Sean Sellers: "El Matricida Satánico"



“¡Ahí lo tenéis señores es la bestia!
¡El hombre sin entrañas, el ladino,
el ser más despreciable, el asesino
que priva de la vida sin molestia!
¡Es un chacal! malvado y truculento,
un ente sin piedad ¡Un matricida!
Quien con sus garras arrancó la vida
de la mujer que le brindó el sustento.
De la mujer que lo veló de niño,
de la mujer que lo forjó en su sangre,
de esa mujer que como toda madre
le arrulló alguna vez en su corpiño…”
Efraín Alatriste Nava. “El Matricida”


Sean Richard Sellers nació el 18 de mayo de 1969 en California (Estados Unidos). Sus padres, una joven de 16 años llamada Vonda y un hombre alcohólico e inestable, se divorciaron cuando él tenía tres o cuatro años. La madre se casó entonces con un camionero, Paul Bellofatto, con el que salía a menudo de viaje por el país, dejando al niño al cuidado de parientes. No obstante, Sean Sellers los acompañaba en muchos de estos viajes.



El niño Sean Sellers y sus padres


Cuando tenía seis o siete años, Sean Sellers comenzó a oír voces en su cabeza, que a menudo lo criticaban. En ese momento pensó que todo el mundo oía voces así. Durante años mostró una conducta extremadamente paranoide. En su habitación, ponía hilos en las puertas y cepillaba la alfombra en una dirección determinada antes de salir para saber luego si había entrado alguien. Sufría drásticos cambios de humor, que lo llevaban de la euforia a la depresión suicida. Al llegar a la adolescencia se obsesionó con el Bien y el Mal, con Dios y con el Demonio. Una noche, Vonda Sellers Bellofatto abandonó a su hijo Sean: aunque decía que lo quería, no vivía con él. Sean añoraba su amor y su comprensión, pero jamás los tuvo. Este enorme vacío emocional se llenó cuando se convirtió en miembro de una secta satánica. Sean estuvo solo desde los catorce años, mientras sus padres viajaban como camioneros. Entonces fue cuando se unió a la secta que se reunía en una casa abandonada para practicar sacrificios con muñecas. Coleccionaba objetos rituales. Las reuniones secretas de los satanistas eran una expresión de desafío contra los adultos.



La casa donde se reunía la secta


Sellers se extraía sangre y la guardaba en el refrigerador, en frascos que a veces bebía en la escuela. Llevaba a cabo actos de automutilación, como introducirse objetos puntiagudos en el cuero cabelludo. Comenzó a tomar drogas, entre ellas, anfetaminas que lo ayudaban a mantenerse despierto para realizar sus ritos. Cuando se dormía, soñaba con matar y mutilar a personas. En cierto momento comenzó a tener sueños en los que mataba a sus padres. El consumo de drogas y la ingestión de sangre eran actos de rebeldía contra el mundo “normal”, representado por esos padres que abandonaban a sus hijos. La apasionada necesidad de amor materno le transformó en el severo juez de sus actos. Había sufrido una seria privación emocional, y la combinación de drogas alucinógenas y magia negra, mermó trágicamente el sentido moral que pudiera tener. El valor de la vida era insignificante para él. Sobre esos días, Sellers declararía: “Invitaba a los demonios a entrar en mi cuerpo y oía todas esas voces en mi cabeza... Me decían cosas como ‘dispara contra la clase, mata a todos los de la clase’. Al principio me gustaba. Luego llegué a un punto en el que perdía el contacto con mis emociones. Llevaba mucho tiempo sin sentir nada. Ya no podía llorar. Sólo me sentía vacío por dentro. No era odio ni enfado, sino vacío”.



