“Bella en el Olmo de las Brujas”: el misterio de Hagley Wood


“¿Quién puso a Bella en el Olmo de las Brujas?”
Graffiti anónimo sobre el asesinato


El domingo 8 de abril de 1943, tres muchachos de Stourbridge, Worcestershire (Inglaterra) estaban buscando nidos de pájaros en un bosquecillo llamado Hagley Wood. Estaban dentro de una finca perteneciente a Lord Cobham y habían entrado sin permiso. Eran Robert Hart, Thomas Willets, Robert “Bob” Farmer y Fred Payne.



Robert Hart adulto

La luz de la tarde se iba apagando y pronto tendrían que suspender la búsqueda: pero Farmer decidió explorar un viejo y prometedor olmo. El árbol poseía un grueso tronco cortado en corona del que surgía una mata de finas ramas. Estaba seguro que allí habría un nido.



Thomas Willets adulto

El muchacho se encaramó a unos cuantos pies de altura y descubrió una gran cavidad. Escudriñó la oscuridad; de pronto, apareció ante él un rostro. Cortó una rama para tocar la cara con un palo y con el movimiento se dio cuenta de que era un cráneo humano. Los chicos salieron corriendo, presas del pánico.



El árbol

Sus padres avisaron a la policía. El sargento Skerratt fue inmediatamente a comprobar la extraña denuncia. La noche ya había caído. En el árbol, efectivamente, había algo. Un agente se quedó de guardia y al día siguiente, al alba, la investigación empezó. Los detectives del Departamento de Investigación Criminal de Worcestershire examinaron el hueco del árbol y recuperaron los restos de un cuerpo. Además de la calavera, encontraron la columna vertebral, algunas costillas y un omóplato. De las costillas pendían aún unos cuantos jirones de ropa putrefacta y en el fondo del agujero había un zapato con suela de crepé. Se fotografió el escenario del crimen. Skerratt midió las proporciones del olmo. El tronco del árbol se había ajado a un metro y medio del suelo y la abertura se encontraba a un metro. La parte más ancha del hueco medía 60 centímetros de diámetro. Estaba claro que era un lugar poco práctico y engorroso para esconder un cadáver.



El cadáver

Toda la zona fue acordonada y los detectives iniciaron una cuidadosa búsqueda bajo la espesa maleza que cubría la tierra. Los resultados no se hicieron esperar. Apareció una tibia enredada en las raíces de un olmo joven; algo más lejos habían enterrado los huesos de los dedos de una de las manos. También fueron hallados un buen montón de trozos de tela desperdigados. La policía consiguió reunir la mayor parte del esqueleto. La policía empezó a hablar del valor místico que poseen algunos árboles en los códigos de brujería. ¿Era aquel cuerpo mutilado el resultado de un asesinato ritual? La mano cortada de la víctima era uno de los pocos elementos que parecían avalar la hipótesis de un crimen relacionado con la brujería. Es difícil imaginar el motivo que podía haber tenido el criminal para cometer un acto tan macabro; sin embargo, existía una clara relación con las ciencias ocultas. Se decía que la mano de un cadáver, preferiblemente la de un hombre ejecutado en la horca, poseía grandes poderes. Se ponía en salmuera y se dejaba secar. Entonces, la llamada “Mano de la Gloria” podía emplearse para abrir candados y cerraduras, localizar tesoros y paralizar a los enemigos. Aunque, según la leyenda, se solía utilizar sobre todo para cometer robos sobrenaturales. Si se sujetaba una vela en la mano o se encendían los extremos de los dedos, la misteriosa luz tenía el poder de sumir a los que se encontrasen cerca en un sueño cataléptico. El nombre procedía del francés main de gloire y se relacionaba con la mandrágora, que tenía propiedades narcóticas muy parecidas.



“La Mano de la Gloria”






Al catedrático J. M. Webster, el mismo médico forense que tiempo después intervendría en el célebre Caso Walton, le tocó recomponer el cadáver. Tenía una reputación intachable en su campo. El diario Express & Star dijo de él: “Es tan famoso como cualquier otro personaje importante que haya ayudado a resolver un crimen, excepto, quizá, Sherlock Holmes”. A pesar de la escasa información disponible, ofreció a la policía una imagen extraordinariamente detallada de las características físicas de la víctima. Se trataba de una mujer, de aproximadamente 35 años de edad y 1.70 mts. de estatura, cabello oscuro y con los dientes del maxilar inferior irregulares. Un retrato cobró forma El forense también fue capaz de reconstruir la vestimenta que llevaba la mujer en el momento del asesinato: chaqueta de punto con rayas azules y amarillas, falda de color mostaza con cremallera lateral, cinturón azul, ropa interior de rayón y zapatos negros con suela de crepé.




