John Dillinger: "El Enemigo Público Número Uno"



“Éramos exactamente como la policía. Ellos tenían su profesión y nosotros la nuestra”.
John Dillinger


John Herbert Dillinger nació el 22 de junio de 1903 en Indianapolis, Indiana (Estados Unidos). Su nacimiento ocurrió en Oak Cliff, un barrio de clase media. Fue el segundo de los hijos de John Wilson Dillinger, comerciante y propietario de tierras, y de su esposa, Mollie,  Mollie Dillinger murió en 1906 y el pequeño John quedó al cuidado de su hermana Audrey, trece años mayor que él. Al casarse ésta, su padre se hizo cargo de John. Dillinger padre, un cristiano convencido, era un hombre amable, de sólidos criterios, que consideraba poco varonil manifestar los sentimientos. El trabajo le absorbía en modo extremo y su hijo pasaba solo la mayor parte del tiempo.



El padre de Dillinger


El joven John tenía pocos amigos y creció solo y taciturno. En 1912, su padre se casó con Elizabeth Fields, una mujer tranquila e inofensiva. Nunca logró comunicarse con su hijastro, a pesar de que intentó por todos los medios conseguir su amistad. Este se sentía celoso del cariño que su padre demostraba a su esposa y al hijo de ambos, Hubert, nacido en 1913.



John Dillinger a los ocho meses de edad


John Dillinger pasaba la mayor parte del tiempo en la calle. Su tenacidad y su experiencia sexual le hicieron jefe de una banda de muchachos de la vecindad conocida como “Los Doce Sucios”. Esto le condujo a su primer enfrentamiento con la ley. El y sus camaradas se aficionaron a robar el carbón de los depósitos de ferrocarriles y a venderlo en la localidad.



John Dillinger cuando era niño


Cuando comparecieron ante el Tribunal de Delincuencia Juvenil, John no se sintió acobardado. Con la gorra inclinada con picardía, adoptó una expresión agresiva, mientras masticaba chicle con aire indiferente. El juez, disgustado, le advirtió: “Su mente está dañada”. “Los Doce Sucios” quedaron en libertad tras una reconvención.



John continuó desarrollando su inventiva para el delito. Le gustaba introducirse en las fábricas de la localidad o en los depósitos del ferrocarril y poner en marcha la maquinaria. No volvió a ponerse al margen de la ley, pero su padre trataba de corregir su rebeldía con castigos cada vez más severos, como golpearlo con una duela. A los dieciséis años salió del colegio y se negó a continuar estudiando. Quería trabajar y obtuvo su primer empleo en una fábrica de contrachapado, en cuya tienda trabajó como mecánico, desplegando su característica destreza. Gracias a su excelente actuación, el jefe lo describió como “un joven sensato, honrado y laborioso”. Fuera del trabajo sus costumbres eran menos sensatas y con frecuencia disgustaba a su padre volviendo a deshoras. El señor Dillinger estaba dispuesto a dejar sus negocios y, tratando de apartar a su hijo de las tentaciones de la gran ciudad, los liquidó y compró una granja en Moresville, el pueblo natal de su esposa. Al principio, su hijo trató de adaptarse y ante la insistencia de su padre se inscribió en una Escuela Superior, pero no estudiaba lo suficiente y suspendió casi todas las asignaturas. Después del primer trimestre abandonó los estudios y volvió a su trabajo en la tienda de maquinaria, recorriendo los treinta kilómetros que le separaban de la ciudad en un ciclomotor. Empleaba la mayor parte de sus ratos de ocio cazando ardillas o charlando con su amigo Delbert Hobson, que vivía en una granja próxima, yendo al cine o devorando novelas del Oeste. Sentía una afición especial por la historia de Jesse James, el forajido del Salvaje Oeste al que la literatura había mitificado como una figura romántica.



El sagaz Lamm (click en la imagen para ampliar)


Las discusiones con su padre cada vez se hicieron cada vez más agrias. Tomó la costumbre de dormir fuera de casa y pasaba la mayoría del tiempo en Martinsville, un pueblo cercano. Allí jugaba al baseball y perseguía a las chicas, convertido en un obsesivo mujeriego. Después de seducir y abandonar a casi todas las muchachas de la ciudad de Martinsville, se puso en contacto con las prostitutas de Indianápolis. Siempre en busca de alguna frenética actividad, perdió el trabajo por su continua disipación. En julio de 1923 su padre se negó a prestarle el coche para ir a ver a una chica de Indianápolis y fue entonces cuando robó su primer automóvil.



John Dillinger


A la mañana siguiente, la policía le detuvo como sospechoso, pero logró escapar. Comprendió que no podía volver a su casa y el 24 de julio se enroló como bombero en la Marina de los Estados Unidos. No aceptó de buen grado la disciplina del servicio y se pasó diez días confinado por ausentarse sin permiso. En diciembre del mismo año abandonó el barco US UTAH, amarrado en Boston, y desertó. En marzo de 1924 volvió a Moresville. Un mes después se casó con una quinceañera de Martinsville, instalándose en casa de los padres de ella. Se unió al equipo local de baseball y trabó amistad con uno de los árbitros, Ed Singleton, de treinta y un años, que era un pariente lejano. Este le contó que B.F. Morgan, un tendero del pueblo, solía tener la costumbre de llevar consigo todo el dinero de la recaudación del día, cuando iba a hacer su habitual visita semanal a la barbería y decidieron robarle.



Esposa para Dillinger (click en la imagen para ampliar)


El 6 de septiembre de 1924, Morgan cerró su comercio como de costumbre, pero dejó las ganancias en su casa. No llevaba nada encima cuando Dillinger lo asaltó en plena calle, tambaleándose por la embriaguez y armado con una pistola y una porra improvisada. Morgan recibió varios golpes en la cabeza (tuvieron que darle once puntos de sutura) y cayó de rodillas, clamando a grandes voces el himno masónico del dolor: “¿No habrá nadie para ayudar al hijo de la viuda?” Muchos vecinos oyeron sus gritos y acudieron corriendo. El ladrón huyó.



El sitio del primer asalto


La policía lo detuvo el 8 de septiembre; le prometieron clemencia si se declaraba culpable, pero él se negó, insistiendo en su inocencia. Sin embargo, cuando se vio delante de su padre, se derrumbó y confesó todo. El fiscal le aseguró que si se declaraba culpable no necesitaba defensor; así lo hizo, pero su padre no apareció durante todo el juicio. John Dillinger estaba solo de nuevo cuando el juez decidió darle un castigo ejemplar condenándole a un mínimo de diez años de cárcel.



Dillinger bajo arresto


Durante 1933 y 1934, Estados Unidos estaba sacudido por una ola de violencia criminal. Varias bandas itinerantes de delincuentes, incluida la de Dillinger, se aprovechaban de sus veloces vehículos y del deficiente armamento de la policía para cometer continuos atracos en gran número de ciudades de todo el territorio nacional. El objetivo preferido eran los bancos, aunque los bandidos más encarnizados, como Bonnie Parker y Clyde Barrow (Bonnie y Clyde) estaban dispuestos a matar por las exiguas ganancias que obtenían asaltando comercios aislados o gasolineras. Otros, especialmente “Metralleta” Kelly y la sociedad formada por Alvin Karpis y Freddieker, se dedicaron al secuestro.



“Metralleta” Kelly


Algunos industriales desaparecían y sólo recuperaban la libertad tras el pago de fuertes sumas de dinero. Las familias, recordando lo ocurrido al hijo de Charles Lindbergh, pagaban religiosamente. Alvin Karpis llegó a resucitar el asalto a los ferrocarriles de los tiempos del Viejo Oeste. Una de las principales razones para aquella ola de crímenes era la pobreza provocada por la Gran Depresión como consecuencia del crash de Wall Street en 1929. Karpis, el único criminal importante de aquella época que vivió lo suficiente como para escribir sus memorias, se quejaba de la cantidad de aficionados que se dedicaban a delinquir: “La Gran Depresión dejó sin empleo a granjeros, comerciantes y obreros; muchos se hicieron delincuentes para mantener a sus familias”.



Alvin Karpis


Otro de los motivos del incremento de la criminalidad era que los delincuentes tenían mayor movilidad y mejores armas que los que se dedicaban a erradicarlos. Las fuerzas de policía local en muy pocas ocasiones disponían de automóviles potentes, mientras que los bandidos podían robar y comprar los últimos modelos, en los que lograban escapar fácilmente. En las grandes ciudades, durante los años veinte, tanto la policía como los criminales empleaban las metralletas Thompson, aparecidas durante la Primera Guerra Mundial; pero en las pequeñas, las fuerzas de la policía solían estar equipadas con pistolas, lo que las dejaba completamente inermes ante uno o dos forajidos armados con metralletas. Aun cuando poseían las armas, pocos policías estaban dispuestos a emplearlas si corrían el riesgo de herir a personas inocentes.



Titular sobre “Metralleta” Kelly


Los gángsters se aprovechaban también del sistema político del país, ya que podían trasladarse rápidamente a través de las fronteras estatales y desaparecer en las ciudades abiertas como Chicago o St. Paul donde, a cambio de dinero, algunos políticos corruptos conseguían que la policía local no los molestara. Estas ventajas desaparecían cuando los criminales cometían un delito federal. Los agentes del Buró Federal de Investigación, el FBI, podían entrar en cualquier ciudad sin necesidad de ponerse en contacto con las autoridades locales. Entre los años 1920 a 1930, el Congreso de los Estados Unidos aprobó varios decretos que ampliaban las competencias de los investigadores gubernamentales. La Ley Dyer declaraba delito federal el paso de una frontera en un coche robado, con lo que los versátiles hombres del FBI pudieron ponerse tras la pista de Dillinger.



Los Hombres G (click en la imagen para ampliar)


Quizás uno de los mayores obstáculos para el cumplimiento de la ley era la actitud del público. Muchas víctimas de la Gran Depresión simpatizaban con los proscritos, cuyos logros eran un antídoto social contra la continua tristeza de la época. Además, mucha gente consideraba a los bancos como la causa de sus problemas. Alvin Karpis recordaba que un viejo campesino que lo ayudó a huir después del atraco a un banco le dijo: “No me importa. Los bancos no hacen más que ejecutar las hipotecas de los granjeros”. Esta actitud era comprensible. Miles de campesinos habían perdido sus tierras y sus hogares, oprimidos por los bajos precios de las cosechas y los altos intereses. Sin embargo, la Gran Depresión había afectado también a los bancos. De la lista de “objetivos fáciles” que el recluso Harry Pierpont entregó a Dillinger en la ciudad de Míchigan, casi la mitad había cerrado desde la detención de aquél. El apoyo que los delincuentes obtenían por parte de algunos sectores de la sociedad obligó al presidente Roosevelt a solicitar la colaboración de la nación, explicándole que “no se puede aplicar una ley de modo eficaz mientras una parte importante de la población mire con tolerancia a reconocidos criminales o apoye sus esfuerzos para convertir el delito en un hecho novelesco”.



