Tracey Wigginton: "La Vampira de Brisbane"



“Me gustaría rebanarle a alguien la tapa de los sesos y decirle: ‘Anda, piensa. Déjame verte pensar’”.
Tracey Wigginton en sus declaraciones ante los psiquiatras


Tracey Avril Wigginton nació en 1965 en Rockhampton, una ciudad ganadera que atraviesa el Trópico de Capricornio, situada a unos 900 kilómetros al norte de Brisbane, en Queensland (Australia). Rhonda, su madre, era la hija adoptiva de un millonario llamado George Wigginton. El padre de Tracey, Bill Rossborough, fue un vagabundo que abandonó enseguida a su mujer y a su hija de corta edad. También Rhonda se fue al poco tiempo, dejando a la pequeña Tracey al cuidado de sus padres adoptivos. George Wigginton y su esposa, Avril, ya tenían otras dos niñas a su cargo: una hija adoptada, Dorelle, y una niña, Michelle Wright. La madre de Tracey Wigginton, Rhonda, se mantuvo en contacto con la familia, pero nunca se llevó a la pequeña a vivir con ella.



Tracey Wigginton cuando era niña


George Wigginton era mujeriego y libertino. Su esposa, Avril, vivía consumida por el odio a su marido y el cariño a sus tres perros chihuahueños. Era muy cruel con las niñas que tenía a su cargo. Dorelle describió su propia infancia y la de Tracey: “Nos azotaba con un cable. No era un castigo normal... los golpes nos caían uno tras otro. Trataba de envenenar nuestras mentes diciendo que todos los hombres eran unos bastardos”.



La madre de Tracey


Dorelle declaró también que, a pesar de los golpes, su hermana fue una niña feliz hasta los diez años. “Durante la infancia nunca estaba triste. Luego cambió y se convirtió en un alma perdida”. Tracey declararía años después que quería enormemente a su padre hasta que, en cuanto cumplió los ocho años, comenzó a violarla. Tracey fue expulsada de la escuela por acosar a las otras alumnas con propuestas sexuales y la enviaron al colegio de las Hermanas de la Merced, donde enseguida se hizo famosa por sus tendencias lésbicas y su comportamiento peculiar. Una antigua compañera de clase afirmaría: “Yo siempre trataba de alejarme de ella; tenía un aspecto muy extraño”.



El Colegio de las Hermanas de la Merced, donde Tracey estudió


Cuando en 1982 salió del colegio, comenzó a llamarse a sí misma “Bobby” y a mostrar instintos violentos. Destrozó las pertenencias de su abuela y llegó a golpear a la anciana. Más tarde contrajo un matrimonio lésbico en una ceremonia íntima celebrada por un miembro de la secta Hare Khrisna. En 1985, tras la muerte de sus abuelos, heredó $35,000.00 libras y se trasladó al balneario de Cairns, lejos de su familia y de sus antiguos amigos.



La casa de Tracey cuando era joven


Despilfarró rápidamente el dinero y comenzó a trabajar corno portera de un club nocturno de homosexuales. Entonces, sintiéndose sola después del fracaso de su matrimonio, pidió al encargado del club, John O'Hara, que “le hiciera un hijo”. Tuvieron sexo en presencia de seis amigos íntimos y Tracey quedó embarazada; sin embargo, abortó y perdió a la criatura.



El club donde Tracey trabajó


En 1987 dejó Cairns y se fue a Brisbane, iniciando una tormentosa relación con una mujer llamada Donna Staib. Vivían juntas, a pesar de que cada una mantenía sus propias relaciones con otras mujeres, un hecho que, según Tracey, la hacía muy desgraciada. En aquella época se tiñó el pelo de azul y se tatuó el cuerpo. Aún vivía con Staib cuando planeó asesinar a alguien. El viernes 13 de octubre de 1989 todo se colapsó. Llegaba el verano a la adormilada ciudad tropical de Brisbane, capital del Estado australiano de Queensland. Sin embargo, no toda la ciudad era tan tranquila, ya que la zona conocida como Valle de la Fuerza (llamada generalmente el Valle), un barrio de mala fama, hervía de casas de masaje, garitos de juego clandestinos, restaurantes chinos y clubes de homosexuales, escondidos en la periferia de la ciudad. En uno de aquellos clubes nocturnos de fachada color violeta, "El Lewmors", charlaban cuatro mujeres de veintitantos años, a las cuales, entre otras cosas, las unía un interés por el ocultismo. Había luna llena y, mientras bebían, comentaban la misteriosa conjunción de la fase lunar con la fecha fatídica. La persona dominante del grupo era Tracey. Para entonces, era estudiante de un curso de metalurgia. Había conocido a Tracey Waugh y a Kim Jervis unas pocas semanas antes en “El Juego”, otro club nocturno gay del Valle. Las tres mujeres quedaron en reunirse de nuevo en el Lewmors y Jervis decidió llevar con ellas a una cuarta chica, Lisa Ptaschinski, a la que conocía desde hacía diez años y que presentó a Wigginton. Su presentimiento de que ambas mujeres iban a hacer buenas migas resultó acertado. Aquellas fornidas jóvenes se enamoraron tras compartir el placer de un inhalador para el asma Hacían una extraña pareja. Ptaschinski era un personaje extravagante con un pasado de sobredosis de drogadicción e intentos de suicidio. A sus veinticuatro años, Lisa había vivido una experiencia matrimonial breve y desdichada antes de convertirse en una lesbiana declarada. Era una mujer infeliz y desequilibrada que, según sus antecedentes, había ingresado ochenta y dos veces en el Hospital de Brisbane a lo largo de cinco años por sobredosis de heroína y por intentos de suicidio.



Tracey Wigginton poco antes del crimen


Aquella relación se veía favorecida por la personalidad dominante de Wigginton y la vulnerable vanidad de Ptaschinski. “Tiene un extraño atractivo”, comentaría poco después. “No sé qué es. Llegó a dominarme más que nadie en toda mi vida. Tenía una especie de poder oculto”. Esta clase de relación dominio-sumisión no es desusada, pero Ptaschinski declaró que su amiga le había hecho una curiosa petición. Un día, estando en la cama tras hacer el amor, Wigginton comentó que tenía hambre y después añadió que nunca comía carne, pero que se bebía la sangre que recogía en las carnicerías. Así, en la primera de las que serían cuatro ocasiones, Lisa Ptaschinski, antigua aficionada a la heroína, se hizo un torniquete en el brazo hasta hinchar una vena y se cortó en la muñeca, a fin de que su nueva amante le chupara la sangre. Al preguntarle posteriormente el motivo de que se sometiera a tan extraño ritual, Ptaschinski replicó: “Quería conservar esta relación. Quería llevarme bien con ella y si estás saliendo con alguien, tienes hacer lo que sea para darle gusto”.



Lisa Ptaschinski


Al igual que Tracey Waugh y Kim Jervis, la impresionable Lisa declaró que su compañera se comportaba como un vampiro en muchos aspectos. Dijeron que, al igual que en las novelas y películas de terror, Tracey evitaba a toda costa la luz del sol y únicamente salía de noche. Aunque medía 1.80 y pesaba cerca de 100 kilos, nunca la vieron comer auténtica comida. Por lo que ellas sabían, Tracey se alimentaba exclusivamente de cerdo y sangre de cabra. El asunto era, a final de cuentas, una fantasía de adolescentes. Las cuatro chicas se movían en un grupo que se llamaba a sí mismo “Los Swampies”, en un mundo de imágenes medievales, de magia negra y de fascinación por la muerte. Un panorama que Tracey Wigginton consideraba irresistible como campo de caza de mujeres jóvenes homosexuales aficionadas al ocultismo. En 1989, el Valle estaba dominado por un grupo conocido como “Los Swampies”. Las mujeres vestían ropa negra, pesadas botas y se teñían el pelo de negro azabache o azul. Los tatuajes eran algo habitual y mezclaban los accesorios de símbolos religiosos con motivos de murciélagos. La misma Wigginton lucía cuatro tatuajes que obedecían a la entonces atractiva moda de los símbolos del ocultismo. En el dorso de una mano se había grabado el ojo egipcio de Horus y en la otra, el símbolo de Leo, su signo del Zodiaco; Merlín el Encantador en el brazo izquierdo y una rosa negra en el derecho.






