Ronald Janssen: "El Monstruo de Lovaina"



“El asesinato se produjo a mediodía, en plena calle y bajo el sol. De la otra acera empezaron a disparar y caí en redondo, tratando de imaginar qué clase de pájaro saldría de mi pecho cuando se acercara un compañero para recibir mi último mensaje”.
Ana María Moix


Ronald Janssen nació en el 6 de febrero de 1971 en Boorsem (Bélgica). Tuvo una infancia normal y fue un buen alumno durante sus años de estudiante. Pero un día, Janssen cambió. Siendo estudiante en Lovaina, a partir de 1990 comenzó a frecuentar los caminos vecinales y a recoger chicas que necesitaban ir a algún lugar. Todas ellas tenían entre quince y veintiocho años. Janssen primero las llevaba a un lugar apartado, las golpeaba, las violaba y terminaba por asesinarlas. Robaba el dinero que llevaban y se deshacía de los cadáveres tirándolos a un lado del camino.



Ronald Janssen


Tras salir de la universidad, se casó. Janssen tuvo dos hijas, quienes nacieron en 1998 y 2001. Se divorció años después. Luego se convirtió en profesor de secundaria en Halen. Sus conocidos lo describían como “un hombre agradable, sociable, amistoso y amable, alguien con quien dejarías salir a tu hija”.



Tiempo después, era considerado por sus colegas y alumnos un buen profesor de diseño industrial, labor que desempeñaba en un centro educativo de Loksbergen (en el noreste de Bélgica).




Pero ni la familia, ni el trabajo, ni su activa vida social, detuvieron su carrera criminal. Janssen asesinó a quince mujeres a lo largo de diecinueve años. De esa manera, se convirtió en el autor de prácticamente todos los homicidios sin resolver en Bélgica en dos décadas. Aunque se lanzó un retrato robot, nadie pudo identificarlo.






El retrato robot


En 2009, Janssen mató a Annick van Uytsel, una joven declarada como desaparecida en la localidad de Schaffen. La última llamada que Annik le contestó a su madre situaba su teléfono móvil en Halen, donde Janssen radicaba. Janssen la escogió al azar porque le gustó al verla en la calle. La obligó a subir a su furgoneta con todo y su bicicleta, la llevó a su casa, donde la retuvo en el sótano para violarla y torturarla, antes de asesinarla y envolver el cadáver en una bolsa de plástico.



Annick van Uytsel


Su cuerpo fue hallado días después de su desaparición, el 3 de mayo, en el Canal Albert de Lummen. Los policías interrogaron a Janssen, porque algunos amigos de la víctima lo vieron con ella. De hecho, su bicicleta apareció en un apartamento de estudiante en Leuven, que Janssen ocupó años atrás. Pero la correlación no fue establecida y quedó en libertad.



La noche del 1 al 2 de enero de 2010, Janssen asesinó a su vecina, Shana Appeltans, de dieciocho años, y a su novio Kevin Paulus, de veinte, porque, según declararía después a la policía, “le molestaban”. Ambos jóvenes habían estado celebrando el Año Nuevo hasta la 01:00 horas en un café situado a ochocientos metros de su domicilio. Luego subieron a su automóvil.



Shana Appeltans y Kevin Paulus


El catedrático asesino les disparó a ambos, antes de incendiar el auto dentro del cual se hallaban. La policía no tardó en detenerlo a causa de los casquillos, que Janssen dejó en la escena del crimen.






El funeral de los novios


Más de mil personas asistieron a los funerales de las dos últimas víctimas de Janssen. A medida que el hombre confesaba con gusto sus crímenes anteriores, los agentes se quedaron atónitos: no podían creer que el atildado hombre fuera el autor de tantos crímenes.



Janssen fue considerado como el peor asesino en serie de la historia de Bélgica. La policía belga tuvo que reabrir todos los expedientes de asesinatos sin esclarecer desde 1990 en la zona norte del país.



Ante las dimensiones del caso, las fiscalías de Lovaina y de Gante dejaron de informar a los periódicos sobre el asunto. Los medios belgas dieron por hecho que varios de estos casos sin esclarecer eran verdaderamente crímenes cometidos por el “simpático” profesor de secundaria.



