Salvatore "Lucky" Luciano: "El Rey del Crimen"



“¿Usted tiene mujer e hijos, no? ¿A usted no le gustaría verlos flotando río abajo, verdad?”
Colaboradores de “Lucky” Luciano, durante una negociación con un político


Se sugiere leer primero la entrada Al Capone: Caracortada, en este mismo website.

Salvatore Lucania nació el 24 de noviembre de 1897 en el pueblo de Lercara Friddi, situado en las colinas de Palermo (Italia). Era un lugar pobre, donde los niños jugaban en calles sin pavimentar entre nubes de polvo gris y el olor de las cercanas minas de sulfuro. Antonio Lucania, el padre de Salvatore, trabajaba en esas minas. En esta época del cambio de siglo, muchos italianos y judíos de Europa del Este buscaban una vida mejor en Estados Unidos, huyendo de la pobreza. Antonio y Rosalie Lucania tuvieron cinco hijos, tres niños y dos niñas. El joven Salvatore era el tercero. La familia se embarcó en el vapor de Palermo a Nueva York en 1906, desembarcando en la Isla Ellis.



Inmigrantes en la Isla Ellis


Se instalaron en un edificio ruinoso del Lower East Side. Era un distrito repleto de italianos, judíos e irlandeses. El salario de Antonio no le permitía vivir mucho mejor que en Sicilia. La vida era dura y estaba dominada por las bandas callejeras. Desde el principio, Salvatore odió la escuela y a los “viejos profes” (nunca aprendió sus nombres), que le enseñaban un lenguaje difícil de entender. En la escuela, Lucania chantajeaba regularmente a los niños judíos, y se dice que uno de los que se negaron a pagar, a pesar de las intimidaciones, fue el pequeño, pero duro, Meyer Lansky. En la escuela también conoció a otro chico inmigrante, que se convirtió en su único amigo: su nombre era Al Capone.



Lower East Side


A los doce años ya robaba por las calles y hacía recados para criminales de mayor envergadura. Los cuatro meses que pasó internado como castigo no constituyeron ninguna mejora para él. A los catorce años, el joven Lucania le enseñaba a un amigo una pistola que acababa de adquirir, cuando accidentalmente se disparó y lo alcanzó. Fue la única herida de bala que sufrió en toda su vida. También fue la primera vez que probó el opio. Se lo suministraba un dentista corrupto del East River al que llamaban “El Doc”; poco después fue asesinado por un cliente al que había timado.



El East River


Antonio Lucania se dio cuenta en seguida de que su hijo iba por ahí con “gente que no era buena” y le pegaba con frecuencia. Tras una paliza sumamente severa, Salvatore decidió no volver a casa. Dormía en pisos vacíos y salas de billares. Alrededor de 1913, cuando contaba con dieciséis años, empezó a frecuentar los billares de Martinghetti, en la famosa zona Mulberry Bend del Lower East Side. Se convirtió en un muchacho atractivo de carácter oscuro, rebosante de agresividad. Pronto empezó a ser conocido entre los gangsters que controlaban Little Italy (“La Pequeña Italia”). El crimen por aquella época era aún cosa de poca monta. La banda italiana Cinco Puntos intentaba ganarle terreno a la rival judía de Monk Eastman, peleándose por controlar cada manzana de casas. Joe Masseria acababa de convertirse en el jefe de La Pequeña Italia, y quizá fuera el primero en reparar en las dotes de Luciano.



Joe Masseria


En esos primeros tiempos Luciano trabajaba como pistolero. Cometió más de veinte asesinatos antes de ascender al nivel en el que podía encargar los homicidios a otras personas. Su compañero Frank Costello recordaba lo agresivo que era y cómo una vez él mismo estuvo a punto de ser “pinchado” por Lucania. El joven Salvatore cultivó las amistades de la gente de la cual más tarde sería jefe, junto con él, en “Asesinatos, S.A.” (“Murder, Inc.”). Muchos procedían del Lower East Side.



Frank Costello


Salvatore Lucania eligió posteriormente a Lansky para ocupar el puesto de lugarteniente suyo, convirtiéndose en su hombre de confianza. La amistad entre los dos hombres duró hasta la muerte de Lucania. Meyer Lansky, quien se casó por partida doble, era un típico patriota estadounidense. Estaba muy orgulloso de que su hijo llegara a oficial en la Academia Militar de West Point, y apoyó con fervor la implicación estadounidense en la Guerra de Vietnam. Era un criminal multimillonario, pero supo pasar desapercibido con tanto éxito que prácticamente no tuvo problemas graves con la justicia, más que al final de su vida. Fue arrestado una vez por un delito menor y liberado enseguida.



Ficha de detención de Meyer Lansky


Benjamin “Bugsy” Siegel, el compañero guapo y fuerte de Lansky, pasó a ser otro aliado más de confianza. Poco después Lucania se alió con otros hombres que tendrían mucha importancia en su vida: Frank Costello, Joe Adonis y Vito Genovese.



Benjamin “Bugsy” Siegel


En junio de 1916 intentó vender una bolsita de heroína por cuenta de gangsters más veteranos y fue arestado a la salida de una sala de billares. No dijo una sola palabra y fue sentenciado a un año de prisión en la penitenciaría de Hampton Farms. El régimen interno era el típico de las cárceles estadounidenses de la época: pasaba largas horas limpiando retretes, mientras los guardias lo golpeaban periódicamente con porras de goma. Antes de que lo encarcelaran, Lucania había trabajado algunos meses como recadero para la Goodman Hat Company de la calle West 24. Fue el único trabajo honesto que jamás realizó. Su patrón judío, Max Goodman, tenía aprecio por el joven Salvatore a causa de su innegable encanto personal y organizó una campaña para acelerar su puesta en libertad, pero nunca intentó cambiar su estilo de vida. En repetidas ocasiones le ofreció un trabajo decente, pero Salvatore se decidió por el camino del crimen.



Vito Genovese


En 1917, los Estados Unidos entraron en la Primera Guerra Mundial. A Lucania le gustaba disparar sobre la gente, pero, a pesar de eso, no estaba dispuesto a ponerse él mismo en la línea de tiro. Se contagió la sífilis a propósito gracias a una prostituta infectada y así evitó ser llamado a filas. Los años de la Prohibición estaban a la vuelta de la esquina: los años del despegue real de la carera criminal de Lucania.



Salvatore Lucania


La Mafia empezó a actuar en Nueva York a pequeña escala en la década de 1880. Muchos de sus miembros se dedicaban al negocio sucio de la extorsión, agrupados bajo el nombre de “La Mano Negra”. La primera “familia” mafiosa fue la de los Morello. En realidad, se trataba más bien de un grupo de conocidos. Peter “El Apretón” Morello (“The Clutching Hand”), el último miembro importante de la familia, fue eliminado a principios de los años veinte durante las llamadas Guerras Castellammarese. Ignazio “El Lobo” Saietta, emparentado matrimonialmente con los Morello, fue uno de los hombres más temidos en los primeros días de la Mafia. Bajo la protección de la famosa Banda de los Cinco Puntos (“Five Points Gang”) de Paul Kelly, Saietta dirigía el “Establo del Asesinato” (“Murder Stable”), en donde sistemáticamente torturaba y mataba a sus víctimas. Más tarde se retiró, se dedicó a pequeños negocios y murió de muerte natural en 1944.



Ignazio “El Lobo” Saietta


Johnny Torrio, conocido como el estadista de la Mafia, también fue uno de los hombres prominentes del crimen organizado de Nueva York en los primeros años. Él comprendió que la violencia sólo debía utilizarse cuando resultaba necesaria. Torrio fue el responsable del entrenamiento de una nueva generación de gangsters que incluía a “Lucky” Luciano, Vito Genovese y Al Capone. Torrio fue el maestro de todos ellos.



Johnny Torrio


Los cinco barios de la ciudad de Nueva York se encuentran repartidos principalmente entre tres islas, conectadas por un intrincado complejo de vías fluviales. La ciudad es una de las mayores concentraciones de poder y riqueza del mundo y desde siempre ha proporcionado a los criminales un rico botín. En los primeros tiempos de la Mafia se acordó a grandes rasgos una división territorial de la zona. En 1919, al ingresar en prisión Ignazio “El Lobo” Saiettta, Johnny Torrio organizó un pacto según el cual Joe Masseria controlaría la Pequeña Italia y la zona de Mulbery Bend, mientras que Ciro Terranova se quedaría la zona septentrional de Manhattan. Cuando se fundaron las cinco familias de Nueva York a principios de los treinta, también tendieron a especializarse en determinadas áreas. Tres familias, los Gambinos, Columbos y Bonannos, se concentraron en Brooklyn, donde las autoridades eran más permisivas respecto al crimen. El propio “Lucky” Luciano consideraba a este bario como territorio extranjero; la familia Luciano (y posteriormente la familia Genovese) operaba especialmente en Manhattan. Las áreas más reducidas solían ser frecuentemente el coto de jefes de menor categoría. La zona costera de Brooklyn correspondió durante muchos años a Tony “El Duro” Anastasia, hermano de Albert Anastasia; mientras que Vito Genovese mandaba en los muelles de Jersey. El Fulton Fish Market (mercado de pescado) que proveía a la ciudad de productos marinos, fue el coto de Joe “Socks” Lanza desde los treinta hasta los sesenta, a pesar de sus numerosas estancias en la cárcel. Después de su muerte, el mercado lo obtuvo la familia Genovese.



“La Pequeña Italia”


A lo largo del verano de 1919 un gran número de jóvenes gangsters italo-estadounidenses se unieron a la Mafia. Entre ellos estaban Charles Lucania (“Lucky” Luciano), Vito Genovese y Al Capone, quien poco después se trasladaría de Nueva York a Chicago. No existen datos de la ceremonia mediante la cual Lucania fue juramentado en la Mafia, pero probablemente era similar a la que describió el pistolero Joe Valachi cuando se convirtió en informador de la policía en 1963: Luciano situado en medio de un círculo formado por gangsters veteranos con un trozo de papel ardiendo en las manos, jurando arder como ese trozo de papel si alguna vez traicionaba los secretos de “La Cosa Nostra”. Después, el acto de prometer vivir y morir según la ley del arma de fuego y el cuchillo.



