Harold Shipman: "El Médico Asesino"



“No soy un instrumento de Dios; cuando estoy con un paciente, yo soy Dios”.
Harold Shipman


Harold Frederick "Fred" Shipman nació el 14 de enero de 1946 en Nottingham (Inglaterra). En 1963, a los 43 años, su madre murió a causa de un cáncer de pulmón. Shipman nunca olvidó la escena: su madre fue consumiéndose, sufriendo dolores atroces, hasta quedar convertida en un cadáver viviente. Atestiguó cómo los médicos, para aliviar el sufrimiento de la enferma, le ponían cotidianamente grandes dosis de morfina para paliar el dolor. Esta droga, fijada por aquella imagen, estaría siempre presente en la vida de Shipman.



Harold Shipman de niño


Dos años después, en 1965, Shipman comenzó a estudiar medicina en la Universidad de Leeds. Al mismo tiempo se relacionó con Pimrose Oxtoby, la hija de un granjero. Ella quedó embarazada; Shipman y la chica se casaron mientras él aún cursaba su primer año de facultad. Testimonios de compañeros de clase le describirían, años después, como un estudiante de medicina fascinado por los fármacos y las drogas.



Shipman durante sus años de estudiante de Medicina


Shipman terminó su carrera en 1970, obteniendo el título de Licenciado en Medicina y Cirugía. Poco después, trabajó como médico residente en el Pontefract General Infirmary de West Yorkshire. Para entonces, agobiado por las presiones del trabajo y la manutención de su familia, en su vida personal era un hombre de pocos amigos que podía volverse agresivo. En el trabajo era completamente diferente. La mayoría de sus pacientes lo adoraban. Le describían como una persona muy amable, sobre todo con los ancianos, ante los que se mostraba como un amigo a la par que médico. Les gustaba su sinceridad en los diagnósticos. Cuando Stephen Dickson le preguntó a Shipman el 28 de febrero sobre la esperanza de vida de su suegro, que padecía cáncer, Shipman le contestó: "Yo no le compraría ningún huevo de Pascua". Él mismo se ocupó cuatro días después de materializar su previsión: el 4 de marzo de 1970, aplicó una sobredosis de morfina que terminó con el anciano.



Harold Shipman con su esposa


Sus compañeros de trabajo lo consideraban como un médico en el que se podía confiar, entregado al cuidado de los pacientes, siempre disponible, trabajador y competente; aunque para algunos colegas era también arrogante, sobre todo con sus superiores. Según sus compañeros, el único servicio que se le daba mal era Ginecología y Obstetricia, área en la que estuvo trabajando unos meses durante el período de residencia. Era demasiado brusco y tosco en los partos, y un médico le llegó a prohibir que volviera a tratar a su mujer, quien estaba ingresada en el hospital. Por esta época, Shipman comenzó a consumir morfina. La droga se utilizaba frecuentemente para aliviar el dolor de los partos y en esta área era más fácil conseguirla.






Shipman con sus colegas


Para 1971, acabó su periodo de residencia y se recibió. Siguió trabajando en el mismo hospital, donde formó parte de los servicios de Medicina Interna, Pediatría, Ginecología y Obstetricia. Para 1974, trabajaba como médico de familia asociado en Todmorden, Lancashire. En ese momento tuve su primer encuentro con la ley: le pusieron una multa de 600 libras esterlinas por recetar morfina a nombre de pacientes y utilizar la droga para su propio consumo. Ese mismo año, Shipman consiguió su primer trabajo estable, doce millas al oeste de Halifax, West Yorkshire.



En 1975, Shipman fue arrestado por primera vez por falsificar documentos para conseguir meperidina para su propio uso. Por este hecho, Shipman fue enviado a un hospital de rehabilitación de drogas en North Yorkshire, y luego del tratamiento fue declarado rehabilitado. Tras un breve trabajo en Durham, ingresó en el Centro Médico de Hyde, Gran Manchester; luego fue al Hospital Donneybrook House. Estuvo allí hasta 1977.



En 1992 abrió su consultorio como médico de familia en Hyde, donde atendió a más de 3,000 pacientes. Allí comenzó a matar de manera sistemática. Sus víctimas eran pacientes con dolencias leves que le caían mal, enfermos crónicos y enfermos terminales. El número de crímenes por año fue aumentando paulatinamente. Durante cinco años, Shipman, asesinó a docenas de personas. El médico mataba a sus víctimas cuando las visitaba en sus casas, aplicándoles altas dosis de morfina. Después extendía un certificado de defunción en el que afirmaba que su paciente había muerto por causa natural. Los pacientes solían fallecer por la tarde, estaban solos y la mayoría eran mujeres que superaban los 75 años. La mayoría de los pacientes fueron incinerados, para lo cual un segundo médico tenía que confirmar los certificados de defunción. Para ello debía ver el cadáver y estudiar cuidadosamente las circunstancias de la muerte, pero la mayoría se limitaban a confirmar desde su consulta los certificados de sus colegas.



El consultorio de Shipman


“Mi madre tenía fe total en él y eso es lo más doloroso para mí: puedo verla sonriéndole mientras él le ponía aquella inyección letal; ella creía que era para curarla”, declararía Chris Bird, directivo del Manchester City, cuya madre, Violet Bird, de sesenta años, murió en 1993 por una sobredosis de morfina que le inyectó Shipman. El doctor escribió en el certificado de defunción que Violet había muerto de un ataque cardiaco. En determinadas circunstancias, como que un paciente falleciera en menos de 24 horas tras su ingreso en un hospital, el médico tenía la obligación de informar al forense, pero a Shipman le daban igual las normas y no informaba a nadie. En 1997 batió su récord criminal con 37 asesinatos, según un informe oficial.



