Yákov Yurovsky: el asesinato de los Romanov



“La sangre corría a raudales”.
Pavel Medvedev, uno de los ejecutores


Se sugiere leer primero la entrada Félix Yusúpov: el asesinato de Rasputín, en este mismo website.


En 1613, con Miguel I de Rusia, había accedido al poder la dinastía de los Romanov. En siglos sucesivos se sucedieron monarcas de distinta talla entre los que destacaron algunos como Pedro I el Grande, fundador de San Petersburgo, auténtico artífice de la Rusia moderna. Cuando en 1894 muere Alejandro III, su hijo Nicolás II, que a la postre sería el último Romanov, lo sucedió en el trono. Era un hombre tímido al que agradaban los deportes y la vida militar, por la que sentía especial devoción: los galones, el honor y el resto de la parafernalia propia del cuerpo le seducían. Buen conocedor de idiomas, especialmente inglés, era tímido y de carácter débil, algo que le sería muy perjudicial en las nuevas situaciones a las que se tendría que enfrentar en el futuro inmediato. No estaba preparado para gobernar un país, carecía de formación política, desconocía las relaciones internacionales y no tenía ni idea de cómo se gestionaba un enorme imperio. Pronto aparecieron las intrigas en la corte y sus tíos trataron de dominarlo e influir en su gobierno.



El zar Nicolás II

Poco después se casaría con Alix von Hesse, que tomaría el nombre de Alexandra Fyodorovna al convertirse a la Iglesia Ortodoxa. Se querían y respetaban. Ella tenía un fuerte carácter, era altiva y arrogante, y le aconsejó tomar las riendas para acabar con las manipulaciones de su entorno. Tuvieron cuatro hijas: Olga, Tatiana, María y Anastasia, todas con diferencia de un año, y al final el anhelado heredero, el zarevich Alexei Nikoláievich, enfermizo y débil, el consentido del matrimonio.



Nicolás y Alejandra

La Rusia de principios del siglo XX estaba llena de cambios, vivía el surgimiento de un proceso acelerado de industrialización y urbanización, nuevos grupos sociales e ideologías se extendían y la monarquía absoluta del zar se veía cada día más superada por los nuevos tiempos. Nicolás II, fiel a la defensa de la monarquía tradicional como siempre la había conocido, no supo interpretar los cambios y ver la nueva realidad.


El zar tardó en considerar la necesidad de cambios democráticos y cuando los aceptó (se celebraron elecciones y se puso en marcha una Duma o Parlamento) se vio forzado a ello por las circunstancias y nunca tuvo un verdadero espíritu democrático. Despreció el potencial y las posibilidades de los emergentes movimientos sociales y en particular del movimiento obrero.



Los Romanov


Cuando llegó el momento, recurrió al belicismo del modo más clásico: en 1905 jugó la carta de la guerra para ganar proyección internacional y calmar los ánimos en la política interna. Pero hacerlo era muy peligroso, porque una victoria reforzaría su autoridad y relajaría los conflictos, pero una derrota los agudizaría. Y así ocurrió: la humillante derrota frente a Japón en la guerra ruso-japonesa precipitó los acontecimientos de la revolución de 1905.



En 1914, durante la Primera Guerra Mundial, Nicolás II volvió a apostarle a un conflicto armado, cometiendo un grave error porque el país no estaba preparado para el conflicto. Entró a la guerra contra las potencias centrales en auxilio de Serbia: primero contra Austro-Hungría y después contra Alemania.



El zarevich Alexei Romanov

Pero sus errores continuaron durante el conflicto y cuando se sucedieron las derrotas, depuso al Ministro de la Defensa y asumió el mando directo de los ejércitos. La consecuencia era evidente: a partir de ese momento, las derrotas serían su responsabilidad directa. No escuchó los consejos de sus más allegados porque le gustaba la vida militar, adoraba los uniformes y estaba orgulloso de sus galones de coronel.



Nicolás II bendice con un icono a sus tropas antes de la batalla

Cometió más errores: en la retaguardia, con el zar en el frente, la zarina se convirtió en la máxima autoridad, pero bajo el control de Rasputín, el monje místico de fuerte carisma que había conseguido el favor de la reina gracias a sus capacidades para mejorar la enfermedad del zarevich. Rasputín era un perturbado y obseso sexual y la zarina no era querida por las masas: lejana y clasista, no tenía nada que ver con el pueblo al que gobernaba. Rasputín sería asesinado poco después por una conspiración encabezada por el príncipe Félix Yusúpov.



Félix Yusúpov y Rasputín


En medio de esa situación, desde principios de 1917 comenzaron los motines, las manifestaciones y las huelgas obreras. La revolución estalló en febrero y la situación se hizo insostenible. El zar Nicolás II abdicó en su hermano menor, el Gran Duque Mikhail, cuyo reinado sólo duró veinticuatro horas. Mikhail fue el último de los Romanov en gobernar Rusia.



