Ray y Faye Copeland: "Los Granjeros Asesinos"



“Apenas el alba comienza a aclarar,
la tierra mojada me voy a labrar…”

Julia A. Crespo


Ray Copeland nació el 30 de diciembre de 1914, en Harrison, Arknsas (Estados Unidos). Ese año estalló en Europa la Primera Guerra Mundial. Sus padres, Jess y Laney Copeland, se mudaban con frecuencia aunque al final se establecieron en Ozark Hills, Arkansas. En ese momento, la madre de Ray había dado a luz a una hija y a otro hijo.



Ray Copeland


La Gran Depresión tras el crack bursátil de 1929, llevó a la ruina y la miseria a miles de familias estadounidenses. Para sobrevivir, cada miembro tenía que contribuir a la raquítica economía familiar. Ray Copeland no fue la excepción y durante el cuarto grado de escuela, abandonó los estudios para ayudar en la pequeña granja familiar. Se sabe muy poco acerca de los años de adolescencia de Copeland, pero los amigos de la familia lo describirían como “un chico terco y desobediente”.



La carrera delictiva de Copeland comenzó a la edad de veinte años, cuando se robó dos cerdos propiedad de su padre y los vendió en otra ciudad. Este lo descubrió más tarde, pero no hizo una acusación formal. Durante los años siguientes, Ray Copeland continuó cometiendo pequeños robos. La mayoría de sus actividades ilegales giraban en torno al abigeato (robo de ganado), pero luego empezó a cometer delitos más graves. En 1936, fue detenido en Harrison, Arkansas acusado de falsificar cheques del gobierno. Más tarde fue condenado a un año en la cárcel del condado. Después de cumplir su sentencia, Ray Copeland volvió a la granja de sus padres. No existe registro público de sus actividades durante los siguientes tres años, de modo que se presume que logró mantenerse alejado de los problemas durante ese tiempo, o que fue más cuidadoso a la hora de delinquir.



Della Faye Wilson nació el 4 de agosto de 1921 en Harrison, Arkansas (Estados Unidos). Durante la primavera de 1940, las cosas comenzaron a mejorar para Ray Copeland. En una visita de rutina a un consultorio médico conoció a la joven Faye. La chica rubia de diecinueve años de edad, era la hija de Rufus y Gladys Wilson, una pareja que se distinguía por trabajar duramente.



Faye Wilson


Los padres de Faye tenían muy poco dinero, pero lograron alimentar a siete hijos pese a vivir hacinados en una cabaña con piso de tierra. Ray y Faye rápidamente congeniaron y menos de seis meses después se casaron. Al año de su boda, la pareja tuvo un hijo, a quien llamaron Everett. Dos años más tarde, Faye dio a luz a otro niño, Billy Ray.



En 1944, Ray Copeland decidió trasladar a su familia al condado de Fresno, California. Al año siguiente, su única hija, Betty Lou, había nacido. Dos años más tarde, en 1947, tuvieron un cuarto hijo, Al Copeland.



Al Copeland cuando era niño


En 1949, Faye dio a luz a su quinto hijo, William Wayne. Ese mismo año, Ray fue acusado de robar los caballos de una granja local. No se presentaron cargos, pero la reputación de los Copeland fue severamente dañada. Debido a la sospecha de robo de caballos, Ray no pudo encontrar un trabajo estable, por lo que finalmente se mudó con su familia a Arkansas.



Ray y Faye Copeland


Los Copeland llevaban menos de un mes viviendo en Arkansas cuando Ray fue arrestado por abigeato. Acusado de robo de ganado a gran escala, fue declarado culpable y condenado a un año de cárcel. A su salida de prisión, se mudó con su familia a Rocky Comfort, Missouri. El cambio de escenario no ayudó y en 1951, Ray fue arrestado de nuevo por abigeo. Fue condenado a trabajos forzados en la granja de los jueces.



