Bonnie Parker y Clyde Barrow: "Bonnie y Clyde"



“Te he echado tanto de menos, querido Clyde. No supe cuánto me gustabas hasta que te metieron en la cárcel”.
Bonnie Parker en una carta


Clyde Barrow nació en Telico, Texas (Estados Unidos) el 24 de marzo de 1909. Era el sexto de ocho hermanos. Su padre, Henry Barrow, era un granjero que conseguía mantener a duras penas a su familia cultivando algodón. Sus hijos, malvestidos y desnutridos, pasaban largas temporadas con parientes que se podían hacer cargo de ellos.



Clyde Barrow cuando era bebé (al frente)


Ya de pequeño, Clyde era un chico revoltoso; a los vecinos les incomodaba su extrema crueldad con los animales. Cuando cumplió doce años, su padre vendió la granja y adquirió una gasolinera en West Dallas.



La gasolinera Barrow



Clyde prácticamente no fue a la escuela, y las pocas veces que pudo asistir prefería irse a vagabundear. Tan pronto como cumplió los dieciséis años se empleó como mensajero en la Western Union, donde dio comienzo su verdadera educación, ya que los chicos de telégrafos eran ayudantes de los ladrones de la ciudad. Clasificaban las casas a las que los mandaban a repartir los telegramas y después vendían la información a criminales curtidos. Henry y Cumie Barrow se comportaban cariñosamente con sus hijos, pero el agotador trabajo que desempeñaban cada día les impedía dedicarse con más empeño a la educación de su prole.



La granja Barrow


Los primeros años de Clyde se caracterizarían por la falta de estímulos intelectuales y la indisciplina absoluta. Llenaba su aburrimiento permitiéndose todos los caprichos imaginables, metiéndose en un lío detrás de otro, torturando y matando animales y vagando sin emprender nada en serio. Los hermanos Barrow desarrollaron una especie de sentimiento de tribu: temían a los forasteros y odiaban todo lo que significase autoridad. Nadie les enseñó a respetar los usos y costumbres sociales. Sólo existía una forma de lealtad para ellos: la de la propia estirpe.



El joven Clyde


En 1925, Clyde pasó a formar parte de la banda de Root Square, un grupo de jóvenes especializados en el robo de ruedas de automóvil, y su primer arresto ocurrió justo antes de Navidad, bajo la acusación de robar pavos. Su hermano mayor fue detenido al mismo tiempo y pasó una semana en prisión, pero él fue puesto en libertad. Este primer roce con la ley no disuadió al muchacho y su familia tampoco lo castigó. Al contrario, cada vez que la policía llamaba a la puerta para interrogar a alguno de los dos hermanos sobre algún lío, la madre y su hermana mayor, Nell, los defendían con ardor.



Bonnie Parker nació el 1 de octubre de 1910 en Rowena, Texas (Estados Unidos). Hubert, su hermano, tenía dos años más que ella y en 1913 vino al mundo su hermana Billie Mace Parker.



Bonnie Parker


Los chicos se quedaron sin padre en 1914 y la madre, Emma, se mudó con toda la familia a Dallas. Vivían en una zona suburbial de la ciudad llamada Cement City, que era un lugar peligroso y duro.



Cement City


Bonnie obtenía buenos resultados en la escuela. Tuvo más suerte que Clyde durante la infancia, ya que no tuvo que soportar el desolador ambiente de una solitaria granja tejana. Su padre murió cuando sólo contaba cuatro años de edad, y su madre se trasladó a una de las peores zonas de Dallas. Allí esperaba poder encontrar trabajo para mantener a su familia.



La joven Bonnie


La niña era lista, aprendía con rapidez, pero a la vez se iba volviendo quisquillosa y violenta. Era una niña inteligente, pero, no obstante, sus compañeros sabían que era mejor no llevarle la contraria. La pequeña rubia se transformaba entonces en un ser muy violento.



Bonnie se enamoró de Roy Thornton cuando sólo tenía quince años de edad y se tatuó su nombre en un muslo: al año siguiente, cuando terminó el periodo escolar, se casaron en Dallas. A pesar del matrimonio, la persona que más contaba en su vida siguió siendo su madre y el marido empezó a sentirse rechazado; pasaba semanas fuera de casa, y más adelante, incluso meses. En 1928, Bonnie se colocó de camarera en un café del centro de la ciudad. Ya no era la chiquilla de antes, sino una mujercita animada y muy vital con un precioso cabello de color maíz.



Bonnie como camarera y el café donde trabajaba



En 1929, detuvieron a Roy acusado de participar en el robo de un banco y cuando ella se enteró decidió divorciarse, pero pensó que iniciar los trámites mientras su esposo estaba en la cárcel era una jugada sucia. Siguió unida al convicto hasta su muerte. Un día de octubre, un coche patrulla dio caza a un vehículo en el pueblo de Denton, cerca de Dallas. El detenido herido por una bala era Buck y el otro maleante que consiguió escapar era Clyde, su hermano pequeño. Al primero le cayeron cinco años en la penitenciaría de Huntsville.



El arresto de Buck Barrow


El fugitivo desapareció de la circulación por un tiempo y fue entonces cuando conoció a Bonnie Parker. Cuando conoció a Clyde Barrow, Bonnie tenía diecinueve años. Los chicos se entendieron divinamente desde el primer instante y a los pocos días él acompañó a la joven a su casa. A Clyde Barrow le había sonreído la suerte durante su corta vida de malhechor, hasta que conoció a Bonnie Parker.



Bonnie y Clyde poco después de conocerse


Clyde consiguió eludir repetidas veces el brazo de la justicia y a la policía de Dallas (quien le consideraba un rufián de poca monta), limitado a pequeños hurtos y al robo de coches. Hacía menos de un mes que él y Bonnie estaban saliendo juntos cuando los agentes de la ley le echaron el guante. Buck Barrow, su hermano, acababa de ser atrapado y metido entre rejas. La policía de Dallas lo hirió de un disparo cuando intentaba escapar de un robo y ahora esperaba que transcurrieran los cinco años de la condena en la penitenciaría de Huntsville. Clyde estaba a su lado cuando ocurrieron los hechos, pero consiguió escabullirse, se retiró de la circulación durante un tiempo, y en ese intervalo conoció a Bonnie Parker.



Clyde cuando era adolescente


El chico no pasaba de ser un bribón sinvergüenza del “Bog”, un barrio pobre del extrarradio de la gran ciudad, pero para la pequeña camarera rubia era algo muy especial. Quizá su aureola de hombre peligroso resultaba excitante a ojos de la muchacha, aunque los demás sólo veían a un tipo bajo de estatura y con grandes orejas. Sin embargo, Bonnie se enamoró de él al primer vistazo; y se apresuró a llevarlo a casa para que su madre lo conociera. Pasó aquella noche con la familia Parker.



A la mañana siguiente, la puerta se abrió con estrépito y la policía arrestó al recién estrenado novio de Bonnie. Cinco robos de auto le valieron dos años de cárcel y otros dos hurtos mayores llevaron aparejada la pena de doce años, aunque la sentencia quedó en suspenso. Era el mes de enero de 1930: una fecha clave en la historia de Bonnie y Clyde.



Los padres de Clyde


Clyde no lo dudó dos veces: tenía que escapar. Convenció a Bonnie para que recogiera una pistola que estaba escondida en la casa de un compañero de celda y el 11 de marzo de 1930 la muchacha visitó al temerario recluso en la prisión de Waco, Texas, llevando en el escote un Colt calibre .32. Aquella misma noche, Clyde y otros dos convictos más lo emplearon para abrirse paso hasta el mundo exterior. Pero una semana después los volvieron a atrapar allanando una morada en Middleton. La sentencia completa de catorce años recobró su vigor y esta vez el convicto ingresó en la penitenciaría de Huntsville, donde lo destinaron a trabajar en una de las granjas para internos.



Clyde Barrow en prisión


Clyde estuvo recluido en la penitenciaría de Huntsville junto a otros cinco mil reclusos. La mayoría trabajaba en los 75.000 acres de tierra propiedad de la prisión. Las condiciones de vida eran brutales e insanas, y frecuentemente los guardianes se aprovechaban de los convictos para que realizasen servicios personales fuera de sus obligaciones rutinarias.



La Prisión de Huntsville


No obstante, Clyde tuvo suerte. Llegó a la prisión después de 1930, el año en que el gobernador Lee Simmons inició una serie de reformas, incluyendo una prisión dentro de la prisión para reclusos especialmente peligrosos o gravemente enfermos. Este recinto se conocía bajo el nombre de “Los Muros”. Simmons también puso en marcha un huerto para que los prisioneros pudieran comer legumbres y frutas frescas. Asimismo, se redujo el sadismo con que previamente los vigilantes trataban a los reclusos.



Cumie Barrow, la madre de Clyde


Clyde Barrow no se adaptó nunca a la reglamentación y en él fue creciendo lentamente un odio visceral hacia cualquier forma de autoridad. Tras dos años de agotador esfuerzo físico en la Eastham Prison Farm, se le ocurrió un plan absurdo para evadirse: convenció a un compañero para que le cortara dos dedos del pie. Pero el incidente no ablandó el corazón de las autoridades carcelarias, ya que la automutilación no era nada nuevo para ellas.



