Evelyn Foster: Muerte en los Páramos



“Me han matado…”
Últimas palabras de Evelyn Foster


Evelyn Foster nació el 20 de noviembre de 1901 en Inglaterra. Pertenecía a una familia de clase media. A los veintinueve años, Evelyn dirigía un negocio de alquiler de autos. Ella misma se encargaba de conducir, lo cual era algo muy raro en esa época. A primera hora del 6 de enero de 1931, había llevado a tres pasajeros hasta Rochester, un pueblecito situado a ocho kilómetros al norte de Otterburn. De regreso, realizó otro viaje a Elishaw. A las 19:00 horas, llegó a su casa y le dijo a su madre que un hombre que se había apeado de un tranvía en Elishaw quería que le llevase a Ponteland, cerca de Newcastle, para tomar un autobús que le llevaría a casa. Después dijo que aquel hombre parecía un caballero respetable cuando le había recogido en el Percy Arms Hotel. La joven aceptó llevarlo y, tras una breve parada en Otterburn, continuó viaje hacia el sur.



Evelyn Foster


Según contaría más tarde Evelyn, cuando llegaron al final del trayecto, el hombre comenzó a hacerle proposiciones sexuales. Ella trató de rechazarlo, pero él la golpeó en un ojo y se apoderó del volante. Aturdida, se vio camino del norte una vez más, en dirección a un paraje llamado Wolfs Nick. Allí, el hombre le pegó varias veces y sacando algo de su bolsillo, derramó un líquido sobre ella. Después, lo único que supo fue que el coche estaba ardiendo y escuchó el sonido de una explosión sorda. Luchando por alejarse, Evelyn percibió también el ruido de un vehículo arrancando a escasa distancia y algo parecido a un silbido. Se arrastró lo más lejos que pudo y luego se quedó inmóvil esperando ayuda y tan sedienta que chupaba los tallos de la hierba helada a su alrededor.



Evelyn Foster con su automóvil


Esa noche era clara pero hacía un frío glacial. Los estériles páramos se preparaban para una intensa helada y la gente optaba por quedarse en su casa. No era una noche para viajar. Poco después de las nueve, Cecil Johnstone y Tommy Rutherford, conductor y cobrador de autobuses de la empresa de Foster, salieron de la terminal de Haymarket, en Newcastle con sólo un puñado de pasajeros. Era el último autobús que aquella noche recorría los cincuenta kilómetros que lo separaban de Otterburn, y los dos hombres deseaban llegar a casa. El viaje transcurría sin novedad y cuando llegaron al pueblo de Kirkwhelpington el autobús iba vacío. La última etapa del viaje se desarrollaba a través de los páramos desolados y los empleados confiaban en tener la carretera para ellos solos. Sin embargo, seis kilómetros más adelante, el conductor observó un resplandor anaranjado en Wolfs Nick y detuvo el vehículo para investigar.



Cecil Johnstone y Tommy Rutherford


Al acercarse a la misteriosa luz, Johnstone advirtió que procedía de un coche ardiendo a unos cuarenta metros de la cuneta. Rutherford y él bajaron del autobús y se acercaron hasta allí. El fuego estaba ya prácticamente extinguido, pero los dos hombres pudieron ver lo suficiente como para reconocer el coche de Evelyn, la hija de su jefe. Unos momentos después su sorpresa se transformó en espanto al divisar la figura de Evelyn Foster caída en el suelo helado. Todavía estaba viva, pero sus quemaduras eran espantosas. Su cuerpo era un conjunto de llagas terribles. La parte inferior de su ropa estaba completamente destruida por las llamas y la dolorosa espera de ayuda debió ser un suplicio.



Evelyn con su perro, poco antes del ataque


La trasladaron hasta el autobús con grandes precauciones y se apresuraron a llegar a The Kennels, la casa de la familia Foster en Otterbum. Evelyn se mantuvo consciente durante todo el trayecto, gimiendo en voz baja. Además de pedir agua, sus únicas palabras fueron: “ese hombre malvado”, una frase que repitió varias veces. La enfermera del distrito y el médico de la localidad, el doctor McEachran, acudieron enseguida para atender a la paciente, pero obviamente sus cuidados fueron inútiles. Sin embargo, ella se esforzó valerosamente por relatar la tragedia que había sufrido. En presencia de su madre, del inspector de policía Andrew Fergusson y del sargento Robert Shanks, Evelyn su entrecortada declaración. A causa del estado de la paciente, la historia resultaba algo inconexa en ciertos puntos, pero en la investigación el doctor McEachran confirmó que la víctima estuvo en “perfectas condiciones de razonamiento y lucidez” durante todo el interrogatorio. Este duró veinte minutos aproximadamente y terminó poco después de medianoche.



