Gordon Stewart Northcott: "El Asesino del Gallinero"



“Sin embargo (…) continúan llorando
por el interminable desastre que es la muerte”.

Constantino Cavafis


Gordon Stewart Northcott nació el 9 de noviembre de 1906 en Bladworth, Saskatchewan (Canadá), pero se crió en la Columbia Británica.



Northcott cuando era niño, a los diez y trece años



Fue hijo de George Cyrus Northcott y de su esposa, Sarah Louise. Gordon se mudó a Los Ángeles, California (Estados Unidos) con sus padres en 1924.



George Cyrus Northcott, el padre



Northcott era un granjero de corazón. Su mayor ambición era poseer una granja propia. Ahorró un par de años y compró una parcela en Wineville, California.



Sarah Louise Northcott, la madre



Allí construyó una granja de pollos con la ayuda de su padre, quien estaba en el negocio de la construcción.



El joven Gordon Stewart Northcott


Para 1926, el sitio estaba listo. Sin embargo, había otro motivo para la deseada independencia de Northcott: a lo largo de los años, había desarrollado una enfermiza atracción sexual por los niños. Según declararía años después, gozaba al fantasear con cuerpos infantiles desnudos, violentados por él. Primero de manera tímida y después dando rienda suelta a su obsesión, Northcott fue transformándose en un depredador sexual.



Northcott se sentía atraído sexualmente por su sobrino, Sanford Clark, quien nació el 1 de marzo de 1913. Tenía trece años de edad y vivía con él. El niño se vio obligado a enviar cartas a su hermana mayor, Jessie, diciéndole que estaba muy bien en la granja de Northcott. Pero en realidad era violado casi todas las noches y obligado a ayudar en las tareas más pesadas.



Sanford Clark


Cuando se hartó del chico, Northcott decidió arriesgarse y comenzó a buscar niños con los cuáles satisfacer sus impulsos sexuales. Le resultó extremadamente difícil acercarse a los chicos y conseguir que alguno accediera a acompañarlo. Desesperado, decidió echar mano de la violencia.



Northcott comenzó a secuestrar niños. Los llevaba a bordo de su camioneta hasta su granja, donde procedía a amarrarlos en el gallinero. Luego los desnudaba, acariciaba torpemente los cuerpos infantiles y después los violaba.



Al principio se limitaba a amenazarlos y los dejaba irse. Pero después, abrigó el temor de que alguno de esos niños pudiera denunciarlo, así que decidió conservar a los chicos secuestrados.



Su gallinero empezó a llenarse de niños. Veinticuatro chicos serían la lista total de sus víctimas. Los mantenía atados y disfrutaba acudiendo allí por las noches, seleccionando a uno o dos de ellos, llevándolos a la habitación de junto para golpearlos y violarlos.



Las manos de Northcott


Esta práctica le resultó más agradable, pues ya no tenía que arriesgarse a buscar nuevas víctimas tan seguido.



Northcott llegó a tener a diez o doce niños secuestrados, de los cuales abusaba continuamente. Hubo un rumor de que Northcott prostituía a sus víctimas con los pederastas ricos del sur de California, pero nunca hubo pruebas al respecto.











Pero las continuas desapariciones de niños levantaron una ola de inquietud entre la gente de las cercanías y las autoridades comenzaron a investigar.



Aparecieron notas en los periódicos y Northcott se sintió inseguro. Si alguno de los niños escapaba, sería el fin de todo para él.




Walter Collins, un chico de nueve años de edad, desapareció de su casa en Lincoln Heights, Los Ángeles (California) el 10 de marzo de 1928. Era el único hijo de Christine Collins, una madre soltera que trabajaba como telefonista. El niño fue secuestrado cuando salió a jugar en la calle, durante el turno laboral de su madre.



Walter Collins



Gordon Northcott lo había conocido cuando trabajaba en un supermercado al que Walter Collins solía ir para cumplir encargos de su madre. Luego lo vio en la calle y se le acercó. "¿Quieres venir a mi rancho y montar a los caballos?", le preguntó Northcott al niño y este accedió, feliz. Debido a que Walter recordaba vagamente a Northcott, sintió que no había nada que temer.



