Atila: "El Azote de Dios"



“Donde pisa mi caballo, no vuelve a crecer la hierba”.
Frase atribuida a Atila


Atila, nacido en 406 y muerto en 453, fue el último y más poderoso líder de los hunos. Gobernó el mayor imperio europeo de su tiempo, desde el 434 hasta su muerte. Conocido por sus contemporáneos de Occidente como "El Azote de Dios", sus posesiones se extendían desde Europa Central hasta el Mar Negro, y desde el Danubio hasta el Báltico.



Durante su reinado fue uno de los más acérrimos enemigos de los Imperios Romanos Oriental y Occidental: invadió dos veces los Balcanes, estuvo a punto de tomar la ciudad de Roma y llegó a sitiar Constantinopla en la segunda de las ocasiones. Marchó a través de Francia hasta llegar incluso a Orleans antes de que le obligaran a retroceder en la batalla de los Campos Cataláunicos y logró hacer huir al emperador Valentiniano III de su capital, Rávena, en el 452. Aunque su imperio murió con él y no dejó ninguna herencia destacada, se convirtió en una figura legendaria de la historia de Europa. En gran parte de la Europa Occidental se le recuerda como el paradigma de la crueldad y la rapiña. Algunos historiadores, en cambio, lo han retratado como un rey grande y noble, y tres sagas escandinavas lo incluyen entre sus personajes principales.



Los hunos europeos (provenientes de China y del Asia Central) lograron superar militarmente a sus rivales por su predisposición para la guerra, su asombrosa movilidad y sus armas específicas, tales como el arco huno. Cuando nació Atila, su pueblo ya era considerado una amenaza para el imperio. Algunos no los consideraban humanos. Parecían bárbaros, hasta para los bárbaros germánicos. Los hunos ni siquiera cocinaban la carne y los germanos sí. Según los romanos, ellos vivían a caballo, dormían a caballo, se apareaban en las carretas. No tenían casas, no usaban ropa limpia, eran distintos y aterradores. No se podía confiar en ellos, eran traicioneros. Al menos eso contaban las leyendas.



Atila nació en torno al año 406. En cuanto a su infancia, la suposición de que a temprana edad era ya un jefe capaz y un avezado guerrero es probable, aunque especulativa. Tras la muerte de su padre, Atila se encuentra con su tío y decide acompañarlo para aprender el arte de la guerra. La principal fuente de información sobre Atila es Prisco, un historiador que retrata así a Atila: “Fue un hombre que nació para sacudir las razas del mundo, un terror para todas las tierras que de una forma u otra atemorizó a todos por las noticias terribles propagadas sobre él. Era altanero en su corte, orgulloso, lanzaba miradas a todos lados para que su poder fuese evidente, incluso en los movimientos de su cuerpo. Amante de la guerra, era reservado en sus acciones, dado a recibir consejos, amable con sus súbditos y generoso con aquellos a quienes había otorgado su confianza. Corto de estatura, de ancho pecho y cabeza grande; sus ojos eran pequeños, su barba fina y salpicada de canas; y tenía la nariz chata y la tez morena, mostrando la evidencia de su origen”.



La apariencia física de Atila debía ser, muy probablemente, la de alguien del tipo mongol. Su nombre ha pasado a ser sinónimo de crueldad y barbarie, lo cual podría originarse en sus rasgos físicos. En la imaginación popular, comparte características con posteriores señores esteparios de la guerra, como Gengis Kan y Tamerlán: todos ellos comparten la misma fama de crueles, inteligentes, sanguinarios y amantes de la batalla y el pillaje.



Atila no sólo hablaba perfectamente el latín, sino que sabía escribirlo; además dominaba el griego y otros idiomas, por lo que muy probablemente se trató de un hombre de gran cultura para los cánones de la época. Pero el contexto histórico de la vida de Atila tuvo gran trascendencia a la hora de configurar su posterior imagen pública. Los hunos eran hordas de jinetes que parecían estar pegados a sus bestias, atacando en una dirección. Esto fue una experiencia aterradora para los ejércitos imperiales, una experiencia que nunca habían vivido.



