Ronald Light: "El Crimen de la Bicicleta Verde"



“Las bicicletas, niña hermosa, son las que andan por allí…”
Canción de las bicicletas


Anna Bella Wright nació el 14 de julio de 1897 en Leicester (Inglaterra). Fue hija de Mary y Kenus Wright, siendo la mayor de siete hermanos. Desde joven trabajó como sirviente antes de conseguir un empleo en una fábrica de neumáticos en Leicester, en el centro de Inglaterra, a orillas del río Soar.



La casa de Bella Wright


Cuando el sábado 5 de julio de 1919 Bella Wright, de veintiún años, se despertó de la siesta, aún le quedaba tiempo para salir a tomar un rato el aire antes de comenzar el turno de noche en la fábrica. Hacia las 18:30 horas pedaleaba por Upper Road hacia Gaulby, donde residía su tío. Nada más pasar el desvío que conducía a Great Stretton se detuvo para echar un vistazo a una rueda, que parecía algo suelta.



Bella Wright


Mientras se hallaba inclinada sobre su vehículo, un hombre montado en una bicicleta verde apareció en el camino. Era robusto, tenía el pelo gris e iba sin afeitar. Bella Wright le preguntó si llevaba una llave. Mientras se bajaba, el extraño le preguntó con voz fuerte y chillona qué le pasaba. No disponía de ninguna llave, pero se puso a rodar la bicicleta de la joven por la carretera. “Creo que sí puedes conducirla. Llévatela así y mañana le ajustas la rueda”, le dijo.



Siguieron pedaleando juntos por Upper Road mientras charlaban amigablemente. Se bajaron de las bicicletas para subir una cuesta muy empinada y el desconocido le preguntó el nombre del pueblo al que se aproximaban. Bella le explicó que se trataba de Gaulby y lo condujo hasta una casita de campo de ladrillos rojos situada en Back Street. Hacia las 19:30 horas, George Measures, un peón caminero de la localidad, vio entrar a su sobrina en el patio con su bicicleta. Se quedó un tanto sorprendido al observar que iba acompañada por un hombre de aspecto descuidado y vestido con un traje gris, corbata y gabardina. “¿Quién es ese hombre, Bella?”, le preguntó su tío. “No lo conozco”, contestó ella; y le explicó que se lo había encontrado en el camino.



Measures sabía que su sobrina pensaba casarse con un joven que estaba prestando servicio en la Marina, y que no tenía costumbre de hablar con extraños. La muchacha le dijo que confiaba en que cuando ella regresara a casa, el hombre ya no estuviera allí. Se quedó a tomar el té con su tío y al rato se les unieron la hija y el yerno de éste, un minero llamado James Evans.



George Measures


El desconocido estuvo esperando fuera unos quince minutos y después se dispuso a recorrer la distancia que le separaba de Leicester. Al montarse en la bicicleta se dio cuenta de que la rueda trasera estaba desinflada y tardó una hora en poner el vehículo en condiciones. Luego decidió llamar a la casa de Back Street para ver si la joven iba a marcharse ya. Cuando Measures y Evans acompañaron a Bella a la puerta, se quedaron muy sorprendidos al descubrir que el hombre de la bicicleta verde seguía fuera. Y ambos le oyeron decir con absoluta claridad: “Has tardado mucho, Bella”.



La casa de Back Street


Mientras intentaban tensar la rueda de la joven, Evans y el desconocido se pusieron a hablar de bicicletas. Luego Bella y él se marcharon juntos. Después de separarse, el hombre tuvo más problemas con su rueda y se vio obligado a andar tres o cuatro kilómetros hasta Leicester. Entró en su casa alrededor de las 22:00 horas. Entre las 21:15 y 21:30 horas, Joseph Cowell atravesaba a pie su granja, en el pueblo de Little Stretton, a tres kilómetros de distancia de Gaulby. Elms Farm lindaba con Gartree Road y se comunicaba con Upper Road gracias a un sendero.