Northcott llevó al chico a su granja. Allí le dio una golpiza, lo desnudó, lo amarró y procedió a violarlo delante de los demás chicos secuestrados. Luego lo dejó encerrado con los demás.



Varios días después, Gordon Northcott recibió una llamada telefónica de su madre, Sarah Louise Northcott. Ella le dijo que iría a visitarlo a la granja y que iba a permanecer durante unos días con él.



Northcott liberó a la mayoría de los chicos que había secuestrado, llevándolos de regreso al pueblo de Wineville y amenazándolos para que no hablaran.



Pero mantuvo a cuatro niños amarrados, amordazados y escondidos en los gallineros, para su disfrute personal: eran dos hermanos, Lewis y Nelson Winslow, de doce y diez años de edad, secuestrados en Pomona el 16 de marzo de 1928; un niño mexicano de quien nunca se averiguó su nombre; y Walter Collins.



Lewis y Nelson Winslow




Pero Sarah Louise Northcott era muy consciente de que su hijo era un pederasta. Comenzó a sospechar de lo que realmente había en los gallineros y de la insistencia de Gordon en mantenerla lejos de ellos.



Sarah Louise Northcott


En algún momento en su visita a la finca, Sarah Louise descubrió a Walter Collins en el gallinero. Esto sellaría el destino del chico. La mujer le dijo a su hijo que estaba muy decepcionada de él, puesto que había secuestrado y violado a un chico que lo conocía y podía identificarlo.



Sarah Louise convenció a su hijo de que matara a Walter Collins, y de que lo hiciera ayudado por Sanford Clark, para que el chico, al ser cómplice, no pudiera acudir con la policía. Northcott. Le hizo caso. Junto con su sobrino, fueron al gallinero llevando un rifle. Pero Sarah Louise hizo notar que el arma de fuego haría mucho ruido. Sugirió utilizar el hacha con la que Gordon Northcott decapitaba a las gallinas, pero por el lado romo.



Así que entre Northcott y Sanford Clark, colocaron la cabeza de Walter Collins contra un tronco y golpearon repetidas veces su cabeza con el hacha. Los golpes de Sanford Clark, quien aún era un chico, eran muy débiles y sollozaba mientras lo hacía; no le causó la muerte al niño, aunque le quebró el cráneo, le fracturó los pómulos y le reventó los ojos. Sarah Louise también participó, propinándole algunos golpes a Collins, pero seguía vivo, y Northcott tuvo que rematarlo a golpes.



Mientras Walter Collins era asesinado, su desaparición recibía atención nacional y la policía de Los Ángeles hizo un seguimiento de cientos de pistas sin éxito. La policía, ante la publicidad negativa y el aumento de la presión pública para resolver el caso, se mostraba desesperada. La presión de Christine Collins era mucha y el asunto comenzaba a politizarse.



Christine Collins


Cinco meses después de la desaparición de Walter Collins, un niño que afirmaba ser él fue encontrado en DeKalb, Illinois. Arthur Jacob Hutchins Jr., un fugitivo de doce años de edad originario de Iowa, iba a darle a aquel caso un nuevo y siniestro giro. La madre biológica de Hutchins había muerto cuando él tenía nueve años y había estado viviendo con su madrastra, Violeta Hutchins.



Arthur Jacob Hutchins Jr.


Tras huir de ella y vagar por un mes, se encontró con un vagabundo en un café. El tipo lo invitó a desayunar; luego le dijo que era muy parecido a Walter Collins, por lo que Hutchins decidió hacerse pasar por él. El motivo era llegar a Hollywood para poder conocer a su actor favorito, Tom Mix.



Cartas y fotografías se intercambiaron antes de que la madre de Walter, Christine Collins, aceptara ver al chico, que de inmediato fue trasladado a Los Ángeles. Una reunión pública fue organizada por la policía, que esperaba contrarrestar así la mala publicidad que había recibido por su incapacidad para resolver ese caso. También esperaban que la historia de la reunión de madre e hijo, distrajese la atención de una serie de escándalos de corrupción, que mancharon la reputación del departamento.