En marzo de 1998, la doctora Linda Reynolds de la Brooke Surgery en Hyde, opositora a la clínica de Shipman, fue a visitar a John Pollard, el Jefe de Medicina Legal del distrito de South Manchester, preocupada por los altos índices de mortalidad entre los pacientes de Shipman. También habló de las cremaciones realizadas en fallecidos ex-pacientes de Shipman, en su mayoría ancianas. Al finalizar la entrevista con el forense, la doctora afirmó que Shipman estaba matando a sus pacientes, pero no sabía si era por negligencia o intencionalmente.



El caso atrajo inmediatamente la atención de la policía, quienes no tenían suficientes pruebas como para arrestar a Shipman y levantar cargos contra él. En la investigación posterior sobre los crímenes de Shipman, los familiares de las víctimas culparon a la policía por asignar oficiales inexpertos al caso. Durante el tiempo de investigación, el caso fue abandonado el 17 de abril, con la eventual detención de Shipman.



En ese lapso, Shipman asesinó a tres personas más. Shipman certificó en veinticinco años la muerte de 521 personas (300 veces más que el médico que más certificados había expedido en el Reino Unido). Estos clamorosos datos, sin embargo, no levantaron la sospecha de nadie, como tampoco lo hizo el que el 80% de sus pacientes falleciera sin la presencia de un familiar. Muchos murieron entre la comida y el té. En alguna ocasión pidió a los familiares que le regalaran objetos personales del fallecido: una máquina de coser, un mueble, un periquito...



Su última víctima fue Kathleen Grundy, una anciana de Hyde. El 24 de junio de 1998 murió en su casa. La última persona en verla con vida había sido el doctor Shipman, quien luego firmó su certificado de defunción. La hija de Grundy, la abogada Angela Woodruff, quedó consternada cuando el abogado de su madre, Brian Burguess, le informó que la última voluntad de su madre había sido desheredarla de las 386.000 libras esterlinas que tenía para darle, para dárselas a su doctor, Harold Shipman.



Kathleen Grundy


Woodruff fue a la policía e informó lo que pasaba; la policía reabrió entonces la investigación. El cuerpo de Grundy fue exhumado y examinado; hallaron rastros de morfina. Con estas pruebas, Shipman fue finalmente arrestado el 7 de septiembre de 1998 y encontraron en su poder una máquina de escribir, usada para redactar el documento de herencia.



La casa de Kathleen Grundy


En las primeras horas tras su detención, Shipman expresó que tenía “voluntad de control sobre la vida y la muerte”. Llegó a confiarle a un policía: “Yo puedo curar o puedo matar. Soy un médico y en mis manos está el poder de la vida y la muerte. No soy un instrumento de Dios; cuando estoy con un paciente, yo soy Dios. Soy un ser superior”. Después de estas declaraciones, la policía comenzó a examinar otros decesos vinculados con Shipman y elaboró una lista de quince muertes para investigar. Un patrón similar se descubrió en los quince casos: la sobredosis de morfina. Los certificados de estos quince pacientes fueron firmados por Shipman y explicaban que los pacientes estaban en "pobre estado de salud".






Los titulares


El juicio de Shipman, con el mando del juez Forbes, comenzó el 5 de octubre de 1999. Shipman fue procesado por las muertes de Marie West, Irene Turner, Lizzie Adams, Jean Lilley, Ivy Lomas, Jermaine Ankrah, Muriel Grimshaw, Marie Quinn, Kathleen Wagstaff, Bianka Pomfret, Naomi Nuttall, Pamela Hillier, Maureen Ward, Winifred Mellor, Joan Melia y Kathleen Grundy, ocurridas entre 1995 y 1998.



Las víctimas (click en la imagen para ampliar)


Después de que el jurado deliberara por seis días, Shipman fue condenado el 31 de enero de 2000 por el asesinato de 15 de sus pacientes, a los que mató con inyecciones letales de morfina. El juez lo condenó a quince cadenas perpetuas consecutivas y recomendó que nunca fuera liberado. “Usted ha cometido horrendos crímenes. Asesinó a cada una de sus pacientes con una calculada y helada perversión de su capacidad médica. Usted era, antes que nada, el médico de estas personas”, le dijo el juez Forbes a Shipman cuando éste recibió la condena del jurado. Shipman escuchó la condena con una sonrisa, sin perder la calma; estaba acompañado por su mujer y sus cuatro hijos.



El juicio de Shipman


Dos años después, el aquel entonces Secretario de Gobierno David Blunkett, aceptó esta recomendación del juez, justo meses antes de que el gobierno británico perdiera el poder de fijar las sentencias mínimas de los asesinos. En febrero de 2002, Harold Shipman fue expulsado del Registro Nacional de Médicos británicos. El médico negó insistentemente su culpabilidad. Aunque podrían haber sido juzgados muchos otros casos, se concluyó que sería difícil tener un juicio justo, a la vista de la publicidad enorme que tenía el juicio original. En cualquier otro caso, fue innecesario llevarlo otra vez a juicio, tomando en cuenta las sentencias existentes.



