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José de León Toral: el asesinato de Álvaro Obregón



“En la cresta triunfal de una ola de sangre, la propia y la ajena, Álvaro Obregón añora secretamente la muerte”.
Enrique Krauze


Álvaro Obregón Salido nació el 19 de febrero de 1880 en la hacienda de Siquisiva, Sonora (México). Fue hijo del agricultor Francisco Obregón y de Cenobia Salido. Su padre murió el mismo año en que él nació. Desde el momento de su nacimiento, la vida de Obregón quedaría vinculada irremisiblemente con la muerte. Cumplió cinco años sin hablar, ni siquiera monosílabos. Con el tiempo, relacionaría su nacimiento con la muerte de su progenitor, aunque no hubieran ocurrido simultáneamente. Un rasgo de culpa se alojó siempre en su interior.



Álvaro Obregón


Obregón pertenecía a la clase media provinciana; sus estudios de primaria los realizó en Álamos y en Huatabampo, en una escuela dirigida por su hermano José; además, tres de sus hermanas eran profesoras y se ocuparon de su educación: Cenobia, María y Rosa Obregón. “En mi casa éramos tantos hermanos que, cuando había queso gruyere, a mí sólo me tocaban los agujeros”, contaba. Tuvo diecisiete hermanos y su familia sufrió muchas carencias económicas, sobre todo después de la muerte de su padre. Desde niño aprendió las faenas agrícolas y convivió con los indios mayos. Uno de sus hermanos, José, dirigía una escuela en Huatabampo. Obregón cursó allí la educación primaria. Era aficionado a leer, sobre todo poesía, pero las necesidades económicas de su familia lo obligaron a abandonar la escuela y trabajar desde niño.



Ya adolescente, la muerte llegó de nueva cuenta a su lado. Su hermana mayor, Rosa, lo recordaría años después: “Teniendo Álvaro como quince años, trabajaba en la hacienda de nuestro hermano Alejandro, situada como a treinta leguas de Siquisiva. Ambos dormían en una misma pieza, y una noche, estando ya dormidos, Álvaro despertó sobresaltado y quejándose en forma angustiosa. Alejandro despertó, y al darse cuenta de lo que le pasaba, se apresuró a preguntarle, azorado, la causa de aquello. Álvaro, ya vuelto en sí, le dijo que acababa de tener un horrible sueño en que había visto muerta a nuestra madre. La impresión de Alejandro fue terrible. Con todo, trató de serenarse y de calmar a Álvaro, diciéndole que eso no pasaba de ser una pesadilla y que continuara durmiendo. Pero Álvaro ya no pudo dormir y el resto de la noche lo pasó en vigilia. Al amanecer, escucharon el galope de un caballo que se acercaba a la casa de la hacienda. ¿Pero qué sucedía? Era, nada menos, un enviado especial que llegaba a darles la triste noticia de que nuestra madre había fallecido en Huatabampo esa misma noche. Álvaro jamás olvidó esa pesadilla. Cada vez que la contaba se ponía sumamente nervioso”.



En 1903 se casó con Refugio Urrea y en 1906, le compró al gobierno federal una pequeña finca a la que le puso el nombre de La Quinta Chilla. Para 1907, cultiva garbanzo y deja atrás los problemas económicos, pero la muerte vuelve a cruzarse en su camino: dos de sus primeros cuatro hijos, entre ellos su primogénito, mueren a corta edad, y ese mismo año muere también su esposa. Para 1909, Obregón es viudo y con dos hijos pequeños: Humberto y Refugio, a quienes atienden las tres hermanas mayores que habían cuidado de él. En 1910, con motivo de las fiestas del Centenario de la Independencia, Obregón hace su primer viaje a la Ciudad de México. Poseía una gran inteligencia y una memoria privilegiada. Era capaz de recordar el orden completo de una baraja dispuesta al azar, con sólo ver las cartas una vez. En el pueblo de Navolato se había convertido en el más temible jugador de póker y el dueño del ingenio le pagaba por no jugar. Su humor negro llegaría a ser legendario. Burlón e irónico, siempre contaba o incluso inventaba anécdotas para mantener entretenidos a sus amigos y compañeros.



Obregón con su familia


También tenía inquietudes literarias, pero su obsesión con la muerte se manifestaba inclusive allí. El 23 de febrero de 1909, Obregón escribió un poema titulado “Fuegos fatuos”:

“Cuando el alma del cuerpo se desprende
y en el espacio asciende
las bóvedas celestes escalando,
las almas de otros mundos interroga
y con ellas dialoga
para volver al cuerpo sollozando.
Sí, sollozando al ver de la materia
la asquerosa miseria
con que la humanidad, en su quebranto
arrastra tanta vanidad sin fruto,
olvidando el tributo
que tiene que rendir al camposanto.
Allí donde el monarca y el mendigo
uno de otro es amigo,
donde se acaban vanidad y encono.
Allí donde se junta al opulento
el haraposo hambriento,
para dar a la tierra el mismo abono.
Allí todo es igual; ya en el calvario
es igual el osario
y aunque distintos sus linajes sean
de hombres, mujeres, viejos y criaturas,
en las noches obscuras
los fuegos fatuos juntos se pasean”
.



Desde 1911, Obregón comenzó una meteórica carrera en la política y el ejército. Se reveló como un gran militar, consiguiendo insospechadas victorias en innumerables batallas. Tras los eventos de la “Decena Trágica”, combatió a Victoriano Huerta y apoyó a Venustiano Carranza. Al iniciarse el movimiento constitucionalista, hablaba de los huertistas como de una “jauría” y agregaba: “Saciemos su sed de sangre hasta ahogarlos con ella”. Entre sus enemigos posteriores estuvo Francisco Villa, el legendario revolucionario. Por órdenes de Carranza, durante varios días cumplió sin éxito la peligrosa misión de tratar de someter a Pancho Villa, intento en el que estuvo varias veces a punto de ser fusilado por el enojo que la actitud de Carranza provocaba en Villa. "Estoy acostumbrado a luchar contra los elementos naturales: las heladas, el chahuixtle, la lluvia, los vientos, que llegan siempre inesperadamente. ¿Cómo va a ser difícil para mí vencer a los hombres, cuyas pasiones, inteligencia y debilidades conozco? Es sencillo transformarse de agricultor en soldado”, afirmaría. Con la guerra, la muerte había dejado de ser sombra o estela para volverse presencia cotidiana, compañera.



Obregón y Venustiano Carranza


En una batalla cruenta, Obregón toma la ciudad de Culiacán. Durante la refriega lo hieren en una pierna, pero se burla de su lesión. En la campaña de occidente se había arriesgado varias veces hasta extremos de temeridad: no llevaba arma, no se inmutaba si una granada caía a unos cuantos metros de donde se encontraba, se aventuraba en travesías marinas, y cuando por fin, como en Culiacán, lo herían, reaccionaba, según recuerda Martín Luis Guzmán, “burlándose de sí mismo porque las balas no parecían tomarlo demasiado en seno: ‘Me hirieron, sí; pero mi herida no pudo ser más ridícula: una bala de máuser rebotó en una piedra y me pegó en un muslo’”. Tres días después de tomar la Ciudad de México, Obregón acude al Panteón Francés para rendir homenaje a Francisco I. Madero, asesinado por una conspiración durante los eventos de la “Decena Trágica”. Junto a la tumba, frente a los diputados del bloque renovador, que a sus ojos se habían portado cobardemente cuando el sacrificio de Madero había ocurrido, entregó su pistola a María Arias, mujer que protestó en público por los acontecimientos de febrero de 1913: “Entrego mi pistola a María Arias, el único hombre que hubo en la Ciudad de México cuando el cuartelazo de Victoriano Huerta”.



Quizás en ningún momento es más clara su valentía que al enfrentar a Pancho Villa en septiembre de 1914. Acude en plan de conciliación, pero también para ver de cerca a su potencial enemigo. Lo observa, lo estudia, lo mide. Villa despliega ante el su poderío militar y Obregón aprovecha para fotografiar ese despliegue en la memoria. Villa se enoja con él y decide fusilarlo. Cuando sobreviene el primer conato de fusilamiento, Obregón juega con su vida y manipula a Villa, pidiéndole, casi como un favor, que proceda a fusilarlo. Cuando el cónsul norteamericano en Chihuahua le franquea una salida a El Paso, Obregón se niega. Villa, sorprendido, lo deja irse, pero lo hace regresar. Obregón solo le pide a su custodio, José Isabel Robles, que interceda ante Villa para evitar “que se me insulte y se me ultraje. Quiero que me fusile sin detalles humillantes”. Ante la amenaza de la muerte responde a Villa: "Desde que puse mi vida al servicio de la Revolución he creído que sería una fortuna para mí perderla. A mí personalmente, me haría usted un favor, porque con la muerte me daría una personalidad que jamás he soñado en tener. El único perjudicado será usted". "¿Por qué?", pregunta Villa indignado: "Porque sería una derrota sin que tuviera usted el gusto de disparar un tiro". Villa lo deja irse de nuevo, y otra vez intenta traerlo de regreso. Esta vez, sin duda, desea fusilarlo. Obregón piensa que aquel ir y venir es humillante. Cuando se entera de la orden, se baja del tren, y ante la pregunta de uno de los soldados: “¿Que va usted a hacer, mi general?”, responde sin titubeos: “Morir matando”. Pero intervienen dos admiradores suyos, Eugenio Aguirre Benavides y José Isabel Robles, y su vida queda a salvo. La muerte lo ronda, pero esta vez no lo toma. Tras los combates en Celaya, Obregón vence a Francisco Villa. El revolucionario nunca se repondrá de esta derrota.



Pancho Villa


Poco después, el 3 de junio de 1915, Obregón acampa en la hacienda de Santa Ana del Conde, en Guanajuato. Acompañado por el general Francisco Serrano, el coronel Pina, los tenientes coroneles Jesús M. Garza y Aarón Sáenz, y los capitanes Ríos y Valdés, se dirige a las trincheras del frente. Una lluvia de granadas cae sobre ellos. En sus memorias, Obregón contará: “Faltaban unos veinticinco metros para llegar a las trincheras, cuando, en los momentos en que atravesábamos un pequeño patio situado entre ellas y el casco de la hacienda, sentimos entre nosotros la súbita explosión de una granada, que a todos nos derribó por tierra. Antes de darme exacta cuenta de lo ocurrido, me incorpore, y entonces pude ver que me faltaba el brazo derecho, y sentía dolores agudísimos en el costado, lo que me hacía suponerlo desgarrado también por la metralla. El desangramiento eran tan abundante que tuve desde luego la seguridad de que prolongar aquella situación en lo que a mí se refería era completamente inútil, y con ello sólo conseguiría una agonía prolongada y angustiosa, dando a mis compañeros un espectáculo doloroso. Impulsado por tales consideraciones, tomé con la mano que me quedaba la pequeña pistola Savage que llevaba al cinto, y la disparé sobre mi sien izquierda pretendiendo consumar la obra que la metralla no había terminado; pero mi propósito se frustró, debido a que el arma no tenía tiro en la recámara, pues mi ayudante, el capitán Valdés, la había vaciado el día anterior, al limpiar aquella pistola. En aquel mismo momento, el teniente coronel Garza, que ya se había levantado y que conservaba la serenidad, se dio cuenta de la intención de mis esfuerzos, y corrió hacia mí, arrebatándome la pistola, enseguida de lo cual, con ayuda del coronel Pina y del capitán Valdés, me retiró de aquel sitio, que seguía siendo batido vigorosamente por la artillería villista, llevándome a recargarme contra una de las paredes del patio, donde a mis oficiales les pareció que quedaría menos expuesto al fuego de los cañones enemigos. En aquellos momentos llegó el teniente Cecilio López, proveedor del cuartel general, quien sacó de su mochila una venda, y con ella me ligaron el muñón”.