El zar Nicolás II y el zarevich Alexei

El nuevo monarca cedió de inmediato el poder a un gobierno provisional, presidido por Lvov y formado por liberales y socialdemócratas, que pretendía instaurar un régimen liberal y parlamentario.



Los hijos de los zares

A partir de ese momento, los acontecimientos se precipitan. La familia imperial es retenida en el palacio Tsarkoye Selo, a las afueras de Petrogrado (San Petersburgo). Una especie de cárcel dorada, una antigua residencia campestre de Catalina la Grande, donde los Romanov encuentran reposo y tranquilidad en medio de las enormes convulsiones de la época.



Anastasia Romanov


Pero el gobierno provisional, presidido ahora por el socialista Kerensky, quiere quitárselos de encima a toda costa, pues pueden ser una gran fuente de problemas, imposibilitando la consolidación del nuevo régimen. Por un lado, son un germen de la contrarrevolución y la base sobre la que se podrían reorganizar los defensores del viejo régimen. Por otro, son objeto de animadversión por parte de los más radicales, especialmente los bolcheviques, que controlan los soviets y para los que también son un símbolo, en este caso a destruir. Es evidente que su presencia sólo agudiza las tensiones y altera los ánimos.



Olga y Tatiana

En dicha situación el gobierno provisional ruso propone a Inglaterra acoger a la familia real. Tal propuesta entraba dentro de lo lógico, dados los fuertes lazos familiares y afectivos que unían a las dos dinastías. Nicolás II y Jorge V, rey de Inglaterra, eran amigos y primos hermanos, y la zarina era nieta de la reina Victoria. Los Romanov habían estado muchas veces en Inglaterra, donde además habían pasado períodos de vacaciones.


El gobierno inglés de Lloyd George no era muy proclive y no amaba a la monarquía rusa, pero había que mimar al nuevo gobierno ruso para que siguiera la guerra con Alemania y parecía proclive a aceptar la situación. Pero la opinión pública inglesa no tenía mucha estima por los autócratas rusos y la izquierda celebraba cada vez más la caída del zar y la Revolución Rusa. No había duda de que acogerlos podría tener repercusiones para Inglaterra y su monarquía. Por ello, Jorge V y el gobierno británico se negaron a recibirlos.



Olga, Alexei y Tatiana

Ante las dificultades para enviarlos al extranjero, Kerensky trata de eliminarlos de la escena revolucionaria y conduce a la familia real hasta Siberia. Resulta curioso que el zar termine donde tradicionalmente enviaba a sus adversarios políticos, con frecuencia desterrados a Siberia, como le ocurrió al propio Lenin. Se les envió a Tobolsk, una ciudad relativamente cercana, en la Siberia occidental más cercana a los Urales.



Lenin




Allí llegaron en agosto de 1917 el zar Nicolás II, la zarina Alejandra, el zarevich Alexei, las cuatro grandes duquesas y un séquito importante formado por un ayudante de campo, un médico, un preceptor, un marinero guardaespaldas del zarevich y varios sirvientes. Fueron instalados en un palacio con todas las comodidades, aunque estaban retenidos contra su voluntad por sus enemigos políticos.



La mansión en Tobolsk

Unos meses después, las cosas se complican mucho más para la familia Romanov. En octubre, tres meses después, tenía lugar la segunda revolución, aquella que condujo a los bolcheviques al poder al grito legendario de "¡Todo el poder a los Soviets!” Se crea un gobierno de comisarios del pueblo encabezado por Lenin y a principios de 1918, tras las elecciones a la Asamblea Constituyente, se proclama la dictadura del proletariado. Era previsible que los bolcheviques ajustarían cuentas. La familia real todavía permanece unos meses en Tobolsk, sin tantas comodidades pero sin sufrir maltrato alguno. Para ese momento, a veces soportan algún insulto y ciertos gestos de desprecio por parte de los guardias.



Los Romanov, prisioneros en Tobolsk

Rusia se ve envuelta de inmediato en una guerra civil entre la contrarrevolución y los bolcheviques, los blancos y los rojos. Ante el avance de los ejércitos blancos por Siberia, Lenin decide trasladar a la familia real en abril de 1918 y envía al comisario Yakovlev para llevarlos a Moscú.



El zar Nicolás II en Tobolsk


No estaba claro que iban a hacer con ellos, pero el poder de los bolcheviques estaba muy deteriorado y los territorios bajo su control eran cada vez más reducidos.



Anastasia y Nicolás fumando en Tobolsk

El viaje lo realizan sólo los zares y su hija María, porque para entonces, el zarevich no se encontraba en condiciones de viajar, debido a su delicada salud, agudizada por los efectos de una caída. Sin embargo, se produce un cambio de planes y se decide poner a los prisioneros bajo el control del Soviet de los Urales, de forma que el 30 de abril los prisioneros se quedan en Ekaterimburgo, la gran ciudad de los Urales. Son entonces encerrados en la casa Ipatiev, una residencia burguesa, en donde pronto se les une el resto de la familia.