La casa de Evelyn Foster


En su última declaración, la víctima, agonizante, describió a su agresor como un hombre bastante bajo, moreno, de constitución mediana, con abrigo oscuro y sombrero hongo. Hablaba con acento del norte de Inglaterra, “como el de Tyneside sin ser de Tyneside" y fumaba incesantemente. La conversación del coche proporcionó algunos detalles sobre los propósitos del viajero. Le dijo a Evelyn que lo había iniciado en Jedburgh, al otro lado del Border, tras perder el autobús de Edimburgo a Newcastle. Unos escoceses que se dirigían a Hexham se ofrecieron a llevarlo y lo dejaron en Elishaw, donde contrató a Evelyn. Ella le explicó que el autobús de Newcastle ya habría salido de Otterburn, pero accedió a llevarlo a Ponteland, a sólo doce kilómetros del lugar de destino del pasajero. Se detuvieron en Otterbum, donde el hombre entró en el bar “Percy Arms” para tratar de averiguar si alguien podía llevarlo gratis, mientras Evelyn iba a su casa para calcular el precio. Después, ambos continuaron el viaje fatal hacia el sur. Desde la 01:00 hasta las 19:30 sólo estuvo consciente de vez en cuando. En uno de aquellos breves momentos, volvió trabajosamente la cabeza hacia su madre, la señora Foster, y dijo las que serían sus últimas palabras: “Madre... me han matado”. Luego murió.






El funeral de Evelyn Foster


A primera vista, se trataba de un crimen patente aunque extraño. Los policías habían tenido ocasión de escuchar la declaración de la víctima y parecía que solamente tenían que organizar la caza del culpable. Desgraciadamente, la policía local era inexperta en el tratamiento de esta clase de delitos, y las investigaciones fracasaron por culpa de los numerosos fallos que cometieron. Cuando se hizo patente la complejidad del caso Foster, las equivocaciones hicieron casi imposible la solución del asesinato. El hecho de que los dos policías resumieran la declaración de Evelyn, en vez de transcribirla exactamente, dio origen a una gran confusión que reinó durante toda la investigación, donde los testigos discutían sobre el sentido exacto de las palabras de la joven. Por ejemplo, pudieron haberse aclarado algunas inexactitudes con respecto al número de ocupantes del vehículo de Elishaw. Evelyn habló de una mujer al volante y de dos hombres, pero nadie pudo asegurar si, entre ellos, incluía o excluía a su asaltante.



El sargento Shanks, el inspector Fergusson y un tercer policía se personaron en Wolfs Nick a la 01:00 de la mañana para registrar brevemente la zona. Sus métodos dejaban mucho que desear. Las posibles pistas fueron recogidas y manipuladas sin pensar en obtener las huellas dactilares o la posición exacta de los objetos. Entre éstos había una lata de gasolina vacía con la tapa quitada, el bolso de Evelyn (que solamente contenía algún dinero) y los restos carbonizados de su bufanda marrón. Después de aquel examen superficial, la policía abandonó el lugar dejando a la vista aquellos articulos, hasta que, a las 07:00 horas, apareció otro oficial. El desatino de este comportamiento se dio a conocer después de la investigación, cuando el Evening Chronicle reveló que dos de sus reporteros habían visitado el escenario del crimen a las 06:00 horas. En su afán por la noticia, abrieron el capó del coche para averiguar el origen del fuego y retiraron la bufanda de la víctima dejándola encima de uno de los faros.