Christine Collins y el hijo falso


Pero algo salió terriblemente mal. En la reunión, Christine Collins declaró ante todos que aquel niño no era su hijo Walter. Los periodistas no daban crédito a lo que escuchaban, sobre todo porque el niño se aferraba a ella y la llamaba “mamá”. Desesperado, el oficial a cargo del caso, el capitán de policía J.J. Jones, le dijo que se llevara al niño a su casa para “tenerlo por un par de semanas” y determinar su identidad. Asustada y presionada, Christine Collins se mostró de acuerdo.



Los titulares sobre el supuesto reencuentro


Tres semanas más tarde, Christine Collins estaba convencida de que aquel niño no era su hijo. No tenía su misma estatura, ni sus cicatrices, ni su talla. Volvió a ver al capitán Jones e insistió en su afirmación de que el niño no era Walter.



A pesar de que estaba armada con registros dentales para probarlo, Jones determinó internar a Christine Collins en el pabellón psiquiátrico del Hospital del Condado de Los Ángeles bajo un "Código de Internamiento 12", un término utilizado para aprisionar sin orden ni juicio a alguien que se considerara difícil o peligroso. Christine Collins fue sometida a electrochoques, medicación y golpizas para obligarla a firmar un documento donde aceptaba que el niño era su hijo, y que la policía había obrado bien. Ella se negó a hacerlo y fue maltratada durante varios días.



Durante el encarcelamiento de Collins, Jones interrogó al muchacho, quien reconoció su verdadera identidad. Inclusive lo puso por escrito.



La confesión de Hutchins


Debido a presiones políticas de varios grupos que combatían la corrupción imperante en el Departamento de Policía, Christine Collins fue liberada del manicomio diez días después de que Hutchins admitiera que no era su hijo.



La mujer presentó una demanda contra el Departamento de Policía de Los Ángeles. En el juicio posterior, Collins ganó el pleito contra el capitán Jones y se le concedió una indemnización de $10,800.00 dólares, que Jones jamás pagó. Sin embargo, la lucha de Christine Collins sirvió para desenmascarar una red de corrupción y trata de personas, en la que estaban envueltos varios funcionarios judiciales.



Mientras tanto, Sarah Louise, Gordon Northcott y Sanford Clark, habían matado a golpes al niño mexicano, hasta destrozarle la cabeza por completo. Decidieron decapitarlo. Northcott obligó a Sanford Clark a facilitar la disposición de la cabeza, quemándola en una hoguera y luego aplastando totalmente el cráneo, haciéndolo pedazos. Luego, Northcott ordenó a su sobrino que cavara una fosa al borde de la carretera, donde sepultó al niño. Antes, había hecho lo mismo con el cadáver de Walter Collins.






Northcott en el gallinero


Otros dos niños que permanecían en la granja, los hermanos Lewis y Nelson Winslow, también fueron asesinados, con los cráneos aplastados por los golpes del lado romo del hacha. Posteriormente, sus cadáveres terminaron enterrados en el terreno de la granja.



Los hermanos Winslow



Los padres de los hermanos conservarían siempre el cuarto de sus hijos intacto. Su perro, “Heinie”, los esperó en la puerta el resto de su vida.



La cama y “Heinie”, el perro de los hermanos Winslow



La sed de sangre de Sarah Louise Northcott se había contagiado a su hijo, que de pederasta, violador y secuestrador se había convertido en infanticida. Tras los asesinatos, la mujer decidió regresar a Canadá y así lo hizo, dejando de nuevo a su hijo solo con Sanford Clark.



Cartel ofreciendo recompensa por información sobre los hermanos Winslow


Pero entonces algo ocurrió. Jessie, la hermana mayor de Sanford Clark, dijo a la policía acerca de sus sospechas de que su hermano era maltratado por Northcott. Declaró además que Sanford era menor de edad y que su estancia en Estados Unidos era ilegal. En septiembre de 1928, la policía de Los Ángeles llegó a la granja de Northcott en Wineville. Mientras se dirigían hacia allá, Gordon Northcott los vio. Supuso que iban por él y decidió escapar: huyó en su camioneta rumbo a Canadá, para cruzar la frontera.



