Daisy de Melker: “La Dama de la Muerte”


“Todo deseo estancado es un veneno”.
André Maurois


Daisy Louisa C. Hancorn-Smith nació el 1 de junio de 1886 en Seven Fountains, una pequeña localidad cercana a Grahamstown (Sudáfrica). Era hija de un matrimonio de terratenientes que tenía otros diez hijos. Cuando tenía doce años de edad, sus padres se divorciaron y ella se trasladó a vivir con su padre y dos de sus hermanos a Bulawayo, una ciudad ubicada en Rodesia (actualmente Zimbabue). Allí estuvo tres años hasta que, al cumplir los quince, su padre la envió a estudiar de vuelta a Sudáfrica, a la escuela-seminario de Buena Esperanza en Ciudad del Cabo. En vacaciones iba a visitar a su padre. En 1903, tras un par de años allí, regresó a Rodesia. Tras haber vivido en una ciudad decidió que la vida en una granja no estaba hecha para ella. Aburrida por la vida que llevaba junto a  su padre, un mojigato oficial del ejército británico, desde muy joven comenzó a sostener encuentros sexuales con diferentes hombres. Poco después regresó de nuevo a Sudáfrica. Se instaló en Durban para poder asistir a una escuela de enfermería y una vez diplomada como enfermera, comenzó a trabajar en el hospital Berea.



Daisy en su juventud

En 1907, se comprometió en matrimonio con un hombre llamado Bert Fuller, un fontanero de Johannesburgo de 36 años de edad. Pero el día programado para su boda, su prometido enfermó y presentó una fiebre muy alta. Daisy se quedó todo el tiempo a su lado, pero el hombre no se recuperó. Fuller murió unas horas después, dejándole una suma de cien libras a su prometida, “para seguir adelante”. Ella reclamó el premio de consolación y viajó al bullicioso Johannesburgo, donde se estableció en un departamento.



Bert Fuller

En su nueva ciudad, se encontró con William Alfred Cowle, el dueño de un negocio de fontanería muy lucrativo. Se casó con él en 1909, iniciando un matrimonio marcado por la tragedia doméstica. Cuatro de los cinco hijos que dio a luz murieron jóvenes, tres por causas naturales, otro bajo circunstancias sospechosas. Su hijo Cecil Rhodes, el único que creció sin problemas, nació en junio de 1911. Su siguiente parto fue de gemelos, quienes murieron al poco tiempo de nacer. Después tuvo otro hijo que murió por un absceso hepático y después otro falleció a los 15 meses de edad, por problemas intestinales y convulsiones.



William Alfred Cowle

Sus años juntos pasaron sin crecimiento íntimo. El sufrimiento sólo abrió una enorme brecha entre la pareja. Después de varios años de mediocridad matrimonial, la unión terminó con la muerte de Cowle. El 11 de enero de 1921, William se sintió mal después de tomar unas sales tonificantes a base de sulfato de magnesio que su mujer le había preparado. El primer doctor que lo atendió no consideró grave su caso y le recetó una mezcla de bromuro para purgarlo. Poco después de la visita del doctor, el estado de William empeoró y llamaron a otro médico, quien lo encontró echando espuma por la boca, con el rostro azulado y gritando agónicamente cada vez que le tocaban el estómago. Pocas horas después, William falleció. El doctor sospechaba que podía tratarse de un envenenamiento dados los síntomas, por lo que se negó a firmar un acta de defunción antes de haber practicado la necropsia. Cuando ésta fue realizada, se diagnosticó la causa de la muerte como nefritis crónica y hemorragia cerebral. Su viuda recibió un pago de seguro de vida por 1,700 libras.






La muerte de Cowle

En 1922, Daisy se volvió a casar, esta vez con un fontanero llamado Robert Sproat, un hombre diez años mayor que ella. A finales de octubre de 1927, Robert enfermó gravemente; sufría fuertes dolores abdominales y espasmos musculares similares a los sufridos por William, el primer marido de Daisy. A pesar de recuperarse poco después, volvió a recaer una semana más tarde. Durante una fría noche de noviembre, Sproat despertó de una siesta después de la cena, temblando y sudando. Al llegar la noche se desmayó y sus síntomas empeoraron. Pasó sus últimas horas sufriendo terribles convulsiones. Falleció el 6 de noviembre, aparentemente por una hemorragia cerebral derivada de una arteriosclerosis fulminante. Daisy quedó dueña de una considerable herencia que le fue legada.



Robert Sproat

El 21 de enero de 1931, Daisy se casó por tercera vez, nuevamente con un fontanero; su nuevo marido se llamaba Sydney Clarence de Melker. En febrero de 1932, Daisy se subió al tren para ir hasta Turffontein, lugar donde iba a comprar arsénico. Cuando los farmacéuticos le preguntaron para qué lo quería, Daisy, quien usó su antiguo apellido de Sproat, dijo que era para eutanasiar a su gato, el cual se encontraba muy mal tras un percance con un coche y no quería que siguiese sufriendo.



Sydney Clarence de Melker

El 2 de marzo, su hijo Rhodes Cecil comenzó a sentirse mal después de hacer una parada en el trabajo y tomar un café del termo que su madre le había preparado. Un compañero suyo llamado James Webster también empezó a sentirse mal después de haber bebido un poco de aquel café, aunque unas horas después se encontró bien otra vez. Sin embargo, Cecil siguió empeorando hasta que el día 5 de marzo falleció entre terribles dolores.