La casa Ipatiev

De su vigilancia se encargan milicianos de la Cheka, la policía política bolchevique, que un día ejecutan al ayudante de campo y al marinero. Por el contrario, el preceptor de origen suizo y otros miembros de la servidumbre son liberados. Con los Romanov se quedan los más fieles: el doctor Botkin, el cocinero, la doncella de la zarina y un criado de confianza del zar. Se le había prohibido al zar llevar las hombreras que ostentaban su rango y tuvo que soportar cómo los centinelas hacían dibujos obscenos para ofender a sus hijas.



Los sirvientes de los Romanov: Demidova, Botkine, Trupp y Kharitonov

En julio, el desenlace se acerca. Miembros del Soviet de los Urales viajan a Moscú, asustados por la proximidad de la legión checoslovaca, entonces del lado de los ejércitos blancos zaristas. Estos avanzaban desde Siberia con rapidez y se acercaban peligrosamente a Ekaterimburgo, por lo que Lenin y Yakov Sverdlov, responsable del interior, tras consultar al Soviet Central, deciden ejecutar a los Romanov.



Yakov Sverdlov

Es evidente que los blancos podrían rescatar al zar y eso sería terrible para la revolución; mantener con vida a los miembros de la familia imperial era dejarles un estandarte viviente a los blancos, como afirmaría más tarde Lev Trotsky en sus Diarios. Fue el mismo Trotsky quien coordinaría lo necesario para la ejecución del zar.



Lev Trotsky

El comunicado que ordena la ejecución de los zares queda para la posteridad: "Decisión del Presidium del Consejo de Diputados, Obreros, Campesinos y Guardias Rojos de los Urales: En vista del hecho de que bandas checoslovacas amenazan la capital roja de los Urales, Ekaterimburgo, que el verdugo coronado podría escapar al tribunal del pueblo (un complot de la Guardia Blanca para llevarse a toda la familia imperial acaba de ser descubierto), el Presidium del Comité Divisional, cumpliendo con la voluntad del pueblo, ha decidido que el ex zar Nicolás Romanov, culpable ante el pueblo de innumerables crímenes sangrientos, sea fusilado. La decisión del Presidium del Comité Divisional se llevó a cabo en la noche entre el 16 y 17 de julio".



Nicolás II y Alexei durante su estancia en Ekaterimburgo




El segundo jefe de la Cheka de los Urales, Yakov Yurovsky, es el responsable de la custodia de la casa Ypatiev y él mismo se encargará de la ejecución. El 17 de julio de 1918 manda al pelotón de ejecutores; son una docena, la mitad de ellos desertores del ejército austriaco; para unos, húngaros; para otros, letones.



El zarevich Alexei Romanov, poco antes de su ejecución


En todo caso, se busca a extranjeros porque se teme que los rusos, aunque sean proletarios bolcheviques, se resistan a disparar sobre la familia imperial; aún así, dos de los húngaros se niegan a tirar sobre niños y prefieren no participar. Ni siquiera se atreven a fusilarlos.



Los Romanov con sus mascotas: los perros "Ortino", "Jemmy" y "Joy"

Sacar a las víctimas al patio, alinearse con los fusiles a la espera de la orden de fuego, habría dado a la matanza demasiada solemnidad. Deciden que será con pistolas y por sorpresa.



Yakov Yurovsky 


Pese a la cercanía del ejército contrarrevolucionario, cuyos disparos han escuchado durante todo el día, los ejecutores esperan hasta bien avanzada la madrugada, como si necesitasen el amparo de la más profunda oscuridad. Todo el día se habían oído los disparos cercanos de las tropas blancas.



La foto final del zar Nicolás II

Una versión aportando los detalles de aquella atrocidad se difundió por Europa en fecha tan próxima a los hechos como 1920, gracias al testimonio de uno de los presentes, Pavel Medvedev, que fue recogido en la obra The last days ot the Romanovs: “En la noche del dieciséis de julio, entre las siete y las ocho, cuando acababa de entrar en servicio, el comandante Yurovsky, jefe de la guardia, me ordenó que recogiera los revólveres Nagan de la guardia y que se los entregara. Recogí doce revólveres de los centinelas y de otros guardias y se los llevé a su despacho. Yurovsky me dijo: ‘Esta noche hay que matarlos a todos, así es que avise a los guardias que no se alarmen si escuchan disparos'. Comprendí, por tanto, que Yurovsky tenía en mente asesinar a toda la familia del zar, así como al médico y los sirvientes que vivían con ellos, pero no le pregunté de dónde provenía la decisión, ni quién la había tomado. La planta baja de la residencia de Ipatiev estaba ocupada por miembros de la Comuna Letona que se habían instalado en esas habitaciones después del nombramiento de Yurovsky. Eran un total de diez”.



Pavel Medvedev

A la medianoche despiertan al Zar y le ordenan que se vistan todos y hagan el equipaje, pues los van a trasladar. Nicolás no sospecha, pues sabe lo cerca que están los que vienen a rescatarle. Son todos conducidos al sótano: los zares, los criados, el doctor, las hijas y el zarevich.