Cumie Barrow


Sin embargo, el 8 de febrero de 1932 salió de la cárcel en libertad condicional, convertido en un delincuente sin sentimientos que odiaba con todas sus fuerzas a la ley. A requerimiento de su madre y su hermana Nell, se trasladó a la ciudad de Massachusetts, donde nadie conocía su pasado criminal y empezó a trabajar de peón en una obra. Pero Clyde no estaba preparado para el trabajo rutinario y disciplinado. Su infancia había sido la de un niño salvaje, que nunca se sometió a ninguna regla ni método y, por otra parte, desde su estancia en prisión odiaba el trabajo físico.



Al cabo de dos semanas estaba de regreso en Dallas. Regresó pensando visitar a la hija de los Parker. “Me voy a poner guapo y después pasaré por su casa para ver si le apetece verme”, le comentó Clyde a su hermana Nell. “Quizás no quiera. Supongo que ninguna muchacha decente querría”. Cogió sus muletas y se encaminó con pasitos cortos hacia la casa de Bonnie. Ella se volvió loca de alegría al verlo.



Los parientes de Bonnie


Ambos chicos crecieron en ambientes castrantes, hostiles, dominados por la ignorancia y el miedo, y la única forma de escapar de la acuciante pobreza era la delincuencia. No sabían cómo salir honestamente del paso, pero sí que los traficantes de licores, los ladrones y los jugadores habían roto el círculo vicioso y disfrutaban de vidas llenas de esplendor y riqueza. Quizás fuera inevitable que se enamoraran nada más conocerse, porque experimentaban temores similares y los mismos resentimientos sociales. La naturaleza romántica de Bonnie se complementaba a la perfección con las necesidades afectuosas de él y su lealtad innata la mantuvo siempre al lado de su hombre.



Clyde con sus armas


El 8 de marzo de 1930, poco antes de que Clyde ingresara en la prisión de Huntsville, Buck se había evadido. Consiguió llegar hasta la frontera estatal y esconderse en un pequeño y tranquilo condado de Oklahoma, donde conoció a Blanche Caldwell, la bella hija de un granjero de la comarca, y el 1 de julio de 1931 se casaron.



Blanche Caldwell en los días de recién casada



Blanche no podía dar crédito a sus oídos cuando su esposo le confesó que era un ex presidiario huyendo de la justicia. Sin embargo, con gran sorpresa por parte de la familia Barrow, lo convenció para que se entregase voluntariamente, y el 27 de diciembre de 1931 se presentó ante los guardias de la penitenciaría de Huntsville.



Blanche y Buck Barrow



En el caso de Clyde, el tiempo que pasó en prisión transformó al inexperto delincuente en un brutal criminal y él a su vez provocaría un importante cambio en Bonnie: de chiquilla enamoradiza y romántica a fiel compañera de todas sus fechorías. Un día del mes de marzo de 1932, un coche patrulla persiguió a unos ladrones, a quienes se había sorprendido atracando una tienda en Kaufman, Texas. La huida era vertiginosa. Pero en una de las carreteras comarcales el vehículo quedó atrapado en el barro. Los tres ocupantes saltaron a tierra y corrieron hasta unas mulas que pastaban en un campo. Montaron a los animales, pero estos eran tercos y no se movieron un milímetro de su sitio. Los fugitivos trotaron por el lodo. A pesar de que las balas de la policía silbaban a su alrededor, consiguieron escapar. Poco después la policía detuvo a dos de los maleantes: una mujer y un hombre jóvenes. Se trataba de Ralph Fults, un conocido ex presidiario. La chica era Bonnie Parker. Fue su primer encuentro con la policía. Ninguno quiso relevar el nombre del tercer fugitivo: Clyde Barrow. Bonnie languidecía en la cárcel de Kaufman, mientras su novio aceleraba su carrera de audaces robos a punta de pistola. En esta época se unió con otro joven ladrón, Raymond Hamilton. Juntos viajaron a Hillsboro, una pequeña ciudad enclavada entre Dallas y Austin, al borde de la autopista que conecta ambas ciudades.



Ralph Fults


El señor Bucher, de sesenta y un años, llevaba despachando gasolina en la estación del pueblo más de treinta años, y su mujer, Madora, atendía la tienda anexa a la gasolinera. Los Bucher ahorraron; el negocio iba bien, y empezaron a ampliar las ventas al campo de la joyería, que fue lo que atrajo a los atracadores. A la medianoche del 27 de abril, Clyde llamó al propietario del negocio y éste se asomó a la ventana del dormitorio, en el segundo piso de la casa. El muchacho había estado en la tienda por la tarde preguntando cuánto costaban unas cuerdas de guitarra y, a pesar de la hora, el dueño bajó para abrir la puerta.



Raymond Hamilton


El chico pagó las cuerdas con un billete de diez dólares, lo que obligó a los ancianos a abrir la caja fuerte para darle el cambio. Madora Bucher abrió la caja. Allí estaban las joyas y el dinero. No era necesario más que cogerlos. Pero en ese momento los atracadores perdieron los nervios. Hamilton sacó su pistola, disparó y mató al anciano de un balazo en el corazón.



Raymond Hamilton en prisión


La mujer no podía dar crédito a sus ojos. Los dos jóvenes saltaron por encima del cadáver, metieron la mano en la caja y se llevaron anillos de diamantes por valor de $2,500.00 dólares y después se desvanecieron en la oscuridad de la noche. Huyeron por diferentes Estados en una serie de coches robados, manteniéndose a flote a base de pequeños atracos.



Atracador de bancos (click en la imagen para ampliar)


Mientras tanto, Bonnie ocupaba el tiempo en prisión escribiendo el primero de dos largos poemas: “La Balada de Suicide Sal”, mientras su madre se lo tomaba menos románticamente y batallaba para conseguir la liberación de su hija, que salió de la cárcel el 17 de junio por falta de pruebas condenatorias. En Dallas, junto a su madre, seguía por la prensa las hazañas de su amado.



Bonnie y su madre


La noche del 5 de agosto de 1932, Hamilton y Clyde se encontraban en Stringtown, Oklahoma. La gente del pueblo disfrutaba bailando en una fiesta local al aire libre, a la vez que los dos bandidos escogían un coche para continuar viaje. Pero el sheriff Maxwell y su ayudante Gene Moore, que estaban alertados de la presencia de los dos criminales en la zona, se dieron cuenta de sus intenciones. Los oficiales se aproximaron a la ventanilla del vehículo forzado. De pronto una descarga estalló en el interior y alcanzó a Maxwell en todo el pecho. El conductor, Clyde, aceleró a tope para alcanzar la carretera, perdió el control, hizo un giro y se estrelló. Los dos ocupantes salieron del coche disparando a ciegas salvajemente. El agente Moore respondió con su arma, pero una bala le dio en el corazón y murió instantáneamente. Clyde y Hamilton barrieron a balazos la pista de baile durante cinco interminables minutos y después escaparon.



Clyde armado


A la mañana siguiente, Bonnie leía lo sucedido en el periódico. Al otro día, un hombre la fue a buscar en un coche, pero la chica no se extrañó y le contó a su madre que iba a pasar unas cuantas semanas trabajando en Wichita Falls. El conductor era un amigo de Clyde. Pronto estarían juntos otra vez. Dos meses más tarde, el 11 de octubre, Bonnie y Clyde se detuvieron en la pequeña ciudad de Sherman, al norte de Dallas. Buscaban algún local para robar y escogieron una tienda de comestibles.



Frank Albert Clause, Frank Hardy y Hollis Hale, cómplices ocasionales de Clyde




Bonnie entró, pidió algunos artículos y sacó un billete de cinco dólares para pagar. Al abrirse la caja registradora, Clyde mostró su pistola y exigió el dinero. El empleado se quedó petrificado de miedo y en ese momento salió de la trastienda el dueño, Howard Hall, blandiendo un cuchillo de carnicero. Su objetivo era el muchacho de la pistola. La vista del acero aterrorizó a Clyde, quien le disparó a Hall en el pecho. La pareja recogió las cuatro cosas que habían pedido, treinta dólares de la caja, y huyeron. El propietario falleció poco después en el hospital.



Bonnie en sus días de fugitiva


Los dos asesinos regresaron el 1 de diciembre de 1932 a Dallas después de recorrer juntos la senda del asesinato. A lo largo de su breve y mortal historia se refugiarían constantemente en casa, donde sus familias los esperaban para darles su afecto y los trataban con respeto. Por otra parte, su salvaje amor y su excitante vida no les permitían establecerse en ningún sitio.



Clyde se dedicaba de nuevo a los atracos, acompañado de un grupo cambiante de sujetos que llegaron a ser conocidos como “La Banda Barrow”. El único miembro fijo era una mujer: Bonnie. Sus correrías siempre fueron de poca importancia, lo más que conseguían obtener eran unos cuantos cientos de dólares y su grado de incompetencia era muy alto: una vez, Clyde atracó un banco que había cerrado tres semanas antes.



Bonnie y Clyde: los enamorados asesinos


La improvisación también era una característica lamentable: en una ocasión, la banda encerró a los empleados de un banco dentro de la cámara acorazada y para rescatarlos se tuvo que perforar el muro exterior del edificio. Lo más llamativo del grupo era el placer que les producía el empleo de las armas y la habilidad al volante de un vehículo. A Clyde le gustaban especialmente los Ford V8.



Los coches de Clyde (click en la imagen para ampliar)


Uno de los mejores fichajes de 1933 fue William Daniel Jones, un ladronzuelo de dieciséis años que conocía a Clyde de toda la vida. Le apodaban W.D. y pasó su examen en la tarde del día de Navidad robando un coche. Clyde y W.D. conducían por las desiertas calles del pueblo de Temple, cuando de pronto vieron un coche recién salido de una fábrica. Al acercarse no se lo podían creer, las llaves estaban puestas y las puertas sin seguro. Era su regalo de Navidad y se lo llevaron.



