Shoko Asahara y la Secta Aum de la Verdad Suprema: masacre en el Metro de Tokio



“Cuando vean el humo
no crean
que lo que están quemando son los campos”
.
Baika, poeta japonés (1843)


Chizuo Matsumoto nació el 2 de marzo de 1955 en Kumamoto (Japón). Cuando era muy niño, quedó ciego del ojo izquierdo a causa de un glaucoma. Era el sexto hijo de un fabricante de tatamis de la isla de Kyushu, y se había educado en un internado para ciegos. Allí, al ser sólo parcialmente invidente, se había convertido en un líder. Tras abandonar el internado, estudió acupuntura y se trasladó a Tokio con la esperanza de ser aceptado en la Universidad y estudiar medicina. No fue admitido y se lo tomó muy mal. A continuación, inició su vida profesional vendiendo remedios chinos a base de hierbas, actividad que muy pronto le valió un arresto y una multa por parte del gobierno. Gracias a ayudas económicas, empezó a estudiar acupuntura y medicina china. Por ese entonces, decidió cambiar su nombre a "Shoko Asahara".



Practicó yoga un tiempo, mientras profundizaba en diversas tradiciones religiosas como el budismo, el taoísmo y la astrología china. El objetivo de Asahara era alcanzar la Iluminación última. Formó parte del culto Agonshu. Una de las prácticas más curiosas de este grupo es la de los Mil Días Consecutivos de Ofrendas. A aquellos que ofrecen dinero diariamente durante este lapso se les promete la Iluminación. Asahara consideraba como una virtud esencial en el desarrollo espiritual la constancia y la entrega al método. Ponía como ejemplo que durante su período de mil días de ofrendas tuvo serias dudas sobre el culto de Agonshu. A pesar de ello, cumplió hasta el final con esta práctica, y sólo después de terminarla abandonó la organización. Después de un viaje al Himalaya, en 1986, anunció que había alcanzado el nirvana y empezó a reclutar seguidores.



Shoko Asahara y el Dalai Lama


Comenzó a enseñar yoga en su departamento en el distrito de Shibuya. En aquel entonces no quería aceptar ningún pago por sus enseñanzas, a causa de la tradición que sostiene que sólo aquel que ha alcanzado la Iluminación puede aceptar ofrendas materiales. Los discípulos más cercanos organizaron un seminario intensivo de yoga que atrajo a gente interesada en el desarrollo espiritual. El propio Asahara instruyó a los participantes y el grupo comenzó a crecer exponencialmente.



En 1987 comenzó el registro del grupo Aum Shinrikyo: “La Verdad Suprema”. Las autoridades se mostraron inicialmente reacias a concederles el estatus de organización religiosa y congelaron el proceso de registro. El grupo no fue reconocido legamente hasta que se resolvió su apelación en 1989.



La orden monástica se estableció, mientras nuevos seguidores seguían uniéndose. Durante el período de desarrollo de la secta Aum, Shoko Asahara escribió varios libros. El más conocido fue Más allá de la Vida y la Muerte, el Mahayana Sutra y la Iniciación. Aunque la secta Aum se declaraba seguidora de Buda, no lo era, según el Dalai Lama, líder de los budistas tibetanos, para quien no eran más que seguidores de un camino erróneo, pues confiaban más en una persona que en las enseñanzas de la religión. Aum era una mezcla de hinduismo, yoga, vago misticismo y adoración del propio líder religioso Asahara.



Símbolo de la Secta Aum


En una revista llamada Twilight Zone, Asahara escribió que con sus “experimentos antigravedad” había logrado mantenerse tres segundos suspendido en el aire, y que confiaba en “volar libremente” al cabo de un año. En 1989, el anuncio de un libro que había escrito sobre técnicas para desarrollar los propios poderes sobrenaturales proclamaba que el autor podía enseñar aptitudes tales como “ver el futuro, leer la mente de los demás, convertir los deseos en realidad, tener visión de rayos X, viajar a la cuarta dimensión y escuchar la voz de Dios”. Poco tiempo después, Asahara declararía que, además de ser el más eminente místico budista, también era “El Cristo”.



Fotografía propagandística de Asahara levitando


A finales de la década de los ochenta, mientras el gobierno calificaba oficialmente a la secta de religión menor, varios miles de seguidores creían en el camino de Asahara al nirvana, basado en gran medida en el yoga, aunque con prácticas tales como beber té hecho con cabellos del líder o cocinar con el agua sobrante de su baño. Asahara decidió no repetir sus errores del pasado y comenzó a acumular una gran cantidad de riquezas y bienes raíces, ya que inducía a sus miembros a donar todos sus ingresos y posesiones.



Guía de frecuencias de Radio Aum, la emisora de la secta


La secta Aum empezó a construir clínicas y otras instalaciones para que sus integrantes no tuvieran necesidad de salir al exterior. Dirigían negocios como tiendas de pasta y agencias de viajes para generar dinero en metálico, y fundaban empresas falsas que les servían de tapadera para acumular toneladas de productos químicos, aparentemente destinados actividades agrícolas. Aunque era extravagante según los estándares normales, incluso según los estándares de las religiones no tradicionales, al parecer la secta actuó, en general, dentro de los límites legales hasta noviembre de 1989, fecha en que Asahara ordenó que miembros de Aum secuestraran a la familia Sakamoto, cuyo jefe de familia, el abogado Tsutsumi Sakamoto, trabajaba con algunos miembros de Aum y había expresado sus dudas sobre la divinidad de Asahara.



