Douglas Clark y Carol Bundy: “Los Asesinos de Sunset Strip”


“El Hombre de Marlboro me miraba fijamente, dominando todo Sunset Strip desde lo alto con su cara de diez metros".
Michael Connelly. El poeta


Douglas Daniel “Doug” Clark nació el 10 de marzo de 1948 en Dallas, Texas (Estados Unidos). Fue hijo de Franklin Clark, un oficial de Inteligencia Naval. Durante la infancia de Clark, la familia se mudó constantemente debido al trabajo de su padre. Tiempo después, él diría haber vivido en treinta y siete países diferentes.



Acta de nacimiento de Douglas Clark

En 1958, su padre salió de la Marina de Guerra para ocupar una posición civil como ingeniero en la Compañía de Transporte de Texas, pero la familia seguía siendo nómada. Vivieron en las Islas Marshall, luego se trasladaron a San Francisco y después a La India. Durante un tiempo, Clark fue enviado a una escuela internacional muy exclusiva en Ginebra (Suiza) y más tarde asistió a la Academia Militar Culver, mientras su padre continuaba moviéndose alrededor del mundo. Cuando se graduó en 1967, Clark se alistó en la Fuerza Aérea.



Douglas Clark

Su vida comenzó a desmoronarse en este punto. Fue dado de baja de la Fuerza Aérea por razones que no quedan claras y se mantuvo a la deriva durante diez años, a menudo trabajando como mecánico. Durante ese tiempo, se concentraba en mejorar lo que él llamaba su "vocación de atleta sexual". “¡Soy el rey de la aventura de una noche!", presumía con sus amigos.


Se mudó a Los Ángeles y fue empleado como operador de la caldera en una fábrica de jabón en Burbank, pero lo despidieron debido a sus frecuentes inasistencias y a las violentas amenazas que profería en contra de sus compañeros de trabajo. Se casó con Karen Keniston y poco después se divorciaron a causa de lo violento que él era.



Acta de matrimonio de Clark


Carol Bundy nació el 26 de agosto de 1942 en Estados Unidos. Tuvo una infancia problemática. Su madre murió cuando ella era muy joven y su padre abusaba sexualmente de ella. Luego, cuando su padre se volvió a casar, la puso en varios hogares adoptivos.



Carol Bundy

Cuando Carol tenía 17 años, se casó con un hombre de 56 años de edad. Se divorció al poco tiempo y se casó de nuevo. Volvió a divorciarse y contrajo matrimonio por tercera ocasión; esta vez, tuvo dos hijos, aunque su tercer esposo la golpeaba, por lo cual lo abandonó. A los 37 años, había comenzado un romance con el administrador de la unidad de departamentos donde vivía, el cantante Jack Murray.







Carol intentó sobornar a la esposa de Murray para que dejara a su esposo, pero él no estaba contento con esta actitud y decidió desalojar a Carol de su departamento. Esto no terminó el romance y ella continuó yendo regularmente a los lugares donde Murray cantaba. Uno de ellos era un bar llamado "Little Nashville".


Fue en este bar donde, en 1980, conocería al hombre que iba a cambiar su vida: Douglas Clark. En ese momento, Carol Bundy era una obesa chica con serios problemas emocionales. Se fueron a vivir juntos y descubrieron sus mutuas fantasías sexuales oscuras.



Jack Murray

Clark comenzó a llevar prostitutas a su departamento para que tuvieran sexo con ambos. Luego, tomó mucho interés en una niña de once años de edad, quien era su vecina. Carol Bundy decidió ayudarlo: estaba obsesionada con él. Atrajo a la niña con dulces y promesas de juguetes, y terminaron utilizándola en diversos juegos eróticos. También le tomaron fotografías en medio de diferentes actividades sexuales. La pederastia no fue suficiente para ellos y Clark empezó a hablar de lo mucho que le gustaría matar a una niña durante el sexo. Persuadió a Carol de que saliera y comprara dos pistolas automáticas para utilizarlas. Clark quería realizar la fantasía de matar a una mujer durante el sexo para sentir las contracciones vaginales durante los espasmos causados por la muerte. La matanza comenzó en junio de 1980. Clark llegó a su casa una noche y le dijo a Carol Bundy acerca de dos adolescentes de quince años, Gina Narano y Cynthia Chandler, a las cuáles había recogido en la zona de Sunset Strip ese día.



Gina Narano

A punta de pistola, Clark les había ordenado realizarle una felación. Como las chicas no dejaban de llorar, con los nervios crispados él se tornó muy violento. Las golpeó en el rostro con la pistola. Después les disparó en la cabeza, matándolas.



Cynthia Chandler

Clark se llevó los cadáveres en su camioneta hasta un garaje, donde violó los dos cadáveres. Una vez satisfecho, tiró los cuerpos cerca de la autopista de Ventura, donde fueron encontrados al día siguiente.