Tracey Waugh


Kim Jervis, empleada en un taller de fotografía, era una auténtica Swampie. Wigginton la encontró tan atractiva que la describió así: “Kimmie llevaba puesto un traje de raso negro con un lazo morado en la espalda y en la cabeza, un pañuelo también morado. Iba perfecta para el Club de Música Ácida”. Tracey Wigginton quedó menos impresionada por Tracey Waugh, una secretaria en paro, amante de Kim: “Tracey siempre me desconcertaba. Era muy tranquila, muy introvertida. Nunca la he visto beber o consumir droga. En sus relaciones es casi una solitaria”. Waugh, que fue descrita como la más alegre de las cuatro, no tardó en quedar sometida a la poderosa personalidad de la líder: “Tracey tiene una mente poderosa. Tiene ascendente sobre ti. Es como un imán. No puedes dejar de hacer lo que te ordena”, afirmaría. Wigginton aseguraba que era “una elegida, la Mujer del Diablo” y que éste quería convertirla en un ser destructor. Pronto logró dominar férreamente a los otros tres miembros del grupo.



Kim Jervis



Una semana antes del crimen, unos vecinos vieron a Tracey en el patio de su casa afilando la hoja de doce centímetros de una navaja mariposa, utilizada en artes marciales. Pocos días después, compró una segunda navaja. El 18 de octubre, cinco días después de que el cuarteto se reuniera por primera vez, se encontraron en el piso de Jervis, en un suburbio de Clayfield, para planear el modo de acechar, atrapar y asesinar a una víctima humana a fin de satisfacer la sed de sangre de Wigginton: “No puedo comer alimento sólido. Necesito sangre para vivir”, afirmó. El contenido del piso mostraba curiosos contrastes. Jervis tenía una colección de muñecas decapitadas y de gatos Garfield. Sentía también una macabra fascinación por la muerte y en las paredes aparecían colgados varios cuadros de cementerios. Había robado una lápida y la tenía colgada en el cuarto de estar. Las mujeres concretaron los detalles del plan bebiendo sambucca, un aperitivo italiano. Era muy sencillo. Waugh y Ptaschinski se harían pasar por prostitutas para hacer caer en la trampa a la víctima, un hombre o una mujer elegidos al azar, en uno de los parques interiores de la ciudad. La llevarían luego a un lugar apartado, donde Wigginton y Jervis se beberían su sangre. Después, entre todas llevarían el cuerpo al cementerio y lo introducirían en una fosa vacía recién cavada. Pensaban que si cubrían el cadáver de la víctima con tierra, al colocar encima cualquier ataúd, el cuerpo quedaría enterrado al mismo tiempo y nadie lo advertiría. No habría testigos, ni pistas, ni cadáver. El plan parecía ser infalible.



Las macabras muñecas decapitadas de Jervis


La noche del viernes 20 de octubre de 1989, exactamente siete días después del primer encuentro, las cuatro mujeres se reunían de nuevo en el club Lewmors. Al mismo tiempo, a siete kilómetros del río Brísbane, Edward Clyde Baldock, de cuarenta y siete años de edad, estaba tomando unas copas en su club con unos amigos. Era padre de cinco hijos y acababa de celebrar sus Bodas de Plata con su esposa. Aquellos dos grupos no podían ser más diferentes. Las chicas saboreaban champagne mientras proyectaban un asesinato, y Baldock y sus amigos se emborrachaban con cerveza después de jugar una partida de dados. También los locales presentaban amplios contrastes. El club Lewmors era un antro frecuentado por lesbianas. El Caledonian Club era un punto de reunión escocés sólo para hombres. Las amigas se hablan citado previamente, dos noches antes, en el Lewmors a las 22:00 horas. Se sentaron al fondo junto a la máquina de discos y pidieron dos botellas de champagne. “Me pareció desacostumbrado. Nunca les había servido champagne hasta entonces”, declararía la encargada y propietaria del club, Bettina Lewis, quien conocía a Jervis y a Waugh como habituales desde principios de 1987. Sin embargo, todavía tenían poco que celebrar. Estaba planeada la ejecución del asesinato, pero faltaba ultimar los detalles. Wigginton y Jervis iban armadas con navajas, aunque la primera aseguró a las otras conspiradoras que, si era necesario, sería capaz de matar con sus propias manos. A las 23:30 horas acabaron las copas y se marcharon.



Edward Baldock


Edward Baldock aún estaba en el club. Como trabajaba de pavimentador municipal, su horario era flexible y aquél era su día libre. Se había pasado bebiendo la mayor parte de él y justamente después de medianoche salió tambaleándose del local y se agarró a una farola para mantenerse en pie. Entretanto, las mujeres estaban dando una vuelta en el sedán verde Holden Commodore de Wigginton. Habían estado rondando por el Jardín Botánico y el Parque New Farm durante veinte minutos, buscando la víctima apropiada. En la radio del coche, Prince cantaba “Batdance”, el tema de la película Batman, mientras cruzaban el puente Storey y volvían por River Terrace hacia Kangaroo Point; entonces divisaron a un borracho que se apoyaba en una farola. Era un hombre obeso, de mediana edad y podía servir. Detuvieron el vehículo. Wigginton y Jervis bajaron para preguntar a Edward Baldock si quería que lo llevaran a su casa. En cuanto subió al asiento trasero, Wigginton le cogió la mano. Indicó a Ptaschinski que condujera hasta Orleigh Park, una aislada zona del río a unos siete kilómetros y medio y bastante próxima al domicilio de Baldock. El viaje transcurría en silencio. Ptaschinski aparcó bajo unas frondosas higueras cercanas al desierto Club de Vela de Brisbane Sur. "Le dije que quería pasar un buen rato y me contestó que estaba dispuesto", declararía más tarde Tracey Wigginton. Ambos bajaron a la orilla del río, donde se desnudaron. Al cabo de unos minutos, ella volvió al coche diciendo: “Necesito ayuda; ese bastardo es demasiado fuerte”. Lisa Ptaschinski dijo que estaba deseando ayudarla y Jervis le tendió una navaja.



Aquella noche fatídica, Edward Baldock podría estar demasiado ebrio para conducir, pero el alcohol no le hizo apartarse de sus hábitos cotidianos. Era un hombre meticuloso que, hasta en la playa, doblaba su ropa cuidadosamente comprobando que no caía nada del interior de los bolsillos. Cuando Tracey Wigginton se fue a buscar a Lisa Ptaschinski al coche, él aprovechó la ocasión para esconder su cartera detrás de uno de los toldos del Club de Vela. Edward Baldock sintió miedo de que lo atracara alguna de aquellas extrañas jóvenes, cuya oferta de mantener relaciones sexuales le parecía demasiado buena para ser cierta. Sospechaba, pero sólo del robo. Baldock se inclinó para recoger del suelo una tarjeta de crédito del cajero del Commonwealth Bank y se la metió en un zapato. Aunque tenía cuenta en aquel mismo banco, la tarjeta no era la suya. El nombre que figuraba en ella era el de “T. A Wigginton”. Ptaschinski acompañó a Wigginton de vuelta al río. El hombre estaba sentado; solamente tenía puestos los calcetines. Entonces, Lisa se deslizó a su espalda en la oscuridad y Tracey le mandó que le clavara la navaja, pero la chica no fue capaz: no podía emplear el arma contra aquel pobre borracho. En vez de ello, se dejó caer en el suelo y comenzó a farfullar incoherencias. Wigginton contaría lo que había hecho entonces: “Di vueltas a su alrededor. Saqué la navaja del bolsillo de atrás. Él me preguntó qué estaba haciendo; yo no contesté y lo apuñalé. Saqué la navaja de la herida y se la clavé a un lado del cuello. Lo apuñalé una y otra vez al otro lado. Después lo agarré del cabello y lo eché hacia atrás, clavándole la hoja en la garganta mientras aún seguía con vida. Volví a apuñalarle por detrás del cuello, intentando llegar al hueso y cortarle los nervios. Luego me senté delante del toldo y lo vi morir”.