Joseph Cowell


Cowell se detuvo junto a Gartree Road al lado de una puerta instalada en la cerca. Una joven con un espeso cabello negro yacía inconsciente al otro lado de la carretera. Estaba de espaldas y ligeramente inclinada a la derecha; junto a ella había una bicicleta. Después de cruzar la cerca a toda prisa, Cowell observó que la muchacha tenía el rostro cubierto de sangre. El sombrero y la gabardina estaban impecables. Cuando levantó el cuerpo, éste aún conservaba cierto calor; pero el granjero le tomó el pulso y enseguida se dio cuenta de que estaba muerta. Después de avisar a uno de sus peones para que se quedara a cargo del cadáver, el hombre salió en busca de ayuda. La cara de la muchacha muerta estaba fuertemente magullada y ensangrentada. La gravilla de la carretera se había incrustado en su cara al caer de bruces de su bicicleta y chocar contra el suelo. Saltaba a la vista que había sido atropellada por un conductor de auto; al menos, así lo decían los lugareños. Los estruendosos vehículos a motor no eran todavía un espectáculo corriente en el campo. Los conductores, en opinión de la población rural, espantaban a los animales de las granjas y eran un peligro mortal para los pacíficos ciclistas y los transeúntes. Un examen rutinario del cuerpo de Bella por un médico local pareció confirmar aquella opinión. Dictaminó que algo había hecho que Bella perdiese el dominio de su bicicleta y saliese despedida contra la calzada, donde había muerto a causa de la hemorragia y de lesiones en la cabeza.



El agente Alfred Hall llegó a Elms Farm a las 22:30 horas. Habían trasladado el cuerpo de la joven a una casa de campo situada dentro de la granja, donde el doctor E.K. Williams, de Billesdon, lo examinó, prometiendo volver al día siguiente. A las 06:00 horas del domingo, a la luz del día, Hall descubrió restos de sangre en el pedal derecho de la bicicleta de Bella y una mancha de sangre seca en medio de la carretera. Al observar los bordes cubiertos de hierba a ambos lados de la estrecha carretera, encontró el cuerpo ensangrentado de una corneja. Pero no había ninguna huella de neumáticos cerca del pájaro. Volvió el cuerpo de éste con la punta de la bota y siguió buscando. A unos cuantos pasos de distancia, en el sitio donde había estado tirada la bicicleta de Bella, encontró otra cosa que le llamó la atención: un cartucho de bala vacío, hundido en el blando suelo debajo de una huella de herradura, lo cual le hizo considerar la posibilidad de una muerte violenta. Después de limpiar el cadáver de la víctima, que había pasado toda la noche en aquel estado, encontró un agujero de bala bajo el ojo izquierdo. Cuando el doctor Williams regresó aquella noche, descubrió una segunda herida, más grande que la anterior, en la parte superior de la cabeza y oculta por la espesa cabellera. No había señal alguna de violación. La policía dejó de buscar a un conductor fugitivo para lanzarse a la caza de un asesino.






Alfred Hall


Al día siguiente, el lunes 7 de julio, la joven fue identificada como Bella Wright. Sus desolados padres fueron incapaces de explicar por qué su hija había aparecido en Gartree Road cuando Bella había salido de Gaulby en dirección a Stoughton. Sin embargo, George Measures y James Evans proporcionaron a la policía una detallada descripción de su acompañante.



Mary y Kenus, los padres de Bella Wright


Una nota difundida por las autoridades describía al ciclista como un hombre de unos treinta y cinco o cuarenta años, “de cara rellena, constitución robusta y voz chillona”. La nota recogía todos los datos acerca de la bicicleta del desconocido, desde los guardabarros negros hasta el asiento con muelles en forma de espiral; incluyendo el del cable con que se acababa de reparar el pedal del vehículo.



La noche siguiente, el propietario de la bicicleta verde, un ingeniero de treinta y cuatro años desempleado, leía todos estos detalles en el Leicester Mercury. Ronald Light, quien aún se estaba recuperando del trauma producido en él por los bombardeos ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial, no había comentado con nadie, ni siquiera con su madre, el encuentro con Bella Wright. Dejó de sacar su bicicleta a la calle y se abstuvo de comprar una rueda nueva, ya que la policía estaba investigando todos los talleres de reparaciones.