Vito Genovese en los días de gloria


El 16 de enero de 1919 se ratificó en Nueva York la reglamentación de la Prohibición y un año más tarde se convirtió en ley. Esta nueva “Ley Seca” prohibía la producción, venta y transporte de licores. Los defensores de la idea que habían hecho campaña a su favor, como la Liga Antialcohólica de Mujeres Cristianas (Women's Christian Temperance Uníon), no cabían en sí de gozo. Era el mismo gozo que sentían los gangsters. Porque los estadounidenses de a pie no tenían ni la más mínima intención de convertirse en abstemios, y estaban dispuestos a cubrir de riquezas, fama, e incluso aceptación social a aquellos que les proporcionaran la bebida.



Durante toda su carrera, “Lucky” Luciano descolló por su habilidad en cooperar y aprender de los criminales judíos. Su ascensión al poder supremo fue posible porque se transformó en el contacto entre los delincuentes más importantes de la rama judía y de la rama italiana. En los años veinte, el criminal más brillante del grupo judío era Arnold Rothstein, conocido como “Mr. Fix-it” o “El Cerebro”. Se suponía que había amañado (de ahí su otro mote: “El Señor Mañas”) los campeonatos mundiales de béisbol de 1919. Sin embargo, no se dio cuenta en un primer momento de las oportunidades que ofrecía la Prohibición. Fue Charlie Lucania quien le sugirió que se metiese en el negocio de la importación de whiskey (Rothstein también importaba narcóticos); de ahí que él se convirtiese, de la noche a la mañana, en uno de los mayores vendedores al por mayor de estos dos productos en Nueva York.



Arnold Rothstein


Pero también había un buen montón de posibilidades para Lucania en la propia Mafia. Al principio de los años veinte el tráfico ilegal de bebidas alcohólicas estaba localizado en el cruce de Mulbery y Grand Street, en una zona llamada curiosamente el Curb Exchange, un nombre derivado del de la Bolsa de Nueva York, Stock Exchange, que hacía referencia a los valores que no cotizaban en la Big Board (lista principal de la Bolsa). Joe “El Jefe” Masseria tenía su despacho en un club social de la zona. Lucania, que ya para entonces era más conocido como “Lucky” Luciano (“El Suertudo” Luciano), montó su cuartel general justo enfrente del de Masseria (Luciano era guardaespaldas y pistolero a sueldo suyo).



Salvatore “Lucky” Luciano


A comienzos de los años veinte, una banda rival, mandada por Umberto Valenti, intentaba matar a Masseria. En agosto de 1922, Masseria se ganó la reputación de ser capaz de esquivar literalmente a las balas y escapar de los atentados con vida. Se escabulló de una emboscada para caer en medio de un fuego cruzado del calibre .48. Lo esquivó metiéndose en una sombrerería para caballeros de la Second Avenue. Valenti le persiguió hasta la trastienda y le disparó cuatro tiros a bocajarro mientras “El Jefe” reptaba por el suelo. Aún disparó dos veces más, falló de nuevo y huyó dejándolo ileso.



Después de esto, la reputación de Masseria rayaba en lo mítico, pero sabía que tenía que liquidar rápidamente a Valenti si quería disfrutar de una vida larga. El mismo y dos secuaces de confianza (uno de ellos era Luciano) esperaron a Valenti y a su guardaespaldas en un portal de Grand Street nº 194. Valenti escapó sin un solo rasguño, pero su guardaespaldas fue alcanzado por una bala y tardó dos meses en morir. Finalmente, Masseria le propuso un encuentro para discutir la paz en un restaurante italiano de la East 12th Street. Con lo que se considera hoy un alto grado de temeridad, el mafioso accedió. “Lucky” Luciano acompañaba a "El Jefe”, pero Valenti acudió solo. Los dos hombres disfrutaron de la comida y parecía que habían llegado a un arreglo. Salieron del restaurante y caminaron hasta la esquina del edificio. Allí aparecieron dos hombres más de Masseria, quienes, junto con Luciano, mataron al rival mientras intentaba subir a un taxi. Fue la última vez en su vida que “Lucky” tuvo que ejecutar un asesinato con su propia mano.



En 1923, Luciano ganaba poder en los bajos fondos neoyorquinos como mano derecha de Masseria y hombre de enlace de Rothstein y otros gangsters judíos. Pero el 2 de junio de ese mismo año, le vendió dos onzas de morfina a un traficante de drogas llamado John Lyons. Lo que Luciano no sabía es que éste era un informador de la policía federal. Tres días después intentó venderle más morfina y fue arrestado por agentes federales del Departamento Antinarcóticos. La condena de Luciano parecía segura, pero se las ingenió para llegar a un arreglo con los federales, diciéndoles dónde podrían encontrar un gran almacén de drogas perteneciente a criminales no mafiosos. A partir de entonces corrieron persistentes rumores de que se había vuelto informador de la policía, pero no pudieron ser probados.



Ficha de detención de Luciano


No obstante, Luciano aún no era el poderoso y aparentemente invulnerable gangster en que se convertiría poco después. Seguía siendo un tipo más bien tosco, tatuado con el nombre de “Lucky”, alardeando constantemente de la fabulosa suerte que tenía y ávido de acompañar a despampanantes coristas a los garitos de moda. El propio Luciano admitía que era a Rothstein, “el mejor maestro de etiqueta que podía tener un tipo”, a quien le debía la idea de que un gangster moderno y con éxito no podía existir sin el debido grado de distinción. Se trasladó a un piso más grande, amueblado con gusto, del Upper East Side, en donde no permitía que las mujeres pernoctasen más de una vez. Más tarde, aproximadamente en 1927, se volvió a trasladar. Esta vez a una elegante suite del hotel Barbizon Plaza, donde se le conocía como “Charles Lane”, un hombre de negocios.



A mediados de los años veinte y gracias al enorme volumen de intercambios generado por la Prohibición, todos los negocios sucios daban jugosos beneficios. Algunos de los más productivos eran la usura, el narcotráfico, el juego y la extorsión de los sindicatos, especialmente en el Garment Center de Nueva York, donde el gangster judío Louis “Lepke” Buchalter era el amo. Chicago sufría una etapa de increíble violencia y desórdenes que sería asociada para siempre a la figura del napolitano Al Capone “Caracortada”.



Al Capone, “Caracortada”


El mundo del crimen necesitaba orden, y Luciano era el hombre que iba a dárselo. Como encargado supremo del imperio de Masseria, se transformó en la figura principal del Grupo de los Siete, una banda que controlaba el contrabando de licores. Otros miembros eran Joe Adonis, que operaba en Brooklyn; Meyer Lansky y “Bugsy” Siegel, en Nueva York; y King Solomon, que mandaba en Boston. Este grupo fue una especie de predecesor del esquema de unidad que surgiría de la Atlantic City Conference de mayo de 1922, el primer congreso general del bajo mundo.



“La Banda de los Siete”


La violencia siguió siendo la marca distintiva de la Mafia. El 4 de noviembre de 1928 le llegó la hora a Arnold Rothstein. Le dispararon en la habitación de su hotel y poco después murió en el hospital a consecuencia de las heridas. Los rumores cuentan que fue asesinado por estafar a otro tipo en una deuda de juego. Treinta minutos después de que expirara, tres hombres fueron arrestados en su despacho privado mientras revolvían los ficheros. Pero se les soltó de nueva. Uno de ellos era “Lucky” Luciano, a quien se identificó en esta ocasión como un simple “camarero”. Sea cual fuera la razón de la muerte de Rothstein, la información que en aquellos pocos minutos consiguieron Lucania y los otros dos tipos fue suficiente para apoderarse de su imperio de narcóticos.






Ficha de detención de “Bugsy” Siegel


En octubre de 1929, “Lucky” Luciano escapó por los pelos de un atentado en circunstancias muy poco claras. Se le llevó “a dar un paseo”, cosa a la que poquísimos gangsters habían sobrevivido. Le raptaron en un lugar desconocido, le dieron una paliza monumental y, finalmente, fue una patrulla de la policía quien lo encontró mientras vagaba sin rumbo por una zona boscosa de Staten Island, cerca de donde los matones lo habían abandonado. “Dios mío, creía que estaba en Nueva Jersey”, es lo que contestó cuando le dijeron dónde se encontraba en realidad. Declaró que no sabía quién le había pegado. Posteriormente, a lo largo de su vida, contó varias versiones contradictorias de lo sucedido. Nunca se supo quién fue el auténtico responsable. Las Guerras Castellammarese estaban empezando justo en esa época y es posible que fueran gangsters de una banda rival los que le dieran la golpiza. Otra teoría plausible dice que fueron unos detectives de policía los que le “machacaron” para hacerle hablar. El hecho de que Luciano hubiera sobrevivido a un “paseo” de ese tipo le valió una notable mejora de su reputación. Se cuentan varias leyendas sobre el incidente. Una de ellas sostiene que debido al rapto se ganó el sobrenombre de “Lucky”. Pero la verdad es que él mismo había empezado a fomentar el uso de ese mote desde principios de los años veinte. Sus días de máximo poder estaban a punto de comenzar: había sobrevivido al mayor de los peligros en el mismo umbral de su coronación como rey.



Las Guerras Castellammarese ocurrieron entre las bandas rivales de Joe Masseria y Salvatore Maranzano. Este último y la mayoría de sus hombres provenían de Castellammarese, en el golfo de Sicilia. Masseria, sin embargo, era de Nápoles y su banda también incluía a italianos peninsulares. Ciertos jóvenes, como Luciano, veían en estas guerras un proceso en el que ambos protagonistas se eliminarían mutuamente, después de lo cual los gangsters italianos y judíos (que estaban excluidos) cooperarían para construir una Mafia moderna. Las guerras se desencadenaron cuando Tom Reina, jefe de una familia importante del Bronx, traicionó a la banda de Masseria y se pasó a la de Maranzano. El 26 de febrero de 1930 Luciano, uno de los lugartenientes de Masseria, envió a Vito Genovese a matar a Reina para reforzar su organización, La razón última de Luciano para desequilibrar la balanza a favor de su jefe era fortalecer su propia posición. Más adelante podría ofrecerle a Maranzano la cabeza de Masseria en bandeja. El precio sería convertirse en el número dos del imperio indiscutido de Maranzano.



