¡ADQUIERE AHORA TU EJEMPLAR EN VERSIÓN IMPRESA! ¡DA CLICK SOBRE EL ANUNCIO!

"Jack el Destripador" y los asesinatos de Whitechapel


"Bajo las crudas e impresionantes alusiones se halla el significativo retrato del Hombre Obsesionado, cuya transición del pasado al futuro nos deja con una profunda visión del Hombre Violento de hoy. Porque 'Jack el Destripador' está con nosotros ahora. Merodea de noche, huyendo del sol en una búsqueda de la deslumbrante incandescencia de una realidad interior. La víctima inevitable y definitiva del asesino es siempre él mismo".
Robert Bloch


A mediados del siglo XIX, Inglaterra experimentó una gran afluencia de inmigrantes irlandeses, lo que sobrepobló las principales ciudades inglesas, incluyendo el East End de Londres. A partir de 1882, algunos refugiados judíos del este de Europa y de la Rusia imperial se alojaron también en esta zona.



Las calles londinenses en 1888

En la parroquia de Whitechapel, en el East End, se comenzaron a sentir los estragos del exceso de población, lo cual provocó un decaimiento en las condiciones de trabajo y vivienda, así como el significativo desarrollo de una subclase económica, lánguida y perezosa, sin trabajo, sin formación laboral y sin futuro.


De igual manera, los robos, la violencia y la dependencia del alcohol se convirtieron en asuntos de naturaleza habitual para sus habitantes, mientras que la pobreza endémica encaminó a muchas mujeres a recurrir a la prostitución como último recurso para subsistir.


Puesto que beber era la forma más barata de evadirse, un sorprendente número de habitantes de “El Abismo”, como el escritor Jack London llamaba al East End, eran alcohólicos.


La mayoría de las prostitutas de la zona lo eran. Enfermas, envejecidas antes de tiempo, despreciadas por sus maridos y sus hijos e incapaces de aceptar la caridad cristiana porque ésta no incluía alcohol, frecuentaban los pubs, donde pedían a los hombres que las invitasen a un trago. Luego hacían negocios.


Con independencia del clima que hiciera, deambulaban en la noche, esperando a cualquier hombre dispuesto a desprenderse de unos peniques a cambio de un rato de placer. El coito solía practicarse de pie en cualquier sitio: la prostituta se ponía de espaldas y levantaba sus múltiples prendas para que no estorbasen.



Whitechapel

La policía en Londres estaba dividida entre dos fuerzas: la Policía Metropolitana (Scotland Yard), con jurisdicción sobre la mayor parte del área urbana, y la Policía de la ciudad de Londres, con jurisdicción sobre aproximadamente una milla cuadrada (2.9km2) del centro de la ciudad.


El ministro del Interior controlaba la Policía Metropolitana, mientras que de la Policía de la ciudad eran responsables los integrantes de la Corporación de Londres.



La Policía de la Ciudad de Londres

En octubre de 1888, la Policía Metropolitana de Londres estimó que había un total de 1,200 prostitutas y 62 burdeles en Whitechapel. Los problemas económicos estuvieron acompañados de un constante incremento en las tensiones sociales.


Entre 1886 y 1889, manifestaciones frecuentes, como la del 13 de noviembre de 1887 (fecha históricamente conocida como el “Domingo Sangriento”), incitaron a la intervención policial y al clima de descontento urbano.


El racismo, la delincuencia, los disturbios colectivos y la auténtica pobreza alimentaron la percepción pública de que Whitechapel era una madriguera de inmoralidad.


Los llamados “Asesinatos de Whitechapel” fueron cometidos dentro o cerca de los empobrecidos distritos de Whitechapel entre el 3 de abril de 1888 y el 13 de febrero de 1891.Once mujeres fueron asesinadas y los crímenes siguen sin resolverse. Algunos asesinatos (o la totalidad de ellos) fueron atribuidos al mismo asesino, aunque lo más probable es que no fuera así.


Emma Elizabeth Smith nació alrededor de 1843. Era una prostituta alcohólica, que en 1888 tenía 45 años de edad. Trabaja habitualmente en el East End de Londres. Vivía en una casa de alojamiento en el 18 George Street, Spitalfields.



Emma Smith

Emma Smith fue salvajemente atacada en circunstancias confusas, en las primeras horas del 3 de abril de 1888. Sus agresores posiblemente fueron miembros de una pandilla dedicada a explotar a las prostitutas, exigiéndoles dinero a cambio de supuesta protección.



La casa de Emma Smith en George Street

Emma fue brutalmente asaltada y robada en Osborn Street y Brick Lane, en Whitechapel. Sobrevivió al ataque y logró regresar a su casa con algunas lesiones. Allí, le dijo a su compañera Mary Russell, que había sido atacada por un grupo de hombres, uno de los cuales era un adolescente.



Osborn Street y Brick Lane

Unos amigos suyos la llevaron al Hospital de Londres, situado en el distrito de Whitechapel, donde entró en coma y murió al día siguiente, a las 09:00 horas del 4 de abril de 1888. Según el informe del médico actuante, falleció como consecuencia de una peritonitis.



