Rodney Peairs: el asesinato de Yoshihiro Hattori


“¡Trae el arma!”
Bonnie Peairs a su esposo


Rodney y Bonnie Peairs era una pareja que rondaba los treinta años. Los dos habían estado casados anteriormente, y compartían la vivienda con tres niños procedentes de sus otros matrimonios.



Rodney y Bonnie Peairs en su casa

Rodney, que se definía a sí mismo como “un chico de campo”, había nacido y crecido en una granja de Zachary, Louisiana, y hacia 1992 trabajaba en una tienda de comestibles cortando carne y ayudando al encargado. Bonnie, dos años menor, trabajaba ocasionalmente limpiando casas. Ambos vivían en Baton Rouge, Louisiana, donde llevaban una vida aparentemente tranquila.


A la puerta de los Peairs a veces llamaban desconocidos, por una avería en el coche por ejemplo, y la familia siempre los atendía con calma y les facilitaba la dirección o la ayuda requerida. Unos meses antes, como recordaría Bonnie posteriormente, un hombre negro había llamado a su puerta bien entrada la noche en busca de gasolina, y en aquella ocasión ella habló con el desconocido.



Uno de los hijos de los Peairs

En casa de los Peairs había por lo menos media docena de armas de fuego. Rodney era fanático de las armas y siempre presumía de su pistola Magnum .44 con mira láser. Según admitirían los Peairs tiempo después, la Magnum .44 era para ellos un arma de fantasía, un arma de película. Sólo Harry “El Sucio” Callahan, el personaje que encarnó Clint Eastwood, pudo definirla como “el arma de fuego más potente que jamás ha conocido el hombre”. Es cierto que es un arma grande, pero ni con mucho la más potente. Aun así, como arma defensiva de uso doméstico era excesivamente destructiva. Los exámenes psicológicos posteriores indicarían que Rodney Peairs adquiría estas armas defensivas para uso doméstico por una obsesión con su propia masculinidad, ya que creía que la posesión de un arma potente implicaba “ser más macho”. La personalidad de Peairs, unida a un arma de ese calibre, no podía por menos que desembocar en el desastre.



Bonnie con uno de sus hijos

Rodney manejaba armas de fuego desde los doce años y dedicaba una buena parte de su tiempo libre a cazar, de modo que conocía bien cómo debía apuntar para obtener el efecto deseado. En alguna ocasión le enseñó a su mujer a manejar armas pequeñas y había hecho hincapié en que, para detener a un agresor, había que apuntar al centro del cuerpo y no a las extremidades. Además, le entusiasmaba amenazar a la gente, a menudo con una pistola. Una vez se acercó un perro a su casa y lo mató de un tiro. En otra ocasión, profirió amenazas contra el ex marido de Bonnie, apuntándole con el revólver.


Yoshihiro Hattori nació el 22 de noviembre de 1975 en Nagoya (Japón). Era hijo de Masaichi y Mieko Hattori. Su padre era ingeniero, su madre ama de casa y su abuelo materno, agente de policía. Era un estudiante prometedor, el segundo de los tres hijos de una familia culta de clase media.



Yoshihiro Hattori


En agosto de 1992, llegó a Estados Unidos procedente de Nagoya. Tenía para entonces dieciséis años de edad. Yoshi iba a pasar un año en Baton Rouge, en un programa de intercambio de estudiantes de secundaria: el American Field Service.



También había recibido una beca de la Fundación Morita para su viaje. Era descrito como un adolescente sociable, que jugó en el equipo de rugby de la escuela secundaria y amaba la pesca.


Como tantos otros jóvenes japoneses, su vida estaba repleta de imágenes de la cultura occidental: películas, televisión y música de rock. Había estudiado inglés en el instituto, pero sus conocimientos del idioma no eran los de un especialista y esperaba mejorarlos durante sus estudios de un año en una escuela estadounidense.



En Baton Rouge, Yoshi enseguida se hizo amigo de Webb Haymaker, su “hermano de intercambio”, de dieciséis años. Webb era hijo de dos profesores, Dick y Holley Haymaker, y vivía en los alrededores de la Universidad Estatal de Louisiana.



La familia Haymaker


La tarde del sábado 17 de octubre de 1992, Webb y Yoshi atravesaron la ciudad para dirigirse al distrito central de Baton Rouge, donde se había organizado una fiesta de Halloween para los estudiantes del programa de intercambio.



La casa donde se celebraría la fiesta de Halloween


Yoshi llevaba un disfraz muy llamativo: esmoquin blanco con camisa de volantes abierta, réplica del atuendo que John Travolta lucía en la película setentera Fiebre del sábado por la noche, mientras que Webb iba vendado y llevaba un brazo en cabestrillo, como si fuera la víctima resucitada de un accidente.