La investigación contra Shipman concluyó que “El Médico Asesino”, como lo bautizaron los tabloides, mató a 215 pacientes y probablemente a muchos más. Eran 171 mujeres y 44 hombres, de entre 41 y 93 años, a los que inyectó morfina. Se estudiaron más de 500 muertes en las que se sospechaba que el médico podía haber tenido alguna relación. Datos posteriores revelaron que asesinó a más de 300 personas: el diez por ciento de sus pacientes. En ese punto, se decidió cerrar la investigación y 200 casos quedaron pendientes por confirmar. Esa cifra convirtió a Harold Shipman en el asesino en serie más prolífico de la historia contemporánea.



“Mataba, y después se comportaba de muy variadas formas y ofrecía múltiples explicaciones de lo que había pasado. La manera de matar de Shipman, incluso ante los familiares, y cómo salía sin sospechas sería calificado de invención si apareciera en una obra de ficción”, explicó la investigadora principal. Algunos psiquiatras afirmaron que los asesinatos dirigidos hacia mujeres mayores, se debían a que Shipman había sufrido mucho con la dolorosa muerte de su madre, mientras que otros afirmaban que era un deseo arrogante de poder controlar quién vivía y quien moría.



El 13 de enero de 2004, Shipman apareció ahorcado en su celda de la prisión de Wakefield. Tenía 57 años. Aparentemente, se colgó de los barrotes de su celda con las sábanas de la cama. Hasta el final, nunca reconoció sus crímenes ni mostró arrepentimiento o remordimiento. Tras su muerte, su viuda recibió 100.000 libras esterlinas (unos 150.000 euros), libres de impuestos, y una pensión vitalicia de 10.000 libras esterlinas (unos 15.000 euros) al año. Si Shipman hubiera muerto tras cumplir sesenta años, su esposa sólo habría recibido 5.000 libras (unos 7.500 euros) anuales.



La prisión de Wakefield


Esto causó un escándalo en Inglaterra; las familias de las víctimas no podían creer que la mujer del homicida recibiera tanto dinero como compensación por la muerte de Shipman, dinero que salía de los impuestos a los cuáles muchos de ellos contribuían. Pero el gobierno británico ni siquiera mencionó el asunto y la mujer de Shipman se embolsó su dinero.






Tumba de Irene Turner, víctima de Shipman


Nadie sabe por qué un afable médico de familia, felizmente casado y con cuatro hijos, mató a centenares de pacientes. Janet Smith, autora del informe oficial sobre los asesinatos, señaló que posiblemente Shipman era "adicto a matar". Smith añadió que "hay evidencias de que tenía una personalidad adictiva, y es posible que matar fuera una forma de adicción". Shipman no ganaba nada con los asesinatos, más bien perdía clientela: hasta siete víctimas vivían en la misma manzana. La investigación calificó esa impunidad de “horrible e inexplicable”.



Lápidas de víctimas de Shipman


“Ha sido una trágica falla en los sistemas lo que ha permitido que los crímenes de Shipman permanecieran ocultos muchos años; traicionó la confianza de la gente y también a la profesión a la que tan mal sirvió”, declaró John Chisholm, de la Asociación Británica de Médicos. “Tanta gente se siente tan hundida, tan sacudida por la noticia de que su padre, su madre o su abuela no tuvo la muerte en paz que creían, sino que fueron asesinados”, se lamentó Denis Maher, el párroco católico de Hyde, a cuya iglesia asistían Shipman, su esposa, sus hijos y muchas de las víctimas, que compartieron la comunión con su asesino.



Muchas de las legislaciones británicas sobre cuidado médico y a la medicina fueron repasadas y modificadas notablemente como resultado directo e indirecto de los crímenes de Shipman. Seis médicos que firmaron la autorización de las cremaciones para las víctimas de Shipman, fueron acusados de mala conducta por el Consejo Médico General. Luego resultaron absueltos. En octubre de 2005, una audiencia similar fue llevada a cabo contra dos médicos que trabajaron en el Hospital General de Tameside en 1994, y que no detectaron que Shipman administraba brutales dosis de morfina a sus pacientes.



Cartas de Shipman



Shipman fue convertido de inmediato en personaje favorito de series policíacas como La Ley y el Orden. También en su honor se hicieron canciones, se escribieron libros, se filmaron documentales y se pintaron cuadros. Los medios de comunicación lo catapultaron a la fama, como en el caso de otros asesinos seriales.



Caricaturas sobre Shipman



Como contraste, un jardín en memoria a las víctimas de Harold Shipman “El Médico Asesino”, llamado "El Jardín de la Tranquilidad", fue abierto en Hyde Park el 30 de julio de 2005.



El Jardín de la Tranquilidad




VIDEOGRAFÍA:

Canción dedicada a Harold Shipman
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BIBLIOGRAFÍA:









FILMOGRAFÍA:

Richard Ramírez: "El Merodeador Nocturno"



“Amo toda esa sangre”.
Richard Ramírez


Ricardo Muñoz Ramírez nació el 29 de febrero de 1960 en El Paso, Texas (Estados Unidos). Fue el más pequeño de los cinco hijos de Mercedes Muñoz y Julián Ramírez, dos inmigrantes mexicanos. Con los años, sería más conocido como Richard Ramírez.



Richard Ramírez cuando era niño


Cuando Ramírez tenía dos años, tuvo una contusión en la cabeza después de que un aparador cayó sobre él; recibió más de treinta puntos de sutura. También sufrió de convulsiones y fue diagnosticado con epilepsia cuando tenía seis años. Para combatir su temor y dada su fascinación por la muerte, comenzó a pasar varias noches a solas en los cementerios. Su padre era estricto y no dudaba en golpear a sus hijos o a su mujer cuando lo consideraba necesario.