En 1953, Ray se trasladó con su familia a Illinois. Durante los siguientes ocho años, los Copeland se trasladaron de ciudad en ciudad y Ray fue arrestado al menos en tres ocasiones por extender cheques sin fondos. Multas y penas de cárcel hicieron poco para disuadir a Ray, y continuó incursionando en actividades ilegales. En 1961, Ray pagó por veinte cabezas de ganado con un cheque por $2,960.00 dólares. El vendedor no tardó en descubrir que el cheque no tenía fondos, y Ray fue arrestado y condenado a nueve meses de prisión. Inmediatamente después de su liberación, Ray giró otro cheque sin fondos en la compra de diecinueve cabezas de ganado. Fue nuevamente arrestado y condenado a nueve meses en la cárcel.



Ray Copeland tras una de sus múltiples detenciones


Después de su último período carcelario, Ray finalmente llegó a la conclusión de que algo tenía que cambiar. Había pasado más tiempo como prisionero que como un hombre libre. Pero en lugar de modificar su conducta delictiva, decidió que tenía que cambiar sus métodos. Durante el verano de 1966, Ray decidió que era hora de mudarse una vez más, y llevó a su familia a Missouri. Al año siguiente, el clan Copeland compraba una pequeña granja con cuarenta acres de tierra.



La granja Copeland




Pagaron $6,000.00 dólares por su nuevo hogar, que se ubicaba en Mooresville, Missouri. Tenían una necesidad desesperada de dinero, así que Faye pronto tomó un trabajo en una fábrica de guantes. En el transcurso de los siguientes años, muchos de los vecinos empezaron a detestarlos. Veían a Ray como a un viejo tacaño y sospechaban que golpeaba a su esposa e hijos. De hecho, utilizaba una cadena para golpearlos y en ocasiones los sujetaba con grilletes. A su hijo Al lo golpeó con tanta fuerza, que le causó una lesión en la espalda que le duraría toda su vida.



Los grilletes usados por Copeland


Pese a su personalidad antisocial, Ray tenía muy buen ojo para el ganado y sabía mucho sobre el tema. Su único problema es que no tenía dinero. Ya en la década de los setenta, Ray comenzó a pensar los detalles de su nuevo plan. Sabía que no podía seguir girando cheques sin fondos. Nunca se había salido con la suya en el pasado y lo último que quería era ser enviado a la cárcel. Su historial de arrestos era lo suficientemente largo y otra detención podría costarle un período considerable en prisión. Sabía que no podía arriesgarse a hacerlo de nuevo, y se preguntó si podría convencer a alguien de que lo hiciera por él. Alguien que nadie conociera y que pudiera desaparecer sin despertar ninguna sospecha. El plan necesitaba pensarse, pero estaba seguro de haber tropezado con algo factible.






La familia Copeland


Una noche, según declaraciones posteriores, Ray se despertó con una idea. Convertiría en sus cómplices a aquellos que no podrían negarse: los vagabundos que continuamente deambulaban por calles, carreteras y granjas. No fue difícil convencerlos: a cambio de una comida caliente, un baño, ropa limpia, un sitio para dormir y un par de dólares, accedían a ayudarlo. Ray Copeland comenzó a aparecer en las subastas de ganado, acompañado de los vagabundos. Cada quien llegaba por su lado. Los dos hombres se sentaban en los lados opuestos durante las pujas, y Ray hacía una señal cada vez que le interesaba adquirir una recua en particular.



Cuando llegaba el momento de realizar la compra, el vagabundo extendía un cheque del talonario de Ray, firmándolo con su nombre. El cheque rebotaba, pero para entonces Ray ya había vendido el ganado. Cuando la policía lo confrontaba, Ray afirmaba no tener conocimiento de la compra y proclamaba su inocencia, señalando que las firmas de los cheques no eran la suya, ni se habían escrito con su letra. Por lo tanto, no se podían presentar cargos contra él.



