Lizzie Borden: "La Asesina del Hacha"


"Lizzie Borden cogió un hacha
y le dio cuarenta hachazos a su madre.
Cuando vio lo que había hecho,
le dio cuarenta y uno a su padre".
Canción popular sobre el crimen


Lizbeth Andrew Borden nació el 19 de julio de 1860 en Fall River, Massachussets (Estados Unidos). Era hija de Sarah Anthony Borden y de Andrew Jackson Borden, y tenía una hermana llamada Emma. Su madre murió en 1862, cuando Lizzie contaba dos años. Fall River fue fundada por los protestantes yanquis y por los terratenientes. Una de las familias más prominentes era la de los Borden, un clan que tiempo atrás fue literalmente dueño de la ciudad y que mantenía su preponderancia gracias a su riqueza y a sus influencias.



Andrew Borden

En 1864, Andrew contrajo matrimonio con Abby Durfee Gray. Sería la madrastra de las hijas de Borden durante 28 años. La familia Borden vivió al principio en una casa de Ferry Street que había pertenecido al abuelo pescadero de Andrew.



Abby Borden

Cuando Lizzie cumplió catorce años se mudaron al 92 de Second Street, en un barrio modesto de Fall River. En 1890 esta localidad era el centro de manufacturas de ropa de algodón más importante del mundo. Andrew Borden amasó su fortuna con el negocio del algodón. En 1892 la ciudad era un floreciente centro de negocios fundado sobre la industria textil; ocupaba, además, el primer puesto de importancia en el conjunto de puertos madereros del norte, entre Canadá y Bastan, mientras que Nueva York lo era del sur.




Second Street

Andrew Borden, hombre de mal carácter y plenamente dedicado a hacer dinero, había pasado de propietario de una funeraria a director de unas hilaturas creadas por él mismo y se había convertido en presidente del banco de Fall River. A pesar de que habían mejorado sus circunstancias, Andrew continuaba imponiendo una austera frugalidad a la familia.



Lizzie Borden cuando era niña

Abby comenzó a sentirse progresivamente aislada en su propio hogar, viéndose despreciada por sus hijastras a causa de su origen humilde. Cuando Lizzie se hizo mayor, demostró haber heredado el carácter hosco y materialista de su padre. Aunque como miembro de la familia Borden, ocupaba un lugar destacado en la sociedad de Fall River, Lizzie se sentía humillada porque la familia no vivía en la moderna Hill, la zona más selecta de la ciudad.



La Casa Borden




En 1887, Andrew compró parte de una casa que había pertenecido a la familia de Abby, inscribiéndola a nombre de ella. Esto irritó tanto a Lizzie como a Emma, que se consideraron despojadas de su herencia.



La recámara de Lizzie

Desde entonces se produjo una auténtica guerra interna, particularmente por parte de Lizzie, que contaba con el apoyo de su hermana.



Emma Borden

Un odio creciente se iba incubando. Las dos hermanas comenzaron a retraerse de la rutina familiar, comiendo frecuentemente en sus habitaciones en vez de hacerlo con su padre y con su madrastra. Abby, en respuesta a esa actitud, se encerró en sí misma, mientras Andrew trataba de recuperar el cariño de Lizzie por medio de regalos, de dinero y de terrenos.



Lizzie Borden

A sus treinta y dos años, diez menos que su hermana, Lizzie tenía muy mal carácter. Emma era menuda, frágil e insignificante; Lizzie, pelirroja, fría y seria como su padre, con una testarudez salvaje, uno de sus rasgos más característicos. Las hijas no habían aceptado nunca a su madrastra Abby, a pesar de que ésta era amable y complaciente. Cuanto más tiempo pasaba, más resentidas se mostraban.


Lizzie continuaba alimentando su rencor en contra de Abby y de su padre. En junio, tuvo lugar una discusión en la casa, a la que Lizzie y Emma respondieron con un prolongado viaje; no obstante, Lizzie regresó antes de lo previsto a su casa. Por aquellas fechas el farmacéutico local, Eli Bence, se negó a venderle ácido prúsico, supuestamente para que Lizzie pudiese limpiar un abrigo.


También por aquel entonces la familia cayó enferma de lo que se diagnosticó podía ser una indigestión provocada por comida en mal estado; Abby Borden afirmó que alguien había intentado envenenarlos. Poco después, Andrew Borden decidió transferir una granja a nombre de su esposa, realizó la transacción en un lugar alejado para mantenerla en secreto. Lizzie se enteró y compró veneno en una tienda cercana. La firma de la escritura iba a tener lugar el 4 de agosto.


