Kenneth Bianchi y Angelo Buono: "Los Estranguladores de Hillside"



“Sigo sin poder hacerme a la idea de matar a alguien, pero trato de concebirlo como una posibilidad real”.
Kenneth Bianchi


Angelo “Tony” Buono nació el 5 de octubre de 1934 en Rochester, Nueva York (Estados Unidos). Era nieto de inmigrantes italianos. Su madre, Jenny, divorciada de Angelo padre, se llevó a Angelo y a su hermana Cecilia a Los Ángeles. Angelo contaba cinco años. Se establecieron en Highland Park, en la zona sur de Glendale. El historial académico de Angelo era más bien deficiente. A los catorce años ya robaba coches. Lo detuvieron acusado de robo de automóviles y pasó algún tiempo en el reformatorio. Estaba claro que Buono era un tipo violento, brutal y peligroso. Siempre odió a su madre: incluso de mayor se refirió a ella de manera obscena, lo mismo que hacía cuando hablaba de las mujeres en general. Desde que dejó el colegio tuvo líos con la policía. Pasó su decimoséptimo cumpleaños en un reformatorio. Su héroe era Caryl Chessman, el “Bandido de la Luz Roja” de los años cuarenta que asaltaba a las mujeres a punta de pistola para violarlas. A los veinte años Buono se casó con una muchacha de diecisiete a la que había dejado embarazada. La abandonó a las pocas semanas. Tras pasar un corto período en prisión a causa de un robo, se casó de nuevo y tuvo otros cuatro hijos. Pero la violencia de su carácter llevó a su segunda y tercera mujer al divorcio. Su cuarta esposa se separó sin divorciarse siquiera en 1972. Después de esto, Buono decidió vivir solo en su casa de Colorado Street 703, en Glendale. Un amigo que hacía tiempo había compartido con él un piso le describió como un sujeto obsesionado por las chicas jóvenes. Buono alardeaba de que había seducido a su hijastra de catorce años, y uno de sus hijos admitió haber sido seducido por su padre. Era un hombre obsesionado que se pasaba los días soñando con el sexo. En 1975 montó su propio negocio de automóviles y pronto se hizo famoso debido a sus excelentes tapizados; entre sus clientes estaba Frank Sinatra. Siempre practicó el sexo en exceso; se acostaba con muchas chicas jóvenes y también con las amigas de sus hijos. Adquirió mucho antes que Sylvester Stallone el sobrenombre de “Italian Stallion” (“El Semental Italiano”).



Angelo Buono


Kenneth Alessio Bianchi nació el 22 de mayo de 1951 en Rochester, Nueva York (Estados Unidos). Era hijo de una prostituta de Rochester que lo dio en adopción inmediatamente después de su nacimiento. A los tres meses fue adoptado por Frances Bianchi, mujer de un obrero de una fundición, cuya hermana, Jenny, era la madre de Angelo Buono. Kenny parecía ser un chico listo y normal, excepto por la tendencia que tenía a mentir descaradamente. Darcy O'Brien, en su libro sobre los estranguladores Dos de la misma clase, apuntaba que mentir no era algo de segunda importancia para Kenneth, sino algo esencial. También era un poco soñador. El médico dijo que su tendencia a caer en estados parecidos al trance se debía a una leve condición epiléptica. Un psiquiatra le diagnosticó “hiperdependencia de su madre adoptiva”. En la escuela destacaba en redacción, pero también era un estudiante muy irregular que intentaba hacerse el enfermo tantas veces como fuera posible. Su madre adoptiva lo mantuvo con grandes sacrificios tras la muerte de su padre. Esto ocurrió cuando contaba trece años.



Kenneth Bianchi en su juventud


El encanto y las buenas maneras de Bianchi lo hicieron muy popular entre las chicas. Se casó a los dieciocho años, pero se divorció poco después al descubrir que antes de casarse, su mujer había dormido con otros hombres. La posibilidad de otro casamiento con una mujer madre de dos hijos, se esfumó cuando ésta lo descubrió en la cama con otra.



Kenneth Bianchi el día de su boda


En realidad Bianchi tenía un irrefrenable deseo de convertirse en agente de policía. Cuando el departamento del sheriff lo rechazó, se empleó como guardia de seguridad. Pero su tendencia al robo le forzó a cambiar varias veces de trabajo, aunque nunca lo pillaron con las manos en la masa y nunca fue oficialmente acusado. Finalmente, aburrido de Rochester y con una cierta sensación de fracaso, se trasladó a California en 1976, donde se instaló en casa de su primo.



Kenneth Bianchi


Bianchi tuvo algún pequeño contacto con la policía, lo que le recordó que deseaba entrar en el cuerpo. Sin embargo, los departamentos de Glendale y Los Ángeles lo rechazaron. Probablemente se debió a las sospechas sobre su patente inmadurez y a que no aparentaba ser una persona en quien se pudiera confiar. Bianchi hizo planes para convertirse en psicoterapeuta. Empezó leyendo libros de texto al respecto, pero, al cabo de un tiempo, decidió acabar por la vía rápida. Puso un falso anuncio en un periódico de Los Ángeles ofreciendo trabajo a diplomadas en psiquiatría, y falsificó uno de los diplomas que le mandaron, asumiendo la titulación e identidad de un verdadero licenciado. Entretanto, Buono comenzaba a exasperarse con su primo y le pidió que se buscara un sitio propio para vivir, Bianchi encontró trabajo en una compañía inmobiliaria y alquiló un departamento. Una de sus vecinas era Kristina Weckler, quien se convertiría en una de sus víctimas.



Nada más llegar a Los Ángeles, Bianchi le contó a una amiga suya que era sospechoso de haber matado a tres chicas jóvenes en su ciudad natal de Rochester, en el Estado de Nueva York. Estos crímenes se conocían bajo el nombre de “Los Asesinatos del Alfabeto”, porque el primer apellido de cada víctima empezaba con la misma letra que su nombre. Los asesinatos de Carmen Colón (diez años), Wanda Walkowicz y Michelle Maenza (once años), ocurrieron entre el 16 de noviembre de 1971 y el 26 de noviembre de 1973. Las tres fueron violadas y estranguladas. Ciertas pruebas, que nunca se hicieron públicas, parecían ligar las tres muertes. Un bombero con un conocido historial de ataques sexuales sobre niños fue considerado sospechoso después de su muerte. Pero posteriormente la policía lo descartó como posible culpable y se reabrió el caso. Bianchi seguía siendo sospechoso.



La novia de Bianchi lo visitó, pero su sentido posesivo provocó líos y riñas. Lloró desconsoladamente con la cabeza en su regazo cuando la chica decidió abandonarlo. Al poco de que una amiga más reciente lo abandonase para irse con otro hombre, Bianchi irrumpió en su departamento y le hizo un agujero en el diafragma. Se consoló con una nueva amiga, Kelly Boyd, quien llegaría a ser su esposa. La conoció en la compañía inmobiliaria. Bianchi perdió su trabajo cuando encontraron marihuana en uno de los cajones de su mesa de despacho. Entonces alquiló una oficina y montó una consulta psiquiátrica. Pero los pacientes no aparecían por ninguna parte. En ese momento su primo Angelo le hizo una brillante sugerencia: ¿por qué no se hacían proxenetas? En una fiesta le dijo a una chica de Phoenix llamada Sabra Hannan que le garantizaba $500.00 dólares semanales como modelo fotográfico. Sabra tenía dieciséis años y en principio le contestó que no, pero pocas semanas más tarde aceptó porque estaba escasa de fondos.



Sabra Hannan


Se trasladó entonces a la casa de Angelo Buono. Los trabajos como modelo no se hicieron nunca realidad. Kenneth Bianchi le preguntó si había pensado en dedicarse a la prostitución. Sabra reaccionó con indignación, pero después de una golpiza y de ser obligada a realizar varios actos sexuales, se rindió. Buono le dijo que si se escapaba se convertiría en “una gatita muerta”. Sabra fue la primera de sus prostitutas “estables”. El papel de proxenetas les iba a los dos primos. Les gustaba pensar de sí mismos que eran una especie de supersementales que habían nacido para utilizar a las mujeres. Buono utilizó su taller para encubrir su empresa de prostitutas, forzando a Sabra Hannan y a otra chica llamada Becky Spears a trabajar para él. Al principio las dos chicas laboraban en una habitación trasera, pero más tarde llegó a un acuerdo con el dueño del “Foxy Ladies Outcall”, un servicio de prostitutas por teléfono, propiedad de J.J. Fenway, para que las chicas visitasen a los clientes en sus propios domicilios.



Angelo Buono con Becky Spears, frente a su taller


En agosto de 1976, un rico abogado de Hollywood telefoneó a una agencia de prostitutas pidiendo que le llevaran una chica a su casa en Bel-Air. La chica de quince años, Becky Spears, presentaba un aspecto tan lamentable que el abogado le preguntó por qué trabajaba en la prostitución si era algo que a todas luces odiaba. La respuesta fue que una muchacha, Sabra, la había convencido mediante una treta para que abandonara su casa en Phoenix, Arizona, para trabajar a las órdenes de un hombre llamado Angelo Buono. Buono y su primo Bianchi habían aterrorizado a la chica. Le dijeron que la matarían si trataba de escapar. Buono la obligó a realizar actos sexuales degradantes. Horrorizado por esta historia, el abogado le compró a Becky Spears un billete de avión para Phoenix. Entonces Buono empezaría a amenazarlo por teléfono, hasta que el abogado le envió a su casa a un musculoso matón encargado de mantener el orden en clubs nocturnos para que dejase de molestarle. Después de esto el abogado no volvió a oír por teléfono una sola palabra de Buono ni de su agencia de prostitutas.



Angelo Buono en sus días de proxeneta


Pero la obsesión sexual de los primos pronto tomó un cariz siniestro. De una prostituta profesional consiguieron una lista de hombres a los que les gustaba que les enviasen chicas a casa. La lista se entregó en el tiempo acordado, pero resultó ser de hombres que visitaban a las prostitutas en casa de éstas. Buono enfureció cuando descubrió la jugada. No tenía ninguna forma de localizar a la prostituta que le había vendido la lista. Pero sabía dónde encontrar a una de sus amigas, otra prostituta que la había acompañado cuando entregó la lista. El nombre de la amiga era Yolanda Washington. Fue su primera víctima, asesinada por venganza y violada por ambos post mortem.