Las armas de Dillinger


Durante los años treinta, los atracos a los bancos ofrecían resultados extraordinarios. Los autores se iniciaban en la delincuencia a través de otros delitos y comenzaban esta clase de robo después de haber cumplido condena en alguna prisión. Unos, como Makley y Hamilton, empezaron como contrabandistas. Otros, como “Baby Face” Nelson y Pierpont, como asaltantes. En general, los ladrones mataban cuando trataban de evitar ser capturados en el transcurso de un asalto. “Baby Face” Nelson, un psicópata que demostraba gran placer al asesinar, era una excepción. Mientras permanecían en libertad, los prósperos delincuentes vivían en un nivel que superaba los más locos sueños de los cumplidores de la ley. Si los detenían, podían pasar en la cárcel la mayor parte de sus vidas y muchos preferían morir luchando a volver a prisión. Sin embargo, el dinero fácil no era su único aliciente. El fruto de los atracos cometidos en un par de bancos servía para resolver la vida de un grupo de ladrones; pero a ello se añadía la emoción del riesgo. Uno de ellos se jactó de haber vivido en cuarenta minutos más que su padre en cuarenta años.



“Baby Face” Nelson (click en la imagen para ampliar)


Dillinger aprendió mucho en la cárcel. La mayoría de sus compañeros de celda en Pendleton eran, como él, delincuentes aficionados. Sin embargo algunos, como el carismático Harry Pierpont y el esquelético y grosero Homer van Meter, eran delincuentes profesionales. Ambos estaban recluidos en Míchigan en calidad de criminales incorregibles. El traslado de Dillinger se produjo a petición propia, con la excusa de formar parte del equipo de baseball de la prisión. Tenía ciertas dotes naturales para el deporte y consiguió convencer al alcaide de que podría dedicarse a ello cuando obtuviera la libertad. Al principio no se preocupó por integrarse a la banda de la penitenciaría, pero a lo largo de los años se ganó el respeto y la amistad de Pierpont y de algunos otros reclusos, como John Hamilton y Charles Makley. Estos tres, junto con un joven ladrón de bancos, Rusell Clark, estaban planeando escapar; cuando Dillinger se enteró de que lo iban a poner en libertad, se ofreció a ayudarles desde el exterior. Su trabajo consistiría en introducir clandestinamente algunas armas en la prisión y eso requería dinero.



Charles Makley


John Dillinger, hombre cordial, de trato agradable, mente vivaz y gran simpatía, fue por lo general bien recibido en Mooresville. Sus conciudadanos estaban seguros de que llegaría a triunfar en la vida. También él lo creía así, pero eligió un camino muy distinto del que habían recorrido los honrados vecinos del pueblecito. En 1933, doscientos ciudadanos de Mooresville, Indiana, el pueblecito donde su padre tenía una granja, firmaron un escrito en el que pedían su libertad. Morgan, la víctima de Dillinger, estampó también su firma en el pliego; y el hecho de que su madrastra estuviera a punto de morir aceleró los trámites.



La Prisión de Michigan


El 22 de mayo de 1933, un mes antes de cumplir treinta años, John Dillinger obtenía la libertad condicional y abandonaba la penitenciaría del Estado de Indiana, en la ciudad de Michigan. En el bolsillo del traje que le proporcionaron en la cárcel llevaba exactamente cinco dólares. Dillinger había permanecido en prisión desde el mes de julio de 1929. Con anterioridad había pasado cinco años en el reformatorio Pendleton. Desgraciadamente, Dillinger volvió a casa demasiado tarde; llegó a la granja al mismo tiempo que los empleados de la funeraria.



Poco después de su puesta en libertad, mientras estaba congraciándose con los habitantes de Moresville, se puso en contacto con Noble Claycomb, un socio de Pierpont. El 4 de junio robó un supermercado en compañía de un adolescente, William Shaw. A continuación, el 10 de junio, atracó su primer banco. Por la mañana temprano, él y sus dos cómplices entraron en el National Bank de New Carlisle, en Ohio, maniataron a tres empleados y a un cliente y huyeron con $10,600.00 dólares. Acto seguido, Dillinger volvió a Indianápolis, se puso en contacto con Shaw y esa la misma tarde robó dos almacenes.



El National Bank


Dos semanas después, siempre con Shaw, intentó algo más ambicioso. Dillinger conservaba en la memoria como objetivo la lista de bancos que le había proporcionado Pierpont en la cárcel y comenzó a ponerse en contacto con otras bandas, incluida la formada por Homer van Meter, que había obtenido la libertad condicional unas pocas semanas después que él. En un período de tres semanas, Dillinger participó en diez asaltos a bancos en cinco Estados diferentes.






La pistola de Dillinger


Mientras éste viajaba, Shaw y Claycomb fueron detenidos y al ser interrogados implicaron al ex convicto, al que conocían como “Dan”, en algunos de sus delitos. A mediados de julio, John Dillinger y dos cómplices atracaron el Banco Comercial en Daleville, Indiana. Tras sacar un revólver y anunciar que se trataba de un atraco, subió al mostrador y saltó hábilmente la verja de casi dos metros, una habilidad que se convirtió en su marca de fábrica y le hizo ganarse el apodo de “El Bandido Saltador”. Los empleados del banco identificaron a “Dan” Dillinger y los periódicos locales lo bautizaron con el nombre de “Dan el Desesperado”.



La metralleta de Dillinger


Matt Leach, el jefe de la policía del Estado de Indiana, que llegó a ser uno de sus más implacables enemigos, ordenó que lo llevaran a su presencia para interrogarle. Dillinger logró evitar ser capturado en Moresville; estaba durmiendo en casa de su hermana cuando la policía irrumpió en ella ruidosamente y tuvo la suerte de poder salir corriendo. Marchó a Dayton, Ohio, para visitar a Mary Longnaker, hermana de un compañero de prisión, James Jenkins. Se enamoró de ella y se trasladó a un piso vacío del mismo bloque. La llevó a la Feria Mundial de Chicago y luego la dejó en la ciudad de Michigan en compañía de una hermana; él se marchó en busca del dinero necesario para sus futuros sobornos.



Matt Leach


A mediados de agosto, la policía del Estado de Indiana, siguiendo una información, registró un apartamento que había alquilado Dillinger y en él detuvo a tres de sus socios, pero él no estaba allí, sino en Bluffton, Ohio, atracando un banco. Según los datos obtenidos en los interrogatorios de uno de los detenidos, los hombres de Leach registraron otro domicilio... que Dillinger acababa de dejar. Así fue adquiriendo renombre a causa de sus afortunadas escapatorias. El banco de Bluffton había contratado a los detectives de la agencia Pinkerton para el caso, los mismos que habían perseguido a Jesse James. Fueron ellos los que descubrieron las relaciones de Dillinger con Mary Longnaker e irrumpieron en su apartamento a principios de septiembre.



Sin embargo, la suerte continuaba acompañando al delincuente. El 6 de septiembre asaltó un banco en Indiana, justamente cuando estaban preparando la entrega de una cuantiosa nómina. El empleado alzó la vista desde su escritorio para encontrarse ante un bandido armado, cubierto con un sombrero de paja teatralmente ladeado y sentado con las piernas cruzadas en lo alto de la verja de más de dos metros. Se llevó aproximadamente $25,000.00 dólares. Ahora Dillinger tenía la suma necesaria para liberar a sus amigos de Michigan y se puso en contacto con Mary Kinder, amiga de Pierpont desde la infancia.



Mary Kinder


El hermano de ésta, Earl, fue detenido junto con Pierrpont en el asalto a un banco en Kokomo. Ella estaba dispuesta a ayudarles en la fuga, siempre que su hermano figurase en la lista de los evadidos. Su trabajo consistiría en alquilar un apartamento en Indianápolis para utilizarlo como escondite después de la huida de la cárcel. Dillinger compró tres pistolas, las envolvió cuidadosamente y, aprovechando la oscuridad, las arrojó sobre los muros de la cárcel; pero un recluso las encontró y se las entregó a los guardianes antes de que los conspiradores pudieran recogerlas.



Dillinger probó otra vez. Compró de nuevo armas en Chicago y sobornó a una persona para que las introdujera clandestinamente en una caja de hilos destinada a la fábrica de camisas de la cárcel, en la que trabajaban la mayoría de sus amigos. El 22 de septiembre se marchó a Dayton para ver a Mary Longnaker, convencido de que el plan no podía fallar. A última hora de la tarde los detectives de la Agencia Pinkerton, que habían estado vigilando el piso de la chica, abandonaron su infructuosa espera. No sin antes encargar a la propietaria que les avisara si el hombre que buscaban aparecía por allí. Ella lo hizo así, justamente después de medianoche.



Los dos detectives, armados con una ametralladora y un revólver, y en compañía de un policía local, entraron en el apartamento de Mary dirigidos por la patrona. Sorprendieron a Dillinger viendo las fotografías del viaje a la Feria Mundial y éste, ante el impresionante despliegue de armamento, se entregó sin oponer resistencia. Matt Leach fue a Dayton para interrogarlo sobre los asaltos cometidos en su jurisdicción, pero no consiguió nada. Las preguntas eran respondidas con una sonrisa sardónica y un comentario sorprendente: “¿De qué me está hablando?” En el bolsillo del delincuente aparecieron algunos papeles que contenían detalles de la fuga de la prisión. Pero el policía se equivocó al no calibrar su importancia.



El nuevo arresto de Dillinger


Las armas llegaron por fin al taller de la cárcel, donde las escondió en lugar seguro el recluso Walter Dietrich, un antiguo socio del barón Lam, un oficial prusiano convertido en ladrón de bancos. Lam tenía estudiado un método extraordinariamente útil para atracar bancos, método que implicaba una profunda organización y un plan bien definido. Dietrich había comunicado los detalles de este plan a Pierpont, quien decidió llevar a cabo la operación en cuanto recobrase la libertad. La fuga estaba proyectada para el 27 de septiembre, pero se adelantó un día porque las autoridades de la prisión recibieron un soplo. Earl, el hermano de Mary Kinder, ya no formaba parte del plan. Había muerto de tuberculosis en el hospital de la prisión. A las 14:00 horas, nueve prisioneros que habían obtenido pases para el médico se reunieron con Dietrich en el taller. Makley, Pierpont y Hamilton se guardaron las pistolas del .45, mientras los otros empleaban armas falsas.



