Félix Yusúpov: el asesinato de Rasputín


“Vive la imperecedera belleza de lo prohibido
y la rara sentencia de que el Orden es hosco y torpe, a menudo.
Sí, nada tan banal como el sueño de un emperador
y nada tan cautivador como el esplendor de un príncipe maldito”.
Luis Antonio de Villena
 
 
Grigori Yefímovich Rasputín nació el 22 de enero de 1869 en Rusia. Los datos sobre los primeros años de su vida son escasos y poco fiables. Nació y se crió en un pequeño pueblo de Siberia Occidental llamado Pokróvskoye, que pertenecía entonces a la región de Tobolsk, actual Óblast de Tiumén, y está a unos 300 kilómetros al este de los Urales, en la orilla izquierda del río Turá. Es posible, como era habitual entre los campesinos rusos, que su nombre derive de un seudónimo y provenga de la palabra rasputnyi, “disoluto”.



Rasputín durante su juventud

Rasputín fue singular desde su más tierna infancia, en la que se arrancaba los pañales. Le resultaba muy difícil concentrarse y no sabía relacionarse con otros niños. Según contaría su hija, a los catorce años la idea de que “el Reino de Dios está en nosotros” lo hizo “correr a esconderse en el bosque, temeroso de que la gente notara que le había ocurrido algo inimaginable”. Cuando se hubo recuperado volvió a casa con “la sensación de una luminosa tristeza”. Más o menos a esa edad, harto de soportar que otros niños lo llamasen enclenque, un día les dio una tunda. Aunque se arrepintió de aquello, pues no era violento, se hizo más sociable desde entonces, y era capaz de ir al mercado de Tiumén, a 80 kilómetros de distancia, para vender el centeno de su padre. Pese a ello, siguió siendo un muchacho demasiado disperso como para convertirse en un hombre de provecho. Empezó a beber y lo detuvieron junto con otros por el robo de unos caballos. Finalmente, la asamblea rural lo absolvió, aunque los demás fueron desterrados a Siberia Oriental.


Cuando tenía dieciocho años se marchó a meditar al monasterio de Verjoturye, aunque también es posible que fuera enviado allí como castigo por robar. Su experiencia durante los tres meses que permaneció en el claustro, junto con una visión de la Virgen María que presenció a la vuelta del monasterio, lo llevaron a convertirse en un místico. Ingresó poco después en una secta cristiana condenada por la Iglesia Ortodoxa Rusa conocida como Los Flagelantes. Ellos creían que para llegar a la fe verdadera hacía falta el dolor. En las reuniones de esta secta, las fiestas y orgías eran constantes y Rasputín se convirtió en un entusiasta integrante. El ingreso en esta congregación marcó al profeta siberiano de por vida, y explica la notoria vida sexual que tuvo en años posteriores y que acabó manchando su reputación de hombre santo. Tras abandonar la secta, conoció a un iluminado llamado Makari, el cual ejerció una enorme influencia sobre Rasputín.


El 2 de enero de 1889 se casó con Praskovia Fiódorovna Dubróvina con la que tuvo tres hijos: Dmitri, María y Varvara. Se sabe que engendró más hijos bastardos con otras mujeres. En 1901, se marchó de su región natal y se hizo peregrino. Estuvo dos años viajando por tierras eslavas, Grecia y Tierra Santa. Aprendió mucho de historia, esoterismo, teosofía, viejas religiones y tradiciones. En 1903 regresó a Rusia. Deambulaba por las calles de San Petersburgo siendo considerado como un adivino popular y empezó a albergar el objetivo de relacionarse con los zares.