Ilustración de la época sobre el asesinato


Al día siguiente, en absoluto contraste con la negligencia inicial, en Wolfs Nick se produjo una intensa actividad. Aparecieron numerosos agentes que acordonaron la zona, tomaron medidas y examinaron cuidadosamente los restos calcinados mientras periodistas y curiosos miraban ávidamente. Pero aquellos esfuerzos dieron escasos resultados. Sacaron un molde de la huella de un pie aparecida junto al coche, pero no dieron a conocer las conclusiones sobre ello, de modo que los más cínicos sugerían que tales huellas procedían de la bota de un agente. Enseguida surgieron dudas sobre la minuciosidad de la investigación. En el lugar del incendio aparecieron dos restos de carne quemada, treinta y seis horas después de que se hubiera dado por terminado el “exhaustivo” registro. Además, ante el asombro de los reporteros, el 16 de enero, diez días después del crimen, los policías comenzaron a arrancar grandes zonas de hierba para analizarla. Era muy difícil obtener algún fruto de aquello después del deshielo del terreno y de que las abundantes lluvias lo hubieran encharcado. Aparte de la falta de preparación, había dos razones que explicaban los registros de la policía del lugar del crimen. En primer lugar, no conocían los resultados de la autopsia, y además centraban sus esperanzas en una persecución del agresor a escala nacional. Sólo cuando ambos factores empezaron a provocar preguntas sobre la veracidad de la historia de Evelyn, la importancia de Wolfs Nick resultó patente. Pero ya era demasiado tarde.



El lugar del crimen


La zona de la tragedia era bastante solitaria, especialmente durante una ola de frío, pero cabía la posibilidad de que alguien los hubiera visto por la carretera escasamente concurrida. Por lo menos este aspecto de la investigación se estudió con gran interés. Solicitaron la colaboración de la prensa y la emisora BBC de Londres emitió una petición de ayuda. Mientras tanto, la policía emprendió un laborioso proceso, casa por casa, e investigó las innumerables descripciones de sospechosos desconocidos. Las comprobaciones fueron aún más intensas en Jedburgh, donde el asesino parecía haber tomado el té con sus compañeros escoceses, y en Otterburn, donde estuvo tratando de conseguir un viaje gratis. Los resultados fueron decepcionantes. No había la menor huella del misterioso hombre del sombrero hongo.








El mayor problema era la vaguedad de la descripción de Evelyn. El único detalle concreto que había dado era el del sombrero, y la prensa, naturalmente, se volcó en él. Todos los hombres con sombrero de hongo eran sospechosos. Llegó a tal punto la paranoia pública sobre estos sombreros, que muy pocos hombres se atrevieron a usarlos durante las semanas siguientes. Si no se podía encontrar al hombre, quizá sí al grupo (una mujer y dos o tres hombres) que había llevado al agresor de Evelyn hasta Elishaw. Se repitieron las peticiones de ayuda por parte de la policía y de la prensa, pero no apareció nadie. Interrogaron a varios escoceses cuyos movimientos correspondían aproximadamente con los de la declaración de Evelyn, pero ninguno de ellos había llevado a nadie hasta Elishaw. Como la búsqueda comenzó a perder intensidad, el interés de la prensa decreció. Al principio, se habló insistentemente de un maníaco homicida en la zona de los páramos, hasta el punto de que los habitantes de los pueblos se encerraban en sus casas por las noches. Al continuar los temores, las actitudes se hicieron más críticas. ¿Por qué no se avisó a Scotland Yard? ¿Por qué no se lograban resultados? Si se hubieran conocido las respuestas a estas preguntas, las críticas habrían llegado aún más lejos. Y es que la policía local no creía ya que Evelyn Foster hubiera muerto asesinada.



El negocio familiar (click en la imagen para ampliar)