Padres ausentes (click en la imagen para ampliar)


A los dieciséis años, Sellers se había mudado alrededor de treinta veces, por lo que se había convertido en un muchacho que buscaba la soledad para no tener que enfrentarse al hecho inevitable de dejar a sus amigos. Era inteligente y tenía un buen rendimiento escolar, pero emocionalmente estaba cada vez más perturbado y se iba aislando de la realidad. La familia de Sean Sellers aprobaba y utilizaba la violencia. Su madre y su padrastro siempre llevaban armas de fuego cuando viajaban. Uno de sus tíos, que lo llevaba a veces de cacería, lo enseñó a matar animales pisándoles la cabeza y tirando de las patas. Sean Sellers contó a un psiquiatra que, en cierta ocasión, su tío había sujetado a un mapache herido colocándole un hacha en la cabeza y había tirado de las patas del animal hasta separarle la cabeza del cuerpo. Ese tío suyo lo llamaba a menudo “inútil” por negarse a participar en este tipo de actos violentos, y su padrastro incluso lo castigaba por ello.






Una amiga de Sean Sellers


En septiembre de 1985, un sábado por la noche, Sean Sellers, ya con dieciséis años de edad, tomó prestada una pistola Magnum 357 que pertenecía al abuelo de su amigo Richard y los dos amigos se fueron con ella al supermercado Circle K, cuyo dependiente, Robert Bower, se había negado en una ocasión a venderles un lote de seis latas de cerveza. Al llegar al mostrador, charlaron con él un momento mientras terminaba su café; entonces, sin previo aviso, Sean sacó el arma y le disparó en la cabeza.



El cadáver de Robert Bower


El lunes 3 de marzo de 1986, Sean Sellers entregó en su escuela una alarmante redacción, que comenzaba con una cita de un manual de un culto californiano, llamado La Biblia Satánica: “Fíjate en el crucifijo. ¿Qué simboliza? ¡La pálida incompetencia colgando de un árbol!” A continuación, el joven describía su conversión al satanismo: “El satanismo me enseñó a ser mejor persona en mi propio provecho, no en el de los demás. ¿Por qué no debería disfrutar del sexo o adorar a otros dioses? Yo no trato a los demás como creo que deberían tratarme, sino igual que ellos me tratan a mí”. Después hablaba de un modo siniestro de los frutos de su nueva fe: “Soy libre. Puedo matar sin remordimientos. He visto y experimentado horrores y placeres indescriptibles en un papel”. El colegio se puso en contacto con la madre de Sean, para hablar con ella sobre el texto de su hijo. Al darse cuenta de que había descuidado mucho al chico, se sentó a escribirle una larga y reconfortante carta. Dejó la carta en la habitación del muchacho; ya estaba casi dormida cuando él volvió a casa aquella noche. Sin embargo, aunque vio el sobre, él no se molestó en leerla. En ella su madre le decía: “Yo siempre te querré. Si me dejaras entrar en tu corazón, yo te ayudaría. Siempre estaré aquí cuando me necesites. Puedes contar conmigo para lo que sea, hasta el día en que me muera”.



Símbolos pintados por Sellers en una barda


Poco después de la medianoche del martes 4 de marzo, Sean Sellers apagó dos velas, una blanca y otra negra, que ardían en su habitación del dúplex en que vivía en la ciudad de Oklahoma y salió sigilosamente al vestíbulo. Satán lo ayudaba. Y esa noche, Satán dictó una sentencia de muerte. Sean lo escuchó. Descalzo y vestido sólo con la ropa interior, se movió lo más deprisa posible. Llevaba en las manos una pistola Smith and Wesson calibre .44 que pertenecía a su padrastro, Paul Bellofatto. Abrió la puerta de la habitación. Paul y Vonda, su madre, dormían plácidamente. Sean se detuvo lo suficientemente cerca de la cabecera de la cama de agua, para asegurarse de que estaban profundamente dormidos. Entonces levantó el arma tranquilamente y efectuó un disparo en la cabeza de Bellofatto. Vonda Sellers se despertó confusa al oír el tiro y alargó la mano para tocar a su marido, justo cuando su hijo volteaba la pistola hacia ella y disparaba de nuevo. A diferencia de su esposo, ella no murió instantáneamente. La primera bala le atravesó la mejilla y se desplomó aturdida sobre la cama tratando de identificar entre las sombras al asesino. Tras el segundo disparo, la sangre brotó de un lado de la cabeza y quedó inmóvil sobre la almohada. En sus declaraciones posteriores, rememoraría: “Yo estaba allí, mirándolos. Y mi madre… de la cabeza le salía un reguero de sangre. Me quedé allí y me reí”.