W.D. Jones


Al poco tiempo se dieron cuenta de que les seguían y los dos ladrones, en un alarde de sangre fría pararon, se bajaron del coche y empezaron a jugar ostentosamente con las pistolas para asustar a los perseguidores. El dueño del coche, Doyle Johnson, estaba entre ellos y no pensaba dejar que le arrebatasen su precioso automóvil, así que se les acercó caminando. En ese momento, Clyde y W.D. saltaron al interior y arrancaron. Doyle tuvo el tiempo justo de saltar y agarrarse al estribo.



Clyde Barrow y W.D. Jones


Clyde enfureció. Sabía perfectamente cuál era el método más expeditivo para deshacerse del molesto pasajero, pero sacó la pistola por la ventanilla y disparó a bocajarro. El impacto alcanzó a Johnson en la cabeza y antes de caer al suelo ya había muerto. Quizá Clyde fuese un ladrón incompetente, pero como asesino era peligrosamente bueno. Jones también presenció el segundo asesinato cometido por su amigo: la muerte de un policía, el sheriff Malcolm Davis, ocurrida al ser sorprendida la banda en uno de sus numerosos escondrijos. Clyde no lo pensó dos veces: disparó sin cuartel a los aterrorizados policías que rodeaban la casa.



Clyde posando con sus armas


Bonnie y Clyde siguieron retornando furtivamente a Dallas. Las visitas se organizaban con la participación de las familias Barrow y Parker que normalmente se ponían de acuerdo con un código de señales para avisar cuándo llegaban los chicos.



La lealtad del clan (click en la imagen para ampliar)


Cada pocas semanas, Cumie Barrow, Nell y Emma Parker conducían al anochecer hasta un camino en el campo para encontrarse con sus retoños y escuchar las “verdaderas versiones” de lo que aparecía en los medios de comunicación.



Emma Parker, la madre de Bonnie


En marzo de 1933, Buck Barrow, el hermano de Clyde, fue puesto en libertad y en seguida planeó un encuentro con Bonnie y Clyde cerca de Fort Smith, en Arkansas. Su esposa Blanche acompañó a su marido convencida de que se había reformado, aunque no dejó de llorar durante todo el camino.



Blanche posando en el auto de la banda





Desde Fort Smith el grupo viajó hasta Joplin, en Missouri. Clyde, haciéndose pasar por un tal “señor W.J. Callahan”, alquiló un departamento en uno de los barrios respetables, y todos disfrutaron de dos semanas sin sobresaltos. Los hombres jugaban a las cartas y leían revistas mientras las chicas cocinaban y Bonnie escribía poemas. Clyde y Jones aprovecharon para descansar; Buck, para volver a tomar contacto con la vida confortable del hogar. La única impaciente por irse era Blanche. No obstante, se compró un perrito faldero, como si fuera a vivir allí el resto de su vida.



Blanche con su perrito


Bonnie solía dejar constancia de sus relaciones con los hombres por escrito. Cuando su matrimonio con Roy Thornton se colapsó, llenó su diario con las descripciones de su solitario estado de ánimo y su profunda tristeza. Los mismos sentimientos se pueden releer en las cartas que escribió a Clyde a la cárcel.



Buck, Bonnie y Clyde


Al empezar a vagar por las carreteras con su compañero, se transformó en una deficiente poetisa. Escribía en la jerga criminal con el espíritu romántico de los forajidos del Viejo Oeste; redactó dos baladas al estilo de las canciones populares estadounidenses. Los poemas se titularon “La Historia de Suicide Sal” y “La Historia de Bonnie y Clyde”:


“Entonces abandoné mi viejo hogar para ir a la ciudad,

a buscar mi sitio en su frenesí desbocado,
sin percatarme de la escasa piedad,
que allí existe para una chica del campo.
Caí en las redes de un secuaz,
un matón profesional del chí;

no pude evitar enamorarme locamente.

Ahora daría mi vida por ti”.




Bonnie, la poetisa


El dinero empezó a escasear. W.D. y Clyde se subieron al coche y fueron en busca de algún banco o tienda donde reabastecerse. Pero éste tenía una sensación rara, le parecía que algo andaba mal y decidió regresar a la casa. Esta corazonada tenía su fundamento: aunque él no lo sabía, llevaban vigilándolos tres días.



W.D. Jones, cómplice de los Barrow


Un inquilino de la zona había informado a la policía que los nuevos vecinos tenían armas y una verdadera colección de matrículas falsas en el apartamento. Pero la policía no llegó en el momento apropiado. Supieron a tiempo que los dos hombres habían abandonado el lugar, y a pesar de eso se presentaron allí justo después de su regreso.



Los ladrones aparcaron en el garaje del pequeño edificio a las 16:00 horas. La cochera estaba situada justo debajo del piso y la policía tuvo el buen sentido de aparcar su propio vehículo justo detrás del de Clyde para impedirle la huida. El forajido no se dio cuenta hasta que se apeó de su Ford, pero hizo honor a su reputación y reaccionó en cuestión de segundos. El agente Wes Harryman se dispuso a bajar del coche patrulla, y antes de haber puesto un pie en el suelo Clyde le disparó un tiro que lo mató en el acto. El asesino gritó: "¡Es la ley, Bonnie!" En el piso de arriba la chica estaba preparando su comida favorita: judías pintas con col. Buck estaba dormido y Blanche hacía un solitario.



Bonnie llevaba un salto de cama y zapatillas, echó mano de un rifle automático, y lanzó una andanada por la ventana. Las judías empezaron a quemarse, Blanche gritaba como una histérica en el piso inferior y el perrito ladraba como un demonio. Buck se despertó sobresaltado. Entretanto, Clyde había herido mortalmente al detective Harry McGinnis: con un disparo de escopeta le seccionó el brazo derecho. La automática de W.D. no paraba de escupir balas y la policía retrocedió buscando donde protegerse, mientras llegaban refuerzos.



Buck Barrow posando junto al auto de la banda



Buck y Bonnie aprovecharon la pausa, bajaron las escaleras que daban al garaje y se montaron en el coche. La histérica Blanche, presa del pánico, salió gritando perseguida por el perro. Los sorprendidos policías no dispararon ni una sola vez sobre ella; boquiabiertos la vieron alejarse entre chillidos de terror y aullidos del animal. Loco de rabia, Clyde se metió en el coche, cogió el volante y en ese momento se dio cuenta de que lo habían alcanzado. Tenía una herida superficial que obligó a Bonnie a extraer la bala con una horquilla. Esto lo hizo enloquecer. Volvió a salir del vehículo mientras la chica le gritaba: “¡Por Dios, qué haces! ¡Vuelve aquí!” “¡No hasta que haya matado a la rata que me ha hecho esto!”, replicó el herido Clyde, mientras disparaba sin orden ni concierto con la escopeta (otras versiones sostenían que llevaba una ametralladora), consiguiendo su propósito de aterrorizar a los policías.



Buck Barrow contempla un maletín lleno de billetes


A Jones lo hirieron levemente en la cabeza, pero consiguió llegar hasta el freno de mano del coche patrulla y lo soltó. El automóvil se deslizó marcha atrás hasta chocar con un árbol. Después retiraron del camino a un hombre muerto y a otro agonizante, y el Ford de la banda salió del garaje a toda velocidad. Sus ocupantes disparaban en todas direcciones. Recogieron a Blanche a dos manzanas del lugar del tiroteo. Seguía corriendo y lloriqueando, abrazada a su mascota, tal como más tarde le contó Bonnie a su familia. Aún tenía en la mano las cartas de la última jugada del solitario. Aquella noche Clyde condujo doscientos kilómetros sin parar. La meta era llegar a Texas, regresar a casa...



Blanche y Buck: el amor fatal



Tras el tiroteo de Joplin, Buck opinaba que “las cosas habían pasado demasiado rápido... Uno no las piensa bien en momentos como ésos”. La banda de los Barrow se caracterizaba precisamente por no ser muy duchos en eso de “pensar bien las cosas”. Si querían un coche, iban y lo cogían. Si querían escapar, simplemente mataban al que se pusiera en su camino. La estrategia y la planificación no formaban parte de sus vidas.






Buck Barrow fumando


Dos semanas después de los sucesos de Missouri el grupo decidió que necesitaba un nuevo vehículo, y el 28 de abril de 1933, W.D. robó un Ford Coupé en Ruston, Louisiana. El dueño, un hombre llamado Darby, presenció el robo desde el porche en el que estaba sentado con su prometida, la señorita Stone, y la enfurecida pareja salió tras el malhechor en el automóvil de la chica. Así se formó un extraño rosario: Jones, huyendo hacia la frontera de Arkansas, Darby persiguiéndole, y el resto de la banda siguiendo a Darby en el coche de Clyde.



W.D. Jones bajo arresto


Al cabo de unas millas éste sacó al dueño del Ford de la carretera y sus secuaces maniataron a la pareja. Clyde dio entonces rienda suelta a su innato sadismo: “Ahora relájense y disfruten del paseo hasta que decidamos qué hacer con ustedes. Quizás los atemos a un árbol para pegarles un tiro”. Tras largas horas viajando por desoladas carreteras, los novios fueron abandonados indemnes en una solitaria región de Arkansas. Buck Barrow encontró muy divertido este incidente cuando lo oyó de labios de su hermano.