Yolanda Washington


La mañana del 17 de octubre de 1977 fue encontrado ese primer cuerpo. El cadáver estaba tirado en una ladera cerca del cementerio de Forest Lawn, junto a la autopista de Ventura. La chica era alta y de raza negra, le habían quitado toda la ropa. Lo más probable es que hubieran tirado su cuerpo ladera abajo desde un coche. La temperatura del cuerpo de la chica indicaba que había muerto la noche anterior. Su identificación resultó sorprendentemente fácil. Sus huellas dactilares estaban registradas en los archivos policiales. Era una prostituta llamada Yolanda Washington. Trabajaba habitualmente en los alrededores del Hollywood Boulevard. La autopsia demostró que habían tenido lugar relaciones sexuales, y que habían participado en ella dos hombres. Uno de ellos era “no segregador”, una persona cuyo grupo sanguíneo no se puede determinar a partir de otros fluidos corporales. Pero estos hombres podían ser simplemente clientes. Podían no tener nada que ver con el asesinato. La mujer había sido estrangulada con una pieza de ropa mientras el asesino se encontraba encima de ella.



La autopista de Ventura, donde tiraron el cadáver de Yolanda Washington


El crimen no suscitó gran interés en los medios de comunicación. Los primos asesinos encontraron tan agradable esta experiencia que dos semanas más tarde la repitieron con la quinceañera Judy Miller, una prostituta a ratos. Haciéndose pasar por policías y diciéndole que estaba bajo arresto, se la llevaron a la casa de Buono. Allí la violaron. La chica habría estado contenta con que le hubiesen pagado unos cuantos dólares a cambio del sexo, pero no fue así. Después la asfixiaron y estrangularon al mismo tiempo. Tampoco los medios se interesaron en la muerte de esta segunda víctima, encontrada en la mañana del 1 de noviembre. Estaba tirada cerca del bordillo en Alta Terrace Drive, en La Crescenta, un pueblo cercano a Glendale. De nuevo parecía como si la víctima hubiese sido lanzada al asfalto desde un vehículo.



Judy Miller


Al igual que en el caso de Yolanda Washington, el cuerpo estaba desnudo. La muerte se había producido por estrangulación con una ligadura. La víctima era poco más que una niña, no aparentaba más de quince años. La autopsia estableció una posible relación con el asesinato de Yolanda Washington. La mujer había sido sometida a relaciones sexuales por dos hombres; uno de ellos era un “no segregador”. La posición del cuerpo también sugería que fue transportado por dos hombres. Uno la agarró por las axilas y el otro por las rodillas. Ahora la policía estaba segura: se trataba de dos asesinos que actuaban conjuntamente. Las huellas dactilares de la víctima no estaban registradas.






El cadáver de Judy Miller


El oficial encargado de la investigación, el sargento Frank Salerno, no disponía de ningún punto de partida claro. Una corazonada le llevó a empezar a hacer preguntas en Hollywood Boulevard. Mostraba un retrato policial de la chica muerta a la variopinta población de drogadictos y prostitutas de la zona. Alguien dijo que se parecía a una muchacha llamada Judy Miller. Hacía tiempo que no se le veía por la zona. A Salerno le costó otra semana encontrar a sus padres. Vivían en una habitación de un motel barato; uno de sus otros dos hijos dormía en una caja de cartón. En el depósito de cadáveres identificaron a su hija mediante fotografías post mortem. Judy se había escapado de casa un mes antes. Salerno ya sabía que había hecho de la prostitución su medio de vida, pero de forma parcial y poco convencida, como una aficionada. Una hora antes de que se la viera viva por última vez le había ofrecido relaciones sexuales gratis a un amigo pasajero.



Frank Salerno


La siguiente víctima fue la bailarina Lissa Kastin. La detuvieron en su coche mostrándole una placa de policía. Le dijeron que la llevaban a la comisaría para interrogaría. Pero una vez en casa de Buono la esposaron y estrangularon. Buono odiaba rabiosamente a las mujeres. Bianchi había saboreado intensamente la sensación de ser el amo de la vida y la muerte. Se deshicieron del cadáver de Lissa Kastin dejándolo tirado cerca del circuito de golf del Chevy Chase Club, en Glendale. En los días en que Salerno consiguió localizar a los padres de Judy se produjo ese otro asesinato siguiendo el mismo patrón de los dos anteriores. El 6 de noviembre, un hombre que hacía footing descubrió el cuerpo de una mujer cerca de las pistas de golf del Chevy Chase Country Club. Había sido estrangulada con una ligadura y agredida sexualmente.



Lissa Kastin


La identificación fue muy rápida. Poco después de que se radiara la noticia, telefoneó un hombre a la policía diciendo que su hija faltaba de casa hacía dos días. Era Lissa Kastin, que había trabajado recientemente como camarera. Una hora más tarde, el padre de Lissa Kastin la identificó tras ver su imagen en la televisión. Glendale quedaba fuera de la jurisdicción de Salerno, pero fue a ver el cuerpo a pesar de todo. Las marcas de ligaduras alrededor del cuello y las líneas que se apreciaban alrededor de las muñecas y los tobillos parecían indicar que los estranguladores habían atacado de nuevo.



El cadáver de Lissa Kastin


Salerno observó desalentado el cadáver, el tercero en tres semanas; pensó que esto podría ser el principio de una racha de asesinatos en serie. Los asesinatos se reanudaron cuatro días más tarde, el 9 de noviembre. Bianchi se fijó en una chica atractiva que esperaba un autobús y se puso a charlar con ella. Le comentó que era estudiante de cienciología. Durante la charla apareció Buono en su coche haciendo como si no hubiese visto a Bianchi desde hacía meses. Le ofreció llevarle adonde quisiera. Jane King cometió el error de aceptar que la llevaran a casa.



Jane King


También murió en casa de Buono. Ambos quedaron muy sorprendidos al leer posteriormente en los periódicos que tenía veintiocho años; se habían figurado que era mucho más joven. A ella la torturaron utilizando juguetes sexuales y le destrozaron la matriz al introducirle el palo de una escoba; luego le tomaron fotografías a su cadáver ensangrentado.



El cadáver de Jane King


Cuatro días después, Bianchi y Buono descubrieron a dos colegialas jovencitas. Eran Dolores Cepeda y Sonja Johnson. Se fijaron en ellas cuando subían a un autobús en Eagle Rock Plaza. Siguieron al autobús, y cuando las chicas se bajaron cerca de sus casas, las llamaron para que se acercasen al coche. Bianchi se hizo pasar de nuevo por un policía, advirtiendo a las chicas de que un peligroso ladrón rondaba por los alrededores. Las dos chicas eran muy vulnerables. Acababan de robar bisutería por valor de $100.00 dólares de unos grandes almacenes. Por tanto, no iban a discutir las órdenes de unos policías.



Dolores Cepeda


En casa de Buono, ambas fueron violadas y asesinadas. Sus cuerpos fueron abandonados en un vertedero de basuras y escombros. Para entonces la policía estaba segura de que quienquiera que hubiese abandonado allí los cadáveres, debía conocer muy bien el área.



Sonja Johnson


La siguiente víctima fue una estudiante de arte que Bianchi había conocido cuando vivió en East Garfield, Hollywood. Kristina Weckler había despreciado el trabajo de Bianchi por aquel tiempo. Ahora Bianchi y Buono llamaban a su puerta. Bianchi le contó que había ingresado en el cuerpo de policía, y que alguien se había estrellado contra el coche de Kristina. Al pie de las escaleras la ataron, la metieron en el coche, y, en casa de Buono, la asesinaron.



Kristina Weckler


La orgía de asesinatos de la época de Acción de Gracias casi había terminado. El lunes 28 de noviembre de 1977 siguieron el coche de una pelirroja. Cuando Lauren Wagner aparcó frente a la casa de sus padres, Bianchi mostró su placa de policía y le dijo que quedaba arrestada. Mientras protestaba y un perro de la vecindad ladraba sin parar, la forzaron a meterse en el coche y aceleraron. Lauren se dio cuenta de que el propósito era violarla y fingió cooperar. Se comportó como si lo estuviera disfrutando, pero su actuación no fue apreciada. La estrangularon de todos modos.



Lauren Wagner


Tres semanas más tarde pidieron por teléfono una prostituta, Diane Martin, para uno de los inquilinos de los apartamentos Tamarindo Desde allí la llevaron a la casa de Buono; después de violarla se deshicieron del cuerpo abandonándolo en un edificio en construcción.



La policía encuentra el cadáver de Diane Martin



Una superviviente inesperada fue Catherine Lorre, la hija de 27 años de Peter Lorre, el famoso actor de cine que había protagonizado la cinta M, el Vampiro de Düsseldorf, basada en la biografía del asesino en serie alemán Peter Kürten "El Vampiro de Düsseldorf", película dirigida por Fritz Lang. Bianchi y Buono la detuvieron en una calle de Hollywood mostrándole sus placas policiales. Catherine les enseñó su carnet de conducir, y también una foto suya en el regazo de su padre cuando era bebé, acompañados por el actor Humprey Bogart.



La foto de Catherine Lorre cuando era bebé


Temerosos de que la muerte de la hija de un famoso atrajese en exceso la atención de la policía, Bianchi y Buono dejaron que la chica se fuese. Años después, Catherine identificaría sin vacilar a los dos hombres durante el juicio.



Catherine Lorre


El último asesinato no estaba planeado. El 16 de febrero Bianchi llegó a casa de Buono. Se encontró un Datsun naranja aparcado a la puerta. Una chica llamada Cindy Lee Hudspeth estaba hablando con Buono para encargarle unas protecciones para el vehículo. Los dos hombres asaltaron a la chica, la ataron por las muñecas y los tobillos y la violaron. Después vino la estrangulación. Finalmente, escogieron una zona empinada para estrellar el coche. Cindy estaba en el maletero.



Cindy Lee Hudspeth


Tras el último asesinato, Bianchi fue interrogado dos veces por la policía por pura rutina. El reino de terror que impusieron “Los Estranguladores de Hillside” en Los Ángeles impulsó a mucha gente a informar a la policía sobre las actividades sospechosas de sus compañeros de trabajo y conocidos. Había padres que llamaban al equipo especial expresando sus reservas respecto a los novios con quienes salían sus hijas. Un caso fue el de Wanda Kellison, madre de Sheryl, una de las chicas con quien tuvo relaciones Bianchi.