Rasputín no sólo se ganó el favor de la familia real, sino que también buena parte de la aristocracia se rindió a él. Esto se debió sobre todo a su carisma personal. Era un hombre muy alto, de hábil y elocuente poder oratorio, personalidad abrumadora, de aspecto un tanto tosco, grosero a veces, violento. Amaba y odiaba efusivamente. Era un actor soberbio y convincente, se sabía poseedor de estas habilidades y las usó inteligentemente en su provecho. Tenía una mirada fija y penetrante (era de pelo castaño pero de ojos azules muy claros); poseía un gran atractivo para las mujeres basado, además de en su físico y en su intuición, en su conocimiento de las Escrituras y en una tradición religiosa rusa que imponía prácticas orgiásticas como el camino para llegar a Dios.


Gracias a una amiga de la zarina Alejandra llamada Anna Výrubova, en 1905 fue llamado al palacio de los zares para atender una hemorragia de su hijo único, el zarevich Alexis Nikolaevich, quien padecía de hemofilia. El niño mejoró inexplicablemente y la familia Romanov, especialmente la zarina Alejandra, cayó bajo la influencia de este personaje, a quien muchos llamaban “El Monje Loco”. Sin embargo, fue muy atacado por cortesanos y nobles que se sintieron amenazados en sus intereses y propagaron rumores que sirvieron de alimento para los revolucionarios enemigos del régimen zarista. El zar sólo lo toleraba en la medida que la zarina lo aceptara, aunque no había decisión del zar que no pasara por la supervisión de Rasputín. Durante la Primera Guerra Mundial fue acusado de ser un espía alemán y de influir políticamente en la zarina, que era de ascendencia alemana, en sus nombramientos ministeriales cuando el zar estuvo ausente por la guerra. Este hecho fue desastroso para la permanencia del régimen zarista.


Considerado amigo íntimo del zarévich Alexéi y su “médico personal”, ya que este le proporcionaba una especie de hipnosis curativa y le ofrecía la seguridad que su sobreprotectora madre no podía ofrecerle, el futuro de la dinastía Romanov estaba en sus manos. Si él no salvaba de la muerte al hemofílico zarévich, la especulación sobre el heredero al trono quedaba abierta. Gracias a esas aparentemente milagrosas curaciones, la zarina Alexandra confió ciegamente en el curandero, ya que las pruebas de sanación que le producía a su hijo eran inexplicables. Confió también en los vaticinios del monje sobre los destinos de la santa Rusia, a la cual veía Rasputín en sus visiones “envuelta en una nube negra e inmersa en un profundo y doloroso mar de lágrimas”.


Para esa época, ya había fuertes rumores de que era una persona licenciosa y de que se le había visto numerosas veces borracho y en compañía de prostitutas. Sus relaciones con sus discípulos y sus visitas de alcoba, en su mayoría mujeres de la alta sociedad rusa, también eran polémicas. Una de sus máximas era: “Se deben cometer los pecados más atroces, porque Dios sentirá un mayor agrado al perdonar a los grandes pecadores”.






Ya sea desde los banquetes espectaculares que terminaban en grandes orgías o desde la toma de decisiones de gobierno, todos sus actos eran revestidos de un halo místico que cerraba cualquier oposición. Existían sectores de la aristocracia cuyo mayor deseo era la desaparición de Rasputín.


Félix Félixovich Yusúpov, conde de Sumarókov-Elston, nació en San Petersburgo el 11 de marzo de 1887. Fue un noble ruso, miembro de la Familia Imperial por matrimonio. Hijo del conde Félix Félixovich Sumarókov-Elston, gobernador de Moscú y de la princesa Zinaída Nikoláievna Yusúpova (que pertenecía a la familia Yusúpov, descendientes de Ali), una de las mujeres más ricas del mundo.



Félix Yusúpov

La muerte de su hermano mayor Nicolás en un duelo, lo convirtió en potencial heredero de un enorme patrimonio que constaba de dinero, propiedades, joyas, objetos de arte y otros bienes. Durante su juventud llevó una vida disipada, alternada con períodos de misticismo.



El joven Yusúpov

De 1909 a 1912 estudió en la Universidad de Oxford, en donde fue miembro del Bullingdon Club y estableció la Sociedad Rusa de Oxford. En 1914 contrajo nupcias con la princesa Irina Alexándrovna Romanova, sobrina del Zar Nicolás II, con la que tuvo una hija, Irina Félixovna Yusúpova. El príncipe además amaba a los perros y tuvo varios a lo largo de su vida.