Tsutsumi Sakamoto con su familia


Los comentarios de la víctima desataron la paranoia de Asahara: consideraba que Sakamoto trabajaba activamente contra la secta y era, por consiguiente, un enemigo al que había que eliminar. En el lugar del secuestro se encontró una insignia que relacionaba directamente a Aum con la desaparición de la familia, si bien aquélla negó la relación. Los Sakamoto fueron torturados y asesinados; sus cuerpos se encontraron poco después. Fueron ejecutados con inyecciones de cloruro de potasio y estrangulamiento. Tras el asesinato, Aum “La Verdad Suprema” empezó a actuar fuera de la ley.



El segundo momento de inflexión fueron las elecciones de febrero de 1990. Asahara y veinticuatro seguidores suyos se presentaron como candidatos a la Asamblea Legislativa y todos perdieron por un margen muy amplio. Asahara culpó del fracaso a una manipulación de los resultados electorales. El peso psicológico de la derrota se hizo notar: ahora no se trataba de un solo enemigo que perjudicaba a la secta y al que había que escarmentar, sino de todo el país, que despreciaba las enseñanzas de Aum y de Asahara. La paranoia creció. En una reunión especial, el líder comunicó a sus seguidores que tenían que hacer donación de todas sus posesiones porque se acercaba el día fatídico. Sin duda en aquel momento tomó la decisión de armar al grupo con un sofisticado arsenal, en un enérgico intento de hundir al estado japonés por diferentes medios.



Los seguidores de Asahara


Asahara creó un gobierno en la sombra dentro de la organización Aum, con juntas directivas para inteligencia, armamento, ciencia y tecnología y otras similares. Se preparaba para la guerra mientras hablaba a sus seguidores del Apocalipsis, que preveía para 1997, inmediatamente después de una guerra nuclear entre Japón y Estados Unidos.



Según su visión, por aquel entonces, reinaría la anarquía entre los habitantes del planeta y se olvidarían las enseñanzas de Buda. Sólo los miembros de Aum, que sobrevivirían al holocausto nuclear, aportarían al individuo la capacidad de participar en la era de Shoho, en la que la sociedad alcanzaría la plena armonía con las enseñanzas de Buda.








En las instalaciones de Aum, comenzó a producirse gas sarín. Este gas venenoso fue creado por los científicos nazis en la Segunda Guerra Mundial. Es inodoro e incoloro, y quinientas veces más potente que el cianuro; una sola gota basta para matar a un ser humano, por inhalación o por contacto cutáneo. El sarín es líquido a temperatura ambiente, pero se mezcla fácilmente con el agua y desprende vapores letales. Actúa sobre el sistema nervioso: la primera consecuencia es la reducción del campo de visión y la imagen borrosa, después la dificultad para respirar y, finalmente, la parálisis nerviosa que detiene el funcionamiento de los pulmones y lleva directamente a la muerte.



El sarín se fabricó en muchos países con fines militares y se cree que se utilizó en la guerra entre Irán e Iraq. Japón es un país que oficialmente no produce sarín y en él la venta de esta sustancia es ilegal. Sin embargo, los componentes necesarios para su fabricación están disponibles en el mercado. Al comenzar este proceso, la secta Aum, “La Verdad Suprema”, ya no era solamente un grupo religioso radical; de dar clases de yoga, se había convertido en una organización terrorista.



La noche del 27 de junio de 1994, en Matsumoto, una ciudad de la prefectura de Nagano, a unos doscientos cincuenta kilómetros al oeste de Tokio, un hombre dio parte a la policía de ciertos vapores nocivos; estaba tan enfermo que tuvo que ser hospitalizado. A las pocas horas, más de doscientas personas de aquel barrio residencial tuvieron que ser ingresadas en hospitales de la zona porque sufrían mareos, náuseas y trastornos oculares. El hombre que dio el aviso se recuperó, pero otras siete personas murieron. Para su sorpresa, y para gran consternación del país, la policía identificó el agente homicida como gas sarín.



Se encontraron rastros de la sustancia en el aire, en un estanque y en el agua de un cubo que tenía en el patio el hombre que había informado a la policía. También se encontró en el cuarto de baño de un apartamento contiguo donde se alojaban los empleados de una compañía de seguros. Aquel ataque aparentemente no provocado, que se había cobrado siete vidas, era un completo misterio para las autoridades. ¿Quién podía haberlo hecho? ¿Quién tenía los conocimientos necesarios para fabricar un gas tan letal? ¿Cuál podía ser el motivo para atacar así a un barrio entero? Por fortuna, los vapores sólo se habían extendido en una pequeña área de unos ciento cincuenta metros.



En casa del hombre que había dado el aviso encontraron una veintena de productos químicos; se le interrogó durante horas, pero la investigación posterior estableció que, si bien algunas de las sustancias podrían haberse combinado para producir el gas, el hombre carecía de equipamiento necesario para fabricarlo y las había utilizado con otros fines, como revelar película fotográfica. Los medios de comunicación empezaron a hablar de un “accidente” o “fuga” de gas letal.