Los asesinos

El Zar viste el uniforme caqui que llevó cuando estuvo al frente de las tropas, y que ha conservado durante toda su prisión, aunque ha perdido las hombreras de coronel de las que estaba tan orgulloso, porque se las había impuesto su padre. El Zarévich lleva uniforme de campaña de soldado de la Guardia, la Zarina y sus hijas, sus trajes de viaje. En un rincón están sus maletas apiladas, para darles la seguridad de que van de viaje.



La habitación de los zares

Los hacen esperar y la Zarina pide unas sillas. Traen dos, en las que se sientan los zares Alejandra y Nicolás, éste con el Zarévich en brazos, aunque ya tiene catorce años. Al día siguiente se celebra el cumpleaños número 17 de Anastasia, la más pequeña de las hijas; la primogénita tiene 22. Pese al cautiverio, las chicas siguen siendo hermosísimas, especialmente las mayores, Oiga y Tatiana, de una belleza excepcional.






Ningún miembro de la familia del zar hace pregunta alguna. Tampoco lloran. La zarina está sentada junto a la pared, cerca de una columna. Detrás de ella permanecen de pie tres de sus hijas. El heredero y el emperador están sentados casi en el centro de la habitación. El doctor Borkin se encuentra detrás de ellos. La doncella lleva una almohada. Las hijas del zar también llevan cojines. Colocan uno en la silla de la emperatriz; otro en la del zar. Según un testimonio, da la impresión de que todos conocen el destino que les espera, pero nadie dice una sola palabra.



La ejecución de los Romanov

El testimonio de Pavel Medvedev continúa: “Yurovsky no nos había encomendado, ni a Dobrynin ni a mí, despertar al zar y a su familia. Poco antes dos miembros de la Comisión Extraordinaria del Soviet de Ekaterimburgo llegaron a la casa Ipatiev. En ese momento entraron once hombres en la habitación donde estábamos: Yurovsky, su ayudante, dos miembros de la Comisión Extraordinaria y siete letones. Yurovsky me ordenó: 'Sal a la calle, ve a ver si hay alguien, y espera para comprobar si se escuchan los disparos'. Salí al patio, pero antes de llegar a la calle escuché los tiros”.


Los Romanov oyen pasos que bajan las escaleras del sótano. Son muchos y eso les inquieta. Instintivamente, las chicas y los sirvientes se agrupan detrás de las sillas de los Zares, de forma que cuando irrumpen los guardias los encuentran como si estuviesen posando para una fotografía, lo que hace su labor más fácil. Sin prolegómenos, Yurovsky les dice que el Soviet de los Urales ha decidido fusilarlos en vista de los ataques de los suyos contra la Rusia Soviética. Al zar Nicolás sólo le da tiempo a decir dos veces: “¿Qué?", antes de recibir un tiro en el pecho.


Es el principio de la matanza: once pistoleros disparando sobre once víctimas en un espacio de seis por cuatro metros cuadrados y sin ventilación. Están tan apiñados que los verdugos se causan quemaduras unos a otros por los fogonazos de sus armas.


Pavel Medvedev concluye sus recuerdos: “Al poco tiempo, tan sólo transcurrieron dos o tres minutos, regresé a la casa y al entrar en la habitación donde se había llevado a cabo la ejecución, vi que toda la familia del zar yacía en el suelo con múltiples heridas de bala. La sangre corría a raudales. El médico, la doncella y los dos sirvientes también habían sido abatidos. El heredero aún estaba con vida, gimiendo. Yurovsky se le acercó y disparó dos o tres veces más. Luego, el zarévich quedó inmóvil".


Cada uno de los guardias tenía un objetivo sobre el que disparar, evitando así derramar mucha sangre y aumentando la rapidez, pero a pesar de esto el zarevich debe ser rematado con un disparo en la cabeza por el propio Yurosky. Una criada sobrevive, siendo perseguida por la habitación y pasada por la bayoneta.


Sin embargo, la matanza no es tan rápida como se había pretendido y se prolonga durante más de dos minutos. Inexplicablemente, las Grandes Duquesas no mueren. Les han acribillado el cuerpo a tiros y siguen vivas. Para hacer más repugnante el acto, las rematan con bayonetas y después a machetazos. Luego se comprobará que llevan los corsés rellenos de joyas, y que las piedras preciosas las han protegido de las balas.



El siguiente acto es la ejecución de las mascotas. Todos los perros mueren a manos de los guardias, quienes de esa manera eliminan todo rastro de la antigua monarquía rusa.



El cadáver de "Jemmy", el perro de Anastasia

El comisario militar Ermakov, un hombre de acción, medio revolucionario, medio bandido, es el encargado de hacer desaparecer las víctimas. Se las lleva en un camión a las minas de Verj Isetsk, con la intención de ocultarlas en algún pozo abandonado, pero sus hombres se emborrachan, desvalijan los cadáveres y se vuelven locos cuando encuentran los corsés forrados de joyas de las Grandes Duquesas.