El cadáver de Edward Baldock


Tracey le cortó casi completamente la cabeza, y para asestarle las quince puñaladas empleó dos navajas. Entonces le dijo a Lisa que regresara al automóvil y esperase mientras ella bebía la sangre del difunto Baldock. Según diría Lisa más tarde, “Tracey le cortó el cuello y se bebió su sangre”. Después de lavarse en el río, regresó al coche. Cuando le preguntaron si estaba satisfecha, contestó que lo estaba. Wigginton, sin embargo, terminaría negando este hecho ante la policía. Sin embargo, las otras fueron inexorables en su acusación de que había bebido la sangre del hombre. Waugh declaró que cuando iba conduciendo hacia casa de Jervis, el aliento de Tracey olía a sangre humana, y afirmó que después del asesinato Tracey parecía “casi satisfecha, como el que se acaba de comer tres platos, lo que es mucho decir”. Lisa Ptaschinski declararía en el juicio que, aunque llevaba la navaja de Kim con el propósito de matar al hombre, no llegó a emplearla: “Estaba en pie detrás de él, pero no pude hacerlo. Tracey me arrebató el cuchillo y lo apuñaló en la parte posterior del cuello, él gimió y se cagó encima”. Las navajas eran parte esencial de las pruebas y la versión de Ptaschinski sería seguida atentamente.



Fue una muerte triste e indigna para un intachable padre de familia, Las asesinas ni lo conocían ni tenían nada en contra de él; les resultaba completamente indiferente, Eran cuatro asesinas que necesitaban una víctima y encontraron a un bebedor inofensivo, quien sucumbió ante su ataque. Las cuatro chicas estaban seguras de haber cometido el crimen perfecto. No había testigos y nadie relacionaría nunca a la víctima con ellas, sus asesinas. Sin embargo, junto al cuerpo de Edward Baldock había quedado una prueba tan definitiva que hizo que las mujeres fueran detenidas unas horas después. La casa de Jervis, en Clayfield, estaba a unos nueve kilómetros de distancia. Las cuatro mujeres volvían del lugar del crimen en un estado de euforia. Entraron en el piso aliviadas, pero la sensación de seguridad fue efímera: Wigginton advirtió enseguida que había perdido la tarjeta del banco Cornmonwealth y reconoció que se le podía haber caído junto al cuerpo del hombre. Decidieron que lo más seguro era volver al escenario del crimen para buscar la tarjeta, en lugar de dejarla como una prueba definitiva en manos de la policía. Wigginton y Ptaschinski volvieron a Orleigh Park y al ver que el cadáver de Edward Baldock continuaba en el suelo, aparentemente inadvertido, se quedaron más tranquilas. Registraron inútilmente la zona y, al cabo de un rato, Tracey Wigginton llegó al convencimiento de que la había perdido en cualquier otro lugar. Para volver a Clayfield tomaron una carretera junto al río, frecuentada por amantes en sus coches y por mirones ocasionales. Las chicas no estaban interesadas en las actividades ajenas. Ahora tenían miedo y solamente deseaban llegar a casa. Entonces sus temores se hicieron realidad: les dio el alto una patrulla de policía de carretera. Se trataba de una investigación rutinaria para controlar a conductores ebrios o vehículos robados. En medio del pánico, las mujeres, obsesionadas por el asesinato, habían salido del piso sin la documentación del coche. Lisa Ptaschinski, al volante, fue incapaz de encontrar el permiso de conducir y la policía tomó nota de los datos del coche y de la conductora. Le hicieron también un test de respiración para comprobar que estaba sobria y le dieron instrucciones para que presentara el permiso en la comisaría lo antes posible; después, los agentes las autorizaron a continuar. Volvieron al piso de Jervis completamente aterradas y entre las cuatro cómplices cundió el pánico. Su crimen perfecto había fallado. Estaban convencidas de que la policía relacionaría su coche con el cadáver aparecido junto al río. Se reunieron para preparar unas coartadas que despistaran a los agentes.



La tarjeta de Tracey dentro de los zapatos de Baldock


Alguien más permanecía despierta por el miedo en aquellas horas grises del amanecer del sábado. La señora Elaine Mable Baldock se despertó sobresaltada y buscó a su marido junto a ella. No estaba. A las 05:00 horas, sin poder soportar la angustia, telefoneó a la policía. Pero no tenían noticias de Edward Baldock ni compartían la inquietud de la esposa por su maduro y bebedor cónyuge. Tenían la experiencia de que, antes o después, los maridos acababan volviendo a sus preocupadas y enfurecidas mujeres. Sin embargo, la señora Baldock conocía las costumbres de Edward. Llevaban casados veinticinco años. Sabía que algo grave había ocurrido para que estuviera fuera de casa hasta tan tarde. A las 08:00 horas llamó de nuevo a la policía. Esta vez enviaron tres agentes para interrogarla porque ahora tenían noticias del asesinato de un hombre de mediana edad. Un notario que cruzaba el río en bote y dos señoras dando un paseo, habían descubierto el cadáver. La policía acordonó la zona y encargó del caso al sargento jefe de detectives Pat Glancy. Este, a los pocos minutos, encontró la tarjeta de Tracey Wigginton dentro del zapato izquierdo de la víctima.



La ciudad por la noche


Un equipo de televisión se precipitó a la orilla del río para filmar la sangrienta escena. También estaba allí la asesina. Durante la larga noche hasta la aurora, comprendió que el “crimen perfecto” había fracasado por su culpa. Sabía que la tarjeta estaba en el punto exacto donde había asesinado a Baldock y fue hacia allí una vez más sin hacerse acompañar por ninguna de sus compañeras. Decidió buscarla de nuevo a la temprana luz del amanecer; pero no era lo bastante temprano. Cuando vio a la multitud que rodeaba el cadáver, se escabulló rápidamente y regresó al piso. Tenía que avisar a sus amigas de que la policía había encontrado el cuerpo del viejo. Poco después del descubrimiento del cadáver, la policía comprobó que el Holden verde detenido la noche anterior por una patrulla pertenecía a la persona cuya tarjeta apareció en el cadáver de la víctima. Suponían que aquel peculiar asesinato tenía una fácil solución. La propietaria de la tarjeta de crédito sería la amante de la víctima al que habría asesinado en el curso de una discusión.



La esposa de Baldock


Mientras tanto, a las 13:00 horas, Tracey Wigginton volvió al Club de Vela por cuarta y última vez a lo largo de aquellas doce horas terribles. En esta ocasión estuvo con los detectives, quienes filmaron en video el desarrollo de aquella última visita. Cuando la preguntaron si en algún momento había estado cerca de donde se encontró el cadáver, Wigginton respondió vagamente: “Bueno, no lo recuerdo exactamente, pero Kimmie y yo estuvimos haciendo una especie de recorrido por la zona”. Contó la historia que habían urdido entre las cuatro. Dijo que Jervis y ella habían estado en Orleigh Park el día anterior, no la última noche. Mencionó también a una pareja de aspecto sospechoso que merodeaba por la zona. Sometida a interrogatorio, Tracey comenzó a titubear y cambió la historia. Confesó haber ido al parque a primera hora de la noche y haber tropezado con un cuerpo en la oscuridad, pero añadió: "Estaba demasiado asustada para llamar a la policía". Tracey Wigginton no fue la única de la pandilla en desdecirse de la coartada falsa. Al mismo tiempo que ella cambiaba su relato, Ptaschinski perdió los nervios. Salió del piso y estuvo vagando, confusa y asustada, hasta que no pudo soportar la culpabilidad o la tensión de saberse perseguida, y se dirigió a la comisaría más cercana. A las 19:00 horas de aquel mismo día, Wigginton y Ptaschinski fueron acusadas del asesinato de Edward Baldock. Lo mismo ocurrió con Jervis, poco tiempo después. Waugh, detenida primero y luego puesta en libertad, fue de nuevo detenida posteriormente. Tracey Wigginton fue acusada independientemente de sus tres compañeras, y Tracey Waugh quedó en libertad bajo fianza.






