Leon Czolgosz: el asesinato de William McKinley


“No me arrepiento. Lo hice por los trabajadores”.
Palabras finales de Leon Czolgosz


Leon Frank Czolgosz nació el 5 de mayo de 1873 en Alpena, Michigan (Estados Unidos). Fue uno de los ocho hijos de Paul Czolgosz y su esposa María Nowak, católicos polacos inmigrantes. Los antepasados de Czolgosz probablemente emigraron de lo que hoy es Bielorrusia. Su padre emigró a los Estados Unidos en la década de 1860, proveniente de Astravyets, cerca de Vilnius.



Paul Czolgosz, el padre de Leon Czolgosz

Cuando llegó a los Estados Unidos, aseguró que había nacido en Hungría y cambió la ortografía de su apellido de Zholhus (Жолгусь) a Czolgosz. La familia se trasladó a Detroit cuando Leon tenía cinco años. A la edad de diez años, mientras vivía en Posen, Michigan, la madre de Czolgosz murió seis semanas después de dar a luz a su hermana Victoria.



María Nowak, la madre de Leon Czolgosz

Su primer trabajo fue a la edad de catorce años, en una fábrica de vidrio en Natrona, Pennsylvania, volviendo a casa dos años después. A los diecisiete años tomó un empleo en la Rolling Mill Company, en Cleveland. Después de la crisis económica de 1893, cuando la fábrica cerró un tiempo y redujo los salarios, los trabajadores se declararon en huelga. Leon y sus hermanos se encontraron sin trabajo.



Jacob Czolgosz, el hermano de Leon Czolgosz

En medio de la gran agitación económica y social que le rodeaba, Czolgosz encontró poco consuelo en la iglesia católica polaca y otras instituciones de los inmigrantes, y comenzó a buscar la compañía de otros que compartían sus preocupaciones con respecto a la injusticia social. Se unió a un club obrero socialista moderado, la Sociedad de Golden Eagle, y finalmente, tuvo acercamientos con un grupo más radical conocido como Sila, donde se interesó por el anarquismo.



Leon Czolgosz en su juventud

En 1898, después de ser testigo de una serie de ataques violentos contra obreros y padeciendo una enfermedad respiratoria, Czolgosz se fue a vivir con su padre, que había comprado una granja de 55 acres en Warrensville, Ohio. Leon hizo poco para ayudar en la conservación de la finca, y estaba constantemente en desacuerdo con su madrastra y con las creencias católicas de su familia. Más tarde contaría que durante toda su vida nunca había mostrado ningún interés en la amistad o las relaciones amorosas, y que había sido intimidado durante toda su infancia por sus compañeros de escuela. Leon se convirtió en un misántropo que pasaba gran parte de su tiempo leyendo únicamente periódicos socialistas y anarquistas. Quedó muy impresionado después de escuchar un discurso de Emma Goldman, una política radical, con quien se reunió por primera vez durante una de sus conferencias en Cleveland, en 1901.



Emma Goldman

Después de la conferencia, Czolgosz se acercó a la tribuna de los oradores y le solicitó recomendaciones de lectura. En la tarde del 12 de julio de 1901, la visitó en la casa de Abraham Isaak, editor del periódico Free Society, en Chicago, y se presentó con el nombre falso de “Fred Nieman”, pero Goldman estaba en camino a la estación de tren. Leon sólo tuvo tiempo suficiente para explicarle acerca de su decepción de los socialistas de Cleveland, y Goldman pudo presentarle a algunos de sus amigos anarquistas, que se encontraban en la estación de tren. Tiempo después, ella escribiría un artículo en defensa de Czolgosz.


En las semanas que siguieron, debido a su torpeza social, sus evasivas y sus incómodas investigaciones sobre Abraham Isaak y otro anarquista, Emil Schilling, el periódico radical Sociedad Libre emitió el 1 de septiembre una advertencia relativa a Czolgosz: “¡ATENCIÓN! Se pide la atención de los camaradas sobre otro espía. Bien vestido, de mediana estatura, hombros muy estrechos, rubio y de unos 25 años de edad. Hasta ahora ha hecho su aparición en Chicago y Cleveland. En el primer lugar permaneció poco tiempo, mientras que en Cleveland desapareció cuando los camaradas habían confirmado su identidad y estaban a punto de exponerlo.



Leon Czolgosz poco antes del atentado

"Su comportamiento es del tipo habitual, pretendiendo tener un gran interés en la causa, pidiendo nombres o solicitando ayuda para ciertos actos de violencia. Si esta misma persona hace su aparición en otros lugares, a los compañeros se les advierte de antemano. Pueden actuar en consecuencia”.


En 1901, el movimiento anarquista era muy temido en los Estados Unidos. Inclusive, el Tribunal de Nueva York dictaminó que el hecho de identificarse como anarquista en público, era un quebrantamiento de la paz. Los anarquistas habían causado impacto en Europa a causa de los atentados violentos contra varios funcionarios y miembros de casas reales, y habían sido culpados por el bombardeo de Haymarket en Chicago durante 1886.


Czolgosz creía que existía una gran injusticia en la sociedad estadounidense, una desigualdad que permitía a los ricos a enriquecerse explotando a los pobres. Llegó a la conclusión de que la razón de esto era la estructura del propio gobierno.


Luego se enteró de un magnicidio que cambió su visión del mundo: el 29 de julio de 1900, el rey Umberto I de Italia había sido abatido a tiros por el anarquista Gaetano Bresci. El asesino le dijo a la prensa que había decidido tomar el asunto en sus propias manos por el bien del hombre común.



Gaetano Bresci

En septiembre de 1901, William McKinley estaba en el apogeo de su poder como Presidente de los Estados Unidos. Elegido en 1896, durante la grave depresión económica resultante del pánico de 1893, había derrotado a su rival demócrata, William Jennings Bryan. McKinley llevó a su país de retorno a la prosperidad económica y a la victoria en la guerra contra España en 1898, tomando posesión de antiguas colonias españolas como Puerto Rico y las Filipinas. Reelegido en 1900, parecía que la Administración McKinley continuaría en paz ininterrumpida por otros cuatro años.