El cadáver de Cynthia Chandler

Carol Bundy se sintió incómoda al escuchar esta noticia. Inclusive, llamó a la policía para tener un poco más de información sobre los asesinatos, pero se negó a dar ninguna pista sobre la identidad de Clark. Este inclusive le dijo que si eran detenidos, él asumiría toda la culpa, con la esperanza de que la dejasen en libertad.



El arma

Douglas Clark gustaba de recorrer Sunset Strip para buscar chicas y lo convirtió en su coto de caza. En muchas de aquellas excursiones era acompañado por Carol Bundy. A bordo de su camioneta, recorrían aquella zona, conocida también como “la franja Sunset”.



Mapa de Sunset Strip

Sunset Strip es el nombre dado al estrecho de Sunset Boulevard que pasa por West Hollywood, California. Se extiende desde el extremo oriental de West Hollywood con Hollywood en la calle Marmont Lane, hasta el extremo occidental con Beverly Hills en la calle Phyllis. Es probablemente el mejor lugar de Sunset, que incluye un sinfín de boutiques, restaurantes, clubes de rock, discotecas y coloridas vallas publicitarias.



Sunset Strip

Doce días después de los primeros asesinatos, Clark volvió a matar. Esta vez, Carol Bundy no llamó a la policía. Las víctimas eran dos prostitutas, Karen Jones y Exxie Wilson.



Karen Jones

Al igual que antes, Clark las atrajo hasta su camioneta, les disparó en la cabeza y violó los cadáveres. Después arrojó los cuerpos en un callejón cercano a Sunset Strip.






Exxie Wilson

La diferencia esta vez fue que guardó un trofeo: la cortó la cabeza a Exxie Wilson con el propósito de guardarla como recuerdo. Se llevó la cabeza de vuelta a casa y la metió en la nevera. Carol Bundy, al verla, se puso a maquillarla antes de que Clark la utilizara de nuevo para otro "ataque de necrofilia", como él le llamó.



El cadáver de Karen Jones

Dos días después, la pareja puso la cabeza recién limpiada en un cofre y la tiraron en un callejón. Clark había violado la cabeza en varias ocasiones, ante la creciente excitación de Carol.



El cadáver decapitado de Exxie Wilson


Tres días después, otro cuerpo fue encontrado en el bosque en el valle de San Fernando. La víctima era una fugitiva llamado Marnette Comer, alias “Annette Ann Davis”. Como en los casos anteriores, Clark la subió a su camioneta, la asesinó con un disparo en la cabeza y luego violó su cadáver.



Marnette Comer

Clark otra vez se llevó el cuerpo para decapitarlo. Conservo el cuero y la cabeza y violó ambos por separado durante tres días. Después se deshizo del cadáver, tirándolo en una cuneta.



El cadáver de Marnette Comer

Clark esperó un mes antes de atacar de nuevo. Mientras tanto, Carol Bundy extrañaba a su ex amante Jack Murray. Una noche, lo fue a ver cantar y después de unos tragos, su conversación desembocó en las cosas que ella y Clark estaban haciendo. Murray se alarmó y le dio a entender que podría decirle a la policía. Asombrosamente, Carol Bundy no entendía por qué su ex amante se escandalizaba tanto.  Para evitar que Murray pudiera denunciarlos, en agosto de 1980, Bundy lo invitó a la camioneta después de un show, prometiéndole que iban a tener sexo. El confiado Murray accedió. Una vez dentro, fue ella quien le disparó y después lo decapitó.



El cadáver de Jack Murray




Sin embargo, dejó varias pistas, como el hecho de que los dos fueron vistos juntos en el bar y que varios casquillos de bala se quedaron en la camioneta. Cuando el cadáver del cantante fue encontrado, los testigos la señalaron. La policía comenzó a buscar a una mujer con su descripción.



La camioneta


Carol no pudo soportar la presión y dos días más tarde confesó a sus compañeros de trabajo que había matado a su ex amante. Ellos llamaron a la policía, y Carol confesó de inmediato, con lujo de detalles, todos los crímenes que Douglas Clark y ella habían cometido a lo largo de aquellas semanas.






El arresto de Carol Bundy


Douglas Clark fue inmediatamente arrestado y se encontraron varias armas escondidas en su trabajo. Bundy fue acusada de dos asesinatos: el de Jack Murray y el de una víctima en cuya muerte confesó haber estado presente.



El arresto de de Douglas Clark



Clark fue acusado de seis asesinatos. En su juicio, actuó como su propio abogado y trató de culpar a Carol de todo, retratándose a sí mismo como una víctima inocente. El jurado no le creyó; declarado culpable, fue condenado a muerte en 1983.



Clark durante el juicio

Carol Bundy, por su parte, hizo un acuerdo con el fiscal y, a cambio de su testimonio, sólo recibió una sentencia de cadena perpetua.



Los titulares

Carol murió en prisión el 9 de diciembre de 2003, a la edad de sesenta y un años, a causa de una insuficiencia cardíaca.