Obregón tras perder el brazo


Jesús M. Garza, el hombre que salvaría a Obregón del suicidio, tiempo después se convertiría en un alcohólico que, paradójicamente, se suicidaría. Al saberlo, el semblante de Obregón se ensombrecería. Pero a Obregón lo esperaba la silla presidencial. Ningún caudillo le hacía sombra, ni siquiera Venustiano Carranza. Era el hombre fuerte de México, el triunfador de la Revolución. En 1917 tenía sólo treinta y siete años. Poco tiempo después de la jura de la Constitución de 1917, recién casado en segundas nupcias con María Tapia, Obregón dimite de la cartera de Secretario de Guerra y se retira a La Quinta Chilla. “Tengo tan buena vista”, bromearía años después con sus amigos, “que desde Huatabampo alcancé a ver la silla presidencial”. Pero la pérdida de su brazo dejaría secuelas. Sufría dolores en el muñón y comía en exceso. Obregón engordó y encaneció. Lo bautizaron como “El Manco de Celaya”.



Jorge Aguilar Mora explica el proceso: “Después de la amputación, comenzó a sufrir trastornos reales e imaginarios, y aprovechaba cualquier ocasión, que de preferencia coincidiera con alguna diligencia de sus negocios, para visitar hospitales norteamericanos. La preocupación por su salud se volvió obsesión y anotaba mentalmente todos los cambios que se producían día a día en su cuerpo. A medida que aumentaba la agudeza de su auscultación, iba confundiéndose más y más con la mirada escrutadora de los otros. A los cuarenta años, cinco después de su mutilación, era ya un hombre viejo”.



La etapa en su Quinta fue su época más feliz. Todo el mundo quería estar con el triunfador valiente y atractivo, el conversador ameno de clarísima inteligencia. También aumentó su egolatría. Un amigo suyo recordaría: “Con frecuencia hablaba de él mismo, de su personalidad, de sus triunfos, de sus victorias, sin modestia ni recato algunos. Desde obrero de Navolato, pequeño agricultor y presidente municipal de Huatabampo, se había elevado por su propio esfuerzo hasta jefe de la nación mexicana. Sus éxitos nunca interrumpidos lo envanecieron extraordinariamente, al grado de pretender criticar las campañas de Poch, de Hindenburg y de Ludendorff, que figuraron en la guerra europea, y con especialidad las operaciones militares que se desarrollaron frente a Verdún”.



“El Manco de Celaya”


Pero su humor negro seguía intacto. Se le atribuye la frase: “No hay general que aguante un cañonazo de cincuenta mil pesos”. Al escritor y periodista Blasco Ibáñez, a quien le concede una entrevista en 1919, le cuenta una anécdota: “A usted le habrán dicho que soy algo ladrón. Sí, se lo habrán dicho indudablemente. Aquí todos somos un poco ladrones. Pero yo no tengo más que una mano, mientras que mis advérsanos tienen dos. ¿Usted no sabe cómo encontraron la mano que me falta? Después de hacerme la primera cura, mis gentes se ocuparon en buscar el brazo por el suelo. Exploraron en todas direcciones, sin encontrar nada. ¿Dónde estaría mi mano con el brazo roto? ‘Yo la encontraré’, dijo uno de mis ayudantes, que me conoce bien; ‘Ella vendrá sola. Tengo un medio seguro’. Y sacándose del bolsillo una moneda la levantó sobre su cabeza. Inmediatamente salió del suelo una especie de pájaro de cinco alas. Era mi mano que, al sentir la vecindad de una moneda de oro, abandonaba su escondite para agarrarla con un impulso arrollador”.



En 1920, el poder presidencial de Venustiano Carranza colapsa. Obregón es el hombre fuerte y el anciano presidente no lo tolera. En abril, el gobierno comienza a perseguir a Obregón, quien escapa disfrazado de la Ciudad de México con la ayuda de los ferrocarrileros. Se traslada al estado de Guerrero, donde el gobernador se pone a sus órdenes. El 23 de abril, los generales sonorenses lanzan el Plan de Agua Prieta. Carranza huye de la Ciudad de México con una comitiva de trenes. Las tropas leales a Obregón y a Pablo González lo acosan, hasta hacerlo huir. Carranza muere en el poblado de Tlaxcalantongo, en Puebla. Adolfo de la Huerta asume la presidencia interina de México.



Obregón contendería y ganaría la elección presidencial. Durante su mandato, la Iglesia Católica se oponía a los artículos 3 y 130 de la Constitución de 1917, que postulaban la educación laica, gratuita y obligatoria, la libertad de creencias, así como la obligatoriedad de que los miembros de las iglesias tenían que registrarse ante el gobierno. Algunos obispos combatían la entrega de tierras o la sindicalización obrera secular. Los choques entre obreros y miembros de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), dirigida por René Capistrán Garza, se convirtieron en noticia cotidiana.



René Capistrán Garza


El suceso más grave ocurre cuando el delegado apostólico Ernesto Filippi acude al Cerro del Cubilete, en Silao, Guanajuato, para consagrar la primera piedra de un monumento a Cristo Rey: el pueblo se postra a sus pies, pero el gobierno le aplica el artículo 33, expulsándolo de México por ser extranjero. La estricta aplicación de las leyes relativas a la iglesia era obra del Ministro de Gobernación de Obregón, Plutarco Elías Calles. En 1923, la rebelión delahuertista dejaría siete mil muertos. Y en 1924 llegaría a México un nuevo delegado apostólico y la tensión entre los católicos y el gobierno aumentaría.



Ernesto Filippi


Cuando, desafiante, el clero anunció la celebración del Congreso Eucarístico Internacional a celebrarse en octubre de 1924, Obregón respondió con un desplegado: “Ha sido el fanatismo el más franco aliado de las tiranías. Él atrofia el cerebro, porque le desconoce el derecho a la investigación y a la discusión; atrofia todo civismo, porque establece la sumisión incondicional a sus pastores; es incapaz de generar toda noble aspiración de mejoramiento, porque su reino no es de este mundo; es incapaz de rebelarse contra sus propios dolores, porque tiene que aceptarlos sumisamente, a cambio de la ventura que se le brindará después de la muerte.



El Cerro del Cubilete


“Nada es más infecundo que el fanatismo, y si todos los fanáticos son funestos, tendremos que aceptar que el que más males ha causado ha sido el que crearon los verdugos del Nazareno, para desvirtuar su obra y ponerla al servicio de sus ambiciones e intereses; fingiendo concederle una autoridad omnipotente, pero exigiéndole en cambio que la pusiera al servicio de la maldad. Y es así como vemos a todos los creyentes adorar a su Dios; pero siempre dentro de la condición indeclinable de que los absuelva de todos sus pecados, que no son sino maldades catalogadas por ellos mismos con ese nombre. Todo su culto lleno de prejuicios y de imperativos podría resumirse así: una autosugestión que los hombres cuyas conciencias no están en reposo han decretado en su propio favor, concibiendo una entidad omnipotente para ponerla en su servicio como cómplice máximo de su impunidad”.



Álvaro Obregón con su Gabinete


Sin embargo, nunca dejó de tener contacto con altos dignatarios de la Iglesia y anteriormente, asistió a la misa en la catedral metropolitana celebrada con motivo del primer centenario de la Independencia. El 12 de febrero de 1925, miembros de la Confederación Regional de Obreros Mexicanos (CROM), dirigida por Luis N. Morones, enemigo de Obregón, tomaron el Templo de la Soledad de Santa Cruz. Adueñçándose del edificio, el gobierno se lo otorgó a José Joaquín Pérez Budar, más conocido como “El Patriarca Pérez”, quien fundó allí una organización religiosa mexicana: la Iglesia Cismática. Los católicos se escandalizaron y protestaron airadamente.



El patriarca Pérez


Plutarco Elías Calles se convirtió en el sucesor de Obregón, quien regresó a la Quinta Chilla, a seguir cultivando sus tierras. Pero el Poder sigue atrayendo al agricultor. En 1926, es claro que desea romper con el tabú más sagrado de la Revolución Mexicana: la no reelección presidencial. En octubre de 1926, luego de varias sesiones tormentosas, la Cámara de Diputados y la de Senadores aprueban la reelección no consecutiva, abriéndole el camino a Obregón para regresar a la silla presidencial. Meses antes había estallado la sangrienta rebelión cristera, que pretendía modificar los artículos 3, 5, 27 y 130 de la Constitución de 1917, con lo que el país volvió a sumirse en una desgastante, aunque limitada guerra civil que consumía vidas y haciendas.



Calles y Obregón


En este conflicto, Obregón intentó en tres ocasiones llegar a un acuerdo con el clero, presentarse como un pacificador y así tener mayores posibilidades de ser reelecto. Para Obregón, el clero aprovechaba los problemas internacionales para “demostrar a los descontentos extranjeros que en México tenían aliados, poniendo al servicio de intereses políticos la fe de los creyentes”, ya que las declaraciones del clero coincidían con la crisis provocada por las empresas petroleras, que se sintieron lesionadas con la promulgación de las Leyes del Petróleo y Extranjería.



Por lo tanto, justificó las acciones gubernamentales, puesto que “el conflicto desaparecerá automáticamente cuando los directores de la Iglesia Católica de México subordinen su vanidad ahora lesionada, y declaren estar dispuestos a prestar obediencia a las Leyes y a las autoridades encargadas de velar por su cumplimiento, aconsejando esta línea de conducta a todos los creyentes (…) Los motines aislados, que han ocurrido en algunos estados de la República y que han tomado como bandera la restitución de los fueros y privilegios que poseía el clero antes de la Revolución, no han encontrado ningún eco en la conciencia colectiva, y así vemos cómo estos movimientos prácticamente han abortado”.



La Iglesia Católica suspendió los cultos y cerró los templos, con lo cual la gente se enfureció y recrudeció sus ataques contra el gobierno de Plutarco Elías Calles. Las gavillas de los denominados “cristeros” asolaban pueblos y rancherías, asaltando y asesinando al grito de “¡Viva Cristo Rey!”, mientras el Ejército Federal masacraba pueblos enteros por el simple hecho de encontrar imágenes religiosas en las casas. Los sacerdotes oficiaban misa a escondidas y daban los sacramentos en secreto. Obregón insistió en su carácter político, "bajo la falsa suposición de que las masas populares se amotinarían contra la Administración Pública, para cambiar su régimen por otro que se pusiera al servicio de los intereses de Roma. El problema ha sido planteado por los encargados de la Iglesia en sentido diametralmente opuesto a las doctrinas del Nazareno; aquel expulsó a los ricos de la Iglesia y declaró que era más fácil que un camello pasara por el ojo de una aguja que un rico se salvara, y éstos han lanzado a los pobres de la Iglesia, negándoles el ejercicio de su culto para refugiarse en las filas de los adinerados”. El Comité Episcopal respondió que lo que llamaba fueros y privilegios, eran "los derechos más sagrados que la propia naturaleza y que Dios ha concedido al Hombre, y que están por sobre todas las constituciones y partidos políticos"; y que no eran "ningún privilegio ni fuero, sino la sincera y verdadera libertad".



Bandera cristera


El 26 de junio de 1927, Obregón, prematuramente envejecido, lanzó un extenso Manifiesto a la Nación, en el cual explicó por qué salía de su retiro: la reacción acechaba y se disfrazaba para entrar a las luchas cívicas, tomar el poder y destruir la obra revolucionaria. Propuso institucionalizar la revolución, avanzar en la reforma agraria, atraer la inversión extranjera honesta no imperialista, alentar la industrialización con medidas proteccionistas para que los productos nacionales fueran sustituyendo a los importados.



Boda religiosa de Hortensia, hija de Plutarco Elías Calles, con Obregón como testigo


En respuesta, el Partido Nacional Antireeleccionista se reorganizó y proclamó como su candidato al general Arnulfo R. Gómez. Por su parte, el general Francisco R. Serrano renunció a su cargo de Gobernador del Distrito Federal para buscar también la Presidencia de la República.