Clyde abrazando a Bonnie


La banda continuó llevando una vida nómada, recorriendo y robando en los estados sureños, hasta que llegó el momento de realizar el atraco más importante de su carrera: el banco First State de Okabena, en Minnesota, donde consiguieron un botín de $2,500.00 dólares. Blanche, cansada, le pidió a Buck que la acercase hasta Missouri para visitar a sus padres.



El Banco


Bonnie, Clyde y Jones siguieron hacia Oklahoma. El tiempo pasaba y a principios de junio de 1933 Clyde conducía por los altiplanos tejanos cerca de Wellington. Como siempre, iba saltándose todos los límites de velocidad. Frente a ellos estaba el puente sobre el río Salt Fork y unas señales indicaban que se encontraba cortado.



Blanche Barrow


Clyde, a causa del exceso de velocidad, no pudo detenerse a tiempo y el coche derrapó, dio una vuelta de campana, y al estrellarse estalló en llamas. Clyde y Jones lograron salir, pero Bonnie quedó atrapada. Las llamas la devoraban y le suplicaba a su amante que la matara de un tiro. Finalmente, con la ayuda de dos granjeros, consiguieron liberarla cuando ya tenía graves quemaduras en la cara y el cuerpo.



Bonnie poco antes del accidente


La mujer de uno de los granjeros hizo por la muchacha todo lo que pudo, pero le dijo a Clyde que debía llevarla cuanto antes a que la viese un médico. La renuencia del muchacho despertó las sospechas de la familia. El ambiente en la habitación donde habían acomodado a Bonnie se volvió tenso. El segundo granjero regresó a su casa y telefoneó a la policía. Clyde y W.D. estaban muy nerviosos. Se oyeron unos golpes en la puerta. Los dos se dieron la vuelta y dispararon a bocajarro. Las balas destrozaron la mano de la nuera del granjero.



Buck fingiendo un asalto




A partir de este momento, la banda se sintió asediada y cuando llegaron el comisario y el sheriff estaban preparados. Secuestraron a los policías y utilizaron el coche patrulla para escapar. Tras cruzar la frontera del Estado hacia Oklahoma, ataron a los agentes a una encina con alambre de púas y huyeron. Buck y Blanche se reunieron con la banda y todos juntos alquilaron un pequeño chalet en Fort Smith, lindando con la frontera de Arkansas y Oklahoma.



Blanche y Buck: los días finales




Bonnie continuaba tan enferma, que fue necesario llamar a un médico, aún a riesgo de dar a conocer el escondite. El doctor diagnosticó que la chica iba a morir sin remedio y que convenía avisar a su familia. Clyde no se demoró, viajó hasta Dallas para recoger a la hermana de Bonnie, Billie Parker. El temerario conductor se sentía aterrorizado ante la idea de la muerte de su compañera. Se mantuvo todo el tiempo a su lado, insistiendo en que comiera para recuperar fuerzas. Sus desvelos valieron la pena, ya que tres días después de la llegada de su hermana, la enferma empezó a mejorar.



Billie, la hermana de Bonnie


El 23 de junio, Buck y Jones asaltaron los almacenes Piggly Wiggly en la ciudad de Fayetteville. Mientras vaciaban la caja registradora, dispararon y asesinaron al comisario Henry Humphrey. Esta vez la indignación popular fue tan grande, que la banda se vio forzada a huir atropelladamente. El estado de Bonnie aún era grave y el viaje no podía sentarle bien. No obstante, se pusieron en camino.



Al llegar a Enid, en Oklahoma, forzaron la armería de la Guardia Nacional y se llevaron algunas ametralladoras Browning, un arma ligera y muy efectiva, que superaba con mucho el armamento del que disponían los policías locales. Su error consistió en que, al atentar contra bienes de la Guardia Nacional, cometieron un delito federal, y a partir de este momento ya no disfrutarían de la posibilidad de escapar de la policía de un Estado refugiándose simplemente en el siguiente. Las fronteras no los protegerían más. Bonnie y Clyde quedaron condenados a vivir temiendo una intervención del FBI. Ambos sabían que la ley nunca dejaría de pisarles los talones.



Buck y Clyde Barrow


Se trasladaron a Kansas y alquilaron un chalet en Great Bend. El 18 de julio atracaron tres gasolineras en el Estado de Iowa y huyeron hacia Missouri, con nuevo tiroteo incluido. La banda vivía en pésimas condiciones. Alquilar habitaciones se había vuelto arriesgado. De manera que acampaban en campo abierto y trataban de mantenerse limpios aseándose en los ríos próximos a las carreteras. Los policías que seguían su pista identificaban fácilmente las hogueras porque entre las cenizas siempre quedaba algún resto de los vendajes de Bonnie. Pronto llegarían al límite de sus fuerzas. Bonnie continuaba grave y se imponía un descanso. A finales de julio la banda se albergó en la Red Crown Tavern, un motel cercano a la pequeña ciudad de Platte City. Disponían de dinero fresco tras los recientes saqueos y ansiaban un par de días de reposo.



La Red Crown Tavern


Clyde necesitaba más vendas y ungüento para su compañera y, cosa extraña en él, decidió adquiridos legalmente, pagando como todo el mundo. A la mañana siguiente entró en la farmacia del pueblo y tuvo que esperar mientras oía algo muy interesante. El cliente que le precedía comentó con el farmacéutico que le extrañaba la presencia de tanta policía por los alrededores de la Red Crown Tavern. Clyde no se perdió una sola palabra. Al igual que en Joplin, habían elegido las habitaciones de forma que tuviesen acceso directo al garaje. Los alojamientos del motel eran unas cabañas individuales de ladrillo, con el garaje en el centro. El edificio de la derecha lo ocupaban Bonnie, Clyde, y W.D. Jones; el otro, Buck y Blanche.



Blanche y Buck: las imágenes finales



La policía también conocía la distribución y planeaba bloquear las puertas del garaje. Habían llegado refuerzos desde Kansas City, esta vez bien pertrechados con escudos antibalas y un vehículo acorazado. A las 23:00 horas los clientes del bar se habían ido a sus casas y las luces de las habitaciones de la banda se apagaron. El vehículo acorazado se situó frente al garaje con los faros iluminando el frente de los edificios y el sheriff de Platte City, Coffey, llamó a una de las puertas protegido tras un escudo. Ordenó a los ocupantes que salieran y la voz de Blanche le respondió: “Los hombres están en el otro departamento”. Era una estratagema perfecta: aquella tímida vocecita hizo dudar a los agentes. ¿Se trataba de los Barrow o quizás eran unos pacíficos turistas?



Clyde y Buck: los hermanos Barrow


Mientras se lo preguntaban, las puertas del garaje se abrieron de par en par dejando ver a Clyde, en medio de los focos, disparando furiosamente con su nueva Browning. Las balas atravesaron la protección del sheriff Coffey, alcanzándole en el cuello y traspasaron la coraza del coche policial, incrustándose en las rodillas del conductor. El aterrorizado agente trató de salvarse de la lluvia de proyectiles retrocediendo el vehículo y dejando vía libre a los forajidos. Todos estaban apelotonados en el Ford V8 de Clyde, pero de nuevo consiguieron escapar de una trampa aparentemente insalvable. Jones iba agarrado a uno de los estribos y siguió disparando hasta que se los tragó la oscuridad de la noche.



Buck Barrow junto al auto


La policía no había previsto una persecución, pero acribillaron el coche de los fugitivos durante la huida. Las ruedas traseras estaban pinchadas, una ventana estalló en la cara de Blanche; Clyde recibió un balazo antes de subirse al coche y otro proyectil se alojó limpiamente en la cabeza de Buck. Nell redactó más tarde la descripción que la banda hizo de esta batalla: “Buck tenía una fiebre muy alta. Blanche sufría fuertes dolores. El automóvil transportaba una terrible carga de agonía y muerte. La pierna de Bonnie necesitaba cuidados médicos de urgencia”.



Bonnie y Clyde


En julio el variopinto y destrozado grupo volvió de nuevo a Iowa y acamparon cerca del pueblo de Dexter, en una zona de excursiones llamada Dexfield Park. Día tras día se veían obligados a meterse en el coche y conducir sin descanso por carreteras de segundo orden, y al anochecer regresaban al lugar de acampada sin que la policía o los vecinos notaran su presencia. Un día, un curioso se acercó al lugar donde solían pasar las noches, vio una estera manchada de sangre y restos de vendajes medio chamuscados, y avisó al sheriff del condado de Dexter. La policía apostó a cincuenta hombres alrededor de la zona del campamento de Bonnie y Clyde, y el ataque empezó en la mañana del 24 de julio. Las fuerzas de la ley se componían de agentes de Dexter, la Guardia Nacional, la ciudad de Des Moines y algunos voluntarios de granjas cercanas. Bonnie los vio primero acechando entre los árboles mientras los otros aún estaban adormilados, pero los gritos de la chica los devolvieron a la realidad más amarga.



Clyde, armado hasta los dientes


En cuestión de segundos, Clyde y Jones buscaron un rincón resguardado y empezaron a disparar, a la vez que Bonnie, Blanche y hasta el malherido Buck se defendían a tiro limpio. Pero la policía no cedió tan pronto, nadie se acobardó y todo el mundo respondió al fuego de los asesinos. A éstos no les quedó más remedio que reconocer que estaban rodeados. Clyde y Jones corrieron hacia uno de los coches entre una verdadera tormenta de balas y, al arrancar, Barrow fue alcanzado en un brazo. Se estrellaron contra un árbol y una de las ruedas quedó inutilizada.