En los años de la decadencia del Imperio occidental, tanto sus conflictos con Aecio (conocido a menudo como “el último romano”) como lo ajeno de su cultura, contribuyeron a cubrirlo con la máscara de bárbaro feroz y enemigo de la civilización con la que ha sido reflejado en un sinnúmero de libros, pinturas, películas y otras manifestaciones artísticas, como la ópera que lleva su nombre, con música de Giuseppe Verdi y libreto de Temistocle Solera.



Ópera basada en Atila


Los poemas épicos germanos en los que aparece nos ofrecen un retrato más matizado. Algunas historias nacionales, sin embargo, le retratan siempre bajo una luz favorable. En Hungría y Turquía los nombres de Atila y su última mujer, Ildico, siguen siendo populares actualmente.



Se ha clasificado a Atila como un "bárbaro" sin darse cuenta de que los romanos llamaban así a cualquier pueblo que no fuera romano o romanizado, sin importar su grado de cultura ni su estado de civilización. Aparte de esto, no es improbable que el jefe de una nación guerrera (un jefe inteligente) sopesara la ventaja propagandística de ser considerado por sus enemigos "El Azote de Dios", y que debido a ello fomentara esa imagen entre ellos.



Hacia el 432, los hunos se unificaron bajo el rey Rugila. En el 434 murió Rugila, dejando a sus sobrinos Atila y Bleda al mando de todas las tribus hunas. En aquel momento los hunos se encontraban en plena negociación con los embajadores de Teodosio II, acerca de la entrega de varias tribus renegadas que se habían refugiado en el seno del imperio de Oriente.



Al año siguiente, Atila y Bleda tuvieron un encuentro con la legación imperial y, sentados todos en la grupa de los caballos a la manera huna, negociaron un tratado. Los romanos acordaron no sólo devolver las tribus fugitivas, sino también duplicar el tributo anteriormente pagado por el imperio, de 350 libras romanas de oro (casi 115 kg.), abrir los mercados a los comerciantes hunos y pagar un rescate de ocho sólidos por cada romano prisionero de los hunos. Éstos, satisfechos con el tratado, levantaron sus campamentos y partieron hacia el interior del continente, tal vez con el propósito de consolidar y fortalecer su imperio. Teodosio utilizó esta oportunidad para reforzar los muros de Constantinopla, construyendo las primeras murallas marítimas de la ciudad, y para levantar líneas defensivas en la frontera a lo largo del Danubio.








Los hunos permanecieron fuera de la vista de los romanos durante los siguientes cinco años. Durante este tiempo llevaron a cabo la invasión de Persia. Sin embargo, una contraofensiva persa en Armenia concluyó con la derrota de Atila y Bleda, quienes renunciaron a sus planes de conquista. Reaparecieron en las fronteras del Imperio Oriental, atacando a los mercaderes de la ribera norte del Danubio, a los que protegía el tratado vigente. Atila y Bleda amenazaron con la guerra abierta, sosteniendo que los romanos habían faltado a sus compromisos y que el obispo de Margus (cercana a la actual Belgrado) había cruzado el Danubio para saquear y profanar las tumbas reales hunas de la orilla norte del Danubio. Cruzaron entonces este río y arrasaron las ciudades a lo largo de la ribera, entre ellas Viminacium. Su avance comenzó en Margus, ya que cuando los romanos debatieron la posibilidad de entregar al obispo acusado de profanación, éste huyó en secreto hacia los bárbaros y les entregó la ciudad. Atila se enfureció, su ejército cruzó el río con cólera justiciera y acometió contra un poblado comercial romano.