Salvatore Maranzano


El hecho de que el crimen organizado se haya convertido en la industria más prolífica de los Estados Unidos no sólo se debió a los delincuentes profesionales. La corrupción de la Administración Pública siempre fue un rasgo típico de la vida estadounidense. Las relaciones entre el crimen y los ciudadanos ocupantes de cargos públicos se remonta a los principios de la historia de los Estados Unidos. En los inicios del siglo XIX, los políticos eran prácticamente imposibles de distinguir de los rufianes: ambos gobernaban desde el saloon de la localidad. Más adelante, inmersos en el mundo de las grandes ciudades pobladas por millones de habitantes, los ricos y poderosos a ambos lados de la ley conspiraban para protegerse mutuamente.



Los días estelares de la corrupción en Nueva York, cuando prácticamente todas las secciones de la Administración estaban cobrando en la nómina de la Mafia, fueron los primeros años de la década de los treinta del siglo XX, el período de mayor poder de “Lucky” Luciano. El alcalde de la ciudad era Jimmy Walker, anteriormente había sido letrista de canciones que se hicieron muy populares, quien controlaba el Tammany Hall, el club demócrata; ese sitio se convirtió en el prototipo del lugar corrupto. Los que lo dirigían estaban en la nómina de los gangsters, y sus candidatos políticos eran marionetas de la Mafia. Tammany Hall durante largo tiempo dominó el Ayuntamiento. Para demostrar lo que pensaban de la Prohibición y la “Ley Seca”, organizaban fiestas de la cerveza en Broadway.



Tammany Hall


Su comisario encargado de asuntos policiales, nombrado en 1928, era Grover A. Whalen, anteriormente director gerente de unos grandes almacenes. Aceptaba sobornos del gangster Frank Costello y a cambio le permitió montar por toda la ciudad una extensa red de máquinas tragamonedas ilegales. Los mafiosos tenían otro buen aliado en el jefe de Tammany Hall, Jimmy Hines, el cual estaba en la nómina de la banda de David “Dutch” Schultz, y finalmente terminó siendo encarcelado. Solía decir del fiscal del distrito de Manhattan que era “estúpido, respetable y mi hombre”. Martin T. Manton, un juez de la Corte de Apelación de Circuito de los Estados Unidos, desestimó una condena contra Louis “Lepke” Buchalter, permitiéndole así escapar durante un tiempo del brazo de la ley. En 1939 fue sentenciado por aceptar sobornos de la Mafia.



Martin T. Manton y uno de los cheques que la Mafia le extendió



Joe Masseria “EI Jefe”, era un hombre de edad mediana, bajo, pero de físico robusto. En 1931 era el gangster más poderoso de Nueva York desde hacía una década. El 15 de abril de 1931 conducía su sedán blindado con acero y cristales antibalas de una pulgada de grosor. Se dirigía a Coney Island, un paraje turístico al borde del mar en el barrio neoyorquino de Brooklyn. Iba solo, lo que era poco habitual en él. No temía ningún peligro. Estaba citado para comer en su restaurante italiano favorito con dos de sus tenientes más jóvenes y prometedores. Los otros comensales eran el brutal Vito Genovese y un oscuro y joven gangster, con un defecto en el párpado derecho, conocido como “Lucky” Luciano. Ambos habían trazado los planes para desembarazarse de una veintena de sujetos que trabajaban para una banda rival que subía como la espuma, la de Salvatore Maranzano.



Ficha de detención de Salvatore Maranzano


El almuerzo fue tan bueno como esperaba Masseria. Se comió unos suculentos platos de antipasto frío y caliente, sopa minestrone, una ensalada de mariscos, una langosta a la Fra Diávolo, spaghettis a la milanesa y una variedad de pasteles que hacían la boca agua. “Lucky” Luciano, por su parte, comía escasamente. Sólo le dio unos sorbos a los muchos vinos italianos que aparecieron por la mesa. Cuando pidieron el café, el festín entraba en su cuarta hora. El restaurante estaba lleno hasta los topes cuando empezaron a comer, pero a las 15:00 horas, los demás clientes habían desaparecido. Genovese dijo que tenía que atender unos asuntos urgentes en la ciudad y se fue. El dueño del local, Gerardo Scarpato, decidió que le apetecía dar un paseo por la playa.



El lugar del crimen


Luciano se quedó solo con Masseria. Le propuso a “El Jefe” una partida de cartas y a éste le gustó la idea. Eran casi las 15:30 de la tarde. Luciano se excusó para ir al sanitario; Masseria le dijo: “Pues claro, mi querido amigo. Eso no espera. Aquí me encontrarás cuando vuelvas... y quizá te dé otra oportunidad de que me ganes a las cartas”. Segundos después, una limusina negra, conducida por un gangster veterano, Ciro Terranova, se paró ante el restaurante y se quedó al volante. Cuatro hombres bajaron del coche, Vito Genovese había vuelto, junto con Joe Adonis, Albert Anastasia y Benny “Bugsy” Siegel. Todos eran amigos de Luciano y, como él, hombres jóvenes y despiadados. Hombres que pensaban que a la vieja guardia le había llegado su hora. Masseria no tuvo tiempo de reaccionar. Los cuatro gangsters le descargaron más de veinte impactos en la espalda. “El Jefe” quedó sobre la mesa, boca abajo, mientras un río de sangre se mezclaba con los restos de su última comida. Tras completar el trabajo en menos de un minuto, los cuatro salieron precipitadamente del restaurante y subieron al coche. Pero Ciro Terranova, atemorizado hasta los huesos, no acertaba a meter la marcha. Despectivamente, “Bugsy” Siegel, el joven y guapo pistolero judío, lo apartó del volante y salió a toda velocidad de Coney Island.



La ejecución de Joe Masseria


Había sido ejecutado según una antigua regla de la Mafia: un miembro de alto nivel debía haber comido y bebido con abundancia antes de ser ejecutado, y la ejecución debería realizarse de manera rápida y, de ser posible, sin sufrimiento. Cuando los asesinos desaparecieron, “Lucky” Luciano volvió a la sala del restaurante para comprobar los resultados de lo que era, en realidad, su propio trabajo. Ya había superado el escalón en el que él mismo tenía que apretar el gatillo. Eso era cosa del pasado, del principio de su historia de mafioso. Esperó tranquilamente junto al cadáver hasta que llegó la policía. Era una clara llamada de atención a los bajos fondos: Luciano había dado un paso más para ser digno del sobrenombre que pronto le darían: “El Rey del Crimen”. Cuando los agentes hicieron acto de presencia, “Lucky” Luciano fingió no saber absolutamente nada de lo que había ocurrido. Lo que declaró, con el acento ronco del Lower East Side, fue: “Estaba en el baño echando una meada. Yo siempre meo largamente. En cuanto terminé de secarme las manos, salí para ver qué pasaba”. Este no fue el único “arreglo de los hechos” que se produjo tras el asesinato de Masseria. Una foto de prensa muy famosa mostraba a éste muerto con el As de Diamantes aún en su mano derecha. Dice la leyenda que Masseria estaba a punto de ganarle la partida a Luciano. En realidad, el fotógrafo puso la carta en su mano para darle mayor dramatismo a la instantánea.



El cadáver de Joe Masseria



A “El Jefe” le ofrecieron una despedida acorde con su posición. Su cuerpo se expuso durante varios días antes de ser llevado al cementerio entre profusas y lujosas coronas de flores, seguido de una larga caravana de amigos enlutados. Entre ellos también se encontraba, sobriamente vestido, “Lucky” Luciano. Masseria, cuyo nombre real era Giuseppi Massari, fue enterrado en un ataúd de $15,000.00 dólares y tuvo un cortejo fúnebre de cuarenta automóviles Cadillac. Gran parte de los jefes se abstuvo de asistir a las exequias.



La tumba de Joe Masseria


Pero Luciano aún no era el “Rey de Reyes”, el capo di tutti capi. Este honor le correspondía ahora a Salvatore Maranzano, un hombre más anciano que Masseria. Había nacido en 1868, trasladándose a los Estados Unidos en los años veinte, después de una fructífera carera mafiosa en Sicilia. Era un tipo de hombre diferente del fallecido, de complexión débil, sensible y sobrio. Maranzano había sido durante un tiempo seminarista, y le encantaban las citas en latín. Se consideraba un experto en la vida de Julio César y, como él, estaba dispuesto a ser el número uno. No perdió el tiempo. Convocó una conferencia y un banquete para afirmar su posición de capo di tutti capi, al menos en Nueva York. Y consiguió la ratificación oficial. Todo mafioso que quisiera participar debía de pagar $6.00 dólares. Luciano, el príncipe heredero, estaba sentado a su derecha. Levantando el puño, Maranzano se proclamó jefe supremo. Desde ahora, dijo, el crimen en la ciudad sería dirigido por cinco “familias”, una de las cuales mandaría “Lucky” Luciano. Cada familia tendría un jefe, un subjefe, un grupo de caporegime (jefes de distrito) y soldados agrupados en decenas bajo las órdenes de cada caporegime. La organización de los mafiosos, agrupados como las legiones de Julio César, fue uno de los rasgos más creativos de Maranzano. Su estructura sobreviviría mucho tiempo después de su propia etapa de cuatro meses como capo, y pronto se extendió por el resto de los Estados Unidos.



En el fondo, Maranzano era un siciliano sanguinario a la vieja usanza. Muy pronto detectó las disensiones internas que empezaban a producirse y planeaba masacrar a los hombres que acababa de nombrar jefes de las recién creadas familias. En Nueva York, Luciano y Genovese eran los blancos de primer orden; en Chicago pensaba deshacerse de Al Capone. El capo contrató a un asesino no italiano, Vincent “Perro Rabioso” Coll, para matar a los dos jefes neoyorquinos. A “Lucky” Luciano y a Vito Genovese les avisaron a tiempo y decidieron eliminar a Maranzano exactamente en el mismo momento en que él tenía la intención de liquidarles a ellos. Le encargaron a Meyer Lansky que contratase a un grupo de cuatro asesinos a sueldo judíos, dirigidos por “Red” Levine. “Red” era un judío de creencias firmes que siempre llevaba su tocado hebreo bajo el sombrero cuando salía a hacer algún trabajo en día de sabbath. Los matones debían de hacerse pasar por inspectores fiscales para conseguir entrar en el despacho fuertemente protegido de Maranzano, en Park Avenue, detrás de Grand Central Station. El entonces jefe de la Mafia estaba muy orgulloso de ser un hombre que pagaba sus impuestos.



