David Berkowitz: "El Hijo de Sam"



“Los Demonios quieren chicas, azúcar, picante y todo lo que fascina. Soy el Demonio del Pozo sin Fondo aquí en la Tierra que viene a sembrar la confusión y el terror. ¡Soy Guerra, soy Muerte, soy Destrucción!”.
David Berkowitz


Richard David Falco nació el 1 de junio de 1953 en Nueva York (Estados Unidos). Fue un hijo ilegítimo cuya madre decidió darlo en adopción. Su madre fue Betty Broder, la hija de un matrimonio judío. Se había casado con un italo-americano llamado Tony Falco, a la edad de diecinueve años. Su marido la abandonó seis años más tarde por otra mujer. En 1947 comenzó un romance con un hombre casado, Joseph KIeinnman, que se dedicaba al negocio inmobiliario. Al decirle que estaba embarazada, él contestó que si quería que se siguiesen viendo, debía deshacerse del niño. En vez de abortar, ella prefirió dar al bebé en adopción. Fue adoptado inmediatamente por un matrimonio judío, Nathan y Pearl Berkowitz; quienes no podían tener descendencia. Su madre adoptiva murió de cáncer cuando sólo tenía catorce años. Ellos le dieron el apellido.



La preocupación de un padre (click en la imagen para ampliar)


En 1969, él y su padre se mudaron a la Co-op City del Bronx, una zona supuestamente de clase media. Pero el lugar se volvió peligroso a causa de grupos de pandilleros que aterrorizaban la vecindad. David tuvo fama, de niño, de ser un consentido que se metía con todo el mundo, a pesar de que en la escuela era tímido y sus compañeros le hostigaban. Era grande y fuerte, y un excelente jugador de béisbol, pero siempre prefería jugar con niños más pequeños que él. Uno de sus amigos recordaría que David le propuso una vez unirse a un “Club de Odiadores de Mujeres”.



El joven David Berkowitz en una fotografía escolar


Las notas de David en la escuela cayeron en picado; parecía que había perdido totalmente el rumbo. Durante la adolescencia tuvo un comportamiento asustadizo y tímido con las chicas. Nunca abría la boca delante de ellas. La única chica con la que salió en toda su vida fue una vecina de Co-op City, Iris Gerhardt. A ella le gustaba su carácter cálido y servicial, y decía de él que “Dave era un chico que haría cualquier cosa por ti”. Pero la relación se quedó en lo platónico.



“El Hombre del Dardo” (click en la imagen para ampliar)


Cuando sus amigos empezaron a fumar marihuana, David se quedó fuera: estaba demasiado inhibido para participar. "Mis padres estaban constantemente preocupados por mi comportamiento extraño. Sabían que yo vivía en un mundo imaginario y no podían hacer nada contra los demonios que me atormentaban y controlaban mi mente. Yo quería ayudar a la gente a ser importante”, dijo. Como tantos otros asesinos múltiples, estaba poseído por la necesidad de ejercer algún poder sobre el resto de la gente. Nat Berkowitz se volvió a casar en 1971. Como no se llevaba bien con su nueva madrastra ni con su hermanastra, David Berkowitz decidió alistarse en el ejército. Pasó un año en Corea y se volvió baptista.



David Berkowitz en el Ejército


Su padre se molestó mucho cuando volvió a ver a su hijo después de abandonar el ejército. Berkowitz denunciaba y criticaba el judaísmo y alardeaba continuamente respecto a su nueva fe religiosa. David se colocaba continuamente frente al espejo, golpeándose la cabeza con los puños. El traslado de Nat Berkowitz a Florida fue como si se cerrara otra puerta más. La vida en Co-op City se volvió tan desagradable para él que muy pronto se trasladó a su nuevo apartamento en el 2151 de Barnes Avenue, en el Bronx.



Desde que cumplió los siete años sabía que era un niño adoptado. La soledad lo impulsó a buscar a sus verdaderos padres. El registro de nacimientos indicaba que su verdadero nombre era el de Richard Falco, de Brooklyn. Gracias a una vieja guía telefónica consiguió dar con el número de su madre y su hermana mayor. Echó una postal en el buzón de su madre. A los pocos días ella le llamó. Fue un reencuentro emocionante. También vio a su hermana Roslyn, que en aquel momento tenía 37 años, y pronto se convirtió en un huésped bienvenido en la casa que compartía con su marido y sus hijos. David Berkowitz había encontrado una familia y parecía ser completamente feliz.



Durante los primeros seis meses de 1976 las visitas de David fueron cada vez más infrecuentes y breves. A su hermana le preocupaban los dolores de cabeza de los que se quejaba David. En febrero se había mudado a la casa del señor y la señora Cassara en el lejano New Rochelle. Al cabo de dos meses abandonó este hogar de forma totalmente imprevista y se trasladó a Pine Sqeet, en Yonkers.



Sus primeros intentos de asesinato tuvieron lugar en la Nochebuena de 1975. Hacia las 19:00 horas de ese día condujo hasta Co-op City. Subió y bajó en coche el boulevard hasta ver a una mujer joven de aspecto mexicano. La mujer salía de un supermercado. Berkowitz aparcó su coche y la siguió. Le enterró un cuchillo en la espalda pero la mujer, en vez de gritar, se dio la vuelta, lo miró y lanzó un gemido mientras intentaba agarrarle por las muñecas. Berkowitz dio media vuelta y echó a correr.



De camino a su casa se puso a perseguir a una adolescente de quince años, Michelle Forman. La alcanzó y comenzó a acuchillarla en la espalda y en la cabeza. La joven lanzó un grito desgarrador y cayó sobre la acera retorciéndose de dolor. De nuevo huyó corriendo. La chica consiguió llegar al vestíbulo de la casa en la que vivía con sus padres; después perdió la consciencia. Una de las puñaladas había alcanzado el pulmón, pero aparte de esto sus demás heridas no eran de gravedad. Michelle pasó siete días en el hospital. La otra víctima nunca denunció el ataque y nunca fue identificada.



El poco éxito que tuvo con el cuchillo movió a Berkowitz a conseguir una pistola. En Houston, Texas, un amigo, Billy Dan Parker, compró por cuenta suya un revólver Bulldog calibre .44, por $130.00 dólares. El arma con la que se cometerían los asesinatos de “El Hijo de Sam”.



El revólver de Berkowitz


Una noche, mientras daba un paseo, empezó a charlar con un joven drogadicto que estaba obsesionado con las ciencias ocultas. Era Michael Carr, el hermano de John. Invitó a David a una reunión en el edificio. Entre los invitados también había miembros de una secta satánica llamada “Los Veintidós Discípulos del Infierno”, quienes creían en los sacrificios humanos. Berkowitz se trasladó a Yonnkers, a menos de 180 metros de la casa de los Carr. Sam Carr era un anciano que poseía un perro negro llamado “Harvey”. David Berkowitz se hizo muy cercano a ellos y frecuentaba su casa constantemente. Cuando ellos lo invitaron a unirse a su grupo, David no lo dudó: por fin se sentía integrado. Poco después, consiguió un empleo como cartero. Además, según las primeras versiones, en ese tiempo escribió en las paredes de su departamento: “En este agujero vive el Rey Malvado”; “Matar para el Amo”; “Convertiré a los niños en asesinos”.



Berkowitz con sus amigos


Los asesinatos comenzaron una noche de verano. El 29 de julio de 1976 dos chicas, Donna Lauria de dieciocho años, y Jody Valente de diecinueve, estaban sentadas en su auto a la 01:00 de la mañana, frente a la puerta de la casa de Donna, charlando. Pocos minutos después Donna se despidió de Jody y abrió la puerta del coche. Al hacerlo reparó en un hombre joven que se encontraba a unos cuantos pasos de distancia. Antes de que la puerta se abriera del todo el tipo metió la mano en una bolsa de papel marrón, sacó una pistola y se puso en cuclillas. “¿Pero qué quiere ese tipo?”, dijo Donna en voz alta, más sorprendida que asustada. Entonces el hombre disparó. Una bala la alcanzó en la parte derecha del cuello. La ventanilla se hizo añicos. Donna levantó la mano para protegerse la cara, pero otra bala le atravesó el codo y se quedó alojada en su antebrazo. La joven cayó sobre la acera.



Donna Lauria


Otra bala más alcanzó la cadera de Jody; empezó a gritar, su cuerpo cayó hacia adelante y quedó con la cabeza presionando el claxon. Mike Lauria, el padre de Donna, bajaba en esos momentos por las escaleras para sacar de paseo al perro caniche de su hija. Escuchó los disparos. Salió corriendo. Encontró a Jody con la mano en el claxon gritando: “¡Nos han disparado!” Entretanto su mujer, en estado de shock, observaba toda la escena desde la ventana. Mike acompañó a su hija al hospital, pidiéndole que no se muriera. Pero ya estaba muerta. Jody también fue internada con un ataque de histeria. No obstante, fue capaz de darle a la policía una detallada descripción del asesino: un hombre sin barba, blanco, de pelo rizado y largo, de unos treinta años. Estaba segura de no haberlo visto nunca. También estaba segura de que no se trataba de ningún antiguo novio de Donna.



Los vecinos se habían fijado en un coche amarillo aparcado a una cierta distancia detrás del coche de Jody; pero había desaparecido cuando llegó la policía. La zona donde vivían los Lauria, el North Bronx, era un área predominantemente italiana. La primera idea de la policía fue que el ataque estaba en relación con la Mafia. Parecía ser un caso de asesinato a sueldo que había salido mal; un caso de equivocación de víctima. La investigación reveló que el arma del crimen era un revólver Bulldog del calibre .44, una pistola de tambor de cinco disparos diseñada para matar. De cerca puede hacer un notable agujero en una puerta, pero tiene mucho retroceso, y a más de cinco metros resulta un arma muy poco certera.



