Dennis Nilsen: "El Estrangulador de Muswell Hill"



“Estaba fascinado por el misterio de la muerte”.
Declaración de Dennis Nilsen


Un día frío de otoño, en la pequeña ciudad costera de Fraserburgh en el noroeste de Escocia, Betty Whyte dio a luz a su segundo hijo, Dennis Andrew Nilsen. Era el 23 de noviembre de 1945. El padre, Olaf Magnus Nilsen, era un soldado noruego que llegó a Escocia después de la invasión alemana de su país en 1940. Conoció a Betty Whyte, una chica guapa del lugar, a la salida de un café, y se casó con ella en 1942.



Los padres de Dennis Nilsen


El matrimonio no fue un éxito y los Nilsen nunca fundaron juntos un hogar. Betty continuó viviendo con sus padres, Andrew y Lily Whyte, en cuya modesta casa crecieron sus tres hijos. Dennis apenas veía a su padre, que raramente iba a visitarles. Unos pocos años después el matrimonio terminó en divorcio.



Olaf Magnus Nilsen


Dennis creció con su madre, su hermano mayor y su hermana pequeña, pero la influencia más fuerte era la de sus severos, estrictos y cariñosos abuelos. Eran pescadores descendientes de varias generaciones de marineros. Estas familias de los pueblos pescadores de Aberdeenshire eran fatalistas en cuanto a su visión del mundo; la mayoría había perdido a algún miembro de la familia en el mar. El océano ejerció una extraña fascinación sobre Nilsen. A los ocho años fue rescatado de morir ahogado en el puerto de Fraserburgh por un desconocido. Recordaba la experiencia con placer.



La casa donde nació Nilsen


Las familias estaban también profundamente emparentadas. Después de siglos de matrimonios entre los miembros de la misma comunidad, había frecuentes casos de inestabilidad mental. Algunos de los antepasados de Dennis Nilsen, por el lado de su madre, sufrieron problemas mentales y hubo casos de suicidio.



Dennis Nilsen cuando era niño


Dennis Nilsen también heredó el orgulloso radicalismo, su franca y discutidora naturaleza y su testaruda independencia. Sus dos abuelos eran piadosos. Su abuela no cocinaba el día del Señor, por lo que todas las cenas de los domingos tenían que ser preparadas el día anterior. No aprobaba la radio ni ninguna otra diversión. El abuelo Andrew nunca bebía alcohol y nunca fue al cine: consideraba estas cosas como tentaciones diabólicas para desviar a las almas del buen camino.



Nilsen creció compartiendo una sola habitación con su madre, su hermano y hermana en Academy Road nº 47, la casa de sus abuelos. Era una familia feliz aunque muy disciplinada. La infancia de Nilsen transcurrió en un ambiente severo y represivo de acuerdo con los métodos pedagógicos de la época. Pasó su infancia en una atmósfera de fundamentalismo religioso. Era retraído, hosco e intratable. Se encerró en un intenso mundo privado en el que nadie podía penetrar, excepto su abuelo. Andrew Whyte era el héroe de Nilsen. Le contaba al niño cuentos sobre las olas del mar, le llevaba sobre sus hombros a dar largos paseos por la playa y volvían a casa cuando se dormía en sus brazos. Cuando el abuelo regresaba del mar toda la familia sabía que volvía a casa para estar con Dennis.



La madre de Nilsen con su segundo esposo


Andrew tuvo un ataque al corazón en el mar en 1951. Llevaron su cuerpo en un tren a Fraserburgh y de allí a la casa de la familia, donde pusieron su ataúd sobre la mesa del comedor. A Dennis no le advirtieron que su abuelo estaba muerto. Le dijeron que entrase y viera al abuelo, y a los dieciséis años tuvo la primera visión de un cadáver. Desde ese momento, las imágenes de muerte y amor se fusionaron en su mente. Quería estar con su abuelo. Quería estar muerto.



La tumba de Andrew


El chico se retiró aún más al secreto mundo de su imaginación. Tenía pocos amigos y no se consideraba digno de tener los que tenía. Al llegar a la pubertad se dio cuenta de que le atraían los chicos, y pensó que esto aún lo marcaba más como un ser diferente. Durante sus años en el colegio, Nilsen no tuvo relaciones de ninguna clase. En la escuela Strichen se mantenía apartado de los demás.



La escuela Strichen


Desarrolló una obsesión por un chico de la clase de su hermana que era hijo de un pastor local. No se atrevía a acercársele y sólo lo miraba en el recreo y trataba de estar cerca de él. No habló con él nunca. Tuvo otra obsesión por un chico, Pierre Duval, que no era sino un grabado del libro que Nilsen utilizaba para las lecciones de francés.



Pierre Duval: enamorarse de un dibujo


Nilsen pronto dejó la escuela. Se alistó en el Ejército a los quince años y pasó los tres primeros años, de 1961 a 1964, en Aldershot, como soldado entrenador. Luego describiría estos años como los más felices de su vida. Pasados los exámenes, se unió al cuerpo de abastecimientos y fue destinado a Osnabruck en Alemania, donde empezó a beber. Después de un corto período en Noruega fue destinado a Aden, en Oriente Medio, donde los ingleses estaban metidos en una guerra antiterrorista. Hacia 1969 le enviaron a Berlín con los Highlanders, allí tenía la misión del abastecimiento para la comida de los oficiales. Doce meses después se encontró como responsable de la cocina para los mandos de la Guardia Real de la Reina en Balmoral, Escocia. En 1971, se unió a los 242 Signals en las islas Shetland. Aprendió a utilizar un cuchillo de trinchar y a descuartizar reses. La vida en el ejército lo convirtió en un compañero divertido y distinto, aunque nunca en un amigo íntimo. Había un soldado a quien él admiraba en particular. Nilsen le persuadió para que posara para fotografías en el campo tumbado como si hubiera caído en una batalla.



Nilsen en Abastecimientos


A los 21 años, Nilsen estuvo muy cerca de una muerte violenta, pero las cosas cambiaron en el último momento. Había sido destinado a Aden, donde el ejército británico estaba implicado en una guerra defensiva contra terroristas árabes. Los riesgos para los soldados que dejaban el cuartel durante la noche podían ser muy grandes. Una noche Nilsen regresaba a la base borracho, en la parte trasera de un taxi local. Se durmió y se despertó encerrado, desnudo, en la cajuela del coche. Decidió hacerse el muerto y esperó hasta que el conductor empezó a maltratarlo y sacarlo del maletero, entonces lo golpeó tres veces en la cabeza con un gato hidráulico. Aunque el árabe podía no haber muerto, el incidente tuvo un efecto duradero para Nilsen: “A la mañana siguiente estaba lleno de horror por lo que me había pasado. Después tenía pesadillas donde era raptado, torturado y mutilado”. Después de más de once años de servicio en el Ejército, Nilsen decidió irse. Estaba desencantado con el papel jugado por el Ejército en el Norte de Irlanda después de las muertes del “Domingo Sangriento” en 1972 y finalizó su carrera militar con veintisiete años de edad, habiendo alcanzado el rango de cabo y una condecoración.



Nilsen en el Ejército


En 1972 Nilsen se incorporó a la Escuela metropolitana de adiestramiento de Policía en Londres. Después de realizar un curso intensivo de dieciséis semanas fue destinado a la Comisaría de Willesden Green con el rango de Guardia Policía Q287. Desarrolló sus funciones sin incidentes, hizo algunos arrestos y se acostumbró a dar testimonio en juicios. Pero su corazón no estaba en el trabajo. El cuerpo de Policía carecía de la camaradería que había encontrado en el Ejército y a menudo se sentía solo y aislado. Era también infeliz por el modo agresivo con que algunos de sus colegas trataban a los sospechosos, pues los aspectos autoritarios del trabajo no iban bien con sus ideas izquierdistas. Parte de su adiestramiento incluía una visita al depósito de cadáveres, donde los guardias recientemente graduados se iniciaban en el hábito de ver muertos. Los cadáveres parcialmente disecados fascinaron a Nilsen. Apenas un año después dejó la Policía, cosa que sorprendió a sus colegas, quienes lo veían como un buen trabajador que disfrutaba con el oficio. Durante una ronda había encendido su linterna sobre un coche aparcado y descubierto a dos hombres teniendo sexo, lo cual constituía un delito. No quiso arrestarlos y decidió dimitir.



Nilsen en la Policía


Mientras los cambios en su vida laboral se sucedían, su vida privada se iba desintegrando gradualmente en extrañas fantasías. Su obsesión con la idea de la muerte asumió manifestaciones diversas. Pretendía ser él mismo un cadáver, tumbado frente a un espejo, e intentaba simular la muerte poniéndose maquillaje azul en los labios y haciendo que los ojos parecieran inyectados en sangre, y cubría su piel blanca con talco. Mientras se trató de fantasías privadas, estuvo a salvo, pero las presiones internas para hacer real la experiencia de la muerte crecían.



Nilsen entró en la Administración Pública, donde entrevistaba a los aspirantes a los puestos de trabajo en la oficina de empleo de Charing Cross Road, en el West End de Londres. Se reconoció mucho su trabajo, pues siempre estaba del lado del empleado y consideraba la posición del patrón como inherentemente explotadora. Pronto destacó como secretario del sindicato de los funcionarios. Estaba muy decepcionado por la aparente apatía de sus colegas.



Por las tardes iba solo a pubs del Soho y Camden Town para encontrar un hombre con quien conversar. Estaba solo y ansiaba compañía. Quería público para sus ideas políticas, cada vez más radicales, y alguien con quien compartir una copa. Nilsen no prosperó fácilmente, pues era discutidor y no se comprometía, pero finalmente se le hizo director ejecutivo y se mudó a Kentish Town. Sus colegas no se adherían a sus principios sindicalistas tan apasionados. Era un trabajador meticuloso y con frecuencia los días libres volvía a la oficina con Bleep, una perra blanca y negra que tenía un ojo ciego, a la cual Nilsen adoraba. Según sus compañeros, Nilsen podía tener mal genio y ser hiriente y sarcástico, pero a menudo era dócil, generoso y amable. Todo el mundo estaba de acuerdo, sin embargo, en que era reservado y excéntrico.