El 4 de agosto de 1892, Bridgette Sullivan, la sirvienta de los Borden, fue la primera en despertar. Se levantó a las 06:15 horas para encender la cocina. Salió a la puerta trasera y recogió la leche. Abby Borden bajó a continuación a las 06:45, seguida inmediatamente por su marido. John Vinnicum Morse, hermano de la primera esposa de Andrew e invitado de la familia, se reunió con el matrimonio para desayunar.



Bridgette Sullivan


El día era bochornoso, el cuarto de una ola de calor en Fall River. A Emma y Lizzie les resultaba tan insoportable la presencia de su madrastra, que a menudo comían en sus habitaciones sin acompañar a su padre en la mesa. Aquella mañana Lizzie no bajó a desayunar. Emma estaba en Fairhaven, a unos 25 kilómetros de Massachusetts, en casa de una amiga, donde permaneció mucho tiempo.



Planos de la Casa Borden (click en las imágenes para ampliar)


Alrededor de las 08:45 horas, John Morse se marchó a visitar a otros parientes. Lizzie entró en la cocina, donde Bridgette estaba recogiendo la mesa, y se sirvió un café. La criada, que igual que el señor y la señora Borden llevaba dos días con molestias de estómago, salió al jardín y vomitó. Diez minutos después volvió a entrar en la cocina. Lizzie ya no estaba allí y Abby limpiaba el polvo en el comedor contiguo. Le dijo a Bridgette que limpiara los cristales por dentro y por fuera, y bajó a poner fundas limpias en las almohadas del cuarto de huéspedes, donde había dormido Morse.



A las 09:30 horas, según su costumbre, Andrew Borden se fue también a la ciudad para informarse de los beneficios que estaban produciendo sus diferentes negocios. Bridgette salió a limpiar las ventanas comenzando por el exterior; hizo varios viajes al trastero para llenar el cubo de agua. Cuando acabó en la parte de afuera, entró para limpiar por el interior, echando el pestillo de la verja. A las 09:35 horas, Abby Borden entró en el cuarto de invitados. No volvería a salir con vida.



Plano del trastero


Después de hacer el recorrido de sus empresas, Andrew Borden salió hacia su casa a las 10:35 horas; llegó cinco minutos después. Bridgette lo oyó hurgar en la cerradura de la puerta principal y salió a abrir la doble llave y el pestillo. Mientras lo hacía, vio a Lizzie en lo alto de la escalera, en el descansillo del primer piso, próximo al cuarto de invitados. Esta se echó a reír ante los esfuerzos de Bridgette por abrir la puerta, bajó la escalera y, delante de la criada, le dijo a su padre: “La señora Borden ha salido. Dejó una nota diciendo que iba a visitar a un enfermo”.



Plano del barrio donde vivían los Borden

Andrew Borden, que sentía la misma sensación de náusea que Bridgette, cruzó el cuarto de estar y la cocina dirigiéndose a la escalera que conducía al piso superior, donde estaba su dormitorio. Para entrar en él había que subir las escaleras que comenzaban en el zaguán de la cocina.


A las 10:50 horas, Borden bajó de nuevo, cruzó la cocina y el comedor y se recostó en un sofá del cuarto de estar. Lizzie se reunió con Bridgette, que ahora estaba limpiando los cristales del comedor.


Mientras planchaba unos pañuelos, dijo a la sirvienta que si tenía pensado salir por la tarde, se asegurara de dejar bien cerrado, puesto que la señora Borden había ido a cuidar a un enfermo y ella se iba a marchar. Cuando Bridgette le preguntó quién era el enfermo, Lizzie contestó: “No lo sé. Dejó la nota esta mañana. Debe ser alguien de la ciudad”.


Cuando el reloj del Ayuntamiento dio las 11:00 horas, la criada subió a su cuarto del ático para echarse un rato. Diez minutos después la despertó un grito de Lizzie: “¡Maggie, baja!” Como un gesto despectivo, las hermanas Borden tenían la costumbre de llamar a la sirvienta por el nombre de su predecesora.