El general Francisco R. Serrano


Serrano basó su campaña en el antiobregonismo; Gómez en el antirreeleccionismo. El historiador Pedro Castro cita que Serrano visitó a Obregón para notificarle que sería también candidato presidencial: “Al despedirse de Obregón, le dijo su contrincante en ciernes: ‘¡Bueno, general, ya sabe usted que vamos a una lucha de caballeros!’ ‘Yo te creía inteligente, Panchito; en México no hay luchas de caballeros: aquí, uno se va a la presidencia y el otro al paredón".



Arnulfo R. Gómez


Las campañas se iniciaron en el mes de julio siguiente. Los ataques de los opositores de Obregón fueron feroces, se le acusó de traicionar los principios por los que se había luchado, de falso líder de los campesinos, de pagar acarreados con el erario, de recibir fondos de las compañías petroleras; se le dijeron frases hirientes (“ese hombre, no conforme con estar mutilado, hizo que se mutilara la Constitución”) y amenazas (“si el voto popular sale burlado, no nos queda más recurso que el que el mismo Obregón empleó en 1920: las armas”).



Francisco Serrano con Álvaro Obregón


Ante la fuerza de Obregón, a fines de septiembre, serranistas y gomistas entablaron negociaciones para formar un frente único antirreeleccionista. Pero Obregón era un maestro consumado de adelantarse a los acontecimientos. Los forzó a radicalizarse. ”En este país, si Caín no mata a Abel, entonces Abel mata a Caín”, escribió Obregón. Junto con el viejo general Eugenio Martínez, Gómez y Serrano habían planeado aprehender a Obregón el 1 de octubre, durante unas maniobras militares en los llanos de Balbuena, cerca de la Ciudad de México. Pero Martínez delata los planes.



Arnulfo R. Gómez y Francisco Serrano


Serrano sale de la capital hacia Cuernavaca, donde Antonio Villarreal le avisa que en unos momentos será capturado. Serrano duda, se confía y cae preso. Plutarco Elías Calles y Obregón dan la orden: Francisco Serrano debe morir. El 3 de octubre de 1927, tras celebrar su cumpleaños en una fiesta con los generales Vidal y Peralta, alguien le avisa a Serrano que hay orden de arrestarlo. La orden se cumple. Serrano y sus acompañantes son detenidos en Cuernavaca, Morelos.



Gómez y Serrano con sus familias


El Teniente Coronel de Aviación, Francisco Bulnes Rivadeneyra, uno de los militares encargados de escoltar a los prisioneros a la ciudad de México, contaría años después: “Nosotros no tuvimos ninguna orden especial, simplemente mantenerlos vigilados. En la diana del día 3 me tocó recibir la guardia en prevención, del cuartel general de la zona militar en donde se encontraban los generales Serrano, Vidal, Peralta y otros. Dichos prisioneros mantenían sus armas, lo cual indica que no se consideraban ni de peligro o riesgo. No tenían centinelas lo que demuestra que no eran reos peligrosos, ya que de serlo los habrían tenido desarmados, separados y bajo vigilancia extrema. Inclusive se les dieron catres para dormir, mismos que fueron proporcionados por un amigo del general Serrano, dueño de un hotel.



Francisco Serrano, arrestado


“Incluso los detenidos me fueron entregados sin una lista, como era de rigor. En la tarde nos ordenaron subir a los automóviles para acompañar a los prisioneros a la Ciudad de México. Íbamos catorce oficiales bajo el mando del entonces capitán primero Baltasar García Alcántara y entre ellos también se encontraba el teniente Fernando Pámanes Escobedo. Un poco antes de llegar a Huitzilac, nos encontramos con un regimiento de artillería con trescientos soldados armados de rifles Thompson, bajo las órdenes del general Claudio Fox. Al ver al general Fox, el general Serrano sacó su pistola y se la entregó al capitán García Alcántara, diciéndole que la guardara porque ya no la iba a necesitar. Entregamos a los prisioneros y regresamos a Cuernavaca con la confianza que a ellos los llevarían a México. Al día siguiente nos enteramos de la suerte que habían corrido y no entendimos nada”.



El general Claudio Fox, quien desempeñaba el cargo de Jefe de Operaciones en el estado de Guerrero, donde cometió diversos actos criminales, llevaba la orden directa del Presidente de la República. De esa manera obtuvo la custodia. Francisco Serrano y todos sus acompañantes le fueron entregados sobre la carretera que comunicaba a Cuernavaca con la Ciudad de México, a la altura de Huitzilac. Fox ordenó que se les ataran las manos y al no tener cordeles, en un alarde de crueldad indicó que se las ataran con alambre de púas que arrancaron de las cercas. Todos comenzaron a sangrar de las muñecas. Francisco Serrano le exigió a Claudio Fox que no les hiciera daño a sus partidarios. Fox le respondió: “Tranquilo, Panchito. Solo quieren platicar contigo”. Acto seguido, le ordenó a los soldados que colocaran a Serrano y sus seguidores formados frente a una cerca, que también tenía alambre de púas. Utilizando rifles, metralletas y bayonetas, los soldados fusilaron a Serrano y a trece personas más. Al caer, muchos lo hicieron sobre la alambrada de púas, quedando allí colgados.



General Claudio Fox, el ejecutor


La versión oficial de la masacre fue que Serrano y sus seguidores se habían levantado en armas y habían muerto combatiendo contra el Ejército Federal. Los cadáveres fueron llevados al Castillo de Chapultepec y tirados en la rampa de acceso.






Máscara mortuoria de Francisco Serrano


El resultado de las autopsias nunca fueron dadas a conocer públicamente, pero sus ropas fueron entregadas a sus familiares y mostraban no solo las gradaciones causadas por las balas, sino rasgaduras causadas por las bayonetas. A Francisco Serrano se le tomó una mascarilla mortuoria, en la cual destacaba una fractura en la mandíbula.



El sepelio de Serrano


Al llevar ante Obregón los cuerpos de las víctimas de Huitzilac, éste exclamó: "Ah, muy bien. ¿Y Pancho? ¿Dónde está Pancho, que no lo veo? A ver, a ver, bájenlo, que quiero verlo. ¡Qué feo te dejaron, Pancho! No digas que no te di tu regalo; en unos minutos más es el día de San Francisco".



Alguien colocó catorce cruces en el lugar de la matanza, mismas que permanecieron allí muchos años. Al otro día, los periódicos publicaron el parte oficial: “El general Francisco R. Serrano, uno de los autores de la sublevación, fue capturado en el estado de Morelos con un grupo de sus acompañantes por las fuerzas leales que guarnecen aquella entidad y que son a las órdenes del general de brigada Juan Domínguez. Se les formó un consejo de guerra y fueron pasados por las armas. Los cadáveres se encuentran en el Hospital Militar de esta capital”.



Cruces en Huitzilac


El general Murguía, fiel seguidor del asesinado presidente Venustiano Carranza, le escribió a Obregón tras los sucesos de Huitzilac: “El gobierno de usted, señor general Obregón, es un gobierno de hecho nacido del crimen y sostenido por el crimen. Es probablemente el más opresivo, el más humillante, el más vergonzoso que ha tenido el país, porque ha adoptado el asesinato como sistema fundamental de su conservación, contra sus enemigos políticos, supuestos o reales, a quienes se hace desaparecer con la ley de fuga, por el secuestro, por el fusilamiento y aun por otros procedimientos que ni el mismo Victoriano Huerta empleo jamás, no obstante haber pasado éste a la historia de México como el tipo de soldado brutal que mata sin escrúpulos”.



Serrano poco antes de la matanza


Al poco tiempo, en Veracruz, Arnulfo R. Gómez correría la misma suerte: el 4 de noviembre de 1927 sería fusilado de pie, amarrado contra un poste, en Coatepec.



El fusilamiento de Arnulfo R. Gómez


El político Manuel Gómez Morín, quien estaba en Londres por aquellos días, le escribió a un amigo suyo unas líneas reveladoras: “A tres columnas, en primera plana de hoy, el Times da la cruel noticia. La gente lo comenta con repugnancia. Desde acá, México es algo oscuro y sangriento.



“Pienso en aquellas noches terribles del Bajío en agosto. La tierra y el cielo se juntaban en una densa oscuridad que los relámpagos mismos no podían atravesar. El alma se ensombrecía también y no quedaba un solo punto de luz. Noches enteras en que se perdía la esperanza de la aurora. Mi México, mi pobre México”.



Nueve días después de la muerte de Arnulfo R. Gómez, el domingo 13 de noviembre de 1927, la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa organiza un atentado contra Obregón, quien viajaba en su coche por el Bosque de Chapultepec, seguido por otro auto en el que viajaban sus guardaespaldas. Obregón iba acompañado por sus amigos Arturo H. Orcí, Tomás Bay, Juan Jaimes e Ignacio Otero Pablos. En la Calzada de los Filósofos, un auto Essex se le emparejó y de él le lanzaron dos bombas de fabricación casera. El auto de los atacantes llevaba a cuatro pasajeros: José González (conductor, combatiente cristero); Juan Antonio Tirado Arias (miembro de la ACJM); el ingeniero Luis Segura Vilchis (quien arrojó la primera bomba y que antes había organizado un atentado frustrado en Sonora, miembro de la ACJM y de la Liga); y Nahum Ruiz (quien lanzó la segunda bomba, miembro también de la ACJM). Las bombas estallaron, pero solo rompieron los cristales del auto de Obregón, quien salió ileso del atentado, sólo con raspaduras y cortaduras por los cristales rotos.



El auto de Obregón tras el atentado


Los guardaespaldas de Obregón se lanzaron contra el coche de los atacantes. Desde los dos autos se intercambiaron disparos y hubo una espectacular persecución por el Bosque de Chapultepec y la Avenida Reforma; llegaron al Ángel de la Independencia, dieron vuelta a la derecha y tomaron Florencia, luego a la izquierda por la calle de Londres y salieron a Insurgentes. En el intercambio de disparos, Nahum Ruiz recibió un balazo en un ojo, que le atravesó la cabeza, por lo que se desplomó. Finalmente, los atacantes chocaron contra otro auto, en la esquina de Liverpool e Insurgentes. Los conspiradores, obedeciendo a Luis Segura Vilchis, bajaron del coche y corrieron en diferentes direcciones. Nahum Ruiz fue abandonado en el auto, dado por muerto: agonizó una semana y falleció el 20 de noviembre. Juan Antonio Tirado Arias fue detenido rápidamente, pues estaba manchado con sangre de Nahum Ruiz. José González escapó y desapareció todo rastro de él.



Los curiosos rodean el auto de Obregón


Policías y periodistas se agolparon en el lugar del suceso, tomando fotografías del automóvil y del risueño Obregón, quien posaba para la cámara con sus compañeros. Obregón regresó después a su casa en la avenida Jalisco, en la Colonia Roma. Se cambió de ropa y después se fue a la plaza de toros en la Colonia Condesa, donde se celebraba una corrida en su honor.



Obregón y sus amigos, minutos después del atentado


Mientras tanto, Luis Segura Vilchis fue a informar a la dirección de la Liga que el atentado se realizó según lo planeado y que Obregón está muerto. Después se dirigió a la plaza de toros, para dejarse ver y tener una coartada. Consternado, vio entre el público a Obregón, descubriendo que el atentado había fallado. Con sangre fría, se acercó a saludar al hombre que minutos antes trató de asesinar.



Rumbo a la Plaza de Toros, después del ataque


La policía torturó e interrogó a Tirado Arias, pero no obtuvieron nada. Siguieron diferentes pistas hasta que llegaron a Luis Segura Vilchis. Éste aseguró ser inocente y alegó que estaba en la plaza de toros en el momento del atentado: el mismo Obregón testificaría que lo vio ahí. La policía detuvo de todos modos a Segura Vilchis.



Obregón en la Plaza de Toros, tras el atentado fallido


El auto desde el que se arrojaron las bombas era propiedad de Humberto Pro Juárez. La policía detuvo a tres hermanos Pro: Humberto (dueño del coche), Miguel Agustín (sacerdote jesuita, confesor de varios miembros de la Liga, que vivía en la clandestinidad) y Roberto, aunque éste último fue finalmente liberado por falta de pruebas.