El 9 de julio de 1994, a la 01:00 de la madrugada, se detectaron síntomas similares (náuseas, dolores en el pecho) en un pueblo de montaña llamado Kamikuishiki, en la prefectura de Yamanashi, a unos quinientos kilómetros al norte de Tokio. Docenas de personas sufrieron los síntomas, aunque no murió ninguna, y el aire estuvo impregnado del nocivo olor durante varios días. La policía decidió que el agente no era sarín propiamente dicho, sino un producto derivado creado en el proceso de elaboración de este gas. Era asombroso que en tan corto tiempo se hubieran producido dos ataques con gas, y que en ambos estuviera presente el sarín, pero nadie era capaz de imaginar la relación entre los dos lugares y los dos incidentes.



Los residentes del pueblo estaban convencidos de que los vapores tóxicos procedían de las cercanas instalaciones de la secta Aum, con cuyos residentes se habían enemistado por cuestiones de terrenos, permisos de construcción y hostigamiento. Algunos vecinos habían visto a miembros de Aum salir de uno de sus edificios con máscaras de gas. Al plantearse la posibilidad de que Aum tuviera algo que ver con los hechos, algunos cayeron en la cuenta de que otra de las instalaciones de la secta tenía asuntos pendientes con un tribunal de Matsumoto. Se recordó también que en julio de 1993 se habían recibido quejas de gases nocivos procedentes de una de las instalaciones Aum en el distrito de Koto, en Tokio.



Muchos meses después de los hechos de Matsumoto y Kamikuishiki, la policía declaró no estar más cerca de la resolución de los incidentes que en el momento en que se habían producido. Tampoco había podido hacer mucho con los siete incidentes distintos denunciados en septiembre en el estado occidental de Nara, donde mucha gente sufrió irritaciones en los ojos y sarpullidos. El 4 de enero de 1995, la secta Aum cursó una reclamación acusando al presidente de una empresa química de haber vertido sarín en sus instalaciones religiosas de Kamikuishiki. La secta no sólo negaba ser la fuente de los vapores, sino que afirmaba ser víctima del gas. En febrero de 1995, un experto en armas químicas, que anteriormente había visitado Japón para investigar el incidente de Matsumoto, advirtió que tal vez en este lugar se hubiera hecho el ensayo de un ataque terrorista de mayores proporciones. Pero nadie le creyó.



Los ataques al metro comenzaron poco después. El primero de ellos se produjo el 5 de marzo de 1995. Muchos pasajeros de la línea Keihin Kyuko a Yokohama se quejaron de irritación en los ojos y vómitos, y fueron trasladados con urgencia a los hospitales. Diez días más tarde, el 15 de marzo, junto a la máquina recogedora de billetes de la estación de Kasumigaseki, en la línea de Marunouchi (junto al edificio de la Asamblea, sede del Gobierno Nacional, y cerca del Palacio Imperial de Tokio), se encontraron tres maletines abandonados. Los tres contenían un líquido misterioso, pequeños ventiladores a motor, una abertura de ventilación y una batería. De uno de ellos salía vapor.



Estos dos últimos incidentes, aunque no tuvieron consecuencias fatales, eran un presagio tan evidente de peligro que la policía pidió miles de máscaras de gas y equipos protectores al ejército y empezó a ejercitarse en su uso secretamente. Las sospechas se centraban cada vez más en la secta Aum, y la policía se entrenaba especialmente para el asalto planificado a las múltiples instalaciones que Asahara tenía repartidas por todo el país. El sábado 19 de marzo se llevó a cabo un espectacular ejercicio de instrucción policial en Camp Alaska, al norte de Tokio. Al mismo tiempo, las fuerzas policíacas de la ciudad de Osaka asaltaron la sede local de la secta Aum después de que los familiares de un estudiante denunciaran que el grupo le retenía en contra de su voluntad. En Tokio, lanzaron un cóctel molotov contra el edificio de la secta en el distrito de Aoyama.



Ilustración sobre los primeros ataques al metro de Tokio


Todo estalló el lunes 20 de marzo de 1995, a las 08:00 horas, en la hora pico en que miles de personas se dirigían a sus trabajos o llevaban a sus hijos a la escuela. Los pasajeros de dieciséis estaciones de cinco líneas del metro con dirección a Tokio empezaron a sentir náuseas, dificultad para respirar e irritación en los ojos. En todos los casos, la sustancia irritante parecía consistir en un líquido que rezumaba de unos paquetes envueltos en periódico, que estaban en el suelo de los vagones atestados.



El metro de Tokio minutos antes de los ataques




Miles de viajeros, que unos momentos antes se habían visto apelotonados en los vagones, salían ahora en tropel aplastándose unos a otros. Cientos de ellos se desmayaron, mientras otros huían asfixiados, entre arcadas, boqueando en busca de aire, a veces arrastrándose para salir de los trenes y alcanzar la escalera que les llevaría a la calle.





La primera llamada a la policía se produjo a las 08:17 horas. Unidades de la policía, bomberos y ambulancias se dirigieron a toda prisa a las estaciones afectadas, a la vez que se alertaba a las unidades militares. Se interrumpió el servicio en buena parte de la red.





Una de las estaciones más perjudicadas fue Kasumigaseki, donde se cruzaban tres líneas. Allí el subjefe de estación, Kazumata Tatahashi, se acercó a examinar lo que los pasajeros describían como un cubeta que despedía humo. Tatahashi cogió la caja y la sacó del vagón donde estaba; perdió el conocimiento y murió poco después: fue la primera víctima mortal conocida del ataque, y también su primer héroe, ya que su acto de apartar sin vacilación el objeto salvó del desastre a centenares de personas. La siguiente víctima fue un agente de policía: también él había sido uno de los primeros en acercarse a otra caja que despedía un humo blanco.