El asesinato de Emma Smith

Se reveló que un objeto contundente (probablemente un palo) le había sido insertado violentamente en la vagina, con ruptura del peritoneo, originándole así gravísimas heridas que, a la postre, serían fatales.



El cadáver de Emma Smith

Durante los primeros tiempos, se estimó que Smith había representado la primera víctima mortal del asesino en serie victoriano. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos actuales del caso descartan esa posibilidad.



El acta de defunción de Emma Smith

Pese a ello, el cruel ataque sufrido por esta desdichada quedó registrado en los legajos de Scotland Yard como el primer crimen perpetrado dentro de la secuencia de homicidios, a los cuales se designó genéricamente con el título de “Los asesinatos de Whitechapel”.



Los titulares sobre el asesinato de Emma Smith

El 6 de abril, la policía informó el comienzo de las indagatorias en pos de aprehender a los culpables. La investigación en el ámbito judicial fue presidida por el juez Wynne Edwin Baxter.



Wynne Edwin Baxter

En el plano policial la organización de las pesquisas le fue encargada al inspector local de la Policía Metropolitana, División de Whitechapel H: Edmund Reid. Las investigaciones posteriores, sin embargo, resultaron infructuosas, y el asesino o los asesinos nunca fueron capturados.



Edmund Reid

Walter Dew, un detective, describió su investigación: “Como en todos los casos de asesinato en este país, las mayoría de las víctimas eran pobres, y la policía hizo todo lo posible para encontrar al agresor de Emma Smith, así como para hallar pistas. Cientos de personas fueron interrogadas, muchos de ellos por mí personalmente. Las declaraciones fueron tomadas. Soldados de la Torre de Londres fueron interrogados en cuanto a sus movimientos. También se hicieron búsquedas en los buques, en los puertos, y entre los marineros”. Walter Dew siempre creyó que Emma Smith había sido la primera víctima del asesino al que después se conocería como “Jack el Destripador”, desestimando su afirmación de haber sido atacada por un grupo de hombres.



Walter Dew

El segundo crimen ocurriría poco después. Martha White nació el 10 de mayo de 1849 en Southwark, Londres (Inglaterra). Fue hija de Charles Samuel White, un almacenero, y Elizabeth Dowsett. Era la más pequeña de cinco hijos: Henry, Stephen, Esther y Mary Ann White. En mayo de 1865, sus padres se separaron; seis meses después su padre murió de repente. Más tarde se fue a vivir con Henry Samuel Tabram, capataz de un almacén de muebles, y se casaron el 25 de diciembre de 1869. En 1871, la pareja se mudó a la casa en la que Tabram se había criado. Tuvieron dos hijos: Frederick John Tabram, nacido en febrero de 1871, y Charles Henry Tabram, que nació en diciembre de 1872. El matrimonio tuvo problemas, debido al alcoholismo de Tabram. Su marido la abandonó en 1875. Durante tres años le pagó una indemnización de 12 chelines a la semana, luego lo redujo a dos chelines y seis peniques cuando se enteró de que estaba viviendo con otro hombre. Martha entabló relación con William Henry Turner alrededor de 1876, hasta poco antes de su muerte. Esta relación también fue problemática, debido de nuevo a los problemas de Martha con la bebida y a sus salidas nocturnas hasta altas horas de la noche. En 1888, encontró empleo y la pareja comenzó a vender baratijas y otros artículos en los mercados callejeros mientras se alojaban en una casa en Comercial Street, Whitechapel. A principios de julio, la pareja rompió definitivamente y Martha se mudó a una casa de huéspedes, George Yard, en Spitafields. A causa de esta relación, muchos se referían a ella como “Martha Turner”.



Martha Tabram

Martha era una “prostituta de soldados”. Se caracterizaba por su lealtad a los servidores de Su Majestad. Martha efectuaba rondas regulares, bajando por los muelles, donde buscaba soldados de guardia en la Torre de Londres. El lunes 6 de agosto de 1888 por la noche, antes de su asesinato, Martha Tabram estaba bebiendo con otra prostituta, Mary Ann Connelly, conocida como "Pearly Poll", junto con dos soldados en la residencia George Yard. Las dos parejas dejaron el edificio y se separaron a las 23:45 horas, cada mujer con su cliente. Esta fue la última vez que se vio a Martha con vida.



Martha Tabram acompañada de los dos soldados

El cuerpo de Martha fue hallado a las 03:30 horas, durante la madrugada del martes 7 de agosto de 1888, acostado en una escalera del edificio George Yard, Gunthorpe Street, Whitechapel. El crimen fue tan sigiloso que un residente del edificio, el cochero Albert Crow, confundió el cuerpo con un vagabundo dormido, y no fue hasta las 04:50 horas que una segunda persona, el estibador John Reeves, advirtió que estaba muerta.