El sitio de la ejecución



Incapaces de concluir su trabajo, arrojan los cuerpos desnudos a un barranco poco profundo, pero ni siquiera llevan palas para enterrarlos. Cuando Yurovsky pasa a supervisar la misión, expulsa a aquellos inútiles y, para ocultar el cuerpo del delito, no se le ocurre otro medio que lanzar unas granadas para provocar un derrumbamiento sobre los restos, logrando sólo destrozar más los cadáveres.




A la noche siguiente, Yurovsky regresa con abundante ácido sulfúrico y petróleo. Recoge los despojos con la intención de destruirlos concienzudamente en otro lugar, pues se ha corrido la noticia de que los restos del Zar y los suyos han sido llevados a las minas. Pero a mitad de su viaje se le descompone el camión donde lleva los cuerpos. Como los ejércitos blancos están cerca, decide acabar allí mismo la faena. Pretende incinerar su cargamento, pero ni usando mucho petróleo generosamente le resulta fácil: cuando le sorprende el amanecer sólo ha logrado quemar los cuerpos del Zarévich y de una de las Grandes Duquesas; lo que queda lo entierra en el bosque. El resto, lo abrasa con ácido, para dejar irreconocibles los cuerpos y los entierra junto a un puente, a sólo 80 centímetros de profundidad.



El lugar del entierro


Una semana después de la matanza, los blancos toman Ekaterimburgo. Retienen la localidad un par de años, durante los cuales se realizan sucesivas investigaciones para averiguar la suerte de la familia imperial y hallar sus restos. La más concienzuda es la del juez Sokolov, que llega a establecer lo sucedido con bastante precisión, pero no encuentra las tumbas.



Tras el final de la Guerra Civil, asentado el régimen comunista, la casa Ipatiev se convierte durante algún tiempo en el llamado Museo de la Venganza de los Trabajadores; incluso se imprimen postales del edificio, macabra memorabilia del lugar del crimen, aunque no se permite el acceso del público a la habitación de la masacre. Sin embargo, en 1932 Stalin lo cierra; es mejor no recordar al Zar ni para vituperarlo.



Josef Stalin

El edificio se destina a usos burocráticos del Partido y los recuerdos se reparten. Un coleccionista inglés compra la pared destrozada por las balas del cuarto del sótano. En 1974 algún conservacionista tiene la idea de declararlo monumento histórico.



Visitantes en el Museo de la Venganza de los Trabajadores

Sin embargo, a veces aparecen flores en el aniversario de la matanza, lo que demuestra que algunos rusos lo consideran un santuario, y en 1977 el miembro del Politburó Mijail Suslov le transmite al secretario regional del Partido la orden de destruir la casa Ipatiev.



La destrucción de la casa Ipatiev

El que recibe la orden se llama Boris Yeltsin y con diligencia procede a arrasar el lugar del sacrificio, para que no quede ningún recuerdo del crimen fundacional de la Unión Soviética. Años después, Boris Yeltsin pondrá el mismo entusiasmo en demoler ese régimen.



El joven Boris Yeltsin

Se ha puesto tanto cuidado en borrar las huellas del crimen que surgen dudas sobre si de verdad moriría la familia imperial. Aquí y allá afloran personajes envueltos en misterio que dicen ser los Romanov supervivientes. Tan temprano como en 1919, un joven de Omsk llamado Alexei Puztiato pretende ser el Zarévich, pero es desenmascarado por monsieur Gilliard, el preceptor suizo de los niños. Era el principio. Hasta 200 fantasmas reclamaron ser el Zarévich, Anastasia, Oiga, Tatiana, María... Unos eran simples mitómanos, otros concienzudos estafadores, porque además de fama y reconocimiento, los falsarios buscan el tesoro de los zares: la fortuna depositada en varios bancos europeos.


La pretendiente más famosa, la que más tiempo mantuvo el mito de Anastasia, fue una mujer conocida como Anna Anderson. En 1928, un investigador alemán establece su identidad como la de una obrera polaca llamada Franziska Schanzkowski, lo que muchos años después refrendará el análisis del ADN. Sin embargo, la impostura se mantiene durante décadas, aceptada por algunos parientes y antiguos cortesanos de los Zares.






El hecho de que Anna Anderson no sepa hablar ruso no desengaña a los crédulos, sino que les reafirma en su creencia. Ella dice que la experiencia de la casa Ipatiev fue tan traumática que su mente rechaza la lengua de los asesinos. La leyenda de la princesa viva llega más tarde a la gran pantalla y alimenta, gracias al cine, la imaginación de generaciones enteras de todo el mundo.



