Elvira Luz Cruz: "La Fiera del Ajusco"



“Un caso extremo: una mujer de veintiséis años de edad, Elvira Luz Cruz, abandonada por su amasio, debilitada por la subalimentación y la ignorancia, sin dinero para comida y sin apoyo alguno, mata a sus cuatro hijos e intenta suicidarse acto seguido. Los vecinos, ajenos por completo a su desesperación y abandono, la salvan y la entregan a las autoridades. Apresada por la dependencia extrema del macho ausente, incapacitada para alimentar a sus hijos, Elvira Luz Cruz opta por la extinción. No hay prepotencia ni antecedentes de crueldad con sus hijos, sólo la noción de que su vida le pertenece incondicionalmente…”
Carlos Monsiváis


Elvira Luz Cruz nació en Milpillas, Michoacán (México) en 1954. Fue maltratada en su infancia por sus padres. La pobreza extrema en la cual vivió le impidieron incluso terminar sus estudios de educación primaria. Siendo adolescente, se fue a la Ciudad de México con su familia. Elvira tuvo un hijo con un sujeto llamado Marcial Caballero, quien la abandonó en cuanto ella quedó embarazada. "A partir de ese momento empecé a trabajar como sirvienta, hasta que se cruzó en mi camino Nicolás, que prestaba sus servicios en una obra como albañil", declararía. Años después, se fue a vivir con Nicolás Soto Cruz y juntos invadieron un lote baldío, terreno ajeno, donde construyeron una casa con tablas y láminas de asbesto. Él soñaba con convertirse en cantante y pasaba el tiempo tocando la guitarra y componiendo canciones.



Escena de la obra teatral La Fiera del Ajusco


Nicolás también ejercía la violencia en su contra. Inclusive la golpeaba estando embarazada y en una ocasión trató de estrangularla con un cordón de cortina. Elvira trabajaba mientras estaba embarazada, lo cual motivaba que su esposo dudara sobre la paternidad de los niños. El hijo mayor, Eduardo, permaneció en casa de su abuela materna durante años, para impedir que Elvira intentara irse, ya que era muy útil para realizar las labores domésticas, tanto en su casa como en la de su suegra. Ella o su hijo cobraban el salario que Elvira obtenía. Finalmente, ella perdió el trabajo. Su esposo era alcohólico, y cada noche llegaba a golpear a Elvira; luego abusaba sexualmente de ella y, en ocasiones, también maltrataba a sus hijos. Nicolás procreó un hijo con otra mujer; esto enfureció a Elvira. Discutió con Nicolás, quien se puso violento. Durante una semana, Elvira y su esposo pelearon diariamente. La noche del domingo y el lunes por la mañana estuvieron a punto de llegar a los golpes y Elvira amenazó a su esposo con irse de su casa con sus hijos. Al final, él optó por marcharse y le dijo que iba a dejarla. Pero antes de irse a su trabajo, Nicolás pasó a casa de su madre para informarle lo que pensaba hacer. Le pidió que vigilara a su mujer y se marchó.






Los titulares


La desesperación hizo presa de Elvira, quien se sintió abandonada e impotente, con sus hijos a cuestas, sin trabajo ni dinero, y sin saber qué hacer a continuación. Los hechos ocurrieron a las 10:00 horas en la casa ubicada en la calle de Jacarandas, manzana 13, lote 11, colonia Bosques del Pedregal, en el Ajusco. Primero ahorcó a Israel con un calcetín color azul marino; sorprendió al niño por la espalda. A Eduardo lo ahorcó con un trozo de tela; y a Marbella con un fajero para bebé. Al terminar de matar a los tres, se dirigió hasta donde se encontraba la más pequeña: María de Jesús. Con sus manos le tapó la boca y la nariz hasta asfixiarla. Después intentó suicidarse, ahorcándose con un mecate, usando el cadáver de María de Jesús como peso adicional.



Pero en ese momento llegó su suegra, quien evitó que lograra su objetivo. Elvira estaba inconsciente. La policía llegó un rato después, alertada por los vecinos. Encontraron los cadáveres y a la llorosa mujer. Luego de que elementos de la Dirección de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia la detuvieron y presentaron ante Gustavo Salas, el agente del Ministerio Público de Tlalpan, Elvira Luz Cruz fue enviada al sector central para iniciar las investigaciones correspondientes. Declaró ante el entonces director de la Policía Judicial del Distrito Federal, el controvertido capitán Jesús Miyazawa Alvarez.