Ronald Light


A principios de octubre, Light borró el número de la placa de la bicicleta y la arrojó a un canal cercano junto con una funda de pistola y varios cartuchos. Siete meses más tarde, el remolque de una barcaza que navegaba por el canal de Leicester quedó enganchado en algo. Cuando el timonel tiró de la cuerda, se quedó atónito al ver aparecer el cuadro y la rueda de una bicicleta. Al día siguiente, el 24 de febrero de 1920, Enoch Whitehouse rastreó ese tramo del canal y metió en su barcaza el cuadro verde de la bicicleta. Inmediatamente se dio cuenta de lo que había encontrado.



La policía dragando el canal


La policía dragó otros tramos del canal y cerca de St. Mary's Wharf apareció una pistolera. El hecho de que el número de identificación estuviera borrado confirmó la opinión de la policía: el desconocido que había aguardado a que Bella Wright saliera de Gaulby era el asesino. La tentativa de borrar toda pista se vio frustrada por la costumbre de la compañía BSA de grabar algunas marcas secretas en sus vehículos con técnicas especiales. Después de desatornillar el manillar de la bicicleta, comunicaron a la policía que ésta fue adquirida en Orton Brothers, un comercio de Derby cuyos archivos demostraron que R. Light la había comprado el 18 de mayo de 1910.






El lugar del crimen



La madre de Light comunicó al comisario Bowley que su hijo estaba dando clases en Cheltenham. El comisario Taylor, de la policía de Leicestershire, se trasladó a la escuela inmediatamente y le preguntó al profesor dónde estaba su bicicleta verde. Ronald Light negó que hubiera comprado una bicicleta en Orton Brothers; haber estado en Gaulby el 5 de julio de 1919; y cualquier encuentro con Bella Wright.



Pero después de un minucioso interrogatorio el sospechoso proporcionó la pista necesaria para relacionarlo con la bicicleta. Taylor lo trasladó a la comisaría de policía y le notificó que estaba acusado de asesinato. Light respondió tranquilamente: “Eso es absurdo”. Pero antes de salir de Cheltenham, Cox, el dueño de la tienda de bicicletas, identificó a Light. Y éste comentó con uno de los policías: “¡Válgame Dios! Ese tipo me ha reconocido perfectamente”.



La policía encuentra la bicicleta verde


Sir Edward Marshall Hall, quien solía fijarse sobre todo en los aspectos técnicos de sus casos judiciales, asumió la defensa del acusado. Los cartuchos de la funda del revólver de Light eran exactamente iguales al que apareció incrustado en la calzada junto al cadáver de Bella. Pero también había algunos hechos a favor de Light: ese tipo de balas eran empleadas habitualmente por el ejército; y además, nunca llegó a encontrarse el revólver. El presunto homicida declaró que había devuelto su arma antes de que le dieran de baja en el ejército. Pero las pruebas circunstanciales reunidas en su contra eran muy negativas.



Marshall Hall, el abogado defensor


Marshall Hall se entrevistó con un armero londinense para probar un revólver Weebley-Scott del calibre .45, del mismo tipo que el que tenía su cliente. Después de lo cual se convenció de que la bala hallada en Gartree Road no era la que había matado a Bella Wright; y que la inocencia de Ronald Light resultaba bastante probable. Ronald Light no conoció personalmente a su defensor, sir Edward Marshall Hall, hasta el 9 de junio de 1920, fecha en que ocupó el banquillo de los acusados en Leicester Castle ante el juez Horridge y se declaró inocente del asesinato de Bella Wright. En un principio, el acusado negó que él fuera el ciclista con el que se había encontrado la víctima y Marshall Hall quiso darle tiempo para que se percatara de lo inútil de su mentira. La táctica dio resultado y su cliente manifestó voluntariamente el deseo de prestar nuevo testimonio, afirmando que retiraría la declaración anterior.