Cuando Bridgette preguntó: “¿Qué ocurre?”, Lizzie repuso: “¡Baja enseguida! ¡Padre está muerto! ¡Ha entrado alguien y lo ha matado!” A los cinco minutos, Bridgette había llamado al médico de la familia, el doctor Bowen; la vecina de la casa de al lado, una tal señora Churchill, entró a ver qué ocurría y avisó a la policía local.



El cadáver de Andrew Borden



La sirvienta preguntó a Lizzie que dónde estaba mientras asesinaban a su padre y ésta respondió: “Estaba en el patio de atrás, oí un gemido, entré y vi la verja abierta de par en par”. La señora Churchill le hizo la misma pregunta y ésta contestó que estaba en el trastero, haciendo una labor que nunca llegó a especificar. Lizzie aseguró que el supuesto intruso tuvo que entrar por la cocina mientras ella estaba en el patio o en el trastero, pero nadie podía confirmarlo.



El doctor Bowen

Mientras el doctor Bowen examinaba el cuerpo y lo cubría con una sábana, Lizzie dijo a Bridgette que estaba casi segura de haber oído llegar a su madrastra en aquel momento. “Sube y mira”, ordenó a la sirvienta. La señora Churchill acompañó a la aterrada muchacha al piso de arriba. Cuando sus miradas alcanzaron el nivel del piso del cuarto de invitados, vieron el cuerpo de la señora Borden parcialmente oculto tras la cama. La vecina rodó por las escaleras gritando: “¡Aquí hay otro!”






El cadáver de Abby Borden


El examen de los cuerpos que realizó el doctor Bowen revelaba que ambas víctimas habían sido objeto de un ataque feroz con una herramienta pesada y cortante, probablemente un hacha. Andrew Borden yacía en el sofá en la postura exacta que había adoptado al recostarse en él a las 10:50 horas, apoyado sobre el lado derecho y con un pie en el suelo. Once golpes le habían herido el rostro, reventándole el globo ocular que se había salido de su cuenca, arrancándole la nariz y cortando la carne hasta llegar al hueso. La sangre manaba aún de sus heridas. No se percibían señales de lucha.


Abby Borden yacía boca abajo en el suelo, entre la cama y la cómoda del cuarto de invitados. Fue atacada por detrás repetidamente y mostraba diecinueve heridas en la espalda y en la cabeza. Un golpe a través del cuero cabelludo había arrancado una tira de la piel del cráneo. La sangre de la cabeza y la que había junto a su cuerpo estaba oscura y coagulada. Para el forense era obvio que había muerto algún tiempo antes que Andrew. Era poco probable que hubiera sido obra de un extraño, a menos que éste estuviera oculto en la habitación contigua para no ser oído. Parecía más creíble que Abby diera la espalda a algún conocido. Sorprendida o no, yacía en la única habitación, aparte del descansillo, a la que se podía acceder desde el cuarto de Lizzie.


A las tres horas y media del asesinato de Andrew Borden, se realizaron las autopsias de los cadáveres de las víctimas en la mesa del comedor de la casa de Second Street. Recogieron los estómagos en unos envases para analizarlos; se establecieron las diferentes horas en que se habían producido ambas muertes, por comparación del distinto grado de digestión de los alimentos ingeridos a primera hora de la mañana.



La necropsia de Andrew Borden


Los cadáveres permanecieron toda la noche en la casa, encima de la mesa del comedor cubiertos con sábanas. Emma, avisada por teléfono, llegó por la noche y Alice Russell, una antigua amiga que vivía cerca, acompañó a las dos hermanas. Bridgette Sullivan, ante el temor infundado de un loco asesino con un hacha en su poder, se fue a dormir a casa de una vecina y no volvió a pisar el lugar.



La necropsia de Abby Borden



En el sótano de la vivienda, la policía descubrió dos hachas y dos hachetas, todas con mango, y la cabeza de una azada sujeta a un tronco recientemente cortado que servía de mango. Esta última se encontraba en una caja de madera, en el suelo del sótano, y estaba cubierta por una capa de ceniza de carbón recién aplicada.



El hacha



El sábado 6 de agosto se celebró el doble funeral por Andrew y Abby Borden. Sin grandes lamentaciones, los cadáveres fueron incinerados, exceptuando las cabezas. Estas fueron conservadas para proseguir las investigaciones, incluyendo el estudio de las dimensiones de las heridas después de extraer la carne de los cráneos. Podían ser pruebas evidentes en el extraño juicio de Lizzie Borden.