Los cadáveres


Sean Sellers salió de la habitación y se dirigió a su recámara. Después de ducharse y vestirse, el joven regresó al cuarto de su madre y lo saqueó. Quitó el pestillo de seguridad de la puerta del patio y la abrió, para que pareciera que alguien la había forzado desde afuera. Luego cogió el coche y recorrió dieciséis kilómetros hasta llegar a la casa de un amigo del colegio, Richard Howard, donde escondió el arma. Los dos compañeros charlaron toda la noche sobre lo que Sellers había sentido al disparar. A las 08:30 horas se marchó rumbo a la pizzería donde trabajaba su madre; pidió hablar con ella. Explicó que se había quedado a dormir en casa de un amigo, que iba a llegar tarde al colegio y que necesitaba que le escribiera una nota para justificar el retraso. Pero no la esperaban hasta las nueve, así que Sellers se marchó diciendo que seguramente la encontraría en casa. Media hora más tarde, los vecinos del tranquilo barrio de Summit Place vieron a Sellers corriendo por la calle, de arriba abajo, gritando algo sobre sangre. Pasaron unos minutos antes de que alguien consiguiera tranquilizarle para que hablara con algún sentido. Lo primero que hizo fue pedir una ambulancia.



La casa de los Sellers


Aquella misma madrugada, el detective Ron Mitchell, del Departamento de Policía de la ciudad de Oklahoma, interrogó a Sean. Enfrentándose a las preguntas del detective con sus cándidos ojos azules y una voz tranquila y educada, el muchacho pudo dar cuenta de todos sus supuestos movimientos. Accedió a que tomaran sus huellas dactilares y dio el consentimiento para que registraran la casa. La vivienda presentaba indicios de un robo desastroso, y al principio no había nada que corroborara la corazonada de Mitchell de que aquel joven no era tan inocente como parecía. Pero los ladrones no suelen agredir a la gente dormida y, tras investigar más detenidamente, se descubrió que la puerta del patio fue abierta desde el interior.








Aquel mismo día ocurrió algo decisivo para el caso. El detective recibió una llamada telefónica del director del colegio de Sean, el Puttnam City North High. Cuando el policía oyó esto, recordó inmediatamente el asesinato, todavía sin resolver, del dependiente nocturno de un supermercado local. Tuvo la certeza de que había dado con el asesino de Paul Lean Bellofatto y su mujer, Vonda Sellers. Lo que hundió a Sellers fue una fanfarronada. La policía centró su atención en la escuela y se encontraron con que varios estudiantes le habían oído decir que sabía lo que se sentía al matar a alguien. Pero fue Richard Howard quien proporcionó la información crucial. Contó que Sean había ido a su casa después de matar a Bellofatto y a su madre, y condujo a los agentes hasta el arma del crimen. También confesó que el 7 de septiembre de 1985, estuvo en el supermercado Circle K y vio a su amigo matar al dependiente nocturno de un disparo.



Los objetos coleccionados por Sellers


Eso fue suficiente. El jueves, 6 de marzo de 1986, Sean Sellers fue acusado de tres cargos de asesinato en primer grado. El juicio comenzó el 24 de septiembre de 1986, en el Palacio de Justicia del condado de Oklahoma; presidía la sala el juez Charles Owens. Sean se declaró inocente de todos los cargos. El asesino rubio de los ojos azules permaneció callado el resto del proceso, guardando el código de silencio satánico. Uno de sus abogados, Ravitz, intentó que lo enviaran a un centro de tratamiento para delincuentes juveniles. El ayudante del fiscal del Distrito, Wendell Smith, replicó presentando un informe psicológico en el que se decía que era probable que Sean opusiera resistencia al tratamiento. Smith señaló, además, que estos centros ponen en libertad a los pacientes en dos años, incluso menos, tiempo insuficiente para mantener al asesino fuera de la sociedad. El juez Manville T. Burford estuvo de acuerdo con él y el acusado fue procesado corno un adulto.