Nilsen deseaba la seguridad de una compañía duradera. Una tarde, en 1975, conoció a un hombre joven, David Gallichan, a la salida de un pub, y al día siguiente decidieron instalarse juntos. Ambos se mudaron al piso con jardín de la Avenida Melrose nº 195, y con la perra Bleep y un gato formaron algo parecido a un grupo familiar que duró dos años. Estaba alborozado. Por fin había encontrado a alguien con quien compartir su vida. A Gallichan le apodaba «Twinkle». Mientras Dennis iba a la oficina, David se encargaba de decorar el piso. Pero la convivencia entre ambos era frágil y Gallichan se mudó en el verano de 1977. Nilsen entonces se convenció de que no era fácil vivir con él y cada vez más sus pensamientos eran dominados por un sentimiento de soledad y desesperación.



David Gallichan


El 1 de enero de 1979, Dennis Nilsen se despertó y encontró a Stephen Dean Holmes, un chico irlandés de apenas catorce años, que había conocido la noche anterior, durmiendo. Se habían conocido en The Coleherne, un pub para homosexuales situado en el oeste de Londres, en Brompton Road, barrio de Earls Court, el cual era propiedad de la compañía cervecera Brass. En adelante, Nilsen contactaría allí a sus víctimas. Holmes y él volvieron a la Avenida Melrose, donde había visto llegar el Año Nuevo juntos, bebiendo hasta quedar inconscientes. Nilsen tenía miedo de que cuando el chico se despertara lo dejase, pues él quería que se quedara. Las ropas del chico estaban en el suelo con la corbata del propio Nilsen. Vio la corbata y supo lo que tenía que hacer. Montándose sobre el chico en la cama, puso la corbata alrededor de su cuello y apretó fuertemente. Inmediatamente el joven despertó y comenzaron a luchar rodando por el suelo. Nilsen apretaba con fuerza. Después de aproximadamente un minuto, el cuerpo de la víctima estaba débil pero aún respiraba intermitentemente. Nilsen fue a la cocina y llenó un cubo con agua. Metió la cabeza del chico en el cubo hasta que se ahogó. Después Nilsen llenó la bañera y llevó el cuerpo al baño para limpiarlo. Pasó largo tiempo secándolo para asegurarse de que quedara sin manchas, y vistió el cuerpo con calzoncillos limpios y calcetines. Durante un tiempo se acostó en la cama abrazado al cadáver, luego lo colocó en el suelo y se puso a dormir.



Stephen Dean Holmes


Al día siguiente quería ocultar el cuerpo bajo las baldosas del suelo, pero el rigor mortis había comenzado y estaba rígido. Lo cogió otra vez y decidió esperar a que los miembros estuviesen más flojos, después de que el rigor mortis hubiera pasado. Sacó a su perra Bleep a pasear y se fue a trabajar. Cuando el cadáver pudo ser manejado, Nilsen lo limpió otra vez. Esperaba ser arrestado en cualquier momento y se quedó sorprendido al ver que nadie llamaba a su puerta. No parecía que nadie echase de menos a la persona cuya vida había arrebatado. La experiencia, aunque satisfizo las ahora necesidades dominantes de su fantasía, también lo asustó y estaba determinado a que no volviese a ocurrir. Decidió dejar de beber. Después de una semana viviendo con el cadáver, Nielsen lo ocultó bajo el suelo. El cuerpo permaneció allí casi ocho meses. Nilsen comenzó entonces la práctica de tomar fotografías de los cadáveres de sus víctimas.



Nilsen con su cámara fotográfica


Pasó casi un año antes del segundo crimen, y la víctima iba a ser la única cuya desaparición tuvo eco en la prensa. Kenneth Ockendon era un turista canadiense que estaba de vacaciones en Inglaterra para visitar a su familia. Se alojaba en un hotel barato cerca de la estación de King's Cross. El 3 de diciembre de 1979 conoció a Nilsen en un pub del Soho y empezaron a charlar pagando cada uno una ronda de cerveza. Como Nilsen había dejado el trabajo esa tarde, fueron a dar una vuelta por Londres y sacaron fotos. Ockendon aceptó ir al piso de Nilsen a comer algo. Pararon en una taberna, compartieron la cuenta, y volvieron a la Avenida Melrose, donde se sentaron frente al televisor. Comieron jamón, huevos y papas fritas, y bebieron ron, whisky y cerveza. Ockendon miró varias veces un mapa de Londres y Nilsen le explicó cómo llegar a varios sitios de interés; las huellas dactilares quedarían en ese mapa, que Nilsen conservaría sin saber que se convertiría en una prueba en su contra.



Kenneth Ockendon


Al ir pasando la tarde, Nilsen se iba dando cuenta de que Ockendon se iría y volvería a Canadá pronto. Sus sentimientos de un inminente abandono eran similares a los que tuvo cuando mató al chico irlandés. Sabía que iba a matar a Ken Ockendon para conservarlo. Era de noche y habían bebido grandes cantidades de ron. Ockendon estaba oyendo música por los auriculares. Nilsen afirmaría que no recordaba haber puesto el cable de los auriculares alrededor del cuello de Ockendon, pero sí haberle arrastrado y forcejeado en el suelo porque él también quería oír la música. La perra, Bleep, estaba ladrando frenéticamente en la cocina. Nilsen desenredó los auriculares del cuello de su amigo, se los puso y escuchó discos mientras se servía otra bebida. Después cargó el cadáver sobre sus hombros y lo llevó al baño para lavarlo y secarlo. Lo colocó a su lado en la cama y se puso a dormir.



El mapa de Ockendon


Al despertarse a la mañana siguiente, guardó el cuerpo en un armario y se fue a trabajar. Cuando llegó al piso esa tarde, cogió el cadáver otra vez y lo sentó en una silla de la cocina mientras lo vestía con calcetines limpios, calzoncillos y camiseta. Hizo algunas fotos con su cámara Polaroid poniendo el cuerpo en varias posiciones, y luego lo colocó junto a él en la cama mientras se acostaba para ver la televisión. En las dos semanas siguientes, Nilsen se sentaba regularmente frente al televisor con el cuerpo de Ockendon en una butaca próxima a él. Luego le quitaba la ropa, lo envolvía en cortinas y lo ocultaba bajo las baldosas durante la noche. La desaparición del turista canadiense fue objeto de las noticias durante varios días. Nilsen pensó que debería haber varias personas que podían haberles visto juntos en el pub, en Trafalgar Square, o en la taberna. Esperó a que los policías llamaran a su puerta, lo interrogasen, y probablemente lo arrestasen. Pero otra vez nada sucedió.



Cartel de búsqueda de Ockendon


Después de esto, la incidencia de los crímenes de Nilsen se hizo más frecuente. Durante los siguientes veinte meses en que fue inquilino del piso bajo de la Avenida Melrose nº 195, otros diez hombres murieron, a veces dos en el mismo mes. El asesinato se había convertido en un hábito, un placer ya no atemperado por inhibición o frenado por el miedo a ser descubierto. Parecía que la gente podía atravesar la puerta principal de Nilsen y no volver a salir jamás sin que nadie lo notara. Cuerpos acumulados en la parte baja mientras los vecinos vivían, sin sospechar nada, en los pisos de arriba. Hubo más conocidos casuales que fueron al piso de Nilsen y no fueron atacados, que gente que murió allí. Era imposible predecir qué podía poner en movimiento un impulso asesino, aunque el encuentro que conducía a uno, casi siempre, ocurría en un pub, y especialmente en uno frecuentado por jóvenes homosexuales solteros, solitarios y sin hogar. Nilsen empezaba a entablar conversación con alguno, lo invitaba a beber, ofrecía consejo y buena compañía. Tenía una larga experiencia de vida en Londres y algunos de los hombres que él conocía vagabundeaban sin objeto alguno en una ciudad extraña. Iban gustosamente al piso de Nilsen a tomar algo. El modo de matarlos siempre era el estrangulamiento, generalmente con una corbata. Se llevaba a cabo cuando la víctima estaba alcoholizada y somnolienta o cuando ya estaba dormida. A veces lo completaba ahogándolos.






La casa en la Avenida Melrose


Martyn Duffey era el típico joven sin rumbo que podía ser fácilmente atrapado por un hombre como Dennis Nilsen. Era originario de Merseyside; había estado en tratamiento psiquiátrico y en una escuela para desadaptados. Se había escapado frecuentemente de casa y había hecho autostop hasta Londres, sólo para descubrir que no tenía a dónde ir. Los asistentes sociales lo rescataron y pagaron su billete de regreso. Duffey había tratado de establecerse haciendo un curso de hostelería, pero después de haber sido interrogado por la policía por no haber pagado un ticket de tren, volvió a rebelarse. Dejó su casa otra vez anunciando su intención de vivir en New Brighton, Merseyside. Después de aparecer en Londres otra vez, Duffey dormía en las estaciones. Conoció a Dennis Nilsen poco antes de su décimo séptimo cumpleaños: su compartida experiencia en cocina probablemente les dio algo de que hablar. Duffey se fue con Nilsen, bebió dos latas de cerveza y se arrastró hasta la cama. En la oscuridad, Nilsen se sentó a horcajadas sobre él y lo estranguló. Quedó inconsciente pero aún vivo. Nilsen lo llevó a la cocina, llenó el fregadero con agua y sumergió la cabeza del chico durante cuatro minutos. Luego lo arrastró hasta el cuarto de baño, lavó el cadáver y lo volvió a llevar al dormitorio. Nilsen declaró tras su detención que lo guardó también en el armario, pero que dos días después lo encontró hinchado y lo ocultó bajo las baldosas.