Rhodes Cecil Cowley


La autopsia reveló que aparentemente había muerto de malaria cerebral, el tipo de malaria más temido. Pero el consenso era que Daisy había matado a su hijo. Las versiones sobre los motivos variaban. El periódico Sunday Times de Sudáfrica afirmaría: "(El hijo) parece haber tenido la idea de que iba a recibir su herencia a la edad de 21 años. Tal vez él estaba exigiendo más de lo que Daisy le podía dar. (Pero) la respuesta más obvia es que a ella simplemente no le gustaba la actitud de su hijo".



Los titulares sobre la muerte de Rhodes Cecil Cowley

Un testigo del periplo vital de Daisy fue su cuñado William Sproat, hermano de Robert, su segundo marido. William siempre creyó que su hermano había sido asesinado y se comprometió a mantener vigilada a su cuñada. Sospechaba que las muertes que rodeaban a Daisy probablemente no se debiesen a la mala suerte de la que tanto se quejaba. Haciendo partícipes de sus sospechas a las autoridades, éstas accedieron a exhumar los cadáveres para someterlos a nuevas autopsias.



William Sproat

El primero en ser desenterrado fue el de su hijo Rhodes Cecil el 15 de abril. A pesar de llevar más de un mes muerto, su cadáver estaba notablemente bien conservado, algo que hacía pensar de entrada en el arsénico, ya que esta sustancia retrasa la putrefacción. Una vez examinados los restos, descubrieron una alta presencia de arsénico en vísceras, médula espinal y cabello.



Tumba de las víctimas

Después fueron exhumados los cadáveres de sus dos maridos, quienes a pesar de presentar un alto grado de descomposición, seguían teniendo restos de estricnina. Solicitaron también a James Webster, el compañero de Cecil, muestras de su cabello y de sus uñas, y determinaron que su “enfermedad” se había debido también al arsénico, ya que estaba presente en su organismo. Una semana más tarde Daisy fue detenida y acusada de tres asesinatos y un intento de asesinato.



Ficha de detención de Daisy de Melker





El boticario que le había vendido el arsénico en Turffontein la reconoció en las fotos publicadas en la prensa y acudió a testificar que le había comprado el veneno a él bajo el nombre de Daisy Sproat. En el juicio de treinta días de duración que siguió, el juez no acabó de convencerse de la participación de Daisy en los envenenamientos de William Alfred Cowle y de Robert Sproat. Sin embargo, no tenía dudas sobre que Daisy había envenenado a su propio hijo y a un compañero de trabajo de éste, por lo que la declaró culpable.



Daisy durante el juicio

Daisy de Melker fue condenada a morir en la horca. Al escucharlo, ella le gritó al juez que no había matado a nadie, pero el juez fue inflexible: “Usted mató a su hijo y no puedo condenarla a otra cosa”.


La sentencia se cumplió la mañana del 30 de diciembre de 1932 en la Prisión Central de Pretoria. Tras su muerte, se convirtió en un símbolo siniestro, en una leyenda sudafricana y en una de las asesinas más famosas de ese país.




BIBLIOGRAFÍA:


11 comentarios:

Kiki Muñoz dijo...

Hola a todos. Llore porque Rhodes Cecil era demasiado guapo ¿por que lo matasteeeeeeeeeeeeee? jaja buuu :c me hubiera ido hasta alla a casarme con su tataranieto. Buen trabajo mi estimado, hoy no tenia nada que hacer y vi su nueva entrada de paso releere otros casos jeje. Saludos.

Anónimo dijo...

buen caso hacia mucho que no leia el blog saludos

Anónimo dijo...

la cara de esa daisy de melker ASUSTA MUCHO, mucha frialdad en sus ojos

Anónimo dijo...

como pudo casarse tantas veces una mujer tan fea y malvada


Anónimo dijo...

excelente como siempre mi ECS gracias ya llegue y ya viene el otro mingoo ahora lo leo de vez en cuando porque tengo una chamba que casi ni me deja descansar... solo pa delante... jeje ojala fuera femina para ser como estilo estas criminales de marido en marido rip rip cada uno pero rico rico agusto... no se crea es broma...
recuerden que en la vida no todo es hermoso hay de todo y creo lo feo quedaba en otro plano antes. ahora es numero uno y triste pero sierto... a los paisanos mexicanos mucho ojo porque esta pasando algo. cuidence todos.

Juana dijo...

Es curioso el gran número de asesinos que se dedican a la medicina. Supongo que ya de antemano saben que esos conocimientos les serviran en sus pensamientos perversos.

Ampersand dijo...

Muy bien ECS, ya has puesto una gran seguidilla de envenenadores que con este caso ejemplifican su diversificación alrededor del mundo; particularmente, me uno a los comentarios de las personas que al igual que un servidor hacen la observación acerca de su aspecto físico y las oportunidades de casarse que tuvo esta "señora".

Estuve un poco distante pero en esta oportunidad agradezco nuevamente tu excelente trabajo ECS, muchas gracias .... Saludos !!!

Anónimo dijo...

Ohh que mente mas maquiavélica,las mujeres mayormente recurren a los venenos para asesinar..tanto odiaba a los hombres??en que nivel estará?? Interesante.. Otra vez
Saludos ECS. Espero ansiosa tus escritos,gracias por esta pagina...

donne dijo...

Con esa cara yo ni me acerco, que miedo..
Felicidades por vuestro genial trabajo!!:)

Susana Calhueque dijo...

Hola, soy de Chile, estoy de vacaciones y no puedo parar de leer todas tus historias!!! Soy muy buenas, atrayentes, con muchos datos e información, me tienes totalmente absorbida, un abrazoooo...

Vanessa Cooper dijo...

No manches pinche vieja loca y enferma como matar a tu propio hijo en fin ni como decirle que se pusiera a trabajar en vez de querer ganar el dinero fácil matando si en esa época las mujeres no tenían derecho a nada :/