Clark y Bundy en prisión


Clark perdió un ojo tras una riña. Permanece en el Corredor de la Muerte, en la prisión de San Quintín, en espera de ser ejecutado. Nunca admitió su culpabilidad.



Clark en la actualidad




VIDEOGRAFÍA:

Douglas Clark y Carol Bundy en Parejas peligrosas



BIBLIOGRAFÍA:





FILMOGRAFÍA:

Anastasia Lechtchenko: “La Descuartizadora de Tijuana”


"Estoy al límite".
Frase de Anastasia en su cuenta de Facebook


Anastasia Lechtchenko Masney nació en 1996 en San Luis Potosí, SLP (México). Fue hija de dos inmigrantes ucranianos: Igor Lechtchenko, un entrenador de gimnastas y Yuliya Masney Safonchik, nacida en Siberia en 1970, pero crecida en Ucrania. Yuliya e Igor se enamoraron cuando trabajaban en el tradicional Circo Ruso. Ella, de veinticinco años, poseía una belleza que difícilmente pasaba inadvertida; esbelta y de piernas torneadas, era dueña de una abundante melena color oro que resaltaba sus ojos azules y su sonrisa blanquísima. Además era políglota, bailarina, pianista y estudiosa de la Historia Universal.



Anastasia cuando era niña


En 1995, los acróbatas ucranianos decidieron que era momento de dejar la vida circense y establecerse. Escogieron San Luis Potosí, donde nació su primera hija: Anastasia, una bebé de cabello rizado, rubio. Heredó la extrema delicadeza del rostro de su madre. Ambos se nacionalizaron mexicanos años después.




Probaron suerte como bailarines independientes. Cobijados, primero, por la empresa que los trajo a México y después por su talento, la carrera de los bailarines parecía consolidarse. Incluso, se presentaron en programas de televisión como Un nuevo día, entonces conducido por Rebeca de Alba y César Costa. Vivieron en la Ciudad de México y después recorrieron otras entidades.



Anastasia y sus padres en el programa televisivo Un nuevo día

Años más tarde se mudaron a Tijuana, Baja California, donde él comenzó a entrenar a gimnastas en el Centro de Alto Rendimiento. Anastasia era una chica normal: iba a la escuela, coqueteaba con los chicos, odiaba a su maestra de Química, le gustaba escuchar música, se quejaba por tener que arreglar su habitación.




En su cuenta de Facebook posteaba canciones, compartía sus sentimientos y emociones, planeaba salidas con sus compañeros. Le apasionaban el cine de terror y las imágenes violentas.




A Yuliya le encantaba bailar, siempre recordaba sus años en el Circo Ruso. Su familia radicaba en el boulevard Paseo Ensenada nº 2311 esquina con De la Lluvia, en la sección Jardines del Sol, en la delegación Playas de Tijuana, en la fronteriza ciudad de Tijuana, Baja California (México).



La familia

Para ese entonces, su padre se dedicaba a entrenar a los equipos de gimnasia en la Universidad Autónoma de Baja California. Era un reconocido preparador físico de atletas olímpicos de esgrima.







Igor Lechtchenko




Yuliya Masney Safonchik daba clases de ruso en la escuela “Benito Juárez”. Utilizaba sus cuentas en las redes sociales para enviar mensajes a favor de Ucrania y era una conocida activista a favor de su país y en contra de Estados Unidos. Había sido reina de belleza y gustaba de posar ante las cámaras.



Yuliya Masney Safonchik






En los años noventa, cruzaron a Estados Unidos, pero tuvieron dificultades para acoplarse y los problemas en su relación hicieron que regresaran a territorio mexicano. Un día, Anastasia se hizo un tatuaje en forma de corazón detrás de la oreja; la regañaron por ello. Llevaba una especie de diario; con tinta roja escribía: "Cientos de veces te he visto pasar por mis sueños, como un dulce amor el cual yo sé pudiera haber sido posible. Pero hoy por fin entiendo que fue mejor así. Ya estás muy lejos de mí". Otro día anotó las características que debía tener su "Príncipe Azul".



El Príncipe Azul de Anastasia

Los padres de Anastasia tuvieron una segunda hija: Valeria Lechtchenko Masney, nacida en 2003 y diagnosticada con discapacidad múltiple. La única capacidad que logró desarrollar fue la de caminar sin sentido. Pero no podía hablar y la mirada siempre estaba perdida. La pequeña padecía además un severo problema de autismo, lo que poco a poco debilitó el hogar familiar.



La sensual Yuliya


Los padres de Anastasia se divorciaron. La mujer llevaba a su hija menor al Centro de Atención Múltiple Benito Juárez. Anastasia y su hermana Valeria se quedaron con su madre, pero a medida que Anastasia crecía, la situación se hizo más difícil. A Yuliya le obsesionaba la niña autista y descuidaba a Anastasia para sobreproteger a su hija menor. Su eterna sonrisa contrastaba con la angustia diaria de no saber la enfermedad exacta que padecía su hija, qué sentía. Por qué caminaba, pero no expresaba nada. “No sé qué siente, si le duele algo”, repetía constantemente.