Janssen durante una fiesta




El abogado de la familia de Annick Van Uytsel declaró que “la frialdad con la que cometió los dos últimos asesinatos daba a entender claramente que no era un novato en esto”.



Los titulares




La Fiscalía de Brujas intentó relacionar a Janssen con la muerte por apuñalamiento, en 1991, de Ingrid Caeckaert, de veintiséis años de edad, en Heist-aan-Zee; y de Carola Titze, una joven alemana de dieciséis años cuyo cuerpo sin vida fue hallado en las dunas de Coq en 1996.



Los padres de Annick


También se decidió reabrir la investigación sobre los hermanos Kim y Ken Heyrman, desaparecidos en 1994, según declaró su madre a un canal de televisión. El cuerpo de Kim fue encontrado en el puerto de Amberes, mientras que nunca se volvieron a tener pistas sobre Ken.



Mapa del crimen de Kim y Ken Heyrman


La policía logró que Janssen confesara con un método de interrogatorio consistente en halagar sus capacidades criminales, para que se sintiera orgulloso de todos sus actos y los revelara para que fueran valorados.






Las investigaciones



La detención de Janssen tuvo consecuencias en Holanda, cuya policía informó a los belgas de varios crímenes sin resolver en la región de Maastricht, al sur del país, una zona no muy lejana del lugar de nacimiento del confeso asesino en serie.




Internado en prisión provisional, Janssen quedó bajo vigilancia ante la posibilidad de que intentara suicidarse. Habló por teléfono en dos ocasiones con su madre, Hilda Houben, desde su primera inculpación. Houben declaró al diario Het Laatste Nieuws que su hijo le dijo que no podía explicar cómo había llegado a cometer los asesinatos, excepto que "estaba ciego de cólera".



Ronald Janssen fue bautizado por los medios como “El Monstruo de Lovaina”. Recluido en prisión, fue sentenciado a prisión perpetua el 21 de octubre de 2011.



La llegada al Tribunal




BIBLIOGRAFÍA:

Winnie Judd: "La Asesina del Baúl"



“¿Qué es lo que lleva a un asesino a ocultar a sus víctimas en un cofre? Tal vez el horror subconsciente por la escena del crimen; una especie de escape existencial…”
Rafael Aviña


Winnie Ruth McKinnell nació el 29 de enero de 1905 en Oxford, Indiana (Estados Unidos). Vivió allí siempre. Se casó con un médico, William Judd, del cual se separó al cabo de un tiempo, aunque él seguía muy involucrado emocionalmente. Tras su separación en 1931, ya bajo el nombre de Winnie Judd, empezó a buscar dónde vivir.



Winnie Judd


Agnes Anne LeRoi y Hedvig Samuelson eran dos chicas que se habían conocido en Alaska. Cuando Hedvig enfermó de tuberculosis, emigraron buscando un clima más cálido. Compartían un apartamento dúplex en el 2929 de la calle Second North de Phoenix.



El duplex en Second North



Anne trabajaba en la Grunow Memorial Clinic, donde conoció a Winnie Judd. Hedvig yacía convaleciente en casa.



Anne LeRoi


En agosto, Winnie Judd se unió a ellas como otra inquilina en el piso. Ayudaba con los cuidados de Hedvig Samuelson; era una muchacha de aspecto delicado de unos veinticinco años.



Hedvig Samuelson



Pero de pronto, Winnie comenzó a tener fuertes conflictos con Anne LeRoi por cualquier pretexto. Peleaban a gritos, rompían platos y terminaban llorando para reconciliarse después.



Anne y Hedvig



A principios de abril, Winnie Judd se trasladó a vivir al 1130 de la calle East Brill. En una carta inacabada, Hedvig escribió: “Estoy contenta de que Winnie se marche de casa. Anne y ella se enfrentan por casi todo, y los enfados son algunas veces muy violentos”.