El cráneo de Andrew Borden

Al día siguiente de los crímenes, las hermanas Borden pusieron un anuncio en el periódico Fall River Herald ofreciendo 5,000 dólares de recompensa a quien proporcionara la información que condujera al arresto y confesión del asesino o los asesinos. Para entonces, las sospechas de la policía recaían sobre Lizzie. La tarde siguiente, mientras visitaba la casa con el jefe de policía, John W. Coughlin, el alcaIde de Fall River le dijo a ésta que ella era la principal sospechosa.



El cráneo de Abby Borden

El sábado 7 de agosto, Alice Russell encontró a Lizzie quemando  vestido azul en la cocina de carbón. Lizzie le dijo que quemaba “trapos viejos manchados de pintura”. El 11 de agosto, Lizzie Borden fue detenida como sospechosa del asesinato de su padre. Al día siguiente, se declaró “no culpable” e ingresó en la cárcel de Taunton, en Massachusetts.



El arresto de Lizzie Borden









El 25 de agosto tuvo lugar la audiencia preliminar, después de la cual el juez la dejó en libertad sin fianza hasta su presentación ante el Gran Jurado en el mes de noviembre. La misión del Gran Jurado era decidir si había pruebas suficientes como para proceder al juicio. El 2 de diciembre, veinte de los veintiún miembros votaron a favor de acusar a Lizzie Borden del asesinato de su padre y de su madrastra.



El Jurado

Los periódicos informaron, poco antes del juicio, que se había hallado otro cadáver en Falls River, muerto de manera similar. Era el de una mujer llamada Bertha Manchester. Le habían dado 23 hachazos en la cabeza. El médico que hizo la autopsia fue el mismo que había efectuado la de los Borden. Pero el homicida, José Correira, no se encontraba en el país cuando Andrew y Abby Borden fueron asesinados y se sospechaba que había intentado copiar el crimen de los Borden.



Los titulares sobre el crimen



Técnicamente, el fiscal general de la comunidad de Massachusetts tenía que haber actuado por la acusación, como era habitual. Arthur E. Pillsbury, fiscal general en la época del juicio, rompió la costumbre y, apoyándose en su falta de salud, designó al fiscal del distrito, Hosea M. Knowlton para ocupar su puesto. Knowlton, un vulgar ejecutivo, se mostró extraordinariamente desinteresado por ocuparse del caso e hizo lo posible por librarse de él.







"Me cuesta trabajo creer que Lizzie Borden matara a su padre. Espero que no lo hiciera”, dijo. Sin embargo, su cofiscal William H. Moody era un abogado trabajador, eficiente y ambicioso, que, con el tiempo, obtendría el cargo de fiscal general de los Estados Unidos y a continuación el nombramiento de magistrado del Tribunal Supremo.



Hosea M. Knowlton

El juicio fue el mayor acontecimiento en los medios de comunicación de la época. Durante el prolijo procedimiento legal que culminó en el juicio, en junio de 1893, se creó un enorme movimiento, orquestado por la combinación de periódicos, organizaciones religiosas, grupos de mujeres y el sector financiero al que estaba vinculada la familia Borden. Las implicaciones políticas de muchos de los participantes eran evidentes.



La acusación

El proceso se inició el 5 de junio de 1893 en New Bedford, Massachusetts, con la selección de doce jurados de un total de ciento cuarenta y cinco convocados. Lo formaban un herrero y once miembros de las comunidades de granjeros. Al día siguiente se leyó el sumario y comenzó la actuación del fiscal.



La letra de Lizzie Borden

A pesar de que a lo largo del juicio Lizzie demostró escasa emoción, se estremeció de dolor durante el informe inicial de Moody. Cuando, aparentemente de forma involuntaria, el fiscal descubrió los dos cráneos de las víctimas colocados en una bolsa encima de un banco en frente de él, Lizzie se desmayó.



Las víctimas (click en la imagen para ampliar)

Bridgette Sullivan fue el primer testigo relevante llamado por la acusación; dio un completo y detallado informe de los sucesos del 4 de agosto. Sus respuestas al intenso interrogatorio de George D. Robinson, uno de los tres abogados que actuaron como defensores, apoyaron más a la acusación, puesto que se refirió a las tensas relaciones entre la acusada y su madrastra. El letrado había estudiado antes medicina y su experiencia legal era relativamente limitada. Sin embargo, esto se compensaba con sus conexiones políticas. Había sido gobernador de Massachusetts en tres ocasiones y durante un trimestre ayudante del juez Justin Dewey, uno de los que presidieron el juicio Borden en el Tribunal Supremo.