John Hamilton


Tomaron dos rehenes: un guardián muy impopular y el director de la fábrica, y salieron con ellos. Los prisioneros ocultaban las armas detrás de un montón de camisas. Cruzaron el patio hacia la garita de los centinelas, junto a la verja de entrada. Los vigilantes, desprevenidos, se rindieron y los reclusos atravesaron las verjas con dirección al edificio administrativo. Pierpont, escudándose en los oficiales, exigió armas y dinero. El personal de la prisión había cambiado recientemente y el actual ignoraba la combinación de la caja fuerte. El único que lo sabía, el jefe Clerk, estaba escondido debajo de su escritorio y llamó a la policía. Los convictos renunciaron a conseguir el dinero. Abandonaron a los rehenes en el recinto de la cárcel y se dividieron en dos grupos. Dietrich y otros tres huyeron en el coche del sheriff.



Uña y carne (click en la imagen para ampliar)


El grupo principal, formado por Pierpont, Makley, Cark, Hamilton, Jenkins y un corredor de coches llamado Ed Shouse, quien acabó convirtiéndose en atracador de bancos, se apoderó de un automóvil que pasaba por los alrededores de la cárcel. Luego se escondieron en una granja cercana, manteniendo a la familia como rehén, mientras llegaba la noche. Entonces se dirigieron a Indianápolis por carretera. Mary Kinder se quedó sorprendida al verlos llegar con un día de anticipación. El escondite no estaba dispuesto aún y les condujo a casa de una amiga. Al día siguiente le entregaron dinero para que comprara seis trajes nuevos y bien arreglados recibieron la visita de Pearl Elliott, dueña de un burdel y atracadora que acababa de visitar a Dillinger en la cárcel. Este, en la visita, le entregó todo el dinero que había podido ocultar y le pidió que se organizara para que Evelyn “Billie” Freechette, una mestiza india a la que acababa de conocer, lo esperase al salir. La banda comprendió el significado del mensaje. Tenían que liberar a Dillinger.



Evelyn “Billie” Freechette, la novia de Dillinger


Dillinger ingresó en la cárcel del condado en Lima, Ohio. Para evitar los intentos de extradición de Matt Leach a Indiana, se confesó autor del atraco de Bluffton. Él sabía que tenía más oportunidades de escapar de Lima que de la ciudad de Míchigan. A pesar de todo, la vida de un preso era relativamente fácil en Lima. Dirigía la cárcel el sheriff Jes Sarber, con ayuda de su mujer y de su hijo Don. Era un hombre bondadoso que procuraba tratar a los reclusos dignamente. Comían bien y tenían permiso para reunirse fuera de las celdas. El 29 de septiembre de 1933, Pierpont y los suyos se trasladaron a un nuevo escondite en Hamilton, Ohio. Durante el recorrido los descubrió la patrulla de la policía que se dispuso a detenerlos. Aunque Ed Shouse consiguió zafarse, James Jenkins se cayó del coche en una curva extremadamente cerrada; sus compinches no se preocuparon de recogerlo y Jenkins tuvo que arreglárselas solo. La noche siguiente murió en medio de un tiroteo con los policías de Beanblosom, en Indiana.



Los cinco supervivientes carecían de dinero para sacar a Dillinger de la cárcel, pero eso no les supuso un gran problema. El 3 de octubre atracaron un banco en las proximidades de St. Mary, que era el pueblo natal de Makley. Mary Kinder, dispuesta a compartir la suerte de Pierpont, conducía uno de los coches. El botín fue de $11,000.00 dólares, todo en billetes nuevos, de modo que la chica se pasó un par de días mojándolos y planchándolos con el fin de que parecieran usados. Pierpont fue a Ohio a recoger a Billie Frechette y la instaló con Mary en una casa de Cincinnati. El 11 de octubre los hombres salieron hacia Lima y tras estudiar el exterior de la prisión, decidieron que tenía que entrar alguien para conocerla por dentro y así concretar el plan.



Extradición (click en la imagen para ampliar)


A última hora de la tarde del día siguiente, Pierpont y Makley se entrevistaron con un abogado de la localidad para que preparase una entrevista entre Dillinger y su supuesta hermana. Cuando el abogado les dijo que había concertado con el sheriff Sarber una entrevista para la mañana siguiente, Pierpont comprendió que ya no había tiempo para llevar a cabo el plan. Tenían que actuar inmediatamente. A las 18:20 horas, Pierpont, Makley y Clark entraron en la cárcel, mientras Shouse se quedaba afuera vigilando. Sarber y su esposa habían terminado de cenar y estaban charlando en la oficina de entrada con el ayudante del sheriff, Wilbur Sharp. Los reclusos, una docena aproximadamente, jugaban a las cartas en la estancia de día. El trío se presentó como un grupo de policías procedentes de la ciudad de Míchigan, encargados de interrogar a Dillinger, y Sarber les pidió sus credenciales. En respuesta, Pierpont sacó el revólver.



Russell Clark


El alcaide hizo ademán de buscar la pistola que guardaba en el cajón de su escritorio. Pierpont disparó dos veces y el sheriff cayó de rodillas. Clark apuntaba al ayudante mientras sus dos compinches amenazaban al herido con sus armas, exigiéndole las llaves de la puerta de entrada a las celdas. Al escuchar el primer disparo, Dillinger dejó de jugar a las cartas y fue a recoger el abrigo y el sombrero. Estaba listo para salir en el momento en que Pierpont abrió la puerta y le entregó un arma. A continuación, encerraron a la señora Sarber y a Wilbur Sharp con el resto de los reclusos. Dillinger sintió un ligero remordimiento, y antes de salir se arrodilló un momento para mirar al sheriff Sarber; después se metió en el coche que lo estaba esperando y se marchó conduciendo tranquilamente. Un poco después, el ayudante Don, hijo del alcaide, entró en la cárcel, encontrando a su padre inconsciente en medio de un charco de sangre. A las 20:05 horas, el sheriff Jes Sarber moría en el hospital.



El sheriff Jes Sarber


A la medianoche la banda estaba de vuelta en Cincinati. Pero era un lugar demasiado peligroso para ellos después del asesinato y, al cabo de un par de días, se fueron en busca de la seguridad de Chicago. De camino se detuvieron en la comisaría de policía de la pequeña ciudad de Aubum, en Indiana, llevándose como botín todo el arsenal formado por una selección de rifles y pistolas, chalecos antibalas y una metralleta. Esta colección de armamento no les parecía bastante. Dillinger recordaba que antes de su detención, él y Van Meter habían visitado como turistas la comisaría de Perú, en Indiana, y observaron cierta cantidad de armas en un despacho. El 20 de octubre, Dillinger y Pierpont, empuñando la metralleta y una pistola, irrumpieron en la comisaría, amenazaron a sus ocupantes y cargaron con un cargamento de armas de fuego que incluía escopetas, metralletas y una serie de chalecos antibalas. Había llegado el momento de dedicarse a lo que sabían hacer mejor: atracar bancos. El siguiente trabajo de la banda de Dillinger tuvo lugar en Greencastle, Indiana. Siguieron al pie de la letra el plan de Larnm, cuidadosamente estudiado, que detallaba el atraco y también la huida. Irrumpieron en el banco, se hicieron con $75,000.00 dólares en efectivo y en bonos, que guardaron en mochilas del ejército, y huyeron sin disparar un solo tiro. Siguieron una ruta previamente planeada a lo largo de calles apartadas en dirección a Chicago, donde tenían alquilados varios apartamentos en una de las mejores zonas de la ciudad. Dillinger comenzó a llamar por teléfono al jefe de la policía, Matt Leach, para burlarse de él. Este lo consideró como una demostración de debilidad, aunque disfrutaba con aquellas batallas psicológicas.



Sólo nominalmente (click en la imagen para ampliar)


A través de un soplón, se enteró de que Dillinger tenía una cita con el dentista el 15 de noviembre y envió una pequeña patrulla a Chicago al mando del sargento Art Keller. A la puerta de la consulta esperaban tres coches de policía. Pretendían salir y cerrar el paso al coche del delincuente cuando éste lo pusiera en marcha. Cuando Dillinger salió del dentista, advirtió la presencia de coches de policía. Subió a un automóvil; mandó a Billie Frechette, que le esperaba en el interior, que se tirase al suelo y condujo marcha atrás hasta la calle principal, tomando a la policía por sorpresa. Los únicos que lograron continuar la persecución fueron los policías de Indiana. Keller y sus hombres dispararon contra el fugitivo con una .38 y una escopeta. El disparo de respuesta de Dillinger alcanzó a un policía en el transcurso de su ronda habitual. El agente creyó ver un coche de otro Estado cargado con pistoleros asomados a las ventanillas. Aunque terna roto el parabrisas, Keller continuó la persecución durante varios kilómetros y sólo la abandonó cuando Dillinger, tras un giro, desapareció en un laberinto de calles apartadas. Esta maniobra le supuso el rencoroso reconocimiento de los detectives: “Desde luego, el pájaro sabe conducir”.



Los dos atracadores dejaron el coche, que estaba lleno de impactos de bala, así como el apartamento, y se trasladaron al de Clark y Makley. Los periódicos describieron esta emboscada abortada como un enconado tiroteo. Poco tiempo después, los gángsters echaron de la banda a Ed Shouse, quien se había convertido en un estorbo. Además, era un mujeriego empedernido y había irritado a Dillinger al hacer la corte a Billie. Y, lo que era más condenable: el grupo se enteró de que proyectaba asaltos por su cuenta. Entonces decidieron echarle. En un gesto de despedida, Shouse robó el coche de Rusell Clark y se marchó a California.



A finales de noviembre, los cinco miembros restantes decidieron atracar un banco en Racine, Wisconsin, pero esta vez los hechos no se produjeron con tanta facilidad. El cajero hizo un rápido gesto cuando oyó “¡Arriba las manos!”, y Makley disparó contra él. Al caer, el herido presionó un botón que hizo sonar la alarma en la comisaría. La policía no se presentó de inmediato porque estaba harta de llamadas falsas. La pareja de oficiales llegó tranquilamente para encontrarse con la caja de puros que la banda dejaba en aquellas ocasiones y que constituía la firma de Dillinger. El agente Boyard entró en el banco sin sacar el arma Le seguía su compañero, el sargento Hanson, empuñando negligentemente una metralleta. Makley disparó contra el segundo, mientras Pierpont desarmaba al primero. El pánico invadió a los empleados y a los clientes que se encontraban en el interior del banco. Los bandidos seleccionaron tranquilamente a algunos rehenes. Una gran cantidad de curiosos se concentró en la calle, esperando ver salir a los pistoleros con los rehenes como escudos humanos. Makley volvió a disparar una ráfaga de ametralladora cuando un policía armado apareció ante su vista y éste se esfumó al ver cómo las balas hacían añicos el escaparate de una joyería cercana. Colocaron a los rehenes en los estribos de los coches que tenían preparados para la huida, evitando así el fuego enemigo, y la banda consiguió escapar. En cuanto tuvieron la seguridad de que estaban a salvo, dejaron en libertad a los rehenes.



