Kurdaitcha: "Los Asesinos del Hueso"


“Nuestros enemigos están muertos.
Grande es el poder de Kurdaitcha.
Grande es la fuerza de Kurdaitcha, energía en el brazo fuerte.
La fuerza en el objetivo claro.
Kurdaitcha es de nuestra sangre.
Es de nuestros huesos”.
Oración australiana


Desde los tiempos del Egipto y la Mesopotamia antiguos hasta la época moderna en Haití, Australia, África y otros lugares, muchas personas sanas se han puesto enfermas y han muerto porque alguien las había maldecido o hechizado, o les había echado “mal de ojo”. Los métodos para llevar a cabo la maldición son tan numerosos como variados. Se puede hacer una efigie de la víctima y clavarle alfileres o quemarla, como en el vudú haitiano. Para ello se utiliza cera, madera, arcilla, trapos o paja. También puede hacerse el maleficio sobre pelo o uñas. Se puede maldecir cantando; se pueden cargar mágicamente piedras o armas, o bien utilizar un recipiente con polvos o hierbas de mágicos poderes para llevar a cabo el hechizo. Aunque los métodos difieren, la magia actúa cuando se cree lo suficientemente en ella. El hechicero debe tener una confianza absoluta en sus poderes, la víctima debe creer que su magia es todopoderosa, y la comunidad compartir esa creencia. Esto último es especialmente importante. Imaginémonos el efecto de la magia en aquellas culturas en las que la comunidad considera a la víctima virtualmente muerta desde el momento en que tiene noticia de la maldición. A veces la víctima deja incluso de comer y beber (como hacen los muertos), lo que sirve para apresurar su fin. Se ha sugerido una posible explicación fisiológica de esta reacción de la víctima del hueso asesino. Las consecuencias del miedo extremo son semejantes a las de una gran cólera: las glándulas suprarrenales aumentan su producción de adrenalina, reduciendo el suministro de sangre a las partes menos esenciales del cuerpo a fin de asegurar un suministro adecuado a los músculos, de cuya eficacia para la huida o la lucha puede depender la vida del sujeto. La adrenalina produce ese resultado constriñendo los pequeños vasos sanguíneos en aquellas partes del cuerpo que pueden sobrevivir temporalmente con un aporte de sangre reducido. Pero la ventaja lograda por este sistema tiene un precio. Al reducir el aporte de sangre, se reduce también el de oxígeno, que es transportado por los glóbulos rojos de la sangre. Cuando los finos vasos sanguíneos capilares se ven privados de oxígeno, se hacen más permeables al plasma sanguíneo, que se infiltra en el tejido que rodea el vaso. En un estado prolongado de miedo o cólera hay una reducción general del volumen de la circulación sanguínea. Esto a su vez reduce la presión sanguínea, pudiendo establecerse así un ciclo potencialmente desastroso. La presión sanguínea reducida tiene un efecto adverso sobre aquellas partes del cuerpo encargadas de mantener la circulación de la sangre, y la menor circulación reduce aún más la presión sanguínea. Esta secuencia resulta fatal si algo no viene a interrumpirla. Es muy extraño que un maleficio, conjuro maldición pueda desencadenar tales desórdenes fisiológicos. Aún más extraños son los casos de muerte en los que la autopsia no revela reducción de la presión sanguínea ni acumulación anormal de glóbulos rojos. Otros rituales similares que provocan la muerte se han registrado en varias partes del mundo. Las víctimas se vuelven apáticas, por lo general rechazan la comida o el agua y el deceso a menudo ocurre a los pocos días de ser "maldito". Cuando las víctimas sobreviven, se supone que el ritual se llevó a cabo con errores. Los médicos se refieren a este fenómeno psicosomático como "síndrome del hueso que apunta". En Australia, los hospitales y el personal de enfermería están capacitados para manejar la enfermedad causada por los "malos espíritus" y la denominada “lanza mental”, causada por un hueso apuntado. Es un método que no deja rastro. Entre los Arrernte, nativos de Australia central, no existe la creencia en la muerte natural. Inclusive, cuando una persona anciana muere, se supone que su deceso ha sido provocado por la influencia mágica de algún enemigo. En las condiciones normales de la tribu, la muerte de un individuo es seguido por el asesinato de alguna otra persona, que se supone es culpable de haber causado la primera muerte. Es frecuente que el moribundo le susurre al oído a un Railtchawa o curandero, el nombre del hombre cuya magia lo está matando. Si esto no ocurre, entonces se localiza al presunto culpable por otros métodos. Por ejemplo, al cavar la tumba, alguna ráfaga de viento puede señalar la dirección de la casa del culpable; e inclusive mucho tiempo después, si un animal cava su madriguera cerca de la sepultura, el lado del que la cavó indica la dirección en que el responsable vive. A veces el espíritu del enemigo se revela, sin saberlo, a uno de los viejos mientras duerme. Los signos se buscan continuamente. De una manera o de otra, la identidad del hombre culpable siempre es revelada por el curandero.