Franziska Schanzkowski alias Anna Anderson, la falsa Anastasia

Por la misma época en que Yeltsin elimina la memoria material del asesinato de la familia imperial, dos ciudadanos soviéticos, bien relacionados con las altas esferas, inician la recuperación no ya de la memoria, sino del cuerpo del delito o, según lo ven otros, de las reliquias de los mártires: el geólogo Alexander Avdonin y su amigo, el escritor y cineasta Geli Ryabov. Conocen no sólo el libro del juez Sokolov sobre su investigación, prohibido en la Unión Soviética, sino también un documento guardado bajo siete llaves: el informe secreto que redactó el director de la matanza, Yurovsky, para la cúpula del Partido. Con esos datos en la mano, Avdonin y Ryabov localizan el enterramiento colectivo e incluso hallan los esqueletos en 1979, en plena era Breznev. Los eufóricos investigadores saben que no pueden hacer público su hallazgo y no tienen más remedio que volver a enterrar los restos.



Alexander Avdonin y Geli Ryabov

Diez años después, sin embargo, las cosas cambian en la URSS, Mikhail Gorbachov impone la Perestroika, la apertura, y Avdonin y Ryabov declaran que han localizado los restos de la familia imperial. En dos años más, el comunismo cae y la Unión Soviética se desintegra. En la Rusia poscomunista se recupera el pasado, se adopta la vieja bandera zarista y reaparece revitalizada la Iglesia ortodoxa. El arzobispo de Ekaterimburgo, Melquisedec, recoge una historia maravillosa tras la caída del comunismo. Una anciana le cuenta que fue sido vigilante nocturna de la casa Ipatiev durante muchos años, y que frecuentemente, en el silencio de la noche, oía cantos angelicales procedentes del cuarto del crimen. Ella, arrobada, ponía la oreja en la puerta, pero jamás se atrevió a abrirla. Un miembro de la minoría cosaca, generalmente monárquica, narra a la prensa que, en 1990, fue, con otros devotos, a poner una cruz en el solar de la casa lpatiev.



La cruz en el lugar del crimen

Nevaba, pero cuando llegaron con la cruz al lugar del martirio, se produjo una extraña apertura en las nubes y una luz celestial descendió sobre ellos, iluminando un círculo de cien metros de diámetro cuyo centro era la cruz, sobre el que no caía nieve. El fenómeno duró más de media hora, mientras trabajaron para fijar la cruz con cemento. Un pope dijo que era una señal divina. La pequeña cruz fue sustituida por otra más elaborada.



La segunda cruz

En 1998 se levantó una capilla abierta y, al año siguiente, una cerrada. La sacralización del lugar de la matanza culminó el 16 de julio de 2003, cuando se abrieron las puertas de la Catedral de la Sangre, un gran templo de estilo ruso, con nueve cúpulas doradas.



Las capillas y la Catedral de la Sangre



Para entonces, en la vieja fortaleza de los zares, el Kremlin, hay un nuevo populista, demagogo, oportunista y borrachín: Boris Yeltsin, que recurre a cualquier cosa para borrar el pasado soviético, como los bolcheviques pretendían borrar el pasado zarista. Al fin y al cabo, él es un viejo comunista que conoce bien los métodos.



La exhumación




En 1991 autoriza la exhumación y nombra una comisión de investigación que trabaja hasta 1995 realizando pruebas forenses de todo tipo, incluidas las del ADN mitocondrial, que sólo se transmite por vía materna. Se logra incluso la colaboración de Felipe de Edimburgo, esposo de la reina de Inglaterra y descendiente de una hermana de la Zarina por vía femenina. La comisión científica, respaldada por laboratorios de Inglaterra y Estados Unidos, concluye que los restos son realmente los del Zar, la Zarina, tres de sus hijas y sus sirvientes. Faltan los del Zarévich y los de la gran duquesa María.



Los restos



En agosto de 2007, se localizan los cadáveres que faltaban y en el mes de abril del 2008 se obtienen pruebas genéticas realizadas por laboratorios estadounidenses que así lo corroboran. Para asegurarse de que los restos son efectivamente de la familia imperial rusa, los investigadores cotejaron el ADN mitocondrial de la zarina y sus hijos con los del duque de Edimburgo —consorte de la reina Isabel de Inglaterra— y confirmaron que coincidían. Cotejaron luego el cromosoma "Y" del zar y el zarevich con el de un descendiente vivo de la familia y confirmaron que también coincidían. Cotejaron el ADN del zar con el de una mancha de sangre que quedó en la camisa que llevaba cuando fue atacado en Japón en 1891 y que fue conservada como reliquia: la coincidencia fue total. Eso demostró, sin lugar a dudas, que ningún miembro de la familia Romanov sobrevivió a la ejecución en la madrugada del 17 de julio de 1918.




La Iglesia ortodoxa no acepta, sin embargo, la evidencia científica. Y hay un estira y afloja, porque Yeltsin pretende hacer un Funeral de Estado de repercusión mundial en la Catedral de San Petersburgo, con toda la parafernalia de la liturgia oriental. Los popes no dan su brazo a torcer, y en 1998 los féretros de la familia imperial y sus leales sirvientes gozan de honores militares y cámaras de televisión, pero en la ceremonia religiosa no se pronuncian sus nombres. Para la Iglesia se trata de un funeral por unos desconocidos.