Wanda Kellison


Wanda Kellison le dijo a la policía en febrero de 1978 que Bianchi tenía una forma muy extraña de mirar, y que sólo un infame era capaz de aceptar $400.00 dólares prestados de una chica, tal como Bianchi había hecho para comprarse un coche. La señora Kellison declaró lisa y llanamente ante los detectives que Bianchi podía ser muy bien el estrangulador. Su hija le había contado que Bianchi hablaba constantemente del caso. Dos detectives noveles fueron enviados a entrevistarse con Bianchi. No sabían que éste ya había sido investigado previamente en dos ocasiones. Tampoco sabían nada de los intentos de Bianchi para ingresar en el cuerpo de policía de Los Ángeles; esto hubiera permitido comprobar discretamente antes del encuentro sus huellas dactilares.



Kenneth Bianchi en sus días de asesino


Bianchi estaba muy orgulloso de cómo se las arregló durante la entrevista, pero Buono, preocupado por las irregularidades y descuidos de su compañero, empezó a presionarle para que abandonase Los Ángeles. Era sólo uno entre miles de entrevistados por la policía; pero Buono estaba nervioso e irritable. Se había cansado de la inmadurez, ingenuidad y descuidos de su primo. Así, cuando Bianchi le dijo a Buono que su novia lo había abandonado y vuelto a Bellingham, Buono le insistió en que la siguiera para reunirse con ella. Al principio Bianchi no quería; la admiración que profesaba por su primo rayaba en la adoración. Pero la opinión de Buono prevaleció. El 21 de mayo de 1978, Bianchi fue en coche hasta Bellingham. Se reunió con Kelly Boyd y su hijo recién nacido. Encontró trabajo como guardia de seguridad. Muy pronto fue ascendido al cargo de supervisor. Pero la pequeña ciudad le aburría. Lo que más deseaba en el mundo era probarle a su primo que poseía la habilidad de un criminal consumado. A principios de 1979, el ansia de violar y matar se volvió insoportable. La mente de Bianchi recordó a una atractiva estudiante llamada Karen Mandic. La había conocido mientras trabajaba en una tienda.



Kelly Boyd, la esposa de Bianchi


Incluso a Salerno le pilló desprevenido lo que ocurrió en las últimas tres semanas de noviembre de 1977. Se descubrieron siete cuerpos más estrangulados, seis de ellos desnudos. Uno era el de la prostituta Jill Barcomb. Fue encontrado el 10 de noviembre; tenía dieciocho años. El lugar fue Franklin Cyn Drive y Mulholland.



Jill Barcomb


Kathleen Robinson se diferenciaba de las otras víctimas porque su cuerpo fue hallado vestido. Yacía en Pico y Ocean Boulevards. Ocurrió el 17 de noviembre. Tenía diecisiete años. Hubo dudas de que se tratara de una víctima de los mismos asesinos. Pero el día que despertó la atención de los medios de comunicación fue el domingo 20 de noviembre.



Kathleen Robinson


El asesino al que comenzaron a llamar “El Estrangulador de Hillside” había despachado a tres personas: los tres cuerpos desnudos de dos escolares, Dolores Cepeda, de doce años; Sonia Johnson, de catorce y un tercer cuerpo que fue identificado más tarde. Las dos escolares faltaban de sus domicilios desde el sábado por la tarde. Sus cuerpos fueron depositados en un vertedero de basuras en una calle poco conocida, Landa, cerca de Stadium Way. El chico de nueve años que las descubrió pensó que se trataba de maniquíes viejos. La autopsia reveló que ambas chicas habían sido violadas y sodomizadas.



Los cadáveres


Ese mismo día fue descubierto otro cuerpo desnudo en la esquina de la carretera de las laderas que separa GlendaIe de Eagle Rock. Un informe de personas desaparecidas facilitó posteriormente la identificación: era Kristina Weckter, una estudiante de bellas artes de veinte años que vivía en un bloque de apartamentos de Glendale. La siguiente víctima apareció entre unos matorrales el 23 de noviembre, cerca de la autopista Golden State. Se trataba de la estudiante de cienciología, Jane King, de veintiocho años, desaparecida desde el 9 de noviembre.



La policía rescata el cadáver de Jane King



La última de las víctimas de esta orgía criminal del mes estaba escondida entre unos arbustos en CIiff Drive, Glendale. Era el 29 de noviembre. Sus padres la identificaron. Era Lauren Wagner, la estudiante de dieciocho años que no había vuelto a casa la noche anterior. Diez asesinatos de este tipo en menos de seis semanas era un número tremendo incluso para el índice habitual de Los Ángeles, en donde mueren asesinadas varias personas cada día. “El Estrangulador de Hillside” llenó reportajes televisivos en todo el mundo. Pero la policía tuvo buen cuidado de no dejar que se filtrara la realidad: estaban buscando a dos hombres, y cuanto menos supieran los asesinos de las pesquisas, tanto mejor.



El cadáver de Lauren Wagner


Las mujeres temían salir solas de noche. Cuando se descubrió el cuerpo de Lauren Wagner, Los Ángeles era ya presa del pánico. La policía respondió creando un equipo especial que integraba efectivos de Los Ángeles, Glendale y de la oficina del sheriff de Los Ángeles, para la que trabajaba Salerno. A pesar de la frustrante falta de pruebas, la investigación progresó. La tarde en que desaparecieron las dos muchachas, un muchacho había visto cómo se acercaban a un vehículo y hablaban con la persona que ocupaba el asiento del pasajero. Esto quería decir que había dos personas en el coche. Las chicas se ponían nerviosas cuando hablaban con extraños, pero de una de ellas se sabía que admiraba a los policías. Era posible que los asesinos se hubieran hecho pasar por policías. Bajo los efectos de la hipnosis, el muchacho consiguió recordar que el coche era un Sedan grande bicolor.



La policía encuentra más cadáveres


También se adelantó algo en el caso de Lauren Wagner. El día en que desapareció, el 29 de noviembre, su padre había visto su coche aparcado frente a la casa de una mujer llamada Beulah Stofer. La puerta estaba abierta y la luz interior encendida. Beulah Stofer describió cómo raptaban a Lauren. Tras aparcar su coche, otro vehículo, grande negro con el techo blanco, se detuvo a su misma altura. Dos hombres salieron del vehículo, discutieron con Lauren, y, finalmente, la obligaron a entrar en el Sedan. Inmediatamente después se fueron. Stofer oyó decir a la chica: “¡No se saldrán con la suya!” También fue capaz de describir a los hombres. El más viejo tenía pelo rizado y “aspecto latino”. El otro, más alto y más joven, tenía cicatrices de acné en la garganta. Beulah Stofer prestó atención al incidente después de oír ladrar desesperadamente a su perro.



El detective Bob Grogan volvió a entrevistarse con Stofer ese mismo día. Pero la señora Stofer estaba al borde de la crisis nerviosa. El teléfono acababa de sonar. Una voz con acento de la costa este había preguntado si ella era la mujer del perro. Cuando dijo que sí, la voz le previno de que no dijera una palabra sobre lo que había visto. En caso contrario, podía darse por muerta. Claramente, los estranguladores se habían dado cuenta de que su testimonio podía ser crucial. Pero los estranguladores no fueron disuadidos. Dos semanas más tarde fue encontrada otra víctima. El 14 de diciembre, el cuerpo de una prostituta de 17 años, Kimberly Diane Martin, se encontró tirado en una finca urbana sin edificar en Alvorado Street, un lugar visible desde el Ayuntamiento.



Kimberly Diane Martin


Esta vez había más pistas. Había sido enviada por una agencia a un edificio de departamentos llamado Tamarind, en Hollywood. Un hombre llamó a la agencia pidiendo una rubia con ropa interior negra. Le pagaría $150.00 dólares al contado y tenía que acudir rápidamente a realizar el servicio. Cuando la agencia preguntó el número de teléfono, el peticionario aseguró que se encontraba en casa. Posteriormente se comprobó el número de teléfono y resultó ser el de la biblioteca pública. La chica fue a los apartamentos Tamarind y no se supo más de ella. La policía interrogó a todos los inquilinos; un hombre joven y de aspecto agradable llamado Kenneth Bianchi dijo que había oído gritos. En la biblioteca pública de Hollywood una mujer declaró que un hombre con pelo espeso y rizado la había seguido y mirado fijamente, como con rabia.



El detective Bob Grogan


Durante el resto de 1977 no hubo más asesinatos. La policía de Los Ángeles esperaba fervientemente que los estranguladores se hubieran trasladado a otro sitio. El 17 de febrero de 1978 se desvaneció la esperanza. Una persona informó haber visto un Datsun naranja, estrellado a media pendiente en las colinas de Los Ángeles. El vehículo había caído desde una zona de descanso de la autopista de Ángeles Crest, al norte de Glendale. En el maletero había otro cadáver de mujer desnudo. Era Cindy Lee Hudspeth, de veinte años, una camarera del Robin Hood Inn. La autopsia indicó que la violaron dos hombres.



El automóvil de Cindy Lee Hudspet



El cadáver de la última víctima de los estranguladores fue identificado por su compañera de habitación, Michele Exner. Había denunciado la desaparición de Cindy la mañana del día en que fue encontrado el cuerpo. Las heridas de Cindy habían empeorado debido a los golpes que sufrió dentro del maletero del coche. El vehículo sufrió una caída de doce metros por una quebrada. Hudspeth gozaba entre su familia y amigos de fama de chica ambiciosa y trabajadora, aunque algo ingenua para su edad, veinte años. Planeaba continuar sus estudios en una facultad de California del Norte.



Michele Exner


Y entonces, sin previo aviso, los asesinatos cesaron finalmente. La policía de Los Ángeles creó una unidad especial inmediatamente después de la serie de asesinatos que tuvo lugar en noviembre de 1977. Estaba dirigida por el teniente Ed Henderson, y pronto se le conoció públicamente como el “Equipo Especial de 'Los Estranguladores de Hillside'”. Integraba efectivos de la policía metropolitana, de la oficina del sheriff del condado y de la policía de Glendale. El equipo especial no sólo pretendía localizar la pista buena que les llevase hasta los asesinos, sino provocar en la aterrorizada población la sensación de que se estaba haciendo todo lo posible para capturar a los criminales. Al inicio de la investigación del equipo especial no estaba claro que estuviesen implicadas dos personas en los asesinatos. Los efectivos del equipo aumentaron de los treinta oficiales y agentes iniciales hasta cien cuando la información sobre actividades sospechosas inundó la central telefónica. El centro nervioso de la unidad especial era capaz de concentrar toda la información recibida, pero los ordenadores no fueron capaces de ofrecer el perfil de un asesino que parecía actuar al azar. Se montó un gigantesco mapa en una de las paredes, de forma que los detectives pudiesen sacar más fácilmente conclusiones sobre el patrón seguido por los asesinos. En ese mapa se recogían hasta los más irrelevantes detalles del caso. Muy pronto el mapa pasó a ocupar toda la habitación. La policía de Los Ángeles recibió muchos ofrecimientos de ayuda y consejos durante la primavera y el verano de 1978. La investigación se seguía de cerca por toda la prensa mundial, pero no se producía ningún avance de importancia.