El terror se extendió a las calles, donde docenas de personas se retorcían en las banquetas a las afueras de las estaciones del metro. Soldados especializados en guerra química con trajes especiales, ocuparon las estaciones, esparcieron por el aire un compuesto que neutralizaba el gas y buscaron los agentes químicos; mientras, en el exterior, miles de personas abarrotaban y desbordaban los más de treinta hospitales de la zona y el pánico se extendía por toda la ciudad.





El personal administrativo comentaba el horror de la escena: por todas partes se veía gente con espasmos, desplomándose y vomitando sangre. Murieron doce personas, otras quinientas fueron ingresadas en estado crítico y cinco mil sufrieron algún daño.





Un empleado administrativo, evacuado de la estación de Ginza, la parada contigua de Kasumigaseki, le dijo a un periodista: “Se oye hablar de la violencia gratuita en Estados Unidos, de gente que le dispara a desconocidos, y también del terrorismo en el Medio Oriente, pero nadie se espera que esto ocurra aquí, en Tokio. Empiezo a creer que tal vez ya no estemos seguros en Japón”.






Al día siguiente del atentado en el metro, la policía tomó por asalto las oficinas centrales de Aum en Tokio, así como los locales que tenían en otras poblaciones de Japón, pero no relacionó públicamente su actuación con el atentado, sino que la justificó como respuesta a las protestas formuladas contra los detenidos y al asesinato de la familia Sakamoto.



Encontraron pruebas de que elaboraban gas sarín y de que tenían tres fábricas capaces de producir modelos del fusil de asalto ruso AK-47. Eran productos un tanto insólitos para unas instalaciones de lo que se anunciaba como una secta de budistas no violentos, pero las actividades del grupo estaban tan lejos de la no violencia como del verdadero budismo.



Mapa de los atentados en el metro de Tokio


Asahara había planeado que el atentado en el metro fuera el primer combate de una guerra contra la nación japonesa, al que seguirían ataques más directos contra los edificios del gobierno. Con este fin, la secta no sólo disponía de instalaciones para fabricar sarín y otros agentes químicos mortales, sino también rifles, bombas, granadas y otras armas mortíferas.



Las autoridades toman las instalaciones de la secta Aum


La reacción nacional ante el atentado fue gigantesca por su alcance y su intensidad. Los ciudadanos estaban aterrorizados. ¿Dónde sería el próximo ataque? ¿Habría otras ofensivas así, capaces de matar a miles de personas? ¿Debían alterar su rutina de ir al trabajo y quedarse en casa? ¿Comprar máscaras de gas? ¿Negarse a creer en la habilidad de la policía y los militares para atrapar a los agresores y evitar nuevos actos de violencia?



Existen pruebas de que la inminencia del asalto a las sedes de Aum se le había filtrado adrede a la secta, con la esperanza de que la noticia evitara precisamente el tipo de ataque que se efectuó. Por supuesto, hubo quien achacó a la policía la responsabilidad del atentado, ya que ésta conocía la posibilidad de un ataque con sarín. La lentitud deliberada de la actuación de la policía en los meses siguientes al atentado del metro suscitó comentarios adversos. Aunque los primeros asaltos se efectuaron un día después del incidente, no se encontró ni se detuvo a Shoko Asahara, ni a nadie del círculo íntimo de ministros en la sombra. La policía, con su voluntad de asegurar los derechos constitucionales a los miembros de la secta, actuó con pies de plomo para reunir pruebas de la participación directa de los líderes en el atentado con gas y otros delitos.



Ikuo Hagashi, uno de los implicados en los atentados


Mientras la investigación seguía su curso a ritmo pausado, Asahara, desde un lugar oculto, conseguía hablar selectivamente con los medios de comunicación, y su portavoz, Murayama, aparecía casi todos los días en los noticieros de televisión: según él, la secta Aum no había puesto el sarín en el metro y la policía les había tendido una trampa.



Los titulares sobre el ataque


Se produjeron luego otros atentados en lugares públicos, entre ellos en unas galerías comerciales de la estación de tren de Yokohama, pero no con sarín. Estos ataques causaron heridos, aunque no víctimas mortales. En otro incidente ocurrido en la estación de Shinjuku, prendieron fuego en un sanitario a un lote de productos químicos que al mezclarse podían producir gas cianuro; los cuatro empleados que lo apagaron quedaron afectados. Otros artefactos de cianuro similares fueron hallados y desactivados en otros lugares y en otras estaciones: gracias a estas rápidas y afortunadas intervenciones, fue posible evitar, por poco, catástrofes que podían haberse cobrado la vida de diez mil personas. En otra ocasión, enviaron un paquete bomba al despacho del gobernador de Tokio; el paquete explotó y resultó gravemente herida su secretaria.



Masami Tsuchiya, uno de los autores de los ataques


Los cabecillas de la organización Aum fueron sometidos a interrogatorio y algunos confesaron: diez altos cargos acabaron por admitir sus crímenes. Entre los detenidos durante los primeros meses, tal vez el más importante fue Hideo Murai, el Ministro de Ciencia y Tecnología, quien fue asesinado en la calle en presencia de la policía y de las cámaras de televisión. Un hombre que esgrimía un cuchillo surgió de entre la multitud y lo mató de una puñalada. Aum silenció a Murai porque había cometido un desliz importante en el transcurso de una entrevista para la televisión; además creían que estaba a punto de confesar y que podía implicar directamente a Shoko Asahara en los delitos más importantes, principalmente los atentados del metro.