Webb Haymaker


Quiso la mala suerte que intercambiasen el orden de los números al anotar la dirección de la casa particular donde se celebraba la fiesta, en East Brookside Drive, de manera que se presentaron inesperadamente en una casa que se encontraba a varios números del lugar al que se dirigían; la casa estaba decorada con motivos típicos de la festividad, y Yoshi y Webb no creían haberse equivocado de sitio. La casa a la que habían llegado por error pertenecía a Rodney y Bonnie Peairs.



Los números intercambiados


Eran cerca de las 20:00 horas cuando el elegante Yoshi tocó el timbre de la casa. Al oírlo, Bonnie se acercó a la puerta del garaje, miró al exterior y, al ver a dos desconocidos, retrocedió y cerró de un portazo. Una vez dentro, le gritó a su marido que fuera por la pistola: “¡Trae el arma!”



La casa de los Peairs







Bonnie se encerró con los niños en el dormitorio de atrás para protegerse, y recordaría que, en cierto momento, se encontraron todos allí; es decir, ella, Rodney y los niños. Sin embargo no se quedó, ni tampoco le insistió a Rodney para que lo hiciera, sino que regresó a la parte delantera con su marido y se enfrentó a Hattori y Haymaker. Cuando descartó la idea de llamar a la policía y tomó el asunto en sus manos, el matrimonio Peairs actuó por impulso e inició la tragedia que conmovería a todo un país.




Rodney se dirigió al armario donde guardaba su revólver Magnum .44, lo cogió y se encaminó hacia la puerta del garaje. Lo que hizo fue armarse como si fuera Harry “El Sucio” empleando una fuerza excesiva e inapropiada. No era ésa la pistola que normalmente utilizaría un vecino para defender y proteger su casa y a su familia. Y no sólo eso: puesto que el revólver estaba ya cargado, nadie dedicó tiempo a pensar.



Rodney Peairs el día del ataque

Su esposa Bonnie declararía después: “No hizo falta que cogiera las balas y las metiera. Si hubiera tenido que hacerlo, yo habría tenido que esperar unos minutos, pero Rodney bajó el estuche, lo abrió y sacó el revólver tan deprisa que no me dio tiempo a ponerme a su lado a mirar lo que hacía”. La falta de tiempo para reflexionar intensificó la sensación de premura que desembocaría en un crimen absurdo.


No era razonable que la pareja no optase por otro método de protección. Si la situación les parecía extremadamente amenazadora, el mejor camino habría sido quedarse en el reducto seguro de la casa cerrada con llave y llamar a la policía. En una declaración posterior, Bonnie Peairs diría: “La verdad es que siempre había pensado que, si alguna vez irrumpía alguien en casa, me iría al dormitorio de atrás, que es el lugar más alejado de la puerta de entrada, cogería el teléfono y llamaría a la policía”.



Con su manera de manipular el revólver Magnum .44, Rodney agravó más aún la situación: tiró el martillo hacia atrás para poner el arma en simple acción, sin seguro, y mantuvo el dedo en el gatillo. Este paso era peligroso, porque la presión de diez kilos necesaria para disparar quedaba reducida a dos kilos, y aumentaba sobremanera el número de probabilidades de que en un acto reflejo, se produjera un disparo.



La pistola de Rodney Peairs



Si Peairs hubiera dejado el arma sin amartillar, en doble acción, la podría haber utilizado para enfrentar la supuesta amenaza que percibía, pero habría necesitado un tiempo adicional para manipularla y este tiempo le habría permitido reflexionar si era conveniente disparar. Peairs, sin embargo, era muy negligente con las armas de fuego; dejaba el revólver cargado en un armario, y había otras pistolas repartidas por la casa.



Bonnie Peairs

En aquel momento, Yoshi y Webb estaban ya cerca de la calzada. Al oír la puerta que se abría, se dieron la vuelta. Yoshi, con una cámara en la mano, se dirigió rápidamente hacia la puerta donde estaba Rodney y dijo: “¡Hemos venido a la fiesta!”



La cámara de Yoshi

Al ver la actitud de Rodney Peairs, Webb Haymaker le gritó a Yoshi que se detuviera, pero el joven no le hizo caso. Se dirigió hacia él sonriendo, en una actitud alegre. Peairs, que llevaba el revólver a un lado del cuerpo, en un lugar difícilmente visible, le gritó entonces al joven que se le acercaba: “Freeze!" (“¡Congélate!”). Yoshi desconocía la expresión y no se detuvo. Se encontraba junto al parachoques trasero del Toyota de los Peairs y siguió avanzando.