El padre Miguel Agustín Pro


El sacerdote Miguel Agustín Pro, más conocido como “El padre Pro”, siempre estuvo obsesionado con la idea del martirio. Frecuente conversaba sobre el tema y externaba su deseo de rendir testimonio de su fe a través del sacrificio.



El padre Pro


Una de sus interlocutoras era Concepción Acevedo y de la Llata, más conocida como “La Madre Conchita”, una monja que visitaba a las mujeres que estaban presas, para llevarles alimentos y escucharlas, pero que además tenía nexos con grupos armados de vertiente cristera.



Concepción Acevedo y de la Llata, “La Madre Conchita”



El 19 de noviembre, Luis Segura Vilchis confesó ser el autor intelectual del atentado. De acuerdo con la versión de muchos católicos de la época, habló porque quería que los hermanos Pro Juárez quedaran libres, ya que no tenían nada que ver con el atentado.



El fusilamiento de Luis Segura Vilchis




Le preguntaron a Segura Vilchis por qué intentó matar a Obregón, y su respuesta fue: “Porque es un hipócrita perseguidor de mi fe, un asesino de católicos, un traidor a la Patria, a la que intenta destruir en beneficio de los Estados Unidos, al servicio de cuyo imperialismo está. Si veinte vidas tuviera Obregón, veinte le quitaría para salvar al catolicismo y a la patria de tan ominosa tiranía”.



El cadáver de Luis Segura Vilchis


Los dos hermanos Pro eran también miembros de la Liga. Tras un juicio muy rápido, el 23 de noviembre de 1927 fueron fusilados los cuatro detenidos. A las 10:00 horas, el padre Miguel Agustín Pro fue sacado del sótano de la Inspección de Policía donde estaban los prisioneros y conducido al patio que se utilizaba para entrenamiento de tiro al blanco.



El padre Pro conducido al paredón


Uno de los agentes que participaron en su aprehensión le pidió perdón, pero el sacerdote le contestó: “No sólo lo perdono, le doy las gracias. Esto me otorga la palma del martirio”. Se arrodilló un instante para rezar, se levantó y besó el crucifijo de su rosario.



Miguel Agustín Pro tenía de treinta y seis años de edad. Se permitió a la prensa estar presente en los fusilamientos. Los fotógrafos imprimieron varias placas que mostrarían los momentos finales del sacerdote.



Los militares asistentes


En una de ellas, se ve a Miguel Agustín Pro arrodillado y rezando frente al paredón, mientras un soldado lo contempla.




En otra se le ve erguido con los brazos abiertos en cruz en el momento de ser fusilado; antes de morir, gritaría: “¡Viva Cristo Rey!”, el grito de guerra de los Cristeros.



El fusilamiento del padre Pro






El segundo fusilado fue Luis Segura Vilchis, de veinticuatro años de edad. Luego seguirían Humberto Pro, de veintitrés años, y finalmente, Juan Antonio Tirado Arias, quien vestía un sarape y no dejaba de temblar.



El fusilamiento de Humberto Pro


Las cenizas del padre Pro se colocarían, años después, en el templo de La Sagrada Familia, en la Colonia Roma de la Ciudad de México. Ese era el mismo templo en el que estuvo asignado en 1926.



El cadáver del padre Pro



En su memoria, los jesuitas fundarían en 1988 el “Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez”, organización no gubernamental. El padre Pro sería beatificado en 1988.



El sepelio del sacerdote


El traje que usaba en el momento de su fusilamiento, así como las pertenencias personales que lo acompañaron en prisión, se conservan en un museo.



Las reliquias del padre Pro




Por su parte, Luis Segura Vilchis, el autor intelectual del atentado, sería reivindicado como mártir por diversas organizaciones católicas.



Postal con las imágenes del padre Pro y Luis Segura Vilchis


Otro atentado contra Obregón sucedería después en Orizaba, Veracruz, en marzo de 1928. Nuevamente, salió ileso. Pero el cerco se estrechaba y él lo intuía. Luego hubo bombazos en la Cámara de Diputados y en el Centro Director Obregonista, durante mayo y junio. Los autores de estos atentados fueron Carlos Castro Balda, Eulogio González y Edmundo Arzola.



Los conspiradores fusilados: Luis Segura Vilchis, Miguel Agustín Pro, Humberto Pro y Juan Antonio Tirado Arias


Poco después de los atentados, una noche en que estaba en la casa de su antiguo secretario Fernando Torreblanca, Obregón escuchó disparos y le comentó a su hijo Humberto: “No eran para mí”. Charlaba poco, ya no bromeaba ni exhibía su antigua locuacidad. Aunque tenía cuarenta y ocho años de edad, parecía notablemente más viejo. El horizonte vital se cerraba y él, de alguna manera, lo sabía, lo esperaba. Quizá hasta oscuramente, desde hacía tiempo, lo deseaba como un alivio al vértigo sangriento, insoportable y fatuo de la victoria. “Viviré hasta que haya alguien que cambie su vida por la mía”, le dijo a su hijo.



Banquete para Obregón ofrecido por estudiantes de Guanajuato, en el restaurante “La Bombilla”


El escritor Héctor Aguilar Camín narra otra anécdota ocurrida en mayo de 1928, en el poblado de Náinari: “En el calor abrasante de mayo el general invicto -manco, entrecano y ya presidente reelecto-, hace cuentas y expide mensajes desde el pequeño despacho adornado por el orgullo agrícola de una gran mazorca de maíz, cosechada en sus tierras. Afuera ladran y aúllan, tan obsesiva como inusitadamente, sus perros de campo. Obregón pide al chofer que los calle y el chofer sale a callarlos, pero los perros siguen ladrando. Ordena que se les dé de comer y les dan, sin que cesen los ladridos. ‘¡Denles carne fresca!’, grita por la ventana el general, pero la carne fresca tampoco los calma. Enervado y ansioso, al cabo de una hora de ladridos, el último caudillo de la Revolución Mexicana cree ver en la tenacidad de la jauría un augurio formal de su destino. ‘Sé lo que quieren esos perros’, dice sombríamente a su chofer: ‘Quieren mi sangre’".



Banquete para Obregón en “La Bombilla”, ofrecido por senadores


Obregón ganó las elecciones el 1º de julio de 1928. Según testimonios, sus primeras acciones iban a ser poner fin al conflicto religioso que ensangrentaba al país. Ya se habían reunido sus enviados con los obispos Ruiz y Flores e Ignacio Valdespino; y también negociaba arreglos con los petroleros estadounidenses. No sabía que su destino estaba en las manos de un joven tímido, de personalidad gris y fanático católico.



Banquete para Obregón en “La Bombilla”, ofrecido por empresarios


José de León Toral nació el 23 de diciembre de 1900 en Matehuala, San Luis Potosí (México). Pertenecía a una familia de mineros de Coahuila, pero sus padres provenían de una zona eminentemente católica: San Juan de los Lagos, Jalisco. En 1911, la familia León Toral se estableció en la ciudad de México, y el pequeño José ingresó en una escuela lasallista. Con el paso de los años, el niño fue moldeando su carácter: siempre fue reservado, callado y fácilmente influenciable.



José de León Toral


Para reafirmar su fe, a instancias de su madre ingresó al club Alvarado donde los hermanos maristas trabajaban en la formación integral de los jóvenes; junto a la enseñanza académica y religiosa, la práctica del ejercicio físico era imprescindible. La delgada complexión de José ocultaba su gusto por el deporte: hacía mucho ejercicio, le gustaba correr y practicar football.



Toral con su equipo de football


Luego de una larga temporada en que José trabajó con su padre en el negocio familiar, obtuvo una plaza de maestro en el colegio Apolonio del Valle, donde daba clases en el bachillerato. Para tener un ingreso adicional, por las tardes trabajaba en el periódico Excélsior como dibujante. Poco después, ingresó al departamento de Bellas Artes para perfeccionar sus habilidades que, sin saberlo, le servirían para acercarse al presidente electo Álvaro Obregón mucho tiempo después.



Toral dibujando


Tras el inicio del conflicto religioso, Toral se incorporó de lleno en las organizaciones de resistencia cívico-religiosa frente al gobierno, engrosó las filas de la Acción Católica de la Juventud Mexicana, donde conoció a varios hombres y mujeres, que adoptarían una posición más activa al estallar la guerra cristera.



En enero de 1925, José de León Toral contrajo matrimonio con Paz Martín del Campo, originaria de Lagos de Moreno, Jalisco. Concibieron dos hijos: Juan José y Esperanza. Tras estallar la guerra cristera, Toral se convirtió en Jefe de la Liga Defensora de la Libertad Religiosa en Santa María la Ribera, colonia donde vivía con su familia. Durante los años de la guerra hizo amistad con Humberto Pro y con Leonor y Margarita Rubio.



Toral con su esposa, Paz Martín del Campo


Toral lamentó profundamente el fusilamiento de los hermanos Pro y del ingeniero Luis Segura Vilchis. La noche del fusilamiento del sacerdote y de su hermano, Toral se presentó en el funeral para darle el pésame a la familia. Tiempo después declararía: “Estuve mucho rato viendo el cadáver de Humberto y juré, con lágrimas en los ojos, vengar su muerte matando a Obregón, el auténtico causante de que mi amigo tan querido hubiera perdido la vida”. En los últimos meses de 1927 y los primeros de 1928 se dedicó a reflexionar, a pensar, a rezar. Finalmente tomó una decisión: entregar su vida a Cristo Rey como instrumento para acabar con el hombre que, según su visión, sumía a México en las tinieblas de la persecución religiosa.



En marzo de 1928, el destino reunió a José de León Toral con “La Madre Conchita”. El joven dibujante compartió con la religiosa sus inquietudes y pensamientos. Con su estilo seductor de almas y mentes, “La Madre Conchita” pronto se ganó la confianza de Toral, al grado de convertirse en su guía espiritual.



Autorretrato de Toral


En los siguientes meses, frecuentó un sinnúmero de veces su casa, conoció gente, se entregó a plenitud a la vida y ejercicios espirituales, y escuchó atentamente las indicaciones y los consejos de su mentora, que fue muy hábil y sutil para convencer a Toral de que el Señor lo había enviado a la Tierra a cumplir una misión que significaba, también, su propio martirio. “La Madre Conchita” reclutaba además a jóvenes católicos, para contactarlos con grupos de rebeldes cristeros y que se unieran a la lucha armada.



Toral con “La Madre Conchita”


El 7 de julio de 1928, Toral fue a ver a un amigo suyo, Manuel Trejo Morales, a quien le pidió prestada una pistola escuadra Star calibre .32, de origen español, con diez cargas de balas. Le dijo que quería hacer prácticas de tiro en el campo; su amigo se iba de viaje y se la prestó, aunque le mencionó que tenía pocas municiones. Toral practicó tiro al blanco en el Cerro de la Estrella, en las afueras de la Ciudad de México. Sin embargo, descubrió que tenía pésima puntería, por lo que planeó cometer al atentado desde cerca.



Luego, José de León Toral fue a ver al sacerdote José de Jesús Aurelio Jiménez Palacios, el padre Jiménez, a quien le pidió que bendijera el arma. El sacerdote se negó, diciéndole que no podía bendecir aquel objeto. Entonces Toral le pidió que lo bendijera a él: empuñando la pistola, se arrodilló frente al sacerdote, quien le dio la bendición. Por aquel evento, el sacerdote sería encarcelado durante nueve años.