Martyn Duffey


William “Billy” Sutherland tenía veintisiete años cuando conoció a Nilsen en un pub cerca de Circus. Procedía de Edimburgo. Tenía varios tatuajes y había estado en la cárcel y en el reformatorio . Tenía una novia y un hijo en Escocia, pero en Londres vivía al día. A pesar de todo, Sutherland siempre mantuvo el contacto con su madre, y fue ella la que alertó a la policía y al Ejército de Salvación cuando este contacto cesó de forma fulminante. Sutherland fue una de las pocas víctimas cuya desaparición fue denunciada, pero la larga lista de más de cuarenta personas desaparecidas hicieron que ésta, una desaparición más, nunca condujera a Dennis Nilsen. Tal vez hubiera podido escapar de su destino de haber tenido un lugar para vivir, ya que fue un huésped no invitado en casa de Nilsen. Los dos hombres pasaron la tarde de bar en bar, y acabaron cerca de Trafalgar Square. Entonces Nilsen, cansado de andar, dijo que se iba a casa. Se dirigió a la estación de metro de Leicester Square y compró un billete. Al darse la vuelta, vio a Sutherland detrás de él. Sutherland le dijo que no tenía a dónde ir, por lo que Nilsen compró otro billete y lo llevó a la Avenida Melrose. Sutherland murió porque era un estorbo. Nilsen no tenía un recuerdo especial de haberlo matado, sólo recordaba el estrangulamiento frente a frente y que a la mañana siguiente había un cadáver.



William “Billy” Sutherland


La muerte de Malcolm Barlow fue aún más casual. Tenía veinticuatro años y estaba completamente solo. Sus padres habían muerto, no tenía amigos y había pasado buena parte de su vida bajo cuidados o en hospitales para enfermos mentales. Barlow padecía de epilepsia y era en todos los sentidos un joven difícil y desagradecido. Recorrió todo el país viviendo en hostales o con cualquiera que lo recogiera por la calle. El 17 de septiembre de 1981, estaba tirado en la acera de la Avenida Melrose, la espalda contra la pared del jardín, cuando Nilsen salía de su casa camino del trabajo. Al pasar por donde se hallaba el hombre le preguntó si se encontraba bien. Barlow contestó que eran las pastillas que estaba tomando y que le fallaban las piernas. Nilsen le aconsejó que fuera a un hospital y ayudándolo lo llevó a su casa piso y le preparó una taza de café. Dejándolo allí con su perra, Nilsen se acercó a una cabina telefónica y llamó a una ambulancia. Llegó diez minutos después y se llevó a Barlow al hospital Park Royal.



Malcolm Barlow


Barlow salió del hospital al día siguiente y firmó en la Oficina Local. A continuación volvió a la Avenida Melrose y esperó en las escaleras de la casa a que Nilsen volviera del trabajo. Cuando Nilsen le vio, se sorprendió: "Suponía que estabas en el hospital”, dijo. Cuando Barlow le contestó que ya se encontraba bien, Nilsen lo invitó a pasar. Nilsen preparó una comida para Barlow y se sentó con él a ver la televisión. Nilsen se sirvió una copa. Barlow pidió a su vez otra, pero Nilsen le dijo que no debería mezclar alcohol con pastillas. Barlow insistió en que un par de copitas no le harían ningún daño, así que Nilsen cedió. “Es cosa tuya”, le dijo. Barlow tomó dos rones con Coca-Cola y se durmió profundamente en el sofá. Aproximadamente después de una hora, Nilsen trató de reanimarle, dándole ligeras bofetadas, pero estaba demasiado atontado para moverse. Nilsen pensó que tendría que llamar a una ambulancia otra vez, pero no le importaba gran cosa. Estranguló a Barlow porque le estorbaba, y después siguió bebiendo hasta que llegó la hora de acostarse. A la mañana siguiente, no estando de humor para levantar las baldosas donde yacían seis cadáveres, puso el cuerpo debajo del fregadero de la cocina y salió a trabajar a la Oficina de Empleo. Barlow fue la última persona que murió en la Avenida Melrose. “Lamento que se las arreglara para encontrarme otra vez”, escribió su asesino en su diario.



Nilsen en la cama


Muchas víctimas nunca fueron identificadas. Había un hippie melenudo, un hombre joven demacrado, y un cabeza rapada con las palabras “Cortar aquí” tatuadas alrededor de su cuello. La muerte de otra de las víctimas sin nombre en 1981 era recordada por Nilsen con escrupuloso detalle: “Estaba retorciéndole el cuello y recuerdo que quería ver más claramente su aspecto. No sentía ninguna resistencia. Me senté en la silla y puse su cuerpo caliente, fláccido y desnudo entre mis brazos. Su cabeza, brazos y piernas colgaban fláccidamente y parecía estar dormido. Al levantarme a la mañana siguiente lo dejé sentado en el armario y me fui a trabajar. No volví a pensar en el asunto hasta que volví a casa esa tarde. Me puse unos jeans, comí y encendí la televisión. Abrí el armario y levanté el cuerpo. Lo lavé, lo vestí y lo senté frente al televisor. Le hablé de la jornada con comentarios irónicos acerca de los programas de la televisión. Recuerdo haberme asustado por tener un control absoluto sobre ese cuerpo tan bello. Estaba fascinado por el misterio de la muerte. Le susurraba porque creía que él todavía estaba realmente allí. Pensaba que él nunca habría sido tan querido antes en su vida. Después de una semana lo metí debajo de las baldosas”.



Las víctimas de la Avenida Melrose (click en la imagen para ampliar)


Vivienne McStay y Monique Van Rutte eran vecinas de Nilsen. Dijeron que era "una persona maravillosa, un caballero de brillante armadura. Nos engatusó con sus palabras". Compartir el piso con varios cadáveres no le importaba a Nilsen. Sólo se convirtió en un problema cuando no hubo espacio libre para un nuevo cadáver. Su primera víctima fue incinerada en una hoguera en el jardín de la Avenida Melrose, después de haber estado bajo el suelo siete meses y medio. A finales de 1980 había acumulado otros seis cadáveres. Algunos yacían bajo las baldosas y otros habían sido troceados y metidos en maletas que había guardado en el cobertizo del jardín. Nilsen levantó las baldosas, dejó los cadáveres en el suelo de la cocina y después de un par de bebidas alcohólicas empezó la tarea de descuartizar los cadáveres y a colocar los trozos en bolsas. Los órganos internos fueron los más fáciles de desaparecer. Nilsen los esparció por la tierra entre dos cercados a un lado del jardín y en menos de dos días habían desaparecido, comidos por las moscas, las ratas y los pájaros.



Vivienne McStay y Monique Van Rutte, las vecinas de Nilsen


A principios de diciembre de 1980, Nilsen encendió una hoguera enorme y fue echando trozos de los cadáveres, envueltos en pedazos de alfombra. Un viejo neumático de un coche fue colocado en lo alto para disimular el olor de la carne humana quemada. El fuego ardió durante todo el día y Nilsen siguió alimentándolo de vez en cuando. Los niños del lugar se reunieron alrededor para ver la cremación, celebrando con risas el fuego. Nilsen tuvo que encender una hoguera más en la Avenida Melrose antes de irse a su nuevo departamento y comenzar una nueva vida, en el número 23 de Cranley Gardens, en el barrio de Muswell Hill a finales de 1981. Pensó que el traslado era un buen augurio para el futuro: al estar el piso en el ático de la casa, no podría fácilmente seguir asesinando gente si no había baldosas donde colocarlos, ni jardín donde quemarlos.



El jardín de la Avenida Melrose


Poco después del traslado Nilsen rescató a un hombre joven que estaba a punto de ser detenido por la policía en el West End de Londres. Se lo llevó a casa, le alimentó, le dio una cama donde dormir esa noche, y le despidió por la mañana. Dijo que se había sentido alborozado de que nada hubiera ido mal, e incluso mantuvo varios encuentros sexuales con otros hombres antes de reanudar su anterior carrera criminal.



La casa de la calle Cranley Gardens, en Muswell Hill


El primero en morir en CranIey Gardens fue John Howlett. Nilsen se refería a él como “John el Guardia”, un chico con quien se había encontrado una vez antes y que se le acercó en un pub para recordarle aquel encuentro. Nilsen lo estranguló con una correa, pero Howlett opuso tal resistencia que el asesinato duró mucho y tuvo que rematarlo ahogándolo. Nilsen se fue a la cama completamente exhausto y admitió que había pensado que Howlett “podría haberlo conseguido. Después, durante una semana, tuve las huellas de sus dedos en mi cuello”.



John Howlett, “John el Guardia”


Graham Allen murió cuando comía una tortilla preparada por Nilsen, que no recordaba haberlo asesinado, pero admitió que debió de hacerlo. Tras descuartizarlo, arrojó los trozos de carne al inodoro. Nilsen no lo sabía, pero los restos taparían el desagüe, lo que provocaría que un vecino suyo llamara a un fontanero y después avisara a la policía, apenas unos días después.



Graham Allen


Stephen Sinclair fue la última víctima, cuyo cadáver Nilsen estuvo descuartizando la semana antes de su arresto. Sinclair era otro vagabundo: un drogadicto, un suicida en potencia y un delincuente. Vagaba por las calles de Londres buscando la oportunidad de encontrar lo suficiente para sobrevivir otro día. Nilsen lo conoció la tarde del 26 de enero de 1983. Sintió pena por Sinclair, así que le compró una hamburguesa en McDonald’s y se lo llevó a su casa. El informe que escribió sobre la muerte de Sinclair es el más vívido y desconcertante de todos. Sinclair se desplomó en una silla, completamente debilitado por el alcohol y las drogas. Nilsen fue por un trozo de cuerda a la cocina; pero no era lo suficientemente larga, así que buscó la última corbata que le quedaba y la ató a la cuerda. Lo mató; días después, lo descuartizaría. Al hacerlo, le dijo a su perra Bleep que se fuera a la otra habitación.