Los dos hombres intentaron alcanzar el segundo vehículo, mientras Bonnie y Blanche les seguían tirando del moribundo Buck. Un tiro penetró en la espalda de Buck y otro hirió a Jones en la sien. Antes de que pudieran alcanzar el automóvil, la munición de los policías agujereó el tanque de gasolina, destrozó las ruedas e hizo saltar por los aires todos los cristales. Bonnie, Clyde y Jones se refugiaron tras unos árboles. Buck no pudo dar más que un par de pasos tambaleantes con la ayuda de su mujer, pero una bala detrás de otra le perforaban la espalda. Finalmente se desplomó en la hierba y Blanche dejó de correr. Se dirigió a los policías, implorante: “¡Por Dios, dejen de disparar! ¡Ya lo han matado!”



Blanche tras la ejecución de Buck Barrow


Tenía un aspecto patético, vestida con un conjunto de montar a la última moda y unas gafas oscuras para protegerse los ojos, heridos por las astillas de cristal. Cuando los oficiales la detuvieron, se hallaba inclinada sobre el cuerpo de su marido suplicándole: “Papi, no te mueras, no te mueras...”



El arresto de Blanche




Entretanto, los otros tres miembros de la banda habían tenido un golpe de suerte. Para cortar toda posible escapatoria a los forajidos, la policía había destruido el puente sobre el río que cruzaba Dexfield Park sin darse cuenta que ellos quedaban igualmente atrapados en la ratonera. Clyde, Bonnie y W.D. Jones se tiraron al agua y nadaron hasta llegar a la otra orilla.



Los representantes de la ley no pudieron hacer nada más que acribillar la superficie del agua con la esperanza de alcanzar a los fugitivos. Una vez que los tres llegaron a la orilla opuesta, treparon hasta una granja cercana y se apoderaron del coche del dueño. Las hermanas y madre de Clyde aún tuvieron tiempo de acompañar a Buck en su agonía. Entre convulsiones llamaba a Blanche en vano desde la cama del hospital, porque la policía creía que era demasiado peligroso permitir su salida de la celda y cinco días después del tiroteo su marido murió.



El cadáver de Buck Barrow


La esposa del delincuente resultó ser más leal de lo esperado, eludiendo todas las preguntas que se le hicieron sobre las costumbres de la banda. En septiembre fue condenada en Platte City a diez años de prisión.



Blanche, fichada



Blanche nunca logró reponerse de sus heridas. Perdió un ojo y quedó con dolores que duraron toda su vida. Cuando, años después salió de la cárcel, se casó en dos ocasiones más. Pero el fantasma de Buck siempre la persiguió.



Blanche en prisión



Jones fue atrapado en noviembre en Houston, Texas. Le contó a la policía que Clyde lo había secuestrado y obligado a cometer todos aquellos horribles crímenes a punta de pistola. “Es como estar en el infierno. Un verdadero infierno. Sin poder dormir en una cama, sin poder llevarte a la boca comida decente, siempre corriendo muerto de miedo, sin saber cuándo te alcanzará una bala. ¡Dios de Dios, estoy encantado de estar en esta prisión! ¡No me suelten mientras Clyde Barrow esté vivo!” Le dieron quince años de reclusión por participar en la muerte del ayudante del sheriff Malcolm Davis.



El funeral de Buck Barrow


El 23 de noviembre, el sheriff Smoot Schmid y algunos de sus ayudantes tendieron una emboscada a la banda en el camino de Sowers, cerca de Dallas. La policía había conseguido saber que Bonnie y Clyde tenían intención de encontrarse allí con unos familiares. El sheriff insistió en que había que atenerse a la ley y, por lo tanto, los ladrones debían tener la oportunidad de rendirse antes de ser detenidos. Cuando apareció el coche de Clyde, el sheriff se levantó de entre la hierba y le dio el alto, pero la respuesta fue un corto tiroteo y una nube de humo. El vehículo de los fugitivos se alejó a toda velocidad. Poco después lo encontraron abandonado con las ruedas pinchadas.



Los poemas de Bonnie (click en la imagen para ampliar)



Uno de los ayudantes del sheriff, Ted Hinton, fue herido en el incidente. Era un oficial de los duros, que conocía personalmente a las familias Barrow y Parker. Al igual que Clyde, había trabajado de niño para la compañía telegráfica en Dallas y Bonnie le había servido muchas veces en su época de camarera. Después vio a la pareja en múltiples ocasiones durante sus rápidas visitas a Dallas y admitía que admiraba al chico por su arrojo. Con estos antecedentes, antes del tiroteo de Sowers le comentó a Smoot que los bandidos no se rendirían. Tras la fracasada emboscada, el sheriff destinó a dos agentes, Hinton y Bob Alcorn, a capturar a los criminales, vivos o muertos. Esto enardeció a Bonnie y Clyde que se dedicaron a mofarse de la ley con redoblado descaro.



Clyde y su madre


Una mañana de enero de 1934, empañada por una densa niebla, los temerarios amantes y un tercer cómplice reptaron sigilosamente hasta uno de los grupos de trabajo de convictos de la Eastham Prison Farm. Armados con Brownings asaltaron a los guardianes y liberaron a cinco presos. Entre ellos se encontraba el antiguo compañero de Clyde, Raymond Hamilton. El grupo escapó dejando a uno de los vigilantes mortalmente herido. El alcaide de la prisión de Huntsville, Lee Simmons, llegó a la misma conclusión que Smoot: había que atrapar a Bonnie y Clyde a toda costa. Ahora era ya una cuestión de orgullo profesional y para ello alquiló los servicios de un cazarrecompensas llamado Frank Hamer. Éste y su ayudante, Manny Gault, se unieron a los agentes Hinton y Alcoro.



El FBI y los Barrow (click en la imagen para ampliar)


El asalto al grupo de trabajo de la penitenciaría significó sangre nueva para la banda, que ahora contaba con la ayuda de Hamilton, de un joven granjero de veintiún años, llamado Henry Methvin, y de otro criminal conocido como James Mullen. Este último estaba decidido a seguir a la banda a dondequiera que fuese y la razón era convincente: Hamilton le debía dinero.



Henry Methvin


Un mes más tarde la banda atracó la armería de la Guardia Nacional en Ranger, Texas, y poco después un banco de Lancaster, cerca de Dallas. Con el botín, Hamilton saldó sus deudas, y Mullen se despidió de los Barrow.






James Mullen


Otros dos convictos también los ayudaron: Joe Palmer, que abandonó la banda tras el robo de Lancaster y Hilton Bybee, que siguió con el grupo.



Joe Palmer


Bonnie y Clyde pertenecían a la clase que J. Edgar Hoover, el todopoderoso director del FBI, apodaba como “Los Perros Rabiosos de América”. Pero no todos sus compatriotas eran de la misma opinión, ya que algunos periódicos llegaban a alabar a los bandidos, consagrándolos como “héroes populares”.



Frank Hamer


A principios de 1934, la captura de Bonnie y Clyde se había convertido en la aspiración principal de un buen número de autoridades policiales. Se informó de que los bandidos se hallaban cerca de Muskogee, en Oklahoma. Los agentes de la ley dedujeron que podrían haberse refugiado en los montes de Cookson, una zona árida y escarpada que ya había servido de guarida a la banda de Jesse James en 1870.



Frank Hamer: un ranger de Texas (click en la imagen para ampliar)


El 17 de febrero, mil agentes de la policía nacional peinaron el área con la intención de capturar a la pareja junto al bandido “Pretty Boy” Floyd. Los oficiales tenían órdenes de disparar a matar. Tras recorrer el terreno durante horas no consiguieron más que espantar a unos cuantos fugitivos de la justicia de poca monta. Bonnie y Clyde no estaban entre ellos y “Pretty Boy” Floy se encontraba a miles de kilómetros de distancia, en Nueva York.



J. Edgar Hoover, director del FBI


A finales de febrero, el equipo compuesto por Bonnie, Clyde, Methvin, Palmer, Hamilton y la novia de éste, Mary O'Dare, estaba comprando ropa nueva y divirtiéndose en la ciudad de Terre Haute, en Indiana. Pero las dos parejas de la banda no se llevaban bien. Hamilton quería que Mary se llevase una parte más sustanciosa de los botines, y Bonnie y Clyde, sin embargo, menospreciaban abiertamente a la chica, por lo que la tensión era notoria.



Dallas en los años treinta (click en la imagen para ampliar)


El 6 de marzo, Hamilton y su novia se separaron del grupo para dirigirse a Dallas. La acritud era tan grande, que Bonnie y Clyde temían que la pareja les denunciase a la policía y decidieron seguirles la pista hacia el sur para matarlos cuando los encontraran. Entretanto en Dallas, el sheriff Smoot Schmid creyó que lo mejor sería concentrarse en la habilidad de Clyde al volante y alquiló una inmensa máquina aplanadora de grava que situó en una de las carretas que el jefe de la banda solía emplear para acercarse a la ciudad por el oeste. Cuando vieran llegar el coche, Schmid haría una señal a su ayudante, que estaría situado a ciento cincuenta metros y tendría el tiempo suficiente de mover la aplanadora al centro de la calzada. Clyde moriría aplastado bajo las inmensas ruedas de la máquina. Pero finalmente el sheriff desistió: lo más probable era que otros vehículos con personas inocentes se vieran envueltos en un terrible accidente.



