Higinio "El Pelón" Sobera: "El Asesino Impulsivo"



“Optimistas, desesperanzados, hostiles, amorosos, pacifistas, belicosos, cuerdos, locos, idiotas, inteligentes, hombres, mujeres, adultos, niños… cualquiera puede despertar un día con el impulso de matar”.
Norma Lazo


Higinio Sobera de la Flor, más conocido como “El Pelón” Sobera, nació en 1928 en la Ciudad de México (México). Saltó a la fama de los anales criminales en la década de los cincuenta. Su padre era un comerciante español que poseía una finca en Villahermosa, Tabasco. Desde pequeño mostró trastornos de la personalidad muy marcados: sin motivo aparente, hacía extraños ademanes con las manos y ruidos anormales con la garganta. A veces empleaba un lenguaje incomprensible y creía que todo aquel que se le acercaba, lo hacía con la finalidad de insultarlo. Pese a todo ello, su madre siempre afirmaba que “El Pelón” Sobera era “un pobre enfermo, tranquilo e incapaz de maltratar a nadie, además de ser muy cariñoso con los animales, principalmente con los gatos”.



Sobera gustaba de raparse completamente la cabeza, de allí su sobrenombre; casi siempre usaba una gorra de cuadros. Su manía de raparse provenía de una idea obsesiva: aseguraba que al crecer su cabello, le causaba dolores de cabeza. “El Pelón” Sobera estuvo internado en el Hospital Floresta; allí, los médicos diagnosticaron que padecía esquizofrenia. Un hermano suyo también presentaba trastornos mentales y pasó años recluido en un manicomio de Barcelona.



Pese a todo, llevaba una vida de lujos. Poseía un automóvil último modelo, en el cual se trasladaba a los sitios que frecuentaba por las noches. De su padre heredó un insaciable apetito sexual. Obsesionado por las prostitutas y el sexo, pasaba las noches en el Waikiki, un cabaret que estaba de moda. Era atento con ellas, con excepción de una a la cual lanzó desde su auto cuando iba aún en movimiento. “El Pelón” Sobera no se privaba de placeres: alcohol, drogas, mujeres. Le gustaba la marihuana y la consumía con cierta regularidad. Era poseedor de una gran fortuna, emanada de su familia, y podía darse esos lujos. No necesitaba trabajar. Como dato curioso, había estudiado Contabilidad en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).



Sobera había hecho locuras siempre. Destaca una anécdota muy significativa. Una noche, Sobera, sale de una fiesta y aborda su convertible. Lo acompañan amigos y amigas de ocasión, entre ellos un piloto aviador retirado. Se da el siguiente diálogo que inicia Sobera en el auto, mientras conduce a toda velocidad:
—Tú eras piloto, ¿verdad? ¿Y no te da miedo volar?
El ex piloto responde:
—Al contrario, en el aire es cuando mejor me siento.
—¿Ah, sí? ¡Pues entonces vamos a volar todos!— y en una curva pronunciada, Sobera enfila hacia el vacío. El auto vuelca, todos quedan golpeados, pero no hay muertos. Las autoridades lo atribuyen a una ocurrencia de borrachos y a la conocida excentricidad del “Pelón” Sobera.



La tarde del sábado 10 de marzo de 1952, la mente del “Pelón” Sobera comenzó a derrumbarse. Amenazó con su inseparable pistola escuadra a una empleada del departamento de perfumería de un hotel, tras decirle textualmente que "sus pinches patrones vendían agua alcoholizada". La joven, aterrorizada, observó a continuación cómo Sobera se sentaba en un sofá de la recepción del hotel para enfrascarse en un soliloquio, en el cual repitió varias veces que “tenía que matar a alguien”. Después se marchó tranquilamente. Más tarde, tras caminar sin rumbo fijo durante un par de horas, entró a un bar ubicado en la Avenida Juárez. Pidió una copa de ginebra al camarero quien, al momento de servírsela, le pidió que se quitara la gorra. Sobera se enfureció; fuera de sí, sacó su pistola mientras le gritaba: “¡Tú mejor te callas, meserito hijo de la chingada!” Después bebió la copa de un solo trago, arrojó unos billetes sobre la mesa y salió corriendo del bar, como si alguien lo persiguiera.