Wilbur Hanson


Después de este suceso, la banda de Dillinger ocupó el primer lugar en las listas de “Se busca” que publicaban la mayoría de los departamentos de policía de Chicago. John Dillinger se complacía en la búsqueda de emociones. Su infancia solitaria lo convirtió en un ser lleno de fantasías, de modo que los ocasionales, y a veces radicales, intentos de su padre por imponerle cierta disciplina le habían creado un profundo desprecio por la autoridad. Era más un aventurero que un criminal; mientras que Pierpont trató de estrangular al Jefe de Policía Matt Leeach a través de los barrotes de la celda de la prisión de Tucson y, en otra ocasión, intentó disparar contra él a sangre fría, Dillinger se contentaba con telefonearle para burlarse de su tartamudeo. Si los otros echaban mano a sus armas en cuanto veían a un agente, él encontraba un gran placer en retenerlos para fotografiarse a su lado. Aunque a lo largo de sus condenas sintió amargura, siempre se mostró bromista. Representaba siempre el papel del gallardo héroe romántico. Las cabriolas de sus primeros atracos demostraban su admiración por Douglas Fairbanks, el espadachín cinematográfico. Dillinger trataba de reproducir la mítica imagen de Jesse James en sus propios delitos. Respetaba las formas y se mostraba educado con aquellos a los que asaltaba y era especialmente amable con las rehenes. Tenía también una marcada vena práctica. Disparaba cuando le perseguían, aunque en dos ocasiones se entregó dócilmente al verse acorralado. Le gustaba leer las noticias que los periódicos publicaban sobre su persona. Buscaba en las bibliotecas los ejemplares atrasados que describían sus hazañas. Disfrutaba con su fama y procuraba vivir de acuerdo con ella.



Los titulares sobre Dillinger


A mediados de diciembre, y como consecuencia de un soplo, un sargento de la policía localizó un taller donde estaba en reparación uno de los coches de los ladrones. Cuando John Hamilton fue a buscarlo, el agente le dio el alto. El otro disparó contra él, causándole la muerte. Era el decimotercer policía de Chicago que moría aquel año en servicio. Este asesinato condujo a la creación de la “Brigada Dillinger”, compuesta por cuarenta agentes a las órdenes del capitán John Stege. Chicago se estaba volviendo demasiado peligroso para los ladrones, de modo que el 20 de diciembre toda la banda se marchó de vacaciones a Florida. Dos días después, obedeciendo a otra información, la Brigada Dillinger, a las órdenes del sargento Frank Reynolds, irrumpió por sorpresa en un apartamento de la ciudad. Cuando entró la policía, los tres ocupantes, alarmados, echaron mano a sus armas, pero no tuvieron tiempo de disparar; la policía los mató a todos. Al disiparse la humareda, se comprobó que las tres víctimas no eran más que unos delincuentes de poca monta de Chicago.



Dillinger y Frechette alquilaron un chalet en Daytona Beach, Florida Al poco tiempo se pelearon y ella volvió al norte. La víspera de Año Nuevo hubo fuegos artificiales a lo largo de toda la playa y los gángsters participaron en los festejos disparando ráfagas de metralleta en medio de la noche desde el porche de su vivienda. El programa que estaban escuchando a primeras horas de la mañana se interrumpió para dar una noticia de última hora: supuestamente, la banda de Dillinger había celebrado el Año Nuevo en un albergue de carretera de Beverly Gardens, a las afueras de Chicago, matando a dos policías.



Una vez terminadas las vacaciones, a mediados del mes de enero de 1934, la banda se disolvió por algún tiempo, quedando de acuerdo en reunirse de nuevo al cabo de un mes en Tucson, Arizona. Dillinger echaba de menos a Billie y se fue al norte a buscarla. El 15 de enero tres hombres asaltaron un banco en Chicago Este, Indiana. Dos de ellos fueron identificados como Hamilton y Dillinger, a pesar de que éste negaba haber estado allí. Algunos testigos, Mary Kinder entre otros, aseguraban que el día anterior él estaba aún en Florida, a 1600 kilómetros de distancia. El robo de Chicago Este fue un hecho imprudente, absolutamente opuesto a las reglas del Barón Lam: no había vigilancia exterior y todo el asunto tenía el aire de la improvisación.



Cartel de búsqueda sobre Dillinger


La diferencia que se produjo en el asalto de Chicago Este, fue que cuando el hombre identificado como Dillinger salió del banco, el policía que llevaba como escudo se apartó y otro agente, el patrullero William Malley, abrió fuego. El ladrón llevaba puesto un chaleco antibalas, al contrario que el agente Malley, que murió cuando una bala de la metralleta le alcanzó en el corazón. El hombre identificado como John Hamilton resultó herido por un disparo, cuyo proyectil le entró por una costura, pero sus camaradas lo ayudaron a entrar en el coche y lograron escapar. Ahora se buscaba a Dillinger por asesinato.



En aquella época, la mayoría de los atracos se atribuían a John Dillinger, quien rápidamente adquirió una reputación mítica. El 23 de enero, MakIey, Clark y sus compañeros estaban alojados en un hotel de Tucson. A las 07:00 horas se declaró un incendio y el edificio fue evacuado. Un bombero, William Benedict, observó que dos hombres trataban de subir al tercer piso por una escalera lateral. Cuando les dio el alto, le respondieron que estaban intentando recuperar sus maletas. El amable bombero llamó a su compañero y ambos entraron en la habitación, de donde bajaron algunas ropas y un pesado baúl cerrado con llave. Dentro iba toda la artillería de los gángsters. A la mañana siguiente, el bombero, al echar una ojeada al True Detective Magazine, que publicaba las imágenes de los componentes de la Banda Dillinger, creyó que uno de aquellos rostros le resultaba familiar. Benedict se puso en contacto con la policía e identificó a Makley y a Clark como a dos de los buscados.






El expediente de Dillinger


Al mismo tiempo que el bombero hablaba con la policía, Dillinger y Billie Frechette llegaban a Tucson y se inscribían en un hotel. Pierpont y Mary Kinder ocupaban la habitación contigua. El 25 de enero la policía descubrió el lugar donde vivían Makley y Clark. Siguieron al primero cuando salió a comprar y lo detuvieron en la tienda. Mientras tanto, otro policía, valiéndose de una treta, entró en la casa y detuvo a Clark antes de que el delincuente pudiera usar su arma. Pierpont llegó a la casa a última hora de la tarde; pero, al advertir un movimiento desacostumbrado en ella, giró en redondo y huyó. Un vecino observó su extraño comportamiento y lo denunció a la policía.



Distribuyeron su descripción y el oficial Nolan se dio cuenta de que dicha descripción concordaba con la que le había proporcionado un turista la víspera. Este estaba también alojado en un motel de South Sixth Street. Nolan y el sargento Eyrnan, que había detenido a Clark, se dirigieron al hotel a investigar. De camino, el oficial reconoció a Pierpont y a Mary Kinder, que circulaban en dirección opuesta. La policía los obligó a detenerse. El delincuente tenía pensado engañarlos, pero Eyrnan le indicó que los conductores de otro Estado tenían que sacar en la comisaría una placa de visitantes. Sin más preguntas, el amable sargento ocupó el asiento trasero y mostró al detenido el camino de la comisaría. Cuando entraron a la sede, el bandido vio el equipaje de Makley amontonado delante de la puerta y comprendió que había caído en una trampa. La policía continuaba vigilando. A la caída de la tarde, Dillinger y Billie Frechette, que habían estado haciendo turismo, aparcaron el coche a la puerta de la casa de Makley. Los agentes los rodearon y los detuvieron sin resistencia. En apenas cuatro horas, el departamento de policía de una pequeña ciudad había capturado a cuatro de los cinco delincuentes más buscados de los Estados Unidos sin disparar un solo tiro.



John Dillinger y su novia Billie


Al día siguiente, los cuatro delincuentes comparecieron ante el Tribunal. La fianza se fijó en $100,000.00 dólares para cada uno de ellos. La de las mujeres, acusadas de encubrimiento, ascendía a $5,000.00 dólares. Todos ellos quedaron detenidos. Los representantes de la ley y los periodistas se presentaron de inmediato en Arizona al conocer la noticia. El mismo gobernador visitó la cárcel para conocer a aquellas celebridades. Matt Leach hizo un largo viaje en tren desde Indianápolis para enfrentarse con el hombre que se estaba burlando de él. Sin embargo, no consiguió llevarse a Dillinger. Los Estados de Ohio y de Wisconsin se le habían adelantado en solicitar la extradición del bandido.



Robert Estill, el fiscal del condado de Lake, en Indiana, se trasladó en avión a Tucson en compañía de Hobart Wilgus, quien identificó a Dillinger como el asesino del patrullero O'Malley, en Chicago Este. El fiscal halló indicios suficientes como para acusarlo de asesinato.



Dillinger arrestado



La policía de Tucson, que había capturado a los bandidos, deseaba entregarlos en el Estado de Wisconsin, que era el que había ofrecido la recompensa más cuantiosa. Ese era también el deseo de los malhechores, puesto que en dicho Estado no existía la pena de muerte, pero Ohio e Indiana se oponían. Mientras los abogados discutían, Estill y el gobernador de Arizona hicieron un trato. Dillinger sería juzgado en Indiana por el asesinato de O'Malley, mientras que los otros tres serían extraditados a Ohio para serlo por el de Jes Sarber.



Dillinger tras las rejas


A última hora del día 27 de junio, Belton, el sheriff de Tucson, desistió de su política de alta seguridad y permitió al público entrar en la prisión para ver a la banda. Ya habían pasado más de mil quinientas personas a visitar a Dillinger cuando, a las 16:00 horas del día 28, Belton lo sacó de la celda y le anunció el traslado a su ciudad natal. Entre protestas y forcejeos, el acusado, esposado, llegó en compañía de Estill a un aeropuerto cercano y ambos subieron al avión que les estaba esperando. Según el fiscal, en el recorrido hacia el norte, Dillinger se confesó autor, entre otros varios, del atraco de Chicago, así como de los disparos contra O'Malley, a pesar de que aseguró que lo negaría ante el tribunal.