El club donde ocurrió el crimen


El asesinato de Edward Baldock suscitó el acostumbrado frenesí de los medios de comunicación, especialmente cuando, después del registro policial, se insinuó que en el crimen había indicios de magia negra. Esta hipótesis se apoyaba en la descripción de la lápida mortuoria que decoraba la vivienda de Jervis Claystone. Resultaba sorprendente que aquel crimen brutal fuera obra de mujeres. Los criminólogos escribieron artículos en los que explicaban la razón por la que en los asesinatos femeninos no se solían emplear métodos tan brutales y las feministas se interesaron en el caso achacando el salvajismo del hecho al temor que las mujeres sienten por los hombres. Sin embargo, como pasaban los días y no se celebraba el juicio, decayó el interés popular por el tema.



El arresto de Tracey Wigginton


Por otra parte, detrás de los muros de la cárcel de mujeres, los detectives y los psiquiatras se sentían horrorizados por el trasfondo que el relato del crimen sugería. Wigginton fue profundamente psicoanalizada, en parte porque se había confesado autora del crimen y porque era necesario comprobar si estaba mentalmente sana cuando cometió el asesinato. Cuando, a través de los interrogatorios, la policía pudo reconstruir pieza por pieza el desarrollo de aquel crimen, resultó patente que Tracey Wigginton era una enferma. El Tribunal de Salud Mental de Queensland estudió numerosos informes sobre ella. Debían determinar si su caso caía bajo el reglamento para enfermos mentales o si debía ser sometida a juicio. Uno de los agentes que la arrestó, Jack Austin, de la Unidad de Homicidios, no tenía dudas de que se trataba de “una mujer muy calculadora. Tenía preparada una historia y sólo confesaba las cosas que sabía que nosotros conocíamos. Aquello no nos preocupaba, pero podía desconcertar a otros: una personalidad típicamente psicópata”, fue su tajante resumen. A un psiquiatra que la interrogaba le confesó que lo único que le disgustaba realmente era que su actual amante, Donna Staib, mantuviera relaciones con otras mujeres. Esta amante fue citada para testificar sobre el carácter de Tracey Wigginton como parte del procedimiento para establecer el estado de salud mental de la detenida.



El interrogatorio de Tracey


Staib declaró ante el Tribunal que su amante mostraba frecuentes cambios de carácter, pero que nunca la consideró agresiva y que jamás había dado pruebas de ser una persona violenta. Dijo también que solía tener crisis de ausencia y que se acostaba encogida, adoptando la posición fetal. Y que a veces llegaba a ser introvertida y encerrada en sí misma, negándose a hablar con nadie durante días. Añadió que a Tracey le gustaba dibujar los monstruos de las películas de terror, con escenas de momias y vampiros. La misma detenida manifestó bajo hipnosis que supuestamente tenía varias personalidades; una de ellas, un joven llamado “Bobby”, era un sadomasoquista. Bajo esta personalidad, confesó haber tratado de relacionarse con una mujer conocida solamente como Jamie. Jamie era el amo que golpeaba a su esclava con una correa y la hacía usar un collar especial con un candado que indicaba su completa sumisión. Esta historia contradecía curiosamente otras informaciones sobre Tracey, en las que se la consideraba dueña de una personalidad dominante y manipuladora. Para decidir sobre el estado mental de la acusada, el Tribunal convocó a prestigiosos psiquiatras para que le asesorasen. Una de las declaraciones más famosas de la asesina apareció en las cintas de video donde se documentó su interrogatorio. Ante los médicos declaró: “Me gustaría rebanarle a alguien la tapa de los sesos y decirle: ‘Anda, piensa. Déjame verte pensar’”.



La escena del crimen


El doctor James Clarke, psicólogo clínico y experto en hipnosis, estaba convencido de que Wigginton sufría el Síndrome de Múltiple Personalidad y que, legalmente, no era culpable de asesinato. Lisa Ptaschinski fue la otra acusada sometida también a análisis psiquiátrico. Los médicos afirmaban que estaba atemorizada por Tracey Wígginton y que creía firmemente que su amiga era un vampiro, que evitaba los espejos y sólo se arriesgaba a salir de noche, y cuando lo hacía de día usaba gafas oscuras. El doctor Peter Mulholland, un especialista en psiquiatría del Royal Hospital de Brisbane, diagnosticó que Lisa Ptaschinski padecía una grave enfermedad mental semejante al trastorno de personalidad antisocial. Describió sus síntomas “entre la neurosis y la psicopatía”. Su comportamiento, al que estaba sólidamente aferrada, incluía un tipo de relaciones intensas e inestables, la automutilación y repetidos intentos de suicidio.



Sin embargo, otros psiquiatras discutían el hecho de que Ptaschinski padeciera cualquier enfermedad y afirmaban que la joven fue plenamente consciente de sus actos durante la noche del crimen. El doctor Francis Vargeese, del hospital Princesa Alejandra, dijo que, aunque la personalidad de Ptaschinski se apartaba ampliamente de las normas establecidas, no significaba que padeciera una enfermedad mental. “No creo que un trastorno de la personalidad signifique una anormalidad de la mente. Es una variación de la estructura de la personalidad humana”, matizó concisamente. Nadie pudo dilucidar el motivo que justificase el asesinato de Edward Baldock. ¿Tan poderosa era Tracey Wigginton como para persuadir a tres mujeres adultas y embarcarlas en una aventura criminal sólo porque les había dicho que necesitaba beber sangre? ¿O estaban tan alejadas de los valores morales de su comunidad que un asesinato llegó a ser para ellas una simple diversión?



Uno de los detectives encargados del caso


Tracey Wigginton dio a conocer su trastorno de múltiple personalidad a través del psicoanálisis y de la hipnosis. Los doctores James Clarke, especialista en psiquiatría de la Universidad de Nueva Gales del Sur, y James Quinn, psiquiatra forense, hipnotizaron a la acusada durante veintiséis horas y ambos la diagnosticaron como una enferma mental. Después del exhaustivo examen psiquiátrico, los especialistas declararon también que habían detectado en ella cuatro personalidades diferentes. Era “Tracey la Grande”, una adulta depresiva; “Tracey la Joven”, una tímida criatura de ocho años; “Bobby”, el asesino despiadado, y “El Mirón”, un frio y distante observador de los otros tres. Las sesiones de hipnotismo se grabaron en vídeo y las cintas se proyectaron ante la policía y el tribunal médico. De este modo se podía confirmar la validez de cualquier diagnóstico psiquiátrico. En aquellas cintas aparece Tracey Wigginton experimentando diversas transformaciones y cambios de humor. Su voz variaba de acuerdo con la personalidad que adopta su mente. En un tono profundo, masculino, “Bobby” declaró ser el homicida, confesando que su odio hacia “todos ellos” lo indujo a asesinar al indefenso Edward Baldock. “El Mirón” explicaba tranquilamente que “ella estaba matando a mucha gente, a todo el que la molestaba, a su novia Donna, a su madre, a su abuela, a su hermana”. Cuando estaba hipnotizada, Wigginton lloraba y gemía, pero al salir de ese estado fumaba incesantemente y hablaba sin parar. Su lenguaje se hacía atropellado. “Pensando en la posibilidad de que estas manos hayan asesinado a alguien, no logro comprender el hecho de que ellas y yo matáramos a una persona, a un ser humano, una vida extinguida, lo definitivo”.



Un estado contradictorio (click en la imagen para ampliar)


Algunos severos observadores tenían la sensación de que la acusada adoptaba las actitudes y los modos de las series de televisión, e hicieron cálidos elogios de la capacidad de interpretación de la joven. Los psiquiatras Quinn y Clarke, por su parte, estaban convencidos de la exactitud de su diagnóstico de síndrome de múltiple personalidad. Clarke afirmaba que podía medir algo que él llamaba “hipnotizabilidad” y que Wigginton estaba absolutamente hipnotizada y tenía que decir la verdad, siendo incapaz de fingir cualquier tipo de estado emocional. Fue significativo el hecho de que Tracey no confesara nunca su pretendida afición por la sangre o que hubiese bebido la del muerto. Esta afirmación procedía de las otras tres mujeres cómplices del crimen. Wigginton no negó que hubiera asesinado a Edward Baldock, ni su interés por el ocultismo y el satanismo, pero ni siquiera hipnotizada confesó nunca su papel de vampiro. La policía declaró que los videos de muertes reales influyeron en Tracey Wigginton, que disfrutaba viéndolos en cámara lenta. Donna Staib, su amante, confesó que la noche anterior al crimen Tracey había estado reproduciendo a cámara lenta una escena en la que a un hombre le reventaban la cabeza de un tiro, y añadió que Tracey había estado contemplando aquella escena en particular hasta dieciocho veces.