El Tribunal


La instrucción, celebrada en un juzgado de distrito, dispuso que se elevara al más alto tribunal, ya que había “causas probables”. Esto fue una ayuda para la defensa, puesto que el fiscal ya había desvelado sus pruebas. Sin embargo, el defensor poco pudo hacer ante el testimonio de Bridgette SuIlivan, sometida a un intenso interrogatorio por parte del hábil fiscal Melvin Adams.



El juicio

Cuando testificó el doctor Bowen por parte de la acusación, insistió en que ésta le había comentado que su padre tenía problemas con los arrendatarios. Después de relatar el descubrimiento del cuerpo de la señora Borden, dijo que le sorprendió el hecho de que al bajar él las escaleras, “Lizzie tenía un traje distinto al que vestía cuando subió a la habitación. Era una bata rosa mañanera. No recuerdo el color del vestido que llevaba antes, pero sé que era diferente”.


La señora Churchill dijo en su declaración que cuando le preguntó a Lizzie dónde estaba su madrastra, ella replicó: “No lo sé. Ha dejado una nota diciendo que iba a ver a un enfermo. Yo creo que la he oído entrar”.


También declaró que Lizzie había dicho: “Padre debe tener un enemigo, porque todos hemos estado enfermos y yo creo que nos han envenenado la leche”.


Alice Russell, la antigua amiga de Lizzie, recordó también que ésta le había mencionado la posibilidad de que alguien estuviera envenenando a la familia. Lizzie aludió a un posible enemigo de su padre al que el señor Borden se había negado a alquilar una finca.


Alice descubrió los temores que ésta había manifestado sobre criminales desconocidos que podrían atacarlos por las noches e insistió en que su amiga le había dicho que estaba en el trastero buscando un “pedazo de hierro o de hojalata para sujetar mi reja”, mientras asesinaban a su padre.


También confirmó que el vestido que quemó su amiga era uno estampado en azul que llevaba puesto el día de los asesinatos. Una versión que circuló después, afirmaba que Lizzie se había desnudado por completo para cometer los asesinatos y poder después lavarse la sangre.


La acusación insistió en demostrar que Lizzie había intentado crear una atmósfera de temor basada en envenenadores, merodeadores desconocidos y enemigos de negocios de su padre. También había quemado lo que podría haber sido una prueba incriminatoria y en repetidas ocasiones insistió en que su madre recibió una llamada de parte de un enfermo. En presencia de las otras personas aseguró haber oído volver a su madre después del descubrimiento del cadáver del señor Borden.


Declaró también que mientras asesinaban a su padre ella estaba en el desván buscando un trozo de metal para asegurar una reja y algún pedazo de plomo para preparar cebos de pesca. Pero un policía atestiguó que todo estaba cubierto por una gruesa capa de polvo de varias semanas. No existían huellas de pisadas, lo que indicaba que allí no se había entrado en mucho tiempo.


Tras el estudio de los estómagos de las víctimas, la autopsia confirmó que la señora Borden había muerto hora y media antes que su marido. El fiscal volvió a mostrar los cráneos de las víctimas, ahora junto a la cabeza del hacha que podría ser el arma del crimen. Fue señalando una por una las profundas heridas en las que el hacha encajaba perfectamente.


El resultado de esta macabra exhibición fue la demostración de que el hacha hallada en el trastero era el arma asesina; y, en segundo lugar, que una mujer dotada de una fuerza normal podía haberla empleado para asestar aquellos golpes mortales, hecho que corroboraron además las investigaciones de los forenses.


El último testigo de la acusación fue el dependiente de una farmacia, que declaró que unos días antes de los asesinatos Lizzie Borden había intentado comprar ácido prúsico, un potentísimo veneno. Él se negó a venderle aquel producto prohibido. Esta prueba, expresada sin la presencia del jurado, fue misteriosamente excluida del informe como carente de valor.


Los abogados de la defensa se dedicaron a levantar cortinas de humo al llegar su turno. Presentaron algunos testigos que contaron algunas confusas historias sobre la presencia de vagabundos en las cercanías de la casa de los Borden. Otros testigos que debían sembrar dudas sobre las pruebas de la acusación, se mostraron completamente ineficaces. Emma Borden, la hermana de Lizzie, ocupó el asiento de los testigos, donde representó un papel claramente ensayado. El fiscal consiguió confundirla con sus insistentes preguntas y demostró la falsedad de sus declaraciones.


