Jim Jones y Jonestown: los suicidas de Guyana



“Mamá, ¿son los extranjeros que vienen a llevarnos lejos?
Mamá, ¿el Armagedón va a pasar hoy?
Mira lo que me hizo. ¿Por qué hacérmelo a mí?
¿Cómo pudiste hacerme esto a mí? ¿Por qué hacérmelo a mí?
No voy a llorar. No voy a llorar.
Yo prefiero morir…”

Otep. “Té en Jonestown”


James Warren “Jim” Jones nació el 13 de mayo de 1931 en Lynn, Indiana (Estados Unidos), un pueblo del tamaño aproximado de lo que años después sería Jonestown. La población vivía gracias a una floreciente industria manufacturera: la construcción de ataúdes.



La casa donde nació Jim Jones


Su padre sufrió el efecto de los gases durante la Primera Guerra Mundial y regresó a Lynn para convertirse en el borracho del pueblo. Su hijo opinaba de él que era “un viejo despreciable, un maldito racista”. Tras su muerte, Jim descubrió que había sido durante largos años miembro activo del Ku Klux Klan.



El padre y el abuelo de Jim Jones


La madre de Jim, Lynetta Jones, escandalizaba a los vecinos por llevar pantalones y fumar en la calle. Decía que en una vida anterior había viajado por todo el mundo. Se suscribió a la revista National Geographic e inundó los sueños de su hijo contándole todas las noches, antes de dormir, sus aventuras con los cazadores de cabezas del Amazonas. Además, sus relatos incluían extraños sortilegios e historias sobre la transmigración de las almas. Creía que los sueños eran un anticipo de la vida futura y le dijo a su pequeño que él estaba destinado a ayudar a los pobres.



Lynetta Jones, madre del reverendo


Parece ser que no fue sólo la familia quien aficionó a Jim Jones a estas cosas; vivía en una zona del Medio Oeste, llamada “El Cinturón de la Biblia”, donde abundaban los predicadores blancos fundamentalistas. A los doce años empezó a predicar. Sus sermones versaban sobre la maldición del infierno y sus devoradoras llamas.



Jim Jones cuando era niño


En un santiamén se ganó la reputación de curandero de animales de compañía y comenzó a celebrar funerales para gatos muertos. Sin embargo, otras personas adivinaron el lado oscuro de su interés por los animales. Uno de los contemporáneos de Jones declararía: “Algunos de los vecinos echaban de menos a sus gatos; y creo que Jim los utilizaba en ciertos sacrificios”.



Jim Jones acompañado de sus primos


La mayor parte de sus compañeros de colegio llegaron a colocarse, entre las filas de la privilegiada sociedad blanca como banqueros, granjeros, empresarios o profesores, pero él trabajaba de portero en un hospital cerca de Indianápolis. Allí se casó a los dieciséis años con una enfermera cinco años mayor que él.



Marcie Jones, la esposa del reverendo


Jones decidió hacerse médico y se matriculó en la Universidad de Indiana, en Bloomington. Pero al cabo de un año cambió de opinión y abandonó los estudios para convertirse en pastor de almas. Tras obtener su propia parroquia, no tardó mucho en transformarse en un personaje extrovertido.



El adolescente Jim Jones


La congregación era mayoritariamente blanca, y objetaba el gran número de fieles negros que Jones estaba añadiendo al rebaño. Tampoco les gustaba demasiado su estilo al predicar, violento y salvaje. No les agradaba oír que Dios había sido uno de los pasajeros con quien Jones había hablado en el tren camino de Philadelphia. Un buen día, los decanos de la congregación le echaron y clausuraron la iglesia.



El joven Jim Jones predicando ante un grupo de niños


Pero Jones no era el típico televangelista que sermoneaba sobre Dios, la bandera y la forma estadounidense de entender el mundo. En 1953 se hizo miembro del Partido Comunista. Ese mismo año concibió la idea de la “muerte revolucionaria”, precisamente tras la ejecución de dos supuestos espías: el matrimonio formado por Julius y Ethel Rosenberg. Para el reverendo, estas muertes significaban que Estados Unidos había dejado de ser “la última y mejor esperanza de la humanidad”. A los veintidós años, sin financiamiento y sin haber sido ordenado sacerdote, Jim Jones fundó la Community National Church en un distrito suburbial de Indianápolis. Mantenía su iglesia mediante la importación y venta de monos a veintinueve dólares la pieza.



Jones y los monos que vendía para sostener su iglesia


Jim Jones se consideraba a sí mismo un socialista, aunque su filosofía política le debía más a Robin Hood que a Karl Marx. Cuanto más pobres y desatendidos eran sus seguidores, más se esforzaba por ellos. Uno de sus primeros feligreses declararía: “Tenía muchos seguidores. Esa clase de tipos con los que la gente normal no quiere tener nada que ver. Señoronas viejas y feas sin familia ni amigos. Se paseaba entre ellas, mimándolas y besándolas como si de verdad las quisiera. Y en la expresión de sus caras se podía ver lo que él significaba para ellas”.



Tuvo éxito. Consiguió fundar una de las primeras congregaciones multirraciales de Estados Unidos. Y esto atrajo las miradas y la atención de grupos radicales. Los segregacionistas le apodaron “El amante de los negros” y tiraban gatos muertos en el interior de su iglesia. Las ventanas de su casa cayeron hechas pedazos bajo el impacto de las piedras y en su patio explotaron bombas caseras. Pero cuanto mayores dificultades encontraba, más se empeñaba en seguir adelante. Adoptó a ocho niños coreanos y negros. Su postura antirracista le valió pasar a formar parte de la recién creada Comisión Municipal contra el Racismo, y en 1961 despachaba directamente con el alcalde. Incluso obtuvo el premio “Martin Luther King”.



Jim Jones tras recibir el premio “Martin Luther King”


Hacia 1957 había conseguido reunir cincuenta mil dólares, que empleó en reformar con todo lujo una antigua sinagoga, situada en la calle North Delaware de Indianápolis, y acto seguido se instalo allí. Fue la primera Iglesia Evangélica Integral del Templo del Pueblo.



Por esta misma época, Jim Jones peregrinó varias veces a la Misión de la Paz del Padre Divino, donde conoció al predicador de mayor éxito entre los pobres urbanos de todo el país. Y de la mano del maestro aprendió mil trucos que le serían fundamentales a lo largo de su carrera. La clave del éxito del Padre Divino consistía en insistir incesantemente en su propia divinidad y sus extravagantes demostraciones del poder de la fe. Jones aprendió las lecciones como un rayo y empezó a hacer gala de sus dotes de curandero.



Organizó cuidadosamente sesiones “milagrosas” en las que hacía vomitar a sus “fieles” hígados de pollo diciendo que se trataba de un cáncer maligno. Otras veces levantaba de sus sillas de ruedas a ancianos aquejados de parálisis total, que en realidad eran jóvenes perfectamente sanos y muy bien maquillados. Asimismo, asombró a la congregación con sus extraordinarios poderes de adivinación del pensamiento.



