Karl Denke: "El Caníbal de Münsterberg"


En tres ollas medianas llenas de salsa de crema, se encontró un poco de carne cocida, parcialmente cubierta con piel y cabello humano. La carne era rosa y suave. Todas las piezas parecían cortadas por la zona glútea. Una olla tenía sólo media porción. Denke debe haber comido la otra porción antes de ser detenido”.
Informe policial sobre la casa de Karl Denke


Karl Denke nació el 11 de febrero de 1870 en Münsterberg, territorio de la Baja Silesia, en el Reino de Prusia (actualmente Ziębice, Polonia), como parte de una rica familia granjera. Aprendió a hablar hasta los seis años de edad, por lo que muchos de sus profesores lo consideraban “un idiota”. Descrito por sus profesores como un chico “muy obstinado” y que “no tiene respeto por los maestros”, Karl era un alumno que se aburría en clase, sacaba pésimas notas y recibía constantemente castigos y reprimendas de sus docentes por sus dificultades para aprender. A la edad de 12 años huyó de su casa y sobrevivió como aprendiz de jardinero; poco se sabe sobre su vida temprana.



Karl Denke cuando era niño, con su familia

A los 25 años, comenzó una vida económicamente independiente, pues su padre murió y, si bien la finca pasó a manos de su hermano mayor, él recibió suficiente dinero como herencia y pudo comprar un terreno, aunque le fue mal en su intento por ejercer la agricultura y tuvo que venderlo, consiguiendo con esa venta un capital suficiente para adquirir una casa en lo que ahora es la Calle Stawowa, en Ziebice. Sus ahorros se esfumaron ante la feroz crisis inflacionaria de su tiempo. Tuvo que alquilar su casa, aunque no se mudó, sino que permaneció en un pequeño departamento en la parte derecha de la planta baja. Además siguió ocupando la tienda de pie junto a la casa.



La casa de Denke


En lo que respecta a su vida social, se sabe que era un sujeto solitario al que no se le acercaba ningún hombre ni mujer. Nunca se le conoció una pareja. Sin embargo, la gente de su comunidad lo apreciaba, ya que era un hombre tranquilo y amable, que participaba activamente en la vida religiosa de la localidad, daba limosna con relativa frecuencia y hasta invitaba a personas sin hogar a dormir en su casa, llegando así, en virtud de esa actitud caritativa, a ser apodado como “Vatter Denke” (“Papá Denke”). Trabajó como organista en la iglesia local, aunque dejó la feligresía en 1906.



Debido a su buen proceder y a que no se le conocía vicio alguno (no era alcohólico ni fumaba), la policía llegó a darle una licencia de vendedor, cosa que Karl aprovechó para mercar cinturones, tirantes, cintas, cordones de zapatos, embutidos y escabeche de cerdo sin hueso. Gracias a eso, logró sobrevivir en medio de una crisis donde la clase media estaba cada vez más asfixiada, al punto de que muchas familias comían como si fueran pobres. Nadie sabía de dónde sacaba sus productos Karl, y como era tan tranquilo, a nadie se le ocurrió sospechar sobre todas las cosas que vendía.






Dibujo representando a Karl Denke

Su hermano mayor presenció, en la única ocasión en que Karl aceptó una invitación a comer de su familia, lo que podría considerarse como un vistazo a la obsesión de Denke por los productos cárnicos; había devorado medio kilo de carne, por lo que desde ese día lo llamó “El Glotón”, en tono de broma, sin saber lo que se escondía detrás de ese desmesurado apetito por la carne. Karl Denke estaba aterrorizado ante la crisis por la que atravesaba el país, por lo que buscó la manera de surtirse de carne fresca en una época en la que era prácticamente imposible encontrarla. Su idea fue recurrir a los vagabundos que encontraba en la estación de tren, a los cuales invitaba a casa tras ganarse su confianza. Ninguno sospechaba que terminarían vendidos como “escabeche de cerdo” en el mercado. La mayoría de sus víctimas fueron indigentes del sexo masculino, y con todos siguió el mismo procedimiento: llevaba a la víctima al departamento y en un momento de descuido, la golpeaba con un pico, una y otra vez, hasta matarla. Ya muertos, los descuartizaba metódicamente, se deshacía de lo que no servía del cuerpo, y el resto lo guardaba según el fin que le fuera a dar: hacer embutidos, escabeche, comerse la carne o fabricar productos de piel humana.



Los crímenes


Denke comenzó a matar cuando tenía 39 años. Su primera víctima fue Emma Sander, de 25 años, en 1909. No obstante, fue entre 1921 y 1924, tras la Primera Guerra Mundial, cuando asesinó a la mayoría de sus víctimas. Para entonces ya tenía 51 años y en un conjunto de hojas anotó los nombres de los muertos, las fechas de los asesinatos y el peso de los cuerpos, todo en el contexto de un macabro plan para vender su sabroso escabeche de cerdo y demás productos, muy gustados por la población.