El padre Jiménez


El domingo 15 de julio, el caudillo volvió a la Ciudad de México como presidente electo de la República, sin imaginar que corrían fuertes rumores en torno a que sería asesinado. A la recepción del presidente electo en la Estación Tacuba de ferrocarriles, acudió Toral. Sabía que Obregón recorrería Paseo de la Reforma para dirigirse al Centro Director Obregonista en la Avenida Juárez, para luego trasladarse a una comida en su honor en el Parque Asturias, de tal suerte que Toral tuvo tres posibilidades para cumplir su objetivo. Pero en ninguno de los tres lugares se sintió seguro para proceder. Al siguiente día, lunes 16 de julio, Toral buscó otra oportunidad en Palacio Nacional, en el Centro Director Obregonista y en la residencia de Obregón en la avenida Jalisco. Compró un cuaderno para realizar un dibujo de la víctima y tener el pretexto de entregárselo personalmente en cualquier oportunidad.



El martes 17 de julio de 1928, amaneció húmedo, luego de una pertinaz lluvia que había caído por la noche sobre la Ciudad de México. Toral acudió a los servicios espirituales que se brindaban en el convento a cargo de “La Madre Conchita. Luego desayunó, leyó los periódicos y realizó varios dibujos. A las 13:00 horas se encontraba cerca de la residencia de Obregón, estudiando los movimientos de visitantes y automóviles. Obregón, mientras tanto, despachó diversos asuntos en el transcurso de la mañana. Su taquígrafo personal, Enrique Torreblanca, escribió con tinta roja una nota de alerta en su agenda. El jefe de la policía se había comunicado con él y le había advertido que existían riesgos para la seguridad de Obregón.



Los rumores acerca de su posible asesinato hicieron que revisara su agenda. Vio la advertencia de su secretario, pero no le hizo caso. Estaba invitado a comer con los diputados federales guanajuatenses en el restaurante "La Bombilla", en San Ángel, propiedad del español Emilio Cazado. En ese lugar se habían celebrado ya varias comidas en su honor, pues le gustaban la comida y los postres que cocinaban allí.






El restaurante “La Bombilla”


Antes del banquete, Obregón tenía una cita con el presidente Plutarco Elías Calles, al mediodía. El secretario del caudillo, llamó a su hermano Fernando, secretario del presidente, para mover la reunión para más tarde, luego de la comida, que no se podía posponer ante la insistencia de los diputados. La cita pospuesta permitió que el presidente electo asistiera a la comida.



Obregón sale rumbo al restaurante “La Bombilla”


Antes de las 13:00 horas, el diputado sonorense Ricardo Topete llegó a la casa de Obregón para acompañarlo a la comida en San Ángel, junto con el gobernador de Hidalgo, el coronel Matías Rodríguez. Obregón se encontraba de muy buen humor y hasta bromeó con sus acompañantes acerca de un posible atentado con bombas, como el de noviembre, diciendo que ahora tendría que ser con bombitas, dado que iban a "La Bombilla". El caudillo salió de su domicilio en la Colonia Roma acompañado también por sus amigos y escoltas, Ignacio Otero Pablos y Juan Jaimes. Salieron de la Avenida Jalisco para incorporarse a la izquierda sobre Insurgentes. José de León Toral los vio salir; de inmediato tomó un taxi para seguir a la comitiva, alcanzándola en la Avenida Tizapán (hoy Baja California), sin saber hacia dónde se dirigían, aunque por la ruta seguida intuyó que era a "La Bombilla".



Las fotografías tras la llegada de Obregón


La comida estaba planeada a partir de las 13:00 horas, ya que Obregón solía comer temprano. El caudillo llegó al restaurante a bordo de un automóvil Cadillac, vestía un traje gris y con afabilidad aceptó tomarse unas fotos con el grupo de diputados invitados. Con amplia sonrisa saludó a los periodistas y fotógrafos: “No, por favor, no tomen fotos. Vine a comer, no a que me retraten. Van a ver qué buenas van a resultar las fotografías al terminar la comida, cuando todos estemos satisfechos y contentos”. Al dirigirse a la mesa de honor, le pidió a uno de sus ayudantes que consiguiera boletos para el tren de esa noche con rumbo a Sonora.



El jardín del restaurante estaba dispuesto con cuatro grandes mesas acomodadas en cuadro. En la cabecera lucía un arreglo floral alusivo: "Homenaje de honor de los guanajuatenses al C. Álvaro Obregón". El menú seleccionado fue cocktail, entremés a la mexicana, crema portuguesa de tomate, huevos con champiñones, pescado a la veracruzana y pastel "Bombilla", que le encantaba a Obregón. Para amenizar la comida, la orquesta típica del maestro Alfonso Esparza Oteo comenzó a tocar varias melodías, disponiendo también la participación de dos cancioneras. La "Rapsodia mexicana" de Chucho Corona, el "Pajarito barranqueño" y varias melodías del compositor Guty Cárdenas fueron interpretadas al dar inicio la comida.



Obregón en el banquete


En la mesa de honor se sentó al centro Álvaro Obregón; a su izquierda, Aarón Sáenz; el diputado Enrique Fernández y Ricardo Topete; a su derecha, Federico Medrano, jefe de la diputación guanajuatense; el licenciado Arturo H. Orcí; y el presidente de la Corte, Jesús Guzmán Vaca. Otros invitados destacaban a los costados de la mesa de honor, como José Luis Solórzano, Antonio Díaz Soto y Gama, Aurelio Manrique Jr., Ezequiel Padilla, David Montes de Oca, Tomás A. Robinson, José Aguilar y Maya, y Alejandro Sánchez, el médico de cabecera de Obregón. No se había dispuesto ninguna seguridad en el evento, excepto por la presencia de tres agentes y el cuidado de los escoltas y amigos que acompañaban al presidente electo.



José de León Toral llegó pocos minutos después que Obregón al restaurante. Entró con facilidad, vestido con un traje café, una corbata rojiza, su cuaderno de dibujo y un lápiz. Para entrar preguntó por “el señor Cedillo”. Le respondieron que posiblemente se encontraba en la comida del jardín, por lo que penetró sin dificultad. Ya allí, lo primero que hizo fue beberse una cerveza. Luego se metió al baño a orinar, desenfundó la pistola quitándole el seguro, y se la guardó a la altura del abdomen con el cañón hacia abajo y la cacha sujetada con el chaleco del traje. Salió para sentarse en el jardín y dibujar a Obregón, al director de la orquesta y a Aarón Sáenz.



Aarón Sáenz


La comida transcurrió sin contratiempos. Obregón comió en exceso, como era su costumbre, e inclusive ordenó un plato de mole. Después de los primeros bocados comentó con ironía: “Los que estamos aquí sabemos comer sin música. Últimamente he ganado algunos kilos y si sigo comiendo no voy a caber en el frac durante la ceremonia de la toma de posesión y en lugar de la banda presidencial, me van a tener que envolver en un petate”. En algún momento, mientras Obregón estaba distraído, alguien comentó: “Mira al general, ¿en qué estará pensando? Parece que ve hacia el infinito”. Ricardo Topete fue el único que desconfió del dibujante. Llamó a uno de los agentes para preguntar quién era el que estaba sentado dibujando, a lo que el agente le informó que era un caricaturista de los periódicos y que estaba dibujando al caudillo. Toral se dio cuenta de la desconfianza de Topete, se paró y caminó hacia la mesa de honor. Se dirigió al diputado preguntándole cuál de los bocetos que había hecho le parecía mejor. Enseguida se acercó a Sáenz para enseñarle su boceto y el del general, a lo que Sáenz respondió que lo buscara después para quedarse con ellos.



Boceto de Obregón realizado por Toral


Eran las 14:20 horas, justo en el momento en que se servía el pastel "Bombilla", que a Obregón tanto lo entusiasmaba. Enseguida, José de León Toral se acercó a Álvaro Obregón para mostrarle el dibujo. El general volteó para ver los dibujos. En ese momento, Toral sostuvo con la mano izquierda el cuaderno y con la derecha sacó la pistola para disparar el primer tiro a la cabeza, seguidos de cuatro balazos más sobre la espalda y otro más en el muñón derecho. En total seis disparos. En ese momento se escuchaba la canción "El limoncito", confundiéndose el sonido de los disparos con los toques de la orquesta. Obregón inclinó la cabeza hacia adelante y hacia la izquierda, se flexionó sobre la silla, dio con la cabeza sobre la mesa y finalmente cayó al suelo, golpeando con la frente.



Dibujo reconstruyendo el magnicidio


Aarón Sáenz alargó los brazos, tratando de atrapar el cuerpo del caudillo sin lograrlo. La confusión se apoderó de los personajes sentados en la mesa de honor. José de León Toral quedó petrificado, apuntando la pistola hacia el suelo. El primero en tomar al asesino y desarmarlo fue el diputado Enrique Fernández Martínez. Después lo rodearon Ricardo Topete, Aurelio Manrique, Ignacio Otero, Antonio Valadéz, Antonio Díaz Soto y Gama, Juan Jaimes, Homobono Márquez y Tomás A. Robinson. Lo tundieron a golpes y culatazos. Juan Jaimes quería dispararle. Aurelio Manrique gritó que no había que matarlo, porque debía haber cómplices y era necesario averiguar quién estaba detrás de aquel atentado. Se ordenó que se cerraran las salidas del restaurante. El sitio terminó casi destruido en medio del caos.



El lugar de Obregón tras el magnicidio


Topete recogió la pistola. Mientras, el cuerpo de Obregón estaba tirado con las piernas flexionadas y la cabeza contra el suelo, sangrando. Sáenz, Otero y el médico Sánchez trataron de levantarlo. Unos decían que estaba vivo, otros gritaban que había muerto. Con trabajos debido a su peso y obesidad, fue trasladado a su automóvil Cadillac, colocando el cuerpo en el asiento trasero. En el mismo coche se subieron Sáenz, Orcí, Tapete, Medrano y Manrique, quienes partieron, seguidos de otros automóviles. Se trasladaron a la casa de Obregón. El presidente Plutarco Elías Calles, quien se encontraba en Palacio Nacional, fue informado de inmediato.



José de León Toral fue trasladado a la Inspección General de Policía, sujetado por el coronel Juan Jaimes, el coronel Tomás A. Robinson y el diputado Enrique Fernández Martínez en un coche Packard; allí esperarían al general Roberto Cruz, jefe de la policía. Toral, impávido, con los ojos cerrados y ensangrentado por los golpes, no podía o no quería hablar. Sólo se había identificado como “Juan”. La noticia se supo en toda la Ciudad de México. Afuera del domicilio de Obregón había una multitud en el momento en que llegó el Cadillac con el cadáver del caudillo. Su sirvienta, Valentina, gritó que habían matado a su padrecito y cayó desmayada. El cadáver fue colocado en una habitación de la planta baja, donde ya se encontraba el médico Enrique Osornio, quien había amputado el brazo de Obregón en 1915, para dar fe de que estaba muerto. Luego se procedió a realizar una máscara mortuoria del caudillo, marcada por un balazo y un golpe.



La máscara mortuoria del cadáver de Obregón


El presidente Plutarco Elías Calles llegó a la residencia de Obregón visiblemente disgustado. Entró a la habitación donde se encontraba el cadáver. Se acercó a la cabeza del muerto y mirándolo fijamente, exclamó: "¿Querías ser presidente? ¡Pues no llegaste, pendejo!" El general Higinio Álvarez García se enojó al escuchar el comentario y desenfundó su pistola, pero el médico Osornio intervino para calmar los ánimos.



Calles pidió a Cholita, su secretaria, que lo comunicara desde ahí a la Inspección General de Policía, para solicitar fuerzas policiales y dar instrucciones. Llegó entonces el general Palomera de la gendarmería, para recibir la orden de sacar de inmediato los archivos del caudillo asesinado. Manrique enfrentó a Calles para evitar dicha orden, diciéndole además que el obregonismo no había muerto, acusando a Luis N. Morones, miembro del gabinete del presidente, de urdir el asesinato. Solicitó entonces una entrevista formal con una comisión. Mientras, se supo que el hijo de Obregón, Humberto, había salido de su casa con pistola en mano para buscar y matar a Morones, quien siempre fue enemigo político de su padre. Lo mismo haría después en la Penitenciaría contra José de León Toral, tratando de cobrar venganza, sin lograrlo.