El asesinato de Martha Tabram

El asesino le había asestado 39 puñaladas en torso y cuello; nueve heridas en la garganta, cinco en el pulmón izquierdo, dos en el pulmón derecho, una en el corazón, cinco en el hígado, dos en el brazo y seis en el estómago; también el bajo vientre y los genitales recibieron heridas. Que un tercer residente no viera a nadie tumbado a pesar de utilizar las escaleras tres veces hacia la 01:50 horas, indicaría que Tabram fue asesinada entre la 01:50 y las 03:30 horas. Los otros residentes no vieron, ni oyeron nada. En el momento de su muerte, Martha Tabram llevaba un gorro y una larga chaqueta negra, una falda verde oscuro, enaguas marrones, medias y botas. Tenía 39 años.


El médico forense Timothy R. Killeen fue el encargado de realizar la autopsia y brindó su informe el 9 de agosto de 1888 en la encuesta judicial presidida por el juez de guardia George Collier. El galeno declaró que al menos dos armas blancas distintas fueron utilizadas para cometer el homicidio. Los informes que los periódicos de la época publicaron a principios de septiembre sobre el asesinato de Tabram, lo vincularon al de Emma Smith, ocurrido el 3 de abril, aunque Smith le había dicho a la policía que había sido atacada por una pandilla.



Esquema de las heridas infligidas a Matha Tabram

El inspector Edmund Reid exigió a la testigo principal del caso, Mary Ann Connelly “Pearly Polly”, que se prestara para hacer una ronda de identificación de sospechosos entre los soldados de la Torre de Londres. Era una mujerona alta, flaca y poco atractiva, que moraba en el albergue de Crossingham en la calle Dorset, un tugurio plagado de ladrones, prostitutas y toda clase de malhechores. Tan asustada se la veía cuando rindió su testimonio en la instrucción sumarial, que más de una vez el juez de guardia la amonestó requiriéndole que hablase alto. Cuanto más se esforzaba por alzar la voz menos se le entendía, y el alguacil del juzgado tuvo que repetir su declaración proporcionada en susurros.


En los cuarteles de Wellington en Birdcage Walk, se obligó a desfilar por dos veces delante de “Pearly Polly” a todos los soldados que habían estado de guardia en la noche del crimen. En la primera ronda de identificación, Mary Ann Connolly aseguró no reconocer a ninguno de los milicianos. En el segundo careo, acusó a dos de ellos al azar, pero se demostró que ninguna relación guardaban con el homicidio, y que la mujer mintió tan sólo para salir del paso; ambos soldados tenían coartadas muy sólidas.



El cadáver de Martha Tabram

Al respecto se señaló: “Se llevó a cabo un desfile de sospechosos para identificar al soldado, y el que supuestamente había acompañado a Martha Tabram dio un paso adelante y pudo probar que volvió a unirse a sus camaradas alrededor de la una y media de la mañana. Esto era mucho antes de la hora en que se creía que había sido asesinada la mujer”.



El acta de defunción de Martha Tabram

Ningún sospechoso fue detenido por el asesinato de Martha Tabram. La Policía Metropolitana, la policía de la ciudad de Londres, y ciertas organizaciones privadas tales como el Comité de Vigilancia de Whitechapel, participaron en la búsqueda del asesino o asesinos. Y a pesar de amplias investigaciones y varios detenidos, el culpable o los culpables eludieron la identificación y la captura.



Los titulares sobre el asesinato de Martha Tabram




Muchos expertos contemporáneos afirman que éste caso no se relaciona con los crímenes cometidos posteriormente, debido principalmente a la diferencia en las características de las heridas. Uno de los primeros rumores que se suscitó fue que los asesinatos eran cometidos por el aclamado actor estadounidense Richard Mansfield, que en ese momento se encontraba protagonizando el papel del Doctor Jekyll en la obra teatral El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde, basada en la novela de Robert Louis Stevenson. Varios sospechosos fueron liberados tras comprobarse su inocencia en torno al caso, lo cual finalmente hizo que el cuerpo policíaco quedara ridiculizado ante su incapacidad de hallar al verdadero culpable de las muertes.



Richard Mansfield en su doble papel como Jekyll y Hyde

Mary Ann Walker nació el 26 de agosto de 1845 en Dawes Corte, en las afueras de Shoe Lane, Londres (Inglaterra).



Mary Ann Nichols

El 16 de enero de 1864 se casó con un impresor apellidado Nichols y tuvo cinco hijos con él: Edward John, Percy George, Alice Esther, Eliza Sarah y Henry Alfred. Se divorció de él en 1880 por disputas personales, pero conservó el nombre de Mary Ann Nichols.


Cerca de las 23:00 horas del 30 de agosto de 1888, fue vista caminando por Whitechapel Road. A las 00:30 horas del 31 de agosto, se le vio salir de un pub en Brick Lane (Spitalfields) llamado “The Frying Pan”. Una hora más tarde, sobre las 02:30, Mary dejó la casa de alojamiento en Thrawl Street, ya que carecía de cuatro peniques para una cama. Antes de irse, sus últimas palabras fueron que se ganaría el dinero en la calle, con la ayuda de un nuevo y bonito sombrero que esa noche estrenaba.