“No soporto verlos llorar. Los maté porque no tenía qué darles de comer. Estoy arrepentida de lo que hice, pero al verlos llorar de hambre y no tener dinero para comprarles alimento, me desesperaron y por eso tomé la determinación de matarlos. Lamentablemente no me fui con ellos. Mis hijos lloraban. Me pedían de comer. Me sentí desesperada y decidí terminar con su vida”, declaró. Dijo que su vida había sido de sufrimiento en el aspecto económico y que su esposo era “muy mujeriego", que algunas veces le daba dinero y otras no, y que ella tenía que conseguir entre los vecinos dinero o comida para darles alimento a sus hijos. Dijo que ya nadie le quería prestar dinero, porque algunas veces pagaba y otras no.



Elvira Luz Cruz ingresó al reclusorio, sujeta a proceso penal por homicidio calificado, el 12 de agosto de 1982. Tenía entonces veintiocho años de edad. En prisión, desvariaba hablando sobre Dios y el Diablo. Las irregularidades en el proceso penal y la vida de miseria que había padecido, despertaron la simpatía de la opinión pública por la asesina a quien los medios de comunicación bautizaron como “La Fiera del Ajusco”. Inclusive, diversas asociaciones políticas y feministas le manifestaron su apoyo y solicitaron la absolución.



Elvira Luz Cruz tras su arresto


Organizaciones feministas se solidarizaron con la asesina al considerarla "víctima de un sistema social que no ofrece la infraestructura adecuada para que las mujeres, sobre todo las pobres, ejerzan una maternidad humana y digna". La antropóloga social Yanina Ávila declaró que Elvira Luz Cruz se vio acorralada por las actitudes violentas de su marido y su suegra. "Esta mujer cayó en la paradoja de matar a sus hijos para protegerlos de una familia enferma. El caso demuestra que el amor materno no es natural, como afirma la cultura judeocristiana (Alguna vez hubo) sociedades que practicaban el filicidio como una medida de protección: se abandonaba a los hijos en momentos de escasez de víveres para permitir la subsistencia de la comunidad en su conjunto".



Pero la Juez 30 de lo Penal, Cristina Mora Palacios, basó la sentencia primordialmente en la confesión de Elvira y en los testimonios de su esposo, Nicolás Soto Cruz, su hermana Carmela y la madre de ambos, Eduarda Cruz Cortés.



A principios de enero de 1984 fue sentenciada a veintitrés años de prisión. Sus abogados apelaron y una sala del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal resolvió el 28 de septiembre de ese año, incrementar la penalidad a veintiocho años. Se recurrió entonces al amparo de la justicia federal.






Escena de Los motivos de Luz


Elvira cambió su historia y dijo que se había emborrachado y al despertar, se dio cuenta de que sus hijos estaban muertos, por lo cual quiso suicidarse. Responsabilizó a su esposo y a su suegra. Pero su historia no era creíble. Años después, el dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda escribió y montó la obra teatral La Fiera del Ajusco. Cuando ingresó a la cárcel, Elvira contaba solamente con el primer año de educación primaria. En prisión terminó la primaria, la secundaria y el bachillerato. También concluyó los estudios de mecanografía, costura y un curso de inglés. Su caso motivó la realización del documental Elvira Luz Cruz: Pena Máxima por parte del Centro de Capacitación Cinematográfica, dirigido por Ana Diez Díaz.



Ana Diez Díaz, directora de cine


En 1986, el director de cine Felipe Cazals, junto con Producciones Chimalistac, realizaron el filme Los motivos de Luz; ella decidió no volver a dar entrevistas a la prensa. El abogado Efraín Garza, por instrucciones de EIvira Luz Cruz, inclusive demandó a la productora cinematográfica Chimalistac por difamación y calumnia.



Felipe Cazals, director de cine


Elvira Luz Cruz estuvo encerrada diez años y once meses por la acusación de haber asesinado a sus cuatro hijos menores de edad. Salió bajo tratamiento de preliberación del Centro Femenil de Readaptación Social de Tepepan, Xochimilco, en 1993.





VIDEOGRAFÍA:

Los motivos de Luz (trailer)



BIBLIOGRAFÍA:





FILMOGRAFÍA:




OTROS MEDIOS:

Jeffrey Bruce Pardo: "El Santa Claus Asesino"



“Olvidaré al invierno, que se atreve
a desplegar en campos y ciudades
su monótona túnica de nieve;
y en tristes, lúgubres oscuridades
envuelve los paisajes de la mente,
anestesiándolos en soledades.
Le olvidaré para mirar de frente
el arco del exótico trineo
y su efusivo auriga sonriente…”

Francisco Álvarez Hidalgo. “Esperando a Santa Claus”


Jeffrey Bruce Pardo nació en 1963 en Chicago, Illinois (Estados Unidos). En el Año Nuevo de 2006, la vida parecía sonreírles a él y a Silvia Pardo, con ingresos combinados de unos $150,000.00 dólares anuales, una casa de medio millón de dólares en una tranquila calle cerrada y un perro llamado "Saki".