La escena del crimen



En aquel momento, Peairs tenía otras opciones además de disparar. Su estatura y su fuerza eran superiores (medía casi 1.90 mts. y pesaba 80 kilos, mientras que Yoshi medía 1.70 y pesaba 60 kilos) y con anterioridad había superado sin dificultad algunas situaciones violentas: había desarmado a hombres de constitución similar a la suya que le habían atacado con botellas rotas y cuchillos. Por consiguiente, habría podido dominar físicamente a Hattori sin necesidad de recurrir a la fuerza de las armas, o habría podido cerrar la puerta del garaje cuando Hattori se aproximaba. Pero no hizo nada de eso. Rodney levantó el revólver a la altura del hombro y disparó. Yoshi estaba en aquel momento a poco más de un metro. La bala le atravesó el tórax causándole una herida mortal. Cayó de espaldas sobre el asfalto y quedó allí, convulsionándose y arrojando sangre por la boca.



Rodney Peairs

Rodney Peairs se metió corriendo a su casa y se encerró; no volvió a salir hasta cuarenta minutos después, cuando llegó la policía. Webb Haymaker corrió a la casa de al lado para pedir ayuda. El disparo había traspasado los lóbulos superior e inferior del lado izquierdo de Hattori, destrozándole el pulmón y causándole una insoportable sensación de ahogamiento. La bala salió por la zona de la séptima costilla. Yoshi estaba vivo cuando llegaron los paramédicos, pero murió casi enseguida, a bordo de la ambulancia.



El cadáver de Yoshi

Los agentes que acudieron al lugar de los hechos interrogaron a los Peairs, pero el departamento de policía del municipio de East Baton Rouge no arrestó a Rodney, por lo menos no en aquel momento, y no lo hizo hasta que la presión ejercida por Yasuhiro Hamada, cónsul general japonés en Nueva Orleans, y por Edwin Edwards, gobernador de Louisiana, obligó al fiscal del distrito local a presentar cargos contra él por homicidio involuntario.


La policía local arrestó inmediatamente a Peairs, pero en seguida lo dejó en libertad; las autoridades opinaron que no se había cometido un crimen, a pesar de que el joven Hattori estaba muerto y de que Peairs había admitido haber disparado la bala que lo había matado: según ellos, Peairs estaba en su derecho de disparar contra el intruso. Se creó un caos, pues los padres de Webb Haymaker eran los responsables de la seguridad del joven. Sin embargo, no imaginaron que alguien lo mataría a balazos por tocar a la puerta de una casa.



El hospital donde llevaron el cadáver

Otras autoridades más lúcidas llevaron el caso directamente a un jurado de acusación. Cuando los Peairs y las otras personas implicadas declararon ante el jurado, se despertó un efímero interés por el caso en la mayor parte de los periódicos metropolitanos de Estados Unidos, pero este interés se atenuó al cabo de uno o dos días porque en Estados Unidos las muertes causadas por armas de fuego dejan de ser noticia muy pronto. Todos los años se producen unos 25,000 homicidios en Estados Unidos y aproximadamente en la mitad de ellos se utilizan pistolas. A esto hay que añadir la considerable cantidad de suicidios y accidentes también causados por las armas de fuego.



La oficina del sheriff

La noticia de la muerte del joven Hattori, sin embargo, desencadenó una gran alarma en Japón, donde son ilegales las armas de todo tipo y donde durante 1991 sólo 74 personas habían muerto víctimas de un disparo, 67 de ellas relacionadas con el crimen organizado. Los programas informativos de la noche ocuparon el espacio de otras noticias con una clase de inglés, en la que se explicaba que en lenguaje de la calle la palabra freeze puede utilizarse con el significado de “no te muevas o disparo”.



Los noticiarios sobre el crimen



Los periódicos y los servicios electrónicos de información rememoraron incidentes recientes en los que habían sido víctimas estudiantes de intercambio, o turistas japoneses que se encontraban en Estados Unidos. Una joven estudiante de dieciséis años había muerto apuñalada en Fremont, California, y a un grupo de estudiantes los habían atracado a mediodía en un parque público de Denver, Colorado. La violencia callejera era tan escasa en Japón que ni siquiera había una palabra que designara propiamente la acción de “atracar” o “asaltar”.


El analista de los informativos de la Asahi Television, Takashi Wada, hizo el siguiente comentario: “Estados Unidos, ¡qué país! Ni siquiera es seguro pasear por la calle. Allí se vive siempre con el miedo en el cuerpo”. Y el presentador de la TBC Network, Tetsuya Chikushi, señaló una razón implícita del asesinato: “En Estados Unidos, a esto le llaman libertad. El lobby de las armas de fuego dice que poseer armas es una cuestión de libertad. En mi opinión, es la peor enfermedad que sufre ese país. Armas de fuego por todas partes; es como un cáncer”.


El caso Hattori se convirtió en un foco de atención permanente en todo Japón. Era una atrocidad que un joven estudiante inocente que iba a una fiesta, hubiera muerto a manos de un estadounidense loco con una pistola. El incidente parecía condensar todo lo que los japoneses consideraban malo y equivocado de Estados Unidos. A sus ojos, los estadounidenses eran un pueblo violento y, por si fuera poco, esta inclinación natural a la violencia explotaba demasiado a menudo por culpa de más de doscientos millones de armas de fuego en manos de particulares.