La colección de armas de Marshall Hall


En su discurso inicial el fiscal general, sir Gordon Hewart, hizo hincapié en el hecho de que Light esperara a Bella en Gaulby, así como en sus mentiras y en la ocultación de pruebas; y trazó un dramático esquema del caso con una cadena de enérgicas preguntas sin respuesta. “¿Quién circulaba en bicicleta en dirección a Gaulby? ¿Quién salió de allí en compañía de la joven asesinada? ¿Quién era el hombre con el que vieron a la señorita Wright por última vez? ¿Quién era el ciclista de la bicicleta verde?”, preguntó el fiscal. La acusación ignoraba que Ronald Light tenía intención de admitir que había mentido e hizo desfilar a numerosos testigos dispuestos a probar que el inculpado era la persona que acompañó a Bella hasta Gaulby y luego la esperó para volver juntos a casa.



Ronald Light llega al Tribunal


El doctor E.K Williams declaró que la herida superficial infligida en el cráneo de la víctima se debía a un disparo efectuado desde unos dos metros de distancia; y que un tiro como éste, procedente de un revólver del ejército, podía continuar su trayectoria otros ochocientos metros. Williams no puso objeción cuando Marshall Hall comentó que si la bala aparecida en la carretera fue la que mató a la joven, ella debía estar tendida en el suelo cuando se efectuó el disparo; de otro modo, el proyectil habría continuado su trayectoria. Este hecho, unido a que nadie había oído ningún disparo, abonaba el camino del abogado, quien pretendía demostrar que a Bella la había herido el rifle de algún cazador.



Georges Measures durante el juicio


Marshall Hall continuó ganando terreno gracias al testimonio del armero, Henry Clarke, el cual admitió que el disparo podía provenir de un rifle. Pero el testigo también comentó que una bala disparada solamente a dos metros de distancia probablemente dejaría idénticas señales a las aparecidas en medio de la carretera. Sin embargo, el armero no admitió la sugerencia de la defensa en el sentido de que un disparo efectuado a tan sólo dos metros de distancia debería haberle arrancado a la víctima la mitad del cráneo. Otra prueba de cargo parecía complicar el caso, pero de un modo casi irrelevante. La bala encontrada por el agente de policía del pueblo tenía varias marcas. Éstas habían sido causadas al atravesar la bala el cráneo de la joven y por la presión de la herradura que la había hundido en el suelo. Incluso había una marca que podía haber sido producida por un rebote.



El fiscal Gordon Hewart


Bella no había sido robada ni atacada sexualmente. Aunque Ronald Light negaba haberla matado, afirmando que se habían despedido en el cruce de carreteras del pueblo, parecía que las pruebas lo llevarían al patíbulo. Llevaba dos días oyendo todos aquellos testimonios con una frialdad increíble: apoyaba los codos en la barandilla del banquillo, juntaba las manos y se tocaba los labios con un dedo. De vez en cuando se inclinaba para tomar notas. El 10 de junio, antes de prestar declaración, Light pasó un papel a su abogado: “¿Sería tan amable de pedirme que explique delante del jurado por qué no me presenté? Les diré que estaba terriblemente preocupado. Empecé a darle vueltas y no me decidí a presentarme. Estuve dudándolo varios días”. El acusado, que llevaba un traje azul muy elegante y hablaba con la misma voz chillona que todos los testigos recordaban, dejó en la sala una impresión muy favorable de sinceridad y modestia. Insistió en que jamás había tenido una pistola de su propiedad y que el 5 de julio de 1919 no llevaba encima ningún arma.






La bicicleta de Light (click en la imagen para ampliar)


Marshall Hall lo interrogó acerca del encuentro con Bella y preguntó la razón de su espera en Gaulby. ¿Habían comentado uno u otro algo acerca de esperarse? “Bueno, no exactamente con esas palabras. Cuando ella dijo que iba a visitar a unos amigos y que estaría solamente diez minutos o un cuarto de hora, yo lo interpreté como una sugerencia para que la esperara y volviéramos juntos”. Light afirmó que regresó a la casita de campo en el mismo momento en que la joven salía porque necesitaba reparar la bicicleta, y no porque hubiera estado aguardando fuera todo el tiempo, tal y como pensaba la familia de Bella.