Los Arrernte

Los ancianos de la tribu se reúnen entonces para decidir un castigo adecuado.Tras identificar al culpable, se le pide que acuda ante el Consejo de Ancianos. La sentencia casi siempre es a muerte y los encargados de ejecutarla son los integrantes del Kurdaitcha, verdugos al servicio de la tribu que son llamados para recibir las indicaciones de a quién tienen que eliminar. Otras formas de nombrar al Kurdaitcha son Cadiche y Kadaitcha. La práctica del Kurdaitcha se extinguió por completo en el sur de Australia durante el siglo XX, aunque todavía se lleva a cabo en el norte. La palabra también es utilizada para referirse a los zapatos usados por los integrantes del Kurdaitcha, los cuales están tejidos con plumas y cabello humano, y tratados con sangre.








El Consejo de Ancianos (ilustraciones de Elizabeth Durack)

El nombre aborigen de los zapatos es interlinia en el norte de Australia e intathurta en el sur. Incluso un examen minucioso no revela cómo se mantienen las plumas pegadas. La superficie superior está cubierta con una red tejida de cabello humano. Una abertura en el centro permite que el pie se inserte. Es un tabú para cualquier mujer o niño verlos y cuando no están en uso, se mantienen envueltos en piel de canguro o escondidos en un lugar sagrado. Aunque pueden usarse más de una vez, por lo general no duran más de un viaje. Cuando están en uso, se decoran con líneas de color blanco y rosa. Se ocupan para no dejar huellas. Antes de que los zapatos se puedan usar, se debe realizar un ritual secreto. Una piedra se calienta al rojo vivo y luego se coloca contra el dedo meñique del pie. Una vez que la articulación se ha suavizado, el dedo del pie se sacude con fuerza hacia el exterior, dislocando la articulación. Aunque nunca se ha observado el ritual, los exámenes de los pies de los hombres que dicen ser Kurdaitcha han mostrado la misma dislocación peculiar. Además, el zapato genuino de los Kurdaitcha tiene una pequeña abertura en un lado, donde se inserta el dedo meñique dislocado.



El calzado Kurdaitcha



Luego de dictar la sentencia, sigue la elección de quiénes integrarán el Kurdaitcha. Esto también se deja a la sabiduría de los viejos. Durante el transcurso de estas discusiones interminables, los posibles candidatos se sientan a dormitar bajo el sol, en espera de que los llamen. Nadie disfruta con la idea de ser elegido, pero ninguno podrá cuestionar la decisión. A veces es sólo una persona, nunca son más de cinco. Tras ser elegidos, se celebra un ritual para ungirlos. Se pintan el cuerpo con carbón en polvo y líneas de plumas blancas. Sus cabezas se adornan con cuerdas de cabello humano en diferentes formas. Se colocan cinturones hechos con el cabello de los hombres muertos, cuyos espíritus los acompañarán.



Decoración del Kurdaitcha

El hueso o kundela se entrega entonces al Kurdaitcha. A veces se utiliza una piedra en lugar de un hueso, una roca lisa con forma de huevo, por lo general de color negro o azul oscuro. Se cree que la piedra es capaz de tener movimiento independiente y se considera peligroso para cualquier persona, aparte del propietario, tocarla o simplemente mirarla. El hueso que se utiliza para esta finalidad puede ser humano, de canguro, de emú o incluso de madera.


Calzado del Kurdaitcha






La forma del kundela varía de tribu en tribu. Las longitudes pueden ser de seis a nueve pulgadas. Semejan una aguja larga. En el extremo redondeado, un manojo de cabellos se pasa a través de un agujero, y se pega en su lugar con una resina gomosa del arbusto spinifex. Antes de que se puede utilizar, el kundela se carga con “energía psíquica” en un ritual que se mantiene en secreto para las mujeres y a los que no son miembros de la tribu. Para ser eficaz, el ritual debe realizarse sin errores.