Jeffrey Bruce Pardo en los buenos tiempos


Trabajaba entonces en el ITT Electronic Systems Radar Systems en Van Nuys. La pareja se casó el 29 de enero del 2006 y se mudó a la casa que Pardo tenía en Montrose, a unos veinticuatro kilómetros al norte de Los Ángeles.



Jeffrey Bruce Pardo y su esposa, Silvia


La vivienda se ubicaba en la parte alta de una colina, cerca de la Iglesia Católica del Santo Redentor, donde Pardo ayudaba como acomodador durante la misa para los niños.



Pardo con gorro y barba de Santa Claus, abrazando a su esposa


Pronto las cosas se complicaron. Bruce Pardo, luego de perder a su esposa por un problema de infidelidad, se quedó sin empleo y después vio morir a su perro. En tan sólo dos años, su vida se había colapsado. Su esposa se mudó con su hermana y su cuñado. A finales de 2007, Pardo estaba pidiéndole a un juez que su esposa le diera una pensión y cubriera los honorarios de su abogado. Perdió y su ex esposa consiguió el derecho a obtener una pensión.



“El Santa Claus Asesino” en varias representaciones


Pardo tenía un hijo de nueve años, Matthew, con otra ex novia, Elena Lucano. No había visto al menor durante años, pero declaró que el niño dependía económicamente de él, en su reporte de pago de impuestos. El niño sufrió daño cerebral severo al caer en una piscina, el 6 de enero de 2001, cuando Pardo estaba solo con él, en su antigua casa en Woodland Hills. Los gastos médicos llegaron a $340,000.00 dólares. Elena Lucano demandó a Pardo para que le diera dinero de su póliza de seguro de vivienda, por $100,000.00 dólares, y unos $36,000.00 dólares fueron depositados en un fideicomiso para el niño, quien requería atención médica constante. Pero Pardo nunca aportó dinero para el cuidado del menor.



La frustración se había convertido en su compañera cotidiana. Pardo pasaba el día viendo televisión, comiendo y durmiendo. La depresión lo había convertido en un ser oscuro y resentido. Sus deudas se acumulaban y él no conseguía encontrar trabajo; vivía solamente de sus ahorros y de algunos dólares que ganaba haciendo trabajos extra. Durante varios meses, tuvo fantasías de muerte y violencia. En algún momento, comenzó a ocultarse tras una máscara de amabilidad que mostraba ante sus vecinos, su abogado, su ex esposa y su familia.








Para junio de 2008, Pardo estaba comprando armas y cientos de municiones, y ordenando suministros para construir una especie de lanzallamas casero. Todo el dinero que conseguía lo invertía en eso. Su casa poco a poco fue convirtiéndose en una armería. Pardo vivió seis meses como si nada diferente estuviese ocurriendo. Su abogado de divorcios diría que siempre se mostró animado e incluso el abogado de su esposa dijo que Pardo se comportó de forma cortés durante todo el proceso de nueve meses. A principios del otoño, el ingeniero eléctrico desempleado acudió a una tienda de disfraces. Allí compró un traje de Santa Claus en talla extra grande, especialmente adaptado para él, ya que su sobrepeso le impedía utilizar uno de talla estándar. Le costó $300.00 dólares.



En diciembre de 2008, el divorcio se formalizó. El resentimiento había transformado a quien fuera un tranquilo hombre de familia, en una bestia callada. Pidió préstamos económicos a varios amigos y compró un boleto de avión para Illinois. Además rentó dos automóviles. El 24 de diciembre, Henry Baeza, dueño del café Montrose Home Bakery, charló con Pardo cuando éste lo visitó para tomar su usual pastel de frambuesas. Pardo se despidió amigablemente, diciéndole: "Adiós y Feliz Navidad para ti y tu familia". Cuando le preguntaban sobre sus planes para la cena de esa noche, respondía con historias diferentes. Le dijo a un amigo que planeaba ayudar como acomodador durante la misa de gallo, en su iglesia. Prometió a otro que lo visitaría en Iowa, para felicitarlo. En vez de eso, Jeffrey Bruce Pardo se puso su disfraz de Santa Claus y se preparó para el gran final. Estaba decidido a cobrarle a la vida todo lo que suponía que ésta le debía.