Mapa de los crímenes (click en la imagen para ampliar)


La mayoría de los ofrecimientos provinieron de médiums psíquicos; pero el más extraño fue el de un detective privado alemán de Berlín (Alemania). El detective escribió a Los Ángeles ofreciéndose a resolver el caso a cambio de un billete de avión. El detective insistía porfiadamente. El sargento Bob Grogan, quien era incapaz de pronunciar correctamente el nombre alemán, empezó a referirse a él llamándolo “Doctor Shickelgruber”. Un buen día le comunicaron a Grogan que “Shickelgruber” estaba en el departamento de policía, allí mismo, esperando para hablar con él. “Shickelgruber” no hablaba inglés. Grogan llamó a un oficial de policía que hablaba alemán para traducir la conversación. El detective privado pidió una pizarra y escribió en alemán: “Dos italianos (hermanos). Edad aproximada: unos 35 años”. Grogan le agradeció la visita al misterioso berlinés y se ocupó de que un chofer lo llevase al aeropuerto. En ese momento nadie tomó en serio sus deducciones y nadie supo jamás cómo las había hecho. Posteriormente resultarían excepcionalmente exactas.



Bellingham


La pequeña ciudad de Bellingham, en el Estado de Washington, está enclavada en uno de los parajes más hermosos del noroeste estadounidense: da a las pendientes cubiertas de pinos de las islas de San Juan y Vancouver, y al estrecho de Juan de Fuca. La población es de sólo cuarenta mil habitantes. Los crímenes constituyen una verdadera rareza. Por eso, cuando al jefe de la policía Terry Mangan le dijeron en la mañana del viernes que dos chicas habían desaparecido, pensó que se habrían ido a pasar fuera un largo fin de semana. Se llamaban Karen Mandie y Diane Wilder, ambas estudiantes de la Western Washington University. El novio de Karen, no obstante, insistía en que ella no se iría de Bellingham sin avisarle. Cuando Mangan se enteró de que Karen había dejado a su gatito sin comida para pasar los días que estuviese fuera, empezó a sospechar lo peor. La noche anterior, el 11 de enero de 1979, Karen le había dicho a su novio que ella y su amiga Diane iban a ir a una casa para estar presentes durante las dos horas que tardarían en reparar el sistema de alarma que, aparentemente, se había estropeado. La casa pertenecía a una pareja que había ido de vacaciones a Europa. Cuando hubieran instalado de nuevo el sistema de seguridad, volverían. Y además, por las molestias, les iban a pagar $100.00 dólares, lo que convertía un pequeño trabajo aburrido en un negocio bien remunerado. El hombre que le había ofrecido el trabajo era el supervisor de una empresa de seguridad llamado Kenneth Bianchi. Mangan comprobó la información llamando al jefe de Bianchi, Mark Lawrence, propietario de la agencia de seguridad Coast Security. Lawrence dijo que Bianchi era un hombre joven de excelente reputación y un trabajador consciente de sus deberes. Vivía con una chica del lugar llamada Kelly Boyd. Tenía un bebé y gozaba de fama de ser un padre dedicado al cuidado de su familia. Pero carecía de autoridad para ofrecerle a Karen un trabajo como vigilante a tiempo parcial, remunerado o sin remunerar ya que dicha oferta se salía de sus atribuciones.



Diane Wilder


Poco después la información fue confirmada por el propio Bianchi. Le dijo a su jefe que jamás había oído hablar de Karen Mandic, y que no terna ningún conocimiento del supuesto trabajo que le debía haber ofrecido. Había estado toda la tarde del jueves en una reunión de la Sheriff's Reserve, y después puntualmente regresó a su casa. Los detectives empezaron a averiguar más detalles. Karen le había dicho a su novio que el hombre que le había ofrecido el trabajo le pidió que lo mantuviera en secreto, y se lo hizo jurar. También había telefoneado a la vecina de la casa, había estado regándole las plantas y le dijo que no se acercara por allí aquella tarde. Le explicó que guardias armados iban a estar de patrulla, por la zona y era preferible no exponerse a posibles eventualidades. La policía fue a la casa vacía, situada en una de las zonas caras de la ciudad, en el área de Bayside. Un cerrajero abrió la puerta principal. Los detectives penetraron con precaución. Todo parecía estar en orden. La casa estaba limpia y cuidada; no se apreciaban signos de pelea. Pero en el suelo de la cocina los policías encontraron una huella de zapato. Era la de un hombre. Y aún estaba húmeda, por tanto, la pisada debía haber sido hecha doce horas antes como máximo.



Karen Mandic


El jefe de policía de Bellingham, Terry Mangan, había sido seminarista y posteriormente sacerdote de la Iglesia Católica. Como tal fue empleado por la policía como consejero para asuntos concernientes a la población negra. Pronto se sumergió hasta tal punto en su trabajo que se hizo oficial de reserva. Finalmente, abandonó el sacerdocio y se convirtió en oficial de policía. En 1976 pasó a ocupar la jefatura de la policía de Bellingham. Mangan era amigo personal de la hermana Carmel Marie, directora de la St. Ignatius School de Los Ángeles. Ella le había presentado al bibliotecario de la diócesis, un hombre llamado Johnson. En noviembre de 1977, Mangan leyó en la prensa que la hija de Johnson, Sonja, de catorce años, y una amiga suya, Dolores Cepeda, habían caído víctimas de “El Estrangulador de Hillside”, Terry Mangan conseguiría el primer arresto de la investigación policial, el de Kenneth Bianchi, al cabo de catorce largos meses.



Retrato robot del sospechoso


Al mediodía, la emisora de radio local empezó a radiar las descripciones del coche de Karen, un Mercury Bobcat verde. A las 16:30 horas, una mujer que había visto el coche por la mañana, oyó la descripción. El vehículo estaba aparcado en una calle sin salida cerca de su casa. Llamó a la policía. Dos agentes se acercaron para hacer la comprobación. El detective Bill Geddes echó un vistazo por la ventana trasera del Mercury. Allí estaban los cuerpos de las dos chicas desaparecidas, como si las hubiesen tirado al interior del vehículo sin preocuparse de más. Ambas chicas estaban vestidas. Las habían estrangulado y, posteriormente, violado los cadáveres. Bianchi se convirtió en el principal sospechoso. Se expidió una orden de detención contra él. Pero estaba fuera, conduciendo su furgoneta blindada. Su jefe, Mark Lawrence, estuvo de acuerdo en tenderle una trampa. Contactó con Bianchi por radio y le indicó que se dirigiera a una de las cocheras de la compañía, en la zona sur de la ciudad, para recibir instrucciones. Media hora más tarde llegó un coche patrulla. Sin embargo, el joven de agradable aspecto se limitó a mirar a los agentes con sorpresa. Se rindió sin protestar. Bianchi parecía tan libre de culpa, que el inspector que lo arrestó, Terry Mangan, empezó a creer que se trataba de un error. O Kenneth Bianchi era inocente o era un actor magnífico.



La policía llega a la casa de Kenneth Bianchi


De vuelta a la comisaría, Bianchi negó conocer a Karen Mandic. Dijo que un impostor debía estar utilizando su nombre. Los policías estaban inclinados a creerle. Y lo estuvieron aún más cuando Kelly Boyd, su mujer, se personó en la comisaría. Estaba horrorizada por la idea de que Bianchi pudiese ser un asesino. Para ella era un amante dulce y atento, un padre adorable, un hombre incapaz de cometer actos violentos. Cuando la policía solicitó su permiso para hacer un registro en la casa, ambos aceptaron sin dudar un momento. El registro puso de manifiesto que Bianchi quizá no fuera un asesino, pero sí que era un ladrón con toda seguridad. Escondidos en el sótano había varios teléfonos, aparatos muy caros, y una sierra mecánica sin estrenar. Estos objetos habían sido denunciados como desaparecidos de los sitios en que Bianchi había trabajado en funciones de vigilante de seguridad. Kenneth Bianchi fue acusado de robo, y se le trasladó a la cárcel del condado.



El arresto de Kenneth Bianchi


Un registro del furgón blindado de Bianchi aportó más pruebas. Estaban las llaves de la casa de Bayside y una bufanda de mujer. Los amigos de Diane Wilder confirmaron que ésta estaba verdaderamente apasionada por las bufandas, tenía una gran cantidad de ellas y solía utilizarlas en todo momento. Pero la prueba más convincente provino de los cadáveres. Ambas muchachas habían sido estranguladas con una especie de ligadura utilizada mientras estaban de espaldas. El ángulo indicaba que el asesino se había situado detrás y un poco por encima de la víctima. Como si hubiera estado bajando unas escaleras en ese momento. En las escaleras que conducían al sótano de la casa de Bayside la policía encontró un vello púbico de mujer. Y aparecieron dos más cuando el cuerpo de Diane Wilder fue izado mediante una sábana. También se encontraron rastros de semen en la ropa interior de ambas chicas. En sus vestidos y zapatos había restos de fibras similares a las de las alfombras de la casa de Bayside. El instrumento científico que ayudó a atrapar a Bianchi recibe el nombre de espectrofotómetro. Puede analizar un trozo de fibra atravesándola con un rayo de luz y obteniendo así su espectro. Las “bandas de absorción” del espectro revelan qué componentes químicos fueron empleados en la fabricación de la fibra. El espectrofotómetro puso de manifiesto que los restos de fibra encontrados en los cuerpos de Karen Mandic y Diane Wilder eran similares a los de la casa de Catlow de la zona de Bayside, Bellingham. Como Bianchi era el único que poseía una llave de la casa, las fibras le relacionaban directamente con las chicas asesinadas.