El traslado de Dillinger


Poco después de las 18:00 horas estaban de vuelta en Chicago. Allí se encontró con Stege, Reynolds y toda la Brigada Dillinger, compuesta aproximadamente por ochenta y cuatro agentes armados. Lo trasladaron desde Chicago a la prisión de Crown Point, situada en el condado de Lake, en un convoy formado por trece automóviles y doce motoristas de escolta. En las calles de las ciudades por donde cruzaba la caravana, se agolpaban miles de personas con la esperanza de ver por unos instantes al legendario criminal.



La Defensora de la Ley (click en la imagen para ampliar)


En Crown Point, John Dillinger continuaba recibiendo el trato de una estrella cinematográfica. Cuando la sheriff Lillian Holley salió a recibirlo, en los alrededores de la cárcel se agolpaba una multitud que pretendía ver al malhechor durante unos momentos mientras lo vitoreaban. Un fotógrafo pidió al fiscal Estill que pasara su brazo por detrás del detenido. Dillinger entonces, apoyó el codo en el hombro de Estill y sonrió. Aquella fotografía destruyó la prometedora carrera política del fiscal. Sin embargo este, ignorando las críticas, comenzó a preparar la acusación contra Dillinger. Disponía de cinco testigos que podían jurar que él fue quien apretó el gatillo del arma que causó la muerte del patrullero Malley.



Dillinger y el Fiscal



La acusación tuvo lugar el 9 de febrero. La policía y la guardia nacional rodeaban el juzgado. Nadie conocía el paradero de John Hamilton y mucha gente esperaba que atacara la cárcel. El acusado tenía un nuevo abogado, Louis Piquett, un antiguo fiscal de Chicago del que se sospechaba tenía conexiones con grupos criminales. El juicio se señaló para el día 12 de marzo. Piquett solicitó un aplazamiento, y cuando le preguntaron los motivos, indicó que lo necesitaba para negociar unos bonos robados en el asalto de Greencastle y poder cobrar sus honorarios.



Louis Piquett, abogado de Dillinger


Mientras Dillinger permanecía en su celda del primer piso, su abogado ocupaba todas las primeras planas. Llevó a Billie Frechette a hablar con Dillinger y comunicó a la prensa que el bandido no había salido de Daytona Beach hasta el 14 de enero. Pero el mayor favor que Piquett hizo a su cliente fue el de sobornar a un juez para que introdujera una pistola de jabón en la prisión. El 3 de marzo, a las 09:00 horas, Dillinger utilizó la pistola falsa para hacer prisionero al vigilante Sam Cahon y lo obligó a punta de pistola a mostrarle la salida de la cárcel. Luego lo hizo llamar al ayudante de la sheriff, Ernest Blunk. Este, ignorante de la situación, cayó en la trampa. Después encerraron a Cahon, Dillinger bajó a la entrada con Blunk y lo hizo llamar al guardián, Lou Baker. Inmediatamente lo metió con Cahon en la celda. Dillinger, empleando la misma treta, capturó y encerró a tres funcionarios más. Aún había cerca de treinta hombres armados por los alrededores de la cárcel. El preso necesitaba más armas. El desventurado Blunk lo llevó al despacho de guardia, donde el delincuente se hizo con un par de metralletas y dos prisioneros más.



Ernest Blunk


Dillinger entregó una de las pistolas a Herbert Youngblod, un recluso negro acusado de asesinato, y ambos, siempre con el ayudante de la sheriff, atravesaron la prisión en dirección al garaje. De camino capturaron a una pareja de guardianes que estaban de paso, a la comadrona, que resultó ser la suegra de Baker, y al cocinero. En el garaje encontraron un Buick nuevo. Dillinger volvió a atravesar la prisión para pedirle las llaves a Baker, pero éste aseguró que no las tenía. Entonces volvió junto a Youngblood, que mantenía reunido a un grupo de personas en la lavandería a punta de pistola.



La abatida sheriff Lillian Holley tras la fuga de Dillinger


Los dos hombres salieron por la puerta trasera precedidos de Blunk y entraron en el otro garaje. Obligaron al mecánico, Ed Sagar, a que condujera el coche que estaba reparando, un Ford V-S, perteneciente a la sheriff Lillian Holley. Salieron de la cárcel llevando a Sagar y a Blunk como rehenes y abandonaron la ciudad sin que nadie pudiera dar la alarma.



Herbert Youngblood (click en la imagen para ampliar)


Cuando iban de camino, Dillinger mostró al mecánico el arma que había usado, asegurándole que la había tallado en un pedazo de jabón, coloreándola después con crema de zapatos. La historia del arma falsa fue uno de los fundamentos de la leyenda de Dillinger. En cuanto salieron de la ciudad, los dos presos fugados dejaron en libertad a los rehenes y se fueron a Chicago. Durante la huida de Crown Point, Dillinger obligó a sus rehenes a cantar con él una balada del Oeste: “Vamos camino del último rodeo”.



La pistola de jabón utilizada por Dillinger


Envió a su hermana la tosca pistola de madera con esta nota: “No te desprendas de ella de ningún modo, porque cuando te sientas triste no tienes más que mirarla para echarte a reír y tu pena desaparecerá. ¡JA, JA!” En la misma carta pedía a Audrey que no se preocupara por él. “Me estoy divirtiendo muchísimo”. La fuga de Dillinger acrecentó aún más su fama, pero le creó también un enemigo poderoso. Como había atravesado la frontera del Estado con un coche robado, desde Indiana a Illinois, había cometido un delito federal. Ahora J. Edgar Hoover y el FBI iban tras sus huellas.



Melvin Purvis y J. Edgar Hoover


La siguiente preocupación de Dillinger fue formar una nueva banda. Se puso en contacto con Hamilton a través del abogado y reclutaron a Lester Gillis, conocido como “Baby Face” Nelson, el psicópata pistolero que ya tenía varios asesinatos a sus espaldas. Al día siguiente los tres bandidos, en compañía de Billie Frechette, a quien Piquett había defendido con éxito de la acusación de encubrimiento, llegaron a St. Paul en Minnesota, una ciudad corrompida, paraíso de los criminales de la época, donde se reunieron con Homer van Meter. Él, a su vez, les presentó a Eddie Green, quien proporcionaba “trabajo” a los atracadores de bancos, y a Tomy Carroll, un pistolero.



La policía buscando a Dillinger


Tres días después de la fuga, la nueva Banda Dillinger asaltó un banco en Sioux Falls, Dakota del Sur. Alguien hizo sonar la alarma y “Baby Face” Nelson comenzó a disparar, hiriendo a un agente de policía que estaba fuera de servicio. Después del atraco, Dillinger telefoneó a su abogado para pedirle que contribuyera a la defensa de Clark, Makley y Pierpont, cuyo juicio se celebraba entonces en Ohio. De poco valió el dinero en esta ocasión. La coartada que presentó la defensa de Harry Pierpoint quedó destruida por la declaración del ex corredor Ed Shouse, que había ejercido de centinela en Lima. Después de su detención aceptó confesar todo lo relacionado con la huida de la cárcel. El 12 de marzo Pierpont fue declarado culpable de asesinato. Makley lo fue el 17 de marzo y Clark, el 24. Este fue sentenciado a cadena perpetua y los otros dos a la silla eléctrica.



Harry Pierpont (click en la imagen para ampliar)


El 13 de marzo, la Banda Dillinger atracó un banco en Manson City, Iowa, pero fue un fracaso completo. Un guardia de seguridad, protegido por una cabina blindada, soltó gas lacrimógeno en el recinto. Hamilton perdió los casi $200,000.00 dólares de la cámara acorazada. Tres clientes resultaron heridos y los dos ladrones resultaron baleados en los hombros por los disparos de un anciano magistrado jubilado, efectuados desde la tercera planta del banco. En medio de la confusión, casi todos los ladrones habían tomado rehenes que amontonaron en los coches utilizados en la huida, así como en los estribos. La policía comenzó a perseguirlos, pero “Baby Face” Nelson se asomó y empezó a disparar, hiriendo gravemente a un transeúnte; a continuación sembró la calzada de tachuelas. Así lograron escapar, aumentando la velocidad y desprendiéndose de los rehenes uno tras otro.



John Dillinger había alquilado, junto con Billie, un piso en St. Paul y el FBI vigilaba el edificio desde hacía tiempo a raíz de la llamada de un vecino suspicaz. En el tiroteo que se produjo a continuación, Dillinger resultó herido en una pierna. Se reunió con Van Meter, que había huido a pie. El 3 de abril el FBI consiguió su primer éxito. Los agentes irrumpieron en el apartamento de Eddie Green y le dispararon en la cabeza al negarse a levantar los brazos. La bala le destrozó el ojo y se alojó cerca del cerebro, causándole dolores bestiales. Aún permaneció con vida ocho días; los agentes del FBI lo torturaron negándose a proporcionarle analgésicos. Gracias a la tortura, proporcionó información sobre las distintas personas que habían encubierto a la banda.



El 5 de abril, Dillinger fue a Moresville para ver a su padre y presentarle a Billie Frechette. Llegaron a la granja y se quedaron allí un par de días, asistiendo a una fiesta familiar, mientras los agentes del FBI, ignorando que el atracador estaba en ella, vigilaban la carretera de la granja. El 9 de abril la pareja volvió a Chicago. El FBI detuvo a Billie cuando entró a un bar, mientras Dillinger contemplaba el suceso desde la acera de enfrente. Billie fue acusada de encubrir a Dillinger en St. Paul. Los agentes del FBI la encerraron en un cuarto y comenzaron, sistemáticamente, a golpearla. Le dejaron el rostro desfigurado a golpes con tal de que les dijera dónde estaba Dillinger. Ella no cedió; los envió a un domicilio falso y después se burló de ellos, contándoles que el bandido estaba enfrente justo cuando la aprehendieron. Tras ser juzgada, la condenaron a cumplir dos años de prisión por encubrimiento.



La mayor parte de la artillería del grupo se había quedado en St. Paul. A primeras horas del 13 de abril se reequiparon asaltando una comisaría en Warsaw, Indiana. Tres días después, la banda se reunió y decidió que necesitaba unas vacaciones. Se recluyeron en Uttle Bohemia Lodge, en la agreste zona norteña de Wisconsin. Los cazadores acostumbraban a alojarse allí durante la temporada, pero en abril estaba prácticamente desierta. Los bandidos, sus mujeres y sus amantes habían recorrido 650 kilómetros apiñados en tres automóviles. En el albergue, “Baby Face” Nelson y su esposa, Helen, ocuparon una habitación en el bajo, mientras que los otros tenían sus cuartos en el primer piso. Eran los únicos huéspedes. No se ha llegado a saber si el propietario del albergue, Emil Wanatka, los estaba esperando. El abogado se había reunido con Wanatka unos días antes y pudo recomendarles el hotel. Pero el propietario insistía en que se dio cuenta de que estaba alojando a la banda de Dillinger cuando observó que todos sus amables clientes portaban armas de fuego y los reconoció por las fotografías de los periódicos. Cualquiera que sea la verdad, el hecho es que Nan, su mujer, envió un recado a las autoridades a través de su hermana.