La investigación judicial sobre Evelyn Foster se inició el 8 de enero en el War Memorial Hall de Otterburn, un lugar en el que ella había bailado con su novio. Fue un asunto de trámite que implicaba únicamente la confirmación oficial de la identidad de la muerta. El procedimiento se reanudó el 2 de febrero, presidido por el coronel Philip Dodds. Había además un jurado compuesto por nueve hombres de la localidad y dos abogados en representación de la policía y de los Foster. La presencia de ambos abogados hacía suponer de antemano que se trataba más de una contienda que de una investigación. El motivo de las discusiones radicaba en las sospechas de la policía sobre el contenido de la declaración de Evelyn. Era comprensible, así, que el asesino se les hubiera escapado de entre los dedos; después de todo, la descripción era bastante vaga. Y que estuvieran desconcertados por el hecho de que no hubiera aparecido el grupo de escoceses. Por supuesto, muchos individuos tenían sus razones para no prestar ayuda a la policía, especialmente si se trataba de un caso de asesinato, pero ésta había llegado a la conclusión de que los pasajeros habían guardado silencio porque no existían. En resumen, la policía creía que la moribunda había contado un montón de mentiras. Esta versión dejaba bien parada a la policía, favorecía a los investigadores ante su ineptitud, y arrojaba una sombra de duda sobre la joven quemada viva.



La familia Foster


Este argumento se expuso al comenzar el procedimiento. Antes de citar al primer testigo, el juez se dirigió al jurado advirtiéndole que la historia de Evelyn podría no ser un hecho indiscutible. Su veracidad había de ponderarse frente a cualquier otra evidencia que surgiera a lo largo de la investigación. El impacto de esta advertencia quedó disminuido por el hecho de que el primer testigo en ocupar el estrado fue la madre de Evelyn. Hizo un relato claro y detallado de los trágicos sucesos del 6 de enero describiendo los sufrimientos de su hija. La señora Foster protagonizó también el momento más emotivo de la investigación, cuando se desmayó después de que le pidieran identificar los restos calcinados de algunas prendas de Evelyn. Mientras la ayudaban a abandonar sollozando el estrado, no hubo en toda la sala nadie que no compartiera su dolor.



El auto calcinado


Sin embargo, el resto de los dos primeros días se dedicó al esfuerzo de negar la versión de Evelyn sobre su trauma. Se sucedieron las declaraciones de los testigos dando su versión sobre los movimientos de la joven en aquella noche trágica, haciendo especial hincapié en cuatro breves espacios de tiempo. Estos incluían la llamada en Elishaw, el regreso a Otterburn, el período previo a la salida hacia Ponteland y la carrera a través de Belsay, donde se suponía había tenido lugar la agresión. Los testigos podían confirmar la hora de llegada de Evelyn a Otterburn, pero ninguno de ellos había advertido a ningún desconocido con sombrero de hongo. Del mismo modo, el motorista que la víctima afirmó haber adelantado cerca de Belsay negó haberla visto. Esto coincidía con las sospechas de la policía de que Evelyn no había viajado hacia el sur de Wolfs Nick.



Pero hubo un testigo que pareció confirmar la declaración de Evelyn: un peón caminero llamado John Kennedy declaró que, aproximadamente a las 20:10 horas del 6 de enero, le adelantó un automóvil en dirección al norte, a unos seis kilómetros al sur de Wolfs Nick. Recordaba que el conductor era un hombre y en el número de la matrícula aparecían las cifras «1» y «3». Como la del coche de Evelyn era TN 8135, se podía suponer que el testigo había visto al asesino volviendo con Evelyn, desde la agresión inicial en Belsay hasta el lugar de la muerte. Pero este testimonio se debilitaba por el hecho de que Kennedy no lo había prestado voluntariamente y que no lo mencionó hasta diez días después, cuando fue interrogado por la policía. Desde el punto de vista del jurado, la parte más desconcertante de la discusión sobre los movimientos de Evelyn era la desaparición de su atacante en Otterburn. Era fácil no recordar un coche de paso, pero parecía extraño que nadie se hubiera fijado en el desconocido durante los diez minutos de parada en la ciudad. Dos empleados del bar “Percy Arms”, John Scott y Gladys Tatham, aseguraron que no había entrado nadie en el bar buscando un viaje gratis y hasta el padre de Evelyn se extraño de que el viajero no esperase en el garaje.



Una joven emprendedora (click en la imagen para ampliar)


Algunos miembros del Jurado se preguntaban por el punto al que les conducían aquellos testimonios. Si Evelyn no había muerto a manos del hombre del sombrero de hongo, ¿entonces cómo había muerto? La respuesta llegó hacia el final del procedimiento, el 3 de febrero, cuando Joseph Foster, padre de Evelyn, compareció como testigo por segunda vez. En esta ocasión tuvo que dar los detalles sobre las pólizas de seguro que cubrían los vehículos de su firma y de la situación financiera de su hija, quien poseía una cuenta bancaria, dinero en efectivo y además no tenía deudas.