Grand Central Station


Era la tarde del 10 de septiembre de 1931. Maranzano había llamado a “Lucky” Luciano y a Vito Genovese a su despacho. No dejó de sorprenderle que, poco antes de la llegada de éstos y de “Mad Dog” Coll, le anunciaran la visita de unos inspectores de Hacienda. Cuando los cuatro hombres pusieron a los guardaespaldas y al secretario contra la pared (seis hombres en total), quedó claro que no se trataba de ninguna inspección fiscal. Pero ya era demasiado tarde. Los matones lo atravesaron seis veces con una navaja, le pegaron cuatro tiros y le cortaron la garganta. Los asesinos salieron del edificio a toda prisa y se separaron. “Bo” Weinberg se perdió por una de las escaleras, permaneció escondido un rato en un sanitario para mujeres y, finalmente, reapareció en Grand Central Station. Se deshizo del arma depositándola en el bolsillo de un pasajero que volvía a casa después del trabajo.



El funeral de Salvatore Maranzano



“Red” Levine utilizó la salida principal del edificio y casi choca con “Mad Dog” Coll, que entraba en ese momento para ocuparse de los asesinatos que le habían encargado. “Lárgate, Vince, vienen los polis”, le advirtió Levine. Durante muchos años se creyó que la tarde del asesinato de Maranzano fue seguida de una “noche de vísperas sicilianas”, en la que más de cincuenta mafiosos de la vieja guardia fueron eliminados por orden de Luciano. Hoy por hoy, parece que se trata más bien de un mito. El único asesinato comprobable de aquella noche es el de Gerardo Scarpato, el dueño del restaurante que le había servido la última comida a Masseria. Luciano, probablemente, se sentía más seguro sin la existencia de un testigo del incidente ajeno a la Mafia.



La tumba de Salvatore Maranzano


A partir de este momento empezaron los años de poder de Luciano. Cinco años durante los cuales fue el rey indiscutido del crimen neoyorquino. Mantuvo la estructura de Maranzano, añadió algunas modificaciones y reglas de su propia cosecha y ayudó a fundar la Comisión Nacional del Crimen. Arnold Rothstein, el gangster judío, fue quien financió a muchos de los mayores contrabandistas de alcoholes. A Waxey Gordon le proporcionó $175,000.00 dólares para importar ilegalmente whiskey escocés auténtico por barco desde Canadá a Nueva York. Con ese dinero se pagó el whiskey, el transporte y los sobornos necesarios. “Lucky” Luciano, Jack “Legs” Diamond y David “Dutch” Schultz también se convirtieron en grandes traficantes, financiados con su dinero.



Jack “Legs” Diamond


Gran parte de las bebidas vendidas en los speakeasies de Nueva York (había treinta mil locales de este tipo), era fabricada en el país. Los destiladores ilegales de alcohol montaban los alambiques para los licores y las cubas para cocer la cerveza, en graneros abandonados y almacenes de la ciudad. Pagaban para obtener protección policial, pero, de vez en cuando, para mantener las apariencias, debían soportar una redada. Los gangsters enrolaban a la fuerza a los pequeños fabricantes y sacaban del negocio los mayores beneficios.



Destiladores ilegales de alcohol


Una vez que Maranzano, el último de la vieja guardia, fue eliminado en septiembre de 1931, Luciano se convirtió en el jefe indiscutido de los bajos fondos de Nueva York. No deseaba ser un líder autocrático; se dio cuenta de que la cooperación era muy importante. De ahí que convocara una reunión general del mundo criminal estadounidense en Chicago, con Al Capone como anfitrión. Posteriormente, en la primavera de 1933, y apoyado por Johnny Torrio, el “estadista” más veterano del crimen italo-americano, convocó un encuentro aún más significativo en un hotel de Park Avenue, en Nueva York. En esta ocasión expuso sus planes para crear un Sindicato del Crimen a escala nacional, una National Crime Comision (Comisión Nacional del Crimen). A partir de ese momento, el asesinato tendría la organización y estructura que poseía cualquier otro negocio importante. Luciano mantuvo la estructura de familias y la extendió a toda la nación. Cada una gozaría del mando supremo en su propia zona o ciudad y todas cooperarían. Un consejo sindicado nacional, en el que cada familia tendría un voto, se encargaría de resolver todas las disputas. Algunas ciudades estaban mandadas por criminales judíos; Cleveland, por ejemplo, por el sindicato de Moe Dalitz, y habrían de ser reconocidas al mismo nivel que las restantes, sobre una base de igualdad. El crimen organizado, a partir de los años treinta, fue, efectivamente, una combinación italo-judía.








Pero Luciano también introdujo nuevas normas. El asesinato de una persona importante sólo podría ser acordado por voto en el Consejo Sindicado Nacional. Dentro de cada familia se requería un procedimiento que debía preceder a la eliminación de cualquier “soldado raso”. El sistema no funcionó siempre según se ideó, pero dotó al mundo criminal de una cierta estabilidad. “Lucky” Luciano era el jefe real de los bajos fondos de todo Estados Unidos. Vivía como un rey. Se trasladó a la suite número 39-C del muy exclusivo hotel Waldorf Astoria Tower bajo el nombre de Charles Ross.



El Waldorf Astoria


Habitualmente escogía a sus chicas entre las prostitutas más famosas de Nueva York, regenteadas por Polly Adler, la madame más célebre de esos tiempos; aunque siempre mantuvo como acompañante principal a la bellísima cabaretera rusa Gay Orlova. Fue durante muchos años la amante de “Lucky” Luciano. Después se casó con un acomodador de teatro, Edward Finn, pero el matrimonio duró poco. En 1937, tras un viaje a Europa, los funcionarios de inmigración le impidieron entrar en los Estados Unidos.



Gay Orlova


Luciano era cada vez más rico y poderoso. En la cima de su poder, sus ingresos anuales rondaban los $800,000.00 dólares. Entre muchas otras cosas, era el jefe de un negocio mafioso que controlaba la prostitución en Nueva York. Las chicas telefoneaban a los asentadores (proxenetas) para saber en qué casa les tocaba trabajar durante la semana. Las llamadas se hacían los domingos. La casa era un piso alquilado y dirigido por una madame que contactaba con los clientes. Si se hacía una redada en una de ellas, corno ocurría con frecuencia, la Mafia pagaba la fianza de las chicas y un abogado expulsado del Colegio de Abogados les enseñaba a organizarse una coartada convincente. De diez prostitutas que iban a juicio, ocho lograban ser absueltas por este método. A aquellas que iban a ser condenadas con toda seguridad se les ordenaba desaparecer durante un tiempo y se falsificaba la fianza para sacarlas de la cárcel. De los 170 casos investigados por el equipo del fiscal especial Dewey, ninguno terminó con una condena de una prostituta. Little Davie Betillo, encargado del negocio por Luciano, aseguraba que todo el mundo cooperase: los abogados, los fiadores, las prostitutas y las madames (corno Polly Adler). Dewey calculó que los beneficios del Sindicato, obtenidos de más de doscientas casas y unas mil chicas, eran de $12,000,000.00 de dólares en 1935.



Una de las chicas de Polly Adler


La Comisión Nacional del Crimen, o “Crimen, S.A.”, disponía de su propio brazo armado: “Asesinatos, S.A.” (“Murder, Inc.”). Aproximadamente la mitad de los matones de esta última eran italianos y la otra mitad judíos. Los dos “altos lores ejecutores” eran Albert Anastasia, un italiano especialmente sanguinario, y Louis “Lepke” Buchalter, un judío. Uno de los hombres más violentos de la historia de la Mafia, Albert Anastasia, pasó su decimonoveno cumpleaños en la celda de condenados a muerte de Sing Sing. Él y otro amigo delincuente habían matado a un estibador que amenazaba con denunciarlos por el robo cometido en una joyería. La presión política que supo ejercer el gangster Frankie Yale lo salvó de la silla eléctrica. En los años treinta, Anastasia se transformó en uno de los dos “altos lores ejecutores” de “Asesinatos, S.A.” Su fanática lealtad a Luciano sólo podía compararse a su avidez de matar. Al mismo tiempo, él y su hermano Tony “El Duro” Anastasia se hicieron con el control de los muelles de Nueva York y del sindicato de estibadores.



Albert Anastasia


En 1940, año en que salieron a la luz las actividades de “Asesinatos, S.A.”, podía considerársela responsable de más de mil asesinatos por contrato. La mayoría, de criminales de los bajos fondos. No es posible relacionar directamente a Luciano con muchos de estos crímenes y, sin embargo, gran parte de los mismos debieron ser ejecutados por orden suya. Entre los que sí cabe imputarle se encuentra el asesinato de David “Dutch” Schultz, “El Holandés” el jefe del negocio de Numbers del Bronx. Su verdadero nombre era Arthur Flegenheimer, era neoyorkino de ascendencia alemana y estaba considerado, en realidad, como un recién llegado al mundo de los negocios sucios. Hasta 1928 sólo había sido un matón de segunda y barman. Pero desde ese momento, y con especial crueldad, progresó rápidamente. A comienzos de los treinta era el criminal más importante de la ciudad que no formaba parte del Sindicato, aunque cooperaba con él.