Jessie Clark



Mientras tanto, la policía encontró a Sanford Clark en el rancho y lo pusieron bajo custodia. El niño se asustó al ver a los agentes. Supuso que se estaban allí a causa de los asesinatos, pero ellos le informaron que sería expulsado del país y enviado a Canadá.



La granja de Northcott


Entonces, Sanford Clark les dijo que su tío Gordon había secuestrado, golpeado, violado y asesinado a cuatro niños, con la ayuda de su madre, Sarah Louise. Sanford Clark dijo que utilizaron cal viva para esparcir sobre los restos, y que los cadáveres estaban enterrados cerca de allí.



Los policías no le creyeron: pensaban que era una estrafalaria fantasía. Pero uno de los detectives decidió ponerlo a prueba y le pidió que los llevara al lugar del enterramiento.



Sanford Clark así lo hizo. Los agentes lo obligaron a cavar hasta que aparecieron huesos humanos. En ese momento, dieron la alarma.



La escena del crimen



Durante la investigación del asesinato, la policía descubrió en las tres tumbas "cincuenta y un partes de la anatomía humana y un cuerpo parcialmente completo. Los huesos y la sangre analizada corroboran el testimonio de los testigos”.



Las hachas del asesino y restos de ropa







También descubrieron algunos efectos personales de los tres niños desaparecidos, el hacha manchada de sangre, restos de cabello y los dedos de las cuatro víctimas enterradas por Northcott y cubiertas con cal.



Los restos encontrados en la granja de Northcott






Otra cosa que la policía halló fue un extraño telegrama, firmado por “Stewart”, cuyo contenido jamás pudo ser dilucidado.



El telegrama misterioso


Para entonces, Sanford Clark había realizado una extensa declaración sobre los asesinatos y además tuvo que ver una larga serie de fotografías, para identificar a aquellos niños que hubieran sido secuestrados por Northcott. Entre ellos, señaló a Walter Collins y a los hermanos Winslow.



Sanford Clark identificando a las víctimas


La policía había pedido la extradición de Sarah Louise y se había girado una orden de aprehensión contra Gordon Stewart Northcott, quien seguía fugitivo. Fue a refugiarse a casa de su hermana, quien se enteró de la búsqueda policíaca y lo denunció.



La confesión de Sanford Clark


La policía canadiense llegó a arrestarlo y Northcott no opuso resistencia. Lo detuvieron en Vernon, en la Columbia Británica.



Sanford Clark en el lugar de los hechos


Tras extraditarlo, Northcott fue interrogado durante largas jornadas. Finalmente, aceptó sus crímenes e inculpó a su madre y a su sobrino. Declaró cuatro asesinatos: el de Walter Collins, el de los hermanos Lewis y Nelson Winslow y el del niño mexicano decapitado.



Sobre él, Gordon Northcott declararía que "había dejado el cuerpo sin cabeza por el lado de la carretera cerca de Puente (California), porque no tenía otro lugar para enterrarlo". Los periódicos publicaban notas todos los días sobre los “asesinatos del gallinero” y bautizaron a Gordon Stewart Northcott como “El Asesino del Gallinero”.



El arresto de Northcott


Sarah Louise Northcott confesó los asesinatos. Tras ser extraditada desde Canadá, Sarah Louise se declaró culpable de matar a Walter Collins. Más tarde se retractó de su declaración, al igual que Gordon Northcott, que había confesado haber matado a los cuatro niños.



Pero no le sirvió de nada. El Juez del Tribunal Superior de Morton la condenó a cadena perpetua el 31 de diciembre de 1928: no la ejecutaron porque era una mujer mayor.