El funeral de los Romanov


Dos años después, en agosto de 2000, la Iglesia los da definitivamente por fallecidos y los canoniza como mártires de la fe a manos del comunismo. El acta menciona: "Por su resignación y docilidad frente al martirio, el último monarca ortodoxo ruso y los miembros de su familia se nos presentan como personas que buscaron con sinceridad encarnar en su propia vida las profesiones del Evangelio. En los sufrimientos que soportó con paciencia y resignación, la familia del zar desde su detención y su muerte como mártir en Ekaterimburgo (en los Urales), el 17 de julio de 1918, brilla la luz todopoderosa de la fe de Cristo".



Los Romanov en los altares

Refrendaba así lo que con anterioridad, en 1981, la Iglesia Ortodoxa Rusa en el exilio ya había hecho. Desde 1998 sus restos reposan en la cripta imperial de la Catedral de San Pedro y San Pablo de San Petersburgo, en el lugar donde yacen tradicionalmente los zares de Rusia.



La tumba de los Romanov






VIDEOGRAFÍA:

Los Romanov (documentales)
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Los Romanov (trailer)
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Nicolás y Alejandra (trailer)
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Anastasia (trailer)
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Anastasia (versión Disney) (trailer)
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BIBLIOGRAFÍA:












FILMOGRAFÍA:






24 comentarios:

Anónimo dijo...

Buena y triste biografia de los zares de rusia de aquellos tiempos q todo era guerra y morir tan cruel me encanto leer esta historia pero me senti con un dolor fuerte al leer como fueron ejecutados me impacto demasiado y m entristecio a la vez al dueño de esta pagina lo felicito por esta historia ademas vivan los zares x siempre...

Anónimo dijo...

Muchachos publiquen historias mas recientes, esta historia es muy antigua, al igual que la de Rasputin de la semana pasada. Estas historias son aburridas y horribles. Esperando toda una semana para esto!!

Anónimo dijo...

Esto si es historia y de la buena sigan pasando stas historia asi como la que esta aqui sobre la reina muerta ines d castro.... bueno m gustaria leer sobre los asesinatos de las niñas de ALCASSER en españa es el unico caso que no ha pasado x esta pagina al amigo d arriba estas equivokado toda historia aqui son viejas y algunas antiguas y son muy buena si quiere ver mas historia vete a MURDERPEDIA... ademas super interesante historia de estos monarcas mas no aburrida y ademas felicito esta super pagina.. t doy 10 estrellas jajaja bye

Anónimo dijo...

Muy buena historia, me parecerá muy largó esperar una semana para leer otro de tus relatos.

halford dijo...

Excelente relato, muy detallado y completo. La historia es muy buena, independientemente de la epoca. Es un caso paradigmatico de magnicidio y durante recadas todo un misterio y complementa a la perfeccion el caso anterior. Felicitaciones. Mantienes buen nivel desde el regreso escrito. Ya vendran casos mas del gusto de los inconformes. Todo caso tiene su punto.

Anónimo dijo...

Te apoyo halford la mayoria inconformes mas no yo xq m parece genial esta historia muy buena las hijas de estos zares eran super hermosisimas ...

dianakrh dijo...

Que buena historia! Igual que todas las anteriores! No se como investigas todo eso pero Felicidades!.... Por cierto soy de Venezuela y puedo pedir que escribas sobre el caso del niño asesinado en Portuguesa por la amante de su madre?? Quiero saber que llevó a esa gente a cometer ese crimen gran atroz, y acá en ECS se analizan las razones... De nuevo Felicidades por el escrito

Anónimo dijo...

Me encantó la historia, la conocía pero sin tanto detalle, triste y cruel el destino de los romanov..

Ampersand dijo...

Muy bien ECS, complementas la biopic de la semana pasada, con el asesinato de una Casa Real europea ... El magnicidio de los Romanov, con todo lo cruel que parezca, fue mejor forma de acabar con sus sufrimientos: todos sabemos lo del gen defectuoso que transmitió hemofilia a diversos descendientes de la Reina Victoria de Inglaterra, incluído por supuesto el zarévich Alexei, quien era auscultado personalmente por Rasputin.
Para aquéllos que no digieren historia, un dato: la Casa Habsburgo, en su rama española, tuvo como último representante a Carlos II, un hombre subdesarrollado debido a un transtorno genetico llamado Síndrome de Klinefelter, que lo hizo débil y estéril, debido a la consanguineidad practicada por su familia, llamada en términos médicos endogamia, dicho de otra forma "preservar la pureza de la sangre real".

A mi modo de parecer, mejor ser eliminado siéndo tomado por una peligrosa y potencial amenaza (como los Romanov), que morir inutilizado por mi propio organismo, pero como dije, es una opinión personal .... Saludos !!!

Anónimo dijo...