David “Dutch” Schultz, “El Holandés”


Los jefes de los bajos fondos codiciaban la fortuna de “El Holandés”, pero su eliminación se debió en último término a razones políticas. Durante esos años los gangsters habían prosperado en gran medida gracias a las influencias que detentaban entre políticos corruptos. Desde 1933 en adelante empezó a soplar un viento reformador en las esferas del poder. La corrupción se hizo tan común que provocó una reacción en contra. En 1933, Fiorello LaGuardia fue elegido alcalde. LaGuardia, un alcalde dinámico y contrario a los negocios ilegales, sustituyó a su antecesor, el conocidamente corrupto Walker, y nombró a Thomas E. Dewey como fiscal especial encargado de perseguir al crimen organizado. El primer gran cazador de mafiosos era hijo del redactor jefe del The Owasso Times, un periódico de poca envergadura de Michigan. Dewey formaba parte de la elite estadounidense. Su familia vivía en Estados Unidos desde 1634. Tras graduarse en la Universidad de Columbia en Derecho, se convirtió en abogado. Dewey era un joven abogado lleno de ambiciones, que posteriormente se presentaría por partida doble a la presidencia de los Estados Unidos. El gobierno de la ciudad recuperó la honestidad, se realizaron algunos juicios espectaculares y se dijo que el crimen organizado estaba derrotado.



El fiscal Thomas E. Dewey


Una de las peculiaridades del sistema hacendario estadounidense, es que somete a imposición los beneficios de los negocios ilegales. Por ello, el primer blanco de Dewey fue David “Dutch” Schultz. En 1933, un gran jurado federal decidió el procesamiento de éste, acusado de evasión de impuestos en relación con sus actividades de importación clandestina de bebidas. “El Holandés” hubo de esconderse. Luciano le envió a Albert Anastasia, quien dominaba los muelles de Brooklyn, para que le proporcionara un escondrijo seguro. Schultz terminó por entregarse voluntariamente. En 1934, un jurado de Albany, una ciudad generosamente sobornada con su dinero, lo consideró no culpable. Un veredicto que sobresaltó al mismísimo juez.



De nuevo en Nueva York, se corrió el rumor de que el fiscal tenía intención de acusarlo por el control del negocio de protección de restaurantes; e incluso por asesinato, para mandarlo a la silla eléctrica. “El Holandés” llegó presa de una gran excitación a una reunión del Sindicato y explicó que Dewey visitaba todas las mañanas una farmacia antes de llegar en coche a su despacho. Allí sería fácil eliminarlo. Schultz pidió que se hiciera, pero el Sindicato no se atrevía a matar a una figura pública tan prominente. Esa acción sólo aumentaría el acoso sobre los demás miembros. “El Holandés” abandonó la reunión rabiosamente enfurecido, gritando que si ellos no lo hacían, lo haría él mismo. Schultz acababa de firmar su propia sentencia de muerte. Una “conferencia” plenaria de los jefes del Sindicato decidió su eliminación. El contrato de muerte le fue encargado a Charlie “El Bicho” Workman, uno de los guardaespaldas de confianza de Luciano.



La tarde del 23 de octubre de 1935, Schultz y tres de sus asociados estaban en el Palace Chop House de Newark, cuando Workman y un segundo asesino entraron en el restaurante y mataron a sus compinches; después, el propio Workman encontró a Schultz en el baño de caballeros y lo liquidó allí. “El Holandés” tardó todo un día en expirar, pero se negó a revelar quién le había matado dentro del estilo más genuino de la Mafia. Esta masacre fue la más sangrienta acaecida desde “La Matanza del Día de San Valentín”, cometida por Al Capone en Chicago el 14 de febrero de 1929.



El cadáver de David “Dutch” Schultz, “El Holandés”



Luciano y el Sindicato heredaron la parte de la víctima en los negocios y aún florecieron más. El final de la Prohibición y la “Ley Seca” en 1933, no afectó seriamente a la escalada del crimen organizado, los gangsters simplemente añadieron a sus negocios ilegales el tráfico legal de bebidas alcohólicas. Pero la caza que se había desatado contra el crimen organizado pronto iba a reclamar una víctima más ilustre que Schultz. El Sindicato podía haber salvado a Dewey, pero el próximo blanco del fiscal no iba a ser otro que el propio “Rey del Crimen”.



El final de la “Ley Seca”


Salvatore “Lucky” Luciano fue arrestado y las imágenes aparecieron en los periódicos. El juicio de Charles Lucania (una extraña mezcla del nombre real y supuesto de Luciano) y de otros nueve procesados se inició bajo la acusación de “prostitución coercitiva” en la Corte Suprema del Estado de Nueva York, en el centro de Manhattan, el 13 de mayo de 1936 ante el juez Philiph McCook.



El arresto de “Lucky” Luciano



Es muy probable que el negocio de la prostitución fuera uno de los pocos negocios sucios con los que Luciano jamás tuvo nada que ver activamente. Lo negó toda su vida. Pero con posterioridad también negó haber estado involucrado en el negocio de narcóticos y, sin embargo, existen pruebas suficientes que demuestran lo contrario.



Dewey, quien actuó personalmente como fiscal durante el proceso, empleó métodos moralmente discutibles para inculpar a Luciano. Retrospectivamente, esta táctica arroja tanta incertidumbre sobre su persona como la que pesa sobre el propio Luciano. La acusación había arreglado las cosas para que se aprobase con urgencia una legislación especial a comienzos de 1936, de forma que diversos procesados pudieran ser enjuiciados por un método “de relación”, a fin de que la culpabilidad claramente establecida de unos repercutiera sobre aquéllos contra quienes las pruebas eran menos concluyentes.



El juez McCook


Muchos de los testigos de Dewey fueron prostitutas, madames y criminales de poca monta que esperaban obtener algún beneficio en relación con las acusaciones que pesaban sobre ellos. El fiscal los mantuvo frecuentemente aislados, negándoles las drogas de las que dependían, fijando fianzas excesivamente altas y ejerciendo sobre ellos una presión exagerada para obligarles a testificar. Incluso así, gran parte de los testigos de cargo no dieron ante la Corte el resultado apetecido. Frank Brown, el gerente ayudante del hotel Barbizon Plaza, en el que Luciano había residido, declaró bajo juramento no haber visto por allí en ninguna ocasión a los compinches del “Rey del Crimen”.



Dewey hizo que se le declarara inmediatamente “testigo hostil”. Una de las prostitutas, Nancy Preser, declaró haber sido la amante de Luciano. Pero bajo juramento no fue capaz de describir la suite del hotel y ni siquiera se acordaba de si tenía una cama sencilla o doble. Nada de todo esto importó. Durante los careos, Dewey procuró evitar el tema de la prostitución y fue capaz de pillar a Luciano en una mentira tras otra respecto a los negocios ilegales en los que estaba envuelto. El juez McCook, una inflexible encarnación de la indignación moral, en ningún momento procuró esconder su abierta hostilidad hacia el acusado. Cuando, tras tres semanas de testimonios lo declaró culpable, lo sentenció a la pena más larga jamás impuesta por prostitución coercitiva: de treinta a cincuenta años de cárcel.



El Jurado


Luciano fue trasladado por un breve periodo a la prisión de Sing Sing. Allí se le diagnosticó sífilis y drogodependencia, enfermedades de las que aparentemente fue tratado durante sus años en prisión. Después se le trasladó a Danemora, una prisión conocida entre los bajos fondos como “Siberia”. Al principio tuvo que trabajar en la lavandería, pero esto no duró mucho. Muy pronto se le asignó a la biblioteca, y ejercía de juez en el patio durante los ratos que se dedicaban al ejercicio de los internos. Se le trataba como lo que aún era: el rey de los bajos fondos neoyorquinos.



La prisión de Sing Sing


Durante la ausencia de éste, Frank Costello, Joe Adonis y Meyer Lansky dirigieron el Sindicato, pero todo hace pensar que hasta bien entrados los años cincuenta, Luciano siguió ejerciendo como jefe supremo. Joe Adonis dirigió clubs de juego y actuó como corredor de apuestas. Su verdadero apodo era “Doto”, pero se le llamaba popularmente “Adonis” por su buen aspecto.



Joe Adonis


Meyer Lansky fue uno de los hombres más imaginativos y creativos que se dedicó al crimen en Estados Unidos en el siglo XX. Era hijo de padres judíos, nacido en 1902 en la Rusia polaca, inmigrante con nueve años de edad. En su juventud, cuando dirigía junto con “Bugsy” Siegel la banda “Bugsy y Meyer”, era un matón. Siempre fue despiadado, pero con la edad su estilo se hizo más reposado y refinado. Se le conocía bajo el apodo “El Cerebro” y fue él quien introdujo a los gangsters en los grandes negocios. También fue el autor del blanqueo de dinero sucio. Los importantes negocios de juego de la Mafia en la Cuba precastrista fueron principalmente obra suya.



La Banda “Bugsy y Meyer”


Vito Genovese ambicionaba la coronación como capo di tutti capi, pero los rumores que le convertían en la siguiente víctima del fiscal lo impulsaron a exiliarse a la Italia fascista de Benito Mussolini en 1937. Vito Genovese, primero amigo y aliado, y después encarnizado enemigo de “Lucky” Luciano, había nacido en Nápoles en 1897, tres días antes que Luciano. Cuando los dos hombres se percataron, estuvieron encantados y durante muchos años celebraron juntos su fiesta de cumpleaños. Vito Genovese era un matón especialmente brutal, cuyos asesinatos no se limitaban al círculo de gangsters. Se enamoró de la bellísima Anna Vernotico en 1932 y liquidó a su marido para poder casarse con ella. Más tarde, Anna lo demandó por una cuantiosa cantidad de dinero y se divorció. También informó a la policía sobre la Mafia, pero “Don Vitone” la quería demasiado para autorizar su eliminación. En vez de eso mató a Steve Franse, el hombre que se había convertido en su amante.



Las energías de los cazadores de gangsters estaban lejos de agotarse, y en 1937 se empezó una persecución por todos los Estados Unidos de Louis “Lepke” Buchalter, pero Albert Anastasia lo ocultó. Hacia mediados de 1939, el Sindicato decidió que las autoridades necesitaban una víctima propiciatoria. Frank Costello persuadió a Lepke de que habían llegado a un acuerdo con el director del FBI, J. Edgar Hoover, consistente en que si se entregaba voluntariamente sólo sería acusado de delitos menores. El mafioso insistió en entregarse personalmente a Hoover, pero como el acuerdo era inexistente, en menos de un mes Lepke se encontraba ante un juez federal acusado de tráfico de estupefacientes.



