Lock Ah Tam: "El Padre Asesino"



“Mi hijo ha sido la causa de todos los problemas y mi mujer ya no tenía una palabra amable para mí. La culpa es de mi hijo”.
Declaraciones de Lock Ah Tam


Lock Ah Tam nació en 1872 en Canton (China). Antes de instalarse en Inglaterra estuvo trabajando como camarero en un barco. Diez años después conoció en Cardiff a Catherine Morgan, con la que se casó. Su primer hijo, Lock Ling, nació aquel mismo año, seguido de Doris, en 1906, y de Cecilia, en 1908, cuando la familia se instaló en Birkenhead. Dos años después vino al mundo un segundo varón, que murió en la infancia. En 1916, Tam, entonces nacionalizado ciudadano británico, ganaba lo suficiente como para enviar a su hijo a estudiar a China. Tam estaba muy bien considerado en su ciudad de adopción. Trabajó duramente, aprendió a hablar inglés con corrección y era sociable y de agradable personalidad. Sus amigos estaban impresionados por los cuidados que dispensaba a su creciente familia, compuesta por Tam; su esposa, Catherine; su hijo, Lock Ling; y sus dos hijas: Doris, de diecinueve años, y Cecilia, de diecisiete.



La casa de la familia Ah Tam


Lock Ah Tam era un pilar de la activa comunidad china de Liverpool (Inglaterra), que se había abierto camino desde su humilde trabajo de escribiente de una naviera de Hong Kong. Su oficina estaba situada encima de una tienda de paños en Pitt Street, centro entonces de Chinatown, a pocos portales del Club del Progreso de la República China, que había fundado él mismo. Pitt Street, en el centro de la extensa comunidad china del puerto, estaba ocupada por gran número de comercios, como tiendas de ultramarinos. Los primeros inmigrantes chinos llegaron a Liverpool a comienzos del siglo XIX procedentes de Cantón. Se abrieron casas de huéspedes para los cientos de marineros chinos de los cargueros que transportaban seda y té desde China y Hong Kong. Estas pensiones más tarde se transformaron en negocios de lavandería especializados en almidonar cuellos victorianos y eduardinos, pero en respuesta a los cambios de las modas, las empresas chinas pasaron a ocuparse del negocio de la alimentación. La población china iba en aumentando al tiempo que adquiría fama de pacífica y respetuosa de las leyes. Por otra parte, había una minoría de dicha comunidad que, en los bajos fondos, se dedicaba a la manufactura del opio y al juego. Familias enteras vivían de los ingresos de las mesas de juego. Décadas después, Pitt Street quedaría destruida por los bombardeos de 1941 y los chinos reabrirían tiendas y restaurantes en la cercana Nelson Street y en Great George Square. En los años setenta del siglo XX, la población china de Liverpool llegaría a los 8,000 habitantes y sería la más numerosa de Gran Bretaña, exceptuando la londinense.



Los astilleros de Liverpool


Un socio que le conocía desde hacía quince años lo describía como un hombre tranquilo, callado, generoso, amante de su familia y muy dado a actos caritativos. Si veía correr a los chiquillos descalzos por la calle, acostumbraba a regalarles monedas de media corona. Pero en 1918 cambiaron las cosas. Al tiempo que dirigía la oficina de la naviera, Tam fundó en Liverpool un club social para marineros chinos llamado Club del Progreso de la República China. El 11 de agosto de 1918 Tam estaba allí tomando una copa y jugando al billar cuando, de repente, se abrió la puerta y una pandilla de marineros rusos borrachos invadió el local. Se inició una pelea, que acabó en el momento en que uno de los rusos asió una bola y la arrojó contra la cabeza de Tam, fracturándole el cráneo. A consecuencia de la herida tuvo que guardar cama durante quince días. Aquella herida cambió radicalmente el carácter de Tam. Se volvió irritable, distraído y taciturno. Así como antes disfrutaba con un esporádico vaso de whisky, ahora bebía en exceso y enseguida llegó a consumir dos botellas diarias. Se produjeron también otros cambios dolorosos. Su correcto inglés comenzó a deteriorarse y lo que era más importante: su amabilidad y placidez desaparecieron y empezó a tener bruscas e incontroladas explosiones temperamentales ante la más ligera provocación, real o imaginaria. Pataleaba y farfullaba mirando a su alrededor con ojos desorbitados, como si estuviera loco.