El informe de la defensa fue muy breve. El principal testigo, Lizzie Borden, aún no había ocupado el banquillo. El informe final del defensor George D. Robinson se desarrolló en un estilo romántico. Hizo hincapié en que había que optar por condenar a muerte a Lizzie o dejarla en libertad.


Robinson apeló al patriotismo, a Dios, al símbolo joven que era el Nuevo Mundo y al pastel de manzana, eludiendo los hechos desagradables, inventando otros nuevos y citando a Shakespeare y varias canciones populares.


También apeló descaradamente al sentido rural de la caballerosidad. Su invención más desaforada fue la de que Lizzie y Bridgette habían recibido la noticia del supuesto enfermo de labios de la propia Abby Borden. Robinson actuó en el estrado como un actor facilón y triunfó absolutamente, ganándose las mentes y los corazones del jurado.


La breve intervención del remiso fiscal Hosea Knowlton ante el jurado acabó reforzando la actuación de la defensa. Daba la impresión de disculparse por su papel de acusador.


En algunas ocasiones estuvo a punto de ensalzar a Lizzie, elogiándola ante los miembros del jurado por ser “una mujer perteneciente al sexo que todos los hombres de bien debían honrar, una mujer cristiana, toda una señora, igual que sus esposas y la mía, una mujer a la que consideramos incapaz de cometer un crimen”. Más que un fiscal, parecía un eficaz defensor de la acusada.


El resumen final del juez, Justin Dewey, fue una disimulada orden al jurado para que sentenciara de acuerdo con la defensa. Disculpó los fallos de ésta y criticó la saña de la acusación.


Hasta la prensa que había apoyado a Lizzie con todo entusiasmo se sintió asombrada ante tal actuación.


Cuando el portavoz del jurado se levantó para pronunciar el veredicto de “inocente”, el público de la sala y el que se agolpaba en las calles prorrumpió en vítores. La composición del jurado en el proceso de Lizzie Borden fue un factor decisivo en su absolución.


Todos eran varones y todos menos uno procedían de sencillas comunidades granjeras. Además, en Massachusetts todavía reinaban prejuicios contra la ejecución de mujeres, desde que se había ahorcado, años antes, a una joven que resultó estar embarazada de cinco meses. Al escuchar el veredicto, Lizzie, medio desvanecida, se echó a llorar y luego rogó: “Llévenme a casa”.


Lizzie Borden fue exonerada del asesinato a causa del poderoso entorno social del que formaba parte y que se negaba a reconocer el hecho de que uno de sus componentes fuera culpable de tan espantoso crimen. En una ciudad donde la respetabilidad se adquiere con dinero, la fortuna del padre de Lizzie superaba el medio millón de dólares. Aquella acaudalada elite se agrupó estrechamente para mantener su influencia y evitar lavar en público sus trapos sucios. Los miembros de la sociedad de Fall River no dudaban de la culpabilidad de la acusada en el crimen, pero habían decidido que aquello no iba a mancillarlos.



El veredicto

Los propietarios de la prensa local y los amigos de Andrew Borden empleaban ahora los periódicos para discutir el hecho de que su hija hubiera cometido, al parecer, una carnicería con su progenitor y con su madrastra para recibir la herencia. Ciertas organizaciones y grupos conservadores femeninos se emplearon hombro con hombro en su defensa. Se extremaron también las presiones políticas sobre el juez y los abogados de la acusación. Nadie, ni siquiera el juez ni los jurados, quería responsabilizarse de condenar a Lizzie Borden.



Fechas clave (click en la imagen para ampliar)

Lizzie Borden estaba radiante y disfrutando de la gran alegría que produjo su exoneración. Todo ello antes de que la corriente de opinión pública se volviera en su contra. Muchos periódicos publicaron artículos criticando el desarrollo del juicio.


La gente comenzó a darse cuenta de que Lizzie había quedado en libertad a pesar de la fuerza de las pruebas acusatorias. La prensa local comenzó a criticar el procedimiento seguido durante el juicio. Lizzie quedó paulatinamente aislada por la misma sociedad que había conseguido su liberación.


Una copla popular se comenzó a escuchar en esos días:

"Lizzie Borden took an ax
And gave her mother forty whacks.
And when she saw what she had done,
She gave her father forty-one".