El presidente William McKinley

A pesar de que dos presidentes habían sido eliminados por asesinos, al presidente William McKinley no le gustaba que el personal de seguridad se interpusiera entre él y la gente. En Canton, Ohio, su ciudad natal, con frecuencia iba a la iglesia o al distrito financiero caminando y sin protección, y en Washington se paseaba con su mujer sin ningún tipo de guardia en su vehículo. Aunado a esto, después de los magnicidios de Abraham Lincoln y James Garfield, el Congreso de los Estados Unidos no tomó ninguna medida para garantizar la protección presidencial. Tendrían que pasar veinte años más tras el magnicidio de Garfield para que, tras un nuevo atentado, el Congreso le encargase al Servicio Secreto, fundado originalmente para evitar la falsificación, que se ocupara de la seguridad presidencial.


McKinley dio un breve discurso tras su segunda toma de posesión el 4 de marzo de 1901. Después de haber sido durante mucho tiempo un defensor de los aranceles proteccionistas, y creyendo que el Arancel Dingley, aprobada durante su primer año en el cargo, había ayudado a la nación alcanzar la prosperidad, McKinley tenía previsto negociar acuerdos comerciales recíprocos con otros países. Esto abriría mercados extranjeros a los fabricantes estadounidenses que habían dominado el mercado doméstico y que trataban de expandirse. Durante un viaje largo previsto para los meses posteriores a su toma de posesión, tenía la intención de pronunciar grandes discursos para promover su plan económico.


McKinley, junto con su esposa Ida, salió de Washington el 29 de abril para una gira en tren por el país, que concluiría con una visita a la Exposición Panamericana de Buffalo durante el que había sido designado como "Día del Presidente". Se reunió con comisiones entusiastas en el Lejano Oeste, que nunca habían visto a un presidente.


En California, la Primera Dama se puso gravemente enferma, y durante un tiempo se pensó que agonizaba. Sin embargo, se recuperó en San Francisco, pero su esposo canceló el resto de la gira y los McKinleys regresaron a Washington. Su discurso en la Exposición fue aplazado hasta el 5 de septiembre, después de McKinley pasase algunas semanas en Washington y dos meses en Cantón. Utilizó el tiempo pasado en su casa de Ohio para afinar el discurso de Buffalo y supervisar las mejoras a su casa. Tenía la intención de permanecer en Canton hasta octubre.



La Primera Dama, Ida McKinley, esposa del Presidente

William Arntz, un trabajador del parque de Canton donde McKinley a veces paseaba, declararía después que había visto a un hombre parecido a Leon Czolgosz a mediados de 1901, cuando el Presidente estaba en ese lugar. El hombre llevaba dos armas de fuego, y cuando Arntz le recordó que no estaban permitidas las armas de fuego fuera de campo de tiro del parque, le respondió con desdén. Arntz buscó a la policía y reportó el incidente, pero el hombre nunca fue encontrado.



Una revista sobre las aventuras de un agente del Servicio Secreto

En el verano de 1901, Czolgosz se trasladó a Buffalo, aunque no se conocen sus razones para hacerlo. Pudo haber elegido Buffalo debido a su gran población polaca. Se asentó en el suburbio de West Seneca y pasó gran parte de su tiempo dedicado a la lectura de textos anarquistas. Czolgosz luego viajó a Cleveland, aunque sus actividades allí son inciertas; pudo haber ido por más literatura anarquista. Después de Cleveland, Czolgosz fue a Chicago, donde vio una mención en un periódico local sobre la inminente visita del presidente McKinley a Buffalo. Regresó a Buffalo, aunque todavía no tenía una idea clara sobre lo que iba a hacer; según diría tiempo después, al principio sólo se trataba de estar cerca del hombre que a sus ojos encarnaba a la injusticia.



Tarjeta sobre la visita de McKinley

El martes 3 de septiembre tomó su decisión. Tiempo después, declararía a la policía: “Lo supe en mi corazón, no había escapatoria para mí. No importaba que pusiese mi vida en juego. Había miles de personas en la ciudad ese martes. Oí que era el ‘Día del Presidente’. Todas esas personas parecían inclinarse ante el gran gobernante. Me hice a la idea de matar a esa escoria”. Ese día, Czolgosz fue a la ferretería de Walbridge en la calle principal de Buffalo y compró un revólver Iver Johnson calibre .32. Todavía no tenía ningún plan claro para el atentado contra el Presidente.



El arma

El miércoles 4 de septiembre, William e Ida McKinley llegaron a Buffalo en tren. Un cañón que disparó un saludo al Presidente a su llegada a la ciudad, se había fijado demasiado cerca de la pista, y las explosiones reventaron varias ventanillas del tren, asustando a la Primera Dama. Una docena de personas en la plataforma, creyendo que el daño había sido causado por una bomba, gritaron: "¡Cuidado, anarquistas!"



Timbre postal sobre la Feria Panamericana en Buffalo

Cuando William McKinley se bajó del tren para la bienvenida oficial, Czolgosz se abrió paso hacia adelante entre la multitud, pero se dio cuenta de que el Presidente estaba demasiado rodeado de personas para poder atentar contra su vida.



La llegada del tren presidencial a Buffalo

El viaje de McKinley a Buffalo fue parte de una gira de diez días, que debía incluir una visita a Cleveland. Los McKinley se hospedaron en la Casa Milburn, la mansión del presidente de la Exposición, John G. Milburn. A su llegada a Buffalo, el Presidente y su comitiva fueron conducidos a través de los parques de atracciones en el camino a la Casa Milburn, deteniéndose un momento en la exposición, en el Puente del Triunfo, por lo que McKinley y sus acompañantes pudieron contemplar las atracciones de la feria.



La Mansión Milburn






McKinley tenía programados dos días de eventos en Buffalo: el jueves 5 de septiembre, daría un discurso y luego recorrería la feria. Al día siguiente, visitaría las cataratas del Niágara y, a su regreso a Buffalo, conviviría con el público en el Templo de la Música, en los terrenos de la exposición.



Programa de actividades

Cuando se presentó la oportunidad de tener una recepción pública con el presidente McKinley, los organizadores de la Feria eligieron como sede el Templo de la Música. Louis L. Babcock, director de la Exposición, consideraba este edificio como ideal para el propósito. El enorme auditorio estaba situado cerca de la Explanada, en el corazón de la Feria, y tenía puertas en cada uno de sus cuatro lados. Además había varias filas de sillas en el piso de la sala, que tenía amplias galerías.



El Templo de la Música


Una de las razones para llevar a McKinley en repetidas ocasiones a la feria, era aumentar los ingresos por concepto de las entradas; la visita del popular presidente recibió mucha publicidad. Sin embargo, la convivencia con el público en el Templo de la Música fue rechazada por su secretario personal, George B. Cortelyou, quien, preocupado por la seguridad del Presidente, dos veces trató de sacar el evento del programa de actividades. Pero McKinley fue inflexible: deseaba apoyar a la feria, disfrutaba de conocer gente y no tenía miedo a los asesinos potenciales. Cuando Courtelyou le sugirió a McKinley por última vez que eliminara el evento de la agenda, el Presidente respondió: "¿Por qué debería? Nadie querría hacerme daño".