Lock Ah Tam


En 1924 le acaeció una nueva desgracia. Había invertido más de diez mil libras esterlinas, una pequeña fortuna en aquella época, en un negocio de barcos. El asunto fracasó y Tam perdió hasta el último céntimo. El, en otro tiempo, próspero hombre de negocios, cayó en bancarrota. Sus deudas le obsesionaban y cada día bebía más. Un antiguo amigo, refiriéndose durante el juicio al carácter de Tam, declaró: “Fue siempre un hombre tranquilo, callado y generoso. La familia era feliz y todos se querían. No había nadie como él cuando estaba sobrio, pero si bebía se convertía en un auténtico lunático”. Con objeto de superar aquella crisis, Lock Ah Tam se compró una escopeta de dos cañones y se aficionó a tirar.






Lock Ling Ah Tam, el hijo


Con un grupo de amigos recorría cazando el noroeste de Inglaterra de arriba a abajo. Al volver de una de estas cacerías invitó al taxista a tomar una copa en su casa. Entablaron conversación y el hombre dijo algo que irritó a Tam, de tal manera que cayó en uno de sus arrebatos de ira y tuvieron que apaciguarle. Cuando posteriormente le comentaron el incidente, aseguró no recordar ni una palabra y se lamentó por haberse comportado de aquel modo. Aunque Tam estaba considerado como un marido y padre ejemplar, pocas semanas antes del tiroteo Catherine escribió a Elizabeth Kemble, viuda de un antiguo socio de su esposo. Aquella carta, que se presentó como prueba en el juicio, contenía el siguiente pasaje: “Las cosas con Tam siguen lo mismo y yo deseo que se arreglen sus asuntos. Hace tiempo que están así y él no hace más que darle vueltas. A veces está bien, pero otras creo que está un poco loco y está adelgazando mucho”.



La tienda de paños


Una noche de principios de noviembre de 1925, al volver a casa bebido desde un hotel cercano, Tam observó que su hijo Lock Ling había dejado apagar el fuego y el padre lo buscó para preguntarle por qué no había mandado subir carbón a la criada, Margaret Sing. La respuesta del joven fue fria y crispada: “No estoy aquí para echar carbón al fuego”. El incidente sólo sirvió para aumentar la tensión en las ya difíciles relaciones entre ambos. En aquella época Tam se quejaba de que nunca estaban de acuerdo. En la noche del lunes 30 de noviembre de 1925, Lock Ling Tam celebraba su vigésimo cumpleaños con una fiesta jovial y reducida en casa de sus padres, en Birkenhead, frente al río Mersey, en Liverpool. La celebración tenía un motivo doble, ya que el joven acababa de volver a Merseyside después de pasar nueve años en una escuela china. Unas doce personas, entre familiares y amigos, se agruparon en el salón de la casa. A las 20:30 horas sirvieron una abundante cena cantonesa. Al terminar, Tam propuso un brindis por su hijo. Fue el tradicional brindis chino "fat choj" ("¡Viva!"). A pesar de las dificultades que surgían entre padre e hijo, Tam las mantuvo en secreto ante los invitados que acudieron a celebrar el cumpleaños del joven aquella noche de noviembre. Todos estuvieron de acuerdo en calificar la reunión como una velada encantadora. Después cantaron y bailaron, y a eso de la medianoche terminó la fiesta. Cuando a las 00:45 horas, aproximadamente, se despidió el último invitado, Lock Ah Tam parecía considerablemente borracho. La familia se fue a dormir.



