de 2011, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ratificó la reclusión perpetua para Pablo Antonio Amín, por el  delito de homicidio agravado por ensañamiento contra su esposa María Marta Arias. Pablo Amín consiguió luego a una admiradora, que quería visitarlo en prisión porque estaba enamorada de él. En la cárcel, aprendió a tocar el violín. Protestó porque le negaron la posibilidad de estudiar Derecho en la Universidad Nacional de Tucumán. María Olga Alonso, la madre de la víctima, dijo que había dejado de rezar y comulgar, porque le deseaba la muerte al asesino de su hija.



María Olga Alonso

En 2008, en la Cumbre del Mercosur, siete presidentes sudamericanos debatieron en Tucumán y se alojaron en el hotel Catalinas Park, donde ocho meses antes había ocurrido la noche sangrienta. A Hugo Chávez lo mandaron al quinto piso. Una de las dos habitaciones que ocupó fue la 514, donde Pablo Amín le sacó cuidadosamente los ojos a su mujer mientras aún vivía. Para la llegada presidencial cambiaron la alfombra de la habitación, el colchón y una lámpara. “Chávez nunca se enteró dónde había estado. Nosotros nos quedamos calladitos. Como siempre. En el hotel no se habla del crimen. Hay empleados que vieron esa noche a Amín y quedaron bloqueados. No les sale ni una palabra cuando se les pregunta. Y menos iban a comentarlo delante de los venezolanos”, afirmó una empleada.




VIDEOGRAFÍA:

El juicio de Pablo Amín
video



BIBLIOGRAFÍA:


34 comentarios:

ladypunk17... dijo...

Excelente, como todas las semanas...
Sinceramente No conocía éste caso...
Saludos desde Argentina...

Jumad dijo...

Aterrador. Algunas mentes son simplemente perversas. Saludos desde Venezuela

Juan Madriz

Anónimo dijo...

Jajajaja el detalle de Hugo Chavez, excelente mi autor buena entrada
ojala pudiera matar y hacerle lo mismo a este imbecil que se ve mas que imbecil haciendo sus caras para aparentar estar loco en su mirada se puede notar que es un sicopata frio maldito una cosa es asfixiar y hasta ahi le hubiera entendido la colera pero... sacarle los ojos y arrastrarla? maldito espero el karma se lo coma y pague.

Anónimo dijo...

Hoy voy a tener pesadillas...

Raúl sesos dijo...

Se construyó un undécimo círculo en el infierno para el castigo de este asesino

Jorge Viola dijo...

Excelente articulo, pese a vivir en Córdoba una provincia vecina a la que fue escenario de este caso, no recuerdo haber leído al respecto, de allí que para mi fue inédito. Gracias por la recopilación, un saludo de Jorge desde Córdoba en la República Argentina

Anónimo dijo...

No le habrá afectado el consumir tanto herbalife, buen articulo hoy si lo leí desde que salio siempre lo hago entre semana, saludos.

Dany Glez dijo...

Hola, por fin me animo a escribirles, me encantan todas la entradas que publican, los leo desde hace ya mucho, ya he leído todos las entradas!!! hay unas que me han causado pesadillas pero me encantan y sigo leyéndolas. La cara de este "loco" si me ha sacado un susto, el caso Elisa Lam aun me da un poco de miedo y así, unos mas. Sigan subiendo porfavor!!!! Espero juntar dinero y pronto comprar su libro, ya lo necesito!!!! :D Hasta luego

Pika-chan dijo...

Al principio, pensé que este asesino estaba demente. Pero viéndolo ahora, este tipo de cierta manera lo estaba. Sacarle los ojos a su esposa, hacerle cortes furtivamente y con frenesí, demuestran que tal vez esa era su fantasía.

Una persona demente no puede planear un asesinato de esa manera y fingir locura para seguir asesinando con justificación. Este tipo, tal vez era un esquizofrénico, quien sabe. Pero me da mucha pena ajena y miedo..la foto donde sale en la iglesia, esos ojos tan fijos, tan negros, tan nerviosos, tan fijos y vacíos, dignos de una bestia exitada al ver a su presa. Buenísimo tu blog, todos los domingos lo checo sin falta:)

Némesis Reising dijo...

wow, mas casos de mi pais x) de este no me había enterado y eso que vivo leyendo los diarios yo, ya le decía yo a mi hermano que Herbalife era una secta AJAJAJAJA, Saludos desde el fin del mundo, Ushuaia Tierra del Fuego Argentina ^^

Daniel Matto dijo...

Buenísimo este blog.. Hace años que los sigo cada semana. Una pregunta, que pasó de Kozure y el Mike?

Anónimo dijo...

Hola! muy escalofriante la publicación de hoy...
Me gustaría que pudieran escribir sobre Isabel Tello sobre la Muerte tan atroz de Pierina en Perú...

Anónimo dijo...