Los terrenos de caza de Nilsen (click en la imagen para ampliar)


“Yo estaba tranquilo. Nunca he pensado en la moralidad. Esto era algo que tenía que hacer. Consideraba todo ese potencial, toda esa belleza y todo ese dolor que es su vida. Tenía que matarlo. Terminaría pronto. No me sentí mal. No me sentía perverso. Me acerqué a él. Quité la corbata. Levanté una de sus muñecas y la dejé caer. Su brazo fláccido volvió a caer sobre su regazo. Abrí uno de sus ojos y no había ningún reflejo. Estaba profundamente inconsciente. Cogí la atadura y la coloqué alrededor de su cuello. Me arrodillé a un lado de la silla y me puse frente a la pared. Cogí los dos lados sueltos de la atadura y tiré con fuerza. El dejó de respirar. Sus manos lentamente alcanzaron el cuello mientras yo seguía apretando. Sus piernas se estiraron violentamente. Lo tuve así durante un par de minutos. Se quedó fláccido. Dejé de apretar y quité la cuerda y la corbata. Había dejado de respirar. Le hablé: ‘Stephen, eso no dolió nada. Ahora nada puede hacerte daño'. Deslicé mis dedos a través de su decolorado pelo rubio. Su cara parecía tener paz. Estaba muerto. Pensándolo, creo que Bleep sabía lo que iba a suceder. Incluso se había resignado a ello. Bleep se retiraba al jardín cuando yo descuartizaba un cadáver. Después de mi detención, podía escucharla gemir desde mi celda, pues la llevaron a la comisaría. Me avergüenzo de que sus últimos días sean tan dolorosos. Ella siempre me ha perdonado todo”.



Bleep, la perra de Nilsen


Los desagües de Cranley Gardens nº 23 habían estado obstruidos durante cinco días cuando se envió a Michael Kattran a investigar. Llegó a la casa en Muswell Hill, el barrio del norte de Londres, a las 18:15 horas del martes 8 de febrero de 1983. Jim Allcock, uno de los inquilinos de la casa, lo dejó entrar. Cattran se dio cuenta rápidamente de que el problema estaba fuera de la casa, por eso él y Allcock se dirigieron hacia la alcantarilla y levantaron la cubierta del pozo de inspección que conducía a la misma. Había una bajada de aproximadamente 364 metros con travesaños de hierro. Allcock encendió una linterna mientras Cattran descendía. En el fondo encontró una gruesa masa pegajosa hecha de aproximadamente cuarenta trozos de una sustancia blanco-grisácea. El olor era nauseabundo. Al seguir avanzando, caía más de la cañería que salía de la casa. Cattran dijo a los inquilinos que los desagües tendrían que ser examinados de nuevo a la luz del día. Cuando llamó a su jefe le dijo que pensaba que la sustancia podría ser carne humana.



Michael Kattran revisando el desagüe


A las 09:15 horas de la mañana siguiente, Cattran volvió a la casa con su jefe y fueron directamente al pozo de inspección. Para su asombro, la masa había desaparecido totalmente. Sabía que por mucha cantidad de agua de lluvia que hubiera caído no podría haberlo desalojado y también notó que la llave de la cubierta del pozo apuntaba en una dirección diferente. Cattran metió la mano en una cañería y sacó algunos pedazos de carne y cuatro pequeños huesos. Fiona Bridges, otra inquilina, les dijo que ella y Jim Allock habían oído pisadas durante la noche y sospecharon que el hombre del piso del ático había estado en el pozo. Decidieron llamar a la policía. El detective jefe, inspector Peter Jay, llegó a las 11 de la mañana. Inmediatamente llevó lo que parecían restos humanos al depósito de cadáveres de Hornsey para conocer su opinión, y luego al hospital de Chariring Cross para ser examinados por David Bowen, catedrático de medicina forense en la Universidad de Londres y especialista en patología. Bowen confirmó que la carne era tejido humano, probablemente del cuello, y que los huesos eran de la mano de un hombre. Peter Jay pronto descubrió que el ocupante del piso del ático era Dennis Nilsen, director ejecutivo de la Oficina de Empleo de Kentish Town. Vivía solo en el piso con una perra llamada Bleep y raramente hablaba con los otros inquilinos.



Los desagües de Cranley Gardens (click en la imagen para ampliar)


Nilsen salió a trabajar a las 8:30 horas esa mañana, después de sacar a Bleep de paseo; llevaba puesta la bufanda azul y blanca de su última víctima. Jay volvió a la casa con el detective inspector McCusker y el detective policía Bütler y esperaron a que Nilsen volviese a casa. Ese día, Nilsen presintió que algo ocurriría; le comentó a sus compañeros de trabajo que al otro día estaría muerto o en prisión. Ellos pensaron que se trataba de una broma.



El trabajo de Nilsen (click en la imagen para ampliar)


A las 17:40 horas, Dennis Nilsen regresó a la casa. Peter Jay se presentó a sí mismo diciendo que había venido por el asunto de los desagües. Nilsen contestó que era extraño que la policía se interesara en desagües y le preguntó si los otros dos hombres eran inspectores de Sanidad. Jay dijo que eran inspectores de policía. Los cuatro hombres subieron al piso de Nilsen y entraron en la habitación del fondo, donde Jay reveló que los desagües contenían restos humanos. “¡Cielo Santo, qué horror!”, exclamó Nilsen. El inspector jefe le dijo que dejara de lamentarse y le preguntó: “¿Dónde está el resto del cuerpo?” Hubo una pequeña pausa antes de que Nilsen contestase: “En dos bolsas de plástico en el armario de la otra habitación. Se lo mostraré”. En la habitación, Nilsen le señaló el armario, ofreciendo sus llaves. El olor abrumador era confirmación suficiente. Jay declinó abrir el armario justo en ese momento, pero preguntó si había algo más. Nilsen respondió: “Es una larga historia. Se remonta a mucho tiempo atrás. Les diré todo. Quiero desahogarme, pero no aquí, sino en la comisaría”.



Peter Jay le leyó sus derechos y lo arrestó como sospechoso de asesinato. Quiénes habían sido asesinados, nadie lo sabía con exactitud. Jay y McCusker llevaron a Nilsen en coche a la comisaría de Homsey. McCusker se sentó cerca de él en la parte de atrás del vehículo. Los dos policías tenían una sospecha que les preocupaba. McCusker fue el primero en preguntar: “¿Estamos hablando de un cuerpo o de dos?” “No, qué va. De quince o dieciséis. Desde 1978”, respondió Nilsen. Jay respondió bruscamente: “Vamos a aclarar esto. ¿Nos está diciendo que desde 1978 usted ha matado a dieciséis personas?”. “Sí”, contestó el detenido. “Tres en Cranley Gardens, en Muswell Hill, y unos trece en mi anterior dirección, Avenida Melrose nº 195, en Cricklewood”. No mostraba ninguna emoción mientras hablaba.



Las víctimas de Cranley Gardens (click en la imagen para ampliar)


Aquella tarde el detective superintendente Chambers acompañó a Peter Jay y al profesor Bowen al piso de Nilsen. La puerta principal del número 23 de Cranley Gardens, en Muswell Hill, se abrió para mostrar dos tramos de escaleras.



Las escaleras de la casa de Nilsen


En lo alto del segundo tramo, la policía encontró una puerta en el ático que comunicaba con el piso de Nilsen. La cocina, que consistía en una estufa y un fregadero, estaba absolutamente llena de grasa humana.



La cocina


Detrás de la cocina estaba el baño. Dos cadáveres habían sido descuartizados en el baño, y las extremidades inferiores de Stephen Sinclair fueron halladas rígidas debajo.



El baño


A la derecha, sobre la calle, estaba la sala de estar, con dos sillones, una alfombra raída, un aparador en una esquina y un ropero. El aparador tenía vísceras y cráneos cubiertos con periódicos y una vieja cortina. En el ropero se encontraban dos bolsas negras con más vísceras y órganos internos.



La sala de estar


Las llevaron al depósito de cadáveres de Hornsey, donde Bowen las abrió y realizó un examen de su contenido. En una de las bolsas encontró cuatro más pequeñas. La primera contenía el lado izquierdo del pecho de un hombre, incluyendo el brazo. La segunda el lado derecho del pecho y un brazo.



La recámara


La tercera, un torso sin brazos, piernas ni cabeza. Y la cuarta una mezcla de restos humanos. Las bolsas habían estado, evidentemente, cerradas por algún tiempo, y el hedor que desprendían era insoportable.



El armario


En la segunda bolsa negra, Bowen descubrió dos cabezas y otro torso, con los brazos unidos a él, pero sin las manos. Una cabeza tenía la carne consumida, la otra conservaba bastante de la carne y algo de pelo detrás, aunque los labios habían desaparecido. Había sido recientemente sometida a un calor húmedo. De hecho, aunque la policía no lo sabía aún, Nilsen había cortado la cabeza del cuerpo sólo cuatro días antes y la había puesto a hervir en una cazuela sobre la estufa de la cocina.



Las bolsas con cadáveres


La cabeza había pertenecido a Stephen Sinclair. Nilsen identificó a su víctima en los primeros momentos de una conversación con la policía que iba a durar un total de treinta horas a lo largo de los siguientes días. Les dijo que el piso contenía los restos de tres hombres. Al segundo lo llamaba “John el Guardia”, y al tercero no le dio nombre.



Cabeza en un basurero


Nilsen sugirió a la policía que mirase dentro del armario en la esquina de su habitación principal y debajo de un cajón en el baño. El baño contenía las piernas y la pelvis de Sinclair. En el armario había otro torso, un cráneo, huesos, bolas de naftalina y ambientadores. Con todos estos restos humanos, era posible para la policía comenzar la siniestra tarea de ensamblar los pedazos de Stephen Sinclair en el depósito de cadáveres. También encontraron las fotografías Polaroid de Nilsen.






Una de las fotografías de las víctimas


El 11 de febrero, Dennis Nilsen fue con Jay y Chambers al 195 de la Avenida Melrose. Señaló un área del jardín donde podrían encontrar restos humanos. Había vivido en el piso bajo entre 1976 y 1981, y durante los últimos tres años había matado a doce o trece hombres. Los cadáveres habían sido cortados en pedazos y quemados en grandes hogueras.



Los forenses sacando cadáveres de Cranley Gardens


Un equipo especial de investigadores de la policía acordonó el jardín y comenzó la laboriosa tarea de buscar en la tierra pistas de personas que habían desaparecido aparentemente sin dejar rastro. Encontraron gran cantidad de cenizas humanas y bastantes fragmentos de huesos como para permitir a los científicos forenses declarar que al menos ocho personas, probablemente más, yacían en la superficie del suelo de aquel jardín de Londres.