Invitación a la Exposición Panamericana

Cortelyou le advirtió McKinley que muchos se sentirán decepcionados, ya que el Presidente no tendría tiempo para darle la mano a todos los que acudirían al encuentro. McKinley le respondió: "Bueno, ellos sabrán que de todos modos lo intenté".



La Exposición Panamericana



No fue posible persuadir al Presidente de alterar su horario. Cortelyou telegrafió a las autoridades en Buffalo, pidiéndoles que brindaran mayores medidas de seguridad.



El Presidente con su esposa

La mañana del jueves 5 de septiembre, las puertas se abrieron justo a las 06:00 horas para que la multitud entrase temprano y buscara buenos lugares para presenciar el discurso del Presidente. La explanada, el espacio grande, cerca del Puente de Triunfo, donde el presidente iba a hablar, estaba llena de visitantes de la feria.



El Presidente McKinley en la Feria
La muchedumbre se desbordó en las fuentes cercanas. De los 116,000 visitantes de la feria que acudieron ese día, cerca de 50,000 presenciaron el discurso de McKinley. La ruta entre la Casa Milburn y el sitio del discurso estaba lleno de espectadores. El paso de McKinley con su esposa rumbo a la Feria era acompañado por fuertes aplausos. Cuando finalmente arribó, fue a una posición con vista a la Explanada y después de una breve introducción por Milburn, comenzó a hablar. No lo sabía, pero se trataba del último discurso de su vida.



El discurso final de McKinley



En su última disertación, McKinley instó a poner fin al aislacionismo estadounidense. Propuso acuerdos comerciales que permitieran a los fabricantes ingresar a nuevos mercados. "El período de exclusividad es cosa del pasado. La expansión de nuestro comercio es el problema acuciante. Las guerras comerciales no son rentables". La multitud saludó sus palabras con un fuerte aplauso.



Leon Czolgosz, llevando la pistola en el bolsillo, había llegado temprano a la feria, y estaba bastante cerca del podio antes de que McKinley apareciera. Quería dispararle mientras aba su discurso, pero no estaba seguro de alcanzar su objetivo; estaba siendo empujado todo el tiempo por la multitud. Czolgosz seguía allí cuando McKinley concluyó su discurso y desapareció detrás de los guardias de seguridad. Trató de seguir a McKinley cuando el Presidente comenzó su recorrido por la Feria, pero fue empujado hacia atrás por los agentes. Czolgosz no vio otra oportunidad de acercarse al Presidente ese día, así que volvió a su habitación alquilada.


McKinley recorrió los pabellones de otros países del Hemisferio Occidental, atrayendo aplausos donde quiera que iba. Presidió un almuerzo en el New York State Building y asistió a una recepción privada en la sede del Gobierno. Tras terminar, el Presidente escoltó a su esposa Ida de vuelta a su carro. Ella iba a regresar a la casa de Milburn, mientras que él visitaría otros lugares de interés turístico de la Feria.


Estaba fuertemente custodiado por soldados y policías, pero aún así trató de interactuar con el público, animando a aquellos que trataban de correr hacia él al reconocerlo, y saludando con afecto a un grupo de ruidosos jóvenes, vendedores de palomitas de maíz. Hizo una parada no programada para tomarse un café en el Porto Rican Building antes de regresar a la Casa Milburn en la tarde.


A pesar de la advertencia del secretario Cortelyou a los organizadores, acerca de que la Primera Dama no podría asistir debido a su delicado estado de salud, Ida McKinley había estado presente en un almuerzo en su honor organizado por el Consejo de Gerentes de la Exposición.


Después de la cena, el Presidente y la Primera Dama regresaron al recinto ferial, haciendo una pausa en el Puente del Triunfo para ver la feria iluminada por la electricidad. Se fueron en barco a la estación de salvamento para ver los fuegos artificiales desde allí, antes de regresar a la Casa Milburn.



Dibujo sobre Leon Czolgosz

La mañana del viernes 6 de septiembre, McKinley se vistió formalmente, como era su costumbre, y luego salió de la Casa Milburn para dar un paseo por el barrio. El Presidente casi se escabulló sin vigilancia; cuando la policía y los soldados se dieron cuenta, se apresuraron a ir tras él. Ese día, Leon Czolgosz también se levantó temprano con la intención de llegar con tiempo suficiente a la recepción pública en el Templo de la Música; llegó a las puertas de la Exposición a las 08:30 horas, a tiempo de ver al Presidente pasar en su coche de camino a la estación de tren para una visita a las Cataratas del Niágara. El anarquista desayunó dentro de la Feria; por alguna razón, dos fotografía suyas se tomaron esa mañana.



Leon Czolgosz en la Feria


Louis L. Babcock se pasó la mañana haciendo arreglos para la recepción. Se creó un amplio pasillo, que iba desde la puerta del este, a través de la cual entraría el público, hasta el lugar donde McKinley se pararía. Una vez que los asistentes le dieran la mano, continuarían caminando para salir del edificio. Una bandera estadounidense fue puesta detrás del lugar donde estaría el Presidente y se colocaron varias plantas en macetas.



El Templo de la Música

Los McKinleys viajaron en tren hasta Lewiston, donde vieron las Cataratas del Niágara. McKinley tuvo cuidado de no entrar a la parte canadiense por razones de protocolo. Era un día caluroso, e Ida McKinley se sintió mal por el calor; fue conducida al Hotel Internacional para esperar a su marido, quien recorrió la isla Goat antes de unirse a su esposa para el almuerzo. Después de fumar un cigarro en la terraza, el Presidente fue con su esposa rumbo el tren que les esperaba cerca, y descansaron allí un momento antes de recorrer la planta hidroeléctrica ubicada en las cataratas.



McKinley en las Cataratas del Niágara

El tren regresó a Buffalo para que McKinley pudiera asistir a la recepción en el Templo de la Música. Ida McKinley tenía la intención de acompañar a su marido al auditorio, pero como no estaba totalmente recuperada, decidió volver a la Casa Milburn para descansar. Dado que el tiempo asignado para la recepción había sido reducido a diez minutos, el presidente esperaba no permanecer alejado de su mujer por mucho tiempo. Como eran apenas las 15:30 horas, McKinley se detuvo para tomar un refresco en el Edificio de la Misión antes de dirigirse al Templo de la Música.