El pub “The Frying Pan”

Fue vista por última vez con vida en la esquina de la calle Osborn y Whitechapel Road a las 02:30 horas, aproximadamente una hora antes de su muerte, por su amiga Emily Holland. El cadáver fue descubierto por el carretero Charles Cross quien, junto a un compañero de tareas del mercado de Spitalfields llamado Robert Paul, corrió en busca de un agente para dar aviso sobre el macabro hallazgo. Su garganta había sido cortada dos veces de izquierda a derecha, varias incisiones profundas en el abdomen, y tres o cuatro cortes similares en el lado derecho, fueron causadas por el mismo cuchillo utilizado de forma violenta y con trayectoria descendente.



El hallazgo del cadáver de Mary Ann Nichols


Aproximadamente a las 03:45 horas llegó el policía John Neil, mientras cumplía su patrullaje de rutina, delante de una puerta del Buck's Row (Durward Street), una calle de Whitechapel, a unos 150 metros del hospital de Londres y a 100 metros de los Edficios Blackwall. Él confirmó que estaba muerta. Los ojos de Mary Ann Nichols estaban abiertos cuando descubrieron su cadáver.



John Neil

Ni los agentes de policía que patrullaban las calles cerca, ni los residentes de Buck's Row, informaron de haber visto algo sospechoso. El individuo que mató a Polly había actuado con sumo sigilo y rapidez, a tal grado que se resaltó: “Así fue como se alimentaron los aspectos fantasmales del asesino”.



El cadáver de Mary Ann Nichols

Mientras que su certificado de defunción se declaró que tenía 42 años en el momento de su asesinato, algunos registros de nacimiento indican que tenía 43, un hecho confirmado por su padre en su investigación, quien dijo que lucía "diez años más joven".


El cadáver de Mary Ann Nichols permaneció en el depósito de Whitechapel hasta el jueves 6 de septiembre, cuando por fin decidieron sepultar el cadáver, que ya presentaba claros signos de putrefacción. La colocaron en un féretro de madera “de aspecto sólido” y la acomodaron en un coche de caballos que recorrió diez kilómetros hasta el cementerio.


El sol brillaba apenas cinco minutos al día, y el tiempo era lluvioso y nublado. El cortejo fúnebre consistía en los familiares de duelo, entre ellos William Nichols y Edward John Nichols (su hijo mayor, quien tenía aproximadamente 22 años de edad). Nichols fue enterrada en el Cementerio y Crematorio de la ciudad de Londres.



El acta de defunción de Mary Ann Nichols

Según una descripción de este episodio: “El féretro fue izado a un carruaje con caballos que se dirigió al cementerio de Ilford, distante a diez kilómetros de aquel antro fúnebre. En una tarde gris y lluviosa se extrajo el cuerpo y se le colocó dentro de una fosa recién cavada, recibiendo sepultura directamente en la tierra. El padre de la extinta, su cónyuge, tres de sus hijos y algunos policías asistieron a la ceremonia”.



La tumba de Mary Ann Nichols


Las investigaciones iniciales sobre esta muerte tuvieron poco éxito, aunque algunos elementos de la prensa vincularon este hecho con los dos asesinatos anteriores, sugiriendo que todo ello podría haber sido perpetrado por una banda, como en el caso de Emma Elizabeth Smith. El periódico The Star afirmó en cambio que un asesino era el único responsable, y otros periódicos hicieron eco de esta versión.






Los titulares sobre el asesinato de Mary Ann Nichols



Las sospechas de que había un asesino múltiple operando en Londres, llevaron a la creación de una comisión de inspectores para analizar esta situación. La tarea principal estuvo a cargo del detective Frederick Abberline, junto a Henry Moore y Walter Andrews, de la Oficina Central de Scotland Yard.



Frederick Abberline

Con las pruebas disponibles, George Bagster Philliphs (entonces el médico forense oficial de Scotland Yard), concluyó que Nichols fue asesinada poco después de las 03:00 horas donde fue encontrada. En su resumen, desestimó la posibilidad de que su asesinato estuviera relacionado con los de Smith y Tabram, ya que las armas letales eran diferentes en esos casos, y ninguna de las víctimas anteriores tenía cortaduras en la garganta. Sin embargo, en el momento de la investigación sobre la muerte de Nichols, una cuarta mujer fue asesinada, y George Bagster señaló que "la similitud de las lesiones en los dos casos era considerable".



George Bagster Philliphs

Ann Eliza Smith fue la hija de George Smith, un militar del 2º Regimiento de la Guardia Británica, y Ruth Chapman. Sus padres no se casaron hasta casi seis meses después de su nacimiento, el 22 de febrero de 1842, en Paddington. George Smith era soldado en el momento de su matrimonio, para luego convertirse en mayordomo. El 1 de mayo de 1869 se casó con John Chapman, un cochero, en All Saints Church en Knightsbridge, en Londres. Contaba con 28 años al tiempo de su casamiento.