La camisa ensangrentada de Yoshi Hattori

El asesinato parecía a la vez demostrar el terrible poder del cine hollywoodense, obsesionado por las respuestas violentas. Por otro lado, los asesinatos parecían una expresión de recelo, por no decir de odio, de los estadounidenses hacia los extranjeros, especialmente hacia los japoneses, que fueron enemigos suyos en la Segunda Guerra Mundial. Mientras en Florida unos jóvenes negros asesinaban a turistas alemanes y británicos, al parecer por el simple placer de matar, en otra ciudad del sur un tipo con el gatillo fácil se llevaba por delante a un adolescente japonés de lo más brillante, que había tenido la osadía de querer pasar un año en Estados Unidos.



El funeral de Hattori








Siete meses después del crimen, en mayo de 1993, se inició el proceso judicial contra Rodney Peairs. En la recusación perentoria para la constitución de los miembros del jurado, el abogado defensor de Peairs, Louis Unglesby, logró excluir a todos aquellos que no creían en el derecho de tener armas de fuego en casa, con lo que se aseguró un jurado que defendía tal prerrogativa y del que se podía esperar una reacción de simpatía hacia el acusado por haber esgrimido la pistola.



El juicio contra Peairs



Unglesby calificó a Peairs de “propietario normal de una casa”, un hombre corriente al que le gustaba ponerse azúcar en los cereales, buen mecánico, padre y marido cariñoso, que supuestamente “lloró sin consuelo” después del disparo, lo cual era una mentira. Intentó, en cambio, dar un aire amenazador a la descripción del aspecto y los movimientos de Hattori de aquella noche. Todos los que lo conocían, aseguró Unglesby, decían que Yoshi tenía una forma de andar “agresiva, cinética, inquieta, amenazadora. Se le acercaba a uno con toda rapidez”. Según él, caminar rápido era motivo para que le dispararan a una persona. El aspecto de Hattori asustó a los Peairs, dijo Unglesby, y el hombre apretó el gatillo porque se sintieron amenazados. Rodney Peairs justificaría su acción diciendo: “Recuerdo su risa, me daba miedo, me recordaba a la muerte. Esa persona no iba a parar, iba a hacerme daño. No tenía otra opción. Pero quiero que los padres de Yoshi entiendan que lo siento por todo”.



Louis Unglesby

El fiscal del distrito de East Baton Rouge, Doug Moreau, argumentó que Peairs había obrado mal yendo al dormitorio a buscar la pistola, “sin que en ningún momento preguntase a su mujer: ‘¿Qué ocurre? ¿Quién está ahí afuera? ¿Qué quieres que haga?’” Según Moreau, esta reacción invalidaba la defensa de Peairs de haber hecho uso de una fuerza razonable para proteger su casa, pues éste en ningún momento se había parado a pensar cuál era la auténtica dimensión del problema antes de disparar deliberadamente y sin provocación alguna contra una persona.



Doug Moreau

Los expertos comentaron que durante el juicio, el juez Michael Erwin dio pocas directrices al jurado acerca de en qué consistía legalmente una “idea razonable” de la necesidad de recurrir a la fuerza con resultado de muerte, en el caso de Peairs como medida de protección de su casa y de su familia. Como era de esperar, el resultado fue que se permitió a los miembros del jurado que decidieran por sí solos si el uso de la fuerza estaba justificado en aquellas circunstancias: su veredicto demostró que así lo creían. Tras siete días de testimonios y discusiones, el jurado debía tomar una decisión: los doce miembros que lo integraban deliberaron durante tres horas y emitieron un veredicto de no culpabilidad.



Algunos periódicos estadounidenses trataron con desdén la decisión del jurado y atacaron a Louis Unglesby por haber defendido convincentemente que Peairs tenía el derecho de abrir la puerta empuñando una pistola. Según el decálogo de Unglesby, “a cualquier persona, desde un sacerdote hasta una niña exploradora, le pueden pegar un tiro por llamar a una puerta”, sentenció el New York Times.



Los titulares

El sentimiento de rabia y de ultraje de los japoneses, que fue palpable tras el asesinato del joven Hattori, alcanzó su punto culminante después del juicio penal y la absolución de Peairs. A ojos de la población, la decisión del jurado de declararlo no culpable demostraba que los norteamericanos odiaban a todos los japoneses, que sentían gran pasión por las armas de fuego y que dispararían contra ellos incluso en circunstancias en que el uso de aquéllas fuera claramente improcedente. Y, por si fuera poco, el sistema judicial de Estados Unidos no imputaría a nadie la responsabilidad penal por la muerte a tiros de un muchacho. Estados Unidos no parecía haber progresado nada en los últimos cien años, desde que los pistoleros se tomaban la justicia por su mano en las poblaciones vaqueras del Oeste. Era fácil llegar a la conclusión de que a los estadounidenses no les interesaba la auténtica justicia; sólo querían proteger su estilo de vida violento.