Samuel Ireland y George Foster

Se habían realizado considerables arreglos para coordinar la seguridad del Presidente. Policía uniformados estaban apostados en las puertas; detectives de la policía de Buffalo custodiaban el pasillo. Además del escolta George Foster, otros dos agentes habían sido asignados al viaje, debido a las preocupaciones sobre seguridad del secretario Cortelyou. Babcock se puso nervioso por una broma hecha durante el almuerzo en un restaurante de la Exposición, cuando uno de los comensales aseguró que alguien le podría disparar al Presidente durante la recepción.



George B. Cortelyou

Se había organizado a una docena de artilleros para asistir a la recepción en uniforme de gala, con la intención de utilizarlos como decoración. En lugar de ello, decidieron destacarlos en el pasillo, con las instrucciones de cerrarle el paso a toda persona sospechosa que pudiera tratar de acercarse con malas intenciones al Presidente. Estos hombres no estaban entrenados en el trabajo policial, y sólo obstruyeron el campo de visión de los detectives y del Servicio Secreto. En este tipo de eventos, el escolta Foster generalmente se paraba justo a la izquierda y detrás de McKinley. Sin embargo, Milburn deseaba estar a la izquierda de McKinley, para poder presentarle a cualquier persona que conociese al Presidente. Foster y otro agente se colocaron de pie en el pasillo de McKinley.



John G. Milburn

Al paso de las horas, la multitud había llenado el pasillo bloqueado y las galerías. Cientos de personas deseaban ver al presidente, aunque no pudieran saludarlo. McKinley llegó a tiempo, echó un vistazo a los arreglos, y se dirigió a la entrada, donde se encontró con Milburn a su izquierda y Cortelyou a su derecha.



McKinley rumbo a la recepción




El órgano de tubos comenzó a tocar “The Star-Spangled Banner". Como McKinley ordenó, las puertas se abrieron para recibir a los que habían esperado durante horas para saludarlo. La policía los dejó entrar y McKinley sonrió, preparado para llevar a cabo su parte favorita del trabajo. Siendo un político experimentado, McKinley podía darle la mano a cincuenta personas por minuto.



La última fotografía: McKinley entra al Templo de la Música

Cortelyou ansiosamente miraba su reloj; a los cinco minutos, le envió un recado a Babcock para indicarle que cerrara las puertas. Babcock se dirigió hacia la entrada. A medida que continuaba la recepción, el organista tocó obras de Johann Sebastian Bach. La procesión de los ciudadanos dándole la mano al Presidente fue interrumpida cuando Myrtle Ledger, un niño de 12 años de edad, habitante de Spring Brook, Nueva York, quien iba acompañado por su madre, le pidió a McKinley que le regalara el clavel rojo que siempre llevaba en la solapa. El Presidente siempre decía que ese clavel era un amuleto de la buena suerte para él. Sin embargo, se lo quitó y se lo dio; luego reanudó los saludos sin su amuleto.



Myrtle Ledger

Los guardias miraban con insistencia a un hombre alto, de tez morena que parecía inquieto mientras caminaba hacia el presidente, pero respiraron aliviados cuando le dio la mano a McKinley sin incidentes y comenzó a moverse hacia la salida. Debido a que ese día hacía mucho calor, varias personas de la fila utilizaban pañuelos para limpiarse la frente; el hombre que iba detrás del individuo moreno y sospechoso, tenía la mano derecha envuelta en uno, como si estuviera lesionado. Al ver esto, McKinley le extendió la mano izquierda en su lugar.



El atentado

Eran las 16:07 horas. Cuando las manos de los dos hombres se estrecharon, Leon Czolgosz le disparó a McKinley dos veces en el abdomen con el revólver que llevaba oculto bajo el pañuelo. Los espectadores miraron con horror cómo el Presidente se tambaleó hacia adelante trastabillando, mientras Czolgosz se preparaba para darle un tercer disparo.







No pudo hacerlo debido a que James Parker, un estadounidense negro de ascendencia española que estaba formado detrás de Czolgosz, se lanzó contra el asesino, tratando de quitarle la pistola. Una fracción de segundo después de que Parker golpease a Czolgosz, también lo hicieron el detective John Geary y uno de los artilleros, Francis O'Brien.



James Parker

Czolgosz desapareció bajo un montón de hombres, algunos de los cuales lo golpearon con las culatas de los rifles. Se le oyó decir: "¡He cumplido con mi deber!" McKinley se tambaleó hacia atrás y hacia la derecha, estando a punto de desplomarse, pero Cortelyou, Milburn y el detective Geary lo sostuvieron y lo llevaron a una silla.


El presidente trató de convencer a Cortelyou de que no estaba herido de gravedad, pero la sangre no dejaba de brotar mientras trataba de exponer su lesión. Al ver la paliza que le estaban dando a Czolgosz, McKinley ordenó que se detuvieran. Czolgosz fue arrastrado hacia afuera por el agente Foster.


Cuando Czolgosz giró la cabeza para mirar al Presidente, Foster le golpeó la cabeza contra el suelo. El Presidente McKinley se mostraba muy preocupado por su esposa, insistiéndole a su secretario Cortelyou que cuidase la manera en que le informaría sobre el atentado.


La reacción inicial de la multitud había sido de pánico, y muchos intentaron de huir de la sala, cuya salida estaba bloqueada por otros que querían entrar para ver lo que había ocurrido. Una ambulancia que funcionaba con electricidad llegó al lugar. Cuando McKinley fue trasladado sobre una camilla, se produjo un rumor en la muchedumbre, al ver el rostro cerúleo del Presidente a causa de la hemorragia.



La ambulancia


El agente Foster se fue con él rumbo al hospital de la feria. En el camino, McKinley sintió algo en su ropa y sacó un objeto metálico. "Creo que es una bala", dijo. El Presidente había recibido dos disparos; una bala había sido desviada por un botón y sólo lo rozó; la otra había penetrado en su abdomen.



El hospital de la Feria

La ambulancia que transportaba a McKinley llegó al hospital de la Exposición a las 16:25 horas. A pesar de que estaba equipado para atender únicamente las cuestiones médicas menores de los visitantes de la feria, el hospital tenía un quirófano. Sin embargo, en el momento de los disparos, ningún médico estaba allí, sólo enfermeras y pasantes.