Dificultades económicas (click en la imagen para ampliar)


Pero para los policías la deducción era inmediata: argumentaron que Evelyn estaba tratando de defraudar a la compañía de seguros simulando una agresión con objeto de destruir su propio automóvil. Después, al prenderle fuego, había cometido un descuido y accidentalmente se vio encerrada en aquel infierno. Aquella hipótesis era estúpida y bastante rebuscada, y no había absolutamente ninguna prueba que la apoyara, pero la policía hizo todo lo posible para que se tomara como verdadera. El último día se inició la investigación con el testimonio del doctor McEachran, el primero que examinó a Evelyn, pero su informe quedó desvirtuado por el del forense, Stuart McDonald. Llegaba el momento esperado por la mayoría de los observadores imparciales. Y es que, en los días anteriores a la investigación, había habido indicios de que el informe del profesor iba a arrojar una luz nueva sobre el caso.



Los titulares sobre el caso


El testimonio de McDonald incidía en tres aspectos fundamentales: las quemaduras de Evelyn, las señales de agresión y el tema de la violación. Al describir las primeras, el forense afirmó que las quemaduras eran más serias en el regazo y en los muslos de la joven, lo que demostraba que allí se había iniciado el fuego. También aparecían en las manos y en la cara y había detectado otras más pequeñas en la parte superior del torso. La distribución de las quemaduras de las nalgas sugería que la difunta había estado sentada durante el suceso. Todo aquello coincidía perfectamente con la declaración de la víctima, en la que afirmó haber estado sentada en el asiento trasero cuando le vertieron encima la gasolina. No obstante, el juez preguntó al forense si cabía otra posible interpretación... como, por ejemplo, que Evelyn hubiera derramado la gasolina en la parte posterior del coche subida en el estribo, prendiéndose accidentalmente durante el proceso: McDonald admitió tal posibilidad, pero sentía no poder explicar las quemaduras que aparecían en la parte superior del cuerpo de la víctima. De hecho, para que fuera aceptable el argumento del juez, Evelyn tenía que haber sido una suicida más que una descuidada. El resto del informe del forense fue aún más sorprendente, ya que McDonald no encontró señales que indicaran que había sido salvajemente golpeada ni tampoco violada. De hecho, Evelyn era todavía virgen. McDonald apoyó estas declaraciones añadiendo que las heridas superficiales podían pasar desapercibidas bajo las quemaduras, pero las profundas se tenían que detectar.



En este preciso momento hubiera sido imprescindible una nueva lectura de las declaraciones de Evelyn. En su lecho de muerte afirmó haber sido “golpeada por todas partes” y el doctor McEachran recordaba haberle oído decir que “quedó inconsciente en el asiento trasero del coche después de los golpes que había recibido”. Se aceptó que la paliza la había dejado sin conocimiento, pero también era verosímil que se hubiera desmayado por el terror o por el dolor de las quemaduras. Del mismo modo se había presumido de violación: cuando la señora Foster le preguntó si “el hombre se había propasado”, Evelyn contestó afirmativamente, pero quizás, en su inconsciencia, este eufemismo podía indicar un abuso sexual de menor grado, no una violación.



La lata de gasolina (click en la imagen para ampliar)