Pitt Street


Las dos niñas compartían su dormitorio de la segunda planta con una joven llamada Margaret Sing, que ayudaba a Catherine en las faenas de la casa. Cuando Lock Ling se disponía a meterse en la cama, oyó discutir a sus padres en el dormitorio del piso inferior. Los gritos y el ruido de golpes y empujones le impulsaron a salir en zapatillas: Se reunió con, sus hermanas y los tres bajaron a la habitación de sus padres. Lock Ah Tam, en camisa de dormir, chillaba y agitaba los brazos ante su mujer. Cuando su hijo le increpó por maltratar a su madre, Tam, con furia creciente, lo negó, entablándose una violenta discusión. El padre los mandó que se fueran cada uno a su cuarto, incluyendo a la señora Tam. Ella y sus hijas se metieron en el cuarto de estar de la primera planta, pero el joven corrió escaleras abajo y cruzó el patio para buscar a una vecina. Margaret Sing había permanecido en su cuarto durante todo el incidente. Entonces, Tam la llamó personalmente: "Maggie, baja y saca mis botas del salón". Margaret Sing obedeció y después Tam la mandó subir a vestirse. Cuando volvió a bajar pasó ante la puerta entreabierta del dormitorio del matrimonio. Al hacerlo vio reflejada en el espejo la figura de Lock Ah Tam empuñando un revólver con una terrible expresión de furia en el rostro.



Las víctimas (click en la imagen para ampliar)


La aterrorizada joven entró en el cuarto de estar contiguo; donde la señora Tam estaba llorando consolada por sus hijas. La criada les contó lo que había visto. Las mujeres se encerraron inmediatamente en la estancia apoyando algunos muebles contra las puertas. Mientras lo hacían oyeron salir ruidosamente a Tam de la habitación. El aporreó la puerta para que le dejaran entrar. Luego, cuando él volvió al dormitorio, esperaron a que todo estuviera tranquilo, desmontaron la barricada y, silenciosamente, se refugiaron en la cocina. En aquel momento entró Lock Ling por la puerta contigua, acompañado por una desconcertada vecina, la señora Louisa Chiu. Cuchichearon durante unos minutos decidiendo lo que iban a hacer. Lock Ling mandó a la señora Chiu, a Margaret Sing y a su hermana Doris que se metieran en el despacho, a Cecilia que se ocultara tras la caldera de gas y a su madre detrás de la puerta que daba al vestíbulo. En el momento en que salía precipitadamente en busca de la policía se oyó una ensordecedora detonación. Cecilia vio a su madre desplomada en el suelo.






Cecilia Ah Tam


Los acontecimientos se precipitaron. En la puerta de la cocina apareció el cañón de un revólver. Una segunda detonación, y Cecilia cayó muerta instantáneamente. Lock Ling se dio la vuelta y miró por la ventana de la cocina iluminada; tuvo una rápida visión de su padre, quien, blandiendo una escopeta y un revólver, pasaba ligera y silenciosamente por encima de los cuerpos. Vio una olla de cobre caída en el patio y la arrojó por la ventana de la cocina. Doris y Margaret Sing se abrazaban sobrecogidas por el pánico. Doris exclamó: “¡Oh, papá! ¿Por qué has hecho eso?” Pero Lock Ah Tam no respondió. En vez de ello, con los ojos desorbitados y echando espumarajos por la boca, tiró hacia sí de la puerta de la cocina y disparó dos veces a la cabeza de su hija mayor, que, mortalmente herida, cayó también.



Doris Ah Tam


Dejando a Margaret Sing y a la señora Chiu sollozando una en brazos de la otra, Tam volvió a su cuarto y guardó las armas en su sitio. Era la 01:45 horas cuando volvió a bajar las escaleras, descolgó el teléfono y dijo al operador: "Comuníqueme con el Ayuntamiento". El sorprendido operador le puso en comunicación con la comisaría de Birkenhead. "Mande a un agente, por favor. Acabo de matar a mi mujer y a mis hijas. Vivo en el 122 de Price Street". La policía llegó pronto y se encontraron con una carnicería. Lock Ah Tam ya se había vestido. Al pedirle una explicación sobre la carnicería de Price Street, Tam replicó: "Mi hijo ha sido la causa de todos los problemas y mi mujer ya no tenía una palabra amable para mí. La culpa es de mi hijo". Su hija Doris aún estaba viva: fue llevada con la cabeza destrozada al Hospital St. Catherine, donde permaneció en coma y murió unas semanas después.