El mejor cirujano de la ciudad y director médico de la Exposición, el Dr. Roswell Park, estaba en las cataratas del Niágara realizando una delicada operación de cuello. Fue interrumpido durante el procedimiento y le dijeron que su presencia era urgente en Buffalo, pero respondió: “No podría salir, ni aunque se tratase del Presidente de los Estados Unidos”. Entonces le dijeron que en efecto se trataba de él y que había sido baleado. Park, dos semanas después, salvaría la vida de una mujer que había sufrido heridas casi idénticas a las de McKinley.



El Dr. Roswell Park

El primer médico en llegar al hospital fue el Dr. Herman Mynter, a quien el Presidente había conocido brevemente el día anterior; McKinley, quien tenía excelente memoria para los rostros, bromeó diciéndole que cuando se habían reunido, no había esperado necesitar sus servicios profesionales. Cuando McKinley yacía en la mesa de operaciones, dijo algo acerca de Czolgosz: "Pobre hombre, no sabía lo que estaba haciendo. Él no podía saberlo".



El Dr. Herman Mynter

Con la luz mortecina de la tarde como principal fuente de iluminación en la sala de operaciones, llegó el Dr. Matthew D. Mann, quien tomó la decisión de operar de inmediato para tratar de quitar la bala. Mynter le había dado a McKinley una inyección de morfina y estricnina para aliviar su dolor; Mann, un ginecólogo sin experiencia en heridas abdominales, administró éter para sedar a McKinley mientras el herido Presidente murmuraba una oración.



El Dr. Matthew D. Mann

Para aumentar la iluminación, la luz del sol era reflejada con un espejo sobre la herida por otro médico; hacia el final de la cirugía, ya casi no había luz en el lugar. El hospital carecía del equipo quirúrgico básico, tal como retractores. Con McKinley tan debilitado por la pérdida de sangre, Mann poco pudo hacer en el sondeo de la herida para tratar de encontrar la bala; su trabajo se complicó por el hecho de que el Presidente era obeso. El cirujano hizo una incisión en la piel del Presidente, y encontró y sacó un pequeño trozo de tela que estaba incrustado en la carne. Tanteó con el dedo buscando daños en el sistema digestivo; el estómago presentaba heridas de entrada y salida. Mann cosió los dos agujeros, pero no pudo encontrar el proyectil; concluyó que se había alojado en los músculos de la espalda del presidente. Más tarde escribió: "Una bala, una vez que deja de moverse, no hace mucho daño".


Había una primitiva máquina de rayos X en la exhibición de la feria, pero no se utilizó en McKinley; Mann indicó más adelante que “su uso podría haber perturbado al paciente y hecho poco bien”. Él utilizó hilo de seda negro para coser la incisión y la herida, sin drenarla, y cubrió la zona con un vendaje. Cuando la operación concluyó, el Dr. Park llegó desde las cataratas del Niágara; no estaba dispuesto a intervenir. A las 17:20 horas, McKinley tomó otro analgésico después de despertar. Lo llevaron a la Casa Milburn a bordo de la ambulancia eléctrica. La Primera Dama no había sido informada de lo ocurrido; una vez que la cirugía estuvo completada, el médico presidencial, Presley M. Rixey, le dijo suavemente lo que había ocurrido. Ida McKinley tomó la noticia con calma; escribió luego en su diario: "Fui a las Cataratas del Niágara esta mañana. Mi querido recibía a la gente en una sala pública tras nuestro regreso, cuando fue baleado por un..." A causa de su rabia y dolor, la Primera Dama no podía escribir la palabra "anarquista".



El Dr. Presley M. Rixey

Pocos minutos después de los disparos, la noticia fue transmitida en todo el mundo por el alambre de telégrafo, a tiempo para que las ediciones de los periódicos vespertinos pudieran publicarlo. En la era antes de la radio, miles estaban en las ciudades de todo el país afuera de las oficinas de los periódicos, a la espera del último boletín de Buffalo.



Los titulares sobre el atentado







Los temores de que McKinley no sobreviviría se disiparon gracias a los boletines emitidos por Cortelyou, basado en la información de los médicos. Mientras, una gran multitud se reunió frente al cuartel de la policía de Buffalo, donde había sido trasladado Leon Czolgosz.



El Cuartel de Policía

Al saber que había admitido ser un anarquista, muchos otros recibieron ataques y agresiones; uno de ellos fue linchado en Pittsburgh.



Ficha de detención de Leon Czolgosz

En la Casa Milburn, McKinley parecía estar recuperándose. El sábado, 7 de septiembre estaba relajado y coloquial. A su esposa se le permitió verlo. El Presidente le pidió a su secretario informes sobre el día anterior. "¿Les gustó mi discurso?", inquirió, y se alegró al enterarse de las reacciones positivas.



Leon Czolgosz en prisión

Mientras tanto, el vicepresidente Theodore Roosevelt, que estaba en Vermont de vacaciones, el senador Mark Hanna y gran parte del Gabinete, se apresuraron a acudir a Buffalo.



El senador Mark Hanna llega a la Mansión Milburn

Cortelyou continuó emitiendo boletines alentadores. El Presidente recibía a pocos visitantes y se quejaba de la soledad. A medida que la crisis parecía haber pasado, se confiaba en la recuperación del Presidente. Roosevelt expresó su indignación porque Czolgosz podría quedar preso sólo unos pocos años, de acuerdo a la ley estatal por intento de asesinato en Nueva York, que contemplaba una pena máxima de diez años. El Procurador General, Philander C. Knox, viajó a Washington en busca de un medio para juzgar a Czolgosz bajo la ley federal.



Philander C. Knox

El Secretario de Estado John Hay había estado estrechamente ligado con los dos Presidentes estadounidenses que habían sido asesinados: había sido secretario de Abraham Lincoln y amigo cercano de James Garfield. El 10 de septiembre escribió en su diario que el Presidente McKinley iba a morir. Estaba cerca de los 60 años de edad, tenía sobrepeso, había perdido mucha sangre y su herida no había sido limpiada a fondo.



Placa que marca el sitio donde McKinley convaleció

La aparente recuperación de McKinley no era más que la resistencia de su cuerpo frente a la gangrena que ya estaba presente en el estómago, así como en el páncreas y en un riñón. Otra máquina de rayos X fue enviada desde Nueva Jersey por su inventor, Thomas Alba Edison. Tampoco fue utilizada en el Presidente.


McKinley recibía enemas nutritivos; el 11 de septiembre, tomó un poco de caldo por vía oral. Como pareció hacerle bien, a la mañana siguiente le permitieron tostadas, café y caldo de pollo. Un posterior dolor fue diagnosticado como indigestión; se le dieron purgantes y la mayoría de los médicos se fueron en la noche.