Jody Valente


El siguiente asesinato se produjo tan lejos del lugar del primero que nadie pensó que estuvieran conectados. Doce semanas después del asesinato de Donna Lauria, una pareja de jóvenes salía de un bar en la zona adinerada de Queens. Subieron a su auto y condujeron hasta algún sitio en donde pudieran estar solos. El coche pertenecía a Rosemary Keenan, de dieciocho años, estudiante del Queen's College. Su acompañante era Carl Denaro, de veinte años, empleado en una tienda de música como vendedor de discos. Estaba a punto de alistarse en las fuerzas aéreas y celebraba sus últimos días de civil cuando conoció a Rosemary. Carl tenía cabello largo y negro que le llegaba hasta los hombros y estaba sentado en el asiento del copiloto (dos detalles que quizás salvaron la vida de Rosemary Keenan). La persona que se acercó sigilosamente hasta el Volkswagen rojo pensó que era una chica. Esta vez llevaba el revólver del calibre .44 enfundado en el cinturón. Lo sacó y disparó cinco veces a través de la ventanilla. El retroceso le estropeó la puntería; sólo una de las balas alcanzó la parte trasera del cráneo de Carl cuando éste se echó hacia adelante para evitar los trozos de cristal. A pesar de la herida, Carl Denaro había tenido suerte. La bala no había penetrado en la cabeza, sólo afectó a la superficie ósea. En el hospital le pusieron una placa de metal y se recobró del disparo al cabo de dos meses. Pero su sueño dorado, hacer carrera en el ejército, se había esfumado.



Carl Denaro


El siguiente tiroteo también tuvo lugar en Queens. El 27 de noviembre de 1976, alrededor de la medianoche, dos escolares, Joanne Lomino, de dieciocho años, y su compañera de clase Donna DeMasi, de dieciséis, estaban sentadas en los escalones del portal de la casa de Joanne, en la calle 262. Cuando ésta se levantó y buscó sus llaves en el bolso, se fijó en un hombre que caminaba por la acera opuesta de la calle. Lo que asombró a las dos fue el repentino cambio de dirección del hombre después de haberlas visto delante de la casa. Tras cruzar por la esquina, se dirigió hacia las dos chicas. Las dos se quedaron esperando, pensando que venía a preguntarles alguna dirección.



Donna DeMasi


El hombre dijo: “¿Pueden decirme cómo se llega a...?” No terminó la frase. Sacó una pistola de la cintura y disparó sobre ellas. Las dos se precipitaron hacia la puerta mientras que Joanne buscaba frenéticamente la llave. La primera bala la alcanzó en la parte inferior de la columna vertebral; la segunda se incrustó en la nuca de Donna. Las chicas cayeron entre unos arbustos mientras el pistolero disparaba las otras tres balas. Falló con las tres. Un vecino vio cómo el hombre corría por la calle 262 abajo con la pistola en la mano izquierda. Los doctores del hospital Long Island Jewish dijeron que las heridas de Donna no habían sido de gravedad; necesitaría tres semanas para reponerse. Joanne fue menos afortunada: la bala que le atravesó la columna la obligó a pasar el resto de su vida en una silla de ruedas.



Joanne Lomino


Esta vez, los detectives a cargo del caso barajaron la posibilidad de que se tratase del mismo hombre que había asesinado a Donna Lauria y herido a Jody Valente. Pero parecía improbable, porque tanto Joanne Lomino como Donna DeMasi dijeron que la persona que las asaltó tenía el pelo largo y rubio. El vecino que lo vio huir declaró lo mismo. Sin embargo, Jody Valente estaba segura de que el pistolero del Bronx tenía el pelo negro y rizado.



Retrato robot del sospechoso


El 29 de enero de 1977 una joven pareja fue a ver la película Rocky y después, a comer algo en la Wine Gallery de la calle Austin, en Queens. Pasada la medianoche se dirigieron al coche dando un paseo. John Diel tenía treinta años y Christine Freund, veintiséis. Habían sido novios durante algunos años y estaban a punto de anunciar oficialmente su compromiso.



John Diel



Al sentarse en el Pontiac Firebird ambos pensaban llegar pronto a casa, la temperatura estaba por debajo de los cero grados y el aliento había empañado las ventanillas del coche. John le dio un besó a Christine y arrancó el automóvil. Sin previo aviso, la ventanilla del asiento derecho voló por los aires. Un estrépito ensordecedor inundó el vehículo. Al apagarse, John miró a Christine: estaba echada hacia adelante y sangrando. Pocas horas después murió en el hospital de Saint John a causa de una herida de bala en la cabeza.



Christine Freund



Fue entonces cuando los expertos en balística establecieron que la bala que había segado la vida de Christine Freund había sido disparada con un revólver calibre .44 Bulldog. Un arma relacionada con los cuatro tiroteos, incluyendo el de Carl Denaro. Pero las descripciones de los atacantes diferían tanto entre sí que aún nadie pensaba en un mismo asesino.



La búsqueda




Este ocurrió hasta seis semanas más tarde, el 8 de marzo de 1977. Ese día una estudiante armenia, Virginia Voskerichian, regresaba a su casa en Exeter Street. Había pasado el día en la Universidad Columbia, de Manhattan. Eran las 19:30 horas cuando se apartó cortésmente para dejar que un hombre joven la adelantara. Pero éste la encañonó con una pistola. La muchacha intentó protegerse el rostro con sus libros pero a pesar de ello, la bala los atravesó, penetró por la zona de su labio superior y alcanzó el cerebro.



Virginia Voskerichian


Un testigo vio escapar al asesino. Declaró que tendría aproximadamente 1.80 de estatura, que era joven (unos dieciocho años) y que se cubría la cara con un pasamontañas. Virginia Voskerichian yacía en medio del seto que bordeaba la calle. Había muerto instantáneamente. El lugar de su muerte, Forest Hills, no quedaba lejos de donde había sido tiroteada Christine Freund seis meses antes.



La gente leyendo las noticias sobre los asesinatos


No habían pasado diez minutos desde la muerte de Virginia Voskerichian cuando la policía puso en marcha el llamado “código 44”. Dos agentes fueron destinados a la zona sur del Bronx con la orden de detener a todo vehículo con un hombre blanco solo en su interior. David Berkowitz se acercó al control, era el tercero de la fila. Su revólver del calibre .44 estaba en el asiento a su derecha, totalmente a la vista. Pero antes de que llegara su Ford Galaxie a la altura de los agentes, decidieron interrumpir la búsqueda. Posteriormente, el asesino describiría su sorpresa cuando vio que los policías se marchaban sin más.



Un día después del asesinato la policía comprobó que las estriaciones del proyectil eran similares a las de la bala que se disparó sobre la otra víctima. Aunque las descripciones del criminal no concordaran, lo que sí era seguro es que la misma arma había sido empleada para matar al menos a siete personas; y que el criminal elegía sus víctimas al azar. Una muchedumbre de periodistas se reunió en la sala de prensa del edificio rojo de trece pisos de One Police Plaza en Nueva York, en la tarde del 10 de marzo de 1977. Sabían que se trataba de algo importante, pero pocos se imaginaban lo que era. Ninguno sospechaba que el comisario encargado de relaciones con los medios de comunicación estaba a punto de soltar una noticia que causaría la mayor oleada de histeria masiva de la historia de Nueva York.








La voz de Mike Codd no se sobresaltó mientras leía el comunicado oficial. Comenzaba diciendo que los expertos en balística habían establecido una conexión entre los asesinatos de Donna Lauria, muerta a tiros el 29 de julio de 1976, y Virginia Voskerichian, asesinada dos días antes de la conferencia de prensa. Siguió diciendo que la misma arma, un revólver Charter Arms Bulldog del calibre .44, había sido usada en otros tres casos, en los distritos del Bronx y de Queens en Nueva York.



El comisario se sentó en medio de un gran alboroto. Los periodistas se abalanzaban sobre él con preguntas entre los destellos de las cámaras fotográficas. Uno de los reporteros que consiguió superar el vocerío preguntó si se trataba de uno o de varios sujetos. La contestación fue que se buscaba a un hombre de raza blanca, de veinticinco a treinta años de edad, de 1.82 de estatura, complexión normal y cabello oscuro. Al día siguiente, los titulares de los periódicos dejaron bien asentado para toda la población que existía un enemigo público: “El Asesino del Calibre .44”.



Los titulares


El anuncio de la creación de un cuerpo de policía especial, llamado “Operación Omega”, no consiguió devolver la confianza a la población de Nueva York. De hecho, conforme llegaba más y más información a la central de “Operación Omega”, su jefe, el inspector jefe Timothy Dowd, se encontró ante la imposible tarea de seguir unas trescientas pistas diferentes cada día.



Detectives (click en la imagen para ampliar)


El equipo sabía que sus posibilidades de atrapar a un asesino solitario en las calles de una gran ciudad eran bastante remotas. Al mismo tiempo que la policía decidía la creación del equipo especial, el hombre que estaban buscando se dedicaba a escribirles una carta. Fue redactada a lo largo de dos días y escrita en letras mayúsculas. Lo único que necesitaba el asesino era una ocasión idónea para hacerla llegar a las manos policiales. Claro que podría haberla mandado por correo, pero utilizar ese medio hubiera resultado, en cierto sentido, decepcionante.



El 16 de abril de 1977 otra joven pareja pasó la tarde en el cine, y después se fue a una fiesta. A las 03:00 de la mañana del día siguiente, el Mercury Montego prestado en el que se encontraban estaba aparcado al lado de una valla metálica en la zona del Bronx. El sitio no quedaba lejos de donde había sido tiroteada la primera víctima, Donna Lauria. Valentina Suriani, de dieciocho años, estaba sentada en las rodillas de su novio, David Alexander Essau, de veinte años. Las piernas las tenía apoyadas en el asiento a la derecha del conductor. El largo beso de buenas noches fue interrumpido por las balas que destrozaron la ventanilla delantera. Los dos proyectiles penetraron en el cráneo de Valentina matándola en el acto. Las dos balas siguientes alcanzaron a Alexander en la cabeza cuando intentaba inclinarse hacia la puerta de la derecha. Moriría al cabo de dos horas.