Annie Chapman

Durante algunos años la pareja vivió en distintas direcciones, en el oeste de Londres, y tuvieron tres hijos: Emily Ruth Chapman, nacida el 25 de junio de 1870; Annie Georgina Chapman, nacida el 5 de junio de 1873; y John Alfred Chapman, nacido el 21 de noviembre de 1880. John Alfred su quedó en una escuela de caridad junto a su hermana Annie Georgina, entonces una adolescente, quien más tarde viajó con un circo, durante la Tercera República Francesa. Por su parte, la hija mayor, Emily Ruth, era de débil constitución física y falleció aquejada de meningitis a los 12 años.


La residencia de los esposos Chapman, según consta en su certificado de matrimonio, se instaló en el número 29 de Place Montpelier, Brompton, localidad en la cual asimismo residía la madre de Annie, quien sobreviviría a su hija, pues expiró hasta 1893. En 1870, la pareja se mudó a una finca situada en la calle Brook en Bayswater, y posteriormente en 1873 pasaron a morar en el número 17 de Mews Sur Bruton, Plaza Berkeley. En el año 1881 se trasladaron a Windsor, donde John logró emplearse como cochero doméstico.



Annie con su esposo, John Chapman

El matrimonio Chapman se separó de mutuo acuerdo en 1884 o 1885 por razones inciertas. Un informe policial expresó que la causa radicaba en la conducta inmoral y en el alcoholismo de la esposa, la cual fue arrestada varias veces por embriaguez y por originar desorden público, aunque todo apunta a que su marido también era un bebedor consuetudinario. John Chapman, después de la separación, pagó con regularidad una pensión alimenticia de 10 chelines semanales. Giró esa cifra por correo a su esposa hasta la fecha de su deceso, ocurrido en la navidad de 1886, cuando moraba en Grove Road, Windsor. En el certificado de defunción quedó acreditado que su deceso se debió a cirrosis hepática e hidropesía.


Luego de fallecido su marido, la mujer convivió durante un corto lapso con un cedacero apellidado Siffey, y cuando éste la abandonó comenzó a pedir pequeñas sumas de dinero prestadas a su hermano, quien pronto dejó de ayudarla. Se presume que por esta época es que inicia su labor en la prostitución callejera. También se van agravando sus problemas de salud ocasionados por la excesiva ingesta de alcohol. Sobrevivía realizando labores de ganchillo y vendiendo flores.



Annie Chapman con un cliente

Habitualmente dormía en una pensión en el número 35 de la calle Dorset, cuyo encargado era el irlandés Timothy Donovan. La casa de inquilinato reunía al menos a trescientos huéspedes ocasionales y era muy precaria, pues se emplazaba sobre una de las calles más violentas de Whitechapel. Sin embargo, Annie no siempre reunía los cuatro peniques precisos para costearse la habitación. El 4 de septiembre de 1888 mantuvo un altercado en la pensión, por un motivo indeterminado, con otra compañera suya llamada Alice Cooper. Chapman salió mal parada del enfrentamiento. Como producto de la riña le quedaron moretones en el rostro que aún eran visibles el último día de su existencia.



Timothy Donovan

En su etapa final, Annie Chapman sostuvo una relación amorosa con el albañil Edward Stanley, alias “El Jubilado”, porque pretendía recibir una pensión como militar retirado con honores de la guerra de Crimea. Este amante le brindaba algún esporádico auxilio económico a Annie, y le permitía dormir en su casa de Osborn, Whitechapel, cuando aquella era expulsada de la pensión del número 35 de la calle Dorset por no poder pagar. En la encuesta judicial subsiguiente, Stanley pretendió haber conocido a su compañera cuando ésta vivía en Windsor. En ese mismo procedimiento judicial salió a la luz que el hombre mentía sobre su condición de ex militar, y que no había revistado nunca en el ejército británico. Dentro de las varias versiones que se propalaron sobre la razón de la disputa entre Chapman y Cooper, se supone que ambas meretrices riñeron en su afán de disponer en exclusiva para sí de los favores de este hombre; ello a pesar de que, al declarar en el proceso judicial, Alice Cooper adujo que la pelea se suscitó debido a un trozo de jabón que Annie le habría prestado y cuya devolución aquella le exigió de malos modos.



La calle Dorset nº 35

En las horas previas a su final, Annie Chapman fue vista a la 01:45 horas del 8 de septiembre de 1888, en la cocina de la pensión de la calle Dorset por su casero, Timothy Donovan. Ella le dijo que no disponía de los cuatro peniques para pagar por su cama, pero le pidió que se la reservase, pues iba a conseguir ese dinero a como diera lugar. Luego de salir de la casa de huéspedes, la vieron a las 02:00 horas en el pub Britannia bebiendo unas copas con el cochero Frederick Steven. Posteriormente estuvo conversando con otro residente de la pensión de Donovan llamado John Evans, y apodado Brummie. El último avistamiento reconocido se debió a su vecina Elizabeth Long, que se cruzó con ella. La vio dialogando a la entrada del número 29 de la calle Hanbury con un hombre que la testigo describió como “gallardo y harapiento” y que parecía “haber pasado por tiempos mejores”. Ambos estaban “parados a unos metros de la valla que rodea el callejón”, precisó en la encuesta judicial.