La carne de los cadáveres

Los vecinos se quejaron varias veces del fuerte y penetrante olor que provenía de su departamento. Además Karl siempre tenía mucha carne, incluso cuando nadie tenía dinero para comprarla. ¿De dónde la sacaba? Matar perros callejeros para venderlos era ilegal y los vecinos sospechaban que los canes eran la fuente de la materia prima de los escabeches de Denke, pero nadie intentó hacer algo porque sentían agrado por él y no le daban importancia a la vida de los perros. Había cubos llenos de sangre en su patio y la gente asumía que si la carne era de perro, la sangre también debía serlo; pero no importaba porque sus embutidos estaban bien sazonados a ya precios accesibles. Quedaban los constantes ruidos de martilleo y aserrado que provenían de su casa y el hecho de que a menudo lo veían salir de noche con grandes costales, y regresar siempre con las manos vacías. ¿Qué había en los envoltorios? ¿Sacaba también de los perros el dinero para las otras cosas que vendía o eran estas mismas cosas hechas de perro? Pero lo que vendía era bueno, y eso, junto al hecho de que se le consideraba un buen tipo, bastó para que lo dejaran en paz y no diesen mucha importancia a las especulaciones.



Los huesos de las víctimas





El 23 de diciembre de 1924 a las 13:00 horas, el cochero Gabriel, inquilino de Karl Denke, escuchó gritos pidiendo auxilio, provenientes de la planta baja. Temeroso de que Karl se hubiese herido, bajó corriendo a ayudar, pero no encontró a Karl, sino a un joven que avanzaba tambaleándose en medio del pasillo, con el rostro cubierto de sangre, que chorreaba de unos agujeros en su cráneo. Estupefacto, Gabriel vio cómo el joven se le acercaba, luchando para no desmayarse. Alcanzó a decirle que “Papá Denke” lo había atacado con un pico.






Pertenencias de las víctimas

Gabriel pudo ayudar al joven, un vagabundo llamado Vincenz Oliver. Lo llevó a la estación de policía. Allí, el indigente contó a los impresionados policías todos los horrores vividos. Ellos se resistían a creer que Karl fuese capaz de tales atrocidades pero, por la insistencia de Vincenz, terminaron pensando que aquello era posible y detuvieron a Denke, quien alegó que sólo estaba defendiendo su propiedad de un ladrón. Lo dejaron detenido mientras conseguían una orden para revisar su casa.



Las armas de Denke

Denke sabía que estaba perdido. Antes de que los restos humanos guardados en su domicilio lo hundiesen, la misma noche de su detención decidió matarse. Un guardia encontró su cadáver dentro de la celda. Se había ahorcado con una soga hecha con un pañuelo. Había preferido morir antes que afrontar la vergüenza y el rechazo públicos.



El cadáver de Denke


Después de que el cadáver de Karl Denke fuese entregado a su familia, los policías fueron a su casa, en la mañana de Navidad de 1924. Un informe presentado por Friedrich Pietrusky, entonces jefe interino del Instituto de Medicina Legal en Breslau, y aparecido en la Deutsche Zeitschrift für gesamte Gerichtliche Medizin, contiene los datos de lo que allí se encontró: “Los primeros hallazgos realizados en la búsqueda en casa de Denke, fueron huesos y trozos de carne. Estos últimos se encontraban en una solución de sal que estaba en un tambor de madera. Hubo en total quince piezas de piel. No hay evidencia de reacción vital de los organismos ante los cortes realizados, lo que significa que estos últimos no se efectuaron mientras las víctimas todavía estaban vivas. Sin embargo, un poco de piel y los músculos de los cuellos estaban desaparecidos, así como las extremidades (brazos y piernas), la cabeza y los órganos sexuales. Las lesiones no se pudieron determinar, ni la naturaleza de la muerte o de la herramienta de la delincuencia. En tres ollas medianas llenas de salsa de crema, se encontró un poco de carne cocida, parcialmente cubierta con piel y cabello humano. La carne era rosa y suave. Todas las piezas parecían cortadas por la zona glútea. Una olla tenía sólo media porción. Denke debe haber comido la otra porción antes de ser detenido. Me gustaría mencionar aquí que no hay evidencia de que Denke haya vendido la carne de sus víctimas. Todas las pruebas, evidentemente, indican que se la ha comido. Sin embargo, parece seguro que sus invitados, es decir, los vagabundos, se ofrecieron para comer con él.