Su primo Mike, ex combatiente de Vietnam, significó una influencia negativa para Richard Ramírez cuando este apenas tenía nueve años de edad. Mike era un hombre muy violento, que le contaba a su primo sangrientas historias sobre la guerra, en las cuáles narraba con lujo de detalles cómo violaba, torturaba, mutilaba y asesinaba a mujeres vietnamitas y, para demostrarlo, mostraba fotografías Polaroid que retrataban sus crueldades. Según Mike, tomar la vida de aquellas desdichadas era como ser Dios. También gustaba de golpear a su esposa y le encantaba que Richard presenciara esos ataques. La exposición constante a la violencia lo fue insensibilizando. Mike también lo inició en el consumo de marihuana.



Mike terminó asesinando a su esposa delante de Ramírez: durante una discusión doméstica, tomó su escopeta y le disparó al rostro a su esposa, destrozándole la cara y matándola. Fue a la cárcel, pero salió al poco tiempo alegando que estaba drogado. Libre de la esposa, Mike se dedicó a drogarse junto con el pequeño Richard, a quien también le enseñó a aspirar pegamento.



Pronto, los primos salieron a robar juntos para sostener su adicción. Hacían además viajes a pueblos cercanos para matar animales de granja. Richard asistió a clases en la Thomas Jefferson High School en El Paso, Texas, aunque abandonó la escuela antes de completar siquiera un año. Durante este período Richard fue arrestado dos veces por posesión de sustancias ilegales. Mike terminó en prisión nuevamente.



Ramírez estuvo años fumando marihuana, aspirando pegamento y alimentándose de comida chatarra. Debido a su falta de higiene y a la dieta rica en azúcar, sus dientes empezaron a podrirse, lo que causaba que padeciera una terrible halitosis. Luego empezó a usar cocaína diariamente. Tuvo varias detenciones por posesión de drogas y purgó un delito menor por robo de carga. En California fue detenido dos veces por robo de auto.



El primer arresto de Richard Ramírez


Ramírez fue siempre un entusiasta de la banda de rock australiana AC/DC. La canción "Night Prowler", del álbum Carretera al Infierno, se convirtió en un himno para él. Dicho tema describe el miedo de una niña que está en su habitación sola, por la noche; y también la historia de un joven que entra furtivamente al cuarto de su novia cuando los padres de ella no están. Esto le sirvió a Ramírez para desarrollar un sobrenombre que se volvería célebre: "El Merodeador Nocturno" ("Night Stalker").



La ola criminal de Ramírez inició el 28 de junio de 1984. Estuvo consumiendo cocaína y salió de su casa completamente drogado. Puso en el auto su canción favorita. Se detuvo afuera de una casa en la calle Glassell Park, quitó una protección y entró por la ventana. Allí vivía Jennie Vincow, de 79 años de edad, quien dormía en su cama. Fue apuñalada en repetidas ocasiones; su garganta fue cortada tan profundamente que casi quedó decapitada. Ramírez también saqueó su departamento y asaltó sexualmente el cadáver de la anciana.



El 17 de marzo de 1985, Richard Ramírez llegó a la casa que María Hernández, una chica de 22 años, compartía con Dayle Okazaki, de 34 años de edad, en Rosemead. Vestía totalmente de negro y llevaba una gorra de baseball. María Hernández fue agredida en la cochera: Ramírez le disparó en el rostro, pero ella puso sus manos ante su rostro por instinto; la bala rebotó con las llaves que llevaba en las manos y la hirió. Cayó al suelo y fingió estar muerta. Ramírez entró en el condominio; cuando él ya no estuvo a la vista, la chica escapó. Ramírez encontró a Dayle Okasaki; al escuchar el disparo, ella se había ocultado detrás de un sillón, pero su curiosidad pudo más: se asomó, Ramírez la vio y le disparó en a frente, matándola.



Dayle Okasaki


Ramírez salió de allí, perdiendo su gorra en el camino, la cual fue hallada por la policía. Subió a su auto y, presa de un frenesí asesino, se puso a buscar más víctimas. Cuando iba conduciendo vio a Tsia-Lian Yu, una mujer que manejaba un auto. La siguió unos kilómetros y después la obligó a detenerse cerca de Monterey Park utilizando su automóvil. Ramírez se acercó a la ventanilla, ella comenzó a gritar y entonces él le disparó dos veces en el pecho. José Dueñas, un vecino, salió a su balcón del segundo piso de un edificio después de haber oído a una mujer gritando por ayuda. Dueñas fue dentro y llamó a la policía, y luego regresó al balcón. Ramírez ya se estaba marchando.



En ese momento pasó por allí otro conductor, Jorge Gallegos, con su novia. Gallegos vio a Ramírez y observó el número de la matrícula del automóvil. Los dos hombres declararían en el juicio tiempo después. La policía encontró a Yu aún con vida. Aguantó hasta que llegó la ambulancia, pero murió poco después. Tras la autopsia, se determinó que las balas usadas en su contra provenían de la misma pistola que se había utilizado en el otro crimen.