El kundela




Los miembros del Kurdaitcha persiguen a su presa durante años si es necesario. Cuando al fin acorralan a su hombre, se acercan a unos cuatro o cinco metros y uno de ellos, doblando la rodilla, empuña el hueso y lo apunta como una pistola. Se dice que en ese instante el condenado queda paralizado por el miedo. El Kurdaitcha finge asestarle una estocada con el hueso y emite un canto breve y penetrante. Después, él y sus compañeros de cacería se retiran, dejando solo al "señalado".



El viaje nocturno del Kurdaitcha

El condenado puede vivir todavía algunos días o semanas; pero sus parientes y los miembros de cualquier otra tribu a la que pueda ir (que sin duda sabrán ya que ha sido señalado), convencidos del poder fatal del kundela, lo tratan como si ya estuviese muerto. La carga ritual del kundela crea un doble psíquico del hueso, una auténtica "lanza mental", que traspasa al condenado cuando le apuntan con él. Una vez "alcanzado", su muerte es segura, como si lo hubiese atravesado una verdadera lanza.



El Kurdaitcha rodeando a la víctima

Una descripción muy gráfica de los efectos de ese método de ejecución fue descrito por el doctor Herbert Basedow en su libro Los aborígenes australianosEl espectáculo del que descubre que está siendo apuntado con el hueso por un enemigo es ciertamente lastimoso. Se queda espantado, con los ojos clavados en el arma traidora y las manos levantadas como para desviar el mortal instrumento, que imagina que está entrando en su cuerpo. Palidece, se le ponen Ios ojos vidriosos y la cara se le desfigura horriblemente. Intenta gritar, pero la voz suele ahogársele en la garganta, y sólo puede vérsele echar espumarajos por la boca. Retrocede y cae al suelo, al parecer desmayado; pero poco después empieza a retorcerse como en una agonía mortal, mientras gime y se tapa la cara con las manos. Al cabo de un rato se tranquiliza un poco y se arrastra hasta su cabaña. A partir de entonces enferma y vive atormentado, se niega a comer y se mantiene apartado de la vida normal de la tribu. A menos que reciba ayuda en forma de un contrahechizo, administrado por manos del nangarri o hechicero, su muerte es cuestión de poco tiempo. Si el hechicero llega a tiempo, puede salvarse”.








El canto del Kurdaitcha

Tras la muerte del condenado, los miembros del Kurdaitcha regresan y lo evisceran. Regresan a su tribu, donde los intestinos de los muertos son presentados a los viejos que los examinan cuidadosamente, antes de tirarlos a los perros que esperan. Después, los cuerpos de los Kurdaitcha se ceremoniosamente limpiados. Se frotan con arena y se enjuagan con agua. Esto se acompaña de cantos. El kundela es quemado en una ceremonia. Las vestimentas, los zapatos, las piedras, las puntas de lanza y todos los aditamentos son cuidadosamente envueltos y atados con cuerdas de piel. Se almacenan para su uso futuro con otros emblemas sagrados en algún escondite seguro.



Muerte de la víctima

El primer caso documentado ocurrió en Australia en 1919, siendo más tarde comunicado por el doctor S.M. Lambert cuando formaba parte de la International Health Division de la Fundación Rockefeller. En la misión de Mona Mona, en Queensland del Norte, había muchos nativos conversos, pero en sus alrededores vivía un grupo de no conversos entre los que estaba un tal Nebo, famoso hechicero. El principal ayudante del misionero era Rob, un nativo converso. Cuando el doctor Lambert llegó a la misión, supo que Rob estaba enfermo y el misionero quiso que lo examinara. Así lo hizo, y no le encontró fiebre, ni se quejaba de dolores, ni había síntomas o indicios de ningún mal. No obstante, sí los había, y claros, de que Rob estaba seriamente enfermo y extremadamente débil. Por el misionero supo que Nebo había apuntado a Rob con un hueso, y éste estaba convencido de que por esa causa iba a morir. El doctor Lambert y el misionero fueron a ver a Nebo y le dijeron que si le ocurría algo a Rob le quitarían la ración de comida y lo expulsarían a él y a los suyos de la misión. Nebo accedió inmediatamente a ir con ellos a ver a Rob. Se inclinó sobre la cama del enfermo y le dijo que todo era un error, una simple broma, y que en manera alguna le había apuntado con un hueso. El alivio, testimoniaba el doctor Lambert, fue casi instantáneo. Esa tarde Rob volvió a trabajar, otra vez feliz y en plena posesión de sus fuerzas.