La calle Hanbury nº 29

El sábado 8 de septiembre, a las 06:00 horas, el cadáver fue hallado por el estibador John Davies. Estaba en el suelo, cerca de una puerta, en el patio trasero del número 29 de la calle Hanbury, lugar frecuentemente utilizado por las prostitutas para ejercer el comercio sexual. El abdomen había sido rajado, y los intestinos quitados de su cavidad estaban esparcidos en torno al hombro izquierdo.



La escena del crimen de Annie Chapman

El seccionamiento de la garganta había sido producido por un corte tan hondo que casi había desprendido la cabeza del tronco, en lo que parecía un intento de decapitación. Su garganta fue cortada de izquierda a derecha. El examen de la morgue reveló que parte de su útero se había extraído.



John Davies

Horrorizado, John Davies corrió en busca de un vigilante. Ubicó a uno a pocas cuadras, y el policía dio aviso a la comisaría de la calle Comercial. Desde allí compareció el Inspector Chandler. Este jerarca, tras comprobar el sórdido hallazgo, mandó llamar al médico forense George Basgter Phillips, quien se hizo cargo de la autopsia. La violenta muerte de Annie Chapman se considera el segundo homicidio incuestionable en la carrera criminal de “Jack el Destripador”. El patólogo George Bagster Phillips opinó que el asesino debía haber poseído conocimientos anatómicos, al cortar en rodajas los órganos de reproducción en un solo movimiento, con una hoja de entre 15 y 20 centímetros de largo. Sin embargo, la idea de que el asesino tenía habilidad quirúrgica fue desestimada por otros expertos.



El cadáver de Annie Chapman


Como los cuerpos no fueron examinados a fondo en la escena, también se sugirió que los órganos habían sido removidos por personal de la funeraria. Por otra parte, Annie Chapman era de baja estatura y obesa, aunque en realidad no estaba bien nutrida y además sufría los estragos de una enfermedad pulmonar grave tan avanzada, que el médico forense examinante dejaría constancia en su reporte de que la occisa estaba destinada a fallecer en los próximos meses a consecuencia de ese mal, por más que no hubiera entrado en escena su victimario.



El acta de defunción de Annie Chapman

En la indagatoria de los testigos, Elizabeth Long declaró que había visto a Chapman hablando con un hombre alrededor de las 05:30 horas. Lo describió como de más de cuarenta años, un poco más alto que Chapman, de tez oscura, extranjero, y de "gentil apariencia”. Llevaba un sombrero de copa y un abrigo oscuro. Otro testigo, el carpintero Albert Cadosch, había entrado en el patio de los vecinos en Hanbury Street al mismo tiempo, y oyó voces en el patio seguido, por el sonido de algo que caía contra la valla.



Albert Cadosch

Los periodistas tomaban como víctimas a Emma Elizabeth Smith, Martha Tabram, Mary Ann Nichols y Annie Chapman, lo que contaba como cuatro víctimas. Un delantal o mandil de cuero recién lavado, al parecer para quitarle manchas de sangre, fue localizado por la policía en el patio de la calle Hanbury, donde ultimaron a Annie Chapman.



Los titulares sobre el asesinato de Annie Chapman



Al iniciarse los crímenes, el anónimo criminal era conocido popularmente como “El Asesino de Whitechapel”. Sin embargo, la prensa calculó la conveniencia de que el homicida contase con una designación más específica y sugestiva. Por lo tanto, tomando en cuenta el detalle del delantal encontrado en la escena del crimen más reciente, se comenzó a llamar al victimario de esas mujeres con el sobrenombre “Mandil de Cuero”. Luego de ese bautizo, únicamente faltaba identificar a un sujeto con mala fama que portara habitualmente un mandil, o al cual apodasen de aquella forma, para presentarlo como un sospechoso viable.



Los titulares sobre “Mandil de Cuero”

Convenientemente, la policía detuvo al poco tiempo a un hombre llamado John Pizer, alias "Mandil de Cuero" o “Delantal de Cuero” ("Leather Apron"), que tenía fama de aterrorizar a las prostitutas locales. Era un zapatero pobre de origen judío polaco, que trabajaba en el distrito de Whitechapel, al este de Londres. Tenía 33 años en el momento de los crímenes y moraba en el número 22 de la calle Mulberry en compañía de su madrastra, de 60 años, y de su hermano Gabriel.



"Mandil de Cuero"

Usualmente portaba un delantal de cuero cuando practicaba su oficio, y de ahí provino su apodo. “Mandil de Cuero” era soltero y mostraba en su personalidad claros rasgos de misoginia. Pese a ejercer un trabajo honesto de manera estable, John Pizer estaba mal visto en el distrito, ya que había protagonizado varias peleas con prostitutas locales. Se rumoraba que les exigía dinero, y en una ocasión amenazó a una mujer conocida como “Annie la Viuda” diciéndole que “iba a despedazarla”, al tiempo que blandía un afilado cuchillo para reforzar sus amenazas.