Aproximadamente a las 23:30 horas, Pardo se acercó a la casa de sus suegros en Covina y tocó a la puerta. Llevaba cuatro armas de fuego y un aparato para rociar combustible, disfrazado como regalo. Una niña que estaba allí, contenta por ver a Santa Claus a través de la ventana, corrió a abrir la puerta. Pardo le disparó un tiro en el rostro, destruyéndole la cara e hiriéndola gravemente. Ante la confusión general, entró en la casa y comenzó a disparar, al principio indiscriminadamente y luego a los familiares de su ex esposa, quien también estaba allí, cenando con sus padres, José Ortega, de ochenta años y Alicia Sotomayor, de setenta, quienes también cayeron abatidos por las balas. Ambos eran originarios de Torreón, Coahuila (México).



La masacre duró varios minutos. Pardo disparó cientos de tiros, tirándole a todo lo que se movía, incluyendo los animales domésticos y baleando hasta el pavo servido sobre la mesa. Cuando concluyó todo, su ex esposa, los padres de ésta, dos hermanos y sus esposas, y el hijo de diecisiete años de su ex cuñada, estaban muertos. Había veinticinco personas, y los demás quedaron heridos.






La casa incendiada tras el ataque




Pardo utilizó entonces el aparato que llevaba, provocando un incendio en la casa. También quemó uno de los autos estacionado afuera.



El artefacto incendiario y el auto quemado




El traje del asesino se encendió accidentalmente y parte de él se derritió, quedando adherido a su cuerpo, causándole quemaduras de tercer grado. Pese a ello, pudo escapar en uno de los autos rentados hasta llegar a casa de su hermano, a más de sesenta kilómetros del lugar de la masacre.



El auto de Pardo


La policía no podía creer lo que veía: era como si dentro de aquel sitio hubiera tenido lugar una pequeña guerra. Los gritos de los heridos, los cadáveres destrozados a tiros, la niña que aún se retorcía con la cara deshecha, los animales muertos, el fuego… y los testimonios de los aterrados sobrevivientes, que le achacaban la autoría a un maniático armado hasta los dientes, disfrazado como un diabólico Santa Claus.







Los nueve cadáveres estaban tan quemados que identificarlos plenamente resultaba imposible. Entre las víctimas se encontraban también Carlos, Jaime y Alicia Ortega, hijos de la pareja Ortega Sotomayor; un hijo de Alicia y las esposas de Carlos y Jaime. Leticia, otra de las hijas del matrimonio, sobrevivió al ataque.



Los heridos


Los ancianos padres tenían un taller de pintura, pero ya estaban retirados. En agosto de 2005, habían celebrado sus Bodas de Oro en México, junto a sus hijos Jaime, Carlos, Alicia, Silvia y Leticia.



Las víctimas



Jeffrey Bruce Pardo había planeado huir a Canadá tras la matanza, pero las quemaduras lo hicieron cambiar de opinión. Una vez en casa de su hermano, meditó en sus posibilidades y decidió que no quería pasar el resto de sus días en una celda, esperando que lo ejecutaran. Pardo tomó una de sus armas y la puso contra su sien. Se disparó en la cabeza, muriendo instantáneamente.






El cadáver de Pardo



Carol Sánchez, quien tuvo una relación amorosa de cuatro años con Pardo, cuando ambos eran estudiantes de bachillerato a los dieciocho años, declaró: "No puedo creer que esté viendo a mi ex novio en la televisión, y a todas las personas a quienes les destruyó la vida. Estoy destrozada. Era una persona amable y amigable. Nunca hubiera pensado que era capaz de hacer algo así".



El funeral de las víctimas




Los periódicos dieron pronta cuenta de los detalles de la matanza. Era asombroso que un hombre aparentemente normal, cuya vida había sido recta y que ni siquiera tenía antecedentes penales, hubiera planeado aquella masacre con meses de anticipación.



El 26 de diciembre, dos días después del ataque, las luces de Navidad cintilaban todavía en la valla y el tejado de la casa de Pardo, así como en un naranjo, mientras la policía registraba la vivienda.



La casa de Pardo tras los ataques



Para entonces, los periódicos de todo el país hablaban acerca del crimen y bautizaban a Jeffrey Bruce Pardo con el sobrenombre con el que pasaría a la historia criminal: “El Santa Claus Asesino”.






VIDEOGRAFÍA:

Noticieros sobre Jeffrey Bruce Pardo (en español)




BIBLIOGRAFÍA:





FILMOGRAFÍA:




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