La calavera

Asimismo, llevaba un anillo barato, con la marca “chapado en oro”. Se preparó un maniquí con una peluca apropiada y la policía pudo disponer de una imagen semejante a la de la fallecida. Webster creía que la muerte se había producido más o menos dieciocho meses atrás, en octubre de 1941. La causa de la muerte fue más difícil de concretar. Los restos no mostraban señales de violencia ni de enfermedad. No obstante, con toda certeza, parte de la vestimenta la habían introducido a presión en la cavidad maxilar antes de la muerte. Por lo tanto, el forense consideraba que la mujer había muerto asfixiada. Aún se obtuvo del informe forense otra pista clave. Dada la estrechez de la cavidad del árbol, Webster estaba seguro de que el cadáver había sido puesto allí antes de enfriarse. La abertura era tan pequeña que no era posible que la mujer hubiera podido introducirse por sus propios medios. Alguien la metió a la fuerza, a presión, muy poco después de fallecer.




El retrato reconstruido de la víctima

El juicio tuvo lugar en Stourbrigde el 28 de abril. El juez de Worcestershire aceptó el veredicto de “asesinato por persona o personas desconocidas”. Había transcurrido mucho tiempo desde el crimen. La policía era perfectamente consciente del ingente trabajo y la dificultad que suponía ese hecho. No obstante, confiaba en esclarecer pronto el asesinato. La meticulosa reconstrucción del forense les permitía investigar en varias direcciones, La mayor esperanza se centraba en las características poco comunes de la dentadura. Gracias a ello, casi con certeza conseguirían rastrear la identidad de la víctima. Pero su sorpresa fue enorme cuando ninguna de las pistas los condujo a conclusión alguna. La policía se concentró en revisar los archivos de personas desaparecidas. La guerra había engrosado mucho este registro, pero los agentes no se desanimaron. Repasaron con paciencia todos los informes, con la esperanza de encontrar una descripción que se ajustase al cadáver. Al mismo tiempo, se contactó con fabricantes y vendedores de ropa para intentar localizar el canal de distribución de la vestimenta de la víctima. Esta vez las esperanzas se centraban en el zapato y, finalmente, la policía consiguió averiguar el paradero de todos los pares de zapatos con suela de crepé vendidos en ese lapso, excepto cuatro. Pero tampoco estos cuatro pares ofrecieron información de utilidad. La víctima seguía siendo una desconocida.



"La Mano de la Gloria" en exhibición

Lo más frustrante fue el silencio absoluto con el que los dentistas respondieron a los requerimientos policiales. Normalmente, si se dispone de los dientes, es fácil la identificación de un cadáver. Las detalladas descripciones publicadas en diversas revistas de estomatología no generaron ni una sola respuesta. Tal como comentó un detective, parecía que la mujer había llegado de otro planeta. Se investigó sobre el terreno, pero la policía era consciente de que el gran obstáculo consistía en el tiempo transcurrido. La pista más prometedora parecía ser una denuncia de 1941. Dos hombres, un empresario y un maestro, habían oído gritos provenientes de Hagley Wood y avisaron a un agente. Los tres registraron la zona sin encontrar nada sospechoso. La fecha en que fueron oídos los gritos coincidía con la fecha de la muerte, pero también podía tratarse de una pista falsa. Los archivos contenían otra pista. En aquella época había acampado en la zona un grupo de gitanos. La policía tuvo que intervenir a causa de una riña familiar. La hipótesis de que la víctima era una persona con costumbres nómadas resultaba muy atractiva, dado que explicaría las dificultades para identificarla. Sin embargo, no había nada tangible que sustentara esta idea. La investigación pareció estancarse.