Faye Copeland




El engaño no era muy sofisticado, pero fue capaz de llevarlo a cabo docenas de veces. Ray utilizó siempre a un vagabundo diferente. Todos ellos se marchaban después de la venta. Ray Copeland sintió que había concebido el plan perfecto, pero no contaba con la determinación de la policía local para probar su participación en las estafas de ganado.





Los investigadores finalmente localizaron a uno de los vagabundos. El hombre, Gerald Perkins, fue amenazado hasta que accedió a cooperar con los detectives, y les proporcionó una descripción detallada de los sistemas de Ray. Copeland fue arrestado de inmediato y terminó sentenciado a dos años de cárcel por falsificación de cheques. Después de su salida de la cárcel, Ray logró mantenerse fuera de problemas durante varios años. Aún pensaba que su plan había sido un éxito, pero que requería de algunos ajustes menores.



Ray y Faye



A mediados de 1980, Ray Copeland había modificado su anterior esquema y decidió ponerlo en marcha. Seguiría usando a los vagabundos, pero no se girarían cheques de su cuenta. En cambio, consiguió un apartado postal de correos y abrió una cuenta a otro nombre. Los vagabundos giraban ahora cheques sin fondos no rastreables, compraban el ganado y Ray lo vendía. Los cheques conducían siempre a un nombre falso y a un apartado postal.



Para evitar que la policía encontrara a algún otro vagabundo, Ray Copeland decidió matarlos. Cada vez que cumplían su cometido y adquirían las cabezas de ganado, Copeland los invitaba a comer a la granja, donde los ejecutaba con un disparo en la parte posterior de la cabeza.



Después de matarlos, Ray Copeland los enterraba en sus tierras. Nadie pasaba por allí, así que el lugar era ideal para aquella labor. Se cree que a muchos los descuartizó para enterrar los cadáveres en sitios lejanos o arrojarlos al pozo ubicado en su propiedad.



El 20 de agosto de 1989, la línea directa del Nebraska Crime Stoppers, recibió una llamada de Jack McCormick, de cincuenta y siete años de edad. Recientemente había huido de Missouri, donde había sido testigo de varios acontecimientos que lo hicieron temer por su vida. Había trabajado en una granja perteneciente a una pareja de ancianos llamados Ray y Faye Copeland, que se utilizaba para cometer fraudes con la compra venta de ganado.



Jack McCormick



En un principio, McCormick no estaba al tanto de las actividades ilegales, pero intuyó lo que estaba pasando. Ray Copeland se dio cuenta de sus sospechas y trató de matarlo, motivo por el cual huyó. A medida que la conversación llegaba a su fin, McCormick mencionó que había visto algunos huesos humanos en la granja. Las autoridades de Nebraska, escépticos ante la historia, notificaron a los detectives de Missouri.



Ray Copeland tenía un largo historial de detenciones por falsificación y robo de ganado, de modo que en Missouri las autoridades tomaron el asunto muy en serio. Durante los siguientes meses, reunieron pruebas y declaraciones de McCormick, las cuáles fueron utilizadas para conseguir una orden de registro.



El arma


En la mañana del 9 de octubre de 1989, el sheriff Leland Odell, junto con cuarenta oficiales de policía, varias excavadoras y equipos de sabuesos, se presentaron en la Granja Copeland. Con un área tan grande para cubrir, Odell necesitaba toda la ayuda posible. Después de pasar una semana recorriendo la granja y las propiedades de los alrededores, los investigadores no habían encontrado ninguna evidencia para respaldar la historia de McCormick. Algunos comenzaban a preguntarse si no habían cometido un terrible error.






Las investigaciones en la granja






Sin embargo, el 17 de octubre, los investigadores finalmente descubrieron tres cadáveres, enterrados en tumbas separadas dentro de la granja. Posteriormente fueron identificados como Paul Jason Cowart, de Dardanelle, Arkansas; John W. Freeman, de Tulsa, Oklahoma; y Jimmie Dale Harvey, de Springfield, Missouri. Los tres habían muerto de un disparo en la parte posterior del cráneo.