El crimen podía ser reconstruido. Kenneth Bianchi había telefoneado a Karen Mandic ofreciéndole el trabajo de vigilancia de la casa, con el aliciente de los $100.00 dólares. La había conocido mientras fue guardia de seguridad en el bloque de apartamentos en que vivía la muchacha. Esto probaba que mentía al decir que jamás la había visto antes. Bianchi le había tomado juramento de silencio, pero Karen se lo contó todo a su novio. También se lo había dicho a otro amigo, un guardia de seguridad de la Universidad. Este amigo encontró sospechoso que le hubieran ofrecido $100.00 dólares por el servicio. Según la hipótesis de la policía, Karen y Diane fueron a la casa a las 19:00 horas. Bianchi las estaba esperando en su furgón de seguridad (algunos vecinos del barrio lo vieron frente a la casa) o Karen había aparcado su coche ante la puerta del edificio. Bianchi le pidió que lo acompañara al interior para encender las luces. Diane se quedó esperando en el coche. Cuando Bianchi reapareció, Diane no podía sospechar que su amiga yacía muerta en el suelo del sótano. Bianchi la estranguló como a Karen, en las escaleras. Parece que el asesino, según la investigación, no violó a ninguna de las dos chicas. Llevó los dos cuerpos hasta el coche de Karen y lo condujo hasta una calle cortada. Allí limpió las huellas dactilares, y volvió andando a la casa de Bayside para recoger el furgón blindado. Por el camino, se deshizo de la ligadura.






Ficha de detención de Kenneth Bianchi


El caso contra Bianchi parecía claro, pero él insistía en que no recordaba nada. Mientras estaba en la cárcel, la policía hizo comprobaciones sobre su pasado. Había vivido en Glendale, el barrio bajo a cuatro kilómetros de distancia del centro de Los Ángeles. Después, durante la primavera, concretamente a mediados de mayo, se trasladó a Bellingham. Un detective llamó al departamento del sheriff del condado de Los Ángeles. Habló con el sargento detective Frank Salerno, de la división de homicidios. Un anterior residente de Glendale, Kenneth Bianchi, estaba acusado de un doble crimen. Esto captó el interés de Salerno, quien había estado buscando durante los últimos catorce meses a los asesinos a los que se les achacaban la muerte de doce personas en Los Ángeles. El último asesinato ocurrió poco antes de que Bianchi se trasladase a Bellingham. Cuando el sargento Frank Salerno supo que Bianchi había sido arrestado en el Estado de Washington, acusado de un doble asesinato, se trasladó enseguida a Bellingham. A las pocas horas de estar allí ya tenía la seguridad de que habían atrapado a uno de “Los Estranguladores de Hillside”. Las piezas de joyería encontradas en la casa de Bianchi coincidían con los objetos de que fueron despojadas las víctimas.



Bajo custodia policial, Bianchi se siguió comportando como si fuera un hombre inocente. Mostraba grandes deseos de cooperar. Le dijo a la policía que su único amigo “de verdad” en Los Ángeles era su primo Angelo Buono, un tapicero de automóviles propietario de una casa en Glendale. Un agente disfrazado comprobó la identidad de Buono. Tenía el pelo espeso y rizado, y unos cuarenta y cinco años de edad, diecisiete más que Bianchi. Al igual que Bianchi, Buono había nacido en Rochester, Nueva York, y Beulah Stofer, la mujer que recibió la llamada amenazadora, creyó reconocer un acento de Nueva York. Cuando la cara de Bianchi apareció en los periódicos de Los Ángeles, una profesora de escuela que había conseguido evitar el rapto de una chica del distrito de Birbank en febrero de 1977, volvió a presentarse para contar lo sucedido. Uno de los dos hombres, de pelo espeso y rizado, amenazó a la profesora gritándole: “¡Dios te castigará por esto!” La descripción que hizo de los dos hombres parecía la de Bianchi y Buono.



Conferencia de prensa de la policía sobre el arresto de Bianchi


El abogado que había ayudado a Becky Spears a escapar le dio al sargento la dirección de ella y de la otra chica, Sabrá Hannan, en Arizona. Las trasladaron a Los Ángeles y confirmaron que Buono y Bianchi les habían ofrecido trabajo como modelos. Después las habían obligado a trabajar como prostitutas a base de golpizas y amenazas de muerte. Los detectives profundizaron algo más en la vida anterior de Buono. Había estado casado cuatro veces y era padre de ocho hijos. Todas sus esposas lo abandonaron a causa de su brutalidad. Era un tipo que se jactaba de su vigor sexual, algunas de sus amigas no eran más que adolescentes. Frank Salerno y Grogan no dudaban de que Bianchi y Buono eran “Los Estranguladores de Hillside”. Buono era el carácter dominante; Bianchi, a pesar de todo su encanto, era más bien un cobarde, que se dejaba llevar. Incluso su novia, Kelly Boyd, estaba harta de su inmadurez; por eso lo abandonó en Los Ángeles y volvió con su familia a Bellingham. Pero Bianchi la persiguió hasta allí.



El juicio de Kenneth Bianchi


¿Qué fue lo que transformó a Kenneth Bianchi y Angelo Buono? ¿Qué los llevó de ser proxenetas a convertirse en asesinos en serie? ¿Por qué llegó Buono, que no tenía dificultades para encontrar chicas con quien acostarse, a arriesgar su vida y libertad dedicándose a los crímenes? La explicación se encuentra quizás en la relación que existía entre ambos primos: la brutalidad machista de Buono y la pasividad de Bianchi. Un psiquiatra sugirió que existía una relación de tipo homosexual; pero ambos estaban obsesionados con las mujeres. No obstante, la relación de Bianchi con su primo era la de un admirador incondicional, y cuando Buono insistió en que abandonara Los Ángeles para ira Bellingham, se sintió como un hijo rechazado. El asesinato de las dos escolares de Bellingham no fue tanto un acto criminal impulsivo como algo de lo que poder alardear la próxima vez que viese a su primo. Un logro que Buono alabaría.



Buono despreciaba a su primo, y se daba perfecta cuenta de la debilidad de su carácter y de la necesidad que sentía de ser estimado. Pero también le gustaba la adoración que le profesaba Bianchi, que estaba basada en sus proezas sexuales. El asesinato de Yolanda Washington había hecho sentir a Bianchi y Buono que quitar la vida era el último y supremo acto de posesión. Desde ese momento gozaron con el asesinato. La relación criminal entre ambos podría haber seguido durante mucho tiempo si no hubiera sido por el rechazo y desconfianza crecientes de Buono hacia su primo. Para Bianchi, la publicidad que despertaron los crímenes era algo tan deleitante como los propios asesinatos. Estaba encantado con la idea de ser el centro de atención. Buono, mayor y menos inestable psicológicamente, veía en su primo una actitud infantil y peligrosa. La vuelta de Bianchi a Bellingham fue para él como quitarse un peso de encima. Para Bianchi constituyó un rechazo brutal: deseaba encarecidamente probar su propia capacidad emprendedora y actitud despiadada. Matar a dos y no sólo a una chica se convirtió en un verdadero reto personal. Era una forma de demostrar que había alcanzado el rango de criminal consumado por sí mismo.



Salerno y sus compañeros policías también creían empezar a entender cómo se habían convertido Bianchi y Buono en asesinos múltiples. Su actividad de proxenetas les había acostumbrado a dominar y pegar a las mujeres. El caso parecía resuelto. A Bianchi lo considerarían culpable de los asesinatos de Bellingham. En el Estado de Washington esto significaba con toda probabilidad ser sentenciado a muerte. Enfrentado a esta perspectiva, Bianchi preferiría un juicio en Los Ángeles. Allí podía librarse de la muerte por cadena perpetua. Por tanto, por su propio interés, le convenía confesarse culpable de los asesinatos de Hillside e implicar a su primo. En esos momentos, las pruebas contra Buono aún eran débiles, pero con la cooperación de Bianchi podrían atraparlo. Buono había sido entrevistado un cierto número de veces por la policía. El tono en el que respondía tenía algo de mofa. Parecía disfrutar con la idea de que la policía no tenía ninguna prueba real contra él. Salerno pensaba confiado que todo esto cambiaría cuando su primo volviese a Los Ángeles.



Múltiple personalidad (click en la imagen para ampliar)


Entonces, de pronto, el caso contra Buono pareció quedar hecho pedazos. Surgieron dudas sobre el estado mental de Bianchi: esto quería decir que se cuestionaba su responsabilidad ante la ley como culpable de los crímenes por los que se le acusaba. Y aún había más, las dudas sobre su consciencia racional se referían a una de las enfermedades mentales más complejas: la personalidad múltiple. Desde el momento de su arresto, Bianchi insistía en no recordar absolutamente nada de los asesinatos de Karen Mandic y Diane Wilder. La policía consideraba que era un engaño mediante el cual pretendía evadir su responsabilidad criminal. Pero el abogado de Bianchi, Dean Brett, estaba impresionado por la aparente sinceridad de Bianchi, por sus exclamaciones de horror al pensar que podía ser el culpable de la muerte de las dos chicas, y por sus insinuaciones sobre cometer suicidio. De vuelta a Los Ángeles, la investigación tomó un cariz más prometedor. El novio de Judy Miller, la segunda víctima, había identificado por una fotografía a Angelo Buono como el cliente que convenció a Judy para que entrara en su coche la noche en que desapareció. Beulah Stofer reconoció por el mismo sistema a los sujetos que habían obligado a Lauren Wagner a subir a un automóvil. Pero sin el testimonio de Bianchi el caso se quedaba cojo.



Kenneth Bianchi en su supuesta personalidad de “Steve”


En 1979, Brett solicitó la intervención de un psiquiatra, John Johnston. Este quedó igualmente hechizado por el encanto personal de Bianchi, por su amabilidad e inteligencia. Si sus pretensiones de sufrir amnesia eran auténticas sólo cabía una conclusión: Bianchi tenía una doble personalidad. Brett siguió adelante con la consolidación de este diagnóstico mediante otro psiquiatra forense, el Dr. Donald T. Lunde, de la Universidad de Stanford y autor del libro Asesinato y locura. Lunde recomendó que Bianchi fuera sometido a sesiones de hipnosis bajo supervisión de un experto. Las sesiones comenzaron el 21 de marzo de 1979. Las dirigió el Dr. John G. Watkins, un especialista en temas de personalidad múltiple e hipnosis por la Universidad de Montana. Bianchi se mostró deseoso de cooperar. A los pocos minutos de estar en trance, Bianchi hablaba en una voz profunda y extraña, presentándose a sí mismo como “Steve”, quien resultó ser un carácter desagradable con una risa burlona y despectiva. Le dijo al Dr. Watkins que odiaba a “Ken”, y que había hecho todo lo posible para “pescarle”. Entonces, con un poco más de ayuda por parte del hipnotizador, contó cómo Ken acompañaba a su primo Angelo una noche en que éste mató a una chica. Llegados a este punto, “Steve” admitió adoptar la personalidad de Ken y convertirse en cómplice de su primo por su propia voluntad. Frank Salerno y su ayudante, el sargento Pete Finnigan, escuchaban la historia en silencio desde una de las esquinas de la habitación. Salerno escribió una sola palabra en su libreta de notas: “Sandeces”. Pero sabía que la investigación estaba en peligro. Si Bianchi conseguía convencer a un juez de que sufría un estado de personalidad múltiple, cabía la posibilidad de que se salvara con unos cuantos años de internamiento en un hospital psiquiátrico. Como el testimonio de un enfermo mental carecía de validez ante un jurado, Angelo Buono, su primo, quedaría fuera del alcance de la ley.