Valentina Suriani y David Alexander Essau (click en la imagen para ampliar)


Uno de los primeros policías que llegaron al escenario del crimen percibió algo a cierta distancia del coche, en medio de la calle: un sobre blanco. Estaba allí a propósito, en un sitio donde nadie podría haber dejado de verlo, y su destinatario era el capitán Joe Borelli, el adjunto de Timothy Dowd.



Las cartas de “El Hijo de Sam”




Decía: “Saludos desde las grietas en las aceras de Nueva york y de las hormigas que moran en estas grietas y se alimentan de la sangre seca del muerto, que se ha acumulado en las grietas. Saludos desde las alcantarillas de la ciudad de Nueva York, que se llenan con mierda de perro, vómito, vino rancio, orina y sangre”.





La carta aclaró una cosa: “El Asesino del Calibre .44” estaba loco o pretendía que lo creyeran loco. Creía que su padre, un tal “Sam”, le ordenaba matar. Sam era un vampiro, una especie de demonio que tenía seis mil años de edad. A pesar de los vaivenes lunáticos de la carta y de que declaraba querer a la gente de Queens, especialmente a las mujeres, decía que tenía la intención de matar a más. Firmaba como “Señor Monstruo” (“Mister Monster”).



La “Carta Borelli” (click en la imagen para ampliar)


Desafortunadamente, cuando la carta llegó al departamento de huellas dactilares había sido tocada por varios policías. Pero incluso después de eliminar las huellas conocidas no mejoraron las expectativas. El autor había sujetado el papel con la mismísima punta de los dedos y no se podía obtener una marca que permitiese identificarlo. Por el momento, la denominada “Carta Borelli” se mantuvo en secreto. El único que consiguió verla fue un periodista llamado Jimmy Breslin. Publicó fragmentos en su columna del Daily News (por ejemplo, la costumbre que tenía el asesino de escribir “mujeres” de forma que rimase con “demonios”). Esto quizá explique por qué el asesino envió el 30 de mayo una carta dirigida a Breslin desde un buzón de Englewood, Nueva Jersey. Para mejorar la tirada, el Daily News sólo publicó algunas partes curiosas; finalmente, cuando parecía que el interés empezaba a decrecer, salió la carta completa. Era un texto contradictorio, tan críptico y aparentemente incoherente como la “Carta Borelli”.



La “Carta Breslin” (click en la imagen para ampliar)


Una de las hojas de la “Carta Breslin” no fue publicada a petición de la policía. La razón era que se hacía referencia al National Crime Information Center (Centro Nacional de Información Criminal), una institución que la policía prefería mantener en secreto. Justo en esta parte de la carta el autor había enumerado una extraña lista de nombres sugiriendo que quizá fueran una ayuda para la investigación policial: “El Rey Malvado”, “Los Veintidós Discípulos del Infierno” y John “Wheaties”, a quien se refería como un violador y asesino por asfixia de chicas jóvenes. Daba la impresión de que los nombres eran una invención del autor de la carta, pero lo raro era que hubiese escrito el nombre de John “Wheaties” entre comillas, como si fuera el apodo de alguna persona real. Sin embargo, la policía no consiguió sacar nada en claro. La carta no facilitó la persecución del asesino; si los desvaríos de la carta constituían una especie de código, nadie poseía la clave para descifrarlo. La carta tuvo otro efecto: la prensa adoptó el sobrenombre con que “El Asesino del Calibre .44” firmó su nueva carta: “El Hijo de Sam”. El nuevo nombre hizo eco en la conciencia colectiva y de inmediato se popularizó.



El 10 de junio de 1977, Sam Carr recibió una llamada de un hombre desde New Rochelle, en Long Island Sound. El nombre de aquella persona era Jack Cassara. Quería saber por qué Sam Carr le había enviado una nota con un afectuoso saludo en la que le decía compartir su pena por el accidente que había sufrido: una caída desde el tejado. Jack Cassara no se había caído de su tejado, ni siquiera estuvo jamás en él. Carr contestó que estaba igualmente perplejo e invitó al matrimonio a su casa para discutir el asunto. Los Cassara le fueron a visitar en el 316 de Warburton Avenue (un trayecto en coche de unos veinte minutos) y se presentaron ante él.



El misterioso Sam Carr y su perro “Harvey”


Sam vio la nota y les confió que también él había recibido algunas cartas extrañas. En ellas se quejaban de su perro, “Harvey”, un labrador negro. El 27 de abril de ese mismo año alguien penetró en el patio trasero de su casa e hirió al perro de un tiro. El perro se había repuesto, pero la policía no pudo averiguar de quién procedían las notas anónimas. En octubre del año anterior alguien había lanzado un cóctel-molotov, a través de la ventana, pero consiguió extinguir el fuego antes de que produjera daños más graves. Y otra cosa: uno de sus vecinos había recibido llamadas telefónicas amenazantes, y también cartas, la víspera de Navidad, el año anterior. Alguien había disparado varias veces a través de la ventana y matado a su pastor alemán. Para rematar el misterio, la nota de felicitación de los Cassara tenía por el anverso la foto de un pastor alemán.



Preocupados y extrañados, los Cassara volvieron a su casa. Cuando le dijeron a su hijo lo que había ocurrido, éste les hizo una sugerencia. El año anterior un hombre llamado David Berkowitz había alquilado en su casa una habitación encima del garaje. Se había quejado del pastor alemán y abruptamente desapareció al cabo de unas semanas, sin siquiera tomarse la molestia de reclamar su depósito de doscientos dólares. El señor Cassara buscó en la guía telefónica local, y encontró a un tal David Berkowitz en el 35 de Pine Street, en Yonkers. Llamó a Sam Carr: “¿Oiga, queda Pine Street cerca de donde usted vive?” “Es justo a la vuelta de la esquina”, respondió Carr. Ahora estaban seguros de que Berkowitz era el incendiario y el asesino de perros. Sam avisó a la policía de la zona. Pero cuando le preguntaron si tenía alguna prueba concreta tuvo de admitir que no la tenía. El agente que le atendió le explicó que sin pruebas no podía hacer nada, no podía basarse simplemente en sospechas.



Las víctimas (click en la imagen para ampliar)


Tres semanas después de la publicación de la “Carta Breslin”, el 25 de junio, una estudiante de diecisiete años del Bronx, Judy Plácido, que estudiaba en la misma escuela que Valentina Suriani y había asistido a su funeral, celebraba su graduación en una discoteca llamada Elephas, en Queens. Allí se encontró con un chico de buena presencia, Salvatore “Sal” Lupo, empleado en una gasolinera. Cuando la joven decidió que era hora de irse a casa, el muchacho se prestó a acompañarla, la rodeo con su brazo por encima de los hombros y emprendieron el camino. Mientras paseaban, la pesadilla de “El Hijo de Sam” se convirtió en realidad. La ventanilla del vehículo explotó bajo el impacto de una bala. Atravesó la muñeca de Salvatore y se alojó en el cuello de Judy. El siguiente proyectil estaba destinado a su cabeza pero no llegó a penetrar en el cráneo. Otro disparo la alcanzó en el hombro derecho. El acompañante, aturdido y desconcertado, salió del coche y echó a correr hacia la discoteca para pedir ayuda. Pero el tiroteo había cesado y el atacante había huido. Como tantas otras de las víctimas, Judy no era consciente de haber sido alcanzada, y se sorprendió al ver su cara ensangrentada en el espejo retrovisor. Se bajó del coche y corrió hacia las luces de la discoteca. Pero cayó al suelo antes de haber recorrido los pocos metros que la separaban del local.



Salvatore “Sal” Lupo con sus amigos, minutos antes del ataque


En el hospital, Salvatore fue tratado de las heridas producidas por la bala en su muñeca y por un trozo de cristal clavado en su pierna. Judy, increíblemente, no había sufrido heridas de gravedad. Ninguno de los dos había podido ver claramente al pistolero. Pero tres manzanas más lejos un testigo había visto huir a un “hombre blanco y regordete”. “El Hijo de Sam” quizás fuera una maldición para las discotecas y bares de Nueva York, pero fue toda una bendición para los propietarios de periódicos. Todas las ediciones del día después del último tiroteo se agotaron completamente. Los diarios incluso se anticipaban a otro crimen. En la “Carta Breslin” había una línea que decía: “¿Qué te parece a ti, Jim, qué es lo que pasará el 29 de julio?” Era la fecha del primer asesinato de “El Hijo de Sam”, el de Donna Lauria. ¿Pretendía celebrarlo con otro asesinato? El alcalde Abraham Beame, justo antes de presentarse a las elecciones, declaró que incrementaría el personal del Equipo Omega. La víspera del aniversario del asesinato de Donna parecía que por las calles sólo circulaban coches patrulla. Pero la noche del 29 de julio, viernes, transcurrió sin que se registrara el mínimo incidente.



Un año después de su arresto, David Berkowitz describió detalladamente los elaborados planes que trazaba para sus asesinatos. Aunque recorrió muchos barrios de Nueva York en busca de nuevas víctimas, la zona de Queens se convirtió para él en una especie de obsesión. Era un área residencial de clase media y Berkowitz estaba familiarizado con las calles y todas las posibles escapatorias. También estudió las tácticas policiales, y, al cabo de un tiempo, era capaz de reconocer los coches y camionetas utilizadas por agentes vestidos de paisano. “Me enfadaba cuando fallaba, porque me costaba mucho preparar una acción; para mí suponía un riesgo muy grande...”, declaró.



En el cálido verano de 1977, el 31 de julio, dos hermanas de Brooklyn dedujeron que sus posibilidades de convertirse en la próxima víctima de “El Hijo de Sam” eran mínimas, de uno contra varios millones. Decidieron salir a cenar. Stacy Moskowitz, de veinte años y Riccki, su hermana menor, de quince años, estaban reservando mesa en el local cuando se les acercó un muchacho joven, de buena presencia, y les preguntó si podría cenar con ellas. Se presentó con el nombre de Robert “Bobby” Violante. Al despedirse, Stacy aceptó quedar con él para el día siguiente e ir al cine por la tarde. La película fue una decepción. Pero ambos se habían caído bien y pensaron en comer algo antes de buscar un lugar tranquilo en donde poder estar solos.