“La Bombilla” tras el magnicidio


El presidente Calles salió de la casa de Obregón para dirigirse a la Inspección General de Policía. En la oficina de Roberto Cruz entrevistó personalmente al magnicida, acompañado por los generales Joaquín Amaro y Abundio Gómez. Calles le preguntó quién lo había mandado a cometer el crimen, a lo que Toral respondió que no quería cambiar su declaración inicial, en el sentido de que había obrado solo y que lo había hecho para lograr que "Cristo nuestro señor pueda reinar en México". El presidente Calles solamente expresó: "¿Qué clase de reino es ése?" Lo cuestionó luego sobre las razones de no haber procedido primero contra él y no contra Obregón, a lo que Toral respondió que era indispensable destruir los cimientos para que cayera el edificio, única forma de extirpar la persecución religiosa. Calles salió visiblemente enojado de esa oficina, sin expresar nada más. En ese momento, la policía comenzaría a torturar a Toral: lo colgaron de los dedos, le aplicaron el tormento del agua, le dieron toques eléctricos en los testículos y en la boca, lo golpearon. En otra habitación, torturaron también a su esposa y lo obligaron a escuchar sus gritos.



Toral, torturado (dibujos realizados por él mismo)



Ese mismo día, los obregonistas del círculo cercano del presidente electo se organizaron para que una comisión se presentara ante Calles para manifestar sus posturas sobre varios temas. La comisión quedó integrada por Aarón Sáenz, Emilio Portes Gil, Luis L. León y Arturo H. Orcí. Esa misma tarde fueron recibidos por el presidente. Insistieron en culpar a Morones de la muerte del caudillo y pidieron el esclarecimiento del crimen cuanto antes. Además, manifestaron su desconfianza ante el hecho de que el encargado de las investigaciones fuera el general Roberto Cruz, pues no garantizaba los intereses del obregonismo, ya que había sido enemigo de Obregón. Calles ordenó cesar a Cruz y nombrar a un amigo del caudillo, como el general Antonio Ríos Zertuche.




Por la noche, el cadáver del presidente electo fue llevado al salón Embajadores de Palacio Nacional. Una valla se formó por generales, jefes y oficiales desde la puerta central de Palacio hasta el salón. El féretro fue cargado por Joaquín Amaro, Ricardo Topete, Tomás A. Robinson, Aarón Sáenz y cuatro elementos del Estado Mayor Presidencial.



Los titulares sobre el crimen



Una primera guardia de honor fue realizada por Plutarco Elías Calles, Joaquín Amaro, Arturo H. Orcí, Aarón Sáenz y Aurelio Manrique. Una segunda guardia la encabezaron Patricio Salido, Humberto Obregón, Ignacio Otero Pablos, el coronel Juan Jaimes, Homobono Márquez y Marte R. Gómez. El féretro de metal fue cubierto con la Bandera Nacional.



El funeral de Álvaro Obregón


Gente del pueblo desfiló ante el ataúd, unos impávidos, otros por morbo. A las 11:00 horas inició la última guardia del presidente Calles, junto con familiares y amigos del difunto. Sáenz, Manrique, Topete, Ponce de León y Orcí fueron los encomendados de cargar el féretro para llevarlo al patio central de Palacio Nacional e iniciar el recorrido hacia la estación de ferrocarril, en una carroza de la Agencia Funeraria Gayosso. Detrás de la carroza fúnebre viajaba el presidente Calles junto con Sáenz y Amaro, atrás miembros del Centro Director Obregonista. Miembros del Colegio Militar y del Estado Mayor Presidencial escoltaron la carroza.



El sepelio de Obregón


El cortejo fúnebre salió de Palacio Nacional, pasó frente a la Catedral, para tomar la Avenida Madero, luego la Avenida Juárez, donde se detuvo para recibir homenaje en las oficinas del Centro Director Obregonista. Sáenz dijo unas palabras muy emotivas acerca del caudillo, de su servicio a la patria, de su protagonismo como baluarte de la Revolución Mexicana.



Continuó el cortejo hasta la Estación Colonia de ferrocarril, donde se encontraba arreglado un vagón como capilla ardiente. Ahí Manrique pronunció otro discurso exaltando la figura de Obregón y su contribución a la historia, que “había sido cortada por el artero crimen que requería la mano firme de la justicia”. La banda del Estado Mayor de la Secretaría de Guerra y Marina ejecutó el Himno Nacional, dando pie al arranque del tren con destino a Sonora.



El tren olivo quedó bajo las órdenes de los generales Benito Bernal y Agustín Cisneros, con una avanzada de fuerzas que iba en otro tren. A las 07:00 horas del día 19 de julio, el convoy con los restos de Obregón llegó a Guadalajara, donde se realizó un homenaje oficial por espacio de una hora, con honores militares.



Dos días después, el tren llegó a la población de Navojoa. Sus familiares decidieron trasladar el cadáver de Obregón a Huatabampo, para enterrarlo junto a los restos de su madre. Por la noche del sábado, bajo un intenso calor, Álvaro Obregón fue sepultado en el panteón municipal de su tierra natal.



Ya desde el miércoles 18 de julio, el presidente Calles había declarado que México había perdido al estadista más completo del pasado reciente y prometió cabal castigo a los asesinos intelectuales y materiales. Prometió también que la obra revolucionaria continuaría.



Los hijos de Obregón, antes y después del magnicidio



La solución del conflicto religioso y la necesaria unidad de la familia revolucionaria se impondría, porque habían sido objetivos concretos del obregonismo. En esta interpretación, Aarón Sáenz jugó un papel fundamental con tal de hacer prevalecer el legado del caudillo. En privado, Calles expresó: “José de León Toral tendrá la muerte que se merece”.



La viuda de Obregón


La policía pronto dio con el paradero de “La Madre Conchita”, quien fungía como abadesa de un convento clandestino. La arrestaron y condujeron a la penitenciaría. Allí la torturaron y le rompieron a patadas una pierna.



Carta manuscrita de Toral


José de León Toral y “La Madre Conchita” fueron juzgados durante los siguientes meses. Hubo muchos involucrados, exculpados, alegatos, amparos y testigos. Lo defendió Demetrio Sodi, uno de los principales penalistas de la época.



Toral y “La Madre Conchita”, detenidos



En el juicio, Toral recordó la siguiente conversación con la madre Conchita: “Acabo de oír un comentario en un tranvía, diciendo que lo mató un rayo al aviador Emilio Carranza y que fue castigo del cielo. Este fue un comentario que oí en el tranvía, y luego un comentario mío diciendo: ‘¡Cómo ese rayo no lo mandó Dios al señor Obregón o al señor Calles!’




“Y ella, no sé precisamente si tomándolo a broma, pero tampoco tomándolo en serio, dijo: ‘Pues eso Dios sabrá. Lo que sí sé es que para que se componga la cosa, es indispensable que mueran Obregón, Calles y el patriarca Pérez’.



Toral en prisión



“Pero como un comentario, no me llegó a decir: es necesario que tú trabajes en esto, que busques a alguien, en fin, no insinuándomelo… Fue una conversación que pudo haber dicho hasta un político, como pueden haberlo dicho miles de católicos. Pero no fue el todo, fue lo último, lo que bastó para hacerme decidir.



Dibujos realizados por Toral


“Los Cristeros estaban en su perfecto derecho de obrar así, y merecían toda mi simpatía. Yo considero como héroes a los que están luchando; como mártires a cada uno de los que mueren”.



Al cadáver de Obregón se le practicaron dos autopsias. En una de ellas se señala algo desconcertante: que se habían hallado diecinueve heridas de bala, de diferentes calibres.



Nota sobre la autopsia publicada en el periódico Excélsior


Ese documento permaneció archivado varios años y muchos aseguran que se trata de una falsificación. Otros, sin embargo, testimonian su validez.



Diagramas de la autopsia a Obregón



El escritor Francisco Martín Moreno en su novela México acribillado, postularía la hipótesis, con base en un acta del reconocimiento médico practicado al cuerpo de Obregón y en el análisis de las relaciones de Luis N. Morones y “La Madre Conchita”, que el presidente electo no sólo fue muerto por las balas de Toral, sino también por francotiradores que dispararon simultáneamente.



“La Madre Conchita” durante su reclusión


Y que estos hipotéticos asesinos fueron enviados por Morones para asegurarse que Obregón muriera. Esto explicaría las diecinueve heridas de distintos calibres supuestamente encontradas en el cadáver. Lo cierto fue que la investigación sólo abarcó a las personas involucradas directamente en el asesinato.



La prisión de Lecumberri


En la prisión de Lecumberri, Toral declaró que estaba arrepentido. Cuando le dijeron que Obregón pensaba poner fin al conflicto religioso, Toral mencionó que, de haber sabido eso antes, no le hubiera disparado. De poco sirvió su arrepentimiento. Mientras estaba en prisión, su mujer dio a luz a su tercer hijo. El niño fue llamado José Agustín Humberto, en honor a los hermanos Pro y a su padre.



La esposa y los hijos de Toral


El escándalo en la opinión pública continuó durante el tiempo en que se celebraron las audiencias, sobre todo, en el juicio popular que se celebró en San Ángel, cuyo resultado fue la sentencia de pena de muerte para Toral y veinte años de reclusión a la madre Conchita.



El juicio de José de León Toral y “La Madre Conchita”


Poco después del asesinato de Obregón, en su último informe, el presidente Calles declaró concluida la época del caudillismo e iniciada la del régimen institucional.




El 1 de diciembre de 1928, ante la falta del presidente electo, el Congreso designó un presidente provisional, nombramiento que recayó en Emilio Portes Gil, secretario de gobernación de Plutarco Elías Calles. El 7 de enero de 1929, Portes Gil estaba de gira en Tampico, donde recibió un telegrama de los abogados de José de León Toral, en que le solicitaban el indulto para su defendido.




Al mismo tiempo, la policía presentó al mandatario una carta que alguien había enviado, en la que se amenazaba con matarlo si negaba el indulto, dinamitando el tren presidencial cuando viajara de regreso a México.




Emilio Portes Gil escribiría en sus memorias: “Aquella carta la firmaban gentes que se decían representativas de la llamada Liga de Defensa de la Libertad Religiosa, la cual, desde hacía algunos años, venía funcionando a espaldas de las autoridades y que se caracterizó por tantos actos de violencia cometidos en todo el territorio nacional”.




El presidente negó el indulto. El sábado 9 de febrero de 1929, José de León Toral fue ejecutado por un pelotón en la Penitenciaría de Lecumberri. Antes de morir, gritó: “¡Viva Cristo Rey!”






El fusilamiento de Toral



Tenía veintiocho años de edad. Dejó tras de sí una viuda y tres hijos. El cuerpo de Toral fue entregado a su familia, quien contrató un patólogo que le sacó el corazón, mismo que se almacenó como reliquia.



El corazón de Toral


La sábana ensangrentada en que estaba el cadáver de Toral cuando se le extrajo el corazón, fue luego conocida como “El Sudario de Toral”, y la Liga confeccionó una bandera tricolor con ella, según versión del escritor católico pro-cristero Rius Facius, que incluye una fotografía de dicha bandera en su libro Méjico Cristero.



Los titulares sobre el fusilamiento


De inmediato, Toral se convirtió en un mártir de la causa católica, como lo corroboraron sus funerales. Fue sepultado en el Panteón Español.



Sepelio de Toral


El domingo 10 de febrero de 1929, un día después del fusilamiento de José de León Toral, la Liga cumplió su amenaza contra el presidente. En sus memorias, Portes Gil narra: “Tal y como se me había anunciado en Tampico, cuando Valente Quintana me entregó la carta de la llamada Liga Defensora de la Libertad Religiosa, el tren presidencial en que viajaba en compañía de mi esposa y de mi pequeña hija Rosalba, entonces de dos años de edad (…) fue dinamitado al llegar al puente ubicado en el kilómetro 327, entre las estaciones de Comonfort y Rinconcillo, en el Estado de Guanajuato. Todos pudimos darnos cuenta de que la dinamita que estalló había sido colocada bajo el puente, en cuyo lugar se encontraban aún varios cartuchos que no habían hecho explosión. Cerca del sitio de la voladura había huellas que demostraban que los autores habían pasado la noche -o quizá días- en espera del tren.