Esquema del cadáver en el árbol

Ninguna de las preguntas claves obtenía una respuesta satisfactoria. El fracaso en la investigación parecía sugerir que la víctima era, al igual que los criminales, una forastera. Pero otros datos contradecían esta hipótesis. Primero, porque los asesinos se deshicieron del cuerpo inmediatamente después de la muerte. Segundo, el hueco del olmo estaba adecuadamente oculto y el propio árbol situado en una zona a la que solían acudir parejas de enamorados y paseantes de la localidad, así como familias que organizaban meriendas en el campo. El bosquecillo tenía fácil acceso; estaba a menos de ochocientos metros de camino desde la carretera entre Birmingham y Kidderminster; parecía poco probable que un forastero escogiese un escondite tan complejo para el cadáver. Lo más desconcertante era la extraña forma de ocultar el cuerpo. Aparentemente, no había razón alguna que justificase el difícil trabajo de introducir a la víctima en el hueco del árbol y desperdigar otros restos por el campo. Lo más fácil hubiera sido enterrarla.



Mapa de la zona






A la policía se le estaban acabando las ideas: sin embargo, el público en general rebosaba de sugerencias. Las cartas enviadas a los diarios aseguraban que el asesino formaba parte de un grupo que practicaba la magia negra. Una serie de pintadas realizadas en Halesowen, Old Hill Y Wolverhampton parecían confirmar esta línea de investigación. Sin mucho convencimiento, la policía la tomó en consideracion. Las pruebas eran muy escasas. Antiguamente, el bosque de Hagley tenía fama de ser un centro de reunión de brujas y magos, pero no se tenía noticia de ningún grupo activo. La relación entre los árboles y el ocultismo tampoco proporcionaba más pistas.



Hagley Wood

La tradición decía que el espíritu de una bruja podía ser encerrado con éxito en el hueco de un árbol. Antiguamente se habían ofrecido sacrificios a árboles quebrados; a este respecto, convenía recordar que el olmo había quedado reducido casi a un simple tocón. Sin embargo, hacía mucho tiempo que nadie sabía sobre estas prácticas. De hecho, la única relación entre el crimen y la brujería se podía establecer sólo por la mano cortada del brazo y enterrada a cierta distancia del cadáver. La policía no podía explicar racionalmente este hecho.



Corriendo el tiempo, una sola persona siguió defendiendo la conexión entre el crimen y la brujería: la profesora Margaret Murray. Mientras estudiaba el Caso Walton, se ocupó también del de Hagley Wood, y llegó a la conclusión de que se trataba de “otra víctima de los adoradores del Mal". Al igual que en un crimen similar cometido en Lower Quinton, este misterio sin resolver siguió alimentando las más variadas especulaciones.



Margaret Murray

Diez años después, el diario Express & Star, de Wolverhampton, publicó una serie de artículos relacionando los dos asesinatos. El periodista en cuestión escribía bajo el seudónimo de “Quaestor” (“Investigador”). Localizó a Robert Hart y a Thomas Willets, dos de los muchachos que habían ido en busca de nidos. Ninguno de ellos quiso volver al escenario del crimen. Robert “Bob” Fields había muerto a causa de la impresión que le produjo el descubrimiento y su nombre no se mencionó durante años. “Quaestor” también entrevistó a otras personas de la zona, que se tomaron a broma la hipótesis de la brujería. El mayordomo del vicario, A.H. Hodgetts, declaró: “Yo creo que era una gitana. Fue juzgada y condenada por los de su propia raza”.



A.H. Hodgetts

Estos artículos provocaron una verdadera andanada de cartas. Entre ellas, destacaba la de una tal “Anna”, que aseguraba que la mujer muerta era holandesa y que “el responsable de su muerte murió loco en 1942”. La policía interrogó a “Anna” y se mostró muy impresionada por los datos que aportaba. La idea de que la asesinada era una extranjera resultaba muy atractiva: explicaba la incapacidad de la policía para localizar la procedencia de su vestimenta y el porqué no existían datos estomatológicos sobre ella en Gran Bretaña. Las pesquisas prosiguieron en Holanda, pero jamás se efectuó un arresto. La policía tampoco estableció nunca con claridad la verdadera identidad de “Anna”; por lo tanto, todo el asunto quedó envuelto en un aura de misterio.