Valeria Lechtchenko Masney



En 2010, Anastasia entró a la Escuela Secundaria Técnica número 1. A los catorce años probó por primera vez la mariguana, la metanfetamina y el éxtasis. Luz Aída, una joven profesora de educación especial que atendió a Valeria, diría de la familia Lechtchenko: “Se veían muy normales, pero el problema fue cuando Anastasia creció y entró a la secundaria. Siempre se le veía malhumorada, como enojada con la vida. Esta es mi hipótesis: cuando toda la atención se vuelca a un hijo con educación especial, se puede crear cierto resentimiento en los otros miembros de su familia”.




El 9 de febrero de 2015, Anastasia fue reportada como extraviada. Durante un mes, la policía buscó sin dar con ella. El Centro de Apoyo de Personas Extraviadas y Ausentes (CAPEA), emitió una pesquisa para localizarla. Su madre publicó en Facebook una solicitud de ayuda. También se difundieron carteles de búsqueda. Su desaparición desató el pánico en sectores de Tijuana, ya que se pensaba que había sido  secuestrada o asesinada.



Carteles de búsqueda




Cuando estaba lejos, publicó en su muro de Facebook: “Cuando te das cuenta que eres tan insignificante en el largo camino de un desierto, que la ciudad no es nada comparada con la belleza de la naturaleza que estás viendo, te pones a pensar en el por qué de las cosas, pero, ¡demonios!, no todas tienen un por qué. Entonces sólo sabes que estás agradecido con la vida porque tienes a una familia linda, y buenos amigos, y que hay personas también que sólo vienen a cumplir un papel a tu vida y se van como actores de reparto. Estos pueden hacerte daño o pueden hacerte feliz, pero al final se van y te dejan una enseñanza. A esa gente también le agradezco”.



Anastasia con su padre, Igor


"Me tocó ser hombre y mujer. Cómo quisiera ser solamente mujer", escribió Yuliya en su muro. El 27 de febrero Anastasia se comunicó con su madre a través de Facebook y al día siguiente le llamó por teléfono para informarle que había comenzado a trabajar con unos amigos de su familia. Estaba en Sinaloa, a donde llegó por su cuenta propia, según asentó su propia madre en el perfil de Facebook de Anastasia.



El mensaje en Facebook sobre la reaparición

“Atención toda la comunidad de FB, todos los amigos y amigos de los amigos: quiero compartir mi alegría y buena noticia, Anastasia se comunico conmigo, está en Culiacán, Sinaloa, los detalles de su aventura no sabré decir, cómo y por qué no lo sé. ¡Estamos en hecho a traerla a casa! ¡Pronto todos podemos verla de nuevo! De mi parte de todo mi corazón quiero agradecer a todos por su ayuda, su apoyo, su colaboración, sus palabras de aliento, sin todos ustedes, sin su unidad en esta larga búsqueda, yo sola no podría lograr el éxito! ¡GRACIAS A TODOS USTEDES! ¡Espero que muy pronto abrazare a mi hija! Yuliya, mamá de una hija rebelde”.



Cuenta de Facebook de Anastasia y algunos mensajes




“Ella se encuentra sana y salva, en ningún momento fue privada de su libertad, en ningún momento fue abusada”, declaró el jefe de CAPEA. No fue la única ocasión; con anterioridad se había ausentado de su casa por periodos cortos. En todos esos casos, reaparecía a las pocas horas. “En Culiacán estaba con amistades no muy recomendables”, reveló uno de los agentes asignados al caso. Lo que no imaginaban sus padres era que, desde años atrás, Anastasia se había hecho aficionada a varias drogas; primero en afán experimental y luego como adicción.