La mañana del 27 de marzo, Ramírez llegó a la casa de Vicente Zazzara, un inmigrante italiano de 64 años, jubilado, que poseía una pizzería. Vivía con su esposa Maxine. Ramírez tocó varias veces la campana de la casa; Vicente no quería abrir, pero su esposa insistió en que lo hiciera. Vicente le hizo caso y Ramírez entró. Le dio un empujón y después le disparó en la sien izquierda, matándolo. Se dirigió a la recámara, encontrando a la aterrada Maxine Zazzara, de 44 años. Le disparó en la cabeza, pero ella quedó aún viva. Mientras agonizaba, Richard Ramírez la desnudó, la colocó en la cama y la violó. Luego fue a buscar un cuchillo a la cocina; regresó a la recámara y la apuñaló varias veces en el cuello, el abdomen, las ingles, los pechos, la vagina y la cara. Trató de cortarle un pecho, pero no lo consiguió. Luego le vació las cuencas, sacándole los ojos. Tras esa insoportable agonía, Maxine finalmente murió. Ramírez la dejó desnuda, boca arriba, sobre la cama. Dejó escrito con sangre en una pared su sobrenombre: “Night Stalker” (“El Merodeador Nocturno”). Luego, Ramírez se dedicó a robar el dinero que pudo encontrar.



Vincent y Maxine Zazzara


El 15 de abril, Ramírez volvió a las andadas. Irrumpió en la casa de William y Lillian Doi, de 66 y 63 años. Ramírez le disparó a William Doi justo encima del labio superior, provocando que la bala entrara a través de la lengua y destrozara la garganta. Después fue a la recámara, donde estaba Lillian Doi. Abofeteó a la mujer que lloraba histérica, mientras le gritaba: "¡Cállate, puta, o te voy a matar!" Se la llevó a recorrer la casa, para que viera a su esposo agonizante y le entregara el dinero y las joyas que tenía. Después la llevó de nuevo a la recámara, donde le arrancó la ropa y la violó, mientras la mujer lloraba. Mientras tanto, William Doi consiguió llamar al 911, aunque no pudo decirles nada. Pero los servicios de emergencia rastrearon la llamada y enviaron enseguida una patrulla y una ambulancia al domicilio. Para entonces, Richard Ramírez se había marchado, dejando viva a la mujer. William Doi murió en la ambulancia. Lillian Doi fue atendida de sus lesiones y pudo darle a la policía una descripción de su atacante.



William Doi


La gente de Los Ángeles se encontraba en un estado de pánico. Los ataques habían desatado la histeria colectiva y todos se encontraban aterrados. Los periódicos ya se referían al asesino como “El Merodeador Nocturno”. Richard Ramírez vivía por entonces en una habitación del Hotel Cecil, desde la cual salía a matar. Al regresar, tiraba la ropa ensangrentada en los contenedores que había en la parte trasera del hotel. El 29 de mayo, Ramírez entró a la casa de dos ancianas: Malvia Keller, de 83 años, y su hermana inválida, Wolfe Blanche, de 80, quienes vivían en la calle Monrovia.



Ramírez las sorprendió durmiendo. Atacó a Malvia con un martillo, golpeándole la cabeza mientras gritaba. Luego también martilleó a Wolfe. Le arrancó el camisón que usaba para dormir y violó a la anciana, quien gritaba aterrada y adolorida. Luego la siguió golpeando con el martillo. Tomó entonces un lápiz labial y dibujo en el muslo de la inválida un pentagrama, una estrella de cinco puntas. Dibujó otro en la pared de la recámara. Después robó algo de dinero y se marchó. Las dos ancianas permanecieron agonizantes dos días en su departamento, hasta que la policía las encontró. Los médicos lograron salvar a Wolfe, pero Malvia murió poco después.



La noche del 30 de mayo, Ruth Wilson, de 41 años, se despertó en medio de la noche por la luz de una linterna que brillaba sobre su rostro. Ramírez había roto el cristal de una ventana de su casa y se había introducido. Le ordenó levantarse e ir a la recámara donde dormía su hijo de 12 años de edad. Ramírez puso el cañón del arma contra la cabeza del niño, advirtiéndole a Ruth que no gritara. Luego esposó al chico y lo metió a un clóset. Suponiendo que era sólo un ladrón, Ruth se ofreció a darle a Ramírez su más valiosa posesión: un collar de oro y diamantes. Luego lo llevó a la cómoda de su dormitorio, donde le dio más joyas y dinero, con la esperanza de aplacarlo.



Una vez que le hubo entregado todo, Ramírez le amarró las manos a la espalda con unas pantimedias. Después la empujó sobre la cama, le quitó la bata y la violó. Ella fingió disfrutar la violación, incluso le dijo a Ramírez que era “muy bueno para su edad”. Esto lo hizo sentirse orgulloso, así que le perdonó la vida, le aflojó las amarras y hasta le dio una bata para que se cubriera antes de liberar a su hijo. Se despidió y se marchó. El niño llamó al 911. Ruth Wilson pudo dar a la policía una descripción muy precisa de su atacante. Gracias a eso, se armó el primer retrato robot.



Retrato robot de “El Merodeador Nocturno”


El 2 de julio, Richard Ramírez entró a la casa de Mary Lousie Cannon, de 75 años, ubicada en Arcadia. La golpeó salvajemente, le cortó el cuello y luego saqueó su casa. El 5 de julio, Ramírez volvió a la calle Arcadia para golpear a Whitney Bennett, una joven de 16 años, con un neumático de hierro. Saqueó su casa, después fue a la cocina, comió algunas cosas que había en el refrigerador y bebió leche. Whitney le siguió rogando en la cocina. Ramírez la golpeó varias veces en la cabeza. Necesitó 478 puntos, pero asombrosamente sobrevivió a sus heridas.