Aún se avecinaban tiempos peores. A principios de los años cuarenta, uno de los matones empleado en “Asesinatos, S.A.”, Abe “Kid Twist” Reles, se convirtió en el primer informante oficial que destapó asuntos de la Mafia mientras cumplía condena en prisión por asesinato. Sus declaraciones enviaron a una docena de asesinos a sueldo a la silla eléctrica, y también a Lepke, anteriormente jefe de “Asesinatos, S.A.”. Luciano, indirectamente responsable de la suerte de éste, siempre había estado dispuesto a sacrificarlo, pero otros jefes del Sindicato empezaron a preocuparse por todo lo que estaba confesando el traidor Reles. Sus testimonios ponían en peligro a Albert Anastasia y a “Bugsy” Siegel, otros dos jefes de “Asesinatos, S.A.”



Abe Reles


“Lucky” Luciano dio la orden: matar a Reles. Pero “Kid Twist” estaba custodiado las veinticuatro horas del día por la policía en el sexto piso del hotel Half Moon, en Coney Island. En los albores del día 12 de noviembre de 1941, cinco agentes lo protegían. Poco antes de las 07:00 horas, uno de los gerentes adjuntos del hotel percibió un golpe seco sobre el tejado inferior del edificio. La policía comprobó el cuarto de Reles: el pájaro había volado. Su cuerpo se encontraba doce metros y medio más abajo, estrellado contra el tejado. El chiste que se oyó durante las siguientes semanas en los bajos fondos decía así: “Vaya, vaya. Resulta que el canario que sabía cantar no sabía volar”. “Lucky” Luciano nunca tuvo reparos en admitir que él había ordenado su muerte. Lo que resultaba estremecedor era el hecho de que un atentado de la Mafia se hubiese podido llevar a cabo tan fácilmente. Hacia el final de su vida, Luciano mantuvo que la policía estuvo implicada en el asesinato de Abe Reles e involucró en el asunto a William O'Dwyer, el fiscal del distrito de Brooklyn en el momento de ocurrir los hechos; el hombre directamente responsable de la custodia de Reles. O'Dwyer, había evitado que Reles volase hasta la costa. En 1945 se transformó en uno de los alcaldes más notoriamente corruptos de Nueva York, figurando en la nómina de los gangsters.



El cadáver de Abe Reles


A Fiorello LaGuardia lo sucedió Bill Dwyer, otro alcalde corrompido por la Mafia, y el ciclo volvió a empezar. La participación estadounidense en la Segunda Guerra Mundial le dio a Luciano la posibilidad de conseguir la libertad condicional. A finales de 1942, los Estados Unidos habían perdido setenta y un buques mercantes a causa de los submarinos alemanes nazis. La inteligencia naval sospechaba que la información era transmitida al enemigo por estadounidenses de origen alemán e italiano, que tenían contactos en las zonas portuarias. El 9 de febrero se quemó, estando anclado en su muelle de Manhattan, el gran navío francés “S. S. Normandie”. El sabotaje estaba en la mente de todos. Un grupo de militares, encabezado por el teniente coronel Charles Haffenden, consciente de que quien controlaba los diques y muelles de Nueva York era la Mafia, estaba decidido a conseguir su cooperación. Los oficiales de marina iniciaron los contactos con Joe “Socks” Lanza, el jefe de menor importancia que controlaba el Fish Market; pero pronto recibieron una contestación unánime de los bajos fondos: la cooperación efectiva debía decidirla el verdadero jefe, “Lucky” Luciano. Se contactó con él a través de su abogado, Moses Polakoff. Primero reaccionó negativamente a menos que se le prometiera su liberación, pero al poco tiempo, y gracias a sus contactos, las acciones de sabotaje habían desaparecido, a finales de 1942, de los muelles de la ciudad.



El ataque al “S. S. Normandie”


Durante los últimos años de la guerra se permitió que todos los amigos de Luciano, sin restricción alguna, lo visitaran en la cárcel. Antes de que ésta terminara, “El Rey del Crimen” fue trasladado de Danemora a Great Meadow, la “casa de retiro” del sistema penitenciario estadounidense. El día en que finalizó la guerra, el 7 de mayo de 1945, Charles Lucania envió una petición de clemencia a quien fuera su perseguidor, el otrora fiscal Thomas E. Dewey, ahora gobernador del Estado, y éste trasladó la petición a la Junta de Libertad Condicional, nombrada por él; el 3 de enero de 1946 se anunciaba oficialmente que “Lucky” Luciano iba a ser puesto en libertad, a condición de que se exiliase inmediatamente a su Sicilia natal.



Soldados estadounidenses en Sicilia


La pronta liberación de Luciano y el papel que en ella jugó Dewey fueron objeto de posteriores análisis. A inicios de los cincuenta, en pleno macartysmo, la cuestión fue estudiada por un Comité de Investigación del Senado, el Comité Herlands, quien exculpó íntegramente a! gobernador. En 1951 causó verdadera consternación el que se negara a comparecer ante un Comité del Congreso para la Investigación del Crimen Organizado. No obstante, los servicios secretos de la Marina procuraron ocultar el informe y la versión oficial establecía que la liberación de Luciano se debía a los servicios prestados durante la guerra. Puede que fuera verdad, pero muchos, incluyendo al jefe del departamento antinarcóticos federal, Harry J. Anslinger, estaban profundamente molestos de que un criminal reincidente como “Lucky” Luciano hubiese sido liberado. Los rumores mantuvieron que éste le compró su libertad a Dewey. Hacia el final de su vida, Luciano decía que por aquella época había conseguido reunir suficiente material comprometedor contra el ex fiscal, de forma que podía chantajearle para obtener su liberación. Entre este material también había pruebas de conducta irregular durante el juicio de 1936. Posteriormente, Dewey se dedicó al ejercicio privado de la abogacía y se convirtió en amigo íntimo y consejero del presidente Richard Nixon. Murió de un fallo cardíaco en 1971, a la edad de sesenta y ocho años.



“Lucky” Luciano fue conducido a bordo del barco “S.S. Laura Keene” el 8 de febrero de 1946. No se le permitió poner pie en Manhattan. Los periodistas intentaron asaltar el buque para conseguir una entrevista y fotografías, pero los estibadores, a las órdenes de Albert Anastasia, les cerraron el paso con sus garfios. Sin embargo, todas las personalidades prominentes del mundo de la Mafia y de la política neoyorquina sí subieron a bordo para participar en una espléndida fiesta de despedida. A la mañana siguiente, 9 de febrero, el crucero se hizo a la mar, llevando al “Rey del Crimen” hacia el exilio.



“Lucky” Luciano parte escoltado rumbo al exilio


Luciano no tenía la más mínima intención de atarse por mucho tiempo a Italia, su fin último era regresar a los Estados Unidos. A finales de septiembre de 1946 obtuvo dos pasaportes italianos con el nombre de Salvatore Lucania. A finales de octubre firmó en el libro de registro del Hotel Nacional de La Habana, a sólo 55 kilómetros de los Estados Unidos. Cuba, bajo la corrupta dictadura de Fulgencio Batista, era un centro de actividades del crimen organizado desde hacía tiempo, sobre todo en temas de juegos y apuestas. Meyer Lansky había reservado habitaciones y, además, preparaba una nueva reunión al más alto nivel de los bajos fondos norteamericanos, cuyo comienzo estaba previsto para el 22 de diciembre. Todos los grandes nombres estarían presentes.



Hotel Nacional de La Habana


En la conferencia, Luciano fue capaz de desbancar al rival que ambicionaba su puesto, Vito Genovese, el cual había vuelto a Estados Unidos. Pero lo que más destacó de esa reunión de mafiosos fue la decisión de eliminar a “Bugsy” Siegel, uno de los amigos de Luciano y quien había fundado la ciudad de Las Vegas. Esta decisión se tomó durante una reunión privada de éste con los otros grandes capos. Siegel se había encargado desde los años treinta de las actividades de la Costa Oeste, especialmente el juego, estableciéndose en lo que por entonces aún era un pueblo insignificante, Las Vegas.



En los años de postguerra se dedicó a construir un hotel inmenso, el Flamingo. Pero los líderes del Sindicato consideraban que estaba dedicándole al proyecto demasiados fondos comunes. También luchaba con otros jefes de los bajos fondos para hacerse con el control de las líneas telegráficas mediante las que se transmitían informaciones sobre apuestas en las carreras. El encuentro en La Habana decidió que Siegel debía desaparecer. Ni siquiera protestó Meyer Lansky, quien había admirado fervientemente al espigado Siegel en la época en que formaron juntos la banda “Bugsy y Meyer”.



Dibujo de “Lucky” Luciano en La Habana, con una de sus amantes


La tarde del 20 de junio de 1947, “Bugsy” Siegel descansaba en la casa de su amante, Virginia Hill, en Beverly Hills. Virginia era una conocida “bag lady” (mensajera) de los gangsters. Y en ese momento se encontraba en Europa. Repentinamente, una ráfaga de ametralladora militar atravesó los cristales de las ventanas y alcanzó la cara y el cuerpo del mafioso.



El cadáver de “Bugsy” Siegel










El amigo que estaba sentado con él, Allen Smiley, no recibió un solo rasguño. A "Bugsy" lo alcanzaron cinco de las nueve balas. Era un hombre con aspecto de actor de cine y se había convertido en una pequeña celebridad entre la gente de Hollywood, donde contaba entre sus amigos íntimos al actor George Raft. El legendario “Bugsy” Siegel había muerto.



El funeral de “Bugsy” Siegel


Harry Anslinger, del Departamento Federal Antinarcóticos, supo que Luciano estaba en Cuba. A causa de las presiones del Gobierno de los Estados Unidos, Luciano fue deportado de Cuba. La policía italiana lo esperaba a su llegada a Génova. Tras su llegada a Génova (Italia), “Lucky” Luciano fue inmediatamente conducido a su pueblo siciliano natal, Lercara Friddi, en donde se le trató como al hijo regenerado que retorna al hogar.