La disposición del cadáver

En 1953, un aborigen llamado Kinjika fue víctima del Kurdaitcha. Era miembro de la tribu de los maillis y había quebrantado una de las leyes que regulaban las relaciones incestuosas. En consecuencia, fue convocado ante un consejo tribal, se negó a acudir y fue condenado a muerte en ausencia. Kinjika huyó entonces de su tierra, y el verdugo de la tribu, el mulunguwa, hizo y "cargó" ritualmente el hueso asesino o kundela. Después de que el Kurdaitcha lo encontró y le apuntó con el hueso asesino, Kinjika fue trasladado en avión desde la tierra de Arnhem, en Australia del Norte, hasta un hospital de Darwin. Las pruebas revelaron que no había sido envenenado, lesionado, ni sufría de algún tipo de lesión. Sin embargo, el hombre estaba moribundo. Después de cuatro días de agonía en el hospital, Kinjika murió. En el certificado de defunción se indicó que murió por “apuntamiento de hueso”.



El retorno del Kurdaitcha

Una Illapurinja, literalmente "la que ha cambiado", es una mujer Kurdaitcha que es enviada en secreto por su esposo para vengar algún mal. A menudo la ofensa es el fracaso de una mujer para cortarse a sí misma y dejar en su cuerpo una “marca de la tristeza” por la muerte de un familiar. El miedo a la Illapurinja y lo que puede hacer es suficiente para inducir el seguimiento de la medida. A mediados de abril de 1956, en la Tierra Arnhem (Australia), un joven aborigen llamado Lya Wulumu cayó enfermo y fue llevado en avión a un hospital de Darwin. Era incapaz de comer o beber porque, aunque lo intentaba, no podía tragar. Sin embargo, no había causa aparente para su enfermedad. Los reconocimientos, incluidos rayos X, análisis de sangre y punciones lumbares, no revelaron nada anormal. Otra cosa era lo que ocurría en el ánimo de la víctima. Pidió a un ministro metodista que rezase por él porque, según dijo, "me han cantado y estoy acabado". El cantar a que se refería Wulumu es una forma de ejecución ritual practicada por su pueblo. En su caso, su suegra había pedido a un grupo de mujeres que le cantaran para que muriese, quizá en represalia por algún tabú que había quebrantado. Para iniciar el ritual, las mujeres robaron la lanza y el boomerang (woomera) de Wulumu y los colgaron de un poste ceremonial. Después entonaron las canciones que se cree que atraen la maldición mortal sobre el propietario de los objetos sustraídos. Terminado el cántico, colgaron su maza (nulla) de la copa de un árbol, para proclamar que la maldición había sido llevada felizmente a término. Cuando Wulumu vio el arma, supo lo ocurrido, y al intentar tragar no pudo. Pero una vez en el hospital, lo conectaron a un respirador artificial y le administraron un medicamento, lo que permitió que respirase sin problemas. Le dijeron que la medicina del hombre blanco era más poderosa que las maldiciones de su tribu y el hombre, aliviado, salvó su vida.



La presentación de las vísceras

Sólo se sabe de una persona que ha sobrevivido, tras ser condenada a morir por el hueso, sin que interviniese la medicina del hombre blanco. Ese hombre, Alan Webb, era un aborigen puro de la tribu de los aruntas y había matado a otro miembro de la tribu durante una pelea por un rifle. En abril de 1969, un tribunal australiano encontró que Webb había sido atacado y el rifle se había disparado accidentalmente, por lo que fue declarado inocente de la acusación de homicidio. Hecho público el veredicto, a Webb lo esperó en la puerta de la Sala de Audiencia una delegación de su tribu. Le dijeron que el juicio de los blancos carecía de valor y que tendría que ser juzgado por sus iguales según la costumbre tribal. Webb sabía de sobra cuál iba a ser el veredicto. Había matado a un miembro de su propia tribu y en consecuencia debía morir. Se apresuró a abandonar Alice Springs y fue condenado a muerte in absentia por los aruntas.