El fiscal general había recibido una llamada urgente solicitando su presencia en Londres y a Light lo interrogó Henry Maddocks, el cual le hizo preguntas relativas a sus intenciones con respecto a Bella.
—¿Conocía usted su nombre? ¿Sabía dónde vivía?
—No.
—¿La llamó usted Bella?
—No.
—Así que ¿suponía usted que la joven vivía al otro extremo de Gaulby?
—Era posible.
—En tal caso, habría sido absurdo esperarla, ¿no?
—Pero ella me dijo que iba a estar dentro sólo unos minutos.



El juicio


Cuando Ronald Light declaró en su propia defensa, pareció al principio que se estaba condenando él mismo. Refirió al jurado su triste y torturada historia mental: que se había desequilibrado después de tres años de guerra inhumana en las trincheras del frente; que se le había diagnosticado un trauma producido por la guerra, y que le habían enviado a Inglaterra cuando estaba terminando la contienda, para tratamiento psiquiátrico. Pero su declaración produjo un efecto fulminante en el jurado. Con voz clara y firme, sin sombra de vacilación, Light dijo al Tribunal: “Yo era artillero, y había estado en las trincheras desde 1915 hasta 1918, cuando fui enviado a casa como un hombre destrozado. Conservé la funda y las municiones, porque estaban en una bolsa atada a mi camilla cuando me sacaron del frente. El Ejército se quedó con mi revólver de reglamento. Cuando Bella Wright fue asesinada, vi en los periódicos del día siguiente que era la joven con quien yo había estado poco antes de su muerte. Sabía que la policía quería interrogarme. De nuevo fui cobarde. No dije a nadie lo que sabía. Me libré de todo lo que podía relacionarme con ella porque tenía miedo”. Maddocks le preguntó entonces si tenía tanto interés en ella como para esperarla. “No”, respondió Ronald Light, sin ningún embarazo. La sala entera permaneció inmóvil cuando el juez le interrogó sobre sus motivos para no acudir a la policía. “Nunca decidí de forma deliberada no presentarme. Continué dudando y, por fin, lo dejé correr y no hice nada de nada”. En las conclusiones, Maddocks insistió en la cadena de pruebas circunstanciales del asunto y finalizó diciendo: “El acusado siguió los mismos pasos que habría seguido un hombre inteligente, pero culpable”.



Marshall Hall, en la réplica, aprovechó para puntualizar que no existían pruebas de que su cliente hubiera estado con Bella en Gartree Road, lugar de la muerte de la joven; y que ésta lo describió como “un perfecto desconocido”. “Tendrán que contentarse ustedes con saber que la joven fue asesinada. Un maníaco sexual primero habría hecho con ella lo que le hubiera venido en gana y luego la habría matado. Y en este caso no había señal alguna de violación”, puntualizó la defensa al jurado. Insistió en que el encuentro entre Light y Bella fue uno de tantos habidos entre un hombre y una mujer como resultado del irresistible poder de la atracción sexual.



Mapa del crimen


El 11 de junio, en sus conclusiones, el juez Horridge le pidió al jurado que tuviera en cuenta sobre todo la actitud de Ronald Light después de enterarse de la muerte de Bella Wright. “¿Les parece a ustedes que un hombre inocente habría cometido un engaño semejante?”, preguntó. El jurado estuvo tres horas deliberando y regresó poco después de las 19:30 horas con el veredicto de absolución del acusado. Con ello, la identidad del asesino quedaba oficialmente en el misterio.



Una chica de campo (click en la imagen para ampliar)


Ronald Light pareció relajarse ligeramente, pero su expresión apenas cambió al mirar interrogativamente al juez, quien lo exoneró de los cargos formulados. Comenzaron a sonar gritos de júbilo entre la multitud que se apiñaba fuera de Leicester Castle. Ronald Light pidió prestados a un amigo tres peniques, se escabulló por una puerta lateral sin que nadie se diera cuenta y cogió un tranvía en dirección a su casa.



La investigación había demostrado que Ronald Light, aparentemente, no era el asesino de Bella Wright, aunque sí era el dueño de la bicicleta verde. ¿Entonces, quién la había matado? ¿Realmente se había tratado de un accidente y una bala perdida era la autora de la muerte? Tiempo después del juicio, Ronald Light abandonó Leicestershire y se trasladó a una tranquila granja de Isle of Sheppey, en Kent. Se casó con una viuda y vivió allí hasta el momento de su muerte, ocurrida en 1975, a la edad de ochenta y nueve años. Siempre negó haber matado a Bella.