Robert “Bobby” Violante


Hacia la 01:45 horas, el chico aparcó su coche bajo un poste de luz, en Shore Parkway, justo enfrente de una pista de deportes al aire libre. La zona era una especie de rincón íntimo para parejas de amantes. De hecho otra pareja, Tommy Zaino y Debbie Crescendo, acababa de abandonar el sitio en donde había aparcado Robert. Les pareció que la luz de la lámpara atraía la atención sobre ellos. La luna llena inundaba el Parkway, casi como si fuera de día. Tenía un aire romántico y Bobby sugirió dar un paseo por el parque. Caminaron hacia un puente, estuvieron unos cuantos minutos apoyados en la barandilla, y volvieron al coche. Al pasar al lado de los servicios públicos se fijaron en un hombre vestido con jeans apoyado en la pared. Pero al volver del paseo, el hombre se había ido.



El automóvil de Violante


En el coche se besaron. Sin embargo, Stacy dijo: “Vámonos”. “Espera un minuto más...”, contestó Bobby Violante y volvió a besarla. El beso fue interrumpido por el estrépito de un disparo. Violante no lo oyó: el impacto de las dos balas en su cara le había destrozado los oídos. Lo único que percibía era una especie de zumbido. Pero sintió que ella, aún en sus brazos, se movía violentamente, como si tuviera espasmos. Cuando cayó hacia adelante no pudo verla. Los disparos le habían reventado los globos de los ojos, dejándolo ciego.



Robert Violante trasladado tras el ataque


A pocos metros de distancia, Tommy Zaino había sido testigo de toda la escena a través del espejo retrovisor de su automóvil. Había visto al hombre, un sujeto regordete de pelo liso y rubio, y cómo se aproximó al vehículo. Sacó un revólver, se agachó y disparó cuatro veces por la ventanilla bajada.



Stacy Moskowitz


Inmediatamente, Zaino supo lo que estaba pasando. Su novia le preguntó, “¿Qué ha sido eso?” Pero él le gritó: “Baja la cabeza, creo que es ‘El Hijo de Sam’”. Momentos después, el pistolero escapaba corriendo del parque. Eran exactamente las 02:35 de la madrugada. Stacy Moskowitz murió treinta y ocho horas más tarde en el hospital. Bobby Violante sobrevivió, pero quedó sordo y ciego para el resto de su vida.



Esta vez, la policía tenía un testigo y una descripción clara del asesino. Tommy lo había visto muy bien gracias a la luna llena y a la lámpara que iluminaba la calle. Pero el detective John Falotico enseguida se dio cuenta de los problemas que presentaba su declaración. Jody Valente, la superviviente del primer ataque, había dicho que el hombre tenía pelo negro y rizado. Donna DeMasi y Joanne Lomino, las dos escolares tiroteadas en el césped, declararon que tenía pelo largo y rubio. Por lo tanto, o los pistoleros eran dos, o se trataba de uno que llevaba una peluca rubia. De hecho, cuando se produjeron los disparos sobre Stacy y Bobby, había muchos testigos en el parque. Varias personas habían visto un Volkswagen amarillo aparcado a la entrada del campo de deportes. A una muchacha montada en una bicicleta la siguió un coche pequeño y amarillo y hasta llegar a casa la muchacha pedaleó frenéticamente.






El cadáver de Stacy Moskowitz


Una chica y su novio, que estaban sentados a la entrada del parque, habían oído los disparos y visto a un hombre corriendo. Llevaba una cazadora vaquera y lo que les pareció una peluca barata de nylon. Se metió en un coche de color claro y desapareció. Ella le comentó a su novio: “Parece como si acabara de atracar un banco”. Una niñera oyó los disparos y se asomó a la ventana con el tiempo justo para ver cómo se alejaba un automóvil amarillo. Quién lo conducía lo hacía tan rápido y descuidadamente que casi chocó con otro vehículo en el primer cruce; el conductor gritó un insulto por la ventanilla. El otro conductor se sintió tan ofendido que persiguió al Volkswagen a lo largo de varias manzanas antes de perderlo. Dijo que la persona que estaba al volante tenía pelo castaño liso. Estando así las cosas, la testigo más importante decidió salir de su anonimato. Se trataba de Cacilia Davis, una viuda de 49 años de edad; el motivo para permanecer callada fue, sencillamente, el temor a que “El Hijo de Sam” se vengara de ella.



Nota sobre el ataque a Stacy Moskowitz


La noche del tiroteo sobre Moskowitz, la señora Davis volvía de una cena con un amigo. Poco después de las 02:00 de la madrugada se encontraban charlando en su coche en la puerta del apartamento, a dos edificios de distancia del parque, donde permanecieron hablando durante algunos minutos. Como habían tenido que aparcar en triple fila, ella estaba atenta por si venían otros vehículos, mirando a uno y otro lado de la calle. Se fijó en un coche de policía que estaba a cierta distancia, delante suyo; y detrás, en un coche de color amarillo pálido aparcado al lado de una boca de agua para bomberos, lo cual constituye un delito en la mayoría de las ciudades estadounidenses. Mientras Cacilia miraba, un joven se dirigió al coche amarillo, un Ford Galaxie, y cogió con visible irritación una multa de tráfico del parabrisas. La multa la habían colocado allí dos agentes de tráfico unos minutos antes; los mismos que patrullaban la zona en el coche policial.



Multa de aparcamiento indebido (click en la imagen para ampliar)


La señora Davis invitó a su amigo a tomar un café en su casa. Él rehusó diciendo que ya eran las 02:20 de la madrugada. En ese momento el coche de policía arrancó y se fue. El Ford Galaxie llegó a la altura del coche en el que estaban ambos amigos y empezó a tocar la bocina para hacer notar que no quedaba sitio para pasar. Cacilia Davis se despidió y salió rápidamente del coche. Al hacerlo observó que el sujeto del otro vehículo era un hombre joven de pelo negro. Ella esperó a que su amigo se fuera. El hombre joven le siguió y a la primera oportunidad lo adelantó. Después se lanzó a toda velocidad detrás del coche de la policía. Algunos minutos más tarde, la mujer salió de su apartamento para pasear al perro antes de acostarse. En el parque se fijó en tres coches aparcados: el de Bobby Violante, el de Tommy Zaino y una furgoneta Volkswagen.



Al volver vio a un hombre de pelo oscuro vestido con una cazadora vaquera caminando por la calle, aún lejos de los coches. La miró fijamente, con odio, y la puso nerviosa. Aceleró el paso para volver a su departamento. El hombre caminaba con el brazo derecho pegado al costado y completamente recto, como si llevase algo en la mano. También notó que era muy parecido al que había visto antes en el Ford Galaxie. Hasta el martes 2 de agosto, dos días después del tiroteo, no le dijo nada a nadie. En esa fecha comentó el hecho con dos amigos íntimos. Había decidido no ir a la policía por si “El Hijo de Sam” intentaba suprimir a un testigo clave. Desde luego, tenía razones para estar nerviosa. Cuando les contó lo referente a la multa por aparcamiento, los agentes se dieron cuenta de que podría tratarse de una pista esencial para desvelar la identidad del asesino y comprendieron que ella podía estar corriendo un peligro real. Si el hombre que la miró fijamente era el asesino, sabía que lo había visto una señora con un perrito blanco y pequeño. Finalmente, la convencieron y sus amigos llamaron a la policía.



Mapa de los crímenes (click en la imagen para ampliar)


El detective Joseph Strano visitó a la señora Davis y le tomó declaración. Estaba más interesado por el hombre joven que la miró fijamente, y menos en el Ford Galaxie amarillo y su conductor. Al fin y al cabo parecía bastante inverosímil que “El Hijo de Sam” hubiese hecho sonar el claxon con impaciencia en un vecindario densamente poblado, un delito menor, y que después se hubiese lanzado detrás de un coche patrulla. Además, el tiroteo se había producido después de que ella abandonara el parque, a las 02:33 a.m. El Galaxie había desaparecido de la zona unos quince minutos antes de que Cacilia Davis saliera del parque. Y Tommy Zaino había descrito al criminal como un hombre de pelo liso y rubio, mientras que el conductor del Ford lo tenía corto y oscuro. Esas fueron las razones por las que el informe de Strano no levantó gran expectación entre los integrantes del Equipo Omega. La señora Davis cada vez estaba más nerviosa. Había hablado con la policía porque temía que el criminal volviese en busca de una mujer con un perro pequeño y blanco. Y ellos, aparentemente, no le hacían el menor caso.



Strano se entrevistó una segunda vez con ella. Entonces lo amenazó con ponerse en contacto con los medios de comunicación de forma anónima. El detective le respondió que, de acuerdo con lo que decía la policía de la zona, esa noche nadie había puesto multas. Como ella insistía, el agente trajo consigo a un dibujante para hacer un retrato del hombre del parque. Incluso la acompañó por las tiendas para buscar una cazadora similar a la que llevaba. Era importante averiguar si la noche del crimen se habían puesto o no multas. Si efectivamente se habían puesto, probaría que la señora Davis estuvo en la zona a la hora en cuestión; y que su descripción del hombre de mirada terrorífica había que tomarla en serio. Se siguió buscando la misteriosa sanción. Pero era necesario darse mucha prisa, al fin y al cabo, el asesino era un hombre rubio que conducía un coche amarillo que se encontraba aparcado dos manzanas más allá del Ford Galaxie. El nueve de agosto, diez días después del tiroteo, fueron localizadas las multas de aquella noche.



La multa


Tres de los cuatro coches sancionados fueron eliminados rápidamente por no ser del tipo Ford Galaxie. El cuarto, número de matrícula 561-XLB, estaba registrado a nombre de David Berkowitz, que vivía en Pine Street 35, en Yonkers. Se envió al detective James Justus para comprobar quién era Berkowitz. Llamó a la comisaria de Yonkers y para ello hubo de hablar con una operadora llamada Wheat Carr.