Hola! Siempre los leo! Hace rato que quería escribirles para pedirles que publiquen un crimen espantoso que no tuvo tanta repercusión mediática: el crimen satánico del niño Ramoncito, en Entre Rios, Argentina, donde se encuentran purgando condena 11 personas, aunque faltan las más importantes: los políticos.

MARIA YANETH DIAZ BARRIOS dijo...

Hola quisiera saber sobre el holocausto del palacio de justicia en COLOMBIA

Anónimo dijo...

Interesante artículo!
Como siempre, me sigue sorprendiendo una y otra vez lo que leo en este blog. No se de donde sacas tanta información pero es increíble poder enterarse de estas cosas.

Pero me siento en la necesidad de aclarar un error de redacción, y es que Herbalife no es un producto dietético, sino nutricional, y por lo tanto no "adelgaza". Mas bien, muchas personas delgadas lo usan para lograr una mejor nutrición ;)

Saludos!

Anónimo dijo...

El veneno de HERBALIFE provocó todo... no lo consuman.

Anónimo dijo...

SANGREEEEE!!!! y con razon el chiabes andaba paveado, por dormir en la habitacion en donde le quitaron los ojos a la mujer (y MORBOSIDADDDD) tuvo pesadillas o peor aun, le salio ese fantasma y le dio cancer y buajjajjjajajjaja

quiero ver mas, vamos sigue asi admi y me chupa un guevo los defensores de los seres humanos que vienen a reclamar esta paguina por poner morbosidad

nicolas dijo...

IMPRESIONATE Y PENSAR QUE FUE A UNOS KM DE DONDE ESTOY. LA VERDAD UN LOCO SIN MEDIDAS.

Ampersand dijo...

No hay duda, de loco nada más trae el mote, porque fue un asesinato bien planeado y muy sádico basado en dudas y con plenos tintes de venganza .... en definitiva, en todas partes se cuecen habas. Saludos !!!!!

Virginia Coria dijo...

Ay por dios,no lo puedo creer,espero que ese maldito asesino nunca pueda dormir pensando en lo que hizo,que la conciencia lo remuerda por haber matada a su esposa.
Ademas estoy aterrada ya que el año pasado fui a ese hotel,estoy espantada no lo puedo creer

Virginia Coria dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Soy de Tucumán y este crimen le pego tanto a la sociedad Tucumana
Nadie se imagino que una cosa asi pudiera ocurrir en nuestra ciudad
Todavía se habla de este tema en muchas conversaciones y la gente todavía no puede creer de esto

Anónimo dijo...

Parece pendejo haciendo esas caras y fingiendo demencia era obvio qe todo lo planeo con premeditacion y solo buscaba el momento oportuno si no para que agarro ese bisturi. Ojala se pudra en la carcel pobre mujer. Saludos

Anónimo dijo...

Gracias por la historia, me entretuve mucho c:

Luli Munt dijo...

Soy de tucuman, el relato está exc. Es impresionante el crimen premeditado. El siempre supo lo que quería hacer y lo concluyó. los celos lo llevaron a la perdición.

Anónimo dijo...

Es que es muy parecido a una secta. Estas empresas son un tipo de estafa conocido como "estructura piramidal" que operan al limite entre lo legal y lo ilegal en la que los vendedores se consideran "socios" en vez de empleados y tienen que invertir de su propio dinero para ingresar comprando los productos supuestamente milagrosos que tambien deben consumir ellos mismos. Comparten con la secta entre otras cosas la mision de sumar nuevos adeptos que se sumen a la corporacion y cambiar su modo de vida al ideal que promueve la empresa. Saludos de buenos aires

Anónimo dijo...

ese se hacia el loco para quedar ininputable, no es nada creible su actuación ... es un asesino a sangre fria

Anónimo dijo...

Aburrido yo he visto casos re-peores

Anónimo dijo...

Es una pena. Con lo guapo que era.

Anónimo dijo...

Hola a los administradores de "Escrito con Sangre" ustedes tienen este canal en youtube: Creepypastas Everywhere, por que allí reproducen casi en su totalidad esta entrada https://www.youtube.com/watch?v=gtnZ6IeqLeM :D saludos

HamuHime dijo...

Excelente entrada!! Disculpa creo que alguien esta usando tu información sin darte crédito (utilizando hasta las mismas expresiones). Este es el vídeo en cuestión: https://www.youtube.com/watch?v=gtnZ6IeqLeM

juan martin martinez flores dijo...

Exacto, alguien más usa tu creatividad. Yo que tu, lo reportaba, así se acabarían los copiones.

https://www.youtube.com/watch?v=gtnZ6IeqLeM

Anónimo dijo...

Estamos en un siglo diferente 21 ahora y siempre han existido. Maniático.
Y grandes sádico que culpan a los celos.
No hay necesidad de matar a nadie si no quiere estar contigo...solo te digo dejala.

Anónimo dijo...

Que triste y cruel muerte , menos mal que ese asesino esta cobrando lo que se merece