El Hospital St. Catherine


Cuando el martes 5 de febrero de 1926 se inició en la Audiencia de Chester el juicio por los tres crímenes, el estado mental de Lock Ah Tam era objeto de intensos estudios. El asesinato de su esposa y de las niñas fue tan inesperado y tan opuesto a su comportamiento habitual, que todos los que conocían a la familia se sintieron sobrecogidos. Nadie negaba que el alcohol volvía a Tam agresivo, pero nunca se había mostrado violento. Según ellos, la vida de la familia parecía normal y corriente.



El ataúd de Catherine Ah Tam


Indudablemente, surgieron apreciaciones contradictorias sobre su estado emocional. El ayudante del jefe de Policía de Brikenhead, Arthur Lodge, comentó que cuando el detenido entró en la comisaría le temblaban las manos y tenía los ojos desorbitados. Pero un sargento declaró que el acusado encendió un cigarrillo con mano firme y utilizando solamente una cerilla. El mismo sargento declaró bajo juramento que, cuando él llegó a Price Street, Tam estaba sobrio. Por otra parte, uno de los invitados afirmó que, según el hijo de Tam, su padre parecía "empapado de alcohol" al final de la fiesta y se mostraba más efusivo que de costumbre. "Mi padre parecía ligeramente alterado". Y explicó: "No se le entendía con claridad".



La procesión fúnebre de la familia


El abogado de Tam era sir Edward Marshall Hall, el hombre que tres años antes había defendido con éxito a Marguerite Fahmy en el Old Bailey, por el asesinato de su esposo, el príncipe egipcio Ali Kamel Fahmy Bey. Era tal el dolor que le producían ahora sus piernas varicosas, que el juez McKinnon le permitió interrogar sentado al testigo:
—¿Se comportaba su padre como un demente cuando estaba bebido? —preguntó a Lock Ling.
—Sí, en esas ocasiones se desquiciaba.
—¿Tenía ideas absurdas?
—Sí.
—Cuando estaba sobrio, ¿era un buen padre y un buen marido?
—Sí.



El abogado Edward Marshall Hall


Marshall Hall aconsejó a Lock Ah Tam que se declarase “no culpable”. Sabía que la única esperanza de su cliente radicaba en probar que la noche en que asesinó a su familia no era responsable de sus actos. Marshall Hall iba a apoyarse en que Tam, enloquecido, había caído en un estado de “automatismo inconsciente” a causa de un ataque epiléptico. Él argumentaba que el impacto producido en 1918 por la bola de billar había afectado a su cerebro haciéndole enfermar de epilepsia, y esta enfermedad crea un ansia irrefrenable de alcohol que, a su vez, provoca y agrava las convulsiones. La defensa alegó al tribunal que el negocio de barcos de Tam acababa de declararse en quiebra y que esto le había causado una aflicción tal, que había alterado su equilibrio psíquico. Sin embargo, al intentar acogerse a la definición legal de demencia, Marshall Hall se enfrentaba a una tarea colosal. El acusado, después de todo, había llamado a la policía tras cometer los crímenes, lo que demostraba claramente que conocía los hechos y que sabía que eran dolosos. Sin embargo, el letrado argüía que ningún hombre en su sano juicio mataría de aquel modo, sin ningún motivo e inmediatamente después de una fiesta familiar.



Epilepsia (click en la imagen para ampliar)


—Yo creo —dijo el defensor al iniciar su alegato— que si estudiamos las tragedias griegas, no podremos encontrar ninguna más conmovedora que ésta. En el cerebro de este hombre se produjo un cambio inesperado que ninguno de nosotros sería capaz de explicar. Lo transformó, de un padre de familia tierno, amable y pacífico, en un loco furioso. Sin absolutamente ningún motivo, mató a los que más amaba. Sí: no hay duda de que lo hizo, pero el que lo hizo en aquel momento estaba loco.