El automóvil de Berkowitz



Al decirle que estaba trabajando en el caso de “El Hijo de Sam” y que debía verificar la existencia de un tal David Berkowitz, le sorprendió el grito de la chica: “¡Oh, no! ¡Oh, no!” “¿Por qué dice eso?”, preguntó el policía, “¿Por casualidad le conoce?” La respuesta lo sorprendió aún más: la telefonista le dijo que ese hombre era precisamente el que ella creía que podía ser el asesino. La familia de Wheat Carr tenía buenas razones para conocer a David Berkowitz. Les había enviado cartas anónimas, había intentado incendiar su casa y disparado sobre su perro “Harvey”, hiriéndolo, y los había acusado de ser practicantes de cultos satánicos.




Otro de los vecinos de David Berkowitz también se había quejado de recibir cartas anónimas. Era un agente de policía del condado, Craig Glassman, quien vivía justo debajo del apartamento de Berkowitz. El seis de agosto de 1977, una semana después de los sucesos Moskowitz, alguien incendió un montón de basura frente a la puerta de Glassman. Apagó el fuego antes de que causase mayores daños y notificó el incidente a la policía. También les enseñó dos cartas anónimas que le habían enviado recientemente. El autor parecía pensar que su vecino era un espía que estaba contratado por Sam Carr. Por eso vivía en su bloque de apartamentos. Acusaba a Glassman y a los Carr de formar parte de un grupo mágico destinado a capturarle. El policía que estudió la carta reconoció inmediatamente la escritura: era la del hombre que había estado investigando, David Berkowitz.



El departamento de Berkowitz


Pero, a pesar de todo esto, nadie fue al domicilio de Berkowitz para arrestarle. Estaban buscando un hombre con cabello liso y rubio que conducía un coche amarillo. Y la policía de Yonkers informó que Berkowitz no encajaba con la descripción. Hasta el mediodía del miércoles 10 de agosto de 1977 los detectives Ed Ligo y John Longo no fueron enviados a Yonkers para comprobar el asunto. Ligo reconoció el Ford Galaxie de Berkowitz aparcado afuera del edificio. Echó un vistazo por la ventanilla trasera. En el asiento de atrás había una bolsa: por la abertura asomaba el cañón de un rifle. En principio no era nada ilegal, pero a pesar de todo el policía abrió la puerta y observó más de cerca el Comando Mark III, un arma tremenda que normalmente no solía encontrarse en posesión de un ciudadano medio. Seguidamente miró en la guantera. Allí había un sobre dirigido al inspector Timothy Dowd, el jefe del Equipo Omega. Contenía una carta con una amenaza: un tiroteo en la zona de Long Island. Corrió hasta el teléfono más cercano. “Creo que le tenemos”, le dijo al sargento James Shea, del Equipo Omega.



El arresto de David Berkowitz




Seis horas después, David Berkowitz, con su aspecto torpe, cara de ángel y cabello oscuro, salió del bloque de apartamentos en Pine Street 35 y subió al Ford Galaxie. Instantes después una persona dio unos golpecitos en el cristal de la ventanilla del conductor, y el asesino se topó con el cañón de una pistola frente a su rostro. “¡No respires!”, le gritó el inspector William Gardel. “¡Policía!” David Berkowitz, aparentemente tranquilo, le sonrió.





El detective John Falotico abrió la puerta opuesta apuntando con su revólver calibre .38 a la cabeza del detenido. Le ordenó que saliera del coche. Este se bajó y apoyó ambas manos sobre el techo del vehículo. “¿Quién eres?”, preguntó Falotico. Berkowitz volvió su cara de niño y miró al detective: “Tú lo sabes. Tú sabes a quién tienes”. El policía interrogó: “Dime a quién tengo”. Berkowitz sonrió nuevamente y entonces dio su respuesta inmortal: “Soy ‘El Hijo de Sam’”.





En el One Police Plaza, Berkowitz confesó alegremente ser culpable de todos y cada uno de los crímenes. También admitió ser el autor de las cartas. En su segunda declaración, explicó que su vecino, Sam Carr, le había ordenado cometer los asesinatos. Las órdenes se las transmitía el perro endemoniado de Sam, “Harvey”, quien además le hablaba, dándole órdenes de salir a asesinar mujeres. Berkowitz atribuyó al animal poderes sobrenaturales. Dijo que sus ladridos lo obsesionaban, pues el animal no cesaba de ladrar durante toda la noche y no lo dejaba dormir. Por ello, afirmó, le había disparado y lo había matado, pero el perro era inmortal o había resucitado, llegando incluso a aparecérsele dentro de su departamento para ordenarle que matara a más chicas. Berkowitz afirmó que cuando salía de caza por las calles lo acompañaban voces demoníacas que le decían lo que tenía que hacer.





El detenido estuvo tan bien dispuesto y amable que el interrogatorio sólo duró media hora. Al cabo de doce meses y por una casualidad, el Equipo Omega había capturado a su hombre. El juicio duró poco tiempo: un jurado condenó a Berkowitz a 315 años de cárcel.



Los titulares tras la captura



El sargento Joseph Coffey, quien dirigió el interrogatorio inicial, resumió sus impresiones con estas palabras: “Siento pena por él; el tipo es un retorcido vegetal”. Parecía que el caso de “El Hijo de Sam” estaba cerrado.



La policía había atrapado al asesino que tantos quebraderos de cabeza les proporcionó y que exigió tanto empeño en la tarea. Berkowitz había confesado actuar en solitario. Pero si esto era así, las pruebas contra él se contradecían en muchos puntos. El testigo del último ataque, Tommy Zaino, describió al asesino como un hombre con cabello lacio y rubio. Berkowitz lo tenía corto y oscuro. La señora Cacilia Davis, quien le identificó como el hombre que había visto cerca de su bloque de apartamentos, se cruzo con él minutos antes de que se oyeran los disparos en el parque. En ese momento el asesino se alejaba del escenario del crimen.






La policía presenta el arma homicida


Y aún quedaba el hombre de pelo rubio que se metió en el Volkswagen amarillo y casi choca con otro vehículo en el cruce. Aunque Berkowitz hubiese llevado una peluca en alguno de los ataques, era mucho más alto que la descripción hecha por testigos del hombre rubio.



Estas anomalías le llamaron la atención a un joven periodista de investigación, Maury Terry. Este había nacido en Yonkers; por lo tanto, estudió los asesinatos de “El Hijo de Sam” con ávido interés. Por lo que él podía deducir, era imposible que Berkowitz hubiera podido disparar sobre Stacy Moskowitz y Bobby Violante a menos que Zaino y la señora Davis estuviesen equivocados. Terry entrevistó a ambos, y ambos confirmaron sus declaraciones. La señora Davis también le contó algo que no había declarado antes. Era la extraña historia de cómo ella y su acompañante masculino habían visto a Berkowitz abandonar la zona, tocando la bocina, un cuarto de hora antes de verlo cerca de su departamento. Parecía inverosímil que un hombre llevando un revólver Bulldog .44 reclamado por la policía se pusiese a llamar la atención sobre sí mismo tan temerariamente.



Terry se entrevistó con el testigo que había visto el coche amarillo y a su conductor rubio. Pero todos confirmaron sus primeras declaraciones. Era como si en realidad hubieran existido dos hombres; como si Berkowitz hubiera tenido un cómplice culpable del tiroteo sobre Stacy Moskowitz y Bobby Violante. Claro, también podían estar equivocados los testigos; la mayoría de la gente a quien confió sus dudas pensó que era ese el caso. Sin embargo, cuanto más indagaba, más se convencía de que Berkowitz no podía haberlo hecho solo.



Berkowitz durmiendo en su celda


No cabía ninguna duda de que era el hombre que había matado a la primera víctima. Donna Lauria, la descripción de Jody Valente lo dejaba bien claro. Pero no tenía nada que ver con el hippie de pelo rubio o el sujeto de la cazadora de cuero que había sido visto disparando sobre las dos escolares en el césped. La confesión del detenido estaba plagada de puntos oscuros y aún quedaba otro extraño problema: de acuerdo con lo dicho por el asesino, nunca había visto a Sam Carr, el hombre cuyo “perro endemoniado” le ordenó que cometiese los asesinatos.



“Sam” duerme (click en la imagen para ampliar)


Sam Carr decidió mentir y confirmó esto. Según él, aunque la casa de Berkowitz era visible desde su piso, nunca había tenido noticias suyas hasta recibir la carta de los Cassara y leer lo relativo a su excéntrico ex huésped. No obstante, Berkowitz estaba tan obsesionado con Sam Carr que incluso eligió, aparentemente, denominarse a sí mismo “El Hijo de Sam” en su honor.



De hecho, Sam Carr tenía dos hijos, John y Michael; ambos odiaban a su padre. Cuando el periodista averiguó que el sobrenombre de John Carr era “Wheaties”, recordó dónde lo había visto antes: en la carta de “El Hijo de Sam” al periodista Jimmy Breslin. Evidentemente, John Carr era un testigo que podría esclarecer algo más en el enmarañado asunto. El deseo de entrevistarlo se hizo tanto más urgente desde el momento en que Terry averiguó que el aspecto de John era el de un hippie de cabello liso y rubio.



Fue en este momento en el que Terry supo algo que le hizo estremecerse. Berkowitz parecía sufrir una obsesión con los perros, sobre todo los pastores alemanes. En Walden, Nueva York, a sólo una hora en coche desde Yonkers, se habían encontrado a ochenta y cinco pastores alemanes y dobermans despellejados. Todos durante el año de los crímenes de “El Hijo de Sam”.



Las víctimas (click en la imagen para ampliar)


Aún habían encontrado más en la zona de Yonkers, en Untermeyer Park. El adolescente que le contó a Terry la historia sobre el parque, añadió que era el lugar en el que una secta adoradora del demonio celebraba sus rituales. El sitio era idóneo: bosques tupidos y aislados. Terry ya había estado siguiendo algunas pistas satánicas extraídas de las cartas de “El Hijo de Sam”; lo último parecía confirmar que Berkowitz había tomado parte en los rituales sangrientos de algún tipo de culto satánico.