Al otro día, el domingo 11 de marzo, Sobera cruzó la línea. Daba uno de sus acostumbrados paseos en su auto; era la una de la tarde. Planeaba ir al otro día al Waikiki. De pronto, otro automóvil le cerró el paso. Era conducido por el capitán del ejército mexicano, Armando Lepe Ruiz, tío de Ana Bertha Lepe (célebre actriz de la época que había sido además Miss México). “El Pelón” Sobera se sobresaltó. Frenó mientras Armando Lepe pasaba frente a él. Tras los claxonazos, Lepe le gritó:
—¡Le estoy pidiendo el paso, idiota!
Después se marchó. “El Pelón” Sobera se ofuscó otra vez; preso de la furia, siguió a Armando Lepe en su auto. Lo alcanzó en la Colonia Roma, en la esquina de la Avenida Insurgentes y Yucatán, ya conocida desde entonces como “La Esquina del Crimen”, por los hechos violentos que allí siempre ocurrían. Estaba el alto en el semáforo. Sobera se estacionó junto al coche de Lepe, se bajó de su coche, sacó la pistola escuadra que siempre portaba y le gritó:
—¡Chinga tu madre!
Luego abrió fuego. Le vació el arma, acribillándolo. Lepe quedó herido de muerte. A su lado iba María Guadalupe Manzano López, quien se cubrió la cara con las manos al escuchar el primer disparo y de inmediato se sintió herida en el dedo anular derecho. Luego, Sobera volvió a su auto y se dio a la fuga.








La víctima fue trasladada al hospital de la Cruz Roja, situado en la esquina de las calles de Durango y Monterrey, también en la Colonia Roma, donde murió a los pocos minutos. Fue identificado de inmediato. El agente del Ministerio Público de la Octava Delegación recibió una llamada telefónica informándole de lo sucedido.



Fue la misma María Guadalupe Manzano López quien rindió la declaración correspondiente. A pesar de la rapidez con que sucedieron los hechos, describió al atacante como “un hombre joven, de barba crecida, aspecto desaliñado y con una cachucha que le tocaba la cabeza”. Un testigo pudo dar la matrícula del auto: 76-115 del Distrito Federal. Esa misma matrícula fue apuntada por un agente de tránsito apostado en la esquina de Insurgentes y San Luis Potosí, cuando “El Pelón” Sobera se pasó un alto durante su huida. Por el número de la placa, la policía averiguó que el automóvil estaba a nombre de Higinio Sobera de la Flor. Hallaron su fotografía en los archivos de Tránsito y comprobaron que efectivamente se trataba de un joven de veinticuatro años de edad. Tras cometer el homicidio, Sobera se fue al Bosque de Chapultepec, donde un vigilante le llamó la atención por escandalizar. Pero otra vez, a pesar de esos incidentes, no fue detenido. De vuelta en su casa, “El Pelón” Sobera se encerró en su cuarto. Su madre llegó más tarde y entró a su cuarto: lo halló sentado en su cama, absorto, mirando el arma con la cual había matado a Lepe. Permaneció encerrado el resto del día. No comió, tuvo varios accesos de llanto, gritaba por la frustración, después se reía a carcajadas y luego pasaba lapsos en total silencio. Su madre, conociendo su histriónico temperamento, prefirió no intervenir.



Higinio "El Pelón" Sobera


En su libro Sin clemencia, en la crónica “La oscuridad de la locura” acerca de Sobera, la escritora Norma Lazo describe el momento posterior al crimen: “La noticia del homicidio de Armando Lepe Ruiz se publicó en todos los periódicos: un artero asesinato por una disputa de tránsito. Los testigos describieron el automóvil y el peculiar rostro del ‘Pelón’, su fotografía apareció en las primeras planas de los diarios. Era difícil que existiera confusión, la cabeza rapada, los grandes ojos oscuros e impacientes, el cuerpo desgarbado. Todo apuntaba a Sobera. La familia de Higinio lo puso sobre aviso, pero él no quería escapar sin su pistola, sólo se sentía seguro con ella. Su madre, que había escondido el arma con anterioridad, le regaló una nueva que no estuviera relacionada con algún crimen. El homicida tomó su inseparable gorra de cuadros, la madre volvió a advertirle sobre el peligro de usar la misma cachucha que llevaba en el momento del asesinato. Lo registró en el Hotel Montejo, ubicado en el Paseo de la Reforma, para después trasladarlo a Barcelona y recluirlo en el hospital psiquiátrico donde confinaron a su hermano. Pero Higinio no podía estarse quieto. Mientras el día transcurría, él sólo pensaba en la noche, en el manto oscuro que se volvía cómplice una vez que buscaba juerga. Desdeñó las recomendaciones maternas y salió del hotel; la débil línea que había cruzado ya no tenía retorno”.