En un feroz combate, los jinetes de Atila arremetieron contra los romanos cortándolos en pedazos. Mientras avanzaba su embestida, el hábil uso de Atila de los ingenieros romanos capturados expertos en sitios, hizo que ni siquiera las paredes más poderosas de las fortalezas resistieran el ataque. Ciudad tras ciudad fue saqueada y destruida completamente, y sus riquezas despojadas. Los romanos sufrieron derrota tras derrota, Cientos de hombres cayeron bajo el hacha de Atila: en el campo de batalla se convertía en una bestia, cortaba brazos, cabezas, hendía los cráneos de sus enemigos, hacía que las patas de su caballo pasaran sobre los charcos de sangre vertida por los soldados rivales.



Atila, el sanguinario


Teodosio había desguarnecido las defensas ribereñas. Esto dejó a Atila y Bleda el camino abierto a través de Iliria y los Balcanes, que se apresuraron a invadir. El ejército huno tomó Sirmium y Sigindunum (la moderna Belgrado) antes de detener las operaciones. Siguió entonces una tregua, momento que aprovechó Teodosio para llevar sus tropas del Norte de África y disponer una gran emisión de moneda para financiar la guerra contra los hunos. Hechos estos preparativos, consideró que podía permitirse rechazar las exigencias de los reyes bárbaros. La respuesta de Atila y Bleda fue retomar la campaña. Golpeando a lo largo del Danubio, tomaron los centros militares y sitiaron con éxito Naissus mediante el empleo de arietes y torres de asalto rodantes. Enfrentaron y destruyeron tropas romanas en las afueras de Constantinopla y sólo se detuvieron por la falta del adecuado material de asedio capaz de abrir brecha en las ciclópeas murallas de la ciudad.



Teodosio admitió la derrota y envió al cortesano Anatolio para que negociara los términos de la paz, que fueron más rigurosos que en el anterior tratado: el emperador acordó entregar más de 6.000 libras romanas (unos 1.963 kg.) de oro como indemnización por haber faltado a los términos del pacto; el tributo anual se triplicó, alcanzando la cantidad de 2,100 libras romanas (unos 687 kg.) de oro; y el rescate por cada romano prisionero pasaba a ser de 12 sólidos.



Satisfechos durante un tiempo sus deseos, los reyes hunos se retiraron al interior de su imperio. De acuerdo con el historiador Jordanes, en algún momento del periodo de calma que siguió a la retirada de los hunos desde Bizancio, Bleda murió y Atila quedó como único rey. Existe abundante especulación histórica sobre si Atila asesinó a su hermano o si Bleda murió por otras causas. En todo caso, Atila era ahora el señor indiscutido de los hunos y nuevamente se volvió hacia el Imperio Oriental.



Tras la partida de los hunos, Constantinopla sufrió graves desastres, tanto naturales como causados por el hombre: sangrientos disturbios entre aficionados a las carreras de carros del Hipódromo; epidemias; hambruna; y una serie de terremotos que duró cuatro meses, derruyó buena parte de las murallas y mató a miles de personas, ocasionando una nueva epidemia. Este último golpe tuvo lugar justo cuando Atila, habiendo consolidado su poder, partió de nuevo hacia el sur, entrando en el imperio a través de Moesia. El ejército romano le hizo frente en el río Vid y fue vencido aunque no sin antes ocasionar graves pérdidas al enemigo. Los hunos quedaron sin oposición y se dedicaron al pillaje a lo largo de los Balcanes, llegando incluso hasta las Termópilas. Constantinopla misma se salvó gracias a la intervención del prefecto Flavio Constantino, quien organizó brigadas ciudadanas para la reconstrucción de las murallas dañadas por los sismos y, en algunos lugares, para construir una nueva línea de fortificación delante de la antigua. Ha llegado hasta nosotros un relato de la invasión: “La nación bárbara de los hunos, que habitaba en Tracia, llegó a ser tan grande que más de cien ciudades fueron capturadas y Constantinopla llegó casi a estar en peligro y la mayoría de los hombres huyeron de ella (…) Y hubo tantos asesinatos y derramamientos de sangre que no se podía contar a los muertos. ¡Ay, que incluso capturaron iglesias y monasterios, y degollaron a monjes y doncellas en gran número!”