Al fin, la fama (click en la imagen para ampliar)


La policía, al igual que todas las demás personas con quienes habló, desechó la idea. El periodista se obsesionó más que nunca intentando encontrar al huidizo John “Wheaties” Carr. Finalmente, en octubre del año 1978, conoció su paradero. Pero era demasiado tarde: John Carr estaba muerto. Lo habían encontrado con un disparo en un pequeño pueblo de Dakota del Norte llamado Minot. El veredicto final fue suicidio; se había disparado un tiro en la boca con un rifle en el dormitorio de una amiga suya. Sin embargo, la policía de Minot parecía más inclinada a considerar que se trataba de un asesinato.



John Carr (click en la imagen para ampliar)


Al lado de su cuerpo se habían escrito torpemente con su propia sangre unas cuantas letras que sugerían lo siguiente: "SSNYC". Pero un hombre que se dispara en la cabeza con un rifle muere inmediatamente. Parecía que los asesinos lo habían golpeado violentamente, que éste había caído al suelo y escrito las letras, que los criminales habían vuelto después de salir a buscar una escopeta y que le dispararon en la boca. Las letras sugerían inequívocamente un mensaje, unas iniciales: “Son of Sam. New York City” (“Hijo de Sam. Ciudad de Nueva York”).



El cadáver de John Carr


Cuando Terry supo que en la mano de Carr se habían escrito el número 666 con sangre, ya no tuvo ninguna duda: se trataba de alguna clase de culto satánico. Las pesquisas de la policía de Minot también sacaron a la luz que John Carr mantenía contacto con un grupo ocultista y que conocía a David Berkowitz. Su amiga y novia declaró que al ver las imágenes del arresto de “El Hijo de Sam” por la televisión, Carr exclamó: “¡Oh, mierda!”



Las investigaciones de Terry, al principio despreciadas como locuras de un periodista en busca de celebridad rápida, fueron tomadas ahora más en serio. El fiscal de Queens, impresionado por los resultados, reabrió el caso. El reportero localizó a gente que había conocido a Berkowitz y en seguida se dio cuenta de que el “monstruo loco” no era en absoluto un solitario. Tenía un grupo de conocidos sorprendentemente grande.



Berkowitz durante su estancia en la cárcel


En 1975, un año antes de que empezaran los asesinatos, Berkowitz había ocupado un apartamento en Barnes Avenue, en el Bronx. Una noche, mientras daba un paseo, empezó a charlar con un joven drogadicto que estaba obsesionado con las ciencias ocultas. Era Michael Carr, el hermano de John. Invitó a David a una reunión en el edificio. Entre los invitados también había miembros de una secta satánica (“Los Veintidós Discípulos del Infierno”) a la que se refería en su carta a Breslin. Esta era la razón por la que Berkowitz se había trasladado a Yonkers, a menos de 180 metros de la casa de los Carr. Michael Carr se convirtió en el núcleo de la investigación. El problema era encontrarle.



El departamento de Berkowitz, custodiado por la policía


Una vez más, Terry llegó demasiado tarde. A primera hora del 4 de octubre de 1979 el coche de Michael Carr se estrelló contra un poste de iluminación a 120 kilómetros por hora. Conducía hacia Manhattan. No había marcas de frenada; esto convenció a su hermana de que se trataba de un asesinato. Daba la impresión de que le habían obligado a salirse de la carretera, o de que habían disparado a una de sus ruedas. En este momento el más inesperado de los testigos se decidió a contar lo que sabía.



Desangrada (click en la imagen para ampliar)


Poco después de la muerte de Michael, y de que Santucci reabriera el caso, David Berkowitz escribió una carta a un predicador de California: “En realidad no sé cómo empezar esta carta, pero hubo un tiempo en que fui miembro de una secta secreta. Prometí mantener el secreto o enfrentarme a la muerte, y por ello no puedo dar su nombre. Esta secta se componía de una mezcla de prácticas satánicas que incluían las enseñanzas de Aleister Crowley y Eliphaz Levi. Sus pretensiones eran (y lo son aún hoy) sanguinarias. Esa gente no se detendrá ante nada, incluido el asesinato”.



Michael Carr


Como casi todas las cartas que el acusado escribió desde la prisión, ésta parece la de un hombre perfectamente cuerdo. De hecho, en febrero de 1979, Berkowitz convocó una conferencia de prensa para decir que sus historias sobre “Harvey”, el perro negro demoníaco de Sam Carr y las voces diabólicas eran puro cuento, una invención que se le había ocurrido durante el segundo interrogatorio para librarse de la cárcel y que asumieran que estaba loco. Aunque esta confesión, en sí misma, no significaba que Berkowitz estuviera cuerdo. Más convincentes eran las cartas que dirigió a Maury Terry, con declaraciones que podían ser verificadas. Explicaba que el estado de su habitación en el momento de su arresto, las cartas demenciales, los letreros en las paredes, el agujero en el muro, todo había sido cuidadosamente planeado con antelación para reforzar su coartada de demencia en caso de que lo atraparan.



Nathan Berkowitz, padre de “El Hijo de Sam”


Una semana antes de ser arrestado, había sacado de su apartamento la cama, el sofá, el despacho y un estéreo japonés muy caro, así como una vajilla y casi toda su ropa. Los muebles fueron cargados en una camioneta alquilada (describió el lugar en que se hallaba el garaje donde se alquiló), y después se dejaron ante el almacén del Ejército de Salvación, en Mounth Veron. David Berkowitz llegó a especificar el coste de la operación. Conocía el depósito que se necesitaba para alquilar la camioneta y declaró que las pintadas de la pared se escribieron en aquella misma ocasión.



Símbolos satánicos pintados en el departamento de Berkowitz


La mayoría de los datos pudieron ser verificados. El periodista así lo hizo. La empresa de alquiler estaba donde Berkowitz dijo que estaría. Los precios y la descripción del dueño eran correctos. El vecino confirmó que el agujero había sido hecho dos días antes del arresto. En la pared se desprendió la pintura. Las pintadas de las paredes se habían realizado con el mismo rotulador. El almacén del Ejército de Salvación estaba donde dijo Berkowitz, y aunque no llevaban un registro de los muebles depositados desde hacía más de dos años, sí dijeron que era algo muy frecuente. David Berkowitz aún manifestó una cosa más, especialmente interesante. Poco después de que comenzaran los asesinatos intentó obtener un empleo en una perrera. La paga era mala, pero “había otra forma de ser pagado. Alguien necesitaba perros. Creo que comprende lo que intento decir”. De nuevo, la comprobación de Terry confirmó que decía la verdad.



El suicidio de shotgun (click en la imagen para ampliar)


Pero quizá la más significativa y siniestra observación de las cartas de Berkowitz era la siguiente: “Llame a la oficina del sheriff de Santa Clara (California). Por favor, pregunte al sheriff qué le ocurrió a Arliss Perry”. La respuesta, según averiguó Terry, era que el 13 de octubre de 1974, una chica llamada Arliss Perry había sido horriblemente asesinada en la iglesia de la Universidad de Stanford. Le habían pegado, asfixiado y pinchado con un picahielos detrás de la oreja.



Arliss Perry


Las investigaciones del periodista demostraron que Berkowitz sabía muchos detalles de este poco aireado crimen, detalles que jamás se habían publicado en la prensa. Aún más, había recortado la foto de una chica y se la había enviado a una periodista femenina, diciendo que se parecía a Arliss Perry. Esto resultó ser cierto; pero las únicas fotos de la víctima que aparecieron en los periódicos eran de su época de colegio, cuando tenía un aspecto muy diferente. Se pensó que Berkowitz vio una fotografía de Arliss después de muerta, y que por lo tanto sabía quien la había matado. Terry mantenía que se trataba de un grupo satánico de la costa oeste con el que se había relacionado también a Charles Manson.



El cadáver de Arliss Perry


Las nuevas pruebas aportadas por él se ajustaban a un patrón. Indicaban que David Berkowitz sólo había cometido tres de los asesinatos de “El Hijo de Sam”: los de Donna Lauria, Alexander Esau y Valentina Suriani. Terry se dio cuenta de que algunos de los asesinatos habían sido muy precisos y efectivos, mientras otros daban una impresión de completa incompetencia (los de Carl Denaro, Donna DiMasi y Sal Lupo).



Tymothy Dowd (click en la imagen para ampliar)


De acuerdo con un informador, el criminal vestido con cazadora vaquera que había disparado sobre las dos escolares, era un miembro femenino de la secta. Donna Lauria fue asesinada porque sabía cosas de la secta, y Christine Freund porque había molestado a uno de sus miembros.



David Berkowitz años después de su captura


El asesino de Stacy Moskowitz era John Carr, e incluso había sido filmado con cámara de vídeo para hacer una película ritual, una especie de cinta snuff. Por ello el asesino escogió un coche bien iluminado, bajo una farola, y no el de Tommy Zaino, situado en un rincón oscuro. Zaino había cambiado de sitio el coche media hora antes del tiroteo.



Terry llegó hasta a averiguar el nombre del líder de la secta satánica de Nueva York: Roy Alexander Radin, un magnate del show busssines que se trasladó a California en 1982. Pero lo averiguó demasiado tarde; Roy Radin fue asesinado en California el viernes 13 de mayo de 1983. Su cuerpo fue abandonado en Death Valley (el Valle de la Muerte, el antiguo coto ritual de Charles Manson) con una Biblia, cuya inscripción estaba borrada, abierta a su lado.



Las pruebas descubiertas por Maury Terry, publicadas en su libro The ultimate evil, apoyan sustancialmente la teoría de que David Berkowitz no actuaba solo. También dejaban bien claro que aunque John y Michael Carr, y Roy Radin estaban muertos, la mayoría de los restantes “Veintidós Discípulos del Infierno” seguían en libertad. El libro de Terry terminaba con la descripción de algunos crímenes recientes que parecían indicar que la secta continuaba en activo.