El último testigo fue William Jennings, el perito que examinó los restos del automóvil Huddson. Confirmó que el incendio fue fruto de una acción deliberada y no de una falla mecánica. Su testimonio introducía una duda más sobre la declaración de Evelyn, ya que insistía en la dificultad del agresor para conducir y, al mismo tiempo, inclinarse hacia el asiento del acompañante, tal y como lo había descrito Evelyn (se pasó al asiento trasero en Wolfs Nick). Después de este testigo, el juez Dodds comenzó su resumen, proponiendo al jurado dos alternativas prácticas: “asesinato” o “muerte accidental”. El hecho de que el juez expusiera la segunda teoría durante una hora y dedicara solamente dos frases a la cuestión del asesinato, no dejaba dudas sobre su opinión personal. Pero iba a sentirse decepcionado. Después de más de dos horas de profundas deliberaciones, el jurado emitió un veredicto de “asesinato premeditado por persona desconocida”. Algunos apuntaron a la posibilidad de que a Evelyn la hubiera matado un copycat, un imitador criminal. En noviembre de 1930, Allfred Rouse cometió el “Asesinato del coche en llamas” cuando decidió quemar el suyo con un extraño dentro. Rouse deseaba que esta muerte se confundiera con su propio suicidio. El caso alcanzó una enorme difusión por parte de la prensa. Muchos dijeron que el caso de Evelyn Foster fue una consecuencia de ello. Y efectivamente, en la investigación del caso se llegó a comentar la semejanza entre ambas atrocidades, a pesar de que el de Rouse estaba todavía sin juzgar, ya que la apelación no fue desestimada hasta el 23 de febrero de 1931.






En llamas (click en la imagen para ampliar)


Sin embargo, no terminó la controversia sobre la forma de la muerte de Evelyn; el Daily Express publicó las palabras del capitán Fullarton James, Inspector Jefe de la policía del condado de Northumberland y un notorio bocón: “Estamos satisfechos de que no haya aparecido el coche en el que se decía que había viajado desde Jedburgh el supuesto asesino de Evelyn Foster. Estamos también satisfechos de que tampoco haya aparecido el hombre que ella describió”. De hecho, el jurado tenía muchas razones para opinar de otro modo. Y es que, aunque ninguno de ellos fue citado para declarar ante el Tribunal, por lo menos tres habitantes de Otterburn habían visto al misterioso desconocido en la tarde del 6 de junio y, casualmente, uno de ellos era miembro del jurado. A las 19:00 horas de aquel día, George Sinclair observó que, frente al garaje de Foster, un individuo se ocultaba entre las sombras. Cuando George se acercó, el desconocido salió corriendo en la oscuridad.



Mapas del evento



Esta información de Sinclair apoyó el convencimiento de sus compañeros del Jurado sobre la certeza del asesinato de Evelyn. No fueron sorprendentes los ataques que se dirigieron en Otterburn contra el capitán Fullarton James, por sus objeciones al veredicto sobre la muerte de Evelyn Foster. Corno indicó uno de los miembros del jurado, “estamos en la mejor posición para juzgar el caso adecuadamente. Hemos escuchado las pruebas, hora tras hora y desde luego, conocíamos las excelentes cualidades de la pobre muchacha”. El padre de Evelyn escribió airadas cartas a su representante en el Parlamento y al Ministerio del Interior; por fin, sus quejas fueron atendidas por las autoridades policiacas de Northumberland. El 24 de mayo se formó un tribunal en Newcastle, pero la censura a Fullarton James no prosperó.



La tumba de Evelyn Foster


Aunque no se produjeron detenciones en relación con la muerte de Evelyn, muchas personas se vieron tentadas a señalar a un hombre llamado Ernest Brown como autor de aquel crimen cruel. Brown era un mozo de cuadra que en septiembre de 1933 asesinó a su patrón en Yorkshire e intentó quemar el cuerpo dentro de un garaje en llamas. Aparte de aquellas tendencias pirómanas, Brown mostraba algunas de las características que Evelyn Foster describió: acento correcto y aspecto elegante; sabía conducir (una habilidad poco común a comienzos de los años treinta) y solía utilizar sombrero de hongo como parte de su uniforme de trabajo.



Ernest Brown


Ernest Brown viajaba a menudo al norte de Inglaterra para asistir a ferias de ganado y caballares y pudo haber estado en Northumberland cuando Evelyn murió. Tiempo después, Brown fue condenado a muerte por el Tribunal de lo Criminal de Leeds, por el asesinato del marido de su amante. Cuando estaba en el patíbulo y el capellán le invitaba a confesar, el reo murmuró algo parecido a la frase “ought to burn” (“tuve que quemar”) o a la palabra “Otterburn”. Desgraciadamente, el verdugo acabó su trabajo antes de que pudieran convencer al condenado para que aclarase su sorprendente respuesta. ¿Mató Ernest Brown a Evelyn Foster o sabía algo referente a su muerte? Nunca llegará a saberse la respuesta.