Pero había otro drama detrás de todo, y eran que existía un triángulo amoroso entre las mujeres, en el cual empezaba a sobrar la presencia de Winnie Judd. El 17 de octubre todo estalló. A la hora del desayuno, las mujeres empezaron a discutir por un asunto sin importancia: otra de las enfermeras que trabajaba en la clínica.



De las palabras se pasó a las manos y Hedvig entró en la cocina amenazando con una pistola a Winnie Judd. Esta le arrebató el Colt y el arma se disparó, alcanzando a Judd en la muñeca. Furiosa por el dolor, Winnie Judd apuntó a sus compañeras de piso. Les disparó hasta vaciar la pistola, matándolas.



Las víctimas (click en la imagen para ampliar)


La última vez que se tuvo noticias de Anne LeRoi fue en la mañana del sábado 17 de octubre, cuando supuestamente llamó para avisar que estaba enferma. Sin embargo, la recepcionista, Beverley Fox, notó algo extraño en la voz de la enfermera y creía que se trataba de Winnie Judd imitando la voz de LeRoi. Conocía su voz porque también trabajaba en el hospital como secretaria del doctor Louis Baldwin. Judd fue a trabajar, aunque llegó con cierto retraso y extrañamente nerviosa.



Cuando regresó, tuvo que plantearse cómo sacar los cuerpos de una vivienda situada en pleno centro de una gran ciudad. Pero no dominaba la situación y sus intentos de deshacerse de los cadáveres estuvieron marcados por el pánico, por un miedo atroz. No se le ocurrió otra idea que descuartizar a las dos mujeres y meter los restos en un enorme baúl y algunas maletas.



Los baúles utilizados por Judd



Trazó un descabellado plan de transportar los cuerpos hasta la costa para arrojarlos al océano, sin considerar los problemas prácticos que ello suponía. No intentó ocultar la identidad de las víctimas en ningún momento. Incluso pasó por alto dificultades tan obvias como el enorme peso del arcón y la descomposición de los restos humanos.



Swartz, un empleado de la compañía de mudanzas Phoenix Transfer, realizó el porte del gran arcón recogiéndolo el sábado por la noche. El lugar estaba sumido en la más completa oscuridad. Él y su ayudante se extrañaron un poco; pero Winnie Judd les explicó que la corriente eléctrica estaba desconectada por la mudanza. Incluso encendió varias cerillas para alumbrar el camino.



Judd ordenó que llevasen el baúl directamente a la estación. Pesaba tanto, que apenas podían levantarlo unos centímetros del suelo. Entonces prefirió trasladarlo al apartamento de la calle East Brill.



Winnie Judd pasó la noche del 17 de octubre descuartizando a Hedvig Samuelson y volviendo a empaquetar los cuerpos para facilitar el transporte. En una carta dirigida a su marido William ponía de manifiesto el asco que le daba tener que hacer lo que se había impuesto: “Fue espantoso empaquetar aquellas cosas como yo lo hice. Constantemente me repetía: ‘Tengo que hacerlo o me colgarán. Tengo que hacerlo o me colgarán...’”






William Judd


El domingo por la mañana, Judd pidió al propietario del piso, el señor Koller, y a su hijo que la ayudasen a llevar el equipaje a la estación: dos arcones y una maleta pequeña. Se fijaron en que su inquilina llevaba la mano vendada.



El 18 de octubre de 1931, Winnie Judd entró en la Union Station, la estación de ferrocarril de Phoenix, en Arizona, para tomar un tren nocturno hacia Los Ángeles. Llevaba la cabeza y la muñeca vendadas.



Su equipaje constaba de una maleta, una sombrerera y dos baúles, uno más grande y otro más pequeño. Los mozos de estación captaron enseguida el olor que despedía el baúl grande, y también les llamó la atención el peso, mucho mayor de lo acostumbrado.



La Union Station



Durante el viaje no se registró ningún incidente digno de mención. El tren llegó a Los Ángeles a las 07:45 de la mañana siguiente y Winnie depositó los dos baúles y la sombrerera en la consigna. Después abandonó la estación para ocuparse de que vinieran a recogerlos. Pero durante su ausencia una pasta oscura empezó a rezumar del baúl más grande y el desagradable olor se transformó en hedor.