Así que el lunes 12 de marzo, Sobera se fue a la calle. Se encaminó a Paseo de la Reforma. Allí estaba Hortensia López Gómez, una jovencita que acababa de salir de su trabajo y estaba esperando que pasara el camión que la llevaría de regreso a su casa. “El Pelón” Sobera la abordó; comenzó a molestarla, haciendo uso de un lenguaje soez. La chica se molestó y, al ver que el autobús no pasaba y que Sobera no cesaba en sus avances, decidió parar un taxi. Uno se detuvo y Hortensia se subió. Pero Sobera hizo lo mismo. El taxista se llamaba Esteban Hernández Quezada.







Pese a las quejas de la joven, no hizo caso. Luego declararía que pensaba que eran novios peleándose. Arrancó con ambos en el asiento trasero del automóvil. Sobera trató de convencerla de que “fueran a tomar algo”, mientras ordenaba al taxista que enfilara hacia la Avenida Chapultepec. Luego le propuso a la chica que tuvieran relaciones sexuales, quiso tocarla y besarla, pero ella se opuso tajantemente. Hortensia comenzó a llorar y a suplicar. Preso de la furia, “El Pelón” Sobera sacó la pistola nueva que su madre acababa de regalarle y le disparó a Hortensia tres veces a quemarropa, matándola en el acto.



El taxista trató de llamar la atención acerca de lo que ocurría: se pasó un alto y un agente de tránsito lo detuvo, recogiéndole la licencia. Pero “El Pelón” Sobera, con una pasmosa sangre fría, abrazó el cadáver y le guiñó el ojo al agente, mientras le daba un billete de cinco pesos y le comentaba entre risitas que “su novia estaba un poquito tomada”. Después fueron a la carretera a Toluca; en la entrada, Sobera le apuntó al taxista; hizo que se orillara y lo obligó a bajarse del vehículo.



El taxista se presentó a la medianoche en la Delegación Cuajimalpa. Denunció el robo del coche y narró a continuación lo que había ocurrido. En una situación totalmente absurda, el agente del Ministerio Público no tuvo otra ocurrencia sino tomar al taxista por un borracho que le estaba inventando un cuento, y aconsejarle que se fuera a su casa a dormir la borrachera, diciéndole que “al día siguiente, tal vez recordaría dónde dejó su automóvil”. Mientras tanto, Sobera había conducido hasta un motel ubicado en el poblado de Palo Alto, donde rentó una habitación y se metió con el coche. La gente pensó que era un taxista ligándose a una pasajera alcoholizada. Nadie notó que la chica estaba muerta. La cargó en sus brazos y la metió al cuarto. Tras desnudarla, le limpió la sangre, la colocó sobre la cama, se desnudó él mismo y tuvo sexo con el cadáver. Tras terminar, se quedó dormido abrazando a la muerta toda la noche. Al despertar, nuevamente tuvo relaciones sexuales con el cuerpo inerte de la chica.



El martes 13, a primera hora, los familiares de Hortensia acudieron a denunciar su desaparición, pues no había llegado a dormir la noche anterior. Horas después, unos campesinos de Cuajimalpa avisaron que un taxi estaba en una cuneta y que en su interior se encontraba el cadáver de una mujer joven. En su bolso de mano se hallaba un monedero con las iniciales H.L. La necropsia indicó que Sobera había cometido necrofilia. Fue el coronel Silvestre Fernández, entonces jefe del Servicio Secreto, quien arrestó a Sobera en el Hotel Montejo; este no opuso resistencia e incluso entregó, riéndose a carcajadas, las llaves del taxi. Todavía se permitió una burla más: durante el interrogatorio, Sobera dijo que tenía hambre porque “con el ajetreo” no había podido comer. Pidió que le llevaran unas tortas y al cuestionársele sobre cómo pensaba pagarlas, sugirió que los policías utilizaran el dinero de Hortensia, alegando “al fin, ya está muerta. Además, si yo la maté, creo que me pertenece”.



"El Pelón" Sobera, tras su arresto


“El Pelón” Sobera fue recluido en Lecumberri. Su familia pagaba $600.00 pesos al mes para que su celda tuviera todas las comodidades. Allí lo conoció el criminalista Alfonso Quiroz Cuarón, quien ya había manejado años antes el caso de Goyo Cárdenas, “El Estrangulador de Tacuba”.