Las investigaciones


Las extensas excavaciones en los jardines de la Avenida Melrose desenterraron únicamente fragmentos de huesos. Era todo lo que quedaba de los doce hombres que murieron allí. Sin embargo, Cranley Gardens en Muswell Hill, el último apartamento de Nilsen, probaba plenamente la evidencia, desde el doble fondo de la papelera hasta los restos envueltos que fueron encontrados. El detective jefe superintendente Chambers y el detective jefe inspector Jay debían decidir el tipo de interrogatorio que usarían con Nilsen. El era virtualmente su única fuente de información y era crucial para ellos hacerle hablar sobre sus crímenes y conseguir que identificara las víctimas. La elección estaba entre un método de ataque firme o bien en una aproximación relajada y benévola. La larga carrera militar de Nilsen podría hacerle respetar la autoridad, pero pensaron que podría resistirse ante la coacción. Decidieron ser más familiares. De tal forma que el interrogatorio comenzó entre bromas, cigarrillos y tazas de café.



A lo largo del interrogatorio, Nilsen se mostró muy hábil desviándose de las preguntas diseñadas para demostrar la premeditación. De todas formas, cooperó plenamente y no pareció en ningún momento que le desagradara. La policía dependía enteramente del amable deseo de Nilsen de cooperar, si querían acusarle antes de que pasaran las cuarenta y ocho horas establecidas legalmente. El interrogatorio duró más de treinta horas.



El arresto de Nilsen




Sinclair fue identificado por las huellas dactilares, ya que sus huellas habían sido tomadas por la policía con anterioridad por delitos menores. Fue por este asesinato por el que Nilsen fue acusado inicialmente a las 17:40 horas del 11 de febrero, habiendo aceptado la representación de un abogado. Tan pronto como Nilsen fue acusado de asesinato, se le aconsejó que aceptase un abogado para representarlo. Ronald Moss, que ya se había ocupado antes de casos de asesinato, aunque nunca a esa escala, aceptó la tarea.





En los meses previos al juicio, Moss, un hombre alegre de cuarenta años, estuvo bajo una creciente presión por el comportamiento irregular del detenido. En abril, Nilsen declaró que quería rechazar la ayuda legal y defenderse él mismo. El magistrado se quedó tan asombrado que le preguntó tres veces si entendía las implicaciones de lo que estaba haciendo. Poco después, Nilsen volvió a solicitar ayuda legal y Moss se reunió con él. Lo mismo ocurrió dos veces más.





El defendido apareció ante los magistrados en Highgate a la mañana siguiente y fue obligado a llevar vigilancia policial durante tres días. En el transcurso del interrogatorio el acusado indicó que no podía identificar a la mayoría de sus víctimas. Todos ellos eran puntales de sus fantasías más que personas, y no estaba interesado ni en quiénes eran, ni de dónde provenían.



Chicos de alquiler (click en la imagen para ampliar)


Sólo hubo una historia en particular que hizo a Moss y a los oficiales de policía sentirse enfermos. Nilsen había intentado estrangular a un joven tres veces, pero aun así su cuerpo frágil se aferraba a la vida. Entonces intentó ahogarlo en el cuarto de baño: lo sumergió en la bañera y lo mantuvo debajo del agua. El hombre hizo un esfuerzo por levantarse y suplicó clemencia, pero Nilsen le empujó de nuevo. Después lo llevó de vuelta a la habitación y encendió un cigarrillo. Bleep, su perra, empezó a lamer las piernas del joven y el asesino se dio cuenta de que un fino hilo de vida todavía lo protegía. Este hombre podría haber sido asesinado en segundos, pero en cambio Nilsen le frotó las piernas para reactivar su circulación. Lo cubrió con sábanas y le devolvió la vida, atendiéndolo por un día y medio más.



Personas desaparecidas (click en la imagen para ampliar)


La policía dudaba de que pudiera haber algo de verdad en tal historia, pero siguieron la pista, y ésta les condujo a un hombre llamado Carl Stottor. Sin revelar la causa, la policía le hizo recordar un incidente de hacía dos años, cuando había encontrado a Dennis Nilsen en un pub de Carnden Town. Stottor contó una historia que corroboraba enteramente lo que ellos habían oído del propio detenido. El relato despiadado de Nilsen dio pruebas suficientes a la policía para identificar a diversas víctimas. Fue entonces acusado de seis cargos de asesinato y de tres asesinatos frustrados, y llevado a juicio.



Carl Stottor


Ronald Moss, su abogado, le hizo una pregunta cuando era conducido a la prisión de Brixton: “¿Por qué?” La respuesta de Nilsen lo desconcertó: “Estoy esperando a que tú me lo digas”. Esta clase de respuesta era típica de Nilsen. En ciertos momentos, a lo largo de la investigación, y en el juicio subsecuente, parecía turbado por sus propios actos a lo largo de los años.



Una semana después del arresto de Nilsen, su perra Bleep fue sacrificada con una inyección de anestesia. Eso fue un golpe demoledor para Nilsen, quien fue enviado a la prisión de Brixton, en el sur de Londres. Era un preso de categoría A, de máxima seguridad, lo cual quería decir que tenía que pasar casi 24 horas al día confinado en su celda, con sólo media hora para ejercicios vigilados. Se quejó de su situación. Según su punto de vista, había cooperado con la policía y debería, pues, gozar de mejor trato. Se le castigó durante 56 días por agredir a los funcionarios de la prisión porque no habían vaciado su cubo de agua sucia. A veces caía en una gran depresión, pero su amistad con otro recluso, David Martin, elevó su ánimo y le ayudó a pasar los días y los meses que esperaba en prisión preventiva.



Dibujos sobre los asesinatos realizados por Nilsen





Nilsen decía que no había perdido su fe en el abogado Moss, de hecho le tenía gran consideración, pero se quejaba de su incapacidad para aliviar la situación. Finalmente, cinco semanas antes del juicio, cuando Moss ya había redactado el escrito para la defensa, Nilsen lo destituyó y eligió a un nuevo y reconocido abogado, Ralph Haeems, para el juicio. Haeems, un abogado antiestablishment, tenía muchos años de experiencia en la defensa de criminales notorios. Nilsen lo eligió por consejo de su compañero de prisión, David Martin (quien se suicidó en Parkhurst en 1984).



Ralph Haeems


El juicio de Dennis Nilsen, al que se acusaba de seis delitos de asesinato y dos de asesinato en grado de tentativa, comenzó en el Tribunal número 1 de Old Bailey el 24 de octubre de 1983, ante el magistrado Croom-Johnson. No se discutía que Nilsen había asesinado. Lo que se iba a cuestionar en el juicio era el estado mental de Nilsen durante los asesinatos. Allan Green, el fiscal, sostuvo que Nilsen había asesinado con plena conciencia y deliberación y era, por tanto, culpable de asesinato.


Ivan Lawrence, por la defensa, dijo que Nilsen sufría de tal inestabilidad mental que se podía reducir sustancialmente la responsabilidad de sus actos; por lo tanto, debería acusársele sólo de homicidio sin premeditación. El fiscal y la defensa estaban de acuerdo en que Nilsen sufría alguna anormalidad mental. Pero mientras la defensa afirmaba que era importante y que interfería en su responsabilidad, el fiscal mantenía que no era lo suficientemente importante como para interferir de este modo. Al final, el jurado tenía que decidir qué peso dar a la palabra “importante”, tal y como lo requería la Ley inglesa de homicidio de 1957.



El Acta de 1957 (click en la imagen para ampliar)


Originalmente, Nilsen había intentado ahorrarles todo esto confesándose culpable. El juicio podría así haber terminado en un día. Las pruebas de la policía que iban a horrorizar a los miembros del jurado no hubieran sido oídas nunca, y a los parientes de las víctimas de Nilsen se les hubiera ahorrado el conocimiento detallado de cómo sus hijos y hermanos habían muerto. Cuando Nilsen cambió de abogado se le aconsejó que cambiara también su alegato. Después de considerar las pruebas, su abogado, Ralph Haeems, pensó que era un caso de “responsabilidad disminuida” debido a un desorden mental. Esto significaba que todas las pruebas sobre el estado mental de Nilsen debían ser oídas.



El Londres de Nilsen (click en la imagen para ampliar)


Allan Green alivió al jurado prometiéndole que no se le enseñarían fotografías tomadas en el piso de Cranley Gardens en Muswell Hill después del arresto de Nilsen y en el depósito de cadáveres de Homsey. Green también dijo de antemano que no mantendría que los asesinatos tuvieran motivación homofóbica. Era una coincidencia que algunas víctimas hubieran conocido a su asesino en pubs frecuentados por homosexuales. Green dio mucha importancia a la confesión de Nilsen, llevando al jurado a través de quince asesinatos y deteniéndose en la muerte de “John el Guardia”, que calificó de “espeluznante”. También se aseguró de que el jurado sintiera horror ante la idea de los investigadores, sacando miembros de personas entre la basura de la casa.



Agujero lleno de restos humanos


Tres testigos que Nilsen había intentado asesinar fueron llamados a declarar. Eran Douglas Stewart, que había informado del ataque de Nilsen a la policía, Paul Nobbs y Carl Stottor. El testimonio de Stewart pasó con rapidez, pero cuando Paul Nobbs subió al estrado la atmósfera cambió dramáticamente. Aquí estaba un estudiante joven de Universidad, nervioso pero preciso, que explicó cómo había sido rescatado por Nilsen de las insinuaciones no deseadas de otro hombre, cómo habían ido a la librería Foyle's juntos y luego a Cranley Gardens. Durante el interrogatorio, Nobbs reveló que fue él quien se acercó a Nilsen y no al revés, por lo tanto Nilsen no podía ser descrito como un depredador. Nilsen era genuinamente un compañero amistoso y servicial. No lo obligó a beber, no le impidió llamar dos veces por teléfono a su madre para decirle donde estaba. No le acosó sexualmente y no se mostró violento. Nobbs durmió en Cranley Gardens y se despertó a las 02:00 horas con un agudo dolor de cabeza. Se acostó de nuevo y se volvió a levantar a las 06:00 horas. Entonces se miró en el espejo. Sus ojos estaban completamente inyectados en sangre, no veía el blanco de sus ojos. Había una señal roja alrededor de su cuello, y se sintió adolorido y mareado. Nilsen le dijo que se le veía fatal y que debería ir al médico. Se despidieron como amigos.