“Lizzie Borden cogió un hacha
y le dio cuarenta hachazos a su madre.
Cuando vio lo que había hecho,
le dio cuarenta y uno a su padre”.


Lizzie y Emma heredaron una cuantiosa fortuna tras la muerte de Andrew y Abby Borden. Una de las primeras cosas que hicieron fue comprarse una casa en la elegante zona de Hill, abandonando el menospreciado barrio de la ciudad donde estaba situada la casa del crimen. Las hermanas llamaron a su nueva vivienda Maplecroft.



La nueva casa: Maplecroft

 En 1904, Emma se marchó de Maplecroft. No se han conocido las razones de su partida con suficiente claridad. Posiblemente no podía resistir más el sentimiento de culpa compartida, ya que ella fue copartícipe del crimen.



Las muñecas en su honor



Sin embargo, otra hipótesis apunta a que ella y su hermana tuvieron un fuerte problema a causa de una fiesta que Lizzie ofreció para la actriz Nance O’Neal, una hermosa jovencita de quien estaba profundamente enamorada y que se convirtió en su amante secreta durante muchos años.



Nance O’Neal

Por esa época, Lizzie cambió su nombre por el de “Lizbeth A. Borden”. Vivió una vejez tranquila y se convirtió en protectora de los animales. Lizzie murió a causa de una neumonía el 1 de junio de 1927. La enterraron en Fall River.



La tumba de los Borden


Las hermanas no habían vuelto a reunirse nunca. Emma murió en New Hampshire nueve días después. La casa donde se cometió el asesinato ahora es un hotel temático.


Años después, en una popular película para la televisión, Elizabeth Montgomery encarnó a Lizzie como una cruel asesina que mata a hachazos a sus padres, después de haberse desnudado para no mancharse de sangre el vestido.


También apareció como un personaje surgido del infierno en la popular caricatura Los Simpson.



Lizzie Borden en Los Simpson


Un dato curioso es que una famosa compañía de productos lácteos bautizó a su marca como “Elsie Borden”, usando como imagen a una vaca vestida a la usanza decimonónica, en clara alusión a la frase de Lizzie sobre la leche envenenada que ella y su familia supuestamente habían estado bebiendo.



Elsie Borden, la Vaca Lechera Asesina


Hollywood le puso a Lizzie la etiqueta de homicida y persistieron los fundamentados rumores de que era la diabólica asesina del hacha, que “dio cuarenta hachazos a su madre... y cuarenta y uno a su padre”.




VIDEOGRAFÍA:

Lizzie Borden
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Lizzie Borden en Los Simpson
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Lizzie Borden's revenge (trailer)
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Lizzie Borden took an ax (trailer)
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The curse of Lizzie Borden (trailer)
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Lizzie (trailer)
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BIBLIOGRAFÍA:






























FILMOGRAFÍA:










DISCOGRAFÍA:

20 comentarios:

Anonymous dijo...

Hola, que buen trabajo, recuerdo que no sabia quien era la asesina borden, incluso en un capitulo de los simpson aparece ella, que buen trabajo el que haces, dando info de los asesinos en serie o mediaticos, que casi nadie conoce...


salu2



K

Anonymous dijo...

Buen trabajo, tanto la investigación, ilustraciones y estilo. Desde hace tiempo lo vengo leyendo. Me gustaría que incluyeras algo sobre los crimenes de mujeres en el municipio de Chimalhuacan, Estado de México, un tema que me parece no a sido analizado como se debería.
Saludos y Felicidades!!!!

frida dijo...

Es cierto Amor: hace falta más info sobre asesinos de nuestro país, además del del Desquiciado de Goyo, estaría bien tratar los feminicidios y/o asesinatos llamados de género en México. BEsos Amor!!!

andrea borden dijo...

Hola, debo felicitarte por este exelente trabajo.
debo decir que... me gusto mucho todo en si la historia te dire que habia estado investigando personalmente esta historia.. mi nombre es Andrea Borden ... y realmente estaba buscando nomas para ver que salia en internet pero... me sorprendio ver que habia un asesinato donde aparecia mi nombre asi que me desidi investigarlo y todo esto que e leido realmente me impresiono ... debo desirte que guardare toda esta informacio por que realmente me interesa seguir investigandolo.

Anonymous dijo...

FELICIDADES, ES UNA EXCELENTE PAGINA, COMO POCAS HE VISTO.