El supuesto rostro de "Bella"

La policía nunca descubrió el verdadero nombre de la víctima de Hagley Wood; pero un graffiti sí que la bautizó. En 1944, cuando la investigación policial comenzó a estancarse, empezaron a aparecer misteriosos mensajes pintados en las paredes de edificios abandonados por toda la zona de los West Midlands. Las pintadas parecían burlarse de la policía: “¿Quién puso a Bella en el Olmo de las Brujas de Hagley Wood?” era la más común. Algunas veces también se empleó el nombre de “Luebella”. Los detectives estaban impacientes por cazar al autor de estos letreros, esperando que fuera capaz de desvelar el misterio del crimen. Pero a pesar de que los mensajes estaban pintados con cuidado en letras de siete centímetros de ancho, nunca se consiguió descubrir al autor y tampoco se denunció a merodeadores por la zona. Para muchos, estos mensajes no eran más que una broma pesada. No obstante, los detectives estaban muy intrigados por la elección de los nombres “Bella” y “Luebella”, ambos diminutivos de “Isabella” o de “Clarabella”. Asimismo, estos nombres solían relacionarse con la brujería. ¿Estaba sugiriendo el misterioso pintor una pista específica?



Los letreros







En su detallado estudio del caso de Hagley Wood, Asesinato por Brujería, Donald McCormick hizo enormes esfuerzos por identificar a la mujer holandesa mencionada por “Anna”. Llegó a la conclusión de que podía haberse tratado de una agente con el nombre en clave de “Clara”, que fue lanzada en paracaídas sobre la zona de Kidderminster en 1941 y después desapareció. Tras subsiguientes investigaciones, McCormick lanzó la teoría de que la tal “Clara” era en realidad la amante de Johannes Marius Dronkers, un espía holandés a sueldo de los alemanes, ejecutado por los británicos en la Torre de Londres en 1942. Una curiosa coincidencia: “Clara” Dronkers se interesaba vivamente por la astrología y las ciencias ocultas. Esto hizo pensar que podría haber estado intentando escapar de la “Acción Hess”, una purga que siguió a la huida de Rudolf Hess a Escocia en 1941. Hess se dedicaba a hacer horóscopos como pasatiempo, y tras su fuga, muchos astrólogos fueron encarcelados. La idea era fascinante; sin embargo, el propio McCormick admitía que estaba sustentada en pruebas circunstanciales. También se dijo que había sido una camarera en un pub local, que había desaparecido sin dejar rastro. Otra hipótesis apuntaba a que la víctima era una actriz de cabaret alemana llamada Clara Bauerle, involucrada con el espionaje nazi, la cual había desaparecido en 1941.



Clara Bauerle

La intervención de los médiums fue muy poco productiva en el caso Hagley Wood. En 1955, George Elwell, un empleado de la compañía de ferrocarriles británica, al que siempre le había interesado el mundo del crimen, se puso en contacto con la policía e hizo una grabación de un trance autoinducido al lado del olmo. En la cinta supuestamente identificaba a la mujer: Annie Bradley, nacida en Leeds. El asesino era un hombre alto, un militar y llevaba bigote. Los agentes de Worcestershire comprobaron sus afirmaciones, pero no fueron capaces de localizar a ninguna Annie Bradley en Leeds. Por otra parte, el trance de George Elwell no aportaba ningún dato más que mereciera una mayor atención. Además, emplear a un médium en una investigación policial estaba mal visto por muchos detectives.


En junio de 1964, un empleado forestal descubrió una tumba limpiamente excavada junto al viejo olmo. Se dio la alarma y muchos agentes de policía fueron enviados a la zona. Sin embargo, se trataba de un error, ya que la tumba contenía los restos de un perrito faldero. En 1999, apareció un nuevo graffiti, esta vez en el llamado “Obelisco de Wychbury”, situado a las afueras del pueblo. Decía, con enormes letras blancas: “Who put Bella in the Witch Elm?” Tampoco se averiguó quién lo escribió.



La pintada en el Obelisco de Wychbury






El compositor Simon Holt escribió en 2002 una obra teatral musical titulada Bella, sobre el misterioso crimen. La Stourbridge Theatre Company montó en 2007 una obra de teatro titulada Bella en el Olmo de las Brujas. El compositor Owen Tromans incluyó una canción llamada de la misma manera en un disco lanzado en 2013. Lucynda y Wychbury Hill hicieron lo mismo. Y ese mismo año, la banda Self Defense Family hizo referencia al asesinato en su canción “Nail House Music”.