Regresó al mediodía acompañada de un hombre joven; era su hermano Burton McKinnell. El encargado de la consigna insistió en que abriera los arcones. Tras un instante de nerviosismo, Winnie replicó que su marido tenía la llave y que iba a telefonearle. El joven acompañante estuvo de acuerdo con el empleado de la estación: el olor era muy penetrante. “¿Pero qué es lo que has metido en el baúl para que huela tan fuerte?”, preguntó.



La pareja supuestamente se fue por la llave. Posteriormente, un oficial de policía dijo haber pensado que se trataba de un transporte ilegal de carne de venado. Transcurrió un largo rato y a las 16:00 horas, sin que los pasajeros hubieran dado señales de vida, la policía abrió los baúles.



La policía abre los baúles


En su interior encontraron los cadáveres troceados. El cuerpo de Hedvig había sido descuartizado.






El cadáver de Hedvig Samuelson




Las piernas habían sido cortadas a la altura de las rodillas y envueltas en ropas ensangrentadas. Junto con la parte superior del cuerpo y la cabeza, estaban guardadas en el arcón pequeño.





El abdomen fue hallado en la maleta. El cadáver de Anne seguía entero, pero metido a presión en el baúl grande; parecía una muñeca mal hecha. La identificación no ofreció ninguna dificultad. Un gran número de objetos habían sido empaquetados junto con los cuerpos, incluyendo fotografías de las víctimas.



El cadáver de Anne LeRoi


Un detalle todavía más siniestro fue el descubrimiento de cartuchos de pistola en los bolsos de las muertas y un cuchillo para partir pan con mango verde y huellas dactilares impresas con sangre en el filo. La sombrerera contenía un conjunto de escalpelos y un Colt automático, calibre .25: el arma del crimen.



El arma homicida


El hogar de Winnie Judd y el piso de sus amigas fueron registrados. En Brill Street la policía encontró más instrumentos quirúrgicos y en Second North descubrieron manchas de sangre en la alfombra y otro cartucho de pistola. También se fijaron en que alguien había cortado recientemente un trozo de alfombra. Las investigaciones sobre los baúles completaron el rompecabezas.



Se expidió una orden de búsqueda y captura para Winnie Judd. Su marido (del que estaba separada) y su hermano fueron interrogados. El hermano pequeño de Judd, Burton J. McKinnell, admitió que la había acompañado a recoger los pesados bultos a la consigna, pero negó estar al corriente del crimen. Recibió una llamada telefónica en la Universidad de California del Sur, donde estudiaba, pidiéndole ayuda, nada más.



Burton J. McKinnell, hermano de Winnie Judd


De los baúles, Winnie Judd sólo había dicho que los quería ver hundirse en el océano. “Y eso es todo lo te conviene saber”, remató. El marido, William Judd, declaró a la policía: “Mi esposa pertenece al tipo refinado, tranquilo. En su carácter no hay nada criminal, ni depravado”.



No obstante, admitió que su salud siempre había sido muy frágil, y había pasado seis meses en un sanatorio de Pasadena antes de mudarse a California.



Como médico opinaba que era psicológicamente inestable. Estaba especializado en enfermedades nerviosas, y su estado había constituido para él una constante preocupación. Todo esto concordaba con otros informes de la policía. El hermano de Winnie Judd confirmó que era propensa a repentinos ataques de ira.



Los suegros y el esposo de Winnie Judd, tras recibir la noticia



La policía publicó carteles de “Se busca” con la fotografía de la homicida. Pero nadie pudo aportar ningún dato sobre el paradero de la misteriosa mujer.



Los carteles de “Se busca”


El esposo de la asesina hizo un llamamiento para que se entregase voluntariamente. La mujer respondió, fijándose la fecha del 23 de octubre y un lugar bastante extraño: la funeraria de Álvarez & Moore.



La funeraria donde Judd se entregó y el arresto de la asesina



Llegó en un estado lamentable: con la bala perdida, disparada durante la riña, aún incrustada en la muñeca.