Cuando escuchó la sentencia, Sarah Louise alegó que su hijo era inocente e hizo una serie de reivindicaciones estrambóticas sobre su parentesco, incluyendo que era un hijo ilegítimo de un noble inglés, que ella era la abuela de Gordon y que había sido el resultado del incesto cometido entre su esposo, George Cyrus Northcott, y su hija. También declaró que, cuando era niño, Gordon había sufrido abuso sexual por parte de toda la familia.



En la revista Time del lunes 11 de febrero de 1929, se informó que “Gordon Stewart Northcott, mientras era juzgado por abusar y asesinar de tres niños, escuchó testificar a su madre que no era en realidad su madre, sino su abuela”.



El juicio de Sarah Louise


Sarah Louise cumplió su condena en la Prisión Estatal de Tehachapi y fue puesta en libertad condicional doce años después. Murió en 1944.



Sarah Louise tras su liberación


Si bien el cadáver de Walter Collins no se había encontrado completo, el hallazgo de restos parciales, la declaración de Sanford Clark y la confesión de Sarah Louise Northcott, así como los interrogatorios a Gordon Stewart Northcott, dejaban poco margen para dudar que el chico no estuviera muerto. En la granja se encontraron sus zapatos.



Los zapatos de Walter Collins


De esa manera, las autoridades y el Estado de California llegaron a la conclusión de que Walter Collins había sido asesinado. Al cadáver del niño mexicano se le conoció como “El mexicano descabezado” y nunca se averiguó su identidad.



La confesión de Northcott


Tras mucho deliberar, un jurado determinó que Sanford Clark tenía poco de victimario y mucho de víctima; a fin de cuentas, había sido obligado por Northcott, quien lo había violado y golpeado por años. El chico fue sentenciado a cinco años de prisión, recluido en una institución especial y liberado poco tiempo después.



La búsqueda de víctimas



Los fragmentos de cadáveres que se recogieron en las fosas cavadas en la propiedad de Northcott, nunca llegaron a ser presentadas como pruebas en los juicios. Debido a que Sarah Louise ya había confesado y fue condenada por el asesinato de Walter Collins, no era necesario presentar pruebas en relación con el asesinato del chico.










Si hubiera habido un juicio contra Gordon Northcott por el asesinato de Walter Collins, seguramente se habría usado. Pero el testimonio de Sanford Clark se centró en acusar a Northcott de los asesinatos del niño mexicano y de los hermanos Lewis y Nelson Winslow.



La reconstrucción de hechos


El 8 de febrero de 1929, Gordon Stewart Northcott “El Asesino del Gallinero” fue declarado culpable de tres asesinatos, y el día 13 el juez Freeman lo condenó a ser ahorcado.



El juicio de Northcott




Christine Collins tuvo por primera vez la esperanza de que su hijo Walter podría estar vivo, poco después de una entrevista que sostuvo con Gordon Northcott cuando fue extraditado desde Canadá hasta el Condado de Riverside, el 7 de diciembre de 1928. Christine Collins le preguntó a Northcott si había matado a su hijo.



Éste le contestó primero que sí lo había hecho, luego que no, luego otra vez que sí; además, su charla era inconexa e incoherente. Christine Collins llegó a la conclusión de que Gordon Northcott era un demente. Pero al final, el asesino negó que Walter hubiera estado entre sus víctimas e inclusive dijo que nunca lo había conocido. Esto reavivó en Christine Collins la esperanza de hallar a su hijo con vida y emprendió una búsqueda frenética que duraría mucho tiempo.



Los titulares




Pero dos años después, en septiembre de 1930, Gordon Northcott le envió a Christine Collins un telegrama, diciéndole que había mentido cuando negó que Walter estuviera entre sus víctimas. Se comprometió a decir la verdad sobre su hijo, si ella iba en persona a escucharle. Apenas faltaban unos días para su ejecución. La angustiada madre movió todas las influencias a su alcance para obtener el permiso y lo consiguió. Se convirtió en la primera mujer en más de tres décadas en recibir permiso para visitar a un asesino en serie, en la víspera de su ejecución, en la Prisión de San Quintín. Pero a su llegada, él se negó. "Yo no quiero verla", dijo cuando Christine se enfrentó a él. "Yo no sé nada sobre eso. Soy inocente". Un artículo periodístico de la época relataría: "La mujer, perturbada, se indignó por la conducta de Gordon Stewart Northcott. ‘Todo lo que me dijo fue otro paquete de mentiras’”. Pero, asombrosamente, la negativa de Northcott a decir más, reavivó la esperanza de que su hijo aún estuviera vivo.