BIBLIOGRAFÍA:








14 comentarios:

mernela dijo...

hola escrito,misterioso caso,pero cuando no hay un asesino me falta algo.saludos desde el fin del mundo.

Anonymous dijo...

Si hay asesino... pero no se sabe quién fue...

En lo personal me paresen interesantes estos casos: mis favoritos son la Dalia negra, el hombre del hacha y por supuesto Jack el destripador.

sausur_roj dijo...

estubo atrapante este caso; hubo un asesinato, una investigacion , varias hipotesis, algun que otro sospechoso................pero no fue tan brutal como esperaba y no se sabe si el asesino ya lo habia hecho o si volvio a hacerlo.............................igualmente muy bueno .felicitaciones y saludos a todos sangrientos.

Confa dijo...

Apoyo a Merlena, siempre los casos sin resolver me frustran. Saludos a todos y aunque terminé frustrado, fue un caso muy interesante.

Escrito con Sangre dijo...

Hola a todos.

Aunque en este tipo de casos el asesino es desconocido, considero que revisten también un gran interés. En esta página intentamos establecer un equilibrio entre las historias presentadas. No todos los asesinos son brutales carniceros y torturadores, ni homicidas en serie, ni explosivos masacradores. Otros son corteses y encantadores, unos más inadaptados, algunos otros simples criminales interesados en los beneficios económicos.

Muchos de ellos son desconocidos. Sus historias también son apasionantes: desde Jack el Destripador hasta el Asesino del Zodiaco, del Monstruo de Florencia al Hombre del Hacha de Nueva Orleans, del "Crimen Perfecto" de William Herbert Wallace al Asesino del Torso, de Dorothy Forstein al Asesino del Tylenol, en estos casos no hay a quien señalar, atrapar, culpar y castigar. Sus nombres y rostros permanecen en las sombras, lo que, a mi juicio, les confiere un grado aún más profundo de misterio.

Tendremos muy pronto a otros sádicos, pero también otros casos sin solución, y además figuras históricas que han contribuido con su dosis de muerte a la historia del crimen.

¡Saludos sangrientos!

kabutto dijo...

interesante caso, pero prefieros los casos d los psicopatas y asesinos en serie, son mis preferidos, como el d jeffry dahmer, cuando publican el caso d los hermanos menendez,quienes mataron a sus padres, en california, bueno un abrazo sangriento desde aki d barranquilla, colombia

Anonymous dijo...

bueno los que realmente se salieron con la suya fueron estos asesinos, crimenes perfectos y meticulosamente planeados..........es aterrador pensar los que hay sueltos e impunes a la luz de la justicia.

Anonymous dijo...

y los cadaveres que habra en algun sotano del mundo esperando salir a la luz. muy bueno todo.saludos

Mayito dijo...

buen caso, aunke me gustan mas lo de mas violencia y asesinos seriales, pero muy buen articulo, siempre estoy alpendiente cada domingo para ve el nuevo reportaje...saludos desde sonora.mex.

Camilo dijo...

para mi estos casos son los mejores...ya que como dice escrito con sangre, le dan un toque de misterio a la historia...y deja muchos cabos sueltos..ideales para un guion.
Nadie sabe que por ejemplo yo fui el asesino del.... jajaja mentiras.

En este contexto si el genio de la lampara nos concediera un deseo... quienes no quisieran devolver el tiempo y estar presentes en las escenas de uno de estos casos sin resolver?, y vendria el gran dilema, harian algo por evitarlo o serian simplemente testigos presenciales?.

saludos desde colombia

Santiago Night dijo...

Muy bueno. Me tentaron a poner las crónicas de asesinos seriales en Buenos Aires, y los casos que conozco, que son unos 30. Vamos a ver si con paciencia lo hago. Sigan asi, los sigo siempre.
Saludos

Anonymous dijo...

Buenos dìas a todos, muy interesante el caso, pero mis queridos de escrito con sangre y henry lee lucas y ottis toole??? cuando, cuando??

Sinave dijo...

este no me gusto

emanuelson85 dijo...

Realmente de pelicula. Un caso muy intrigante y lleno de morbo, me encanto. Y claro felicitaciones al editor de la pagina por relatar tan bien la historia.