Las víctimas: Paul Jason Cowart y John W. Freeman



La semana siguiente, los investigadores buscaron en el granero. Más de una docena de agentes pasaron varias horas revisando 2,000 pacas de heno, que se apilaban bajo el alto techo. Los investigadores descubrieron un nuevo cadáver, envuelto en plástico negro bajo el suelo del establo. La víctima también había sido asesinada con una sola bala en la parte posterior de la cabeza. Más tarde fue identificado como Wayne Warner, de edad indeterminada.



Las víctimas: Jimmy Dale Harvey y Wayne Warner



Durante un cateo en la casa, los investigadores confiscaron un rifle calibre .22. Las pruebas de balística revelaron que era el arma utilizada en los asesinatos. Los investigadores también descubrieron una lista manuscrita de los vagabundos, escrita por Faye Copeland. Doce de los nombres habían sido tachados con una “X”. Cinco de esos hombres aparecieron muertos, y los investigadores sospecharon que los demás, también desaparecidos, habían sido asesinados. Además, la policía encontró una colcha, que Faye fabricó con la ropa de los hombres asesinados, y que el matrimonio utilizaba en su cama.



La lista de Faye


Cerca del final de las pesquisas, los investigadores hicieron un descubrimiento final. Al revisar el viejo pozo, cerca de donde fue encontrado el cuerpo de Wayne Warner, descubrieron el cadáver de otro hombre. Fue identificado como Dennis Murphy. Al igual que los demás, su muerte se produjo por un disparo en la parte posterior de la cabeza.



Las víctimas: Dennis Murphy


El matrimonio fue arrestado de inmediato. Los fiscales se apresuraron a ofrecer a Faye Copeland un acuerdo: si declaraba contra su esposo y ayudaba a los investigadores a encontrar los demás cadáveres, sólo la acusarían de conspiración para cometer asesinato y pasaría unos pocos meses en la cárcel. Pero Faye afirmó no tener ningún conocimiento de los asesinatos. Dada su negativa a aceptar el trato, Ray y Faye Copeland fueron acusados de cinco cargos de asesinato en primer grado.



El arresto de Ray Copeland




Los fiscales no quería correr ningún riesgo y Ray Copeland fue enviado a un hospital psiquiátrico para su evaluación. Lo último que querían era un alegato de la defensa, basado en la demencia. Por su parte, la Oficina de Defensores Públicos sabía que sería difícil defender a la pareja, por lo que solicitó una moción para que los casos fueran juzgados por separado. Nadie sabía con certeza la dirección que el juicio tendría, pero todo el mundo sabía que Faye tendría una mejor oportunidad si iba por su cuenta.



El arresto de Faye Copeland



La acusación quería demostrar que los asesinos recibirían un castigo ejemplar, así que en vez de pedir prisión perpetua, solicitaron la pena de muerte en ambos casos. El 1 de noviembre de 1990, Faye Copeland, de sesenta y nueve años de edad, fue a juicio. La defensa de Faye alegó que había sido su esposo quien había cometido los asesinatos sin su conocimiento. Aseguraban que ella era a la vez una espectadora y una víctima del Síndrome de la Mujer Maltratada, dado que Ray Copeland la había golpeado y sobajado durante décadas. Como prueba de su culpabilidad, la Fiscalía presentó la lista escrita por la anciana, así como el edredón descubierto durante la búsqueda en la granja.




El jurado no lo pensó mucho, sobre todo al saber que Faye no había querido testificar contra su esposo, ni ayudar a la policía. La declararon culpable de los cinco cargos de asesinato en primer grado. La juez la condenó a muerte por inyección letal por cuatro de los cargos, y a cadena perpetua sin libertad condicional por el quinto. Al escuchar la sentencia, la anciana Faye Copeland lloró desconsoladamente.