Jim Jones durante uno de sus discursos


Jones se llevó entonces a su familia a trabajar durante dos años como misioneros en el Brasil. Precisamente allí fue donde conoció a marxistas de ala dura y añadió un nuevo aporte de filosofía comunista a su evangelio de “cambio social a través del amor cristiano”. De regreso en Estados Unidos hizo alto en la Guyana Británica, que no tardaría en convertirse en el Estado independiente de Guyana. El mundo había cambiado para él.



Letrero del Templo del Pueblo


En Estados Unidos, la lucha por la igualdad entre blancos y negros ya no era una cuestión de unos cuantos iluminados. Jones escuchó hablar a Martin Luther King de un país en el cual el racismo dejaría de ser una característica. Aunque le impresionaron mucho más las palabras de Malcolm X, el líder popular que preguntaba: “¿Qué es lo que el cristianismo ha hecho por los negros, excepto oprimirlos?” Malcolm X rechazaba el amor cristiano y llegó incluso a romper relaciones con los musulmanes negros. Según él, la única respuesta posible era la insurrección armada. En un país con una aplastante mayoría blanca, era lo mismo que predicar el “suicidio revolucionario”. La guerra de Vietnam, las manifestaciones pro derechos civiles y los disturbios raciales del Sur convencieron a Jones de que tenía que llevar a su comunidad a una “Tierra Prometida”.



Trasladó el Templo del Pueblo al valle de Redwood, cerca de Ukiah, en California. Para ello transportó en autobús a cientos de sus fieles de costa a costa. Alguno no le siguieron. Pero los que sí lo hicieron se vieron obligados a vender todas sus propiedades y cayeron bajo la dependencia absoluta de Jones y del Templo.



La sede del Templo del Pueblo


El Templo del Pueblo enraizó en San Francisco. Jones abrió comedores de caridad y centros de asistencia diurnos. Pronto se apropió de un poder que podía tener utilizar políticamente. Los miles de miembros de su congregación eran una buena baza en las elecciones. Jim ofreció la posibilidad de dirigir: a su rebaño a todo aquel que ocupaba un cargo público, desde el gobernador del Estado de California hasta el Fiscal del Distrito, con lo que el poder no tardó en estarle muy agradecido al reverendo. Otro que lo conoció fue George Moscone, alcalde de San Francisco, con quien se encontró en varias ocasiones.



Jim Jones y George Moscone


También le cortejaron los políticos del ámbito nacional, e incluso durante la campaña presidencial de 1976 cenó con Rosalynn Carter, la próxima primera dama; ella además convivió socialmente con dos asesinos seriales de primer nivel: Ted Bundy y John Wayne Gacy. Jim Jones utilizaba su influencia para conseguir un trato preferencial para su congregación en las agencias de la Seguridad Social, ante las autoridades de planificación urbana y construcción de viviendas, y también en los juzgados.



Carta de Rosalynn Carter para Jim Jones


En California conoció a un joven y ambicioso abogado llamado Tim Stoen que acababa de casarse con su novia, Grace. Stoen estaba profundamente desilusionado por el asesinato de John F. Kennedy en 1963 y buscaba una forma “revolucionaria” de desempeñar su trabajo. Jones prometía justo eso. Su congregación multirracial y su particular filosofía cristiano-marxista parecían ser la tendencia dominante del futuro. La influencia del reverendo también podía asegurar a Tim un buen cargo: el puesto de ayudante del Fiscal del Distrito de San Francisco. Pero el precio exigido por el reverendo Jones y el Templo del Pueblo era su reciente esposa.



Grace Stoen


El 25 de enero de 1972, Tim Stoen tuvo un hijo llamado John-John. En el certificado de nacimiento decía que Tim era el padre; pero en una declaración jurada, él mismo afirmó que había pedido a Jones que engendrara una criatura con su mujer “con la esperanza de que el susodicho niño se convirtiera en un devoto seguidor de las enseñanzas de Jesucristo y sea el instrumento para dar comienzo al Reino de Dios en la tierra, tal como ha procurado iniciarlo su maravilloso padre natural”. Como testigo de la declaración actuó Marceline, la mujer de Jones; Grace, la madre, no contó para nada en todo el asunto.



John-John Stoen


El reverendo empleaba el sexo para ejercer su poder y debilitar la relación entre los esposos, con lo que conseguía atarlos más firmemente al Templo del Pueblo. Sus fieles jovencitas consideraban que era un verdadero honor satisfacer sus caprichos sexuales. Una de las secretarias de Jones incluso llevaba un diario especial de citas. Él mismo alardeaba con orgullo de este poder y decía poseer una potencia, una energía y un aguante sobrehumanos. En una ocasión llegó a visitar al psiquiatra para consultarle algún remedio para controlar su libido.



Las relaciones sexuales no estaban permitidas con “extraños”. Todo contacto carnal entre los miembros de la congregación necesitaba el visto bueno previo del reverendo. El líder tuvo al menos tres hijos con diferentes feligresas. El sexo era uno de los temas recurrentes durante las discusiones de la Comisión de Planificación del Templo, un organismo especial compuesto por unos cien miembros, todos ellos blancos de clase media y de mayor nivel cultural. Las reuniones se prolongaban con frecuencia hasta bien entrada la noche, y las relaciones comunitarias se iban volviendo libres, pero al mismo tiempo Jim Jones se iba tornando más paranoico.








Sus peores temores se desencadenaron tras la deserción de dos miembros veteranos. Elmer y Deanna Mertle, una pareja de recién casados, contactaron en 1968 con el Templo del Pueblo en el valle de Redwood, donde encontraron un ambiente de amistad y compañerismo que jamás habían experimentado antes. Vendieron su casa y se mudaron a una granja que el reverendo buscó para ellos. Al cabo de unas pocas semanas, el líder les proporcionó un puesto de trabajo. En 1975 los Mertle ya formaban parte de la todopoderosa Comisión de Planificación. Pero les inquietaba cada vez más el extraño comportamiento del reverendo. Un día, su hija fue azotada por haber cometido una pequeña infracción del reglamento de la comunidad. Aquello los colmó y decidieron marcharse.



Sin embargo, no resultó tan fácil como se lo habían imaginado. Dos de sus hijos estaban viviendo en casas de otros miembros de la comunidad y se sentían más atados a Jones que a sus verdaderos padres. Por añadidura, la casa y todas sus pertenencias eran propiedad del Templo que los había mantenido y rodeado completamente durante cinco largos años. Ellos no habían tenido ningún contacto con el mundo exterior. La madre de Elmer Mertle acudió en su ayuda. Les traspasó una rentable residencia de ancianos que poseía en Berkeley y les prestó el dinero necesario para adquirir una casa. Pero Deanna Mertle avisó a Jones que iban a abandonar la congregación y acto seguido se presentó una comisión en su casa con el encargo de hacerles cambiar de opinión a toda costa. El intento falló. Entonces el reverendo acudió a trucos más bajos, como amenazar con manchar la reputación de Elmer acusándole de ser un pervertido que acosaba a los menores de edad. Los Mertle respondieron que acudirían a la prensa.