La policía en casa de Denke


“En el cobertizo, en el que se encontraron las piezas de carne, había también un barril lleno de huesos que se limpiaron de tendones, músculos, etcétera, que muy probablemente fueron quitados tras previa cocción. Otros restos fueron encontrados detrás del cobertizo. Aparte hubo una pierna que se mantuvo en el estanque que Denke había cavado muchos años antes, y también piezas esqueléticas fueron descubiertas en el bosque local. Las superficies de corte de los huesos son irregulares, como si se hubiese aplicado una fuerza contundente, tal y como el extremo romo de un hacha o un martillo. Algunos huesos estaban visiblemente aserrados. Pocos lugares muestran rastros de una herramienta puntiaguda. Igualmente se encontraron tales huellas en las articulaciones, que deben haber sido cortadas con un cuchillo. Los dientes que fueron encontrados pertenecían sin duda a por lo menos veinte personas. Sin embargo, el profesor Euler señala que algunos dientes individuales aparecen más de dos veces que lo estadísticamente esperable (esto concierne a los segundos premolares e incisivos), lo que sugiere que podrían haber sido aún más las víctimas. El profesor Euler resumió que entre las víctimas había sin duda una persona que no era mayor de dieciséis años, mientras que la mayoría eran significativamente mayores de cuarenta años, dos personas fueron probablemente de veinte o treinta años de edad, y una tenía entre treinta y cuarenta. Las pruebas no han dado resultado positivo sobre el sexo de los individuos, ni sus puestos de trabajo.






La escena del crimen


“Entre los tirantes de Denke, tres pares se hicieron de piel humana. Son alrededor de seis centímetros de ancho y setenta centímetros de largo. El cuero no es suave y está roto en un punto. No parece curtido, sólo seco y libre de tejido subcutáneo. Todos los tirantes muestran huellas de uso y uno de ellos se encontró en el mismo Denke. Al lado de los tirantes, Denke tenía también tiras de cuero cortadas de piel humana, que trató con betún y cuyas partes fueron ensambladas con trozos y tiras de tela. Muchos de estos cordones estaban hechos de cabello humano. Un gran número de tarjetas de identificación y documentos privados de varias personas se encontraron en la habitación de Denke, así como libros de contabilidad de los ingresos por el jardín, las horas de trabajo, etcétera. Se otorga más atención a algunas hojas sueltas de papel, en las que aparecen los nombres de treinta hombres y mujeres. Enfrente de cada nombre hay una fecha, probablemente la fecha de la muerte de la persona. En el número 31 sólo hay una fecha. El registro es cronológico. La numeración comienza sólo en el número once. En el caso de las mujeres, sólo el nombre de pila se indica, las notas para los hombres son mucho más detalladas, por lo general con la fecha de nacimiento, lugar de estancia y el estado de la persona interesada. La suposición de que esta es la lista de las víctimas se justifica por el hecho de que las tarjetas de identificación que se encuentran en la habitación de Denke, pertenecían a personas cuyo paradero no pudo ser identificado por otros medios. Por el aspecto de las hojas, se puede asumir que la lista no se ha hecho en un día. Por un lado (de las hojas) están las iniciales del nombre seguidas de un número, que indica muy probablemente el peso de la persona en cuestión. En otra hoja de papel, al lado de un nombre se destaca lo siguiente: ‘muerto, 122, 107 desnudo, destripado 83’. De las herramientas utilizadas para los asesinatos y la fragmentación de los cuerpos, estas se pueden dividir en: tres hachas, una gran sierra para madera, una sierra para cortar árboles, una pica, y tres cuchillos".



Las anotaciones de Denke


Se identificó a más de cuarenta víctimas. Su caso estuvo olvidado hasta que en 1999 Lucyna Bialy, encargada de la Biblioteca de la Universidad Wroclaw de Silesia, dio a conocer la historia de este asesino con base en una publicación sustentada en las investigaciones de la prensa alemana de los años veinte.



La casa de Denke en la actualidad




BIBLIOGRAFÍA:







10 comentarios:

Anónimo dijo...

Deberian hacer una nota sobre los maniacos del martillo

Jumad dijo...

Excelente como siempre. Feliz semana. Saludos desde Venezuela.

Juan Madriz

Anónimo dijo...

Excelente como siempre.
Gracias Escrito con Sangre!
Esperando el domingo que viene :)

c1n1c4 dijo...

Muy buena entrada y muy bien documentada como siempre. Esperando con ansias la de la próxima semana

Hinata-Chan dijo...

Muy interesante y macabra esta historia, gracias por la actualización.

ladypunk17... dijo...

Muy buena entrada...
Espero que haya pasado un muy feliz cumpleaños...
Que tenga mucho éxito en sus proyecto...
Y que tenga mucha suerte en este año que comienza...
Saludos desde Argentina...

Unknown dijo...

EXELENTE documental.....

Unknown dijo...

EXELENTE documental.....

Hector F. dijo...

Excelentes articulos, los he empezado a.leer y me.parecen bastante interesantes.
Muchas felicidades por sua historias.

Ampersand dijo...

Un ejemplar más para la detallada descripción de los antropófagos alemanes que has reseñado a lo largo de los años ECS, que no contentos con asesinar y devorar seres humanos, todavía se atrevían a comercializar con productos hechos con carne humana.

Siempre el tema de los caníbales es escalofriante en todos sus matices; dentro de los perfiles criminales que has tipificado, es de los que a nosotros como lectores genera mayor cantidad de sentimientos encontrados, desde curiosidad y aversión hasta el más oscuro de los morbos, pero como muchos de los que hemos comentados reconocemos, no asumes juicio o postura respecto a cualquiera de los temas, salvo que tú mismo hayas reconocido haberlo hecho ..... Saludos !!!!