El asesinato de Hideo Murai



Tras dos meses de recoger pruebas, detener a individuos sin formular cargos y escuchar confesiones, la policía entró en las instalaciones que la secta Aum poseía en Kamikuishikimura, recorrió una serie de pasadizos subterráneos secretos y finalmente encontró a Shoko Asahara en una pequeña cámara de acero interior, entre la segunda y la tercera planta, ataviado con el uniforme Aum de seda morada y rodeado de libros, cintas, un reproductor de cassettes y $117,000.00 dólares en efectivo. Fue detenido y acusado de ordenar el atentado del 20 de marzo. “¿Cómo iba a cometer estos delitos un ciego como yo?”, preguntó a la policía en respuesta a la acusación.



Poco antes de la detención de Shoko Asahara, muchos de los Ministros más importantes se entregaron a la policía y otros fueron detenidos cuando se disponían a abandonar el país. Tras la detención de Asahara y la confesión de muchos de los sectarios de más rango, fue posible esclarecer muchos crímenes inexplicables que habían quedado sin resolver.



Los sicarios de Aum


La primera emanación de gas sarín, en Matsumoto, había sido un atentado contra el sistema judicial local, con objeto de sabotear un caso pendiente contra Aum. Para ello utilizaron una furgoneta frigorífica con un orificio para liberar el gas venenoso.



Aunque los previstos destinatarios del ataque eran los tres jueces que llevaban el pleito por la adquisición de un terreno y que se alojaban en el apartamento, muchas de las víctimas eran ajenas al litigio.



También se aclaró el incidente del pueblo de montaña: el gas iba dirigido contra sus habitantes, como represalia por ayudar a los miembros de la secta que querían huir y a sus familiares que intentaban rescatarlos.




El arresto de Shoko Asahara


Se descubrió, asimismo, que eran autores de entre cinco y diez asesinatos individuales más, entre ellos el del abogado Tsutsumi Sakamoto, de su mujer y de su hijo de un año. En otros incidentes, los seguidores de la secta habían esparcido otro veneno, el gas VX, contra ciertos adversarios. Uno de ellos era Hiroyuki Nagaoka, representante de un grupo de familiares de seguidores de Aum; Nagaoka se desplomó y entró en coma, aunque posteriormente se recuperó. Un miembro de la secta que había pertenecido a las Fuerzas de Autodefensa de Japón, confesó haber sido el autor, y también haber rociado a dos personas no relacionadas con el grupo. Estas dos personas fallecieron, pero que su muerte no se relacionó con el veneno.



El mismo asesino también reconoció ser responsable de la muerte de al menos dos antiguos miembros que habían desertado. La secta también había asesinado a un contador, después de secuestrarlo y torturarlo cruelmente para que revelara el paradero de su hermana, que había desertado. Asahara había dispuesto que lo asesinara un hombre que había sido detenido mientras ayudaba a otros a escapar, y que iba esposado. Le ordenó que estrangulara al contador si quería seguir con vida. Otro miembro confesó haber matado a una mujer de ochenta años después de que accediera a legar a la secta bienes por valor de sesenta millones de yenes. Hubo otros intentos de asesinato, de los que sólo algunos se cobraron víctimas mortales. Aum llegó al extremo de intentar matar a un dibujante de historietas por haber hecho una caricatura poco halagadora de la secta.






Carteles de búsqueda de los autores de los atentados


La lista de delitos siguió aumentando escandalosamente: Aum había robado vehículos para utilizarlos como emanadores de gas; había entrado en oficinas del gobierno con el fin de robar permisos de conducir y otros documentos que pudieran proporcionar una identidad falsa a los agresores; había robado informes oficiales sobre las fuerzas armadas para obtener datos del poder de los “enemigos”; había intervenido líneas telefónicas de amigos y enemigos; retenido a muchas personas que tenían familiares en la secta, e incluso organizado asaltos a sus propias instalaciones para poder decir que eran acosados, en lugar de admitir que eran ellos quienes acosaban a la sociedad. Destaca además la participación de un grupo de sicarios al servicio de Asahara, uno de los cuáles era conocido como “La Máquina Asesina de Aum”.



Algunos altos cargos se habían operado las yemas de los dedos para borrar sus huellas digitales y evitar su identificación en caso de arresto. Los miembros de la secta estaban obligados periódicamente a zambullirse en aguas heladas, ingerir comida en mal estado que les producía diarreas, y someterse a la acción de máquinas que emitían descargas eléctricas y otros mecanismos de tortura.



Los habían forzado a donar a la secta todas sus posesiones de valor y sus herencias, y a persuadir a sus familiares de que hicieran lo mismo. Regularmente los privaban de sueño y se les instaba a alquilar “Sombreros de la Felicidad”, unos auriculares con electrodos que supuestamente reproducían las ondas cerebrales de Shoko Asahara en su propio cerebro, a un costo de $11,500.00 dólares al mes por cada miembro.