La familia sólo consiguió zafarse de la garra de Jones cambiándose de nombre y depositando, en una caja fuerte secreta, declaraciones juradas que relataban las actividades sexuales del reverendo. En sus prédicas, el líder del Templo acusó a los Mertle de “haberse vendido por un puñado de tarjetas de crédito y un bonito coche”. La casa de los ex miembros fue, no obstante, puesta bajo vigilancia, ya que la congregación tenía que asegurarse de que no hablarían con la policía ni con los periodistas. En esta época, los influyentes amigos de Jones prácticamente garantizaban que las quejas de los desertores jamás llegarían a gozar del crédito suficiente. Aun así, el reverendo estaba convencido de que habían intervenido su línea telefónica y de que le perseguían agentes encubiertos del FBI.



En 1976 empezó a llevar a la práctica sus ideas suicidas. El día de Año Nuevo obligó a la congregación a beber un vaso de “veneno”. En una tremenda prédica insultó a los traidores que habían osado abandonar el Templo y convenció a los presentes de que sólo había una manera de demostrar su devoción por él: bebiendo el veneno. Muchos fieles tuvieron un repentino ataque de histeria; uno de ellos intentó escapar, pero fue capturado y se simuló un fusilamiento. Entonces, los demás asistentes se tragaron mansamente el líquido mortal. Al cabo de cuarenta y cinco minutos Jones les explicó que el bebedizo era inocuo, y la comunidad en pleno le dio las gracias por la prueba a la que la había sometido. Fue el primero de los ensayos de suicidio masivo que el reverendo llamó “Noches Blancas”. En todas las ocasiones convenció a los congregados de que estaban bebiendo verdadero veneno, por lo que nadie podía estar seguro de que no era así. Poco a poco se fueron acostumbrando a la idea de despojarse de sus vidas para honrar a "Papá”. Un padre espiritual que ahora declaraba venir de “otro planeta, igual que Supermán”.



En 1977, el Día de Conmemoración de los Caídos, el reverendo fue invitado a pronunciar un discurso en torno al suicidio en San Francisco. El propósito que había movido a los organizadores era construir un muro antisuicidas a lo largo del puente Golden Gate, uno de los lugares favoritos para tirarse al vacío. El discurso de Jones comenzó con una tajante desaprobación del suicidio, pero de pronto giró en redondo y para sorpresa de los asistentes, empezó a respaldar sin tapujos la idea del suicidio. El reverendo había mencionado por primera vez en 1973 la idea del “suicidio revolucionario” a Grace Stoen. En aquel momento sus seguidores eran los únicos con derecho a morir, pero él seguiría vivo para explicar las razones del suicidio masivo.



Grace Stoen y James Cobb, denunciando a Jim Jones


Los miembros del Templo no daban las gracias a Dios, sino a Jim Jones. Al mismo tiempo, el reverendo dejó de creer en el concepto de cristiandad. Durante uno de sus sermones, y para ejemplificar su punto de vista, lanzó su Biblia melodramáticamente al suelo. Los periódicos habían empezado a publicar artículos criticando al Templo del Pueblo. Los Mertle se dedicaron a luchar contra la institución. Denunciaron los abusos sexuales y físicos que habían presenciado. La revista New West publicó todo un artículo atacando a Jones, y en él sacaba a la luz pruebas de extorsión, malversación y chantaje. El reverendo había empezado a colocar su dinero fuera de Estados Unidos. En el artículo se contaba también pormenorizadamente la relación que Jones mantuvo con Grace Stoen. Grace había huido del Templo poco tiempo antes y presentó una demanda para recuperar a su hijo John-John. Pero el predicador estaba decidido a quedarse con el niño, ya que era uno de los nacidos para “heredar la Tierra”.



Tim Stoen seguía actuando como consejero legal de Jones y le explicó que Grace tenía el caso ganado en los tribunales. Les obligarían a transferir la tutela del pequeño a su madre natural, sobre todo tras escuchar el testimonio de los Mertle sobre las extrañas costumbres sexuales de su “padre adoptivo”. La única forma de “salvar” al muchacho era sacarlo fuera del país. El procedimiento ante un tribunal extranjero se podía demorar artificialmente durante años.



Tim Stoen, esposo de Grace y padre de John-John


En 1974, Jones pagó un millón de dólares por el arrendamiento de diez mil hectáreas de jungla tropical en Guyana y por aquellos años era una avanzadilla agrícola experimental del Templo, pero en 1977 se desembarcaron grandes cantidades de material de construcción en el cercano puerto fluvial de Kaituma. Unos trescientos ochenta miembros del Templo solicitaron visados y viajaron a Guyana. Entre ellos estaba John-John.



Mapa de Jonestown


El sabio consejo de Stoen se volvió en su contra, cuando, al poco tiempo, abandonó el Templo del Pueblo e incluso se reconcilió con su mujer. Juntos lucharon por recuperar a su hijo, pero, tal y como había vaticinado, el caso quedó empantanado ante los tribunales de Guyana. Al año siguiente, otros setecientos colonos se trasladaron a la utopía de Jones, un sitio al cual su egolatría llevó a bautizar con su apellido: Jonestown. El precio de entrada era donar todas las posesiones al Templo del Pueblo. Algunos de los miembros se habían hecho cargo de niños abandonados en Estados Unidos y con todos ellos, no menos de ciento cincuenta menores de edad viajaron a Guyana para comenzar una nueva vida.



Unos cuantos adultos se emborracharon en las tabernas de Georgetown antes de llegar a la colonia. El grupo embarcó para subir el río y una adolescente, con una borrachera monumental de ron, tuvo una aventurilla amorosa con uno de los marineros. Jones se enfureció y una vez llegados a la colonia, castigó a ambos: tras desnudarlos y exhibirlos ante la feligresía en la cancha de basquetball de Jonestown, ordenó que un enorme negro violara y sodomizara a la chica delante de todos; luego le indicó que hiciera lo mismo con el chico.



La cancha de los castigos


El reverendo impuso una disciplina de hierro. Las relaciones amorosas eventuales fueron prohibidas. El Comité de Relaciones decretó tres meses de estricto celibato para toda pareja que tuviera intenciones serias de formar un hogar estable. Por supuesto, Jones estaba exento de estas medidas. Se instaló en una choza junto a dos de sus amantes y en una casucha cercana vivía su mujer. Una muchacha joven que se resistió a sus insinuaciones amorosas fue internada en el hospital de Jonestown, drogada, y transportada noche tras noche a la choza de Jones. Los que gozaban del favor del reverendo conseguían ciertos privilegios. Por ejemplo, el médico que apuntaló la teoría de Jones de que el sexo no revolucionario causaba cáncer, disfrutó de las atenciones amorosas de una serie de hermosas jovencitas.



La cabaña de Jim Jones en Jonestown


Las palizas estaban a la orden del día para castigar las infracciones menores, y la dureza se redoblaba si algún hombre se atrevía a hacer la más mínima insinuación a una mujer que le gustara al reverendo. A los adultos se les azotaba o se les obligaba a pelear entre sí hasta “el triunfo de la justicia”. Otras veces se les apaleaba para someter su comportamiento rebelde.