Plano del Palacio Negro de Lecumberri


En sus memorias, Quiroz Cuarón afirma sobre “El Pelón” Sobera: "Su celda, por principio de cuentas, presentaba un aspecto lamentable, porque sus ropas personales y de cama, aparte de sucias y descuidadas, se hallaban en desorden y tiradas sobre el suelo. Sin embargo, lo peor era su apariencia, porque despedía un olor insoportable que hacía prácticamente imposible la cercanía a su lado, pues tenía varios días sin asearse. Si su barba estaba crecida y descuidada, las uñas estaban negras por la suciedad alojada debajo de ellas. Aparte de beber sus propios orines, se untaba su excremento. Y por si algo faltaba, lo peor era el estado de su boca; su aliento era fétido, dado que la materia fecal no sólo se la untaba, sino que era como alimento para él.



El criminalista Alfonso Quiroz Cuarón



"Ofrezco a continuación uno de los diálogos que sostuve con él:

—¿Se acuerda usted de Tabasco? 
Higinio, luego de rascarse la cabeza y de sonreír, me respondió a media voz:
—Conozco todo eso. Un hombre con tanto asunto aquí en la penitenciaría, pues un hombre para el archivo, la medicina, este... pues, puro mirador por ahí, ya llevo casi un año, tengo ganas de salir y dar la vuelta, han cambiado mucho, me siento enfermo, pero ya casi estoy bien.

Sin embargo, otras veces sus respuestas eran algo más coherentes: 
—¿En qué hotel vivía? 

—En el Isabel. 
—¿De quién era el hotel? 
—De unos españoles. 
—¿Vivía bien? 
—Cómo no, pero tengo un carácter medio raro, no congeniaba con la familia, también vivía ahí toda mi familia, pero me aislaba para no molestar.







Obra de teatro sobre los crímenes del “Pelón” Sobera


"Higinio Sobera solía guardar silencios prolongados con la mirada perdida. Casi siempre estaba distraído, aunque en ocasiones era vivaz. Sonreía burlonamente en ocasiones y otras veces tenía expresiones de recelo y desconfianza; cuando sin motivo se encolerizaba, su mirada se tornaba dura y hostil. Era muy inquieto, incapaz de permanecer mucho tiempo sentado, y cuando se incorporaba, caminaba dando vueltas alrededor de la habitación, saltaba mientras hacía muecas, gritaba o musitaba palabras ininteligibles. En otras ocasiones se mostraba soez y agresivo. Una vez, intentó agredir a un médico que por casualidad pasaba cerca de él. El procesado posee un elevado grado de peligrosidad criminal y debe ser segregado ad vitam, para los efectos de la defensa de la sociedad y de su tratamiento. Debe permanecer en el anexo psiquiátrico de la penitenciaría, donde no son incompatibles la reclusión y la atención médica que su estado requiere”.



“El Pelón” Sobera fue durante un tiempo el secretario particular de Gregorio “Goyo” Cárdenas “El Estrangulador de Tacuba” en el manicomio. Cárdenas lo despreciaba. Luego, Sobera fue trasladado al Centro Médico. Allí quedó un tiempo en estado catatónico. En 1982, después de treinta años de reclusión, salió en libertad. Pero ya nada quedaba del joven soberbio y prepotente, y mucho menos del peligroso criminal; era un senil, lento e inofensivo hombre maduro de 54 años. Fue llevado a la casa de su familia, donde permaneció bajo el cuidado permanente de una enfermera.



Sobera en su vejez


Sus últimos años de vida los pasó en un total ensimismamiento. Se le podía ver algún fin de semana en Xochimilco o a orillas del Lago de Chapultepec, llevando su vieja gorra a cuadros, eternamente atado a una silla de ruedas, arrojando migajas a los patos. Falleció de causas naturales en 1985.



VIDEOGRAFÍA:

Higinio “El Pelón” Sobera en La Historia detrás del Mito
video


Reportaje sobre el libro México y sus asesinos seriales, de Ricardo Ham
video



BIBLIOGRAFÍA:





19 comentarios:

ÑOR GOGOL dijo...

Muy buena historia…

Anonymous dijo...

Excelente, muy bien documentado... ¡ UN 10 ! Muchas gracias y felicidades.

Anonymous dijo...

A ver si puedes poner algo mas de asesinos mexicanos, yo hasta hoy me entere de Goyito y del pelon sobera (sobas?) jajajaja

edith dijo...

la muerte es un auto con dos o tres amigos lejanos!, buena historia, realmente ese tipo de personas producen mas que admiracion un sentimiento orientado hacia una realidad mas tangible.