El árbol donde se halló el cadáver también murió. Después de la autopsia, los restos de “Bella” no fueron enterrados por la policía local, sino entregados a uno de los colegas del profesor Webster en la Universidad de Birmingham. Con el tiempo, los restos de la misteriosa mujer desaparecieron. Hasta la fecha, se desconoce la ubicación actual de su esqueleto. Oficialmente, el caso permanece sin resolver.




VIDEOGRAFÍA:

"Bella in the Wych Elm" - Wychbury Hill
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"Bella in the Wych Elm" - Lucynda
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"Bella in the Witch Elm" - Owen Tromans
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“Nail House Music” - Self Defense Family
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BIBLIOGRAFÍA:




16 comentarios:

Liliana Moreno dijo...

Escalofriante y excelente historia. La foto de Bella es intimidante. Felicidades soy una gran seguidora!

Anónimo dijo...

Completamente Escalofriante :O

**La Bruja** dijo...

Uuuyyyy y yo leyéndolo de noche... no podré dormir :(

Qué miedo!

Anónimo dijo...

wow muy interesante y entretenido caso ademas de la narrativa que esta muy bien echa Escrito sigue asi siempre subiendo y estando entre los mejores att Gil

Natalia Morales dijo...

Mil gracias por tu página

Redactas impecablemente y tu investigación me sorprende

Saludos sangrientos :)

Anónimo dijo...

Pues a mi se me hace poquita cosa, que sensibles que sois algunas... Esperar una semana para esto... Bah.

Cass Je Seulement dijo...

perfecto
disculpa me gustaria que subieras informacion del caso de Alyssa Bustamante!
:D

Ampersand dijo...

Quizá la intriga vendría en preguntas como ... y si eso me habría pasado a mí ...??? Pasar de noche en ésta vida no me parece para nada atractivo, y más aún, sería muy triste haber quedado olvidado y probablemente asesinado, y el crimen sin resolver, con un asesino impune.

Un auténtico misterio, en un país donde el folklore está repleto de hachos sobrenaturales y leyendas ancestrales (los celtas, los pictos, el Rey Arturo, Loch Ness, etc.). Por lo demás, buen calmante para el ansia de conocimiento, el total desconocimiento del asesino de ésta victima. Saludos .... !!!

Anónimo dijo...

Los restos dispersos del cuerpo lo mas seguro es que fueron transportados por algun animal carnivoro. No creen?

Anónimo dijo...

Bueno, eso depende. Puede que por esa zona no haya ese tipo de animales, ya que sería un dato relevante.
Y Loch Ness está en Escocia, no en Inglaterra.
La verdad es que es una pena que esta chica tuviera este final, sin poder ser llorada por nadie. Y lo peor es que sus restos han desaparecido impidiendo futuras investigaciones para saber quien era. Quizá con la tecnología de hoy en día, hubiera arrojado algo de luz.

Ampersand dijo...

Ad Anonimvs sábado 13 de septiembre de 2014, 16:21:00 GMT-5

Loch Ness está en la región norte de la Isla de Gran Bretaña; Escocia, Gales e Inglaterra son delimitaciones geográficas y culturales del Reino Unido por lo tanto es una división geográfica de la misma. Es muy frecuente mencionar indistintamente Gran Bretaña o Inglaterra, ya que ésta última es la parte más grande de esas divisiones y por lo tanto, en donde reside el gobierno. Escocia es la parte del Reino Unido que propugnaba por su independencia, pero el referéndum fue negativo para esa causa (Pero de todos modos NEMO ME IMPUNE LACCESIT: ALBA GU BRA !!!). Saludos !!!

samael dijo...

De desagradecidos está el mundo lleno
Hazte tu propio blog y verás como no te defrauda, aunque mola más que te lo den todo hecho y encima criticar, ¿no?

Juliana Farabelli dijo...

Y como hubiera echo ese animal para entrar en el estrecho olmo y arracar partes del cuerpo ? O porqué iban a descuartizar el cuerpo y poner algunas partes en el olmo y otras a un perro ?

Anónimo dijo...

Hola soy Angie, muy relato y magico por ser aun unsolved.

Hey Juliana Farabelli que brutica que eres chica....

maaameeemiii dijo...

los casos y misterios sin resolver no me gustan son de poco interes

Anónimo dijo...

El nombre "Bella" adjudicado a esta señora, no es sino una referencia a una florecilla silvestre que crece en Hagley Woods y alrededores, y que se conoce popularmente como Bluebell (campanilla azul).