La Corte


La prueba más importante de la defensa procedía del doctor Ernest Reeve, especialista en enfermedades mentales, cuyo diagnóstico era que el acusado, como resultado de la agresión, agravada por el excesivo consumo de alcohol, había sufrido un “automatismo inconsciente”. El doctor explicó que un ataque epiléptico y un automatismo epiléptico son dos cosas totalmente distintas. El ataque dura generalmente unos segundos; el automatismo epiléptico puede durar hasta cuatro horas. Tam, ya en prisión, recordaba la discusión con su mujer y la llamada telefónica a la policía, pero no recordaba haber disparado contra Catherine ni contra sus hijas.



El interior de la Corte


El abogado de la acusación, sir Ellis Griffith, sometió al doctor Reeve a un intenso interrogatorio:
—¿Cómo puede usted afirmar eso? Tam telefoneó a la policía y dijo: “He matado a mi mujer y a mis hijas”.
—Sí —replicó el doctor—, aquello lo hizo en estado de automatismo. Podía darse cuenta de todo. Un enfermo en esas condiciones es como un sonámbulo. Un sonámbulo puede andar por el borde de un tejado y hacer cualquier clase de cosas con, aparentemente, todo su conocimiento. Pero después no le queda el recuerdo de sus actos.



La prisión de Walton Gaol


La acusación presentó pruebas que refutaban estos argumentos. El doctor Watson, un oficial médico de la prisión de Brixton, testificó que después de la detención reconoció a Tam y lo encontró perfectamente sano y razonable, sin la menor huella de epilepsia. El doctor opinaba que el acusado había actuado aquella noche movido por el alcohol y no por la epilepsia.






Fechas clave (click en la imagen para ampliar)


El jurado sólo tardó doce minutos en emitir el veredicto de culpabilidad. Lock Ah Tam no manifestó la menor emoción. Sin embargo, el juez McKinnon titubeó al dictar la sentencia de muerte, luchando por controlar sus sentimientos. Las mujeres del público sollozaban abiertamente. "La escena en la sala fue excepcional. De lo más dramático", escribiría Marshall Hall. "Y en medio de los sollozos de la gente y la voz del juez entrecortada por las lágrimas, aquel hombre chino, indiferente, rígido y aparentemente impasible, en pie, con el rostro como una máscara, esbozaba una ligera sonrisa".



El asesinato de una recién casada (click en la imagen para ampliar)


La apelación de Tam fue rechazada, a pesar de una intensa campaña popular a favor del indulto. La víspera de la ejecución Tam se mostró valeroso, entero y amable, y al despedirse le aseguró a su abogado: "Sé que hice algo malo, aunque entonces no me diera cuenta y ahora no lo recuerde. A pesar de todo, si obré así, ellos tienen que cumplir con lo que ordena la ley". El abogado Edward Marshall quedó deprimido durante muchos años por haber fracasado en el caso de Lock Ah Tam. Uno de sus biógrafos afirmó: "Fue el abogado que libró más cuellos de la horca, pero murió afligido por no haber podido salvar de la muerte a un pobre chino loco".



Epitafio en chino para Lock Ah Tam


La mañana del martes 23 de marzo de 1926, Lock Ah Tam murió ahorcado en la prisión de Walton Gaol, en Liverpool. Afuera de prisión esperaban cientos de personas, con las cabezas inclinadas; la comunidad quería a Tam, no importando lo que hubiera hecho. Incluso su cuñada, una anciana, le entregó a uno de los guardias de la prisión un ramo de flores, para que lo colocara junto al cadáver.



Los titulares


Pese a todo, no se cumplió el último deseo de Tam. Había rogado a un amigo: "Si me ahorcan, entierra mi cuerpo con los de mi mujer y mis hijas". Es costumbre en China que marido y mujer sean sepultados juntos para que se encuentren en la otra vida. Pero Lock Ah Tam recibió sepultura al lado de otro reo, tras los sombríos muros de la prisión de Walton. En el amplio cementerio Flaybrick de Birkenhead, una lápida de granito indica el lugar donde yacen la mujer y las niñas que asesinó.



La tumba de la familia Tam




BIBLIOGRAFÍA:


13 comentarios:

Anonymous dijo...

isa:
impresionante escrito!!! como siempre, lo que un golpe puede ocacionar... saludos espero nos tengas una sorpresa para este bicentenario ^^
eres mi amor platonico escrito...