Walter Mondale, el Embajador en Japón

Los japoneses se quedaron atónitos al ver que algunos ciudadanos de Estados Unidos consideraban que Rodney Peairs era un héroe que había logrado defender su vida y su propiedad con la fiel Magnum .44, la pistola preferida de aquel antihéroe cinematográfico, aquel policía extremadamente violento conocido como Harry “El Sucio”. En junio de 1993, el gobierno japonés publicó un nuevo libro de modismos para los estudiantes y turistas que pensaran visitar Estados Unidos; encabezando la lista figuraba la palabra freeze.



Los padres de Yoshi Hattori

El presidente Bill Clinton se puso en contacto telefónico con la familia Hattori y expresó sus condolencias a la vez que su tristeza por el fallo del juicio penal. El matrimonio Hattori quiso saber si los recibiría en la Casa Blanca y el presidente aceptó. En noviembre de 1993, los Hattori visitaron el palacio presidencial y, además de enseñar al presidente fotografías de Yoshi, le presentaron un documento favorable al control de armas de fuego firmado por un millón seiscientas cincuenta mil personas. Esta petición, según se sabría más tarde, fue muy útil para el proyecto de ley Brady Bill, que exige un período de espera y la verificación de antecedentes antes de la adquisición de una pistola.



Los Hattori con Bill Clinton

El matrimonio Hattori también fundó una institución benéfica llamada Fundación Yoshi, a la que contribuyó con noventa y cinco mil dólares de su propio bolsillo. Su objetivo era llevar jóvenes estadounidenses a Japón para que conociesen una sociedad pacífica y sin armas de fuego. A raíz del juicio penal, por otra parte, los Hattori se convencieron de que podían y debían intentar que Peairs fuera declarado responsable de alguna manera y presentaron una demanda civil contra él por la muerte por negligencia de su hijo. Llegado este punto, Charles Moore, el abogado que iba a representar a los Hattori en el caso civil, se puso en contacto con el ex agente el FBI, Robert K. Ressler, para que lo ayudara en su trabajo.



La Fundación


En Estados Unidos existen notables diferencias entre los juicios penales y los civiles. En el caso civil, la cuestión básica es la misma que en el caso de homicidio involuntario: si Rodney Peairs había actuado razonablemente cuando recurrió a la fuerza con resultado de muerte contra Yoshi Hattori. En el juicio penal, sin embargo, el peso de la prueba recaía sobre el fiscal, que debía demostrar que Peairs era culpable más allá de toda duda razonable. En el caso civil, los demandantes, la familia Hattori, no tenían que demostrar la culpabilidad de Peairs más allá de toda duda razonable, sino que la preponderancia de las pruebas indicaba que éste era responsable de “muerte por negligencia” y que por consiguiente se le podía considerar responsable de sus actos. La ley clave en este juicio civil mencionaba el uso seguro de las armas de fuego. Tradicionalmente, Louisiana reconocía cualquier arma de fuego como “un instrumento peligroso” que requería de la persona que la manejara la obligación de proceder con extremada cautela. Según la ley, si una persona dispara intencionadamente a otra, esta persona es culpable de agresión y, a menos que el disparo esté justificado por alguna razón, es responsable de los daños y perjuicios. Por otro lado, si el acusado considera que el disparo estaba justificado, tiene que demostrarlo: exactamente lo opuesto al juicio penal, donde son la acusación o la parte demandante quienes tienen que demostrar que el acusado obró ilegalmente.



Mieko Hattori, madre de Yoshi

Peairs podía alegar defensa propia justificadamente si creía hallarse en “peligro inminente de perder la vida o sufrir daño físico importante” y que tenía que matar para evitar el daño, pero, para probarlo, tenía que demostrar que lo habían incitado a reaccionar por algo que la víctima hubiera dicho o hecho. Esta incitación debía estar “fundada en hechos que probablemente inducirían a emociones similares en hombres de prudencia razonable”.



Dick Haymaker

Se diría que la situación era favorable a los Hattori, pero la verdad es que los tribunales de Louisiana que habían juzgado casos similares habían decretado que, cuando un hombre se encuentra donde tiene el derecho de estar y está haciendo lo que tiene el derecho de hacer, y repentinamente es atacado por unos asaltantes que él cree que pueden causarle daño, está justificado que se defienda “con una arma que pueda causar la muerte a los asaltantes”. Muchas veces, en un juicio civil o penal, parece que la situación está igualada en ambas partes y que el resultado es cuestión de elegir entre dos explicaciones convincentes por igual. Sin embargo no es así en absoluto; se trata de una impresión errónea, determinada porque las pruebas no han sido críticamente examinadas.