En 1993, cuando el gobierno ruso estaba tratando de verificar si los fragmentos óseos recuperados del lugar del asesinato en Yekaterimburgo pertenecian al zar Nicolás II, una muestra de ADN del zar fue requerida y las reliquias del escándalo Otsu fueron examinadas para ver si las manchas de sangre permitían hacer una identificación positiva; los resultados NO FUERON CONCLUYENTES

Anónimo dijo...

hola, muy buena historia,como siempre
es un placer leer tus investigaciones te felicito.

Anónimo dijo...

¿Vivan los zares? Ay, Dios, las cosas que hay que leer...

Nicolás II era un tirano despiadado, como lo fueron también todos sus predecesores, así que su muerte y la de su dinastía fue, aunque suene cruel, lo mejor que le pudo pasar a Rusia. Afortunadamente la monarquía no se restauró ni siquiera tras la caída de la Unión Soviética.

Anónimo dijo...

Excelente.

Angel Almeda dijo...

Hola! Alguna vez has escuchado de Jose María Miculax? Un asesino en serie de Guatemala que mato y violo a unos 15 niños en 1945 me encantaria que investigaras algo sobre el!

john dijo...

esta buenisimo y muy interesante la historia exellente

Anónimo dijo...

¿Vivan los zares? como brilla la ignorancia con tal de figurar,
y a la iglesia igual y no perdió tiempo en ver como jalaba mas borregada, nomas les falto "can-onizar"a los perros igual.

Doña Moderna. dijo...

Muy interesante, sobre todo la parte de la exhumación y como la iglesia no lo reconoce y los hace santos...

Anónimo dijo...

el conocimiento y memoria de lo ocurrido en Rusia es algo que jamas debe olvidarse , la muerte de los zares y sus hijos nos muestra como la barbarie , hizo luego de este gran país , un pueblo lleno de miserias y angustias ,donde nunca se olvido a los zares , sabiendo que esos barbaros asesinos siguieron siéndolo por décadas y décadas.

Anónimo dijo...

Mientras estuvieron en cautiverio las hijas y el pequeño zar fueron rapados por sus carceleros, y también muchas veces los sometían a humillaciones y vejaciones a tal punto de seguirlos hasta en los baños. Un final demasiado cruel. Los comunistas no les iban a perdonar la vida.
YuryRoss

Andrea Godoy dijo...

Yo no sabia esta historia, si ya la sabias pasa página. Deja que los demás tengamos la posibilidad de conocer lo que les paso a los Románico...

Anónimo dijo...

hola, excelente como siempre lo que comparten y sólo para aclarar algunos puntos sobre laa fotografías, las que dicen ser de Ekaterimburgo o Tobolsk algunas no corresponden a esos lugares : Nicolás y Anastasia fumando no es Tobolsk es en Livadia y es de 1914 lo mismo ocurre con las de Nicolás y Alexis en la playa esas también corresponden a Crimea y fue de sus tiempos felices previos a su dsetención de 1917...

Anónimo dijo...

hola, ellas no fueron rapadas por los bolcheviques, se raparon por una enfermedad que tuvieron poco antes de la abdicación de su papá y la primera fue Tatiana, Alexis se rapó en solidaridad a sus hermanas...

DobreJ dijo...

La historia del ultimo Zar me recuerda a la de Luis XVI de Francia ambos deviles y inutiles monarcas, que aun tubiendo oportunidades de escapar dejaron morir a sus familias sin tan siquiera intentarlo.
y que decir como governaron ambos; hambruna, guerras perdidas y mas miseria.
siendo permisivos ante las opulencias de sus mujeres mientras el pueblo se moria de hambre.
asi que pena por ellos y sus descendencias las justas¿sabeis como vivian los campesinos ? Y si cazabas por necesidad en alguna parcela que perteneciera al rey y te cogian tu destino era que te hecharan a un oscuro agujero a que te devoradan las ratas.
¿cuantos niños morian desnutridos ante la mirada de sus padres que no podian hacer nada por ellos? Acaso da mas pena el zarevich y sus hermanas porque son de sangre azul y tienen mas derecho a la vida por nacer en una cuna de oro frente a los que ni siquira tubieron cuna?????

Anónimo dijo...

¡Muy buenas!
Muy bien detallada la información, nunca me canso de leer este tema, no lo veo tan "anticuado" como otros dicen.
La verdad, siento pena por los Romanov, pero no por los zares, sus hijos no tenían ninguna culpa de que su padre fuera tan "inútil" y su madre tan "aprovechada" y sigo creyendo que no hacía falta ejecutarlos a todos y mucho menos a las pobres mascotas...

Sobre el tema de Anastasia, me incomoda el hecho de que se ponga que era más alta de lo que era, o se han equivocado al ponerlo o no es Anastasia, no creo que sobreviviese, pero si ese fuera el caso no creo que le diera por dar su nombre y tampoco creo que fuera Anna Anderson, no las veo parecidas siquiera, quitando los casuales parecidos de color de pelo y ojos y el hecho de que tenían las mismas deformidades en oreja y pie.