La entrada a Jonestown


A los niños se les castigaba por nimiedades. Se les llevaba ante un micrófono a las dos de la mañana para recibir una paliza, hasta setenta y cinco golpes, y sus gritos se podían oír en todo el campamento gracias al sistema de altavoces. Otros castigos se les aplicaba en la construcción que albergaba la escuela.



La escuela de Jonestown


A un niño lo encerraron en una caja metálica y lo enterraron vivo durante veinticuatro horas. A otros los bajaban en un cubo hasta el nivel freático de un pozo y allí esperaba un ayudante para sumergirlos en el agua lodosa. A otros más los lanzaban desnudos a una zanja y les vaciaban encima toda clase de alimañas, como arañas, ciempiés, escorpiones y serpientes; si se movían, corrían el riesgo de ser mordidos o picados. Otro de los castigos infantiles era colgar al infractor de los brazos, desnudo, mojarlo con cubetadas de agua helada y aplicarle toques eléctricos en el vientre, el ano y los testículos.



La paranoia de Jim Jones iba en aumento. En una ocasión les dijo que había matado a un ladrón que trataba de introducirse en su choza y con el cuerpo preparó un guiso para sus fieles. Los colonos trabajaban arduamente en los campos desde el alba hasta la puesta del sol. Jones pasaba el tiempo metido en su choza, drogándose y censurando las noticias que llegaban de San Francisco y de la sucursal del Templo que tenía en Georgetown, ya que sólo permitía que se diesen las noticias que él consideraba apropiadas para la comunidad. Pero no bastaba: además amañaba y tergiversaba la información del mundo exterior. Sostenía que Jonestown estaba a punto de ser atacada por un grupo de mercenarios de la CIA, acampados en una zona cercana, al otro lado de la frontera con Brasil. No tardarían en atacar, vaticinaba. Se creó un cuerpo de guardianes armados con puestos de vigilancia alrededor de todo el recinto. Pero lo que se trataba de evitar era que algún que otro creyente descontento escapara de la maravillosa utopía. Jim Jones además se acostó con los miembros de su congregación cuando le dio la gana, pero sobre todo con las esposas y novias de aquellos fieles cuya lealtad tendía a flaquear. El soporte filosófico de esta actitud era el concepto de “sexo revolucionario”.



Cuando Debbie Blakey llegó a Jonestown, quedó horrorizada ante el cambio que se había producido en el carácter de su hermano Larry Layton. Jones se había apropiado de sus dos mujeres para su uso exclusivo. De esta forma perdió la capacidad de diferenciar dónde acababa él mismo y empezaba el reverendo. Le apodaban “El robot de Jones” y se convirtió en su sicario más leal. A mediados de 1978, Jim Jones sufría ya una profunda paranoia. Los tres ídolos del reverendo (Martín Luther King, John F. Kennnedy y Malcolm X) habían sido asesinados, quizá por agentes del gobierno. El creerse sus propias fantasías (un mundo de pesadilla surgido de su megalomanía paranoica) otorgó a Jones el poder necesario para convencer a cientos de personas lavándoles el cerebro.



Pero tampoco en Guyana los seguidores de Jones lograron la ansiada libertad. Varios miembros de la secta habían decidido separarse del grupo, regresar a Estados Unidos e informar a la prensa sobre las extrañas costumbres que reinaban en la supuesta utopía de Jonestown. Jones los llamaba traidores. Sostenían que el reverendo era bisexual y mantenía a su congregación bajo un severo yugo carnal, obligándoles a realizar un trabajo físico agotador en condiciones espantosas; eran, virtualmente, esclavos que sembraban los campos. Las reglas de Jones se respetaban rigurosamente por temor a las represalias. A los infractores se les humillaba públicamente para que acatasen la disciplina impuesta. La organización se había apropiado de los pasaportes y los bienes de los miembros, de manera que era prácticamente imposible escapar de la ciudad de la selva.



Torre de vigilancia en Jonestown


Se creó un grupo de apoyo, el Comité de Familiares Afectados, para dar a conocer a la opinión pública la verdad sobre el Templo del Pueblo. Uno de esos familiares, Sam Houston, un periodista de la Associated Press, acusaba a la secta del asesinato de su hijo. El muchacho había abandonado el Templo tras una violenta discusión con Jones. Al día siguiente, el desertor murió en un espantoso accidente de tren cerca de la costa de San Francisco. Sam Houston solía salir de copas con un influyente amigo, el congresista Leo Ryan.



El congresista Leo Ryan


Bastantes miembros de la secta procedían de su distrito electoral, radicado en la zona sur de San Francisco. En una de sus borracheras, una noche en que departían en un bar, el periodista persuadió a Ryan para que iniciara una investigación y averiguara qué era lo que de verdad estaba ocurriendo en el asentamiento sudamericano del Templo del Pueblo asentado en Jonestown. Leo Ryan estaba a punto de convertir a Jonestown en noticia en Estados Unidos. No se imaginaba el congresista que aquella conversación etílica iniciaría una serie de eventos que culminarían en la muerte de cientos de personas.



El 24 de octubre de 1978, el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, basado en las denuncias de docenas de personas contra el Templo del Pueblo, dio a Leo Ryan luz verde para que se trasladase a Guyana. Cuando se enteró, Jones se sintió perseguido. Poco antes, había enviado varias cartas a la Unión Soviética, solicitando que se les diera asilo político, pero aún no había obtenido respuesta. También trasladó todos sus fondos disponibles a cuentas bancarias en Suiza.






Documentos del Templo del Pueblo dirigidos a los soviéticos



Jim Jones no tenía más remedio que permitir la visita, ya que, en caso contrario, peligraba el financiamiento estadounidense de su proyecto y así se lo comunicó el congresista, el cual le amenazó con impedir judicialmente el trasvase de fondos desde Estados Unidos. No obstante, el reverendo quiso imponer sus condiciones: no accedería que entrara en la colonia si iba acompañado por “traidores” o por la prensa.



Leo Ryan hizo caso omiso. Tras convocar a una comitiva, abordó un avión que lo llevó a Sudamérica. Se presentó en Guyana con cuatro miembros del Comité de Familiares Afectados, periodistas, fotógrafos de varios periódicos de San Francisco y del Washington Post, y un equipo de televisión de la NBC. Si Jim Jones no le autorizaba a entrar, Ryan amenazaba con filmar el rechazo de Jones y mostrarlo por la cadena NBC. Todo Estados Unidos lo vería por televisión y acto seguido propondría al Congreso iniciar una investigación en toda regla.



El congresista Leo Ryan durante su vuelo hacia Guyana


Fueron horas de un tenso estira y afloja. Ryan presionó a los miembros de la congregación asentados en Georgetown y a los abogados de Jones. Estos intercedieron y convencieron al reverendo de que no le quedaba más remedio que ceder ante las presiones del político. Jones tuvo que ceder.