Halford dijo...

Sopas, perico!... espero que isa sea mujer (no tengo nada en contra de otras preferencias) `pero bueno....escrito, ando un poco inconveniente... espero que no lo tomes a mal, este caso no lo conocìa, es sumamsnete didàctico, los casos orientales siempre son sumamente valiosos, diferentes a lo comùn gracias, no digo màs, no eres mi amor platònico pero te admiro , ¡saludos sangrientos!!!

loto0104 dijo...

ORALE,K KASO TAN CRUEL Y ENCERIO M PUSE A PENSAR,KOMO UN GOLPE TE PUEDE DAÑAR DE ESA FORMA.IJOLE ESTA INTERESANTE,MUY INTERESANTE.

Feral dijo...

Hola escrito, muy buen articulo,me intereso porque yo tengo epilepsia, (pero asesina no soy), y si hubiera sido cierto que el tambien la padecia a la enfermedad, cabria la posibilidad de que los hubiera matado en el periodo posterior a la crisis epileptica donde la persona realiza automatismo, yo generalmente hago muchas cosas en ese estado, hasta llamo por telefono y pido ayuda a mi esposo y ni se como recuerdo el numero de telefono (lo marco yo). La idea de la defensa estaba buena, aunque fallo. Como veras este caso me intereso mucho. Te felicito por tus articulos, ansio la llegada del domingo solo para leer tu pagina.
Feral

Gilda Lilian Berger dijo...

Excelente síntesis.
¿Cuáles son los límites entre la locura, que puede justificar muchas cosas, y la racionalidad?
¿Dónde empieza y termina cada una de ellas?
Sí: el chino da pena, aunque nos remueva las tripas su crimen.

Como siempre, de primera, muchachos.

Abrazos.

Gilda Lilian Berger
www.losguantestorcidos.blogspot.com

Anonymous dijo...

Lucky
Orales esta muy padre esta redacción... Saludoos (:

Karuna dijo...

¡Hola amigos y Escrito con Sangre!

El día de ayer, no pude comentar debido a una pregunta que me hice el día de ayer sobre este caso.

Pero bueno, ese no es el punto a comentar.

El caso de Lock Ah Tam, será para nosotros extraño, algo nuevo a nuestros sentidos; pero lo que nadie ha podido reconocer es que es una historia... real.

La pregunta que uno se hace todos los días con el respecto al caso es, ¿Por qué un hombre poseedor de un carácter respetable se convirtío en un "monstruo", cuya ira asesinó a tiros lo que más quería (su esposa e hijas)?

Desgraciadamente, es una respuesta que nunca encontrará el mejor historiador. La razón es tan sencilla, que nosotros mismos lo sabemos.

No puedes encontrar la verdad absoluta, porque al final de cuenta somos humanos.

Los humanos cometemos errores.

Un asesino no es un monstruo, tampoco es un animal. Es un reflejo de nuestros errores, y de nuestor débil enfoque de la adapatación de nuestro entorno social.

Miremos a Gary Gilmore por su cobardía, Pedro Alonso López que tuvo una de las más crueles infancias, a Winnie Judd que junto con Lock Ah Tam y Charles Whitman mostraron que la falta del control de nuestras complejas emociones nos llevan a consecuencias inesperadas.

A las mujeres que fueron asesinadas de una forma que para mí ha sido díficil de describir (Kitty Genovese, la modelo Emily Sander "Zoey Zane",Junko Furuta, Sylvia Likens, la actriz Dominique Dunne, Inés de Castro) en este blog.

Como no hablar de áquellos vínculos que detrás de la política hicieron cambiar al mundo de una manera muy intensa e inolvidable para áquellos que lo han vivido.

Para áquellos que sufren de trastornos no tratados a tiempo y que se convierten en un peligro invisible, por culpa de la ignorancia y la negligencia de una sociedad frívola, opulenta y todo lo que quieran agregar.

No podemos encontrar la razón de nuestros errores, porque los humanos somos diferentes y nuestro reflejo hacia la sociedad, es único.