Las armas de Bonnie y Clyde


El 1 de abril, Domingo de Pascua, Bonnie y Clyde llegaron a Grapevine, un distrito rural a las afueras de Dallas. Su intención era esperar a Hamilton en una casa que habían utilizado muchas veces para refugiarse. La pareja disidente acababa de atracar un banco en Dallas; por lo tanto, los Barrow supusieron que vendrían a esconderse a la guarida de siempre y allí les darían caza. Mientras tanto, Joe Palmer había abandonado la banda a causa de las diferencias surgidas entre el jefe y su amigo Hamilton.



Joe Palmer


Clyde aparcó el coche cerca de la casa, de forma que resultara fácil ver acercarse a sus víctimas. Pero en vez de la pareja esperada aparecieron dos motoristas de la policía. Methvin se puso nervioso y despertó a Clyde, quien estaba dormitando en el asiento trasero del Ford. Los policías se bajaron de las motocicletas y se acercaron al vehículo. En ese momento, Clyde echó mano de su arma y gritó: “iVamos por ellos!”



Ola criminal (click en la imagen para ampliar)


Más tarde explicó que lo que pretendía era simplemente secuestrar a los policías. Pero Methvin, aterrorizado, se lanzó a disparar, y Bonnie y su hombre le secundaron sin vacilar. Los oficiales E.B. Murphy y H.D. Wheeler murieron sin llegar a desenfundar. Estos gratuitos asesinatos provocaron un vuelco en la opinión pública. Un granjero de las cercanías atestiguó la matanza y declaró haber visto a Bonnie darle el tiro de gracia a uno de los policías, malherido en el suelo, y reírse al ver cómo rebotaba la cabeza tras sufrir el impacto de la bala.



Reconstrucción de uno de los asaltos


Con esto la gente se convenció de que se trataba de una pareja de “Perros Rabiosos” y era necesario abatirlos como fuera. Las visitas a Dallas se volvieron muy arriesgadas, pero los muchachos sentían una fuerte añoranza por sus familias y decidieron ir a verlas a finales de mayo. Clyde no sentía temor y para probar su desprecio hacia la policía de la ciudad y hacia su máximo representante, el sheriff Smoot, no tuvo empacho de dejarse ver delante de la estación de gasolina de su padre. No lo sabía, pero iba a ser su último viaje a casa.



Bonnie y Clyde durante un día de campo


Después de los asesinatos de Grapevine, Bonnie, Clyde y Methvin se dirigieron a Oklahoma y los cuatro agentes especiales, Hinton, Alcorn, Hamer y Gault, los siguieron en dos coches. Obtenían información de las tiendas y gasolineras en las que los forajidos se detenían. El 6 de abril, dos oficiales de policía fueron alcanzados por una tormenta de proyectiles en el noreste de Oklahoma al acercarse a un vehículo sospechoso. El agente Cal Campbell murió en la refriega y Percy Boyd, su compañero, fue herido y secuestrado por los agresores.



Cal Campbell


Bonnie y Clyde lo mantuvieron en calidad de rehén durante veinticuatro horas, tomaron la carretera de Kansas y finalmente lo liberaron cerca de Fort Scott. El policía dio un detallado informe de la banda. A pesar de las circunstancias, Bonnie lo encandiló con su simpatía, y contó que la chica había buscado un conejito blanco para regalárselo a su madre por Pascua, al que le puso el nombre de “Sonny Boy”, pero tras los sucesos de Grapevine, el animal había pasado a ser el regalo del Día de la Madre.



Percy Boyd


Pensando en la opinión pública, Bonnie le dijo al agente Boyd que le contara al mundo “que ella no fumaba cigarros puros”. Estaba muy molesta por una fotografía publicada en los periódicos con el pie de foto “La fumadora compañera de Clyde Barrow”. “Fue una estupidez. Las chicas decentes no fuman puros”, alegó Bonnie ante el agente. El policía dijo de Clyde que actuaba como si el mundo le perteneciese. “Cree que es un tipo grande de verdad. Bonnie no es como él, pero le tiene en gran estima”. Después identificó al nuevo socio de la banda, Henry Methvin, al que describió como un sujeto engreído. Ante todo, le dio la impresión de que el grupo se comportaba de forma relajada, despreocupada y amistosa. Francamente, les daba igual que los capturasen o no. No les importaba la posibilidad de morir.



Carta acerca de Bonnie


La policía agradeció los detalles sobre la vida de los asesinos y fueron una buena ayuda para su persecución. Para ese momento, los cuatro agentes vivían como los criminales: comían en cafés o bares de la carretera, dormían en los coches y recopilaban toda la información que podían. Las pistas los condujeron primero a un encuentro con la familia Barrow al sur de Dallas y después hacia Louisiana. Suponían que el constante trasiego resultaría tan cansado para Bonnie y Clyde como para ellos mismos y apostaban a que cometerían un error por agotamiento.



El juicio de W.D. Jones



Cuando los fugitivos tomaron la dirección de Louisiana, Hamer y Hinton pensaron que la banda empezaba a estar exhausta y buscaban la protección que podía ofrecerles un territorio bien conocido. No era probable que llegaran hasta Dallas, pero el padre de Methvin era propietario de una granja de algodón en la montañosa región de Shreveport. Sólo era una corazonada, pero merecía la pena. Los cuatro sabuesos llegaron a Shreveport el 19 de mayo, tomaron unas habitaciones en un buen hotel, comieron a gusto y durmieron a pierna suelta.



Leyes obsoletas (click en la imagen para ampliar)


Al día siguiente la policía local les informó de que Bonnie y Clyde habían estado en la ciudad. Los vieron en su coche, aparcado delante del Café Majestic y al percibir la presencia policial escaparon a toda velocidad. Poco después salió del café un hombre joven que había encargado unos bocadillos para llevar sin recoger la comida, lo que quería decir que la banda se había separado. Quizá pretendían confundir a los agentes tomando caminos diferentes y escondiéndose en lugares apartados. Aun así, los cuatro cazadores se jugaron la carta de que Methvin iría a la granja de su padre y más tarde lo harían Bonnie y Clyde.



Cómplices de Clyde durante su juicio


El equipo viajó hasta Arcadia y el sheriff les puso al corriente sobre todo lo que era necesario saber de la zona. El sheriff, Henderson Jordon, les informó de que sólo existía una carretera para llegar hasta la granja. Conduciendo por el camino de Shreveport a Arcadia, los policías se cruzaron con el Ford de Clyde, con él al volante y Bonnie a su lado. De Methvin no había señal alguna. Hinton prefirió no asustar a sus presas y cazarlos más adelante con seguridad. Jordon también había mencionado un lugar donde se podía organizar una emboscada para capturarles. Los cuatro agentes, el sheriff y su ayudante Prentiss Oakley, se agazaparían entre los arbustos a la espera de los forajidos.



Carteles de búsqueda ofreciendo recompensa




A las 09:00 horas del lunes 21 de mayo, el grupo de seis hombres se emboscó en un suave y boscoso montículo. La visibilidad a trescientos metros en ambas direcciones de la carretera era buena. Pero la espera, tumbados entre la hierba alta, resultó poco confortable. Grandes cantidades de insectos y nubes de mosquitos les hicieron la vida imposible y además en la región abundaban las serpientes. La vigilancia se prolongó hasta el día siguiente, de manera que decidieron establecer turnos y dormir unas cuantas horas en los coches. Los bocadillos se echaron a perder bajo el sol abrasador y cuando llegó la segunda noche cundió el malhumor. Sólo los sostenía en pie el nerviosismo de ver aparecer a los asesinos. A estas alturas, hombres y armas constituían un amasijo enrojecido por las picaduras de los insectos. La carretera permanecía vacía. De vez en cuando pasaba algún vehículo procedente de una granja, o una camioneta cargada con productos agrícolas. Y las horas transcurrían despacio.



El trayecto final




El primer sonido prometedor se produjo a las 04:00 horas del tercer día, pero no era el Ford V8 de Clyde. Se trataba del camión de Irvin Methvin. Los oficiales pararon a Methvin padre, ya que sospechaban que iba a reunirse con Bonnie y Clyde, pero a pesar de ello no había ningún motivo para arrestarlo. Los policías improvisaron un plan, un plan que no era legal. Esposaron al inocente granjero a un árbol. Después levantaron el camión con un gato y desmontaron una de las ruedas, luego volvieron a sus escondrijos. La tensa espera recomenzó.



La Conspiración Methvin (click en la imagen para ampliar)


A las 09:15 horas por fin apareció el vehículo de la pareja. Bonnie estaba comiéndose un sándwich mientras estudiaba un mapa de carreteras de Louisiana desplegado sobre sus rodillas. Vestía un traje rojo y llevaba el pelo recién cortado en una peluquería. Frente a ella, en el suelo del coche, tenía una pistola y un rifle listos para disparar. La Browning de Clyde estaba entre los dos pasajeros y en el asiento de atrás guardaban el resto de su arsenal: tres ametralladoras ligeras, dos escopetas, una docena de pistolas y más de mil balas.



W.D. Jones en su auto


El primero que reconoció el Ford fue Hinton. “Es él”, cuchicheó y los seis hombres se apostaron apuntando sus fusiles hacia el coche. Bonnie echó un vistazo a la carretera y sus avispados ojos creyeron ver un movimiento sospechoso en la espesura. Gritó: “¡Clyde!”, tratando de advertirle. Y en ese instante una voz les dio el alto.