Douglas Stewart


Más tarde, le dijeron a Paul Nobbs en el hospital que había sido estrangulado. Tuvo que aceptar que su atacante había sido Nilsen, pero no avisó a la policía. Temía que no le creyeran y que la policía se mostrase indiferente ante lo que ellos verían como una disputa entre homosexuales. Prestando testimonio con voz tranquila, Nobbs dejó claro que él no había dicho ni hecho nada para provocar un ataque, y que el comportamiento de Nilsen a la mañana siguiente no dio muestras de que algo desagradable hubiera ocurrido. Estuvo de acuerdo en el interrogatorio en que el ataque debió tener lugar antes de las 02:00 horas, y que además había estado durmiendo sin ningún problema durante otras cuatro horas, cuando pudo haber sido fácilmente asesinado sin piedad.



Paul Nobbs


La defensa utilizó el testimonio de Nobbs para ilustrar cómo Nilsen podía comportarse de una manera perfectamente normal durante un minuto y ser dominado por impulsos asesinos un momento más tarde. En otras palabras, Nilsen era un enfermo. El siguiente testigo, Carl Stottor, contó una historia increíble con voz apagada, que apuntaba la misma conclusión: Nilsen era impredecible. Stottor explicó cómo se había sentido mal y con ganas de suicidarse con motivo de una ruptura sentimental cuando conoció a Nilsen en un pub en Camden Town. Nilsen le había reconfortado, intentó animarle y le dijo que no debía pensar en el suicidio a su edad. “Parecía una persona muy agradable, muy amable hablando conmigo cuando yo estaba tan deprimido”, declaró Carl Stottor. Se fueron a la casa de Cranley Gardens, en Muswell Hill. Cuando se le preguntó lo que recordaba de los incidentes de esa noche, contó su espeluznante historia: “Me levanté porque sentía algo alrededor del cuello. Me dolía la cabeza terriblemente y no podía respirar bien, y me pregunté qué sería eso. Sentí su mano tirando de la cremallera del saco de dormir por detrás de mi cuello. Estaba diciendo con una voz susurrante: ‘estate quieto, estate quieto'. Pensé que quizás estaba tratando de ayudarme a salir del saco de dormir, porque pensaba que me había quedado atrapado por culpa de la cremallera de la que me había prevenido. Entonces me desmayé”.



La incapacidad mental y la Ley (click en la imagen para ampliar)


Stottor interrumpió su relato, luchando por controlar la emoción que el dolor del recuerdo en ese sitio público le había provocado. El Tribunal estaba en silencio. El juez dejó que descansara un momento y continuó: “La presión aumentaba. Me dolía muchísimo la cabeza y no podía respirar. Recuerdo vagamente oír correr el agua. Después fui arrastrado y sentí mucho frío. Noté que estaba en el agua y que él estaba intentando ahogarme. Siguió hundiéndome en el agua. La tercera vez que recobré la consciencia le dije: ‘¡Ya no más, por favor, ya no más!’, pero volvió a sumergirme otra vez. Creí que me moría. Creí que me estaba asesinando y que yo me moría. Pensé: 'te estás ahogando. Esto es lo que se siente al morir’. Poco a poco me fui relajando y me desmayé. No podía luchar más”.



El fiscal


Carl Stottor se desmayó y luego volvió en sí. Se quedó asombrado al sentir que el perro le lamía la cara mientras él estaba tumbado en el sofá, y Nilsen le frotaba las piernas para hacerle entrar en calor. Tenía una fea señal alrededor del cuello y rotos los vasos sanguíneos de su cara. Nilsen le acompañó a la estación del metro y le deseó suerte. Este testimonio mostró de nuevo que NiIsen se comportaba de forma normal antes y después del ataque y que había “salvado” a Carl Stottor, a quien fácilmente podía haber asesinado al estar tan exhausto después del intento de estrangularle. El abogado defensor se basaba, en el mejor de los casos, en la incapacidad mental de Nilsen, y en el peor, en la falta de control de sus propios actos. “¿Estaba el acusado tranquilo y creía después de lo ocurrido que él no había hecho nada que hubiera podido dañarle?” “Sí”, contestó Stottor.



Nilsen durante el juicio


El detective jefe inspector Jay prestó testimonio sobre el comportamiento de Nilsen durante la confesión y dijo que había sido tranquilo y con afán de cooperación. Estuvo de acuerdo en que era bastante extraño, en un hombre acusado de tales crímenes, el estar tan deseoso de dar información a la policía. También admitió que hubo momentos de humor, que la policía consideró como un respiro necesario ante el catálogo de horrores que se les había venido encima. Por ejemplo, cuando un guardia le dijo que tirara el cigarrillo por el inodoro, Nilsen contestó: “la última vez que tiré algo por el inodoro, me arrestaron”.



Los detectives


El detective jefe superintendente Chambers pasó toda una tarde y la mañana siguiente leyendo en voz alta la transcripción de la confesión del acusado en la comisaría de Homsey. La terrible descripción de las decapitaciones, los descuartizamientos y los cadáveres quemados, con una voz inalterada, como ajena a lo que allí se iba relatando, estremeció a toda la sala. Una mujer del jurado se desmayó, otra hundía repetidamente la cabeza entre las manos. Una tercera lloraba, a lágrima viva, mientras miraba al acusado en el banquillo, con verdadero odio. Era para Nilsen el momento de la más cruda realidad y, sin embargo, se pasó el tiempo corrigiendo la copia de su transcripción para asegurarse de que no hubiera ningún error.



Los objetos utilizados por Nilsen para matar


Sus armas eran lo primero que tenía a la mano. Generalmente corbatas. Durante el proceso, Nilsen dijo que había empezado con quince corbatas, y que cuando lo detuvieron ya sólo le quedaba una. Kenneth Ockendon fue estrangulado con el cable de los auriculares mientras escuchaba música. Después de quitar el cable del cuello de Ockendon, Nilsen se los puso. Los auriculares estaban en la lista de objetos presentados al jurado durante el juicio de Nilsen. También estaba la última arma asesina de Nilsen: la corbata atada a un trozo de cuerda con la que estranguló a Stephen Sinclair. Los dos cuchillos de cocina que usó para descuartizar a las víctimas, junto con una larga tabla de madera para picar carne, también fueron presentados. Pero lo que más horrorizó al jurado, fue la cazuela donde Nilsen había cocido a fuego lento las cabezas de sus últimas víctimas, al parecer para comérselas.



La atención que la prensa prestó al caso de Dennis Nilsen no tenía precedentes. Había matado a más gente que cualquier otro asesino en toda la historia criminal británica y además había desempeñado un cargo de confianza pública. Y, sobre todo, no parecía un monstruo. No eran sólo los medios de comunicación ingleses los que tenían un especial interés en la macabra historia. Durante el interrogatorio en la Comisaría, una empresa televisora japonesa se situó en la casa de enfrente y desplegó un sofisticado equipo de escucha, con el fin de conseguir las revelaciones de Nilsen a la policía.



Los titulares


Durante el juicio de Nilsen, un periodista se entusiasmó tanto que corrió hacia el testigo mientras descendía del estrado con el ánimo de conseguir una exclusiva. El juez lo amenazó con multarle. El periódico The London Standard, ansioso por no perderse la noticia, dedicó la primera página a un supuesto veredicto y al entorno de Nilsen, incluso antes de que el jurado hubiera tomado una decisión. Tuvieron que cancelar todas las ediciones que ya habían enviado a los distribuidores.



El ambiente durante el juicio cambió dramáticamente cuando los psiquiatras fueron llamados a declarar por la defensa para emitir su opinión sobre la cordura o locura de Nilsen. No era la primera vez que el antagonismo y la mutua desconfianza entre abogados y psiquiatras se hacían patentes en un Tribunal. Ivan Lawrence, adjunto a la defensa, había recordado al jurado que no debían dejarse llevar por sentimientos repulsivos, sino que debían considerar seriamente la cuestión que se les planteaba: si Dennis Nilsen era tan anormal mentalmente que era incapaz de formarse una intención premeditada de asesinato, y no podía ser responsable de sus actos. El doctor MacKeith dijo que Nilsen tenía dificultades para experimentar otra emoción que no fuera la ira, y cierta tendencia a atribuir a las otras personas ciertos sentimientos o emociones, sin comprobar si eran ciertos o no. Nilsen, dijo, mostraba muchos signos de conducta inadaptada, y esa combinación en un hombre era fatal. No trataba a las personas como personas, sino como elementos de su fantasía, lo que llamó “despersonalización”.



Su oponente, Green, no fue tan amable. Le dijo a MacKeith que debería hablar con mayor claridad y demostró ante la satisfacción de muchos de los presentes que Nilsen era, contrariamente a lo que MacKeith había dado a entender, astuto, lleno de recursos e inteligente. Mencionó en particular los asesinatos de “John el Guardia” y de Malcolm Barlow. En el último caso, Nilsen había estado meditando durante veinte minutos antes de decidirse a matar a Barlow, un epiléptico inconsciente que se puso en su camino. MacKeith estuvo de acuerdo en que en este caso no había prueba de “despersonalización”.



Ocurrió lo mismo con el siguiente testigo, el doctor Gallwey, que describió el estado de Nilsen como “trastorno límite”. El juez no dudó en reflejar la perplejidad del jurado cuando expresó su impaciencia con la jerga profesional. El doctor Gallwey intentó explicarlo sugiriendo que Nilsen combinaba síntomas paranoicos y esquizoides, lo que le hacía imposible tratar a las personas como individuos. Para él eran objetos, y sembraban de confusión su mundo privado. También era de crucial importancia reconocer que Nilsen no tenía sentimientos normales. “No puedo ver cómo puede ser culpable de maldad premeditada si es enteramente incapaz de sentir, cuando los sentimientos son una parte integral de las intenciones y motivaciones de la persona”, afirmó. El magistrado Croom-Johnson le respondió que estaba traspasando la interpretación de la ley, interpretación que debiera dejarse a otros. La cuestión esencial, que volvía una y otra vez, bajo el examen realizado por Creen, era un punto clave: “El sabía exactamente lo que estaba haciendo”.