Webb Haymaker tras el crimen

Durante el juicio, tanto Bonnie como Rodney declararían que Hattori se acercaba a toda velocidad y con paso implacable, y que por esa razón Rodney se había visto obligado a reaccionar en tres segundos o incluso menos. Esta afirmación, sin embargo, se contradijo con la posición de Yoshi al caer y con las numerosas descripciones de su apariencia mientras se acercaba al garaje, según las cuales el muchacho se reía y sonreía, con la mano extendida y apartada del cuerpo. El cuerpo estaba de espaldas. De haberse aproximado a Peairs precipitadamente, el impulso lo habría hecho caer hacia delante, y por consiguiente lo habrían encontrado boca abajo.







Peairs discutió este razonamiento argumentando que la Magnum .44 tenía potencia suficiente para “abatir un ciervo”, pero un manual estándar de armas de fuego indica que el impacto de la bala de una Magnum 44 es menor que 1/20 de la velocidad de un hombre andando y aproximadamente 1/100 de la velocidad de un hombre corriendo, y llega a la conclusión de que estas balas no tienen potencia para "derribar", en el sentido de volcar físicamente un objeto.



Holly Haymaker

Robert K. Ressler declararía: “La muerte de Yoshi Hattori fue irracional e injustificada, consecuencia de una actuación negligente por parte del matrimonio Peairs. La documentación del caso incluía las afirmaciones a veces contradictorias, las declaraciones a la policía y el testimonio judicial de Rodney y Bonnie Peairs. Digo ‘contradictorias’ porque en muchos casos las versiones de un mismo recuerdo diferían radicalmente entre sí. Por ejemplo, en cierto momento, Rodney Peairs afirmó que en los dos años previos al suceso no había disparado ninguna vez con la Magnum 44; en otra ocasión, que la había utilizado más de doscientas veces. Citaré otro ejemplo: en cierto momento, los Peairs dijeron que aquella noche no esperaban visitas, pero en una declaración posterior aseguraron que aguardaban a un posible comprador de la casa. Encontramos cinco acciones de los Peairs que se podían considerar claramente ‘no razonables’.


“Bonnie Peairs es la clave de buena parte de lo que ocurrió aquella noche. El primer acto no razonable fue su reacción exagerada frente a los movimientos pacíficos de Hattori y Hayrnaker. Bonnie Peairs creó y proyectó en su marido el miedo ante lo que ella percibió como una situación extraordinariamente tensa y confusa. Si cuando los dos desconocidos se acercaron a la puerta, ella hubiera reaccionado con propiedad y de un modo más o menos sereno, la confrontación se podría haber evitado. Sin embargo, se quedó petrificada de terror y gritó a Rodney que fuera a buscar la pistola. Al ser interrogada por el motivo de su reacción, declaró que era ‘porque vemos los programas de televisión y vemos lo que le ocurre a la gente’, aunque inmediatamente añadió: ‘Siempre había dicho que llamaría a la policía, eso es lo primero que pensaba hacer. Pero me encontré con esto de repente y estaba medio muerta de miedo. Reaccioné automáticamente’. Sin embargo, fue incapaz de explicar qué vio en Hattori que la llevara a estar medio muerta de miedo. ¿Acaso lo que inquietó y aterró tanto a Bonnie Peairs fue el hecho de que Yoshi fuera asiático?



Bonnie Peairs durante el juicio

“(Ella) dijo posteriormente que su primer pensamiento al ver a Webb Haymaker vendado fue que tal vez ‘se había dado un golpazo’. En el juicio testificó que en un principio abrió la puerta para ver si Haymaker necesitaba auxilio. La reacción de la pareja no se debió, pues, a un miedo generalizado a los desconocidos. El nerviosismo exagerado de su actitud podría haber sido similar de haber sido Yoshi un afroamericano, aunque es posible que no, ya que siendo blancos sureños habían vivido y trabajado toda la vida al lado de negros y estaban familiarizados con ellos. En cualquier caso, los Peairs no estaban familiarizados personalmente con nadie procedente de Japón ni de otro país asiático y bien podían tener un prejuicio importante contra ellos, tal vez por la reciente afluencia de vietnamitas a Louisiana para trabajar en la industria de la pesca del camarón. Tampoco fue razonable que Bonnie y Rodney no intercambiasen pareceres sobre la necesidad de sacar un revólver para resolver la situación. De nuevo la reacción fue muy exagerada porque no había indicios de que los desconocidos llevaran armas o representasen una amenaza.



El juicio civil


“Probablemente, el sentido de la virilidad malentendida de Peairs y su tendencia a la fantasía estaban detrás del ‘Freeze!’ que le gritó a Hattori. Los policías de verdad no utilizan esta expresión; sólo lo hacen los de las películas. Nuestra interpretación de lo que ocurrió durante el incidente es que Yoshi se acercó a Peairs más despacio de lo que declaró el matrimonio, que su actitud no era agresiva y que no representaba amenaza alguna para ellos.