Whitney Bennett


El 7 de julio, Ramírez atacó a golpes con una barra de hierro a Joyce Lucille Nelson, de 61 años, en su casa en Monterey Park. Esa misma noche, también en Monterey Park, Sophie Dickman, de 63 años de edad, enfermera registrada, se despertó a las 03:30 horas a causa de un "hombre alto, flaco, vestido de negro". Estaba apuntándole con un arma. Richard Ramírez le dijo que se dedicaba a meterse a las casas para ver a la gente durmiendo, y que si se despertaban mientras las observaba, entonces las mataba. Le ordenó salir de la cama, la condujo a través de la casa y la hizo que le entregara todo el dinero que había en el lugar. Luego regresaron a la recámara, Ramírez le arrancó la bata, la puso boca abajo en la cama y comenzó a violarla analmente. Ella gritaba por el dolor. Ramírez perdió la erección. Se sintió frustrado y humillado ante ella, así que la golpeó y luego se marchó, dejándola viva.



Joyce Lucille Nelson


El 20 de julio, Ramírez fue a una casa en Glendale. Allí vivían Lela y Maxson "Max" Kneiding, de 66 años. Iba estrenando arma; esta vez llevaba un afilado machete. Aunque todas las puertas y ventanas principales estaban cerradas, el asesino destrozó una puerta trasera muy insegura. Se dirigió a la recámara, encendió las luces y comenzó a dar patadas de la cama mientras le gritaba al matrimonio: "¡Levántense y brillen, perras!"



Maxson Kneilling


Ramírez le dio a Maxson un tajo en el cuello con el machete. Luego quiso hacer lo mismo con Lela, pero el arma se le resbaló y se le cayó. Sacó su pistola calibre .22, les apuntó y jaló el gatillo, pero el arma se había atascado. Mientras Ramírez limpiaba el arma, Lela le rogaba por su vida. Terminó y le disparó en la cabeza. Después remató a Maxson a machetazos y se marchó.



Lela Kneiding


El 6 de agosto, Ramírez se dirigió a Northridge, a la casa de Christopher y Virginia Petersen, de 38 y 27 años de edad, respectivamente. Ramírez irrumpió en la casa a través de una puerta deslizante de cristal, que conducía directamente a la sala de estar. Fue al dormitorio, donde Virginia se despertó a causa de la luz de la linterna que brillaba sobre su rostro. Ramírez avanzó hacia ella con ambas manos sobre el arma. Ella gritó y Ramírez le disparó en el ojo izquierdo. La bala atravesó el paladar, destrozó la garganta y salió por la nuca.



Christopher se despertó, confundido y adormilado. Vio el rostro sangrante de su esposa y entonces Ramírez le disparó en la sien derecha. Pero la bala rebotó en el cráneo y no llegó a perforarlo. Christopher atacó a Ramírez, quien disparó dos veces más. Falló los dos tiros. Christopher siguió luchando, consiguiendo arrojar a Ramírez al piso. El asesino consiguió liberarse y salió corriendo, huyendo de la casa de la misma manera que había entrado. Asombrosamente, Virginia sobrevivió al brutal ataque, pero quedó muda, ciega de un ojo y con terribles cicatrices.






Christopher Petersen


El 8 de agosto, Ramírez atacó en Diamond Bar. Elyas Abowath, de 35 años, recibió un disparo en la cabeza mientras dormía. Ramírez amenazó entonces a Sakina, la esposa de 29 años. La obligó a que se dejara realizar sexo oral por él. Después la violó analmente y finalizó forzándola a que le practicara sexo oral a él. Al terminar, se marchó sin matarla.



Elyas Abowath


Ramírez decidió abandonar la zona donde cazaba. Tras el ataque al matrimonio Abowath, cambió de zona hacia el norte. El 18 de agosto, un hombre llamado Peter Pan y su esposa Barbara se encontraban en su cama en el Lago Merced, en San Francisco. Peter Pan, tenía 66 años de edad y era contador. Su esposa tenía 64 años.



Ramírez se introdujo a través de una ventana abierta que no tenía protección. Ejecutó a Peter de un disparo en la cabeza. Luego violó a Bárbara Pan y le disparó en la columna vertebral. Sobrevivió, pero quedó inválida. Ramírez tomó un lápiz de labios y dibujó en una pared un pentagrama, así como una frase de una canción del grupo de rock Judas Priest.



La búsqueda del asesino


El terror se apoderó de San Francisco cuando la policía determinó que la bala que había matado a Peter Pan había sido disparada por “El Merodeador Nocturno”. Para calmar los temores, la alcaldesa Dianne Feinstein habló públicamente acerca de la búsqueda del asesino, pero cometió el error de proporcionar detalles que la policía había pedido mantener bajo confidencialidad, pistas que podían conducirlos a atrapar al criminal.



Una de esas pistas eran las huellas de las botas que Ramírez utilizaba, de las cuales sólo habían entrado a Estados Unidos algunos pares. Cuando Ramírez escuchó a la alcaldesa declarar que tenían huellas de sus botas, se dirigió al puente Golden Gate y arrojó su calzado a un río.



Pero la policía de San Francisco tenía una pista. El dueño del Hotel Bristol afirmó que un joven que encajaba con la descripción de “El Merodeador Nocturno” se había hospedado en su hotel durante el último año y medio. El gerente recordó que el hombre tenía los dientes podridos y olía mal. La policía revisó la habitación donde el sospechoso había dormido y encontraron un pentagrama dibujado en la puerta del baño.



La policía también localizó a un vendedor, quien dijo que había comprado algunas joyas, un anillo de diamantes y un par de gemelos, de un joven que encajaba con la descripción. Las joyas habían pertenecido a Barbara y Peter Pan.