Atila reclamó como condición para la paz que los romanos continuaran pagando un tributo en oro y que evacuaran una franja de tierra al sur del Danubio. Las negociaciones continuaron entre romanos y hunos durante aproximadamente tres años. El historiador Prisco fue enviado como embajador al campamento de Atila. Los fragmentos de sus informes nos ofrecen una gráfica descripción de Atila entre sus numerosas esposas, su bufón escita y su enano moro, impasible y sin joyas en medio del esplendor de sus cortesanos: “Se había preparado una lujosa comida, servida en vajilla de plata, para nosotros y nuestros bárbaros huéspedes, pero Atila no comió más que carne en un plato de madera. En todo lo demás se mostró también templado; su copa era de madera, mientras que al resto de nuestros huéspedes se les ofrecían cálices de oro y plata. Su vestido, igualmente, era muy simple, alardeando sólo de limpieza. La espada que llevaba al costado, los lazos de sus zapatos escitas y la brida de su caballo carecían de adornos, a diferencia de los otros escitas, que llevaban oro o gemas o cualquier otra cosa preciosa".








La combinación de modestia y poder absoluto de Atila podía en ocasiones llevar a hechos extraños. En una ocasión, un poeta quería halagarlo con un poema en el que era comparado con Dios; Atila se ofendió tanto por el trabajo del autor que casi lo hace ejecutar. Durante estos tres años, de acuerdo con una leyenda recogida por Jordanes, Atila descubrió la “Espada de Marte”. Esta leyenda es parte del culto a la espada común entre los nómadas de Asia Central. Después de revisarla, el rey huno estaba convencido que era la espada sagrada de Marte. Según una leyenda huna, esta espada, que se había perdido durante tiempos antiguos, poseía grandes poderes; de hecho, había sido y por siempre sería la clave del destino de su pueblo. Y ahora estaba en sus manos: “Dice el historiador Prisco que fue descubierta en las siguientes circunstancias: cierto pastor descubrió que un ternero de su rebaño cojeaba y no fue capaz de encontrar la causa de la herida. Siguió ansiosamente el rastro de la sangre y halló al cabo una espada con la que el animal se había herido mientras pastaba en la hierba. La recogió y la llevó directamente a Atila. Éste se deleitó con el regalo y, siendo ambicioso, pensó que se le había destinado a ser señor de todo el mundo y que por medio de la Espada de Marte tenía garantizada la supremacía en todas las guerras”.



Atila había proclamado su intención de atacar al poderoso reino visigodo de Toulouse, en alianza con el emperador Valentiniano III. Atila había estado anteriormente en buenas relaciones con el Imperio Occidental y con su gobernante de facto, Aecio, quien había pasado un breve exilio entre los hunos. En cualquier caso, la hermana de Valentiniano, Honoria, a la que contra su voluntad habían prometido con un senador, envió al rey huno una demanda de ayuda juntamente con su anillo. Aunque es probable que Honoria no tuviera intención de proponerle matrimonio, Atila escogió interpretar así su mensaje. Aceptó, pidiéndole como dote la mitad del Imperio Occidental.



Cuando Valentiniano descubrió lo sucedido, sólo la influencia de su madre consiguió que enviara a Honoria al exilio en vez de matarla. Escribió a Atila negando categóricamente la legitimidad de la supuesta oferta de matrimonio. Atila, sin dejarse convencer, envió una embajada a Rávena para proclamar la inocencia de Honoria y la legitimidad de su propuesta de esponsales, así como que él mismo se encargaría de venir a reclamar lo que era suyo por derecho. En la guerra, sus ejércitos eran una fuerza irresistible y sangrienta que arrasaba con casi todo lo que encontraba a su paso. Una sola palabra de Atila podía hacer desintegrar reinos y sacudir los cimientos de los imperios.