Anastasia con su madre, Yuliya


El periodista Max Aub conoció a Yuliya Masney y escribió sobre ella: “En la vivienda de Yuliya los problemas abundaban y el dinero escaseaba. Estaba muy sola. Igor, el hombre del que se estaba divorciando, la ayudaba poco, muy poco y a veces nada. Entablé una amistad con Yuliya a través de Facebook en marzo de 2014, aunque, personalmente, sólo nos vimos una vez, en mayo del mismo año. Pasé por ella a Playas de Tijuana y la invité a comer a Rosarito. Me platicó que su hija mayor Anastasia, desde hacía meses, estaba reportada como desaparecida ante las autoridades, aunque para ella, estaba secuestrada, pero no sabía o nunca dijo por quién (…) Siempre tenía palabras de amor cuando se refería a sus hijas. Me comentó que los primeros años de Anastasia fueron mágicos, conviviendo con sus padres y entre presentaciones artísticas de las que formaba parte; parecía feliz. Sin embargo, se atravesaron dos circunstancias que no pudo superar y terminaron por convertirla en una joven desenfrenada: una hermana con discapacidad múltiple y la separación de sus padres. A pesar de su realidad, entre la austeridad y la pobreza, Yuliya siempre se las arregló para darle un techo, comida y vestido a sus hijas. El día fatídico que Anastasia, en su estado de drogadicción, se acercó a la casa de su madre y hermana, Yuliya no tenía idea de su estado agresivo y aparente locura. Ella sólo quería estar bien con Anastasia. Sin duda, fue sorprendida para ser asesinada a traición y dejar, a su vez, sin protección, a la pequeña Valeria. La presunta frialdad con que actuó Anastasia contrasta, como agua y fuego, con la manera tan hermosa, amorosa y sublime que Yuliya se expresó siempre de su hija mayor. Tuvimos una gran amistad. La admiré mucho. Su capacidad de plática y de escucha, su nivel cultural y en especial, su interés y conocimiento en la política de México y del mundo, era muy alta. Amaba al país donde creció, Ucrania, y sus raíces rusas, y los defendía a capa y espada —aunque Yuliya nació en Siberia—. Jamás perdió el acento que la delataba como extrajera, pero su cotidianidad al hablar definitivamente era la de una mexicana. Después de su lugar de origen, amó profundamente a México. Yuliya amaba las palabras y su significado, le gustaba citar a personajes; su sentir lo transmitió alguna vez en un pensamiento de Víctor Hugo: ‘La melancolía es la felicidad de estar triste’. Así era ella, melancólicamente feliz. Alguna vez escribió sobre los hijos citando a Graham Greene: ‘Son los hijos los que se apartan de uno. Pero los padres no podemos apartarnos de ellos’. Es por ello que Anastasia, al igual que Valeria, siempre estaba en su corazón y pensamiento. Conocí a Yuliya en el tiempo cuando día a día soñaba que su hija Anastasia apareciera; ojalá ese sueño nunca se hubiera cumplido”.


Anastasia utilizaba la red social ask.com, en la que se acostumbra responder a preguntas anónimas que otras personas hacen a los usuarios. El perfil de Anastasia tenía como fondo dibujos de escenas suicidas: una mujer con una soga al cuello e ingiriendo pastillas, otra con una pistola en la sien. Una persona le preguntó: “Explica el por qué de tu background (fondo) de ask (la red social)”, a lo que ella respondió mediante un video de tres segundos: “Porque no estoy cuerda”.



Anastasia con sus amigos





Había buscado trabajo sin encontrarlo en su ciudad natal. Los roces con su madre a causa de su hermana menor eran cada vez más desagradables. La idílica imagen proyectada por Yuliya hacia el exterior era una farsa; en su casa, lo que se vivía era una constante confrontación.



Anastasia buscando trabajo

Desde días antes del asesinato, Anastasia iba y venía. Guardaba cientos de colillas de cigarros, que metía en frascos de café o botellas de agua vacías, cualquier contenedor donde pudieran juntarse los restos de cigarrillos Pall Mall. Un vecino, Héctor Durazo, señalaría: “Unos días antes escuché que le gritó desde el portón a Yuliya: ‘te voy a matar, hija de la chingada’. Era una loca, siempre estaba drogada”. Anastasia estaba harta. Decidió deshacerse de su madre y de su molesta hermana. Durante varias semanas se dedicó a planear el crimen; investigó en varias páginas de Internet dedicadas a asesinos en serie y a criminales famosos. En muchos de esos casos encontró inspiración para realizar sus criminales planes.



Anastasia con sus primos

Según diría después, Anastasia estaba segura de que su madre y su hermana “eran brujas; ellas querían matarme”. Muchos verían en esto sólo un pretexto para fingir demencia, con la finalidad de ocultar la frialdad con la que el crimen había sido cometido. Era obvio que sus búsquedas en la red revelaban otra cosa. También buscó en Internet cómo matar brujas y llevar a cabo el desmembramiento de los cadáveres; por ello los cortes serían hechos con precisión.



Anastasia disfrazada

El domingo 7 de junio, la gente vio a Yuliya viva por última vez; era el día de las elecciones. Ese día, Valeria y ella vieron a Igor por última vez. El lunes 8, Anastasia se decidió; se preparó mentalmente para lo que iba a realizar. Tomó un cuchillo de cocina y acechó a su madre. En un descuido, la atacó. Yuliya estaba sentada en un sillón y allí la ultimó. "Creo que mi mamá ya sabía que la iba a matar y no opuso resistencia”. Después caminó hasta el cuarto de su hermana Valeria. Con la niña no tuvo mayor problema: se paró al borde de la cama y levantó su pequeño cuerpo para ahorcarla con la misma soga que a su madre. “La voz de un hombre me decía que acabara con ellas”. Debido a su discapacidad, Valeria no pudo gritar. “Tardé un poquito menos, veinte minutos. Pero su cuerpo seguía calientito”. Luego se fue porque había leído en Internet que para desmembrar un cuerpo tenía que esperar a que se enfriara. Hora y media después regresó.