El 13 de septiembre, Leon Czolgosz fue trasladado provisionalmente desde la sede de la policía a la Penitenciaría de Mujeres del Condado de Erie. El 16 de septiembre fue trasladado a la Cárcel del Condado de Erie, antes de comparecer ante el juez del condado de Emery. Después de la lectura de cargos, fue trasladado a la prisión estatal de Auburn.



La prisión

Durante la madrugada del 13 de septiembre, McKinley sufrió un colapso. Un mensaje urgente le fue enviado al vicepresidente Roosevelt para que volviera a Buffalo. Roosevelt estaba a 20 kilómetros del telégrafo o el teléfono más próximo, en el desierto de Adirondack; un guardabosques fue enviado para encontrarlo. Varios especialistas fueron convocados; aunque al principio algunos doctores esperaban que McKinley podría sobrevivir pese a su corazón debilitado, por la tarde supieron que el caso no tenía remedio. Hasta ese momento se dieron cuenta de la gangrena y del nivel de toxinas que existía en su sangre. Tenía septicemia. Se desmayaba y despertaba todo el tiempo.



La agonía de McKinley

Por la tarde, el Presidente también fue enterado de que se estaba muriendo. "Ya todo es inútil, señores. Creo que mejor deberíamos decir una oración", les dijo. Sus amigos y familiares entraron a despedirse mientras su esposa sollozaba sobre él: "Quiero morir también. Me quiero morir también…", repetía. Su marido le respondió: "Todos vamos, vamos todos. Que se haga la voluntad de Dios, no la nuestra" y puso su brazo alrededor de ella. Luego cantó parte de su himno religioso favorito, "Más cerca, mi Dios, de Ti"; los demás cantaron suavemente con él. Ida McKinley fue llevada a descansar un momento, su lugar junto al Presidente fue ocupado brevemente por el senador Hanna.


Un testigo escribiría: “En algún momento de esa terrible noche, Mark Hanna se había acercado a la cabecera del paciente, las lágrimas en sus ojos, sus manos temblando y sacudiendo la cabeza con la incredulidad de que treinta años de amistad pudieran terminar así". Cuando su saludo no obtuvo ninguna respuesta coherente, Hanna gritó, desesperado: “William, William, ¿no me reconoces?" Nada pudo hacerse. El sábado 14 de septiembre de 1901, a las 02:15 horas, el Presidente William McKinley murió. En el momento de su muerte, Roosevelt estaba en su viaje de regreso a Buffalo, corriendo por los caminos de montaña rumbo a la estación de ferrocarril más cercana, donde un tren especial lo estaba esperando. Cuando llegó a esa estación en la madrugada, se enteró de la muerte de McKinley.



El cadáver del presidente McKinley

Por la mañana, se realizó una necropsia; Mann dirigió a un equipo de catorce médicos. Encontraron que la bala le había atravesado el estómago, siguiendo a través del colon transverso, y lesionando el peritoneo después de penetrar en un rincón del riñón izquierdo. También hubo daños en las glándulas suprarrenales y el páncreas. La bala nunca fue encontrada.



El esquema de las heridas

Además de los daños causados por la bala, la autopsia también reveló que el Presidente sufría de cardiomiopatía, una degeneración del músculo cardíaco. Esto debilitó su corazón y lo hizo menos capaz de recuperarse de una lesión de ese tipo. McKinley murió por necrosis pancreática, una condición que aún hoy es difícil de tratar y que habría sido completamente imposible que los médicos de su tiempo curasen. Después de cuatro horas en la morgue, Ida McKinley exigió que se finalizara la necropsia. Una máscara mortuoria fue tomada.



Los titulares sobre la muerte del Presidente



Un funeral privado se llevó a cabo en la Casa Milburn, antes de que el cuerpo fuera trasladado a la ciudad de Buffalo y el Condado de Hall para el inicio de los cinco días de duelo nacional.



El funeral en Buffalo








El cuerpo de McKinley fue ceremoniosamente trasladado de Buffalo a Washington. El día de los funerales, toda la actividad cesó en el país durante cinco minutos. Los trenes llegaron a un servicio de alto, el teléfono y el telégrafo fueron detenidos. Un testigo declaró: "El pueblo se inclinó en homenaje al Presidente, quien se había ido".



El funeral en Washington





De Washington, el cadáver de McKinley fue trasladado el 19 de septiembre a Caton, donde tenía su casa. Tras unas horas velándolo en su hogar, lo condujeron al cementerio. El ataúd fue cargado en hombres por las calles de su ciudad hasta llegar al camposanto. En el sepelio estuvieron su viuda, su familia, sus amigos más cercanos y el primer círculo de colaboradores.



El funeral en Ohio





Theodore Roosevelt tomó posesión como nuevo Presidente de los Estados Unidos. Después del asesinato de McKinley, los editoriales de los periódicos de todo el país criticaron duramente la falta de protección a los presidentes de Estados Unidos. A pesar de que aún carecía de un mandato legislativo, el Servicio Secreto estaba protegiendo a Roosevelt a tiempo completo.



Toma de posesión de Theodore Roosevelt

Tras el asesinato, el nuevo presidente Theodore Roosevelt declaró: "En comparación con la necesidad de la supresión de la anarquía, todos los demás asuntos se hunden en la insignificancia”.



Los titulares sobre el funeral









El Congreso recomendó que el Ejército de los Estados Unidos se encargase de la protección del Presidente. Pero fue hasta 1906 cuando el Congreso aprobó una legislación que designaba oficialmente al Servicio Secreto como el organismo encargado de la seguridad presidencial.



La tumba de McKinley



Las secuelas del crimen generaron una devastadora reacción en contra de los anarquistas; la policía de Buffalo anunció que creían que Czolgosz no había actuado solo, y un gran número de anarquistas fueron detenidos por su presunta participación en el ataque.



Los titulares contra el anarquismo



El 16 de septiembre, un gran jurado acusó a Leon Czolgosz del cargo de asesinato en primer grado. A lo largo de su encarcelamiento, Czolgosz habló libremente con sus guardias, a quienes consideraba parte del pueblo.



Estudio craneal del asesino

Un guardia de la prisión diría que Czolgosz confiaba en él porque lo veía como a otro anarquista, y que no quiso hablar con ninguna persona que él viera relacionada con la autoridad, lo que incluía a sus propios abogados o a cualquier juez de primera instancia.