El atentado contra Portes Gil


“El saldo de aquel atentado dinamitero fue la muerte del garrotero Agustín Cárdenas; la destrucción de dos carros pullman y la voladura de la locomotora y el tanque que saltaron sobre el puente. ¡Y así fue como se cumplió la amenaza que los fanáticos de la llamada Liga Defensora de la Libertad Religiosa hicieron en la carta que recibí en el puerto de Tampico! ¡Y así también caían seres que ninguna culpa tenían de aquella contienda fratricida, como el garrotero Cárdenas; mientras que los autores verdaderos de aquel sangriento conflicto, líderes potentes y clérigos retardatarios, se paseaban, unos en el país y otros en el extranjero, disfrutando de las comodidades que su alta investidura les había deparado!”



La tumba de Toral



Mientras tanto, Concepción Acevedo de la Llata “La Madre Conchita”, entonces de treinta y siete años de edad, fue enviada primero a la prisión de Lecumberri y posteriormente, al penal de las Islas Marías.



“La Madre Conchita” en Lecumberri


Dejó los hábitos religiosos y se casó con Carlos Castro Balda, quien puso la bomba en la Cámara de Diputados, en una boda que se celebró en dicho penal el 20 de octubre de 1935, cuando ambos cumplían sus sentencias respectivas.



“La Madre Conchita” en las Islas Marías





Concepción Acevedo fue liberada en 1940, doce años después. Escribió un libro con sus memorias (Yo, la Madre Conchita) y dio entrevistas en la televisión mexicana en los años setenta del siglo XX.



La liberación de “La Madre Conchita”





“La Madre Conchita” murió el 30 de agosto de 1979, a los ochenta y siete años de edad. Irónicamente, vivía en un departamento ubicado en la Avenida Álvaro Obregón nº 187, en la Colonia Roma de la Ciudad de México. La avenida fue rebautizada así en honor al caudillo asesinado y era la misma que antes se llamaba Avenida Jalisco, donde Obregón vivió.



“La Madre Conchita” con el periodista Jacobo Zabludovsky


En junio de 1929, el Delegado Apostólico y el Presidente Emilio Portes Gil firmaron el acuerdo con el cual se les concedía amnistía a los Cristeros que se rindieran, así como el permiso de realizar los actos religiosos como era costumbre hasta antes de este conflicto. Sin embargo, las guerrillas cristeras y las muertes continuarían aún por varios años.



Placa en memoria de Obregón


En el lugar en que se asentó el restaurante en que fue asesinado, ubicado en San Ángel, dentro de la delegación del Distrito Federal que hoy lleva su nombre, está el monumento en honor de Álvaro Obregón, en cuyo interior permaneció, dentro de una urna de cristal, el brazo que perdió.



El brazo de Obregón


El miembro cercenado estuvo allí hasta 1989, en que sus familiares decidieron incinerarlo. Posteriormente, los restos fueron exhumados y trasladados al Monumento a la Revolución, en la Ciudad de México.



La tumba de Álvaro Obregón




VIDEOGRAFÍA:

Biografía de Álvaro Obregón
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“Corrido de José Toral” – Los Trovadores Tapatíos
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“Corrido de Obregón” – Trío Luna
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“El limoncito” – Hermanos Záizar
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HEMEROGRAFÍA:

Publicaciones en periódicos de la Ciudad de México sobre el magnicidio de Álvaro Obregón (52 páginas) (doble click sobre la imagen para ampliar y ver todos)


Transcripción de la Defensa de José de León Toral (17 páginas) (doble click sobre la imagen para ampliar y ver todos)


Versión taquigráfica del amparo de José de León Toral (6 páginas) (doble click sobre la imagen para ampliar y ver todos)



BIBLIOGRAFÍA:
































FILMOGRAFÍA:









OTROS MATERIALES:

32 comentarios:

Anonymous dijo...

Cancínico:

Sin poder evitarlo debo señalar que... ¿Cuál es el colmo de un cristero?.. .Apellidarse Pro Juárez... No mamen...

Anonymous dijo...

Ya chole con asesinatos de esos pseudo-patriotas y heroes (punto de vista muy personal). este es un sitio de asesinos seriales o que no? m'ta. pero en fin, muy bueno el sitio y buena información sangrienta.
un Saludo desde Australia.

Anonymous dijo...

De acuerdo con el segundo comentario, algo parecido iba a poner yo

Halford dijo...

Este era el caso que yo esperaba, obviamente es el mas paradigmatico junto con los anteriores, a los anònimos, si este sitio solo fuera de asesinos seriales, todas las demas categorias no se hubieran publicado, o sì?, toda historia del crimen tiene su punto interesante, ¿desprecian a obregon, villa y carranza, los llaman pseudoheroes, robolucionarios, etc, y se entusiasman con asesinos cobardes y estùpidos como vesago, Hiroshi, o Lee Lucas?.
¿Se entusiasman con los asesinos escolares que asesinan en masa a victimas inocentes y les molesta que se hable de personajes historicos solo por que son mexicanos? si la historia fuera de JFK y las hipotesis de conspiracion les molestaria igual?

Este sitio, trata de los hechos que narra como un ejercicio literario, ¿acaso les importa analizar si dicho ejercicio se cumple, si el autor logra una ejecucion adecuada o solo reflejan su trauma en la escuela primaria y secundaria con la materia que menos les gustaba?

Con todo respeto, si no les agrada esta bien, hay casos que a mi se me hace menos interesantes pero respeto y admiro el esfuerzo del autor, se me hace tonto cuando menos, reclamarle por estos casos cuando se dedica precisamente a lo que ustedes tanto critican, la literatura y la historia.

Solo creo que vale la pena leer el texto y analizarlo sin prejuicios, o bien pasar de el pero no estar criticando el trabajo de una persona que buenos momentos les ha dado con otras historias, al menos, por aquellas que si les han gustado, un poco de respeto.

Sin afan de ofender a nadie, saludos karuna , saludos escrito, magnifico caso en esta ocasion, por cierto y si me lo permites un analisis en particular de la guerra cristera podria ser interesante.

Hasta la pròxima.

Babel dijo...

Bien por el comentario de Halford!

Super entrada Escritor, muy interesante. :D

Anonymous dijo...

YA ME ABURRÌ DE TANTA HISTORIA. SI QUIERO SABER DE HISTORIA, ME VOY A LOS LIBROS QUE VALE DECIR, LOS HAY EXCELENTES. NO ESTOY EN CONTRA DE LA CULTURA, PUES YO MISMA SOY AFICIONADA A LA HISTORIA DE MÈXICO, PERO...SI ENTRO A ÉSTA PÁGINA ES PARA VER HISTORIAS DE ASESINATOS! PORQUÉ NO TE APEGAS A LA FINALIDAD DE TU BLOG, PORQUE ES ABURRIDO ENTRAR Y ENCONTRARME CON ESTAS LECCIONES QUE NO NECESITO.

Anonymous dijo...

ESTO ES UNA BROMA?
La verdad, si va a poner asesinatos de historia ponga de todos los paises! Es cansador! como puede tomarse el arduo trabajo de hacer esto sabiendo que ya estamos cansados, Es indignate! No queremos lecciones de historia por favor! Ya la tenemos en la escuela, aparte si va a poner asesinos historicos ponga de otros paises, ya harta Mexico, ponga de Rusia, Japon, España, Argentina, Uganda, Si a eso se va a dedicar hagalo bien y denos variedad de asesinos historicos, en todo el mundo los hay, y si este es el rumbo que tomó, planteando asesinos Mexicanos debo decirle que Ha perdido un lector.
Que indignación.
Perdón por ser tan descortes, pero es inevitable, es como una tomada de pelo.
Adios Escritor, Hasta otra vida, o cuando vuelva a hacer entradas como las que nos tenia acostrumbrados.
Buena Vibra.

Romina dijo...

Guau leyendo los comentarios anteriores...como que hay muchos a los que les fue mal en historia en su adolescencia...=P,por mi parte puedo decir que esta historia si me gusto,por lo menos estos asesinos tienen "razones"para cometer estos actos-que sin embargo no son justificables-peleean por algo mayor,y no por el solo hecho de matar por alguna desviacion psicologica.Aunque la muerte de una persona es la perdida de alguien no importa cual esa su motivo-detalles mas o menos morbosos aparte-aprecio el trabajo de el autor de este blog y lo felicito por ello,me acorde de un libro de mi abuelo,que trataba sobre la revolucion mexicana(y somos argentinos)me dieron ganas de releerlo...felicitaciones de nuevo,los pueblos que no conocen su historia estan condenados a repetirla...saludos desde Argentina

Anonymous dijo...

Muy bueno y muy completo. Narras e ilustras de una forma muy amena estos hechos de sangre que, desgraciadamente, han enrojecido a nuestro país desde la independencia hasta la fecha.

Me gustaría comentar dos cosas:

1. Es interesante establecer el paralelismo que existe entre el asesinato de Obregón y el de aquel otro sonorense Luis Donaldo Colosio. Según la historia oficial, a ambos los mataron asesinos solitarios y fanáticos. En ambos casos, pocos creen la versión oficial. En ambos casos mucha gente cree que el asesino intelectual era el presidente en turno: Calles, en el caso de Obregón, y Salinas en el caso de Colosio. En ambos casos seguramente jamás sabremos toda la verdad.

2. También es interesante mencionar que se hizo una película a partir de la novela de Martín Luis Guzman sobre el asesinato del general Serrano. Por supuesto estoy hablando de La Sombra del Caudillo, que esta en la cabeza de las películas más censuradas en la historia de México. La película es de 1960 y por obvias razones, no se permitió su exhibición hasta 30 años después. La historia muestra sin tapujos las triquiñuelas de los que podríamos considerar los primeros gobiernos priístas: los de Obregón y Calles.

Saludos

Atte

Daniel García, fan del blog

Anonymous dijo...

jajajaja...es cierto lo que dicen muchos, yo veo que se trata de historia de Mexico de hace como 100 años y directamente ni lo leo. Es aburrido y ni siquiera se trata de mi pais, si no me importa lo que paso hace años en mi propio pais porque me va a importar esto?
Por favor vuelve a los asesinos mas actuales, esto ya aburrio, una vez estuvo bien pero ya son demasiados

Anonymous dijo...

que ironico el ultimo comentario al chico no le interesa asesinos historicos de otros pasises como "mexico" pero el chico lee asesinos seriales de u.s.a o de otros paises una de 2 o este chico le encanta los crimenes de violaciones, descuartizados o infanticidos o simplemente opina por opinar, aqui se publican crimenes de todos los ambitos y al que no le guste simplemente no entre para que tanto arguende critacando al autor que mucho hace con la investigacion y de a gratis.

saludos

Anonymous dijo...

"Difinitivamente", como dijo Don Hêctor Espino, estoy decepcionado.Decepcionado de muchos lectores de este blogg, en especial de los 4 anònimos que se quejan de las "lecciones" de Historia.
Ya se ha dicho varias veces que es el Website de los Asesinos. no el de los Asesinos Seriales.
Si bien es cierto. tambièn es el Bicentenario de su Independencia en este 2010 de otros paìses; Argentina, Venezuela, Colombia...
Es el ùnico paìs en que coincide
con el Centenario de su Revoluciòn.
Por otro lado. pienso que hay que decir No al fanatismo religioso.

Anonymous dijo...

Totalmente decepcionada de los mexicanos que dicen estar hartos de la historia... Por otro lado a mi sí me gustaron estas entradas pues hay bastante suspenso, crueldad, sangre, complot, etc. México está como está por esa gente que se "aburre" de la historia de su país, que no aprende y mejora en base a los que otros hicieron por nosotros. Todos los llamados héroes y caudillos eran humanos con errores espantosos o grandes proezas, creo yo que al igual que cada ser humano en el mundo. El blog es de ASESINOS y estos hombres vaya que se llevaron vidas por delante. Bien Escrito, muy bien por retomar la vida de NUESTRO país.