La policía resguarda la casa de Nilsen


Terminada la defensa, se permitió a la acusación que presentase un perito de “refutación”, es decir, un tercer psiquiatra que ofreciera un diagnóstico diferente del de los dos psiquiatras presentados por la defensa. El Dr. Bowden no pudo encontrar prueba de anormalidad tal y como la definía la Ley de 1957. Sugirió, de hecho, que Nilsen simplemente quería matar gente, y dijo que lo compadecía, pero que no podía excusarlo en términos psquiátricos. Curiosamente; fue el único de los tres médicos en decir que él pensaba que Nilsen había mostrado remordimientos, y que una vez delante de él se puso a llorar. Pero en cuanto al asunto central de su responsabilidad, la cosificación, el Dr. Bowden fue inamovible: “en mi experiencia, la gran mayoría de la gente que asesina tiene que considerar a sus víctimas como objetos, de otra manera no pueden asesinarlos”.



Dibujos sobre Nilsen


El brutal y claro sentido común del Dr. Bowden tocó la fibra sensible del jurado. Por otra parte, su obstinado rechazo durante el interrogatorio a admitir que hubiera algo raro en Dennis Nilsen les sorprendió por hacer caso omiso de lo que se pensaba que era obvio. Le correspondía al juez desenredar estas conflictivas versiones. La acusación había insistido en que el acusado sabía exactamente lo que estaba haciendo; la defensa había dicho que él era capaz de saber lo que estaba haciendo. Croom-Johnson tardó cuatro horas en llegar a sus conclusiones. Guió al jurado a través de los intrincados caminos de la ley y también introdujo algunos cuestionables conceptos propios: “Hay gente pervertida que hace cosas malas. Cometer asesinato es una de ellas. Una mente puede ser perversa sin tener que ser anormal”. Con estas palabras, el juez daba a entender al jurado que, en su opinión, Nilsen era un pervertido y no un loco. El jurado debía, pues, hallarlo culpable de asesinato.



El jurado se retiró a última hora de la mañana del jueves 3 de noviembre de 1983. Al contrario que el magistrado Croom-Johnson, fueron incapaces de llegar a una decisión ese día y pasaron la noche en un hotel. El viernes, todavía no se ponían de acuerdo sobre el estado mental de Nilsen cuando cometió los asesinatos; por eso el magistrado Croom-Johnson dijo que permitiría una decisión por mayoría. A las 16:25 horas del 4 de noviembre, después de un juicio que duró más de dos semanas, el jurado pronunció veredicto de culpabilidad en los seis casos de asesinato, por diez votos a dos; y culpabilidad de un intento de asesinato, por diez votos a dos. En el segundo caso de intento de asesinato, el del joven Paul Nobbs, pronunciaron un veredicto unánime de culpabilidad.



El juez condenó a Dennis Nilsen a cadena perpetua con la recomendación de que eso significara no menos de veinticinco años. Se llevaron a Nilsen del banquillo con la certeza de que sería muy improbable que fuese alguna vez excarcelado. La multitud amenazaba con sus puños al coche de la policía cuando pasaba llevando a Nilsen de Old Bailey hacia Wormwood Scrubs. Después de unas pocas semanas allí, fue trasladado a la prisión de Park Hurst en la isla de Wight, donde continuó su amistad con David Martin, el famoso pistolero.



La prisión


En el verano de 1984, Nilsen fue trasladado otra vez, esta vez a Wakefield, donde permaneció en adelante. Trabajaba en un torno, haciendo componentes de acero. Aunque nunca buscó protección especial, tenía una celda para él solo, que compartía con su mascota, un periquito llamado Hamish. Nilsen podía mezclarse libremente con otros reclusos durante las comidas y las horas de actividades recreativas.



Nilsen en prisión


Cuando estaba en su celda pasaba el tiempo escuchando la radio y leyendo. Le gustaban sobre todo los libros sobre la historia de Escocia. Generalmente sacaba dos o tres libros por semana, de la bien equipada biblioteca de la prisión. También acudía a las conferencias ocasionales que daban los profesores visitantes.




Como sindicalista que fue, estaba alerta sobre los abusos de las reglas de la prisión por parte de los guardias, y se hizo impopular entre los sucesivos directores. También presentó quejas regularmente al Ministerio del Interior. Los otros reclusos no le tenían miedo, pues estaba en un ala donde todos eran acusados de graves delitos. Nilsen nunca esperó ser excarcelado, y aceptaba su castigo. Nilsen apareció en el Tribunal de Knightsbridge Crown en junio de 1984. Dijo que había recibido un navajazo en la mejilla por parte de un compañero de prisión.



El escritor Brian Master, autor del best-seller Killing for company (Asesinando por compañía), describió su relación con Dennis Nilsen: “Cuando Dennis Nilsen fue arrestado en febrero de 1983, le escribí a la prisión de Brixton sugiriéndole que yo podría escribir un estudio sobre su caso, pero que no lo haría sin su consentimiento. Contestó con una advertencia. Si yo iba a inmiscuirme en los detalles del caso, dijo, lo encontraría extremadamente angustioso. Que tal hombre pudiese entender el significado de ‘angustia’ me intrigó, pues quería decir que poseía una dimensión moral.



“Lo visitaba dos veces a la semana en Brixton mientras estuvo bajo custodia, y se creó una cierta confianza que nos permitió discutir su pasado y los delitos con completa franqueza. De vez en cuando tenía que mirar las fotos de la policía para recordarme a mí mismo lo que este hombre inteligente y divertido había hecho. Nilsen escribió un diario de la prisión de cincuenta cuadernos, único en la historia de la psicología criminal por su sinceridad y asombrosa voluntad de examinar los crímenes desde dentro. Dijo a su abogado que me diera esos diarios y me asignó el copyright. Estuve con él en el juicio y le vi inmediatamente después de su condena. Fue entonces cuando me dijo que tenía que confesarlo todo y admitir que disfrutaba matando. Le repliqué que eso era obvio, pero que quería saber por qué disfrutaba. ‘Tendrás que averiguarlo tú’, dijo”.





VIDEOGRAFÍA:

Dennis Nilsen en Asesinos en serie (en español)
video



BIBLIOGRAFÍA:














DISCOGRAFÍA:

33 comentarios:

Janet dijo...

Es un gusto poder volver a leer este blog.

loyapauli dijo...

se lucieron... uno de los casos mas largos, simplemente tendre rato para leer antes de dormir... casi aparecia en su pagina cuando me entere que habian borrado el blog XD
Agradesco que inicien de nuevo con el pie derecho
Saludos Sangrientos

Ninotchka dijo...

¡Fascinante!!! Pero...¿por qué tuvieron que matar a su perra? ¿Qué culpa tenía ella?...

halford dijo...

captada la nueva dirección escrito, aquí estaremos.

Verito dijo...

Wiiiiiiiii, ke bueno ke esten d regresooo!!! ya m habia puesto triste de no leerlos, pero Gracias al face, supe ke ya estaban d regreso. Saludos Sangrientos!!! (espero cn ansias la entrada del domingo)

Dean dijo...

Waaaw en tiempo record estais de nuevo, si señor, perfecto como siempre.
Un placer volver al blog!

Pobre animal...
R.I.P.-Bleep-R.I.P.

mernela dijo...

ahhhhhhhhhhhhhhhh que placer poder leerte escrito,ya estaba pensando en el suicidio.

Anónimo dijo...

y todos lo comenatarios de todos los casos se borraron??? :(
pero que gusto que esten de vuelta!!! :)
Gw

Liliana dijo...

Me encantó esta historia, por que el final te deja pensandoo...que triste que mataron a su mascota, considero que no era necesario por que era buena.

Anónimo dijo...

Yo pensaba en ir a matar a los que censuraron el blog, ahora que puedo leerlos de nuevo , el ansia se ha calmado

Anónimo dijo...

Q gusto q stés d vuelta.. saludots!!

Anónimo dijo...

ahora si... a leer

Verito dijo...

ashhhhhhhhh, no se vale, u.u keria ser la primera esta vez, ahhhhh pero yo no hice trampa, yo ya lei la entrada completita XD ke por cierto, muy buena como siempre. Besos y bendiciones y hasta la prox semana ♥

Anónimo dijo...

Ya era justo y necesario una entrada así,por cierto que hay de Nielssen ahora????
sigue en prisión o esta enfermo?
Entradas así si valen la pena
saludos escrito.

halford dijo...

Otro clásico, muy similar en algunos aspectos al de J. Dahmer, de hecho si no existiera el del "carnicero de Milwaukee", el caso de Nilsen sería mucho mas conocido.

Los dibujos del propio asesino captan con alarmante presición el aspecto vulnerabilidad de sus víctimas que al parecer tanto satisfacia al asesino, hablan por sí solos.

Resulta muy interesante que tanto a Dahmer como a este caso, se les podria tratar como criminales mixtos ya que si hay enajenación mental, pero a la vez son completamente conscientes de sus actos y efectivamente hay premeditación.

El texto muy completo y rico en detalles, felicitaciones una vez mas escrito y saludos a karuna, laura, zoepy, todos en general.

Hasta la próxima.

Dean dijo...

Vaya, justo ayer vi un documental sobre Dennis Nilsen, ya lo conocía, pero ahora sin duda mucho más a fondo. Este personaje inquieta, y si es verdad que se asemeja con el caso de jeffrey Dahmer.

Felicidades por el blog, lo leo desde hace mucho, dinceramente, uno de los mejores websites de asesinos que hay si no el mejor, merece la pena entrar continuamente, te felicito!Sigue con ello.

PD: Quisiera saber si publicarán la biografía de David Parker Ray (Yo lo llamo Asterix jaja) o el mayor asesino en serie de mi país, Manuel Delgado Villegas "El Arropiero", 48 asesinatos entre francia, Italia y España.

De todos modos, cualquier entrada vale la pena, flipo con todas, felicidades por tu trabajo, esta de lujo!
[Un cordial saludo]

"...Cuatro seises a mejorar, Henry..."¡Bang!