Yusúpov con sus diferentes mascotas



Durante su luna de miel estalló la Primera Guerra Mundial y los príncipes fueron detenidos en Berlín, por lo que Irina tuvo que pedirle a su prima, la princesa Cecilia de Prusia, que intercediera por ellos ante su suegro, el káiser Guillermo II de Alemania. El emperador negó la petición. Ante esto, el padre de Félix apeló al embajador español en Alemania y consiguió que los príncipes volvieran a Rusia a través de Dinamarca y Finlandia.



Yusúpov con su esposa



A su regresó a Rusia, Félix convirtió una de las alas del Palacio Moika en un hospital para heridos de guerra. Sin embargo, a pesar de sus preocupaciones, evitó entrar al servicio militar aprovechando la ley que eximía servir a los hijos únicos. A pesar de su bien avenido matrimonio con la princesa Irina, Yusúpov era homosexual. Se acercó a Rasputín con la esperanza de que este “lo curara de su enfermedad”, pero el monje intentó seducirlo.



Yusúpov con su esposa e hija

Ofendido por la actitud del monje e influido por el diputado de la Duma, Vladímir Purishkévich, que temía los peligros que la influencia del monje tenía en el gobierno de Nicolás II (se rumoraba la posibilidad de una paz por separado con Alemania), se decidió a planear el asesinato en su palacio. A pesar de lo fácil que se pensaba en un principio la ejecución del plan, se tornó mucho más complicado de lo previsto.


El segundo conspirador era Dimitri Romanov, Gran Duque de Rusia y primo del Zar. Fue el segundo cabecilla del plan para eliminar al monje. Estaba convencido del peligro que representaba el místico en la corte rusa de la cual formaba parte.



Dimitri Romanov

Por su parte, Vladímir Purishkévich era un importante político. Animó a Yusúpov a participar en el asesinato gracias a un encendido discurso sobre la temible influencia de Rasputín en el zar.



Vladímir Purishkévich

Otros colaboradores fueron un oficial llamado Iván Sujotin y el médico del ejército, Lazavert. El Servicio Secreto Británico también se implicó en el homicidio.






Un agente llamado John Scale ordenó a otro llamado Oswald Rayner que participara directamente en el asesinato. No se sabe bien cuál fue la participación concreta de los agentes ingleses en el crimen. Yusúpov acordó con los demás conspiradores que Rasputín sería asesinado. Decidieron matarlo en el palacio de Yusúpov, el palacio Moika en Petrogrado.


El monje presintió su destino. Poco antes de la celada, Rasputín le escribió a la zarina diciéndole que esperaba una muerte violenta, probablemente por parte de la nobleza. Anunciaba que si un miembro de la familia real estaba implicado en el crimen, sería fatal para los Romanov. Y aseguraba que si él moría, los zares harían lo mismo en dos años. El hecho de que Rasputín esperase su asesinato por parte de las personas más importantes del país, hacía imprescindible un buen argumento para que acudiese al palacio de Yusúpov sin sospechar.



El Palacio Moika

La princesa Irina era muy codiciada por Rasputín. Este no la conocía en persona, pero sabía de su belleza y de sus amplias riquezas. Conocedor de los sentimientos del místico hacia su mujer, Yusúpov le hizo creer a Rasputín que la princesa se hallaba con él, dispuesta a conocer al monje. Irina no estaba en el Palacio Moika el día del asesinato; ni siquiera estaba en Rusia.