Los titulares


La muerte de la víctima fue algo real, y patente el dolor de su viuda. Por lo tanto, era esencial que el jurado viera a aquellas mujeres como tres asesinas y no como unas jóvenes dementes. Quinn y Clarke no entregaron toda la información obtenida en las sesiones de hipnotismo. Indicaron que había padecido una infancia de abandono, crueldad y abusos sexuales y que todo ello podía haber provocado su inestabilidad emocional. En resumen, diagnosticaron que la acusada era una enferma mental. El Tribunal Médico de Queensland, formado por el juez Ryan del Tribunal Supremo y los doctores Norman Connell y Gordon Urquhart también interrogaron a Wigginton. Después de estudiar los informes de los otros especialistas dictaminaron que a la acusada no se la podía ser considerar una enferma mental. Tracey Wigginton era consciente de su comportamiento, responsable de sus actos y calibraba las consecuencias. A finales de enero de 1991, Tracey Wigginton fue declarada culpable de asesinato y condenada a cadena perpetua en la cárcel de mujeres de Brisbane.



La viuda durante el juicio


El Club Lewmors cerró a raíz del escándalo y siguió en desuso en el Valley. Su propietaria y encargada, Bettina Lewis, declaró que las muchachas eran clientas asiduas y de buen comportamiento. “No puedo dormir por las noches pensando en que esas desgraciadas bebían en mi club”, declaró Lewis, quien después trabajaba en un almacén de alfombras. “Es lo más horrible que he oído nunca, y yo, como una pobre bastarda, era la que les servía las copas”. Los medios de información dieron escasa importancia al juicio de Tracey Wigginton, quien, en enero de 1991, fue condenada a cadena perpetua. El de las otras tres chicas acusadas de un brutal asesinato prometía ser espectacular y la sala se llenó. En ella se agolpaban en pie las familias de las inculpadas, la de la víctima y la asociación de lesbianas de Brisbane, para escuchar los dramáticos detalles. Las tres mujeres mostraron escasa emoción a lo largo del juicio y se comunicaban muy poco entre sí. Su principal contacto consistía en ofrecerse vasos de agua unas a otras. Se negaron a prestar declaración, por lo que la acusación presentó en la sala las cintas de vídeo con los interrogatorios de la policía.



Lisa Ptaschinski bajo arresto


La familia de Ptaschinski no asistió a la vista. Ella se sentó con los brazos cruzados y una expresión terriblemente airada. Vestía de negro y lucía en el antebrazo un tatuaje que representaba un sexo femenino. El cabello, que llevaba muy corto en la época del crimen, le había crecido, y ahora los rizos negros le llegaban hasta los hombros. Jervis había sufrido una lamentable transformación durante la espera del juicio. Tenía el cabello lacio y grasiento, y los ojos hundidos, rodeados de círculos oscuros. Boquiabierta, parecía asombrada por lo que le estaba ocurriendo. Al final del juicio empezó a intercambiar alguna sonrisa con Tracey Waugh, su antigua amante y la única de las tres que había conseguido la libertad bajo fianza. Los padres de Waugh acompañaron a su hija durante todo el juicio. Parecía la misma imagen de la inocencia, como sugirió el fiscal Gundelach al comentar que “tenía el aspecto de una estudiante de dieciséis años”.



Kim Jervis detenida


Los abogados defensores describieron a Tracey Wigginton como una mujer manipuladora y peligrosa que dominaba a las demás por el temor. Julie Dick, la representante de Ptaschinski, puntualizó que “su cliente estaba hechizada”. Que aunque se sintió fascinada por la “peligrosa y escalofriante aventura de beber sangre”, nunca creyó que podría ocurrir. Un psiquiatra citado por la defensa declaró que la acusada sufría trastorno límite de la personalidad que perjudicaba su capacidad para ponderar los hechos que condujeron al asesinato y a su realización. El doctor Peter Mulholland declaró: “Es obvio que Lisa cayó en el error de creer que su amiga era una vampira y consideraba el plan para matar a alguien que calmara la sed de sangre de Tracey como una broma pesada, hasta que sucedió realmente. No pensaba que Tracey Wigginton quisiera matar realmente, y se sintió aterrada cuando su amiga la mandó a apuñalar a aquel hombre”.



Tracey Waugh arrestada


El abogado de Jervis, Michael Hogan, alegó que también su cliente consideraba el plan como una broma, pero que cuando se produjo el asesinato, el miedo que sintió por Wigginton le impidió hacer algo. En una grabación que se dio a conocer al jurado, Jervis declaraba a la policía: “Yo creí que era una broma, que sólo se trataba de charlar, no de actuar. Fue el mayor error de mi vida”. Continuaba diciendo que Wigginton quería que la viera beber la sangre. Describió la escena que se desarrolló junto al cadáver y dio su versión sobre el comportamiento de sus compañeras. “Quiero asustarlas, conseguir crear un infierno en ustedes. Si alguien me toca cuando estoy haciéndolo, soy capaz de arrancarle un brazo”. Jervis añadió en su declaración: “Nunca se acercó y nos dijo: ‘Lo he matado’ o algo parecido. Sólo mencionó: ‘Ahora estoy satisfecha’”.






Tracey Wigginton y la escritora Therese Collie


Durante el juicio salieron a relucir algunas extravagantes hipótesis sobre fenómenos sobrenaturales que presentó la defensa de Tracey Waugh, la tercera acusada, Afirmó que las tres habían caído bajo el “control mental” de Wigginton después de que ésta rompiera el crucifijo que Jervis llevaba al cuello. “En cuanto le quitó la cruz, Kim se quedó sin protección”, según decía Tracey Waugh en una entrevista cuya cinta se presentó ante el tribunal. Declaró también que Tracey Wigginton era una adoradora del diablo, capaz de desaparecer dejando solamente visibles sus “ojos de gato”. “Tracey tiene una mente poderosa. Te ata. No puedes dejar de hacer lo que te manda”, declaró Waugh. Y continuaba, que había advertido a Wigginton en el club Lewmors que el plan era un error. “Le dije que no queríamos hacerlo, y ella contestó que tenía preparado algo distinto y que no debíamos preocupamos. Entonces se puso en pie para marcharse, alzó la mano y yo salí sencillamente tras ella”.



Caricatura de Tracey Wigginton


El equipo defensor de las tres acusadas estuvo de acuerdo en inculpar exclusivamente a Tracey Wigginton, de quien dieron una visión aterradora. El letrado Peter Feeney, defensor de Waugh, dijo que la joven no había tratado de evitar el crimen o de buscar ayuda porque se lo impedía el temor a las represalias de su amiga, e insistió en que, al contrario que las demás, no desempeñó un papel activo en aquel macabro proyecto. Afirmó que su cliente oyó decir a Wigginton que la consideraba una víctima de reserva por si las otras no conseguían un extraño a quien asesinar. “Todo lo que deseaba era encontrar a alguien que le pudiera dar sangre. Fue, obviamente, un asesinato sangriento”, afirmó el fiscal, Adrian Gundelach, quien resumió el caso contra Ptaschinski, Waugh y Jervis, ante el jurado del Tribunal Supremo. Aquellas tres mujeres no eran unas adolescentes ingenuas captadas para un culto pseudosatánico, y añadió, el jurado no debía dejarse engañar por su aspecto juvenil. Eran unas personas adultas que planearon un asesinato y buscaron a la víctima, aunque después no llegaran a apuñalarla.