Sean Sellers bajo arresto


La estrategia de la acusación, dirigida por el fiscal del distrito, Robert Macy, consistió en demostrar un móvil racional para los crímenes. Sus amigos le preguntaron qué haría si lo descubrieran; el joven respondió fríamente: “Alegaría demencia”. El fiscal se enteró de esta conversación y la utilizó en el juicio contra el acusado. Sin embargo, un psicólogo le diagnosticó como sociópata, lo que quería decir que estaba cuerdo, pero era incapaz de sentir remordimientos. A medida que iban subiendo al estrado los amigos del acusado, Macy hacía hincapié en la actitud de éste hacia su madre. Sellers había comentado a menudo que su madre no aprobaba a sus amigas y que todo iría mejor si ella no estuviera siempre en medio. Un día, quejándose del modo en que ella le trataba, le comentó a una amiga: “He matado a gente por menos de eso”. Se refería al asesinato del dependiente que Richard Howard, que lo había presenciado, describió a la sala con todo detalle. El fiscal calificó el suceso como un ensayo, a sangre fría, del posterior crimen de sus padres.



En respuesta, el ayudante del defensor público Bob Ravitz, el abogado de Sean, aseguró que su cliente era víctima de una posesión satánica. Curtis Jackson, un detective californiano, especializado en casos de ocultismo, estuvo presente durante toda la investigación, pero la policía local no le prestó demasiada atención. Ravitz compartía con él la teoría de que el acusado había matado a su madre y a su padrastro en un sacrificio de sangre ritual, y se propuso demostrar cómo pudo haber caído bajo un estado mental demoníaco.



Preparó el terreno leyendo en voz alta la última carta de Vonda, desacreditando así la hipótesis del fiscal de que Sean y su madre eran prácticamente enemigos. Cuando el acusado oyó el amoroso mensaje, se derrumbó por primera y última vez. La defensa llamó al estrado a varios expertos en cultos satánicos y en el juego de rol Calabozos y Dragones o Dragones y Mazmorras, al cual Sellers era aficionado. La mayoría de estos expertos eran padres que habían perdido a sus hijos en extrañas circunstancias y sus testimonios fueron muy efectivos. Al final, el letrado demostró que los crímenes de los que se acusaba a su cliente tuvieron lugar en, o cerca de, festividades satánicas que requerían sacrificios de sangre, y estos argumentos reforzaron el sentimiento de que Sellers estaba supuestamente “poseído”. El interés de los medios de comunicación por la teoría de la posesión satánica, mantenida por la defensa, al final resultó perjudicial para el acusado, ya que le dio una imagen de cínico manipulador de la simpatía del público.



Dragones y Mazmorras (click en la imagen para ampliar)


En su alegato final, el fiscal pidió la pena capital. Tras deliberar durante veinticuatro horas, el jurado encontró a Sean Sellers culpable de todos los cargos. Lo sentenciaron a muerte, pese a que era un menor de edad. El 14 de octubre de 1986, se convirtió en el preso más joven del pabellón de la muerte de Oklahoma, en espera de ser ejecutado con una inyección letal. Los médicos de la prisión volvieron a examinar al reo, y varios psiquiatras analizaron los anteriores diagnósticos sobre su estado mental. Curiosamente, llegaron a la conclusión de que Sean era un psicópata, y que su problema mental y conductual escapaba a su dominio.



Tras las rejas


Sean Sellers se convirtió en una celebridad nacional. En diciembre de 1986, la revista People publicó un artículo sobre el chico que mató en nombre del diablo y también apareció en los programas televisivos de Oprah Winfrey y Geraldo Rivera. A los medios de información siempre les contó la misma historia. Decía que él quería mucho a su madre y a su padrastro, y que se había visto obligado a matarlos porque “lo poseyó el demonio”. También aseguraba que había renunciado a Satán y se había convertido en un buen cristiano. En 1987, Sean fue uno de los treinta presos del pabellón de la muerte incluidos en un estudio a nivel nacional sobre los asesinos juveniles.