Yusúpov invitó a Rasputín a una fiesta en su mansión para que conociese a Irina. Este aceptó sin pensarlo y el 29 de diciembre de 1916 fue al lugar, donde ya estaban reunidos los conspiradores. Yusúpov hizo un enorme banquete con pastas y vino tinto en los sótanos del palacio. Pero las pastas habían sido rociadas con cianuro, en una dosis que podría matar a diez hombres. Desde su llegada, Rasputín no cesaba de preguntar por Irina, recibiendo por respuesta de parte de Yusúpov que su esposa estaba retocándose. El conspirador le ofreció varias copas de vino también envenenado al místico, para luego servirle la pasta emponzoñada. Rasputín experimentó un leve mareo, pero luego siguió comiendo sin inmutarse. Comentó respecto a todos los intentos de asesinato que había sufrido y a los que había conseguido sobrevivir. Yusúpov le sirvió además unos dulces envenenados, que el monje devoró con fruición.



La habitación del crimen

Un rato después, bastante achispado por el alcohol y en vez de encontrarse en agonía, Rasputín tomó una guitarra y comenzó a tocarla, cantando además varios temas del folclore ruso. Yusúpov tuvo que estar una hora haciendo lo mismo que él para disimular. Al final, el conspirador dijo que subiría para "hablar con Irina". Lo hizo, aunque en realidad terminó conversando con Purishkévich, que estaba en el piso de arriba. Yusúpov estaba completamente desesperado al ver que el monje permanecía tan campante después de beber tanto veneno y pensó en abortar el plan. Comenzaba a creer que Rasputín era inmortal, como decían las habladurías. Pero Purishkévich lo animó para que le disparase con su pistola por la espalda, sabiendo que no habría otra oportunidad.



El asesinato

Yusúpov bajó al sótano con su pistola Browning y, sin previo aviso, le disparó varias veces a Rasputín mientras este admiraba un crucifijo de plata que estaba colgado de una pared. Rasputín cayó al piso y Yusúpov se tranquilizó: supuso que por fin, el monje estaba muerto. Al oír las detonaciones, Purichkevich, el doctor Sukhotin y el conde Dimitri Romanov corrieron escaleras abajo. En el caos de la marcha chocaron con el príncipe, que no salía de su desesperación y torpemente dejaron sin luz el sótano. Una vez restablecido el orden, vieron al hombre y lo examinaron para corroborar su muerte. La bala le había atravesado el corazón.


Yusúpov y los demás conspiradores subieron para tomarse un trago, fumar un cigarrillo y deliberar sobre qué hacer a continuación. Decidieron llevar el cadáver a casa del monje, para aparentar que el asesinato había ocurrido allí. Yusúpov bajó de nuevo para examinar el cadáver, pero en ese momento Rasputín se levantó del piso y lo agarró del hombro fuertemente, maldiciéndolo y gritándole a Purishkévich. El príncipe asesino soltó un aullido de terror. Rasputín se levantó del piso, mientras Purishkévich esperaba, con su arma cargada, a que el monje saliera corriendo por la puerta del sótano para acribillarlo otra vez. Pero el místico se escapó por otra puerta que daba al patio y corrió por la nieve para salvar su vida. Purishkévich se dio cuenta, lo persiguió y le disparó tres veces. Dos de los disparos fallaron, pero un tercero le dio en el hombro, haciendo que se girara y cayera. Purishkévich se acercó y lo remató con un tiro en la cabeza.


Los asesinos le dieron una paliza al cuerpo, antes de trasladarlo al palacio. Lo tuvieron allí, observándolo hasta las 05:00 horas. Convencidos de que estaba muerto, decidieron tirarlo a un agujero del helado río Neva, situado al lado del palacio, desde el puente Petovsky. Pero, desconfiados, amarraron los pies y manos de Rasputín, lo envolvieron en una alfombra y la ataron también. Así lo lanzaron al río.


Pero el monje no estaba muerto. Como se comprobaría después, despertó bajo el agua y pudo desatar sus manos; casi consiguió liberarse de la alfombra, pero en ese momento sus fuerzas lo abandonaron y terminó ahogándose en las aguas heladas del río. Su cadáver apareció días después.