Mientras tanto, Teodosio murió a consecuencia de una caída de caballo y su sucesor, Marciano, interrumpió el pago del tributo. Las sucesivas invasiones de los hunos y de otras tribus habían dejado los Balcanes con poco que saquear. El rey de los salios había muerto y la lucha sucesoria entre sus dos hijos condujo a un enfrentamiento entre Atila y Aecio. Atila apoyaba al hijo mayor, mientras que Aecio lo hacía al pequeño. La intención de Atila al marchar hacia el oeste era la de extender su reino, ya para entonces el más poderoso de Europa, hasta la Galia y las costas del Atlántico. Para cuando reunió a todos sus vasallos e inició su marcha hacia el oeste, había ya enviado ofertas de alianza tanto a los visigodos como a los romanos.



Su llegada a Bélgica con un ejército de medio millón de hombres puso en claro cuáles eran sus verdaderas intenciones. El 7 de abril tomó Metz, obligando a Aecio a ponerse en movimiento para hacerle frente. El constante avance de Atila hacia el oeste convenció al rey visigodo, Teodorico I, de aliarse con los romanos. El ejército combinado de ambos llegó a Orleans por delante de Atila, cortando así su avance. Aecio persiguió a los hunos y les dio caza, trabando la batalla de los Campos Cataláunicos, que terminó con la victoria romana, aunque Teodorico perdió la vida en el combate. Atila se replegó más allá de sus fronteras y sus aliados se desbandaron.



Atila apareció de nuevo para exigir su matrimonio con Honoria, invadiendo y saqueando Italia a su paso. Su ejército sometió a pillaje numerosas ciudades y arrasó Aquilea hasta sus cimientos. Valentiniano huyó de Rávena a Roma. Aecio permaneció en campaña, pero sin potencia militar suficiente para presentar batalla. A medida que Atila avanzaba en Italia, ciudad tras ciudad caía frente a su ejército. La mayoría de estas, temiendo el salvajismo de los hunos, sencillamente abrían las puertas de sus murallas. Aquellas que se resistían eran destruidas y sus ciudadanos asesinados.



Atila entrando a Italia con su ejército


El norte de Italia había caído frente a los hunos. Parecía sólo cuestión de tiempo para que llegaran a Roma. La única alternativa de Valentiniano y Aecio era enviar una delegación y suplicar por la paz. El destino del Imperio Romano y del mundo cristiano estaba en juego. Entonces, decidieron no correr riesgo alguno. El papa León I guiaría la delegación al campamento de Atila. El jefe de la Iglesia católica romana fue enviado a encontrarse con "El Azote de Dios", para discutir los términos del acuerdo.



Atila y el Papa León I


Atila recibió al Papa en su campamento a orillas del río Mincio. Según se dice, el encuentro fue amigable. Sus términos eran los usuales tributos en oro y alguna otra medida que los romanos no podrían cumplir. Cualquier violación del tratado por parte de los romanos le daría un pretexto para invasiones futuras. Finalmente estuvo de acuerdo en irse de Italia. Tras el encuentro inició la retirada sin reclamar ya ni su matrimonio con Honoria ni los territorios que deseaba.



Se han ofrecido muchas explicaciones para este hecho. Puede que las epidemias y hambrunas que coincidieron con su invasión debilitaran su ejército, o que las tropas que Marciano envió al otro lado del Danubio le forzaran a regresar, o quizá ambas cosas. Prisco cuenta que un temor supersticioso al destino de Alarico, que murió poco después del saqueo de Roma en el 410, hizo detenerse a los hunos. Próspero de Aquitania afirma que el papa León, ayudado por San Pedro y San Pablo, le convenció para que se retirara de la ciudad. Seguramente la indudable personalidad del Papa tuvo más que ver con la retirada de Atila, que la entrega a éste de una gran cantidad de oro, como suponen algunos autores, dado que tenía ya al alcance de su mano la plena posesión de la fuente de la que ese oro manaba. Cualesquiera que fuesen sus razones, Atila dejó Italia y regresó a su palacio más allá del Danubio. Desde allí planeó atacar nuevamente Constantinopla y exigir el tributo que Marciano había dejado de pagar.