Emil Wanatka (click en la imagen para ampliar)


El 22 de abril de 1934, Ed Vos, cuñado de Nan Wanatka, se puso en contacto con Melvin Purvis, el encargado de la oficina del FBI en Chicago, y le dio la información. Purvis habló con J. Edgar Hoover, el jefe del FBI. Tomó diez agentes y llegó a Rhinelander, en Wisconsin, en avión desde Chicago. Allí se reunieron con una delegación de la oficina de St. Paul bajo la dirección de Hugh Clegg. Ed los recibió en el aeropuerto, les entregó un mapa de Little Bohemia e inmediatamente elaboraron un plan. La mayor parte de las fuerzas se aproximaría sigilosamente para realizar un ataque frontal y el resto se situaría en distintos lugares, impidiendo la huida. Sin embargo, no se ocuparon de la salida trasera. El proyecto del lago Little Star acabó en fracaso.



Melvin Purvis (click en la imagen para ampliar)


Los domingos eran siempre especialmente ajetreados en el albergue. Al lado había un campamento de un organismo estatal fundado por el presidente Roosevelt, y los empleados del campamento y los forestales se aprovechaban con frecuencia del desayuno especial del albergue y de su precio: un dólar. Muchos de ellos lo habían terminado a primera hora de la mañana y los tres últimos rezagados salieron a las 07:45 horas, en el momento exacto en que los hombres del FBI llegaban al final de su trayecto. Melvin Purvis les hizo señales para que se detuvieran, pero como estaban a cierta distancia y la radio del coche atronaba con la música de jazz, no lo oyeron y siguieron adelante. El coche se paró bajo una lluvia de balas. Dos de los hombres escaparon heridos, uno hacia los bosques y el otro en dirección al albergue. El tercero, Eugene Boiseneau, un experto en conservación de treinta y cinco años, murió instantáneamente. Wanatka, los camareros y tres de las mujeres de la banda se refugiaron en la bodega aquella noche. La mujer del dueño había salido pronto del albergue. Los bandidos pusieron inmediatamente en acción un astuto y bien preparado plan de huida.



Las armas de la banda en Little Bohemia


Mientras los agentes del FBI abrían fuego ante la fachada principal del albergue, los que se acercaban por los laterales se quedaban atascados en una zanja de drenaje o enganchados en una alambrada de espino. Dillinger, Hamilton, Carroll y Van Meter saltaron a la nieve desde una ventana del primer piso, huyeron hacia el norte siguiendo la orilla del lago y se internaron en los bosques. Allí, Tommy Carroll se separó de los otros; tras caminar algún tiempo, robó un Packard que encontró a la puerta de un bar y se dirigió hacia el norte. El grupo de Dillinger irrumpió en una cabaña y obligó al propietario a sacarlos de la zona en su Ford modelo A y camino de St. Paul lo hicieron bajar del coche. “Baby Face” Nelson estaba en su cuarto cuando comenzó el tiroteo, pero consiguió abrirse camino apuntando y disparando con dos pistolas. Titubeando a través de los bosques, “Baby Face” Nelson llegó a casa de Alvin Koerner, el director de la oficina telefónica local. Este estaba al corriente de lo sucedido en el albergue. Conectó a Wanatka con el FBI proponiendo un alto el fuego para que él y su personal pudieran salir. Las mujeres permanecieron encerradas.



El auto donde se fugó Dillinger


El propietario iba en mangas de camisa. Su cuñado George La Porte se ofreció a acompañarlo a casa de Koerner para buscar algo de abrigo mientras los agentes reanudaban el acoso. “Baby Face” Nelson se los encontró junto a la puerta. Tomó a éste como rehén y a Wanatka como conductor y se dispuso a huir en el coche de La Porte. En aquel momento se presentó otro automóvil en el que iban dos agentes del FBI, Jay Newman y Carter Baum, además de Carl Christensen, un policía local. Estaban buscando el coche que Tommy Carroll había robado. “Baby Face” Nelson les ordenó salir del vehículo y, sin la menor provocación, abrió fuego, matando a Baum e hiriendo gravemente a los otros dos. El aterrado Wanatka subió al coche de su cuñado, pero el vehículo se hundió en un montón de nieve. “Baby Face” Nelson se introdujo en el asiento del conductor del coche del FBI y bajó a la carretera 51. Wanatka volvió conduciendo al albergue. Habían empleado bombas de humo y gases lacrimógenos; los vigilantes locales estaban disparando al azar contra el edificio.



Al amanecer, las tres mujeres salieron de la bodega. Los salvajes agentes del FBI habían revuelto el local sin encontrarlas. El conjunto de la operación resultó una trágica farsa. Dos hombres inocentes muertos, cuatro heridos... y no habían detenido a ningún criminal. El único medio que el FBI tenía para recuperar su prestigio era detener a Dillinger. En su huida hacia el sur por la 51, “Baby Face” Nelson se quedó atascado en el fango a unos veinte kilómetros del albergue y tuvo que seguir a pie a través del bosque. Durante tres días se alojó en la choza de Ole Catfish, un anciano indio que nunca había oído hablar de Dillinger, y después robó el coche de un pescador que estaba de vacaciones y se marchó de allí. Dillinger, Van Meter y Hamilton continuaron juntos, dirigiéndose hacia St. Paul por carreteras de circunvalación y aproximándose desde el sur a la ciudad.



La policía estaba vigilando los coches que salían hacia el sur desde St. Paul. Sin embargo, la presencia de tres individuos apiñados en el asiento delantero de un coche que se dirigía hacia el norte despertó las sospechas de William Dieter, el ayudante del sheriff. Comenzó a seguirles, y cuando estuvo lo suficientemente próximo como para leer el número de la matrícula, comenzó a dispararle a los neumáticos. Van Meter, que había estado conduciendo a la moderada velocidad de cincuenta kilómetros por hora, pisó el acelerador, mientras Dillinger devolvía los disparos por la ventanilla trasera. Antes de lograr escapar del coche de la policía, el Ford sufrió varios impactos y uno de los disparos hirió a Hamilton en la espalda. El vehículo estaba acribillado; los atracadores se apoderaron de otro, ocupado por una pareja que estaba dando un paseo, y tomaron el camino de Chicago. Tardaron dos días en llegar.



El albergue de Little Bohemia tras el ataque



El herido había perdido gran cantidad de sangre y se debilitaba rápidamente. Dillinger trató de encontrar un médico en los bajos fondos, pero en aquellos momentos cualquier contacto con la banda resultaba demasiado peligroso. Nadie quería tratar con ellos. Los únicos que estaban dispuestos a ayudar a aquellos hombres eran Volney Davis y Dock Barker, de la banda de Barker-Karpis, que acababa de llevar a cabo su segundo secuestro importante. Aunque pudieron proporcionarles refugio, no fueron capaces, sin embargo, de conseguirles atención médica. La herida se gangrenó y Hamilton murió. Lo echaron en un pozo, después de que Dillinger vertiera lejía sobre el rostro y las manos del cadáver para evitar su identificación. Los dos atracadores regresaron a Chicago, donde el abogado podía brindarles protección. Hicieron saber que estaban de vuelta abandonando en una calle concurrida el coche manchado de sangre que habían sustraído a las afueras de St. Paul. Dillinger desapareció de la circulación.



El cadáver de John Hamilton


Con bastante retraso, se distribuyó un cartel ofreciendo $5,000.00 dólares de recompensa por su captura. En aquella época su rostro aparecía por todas partes: periódicos, vallas y edificios públicos. La presión sobre la banda iba en aumento. Tommy Carroll, que no consiguió reunirse con ellos, murió defendiéndose en el asedio de la policía en Waterloo, Iowa. La única noticia de Dillinger fue la carta que envió a su padre en la que decía: “Esto lo obliga a uno a quitarse de en medio. Me iré enseguida y no tendrás que volver a preocuparte por mí”. El 22 de junio, el día en que John Dillinger cumplía treinta y un años, el FBI lo calificaba como “El Enemigo Público Número Uno”. La recompensa por su captura se elevaba a $10,000.00 dólares y un chiste circulaba en el bajo mundo: “Se busca a John Dillinger, muerto o muerto”.



Enemigos Públicos (click en la imagen para ampliar)


A Dillinger le encantaba el cine. Una de sus grandes anécdotas se refiere a la ocasión en la cual fue a ver una película y, mientras estaba sentado en su butaca, apareció un noticiero en la pantalla, con su fotografía y la petición de que, si alguien lo veía, avisara a la policía. El locutor pedía que todos voltearan a su derecha a ver a quien estaba sentado junto a ellos, pues podía ser Dillinger. Y aunque su vecino de asiento lo miró, no pudo reconocerlo. Ese tipo de detalles estimulaban la vida del bandido.



El padre y el hermano de Dillinger


Ocho días después, cinco hombres asaltaron el Merchant National Bank de South Bend, en Indiana. Tres de ellos fueron identificados como Dillinger, “Baby Face” Nelson y Van Meter. El restante era "Pretty Boy” Floyd quien, por otra parte, nunca había estado asociado con la banda.



“Pretty Boy” Floyd


Fue un atraco caótico. Uno de los ladrones disparó una innecesaria ráfaga de ametralladora hacia el techo. Van Meter, que vigilaba la entrada del banco, hirió a Howard Wagner, un policía que se acercó al oír el ruido y que murió unas pocas horas después. Un joyero de la vecindad disparó al azar contra “Baby Face” Nelson, que aguardaba dentro de un coche preparado para la huida, pero el chaleco blindado que vestía el forajido le salvó la vida Este devolvió la agresión disparando demencialmente su ametralladora en plena calle, hiriendo a dos transeúntes. Un chico de dieciséis años saltó al asiento trasero del automóvil, tratando de que los bandidos se lo llevaran como rehén, dado que los admiraba. “Baby Face” Nelson lo arrojó del coche y le disparó un tiro que le destrozó una mano.



La Ciudad del Pecado (click en la imagen para ampliar)


Los atracadores salieron del banco con tres rehenes, quienes resultaron heridos, junto con uno de los bandidos, por el fuego cruzado de la policía. Al llegar al coche, Van Meter fue alcanzado en la cabeza. Dillinger lo empujó dentro del coche y se dio a la fuga. El botín fue de $24,000.00 dólares. John Dillinger desapareció de nuevo. Muchos de sus camaradas de los bajos fondos se negaron a creer que estaba involucrado en el atraco a South Bend.