El cadáver de Rasputín








En San Petersburgo se produjo un gran revuelo por la muerte de Rasputín. Hubo muchas diferencias de opinión respecto al asesinato del místico. El príncipe Félix Yusúpov fue desterrado por órdenes de la zarina y pudo volver a Rusia hasta un año después, durante la Revolución Rusa. Dimitri Romanov también fue desterrado, primero a la frontera de Persia y luego a Europa Occidental, por la ya mencionada persecución contra su familia. Purishkévich tuvo suerte y no fue desterrado. Se opuso firmemente a los soviéticos tras la revolución y fue condenado a once meses de trabajos forzados.



Titular sobre el asesinato de Rasputín

Cuando se produjo el asesinato del zar, los Yusúpov regresaron al Palacio Moika antes de partir a Crimea. Sin embargo, tiempo después volvieron para recuperar un millón de dólares en joyas y dos pinturas de Rembrandt, lo único que conservaron de su inmensa fortuna y que los ayudó a subsistir en el exilio. La victoria de los bolcheviques y la persecución contra los Romanov los hicieron volver a exiliarse. Al llegar a Crimea, la familia abordó el buque de guerra británico HMS Marlborough, que tomaron de Yalta a Malta. De Malta partieron a Italia (en donde Félix tuvo que sobornar con diamantes a un funcionario para conseguir los pasaportes) y luego a París. Se establecieron un tiempo en Londres, pero luego regresaron a Francia, donde compraron una casa en Boulogne-sur-Seine. En París su generosidad para con los exiliados rusos se hizo legendaria. Yusúpov se convirtió en escritor. Uno de sus libros se tituló El fin de Rasputín, donde cuenta su versión de los hechos; también escribió una autobiografía publicada en 1953, titulada Esplendor perdido.



Yusúpov tras el crimen



En 1934, Yusúpov y su esposa obtuvieron 25.000 £ por daños y perjuicios después de ganar una contienda a la productora de cine Metro-Goldwyn-Mayer ante las cortes británicas, por invasión a la privacidad y difamación. La demanda fue por la película Rasputín y la zarina, de 1932. Años después, en 1965, Yusúpov demandó a la Columbia Broadcasting System ante las cortes de Nueva York por una razón similar, pero perdió la contienda.



Yusúpov en el exilio


Después de que, en 1953, Yusúpov publicara sus memorias (en las que detallaba la muerte de Rasputín), fue demandado por $800,000 junto al gran duque Dimitri Pávlovich por la hija de Rasputín, María, ante un tribunal de París. Ella acusó a los príncipes de asesinos, pero el tribunal francés desestimó su demanda aduciendo que no tenía jurisdicción sobre un asesinato político que tuvo lugar en Rusia.



María, la hija de Rasputín

Félix Yusúpov murió en París el 27 de julio de 1967, a los ochenta años de edad y fue enterrado en el cementerio ruso de Sainte-Geneviève-des-Bois.



El cadáver de Félix Yusúpov

Tras su asesinato y debido a su fama sexual, muchas personas comenzaron a intentar hacerse con el pene de Rasputín, el cual, según algunos testimonios, era muy grande. Sobre el miembro viril de Rasputín circularon las más variadas y disparatas fábulas. Se dijo que una chica que llegó a acostarse con el monje, pudo cortarle el pene después de la autopsia y quedárselo como recuerdo para sacarle partido. Otros afirmaron que Rasputín había sido castrado por sus asesinos y que una criada encontró el miembro y lo robó. En la década que siguió a la muerte de Rasputín, el supuesto pene del monje deambuló por Europa. En 1920 apareció en París, donde un grupo de rusos expatriados adoraron la extraña reliquia, pensando que les daría fertilidad. La hija del monje expresó su desaprobación por aquellas idas y venidas, y exigió la devolución del supuesto miembro viril de su padre. En 1977 un tal Dr. Ripple colaboró con María Rasputín en una hagiografía sobre su progenitor y consiguió comprar el pene, envasado dentro de un frasco de formol. En 1994, Michael Agustín de California compró la reliquia al Dr. Ripple y la vendió a su vez a la casa de subastas de Bonham. Se rumoró entonces que el pene era en realidad un pepino de mar desecado.