Sellers entrevistado por los medios


La doctora Dorothy Lewis, catedrática de psiquiatría, examinó a Sean Sellers y descubrió que era un psicótico crónico, con síntomas de esquizofrenia y con otros trastornos de personalidad importantes. Manifestó que su contacto con la realidad era deficiente y que a veces lo dominaba la fantasía. Añadió que la sentencia de muerte para Sellers era injusta y cruel. El Estado de Oklahoma no había llevado a cabo ninguna ejecución desde 1976 y Sellers permaneció durante muchos años en su celda, esperando. En 1988, afirmó: “Aunque sea un yo distinto, sigo siendo yo, ¿no? Y si es otro yo mío el que hace algo horrible y malo, ¿no es una parte mala de mí mismo la que lo hace? Quiero asumir esa culpa. No quiero estar siempre racionalizándolo, y normalmente eso es lo que parece que hago cuando trato de explicarlo. Si pudiera ir al tribunal y explicarlo todo, incluso quién soy ahora, creo que no me impondrían la pena de muerte”.



La prisión


Sean Sellers agotó todas sus posibilidades de presentar apelaciones estatales en 1995, al resolver la Corte de Apelaciones en lo Penal de Oklahoma que había renunciado a su derecho a alegar un trastorno de personalidad múltiple porque podía y, por consiguiente, debía haberlo hecho en el juicio oral. La Corte dijo que las pruebas del trastorno no pertenecían a la categoría de “recién descubiertas”, que es lo que podría haber hecho posible un fallo positivo en la apelación. El 30 de noviembre de 1998, la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó la apelación definitiva de Sean Sellers.



El fiscal general de Oklahoma pidió inmediatamente a la Corte de Apelaciones en lo Penal del estado que fijara la fecha de la ejecución, lo cual se hizo. Sellers declaró a los medios: “Me acabo de enterar de que la Corte Suprema me ha rechazado. Por la radio, claro. Odio enterarme de las cosas por la radio. Es una falta de respeto para los que estamos aquí. En mi caso, lo siguiente que harán será llevarme a una celda especial a esperar la ejecución. Me quitarán el material de arte, las cuchillas de afeitar, los cordones de los zapatos y el cinturón, y me pondrán en una celda de máxima seguridad con dos puertas en vez de una. Allí estaré aislado de todo el mundo. Iré al patio solo y no tendré contacto con ningún otro recluso. Dondequiera que vaya llevaré grilletes en los pies y esposas, incluso durante las visitas. La lucha no ha terminado, pero la muerte ha aparecido ya. A partir de ahora, estará cada vez más cerca”.



Sean Sellers en su celda


Muchos personajes públicos pidieron el perdón para Sellers, entre ellos Desmond Tutu, Bianca Jagger, la Unión Europea y la Asociación de Abogados de América. Amnistía Internacional emprendió una larga campaña para salvar la vida de Sean Sellers. Pero no tuvo efecto. El gobernador declaró que jamás lo indultaría.



El 5 de febrero de 1999, a las 00:17 horas, Sean Sellers fue ejecutado con una inyección letal. Sus últimas palabras fueron: "Toda la gente que me odia ahora y está aquí esperando para verme morir, cuando se levante por la mañana, no se va a sentir diferente”.



Poseído por el Demonio (click en la imagen para ampliar)




BIBLIOGRAFÍA:


18 comentarios:

Verito dijo...

Wow!! komo siempre no me decepcionaste, una excelente entrada. Valio la pena la desvelada!!! Besos

Anonymous dijo...

Y EL MATERIAL ALUSIVO AL CASO: ES DECIR LOS SOUVENIRS PELÍCULAS LIBROS ETC ETC??????????????????????????????????????????
SALU2S

Anonymous dijo...

hola, muchas gracias por tus entradas que son fantasticas.. es lamentable que uno como padre no se percate a tiempo de algun padecimiento mental de sus hijos, en este caso lo mas seguro que es esquizofrenia y si se le hubiera tratado a tiempo a lo mejor se evitaba esto, en fin el hubiera no existe, muchas gracias!

Laura Alfaro dijo...