Cronología (click en la imagen para ampliar)


Continuó diciendo que no habían intentado disfrazarse o vendar los ojos a Baldock, porque tenían intención de matarlo y no corrían peligro de que las identificaran. Después de catorce días de vista el Jurado se retiró a deliberar. Elaine, la viuda de Edward Baldock, estaba en la sala cuando el portavoz del jurado emitió el veredicto. Lisa Ptaschinski, de veinticuatro años, de Tongarra Street, Leinchhardt, perrnaneció impasible en el banquillo cuando se le declaró culpable de asesinato. El juez MacKenzie la condenó a cadena perpetua. Kim Jervis, de veintitrés años, técnica en fotografía, de Montpelier Street, Clayfield, sollozaba silenciosamente cuando fue sentenciada a dieciocho años por el cargo menor de homicidio involuntario. El jurado dejaba en libertad a Tracey Waugh, de veintitrés años, una desempleada de Miles Street, Clayfield. Salió de la sala como una mujer libre, en compañía de sus padres.



Tracey Waugh tras ser absuelta


Al sentenciar a Ptaschinski, el juez manifestó que no tenía otra opción que la de condenarla a cadena perpetua. “Es patente la naturaleza deleznable y cruel de los acontecimientos en los que participó usted aquella noche, dadas las pruebas escuchadas durante el juicio y que no necesitan mayores consideraciones”. Y dirigiéndose a Jervis añadió: “Usted sabía lo que estaba a punto de suceder y no tuvo piedad de Edward Baldock, otro ser humano”. Kim Jervis presentó tiempo después un recurso en contra de la severidad de su condena de dieciocho años por homicidio involuntario. Elaine Baldock, la viuda, estaba en la puerta de los tribunales acompañada por unos amigos que la consolaban, y en un momento determinado gritó: “¡Ojalá se mueran, ojalá se mueran en la cárcel!”



Lisa Ptaschinski en prisión


Tracey Wigginton cayó en una profunda depresión cuando ingresó en la cárcel, pero fue adaptándose a las condiciones de la prisión de mujeres de Brisbane, en Boggo Road. Con los años, se convirtió en bibliotecaria y cursó estudios de computación. Su familia se quejaba de que curiosos y maniáticos los molestaron desde los comienzos del caso. Rhonda Hopkins, la madre de Tracey, dice que su hija “había soportado bien” la escuela. “Todos tenemos que cargar con nuestras vidas. Por favor, déjennos hacerlo dignamente”.



Tracey Wigginton en prisión


La familia Baldock no superó el impacto del crimen. La viuda, Elaine Baldock, quedó muy amargada. “No me cabe en la cabeza que fueran mujeres las que lo hicieron, que fueran mujeres”, declaró. La familia siempre se mostró disgustada porque, a su parecer, las sentencias fueron demasiado suaves. La muerte de Edward Baldock supuso para la familia el cobro de una generosa pensión que les permitió comprar una casa. Siempre habían vivido en sitios de alquiler. Su viuda colocó en la puerta principal una placa de bronce en recuerdo de su esposo. Años después, las peticiones de libertad condicional de las asesinas fueron sistemáticamente rechazadas.



La placa en memoria de Edward Baldock




VIDEOGRAFÍA:

Tracey Wigginton en Las verdaderas mujeres asesinas
video



BIBLIOGRAFÍA:










FILMOGRAFÍA:

33 comentarios:

Nelo dijo...

Saludos, como siempre gran articulo.

Anónimo dijo...

Algo que no se mencionò y que quisiera resaltar: ¿Y el hombre por què aceptò subir al vehìculo de las mujeres?
Si tanto querìa a su esposa (como ella a èl) hubiera regresado a su casa màs temprano y sin estar ebrio, sin aceptar ninguna oferta sexual. Èl tambièn eligiò en parte su destino

Laura Alfaro dijo...

Hubiera contestado de primeras si el internet no se hubiera caido T_T...

En fin, pasando a lo que me trae aquí, me asombra que en este caso hayan sido mujeres las que planearan este crimen. Es un buen recordatorio de que el ser humano, hombre o mujer, es perfectamente capaz de cualquier cosa.
Otro punto que me llama la atención fue el efecto que ejercía Wiggington sobre las demás, no quiero decir que las otras no sean responsables de la muerte de ese hombre, pero si me hace preguntarme si, en ausencia de ella, las otras hubieran llegado en algún momento a matar. Personalmente lo dudo mucho. Me recuerda un poco al caso de Klara Mauerová, a quien le lavaron el cerebro lo suficiente para pasar de ser una madre amorosa a torturar y comerse partes de sus propios hijos.
Un saludo a todos, especialmente a Escrito (sos groso, sabelo), a Karuna, Halford y Beausoleil, como siempre, los espero aquí para que discutamos los detalles de este caso y nuestros puntos de vista.

Laura Alfaro dijo...

Anonimo: entonces no podríamos ir de bares con amigos, porque podemos ser víctimas de asesinos, les estaríamos provocando. Yo considero que todos tienen derecho a salir, y no ser asesinados de esta forma tan miserable. Ten en cuenta que el alcohol le cambia a uno por completo la forma de pensar, y anula bastante el sentido común (según el borracho y la cantidad de alcohol). El sabía que estaba borracho, y desafortunadamente creyó que la oferta de llevarlo a la casa era de buena fe. Si hubiera estado menos borracho o sobrio, probablemente se habría salvado. Y sin embargo vemos que temió ser robado, así que no había quedado tan afectado por el alcohol.
Me parece desconsiderado tu comentario.

Halford dijo...

Buen caso, muy completo, el refràn dice "siempre hay un roto para un descosido" y creo que eso se aplica para estos casos, mentes dèbiles que se dejan dominar por una mas fuerte, sin embargo todas transtornadas, ya visto reiteradamente en el caso de las parejas crimales ( la mayoria), o bien el caso de vesago "el vampiro", o el mas famoso de Charles Manson y "la familia".

Independientemente de cualquier transtorno mental, estos asesinos planifican y ejecutan completamente concientes de las consecuencias de sus actos.

Incluso el comportamiento de Tracey Wigginton al regresar a buscar la tarjeta que la inculpaba en varias ocasiones, montar una estrategia o coartada, etc, demuestra que era capaz de discriminar lo correcto de lo que no lo es ( el bien del mal, se dice en forma teatral), el miedo a las consecuencias, es decir; independientemente de la supuesta "personalidad mùltiple" de la cual yo dudo, no se sostenìa juzgarla como enfermo mental.

En ocasiones los expertos cometen el error de solo juzgar el àmbito clìnico ( las sesiones de hipnosis, que no son infalibles) y no todo el patròn de comportamiento en las diversas fases del delito (toda la secuencia tiene relevancia).

Eso es un error y puede tener consecuencias terribles, afortunadamente en este caso los dictamines iniciales no fueron tomados en cuenta, prevaleciò el sentido comùn.

Por otro lado estoy de acuerdo, no se puede criminalizar a la vìctima, es una actitud muy facil, en el estado que estaba el sentido comun no prevalece, y aunque lo que hubiera motivado que subiera al coche hubiera sido la promesa de sexo facil, no merecia tal tipo de castigo.

Buen caso, saludos, ecrito,karuna, laura, todos los que en general por aquì pasan.

Hasta la pròxima

Verito dijo...

Hola!! ps ora si, m quede boquiabierta cn esta entrada, es increible como una personalidad fuerte (y desviada) sea capaz de hacer que tres personas adultas, sean complices de una muerte tan horrible solo por satisfacer sus deseos... excelente komo siempre.

loto0104 dijo...

ORALE, K GRUESO, DE VERDAD KE ESTABAN BIEN LOKAS ESTAS VIEJAS.POBRE TIPO Y PENSABA KE LO KERIAN ROBAR JA,

Alexander Strauffon dijo...

Buen articulo.

Mike dijo...

yo concuerdo con Halford, ella estaba conciente del crimen, por que regreso a buscar la tarjeta, sabia que habia consecuencias, no estaba loca, se hacia loca que es diferente, muy buen articulo como siempre.
Renuevo mi peticion, tendras algo del chacal de Tampico?

Osito Panda dijo...

Vi este caso me parece que en la nueva serie de "Las verdaderas mujeres asesinas" de Discovery. Desde luego, leer el artículo es muchísimo mejor. Más extenso, más detalles, sin dramatizaciones absurdas.