Yuliya y Valeria


El único que escuchó los gritos de Yuliya fue un sastre que vivía justamente atrás de la casa de las Lechtchenko. Desde las 21:00 horas se escucharon lamentos, gritos, pero no llamó a la policía porque últimamente los gritos eran constantes y, además, hablaban en ruso. “No entendí nada”, dijo. Su inacción le costó la vida a las víctimas. En su confesión, explicaría que el asesinato fue en defensa propia: desde hace días sentía piquetes en la espalda y pulsaciones en el cuerpo que no la dejaban dormir. “Tenía tiempo que mi mamá se dedicaba a la brujería, y mi hermana era una muñeca, su aliada, su títere. Y para que no continúen esos trabajos también hay que matarla. Para matar a una bruja, a ese espíritu maligno, hay que cortarle partes inferiores” y se aseguró de que su hermana también muriera, para terminar con ese encanto negativo.



A ambos cadáveres les extrajo el corazón y a Valeria le sacó los ojos, arrojándolos por el inodoro. A su hermana además la decapitó. “El cuello, la piel de atrás del cuello, estaba calientita y eso que ya no tenía la cabeza”, diría después. Primero intentó sacarle los ojos con una cuchara, pero como no pudo, fue por un cuchillo a la cocina. Luego descuartizó los cuerpos, poniendo los pedazos en bolsas negras para basura. Sabía perfectamente dónde cortar. Tomó tres cuchillos con diferentes grosores y filos. Los encajó hasta el fondo de la axila y en la unión de la pelvis con las piernas. Con Yuliya tardó cuatro horas, relativamente poco tiempo porque era muy delgada. Con Valeria tardó tres horas.




Al terminar de desmembrar los cuerpos, notó que las paredes y los muebles estaban salpicados. Aunque lo había hecho con precaución, era imposible que no quedara en el piso un charco de sangre. En el fregadero de la cocina seguían las cabezas que había degollado seis horas antes. “Tuve que cortarles las extremidades para que ya no viajaran los espíritus. Y a la títere, la muñeca, había que sacarle los ojos”.



A las 23:00 horas salió a una farmacia cercana a comprar bolsas negras para basura. Se sentía muy tranquila. Eligió una pequeña caja con diez bolsas de 70 por 90 centímetros que le pareció la más práctica. “Traía puras monedas; las bolsas costaban $24.90, pero la muchachita no completaba, así que se fue corriendo”, diría la empleada de mostrador que le cobró aquella noche a la adolescente. Regresó rápido a su casa. Las líneas de expresión de su rostro estaban descompuestas; le punzaba el ojo izquierdo. Metió los cuerpos desmembrados en tres bolsas negras y después se fumó un cigarro.



Cuenta de Facebook de Yuliya


Al día siguiente, Héctor Durazo y Arturo Torres, vecinos, vieron entrar y salir a la joven. Estaba muy tranquila y salía de vez en vez a fumar cigarrillos. Incluso, llevó a varios amigos a su casa. También grabó un video donde confesaba los crímenes, mismo que guardó en su teléfono celular. Se quedó en el departamento con los cadáveres durante dos días, hasta que fue a visitar a unas amigas. Para entonces, el hedor se notaba hasta las casas vecinas. La ausencia de las mujeres fue notada por los compañeros de trabajo de la catedrática.


El miércoles 10 a las 23:00 horas, unos vecinos reportaron fétidos olores que provenían del inmueble. Las cerraduras de la casa no estaban forzadas. Al acudir al sitio, policías municipales verificaron el contenido de varias bolsas de plástico negras, de las utilizadas para la basura, y descubrieron que las mismas contenían restos humanos, por lo que solicitaron la presencia del Ministerio Público del Fuero Común. Los restos estaban putrefactos a causa del calor y llenos de moscas y gusanos.






Anastasia poco antes del crimen



Mediante las investigaciones preliminares de agentes de la Unidad Orgánica de Homicidios Dolosos se estableció la identidad de las víctimas, pero en la residencia no había persona alguna y al indagar entre los vecinos surgió el nombre de Anastasia. La policía la buscó y consiguió ubicarla en un domicilio de la misma zona, donde fue detenida junto con dos mujeres más. Cuando los agentes le preguntaron delante de sus amigas si sabía por qué estaban ahí, respondió: “Porque maté a mi madre y a mi hermana”.



Al retornar los agentes a la escena del crimen, ya había arribado el esposo y padre de las víctimas y de la asesina. Había sido notificado por las autoridades. Lo detuvieron también. Los cuatro fueron remitidos en calidad de presentados para que rindieran su declaración ministerial en torno a los hechos. En el cuarto de interrogatorios, Anastasia parecía otra: llevaba la cara lavada, el pelo rubio desaliñado sujeto en una coleta, una chaqueta azul y pantalones de mezclilla. Pero la pose seguía siendo altiva y sostuvo de frente la mirada a los agentes investigadores. Se sabía hermosa y el empoderamiento que su crimen le había dado, le brindaba la fuerza para enfrentarse a los sabuesos.