La limpieza del Kurdaitcha

Esta vez el Kurdaitcha tuvo una tarea más difícil que de costumbre. Su presa manejaba una camioneta y vivía en ella con su mujer, dos hijos y tres perros. Dormía con un rifle al lado, esperando ser despertado en cualquier momento por el ladrido de los perros. En 1976, fecha de la última información disponible, Alan Webb había conseguido eludir al Kurdaitcha durante siete años, y se ganaba la vida trabajando a salto de mata y marchándose en cuanto oía que el escuadrón de la muerte llegaba en su busca. Es poco probable que alguien haya sobrevivido a una condena a muerte aborigen durante más tiempo. Pero Webb sabía, y quizá lo sabe aún, que el Kurdaitcha nunca abandonaría su persecución; y, aunque vivía al margen de la sociedad blanca, se daba cuenta de que si quienes le daban caza llegaban a acercársele alguna vez lo suficiente como para apuntarle con el kundela, sería hombre muerto; asesinado, sin rastro de herida, por algo tan inmaterial como es una lanza mental.



El envolvimiento de los objetos rituales

En 2004, los aborígenes australianos que no estaban de acuerdo con ciertas políticas, maldijeron al Primer Ministro de Australia, John Howard, y el Kurdaitcha fue a verlo para apuntarle con un hueso. Él aún está vivo.



John Howard



BIBLIOGRAFÍA:




10 comentarios:

Addy Hitomi dijo...

Wow Escrito, es la primera vez q comento después de tanto tiempo. Que increible es el poder de la mente y las tradiciones. Muy interesante todo. Saludos!
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Anónimo dijo...

Cada domingo lo primero que hago es leerte... pero hoy me aburrió este artículo. =(
Espero el próximo con ansias =)
¡Saludos sangrientos!

Anónimo dijo...

ABURRIDÓOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Anónimo dijo...

Aburrido?? Para nada, muy interesante y como dicen en el primer comentario, es increible el poder que puede tener la mente en el ser humano.

Edgar Batis dijo...

ZzZz me dormi

Caro dijo...

Increíble!! La verdad, muy interesante. Cuando tenía 7 años me atragante con un trozo de carne y a partir de ahí no comí nada más, (salvo algunas galletas y agua)durante varios meses porque decía que "no podía tragar". Fui a varios médicos y todos me decían que no tenía nada, que era psicológico. Fui a un curandero y me sanó. Y recién ahí comencé a comer de nuevo. No digo que fuera victima del Kurdaitcha,(porque obviamente no) pero mi punto es que es increíble como la mente nos puede engañar y convencer de tal manera como para hacernos creer que estamos enfermos aunque en realidad estemos completamente sanos. ¡Muy buena historia Escrito!

Ampersand dijo...

Un sistema de creencias de un entorno tan enigmatico como lo es el australiano. Puede uno no creer en nada, pero para los que viven de cerca todo ésto y en su mente asumen que han sido maldecidos, ése sólo hecho hace que se forme un bloqueo mental, tal como cualquier miedo acendrado hace que una persona normal se salga de concentración, cambie sus hábitos y viva con temor, hasta que cae enferma, de diabetes, hipertensión, o por debilidad inmunológica debida a desnutrición (basta mencionar que sólo por tener deficiencia de potasio una persona normal podría fallecer).

Es una forma de comprender el entorno que los rodea, aunque para nosotros suene como fanatismo, pero variantes de ésta creencia, inclusive, existen en nuestro país ... interesante versión la que manejas ECS, saludos !!!!

Gabriela Carreño dijo...

No pude leerlo completo (raro en mí) esperaré la próxima semana, si encuentro un caso más interesante.
Saludos

Anónimo dijo...

Me habían gustado mucho sus artículos, por la narrativa diferente que les encontraba al de tantos otros que hay en la red. Pero hoy me vengo encontrando con algo que está escrito casi palabra por palabra como en los libros que citas en la bibliografía, especialmente el de Inverosímil. Que pena.

Alex Ventura dijo...

Muy interesante artículo. Sería posible que puedas escribir (perdón por el tuteo) algo sobre los k'arasirirs o karisiris? (Asesinos rituales de la noche o Vampiros en Bolivia y Perú)

Saludos.