Jim Jones y sus abogados la víspera de la llegada de Ryan


En la tarde del 17 de noviembre de 1978, Leo Ryan y sus acompañantes aterrizaron en la diminuta pista de Port Kaituma, a pocos kilómetros de Jonestown. Uno de los hijos adoptivos de Jones, Johnny, los esperaba con el tractor, empleado como medio de transporte para la recogida de basura, para llevarlos a la colonia antes de la puesta del sol.



Jonestown visto desde el aire



No obstante, contrario a lo que Ryan y los periodistas esperaban, la recepción resultó sorprendentemente cordial: había música, flores y gente sonriente aguardándolos. Jones se retiró enseguida al interior de su casucha con el ceño fruncido; a los miembros de la secta se les había dado instrucciones precisas de sonreír y ser amables. La cena se sirvió a las ocho, y acto seguido la banda de Jonestown entonó una alegre melodía.



El interior de Jonestown




El congresista pronunció un discurso muy hábil. Empezó diciendo que le encantaba la banda de Jonestown y que la colonia le parecía un buen lugar para vivir. “Por lo que he visto, hay un montón de gente que piensa que es lo mejor que les ha pasado en su vida”. Jonestown tenía una sola falla, dijo: que no estaba en su distrito electoral. Era una pena que los residentes no pudieran votar por él.



El recibimiento de la comitiva


Los miembros del Templo del Pueblo, a pesar de la acogida afectuosa y de haberse puesto las ropas del domingo, albergaban mal disimuladas sospechas respecto a las interferencias del exterior. Pero tras escuchar a Ryan, los aplausos surgieron espontáneamente. Se había roto el hielo. La banda volvió a tocar y los más jóvenes saltaron a la pista de baile; los mayores participaban dando palmas. Todo el mundo rebosaba felicidad. Una de las amantes favoritas de Jones, María Katsaris, se encargó de guiar a los visitantes por todo Jonestown y atenderlos.



María Katsaris, la amante de Jim Jones, y Patty Cartmell, quien un día después prepararía la pócima para todos


Cuando los bailarines se retiraron y acabó el jolgorio, una mujer de raza negra, Mónica Bagby le dio una nota al periodista de la NBC, Don Harris. Le pedía que arreglara las cosas para que ella y su amigo Vern Gosney pudieran abandonar Jonestown acompañados de Ryan al día siguiente.



El interior de la escuela de Jonestown durante la visita de Leo Ryan


Sin embargo, al otro día por la mañana, el ambiente relajado se había transformado en algo muy distinto. Nueve miembros de la secta decidieron evadirse de la colonia al alba, atravesando la selva virgen hasta un pueblo situado a treinta kilómetros de distancia: Matthew's Ridge. Los guardianes del Templo salieron en busca de los escapados. Mientras tanto, algunos periodistas, aprovechando la falta de vigilancia, se dedicaron a husmear en la colonia por su cuenta y riesgo y ocasionaron un enorme disturbio. Encontraron además una barraca llena de personas famélicas, hacinadas en camas de madera.



Leo Ryan en Jonestown


Al mismo tiempo, Don Harris, de la cadena NBC, empezó a entrevistar a Jones ante las cámaras. El reverendo habló con franqueza sobre sus amantes y negó que existiera una prohibición referente al mantenimiento de relaciones sexuales en la colonia. Todo eso era “pura mierda”, declaró. “Han nacido más de treinta criaturas desde el verano de 1977”. Pero éste ya no era el Jim Jones fino y atildado que había encantado a los políticos californianos, cenando con la esposa del presidente Carter o viajado en el avión privado de Walter Mondale, el candidato con más posibilidades para suceder al presidente de Estados Unidos. Este Jones presentaba un aspecto pálido, obeso y sudoroso. A los pocos minutos de responder preguntas, su verdadera personalidad empezó a aflorar. De pronto, soltó un desvarío: “Lo único que siento es que nadie me haya pegado un tiro todavía. Somos una comunidad pequeña. No constituimos una amenaza para nadie. Pero no descansarán hasta habernos destruido. Me gustaría que me pegaran un tiro y terminar de una vez. Pero lo que está de moda ahora es destruir la reputación de la gente a través de los medios de comunicación. A la larga, es como si te asesinaran”.



Los periodistas aturdieron a Jones con preguntas sobre el hijo que supuestamente había tenido con una de sus seguidoras. La madre decidió abandonar el Templo, pero el reverendo le impidió que se llevara a su pequeño. También le preguntaron por qué los guardias de seguridad iban armados. Y por qué se amenazaba a quienes deseaban abandonar la comunidad. “Todo eso son mentiras”, respondió con aire cansado. Pero acto seguido, se contradijo. Uno de sus hombres de confianza le comunicó que Edith Parks, la abuela de una familia con la idea de escaparse desde hacía algún tiempo, solicitaba su permiso para salir de Jonestown con el congresista Ryan. Jones se encaminó hacia su choza. “Me traicionan”, masculló. “¡No hay manera de acabar con esto!” Otras veinte personas aprovecharon la oportunidad para pedir al grupo que las sacara de la colonia. Jones se puso histérico y gritó: “¡Yo he sacrificado mi vida por mi gente!”



Sus ayudantes procuraron calmarle y le persuadieron de que dejara marchar a quienes así lo desearan. Un número tan pequeño de desertores no tenía importancia si se comparaba con el gran número de fieles que preferían quedarse. Pero a pesar de todo, el ambiente se enrareció con rapidez. Al formarse el grupo de desertores, un joven fornido llamado Don Sly sacó una navaja del bolsillo y apresó a Leo Ryan. Dos matones de Jones detuvieron a Sly y liberaron al congresista. Lo hicieron con tanto celo, que en el transcurso del forcejeo cortaron el brazo del asaltante y la sangre empapó la camisa de Ryan. Justo en el último instante, un nuevo desertor se unió al grupo de los arrepentidos: Larry Layton, el sicario del reverendo. A todos les cambió el semblante, sus caras reflejaban terror.



Larry Layton: el sicario de Jim Jones


Leo Ryan se despidió y se marchó junto con los periodistas y el grupo de desertores. Trató de convencer a Jim Jones de que todo estaba bien y no habría acciones en su contra. Ryan le dijo que Jonestown era un buen lugar para vivir. Pero la paranoia de Jones le hizo desconfiar. Al llegar al aeropuerto, dos avionetas de Guyana Airlines esperaban. La mayoría de los desertores subieron a la primera. Ryan y los periodistas decidieron esperar en la pista de aterrizaje e irse en la segunda. Larry Layton fue cacheado antes de subir al avión en Port Kaituma, pero, no se sabe cómo, consiguió evitar que descubrieran la pistola que llevaba escondida. Jim Jones sostenía un verdadero arsenal en Jonestown, el cual sería descubierto poco después. La primera avioneta despegó.



El arsenal de Jim Jones


Entonces apareció el tractor de Jonestown en la pista de despegue, bloqueando el paso de la segunda avioneta. En el remolque había veinte hombres armados. Larry Layton se dio cuenta: empezó a disparar en todas direcciones y alcanzó a tres desertores. Lo ayudaron los hermanos Tim y Mike Carter, quienes sacaron sus armas y empezaron a disparar a bocajarro contra el congresista Leo Ryan y los periodistas. Una verdadera lluvia de balas derribó a Leo Ryan, Don Harris y a otros dos miembros del equipo de televisión que aún permanecían en la pista de despegue. Varios soldados de Guyana que estaban cerca, se limitaron a presenciar lo ocurrido sin intervenir, a pesar de que las víctimas les pedían ayuda a gritos.