Durante muchos años sólo la familia de Bella Wright supo dónde se encontraba la tumba de la joven, en la iglesia parroquial de Stoughton. En enero de 1987, un comprador anónimo adquirió en Christie's la funda del revólver de Light y tres balas del Caso de la Bicicleta Verde a cambio de 3,960 libras. La bicicleta verde continúa en manos de una persona de Leicestershire, a cuya familia Ronald Light solía encargarle el mantenimiento del vehículo. El crimen de la bicicleta verde quedó siempre como un caso sin resolver.



La tumba de Bella Wright




BIBLIOGRAFÍA:








DISCOGRAFÍA:

Tim Kretschmer: la masacre de Winnenden



“Permanezcan atentos, oirán hablar de mí mañana. Recuerden bien el lugar: Winnenden".
Tim Kretschmer, la víspera de su ataque


Tim Kretschmer nació en 1991 en Winnenden (Alemania). En su ciudad natal, una plácida localidad con 25.000 habitantes ubicada en el suroeste de Alemania, casi nunca pasaba nada interesante.



Mapa de Winnenden


Tuvo una infancia feliz. Sus padres se preocuparon por satisfacer sus necesidades y su nivel de vida era decoroso. Kretschmer fue siempre un alumno modelo, aunque algo callado. Su padre era empresario, dedicado a los embalajes. Tuvo siempre una buena relación con sus padres y su hermana; era un hijo amable y nunca se metió en problemas.



Tim cuando era niño


Kretschmer gustaba de jugar tenis y ver películas de terror. También obtuvo diplomas y trofeos por su desempeño académico y por su afición al deporte. Desde niño tuvo un perfil sobresaliente. Las fotografías lo muestran sonriendo, satisfecho, socializando.



Tiempo antes de su estallido, y según las versiones policiales, tuvo un breve tratamiento psiquiátrico por depresión entre abril y septiembre de 2008. "Hay signos concretos de que los padres conocían los problemas de salud de su hijo", afirmaron los fiscales y la policía local en un comunicado conjunto. "Basándonos en esto, hay motivos para sospechar que esto puede ser un caso de homicidio involuntario", añadieron, refiriéndose a la responsabilidad de los padres en este hecho.



Sin embargo, su familia siempre negó este hecho y afirmó que era un invento de las autoridades para ofrecer una explicación a lo ocurrido. Y, aunque fuera cierto, el perfil de Tim Kretschmer no era nada extraordinario: millones de personas en todo el mundo han padecido depresión y acudido a terapia.



Lo cierto es que su padre siempre le inculcó la cultura de las armas. En su domicilio tenía quince armas cargadas, además de casi cinco mil cartuchos útiles. Catorce de ellas estaban guardadas en un armario cerrado, como exige la ley alemana, pero una Beretta estaba en el dormitorio del padre, al alcance de su hijo.



El arma usada por Kretschmer


Kretschmer estudió en el Colegio de Albertville, escuela cuya matrícula asciende a un millar de estudiantes y se ubica a veinte kilómetros de Stuttgart, la capital de Baden Württemberg. A causa de una ligera depresión, dejó la escuela en 2007.






El Colegio de Albertville, escenario de la masacre




Al irse a otro colegio, tenía buenas notas y sus profesores nunca notaron nada anormal en su comportamiento. Incluso tenía amigos y había una chica con la cual salía. Con ella fue siempre un caballero.





"Él era un chico feliz aquí", declaró después el director del colegio al que Kretschmer se cambió. "Sus notas estaban dentro de la media. Era un joven tranquilo", añadió una de sus profesoras.



"Tenía el perfil de un alumno promedio, no era violento. Su familia era completamente normal; lo único que llamaba la atención en él era que sabía mucho de armas", declaró uno de sus ex compañeros. "Todos los días disparaba en un bosque. En dos ocasiones organicé con él batallas con munición de goma; nos poníamos gafas de protección y empezábamos a tirotearnos. Eso fue hace mucho tiempo. Él siempre acertaba".