El 10 de julio de 1979, en la prisión, David Berkowitz fue víctima de un ataque con una cuchilla de afeitar en el bloque de celdas Attica, reservado a los prisioneros de alta peligrosidad. Otro recluso le hizo un corte en la garganta desde la parte izquierda hasta la nuca. Necesitó cincuenta y seis puntos. Si el corte hubiera sido algo más profundo lo habría matado. Berkowitz se negó a decir quién lo había hecho. Posteriormente, declaró que el atentado había sido inspirado por la secta secreta con la que había estado mezclado para asegurarse de que cumpliría su voto de silencio.



Tras los asesinatos de “El Hijo de Sam”, el edificio de apartamentos donde había vivido Berkowitz se convirtió en un lugar de peregrinación para cazadores de recuerdos, psicópatas y admiradores. Robaron los picaportes, trozos de alfombra, incluso lajas de pintura de la puerta de Berkowitz. En medio de la noche, la gente gritaba desde la calle: “¡David, sal...!” El departamento de David no fue realquilado por falta de inquilinos dispuestos a habitarlo; la mitad de los restantes vecinos abandonaron la casa. Incluso después de que el propietario cambiase el número de Pine Street de 26 a 42, para confundir así a los visitantes.



Años después, se promulgó la “Ley Hijo de Sam”, para impedir que los asesinos en serie obtuvieran dinero por sus crímenes, al vender sus historias para crear libros o películas. Curiosamente, Berkowitz se convirtió en uno de los mayores activistas en ese sentido: luchó mucho tiempo para que un asesino nunca obtuviera retribuciones económicas vinculadas con sus asesinatos.



El arma de “El Hijo de Sam” en el Museo del FBI




VIDEOGRAFÍA:

David Berkowitz en Asesinos en serie
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David Berkowitz en Crímenes del siglo XX
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David Berkowitz en Killing of America
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David Berkowitz en Pasajes del Terror
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La noche del asesino (El verano de Sam) (trailer)
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BIBLIOGRAFÍA:



















FILMOGRAFÍA:



44 comentarios:

el mike dijo...

nomas de paso pa ganarle a kozure jajaja mañana comento

Kozure Okami 浪人 dijo...

chales, en mi propio cumpleaños y cuando cumplo 30!!!

No seas gacho... jajajaja

Gracias por este regalo. Feliz 30º aniversario a mi

Anonymous dijo...

¿Puedo preguntar al propietario del blog por qué permite que se hagan comentarios (como los de arriba) que no vienen al caso que podrían ser considerados SPAM y post-chat; llamar a otros usuarios troll y no darme derecho de replica a mi por no ser amigo del autor del blog cuando sólo pedía un poco de respeto a los comentarios? o ¿Será porque comento como "anonimo"?

Kozure Okami 浪人 dijo...

@anonimo:
1. Tenemos aqui una sana competencia (que se da en muuuuuuuchos sitios como comments de webcomics y similares) sobre quien es el primero en postear.

2. SPAM es correo masivo no solicitado. Correo. a menos que usted configure recibir los comments como E- Mail...

3. Cuando uno insulta alegremente a otro, es un Troll: hay otras formas de quejarse.

4. El anonimato mezclado con la agresividad tiene ese problema. No el anonimato solo, sino el anonimato mezclado con agresividad.

y por ultimo: 5. No veo que es lo que le molesta de nuestros comentarios en clave de gracia. No monopolizamos los comments y es apenas una inocente camaraderia. que es exactamente lo que le pone las tripas de cuadrito?


PD: dont' feed the troll

Sang Sous dijo...

Al creador del blog,

mi recomendación;

Debería introducir música clásica a cada una de las biografías de los asesinos seriales,para que sea más placentero;

Galliti dijo...

GAGAGAGGA Soi faN de estE ciTIo desDenDenanTes i menCanta Cuando se eNOgan gagagagagagga. AteNtamenTe. El GaLlIti...

Galliti dijo...

pOr SierTo oKure; feLIs pUmPle...te MAndo un Veso PIcoso GAGAGAGAGGA

el mike dijo...

bueno, espero que te haya gustado mi regalo de cumpleaños jajaja, ya me la debias por haberme ganado algunos comentarios jajaja
bueno, despues de esta nociva sesion de chat y spam que hara que el blog decaiga, procedo primero a comentar sobre el tema.
Realmente sabia muy poco sobre el hijo de Sam, no sabia lo de la secta satanica, asi que, ahora si, creo que tengo la informacion completa sobre el caso, aun que, extrañe no ver en tu bibliografia el libro de Robert Resler.
Sobre el anonimo:
Creo que tienes una idea erronea de lo que es SPAM.
Que yo recuerde, salvo a Beausolei, nunca he llamado troll a alguien de aqui, ni mucho menos te he negado derecho a replica (aun que, aqui desconozco a que te estes refiriendo con este hecho, supongo que es algo con Kozure).
Y no, no soy amigo del autor (siguiendo estrictamente el sentido de la palabra, ya que hemos intercambiado algunos e-mails, pero creo que amigos, amigos, pues no), ni siquiera tengo el gusto de conocerlo, es mas, ni siquiera se su nombre.
Por ultimo, si comentas como anonimo, pues eso ya es cosa tuya, yo no tengo inconveniente en mostrar mi identidad, o poder un sitio donde la gente pueda contactarme.

burbujita dijo...

Oooorale!!!!

Sabía algo del hijo de Sam -por no decir de quién es el verdadero hijo- pero no sabía toda esa historia con el rollo satánico y todo eso. Escalofriante.

MUCHAS FELICIDADES, Kozure...
Pásatela chido.

Y como siempre, sangriento amigo, mis felicitaciones por tu trabajo. Siempre te quedan de primera.

Saludos glu, glu...

Anonymous dijo...

ese es idolo!!!!!!!

Anonymous dijo...

La historia estuvo muy enredada y llegó a aburrirme. Hubo mejores asesinos.
Seguro la proxima será mejor...

Anonymous dijo...

Para el señor Kozure "Dios":

-Spam no sólo es correo basura, sino también comengtarios basura, como los que se encuentran en youtube con hisotrias de terror y amenzas de morir si no haces replica del mismo. Si ese no es el caso, también mencioné el post-chat, que es cuando alguien utiliza un foro o los comentarios para mantener una conversación con uno o más usuarios sin tener nada que ver con el tema principal como si fuese un chat privado.

-Ese tipo de comentarios de tipo "¡primero!" serían de esperarse en blogs como Porlaputa.com o en algún foro de anime con adolescentes, pero no aquí y dado que nos cuentas tus recién cumplidos treinta años deberías comportastre conforme a tu edad, porque de verdad me esperaba que no pasaras los veinte por la calidad de comentarios que siempre haces.

-Troll es aquél que insulta o intenta causar conflicto sin más razón que el placer de atraer la atención de los demás, y creo que mis quejas son lo suficientemente validas para expresar mi descontento cada vez que termino de leer el artículo nuevo de la semana y poner un comentario acerca de él y encontrarme con comentarios tan "acertados" como: "Ahora no fui el primero" o "No voy a comentar porque este asesino no me gusta". Por cierto, me guaría saber cuándo dices que te he insultado.

-Segíun tú, tus argumentos tienen una mayor validez por "no esconder tu identidad" lo que para ti significa registrarte con un sobrenombre, que no es muy diferente a comentar como un anónimo.

Kozure Okami 浪人 dijo...

Adendo:

Sus quejas me importan un sorbete porque las hace desde la "seguridad" del anonimato. Lo cual revela que es usted cobarde. No seria usted capaz de decir lo mismo a mi correo. O en mi cara. Y no porque vaya a usted a golpearle y me crea un machito, si no porque simplemente usted no tendria el valor, asi de simple. Porque es mas facil tirar la piedra y esconder la mano. Por tanto, lo que usted diga, queda sin valor.

asi que, me importa un sorbete que a usted le moleste que yo sea el primero, que el Mike diga que tal o cual asesino no le gusta o etc. Usted tiene la solucion: peguese al navegador y postee de primero... O callese. Asi se evitara la molestia y sentirse atacado del higado, porque yo seguire exactamente igual mi comportamiento aqui. Asi a usted le moleste.

Y creerme dios... creo que el papel de alguien que juzga como debe de ser el comportamiento ajeno hace que sea usted quien se haya arrogado dicho titulo. Le recomiendo se recoja la barba blanca, no vaya a ser que se la pise. Y que tenga cuidado con el hasatan, no sea que se lleve a la humanidad a su rebaño.

Le reitero: sus quejas me importan un sorbete. que tenga buen dia.

el mike dijo...

una duda anonimo:
segun tu, como debe de portarse alguien de 30 años? ya que, por lo que veo, tu eres o vas a ser un adulto muy aburrido jaja.
Autor, te volvi a mandar el disco de Charles Manson, si te llego esta ves?

caligula dijo...

Saliéndome del tema, quería hacerle llegar a Escrito con Sangre una noticia que he encontrado en relación a Erzébet Báthory y la publicación (al menos en España) de un libro titulado "la condesa sangrienta", escrito por una escritora argentina llamada Alejandra Pizarnik (a la cual yo no conocía). Lo interesante del libro está también en las ilustraciones que ha hecho Santiago Caruso. Le dejo los enlaces de la noticia en dos periódicos españoles, uno de ellos de las ilustraciones, y espero que sea de su interés.

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/05/04/cultura/1241440441.html

http://www.elpais.com/fotogaleria/Turbadora/Pizarnik/6438-1/elpgal/

Un saludo

Galliti dijo...

i LlO lEs maNDo un vEso a ocuRe i a el Maik pORQE cIENpRE ME asEN rEÏR I SOn MIS vROdERs. GAGAGA....BiCieten Mi bUebsite; www.galliti.blogspot.com
ha¡ i uN veSo picoSo paRa toDos i pAra eL sanGrieNto deL bLot...

el mike dijo...

gracias Galliti, te envio un beso con cubrebocas desde aca jaja
Caligula, gracias por el link, me encantan esas ilustraciones, espero que ese libro llegue a México y poder comprarlo
saludos

Kozure Okami 浪人 dijo...

jajajaja... este... mira galliti, que tu eres muy mono y me caes bien aunque no entienda el "gallitiaceo", el idioma en que hablas... pero dado que eres un galliti, lo del beso ...tamos apañados. Mejor un abrazo y unas chelotas.