El doctor John G. Watkins


La mujer de Bianchi, Kelly Boyd, seguía convencida de su inocencia. “Sé que no es un santo; se enfadaba como cualquier persona, pero insistía constantemente en lo difícil que le resultaba pensar en quitarle a alguien la vida. Decía que sólo un maníaco podía haber matado de ese modo. Yo sé que él es incapaz de matar a alguien”. Entretanto, en la prisión de Whatcomb Country, Washington, el supuesto alter ego de Kenneth Bianchi, “Steve”, contaba historias sobre el insaciable apetito sexual de Buono, y sobre su costumbre de matar a las chicas después de haberlas violado. Estos relatos tendían a contener ciertas rarezas, como si “Steve” intentase minimizar su participación en los asesinatos.



Las víctimas (click en la imagen para ampliar)


Lo mismo podría decirse de sus posteriores declaraciones a la policía, aunque los acontecimientos descritos, a grandes rasgos, eran coincidentes con los hechos. La demostración de que Bianchi estaba fingiendo ser un caso de personalidad múltiple descansa en algo más que las pruebas a que se le sometió inicialmente. Más tarde, el supuesto otro yo de Bianchi, “Steve”, le contó al doctor Watkins que la primera vez que se mezcló en un asesinato fue cuando “Ken” se inmiscuyó con Buono en la muerte de Yolanda Washington. Sin embargo, una confesión más detallada que realizó durante una sesión posterior de hipnotismo reveló que ambos hombres habían participado en el asesinato desde el comienzo. La primera vez que fue interrogado, Bianchi declaró no conocer a Karen Mandic, la víctima de Bellingham, a quien había conocido mientras ambos trabajaron en los mismos grandes almacenes. A menos que “Steve” controlase la voluntad de Bianchi durante ese período, y en tal caso la personalidad de “Ken” hubiera sufrido rachas de amnesia, tuvo que haber mentido al negar conocer a Karen en su estado normal.



Bianchi sin bigote en el juicio


Las noticias de que Kenneth Bianchi había acusado a su primo Buono de ser cómplice en los asesinatos de Hillside despertó profunda indignación entre el vecindario de éste. Empezó a recibir cartas amenazadoras; pero, a pesar de todo, parecía cada vez más lejano el momento en que tendría que enfrentarse a un jurado. EI 18 de abril de 1979, Bianchi convenció a otro experto, el doctor Ralph B. Allison, de que sufría de personalidad múltiple. A petición de Allison, “Steve” incluso reveló su supuesto apellido: Walker. En ese momento este detalle pasó desapercibido, pero más tarde resultaría de vital importancia. En el Time magazine de mayo de 1979 los estadounidenses pudieron leer que Bianchi había sido considerado como “un caso de personalidad múltiple” por dos de los psiquiatras más eminentes del país. Kenneth Bianchi era inocente: había sido “Steve” quien mató a las víctimas. La acusación decidió que ya era hora de llamar a su propio experto en la materia. El doctor Martín T. Orne, de la Universidad de Pennsylvania, era un conocido especialista en hipnosis. En mayo de 1979, Orne empezó a estudiar las sesiones de hipnotismo de “Steve”. Estaban grabadas en vídeo. Sin embargo, no encontró respuesta a la pregunta que más le preocupaba: ¿Bianchi estaba realmente bajo hipnosis o solamente fingía? Lo que sí llamó la atención es que el carácter de “Steve” parecía desarrollarse durante las sesiones de hipnosis. Aunque su voz era aguda y convincente desde la primera sesión, daba la impresión de que cada vez se sumía más y más en su papel conforme progresaba el tiempo. Para el doctor Orne esto indicaba más la representación de un actor que un verdadero alter ego. Avanzado el mes de mayo, el doctor Orne se entrevistó con un Bianchi tan dispuesto a cooperar como siempre. Al ser hipnotizado cayó rápidamente en trance. Orne decidió someterlo a algunas pruebas. Los sujetos bajo hipnosis pueden ser sometidos a auténticas alucinaciones. Orne le dijo a Bianchi que su abogado defensor, Dean Brett, estaba sentado en una silla vacía. Bianchi reaccionó inmediatamente y de forma del todo inesperada; el doctor Orne jamás había presenciado una reacción de este tipo. Bianchi se puso en pie y le dio un apretón de manos a su abogado imaginario. En ese momento Orne quedó convencido de que Bianchi estaba fingiendo. Las personas que entran en verdadero trance se contentan siempre con hablarle a sus alucinaciones. Pero nunca intentan tocarlas. El doctor Orne hizo, no obstante, otro experimento más. Dejó que se le escapase la idea de que las personas con personalidad múltiple suelen tener más de un alter ego. En la siguiente sesión, Bianchi fabricó de inmediato una nueva personalidad: un chico asustadizo llamado “Billy”. Se le preguntó a “Billy” si conocía a “Steve”, “Billy” respondió: “Ese es un tipo sucio”. Ahora Orne estaba completamente convencido de que Bianchi estaba fingiendo.



Pero fueron los detectives Frank Salerno y Pete Finnigan los que finalmente hicieron el descubrimiento que desenmascaró a Bianchi. Escuchando una de las cintas de las sesiones del doctor Allison oyeron decir a “Steve” que su nombre era Walker. De pronto, los dos recordaron haber visto el nombre de Steve Walker entre los papeles de Bianchi. La búsqueda sacó a la luz una carta dirigida al registrador de la Universidad del Estado de California, que estaba firmada de puño y letra de Bianchi con el nombre “Thomas Steven Walker”. Pedía que le enviasen un diploma sin el nombre puesto. La investigación posterior localizó al verdadero Walker, un graduado en psicología de la Universidad del Estado de California que había contestado a una oferta de trabajo mandando algunos de sus certificados de estudios. El anuncio había sido puesto en la prensa por Bianchi, quien después utilizó el nombre y documentos de Walker para obtener un título universitario de psicología. Los psiquiatras de la defensa no se declararon totalmente convencidos de que Bianchi estuviera fingiendo, y por tanto, de que debiera ser sometido a juicio. El doctor Orne y un colega suyo, el doctor Saul Faerstein, realizaron otra sesión con Bianchi el 1 de junio de 1979, e insistían en que era un simulador. Su opinión fue la que prevaleció el día en que se celebró la vista para establecer la demencia de Bianchi. Fue el 19 de octubre de 1979. En el transcurso de esa vista, Bianchi admitió su culpabilidad en los asesinatos de Bellingham y otros cinco más ocurridos en Los Ángeles. Ante el estrado lloró desconsoladamente y dijo estar profundamente arrepentido.



Los titulares



Bajo las leyes del Estado de Washington, el juez le condenó a cadena perpetua sin requerirse la formalidad de un juicio completo. Pero quedaban otros cinco cargos por asesinato en Los Ángeles que seguían sin tener un culpable responsable. Bianchi accedió a testificar contra su primo y admitir su culpabilidad en esos cinco asesinatos a cambio de no sufrir pena de muerte, más la posibilidad de obtener la libertad condicional. En diversos interrogatorios ante Salerno y Finnigan describió los asesinatos con tal lujo de detalles que quedó perfectamente claro que Kenneth Bianchi, y no “Steve”, era el auténtico culpable. Cuando Bianchi fue condenado a dos penas de cadena perpetua en la sala del juicio de Whatcomb County, lloró desconsoladamente: “No encuentro palabras para expresar el pesar por lo que he hecho. Nunca podré remediar el daño que he causado. Para mí no habrá perdón”.



El arresto de Angelo Buono


El 22 de octubre de 1979, Angelo Buono fue arrestado y acusado de los estrangulamientos de Hillside. Se le internó en la prisión del condado; Bianchi ocupaba otra celda en la misma cárcel. Pero Bianchi empezó a echarse atrás en el trato. Decía que sólo lo hizo para salvar el pellejo y que en realidad era inocente. La razón era bien simple: la oficina del fiscal del distrito había decidido retirar la acusación por los otros cinco asesinatos que hubieran significado para Bianchi la pena de muerte. Ahora no tenía nada que perder si se negaba a cooperar. En lo que concernía a la policía, no había diferencia alguna. Las joyas encontradas en casa de Bianchi la relacionaban con algunas víctimas, mientras que una mota de pelusa encontrada en el párpado de Judy Miller era del mismo material esponja de poliester localizado en la casa de Buono. Poco a poco el caso contra Buono iba permitiendo condenarlo en juicio.


Ficha de detención de Angelo Buono


En junio de 1980, Kenneth Bianchi fraguó un plan descabellado para salir de la cárcel. Una atractiva chica de 23 años llamada Verónica Compton, adicta a la cocaína y fascinada por la violencia y el sexo, le escribió pidiéndole ayuda para un libreto sobre un asesino múltiple femenino que inyectaba semen masculino a sus víctimas, todas mujeres, para que la policía pensase que el criminal era un hombre. Verónica Compton visitó a Bianchi en la prisión. Pronto compartían fantasías asesinas y también cartas de amor. Bianchi la persuadió para llevar a cabo realmente la trama de su obra, en Bellingham. Esto, mantenía, probaría que “El Estrangulador de Hillside” seguía en libertad. Bianchi se las ingenió para darle muestras de su semen. En Bellingham, Verónica Compton invitó a una mujer joven, Kim Breed, a su habitación de hotel a tomar una copa. Una vez allí, intentó estrangularla; pero Kim, que sabía artes marciales, la lanzó por sobre su cabeza y escapó.