Kretschmer iba con su padre al menos tres veces por semana a hacer ejercicios de tiro en el club del que era socio. Allí se ejercitó precisamente con el arma que más tarde usaría para realizar una masacre: una Beretta 9 milímetros.



La casa de la familia Kretschmer


Tim Kretschmer se interesó durante meses por el fenómeno de los school shoting, las masacres en escuelas. Buscó información en Internet sobre los casos más conocidos a lo largo de varias semanas. En un foro de discusión sobre la masacre de Erfurt, cuando un chico mató en 2002 a dieciséis personas en su antigua escuela y se suicidó, Kretschmer publicó un comentario donde afirmaba: "Lo gracioso es que cuando anuncian la masacre, nadie les cree".



Detalle en la reja de la casa de Tim Kratschmer


El martes 10 de marzo de 2009, Kretschmer comió pizza, fue a la casa de un compañero a estudiar, tomó café, jugó al póker y por la noche regresó a su casa. Allí se entretuvo con videojuegos de asesinos. Entre otros seudónimos, usaba el de "JawsPredator1". La noche del martes estuvo jugando Far Cry 2 desde la computadora de su casa, entre las 19:30 y las 21:40 horas. En su computadora tenía también instalado el videojuego Counter Strike, en el que se juega a disparar sobre blancos móviles.



Luego entró a una página de Internet. Se puso a conversar con otro usuario, un joven internauta bávaro llamado Bernd. "Estoy harto, ya no soporto más esta vida sin sentido, es siempre lo mismo. Todos se ríen de mí y nadie reconoce mi potencial. Tengo armas aquí, mañana por la mañana iré a mi antigua escuela y se va a armar una buena. Permanezcan atentos, oirán hablar de mí mañana. Recuerden bien el lugar: Winnenden". Luego se despidió.



Tim Kretschmer con su uniforme de combate negro


La masacre empezó alrededor de las 09:30 horas del miércoles 11 de marzo de 2009, cuando Kretschmer entró al colegio de Albertville interrumpiendo una clase de la que había sido alumno. Sus ex compañeros no pudieron reaccionar.






Recreación del ataque


Iba vestido con uniforme de combate negro y portaba la Beretta; llevaba además más de doscientos cartuchos. Apenas ingresar, abrió fuego indiscriminado. Se concentró básicamente en las mujeres.



La escuela el día de la masacre




Kretschmer se trasladó de aula en aula matando a estudiantes y a maestros, e hiriendo a muchos otros. A todos les disparaba a la cabeza. Nunca dudó ni mostró titubeo alguno; según los testimonios, su frialdad era impresionante.





Tras dejar detrás suyo un rastro de muerte y destrucción, Tim se encaminó a la salida del recinto. Allí disparó contra otra persona. Luego salió y se dirigió a una clínica psiquiátrica cercana, donde mató a un empleado.






Después, el chico corrió hacia un supermercado, en el cual secuestró a punta de pistola a Igor Wolf, de 41 años. Se dio a la fuga en su auto, obligando al conductor a atravesar todo el centro de Winnenden.




Le contó a Wolf que acababa de matar a varias personas en su colegio. Wolf le preguntó por qué lo había hecho. “Por diversión, porque es divertido”, respondió Kretschmer. Luego le preguntó: “¿Crees que podríamos encontrar otro colegio?”





Wolf cambió de tema para distraerlo. Siguió conduciendo hasta terminar en un concesionario automovilístico de la Volkswagen, ubicado en la vecina localidad de Wendlinger, a cuarenta kilómetros de distancia. Kretschmer le pidió que se detuviera allí, lo dejó ir vivo y después se bajó del auto.



Dos de las víctimas: Chantal y Jana, de dieciséis años de edad



Kretschmer entró a la concesionaria y asesinó a otros dos empleados. Allí lo ubicó llegó la policía. Se desató un tiroteo y él respondió a balazos: hirió a dos agentes de la policía.



Steffi, muerta de un disparo en la cabeza



Al verse acorralado, Kretschmer decidió no entregarse. Salió al estacionamiento, donde deambuló unos minutos con su arma en la mano. Parecía desorientado.