El destrozado auto de Bonnie y Clyde tras la emboscada






La pareja tuvo tiempo de coger las armas, pero no de disparar. Una lluvia de balazos se abatió sobre los amantes. En menos de dos minutos, los seis policías descargaron más de cien proyectiles sobre Bonnie y Clyde. La pareja recibió cincuenta disparos en sus cuerpos. Hinton ensordeció; no oía más que un pitido continuo. El tiroteo había sido terrible.







Se adelantó y abrió la puerta derecha. Sacó con cuidado a Bonnie y la sostuvo en pie. Casi no podía creer que aquella dinámica y enérgica jovencita yaciese muerta en sus brazos. Clyde también estaba muerto, con la parte trasera de la cabeza destrozada. Hinton se convirtió en un héroe nacional, aunque nunca llegó a alcanzar la fama de que gozaron Bonnie y Clyde.



Los ejecutores



Pocas horas después de la ejecución, el lugar se llenó de admiradores en busca de un jirón de las ropas de Bonnie y Clyde. Una multitud trataba de conseguir, por todos los medios, un mechón de cabello, un trozo del automóvil, o una de las balas incrustadas en los árboles de los alrededores.



Los curiosos y el interior del auto



Un macabro cortejo de cincuenta automóviles acompañó al Ford hasta Arcadia. En la ciudad se organizó un verdadero alboroto con miles de mirones intentando echar un vistazo a los famosos cadáveres.






Los cuerpos de Bonnie y Clyde tras su ejecución






Frank Hamer se alegró de poder hacerse una fotografía con sus presas. Hinton, en cambio, no experimentó ningún placer al matar a Bonnie y Clyde. Su único interés era regresar junto a su familia en Dallas. El pitido en los oídos le duraría varios días.



El sitio de la ejecución




La leyenda de Bonnie y Clyde no había terminado, acababa de comenzar. Bonnie quería que la enterraran al lado de su amado. Su deseo no se cumplió. Los cuerpos fueron expuestos al público en dos funerarias diferentes de Dallas. El elegante cadáver de Clyde atrajo a treinta mil visitantes y cuarenta mil el de ella.



El traslado de los cadáveres


El 25 de mayo de 1934, en el entierro de Clyde, una turba se arremolinó alrededor de la tumba y los empujones y codazos estuvieron a punto de hacer caer a la fosa a los familiares del difunto. Fue sepultado al lado de su hermano Buck, en el cementerio oeste de Dallas.



El funeral de Clyde


El sepelio de Bonnie se celebró al día siguiente en el cementerio de Fishtrap. Sobre la sencilla tumba se grabó un conmovedor epitafio: “De la misma manera que los rayos del sol naciente y el rocío dan esplendor a las flores, este viejo mundo es áas brillante por las vidas de gente como tú”. La corona más grande la enviaron los repartidores de periódicos de Dallas, cuyas ventas habían alcanzado los 490,000 ejemplares diarios desde la muerte de la pareja.



Las madres de Bonnie y Clyde durante el funeral


La señora Cumie Barrow y Emma Parker fueron procesadas por encubrir a sus hijos. En el momento álgido de la persecución policial, la suma ofrecida como recompensa por la captura de Bonnie y Clyde llegó hasta los $26,000.00 dólares. Sin embargo, tras la muerte de la pareja, los misteriosos benefactores privados desaparecieron sin dejar rastro. Hinton sólo cobró $200.00 dólares, más gastos, por localizar y matar a Bonnie y Clyde.



Los titulares






El Ford acribillado a balazos se convirtió en la atracción principal de una feria ambulante en la que se recreaba la fatal emboscada a base de diapositivas. Cuarenta años más tarde, el vehículo fue subastado en Massachusetts y alcanzó un precio de $175,000.00 dólares, un precio más alto que el pagado por el Mercedes Benz de Adolf Hitler.



El auto de Bonnie y Clyde subastado


La leyenda de Bonnie y Clyde continuó fascinando a los medios de comunicación. Los periódicos de William Randolph Hearst prodigaron los artículos transformando a los forajidos en atractivos personajes públicos. J. Edgar Hoover contestó con su película Sujetos ocultos, en la que se les describía como sórdidos rufianes. Serían el símbolo de una época, inclusive más que otros bandidos de la época, como John Dillinger. En los largometrajes basados en la pareja asesina, se establece una relación entre el erotismo y las armas. Inspiraron además novelas, películas y canciones en varios idiomas.



Los informes de las autopsias de Bonnie y Clyde



Bonnie y Clyde no pretendieron conscientemente convertirse en asesinos desalmados, pero aceptaron la muerte como parte esencial de sus vidas. Al despreciar al resto del mundo, se liberaba en su interior una especie de coraje salvaje y un miedo ciego que exigía la eliminación de todo aquel que supusiera una amenaza.



El cadáver de Bonnie





No existía ningún tipo de sufrimiento que excediera el de su propio y restringido círculo familiar. Mataban sin pensarlo dos veces a los padres, hermanos, hijos y amantes de otros, sin el menor escrúpulo o remordimiento, sin ver ninguna contradicción con la furiosa rabia que les embargaba cuando otros amenazaban a sus familias.



El cadáver de Clyde




Si la policía les tendía una emboscada en una cita familiar, el joven asesino hervía de odio. ¿Cómo podía la policía dedicarse a hacer sufrir a los inocentes clanes de los Barrow y los Parker? No trazaban ningún paralelismo con los muchos inocentes que ellos habían asesinado. Fue el aceleramiento de sus vidas lo que creó el monstruoso estado de ánimo que les impelía a seguir adelante y el apasionado amor que sentían el uno por el otro multiplicó la cruel dimensión de sus asesinatos. Cada muerte los unía más y cada acto de salvajismo confirmaba la lealtad de sus familias. Su romance y el papel de desafiantes bandidos se convirtieron en motores de su existencia.



Las tumbas de Bonnie y Clyde



La relación amorosa, la pasión, recibían su impulso del peligro que corrían cada vez que mataban. La prensa y la opinión pública intuyó el oscuro poder que emanaba su relación y los consagró como grandes amantes: valientes, temerarios, condenados a morir. Una extraña admiración fue generándose hacia la pareja. La gente percibía que aquel amor era tan fuerte y romántico que trascendía con mucho los estrechos límites de un comportamiento socialmente aceptable. Sus crímenes no bastaban para condenarles.



Monumento en el sitio de la ejecución


Pero la realidad era menos encantadora. La miseria, el temor y la crueldad fueron las señas de identidad de sus cortas vidas. Asesinaron a muchos de forma impensada y cruel. La brutalidad dirigió sus vidas hacia un final violento. Si Bonnie y Clyde no se hubiesen conocido, quizás sus vidas hubieran discurrido dentro del más completo anonimato.



El auto de Bonnie y Clyde expuesto




Clyde tenía el temperamento de un delincuente de poca monta y las necesidades espirituales de un sádico. Solo, no pasaba de ser uno más entre cientos de criminales. Bonnie tampoco hubiera pasado a la historia a pesar de su carácter romántico y desafiante. Pero juntos formaron una pareja explosiva, que aún brilla con una intensa luz propia entre los forajidos de leyenda.



Cronología (click en la imagen para ampliar)




VIDEOGRAFÍA:

Bonnie y Clyde en Crímenes del siglo XX (subtitulado en español)
video


Ejecución de Bonnie y Clyde (escenas reales) (en inglés)
video


Cortometraje sobre Bonnie y Clyde
video


Bonnie & Clyde (trailer)
video


Bonnie & Clyde (miniserie) (trailer)
video


”Bonnie & Clyde” - Travis Tritt
video


”The legend of Bonnie & Clyde”
video


”Bonnie & Clyde” - Brigitte Bardot & Serge Gainsbourg
video


”Bonnie & Clyde” – Georgie Fame
video


”Bonnie & Clyde” - Eminem
video


”Bonnie & Clyde” - Jay-Z featuring Beyonce
video


”Bonnie und Clyde” - Die Toten Hosen
video


”La balada de Bonnie y Clyde” – Los Mustang
video


”Nuestro amor será un himno (Bonnie y Clyde)” - Jairo
video



BIBLIOGRAFÍA:













FILMOGRAFÍA:






DISCOGRAFÍA:


















20 comentarios:

Gracie dijo...

primera en mucho tiempo! excelente historia!!tiempo sin tener una historia tan interesante! me encanta este tipo de historia! gracias escrito por historias como estas!

rafa dijo...

Por fin bonnie y clyde gracias gracias XD
Saludos a todos y feliz año .....donde andas mac ??

Anonymous dijo...

que emocion empezar el 2010 *-* con una historia muy buena wiiii

Grazie

linda almanza dijo...

simplemente son excelentes las historias de estas personas... tu blog es de los mejores felicitaciones

POGO1980 dijo...

OH MALDITA SEA QUE HISTORIA TAN BUENA DEFINITIVAMENTE LA VIDA DE ESTOS ESTA LLENA DE SANGRE Y AMOR ES INCREIBLE COMO DESPUES DE CADA MUERTE SE AMABAN MAS Y NO FUE UN AMOR ENFERMIZO NO HUBO QUE FIRMAR NADA PARA QUE SE DECLARAN UN AMOR ASI HASTA EL ULTIMO DIA DE SUS VIDAS.E IMAGINO QUE EN EL INFIERNO ESTOS DOS SIGUEN JUNTOS SIN DUDA ALGUNA Y A ELLOS LO MOTIVO LA POBREZA PARA DELINQUIR PERO SON LEYENDA AHORA Y LO SERAN POR MUCHOS AÑOS MAS.FELIZ AÑO PARA TODOS DESDE XALAPA,VER,MEXICO

caligula dijo...