El supuesto pene de Rasputín


El médico ruso Igor Knyazkin, el jefe del Centro de Estudios sobre la Próstata de la Academia Rusa de las Ciencias, abrió en 2004 el primer Museo Nacional de Arte Erótico en su clínica de salud sexual, para mostrar una exposición de unos 15.000 artículos, acumulados durante su vida como coleccionista de objetos sexuales. La exposición permanente está abierta al público, que puede admirar una impresionante colección de falos de cerámica y de imágenes libertinas, algunas de las cuales datan del siglo XIX. El objeto estrella de la exposición es el pene que supuestamente perteneció al monje y que algunos más aseguran en realidad es el miembro viril de un caballo, comprado en $8,000 dólares.


Como Rasputín predijo en su carta final a la zarina, el zarismo cayó dos años después de su asesinato, con la revolución bolchevique. La figura del monje inspiró novelas, ensayos, películas, canciones, obras de teatro e inclusive una ópera. También aparece como villano en una versión de Disney dentro de la cinta Anastasia.


Se sugiere leer a continuación la entrada Yákov Yurovsky: el asesinato de los Romanov, en este mismo website.



VIDEOGRAFÍA:

El asesinato de Rasputín en Biografía
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El asesinato de Rasputín en Expediente Misterio
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El asesinato de Rasputín en Pasajes del Terror
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Rasputin (trailer)
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Anastasia (trailer)
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"Rasputin" - Boney M
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"Rasputin" - Turisas
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BIBLIOGRAFÍA:
















FILMOGRAFÍA:



















OTROS MEDIOS:


11 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Hola Escrito! Interesante artículo, pero una corrección: la película animada Anastasia no es de Disney, es de Fox.

halford dijo...

T R E M E N D O !!!!

mimi lopez dijo...

Fabuloso,felicidades Escrito!!!

Anónimo dijo...

Un hombre mítico!!! Gracias Escrito!! ♥

Anónimo dijo...

Hola escrito. Lei en la secundaria la historia de rasputin y me impacto, sobre todo que no se distinguiera bien lo real de lo mitico

Anónimo dijo...

Gracias por los aporte! Como siempre me encanta su blog !!! Son los mejores !!! <3

Lucerit0 dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Lucerit0 dijo...

Qué grosso leer sobre Rasputín. Soy una enamorada de la época victoriana, por ende de toda la familia real de Victoria, y una de sus nietas preferidas fue Alejandra, o Alix para su familia. De esta rama de la familia, más específicamente de la Reina Victoria, provenía la hemofilia. Nicolás se enamoró de Alix, y aún en contra de lo que decían los demás debido a esta enfermedad, se casó con ella. Como sabemos, Alexei era hemofílico, por herencia materna. Lo que es el destino, no? Lamentablemente esta familia fue asesinada, pero aún quedan descendientes de Victoria, como Juan Carlos de Borbón, Rey de España, bisnieto de la primera.

Ampersand dijo...

Como siempre ECS, excelente reseña acerca de uno de los más oscuros personajes que el mundo haya conocido. Junto con Calígula y el Marqués de Sade, el verdadero alcance de sus depravaciones, moralmente hablando, tiene tintes de legendario.

Siempre es sabido que los asesores de cualquier personaje que detente poder, alcanzan niveles de influencia, riqueza y poder que ni siquiera a las personas a quienes asesoran le es posible tener. Lo que en Rusia acontece siempre es tema de discusión, pero en los más oscuros pasajes de su historia, Grigori Yefimovich Rasputin tiene un lugar de honor, y conocer las circunstancias de su asesinato es sorprendente, sobre todo al enterarse que si era duro de matar .... Saludos !!!!

Anónimo dijo...

Entretenido y como siempre buen trabajo.-
Jorge Viola desde Córdoba Arg.

Anónimo dijo...

Excelente.
Rochi