Verónica Compton


Verónica Compton fue arrestada y condenada a cadena perpetua por intento de asesinato. Fue llamada a prestar declaración en el juicio de Bianchi y Buono. Hervía de rabia y resentimiento porque Bianchi había dejado de interesarse por ella. Su testimonio destilaba un sabor a venganza. Pero después de admitir que una vez tuvo la intención de poner un negocio de depósitos de cadáveres y dedicarse a la necrofilia, el jurado ya no le prestó atención. Ya en prisión, Compton inició una relación epistolar con Douglas Clark, uno de los “Asesinos de Sunset Strip”. En sus cartas hablaban sobre mutilación y asesinato en serie. Verónica Compton escapó de prisión el 27 de julio de 1988; fue recapturada y en la cárcel conoció a un profesor, con quien comenzó una relación. Se embarazó en la cárcel; fue liberada en 2003, escribió unas memorias tituladas Comiendo las cenizas y vivió impartiendo conferencias. Se casó con el padre de su hijo y siempre afirmó públicamente haberse reformado. Publicó otros libros bajo el nombre de Verónica Compton-Wallace.



Verónica Compton, semidesnuda


Lo que pasó después con Kenneth Bianchi cogió a todos por sorpresa. En julio de 1979, el ayudante del fiscal del distrito, Roger Kelly, propuso retirar los diez cargos de asesinato contra Buono. Sostuvo que el testimonio de Bianchi era tan dudoso y contradictorio que carecía de valor en el juicio. Sugirió que Buono fuese juzgado más adelante por los cargos de proxenetismo, violación y sodomía. Entretanto debía ser puesto en libertad bajo una fianza de $50,000.00 dólares. Esto significaba que Buono, incluso si le consideraban culpable por estos delitos, sólo pasaría cinco años en la cárcel.



Roger Kelly


El juez Ronald Marc George, el hombre que presidió el juicio, impidió entonces que se retirasen los cargos de asesinato contra Buono. El juez George decidió hacer pública su decisión el 21 de julio de 1981. La semana antes la moral de la policía estaba derrumbada. Nadie dudaba de que si la fiscalía no estaba segura de poder conseguir una condena, el juez no tomaría en consideración los cargos contra el acusado.



El juicio de Angelo Buono


El día del juicio, Buono y su abogada defensora, Katerine Mader, se sentían optimistas. Pero pronto se vio que su confianza era excesiva. Aparte de que el testimonio de Bianchi fuera o no fidedigno, otras pruebas, como la fibra de poliester de Judy Miller, dejaban claro que la acusación contra Buono no carecía de fundamento. Así se expresó el juez George denegando la petición de la fiscalía. Y el juez añadió aún más: si la fiscalía del distrito mostraba la más mínima falta de entusiasmo en el caso, lo trasladaría a la fiscalía general. Buono tuvo que cancelar la cena que pensaba celebrar con sus abogados defensores. El fiscal del distrito decidió retirarse del caso y dos fiscales de la fiscalía general, Roger Boren y Michael Nash, fueron encargados de la acusación contra Buono.






Katerine Mader y Angelo Buono


El juez George había nacido en 1940. Su padre era francés y su madre húngara. George fue educado dentro de la tradición liberal europea; estudió primero en Hollywood y después en Ginebra; y cursó derecho en la Princeton University y en la Stanford Law School. George empezó a trabajar en el equipo del fiscal general de California. El primer contacto con la mentalidad criminal tuvo los efectos de un duro golpe a su liberalismo. En consecuencia, dejó de creer que los criminales eran las infortunadas víctimas de la sociedad. Al igual que el psicólogo criminalista más importante de su tiempo, el doctor Ralph Allison, se convenció de que la mayoría de los delincuentes eran mentirosos empedernidos. En 1970, George defendió la pena de muerte ante la Corte Suprema de los Estados Unidos. Fue elegido como magistrado de la misma en 1977. La escritora Darcy O'Brien, una amiga personal de George, escribió que, cuando el Fiscal del Distrito de Los Ángeles decidió retirar los cargos contra Buono, “el juez se sintió asqueado”, y decidió dar el inusual paso de denegar la petición. De esta forma, prácticamente, tomó a su cargo la responsabilidad de la acusación contra Angelo Buono. O'Brien recogió las diversas opiniones de la comunidad jurídica: ésta se encontraba dividida entre la consideración de que su actitud constituía un paso adelante valeroso o una muestra de arrogancia. Los que criticaban su decisión creían que el juez George había perturbado el sistema jurídico.



El juez George


El juicio comenzó en el juzgado de Whatcomb County de Los Ángeles el 16 de noviembre de 1981. Terminó el 14 de noviembre de 1983. Fue el juicio por asesinato más largo de la historia de los Estados Unidos hasta ese momento. La acusación llamó a declarar a 251 testigos y presentó más de mil pruebas ante el tribunal; entre ellas, las fotografías tomadas a Jane King. Pero aunque los legajos del juicio llenarían finalmente cientos de volúmenes, el juicio en sí no reveló nada sorprendente. Hasta junio de 1982, no se llegó a la declaración de Bianchi. Al principio su testimonio fue vago y ambiguo. Pero cuando el juez le hizo notar que estaba incumpliendo su pacto legal prejudicial y que sería enviado al penal de Walla Walla en Washington (famoso por su dureza), su testimonio se fue concretando a pasos agigantados. Bianchi se pasó cinco meses testificando. Sus declaraciones resultaron fatales para su primo.



La defensa de Buono empleó la táctica de desacreditar a los testigos de cargo y también las pruebas, pretendiendo que el testimonio obtenido bajo hipnosis era inadmisible. El juez declaró que Bianchi había estado fingiendo el trance y la personalidad múltiple. La defensa tuvo un argumento más sólido cuando pretendió desacreditar todo el juicio basándose en que uno de los testigos de cargo, el novio de Judy Miller, había estado internado en una institución para enfermos mentales. La moción fue denegada. El juez llamó la atención a la defensa por no estudiar detenidamente el sumario del caso. En sus conclusiones finales el abogado de la defensa, Gerald Chaleff, afirmaba que Bianchi había cometido los asesinatos en solitario y que su primo era inocente. El juez apercibió al abogado por pretender que todo el caso contra su cliente era una vulgar conspiración.



Roger Boren


El jurado se retiró a deliberar el 21 de octubre de 1983. Tras una semana de deliberaciones sobre el veredicto, la defensa empezó a sentir que las cosas iban por mal camino. La acusación, sin embargo, se sentía más optimista. Posteriormente se supo que uno de los miembros del jurado, resentido por no haber sido elegido presidente del mismo, estuvo obstruyendo insistentemente la votación final. Finalmente, el 31 de octubre, el jurado declaró a Buono culpable del asesinato de Lauren Wagner. Durante las dos semanas siguientes también lo consideraron culpable de los asesinatos de Judy Miller, Dolores Cepeda, Sonja Johnson, Kristina Weckler, Kimberly Diane Martin, Jane King, Lissa Kastin y Cindy Hudspeth. Sin embargo, muy probablemente influenciados por el hecho de que Bianchi había conseguido evitar la ejecución, decidieron que Buono no sufriese la pena de muerte.



El 4 de enero de 1984, el juez ordenó que Bianchi volviese a Washington para cumplir su sentencia. Después sentenció a Angelo Buono a cadena perpetua, añadiendo la mención de que sentía profundamente no poder imponerle la sentencia de muerte. El juez George se dirigió a los sentenciados en sus últimas conclusiones: “Estoy seguro, señores Bianchi y Buono, que ustedes sólo sufrirán su merecido castigo reviviendo una y otra vez las torturas y asesinatos de sus víctimas, ya que son incapaces, y así lo considero personalmente, de sentir ninguna sensación de remordimiento”. Posteriormente al juez George se le preguntó si los actos cometidos por Bianchi y Buono no eran suficiente para considerarlos dementes. El juez respondió: “¿Por qué hemos de considerar dementes a las personas que simplemente eligen no adecuarse a nuestros hábitos de comportamiento?”



Kenneth Bianchi fue mantenido apartado de los demás reclusos de la prisión de Walla Walla, Washington. Su fascinación por las personalidades alternas siguió manifestándose. Se cambió legalmente el nombre a Anthony D'Amato y después de nuevo a Nicholas Fontana. No obstante, estos cambios no evitaron que el resto de los reclusos supiese que él era uno de “Los Estranguladores de Hillside”.



Cronología (click en la imagen para ampliar)


Bianchi insistía incansablemente en que se le trasladase a otra prisión. Los encargados de Walla-Walla estaban dispuestos a conceder el traslado a una cárcel menos dura: la de Reno, Nevada. Su madre adoptiva buscó casa en Nevada para poder estar cerca de su hijo y visitarlo a diario. Las maletas de Bianchi ya estaban hechas cuando se enteró el delegado del fiscal general del Estado de Los Ángeles. El traslado no se efectuó. Se determinó que podría ser elegible para la libertad bajo palabra en 2025. Pasó sus días pintando cuadros que luego vendía a altos precios, pese a su pésima manufactura.



Las obras de Bianchi




Angelo Buono pasó su primer año en la cárcel de Folsom, California, en continuo aislamiento. Temía que lo mataran y se negó a abandonar su celda sin ventana; ni siquiera salía al patio para hacer ejercicio. Por el contrario, lo rodeaban los cientos de volúmenes del sumario de su juicio. Tenía la intención de leerlos todos. Angelo Buono se dedicó a pintar en prisión, al igual que muchos otros asesinos en serie. Sus cuadros se vendieron a buen precio. También elaboró joyería con cuentas de colores. Se casó en 1986 con Christine Kizuka. Murió el 21 de septiembre de 2002 en la Prisión Estatal Calipatria; sufrió un infarto al estar solo en su celda.



Las obras de Buono



En 2007 su nieto, Christopher Buono, asesinó a balazos a su abuela Mary Catherine Castillo, ex esposa de Buono, con quien procreó cinco hijos, entre ellos el padre de Christopher; después del crimen, el chico se suicidó con un disparo en la cabeza. Los eventos ocurrieron en Yorba Linda, California.



Christopher Buono


Se filmó una dramatización de lo ocurrido para la televisión con el título El caso de los Estranguladores de Hillside. El actor Richard Crenna encarnó al detective de la policía de Los Ángeles, Bob Grogan. Luego se hicieron dos nuevas versiones, una de las cuáles se centra en la figura de una psiquiatra con una oscura sexualidad, que se involucra con los asesinos durante su juicio.