Vemos una perspectiva de nuestra vida, basada en lo que vemos, entendemos o reflejamos ante ella.

En fin, me da gusto dejar mis huellas en este blog.

Saludos Karuna ^^

Lorencillo dijo...

Saludos Escrito:

Muchas gracias por este caso. Si de algo tengo nociones es de enfermedades cerebrales, ya que soy neurólogo clínico. Existe el concepto actualmente en neurología que "durante la crisis, el epiléptico no puede actuar"; como lo señala Feral, es en el periodo post-ictal cuando pueden ocurrir automatismos tan interesantes como que un paciente cocine una comida completa (por lo general manteniendo su sazón). citando a los clásicos de que "crimenes son del tiempo y no de España", cuando le ocurrió a Lock el incidente del golpe no había recursos para el diagnóstico de certeza de epilepsia, y entonces solo se considerqaban los ataques de "Gran Mal", "pequeño mal" y "equivalentes Epilépticos"; y solo se contaba con fenobarbital como antiepiléptico; las aplicaciones en humanos para el electroencefalograma, con fines diagnósticos, empezó en 1929... cuatro años demasiado tarde para Lock, y ya que su variedad de epilépsia no se manifestaba con crisis de "gran mal"... Es un casso muy ilustrativo de la escasa comprensión del órgano más versátil, complicado, temible y al mismo tiempo, maravilloso, la fuente de todos los asesinos y de toda bondad; nuestro Cerebro.
De nuevo, muchas gracias por este caso y, si me lo permites, lo citaré en mis clases, cuando toque el tema sobre Epilépsia, dandote el crédito correspondiente.

Lorencillo dijo...

Hola de nuevo:

Perdon, omití un dato, que es fundamental: la ingesta de alcohol disminuye el umbral de protección ante las crisis; no resulta raro que con una ingesta mínima el paciente convulsione (por esto, se le debe prohibir tomar alcohol, de por vida, a los pacientes con epilépsia); se refiere que Lock "no parecía alcoholizado"; pero el alchol si pudo haber precipitado una crisis, con este comportamiento automático.

Saludos

Laura Alfaro dijo...

pobre hombre, una historia más trágica que un Otelo...ojala en el más alla haya podido encontrarse con su esposa.
Es increible como algo como un golpe puede cambiar por completo una vida, como algo tan pequeño en un momento termina con consecuencias tan grandes

Excelente texto, Escrito. Ya estoy esperando el de la otra semana

Anónimo dijo...

Desde mi experiencia como paciente epiléptica, no me parecería extraño que el hombre hubiese cometido el
asesinato luego de haber sufrido una crisis. Generalmente, el
epiléptico luego de la crisis, tiene un período que no parece
haber relación entre la mente y el
cuerpo, el cuerpo parece manejarse por voluntad propia, o bien, por el
inconsciente.

Creo que también la memoria juega un rol muy importante en esos momentos post-crisis, gralmente los
automatismos son reflejo de lo que en un estado de conciencia tal vez no haría. Tampoco es extraño la
conducta violenta post-crisis, de
hecho, soy una de esos pacientes, aclaro, no al extremo de ser asesina, pero he tenido mis accesos
de violencia tras una crisis (he agredido a personas conocidas y a
extraños) y realmente, no recuerdo nada de ello...

Ampersand dijo...

Puesto que, como en las leyendas chinas, la chica que llevaba algo único, original e irrepetible, estando frente al Emperador le dice "Unica, original e irrepetible: esa soy yo", asumo que su epilepsia tuvo esas características, porque siendo sinceros, las sinapsis neuronales varían de persona a persona, que pueden haber excepciones al comportamiento previsto y detectado, rompiendo las relas de funcionamiento básico, conocidas hasta ese momento.

Por eso una idea que he acuñado y manifiesto con frecuencia, puede caber aqui: "El órgano sexual más poderoso y el arma más letal conocida es el cerebro humano" .... Saludos !!!

Anónimo dijo...

Que pena que no haya recibido la atencion neurologica adecuada, se pudo haber evitado esta tragedia con la medicacion adecuada lastima qe no sucedio