Cambio de tema, pero acabo de leer esto y quizá le interese para un futuro:

http://www.elmundo.es/elmundo/2010/01/03/orienteproximo/1262509654.html

Un saludo

Anonymous dijo...

Pues a mí SIEMPRE me cayó taaaaan mal este par de estúpidos asesinos.Par de imbéciles.

mac-10 dijo...

rafa:estaba en Uruguay acompañando a un familiar,pero igual desde allí me fui a un "ciber" y puse los blogs.

(de acuerdo con linda almanza)

casi festejo la entrada en frente de los "orientales" jeje.

pero no pude saludar hasta hoy de vuelta en casa.

a escrito:te felicito por tan buena entrada,tiene toda la info que yo tengo y un poco mas.

¡saludos y empecemos bien el año!

mac-10

"fin del mundo"

La Diabla dijo...

Ah buenisima historia, hace tiempo que tenia curiosidad de leer al respecto. como siempre las fotos de lujo.

Me encanta tu blog!

Kozure Okami 浪人 dijo...

Dos leyendas que ya se hacian a faltar en este Blog. Bonnie Y Clyde.

Que hay de verdad en su historia? Realmente fue una pareja de amantes tan sorprendente?

Serian quienes fueron sin la Ley Seca en accion y sin la figura de J. Edgard Hoover, el "zar" del FBI?

Sin duda, dos pesos pesados en los anales del crimen.

Saludos sangrientos!

pablo dijo...

hace meses vengo leyendo tu blog esta buenisimo, ya lei todas las historias publicadas anteriormente y esta sin dudas se lleva el premio a la mejor...

solo una correccion en tu traduccion del epitafio d bonnie cito lo q pones: “De la misma manera que los rayos del sol naciente y el rocío dan esplendor a las flores, el estilo de la gente como tú engrandece estas palabras”
traducido correctamente diria asi: “De la misma manera que los rayos del sol naciente y el rocío dan esplendor a las flores, este viejo mundo es mas brillante por las vidas de gente como tú”

segui adelante con el blog q esta espectacular

antonio gonzalez azuela dijo...

eSTA PAREJA SE HIZO FAMOSÌSIMA DESPUÈS DE LA PELÌCULA PERO SE LES PRESENTA COMO UNOS HEROES CUANDO EN REALIDAD ERA UNA PAREJA DE DESALMADOS QUE CAUSARON MUCHÌSIMO DAÑO, UNOS SOCIOPATAS.
UNO LLEGA A SENTIR LA COMPASIÒN QUE NUNCA TUVIERON Y EN DONDE, COMO EN LA ACTUALIDAD, BUSCABAN CAUSAR EL MAYOR DAÑO POSIBLE.
tRISTE HEROES.

rebeca bouchez gomez dijo...

Muchas gracias por tu envio, està muy bien,....digo que horror., pero bien escrito. Feliz año y mucho más de escrito con sangre. Rebeca

Anonymous dijo...

hola ECS soy tu fan y cada semana no me pierdo ninguno de estos artpiculos, en Chiapas pasó algo que conmovio a todo el estado te dejo el link si te interesa: http://65.98.6.34/~jroman/srnchiapas//index.php?option=com_content&task=view&id=10404, ya que en una ciudad pequeña como Tuxtla Gtz es raro que pasen estas cosas saludos

Escrito con Sangre dijo...

Hola a todos.

Gracie: Felicitaciones por ser la primera. Pronto habrá otra historia similar a esta.

Rafa: Sí, dije que pronto aparecerían y así fue.

Anónimo 1 y Linda Almanza: ¡Gracias, no dejen de leernos!

Pogo1980: ¡Un saludo para Xalapa!

Anónimo 2: Pues si no te gusta, no lo leas. Un saludo.

mac-10: Qué bueno que estés tan bien informado. Un saludo y disfruta la entrada.

Kozure: Un gustazo leerte de nuevo. Pronto habrá más bandidos.

La Diabla: Sí, en ningún otro website sobre Bonnie & Clyde están todas estas fotografías.

Pablo: Gracias por el dato, lo corregiremos.

¡Saludos sangrientos!

jcml dijo...

Me exité viendo el cadáver de la mujer delincuente, si yo hubiera sido uno de los policías que la abatió, no hubiera dudado en acercarme a su cadáver sangrando y llena de balas, y sentadita en el automóvil, meterla mi mano debajo de su falda acariciándola su clitoris y luego abría sus piernas metía mi cabeza también debajo de su falda, lamerla y chuparla su aún fresca y tibia vagina. Con un joven cadáver de mujer y mejor si fue delincuente se debe realizarla necrofilia.

Tony dijo...

Por favor, quiten el comentario que me antecede: es de muy mal gusto y refleja una mente retorcida.

Gracias.

Alejandro Monzón dijo...

Veamos el siguiente documento: “PRINCIPIOS BÁSICOS SOBRE EL EMPLEO DE LA FUERZA Y DE ARMAS DE FUEGO POR LOS FUNCIONARIOS ENCARGADOS DE HACER CUMPLIR LA LEY”. El mismo fue emitido durante el Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, celebrado en La Habana (Cuba), del 27 de agosto al 7 de septiembre de 1990, ONU Doc. A/CONF.144/28/Rev.1 p. 112 (1990) y ha servido como modelo en muchas legislaciones incluida la mexicana, en el caso de varias entidades federativas y en las últimas reformas de la Ley de Seguridad Nacional recientemente aprobadas que señala:
“5. Cuando el empleo de las armas de fuego sea inevitable, los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley:
a) Ejercerán moderación y actuarán en proporción a la gravedad del delito y al objetivo legítimo que se persiga;
b) Reducirán al mínimo los daños y lesiones y respetarán y protegerán la vida humana;
(…)
7. Los gobiernos adoptarán las medidas necesarias para que en la legislación se castigue como delito el empleo arbitrario o abusivo de la fuerza o de armas de fuego por parte de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley.
(…)
Disposiciones especiales
9. Los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley no emplearán armas de fuego contra las personas salvo en defensa propia o de otras personas, en caso de peligro inminente de muerte o lesiones graves, o con el propósito de evitar la comisión de un delito particularmente grave que entrañe una seria amenaza para la vida, o con el objeto de detener a una persona que represente ese peligro y oponga resistencia a su autoridad, o para impedir su fuga, y sólo en caso de que resulten insuficientes medidas menos extremas para lograr dichos objetivos . En cualquier caso, sólo se podrá hacer uso intencional de armas letales cuando sea estrictamente inevitable para proteger una vida.
10. En las circunstancias previstas en el principio 9, los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley se identificarán como tales y darán una clara advertencia de su intención de emplear armas de fuego, con tiempo suficiente para que se tome en cuenta, salvo que al dar esa advertencia se pusiera indebidamente en peligro a los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, se creara un riesgo de muerte o daños graves a otras personas, o resultara evidentemente inadecuada o inútil dadas las circunstancias del caso.”
En mi opinión, dado los sucesos con el sheriff Smoot Schmid cerca de Dallas “El sheriff insistió en que había que atenerse a la ley y, por lo tanto, los ladrones debían tener la oportunidad de rendirse antes de ser detenidos. Cuando apareció el coche de Clyde, el sheriff se levantó de entre la hierba y le dio el alto, pero la respuesta fue un corto tiroteo y una nube de humo.” Se aplican los principios 9 y 10 del citado documento “detener a una persona que represente ese peligro y oponga resistencia a su autoridad, o para impedir su fuga, y sólo en caso de que resulten insuficientes medidas menos extremas para lograr dichos objetivos” y las excluyentes sobre identificación y advertencia, por tanto no se trato de una ejecución, sino del uso legitimo de la fuerza, donde un grupo de oficiales, con riesgo de su vida somete a un par de peligrosos delincuentes. Existe morbo, deleite, fascinación y hasta simpatía por figuras románticas, pero estos sujetos no lo son, si hay un romántico es el sheriff Smoot Schmid, no veo que exista un monumento o historia acerca de él.

Alejandro Monzón dijo...

¿Ejecución o uso legitimo de la fuerza?
Es una excelente recuento de dos lamentables sujetos, producto de su tiempo, no deja de admirarme que sigan causando admiración, tal vez por la juventud que tenían al momento de morir o por lo menos el tenerse fidelidad en su corta vida y despiadada vida. Sin embargo no dejan de ser unos miserables y cobardes matones, sólo hay que ver en este artículo la descripción de los eventos en las cuales perdieron la vida en su mayoría inocentes víctimas, véase el caso del anciano dueño de la gasolinera y joyero el señor Bucher, bien es cierto que lo mata Hamilton, pero Clyde fue el instigador del evento y con su carita de yo no fui logro que el anciano le abriera para comprar una cuerdas de guitarra, posteriormente como buitre se abalanza para lograr el dinero del viejo ; el caso de los oficiales patrulleros E.B. Murphy y H.D. Wheeler que murieron sin llegar a desenfundar. No fueron ni siquiera ladrones eficaces, en algunos casos fueron casi estúpidos; para privar de la vida a otro ser humano si actuaron con despiadada eficacia, siempre y cuando lo hicieran en contra de personas desarmadas o mal armadas ¿Fue ejecución lo ocurrido en el camino rural de Sailes Louisiana?

Anonymous dijo...

Es increible lo que puede hacer una relacion mal-sana y la necesidad de afecto el cual lleva a la union de dos personas a un final desastroso y lo jovenes que estaban..........
EXCELENTE HISTORIA