SALUDOS

ZAB ARAB ZARAK

Cloe dijo...

Te felicito! Este posteo es lo mas!
Siempre he seguido la historia de Lizzie, desde hace años, la verdad esque es increible que la dejaran absueltas, con la cantidad de pruevas que había en su contra.

Por cierto, en una de mis películas preferidas "Straith jacket" de Joan Crawford, hacen referencia a Lizzie Borden, el personaje de Joan crawford mata a su marido con un hacha y mientras lo hace suena la copla popular cantada por niños, es absolutamente genial, no sé si la conoces.

Me encanta tu blog ;)

Saludos!

Anonymous dijo...

He comprado unos botecitos de leche saborizada, cuya marca es Borden, y la imagen de dicha marca es una vaquita llamada Elsie; me recordo a la caricatura puiblicada aqui que muestra como a la asesina a una vaca llamada igual, esa marca de leche es propiedad de herededors de esa familia?

Anonymous dijo...

La verdad es que no me extraña que la absolvieran: ni una prueba fehaciente,todas circunstanciales. Si el juicio hubiera sido ahora, con esos indicios y sin ADN ni huellas, ni siquiera la habrían acusado.

oh sheti dijo...

de las peliculas que se citan aquísobre lizzie ??
alguién podria decirme cual a parecido la mejor producida,dirigida , la mas parecida a la historia ?

Anónimo dijo...

Sólo una nota, arriba de la fotode Nance O'Neill aparece como "Nancy", pequeño error de dedo,

Anónimo dijo...

Hay una banda de heavy metal de los años 80 y que todavia siguen en activo que se llaman Lizzy Borden,el cantante y lider se hace llamar asi y sale a escena con hachas y con espectaculos sangrientos,son muy buenos,ahora ya me conozco la historia....

Anónimo dijo...

Esta historia me encanta, no sabia que había una asesina en serie que fuera lesbiana. Ya hace parte de mi galeria de heroinas. Fue un crimen atroz; pero si en verdad ella lo hizo, tenía 2 buenas razones: el dinero y el amor. En esa época resultaba casi imposible que una mujer pudiera mantenerse sóla y sin dinero, qué se supone que se iba a poner a hacer la pobre. Después de todo ese dinero le correspondía por derecho al ser una legítima heredera. No se lo iba a dejar quitar por su madrastra. Y en cuanto a su amante Nancy, pues es mas que de sobra una razón para enloquecer. Si a mi me fueran a separar del amor de mi vida también agarraria a palos al que sea.

Coco dijo...

Hola Escrito, ¡excelente trabajo como siempre! Sólo dos cuestiones: en unas partes dices que Lizzie tenía 32 años y en otras, que tenía 40, ¿y de quién era el otro cuerpo que encontraron?

Anónimo dijo...

thank you so much!

i want to make a film about Lizzie Borden.

could you please tell me where you got the photos and who gave authorization to publish the photos?

thanks again

Wendy
4916n12307w@gmail.com

Anónimo dijo...

Que asco que el jurado, juez y fiscal se dejaran manipular tan burdamente, es verdad que no hubo pruebas solidas del asesinato pero es muy obvio que fue ella, que todo el mundo se dejara ganar con algo tan blando es un insulto a la inteligencia. Este caso es la prueba de que el dinero y las influencias (y unas cuantas frases patrioticas y bonitas) pueden comprarte la inocencia.

Anónimo dijo...

gran trabajo, amigo exelente, aca en peru igual pasa con eva bracamonte.......pero el caso se ha manoseado y manipulado mucho, al final la pena debe servir de escarmiento y ejemplo a la gente q observa al publico para q a nadie se le ocurra hacer ese tipo de crimen, aunq aca se ve claramente q todos tenemos un precio.

Unknown dijo...

Hermosa historia. Pobres padres.

Anónimo dijo...

No sé si fue ella. Tampoco sabemos si fue amante de esa actriz, y si así sucedió, ¿su hermana se fue porque además de hermanas eran pareja? ¿Estaba celosa? Es todo muy confuso. Lizzie si mató de esa manera, debió de estar muy enferma.

viramirez10 dijo...

encontre este caso viendo los viejos capitulos de Frasier en el capitulo en que se casa su primo (5to año) ahi mencionan a lizzie borden como no sabia quien era busque en google

Unknown dijo...

Faltó mencionar de que existio un grupo de heavy metal que lleva su nombre.