Estoy de acuerdo con lo dicho: aunque creo que cada quien es responsable de sus actos (así esté ebrio), eso no quiere decir que el pobre hombre se haya buscado que lo mataran así.

elena manson dijo...

ahh escritoo acuerdate de los west lo vienes prometiendo desde el año pasadoo!! no se te olvide!!

excelente como siempre
pero concuerdo con un anonimo
aunque ciertamente no merecia morir de forma tan cruel un "buen padre de familia" no se hubiera pirado por ahi con una desconocida a tener sexo :s

Shan dijo...

No soy feminista ni nada por el estilo, pero creo que eso de sorprenderse que el asesinato haya sido hecho por mujeres es algo... no se, sexista? Como dijeron en un comentario arriba, el ser humano es capaz de muchas cosas... sin embargo yo pensaría que fue hecho por un hombre debido a la brutalidad con que fue torturado el cuerpo.

La verdad este caso me indigno mucho, el pobre hombre que sin deberla ni temerla fue asesinado por unas tipas, elegido al azar sin más.

Ahora, la asesina me parece que si es una enferma mental, sin embargo en ese momento estaba lucida, quizas si tenía personalidades o algo... a lo que yome refiero quecon un pasado como el que tuvo es más probable que genere cierto odio a la gente y se convierta e una psicopata. Pero, aun asi merece castigo, pues planeo todo.

Y sus amigas, no me agrado el hecho de que dejaran a una en libertad. Tanto peca quien mata la vaca como quien le sostiene la pata.

Anónimo dijo...

Laura Alfaro: claro que nadie tiene derecho a morir de esa forma, pero el tipo eligiò (y si estaba ebrio tambièn es su responsabilidad) subirse al auto, y como menciona el artìculo, se sorprendiò por lo facil que serìa "tener sexo" con ella. Todo esto mientras su mujer se preocupaba por su bienestar. No seas machista. Y otros comentarios que se "sorprenden" por este tipo de crìmenes hechos por mujeres... nuevamente NO SEAN MACHISTAS.
Recuerden a Bathory... en lo personal, la asesina màs despiadada de la historia.

linda almanza dijo...

Escrito: excelente articulo... felicitaciones y gracias por compartir toda esta interesante información con nosotros .. pero la falta clasificación hace un tanto difícil acercarse a la biografia de nuestro interes; así que sugiero retomar al sistema de clasificación anterior ...(la cual no entiendo el porqué del cmbio)
GRACIAS

Laura Alfaro dijo...

Aver, a ver muchachos: Puedo sorprenderme y me sorprendo, porque independiente de machismos o pavadas de esas, la mujer tiene por naturaleza un comportamiento diferente, no tan agresivo. Me sorprendo también por la frialdad de mente de Bárbora Skrlová, me aterra que mujeres como las poquianchis pudieran hacerle tales cosas a iguales, las historias de las Bejaranos me dejaron bastante impresionada (quizas porque tengo un fuerte instinto materno). Y ni hablar de Bathory. Por algún motivo no me asombra tanto leer historias de asesinos hombres, pero las mujeres son cuento aparte.

Una vez, un profesor mío decía que esto del feminismo estaba un poquito mal planteado, porque la mujer quiso igualarse al hombre hasta en las cosas malas. Esta bien que compitamos por sueldos y trato igual, pero de ahi a buscar comportarse como ellos (en el mal sentido de la palabra, que se que hay hombres que no matan ni una mosca) es a mi modo de ver un enfoque equivocado.

Otra cosa: Cuantos hombres y cuantas mujeres hay en la lista de asesinos? Hablar de asesinos en serie es bastante común, pero las asesinas son muchísimo menos frecuentes, y por esa misma falta de frecuencia me asombra.

@shan: el sexismo va por punta y punta. No dices que por la brutalidad pensarias en que el crimen lo hizo un hombre? no sería ese comentario sexista hacia los hombres? Estarías diciendo que las mujeres son incapaces de ser brutales, y volviendo al ejemplo que me pusieron, tenemos a Bathory.

Para mí, es tan malo el feminismo fundamentalista, por llamarlo de algún modo, como el machismo.
Por si acaso: ni soy feminista, ni soy machista. Soy, simplemente. Y para mi hombres y mujeres son iguales, e igualmente capaces de todo, tanto de lo más sublime como de los crímenes más atroces. Y estos casos me lo recuerdan.

Saludos a todos.

Shan dijo...

@ Laura: No lo quice decir de esa manera, pasa que no me explique bien. Veamos yo, si fuera un investigador y viera la escena del crimen creeria que fue un hombre por la brutaliadad y con brutalidad me refiero a la fuerza que se uso, pero esa seria mi primera impresion. Lo dije por que en la mayoria de los casos un hombre es mucho más fuerte que una chica.

Laura Alfaro dijo...

@shan: No problem :)

Anónimo dijo...

HOLA A TODOS EN ESTA SEMANA DE VAMPIROS...

ME SORPRENDE QUE SENCILLO PLANEO LA MUERTE DE ESTE HOMBRE SI QUE INFLUIA MUCHO ESTA MUJER SOBRE TODAS WIGGINTON ME RECUERDA MUCHO A UNA PELICULA LLAMADA "DOROTHI" DONDE HABLA DE UNA CHICA QUE TIENE VARIAS PERSONALIDADES DE HOMBRE ASESINO, NIÑA BUENA, PROSTITUTA, Y QUE MATA A UNA PERSONA OJALA ALGUNO DE LOS PRESENTES EN EL BLOG LA HAYA VISTO Y PUDIERAMOS DOCUMENTAR ALGO AL RESPECTO, Y SI NO FUE UN JUEGO DE NIÑAS POR TANTO ESTUVO BIEN QUE LAS JUZGARAN COMO ADULTAS, QUIERO IMAGINAR QEU SIGUEN EN LA CARCEL, LISA Y TRACEY...

FELICIDADES POR LA ENTRADA"""

Beausoleil dijo...

Como dice Laura, el hecho de que fueran mujeres las que cometieron ese crimen sí es sorprendente ya que en esta clase de asesinatos la proporción de hombres es muchísimo mayor. Por supuesto que una mujer puede llegar a hacer cosas así, pero no es habitual ni mucho menos.

Ya para comentar un poco el crimen, es en sí mismo una chapuza y rebaja por completo las pretensiones de ese grupo de lesbianas de ser unas "asesinas diabólicas". Matar a un pobre hombre borracho, de esa manera, desnudo y en calcetines, y encima dejarse allí la tarjeta de crédito, no deja de ser ridículo y grotesco. Y una verdadera lástima, ya que por la foto, el hombre parece buen tipo.

(Nadie elige parte de su destino cuando es asesinado, esta argumentación también me ha parecido fuera de lugar.)

No acabo de entender por qué Tracey Waugh fue liberada. Y tampoco me creo que Wigginton bebiera sangre, todas esas historias de brujería y de dominio mental me parecen una patraña de sus amigas para echarle todas las culpas.

Saludos!

Karuna dijo...

¡Hola amigos, Laura Alfaro, Osito Panda, Halford, Beausoleil y en especial, Escrito con Sangre!

Una de las estrellas del crimen que estuve un buen tiempo, esperando por fin comparte su estremecedora historia.

Este caso lo había leído y visto en la serie de Discovery Channel, "Las verdaderas mujeres asesinas"; sin embargo, me llama la atención los detalles de su infancia y la crianza que sus abuelos ejercieron sobre ella, porque es información que nunca había leído en otras fuentes de información sobre este caso.

Siempre he pensado que una mujer cuando adopta la etiqueta de machorro ó lesbiana: es por la ausencia de una figura paterna ó el abuso sexual de la mujer a través de sus familiares en el sexo opuesto.

Por lo tanto, en el caso de Tracey Wigginton, se puede decir mucho más, el porqué deicidió ser lesbiana.

Ahora, su personalidad multifacética y manipuladora (cuyo origen no voy a tratar.) son claves del porqué trató de salirse con la suya, al culparla del asesinato de Edward Baldock.