Anónimo dijo...

10 puntos, mis saludos desde Córdoba - Argentina, Atte: Jorge

Edw dijo...

Woww, si que estaba medio loco el tipo, impactante, bastante diria yo!!

Pero si tengo duda de que paso con èl??,, todavia vive o que paso??

Gracias por tan interesante historia,, super larga, pero interesante!!

Pablo Marso dijo...

excelente documento, y es verdad el inevitable parecido con J. Dahmer. saludos!

Anónimo dijo...

Muy buena entrada! Pobre Bleep, que culpa tuvo ella? Hasta salvó a alguien....en fin, sigo leyendo las demás entradas, muy buenas!
Saludos!

Anónimo dijo...

¿PORQUÉ MATARON A LA PERRITA?
¡DESGRACIADOS!

nubia dijo...

no entiendo porque acabar con la unica parte animica y de conmiseracion que era el amor que tenia por un animal...incalificables crimenes, pero es eso una razon para cabar con la existencia de ese pobre animal?

z0epy dijo...

HOLA DE NUEVO A TODOS...♦♦
HALFORD ES VERDAD MUY SIMILAR A DAHMER Y CONCUERDO QUE SI EN MUCHOS ASPECTOS SOBRE TODO EN ESE MIEDO A LA SOLEDAD...
A MI EN LO PARTICULAR ME INTRIGARON MUCHAS COSAS POR EJEMPLO EL QUE NADIE SE DIERA CUENTA DE LA PESTE, QUE FUE UN HOMBRE CON MUCHA SUERTE COMO DAHMER CUANDO LE TOCARON PARA DEVOLVER AQUEL HOMBRE QUE ACABABA DE HUIR Y NILSEN NUNCA ANTES FUE DESCUBIERTO HASTA QUE SE TAPA EL DRENAJE... DE VERDAD QUE SUENA DESCABELLADO Y ME HACE PENSAR CUANTA GENTE DICHO ASI "NORMAL" CIRCULA ALREDEDOR DE UNO, NILSEN SE MOSTRO UN HOMBRE BUENO DE HECHO ME INTRIGO MAS EL PENSAR QUE NO MATABA POR SEDUCCION O VIOLACION PUES EN TODO EL CONTEXTO JAMAS SE MENCIONO NI LOS PROPIOS TESTIGOS DECIAN QUE FUERA POR ABUSO SEXUAL, SOLO FUE ESE INSTINTO Y EL DESEO DE MATAR DE VERDAD QUE SE VE UN HOMBRE BUENO ESCRIBO MI TEXTO Y MIRO SU FOTOGRAFIA Y ASI SIENTO QUE LE PASO AL ESCRITOR TIENE UNO QUE RECORDAR QUE HIZO PARA CREERLO MALEBOLO...
REGULARMENTE CUANDO LEO ESTOS CASOS ME VUELVO JUEZ Y PARTE AL MISMO TIEMPO Y AL LEER PENSABA QUE HARIA YO SI FUERA DEL JURADO...
SI ES UN ASESINO PERO POR LOS ANTECEDENTES QUE SE MUESTRAN AL PINCIPIO DE SU VIDA PROBABLEMENTE HEREDO ESOS DESORDENES MENTALES PERO ASESINO Y TENIA QUE PAGAR SU PRECIO...
IMAGINO QUE ACTUALMENTE SIGUE EN PRISION VERDAD?
DE VERDAD QUE FUE UN ESQUIZITO CASO EXTENSO, FUNDADO Y LLENO DE INCOGNITAS...
FELICIDADES A ♠ESCRITO CON SANGRE♠
SALUDOS A TODOS Y ESPERO LEER SUS COMENTARIOS A TODOS...
EN ESPECIAL A:
◘HALFORD
◘KARUNA
◘LAURA
Y A ♠ESCRITO CON SANGRE♠

Alix dijo...

El mejor de los casos tratados. Fascinante! Como se ha dicho anteriormente, este es un caso atípico y desconcertante, más que un criminal "mixto" diría además que está en un nivel diferente y único de criminal, conjuga todos los elementos de un psicópata, pero a la vez presenta mórbidos rasgos de discernimiento, emotividad y hasta culpa. Sin embargo desconcierta los casos en que comenzó a perpetrar el crimen y luego cesó, y digo cesó puesto que no puede hablarse de arrepentimiento, y más desconcertante aun el actuar como si nada hubiera pasado ante su víctima sobreviviente. Parece fascinado con su propio proceder y a la vez confuso y perturbado, en fin, un bicho raro, muy raro, y miren que aquí solo desfilan criaturas extrañas....

Anónimo dijo...

Zaz, muy interesante su caso, tambien creo q con lo de la perris se pasaron de lanza
Saludos
Gw

Thin Ice dijo...

Hola, hace poco que sigo este blog. Me parece interesantísimo saber sobre la vida de estos asesinos y saber cómo fueron evolucionando a lo largo de sus vidas. Me interesaría saber qué es de él ahora. Un saludo.

Sade_Satani dijo...

Gran decepcion de esta reseña.

Este individuo dejo vivos por lo menos a 2 de sus victimas, aqui no se menciona a Martin Hunter Craig, quien fue novio de Nilsen y a quien tambien quiso ahogar despues de una borrachera.

Al parecer dentro de la enfermedad mental de Nilsen llegaban a ocurrir hechos que detenian su ira salvaje mientras asesinaba a sus victimas, circunstancias que les salvo la vida como dije al menos a 2 individuos.

Un caso bastante dificil y complejo, dado que sucedio en U.K y no en E.U no se refundio en la cloaca inquisitoria de los serials killers ni es uno de los eventos mediaticos propios de E.U. Sin embargo merece una mencion honorifica por estar mas alla del bien y el mal. Demostro ser tremendamente sanguinario pero a su vez como se comprobo tenia indicios de cruel piedad y solemne clemencia para con sus victimas. Las trataba con amor extremo en su caso, un asesino diabolico tentado de luz angelical describiria yo.

Seba dijo...

Muy buen blog y buena entrada. Pero hay un error creo. La foto de Martyn Duffey no es correcta. Es de un caso mucho mas reciente ese. Saludos!

Anónimo dijo...

me encanta este blog es mi favorito, me desconcierta saber que mataron a la perrita, por que?? que culpa tenia el pobre animalito? no entiendo en que se basaron para matar a la perra, acaso para hacer sentir mal al asesino, pues que estupidez en verdad, los animales son los seres mas hermosos y fieles de la faz de la tierra.

Anónimo dijo...

Muy buenos los casos y mejor aún la enseñanza que nos deja! No confiar en nadie.. La maldad y la demencia siempre usan disfraz.

Sukiyama Sagara dijo...

Hace poco he descubierto este blog y creo que este ha sido uno de los casos que más me han resultado interesantes, más que nada por la actitud del asesino.

No sé si aún sigan publicando nuevas entradas pero sería genial si así fuera, me encanta la manera en que redactan, y cómo apoyan con material extra.

Saludos!

Anónimo dijo...

Putas

Anónimo dijo...

Leyendo el Blog estoy intentando estudiar que es lo que les sucede en la mente a este tipo de personas que son capaces de asesinar por placer.

La verdad es que es algo que me pone los pelos de punta , que me da mucho miedo y por eso trato de estudiar su funcionamiento.

Yo soy psicóloga y por eso intento comprender que es lo que hace un hombre /mujer para matar a sus semejantes.

Creo que en principio siempre hay una "despersonalizacion" y una gran falta de empatía con la víctima.

Los asesinos se colocan casi siempre en un lugar superior frente a su víctima adquieren ellos el poder y lo utilizan.

En el caso de Nielsen el utiliza el poder , y yo creo,que si se produce despersonalización de la víctima aunque , si la víctima aguanta su ira , la deja sobrevivir como diciendo : "Has luchado bien , te lo has ganado".

Yo no llamaría a eso piedad.

Luego esta su parte de "DR Jeckyl", el ciudadano perfecto. Supongo que dejar salir a su "Hyde" le hace ser un mejor "Jeckyl" de cara a la galería para compensar.

Un asesino primero tiene que superar sus inhibiciones para matar.

Una vez que no es cogido , empieza a dar rienda suelta a su fantasía , despersonaliza a sus víctimas y se cree por encima del bien o del mal.

Si una accion dañina no reporta ningun castigo para ese asesino y si una recompensa a su mente enferma , el asesino tendera a repetirla creyendose ademas una persona con suerte y en algunos casos que tiene una misión o que si no le han pillado es porque "Dios le protege".

Esa persona se sentira con un poder absolutamente increible, se sentira por encima de los humanos y son individuos difíciles de reinsertar.

En sociedad todos tenemos la misma dignidad como personas y los asesinos se creen por encima con lo que , los demás a veces solo somos estorbos para la consecución de sus planes o eso , o somos fantasias como muñecos a sus ojos.

A veces son personas que sufren trastornos disociativos, gente que ha sufrido maltrato y guarda en su interior un profundo desprecio por la humanidad , gente desencantada con como se desarrolla la sociedad y que acaba venciendo sus inhibiciones para resolver sus frustraciones sobre los cuerpos humanos y una vez que logran su objetivo , es posible que repitan porque les reporta una recompensa a nivel cerebral.

Algunos asesinos asocian la ansiedad y la excitación que les producen sus actos sangrientos al placer sexual, por eso, muchas veces descargan sobre su víctima al nivel de las relaciones sexuales.

Entornos represores o demasiado permisivos , normalización de abusos, precedentes de problemas mentales en las familias o malformaciones en el desarrollo pueden ser predisponentes, pero no necesariamente se tienen que desarrollar las tendencias asesinas.

El detonante siempre es que lo hagan una vez, que les haya resultado placentero y que no les pillen.

Creo que a medida que la sociedad avanza tenemos mejores métodos y mejores medios para poder identificar a este tipo de personas.

Pero aun hay mascaras de Jeckyl que ocultan perfectamente a Mr Hyde como por ejemplo el caso del "Monstruo de Amstetten", que aunque no fuera un asesino era un criminal con todas las letras.

Un saludo!!!!!