Juguete basado en Atila


Pero la muerte le sorprendió a comienzos del 453. El relato de Prisco dice que cierta noche, tras los festejos de celebración de su última boda (con una goda llamada Ildico), sufrió una grave hemorragia nasal que le ocasionó la muerte. Sus soldados, al descubrir su fallecimiento, le lloraron cortándose el pelo, hiriéndose o mutilándose con las espadas, pues “el más grande de todos los guerreros no podía ser llorado con lágrimas ni con lamentos de mujer, sino con sangre de hombres”.



Réplica del hacha de Atila


Lo enterraron en un triple sarcófago de oro, plata y hierro junto con sus armas favoritas y el botín de sus conquistas. Según la leyenda, su cuerpo yace en el fondo del río Tisza, en Hungría central. Miles de esclavos levantaron diques temporales que retenían las aguas del río mientras se preparaba la tumba. Una vez que se colocaron los restos de Atila, los diques fueron desmantelados, las aguas del Tisza inundaron el fondo del río nuevamente, asegurando que el sitio de descanso eterno del gran rey huno se mantuviera en secreto por siempre. Los que participaron en el funeral fueron ejecutados gustosamente para mantener secreto el lugar de enterramiento.



Moneda con la efigie de Atila


Tras su muerte, Atila siguió viviendo como figura legendaria: los personajes de Etzel en el Cantar de los Nibelungos y de Atli en la Saga de los Volsung y la Edda poética se inspiran vagamente en su figura. Otra versión de su muerte, dada por el cronista romano Conde Marcelino, afirma que “Atila, rey de los hunos y saqueador de las provincias de Europa, fue atravesado por la mano y la daga de su mujer”.



Mapa que detalla el Imperio Huno (click en la imagen para ampliar)







También la Saga de los Volsung y la Edda poética sostienen que el rey Atli (Atila) murió a manos de su mujer Gudrun, pero la mayoría de los estudiosos rechazan estos relatos como fantasías románticas y prefieren la versión dada por Prisco, contemporáneo de Atila. Sus hijos Elac (al que había designado heredero), Dengizik y Ernak lucharon por la sucesión y, divididos, fueron vencidos y desperdigados el año siguiente en la batalla de Nedao por una coalición de pueblos diversos. Su imperio no sobrevivió a Atila.



Concluyeron así las invasiones de los hunos, los bárbaros que hicieron retroceder y extinguirse al Imperio Romano de Occidente. Poco después de la muerte de Atila, Roma fue destruida por los vándalos, otro pueblo bárbaro.



Cómics sobre Atila




Los hunos están intentando en la actualidad lograr su reconocimiento como minoría étnica en Hungría. Más de 100.000 hunos descendientes de Atila, “El Azote de Dios” y de sus soldados, viven hoy entre Hungría y sus países vecinos.



Caricaturas sobre Atila





VIDEOGRAFÍA:

Atila (trailer)
video



BIBLIOGRAFÍA:















FILMOGRAFÍA:


9 comentarios:

Anonymous dijo...

Joder ya te vale. Esta semana te has lucido. Atila? pero quien no conoce a Atila? encima no tiene ningun atractivo. Curratelo mas anda

juan leonardo tenorio dijo...

Maestro,
Le vamo a echar el lente con calma a esta nueva entrega. Gracias una vez más y saludos afectuosos,
Leonardo

Anonymous dijo...

CHALE! Atila no era el águila de un anuncio en tele en los setentas donde salía Jorge Rivero?