Que raro que en presencia de un joven trastornado, le echen la culpa a cosas externas.
Como experta jugadora de rol, tengo que aclarar que el juego Dungeons & Dragons:
1. No es un videojuego, aunque hayan surgido videojuegos a partir de este. Es un juego de rol, en que un grupo de chicos se reune para dar vida a un personaje, y enfrentarse a pruebas en un mundo descrito por uno de ellos, que es el llamado Dungeon Master o Amo del Calabozo, en español. Para llegar a ser master hay que jugar mucho, y saber narrar historias, saber improvisar, y saber manejar a los otros jugadores.
2. Siempre habrá alguien que no sepa diferenciar la realidad de la fantasía. Pasa con las películas, siempre hay alguien que cree que son reales. Desafortunadamente en el caso del rol, pasa lo mismo. Normalmente tratamos de controlar y ayudar a aquellos que tienen este problema, y algunos no dejamos que niños menores de 15 años jueguen rol, ya que aun no saben diferenciar bien realidad de fantasía. Y sin embargo, se nos cuelan. Pero no es por culpa del juego, yo he jugado muchas variedades de juegos de Rol, no solo D&D, me precio de saber manejar como pocos un juego llamado Mundo de Tinieblas, y no he ido a sacrificar gatos y mis padres aun estan vivos. Esos casos no son el comun denominador, la inmensa mayoría de los jugadores de rol lleva una vida normal e incluso tienen buen desempeño escolar/laboral.

Esto, para que cualquier lector lo tenga en cuenta, porque siempre que un joven comete un crimen, los primeros culpables en la mente del público son el Heavy Metal y los juegos de Rol. Este chico tenía serios trastornos mentales, y desafortunadamente lo vincularon con los JdR. Pero el problema estaba en la mente del chico, no en el juego, ni en la música.
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es que me ofende sobremanera que siempre echen la culpa al rol, si los roleros solemos ser más pacíficos y equilibrados que la media.
Excelente caso, Escrito. Estoy esperando el próximo.

Elena hepburn dijo...

yo opino que aunque tenga un poco que ver el escuchar, ver equis pelicula o jugar equis cosa no te vuelve asesino. Como si marilyn manson o etc los hubieran matado ellos mismos

Catherine dijo...

Estoy de acuerdo con Laura y Elena. Es del tipo de la misma crítica que se le hace a los videojuegos. Por jugar Grand Theft Auto no voy a salir a matar individuos en la calle para reunir dinero...

El caso es que uno nunca sabe con que clases de mentes trastornadas puedes encontrarte y como esto les afecta. Gran parte de la responsabilidad en este caso es de los padres que desampararon a su hijo en la etapa de la definición de su personalidad

Excelente caso, Escrito :)

Anonymous dijo...

Soy nuevo en este blog. Muy bueno. Saludos

loto0104 dijo...

UNA MENTE PERTURBADA MAS,K SE UNE AL YA TAN LARGO HISTORIAL DEL CRIMEN.EXCELENTE,BUEN CASO COMO SIEMPRE ESCRITO;FELICIDADES

Anonymous dijo...

Lo unico malo es que pasó mucho tiempo hasta que le dieron la inyeccion letal...Muy bueno el sitio. Saludos desde Argentina.

The Clairvoyant dijo...

Que buen Blog!!! es excelente! Los felicito! Sigan asi!

Saludos!!!

Anonymous dijo...

Muy bueno saludos desde Córdoba, Argentina

Karuna dijo...

¡Hola amigos, Halford y en especial, Escrito con Sangre!

Hace unos días, discutí con mi hermano acerca de cómo la gente representa a una persona fría y calculadora.

Hablando de ficción, el estereotipo de una persona fría y calculadora es ser aislada, una persona sin expresar emoción y sentimiento, una mirada y pensamiento indiferente.

Mi hermano me decía que nadie le ha dado el verdadero aspecto de la persona fría y calculadora, porque no han sabido como expresarlo.

Sin embargo, cierto día llegué a pensar que el concepto era demasiado ideal.

Mi hermano me dijo sí existe, la frialdad. "Una persona que no acepta que existe la frialdad, es una persona que se justifica", eso fue lo que respondió mi hermano.

¿A qué puedo llegar con todo esto?

Sean Sellers, conocido como "El Matricida Satánico", se le puede llamar un arquetipo de una persona fría y calculadora, claro que eso llamó la atención al público, ni se diga de muchas entrevistas.

Entonces, a mí se me hizo absurdo que por haber asesinado a un hombre en una tienda de supermercado, a su progenitora y a su padrastro le hayan dado la pena de muerte.