El 24 de agosto, Stalker atacó a otra pareja, esta vez en Mission Viejo, cincuenta millas al sur de Los Ángeles. William Carns, de 29 años, acaba de irse a dormir con su novia. Ramírez se introdujo a la recámara y le disparó a William, hriéndolo gravemente. Su novia despertó y Ramírez la tomó del cabello, arrastrándola al suelo. Le ató las muñecas y los tobillos con unas corbatas. Ramírez le preguntó si sabía quién era él; la chica respondió que “El Merodeador Nocturno”, con lo cual quedó muy satisfecho. Buscó dinero y joyas en la casa, pero casi no encontró nada. Esto lo molestó. Regresó donde estaba la chica, la desnudó y comenzó a violarla. Tras penetrarla vaginalmente, también la violó analmente.



Para liberarse del ataque y del dolor, la mujer le dijo que ella sabía dónde había algo de dinero guardado. "¡Júralo por Satanás!", le exigió Ramírez. Ella juró por Satanás que estaba diciendo la verdad. Ramírez dejó de penetrarla, encontró el dinero, y le exigió a la chica: "¡Jura tu amor por Satán!". "Me encanta Satanás", murmuró ella. Ramírez la arrastró otra vez por los cabellos, la hincó frente a él y la obligó a practicarle sexo oral. Tras la felación, volvió a violarla. Al terminar le apuntó con la pistola, ante lo cual la chica gritó y cerró los ojos. Ramírez se rió de ella, guardó el arma y se marchó. Sus huellas dactilares quedaron por todas partes. La joven llamó al 911.



Mientras Ramírez se iba, un adolescente que había estado trabajando en su motocicleta en el garaje de sus padres, vio el automóvil Toyota color naranja del asesino circulando por su vecindario. Le pareció sospechoso, por lo que anotó el número de matrícula. A la mañana siguiente, llamó a la policía y los alertó sobre el automóvil. Con el número de placa, la policía pudo determinar que el vehículo había sido robado en Chinatown, en Los Ángeles, mientras el propietario cenaba en un restaurante. Se puso un aviso sobre el coche y dos días más tarde lo localizaron estacionado afuera de un McDonald’s.



El auto de Richard Ramírez


La policía mantuvo bajo vigilancia el automóvil durante casi 24 horas, con la esperanza de que el ladrón apareciera, pero no fue así. Un equipo forense revisó el auto y encontró huellas digitales que se enviaron a Sacramento para su análisis. Horas más tarde, el equipo determinó que la huella pertenecía a “El Merodeador Nocturno”.



La policía hizo una búsqueda exhaustiva en un banco de datos de huellas digitales y finalmente la suerte les sonrió. Descubrieron que la huella pertenecía a Richard Ramírez. De inmediato informaron a todos los medios de comunicación. Todos los periódicos de Los Ángeles publicaron la fotografía de Ramírez en la primera plana.



El 31 de agosto, Richard Ramírez regresó a Los Ángeles en un autobús Greyhound, después de visitar a su hermano en su casa de Tucson, Arizona. No tenía idea de que ya lo habían identificado, ni de que su fotografía seguía apareciendo en la primera plana de los diarios. Al llegar a la estación, vio que el área estaba llena de policías, pero logró salir inadvertido. Caminó tranquilamente hasta una tienda de la esquina. Mientras estaba allí parado, los propietarios vieron su rostro y comenzaron a gritar: “¡Es el asesino! ¡Es el asesino!” Ramírez salió de allí, desconcertado, y se encontró de frente con un puesto de periódicos donde estaban los diarios con su fotografía en primera plana.



Aterrado, Ramírez comenzó a correr con un ejemplar del periódico La opinión en la mano. No se detuvo durante cuatro kilómetros, lo que recorrió en doce minutos. Mientras corría, la gente lo miraba, lo señalaba y gritaban: “¡Es él! ¡Es ‘El Merodeador Nocturno’!” Ramírez se dirigió corriendo al centro de Los Ángeles. Intentó robar un auto, pero la gente se lo impidió.






La captura de Richard Ramírez


Saltó varias vallas buscando un automóvil que pudiera robar con facilidad. Vio un Mustang, que pertenecía a un hombre llamado Faustino Pinon. Estaba debajo del auto, revisando el coche. Ramírez se subió al auto e intentó arrancarlo, pero no pudo. Pinon salió de abajo del vehículo y lo agarró de la camiseta, a través de la ventanilla. Ramírez sacó su pistola, pero Pinon se la quitó de un manotazo. Ramírez consiguió arrancar el auto, Pinon no lo soltó y el coche fue a estrellarse contra una barda y después contra un garaje. Pinon sacó a Ramírez del auto, lucharon en el piso, Ramírez se liberó y salió corriendo otra vez.



Se topó con un Ford Granada conducido por Angelina Torres, una mujer de 28 años. Ramírez se metió por la ventanilla y la amenazó con matarla si no le dejaba el vehículo. Angelina gritó, su esposo Manuel Torres escuchó los gritos y corrió desde el jardín trasero a auxiliarla. Tomó un trozo de metal para atacar a Ramírez. Otro vecino, José Burgoin, llamó a la policía. Junto con sus hijos Jaime y Julio, corrió para ayudar a Angelina.



Jaime reconoció a Ramírez. Gritó que se trataba de “El Merodeador Nocturno”. La gente empezó a perseguirlo. Manuel Torres lo golpeó con el tubo de metal en el cuello. Entre todos lo agarraron y empezaron a golpearlo. Ramírez trató de defenderse, pero los vecinos lo superaban en número. Le dieron una golpiza y después lo mantuvieron inmovilizado, hasta que llegó la policía.