Placa en memoria de “Bugsy” Siegel


Este millonario que se había hecho a sí mismo, no tardó en conseguir la necesaria autorización para residir en Palermo. Allí estableció contacto con Calogero “Don Cala” Vizzini, el jefe supremo de la Mafia en Sicilia. Tampoco pasó mucho tiempo para que Luciano persuadiera a Vizzini, un mafioso a la vieja usanza, de que el futuro había que buscarlo en el negocio del tráfico de narcóticos a gran escala. Los dos hombres empezaron a poner los cimientos de un negocio que supondría la importación de heroína estadounidense por valor de $150,000.00 de dólares.



Pero aún desde su exilio italiano, “El Rey del Crimen” sentía a veces la necesidad de ordenar alguna que otra eliminación en los Estados Unidos. A principios de 1952. Anslinger envió a Italia a un agente secreto. Era Charles Siragusa, un italo-americano que había crecido en el Bronx y aprendido a odiar a los gangsters. Siragusa se esforzó en que acusaran a Luciano de tráfico de drogas; incluso persuadió a un matón americano de poca monta, un vendedor de drogas llamado Eugene Giannini, enviado a Italia desde los Estados Unidos por Vito Genovese, para que informara sobre las actividades de Luciano mientras estaba bajo custodia. La policía italiana deportó a Giannini y éste, quizás arriesgándose demasiado, volvió a los Estados Unidos en abril de 1952. Luciano había advertido a Genovese de que Giannini era un soplón, y el 20 de septiembre de 1952 Joe Valachi y otros dos hombres lo liquidaron en una calle de East Harlem.



El cadáver de Eugene Giannini


La vida de Luciano en Italia durante esos años transcurrió placenteramente. A pesar de que tanto la policía italiana como la estadounidense sabían que era uno de los hombres clave del próspero negocio de tráfico de drogas hacia Estados Unidos, no podían hacer prácticamente nada para pillarle in fraganti, salvo restringir su libertad de desplazamiento en numerosas ocasiones. En 1949 pasó una corta temporada en la cárcel, pero a la policía le faltaban pruebas consistentes para dejarlo fuera de combate. En 1955, Charles Siragusa se convirtió en director de la sección europea del Departamento Federal Antinarcóticos.



Charles Siragusa


A Luciano le fue prohibido abandonar su domicilio desde el anochecer hasta el amanecer, y también alejarse más de diez kilómetros de la ciudad de Nápoles (en la que ahora residía). A pesar de esto, charlaba frecuentemente con periodistas y visitantes comentándoles sus problemas. Llegó a convertirse en una verdadera atracción turística de la zona napolitana. Fundó un par de negocios legítimos, uno de venta de material eléctrico y otro de venta de equipos médicos; la Mafia le suministraba dinero obtenido de sus negocios en Estados Unidos a través de la mensajera Virginia Hill, ex amante del ejecutado “Bugsy” Siegel.



Virginia Hill


En Italia, “Lucky” Luciano también se topó con el amor. Desde finales de los años cuarenta, mantuvo relaciones con la bella y culta Igea Lissoni, quizás el único gran amor de su vida. Igea Lissoni era una muchacha muy bella y bien educada de Milán. Se preparó para ser bailarina de ballet en la ópera de Milán, pero cuando descubrió que le faltaba talento para llegar a ser una prima ballerina, decidió dedicarse a trabajar en los nightclubs.



Conoció a Luciano en 1947, mientras hacía su número de baile en un club nocturno de Roma y éste la cortejó al viejo estilo y con mucha insistencia. Aunque ella, al principio, estaba horrorizada por la reputación del gangster, se convirtió en su amante. Juntos vivieron una década de felicidad. Bajo la influencia de Igea, Luciano empezó a leer libros, incluyendo las obras de Shakespeare. Sin embargo, nunca consiguió persuadirlo para que la acompañara a una representación de ballet. Luciano pensaba que aquello no era más que un montón de afeminados vestidos con calzones ajustados. Nunca se casaron, ni tuvieron hijos. En 1958, Igea murió trágicamente de cáncer a los treinta y siete años.



Igea Lissoni


En 1950 y 1951, muchos estadounidenses cobraron consciencia de la existencia real del crimen organizado a través de la labor del Comité del Senado para la Investigación del Crimen Organizado. Estuvo presidido por el senador demócrata Estes Kefauver, y el nombre popular que recibió fue el de “Kefauver Hearings”. El Comité visitó varias ciudades importantes escuchando los testimonios de gangsters y funcionarios encargados del cumplimiento de la ley. Las audiencias se televisaron y el senador, antes prácticamente desconocido, se transformó en una especie de héroe nacional. Una de las cartas que recibió decía así: “Soy un pillo de poca monta. No sé mucho de nada, pero creo que eres un tipo fenomenal”.



Estes Kefauver


No obstante, las sesiones frecuentemente provocaron más hilaridad que otra cosa; y echaban poca luz sobre lo investigado. La nación quedó fascinada con los aspavientos de las manos de Frank Costello (el gangster había prohibido que su cara apareciese en la pantalla). La mensajera Virginia Hill dijo ante el Comité, bajo juramento, que esperaba que una bomba atómica le cayese encima.



Pero las investigaciones tuvieron, a pesar de todo, algunos resultados concretos. Se consiguió quebrar el poder inatacable de Frank Costello y Joe Adonis fue deportado. El más parlanchín e incoherente de todos los gangsters fue Willie Moretti, quien sufría sífilis. Uno de los miembros del Comité declaró que el testimonio de éste le había parecido “algo más refrescante”. Los matones liquidaron a Moretti. Tal como dijo un comentarista: “Todos querían a Willie Moretti. Ellos sencillamente querían verlo muerto”.



El cadáver de Willie Moretti


Tras la muerte de su esposa Igea, Luciano vivió con una joven napolitana de veinte años, llamada Adriana Rizzo. A ella le encantaban los perros y Luciano se aficionó también a ellos. En 1959, Luciano sufrió un grave ataque al corazón, del que se repuso gracias a los cuidados de su joven amante.



“Lucky” Luciano, su amante Adriana Rizzo y uno de sus perros


Luciano mantuvo férreamente el control sobre la Mafia estadounidense, pero hacia finales de los cincuenta había perdido mucho poder. La cabeza visible del Sindicato hasta 1957 había sido Frank Costello, pero un atentado contra su vida, que casi tuvo éxito, lo amedrentó, y decidió retirarse de la vida activa. Fue el momento en que Vito Genovese intentó lograr la corona de capo di tutti capi, y lo consiguió.



En 1959, un informador no perteneciente a la Mafia, Nelson Canellops, “cantó” lo suficiente para mandarlo a prisión bajo la acusación de tráfico de drogas; allí murió pocos años después. Se cree que fue Luciano quien organizó el golpe contra Vito Genovese, antaño su amigo y ahora su adversario.



Vito Genovese en prisión


Por esa misma época conoció a un productor de películas de Hollywood, Barnet Glassman, y aceptó que se rodase una cinta titulada La historia de “Lucky” Luciano, basada en el guión de Martin Gosch. En enero de 1962, Luciano llamó repentinamente a Gosch, quien se encontraba en Madrid, para reunirse con él en Nápoles. Este contó con posterioridad que la Mafia estadounidense había prohibido la filmación de la vida del gangster.




Su biógrafo, Tony Scaduto, sin embargo, nos dice que el motivo de la reunión era el malestar de Luciano por el guión y que quería discutido con el guionista. Luciano fue hasta el aeropuerto Capodichini de Nápoles el 26 de enero de 1962, para esperar la llegada de Gosch.



Martin Gosch


La policía antidroga había hecho un registro en su casa el día anterior, aparentemente porque una llamada de teléfono de Gosch hablando de un “guión” les había llevado a pensar que se trataba de un envío de drogas. El oficial de policía italiano Cesare Resta vigilaba a Luciano en el aeropuerto, y parece ser que se planeaba detenerlo. El vuelo de Gosch llegó poco después de las 17:00 horas y Luciano lo saludó a la salida de las llegadas internacionales. Hay tantas versiones sobre lo que se dijeron en esos instantes que es imposible asegurar cuál es la verdadera. Lo que sí está fuera de duda es que mientras charlaban y caminaban hacia la salida del aeropuerto, “El Rey del Crimen” sufrió un ataque fulminante al corazón y murió en cuestión de segundos.



El cadáver de Salvatore “Lucky” Luciano en el aeropuerto



Tres días más tarde se celebró la misa de réquiem en la Iglesia de la Santísima Trinidad de Nápoles. Su viejo amigo Joe Adonis, también deportado a Italia, obtuvo la autorización policial necesaria para asistir a las exequias. Dentro del mejor estilo gangsteril, éste rindió homenaje a Luciano con un masivo tributo floral y las palabras “Hasta la vista, amigo” (“So long, pal”). Luciano había expresado el deseo de que sus restos reposaran en la capilla familiar que adquirió en 1935 en el cementerio de St. John, en Middle Village, Quens, donde yacían su madre, su padre, un tío y una tía. Su deseo post mortem fue respetado: “Lucky” Luciano fue enterrado junto a su familia el 7 de febrero de 1962.



El funeral de “Lucky” Luciano


Los otros grandes personajes de la Mafia estadounidense tuvieron destinos muy diferentes entre sí. Al Capone fue liberado de la Prisión Federal de Atlanta, y más tarde de Alcatraz, en 1939. Había cumplido ocho años de condena por evasión de impuestos. Capone se retiró a su gran finca de Palm Island, en Florida, donde disfrutó de una vida tranquila y agradable. Sufría de paresis, una enfermedad degenerativa del cerebro, que se originó a partir de una sífilis contraída cuando era joven. Durante los siguientes ocho años no se dejó ver en público. Tras sobrevivir a cuatro jefes de policía, dos administraciones municipales, tres fiscales de distrito y a un regimiento de agentes de la Prohibición, Al Capone murió pacíficamente en su cama en enero de 1947, a la edad de 52 años, acompañado por su siempre fiel esposa Mae.