La avioneta y los cadáveres de Leo Ryan y su comitiva


El camarógrafo de la NBC grabó todo el ataque, incluido el asesinato de Ryan y su propia muerte: asombrosamente, la grabación perduró y sería transmitida en Estados Unidos. Los sicarios se acercaron y remataron a las víctimas de varios tiros en la nuca. Únicamente tres periodistas se libraron sólo con heridas. El tractor y el remolque abandonaron la pista.



Las víctimas


Era el 8 de noviembre de 1978. El reverendo Jim Jones observó a su congregación desde su humilde trono tallado en madera. La escena tenía lugar en el recóndito paraje de la selva de Guyana. Unos mil feligreses lo rodeaban, expectantes. Tenía que comunicarles una mala noticia: la mayoría estaban a punto de morir. Primero esperaron la llegada de los asesinos. Ante todos los congregados, explicó que Larry Layton, había disparado al piloto del primer avión en la cabeza y el aparato se había estrellado en la jungla. Efectivamente, ése era el plan urdido en primera instancia por el reverendo. A los veinte secuaces los había mandado “por si algo salía mal”. Jones afirmó que la CIA forzaría al gobierno izquierdista de Georgetown a que enviara tropas de las Fuerzas de Defensa de Guyana para vengar la afrenta. Esos soldados eran negros, eran sus hermanos y no podían pelear contra ellos. Sólo quedaba la salida que durante tanto tiempo habían estado ensayando: suicidarse en masa.



La cabaña abandonada de Jim Jones


Uno de los miembros del Templo preguntó si era demasiado tarde para escapar a la Unión Soviética. “Los rusos no nos acogerán ahora”, contestó Jones. No obstante, había enviado a dos de sus ayudantes a la embajada soviética en Georgetown con un maletín que contenía medio millón de dólares para intentar comprar su huida. Pero el intento fracasó. Así que el equipo médico de Jonestown, ayudados por Patty Cartmell, preparó dos bidones de 150 litros con una mezcla de Kool Aid sabor uva, cianuro y valium.



El veneno


Los feligreses estaban dispuestos al sacrificio. El reverendo les aseguró que se “volverían a ver en otro lugar mejor”. Se formó una fila en perfecto orden. Las madres administraron la pócima a sus hijos. A los bebés se les suministró con la ayuda de una jeringuilla, inyectándoles un chorrito en la boca.



Los hijos de Jones se tragaron el veneno dando muestras de alegría. A aquellos que se resistían, se les obligaba a beber la letal combinación.



Los cadáveres



La congregación estaba convencida de que el veneno les produciría una muerte sin sufrimiento. Pero algunas criaturas empezaron a tener fuertes convulsiones, y el pánico se adueñó de los fieles. Jim Jones, con mano experta, consiguió calmar los ánimos. “No lloran de dolor. Sólo es un poco de sabor amargo”, explicó.





Uno de los primeros muertos fue John-John, el hijo de Jim Jones y Grace Stoen. Acto seguido, los adultos tomaron sus raciones en vasitos de papel. Se dirigieron a las praderas de la colonia, se tumbaron y murieron.





“¡Mueran con dignidad!”, les gritaba Jones. Muchos no llegaron y cayeron dentro de las calles de Jonestown; otros fallecieron ante el trono de madera del reverendo, el cual siempre ostentó encima un letrero que espetaba en inglés la sentencia del filósofo George Santayana: “Los que no llegan a conocer el pasado, están condenados a repetirlo”.



El trono de Jim Jones rodeado de cadáveres


Entonces les tocó el turno a los guardias armados: primero se encargaron de asesinar a todos los animales. Una verdadera matanza de perros se celebró. Sólo un perro que se escondió en una casa sobrevivió. También mataron a un gorila, que era la mascota de Jim Jones. Después, los guardias también se tragaron el veneno, cumpliendo con su deber.



El perro superviviente


Cuando todo el mundo hubo muerto, Jones cogió una pistola y se pegó un tiro en la cabeza. Instantes después, Annie Moore, una de las enfermeras de la colonia, se mató con la misma pistola.



El cadáver del reverendo Jim Jones


El hombre que con tanto éxito habla sabido aprovecharse de los medios de comunicación durante toda su vida, dejó una curiosa posdata como recuerdo de su muerte: mientras los miembros de su rebaño iban entregándose a la muerte, una cinta magnetofónica oculta grababa minuto a minuto el fatal desenlace. Fue el último golpe de efecto del reverendo Jones. Esa cinta sería comercializada años después en forma de un disco compacto de gran éxito.





Al mismo tiempo, en Georgetown otras personas cumplían también con el macabro ritual. Uno de ellos, Charles Baikman, degolló a su esposa y a sus dos pequeños hijos, dejándolos que se desangraran en la sala de su casa, pero se acobardó y decidió no suicidarse. Sería arrestado y deportado a Estados Unidos, donde se reencontraría con otro de sus hijos y purgaría una sentencia en la cárcel por el triple asesinato.



Charles Baikman tras su arresto y en el reencuentro con su hijo mayor



Novecientas veintitrés personas murieron en Jonestown en esa jornada; a esa cifra se le sumaban las muertes de Leo Ryan, los periodistas y los desertores. A pesar de ese macabro testimonio, el mundo exterior no conseguía explicarse cómo un solo hombre fue capaz de persuadir a casi un millar de personas para que se suicidaran sin oponer casi resistencia.





Tim y Mike Carter, quienes ejecutaron a Ryan y sus acompañantes, huyeron de Jonestown con medio millón de dólares en efectivo y varias armas, pero fueron capturados días después.






Tim y Mike Carter, asesinos de Leo Ryan y los periodistas


Los abogados de Jim Jones alegaron ante los guardias de Jonestown que el reverendo les había encomendado sobrevivir para contarle al mundo lo ocurrido; eso, por supuesto, era una mentira, pero salvó sus vidas.



Los titulares sobre la tragedia



Tras los suicidios, el ejército de Guyana, apoyado por marines estadounidenses, intervino en Jonestown. Recogieron cadáveres, los colocaron en bolsas negras de polietileno y luego en cajas de metal.



La recolección de cadáveres


El cadáver de Jim Jones también ocupó una caja, en la cual se garabateó su nombre y un número.



Los ataúdes de Jim Jones y sus seguidores



Los cuerpos de Ryan y sus acompañantes regresaron a Estados Unidos en ataúdes cubiertos con la bandera estadounidense.



Los supervivientes se quejaron; hubieran querido morir con Jones. Otros regresaron a su país, donde siguieron afirmando que el reverendo era un dios. Muchos más denunciaron los abusos cometidos por este.