Faye Copeland tras la sentencia


La mañana después del veredicto de Fayes, un sheriff involucrado en el caso transportó a Ray Copeland al hospital de Kansas City para otro examen mental. Durante el viaje, el sheriff comenzó a conversar con Ray sobre el juicio de su esposa Faye. Le preguntó si se había enterado del veredicto y Ray Copeland respondió que no. “Bueno, la encontraron culpable y la ejecutarán, Ray”, contestó el sheriff. Al escuchar aquello, Ray Copeland se encogió de hombros y respondió: “Bueno, ya sabe, esas cosas le pasan a algunos”. Ray nunca volvió a mencionar a Faye en toda su vida.



Ray Copeland durante los interrogatorios



El 7 de marzo de 1991, Ray Copeland, de setenta y seis años, fue a juicio. Después de semanas de declaraciones y la admisión de las pruebas de balística, el jurado lo halló culpable de los cinco cargos de asesinato en primer grado.



Ray Copeland durante el juicio




Fue condenado a muerte por inyección letal. Al escuchar el veredicto, Ray simplemente murmuró: “lo acepto”. En ese momento, Ray y Faye Copeland se convirtieron en la pareja más anciana, condenada a muerte en Estados Unidos.






Las pruebas


En 1993, mientras esperaba su ejecución en el corredor de la muerte del Centro Correccional de Potosí, Ray Copeland murió a los setenta y ocho años de edad, de un paro cardiorrespiratorio. Hasta ese día, los investigadores aseguraban que Ray había sido el responsable de otros asesinatos, que aún no se habían descubierto.



El Centro Correccional de Potosí


El 6 de agosto de 1999, el Juez de Distrito Ortrie Smith revocó la sentencia de muerte para Faye Copeland. El abogado de la anciana declaró ante el periódico Tribune de Columbia: “Las pruebas contra Faye Copeland eran muy pobres y no la vinculaban directamente con las muertes. El jurado que la condenó no aceptó la evidencia de que padece el Síndrome de la Mujer Maltratada. Faye trabaja en el invernadero en la prisión todos los días. Ella no le haría daño a una mosca. Se le puede pedir al guardia que abra la puerta y ella no representa un peligro para nadie”.



La Policía de Livingston



A pesar de que la pena de muerte ya no era un problema, el juez le ordenó permanecer en prisión por el resto de su vida. Varios grupos de mujeres activistas comenzaron a protestar por el encarcelamiento de Faye Copeland, alegando que había sufrido lo suficiente y que no representaba una amenaza para la sociedad. Sin embargo, sus peticiones de conmutar la sentencia no fueron escuchadas.



Dos semanas después de su condena, Faye Copeland dio una rara entrevista a Lee Kavanaugh del periódico Daily Star de Kansas City: "No podía tener flores en casa. Mientras estuve con él, trabajar con el ganado o con el tractor estaba bien. Sin embargo, las flores no, a él no le gustaban. No como ellos (sic). Me criaron para el amor y el apoyo de mi esposo, sin importar nada más. El hombre es el jefe de la familia. La Biblia dice que debe ser así.



“No serviría de nada decir, si Ray significa algo para mí o no. Sí, arruinó mi vida, pero eso no quiere decir que yo no fuera una buena esposa. Aunque yo nunca signifiqué algo para él. Tal vez tendríamos que habernos llevado mejor. Muchas veces él me decía que yo era una mierda. He pensado muchas veces que tal vez todo esto fue lo mejor. ¿Qué hice mal, si me iba mal? Durante mucho tiempo, no salí de mi casa en absoluto. Pero esa fue mi vida por muchos, muchos años. Yo no sabía nada más. ¿Voy a salir de la cárcel? Puedo ir con los pies por delante, pero voy a salir de aquí. Algún día”.



En noviembre de 2000, el Procurador General Jay Nixon pidió al juez Smiths y a la Corte de Apelaciones del Octavo Circuito, el restablecer la pena de muerte para Faye Copeland. Sin embargo, el Tribunal Federal de Apelaciones rechazó la solicitud. Faye se había mantenido en calma durante la mayor parte de las actuaciones, pero cuando se le preguntó si tenía algo que decir, se levantó diciendo: “Creo que he pagado ya por lo que hice o lo que sabía. Dios me perdonará por cualquier cosa que haya dicho o hecho”.