Tengo una pregunta que me da vueltas en la cabeza: Hubo pruebas para considerar que los Asesinatos de Sam fueron una conspiracion (es lo que entiendo). Tambien que gente relacionada con el "grupo satanico" y que podria ser pieza clave fue asesinada en circunstancias misteriosas.

la pregunta es: a que llevo esa linea de investigacion? Pudo esclarecerse o simplemente dado que Berkowitz estaba tras las rejas, todo quedo asi?

Saludos sangrientos.

el mike dijo...

yo creo q como ya tenian a alguien encerrado, asi prefirieron dejarlo, ya para que investigar, si tenian un culpable, no crees?

Confa dijo...

Yo creo que la gente se debería de limitar a hablar sobre el tema, digo, para asuntos personales, mejor pasense su messenger y ahí pueden platicar chingón.
Y pasando al tema, me gustó mucho este artículo. No conocía esta historia y creo que es muy buena. También me gustaría felicitar al redactor de esto, ya que, ya hacía falta un post así de largo pero igualmente así de interesante. Saludos.

el mike dijo...

solo sobre el tema? entonces, tambien esta mal que el autor haga anuncios de actualizaciones o de otras noticias?

Camilo dijo...

Respecto a los que dicen que este tema es aburrido. me parece que se equivocan pues a mi entender hay aspectos que no se esclarecieron, y eso crea mucha curiosidad, es graciosa la torpeza del tipo para cometer sus fechorias, algo que da cuenta de la incapacidad del asesino y de la misma justicia, pues un sujeto que deja tantos cabos sueltos y no es capturado a tiempo....!!!!

Confa dijo...

El Mike: No, el autor tiene derecho a escribir lo que él quiera, digo, es su blog. Yo me refiero a que lo tomen cómo si fuera un chat, es bastante molesto ver pláticas que no tienen que ver con el tema, para cosas personales, mejor en algo más privado. Yo entro a ver los comments y me interesa ver qué es lo que la gente piensa del tema o del asesino en turno, todo lo demás no es interesante. No llenen los blogs de cosas estúpidas por favor.

Anonymous dijo...

Oiga, Confa, ¿no es usted capaz de saltarse un post de tres líneas en el que no se dice nada que a usted le interese? No es tan difícil, y no molesta a nadie.

Quemadores dijo...

Hola, mis felicitaciones para el autor, me encanto el tema y me deja intrigada como dice el mike y kozure, al que por cierto, muchas felicidades.Referente a los comentarios, creo que a pesar que no tienen nada que ver con el tema, lo hacen mas interesante por qu eaportan datos, tips, ligas de internet, pero sobre todo por las discuciones, creo que son parte escencial de una pagina tan controversial como esta, es cierto, si a alguien no le gustan leer este tipo de cosas, que pase al siguiente comentario, creo que no hay por que estarnos amargando con enojos, pleitos y demas, a mi, enlo personal me dan mucha risa, por que no hay interes de perjudicar a otra persona, solo cuando las personas que se quejan son groseras, es cuando se debe de contestar fuerte, en fin, es mi humilde opinion. Saludos a toda la banda desde de Guanatos

Galliti dijo...

oLA oTra BEs soI GallLIti i cIEro qe biCiten mi buEb saiT: www.galliti.blogspot.com
graSias aMiagOS oCure i mAik...leS manDo un Veso PicoSo )no Soi gaYina; soI GalliTi(

El pinche Masiosare dijo...

Llevo una semana leyendo tu blog y ya casi he leídos todos los casos. Te felicito, poca veces había leído sobre estos temas algo tan claro, tan completo y tan bien redactado. Siempre he estado intereesado en estos temas, porque creo que casos así hacen un retrato muy crudo, muy amergo y muy real de una sociedad. y definitivamente, tu blog es el mejor en su clase

Y si no es mucha molestia, te voy a pedir un favor: a ver si puedes más adelante, publicar el caso de Diego Santoy Riverol, el asesino de Monterrey. Nunca supe si en realidad la hermana de los niños estuvo de verdad implicada en los crímenes de sus hermanitos.

Saludos y nuevamente, felicidades.

Camilo dijo...

leyendo en otra parte la historia de este sujeto, encontre algo que me llamo la atencion, se dice que david se enlisto en el ejercito, aprendio el manejo de las armas distinguiendose por su buena punteria, lo cual se contradice con lo que se dice en este blog, quisiera que nos aclararas el asunto, gracias

Anonymous dijo...

Como siempre excelente, saludos a todos

ZabArabZarak

andres dijo...

es cierto que desagradable encontrar personas que decean agredir o conversar, ya lo menciono alguien el msn es para eso mismo, .las opiniones y criticas siempre son buenas , pues esta es la manera directa de medir los resultados en este caso de aceptacion del blogg asi que dediquemosnos a solo hacer esto.

pasando a lo importante concidero y siempre e pensado que de seguir la investigacion o quisas de retomarla nos encontrariamos con una seccta de nivel global, es decir asi como el opus day (disculpas si no esta escrito correctamente) el catolisismo, masoneria etc, que son mundiales, "el hijo de sam" solo es un fragmento de una red grande,que desde luego perdio el control: pero como ya mencionan algunos , no se investigo mas por no escarvar a lo desconosido y desagradable, se podra prestar a comparar desde luego en contexto doferente con el narcotrafico, se captura y confiesa un lider o elemento simple de la organisacion pero la red continua en sus mismas actividades solo que esta ves con cautela ..

por aqui le dejare concidero es demaciado. por otro lado se ve que se le invirtio tiempo a este blogg felicidades, asta ahora me ha parecido bien elavorado el contenido.

Anonymous dijo...

corta huevos dijo :

les cortare los huevos a todos

Adriana Garrido dijo...

Muy bueno verdaderamente es un hijo de SU.. SAM!!!
A partir de que comencé a leer este blog creo que me he convertido en una miedosa andando, no dejo de pensar que cualquier wey puede ser un asesino en serie la verdad es que últimamente he tenido 2 que 3 pesadillas... PERO ME VALE TE SEGUIRE VISITANDO.

DE NUEVO UN FUERTE ABRAZO Y SALUDOS A ESCRITO CON SANGRE .. AHH Y AL MIKE QUE ES EL AJONJOLÍ DE TODOS LOS MOLES JAJAJAJAJ

zullyma34 dijo...

No sè porque pero El hijo de sam siempre me pareciò poco interesante, bueno para todo hay gustos y es que la verdad a mi me gustan los asesinos como que màs sàdicones, nunca desde que empecè a leer el blog me habìa metido a esta entrada sobre el hijo de sam y la verdad....de muerte!!!! me dio rete-harta flojera!!!

Bueno, Escrito saludos norteños.

halford dijo...

Clásico entre los clásicos, la historia es hipnotizante, no comprendo como algunos pueden decir que es aburrido, es un caso con muchos misterios. Excelente.

Laura Alfaro dijo...

Yo lo que quiero saber es qué es de la vida de Berkowitz ahorita, porque eso no quedó claro, si el tipo está vivo, si lo mataron, etc...

Anónimo dijo...

Como siempre, muy buen recopilación de información. Sólo un comentario acerca del revolver usado por David: La foto que pusiste corresponde a un Webley Bulldog inglés. El arma que utilizó David fue un Bulldog fabricado por la compañía Charter Arms en calibre 44 especial (una de las mejores armas jamás fabricadas en ese calibre)
Felicidades por tu proyecto, cada semana estoy pendiente de la nueva reseña!!! DINX

ferchoy dijo...

este caso es uno de los que mas me llaman la atencion

Anónimo dijo...

El 12 de junio de 1978 fue sentenciado a seis cadenas perpetuas en prisión y cumple su condena en la penitenciaría de máxima seguridad de Attica.

Anónimo dijo...

No puedo dejar de leer este blog que lastima que ya dejo de publicat

Escrito con Sangre dijo...

De hecho, desde ayer hemos vuelto a publicar nuevas entradas.

DrevakDemon dijo...

Ohhh que bueno recien estoy leyendo este blog, crei que lo habian dejado,seria una lastima realmente jajaja por cierto es muy bueno, y sobre todo completo, con videos e imagenes incluidas mas que mejor.

Sobre David pues me gusta leer mas sobre un asesino sadico y retorcido, pero a la vez es mejor asi, ya que no torturo ni violo a sus victimas, ni siquiera llego a tocarlas, pero aun asi crea un misterio sobre la secta satanica en la que estuvo.

Saludos Escrito con Sangre,de un nuevo y fiel lector.

kevinwerder dijo...

excelente trabajo una vez mas,bien narrado y perfectamente desglosado,creo que soy el ultimo en unirme a esta pagina,me estoy leyendo todos tus trabajos y los encuentro muy bien desarrollados,aunque cada vez tengo mas claro en que vivimos rodeados de locos y de una enorme incopetencia,tanto policial como de sistema judicial. en cuanto a algunos posts que leo,creo que deberias hacer de vez en cuando alguna limpieza,no entre ciertas discusiones,que al fin y al cabo,cada uno debe exponer su punto de vista,pero si a los quew insultan,amenazan y faltan al respeto, por lo demas,mis felicitaciones por tu esfuerzo y trabajo

Anónimo dijo...

No tengo claro quién escribió este fabuloso blog. Me fascina la forma y el trabajo que se tomó este prominente autor, para relatar la vida, en este caso, del asesino. En serio, ¡Cómo me gustaría ver las enciclopedias de grandes personajes de la historia relatadas de esta misma manera! Sin otro motivo, mis mas sinceras felicidades. Un saludo cordial.

Anónimo dijo...

Este blog lo leo desde hace unos 3 años a veces vuelvo a leer biografías. Que página tan completa! Un saludo. ��