La herida Winnie Judd, tras su detención



Poco después del arresto, se encontró una carta dirigida a su esposo William en el sanitario de un gran almacén de Los Ángeles; en ella divagaba incoherentemente, pero incluía el relato de los hechos del 17 de octubre.



Los titulares sobre el crimen





El doctor Latton, psiquiatra, declaró que Judd estaba mentalmente insana. Realizó un cuestionable examen antropométrico para apoyar su hipótesis.



El doctor Latton, psiquiatra



Judd fue internada en un hospital para reponerse de su herida y de una crisis nerviosa, antes de ir a la Corte. Su esposo William siempre estuvo junto a ella.



Winnie Judd en el Hospital, acompañada de su esposo William




El juicio tuvo lugar en enero de 1932. Los Jurados escucharon aterrados la historia del homicidio y sobre todo del desmembramiento de las dos mujeres. Las explícitas fotografías de los cadáveres metidos en baúles causaron un choque en la imaginación de todos ellos. Sin pensarlo mucho, Winnie Judd fue considerada culpable de asesinato en primer grado.



El juicio





Los detalles del sangriento asesinato y los rumores de sus prácticas lésbicas cautivaron al público asistente. Todos se escandalizaron ante la perturbada chica que había sido capaz de asesinar, trocear, empacar y transportar a sus dos amigas sin ningún tipo de remordimiento.



La celda de Winnie Judd en la prisión


El Jurado no pudo mantenerse al margen. Integrado únicamente por hombres, vieron la oportunidad de castigar ejemplarmente a una mujer que había traspasado todos los límites morales de esa época y lugar. Finalmente le dictaron sentencia: pena de muerte.



El Jurado


El destino de la condenada pendió de un hilo durante meses, mientras la prensa y su marido apelaban contra la severidad de la condena.



Winnie Judd con su esposo William durante el juicio


En 1933 la campaña tuvo éxito y Winnie Judd fue internada en el Hospital Estatal para Deficientes Mentales de Arizona.






Winnie Judd ingresando al Hospital Mental, con su gato negro en brazos


El 24 de octubre de 1939, Winnie se escapó del manicomio en el que estaba internada, engañando a los guardias con un muñeco hecho a mano y metido en la cama.



El cuarto de Winnie Judd en el Hospital Mental


Su intención era visitar a su padre enfermo; incluso le escribió una carta al gobernador de Arizona informándole de sus intenciones. Tras la visita se entregó a las autoridades.



El Hospital Mental


Posteriormente, Judd se escapó otras seis veces más. La última vez lo consiguió el 8 de octubre de 1962 y permaneció fugitiva durante seis años y medio.



Fechas clave (click en la imagen para ampliar)


Se hizo pasar por una tal “Susan Leigh Clark” y trabajó como ama de llaves para una anciana que siempre ignoró su pasado homicida. Fue localizada durante una investigación de rutina sobre otro crimen y vuelta a arrestar.



Winnie Judd en el Hospital Mental


En 1971 obtuvo la libertad bajo fianza y continuó su vida con el nombre de "Susan Leigh Clark"; para entonces era una anciana que de vez en vez, tenía ataques de rabia y violencia.



Tres arrestos de Judd tras sus múltiples escapes




Winnie Judd murió en Arizona en 1998, a los noventa y tres años de edad. Muchos la consideraban una celebridad oscura; otros, una simple anciana loca. Trató de mantener un perfil bajo, pero los periodistas siempre la acosaron.



Winnie Judd tras ser puesta en libertad


Sobre su caso se escribieron muchos libros y se hicieron películas que incorporaron cadáveres en maletas a sus tramas; una de ellas fue Murderess, que narra el caso utilizando marionetas.



La anciana Winnie Judd poco antes de morir


El nombre de Judd quedaría ligado para siempre al método que utilizó para tratar de deshacerse de los cadáveres de sus amigas y amantes: los baúles negros cuyo macabro contenido se incrustó en la imaginación popular.



Homenaje fotográfico a Winnie Judd




VIDEOGRAFÍA:

Murderess (traileres)





Murderess (video clip)




BIBLIOGRAFÍA:











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