Posteriormente, el hijo de Faye y Ray, Al Copeland, habló brevemente con la Associated Press y dijo que había estado presionando para conseguir la liberación de su madre desde que fue encarcelada. “De ninguna manera en el mundo, mi mamá podría haber hecho lo que dicen que hizo", afirmó. “Mi padre sí era culpable. No tengo dudas de eso”.



Al Copeland


Al mes siguiente, Tom y Jeanette Block, fundadores del grupo “Ciudadanos del Estado de Missouri contra la Pena de Muerte”, comenzaron a luchar para liberar a Faye de la prisión. Buscaron la ayuda de la opinión pública y pidieron que la gente enviara cartas de apoyo a Faye: “Si bien estamos agradecidos de que Faye está fuera del peligro de ejecución, estamos decepcionados de que permanecerá en prisión por el resto de su vida. Tenemos una solicitud de clemencia ante el gobernador en espera, pidiendo que se conmute la condena a tiempo cumplido. Cualquier persona interesada en ayudar puede escribirle, e instamos al Gobernador a conceder nuestra petición. Gracias por su apoyo”.



Faye poco antes de morir


El 10 de agosto de 2002, Faye Copeland sufrió un derrame cerebral que la dejó parcialmente paralizada y duró semanas sin poder hablar. Después, fue dejada en libertad condicional e internada en un hogar de ancianos en su ciudad natal. Al año siguiente, el 30 de diciembre de 2003, Faye Copeland murió a los ochenta y dos años de edad por causas naturales. Dejó atrás cinco hijos, diecisiete nietos y veinticinco bisnietos. La opinión pública siempre estuvo dividida entre la convicción de que Faye era una víctima de las circunstancias, y la sospecha de que la anciana sí colaboró en los crímenes. La historia de los llamados “Granjeros Asesinos” se plasmó en una serie de historietas, Huesos de familia (Family bones), escrito e ilustrado por el sobrino de Faye Copeland, Shawn Granger. En el comic, la anciana aparece también como una cruel asesina.





VIDEOGRAFÍA:

Ray y Faye Copeland en Parejas peligrosas
video



HEMEROGRAFÍA:

Family bones (selección)



BIBLIOGRAFÍA:










FILMOGRAFÍA:

16 comentarios:

Anónimo dijo...

primero...

Anónimo dijo...

Me alegra el apoyo que tuvo Faye para salir de la cárcel y no ser ejecutada. Pero me llena de impotencia que creyera en la religión al punto de aceptar ser maltratada durante tantos años, eso sí es lamentable. OPIO OPIO.

Anónimo dijo...

está bien estructurado el caso.
me gustaría que abordaras el caso del asesino francés que asesinó a su familia y cuya vida fue llevada al cine en El Adversario.
y si de asesinos ancianos se trata, les recomiendo el caso de Paulino Vasquez, un viejo de 64 años que mató a sus vecinos en Lugo.

osrupy dijo...

excelente historia,

Anónimo dijo...

rectifico. el asesino se llamaba paulino fernandez vasquez.

Anónimo dijo...

wow! mui buena historia, aunke me parece un poco triste la parte de la señora porke de ke las hay sumisas las hay!! :/..talvez paresca un poco dificíl creer en su inocencia poes las creencias religiosas hoi en dia no se siguen al pie de la letra pero veo k en akel tiempo si y se justifica.(la actuación de la señora, mas no los asesinatos) :D

saludos desde mexicali!!! atte. Arline ♥_♦

Anónimo dijo...

Hola, buenas tardes, pues ahora me gusto mucho la historia, pero es verdad q da impotencia y hasta cierto coraje q haya mujeres asi, q creen ciegamente en lo q dicen sus esposos, pero la verdad aun en estos tiempos he conocido a un par de señoras asi, x lo q no me es dificil creer q hace mucho tiempo esto fuera mucho mas acentuado. En fin, excelente historia. Felicidades. Saludos desde S.L.P.

z0epy dijo...