El investigador Robert K. Ressler visitó Japón en los días del escándalo de la secta Aum. Sobre esa experiencia, Ressler escribió en su libro Dentro del monstruo“Poco después de los sucesos del metro, y bastante antes de la detención de Asahara, visité algunos lugares relacionados con la secta y el atentado. Previamente había recibido numerosos datos de las agencias de noticias, pero no tenía conocimiento de la información que estaba en manos de la policía y que, por entonces, no se había hecho pública. Cuando inspeccioné la estación de Kasumegaseki, me di cuenta de que era un lugar excelente para cometer un atentado, desde el punto de vista terrorista, por las posibilidades de sembrar el caos entre una gran multitud. El tránsito de pasajeros por esta estación es demasiado elevado para que se puedan controlar estrictamente los bultos, y los terroristas no tienen ninguna dificultad para introducir sus materiales. Viendo que la jefatura de policía estaba junto a la estación, llegué a la conclusión de que ésta formaba parte del objetivo y de que el ataque iba dirigido simbólicamente contra quienes la secta Aum consideraba sus enemigos: la policía y el gobierno. Si el ataque hubiera tenido los resultados esperados, podrían haber muerto cinco mil funcionarios. En realidad, la planificación dejaba bastante que desear, ya que, por suerte para los pasajeros, el sistema de emanación estaba mal diseñado: el gas no se dispersaba bien y carecía de vías de propagación. Sin estos fallos, probablemente el desastre habría alcanzado grandes proporciones, con decenas de miles de muertos.



El criminalista Robert K. Ressler afuera de las instalaciones de la Secta Aum


“Parece evidente que el atentado se puso en marcha apresuradamente porque Aum preveía una incursión policial en su recinto. Si ésta se hubiese producido, se habrían descubierto los materiales para fabricar el sarín y habrían sido confiscados. El atentado en el metro, pues, se llevó a término antes de perfeccionar todos los detalles del sistema de propagación. El ataque fue fundamentalmente una acción terrorista y como tal hay que entenderlo. Esta precisa definición de terrorismo figura en un artículo técnico de la década de 1970, pero es aplicable a este incidente: se puede llamar terrorismo a la amenaza de violencia, los actos individuales de violencia o la campaña de violencia que se dirigen principalmente a infundir terror (aterrorizar). El terrorismo es violencia destinada a causar un efecto: no sólo, y a veces en absoluto, un efecto sobre sus víctimas. En realidad, la víctima puede no guardar ninguna relación con la causa de los terroristas. El terrorismo es violencia dirigida a los observadores. El miedo es el efecto que persigue, no su consecuencia. Este punto, como mínimo, diferencia las tácticas terroristas de los asaltos y otras formas de delitos violentos que pueden causar terror, pero no son terrorismo.



“También me llevaron a visitar las principales instalaciones de Aum en Tokio. Por aquel entonces, los miembros de la secta aún se ocultaban en su interior, por lo que no pudimos entrar. Desde fuera, parecía un edificio completamente normal, aunque con unas medidas de seguridad excesivas. Las ventanas estaban cerradas con tablas, había guardias en el exterior, etcétera. Para una actividad inofensiva, no hacía falta un nivel de seguridad tan alto. La presencia de vigilantes, vallas y alarmas proclamaba a voz en grito que detrás de esa fachada normal se incubaban cosas inicuas. El mismo ambiente se respiraba en el hospital-clínica de Aum, utilizado para programar a la gente, especialmente a la que se resistía al adoctrinamiento.



Ressler posa con un display de búsqueda de “La Máquina Asesina de Aum”


“Me sorprendió comprobar el alcance de Aum, su riqueza y su influencia en Japón antes del atentado. Es cierto que, en Estados Unidos, una secta así también podía llegar a ser tan importante y poderosa, pero creo que antes habría tropezado con barreras e impedimentos legales. En Japón, al contrario que en Estados Unidos, las sectas tienen mayor legitimidad y se las equipara casi a las religiones, apenas controladas y supervisadas por el gobierno. Para mí, hay una diferencia esencial entre una secta y una auténtica religión: mientras que una religión congrega a sus fieles para adorar algo que está más allá de sí mismos, una secta congrega a los suyos para adorar al líder.



Ficha de detención de Shoko Asahara


“El estatus de Aum era prácticamente el de una religión, y esto le permitía acumular dinero, ya que no pagaba impuestos sobre sus actividades. Se cuidaba bien de ofrecer una fachada para legitimarse (…) pero en lugar de utilizar esta infraestructura en operaciones legales, invirtiendo el dinero generado en otros fines, enmascaraba con ella acciones ilegales. También visité las inmediaciones de los locales de Aum cerca del pueblo situado al pie del monte Fuji. Me impresionaron las dimensiones de los dormitorios, de las fábricas, de todo. Tampoco allí se nos permitió la entrada, pero las normas de seguridad eran completamente desproporcionadas a la extensión de las instalaciones y a las actividades teóricamente legales que supuestamente se desarrollaban al otro lado de la verja. El guardia que la custodiaba llevaba unos auriculares y escuchaba una cinta. Le pregunté qué era lo que escuchaba, y me dijo que los rezos de Shoko Asahara”.



Homenaje a los caídos en los atentados


Los miembros de Aum tenían, en su mayoría, un nivel cultural alto. Había entre sus filas médicos, abogados, militares y otros profesionales, incluidos algunos con un doctorado. Sin embargo, muchos de ellos no habían logrado acceder a los niveles más altos que les permitían sus posibilidades y por consiguiente, eran más o menos inelegibles para ocupar puestos importantes en grandes empresas, el camino más seguro hacia el éxito material en la sociedad japonesa.