Sandra Becerril dijo...

Hola Carlos,

Acabo de leer sorprendida, tu comentario en mi blog. Yo jamás he plagiado a nadie, lo puedo comprobar de una manera muy sencilla: Tengo en mi poder un mail que le envié a Sergio Hartman (el editor de Axxon) de hace un par de meses explicándole que yo JAMAS envié tal texto conmi nombre (yo he publicado varias veces en la revista y él me conoce bien) a lo que él me respondió que probablemente una de dos: o hay otra Sandra Becerril o alguien utilizó mi nombre con tu texto para tratar de joderme (lo cual se me hace estúpido, ya que tengo una carrera que me respalda). Con gusto, yo te paso esos correos para que te des cuenta que jamás he actuado en tu contra o plagiado algo tuyo y que de hecho, le pedí a Sergio se retirara mi nombre de tal texto pero me dijo que ya después de haber salido la edición, era imposible. Pensé que éste malentendido había quedado atrás hasta que vi tu comentario en mi blog. Si gustas, puedes ejercer acción legal contra el responsable, entiendo tu reacción, yo también lo haría. Sin embargo, como te comento, puedo darte pruebas feacientes de que no fui yo. Si me envías tu correo, con gusto podemos platicar más ya que no tengo absolutamente nada que esconder. Lo único que sí te pido es que antes de atacarme como lo hiciste, primero averigues qué fue lo que realmente pasó.

Un saludo

Anonymous dijo...

SEÑORA BECERRIL: ES USTED UN AUTENTICO JUMENTO (PERDÓN HACIA LOS ASNOS): NI ANESTESIA SE ESCRIBE CON C Y feaciente SE ESCRIBE ASI: FEHACIENTE. NO SEA USTED ESTÙPIDA DE HACER CREER A LA GENTE QUE CON TAMAÑAS FALTAS DE ORTOGRAFÍA, SEA USTED UNA ESCRITORA QUE "HA GANADO PREMIOS"

Anonymous dijo...

Un comentario, Atila y Aeccio eran amigos ya que no solo Aeccio fue a la corte de los Hunos, si no que fue amigo de Atila durante su infancia, y no fue exiliado, si no que fue enviado como era costumbre en esas epocas como prisionero en la corte.

Ampersand dijo...

Se sabe de muchas fuentes e inclusive como tema de la clase de Historia los sucesos, vida y obra de Atila, el Azote de Dios. Pero lo que se puede agregar es que fue el antecedente de las invasiones mongolas de Gengis Khan y sus descendientes; que si bien se enfocaron en Asia, alcanzaron a llegar hacia Europa, con una velocidad pasmosa y tácticas de combate similares a las empleadas por Atila siglos antes.

Muy al pesar de los que no les agrade escuchar y leer de historia antigua, agradezco esta entrada, y también me complacería una en la cuál hagas mención de Gengis Khan, que conformó uno de los imperios más grandes de la Historia, basándose también en el uso de caballería y como arma principal, el arco y flecha .... Saludos !!!!

viramirez10 dijo...

me intereso esa parte que aun quedan descendientes de los hunos en hungria ,se que hay una bronca entre hungaros y rumanos los hungaros dicen que los rumanos no son eslavos pues decienden de los romanos y los rumanos responden que los hungaros descienden de los hunos hay muchos vids en youtube sobre esta bronca

Anónimo dijo...

Los hunos fueron, quiza, remanentes de los antiguos neandertals aunque ya muy mezclados con los humanos modernos, tenían rasgos neandertals y mongoloides.
"cientos de hombres cayeron bajo el hacha de Atila" asi peleaban, como en las películas como Corazón Valiente o Gladiador, es que eran unos paganos acostumbrados a la muerte, por eso su recuerdo imborrable de la historia
Fueron un pueblo primitivo y terrorífico su recuerdo aun vaga en el humo de la historia.