Tras su detención, Ramírez fue acusado de catorce homicidios y otros treinta y un delitos graves. La selección del jurado para el caso se inició el 22 de julio de 1988.



La ficha de arresto de Richard Ramírez


El juicio de Richard Ramírez fue uno de los procesos penales más difíciles y más largos en la historia estadounidense.



Los titulares tras el arresto


Se entrevistó a cerca de 1,600 posibles jurados. Más de cien testigos declararon. La defensa de Ramírez alegó que estaba bajo el influjo de las drogas cuando cometió los crímenes, y después intentaron que se considerara a Ramírez mentalmente perturbado.



El juicio de Richard Ramírez




Ramírez se pavoneaba en el Tribunal. Lanzaba frases despectivas hacia los testigos, hacia el Jurado, hacia el Juez. Coqueteaba con las mujeres, quienes, le devolvían siempre la sonrisa.



Ramírez, el coqueto





Los fotógrafos imprimían imágenes suyas todo el tiempo. A Ramírez le encantaba que le tomaran fotos y siempre posaba para los medios.







Un día le mostró a todos un pentagrama que se había marcado en la palma de la mano izquierda. Siempre se despedía diciendo: “¡Viva Satán!”



El desafiante Richard Ramírez






El 3 de agosto, se reveló que algunos empleados de la cárcel iban a proporcionarle a Ramírez una pistola para que asesinara al Fiscal en una de las sesiones del juicio. A raíz de eso, se instalaron detectores de metal en las entradas.




El 14 de agosto, el juicio se interrumpió porque una de los miembros del jurado, Phyllis Singletary, no llegó a la sala de audiencias. Ese mismo día fue encontrada muerta a tiros en su departamento.



El Jurado estaba aterrado, preguntaron si Ramírez había ordenado el asesinato desde el interior de su celda, y si los otros miembros del jurado estaban en peligro.








Richard Ramírez gozaba al saber que causaba ese temor supersticioso en los jurados. Se pavoneaba diciendo que era el líder de un grupo de sicarios, que ejecutarían a todos los que se metieran con él.



Pero Ramírez no era el responsable de la muerte de Singletary, sino su novio, quien luego se suicidó con la misma arma en un hotel.




El 20 de septiembre de 1989, Ramírez fue declarado culpable de trece cargos de asesinato, cinco intentos de asesinato, once agresiones sexuales y catorce robos. El 7 de noviembre fue condenado a muerte; sería ejecutado en la cámara de gas.



Al escuchar la sentencia, Ramírez sonrió y respondió al Jurado: “Gran cosa. La muerte forma parte de mi territorio. ¡Los veré en Disneylandia!”





Richard Ramírez fue enviado al Pasillo de la Muerte en la prisión de San Quintin, en California, una de las cárceles más temidas.



La prisión de San Quintin


Apelaciones tras apelaciones sirvieron para retrasar su ejecución por más de veinte años. La opinión pública exigía que fuera ejecutado, pero sus abogados conseguían que todo se aplazara indefinidamente.



Tras el juicio, Ramírez recibió docenas de cartas de fans, casi en su totalidad mujeres que le manifestaban su amor y su deseo. Otras eran de chicos que le expresaban su admiración y le pedían consejos.



Cartas de fans




Una de sus seguidoras, Doreen Lioy, intercambió con Ramírez casi un centenar de misivas. En 1988, él le propuso que se casaran y ella aceptó. Contrajeron matrimonio el 3 de octubre de 1996.



Doreen Lioy tras su boda con Richard Ramírez




El 7 de agosto de 2006, la Corte Suprema de California confirmó la sentencia de muerte. Y el 7 de septiembre, le negaron la solicitud de una nueva audiencia.





Ramírez impactó a los medios con su salvajismo, su locura y su sordidez. Se rodaron películas, se hicieron camisetas, se llegó al grado de permitirle tener papel membretado con su sobrenombre mortal, para que enviara su correspondencia personal.



El membrete de “El Merodeador Nocturno”


Richard Ramírez inspiró la canción y el opresivo video clip de Tricky, “Hell is around the corner”. La banda de rock AC / DC tuvo demandas por parte de familiares de las víctimas, que absurdamente los responsabilizaban de la conducta de Ramírez, quien mientras se dedicó a diseñar camisetas para grupos de rock pesado, y a prestar su imagen para publicidad de conciertos de rock. Además, logró establecer contacto con sus fans a través de Internet. Podía escribírsele a la prisión, gracias al website de la cárcel. Ramírez se definía a sí mismo como un hombre que hacía ejercicio diariamente, cuidaba su cuerpo y su mente, gustaba de la naturaleza, buscaba amistad y era un artista serio que además necesitaba un corredor que lo representase.



Camiseta diseñada por Ramírez



Richard Ramírez, “El Merodeador Nocturno” murió en la prisión de San Quentin el 7 de junio de 2013, a los 53 años de edad, por insuficiencia hepática. Había evadido, así, la ejecución que pendía sobre su cabeza.





VIDEOGRAFÍA:

Richard Ramírez en Asesinos en serie (en español)
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Biografía de Richard Ramírez “El Merodeador Nocturno” (en español)
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”Hell is around the corner” - Tricky
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”Nocturnal predator” – Legion of the Damned
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HEMEROGRAFÍA:

Dibujos realizados por Richard Ramírez (19 páginas) (doble click sobre la imagen para ampliar y ver todas)



BIBLIOGRAFÍA:

















FILMOGRAFÍA:







DISCOGRAFÍA:


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