A raíz de la detención de Shoko Asahara y de las revelaciones sobre los crímenes de la secta, la Agencia de Investigación de la Seguridad Pública del Ministerio de Justicia interrogó a unos seis mil seguidores de la secta Aum y a sus familiares, y llegó a la conclusión de que muchos seguían creyendo en la inocencia de su líder y estaban decididos a perseverar en su doctrina. Ésta incluía mensajes del líder desde la cárcel, en los que expresaba su deseo de continuar aportando dinero y esfuerzo. También insistía en profetizar que el Apocalipsis se acercaba.



Asahara fue encarcelado y se enfrentó a veintisiete penas de asesinato en trece acusaciones separadas. La fiscalía arguyó que "Asahara dio la orden de atacar el metro de Tokio" y lo acusó de haber preparado el incidente de Matsumoto y el asesinato de la familia Sakamoto. Algunos de los discípulos testificaron en contra de Asahara, quien tras un largo juicio fue declarado culpable de trece cargos el 27 de febrero de 2004 y sentenciado a morir en la horca.



El juicio de Asahara


Yoshihiro Yasuda, el abogado de Asahara con mayor preparación, fue arrestado y no pudo participar en la defensa del líder a pesar de ser finalmente absuelto. Poco después del inicio del juicio, Asahara cooperó con la defensa y dio explicaciones amplias acerca de la doctrina, objetivos y otros temas de la organización. Más tarde, abandonó la postura de representante de Aum para defender a la organización de la disolución inminente. El 27 de marzo de 2006, el alto tribunal de Tokio decidió no conceder el derecho de apelación de la sentencia, lo mismo que dictaminó el Tribunal Supremo de Japón el 15 de septiembre de 2006. Desde entonces Asahara dejó de hablar, incluso con los miembros de su familia, se dedicó a hacer gestos extraños y a hablar entre dientes frases incoherentes, además de estar en una silla de ruedas y padecer incontinencia. Actualmente espera el cumplimiento de su sentencia en una prisión de máxima seguridad en Japón.



Los atentados descabezaron la organización. Muchas de sus sedes fueron desmanteladas y se encontraron con el rechazo absoluto por parte de la población japonesa. Fueron procesados por la Ley anti-subversiva japonesa. Tras el abandono del liderazgo por Asahara durante el juicio, se trasladó el mando a sus dos hijos varones, los Rinpochi. En 2000 la secta Aum, “La Verdad Suprema”, cambió su nombre y mantiene un perfil bajo en los suburbios de Tokio; ahora se llama Aleph y es encabezada por Fumihiro Yoku, antiguo portavoz de Aum que estuvo en prisión por causas diferentes a los atentados.



Fumihiro Yoku, el nuevo líder de la secta


El culto de Aleph reniega de los atentados, pide perdón cada año por los mismos, niega la posibilidad de entrar a los miembros de Aum vinculados con ellos y creó un fondo de compensación para las víctimas. A pesar de eso, mantienen algunos de los textos de Asahara como referencias doctrinales. La doctrina de Aleph es una mezcla de varias tradiciones, cuya deidad reverenciada es Shivá (deidad que simboliza el poder de destrucción en la tradición hindú).



De hecho, el Señor Shiva de Aleph (también conocido como Samantabhadra, Kuntu-Zangpo o Adi-Buddha) deriva de la tradición Vajrayana tibetana y no tiene conexión con el Shiva hindú. El grupo está bajo vigilancia. Esto permite a las autoridades durante tres años prorrogables capturar sus comunicaciones y registrar sus instalaciones sin permiso judicial previo. Actualmente, los adeptos han vuelto a considerar a Asahara como el espíritu absoluto, y ponen grabaciones de sus cantos y charlas en las reuniones.



Hirokazu Kore-Eda, director de cine japonés, filmó la cinta Distancia, basada en los atentados. El caso motivó un capítulo de Los Simpson. También se escribieron varios libros al respecto.



Parodia de la Secta Aum en Los Simpson




VIDEOGRAFÍA:

Shoko Asahara en Índice de maldad
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Anime utilizado para promover la supuesta divinidad y los poderes de Asahara (en japonés)
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Escenas reales del ataque en el metro
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Noticiero sobre el ataque en el metro
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Shoko Asahara durante el juicio (en japonés)
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BIBLIOGRAFÍA:









FILMOGRAFÍA:


21 comentarios:

Gracie dijo...

primera!!!! q bien :)

sausur_roj dijo...

Otro exelente (como siempre) capitulo mas a esta obra sangrienta.Aparentemente no les salio según los planes ya que solo murieron pocas personas, pero igual este cieguito siempre quería salirse con la suya y no se aclara bien que pensaba, mas bien encierra algo de misterio.

Anonymous dijo...

Sí, que bien... ya tenemos otro troll que sin leer el arículo quiere inmortalizar sus tonterías.


...regresando al tema, me parece muy interesante sobre los atentados. Uno creería que vivir en X país en el que no es común ver este tipo de violencia le mantiene a salvo, pero ahí tenemos esta historia, o el reciente fuego cruzado en el metro de la ciudad de México.

También me gustaría agregar que en la serie Cowboy Bebop también se hace un capítulo que se puede ralcionar con el caso.

Aunque pensandolo bien, las sectas son un buen negocio, y libre de inpuestos...

sausur_roj dijo...

aparte de sus idas terroristas encubiertas

Anonymous dijo...

Les dejo el enlace del capítulo de CBB http://www.youtube.com/watch?v=uMmAUqpRbEA

H3r'O! dijo...

Jajaja... me gustó la descripción: "Sí, que bien... ya tenemos otro troll que sin leer el arículo quiere inmortalizar sus tonterías."