Los supervivientes



Diez días después de la tragedia, el alcalde de San Francisco, George Moscone, fue acribillado junto con Harvey Milk, político homosexual que estaba a punto de convertirse en alcalde. El autor fue el ex policía Dan White, quien en ese momento acababa de renunciar a su cargo como Concejal; White mató al alcalde Moscone y a Milk en el edificio del Ayuntamiento.



George Moscone, alcalde de San Francisco


Al principio, muchos aseguraron que el asesinato de Moscone, quien había apoyado la investigación del Congreso en Jonestown y era amigo de Ryan, había sido causada por un Escuadrón de la Muerte que vengaba a Jim Jones. Pero poco después se descartó esa hipótesis.



El funeral del alcalde George Moscone



Muchas de las víctimas fueron enterradas en el cementerio de Jonestown, un lugar triste y lúgubre que terminó abandonado.



Cementerio de Jonestown


En Estados Unidos también se conmemoró la tragedia. Allí se construyó un Memorial con los nombres de los muertos.



El Memorial de Jonestown


El hijo de Jim Jones, Stephan, declaró en una rueda de prensa que su padre “estaba loco”; sin embargo, tomó el control de la secta y dijo que proseguiría con los preceptos de la misma.



Stephan Jones en conferencia de prensa


Posteriormente, se lanzaron películas, discos, libros, caricaturas y visiones de humor negro sobre lo ocurrido en Jonestown.



Chistes y caricaturas sobre Jonestown





Con el tiempo, surgieron muchas hipótesis, que necesariamente implicaban conjuras de la CIA y el gobierno de los Estados Unidos contra Jones y su gente. Jim Jones fue el primero y el peor de los líderes asesinos de sectas, ostentando además el récord de muertos por su propia mano. Pero el mayor legado de Jones fue abrir el camino para que otros dirigentes con ínfulas mesiánicas, como David Koresh con los Davidianos y Marshall Applewhite con la secta Puerta del Cielo, guiaran a sus fieles a la muerte absurda en nombre de su supuesta divinidad.





VIDEOGRAFÍA:

Jim Jones en Crímenes del siglo XX
video


Jim Jones en Indice de maldad
video


Jim Jones en Killing of America
video


Guyana: el crimen del siglo (trailer)
video



BIBLIOGRAFÍA:








FILMOGRAFÍA:






DISCOGRAFÍA:


31 comentarios:

Kozure Okami 浪人 dijo...

saludos gruppies sangrientos!!!

tan tarde y yo el primer comment!!!


excelente !

joveman dijo...

entonces el mio es el 2do comentario pero igual macabra historia como siempre espero con ansias hasta el proximo domingo

Anonymous dijo...

Hey el Mike: Mi Bro...juer ar yu?
miss you...

Kozure Okami 浪人 dijo...

Frida, yo estaba chupando mi tetero(Biberon)....

escalofriante. Manejo de masas como el Tio Jose y el primo Adolfito...

Jonestown puede repetirse en el futuro. hay que vigilar. Muy buen reportaje.

PD. Esta entrega salio despues de las 12:15 am. como fiel grouppie, pregunto que paso y mando saludes a los demas grouppies.

Sangrientos dias!

el mike dijo...

excelente aporte, lastima que no puedo leerlo ahora, mi disco duro se murio y ando en un ciber, a ver si mañana compro el nuevo y ya acceso desde mi casa a leerlo con calma, feliz inicio de semana a todos

Alexa DeLarge Von Hofstadter dijo...

Ahhh excelente!!! ya tenia rato de buscar la historia de los Suicidas de la Guyana, de hecho ando de tras del pequeño libro que se publico por la Editoral Posadas.

Yo soy mega fanatica de los Serial Killers y demás gente jeje, espero que pronto haga un post sobre:

El Chalequero, Richard Chase, John Wayne Gacy, Fred y Rose Westm Paul Bernardo y Karla Homolka, John George Haigh, David Berkowitz, Belle Gunnes, Zodiac, Henry Lee Lucas y Ottis Toole, Luis Alfredo Garavito Cubillos, Peter Kürten, "El Vampiro de Düsseldorf", José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, y un sin fin de personas más.

Un saludo y heheh ya soy "groupie" (hahaha) de su blog!

Mary dijo...

Hola!! Amigo, solo vine a ver lo que publicaste, se ve muy interesante, ya habia oido de esta desgracia, me tomo la historia para mi Word y leerla mas al ratito, gracias por tus mensajes, ya te contesto pronto con calma y tiempo. Saludos y abrazos.

Escrito con Sangre dijo...

Kozure Okami: cada post aparece exactamente a las 00:01 de cada domingo. Ignoro por qué lo viste publicado hasta después.

Joveman: Recuerda que cada domingo... ¡Un nuevo asesino!

Frida: en efecto, hace treinta años que sucedió esto. Gracias por recordarme el aniversario ayer, esto permitió incluir a Jim Jones en la fecha precisa.

El Mike: suerte con tu disco duro y esperamos pronto tus comentarios.

Miss Fermento: los personajes que mencionas están en la lista de espera y aparecerán poco a poco en este blog. No desesperes, que todos ellos llegarán.

Mary: gracias por tus comentarios, esperamos tus sugerencias.

Un saludo a todos.

Beausoleil dijo...

Increíblemente bueno. La verdad es que he disfrutado con este artículo. Ya tenía ganas de leer algo tan completo sobre el asunto.

En Google Vídeos hay un documental de unos tres cuartos de hora en el que puede escucharse la cinta de la que habla el artículo. Resulta siniestro porque puedes situarte perfectamente en el momento: Jim Jones diciendo claramente que hay que tomar el veneno, que no lloren, que mueran con dignidad. Algunas personas mostrando sus dudas, otras dándole las gracias. Y de fondo, una música angelical que queda especialmente terrorífica, dadas las circunstancias.

El vídeo es éste:

http://video.google.es/videosearch?q=Jim+Jones&hl=es&emb=0&aq=f#q=Jonestown%20death&hl=es&emb=0

Frida Mazzotti Pabello dijo...

Además recordemos que se cumplieron ayer 30 años de la masacre...Y creo que algunos de nosotros, aquellos que ya habíamos nacido recordaremos lo que estábamos haciendo el día que la noticia recorrió el mundo...

COKETA dijo...

Hola aki reportandome kmo nueva seguidora de este blog,,,,,,, excelente reseña , kmo todo lo k haces , de verdad cada vez estoy mas clavada aki, no se podran deshacer de mi tan facilmente... por otro lado, miss fermento, yo apenas estoy aficionandome en esto de los serial killer ylos nombres k has dado , no los habia esscuchado, muchas graias por la info y supongo k esos mismos formaran parte de la lista de espera de este blog .......
felicidades a escrito con sangre aunk no conozco tu nombre real, eres genial en esto!!

Andaya dijo...

Me voy de aquí angustiada. Parece increíble tanta maldad sin sentido.
Pero bueno es ver expuestas nuestras miserias.
Te juro que alguna de las historias me han dado dolor de estómago y asco como "ser humano".
En fin, muy buen blog.

Estefania Gómez dijo...