Saludos,Mary.

Anonymous dijo...

estoy de acuerdo con los anonimos ya cansa yjamas ve pierdo una historia pero tengo tres semanas sin leer el blog si van a criticar q tengo q aprender historia de mexico pues no soy mexicana y bueno una semana se pasa pero 3 :S escrito pls no dañes la pag ya vez q no es solo uno q no le gustan estas clases de historia :S

Anonymous dijo...

Bueno, yo estoy en desacuerdo con los anonimos, no me gusta, no lo leo pero tampoco critico, es absurdo estar ofendiendo al escritor, por que pierde mucho trabajo en las investigaciones, trabajando en transcribir la informacion, y sobre todo, lo hace con la intencion de que nos guste, no que lo critiquen, si uno ya puso que no le gusto, que necesidad hay de estar quejandose muchos mas? no por eso van a hacer que cambie esa entrada, desde hace unas semanas, aviso que iban a ser varias las entradas de este tipo, si vieron esa advertencia, me reservo el derecho de entrar.

Personalmente, me gusta la historia, y por ende, las entradas, sigue asi con cualquier caso que tengas en mente.

Felicidades escrito

Anonymous dijo...

En esta página sabran los peligros de no saber historia, hay varios cortos explicados con manzanas y dibujitos y tambien el porque ODIAN la historia nuestros trolls anonimos... La historia es buena los malos son los prfes que no te supieron enseñar.
http://www.bullymagnets.com/archives/293
saludos, Cinthya.

Anonymous dijo...

Ashhh neta que flojera los que se ponen aqui a lloriquear por leer hechos históricos... si no quieren leerlos hagan sus investigaciones, hagan su blog y listoooo... ahh y ya leeran comentarios de pobre gente como ustedes que critican y se quejan de todo XD
Gw

Karuna dijo...

¡Hola amigos, en especial Halford y Escrito con Sangre!

Me llama la atención que la gente lea biografías y no les guste la historia, pero bueno; depende también de la persona si le gusta ó no.

La trilogía de los magnicidios destacados en la Revolución Mexicana, presentadas en este año, tanto como una como la otra son impactantes.

Antes de comentar sobre este tema, debo aclarar una cosa no soy ni izquierdista, ni derechista.

Sé que el asunto del bicentenario de la independencia como el centenario de la Revolución Mexicana, ha molestado a todos los mexicanos porque no tenemos derecho a celebrarlas, pero si reconocerlas; a pesar de que seguimos en las mismas circunstancias.

Sí realmente México nos preocupara por mejorar, no deberíamos de quejarnos, pero tampoco hacernos los sordos ó los tontos para olvidarnos de los problemas que han pasado en México.

Ahora hablando sobre este texto, la búsqueda del poder siempre será la causa más intensa al presentarse un magnicidio.

Al final de cuentas, en estos textos no se trata de decir que Venustiano Carranza, Francisco Villa y Álvaro Obregón eran buenas personas, pero tampoco malas.

Los humanos por naturaleza somos egoístas y eso nos hace ser personas neutrales (ni buenas, ni malas).
En este caso si hablaramos de José de León Toral, uno diría: "Es un asesino y es malo."

Yo no lo considero malo, aunque muy pocos lo catalogan como un antihéroe; debido a que asesinó a Álvaro Obregón por venganza.

Aquí tanto como las figuras destacadas en la trilogía de la Revolución Mexicana, los chicos de Columbine, Natsumi Tsuji, Mary Bell, los niños asesinos de Liverpool, Mark Chapman que asesinó a John Lennon, ni se digan del famoso dúo de Henry Lee Lucas y Ottis Toole.

Las personas que han usado su poder para exterminar, como lo vimos en Auschwitz, ni se diga de "El Ángel de la Muerte" y áquellos cuyas huellas siguen en la incógnita de los detectives y perturban a los seres humanos (el caso de la Dalia Negra, las muertes de John Benneth Ramsay y Ann Chapman, Jack El Destripador, El Asesino del Zodíaco, etc.).

Son personas que al final de cuentas, no dejan de ser humanas.

Quitémonos de la mente la venda de "héroes" y "villanos", porque nunca han habido.

Todos los seres humanos por sí mismos poseemos ambas características, por los valores que nos han enseñado nuestros padres y la vida social.

Debemos entender que el crimen no es un juego, es una perspectiva que no deja de interrogarnos.

"¿Qué ha hecho mal la sociedad ó qué hemos hechos los humanos para cometer este tipo de atrocidades?"

En realidad nos da igual.

Los humanos pensamos en nosotros mismos y si realmente nos interesara en ayudar a los demás, únicamente será nuestra decisión a elegir la que nos dirá que hacer.

Es cierto que me extiendo mucho al comentar, pero es lo que yo pienso en general y en particular sobre la humanidad.

Fue un placer dejar mis huellas en este blog.

Nos vemos a la otra semana, Escrito con Sangre, amigos y Halford.

Saludos Karuna ^^

Anna dijo...

La leí porke la tercera esa la vencida y se te tomaste el trabajo de hacer estas estradas hay que leerlas, igual no leí las otras dos.
Me pareció interesante.
Y para las personas que contestan a las otras personas que no le gusta leer historia: Estan haciendo lo mismo que ello al responderles y gastar tiempo en ellos, Si no quieren leer historia Mexicana que no lean y si ustedes quieren leer historia Mexica, pues leanla! No hay que hacer tanto problema, las personas eligen que leer y que no, porke para eso tenemos libertad, y los gustos son variados.
De igual manera espero volver a leer las historias de asesinos desconocidos.
Hasta el proximo domingo escrito, un saludo.

Anonymous dijo...

Bueno, yo digo que Karuna tiene razón, no hay malos ni buenos, solo vamos abuscar lo que nos conviene y tenemos que tomar decisiones dificiles para poder vivir, y que esto, obviamente traera sus consecuencias como son que para el resto de nuestra vida se nos señale, y que mejor ejemplo d elos hombres qu ematan a figuras publicas importantes

Anonymous dijo...

tengo la duda: el penalista demetrio sodi tiene algun parentesco con el actual demetrio sodi del PAN?

Laura Alfaro dijo...

Muchachos, lo que pasa es que para estas fechas es el centenario, por eso es el especial de asesinatos que cambiaron la historia de México. Si no les gusta, pues no lo lean, nadie los obliga a leer. A mi no me interesa mucho la historia mexicana, pero me parecio bastante interesante ver como la politica es siempre la misma, en todas partes. Si me hubiera gustado leer algo sobre los asesinatos historicos en Colombia, que tambien han marcado la historia de mi país (que tambien celebra sus 200 años). Ojala sacaras algo sobre Gaitán o Galan, Escrito ^_^
Un saludo señoras y señores

Ileanna dijo...

Estoy de acuerdo con que debemos fomentar la historia. Pero el blog es internacional, los asesinos retratados hasta ahora son de todas partes del globo y por tanto su alcance narrativo histórico también debería serlo. Si es así, hay muchas naciones en bicentenario - entre ellas la mía - que cuentan con magnicidios inclusive más trágicos e interesantes que los ahora narrados y que se merecerían ser repasados en una clase similar, así como tres entradas se ha llevado México. De otro modo podríamos poner la bandera mexicana en el encabezado por los festejos, ¿no? Así nadie se queja :D

Cristal dijo...

Hola!
Bien, encontré esta pagina buscando información del Padre José Aurelio Jiménez Palacios, y me llamó la atención que tuvieran una fotografía de él. Mi interés es porque a una tía abuela él la bautizó, su papá parece ser que era pariente del padre. esto es porque estoy escribiendo algo acerca de ella, ella era na mujer muy trabajadora, ayudaba a su papá en una barbería, y en su casa ayudaba a su mamá en la casa de huespedes que tenía, así conoció a un ingeniero divorciado(que ignoro su nombre) y se enamoró de él, como la familia era muy concervadora ella sabía que jamás iban a dejar que ella se casara con él, así que decide fugarse, pero ya a punto de partir de la ciudad de Oaxaca, se da cuenta que llevaba las llaves de la barbería de su padre, a mi esto me desconcierta porque, decide ir a su casa a dejar las llaves ahí encuentra a su mamá que ya se habia dado cuenta de que no estaba su ropa y en ese momento la obliga a jurar de rodillas que jamás se iria con aquel hombre. A ella la obligaron a renunciar al amor de su vida, ella muere victima de cancer y posiblemente toda su vida se arrepintió de haber ido a dejar las llaves. Yo no creo mucho en el destino pero creo que fue marcada por las tradiciones familiares, el fanatismo por la religión y su falta de carácter. Gracias por la foto, y ojalá me pudieran decir como la consiguieron para saber más de este sacerdote y saber que fue de él despues, ya que también estuvo involucrado con Enrico Samprieto al falsificar billetes del banco de México entre los años 1926 y 1929, toda una joya!!!

Anonymous dijo...

Muy interesante, aunque hubiese preferido una entrada sobre un autentico revolucionario que buscaba un verdadero cambio ademas justicia al sector mas castigado de este hermoso pero a veces tan injusto pais
"Tierra y Libertad"
sobre la pugna entre cristeros y federales, la verdad es que las altas esferas se mostraban indiferentes, y los fanaticos eran los unicos que veian derramar sangre por sus ideales, los cardenales y obispos no apoyaban a los combatientes catolicos, e incluso buscaban constantemente llegar a acuerdos para conservar sus privilegios...pero en fin,siempre que hay conflictos belicos,los pobres van siempre por delante en la linea de fuego.

Anónimo dijo...

en enaltece a obregon y ese fue un hijo de puta traidor a la patria igual con calles huerta era un verdadero patriota malditos vendidos y los libros de texto gratuito mienten siempre y ya no se diga nada del benemerito de las americas es un amaldito indio traidor a la patria!!!

Anónimo dijo...

la verdad es que toda iberoamerica ha sido masacrada por la francmasoneria todos los politicos asesinados de las americas en su mayoria fue por ordenes de las sectas de nueva orleans y ny, la cual la base de la fracmasoneria esta en ginebra. los judios son los amos del mundo y ellos tuvieron mucha culpa de todo lo que paso en america desde tiempos inmemoriales!

Anónimo dijo...

Sinceramente muchas mentiras y suposiciones. Y orgullosa de mi bisabuelo Luis Negrete Morones quien fundo la primer guarderia viendo que las obreras tenian a sus bebes en cajas para poder trabajar. Viva la CROM!!

Susanito Peñafiel dijo...

Coincido con la opinión de Romina respecto a "los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla", es cierto, a pesar de ser un blog de asesinos seriales, es importante leer e informarse sobre los crímenes que son y fueron historia en México. Además está la opción, en la que puedes seleccionar la historia que desees leer, y por lo menos para mi éstas historias son enriquecedoras históricamente.

Ro Berna dijo...

Blog chingón, post chingón.

Anónimo dijo...

mierda que aburrido tener que leer todo esto mas que ni soy mejinarco bueh

Ampersand dijo...

Como alvarobregonense (ya que estoy avecindado en esa delegación) que soy, es bueno conocer detalles acerca de un hecho que desde niño sabía: que la Delegación en la que vivo fue nombrada porque ocurrió el asesinato del político y militar sonorense, y que muy a pesar de que estos datos se ven en clases de Historia en todos los niveles en México, no molesta para nada saber algunos datos extra. Conocer buena parte de la información adicional ayuda a dilucidar mejor los hechos.
Parece que se puso de moda eliminar personajes prominentes a punta de balazos durante la primera mitad del siglo XX; aquí hay bastantes ejemplos de tales acontecimientos. Es interesante conocer detalles, pelos y señales de estos episodios, muy a pesar de las quejas de los inconformes (pero no se sientan ofendidos, sus opiniones aderezan este blog) ... Saludos !!!!