Firma de Leon Czolgosz

El juicio de Leon Czolgosz por el asesinato del Presidente McKinley en la Corte Estatal de Buffalo dio inicio el 23 de septiembre de 1901, nueve días después de que el presidente muriera.



Los periodistas tras el asesinato


Czolgosz mencionó sus contactos con Emma Goldman durante el interrogatorio y el juicio; como resultado, las autoridades arrestaron a su familia para obligarla a entregarse, lo cual hizo el 10 de septiembre.



Ficha de detención de Emma Goldman

Emma Goldman pasó casi tres semanas en la cárcel; ella, al igual que todos los demás detenidos que se creía habían conspirado con Czolgosz, fue puesta en libertad sin cargos.



Los titulares sobre el arresto de Emma Goldman




El testimonio de la Fiscalía tomó dos días y consistió principalmente en las declaraciones de los médicos que atendieron a McKinley y de varios testigos presenciales del tiroteo. El abogado defensor Loran L. Lewis no llamó a ningún testigo; en su alegato final, lo atribuyó a la negativa de Czolgosz a cooperar con ellos.



La confesión de Leon Czolgosz

El fiscal puso gran énfasis en la filiación anarquista de Czolgosz y exhortó al jurado a prestar atención a la demanda popular de un rápido juicio y ejecución. Dado que la defensa no había podido aportar en ninguna prueba de que Czolgosz padecía algún tipo de locura temporal, sólo podía haber un veredicto.



El Jurado y la Corte



En su discurso de 27 minutos ante el Jurado, Lewis se esforzó en alabar al Presidente McKinley; según analistas, su argumento de cierre fue más calculado para defender "su lugar en la comunidad, en lugar de hacer un esfuerzo para salvar a su cliente de la silla eléctrica".



Los titulares sobre el juicio






El 24 de septiembre, después de media hora de deliberaciones, el Jurado encontró culpable a Leon Czolgosz por votación unánime. El 26 de septiembre fue sentenciado a muerte. Su ejecución se llevaría a cabo mediante la silla eléctrica.



Ficha de ejecución de Leon Czolgosz

A su regreso a la prisión de Auburn, Czolgosz le preguntó el alcaide si su sentencia significaba que sería transferido a Sing Sing para ser electrocutado, y se sorprendió al enterarse de que Auburn tenía su propia silla eléctrica.



Warren Mead, alcaide de la prisión

El 29 de octubre de 1901 a las 07:05 horas, Leon Czolgosz fue conducido a la cámara de la muerte para su ejecución dentro de la Prisión Estatal de Auburn. Los guardias, sujetándolo de los brazos, lo amarraron a la silla eléctrica.



La ejecución de Leon Czolgosz




Mientras lo amarraban, Czolgosz pronunció sus últimas palabras: “No me arrepiento. Lo hice por los trabajadores. Sólo lamento no haber podido ver a mi padre”. A las 07:12 horas se dio la señal; el ejecutor encargado bajó la palanca y durante 45 segundos, 1,800 voltios fueron descargados sobre el cuerpo del magnicida. Al terminar, se aplicó una segunda descarga. Czolgosz fue declarado muerto a las 07:14 horas.



Su hermano Waldek y su cuñado, Frank Bandowski, estuvieron presentes en la ejecución. Cuando Waldek preguntó el alcaide sobre el cadáver de su hermano, para proporcionarle un entierro apropiado, se le informó que "nunca podría enterrar a esa basura". El Dr. John T. Gerin hizo la necropsia del cadáver de Czolgosz. Ese mismo día fue enterrado en el cementerio de la prisión.



Las autoridades penitenciarias originalmente planearon cubrir el cuerpo con cal viva para acelerar su descomposición, pero desecharon esa opción después de probarla en una muestra de carne cruda. Así que vertieron ácido sulfúrico en el ataúd para disolver el cuerpo y que no quedase huella de él. El alcaide estimaba que el ácido causaría que el cuerpo se desintegrara dentro de las siguientes 12 horas.



Los titulares sobre la ejecución



La ropa, cartas y demás pertenencias de Czolgosz fueron quemadas, aunque en el caso de las cartas se registraron los nombres de los que le habían enviado correspondencia amenazante o solidaria, para futuras consultas. El arma utilizada por Czolgosz quedó en exhibición permanente en el Museo de Historia de Buffalo.



El cementerio

Al otro día, el 30 de octubre, la Exposición Panamericana fue cerrada. Todos los edificios, incluido el Templo de la Música, fueron demolidos. Simultáneamente, varias colonias anarquistas y periódicos de esa tendencia fueron atacados por los ciudadanos enfurecidos; aunque no hubo muertos, causaron un considerable daño a la propiedad. Las leyes anti-anarquistas fueron el preámbulo para las leyes aplicadas contra los no ciudadanos cuyas opiniones se considerasen una amenaza. Entre los deportados en diciembre de 1919 estuvo Emma Goldman, quien no era ciudadana estadounidense. Pero la cadena de acontecimientos trágicos no había terminado. Un nuevo asesino relacionado con el magnicidio estaba por aparecer.



Las reacciones tras el magnicidio


John Flammang Schrank nació el 5 marzo de 1876 en Erding (Baviera). Su familia emigró a Estados Unidos cuando él tenía nueve años. Sus padres murieron poco después, dejando a Schrank al cuidado de su tío, propietario de una taberna en Nueva York. Con él comenzó a trabajar desde niño. Tras su muerte, el tío de Schrank le heredó varias propiedades muy valiosas, con las que podría haber llevado una vida tranquila y pacífica. Pero Schrank tenía el corazón destrozado, no sólo porque había perdido al hombre que había sido como su padre, sino porque su primera y única novia, Emily Ziegler, había muerto en el desastre del barco General Slocum, ocurrido el 15 de junio de 1904, donde perdieron la vida más de mil personas.



John Schrank

Aquella tragedia lo enloqueció. Schrank vendió sus propiedades y se alejó de la Costa Este durante muchos años. Se convirtió en un hombre profundamente religioso y se dedicó a estudiar la Biblia obsesivamente. A su retorno a Nueva York, se dedicaba a visitar los parques y jardines públicos para entablar acalorados debates religiosos con perfectos extraños. También escribía poemas. Pasaba mucho tiempo paseando por las calles de la ciudad. Pese a su extravagante conducta, nunca tuvo problema alguno con la ley.