Northcott en prisión


El día de su ejecución, como un último detalle macabro, antes de que el verdugo accionara la palanca para abrir la compuerta que dejaría caer su cuerpo, Northcott gritó a la gente ahí reunida que por favor dijera una plegaria por él. Excepto el capellán de la prisión, nadie más lo hizo.



Gordon Stewart Northcott “El Asesino del Gallinero” fue ejecutado el 2 de octubre de 1930, dentro de los muros de la Prisión de San Quintín, donde también fue sepultado.



En 1935, cinco años después de la ejecución de Gordon Northcott, un chico que había residido en Wineville y había desaparecido, fue encontrado vivo y presentado ante las autoridades. Tras su desaparición, se había especulado que era otra víctima de “El Asesino del Gallinero”, al igual que las autoridades especularon acerca de muchos otros niños desaparecidos en ese lapso en el sur de California.



Tras reencontrarse con sus padres, el chico declaró haber sido llevado a la granja de Northcott, haber sido golpeado y violado, y finalmente liberado. Aterrado y avergonzado, se dedicó a vagar por las carreteras y terminó muy lejos de su pueblo, hasta que había decidido regresar para buscar a su familia.



El cementerio de la prisión


Para salvaguardar a la familia y al chico del estigma de haber sido violado, las autoridades declararon que el chico se había escapado de la granja, lo cual él jamás declaró ante las autoridades. Esa afirmación fue reproducida por los periódicos y sirvió para que Christine Collins ahora abrigara la esperanza de que su hijo Walter podría haber escapado de su verdugo, y que quizás algún día aparecería. Siguió buscándolo por el resto de su vida, nunca lo encontró y murió sin aceptar el cruel destino de su hijo. El último registro de Christine Collins fue en 1941, cuando intentó cobrar el dinero por la sentencia contra el capitán Jones en el Tribunal Superior y le dijeron que el policía jamás había pagado un centavo.



El capitán Jones


Después de que Arthur Hutchins, el niño suplantador, alcanzara la edad adulta, se dedicó a firmar autógrafos en las ferias. La gente acudía a tomarse fotografías con el “falso Walter Collins”. Finalmente, regresó a California como entrenador de caballos y jinete. Murió de un derrame cerebral en 1954, dejando viuda a su esposa y huérfana a su hija, Carol Hutchins. De acuerdo con ella, "mi padre estaba lleno de aventuras en su mente. Para mí, nunca hizo nada malo”.



Arthur Hutchins adulto


Sanford Clark peleó en la Segunda Guerra Mundial, y luego trabajó durante veintiocho años para el servicio postal canadiense. Se casó con una chica llamada June, y él y su esposa adoptaron y criaron a dos niños. Estuvieron casados durante cincuenta y cinco años. Sanford Clark murió en 1991, a los setenta y ocho años de edad. Fue enterrado en el cementerio de Woodlawn Saskatoon el 26 de agosto.



Sanford Clark adulto


Debido a la gran repercusión del caso, Wineville cambió su nombre por el de Mira Loma el 1 de noviembre de 1930, debido en gran parte a la publicidad negativa en torno a este caso. Sin embargo, nombres como Wineville Avenue, Wineville Road, Wineville Park y otras referencias geográficas, aún recuerdan el antiguo nombre de la población y con ello, los crímenes que allí ocurrieron. El caso inspiró la película El intercambio, de Clint Eastwood, protagonizada poor la actriz Angelina Jolie.



VIDEOGRAFÍA:

El intercambio (trailer)
video



BIBLIOGRAFÍA:






FILMOGRAFÍA:

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