Muy interesante caso, nuevamente se comprueba que los fanatismos (y no solo los religiosos, para prueba está la violencia en los estadios deportivos) suelen llegar a malos términos, afortunadamente este sujeto no tuvo una preparación adecuada en el manejo de las armas e instrumentos que tenía en su poder y/o careció de tiempo para adiestrarse, por lo cual las consecuencias no fueron de (gran) consideración.

Ya solo para finalizar, y apelando al comentario delcompañero anónimo, es muy cierto, las sectas y asociaciones religiosas son de los negocioas más rentables que existen en el mundo, así que compañeros, propongo formalmente la creación de la secta de los sangrientos; si necesitan un líder espiritual me avisan.


Saludos sangrientos a todos.

GUITO dijo...

Es impresionante como una sola mente puede manipular a su gusto a miles de personas para hacer este tipo de actos, esto se debera al poder de convencimiento de su lider o a la poca capacidad de pensar las cosas de sus seguidores, la verdad no se.

Por otro lado esta muy bueno el post ya habia escuchado de este personaje en Discovery channel, pero esta mejor detallado aqui en el blog.

Saludos.

mozandcats dijo...

qué tiene que ver el libro de murakami en la bibliografía???

Anonymous dijo...

supongo que tiene que ver en que la escribiò un japonès, y la historia se desarrolla en tokio...

Galo Nomez dijo...

Honestamente, no me parece que ese capítulo de los Simpson's se dirija a una secta en especial. De hecho, el Líder tenía más rasgos seudocristianos, por lo que se lo puede parangonar, ya que estamos en el Lejano Oriente, con la Iglesia de la Unificación. La comparación debe ser porque el susodicho capítulo fue creado inmediatamente después de los sucesos de Japón

el mike dijo...

hagamos nuestra propia secta!!

Gracie dijo...

si! me uno.. y por cierto si leo todas las historias q han publicado! para los graciosos de arriba asi q no hablen sin saber...

mac-10 dijo...

¡QUE TARDE ES!
SI QUE ESTOY
OCUPADO
NO PUDE LEER
TODO ASIQUE SOLO DIGO
QUE ME UNO A LA SECTA mike
¡chau

MartitaOo dijo...

Jeje, ke bueno, como siempre, el mejor, siempre espero con ansia cada semana poder leer aqui las historias que preparas, por cierto te mande un correo electronico, sobre el asesinato de una madre a su hija en España, no se si lo recibiste...
Por otra parte, me pregunto lo mismo que un compañero mas arriba ¿que tiene que ver "tokio blues" con esta historia? Besos sangrientoss!!!!

Kozure Okami 浪人 dijo...

Saludos Sangrientos:

1. Parece que a don anonimo le fastidia muy mucho no ser el primer@. Ya vez, ya ves...

2. El punto importante es que cuando uno se une a una "secta" es porque a uno le hace falta algo. No se basa solo en un actuar carismatico del lider de la secta, muchas veces uno trata de buscar un "norte en la vida". Esto no debe de ser olvidado cuando se estudian casos como los de Jim Jones o de David Koresh.

3. Es curioso notar lo respetuosos que son los Nipones por el derecho de la gente ante la ley, cosa que se desprende al ver cuanto se tomaron las autoridades para detener a la secta. Y tambien lo poderosa que se volvio la misma.

4. No sabia, a pesar de conocer el caso, que Aum se habia programado para ser un Gobierno en la sombra.

5. El capitulo de los simpsons es un alegato contra todas las sectas. Pero noten que el Lider es , como Jones, Como Koresh, como el hombre de nuestro caso, un ser mitologico,suprapoderoso y lejano que es el unico guardian de la verdad.

Saludos al (a la ) anonim@ y...tomese algo para el enojo.

mozandcats dijo...

en todo caso hubieras puesto el libro que hizo murakami sobre estos atentados: Underground, del 2000

Kozure Okami 浪人 dijo...

Saludos sangrientos:

Sugerencia para una proxima entrega:

http://www.cabovolo.com/2009/09/la-matanza-de-la-escuela-de-bath.html

Es un caso supremamente interesante.

el piyo dijo...

Este era mas que nada el autor intelectual de los asesinatos como los mayores asesinos que lo han hecho desde las sombras, el medio de este era la secta y sus subordinados, personas comunes que se entregaban para sus cometidos y actos terroristas y por que no subversivos o de repudio al gobierno.
Algo tenia este tipo para que lo siguieran hasta el punto de desarrollar tecnologia con tal finalidad a pesar de sus escasos resultados.

lady tijuana♪♪♪♪ dijo...

la historia esta medio ñoña el mono estaba muy pirata todo lo de el fue la ambicion por el billullu,nenerros,mony, que dios ni que las hilachas alo mejor al ultimo asta se la creyo mira dicen que cuando uno repite tanto una mentira te la crees an oido eso de! yo si puedo!etc de tanto cocowahs asu gente dijo a caray algo tengo en realidad porque estos me creen?o que no? bueno algo asi !hay ya digo puras absurdeces esque im sleep! buen trabajo escrito pero la historia no es tanto de mi agrado saludos♪♪♪♪♪♪

ryu dijo...

muy bueno tu blog creo q ya te lo dije. pero podes sacar el fondo de mierda negro q no te das cuenta q marea leer letras blancas con un fondo negro???? te juro q me queda mal la vista despues de leer tu blog

choperk dijo...

Por que no comentan sobre el consumo excesivo que tenia este barbón con el lsd ???