HOLA DE NUEVO AQUI EXTRAÑANDO MUCHOS DE LOS COMENTARIOS COMO ANTES...

ESTE CASO EN PARTICULAR ES DIFICIL DE CREER, ES CIERTO QUE SE DECIA QUE MALTRATABAN A LA SRA. TAMBIEN ES CIERTO QUE ANTERIORMENTE LA MUJER ERA MUY SOMETIDA QUE NI LA FAMILIA LA AYUDARIA PERO DE QUE NO SUPIERA QUE HACIA SU MARIDO SI LOS MATABA Y ADEMAS TENIA LISTA DE ESTAR RECLUIDO Y SI SU HIJO MENOR LO RECUERDA YO CREO QUE TAMBIEN LA MADRE LO SABE, DE QUE PARTICIPARA PUES SOLO ELLOS SABEN. LO QUE ME CONMUEVE ES LO QUE DICE ELLA DE QUE NUNCA LA QUIZO SU ESPOSO ES REAL NUNCA LA AMO, QUE DESAFORTUNADA... Y CUANTAS INCOGNITAS SE QUEDARON... SOLO ELLOS SABEN...
SALUDOS A TODOS LOS FANATICOS DE ESTE WEBSITE SE LES EXTRAÑA

☺HALFORD
☺KARUNA
☺LAURA ALFARO
☺GALO NOMEZ

Anónimo dijo...

Pobre Faye! obviamente el silencio la hizo complice, por supuesto merecía la misma condena que su esposo.

Anónimo dijo...

exelente informacion yo conosco personas q todavia piensan q tienen q cargar con su cruz(su marido) la pareja de mi papa es una de ellas no entiendo aunq sea mi papa, xq la señora le aguanta tantas humillaciones, x un plato de comida (no señor)!!!! gracias a dios yo no conosco una mala palabra de mi esposo mucho menos un maltrato fisico:)

Xerxes dijo...

Jajaja, viejitos pícaros!!!

Anónimo dijo...

Hola oye me gustaría que hablaran del perfil psicológico de los asesinos para entender mejor que los llevo a cometer esas atrocidades por favor espero sea posible.

Anónimo dijo...

Excelente historia muy buena aunque me hubiera gustado q abarcaran un poco mas sobre sus hijos porq me imagino q hubo mucho maltrato por parte del papa logicamente con la pasividad d la mama. Y personalmente si creo q faye tenIa el sindrome d la mujer maltratada aunque eso no la desliga de ninguna manera d los asesinatos.

Ampersand dijo...

Pues si, la sumisión hacia su marido la volvió, en una terrible paradoja, víctima y cómplice, puesto que al principio hubo amor, pero al paso del tiempo, como todo, se terminó.

El Sr. Copeland creyó hallar una forma muy efectiva de salirse con la suya, pero como ejemplificas en el relato, si hubiera pesado sobre él alguna sospecha y no hubiera sido acusado como lo fué, sólo habría avanzado al siguiente nivel como ya era su costumbre, quizá contratando asesinos para liquidar a sus testaferros, o desapareciéndolos por completo, como lo hacía el Sr. Pozoles, empleado del capo tijuanense Teodoro García Simental.

es cierto, no sé si hayaalguien mayor en ser condenado a muerte en la actualidad, pero por el momento, son los de mayor edad .... Saludos !!!!

Anónimo dijo...

Alguien me puede decir q tiene de malo asesinar indigentes???

hector julio sanchez santa dijo...

Eres estupido (a)? La vida como tal es sagrada, independientemente de la categoría social de las personas y nada justifica que sea arrebatada. Justificaría usted que se aplicara la eugenesia, la eutanasia, los crímenes de odio o los crímenes por piedad en razón de la enfermedad, la pobreza o cualquier otro criterio?