Los cadáveres




Después de observar los movimientos policíacos en derredor suyo, una bala disparada por un agente lo alcanzó. Kretschmer entonces tomó su pistola, la colocó contra su cabeza y disparó, muriendo en el acto. Un testigo lo vio y grabó con la cámara de su teléfono celular los momentos finales.



Mapa del ataque


Murieron nueve estudiantes de entre catorce y dieciséis años, y tres profesores, así como un hombre a las afueras del centro y dos empleados de Volkswagen. Kretschmer había efectuado más de un centenar de disparos y aún le quedaban ciento treinta cartuchos más.





Los noticieros de todo el mundo transmitieron la noticia. El video del suicidio fue inmediatamente censurado.



La reacción de los medios


Las conjeturas comenzaron y la culpa se le achacó a lo de siempre: los videojuegos violentos, la depresión, la falta de control de armas. Los investigadores se apoderaron de su computadora.




"Hemos examinado su computadora y encontramos juegos de vídeo típicos de este tipo de loco, incluido el juego Counter-strike", indicó Ralf Michelfelder, un policía alemán acostumbrado a las insólitas simplificaciones propias de los agentes del orden.




El homenaje fúnebre a las víctimas, precedido por el tañido de las campanas de la ciudad, comenzó el jueves 19 de marzo a las 20:00 horas. Un millar de personas abarrotaron la iglesia. Los abrazos y llantos protagonizaron gran parte del servicio.



El funeral de las víctimas



Un funeral de Estado se celebró en la iglesia de San Carlos Borromeo el sábado 21 de marzo. Fue retransmitido en directo por la televisión y seguido por miles de personas desde otras iglesias, pabellones y el estadio de fútbol local donde, como si se tratara de un evento deportivo, se colocaron grandes pantallas.




Al comenzar el oficio fueron leídos los nombres de las quince víctimas, mientras alumnos del colegio Albertville, vestidos de negro y con el anagrama del colegio en el pecho, colocaban por cada una de ellas una gran vela y una flor sobre el altar del templo. Sólo las autoridades, los familiares de las víctimas y los alumnos del colegio tuvieron acceso al templo.




Al oficio asistió Angela Merkel, la canciller de Alemania. El obispo protestante Otfried July y el católico Gebhard Fürst condujeron la homilía. "No podemos callar tampoco el nombre del autor de estos terribles crímenes, Tim Kretschmer", dijo July, mientras pedía una oración por el joven asesino, "cuya vida también será presentada ante Dios".






La canciller Angela Merkel en el funeral de estado


En contraste, el cuerpo de Kretschmer fue incinerado dos días después de la masacre y sus cenizas enterradas en secreto por su familia en una tumba anónima. En vísperas del funeral de estado que el gobierno alemán dedicó a los muertos, la familia del malogrado Tim Kretschmer dio a conocer una carta a los familiares de las víctimas, a través de su abogado. Dicha carta decía: “A ustedes les fue arrebatado lo más preciado e importante, un ser querido, con el acto abominable e incomprensible de nuestro hijo y hermano. Nunca creímos a Tim capaz de algo así, lo conocíamos de otra manera".



El sitio donde cayó Kretschmer


Quizás una canción de The Police podría definir mejor que nada lo que ocurrió con Tim Kretschmer y su fascinación por el mal y la violencia:

“Una vez que has decidido matar
primero haz tu corazón de piedra.
Y si ves que la mano aún responde,
podrás convertir la muerte en obra de arte.

Y si te gusta la experiencia,
y te emociona el primer éxito,
tendrás que saborearlo otro par de veces
antes de que la conciencia te moleste mucho menos.

Podrás formar parte del grupo de los ilustres
del oscuro Salón de la Fama de la historia:
todos nuestros grandes asesinos fueron industriosos,
al menos los que conocemos por su nombre”
.





VIDEOGRAFÍA:

Noticieros informando sobre la masacre (en varios idiomas)
video


Video tomado con un teléfono celular mostrando el suicidio de Kretschmer
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BIBLIOGRAFÍA:


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