Para la policía, existían claros indicios de que Anastasia Lechtchenko era la autora del homicidio y descuartizamiento de su madre y su hermana. “De las pesquisas se fortalece una hipótesis en la investigación, en el sentido de que el entorno familiar pudo ser la causa principal del hecho”, confirmó la Procuraduría General de Justicia. El alcalde Jorge Astiazarán Orcí declararía: “Es algo muy lamentable y no podemos justificar el hecho violento, desgraciadamente las investigaciones hasta ahorita apuntan a que está relacionado un familiar, que es lo más triste”.





Las dos chicas que estaban con la joven sospechosa fueron puestas en libertad, al comprobarse que no tenían relación alguna con el crimen. Quedaron padre e hija en calidad de presentados, rindiendo su declaración. Sin tapujos, Anastasia confesó el crimen. En su declaración ante agentes de la Unidad de Homicidios Dolosos de la Procuraduría de Justicia del Estado, la joven de 19 años confesó que a su madre, Yuliya Masney Safonchik, de 45 años de edad, la ultimó ahorcándola y apuñalándola con un cuchillo de cocina. A su hermana menor, Valeria Lechtchenko Masney, autista de nacimiento, la mató de igual forma y la decapitó.





“Eran brujas”, aseguró, “por eso las maté. Intentaban embrujarme y alguien, una voz, me pidió que las matara. Les saqué el corazón y las decapité porque ésta es la única manera de acabar con las brujas”. En el momento del crimen, Anastasia no se encontraba bajo el influjo de las drogas. Su padre, al reclamar los cadáveres de su ex esposa e hija, le dijo a los agentes del Ministerio Público que tenía sentimientos encontrados y no le interesaba mucho el caso.



El lugar del crimen






El jueves 11, los agentes investigadores indicaron que Anastasia era la única persona implicada en el doble asesinato, por lo que, debido a las evidencias encontradas, el viernes 12 fue consignada. Tras ser girada la orden de aprehensión, fue internada en la penitenciaría.



Los titulares

El 13 de junio, Igor Lechtchenko publicó en su cuenta de Facebook: “Muy buenas tardes a todos mis amigos y contactos de Facebook. Primero que nada quiero agradecer su apoyo y compresión en estos hechos que acaban de pasar; yo estoy bien dentro de lo que cabe en esta situación, pero no puedo contestar todos los mensajes que me llegan por falta de tiempo. Pero aprecio a todos por sus ganas de ayudar y sí voy a necesitarla por lo mismo de los trámites futuros. Yo estoy consciente, pero espero la respuesta de los familiares de Yuliya, su hermano y mamá, qué quieren hacer ellos con los restos de Yuliya. Otra vez muchas gracias a todos”.



Cuenta de Facebook de Igor Lechtchenko

En un acto de extraña justicia a la mexicana, Anastasia quedó libre debido a que la juez quinto de lo Penal, Ana Isabel Flores Plascencia, no otorgó la orden de aprehensión en su contra. La asesina fue puesta en libertad, pese a que la Procuraduría General de Justicia del Estado de Baja California solicitó orden de aprehensión urgente. Al no otorgarla, el Ministerio Público quedó a la espera de que el juez les otorgue la orden de aprehensión ordinaria porque, asienta el reporte, el Código Penal de Baja California marca un plazo de hasta quince días hábiles, que en la práctica son tres semanas.



Los cadáveres


En noviembre de 2012, la misma jueza ordenó la liberación de Jaime Ochoa y Erasmo Ramírez, también homicidas confesos, autores del asesinato del comerciante Rafael Garibay; a la confesión de los criminales se había agregado la identificación visual  hecha por la esposa y la cuñada de la víctima, quienes también fueron lesionadas en el ataque. En aquella ocasión, la inepta jueza ordenó la liberación tras aplicar reformas al Código Penal, hechas para el Nuevo Sistema de Justicia Penal, que aún no iniciaba funciones en Tijuana, y consideró que “no se aplicaba la extensión de la flagrancia”.



Ficha de detención de Anastasia

El miércoles 17 de junio, se celebró una gran fiesta para reunir fondos y apoyar al entrenador, en la casa de Enrico Carmona “Rico”. Fue una noche de karaoke con la presencia de sonideros, payasos, cuentacuentos, cantantes y DJ’s. Se vendió música y bebidas alcohólicas y se cobró la entrada. Era un gesto solidario con el hombre que había sido amigo de tanta gente y cuya familia fue una de las más queridas.



El evento

La chica se fue a la playa con una bolsa de galletas, unos cigarros y un encendedor, a contemplar el atardecer; un reportero la vio allí, sentada sobre la arena. La entrevistó; cuando le preguntó cómo estaba, la asesina respondió que "muy bien; me encuentro bien, pero tranquila más que nada; más que bien, tranquila" y que en los últimos días sólo se había alimentado de comida rápida.