La tumba de “Lucky” Luciano


Albert Anastasia sirvió en el ejército como sargento técnico instructor de tropas durante la Segunda Guerra Mundial. Después, en 1951, se dedicó a abrirse camino a base de asesinatos en la cúspide de la familia Mangano. El 25 de octubre de 1957 Anastasia estaba sentado en la silla del barbero del hotel Park Sheraton de Manhattan, donde había sido asesinado Arnold Rothstein, cuando dos hombres entraron en la peluquería y le dispararon a bocajarro diez veces. El liderazgo de la familia pasó a manos de Carlo Gambino.



El cadáver de Albert Anastasia



Vito Genovese huyó de los Estados Unidos en 1937. Pesaba sobre él la acusación de asesinato. Se hizo merecedor de la gracia del dictador italiano Benito Mussolini, transformándose en el principal abastecedor de de drogas de su yerno, el conde di Ciano, ministro de Asuntos Exteriores. A pesar de ello, Genovese no tuvo dificultad alguna para pasarse al bando aliado cuando las fuerzas de los Aliados ocuparon Italia. Tras su vuelta a los Estados Unidos, ordenó la muerte de Anastasia y el fallido atentado sobre Frank Costello, para hacerse con el poder supremo en 1957. En 1959 fue encarcelado y murió diez años después en la prisión. Al igual que “Lucky” Luciano, su viejo amigo y luego rival, Genovese fue enterrado en el frío cementerio de St. John, en Queens, el lugar de descanso final favorito de muchos gangsters. En 1970, Meyer Lansky tuvo que exiliarse a Israel, donde vivió algunos años para eludir la acusación de un gran jurado federal. Regresó a los Estados Unidos y murió allí en 1983. Fue el último superviviente de una generación legendaria de gangsters.



Meyer Lansky rumbo a su juicio


El impacto de la Mafia llegó a influenciar la literatura y el cine. La saga cinematográfica de El Padrino, producida inicialmente en 1972, fue la película de más éxito desde Lo que el viento se llevó. El jefe de la Mafia, Vito Corleone, interpretado por Robert de Niro y Marlon Brando, está inspirado en Carlo Gambino, el gangster de suaves modales, frío y despiadado, cuya carera se extendió entre los años treinta y cuarenta. El Padrino le dio a la Mafia un glamour y un aura de leyenda que nunca la abandonaron. Escrita originalmente por Mario Puzo y dirigida por Francis Ford Coppola, la saga familiar de la Familia Corleone se convirtió, según los principales recuentos cinematográficos, en la mejor película de la historia del cine.



El Padrino


Hacia el final de la vida de Luciano, la gente hacía notar que su aspecto era el de un dentista italiano jubilado. En realidad era un asesino brutal, un cerebro criminal, un hombre que se jactaba “de haber enterrado a cien fulanos”. Un hombre de negocios que en los últimos años de su vida se ocupó de organizar la terminal italiana del tráfico de narcóticos. “Lucky” Luciano tenía los prejuicios, modales y hábitos de la mayoría de los italianos que llegaron al Lower East Side a principios del siglo XX. Y, dentro de la generalidad, no se le habría considerado automáticamente como un sujeto malvado. Pero su carácter tenía una cara escondida. Especialmente durante su juventud mostró una extraordinaria proclividad para ser violento. Esto fue lo que le llevó por la senda criminal desde una edad muy temprana, y caminó por ella hasta el final. Luciano creció en los barios bajos, en un distrito italiano con ambiente de tugurio. Al igual que otros muchos de sus amigos, vio en el crimen y la delincuencia una salida válida para su miserable situación. Se unió a la Mafia desde pequeño y estaba impaciente por matar a las órdenes de los mafiosos veteranos para “demostrar que era un hombre”.



Pero Luciano era más inteligente que la mayoría de los gangsters. Tuvo la imaginación suficiente para transformar las bandas de la época de la Prohibición en una poderosa organización a nivel nacional. Empezó como un despiadado y violento pueblerino, pero terminó como un hábil líder. Hacia el final de su vida aún hablaba con rudeza, pero su voz traicionaba la capacidad de su cerebro. Tenía una importante ventaja a la hora de mandar: su encanto. A lo largo de toda su vida consiguió cautivar a la gente hasta el punto de que olvidaran lo que verdaderamente era: un gangster. Cuando era joven, Max Goodman, su patrón judío, estaba fascinado por su encanto personal e incluso le ayudó a salir de la cárcel. La afinidad natural del mafioso con los judíos, mostraba su habilidad especial para entenderse con la gente, misma que superaba con mucho la de otros sicilianos desconfiados. Ese encanto le valió la amistad de por vida de Meyer Lansky, quien se preocupó de que el crimen organizado le suministrase todo lo necesario para vivir cómodamente incluso en el exilio. En ese mismo exilio, sus galantes modales hicieron mucho para que su amante, Igea Lisoni, llegase a amar a un hombre que sabía era un gangster sanguinario. Al final de su vida, Luciano solía decir que si volviera a nacer, hubiera dedicado todas las energías que invirtió en el mundo del crimen al mundo de los negocios legítimos. Quizá hubiese amasado una fortuna en el mundo de los negocios. Pero constituye toda una revelación el que escogiera desde el primer hasta el último momento de su trayectoria otro camino bien diferente: la senda que lo convirtió en “El Rey del Crimen”.



Cronología (click en la imagen para ampliar)




VIDEOGRAFÍA:

Salvatore "Lucky" Luciano en Crímenes del siglo XX
video



BIBLIOGRAFÍA:










FILMOGRAFÍA:






DISCOGRAFÍA:

16 comentarios:

Anónimo dijo...

primero...

Anónimo dijo...

segundo...

Anónimo dijo...

pocos saben que frank sinatra fue amigo de luciano y que estuvieron reunidos en cuba.

y lo de "lindy" se lo copio al famoso charles lindbergh o lucky lindy

Manuel Pérez dijo...

Excelente biografía, como la de Al Capone. Muy útiles para vertir luz sobre las particularidades de la Mafia.

Anónimo dijo...

10 puntos. Saludos desde Córdoba, Argentina. Jorge.-

z0epy dijo...

UN GUSTO LEER ESTE WEBSITE ME SORPRENDE QUE ESTOS MAFIOSOS CONTRAJERON LA SIFILIS, IMAGINO QUE ERA OBVIO PUES LA PROMISCUIDAD ESTABA A FLOR DE PIEL, MUY MALO ESTE LUCKY. NO NEGARE QUE TENIA CURIOSIDAD POR QUE LEYENDO LA SEMANA PASADA SE HIZO MENCION DE EL AUNQUE YO DE PLANO ME QUEDO CON AL CAPONE...
ME FASCINO LA REVELACION MAFIOSA

AHORA A ESPERAR EL PROXIMO LUNES
SALUDOS A TODOS LOS FIELES DEL WEBSITE Y EN ESPECIAL

☺ANILUY
☺HALFORD
☺KARUNA
☺LAURA ALFARO
☺TESSIO
☺SPIZMA
☻☻☻ESCRITO CON SANGRE☻☻☻

Manuel Pérez dijo...

Por qué será que siempre en las mejores entregas se dan menos comentarios? Y en las que no son tan buenas, o son cortas, o son tipologías, etc., siempre hay troles quejándose?

halford dijo...

Es que somos más dados a criticar los yerros, a ver los puntos a corregir o lo que no nos gusta que reconocer lo bueno o felicitar a quién logra algo, es naturaleza humana y solo refleja nuestros miedos y traumas, cuando nos quejamos e insultamos a alguien estamos dando a entender lo que nos falta o no nos gusta de nosotros, aunque no nos demos cuenta.

Acerca de la entrada, magistral como pocas, algo a lo que ya nos acostumbra escrito desde hace buen tiempo, con tal ritmo, es normal de vez en cuando alguna mas corta, menos detallada, lo que importa es el trabajo global y aquí ya hay todo un tratado en la temática, saludos a los fieles lectores de este blog, Karuna, laura, Zoepy, Anailuy, Tessio, Manuel, todos en general, incluso los Trolls, y sobretodo a escrito.

Obliterator dijo...

Muy interesante el artículo, con la profundidad y documentación que caracteriza a esta magnífica página.

Todo un genio del mal el señor Luciano, lo más admirable es como logró sobrevivir tanto tiempo en el brutal mundo de la mafia sin ser traicionado.

Me encantan las pelis de mafia y este artículo me recordó las de scorcese, las que están basadas también en libros ó historias reales.

z0epy dijo...

APOYANDO EL COMENTARIO DE HALFORD QUE APOYO AL DE MANUEL ES VERDAD
"LO QUE TE CHOCA TE CHECA"

Anónimo dijo...

No olviden esta pelicula:

http://en.wikipedia.org/wiki/Mobsters

Monica dijo...

Buena la biografia! desde que vivo en un alquiler de apartamentos en Palermo me interesa mucho mas todo sobre estos años porque mi vecino me puso bastante en tema

Luis Emilio Roldan dijo...

Excelente articulo muy entretenido, solo una cosa le veo de mal, Robert de Niro no salio en el Padrino, es al Pacino, o me equivoco¡?

Un Saludo

Anónimo dijo...

Poco a poco Hollywood le ha ido abriendo las puertas a contar historia de gánster y creo que una de las más espectaculares es la de Lucky Luciano conozco poco de su vida por la serie de HBO, pero me parece que se queda corta en comparación con la realidad.

javibuzo dijo...

Creo que solo puedo darle las gracias en nombre de muchisima gente que ha leido sus articulos.Gracias por su excelente trabajo.
(Luis Emilio Roldan, De niro y Al pacino, son hoy quienes son, gracias Al Padrino, y ambos tuvieron brillantes papeles en la saga)

Ampersand dijo...

Que interesante, saber que de todos los emigrantes recién llegados a Nueva York, se conocieron dos en la misma escuela: Alphonse Capone y Salvatore Lucania, junto a un tercero que fue muy amigo de "Lucky" Luciano, Meyer Lansky.

Sólo me quedo pensando, que en aquellos años mozos, ni idea tenían del alcance que llegarían a tener al correr los años, el alcohol, los dólares, la sangre y el plomo ....en esos tiempos sufrían penurias, y la historia de sus vidas probó que olvidaron muy pronto todo es tren de vida, y en el caso de Luciano, convirtió a la Mafia en una auténtica empresa corporativa de proyección internacional ... Saludos !!!!