"Por consiguiente, el uso de la fuerza mortal contra Yoshi no fue razonable ni justificado. No fue tampoco razonable porque Peairs podía haber disparado un tiro para advertir a Yoshi, o para derribarlo, en lugar de matarlo. Peairs disparó a pesar de que no había ningún indicio de que su vida o la de su familia corrieran peligro inmediato, ni siquiera inminente”.



Robert K. Ressler

El juicio civil se celebró en el otoño de 1994 ante el juez del distrito del estado, Bill Brown, y no ante un jurado. El 15 de septiembre de 1994, el juez Brown dictó sentencia. “No había necesidad alguna de recurrir a un arma peligrosa”, dictaminó ante una sala de justicia repleta.



Los reporteros durante el juicio

“No existía la menor justificación para matar en defensa propia o de la familia. Una persona razonable, si su mujer le dijera que hay un desconocido fuera de la casa, le habría preguntado: ‘¿Por qué dices que coja la pistola? ¿Qué has visto?’. Pero el acusado no lo hizo, no actuó con el extraordinario cuidado que la ley exige para el uso de armas de fuego personales”. Por consiguiente, era responsable de la muerte de Yoshi.



Las protestas por la muerte de Hattori



El juez estableció con toda claridad que ni Yoshihiro Hattori ni la familia que lo acogía, los Haymaker, habían sido en ningún caso responsables de la muerte del muchacho, por lo que toda la culpa recaía en los Peairs, por mucho que éstos hubieran sido absueltos por un tribunal de justicia. El juez Brown ordenó a los Peairs el pago de la cantidad máxima permitida por la ley estatal: 85.000 dólares por daño y sufrimiento de Yoshi, 275.000 para cada uno de sus progenitores por “muerte por negligencia”, y 18.000 para cubrir los gastos del funeral; en total, 653.000 dólares.



Rodney Peairs tras el veredicto


Los Hattori declararon a la prensa, a través de un intérprete, que tenían la intención de donar todo el dinero a una fundación que constituirían a nombre de su hijo y que tendría como objetivo promover el entendimiento entre los pueblos de Estados Unidos y Japón. Masaichi Hattori expresó su deseo de que en el futuro dejase de ser necesaria la celebración de un juicio similar. “Aunque la sentencia nos ha sido favorable, jamás podré llenar el vacío que hay en mi corazón”, manifestó Mieko Hattori. Al mismo tiempo rogó a los estadounidenses que “redujeran en todo lo posible el número de armas de fuego”. Pero, como siempre, nadie la escuchó.


Después del juicio, Rodney Peairs dijo a la prensa que no volvería a poseer un arma de fuego. Se dedicó a dar entrevistas para programas sobre crímenes, justificando su acción aunque mostrándose arrepentido. Bonnie siempre lo acompañaba frente a los reflectores. Recibían a los medios en la sala de su casa.


El crimen fue dramatizado en el programa de televisión Homicide: Life on the Street, donde el primo de uno de los detectives le dispara a un estudiante de intercambio de Turquía, que por error va a la casa equivocada durante Halloween.


Al contrario que en el Caso Hattori, la versión novelada muestra al estudiante, vestido como Gene Simmons de la banda Kiss, actuando de manera extraña e incluso agresiva hacia el tirador. También la canción “Crackdown” de la banda Grant Lee Buffalo está inspirada en ese evento.




VIDEOGRAFÍA:

“Crackdown” - Grant Lee Buffalo
video



BIBLIOGRAFÍA:







FILMOGRAFÍA:


17 comentarios:

Anónimo dijo...

Primer comentario!!! Me encanta el blog, cada semana los leo. Me gusta mucho leer los casos de asesinos seriales. Este caso es muy triste, q pena x el joven q solo quería divertirse en una fiesta y terminó muerto y todo por una confusión en el número d la casa :( .... hasta pronto y no dejen d sorprendernos con otra buena historia.

cami dijo...

Sencillamente el tipo quería disparar,
cuando algún desconocido llama a la puerta uno pregunta antes de abrir.
En este caso hubiese sido algo como
- Quien es?
- Yoshi y Webb
- qué necesita?
- venimos para una fiesta
- aquí no es, están equivocados

en mi caso por ejemplo han tocado la puerta desconocidos preguntando por gente que no conozco y simplemente les respondo acá no vive.

Anónimo dijo...

Los padres de Yoshihiro sacaron fuerzas de flaqueza para hacer de la muerte injustificable de su hijo un mundo sin tanta violencia.
Descanse en Paz este muchacho inocente y todo mi respeto hacia sus padres llenos de dolor.
Un saludo.