La búsqueda de “Mandil de Cuero”

El zapatero se vio obligado a transitar por un auténtico calvario. En la zona se habían iniciado las habladurías de que un individuo con las características del zapatero judío era el culpable, y que en el vecindario planeaban hacerse justicia por mano propia. Enterado de ese peligro, Pizer se amedrentó y decidió encerrarse en su habitación durante tiempo indeterminado, desde el 6 de septiembre. Sólo saldría de allí al ser detenido el 10 de septiembre de 1888 por William Thick, sargento-detective de la Policía Metropolitana, quien al ser recibido por el aterrado Pizer se anunció señalándole: “Eres precisamente el hombre que buscaba”. En esa intervención policial también actuó el Inspector Cansby.



William Thick

El acusado quedó preso por espacio de cuarenta y ocho horas en la comisaria de la calle Leman, donde fue careado con una testigo de apellido Fidymont, que aseguró no reconocerlo, y con otro testigo llamado Emmanuel Violena, quien sí lo acusó, pero ese testimonio fue desechado por estimárselo poco fiable. Desde el principio el indagado negó con énfasis ser el asesino, aunque reconoció que en el barrio lo conocían como “Mandil de Cuero”. La justicia británica emplazó al prisionero, y el 12 de septiembre se lo obligó a comparecer en el juicio presidido por el magistrado Wynne Edwin Baxter.



John Pizer

Por entonces ya se había formado un ambiente muy hostil en su contra. Para evitar que fuera agredido, el acusado ingresó con escolta policial al edificio donde se celebraba la encuesta judicial. A su alrededor se aglomeró un público vociferante que no paraba de insultarlo y de amenazarlo con el linchamiento. Algunos periódicos ya lo daban por culpable; se le describía como un sujeto de “expresión siniestra”, con “ojos pequeños y brillantes” y una “mueca repelente”, que se dedicaba a extorsionar a las prostitutas a altas horas de la noche. Afirmaban que debía ser judío o de ascendencia judaica, ya que su rostro denotaba marcadas características hebreas.


Finalmente, a despecho de la xenofobia desatada, en el Tribunal se impusieron las evidencias y el acusado fue exonerado de los cargos atribuidos, decretando el juez Baxter su libertad el 14 de septiembre de aquel año. La prueba más contundente para exculparlo consistió en la declaración de un agente policial, quien admitió haber estado hablando con John Pizer (al cual, según aseguró, conocía positivamente) muy lejos del sitio en donde asesinaron a Mary Ann Nichols durante la madrugada del viernes 31 de agosto de 1888.


Se acreditó que a la hora del asesinato, el sospechoso se encontraba junto a un grupo de curiosos contemplando el gran incendio en Ratcliffe Highway, a varios kilómetros de distancia del escenario donde se cometiera aquel crimen. Sus coartadas para los dos últimos asesinatos fueron corroboradas, por lo que fue puesto en libertad sin cargos.


Pizer reivindicó su honor, y obtuvo de un periódico inglés una pequeña indemnización por haberlo difamado. Pero aún después de ser exonerado, parte del periodismo siguió usando el mote "Mandil de Cuero" para referirse al causante de la secuencia de homicidios. Tras la liberación de Pizer, ese apodo ya no fue de utilidad para vender periódicos y promocionar la historia de los asesinatos sin resolver, por lo que la mayoría de los periódicos volvió a llamar al criminal desconocido por su primer sobrenombre, "El Asesino de Whitechapel".


Annie Chapman fue enterrada el viernes 14 de septiembre de 1888. Sus familiares, que pagaron el funeral, se reunieron con la carroza mortuoria en el cementerio y, a su solicitud, el sepelio se mantuvo en secreto y fueron los únicos dolientes en asistir. El ataúd llevaba las palabras: "Annie Chapman murió el 8 de septiembre de 1888, a los 47 años de edad". Con el tiempo, la tumba de Chapman desapareció y actualmente ya no existe.



El cementerio

El juez de instrucción Baxter dio por finalizado el proceso sobre el asesinato de Chapman expresando su opinión: “Nos hallamos ante un asesino poco común, que comete sus crímenes no por celos, venganza o intención de robar, sino por motivos más horribles que los muchos que aún deshonran a nuestra civilización, obstaculizan el progreso y manchan las páginas de la cristiandad”. El jurado dictó el veredicto de “homicidio premeditado por persona o personas desconocidas”.







Para entonces, los asesinatos causaban pánico generalizado en Londres. Una turba atacó la estación de policía en Commercial Road, ante la sospecha de que el asesino estaba detenido allí. Samuel Montagu, miembro del Parlamento de Whitechapel, ofreció una recompensa de 100 libras después de suposiciones por parte del público que los ataques eran asesinatos rituales de los judíos, lo que llevó a los antisemitas a hacer manifestaciones.