Anonymous dijo...

me utaaaa esa historiaa mue buenaa

Marlenny dijo...

genial investigacion, de los documentos, mas completos de la red, felicidades

Beastie dijo...

Digo no? Pero que clase de madre le regala un arma a su hijo sabiendo que es un enfermo? jajaj

ulisedei dijo...

Uff alfin veo "buenas" fotos del pelon pa hacer las playerillas gracias men

Adriana Garrido dijo...

Que raro aqui y en China la policia esta de adorno!!!...Como el caso del wey que disparo en el metro Balderas... o como los que asaltan en el metro a diario y ya saben la hora y modus operandi!!! ESTE CASO NO ME SORPRENDE NI TANTITO, AQUI EN EL DF EL SACAR UNA PISTOLA POR UN CABRON QUE SE TE CIERRA EN LA CIUDAD NO ES NUEVO, nuevo sera que la autoridades sirvieran para algo ahi si... y al respecto que la mamá cubrió a su hijo que tarada deberian de haberla encerrado a ella por complicidad, digo si ya sabia que sus genes y los de su marido no daban buenos frutos pues carajo ACTUAS!!!

¿ESCRITO CON SANGRE sabes algo acerca de un asesino que enterraba a sus victimas en las paredes de su casa?

Escrito con Sangre dijo...

Chule: Hay varios de esos, pero el más conocido en John Reginald Cristhie, quien aparecerá próximamente en nuestro blog.

jean dijo...

Excelente documento como siempre "escrito con sangre" mantiene y supera su nivel. Ahora eso sí, algo me desagradó rotundamente, veo que por la falta de fotos agregaron varias que no tienen que ver con el caso y muchas me parecieron ridículas. Mejor pocas fotografías pero buenas.

Jean.

Anónimo dijo...

hola yo tengo en mi poder algunas fotos originales y algunas revistas de la epoca 1949 1950 1951 etc de algunas paginas policiacas de la epoca para enriquecer la pagina tengo una de los agentes especiales que capturaron a sobera si les interesan moderadores de la pagina manden un e-mail a ramonzote1995@yahoo.com.mx con remitente para subirlas escaneadas saludos.

Anónimo dijo...

una disculpa el correo de ramonzote1995@yahoo.com.mx no esta funcionando por favor al nachote13@yahoo.com.mx para mandar las revistas escaneadas saludos.

Edw dijo...

no me sorprende de èl, me sorprende de los padres que sabiendo como era, le solaparan tanta barrabasada,,,,

y la madre peor aun, que le regala una pistola, por favor,,,,!

Anónimo dijo...

Bueno y este hijo de la gran puta ya murio?

EVAN dijo...

Este si estaba loco....

claudia kapranos dijo...

Pues tenía razón, es pura agua alcoholizada, jajaja.

Caray, el tipo en verdad era desagradable, pero en su lapso de demencia; aquella frase es completamente cuerda.

Erich From dijo...

“¿El hombre es un lobo o es un cordero? El señor Higinio Sobera Flores muestra con toda precisión que es su corazón el de un hombre profundamente narcisista, necrófilo y además vive una relación de simbiosis incesto-maternal. Estamos en presencia de un lobo, de una encarnación mexicana del síndrome de maldad que desarrollé hace algunos años. Su necrofilia es más compleja que la simple relación con la difunta, como revela su tendencia coprofágica, no es un fenómeno aislado, este mismo blog, esta página web es un escaparate de amor a la muerte con los alcances universales de la webside. Recuerden a Jeremías 33 versículo 3: “Llámame y te responderé. Te haré conocer cosas maravillosas y misteriosas que nunca has conocido.” Las investigaciones que se están haciendo en los bares, en las fiestas, en los antiguos edificios de ésta Ciudad, si las investigaciones que puerilmente han sugerido vincular la campaña de la moralización del medio ambiente contra la pornografía con el pelón Sobera son un esfuerzo inerte, sepan que conocemos todos sus informes, reportes y fotografías, sea esta una forma de comunicarles que el mensaje esta precisamente en lo que se dijo: Llámame y te responderé. Te haré conocer cosas maravillosas y misteriosas que nunca has conocido.

Anónimo dijo...

Por eso me dan miedo y rechazo los pinches locos. Mi hermano tiene un conocido esquizofrénico y me da hasta asco verlo. Me da miedo que un día haga algo horrible. Yo le recomiendo a mi madre que JAMÁS le abra la puerta al puto.