Gabriela Alvarado dijo...

Que mal que la familia Hattori tuvo que luchar durante un año por un juicio que siempre debió estar a su favor, y lo peor de todo es que cuando lograron algo a su favor hayan obtenido sólo dinero, en lugar de encarcelar a Rodney. Las leyes han avanzado un poco, pero queda tanto para que las leyes sean realmente humanas.
Saludos, me encanta el blog!

Escrito con Sangre dijo...

¡Gracias por sus comentarios y no dejen de leernos!

Anónimo dijo...

Lamentable caso, por favor escriban sobre la masacre de wichita,un caso aterrador y sádico.

Anónimo dijo...

por fin, despues de tantos actualizaciones aburridas que no hay imagenes fuertes por fin VEO UN MUERTO SIN CENSURA

Anónimo dijo...

Que bárbaro Estados Unidos un país donde el racismo abunda y se incrementa. Nación formadora de xenófobos.

freska dijo...

Que mal,las puertas de mi casa tienen ventanas y ver quién fregados toca. Creí que era generalizado.

Judith Tamar Ferreyra dijo...

Hasta el día de hoy el presidente Obama pide leyes más severas para el uso y comercialización de armas en Estados Unidos, incluso ocurrió una masacre recientemente en una universidad.

Marco Álvarez dijo...

Vaya, siempre creí que la doble moral era exclusiva de las culturas occidentales, pero al leer este lamentable e indignante caso, es necesario recordar el de issei sagawa quien no solo mató con premeditación, alevosía y ventaja solo para convertirse en una celebridad (y hasta estrella porno) en su natal Japón. Es una lástima que las sociedades condenen a los extranjeros que dañan a sus compatriotas, pero nunca a sus ciudadanos que dañan a extranjeros.

Anónimo dijo...

Me recuerda un poco al caso de los estudiantes chilenos asesinados en EEUU http://www.emol.com/noticias/nacional/2009/02/26/346441/eeuu-dos-chilenos-muertos-y-tres-heridos-en-ataque-armado-en-florida.html

Ánfora dijo...

Y encima el otro tan campante libre, no entiendo nada.... y la verdad es que cada día menos EE.UU.

Anónimo dijo...

Ya conocía muy bien este caso ... Recuerdo lo discutimos en una clase de inglés cuando yo fui estudiante de intercambio en Canadá ... Estábamos en grupos , y al final cada grupo dijo si estaba de acuerdo o no en lo que hicieron los Pairs, y para mi sorpresa y decepción, absolutamente todos , menos yo y una compañera , estuvieron de acuerdo en que los Pairs mataran a Yoshi ya que se estaban "defendiendo"... De verdad sentí rabia y decepción , no sé como la mayoría de la gente pueda pensar así . Cabe decirles que la mayoría en ese salón eran latinos, y no anglosajones.
De verdad solo me decepcione más de la humanidad , y es por eso que estamos como estamos.
Aprovecho para mandarle saludos al o a los escritores de este blog , tengo mucho siguiéndolos pero creo nunca había comentado, saludos desde México.

Ampersand dijo...

Los famosos cinco segundos de estupidez, confusión y miedo en ambos Peairs culminaron en una tragedia injustificada y absurda, que de tiro por viaje que ocurre en Estados Unidos pasó sin pena ni gloria, pero conmocionó a todo el país del Sol Naciente.

Es cierto, quizá mi postura respecto a las armas de fuego sea libre portación, pero su uso debe estar rígidamente regulado, un arma calibre .44 para uso doméstico es una exageración, pero la laxitud en la legislación y el injustificado uso de la misma por Rodney Peairs le otorgan un matiz y resolución si no definitiva fácilmente comprensible: asesinato por negligencia, por ende, encarcelamiento.

La deificación e identificación con modelos potencialmente violentos es un factor de tomarse en cuenta: una cultura que arraiga, promueve y justifica el uso masivo de armas de fuego de gran calibre entre sus ciudadanos se llena de situaciones similares a ésta, pero llegan a su punto culminante cuando ocurren masacres a manos de desadaptados que cometen atrocidades que se cobran un gran número de víctimas, en su mayoría ajenas a los motivos de los perpetradores .... es cierto, es un derecho que les otorga su Constitución, pero no hay un contrapeso de responsabilidad y compromiso con la posesión, manejo y control de armas de fuego, ese ha venido el histórico y necesario vacío que tienen que completar en la hermana República de las Hamburguesas ..... Saludos !!!!!

Ampersand dijo...

Corrección: ha venido siendo el histórico y necesario vacío que tienen que completar y hacer realidad en Estados Unidos .... Saludos !!!!

Anónimo dijo...

Bueno cada pais tiene sus costumbres... En estados unidos cuando te tocan el timbre lo normal es salir con una magnum cargada por las dudas
Leo desde argentina