Corría el rumor de que había muerto al escapar de Little Bohemia o de que estaba refugiado en el extranjero. Otros aseguraban que era irreconocible tras una operación de cirugía plástica. Pero aún fugitivo, seguía burlándose. Dillinger amaba los autos. Cuando la persecución alcanzaba su momento culminante, envió una carta de de agradecimiento al empresario Henry Ford redactada en estos términos: “Conducir un automóvil Ford y comprobar que todos los demás se quedan atrás no tiene precio. Yo puedo conseguir que cualquier otro coche se trague el polvo del Ford. Adiós. John Dillinger”.



El juicio de varios miembros de la Banda Dillinger


A mediados de junio de 1934, Polly Hamilton, una camarera de Chicago que ejercía la prostitución, comenzó a salir con un hombre fornido y apuesto llamado Jimmie Lawrence, quien se presentaba como un empleado de la Cámara de Comercio, aunque parecía no frecuentar mucho la oficina. Lawrence llevaba a la joven a salas de fiestas, a los cines, a los restaurantes, y visitaba asiduamente a un encargado de apuestas de la vecindad. Trataba cordialmente a la patrona de la chica, Ana Sage, y nunca daba la impresión de tener mucho trabajo. La señora Sage, de soltera Ana Cumpanas, había ejercido durante años como encargada de un burdel en Indiana, donde disfrutaba de la protección policial. Los cambios políticos hicieron vulnerable su condición de inmigrada y cuando se encontró con Lawrence estaba amenazada de deportación a Rumania, su país natal.



Como muchas otras personas, la señora Sage advirtió el gran parecido de Jimmie Lawrence con John Dillinger. Cuando alguien se lo comentaba, Jimmie se echaba a reír. Ana Sage, sin embargo, comunicó sus sospechas a un amigo policía del Este de Chicago. Comentó al sargento Martin Zarkovich que sabía dónde estaba Dillinger, pero que solamente daría la información a cambio del derecho a permanecer en Estados Unidos. Zarkovich habló con su superior, el capitán Tun O'Neill, y los dos se fueron a Chicago el día 20 de julio. En primer lugar se reunieron con Stege, de la Brigada Dillinger y le dijeron que podían conducirle hasta el atracador, pero que solamente lo harían con la garantía de que éste muriese. Stege los echó de su despacho.



Ana Sage


Al día siguiente, se pusieron en contacto con Melvin Purvis y Sam Cowley, destinados al servicio de vigilancia de la oficina de Chicago después del fracaso de Little Bohemia. El FBI estuvo de acuerdo en reunirse con Ana Sage. Esta contó que había acosado a Jimmie Lawrence, quien admitió ser Dillinger. Purvis le prometió una sustanciosa recompensa y hacer todo lo posible para evitar su deportación si los ayudaba a capturar al bandido. Ella les dijo entonces que a la noche siguiente, domingo 22 de julio, tenía una cita con Polly Hamilton y con el supuesto Dillinger para ir al Cine Marboro.



Los ejecutores de Dillinger


El FBI decidió llevar a cabo la operación de acuerdo con los policías de Chicago Este, aunque desconfiaba de ellos por el temor de que el bandido tuviera sobornado a un informador entre sus filas. Mientras tanto, Dillinger hacía otra de sus jugarretas: se dirigió a la oficina donde se encontraba el cuartel de la “Brigada Dillinger”, en la sede de la policía. Entró vestido de paisano y se paseó por el lugar. Casi no había empleados. Pudo ver los pizarrones utilizados por los agentes, llenos de mapas donde habían ocurrido los asaltos, fotografías de los integrantes de la banda ejecutados, así como carteles de “Se busca” con el rostro de Dillinger. También había fotos de su novia, boletines y recortes de prensa. Estuvo deambulando por allí media hora, hasta que se topó con un grupo de agentes que escuchaban por la radio un partido de baseball. Dillinger los saludó y les preguntó el marcador; los policías le respondieron con amabilidad. Luego se despidió de ellos y se marchó.



Mapa de los crímenes de Dillinger (click en la imagen para ampliar)


Al otro día, los agentes del FBI se situaron en los alrededores del Cine Marboro, soportando una temperatura de 37 grados. A las 17:30, Ana Sage telefoneó para decirles que debían acudir al Cine Biograph. Las fuerzas se dividieron. Melvin Purvis esperaba en el exterior del Cine Biograph, donde proyectaban Melodrama en Manhattan, una película sobre gangsters protagonizada por Clark Gable.



El Cine Biograph



Exactamente a las 20:00 horas llegó Ana Sage en compañía de un hombre y de otra mujer. La señora Sage llevaba una blusa naranja que parecía rojo sangre a la luz del hall de la entrada, donde esperaba a que el supuesto Dillinger comprara los boletos.



Melvin Purvis poco antes de la ejecución


El cine estaba abarrotado y los hombres del FBI, ante el temor de arriesgar las vidas de los espectadores, decidieron no llevar a cabo la detención en la sala. Zarkovich y los demás acudieron desde el Cine Marboro y los agentes se dispusieron a capturar al criminal a la salida. Fue la última película que Dillinger vio. Salió del cine a las 22:30 horas, flanqueado por las dos mujeres. Melvin Purvis encendió un puro; era la señal para que los agentes rodearan a Dillinger. Según el FBI, el bandido comprendió que estaba atrapado y trató de escapar por un pasillo lateral empuñando un arma que llevaba en el bolsillo. Dispararon contra él antes de que pudiera hacer fuego e inmediatamente cayó frente a la salida.






El cadáver de Dillinger



El escritor Jay Roberts Nash, especializado en crímenes, dio una versión diferente de los hechos. Basándose en el informe sobre el recorrido de las balas y en el hecho de que dos mujeres, espectadoras inocentes, sufrieran de rebote heridas en las piernas, dedujo que a Dillinger lo empujaron o cayó al suelo antes de ser ejecutado por dos hombres que le dispararon uno por delante y otro por detrás. Nash los identificó como Zarkovich y O'Neill. Uno de ellos se acercó al bandido, que tirado en el suelo murmuró sus últimas palabras: “Dile a Billie: ‘adiós, adiós, pajarillo marrón’”. Se trataba de una línea de una popular canción que Dillinger y su novia habían convertido en su tema privado de amor.




Trasladaron el cuerpo al depósito del condado de Cok que estaba rodeado por el público, deseoso de echar una mirada al cadáver. La gente humedecía sus pañuelos y sus ropas en el charco de sangre que se coagulaba en la banqueta, afuera del Cine Biograph. A los ojos de la ley, el asunto estaba resuelto. No así para los que habían mitificado a Dillinger.





Circulaba el rumor de que el FBI había disparado contra una víctima errónea. Mucha gente que lo había conocido no lo identificó cuando contempló el cadáver, que fue enterrado en el cementerio de Crown Point, en Indianápolis. Cinco mil personas se apiñaban al otro lado de las verjas. Allí terminó la historia, hasta que Jay Robert Nash y Ron Offen publicaron en 1971 su libro Dillinger: se busca vivo o muerto.



El traslado del cadáver



En una visita que hizo al museo Dillinger, en Little Bohemia, Nash mostró una carta que un supuesto Dillinger había enviado a Emil Wanatka hijo el 30 de julio de 1963. Incluía una fotografía, aunque no llevaba remitente. El sobre tenía matasellos de Hollywood y contenía cierta información que en aquella época no se dio a conocer. Aseguraba que el hombre muerto por los disparos era realmente Jimmie Lawrence, quien había estado representando el papel del delincuente.



La máscara mortuoria de Dillinger


Nash logró hacerse con el resultado de la autopsia, que había permanecido oculto durante treinta y cinco años; según el informe, el muerto tenía los ojos castaños (los de Dillinger eran de color azul-grisáceo) y no mostraba ninguna de las cicatrices que caracterizaban al bandido, mismas que la cirugía plástica era incapaz de hacer desaparecer. Las huellas de fiebres reumáticas infantiles que habían afectado al corazón lo hacían incompatible con la contextura atlética de Dillinger, quien nunca las había padecido.



Carta del supuesto John Dillinger


Tras posteriores investigaciones, surgió la sospecha de que las huellas dactilares que se suponían de Dillinger, aunque alteradas quirúrgicamente, y que constaban en los ficheros policíacos, habían sido tomadas del cadáver; los efectos personales del muerto, entre los que figuraban unas gafas (Dillinger tenía una vista perfecta), no parecían pertenecer al bandido. El escritor llegaba a la conclusión de que John Dillinger y Louis Piquett, ambos en contacto con la mafia de Chicago, habían contratado a un rufián de poca monta que se le parecía, utilizando a Zarkovich y a O'Neill para asegurarse de que no viviría; así intentaban demostrar que el muerto no era Dillinger. Nash creía también que el gángster había perdido el gusto por el crimen y que se había trasladado a Hollywood para asentarse tranquilamente bajo un nombre supuesto.



Los dobles de Dillinger (click en la imagen para ampliar)


En agosto de de 1934, Homer van Meter murió durante un tiroteo con cuatro oficiales de policía en una avenida de St. Paul. Al mes siguiente, Harry Pierpont y Charles Makley intentaron una trampa para salir del Corredor de la Muerte, donde esperaban que los ejecutaran, empuñando unas pistolas talladas en jabón. Los guardianes abrieron fuego. Makley falleció instantáneamente. Pierpont resultó herido, aunque se recuperó lo suficiente como para, al cabo de varias semanas, ser ejecutado en la silla eléctrica.



Harry Pierpont


Todavía quedaba en libertad “Baby Face” Nelson, el único miembro importante de la Banda Dillinger. Nelson, su mujer y un acompañante, John Paul Chase, viajaban a través del país, perseguidos y acosados. El 27 de noviembre, junto al Lago Ginebra, en Wisconsin, se entabló una refriega entre ellos, San Cowley y Herman Hollis, de las fuerzas especiales, quienes estuvieron involucrados en la operación Dillinger. “Baby Face” Nelson, fiel a sus costumbres, salió al descubierto y cruzó bajo los disparos enemigos, matando a los policías pero quedando a su vez herido. A la mañana siguiente apareció su cuerpo desnudo en el fondo de una zanja, a unos treinta kilómetros de distancia.