Yo pienso, que la gente e incluso la justicia le temía, no sólo por sus crímenes.

Sus antecedentes de aislamiento y la ausencia de sus padres, hizo que creciera el odio hacia ellos.

Sus pensamientos e influencias que se mostraron al dedicarse a la doctrina del satanismo.

Fueron los suficientes motivos que lo consideraban un ente peligroso, además de su comportamiento frío y calculador ante la sociedad, y para acabar de una vez con él, lo ejecutaron.

Haciendo un enfásis, estoy totalmente de acuerdo con los comentarios sobre el juego de Dragones y Mazmorras.

Ningún objeto que tenga "aspectos oscuros" y que sea mostrado en la sociedad, por ningún motivo te hará influenciable a ciertos aspectos.

Eso dependerá de la persona ó no dejarse influir.

Recordemos el caso de Charles Manson y la Familia "Helter Skelter", que bajo efectos de drogas y usando como arquetipo el disco del "Álbum Blanco" de The Beatles, lo usaron como pretexto para justificar sus crímenes.

En fin, los padres deben acercarse más a sus hijos antes de que sea demasiado tarde.

Las situaciones económicas no son más importantes que las situaciones que pasan los hijos.

Fue un placer dejar huellas en este blog.

Nos vemos Tony, Halford, Laura Alfaro y en especial, Escrito con Sangre.

Saludos Karuna ^^

Anónimo dijo...

podian informarse mas con estos temas, yo soy jugadora tambien, heavy y ademas jugaba al final fantasy 8, y gracias a gente que enseguida culpa a los JdR y a los videojuegos he tenido problemas en casa. como dice aki mi compañera, no me dedico a matar gatos. siempre hay alguien ke lleva las cosas al extremo, que no distinguen realidad o ficcion o entre el bien y el mal, pero no son asi todos roleros ni la demas gente con otros intereses como los interesados en peliculas, como el caso de Warlock, un tio que despues de verse la peli hasta la saciedad, mato al niño vecino para crear una pocima para poder volar

Anónimo dijo...

muy buen relato, como todos los que publican en este blog les recomiendo a los lectores que vean el documental TRISTEZA INFINITA HISTORIA DE UN CONDENADO A MUERTE en donde se aborda la historia de este tristemente personaje celebre.

Anónimo dijo...

Me quito el sombrero ante el Gobernador quién no cedió ante presiones externas de gente pendeja que defiende asesinos para que indultara a este engendro,en USA las autoridades parece que si saben hacer su trabajo no como aquí que sueltan a criminales peligosos o hasta se alian con ellos, Sean Sellers ojalá el diablo te viole en el infierno con un fierro al rojo vivo para toda la eternidad.

Ampersand dijo...

En este caso me atrevo a citar que como en otras reseñas (John Allen Muhammad y Lee Boyd Malvo, o los hermanos Tamerlán y Dzhokhar Tsarnaev) este amigo fue ejecutado en la firme intención de exhibirlo como ejemplo, ya que asesinó sin remordimientos a sus padres; tal y como los arriba mencionados menoscabaron valores y criterios característicos y representtivos de la sociedad estadounidense.

la gran diferencia es que padecía esquizofrenia paranoide, con una notable disociación de la realidad, con un muy marcado mundo alternativo: en su mente no había empatía hacia sus semejantes, y como bien has descrito, faltó en su desarrollo el amor materno, careció de un firme modelo de esa índole, lo que aunado a su condición, resultó muy contraproducente para sus familiares.

Se que es un tanto complicado determinar quien está en capacidades mentales adecuadas o no, pero es un intento de estandarizar comportamientos en vías de prevenir acciones como ésta. A quienes tengan familiares con estas condiciones todo mi aopoyo y comprensión; hacen lo que les corresponde por mejorar su calidad de vida, creando un entorno afectivo que les permite sobrellevar con más tranquilidad su padecimiento. Saludos !!!!!

quetzal dijo...

tan poseido estaba que se creo una cohartada de robo para que no lo culparan...bien merecida la pena de muerte

Anónimo dijo...

que lindo *_* encima satanista!!