Una de las cintas sobre el caso




VIDEOGRAFÍA:

Kenneth Bianchi y Angelo Buono en Killing of America
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Kenneth Bianchi y Angelo Buono en Asesinos en serie
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Los Estranguladores de Hillside (trailer)
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BIBLIOGRAFÍA:













FILMOGRAFÍA:



25 comentarios:

Anónimo dijo...

ahora si serán puras biografias, no tipologias

esperaba este caso desde siempre

Anónimo dijo...

justifica el texto !!!!!!!!

TeReSa dijo...

Dos de los más famosos asesinos, creí que ya habías publicado su caso pero bueno, ya están aquí.

Salluuudos!!!

Anónimo dijo...

Aclarame una cosa ,respecto a la foto del cadaver de jane king.
Utilizas la misma foto para el caso de desalvo "el estrangulador de boston",y ahí aparece como victima de Desalvo y se llama Mary Sullivan ,Quien es esta pobre chica en realidad .Y quien le hizo esa tremenda atrocidad

Anónimo dijo...

"Aclarame una cosa ,respecto a la foto del cadaver de jane king.
Utilizas la misma foto para el caso de desalvo "el estrangulador de boston",y ahí aparece como victima de Desalvo y se llama Mary Sullivan"

Tu pagina es buenisima, pero mucho copias fotos que no pertenecen al caso que relatas, si no tienes fotos así déjalo, no pongas, pero no copies falsas, porque en cada articulo siempre sale alguien diciendo lo mismo...

halford dijo...

Un caso verdaderamente clásico y mítico en las historias del crimen, muy bien redactado, con abundante información, acerca de la foto ya comentada a Jane King, en su momento cuando la ví en el caso de Albert De Salvo, me pareció fuera de lugar, como que no correspondia con la victima entonces (Sullivan) de hecho en un libro habia visto una foto de Sullivan y no se parecía, ademas que esta es a color y la otra a blanco y negro, tal vez la foto correcta en cuanto a adjudicación al caso es la de hoy y no la de De Salvo, seria bueno aclarar el punto y corregirlo, para que los casos sean lo mas fidedignos posibles, sin embargo el detalle de la foto no hace mella en la información del texto que es lo mas completo de la web.

Saludos a todos los lectores de esta página.

Edw dijo...

Impactada, impactada!!
Este caso esta tremendo, que primitos tan locos,,!!

Hasta miedo dan,, ! gracias por el blog!

Galo Nomez dijo...

¿Primitos? ¡Yo más bien hablaría de primates!

Anónimo dijo...

EXIJO UNA EXPLICACION, la foto donde aparece una mujer con la escoba en la vagina aparece en el post de Albert de Salvo el Estrangulador de Boston, tambien aparece como victima de los estranguladorees de Hillside.
Que pasa?? De quien es la victima? Es una foto montada. Favor poner mas empeño

http://escritoconsangre1.blogspot.com/2010/03/albert-desalvo-estrangulador-de-boston.html?zx=7c3122b81fc70c3b

Kenneth Bianchi y Angelo Buono: "Los Estranguladores de Hillside"

Escrito con Sangre dijo...

Hola a todos.

En efecto, es un error. La víctima es Jane King y el yerro ha sido corregido.

¡Saludos sangrientos!

Karuna dijo...

Dos semanas de ausencia, pido uan gran disculpa.

Lástima que las tipologías ya no van estar presentes en la entrada, pero si me interesa comprar el libro "Monstruos entre nosotros".

En fin sobre el caso de esta semana, que caritas tan contestas e interesantes comentarios leo sobre esta pareja.

Como dijo Halford, uno de los clásicos para analizar. No cabe duda que esta parejita de primitos, que forman un monstruo estén en esta entrada.

¡Eso sí, que gran mimetismo usaron para engañar a sus víctimas, el machismo de Angelo Buono junto con la mitomanía de Kenneth Bianchi!

Fue un placer dejar mis huellas en este blog.

Nos leeremos el próximo domingo, Halford, Galo Nómez, Laura Alfaro, Osito Panda (se te extraña), z0epy, y por último a nuestros estimado, Escrito con Sangre.

Saludos Karuna ^^

Anailuy dijo...

Muy buen caso la verdad ya extrañaba los casos extensos, desde la mañana hasta esos momentos leyendolo muy bueno Escrito =)

Anónimo dijo...
Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.
z0epy dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
z0epy dijo...

HOLA DE NUEVO ANSIOSA PARA LEER EL CASO EN LUNES...
LA VERDAD QUE PAREJA DE SEUDO PARIENTES MUY CONFUSA PERO ESO DE SUS MULTIPLES PERSONALIDADES ME HIZO RECORDAR LA PELICULA DE "DOROTHY" DONDE TIENEN VARIAS PERSONALIDADES LA DE UNA ASESINA, LA PROSTITUTA Y LA NIÑA QUE HORROR CUANTA FICCION DIGNA DE UNA OBRA CINEMATOGRAFICA.
LO MAS ABSURDO A MI PUNTO DE VISTA ES EL DE VERONICA DE VERDAD QUE LO QUE HACE EL VICIO UNA MUJER BONITA PERDIO TODO Y LA INCOGNITA SERIA QUE HUBIESE PASADO SI HUBIERA MATADO A KIM? SERIA UNA ASESINA SERIAL, SALDRIA BUONO O QUE?
DEMACIADO ANALISIS ESTE CASO.

ESPERARE CON ANSIAS LA PROXIMA SEMANA
Y LE DEJO UN SALUDO ESPECIAL A TODOS LOS FIELES LECTORES DE ESTE BLOG QUE AUNQUE NO DEJEN SU COMENTARIO O UN ANONIMO, SEMANA A SEMANA DEJAN UN COMENTARIO QUE RETROALIMENTA EL WEBSITE
☺HALFORD
☺KARUNA
☺LAURA ALFARO
☺TESSIO (GRACIAS POR TU COMENTARIO)
☺SPIZ
☻☻☻ESCRITO CON SANGRE☻☻☻

Anónimo dijo...

aburrido !!! este blog esta peor cada día ...enciclopedia de los asesinos en serie eso si esta chingon !!!!!!

Anónimo dijo...

CREO QUE NO ES ABURRIDO. ESTOY SEGURO QUE LO QUE PRETENDES, ES HACERLE PUBLICIDAD AL SITIO QUE MENCIONAS, VALIENDOTE DE LA DIFUSION DEL BLOG "ESCRITO" A NIVEL MUNDIAL.
JAVIER SALAMANCA.

Spizma-Krad dijo...

Zas, Buono y Bianchi,¿que se puede decir de estos primos? Perfecto como siempre, bastante información de estos clásicos, hasta me llamó la atención el tema de Verocina Compton y su intento fallido de agradar a Bianchi con nuevos crímenes, por lo menos le salió mal y corrió a los brazos de Douglas Clark...(juas)

Espeluznante analisis el de estos autenticos depredadores de Hillside, no debían faltar en este website.

En fin, arriba las artes marciales de Kim Breed!

Felicidades como siempre, el website sigue en regla, y ¡saludos a todos los fieles en general!

-Spiz-
"Porque no escucha mis plegarias..."_N.C.

Ginger dijo...

Que miedo, por eso nunca salgo sola a la calle, con estos relatos me estoy volviendo paranoica je je saludos.
www.gingerweb.com.mx

TESSIO dijo...

Este par es mas famoso que las zucaritas yo pensaba que su caso ya estaba redactado en el blog jaja.

Nada que comentar la verdad Interesantisima la redaccion ahora si te luciste escrito, no pare de leer ni un segundo la sincronia con la que manejaste la informacion fue excelente.

Y que decir de bianchi un verdadero manjar el poder explotar la mente de este doble cara uno de los asesinos en serie mas "interesantes" para mi gusto, sin tener el clasico perfil dominante (que si ustedes pueden ver es la mancuerna perfecta con su primo) su personalidad te da horas de analisis.

Saludos Cordiales

~Halford
~Z0epy
~Laura

Alejandrina Cedillo dijo...

PUES PUBLICASTE HABER CORREGIDO EL ERROR DE LAS FOTOGRAFIAS Y NO ES ASI, SIGUE LA MISMA FOTO EN LA BIOGRAFIA DE DE SALVO Y EN ESTA ENTRADA; A ALGUNOS SE NOS OLVIDARAN MUCHOS DETALLES DE CADA HISTORIA QUE TAL VEZ PUEDAS REPETIR EN OTRAS, PERO FOTOGRAFIAS TAN IMPACTANTES NO ES TAN FACIL. CORRIGE EL ERROR POR FAVOR.

POR LO DEMAS EXCELENTE HISTORIA.

Anónimo dijo...

hola :) me gustaria que corrigieran algunas cosas, por ejemplo la foto del cadaver de judy miller en realidad es la foto del cuerpo de jane king, al igual que la foto de las piernas marcadas de lissa kastin. si se fijan bien, en la foto de esos tobillos tiene fecha de 23/11 fecha en que encontraron a jane king. saludos sangrientos

Escrito con Sangre dijo...

Corregido el error de la foto en la biografía de DeSalvo y en esta también.

Y desde nuestro regreso, hemos comenzado a justificar el texto de todas las biografías nuevas. Además, poco a poco estamos justificando el texto de las que ya estaban publicadas.

¡Saludos sangrientos a todos!

karonte9002 dijo...

QUE SI EL CADAVER DE LA CHICA ES ESTA...HO ES AQUELLA PERSONA.SALE SOBRANDO.
OJALA Y QUIENES PIDEN Y EXIGEN SU NOMBRE VERDADERO...SUFRIESEN LA MUERTE Y TORTURA QUE ELLA SUFRIO...Y QUE LA ESCOBA LA TUVIESEN ENZARTADA EN LA CONCHA O EL ANO POR LA ETERNIDAD...JODIDOS!!

Ampersand dijo...

Este par de sujetos se encontraron y complementaron de tal forma que realizaron una serie de atrocidades cruentas y sádicas, quizá cansados de haber experimentado tener de toda clase de mujeres.

Comparto la idea de que cometieron los asesinatos por el placer que les ocasionaba el simple hecho de hacerlo, la sensación de poder y dominio.

En cuanto a los comentarios de las fotos, lejos de hacer mella en el trabajo tan extenuante que debe ser publicar el blog, ayudan a mejorarlo. Muchas gracias ECS, saludos !!!!