Hola les escribo para felicitarlos por su excelente Bloq, tengo varios dias leyendo las historias publicadas de los diferetes asesinos y me ha parecido muy interesante, por lo cual quiero sugerirles que publiquen la historia de Luis Alfredo Garavito que fue un violador y asesino de muchos niños inocentes en Colombia.

Espero que lo tengan en cuenta, muchas gracias por su atencion,

Estefania Gomez
Barranquilla, Colombia

Bruja dijo...

Hola!
Me gusta mucho tu blog tiene mucha informacion, me interesan mucho las historias de los criminales porque asi puedo compararlos y ver si hay algunos detonantes que los convierten en asesinos,en verdad me llama mucho la atencion el saber porque alguien se vuelve un asesino.
ya habia estado leyendo el blog desde hace semanas pero no me animaba a comentar,en fin aunque suene ya muy trillado, te mando una felicitacion y sigue adelante con esto. Los sigo leyendo despues.

nähdään!! ^_^

el mike dijo...

estefania, me parece que garavito ya esta en preparación, pero el autor comento que antes publicara a otra persona, con peores antecedentes que garavito, lo cual, me tiene con curiosidad desde el dia que lo dijo.
por cierto, ya regrese y estoy usurpando el lugar del autor otra vez, chido, no? :P

Anonymous dijo...

Muy completo su trabajo! Lo felicito! Excelente recuento de la historia!
Todavia no deja de sorprender!
Saludos!

Anonymous dijo...

Hola a todos

Estaba viendo un documental sobre este caso en el que decian que posiblemente Jin Jones, habia sido asesinado por uno de sus seguidores, ya que no tomaba el veneno.

Y de acuerdo al relato, parece que es cierto ya que pensaba asilarse en Rusia.

Lo vi en Discovery o History Channel, no recuerdo bien.

Atte

Hugo Ronceros

Rowan dijo...

Este es el primer comentario que escribo, pero ya tengo un mes desde que descubri esta pagina, yo desconocia la existencia de esta secta y me sorprendio mucho al leerla. Curiosamente al leer la descripcion de la secta recorde un capitulo de Los Simpsons, en el que llega una secta a springfield y todos se unen y terminan vendiendo todas sus pertenencias y se van a vivir a una comunidad, al principio pense que era una parodia a los cienciologos pero creo que va mas enfocado a esta historia. Aqui te paso el video para que lo cheques y ver si te sirve para videoteca.

191 - 9x13: La secta Simpson.

http://www.lossimpsonsonline.com.ar/capitulos-online/espanol-latino/temporada-9/capitulo-13/

Anonymous dijo...

dios que tragedia aun es dificil de entener y muchas cosas aun son confusas despues de mas de 30 años, vi en "indice de maldad" en discovery channel a un sobreviviente que quizo escapar y vio como moria su esposa y como los matones de jones envenenaban a su hijo de 2 años, el dijo que muchas de las victimas fueron obligadas a beber el veneno y que los cadaveres fueron acomodados para las fotos y dieran la impresion de haber muerto unidos como familas listas para sacrificarse pero no hay que olvidar que aquellos que se revelaran a las ordenes de jones eran azotados brutalmente asi que debian estar dominados por el miedo se pinto como un lider espeiritual pero no era mas que un enfermo mental y un vil asesino

Anonymous dijo...

amigos si es muy espelusnante pero no se hay unos cabos sueltos pienso dos cosas una que la gente estaria completamente loca para creerle a este señor y matarse pero 923 personas locas, es algo no explicable, pero no se creo que la naris de los gringos tiene algo que ver con esto y segun lo que e leido el señor este tenia vimculos con los socialistas y se declaraba socialista y como en ese tiempo estados unidos le temian a ese nombre ya que sabian que hiba ser la destruccion de todo su estado de incompetencia y de explotacion del hombre creo que es otra obra de estados unidos masacrando pueblo, obra del capitalismo salvaje y si en la actualidad crearon el virus porcinnno no tenia dada de extraño que mataran 923 personas para hororizar a la gente sobre la uniooon sobietica y sobre el socialismo

Anonymous dijo...

Excelente articulo, muy completo.

leandro dijo...

Realmente, para quienes no conocíamos la historia completa de lo sucedido en Guayana, el trabajo es impecable.
Realmente lo felicito.

Gracie dijo...

Como siempre exclente historia de verdad q me impresiono saber todo esto me he vulto fan asidua de la pag q no puedo dejar de leer, me encantaria q publicases la historia de Marshall Applewhite con la secta Puerta del Cielo que se ve de igual manera interesante y es algo que recuerdo que paso por lo cual me gustaria profundizr sobre ellos gracias

No se... dijo...

No se quien esta más loco, si el reverendo solicitando que todo el mundo se suicide, o las 900 personas que le hicieron caso y se matarón.. Esto es lo que pasa con el fanatismo religioso, se vuelve estúpido... Lo lamento por los niños.. porque ellos no tuvieron la culpa de que sus padres creyeran en boludeses y eran capazes de envenenarlos..
Más que un suicidio colectivo todos se mataron entre sí por la culpa de un hijo de puta que les prometía gloria eterna...
Lamentable

La verdad, una de la pagina en español con más información acerca de las mentes psicopatas que encontre, ¡Felicitaciones!

The LuK•S dijo...

Exelente recopilacion, una investigacion muy completa.

Le dejo algo para agregar al tema y kisa sea enriquesedor en cuanto a contenido.

Una grabación del mismisimo Jim Jones y su congregación momentos previos y la crucial culminación, eriza la piel escuchar a esa gente hablar sobre el suicidio...

Esta es la grabacion de la muerte de Jonestown.

http://www.archive.org/details/ptc1978-11-18.flac16

Anónimo dijo...

Siempre habrán JUDAS ISCARIOTE en los rebaños. .
Pero Jesús siempre será el mismo. Ayet, hoy y después. Indicará el camino. Cada uno de nosotros verá si lo sigue.

Anónimo dijo...

900 despreciables loquitos, manipulables y prescindibles. No se perdió nada.

Criminologa:) dijo...

En esta pagina me enamore de los asesinos seriales (entendiendose esto como fascinacion hacia ellos), hoy me encuentro estudiando Criminología, asi que gracias por guiarme hacia mi futuro :) y como siempre esta pagina ayudandome en mis tareas, asesino perfecto para hablar de toxicología, mil gracias!!

Sarifa23 dijo...

Excelente pagina muy buenos artículos, llegue a ella por recomendación de mi novio que estudia criminologia todo comenzó con Ed Gein por la canción Dead Skin Mask y bueno aquí estoy disfrutando poco a poco de cada articulo un excelente trabajo de su parte :3

Sarifa23 dijo...

Excelente pagina muy buenos artículos, llegue a ella por recomendación de mi novio que estudia criminologia todo comenzó con Ed Gein por la canción Dead Skin Mask y bueno aquí estoy disfrutando poco a poco de cada articulo un excelente trabajo de su parte :3

VENANCIO HEREDIA dijo...

Casi 1000 enfermos más otro que los dirige.. Excelente archivo Escrito! Seguí así!.