El cadáver de “Baby Face” Nelson



Ana Sage recibió $5,000.00 dólares por denunciar a John Dillinger. Sin embargo, se vio deportada a Rumanía. Murió en el año 1947 en Timisoara. Después de dejar el FBl, Melvin Purvis fracasó en la elección de su futuro. Se casó en 1938 y se dedicó a perseguir a Criminales de Guerra por toda Europa. En 1960 se suicidó a causa del alcoholismo y de su deterioro mental. John Dillinger padre, su familia y Billie Frechette después de su liberación, montaron un número de vodevil con los recuerdos del bandido. Dillinger padre murió en 1943 y fue enterrado junto a su hijo. Louis Piquett fue acusado de encubrir a Dillinger; tras un histórico alegato en el que declaró que únicamente había cumplido con su deber como abogado, el veredicto fue de inocencia. En 1935, y por el encubrimiento de Van Meter, la sentencia fue de dos años. Al quedar en libertad, trabajó como camarero y en 1951 obtuvo el perdón completo. Murió un año después.





La familia de Dillinger aprovechó la fama del bandido. Se presentaron en varios lugares junto a películas acerca de él. Se tomaban fotos con los asistentes y contaban historias sobre el malhechor. Así se mantuvieron durante muchos años.



La familia Dillinger durante sus “giras”


Los que no creían en la muerte de Dillinger lo suponían viviendo tranquilamente en Hollywood bajo un nombre falso. Según la obra de Nash, publicada en 1970, los anarquistas y los hippies estadounidenses lo consideraban una especie de santo. Una sociedad llamada “John Dillinger Murió por Ti” se extendió por toda California. La figura de Dillinger causó admiración en varias generaciones, inspirando novelas, canciones y películas.



La tumba de John Dillinger





VIDEOGRAFÍA:

John Dillinger en Crímenes del siglo XX
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Escenas reales sobre la captura de Dillinger (en inglés)
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John Dillinger en Los Simpson
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Enemigos públicos (trailer)
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Dillinger (trailer)
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J. Edgar (trailer)
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“Bye, bye, blackbird” (supuesto tema de amor de John Dillinger y Billie Frechette)
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BIBLIOGRAFÍA:







FILMOGRAFÍA:









DISCOGRAFÍA:


23 comentarios:

lady tijuana dijo...

haayyy por fin soy la primera en empezar y terminar un post me gusto mucho felicitaciones por el trabajo muy largo aqui en tijuana son las 2:17am y no pegue el ojo asta que termine

Anonymous dijo...

HALFORD.

He tenido problemas con el ingreso a mi cuenta de google, por lo que no he podido opinar en los previos pero no me he perdido ninguno... me extraña un poco que no haya mas comentarios previos dado lo importante del caso actual, no lo ha leido nadie mas de los habituales?... Magnífico caso, en especial éste y el de Bonnie and Clyde, bien documentados y bien escritos, ojalá la película estuviera mas apegada a la realidad, felicitaciones una vez mas, espero que no tarde mucho el del zodiaco, si tiene el nivel de información de éstos, vale la pena la espera, y te insisto en el del merodeador nocturno original, ya que es de los clásicos.

Saludos.

jrangles dijo...

Excelente... al igual que el de Bonnie y Clide, es mi lectura obligada de todos los domingos

Roy dijo...

Para variar, recien puedo darme el lujo de estar entre los primeros que te hacen llegar comentarios. Quiero agradecerte profundamente todo el esforzado trabajo que realizas para este magnifico Blog que tienes; no tengo la constumbre de felicitar (en realidad me incluyo entre la inmensa muchedumbre de los que generalmente tomamos sin dar las gracias), pero lo excepcional de tu publicación me obliga a ello. Te recomiendo no olvidar a un "baby killer" como tú los llamas, a Gordon Stewart Northcott, responsable de los asesinatos del gallinero de Wineville ocurridos en 1928 y cuya trama ha inspiado la pelicula "El Sustituto" de Clint Eastwood; al respecto lo ocurrido a la Sra. Collins, madre de uno de los chicos muertos resulta tan o más bizarro que los propios asesinatos. Tengo el hobbie de conocer los extremos a los cuales puede llegar el ser humano (tanto en bondad como en maldad), y hace tiempo me resulta claro cual es nuestra verdadera naturaleza, reprimida, es cierto, por esta carcel que llamamos civilización pero que algunas veces aflora sin que nada ni nadie la pueda detener.
Un consejo: Aunque ya leí todas las historias, cada vez que publicas una nueva me es difícil encontrarla debido a que nada la diferencia de las ya leídas (por lo general es un color distinto, tal como ocurre en otras web); sería importante que pudierás implementar un mecanismo similar.

bubblemaker dijo...

Me encanta este blog!! todas las historias tienen un gran trabajo investigativo.. Felicitaciones una y otra vez!! por cierto gran historia la de Dillinger.. Bye, Bye, Blackbird!

Escrito con Sangre dijo...

Hola a todos.

Curioso que haya tan pocos comentarios en una biografía tan solicitada.

Roy: La historia de Gordon Stewart Northcott ya está en preparación, aparecerá este mismo año. Respecto a las nuevas historias, cada una aparece los domingos a las 00:00 horas y permanece en la página principal del blog durante una semana entera, hasta las 23:59 del sábado siguiente. Para saber cuál es la nueva, solamente entra a la página principal y allí la verás. También avisamos a través de Facebook y Twitter. O puedes enviarnos tu correo electrónico y te mandaremos un boletín informándote de las novedades.

¡Saludos sangrientas!

rafa dijo...

jajaja lo sabia
muchas gracias escrito esta buenisima la entrada, siempre me llamo la atencion la historia de dillinger, sobre todo su desfachates y carisma y obviamente no me agrada para nada como termino el personaje sobre todo por que su error ...aparte de cometer crimenes federales....fue confiar en alguien, en fin muchas gracias escrito esta excelente apenas lo pude leer hoy por que anduve estudiando para un examen pero valio la pena la espera gracias nuvamente y saludos a todos

Verónica... dijo...

Existe otra película que toca muy de refilón el tema: "Dillinger ha muerto" dirigida por Marco Ferreri en 1968... en la que la supuesta pistola de Dillinger cambia la historia inicial. Saludos.

Carlos Ruiz dijo...

Disculpen si me salgo del tema principal, pero tengo una duda desde hace dias sobre un asesino serial y no se me ocurre un mejor lugar que este donde preguntar xD

Estoy buscando el nombre de un asesino serial que vi en television que una vez arrestado y declarando en la corte dice algo como "Soy asi, no puedo evitarlo, si me liberan lo volvere a hacer. lo mejor que podrian hacer es matarme" y si, efectivamente le dieron pena de muerte.

ojala alguien me pudiera dar el nombre del sujeto por que me impresiono mucho su... honestidad por asi decirlo xD

Saludos.

Alexander Strauffon dijo...

Rebosante de información tu post, de eso no cabe duda. Muy bien.

Dillinger fue la extraña combinación del carisma con una mente criminal. Un criminal que a ratos te haría fantasear ser él. Aventurero y buscador de emociones.

Kaio dijo...

hola acabo de encontrar este blog y me gustó mucho. Estaría bien que hablaran sobre los casos en Cd. Juarez donde han ocurrido cantidad de feminicidios atribuidos a narcotraficantes, asesinos en serie, empresarios de lato rango, políticos, policia. Es un caso asqueroso. Si pueden me gustaría verlo a manera de denuncia y en solidaridad con las familias de las mujeres asesinadas. Felicitaciones por el blog y a favoritos.

lady tijuana ♪♪♪♪♪♪ dijo...

escrito ya mire casi sino todas las historias de el bloks que estan ala vista hace 2 dias me salio que si queria aportar podia hacerlo con la cantidad que yo quisiera por medio de una tarjeta de credito que hay de sierto en eso y quiero entrar a grouppiessangrientos y no puedo me explicas porfa

Anonymous dijo...

a mí no me gustan las historias de los ladrones con pistola...

Anonymous dijo...

Carlos Ruiz, no sé si será Arthur Shawcross el asesino que buscas, pero creo que a él no lo condenaron a muerte... saludos!

Camilo dijo...

bueno hay varias cosas aca, tecnicamente y segun la historia del blog dillinger no fue un asesino, no lei en ninguna parte de la historia que hubiese matado a alguien, me parece muy confusa su muerte, por otro lado Escrito con Sangre ya no estas publicando la nueva entrada a las 12:00, te estas quedando dormido!!

lady tijuana♪♪♪♪♪ dijo...

una leyenda urbana de este tipo cuentan que estaban en un hotel el y sus compinches y que traian una grande cantidad de dinero de asalto llego la policia para capturarlos ellos se escaparon por una ventana con el dinero y lo enterraron en un bosque y nunca regresaron por el segun asta la fecha hay gente que busca el botin pero nadie lo a encontrado en usa es un idolo para muchos americanos.(es loque se cuenta pero de boca en boca cambian las historias!)

mac-10 dijo...

que feo haber leido y no poder comentar en termino.

en fin,gracias por la entrada.
ya lo agrego a mi info.

mac-10

"fin del mundo"

Camilo dijo...

otra pregunta que quisiera hacerte escrito con sangre es que en base a que o quien se sustentan sus historias (como la vez que entro a la inspeccion de policia) si a el finalmente lo mataron.

Anonymous dijo...

Aguante Dillinger!!! En realidad no sé si corresponde que esté junto a tantos psicópatas, no se trataba de un asesino sino de un hombre de acción, no disparaba más que cuando era necesario. Y robar bancos, como decía Bertolt Brecht, es un crimen mucho menor que fundar bancos, que no son otra cosa que cuevas de ladrones "legales" que dejan en la miseria a gente sin tener ni la mitad del coraje de John Dillinger.

Y por supuesto: lo prefiero mil veces antes que a ese cerdo degenerado de Edgar Hoover.

IlC@via dijo...

Buenisimo relato, segùn las informacones que tengo es muy fiel!!!!
Os felicito. Un saludo cordial.

Anónimo dijo...

Me gusta mucho la biografía de los antiguos mafiosos y atracadores de bancos, especialmente los que se dedicaban a desmantelar a otros atracadores como son los bancos.

Excelente página, Saludos.

dillinger dijo...

Excelente y dedicado blog. Si alguien sabe donde puedo bajar la pelicula de dillinger interpretado por mark harmon se lo agradecere bastante. Gracias

Ampersand dijo...

Legendario resulta oir, leer, o investigar acerca de John Dillinger, que si bien, en comparativa de tiempos actuales, resultaría relativamente fácil atraparlo, el haber sido el primero y el más notorio de su época, lo hace ser admirado y respetado, muy a pesar de quienes defienden la justicia.

El narrar el entorno de su época facilita la comprensión de sus alcances, puesto que no fué el único, pero sí el primero en ser nombrado "Enemigo Público Número Uno", lo digo porque Al Capone "Caracortada" y Joaquín Archibaldo Guzmán Loera "El Chapo", fueron nominados a esa categoría, pero no con ese carisma y prestigio que alcanzó Dillinger.

Saludos ECS, gran trabajo como siempre !!!!