Hay que entender, que cuando uno está en estado de ebriedad; el alcohol te hace perder de la realidad; aunque me llama la atención que Edward Baldock antes de morir, tuviera la precaución de guardar la tarjeta de Tracey Wigginton, en sus propios zapatos; cuya consecuencia, trajo a la perdición a Tracey Wigginton.

Por lo que veo, parece ser que se comenta más sobre la diferencia de géneros en el mundo del crimen.

Es cierto que hay pocas mujeres destacadas en el mundo del crimen, todavía tenemos en la cabeza que la mujer es sumisa ó se dedica a las tareas domésticas y que para nada entra en la sociedad.

¡En especial cuando se habla del vampirismo!

En mi opinión con respecto al debate que existe en los comentarios sobre lo estremecedor que es el rol de la mujer en el crimen, es mucho más intenso de lo que nosotros mismos pensamos.

Hay un lema ó un dicho, que dicen que el peor enemigo de la mujer es ella misma ó alguien que sea de su mismo género.

Es tan peligro de lo que el hombre puede visualizar.

¿Quién no recuerda el caso de Erzebeth de Bathory, mejor conocida como "La Condesa Sangrienta", el caso de Sylvia Likens, cuya asesina fue su vecina y niñera Gertude Baniszewski, "Las Bejaranos", Natsumi Tsuji "Nevada Tam", ni se diga de Juana Barraza Samperio "La Mataviejitas", Las hermanas Valenzuela "Las Poquianchis", Lizzie Borden: "La Asesina del Hacha", Pauline Parker y Juliet Hulme "Criaturas Celestiales", Styllou Christofi que asesinó a su nuera, Theresa Knorr que asesinó a sus hijas, y Winnie Judd "La Asesina del Baúl"?

Bueno, estas son las mujeres asesinas que mataron a su género que aparecen en este blog.

Pero hay un caso que me duele y me sorprende hasta a la fecha, el hecho de que cuatro mujeres adolescentes abusaran, torturaran y asesinaran de una forma tan cruel y vil a Shanda Sharer, teniendo ésta 12 años.

Yo espero algún día ver este caso en el blog, es una historia intensa y al mismo tiempo extraña, debido al lesbianismo que se muestra en la adolescencia.

En fin, me despido Halford, Osito Panda, Laura Alfaro, Beausoleil y en especial, Escrito con Sangre.

Nos leemos hasta el próximo domingo.

Fue un placer dejar mis huellas en este blog.

Saludos Karuna ^^

Karuna dijo...

Disculpen, es "¡En especial cuando se habla del crimen!"

No vampirismo.

Saludos Karuna ^^

Vale dijo...

Buenas tardes ..

Me ha parecido una buena entrada.

Personalmente me parece que podría pensarse en un principio que el asesino es hombre, diría yo por la fuerza necesaria para cometer el asesinato, depronto por ésta razón buscaron a una víctima que no estuviera en sus 5 sentidos y ellas pudieran tener un mayor control sobre él.

Pienso que una parte importante de lo que llevó a ésta mujer a ser la cabeza de tal acto atróz fué su infancia, claramente fué traumática y además del odio que su madrastra engendró hacia los hombres cuando las golpeaban fué violada desde muy pequeña lo que explicaría un poco el transtorno que podía presentar ésta mujer, además de haber sido abandonada por su propia madre. Éste cúmulo de cosas pueden haber ayudado a un odio hacia los demás, no sintiéndose como parte normal de la sociedad.


PAra aquel que quiera saber acerca del caso de Bathory, dejo éste link que me pareció el más apropiado http://www.portalplanetasedna.com.ar/asesinos6.htm

Saludos a Escrito, Karuna, Laura, Beausoleil y Halford, que veo escriben mucho a éste Blog :)

Vale dijo...

A propósito me gustaría tener contacto con quienes también estén interesados en éstos temas, mi correo es :

valentina5115@hotmail.com

Saludos :)

Osito Panda dijo...

Karuna:

Nadie, nadie, nadie, ABSOLUTAMENTE NADIE "ELIGE" ser homosexual. Las vivencias de esta mujer en la infancia sin duda determinaron su personalidad en su vida adulta, pero de ninguna manera determinaron sus preferencias sexuales. Tu argumento me parece falto de tacto y de fundamento.

Yo soy lesbiana. No abusaron de mí en la infancia, no soy psicópata ni nada por el estilo. Aunque debo aceptar que es cierto que, si una mujer es psicópata, lo más seguro es que sea lesbiana, pero por supuesto que al revés no aplica igual (o sea que no por ser lesbiana la mujer será psicópata).

Karuna dijo...

Osito Panda: Bueno, no por ser mala; explícate por qué eres lesbiana.

Puedes contestar la pregunta en mi blog.

http://lilithcrystal.blogspot.com/

Saludos Karuna ^^

Osito Panda dijo...

Karuna: ¿Tú eres heterosexual? ¿Lo eres porque elegiste serlo o porque te obligaron? ¿O porque desde siempre te atrajeron personas del sexo opuesto?

Lo más probable es que lo que contestes podrá aplicarse como mi respuesta a tu pregunta. Yo no elegí ser lesbiana, la atracción que siento por otras mujeres no es algo que decidí, es algo que simplemente siento. Buscar explicaciones a eso es tan absurdo como buscar explicarse por qué alguien es heterosexual.

Karuna dijo...

Osito Panda:

Como me lo habías dicho anteriormente, nadie elige su sexualidad.

Ese día que me dijistes que mi respuesta no tenía fundamento y carecía de tacto, me enojé demasiado.

Porque sentí que me atacastes como si se tratara de una persona homofóbica.

Si sentiste que te ofendí áquel día, déjame decirte que no fue mi intención hacerlo.

Yo no conozco a profundidad el tema de la homosexualidad. Pero puedo decirte que tengo amigos abiertamente homosexuales que los respeto.

No soy una persona de izquierda, ni de derecha.

Así que por mi parte dejo en paz, este asunto.

Saludos Karuna ^^

Anónimo dijo...

me parece sanguinario el debate entre una lesbiana y su amiga

Chocolate Ruby dijo...

Leo mucho machismo por aqui...

Bueno el pobre gordito se lo busco, no estaba del todo borracho, sabia que tendria sexo posiblemente con una de esas mujeres, y estando casado....

Incluso escondio esa tarjeta en sus zapatos, por que estaba pensando con total normalidad...

Chocolate Ruby dijo...

No apruebo ese delito ojo >)

Ampersand dijo...

En el mundo nocturno de Brisbane, este cuarteto de mujeres buscaron diversión, y la dominante, Wigginton, tenía ideas contradictorias, motivo por el cuál, sin conocerla a profundidad, sus compañeras acuñaron la idea del vampirismo, y no les sorprendió la compulsiva necesidad de asesinar, para satisfacer su supuesta sed.

Y se encuentran a otro noctámbulo, que en su noche de mala suerte, pensó que rompería la rutina de alcohol en la noche y cruda y regañiza en la mañana, para aceptar dar el rol y tener sexo .... pero no tan idiota, vió la tarjeta de Wigginton y que la guarda en su zapato, momento que fue crucial, porque facilitó las cosas, permitió esclarecer su asesinato.

Nada tiene que ver la preferencia sexual del ser humano (nótese que ya no doy género en esta aseveración), para que siguiendo ideas que puedan parecer divertidas o en el estilo de vida adoptado sean necesarias, satisfaga el ansia o impulso de tomar una vida en pleno uso de facultades, o inclusive si se encuentra transtornado por efectos de sustancias, tiene completo discernimiento del bien y el mal, porque eligió usar alguna sustancia para sentir sus efectos.

El problema no es la afición a cualquier corriente de pensamiento que inclusive sea ofensiva para "las buenas conciencias", porque hay mucha gente en el mundo que comparte estas aficiones y no siente necesidad de tomar una vida ... creo que sintieron que era muy fácil hacerlo, pero no salió todo como lo imaginaron .... Saludos !!!!

liz AR dijo...

Excelente artículo , me encantó además el hecho de que está bastante completo, con imágenes, videografía y tanta historia de trasfondo.

Anónimo dijo...

Hola.
Interesante caso.
En el texto dice que la víctima era obeso; pero no se verifica en las fotos del cuerpo.
Saludos.