Anastasia en la playa



Su padre, Igor Lechtchenko, aseguró desconocer el paradero de su hija. “No tengo nada con ella, ninguna comunicación con ella; ella es ciudadana mexicana; yo no sé nada, desconozco totalmente”, aseguró. Los amigos del entrenador declararon: “El hombre no tiene bajo su tutela a la joven Anastasia. Es falso; queremos que sepa la ciudadanía que en ningún momento fue entregada Anastasia a Igor. Sabemos de antemano que no sabe dónde está”. El caso es que entre dimes y diretes legales y familiares, la bellísima descuartizadora quedó libre para deambular por cualquier parte de México o el extranjero.


Diez días después del crimen, fue detenida otra vez. El viernes 19 de junio la encontraron paseando en el Parque México. La arrestaron y la trasladaron al Centro de Readaptación Social de Tijuana para que enfrentara el proceso penal. El lunes 22 de junio, se celebró la misa de las víctimas en la iglesia Santa María Estrella del Mar, ubicada sobre el Paseo Ensenada, del Fraccionamiento Playas de Tijuana. Los asistentes llevaron globos blancos.



El arresto



Luego de que los abogados de Anastasia aseguraran a los medios que el gobierno ruso vigilaría que se llevara a cabo el debido proceso durante el juicio, la embajada de ese país indicó que no intervendría en la asistencia consular de la joven, pues ella es mexicana. "Por lo que conocimos, su madre era una ciudadana ucraniana y sus hijas nacieron aquí en México, entonces son mexicanos y no hay relación con Rusia", comentó el cónsul. Por consejo de Gabriel González, su abogado, Anastasia decidió retractarse de su confesión y asegurar que los policías que la detuvieron la habían torturado, violado y golpeado, obligándola a declararse culpable. Esta versión absurda obviaba el hecho de que la misma Anastasia grabó una confesión en video con su celular antes de ser detenida, la cual no fue grabada por la policía, sino por ella antes de ser detenida. También dejaba de lado el testimonio de los vecinos, que escucharon las amenazas proferidas por la chica, así como su historial de violencia. En el careo sostenido con ellos, afirmó: "Me llevaron, me gritaron y me pegaron cachetadas y apretones. Me ataron de manos y pies, recibí agresiones verbales, me tocaron en la vagina. Eso lo hicieron dos oficiales y después de que me aprehendieron, otro oficial. Yo me declaré culpable porque me dijeron que no pasaría nada. Llegamos a otra estación de la policía y otro me golpeó en la panza y me sometió del brazo y me dijo en el oído que si teníamos relaciones iba a salir antes, y fueron dos oficiales incluyendo a este oficial. También me llevaron a un hotel y me dijeron que hiciera sexo oral con los mismos fines". El primer agente ministerial, Juan Francisco Martínez Camarena, dijo que ella mentía, que nunca se le maltrató y que desde el primer informe les reveló detalles del crimen. "Estabas sentada en una silla, estabas enfrente de mí y nos contaste todo; nunca se te tocó de ninguna manera y a nada se te obligó", dijo. Además de las acusaciones contra los agentes ministeriales, también modificó su declaración y contó una versión absurda: que encontró los cuerpos de su madre y hermana mientras regaba el patio de su casa. "El 6 de junio me salí a regar el patio y se me hizo raro que no estaban mi mamá y mi hermana, y cuando estoy regando el patio me dio un olor como a gato muerto que venía de una casita de aluminio blanca que estaba en el patio, cuando abrí la puerta vi unas bolsas negras e identifiqué lo que parecía ser la cabeza de mi hermana". La asesina olvidaba que el domingo 7 de junio, su madre y su hermana fueron vistas aún con vida.


En el patio de la pequeña casa, donde la sala estaba dividida por una pequeña barra y sólo había dos cuartos repletos de ropa, quedaron abandonadas las pertenencias de las tres mujeres que vivieron allí. Una caja con tres pares de tenis pequeños de Valeria, una carga de ropa que nunca se lavó en el interior de una lavadora con jabón en polvo, un refrigerador con latas de atún abiertas y comida que pronto comenzó a podrirse, una cama repleta de ropa de mujer, grandes cajas, maletas, bolsas, zapatos, un calendario de 2015, unas margaritas marchitas color amarillas y rojas recargadas sobre un bote de aluminio navideño, trastes pequeños para comida de animales, cajas de medicamentos, un libro de Paulo Coelho abierto sobre una mesa, una taza de café, una botella de Coca Cola y un enorme árbol de limones grandes cuyo olor impregnaba el patio.


Los vecinos colocaron ramos de flores, veladoras y juguetes afuera de la casa. También les preocupaba la gata de la familia, cuyo nombre todos olvidaron. Desde los asesinatos, sola y hambrienta, no paraba de llorar, hasta que fue adoptada por una vecina.



VIDEOGRAFÍA:

Noticiarios sobre el caso



Entrevista con Anastasia en la playa




La confesión grabada por Anastasia




BIBLIOGRAFÍA:

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