Mientras el ex presidente Theodore Roosevelt, quien ya había sido Presidente en dos ocasiones, estaba haciendo campaña en Milwaukee, Wisconsin, para obtener un tercer periodo. Schrank decidió matarlo. Se sabe que era un opositor a que un hombre al que consideraba ávido de poder, buscase un tercer mandato en el cargo. Además, según documentos encontrados del atentado, Schrank había escrito en su diario que había sido aconsejado por el fantasma del asesinado Presidente William McKinley, quien lo había instado a “vengar su muerte”, señalándole una foto de Theodore Roosevelt.



Theodore Roosevelt

La noche del 14 de octubre de 1912, Roosevelt estaba en el Hotel Gilpatrick en una cena organizada por el propietario. El ex presidente tenía previsto pronunciar un discurso en el auditorio de Milwaukee. La noticia de que Roosevelt estaba en el hotel había circulado y Schrank, que había estado siguiendo a Roosevelt de Nueva Orleans a Milwaukee, se dirigió al lugar. El ex presidente había terminado de cenar e iba a salir del hotel para entrar en su coche cuando Schrank se le acercó.



El Hotel Gilpatrick

Schrank sacó una pistola, le apuntó al pecho y le disparó a Roosevelt, pero la bala golpeó dos objetos que el candidato llevaba dentro del saco: el estuche de acero para sus lentes y una copia del discurso de 50 páginas que llevaba en la chaqueta.





El discurso de Roosevelt

Pese a que el disparo había sido amortiguado, la bala penetró en su pecho y le rompió una costilla. Tras disparar, los agentes del Servicio Secreto capturaron a Schrank, quien se identificó como anarquista. Roosevelt estaba sangrando, pero aseguró que la bala no podía haber penetrado hasta su pulmón porque no tosía sangre, así que rechazó la propuesta de ir a un hospital y se dirigió al lugar donde pronunciaría su discurso.





El estuche de las gafas de Roosevelt

Habló durante noventa minutos, pero a veces su voz era apenas un susurro. Sus palabras al comenzar fueron: “Amigos, les pediré que estén lo más silenciosos posible. Yo no sé si ustedes lo saben pero acaban de dispararme. Se necesita más que eso para matar a un toro como yo. Afortunadamente, tenía mi manuscrito, por lo que verán que va a ser un largo discurso, el que probablemente me salvó de que la bala entrara en mi corazón. El proyectil está en mí ahora, para impedir que haga un discurso muy largo, pero voy a hacer mi mejor esfuerzo”.



El arma

Al terminar y ser atendido, los médicos determinaron que no estaba gravemente herido y que sería más peligroso intentar sacar la bala que dejarla dentro de su pecho. Roosevelt la llevó en su interior hasta su muerte. En sus últimos años, cuando se le preguntaba acerca de ella, Roosevelt respondía: “No me importa más que si estuviera en el bolsillo del chaleco”.



Schrank bajo arresto

William Taft y el candidato demócrata Woodrow Wilson suspendieron sus propias campañas hasta que Roosevelt se recuperó y reanudó la suya. Roosevelt hizo sólo dos discursos más. Aunque Roosevelt ganó más votos, Wilson superó a sus dos rivales y ganó la Presidencia.



Radiografía de Roosevelt tras el disparo

Schrank declararía que “no tenía nada en contra del hombre mismo” y que no tenía intención de matar “al Roosevelt ciudadano”, sino a “Roosevelt, el candidato”. Cuando Roosevelt murió en 1919, Schrank aseguró que había sido un gran hombre y que le dolía mucho enterarse de su fallecimiento.



Los titulares sobre el atentado contra Roosevelt



Los médicos lo examinaron y dijeron que sufría de "delirios demenciales”. Lo declararon loco y en 1914 lo internaron en el Hospital Mental del Estado en Waupun, Wisconsin. Permaneció recluido allí durante 29 años más, hasta su muerte.



La camisa ensangrentada de Roosevelt

Schrank murió el 15 de septiembre de 1943 a causa de una neumonía. Su cadáver fue donado a la Facultad de Medicina de la Universidad de Marquette (ahora el Colegio Médico de Wisconsin) para diseccionarlo.


El temor hacia los anarquistas llevó a instaurar los programas de vigilancia que, gracias a los esfuerzos de un joven llamado J. Edgar Hoover, se consolidarían años después al fundarse el FBI en 1924.




VIDEOGRAFÍA:

La ejecución de Leon Czolgosz (escenas reales)
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Leon Czolgosz en Asesinatos infames
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Leon Czolgosz en Asesinatos que cambiaron el mundo
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BIBLIOGRAFÍA: 






7 comentarios:

Maria L Torres dijo...

Veo que la gente muy poco le gusta los articulos como este tan bueno, basado en la vida real, ya habian pasado dos presidents la misma situacion ( Lincol y Garfield)y aun se confiaban de su pueblo, desgraciadamente esto cambio muchas veces el curso de este Pais (USA) y aun asi sigue adelante con esclavista, anti-abolicionista, anarquistas, terroristas, y todo element enemigo de los EEUU, gracias Escrito tremendo Articulo te esperare el siguiente domingo, saludos.

Anónimo dijo...

Gracias por tu artículo tan completo e histórico, acerca de Estados Unidos, casualmente en una fecha tan patriótica para Sudamérica, por el aniversario de la muerte del General San Martín. Las historias siempre se seguirán creando y documentando. Saludos desde Argentina. Francesca de Rimini.

Anónimo dijo...

No me gustan estos Asesinatos , me aburrió tremendamente !!!

Ampersand dijo...

Así es, debe haber varia gente que nota estos artículos de magnicidios como aburridos, pero en lo que al que comenta respecta, me agradó bastante .... y declárome una vez más obnubilado meditabajo cabizmundo patidifuso, porque no tenía ni idea de que un tercer Presidente (hasta ese momento) de Estados Unidos haya muerto asesinado, y de nueva cuenta, por negligencia médica, pero también no hay que exigir demasiado, no existían auxiliares médicos como los antibióticos.

Buena entrada la de esta semana ECS, saludos !!!!

Caridad dijo...

hola
un artículo muy interesante me gusta mucho la historia, te felicito por tu trabajo y gracias por compartirlo con tus lectores.

Anónimo dijo...

Muy buena historia, no me pierdo cada semana ECS, Saludos desde Coahuila, México.

Anónimo dijo...

Jajaja negligencia medica dice..
Sin elementos como una ecografia o una Tac en esa epoca como podian haber notado mayores daños en otros organos. Ademas de que como bien lo dice el articulo. Era un hombre mayor, obeso y con una cardioaptia. Incluso en esta epoca seria un paciente de alto riesgo.

Es facil usar ese termino no? "negligencia" lol