Samuel Montagu

El Comité de Vigilancia de Whitechapel, bajo la presidencia de George Lusk, ofreció una recompensa por la captura del asesino, algo que la Policía Metropolitana (bajo la instrucción del Ministerio del Interior) se negó a apoyar porque, se dijo, podría dar lugar a recibir información falsa. El Comité entonces empleó dos detectives privados para investigar el caso.



George Lusk

Robert Anderson fue nombrado jefe de la policía judicial el 1 de septiembre de 1888, pero se fue de baja por enfermedad a Suiza el día 7 de ese mismo mes. El Superintendente Thomas Arnold, quien estaba a cargo de la División H de la policía (Whitechapel), se fue de licencia el 2 de septiembre. La ausencia de Anderson dejó la dirección general de las investigaciones confundida, y llevó al Comisionado Jefe, Sir Charles Warren, a nombrar inspector al jefe Donald Swanson, a efectos de coordinar la investigación de Scotland Yard.



Donald Swanson

Un peluquero alemán llamado Charles Ludwig fue detenido el 18 de septiembre de ese mismo año bajo la sospecha de ser el asesino, pero fue puesto en libertad menos de dos semanas más tarde, cuando los nuevos acontecimientos demostraron que el verdadero culpable todavía estaba en libertad.



El Comité de Vigilancia

En el transcurso del tiempo en que sucedieron los crímenes, la policía, los periódicos y otras personas recibieron cientos de cartas sobre el caso. Algunos bienintencionados ofrecían consejos para capturar al asesino, pero la gran mayoría eran inútiles. Docenas de ellas afirmaban haber sido escritas por el propio asesino y cuatro de éstas destacaron.



La llegada de la primera carta

La primera carta del asesino estaba fechada el 25 de septiembre de 1888 y había sido enviada por correo el 27 del mismo mes. Fue recibida por la Agencia Central de Noticias y luego enviada a Scotland Yard el 29 de septiembre. Inicialmente se le consideró una broma.



La carta “Querido jefe”

La carta, conocida como “Querido Jefe”, contenía el siguiente texto:

“Querido Jefe: Constantemente oigo que la policía me ha atrapado pero no me echarán mano todavía. Me he reído cuando parecen tan listos y dicen que están tras la pista correcta. Ese chiste sobre ‘Mandil de Cuero’ me hizo partir de risa. Odio a las putas y no dejaré de destriparlas hasta que me harte. El último fue un trabajo grandioso. No le di tiempo a la dama ni de chillar. ¿Cómo me atraparán ahora? Me encanta mi trabajo y quiero empezar de nuevo si tengo la oportunidad. Pronto oirán hablar de mí y de mis divertidos jueguecitos. Guardé algo de sangre en una botella de cerveza de jengibre para escribir, pero se puso tan espesa como la cola y no la pude usar. La tinta roja servirá igual, espero, ja, ja. En el próximo trabajo le cortaré las orejas a la dama y se las enviaré a la policía para divertirme. Guarden esta carta en secreto hasta que haya hecho un poco más de trabajo y después publíquela sin rodeos. Mi cuchillo es tan bonito y afilado que quisiera ponerme a trabajar ahora mismo si tengo la ocasión. Buena suerte.

“Suyo afectísimo, Jack el Destripador.

“No se moleste si le doy mi nombre profesional. No estaba bastante bien para enviar esto antes de quitarme toda la tinta roja de las manos. Maldita sea. No ha habido suerte todavía, ahora dicen que soy médico, ja, ja…”





El nombre de “Jack el Destripador” fue usado por primera vez en esta carta y ganó notoriedad en todo el mundo después de su publicación. La mayoría de las cartas posteriores imitarían el tono narrativo de ésta. Muchas fuentes enlistan otra carta, que data del 17 de septiembre de 1888, como la que usa por primera vez el nombre de “Jack el Destripador”, pero la mayoría de los expertos creen que se trataba de una falsificación moderna insertada en los registros de la policía en el siglo XX, mucho tiempo después de los asesinatos.



Petición de información de la policía sobre la carta "Querido Jefe"

Elizabeth Gustafsdotter nació el 27 de noviembre de 1843 en Torslanda (Suecia). Era apodada "Long Liz" y se han dado varias explicaciones para este sobrenombre. Algunos creen que estaba relacionado con su apellido de casada: Stride; otros lo atribuyen a su estatura o a la forma de su cara. En septiembre de 1888, residía en una pensión en la esquina de las calles Flower y Dean, en lo que era entonces una notoria colonia criminal.



Elizabeth Stride

El asesinato de Elizabeth Stride se produjo el domingo 30 de septiembre de 1888, alrededor de las 00:50 horas, en en Dutfield's Yard, en la calle Berner, junto al Club Educativo Internacional de Trabajadores, un organismo político. Un hombre se le acercó junto a la puerta del patio que lindaba con el local político. Aquél individuo arremetió contra ella, la arrojó al suelo y la introdujo en el callejón a empujones. Según diría Israel Schwartz, un judío que fue el único testigo, “la mujer dio tres gritos, pero no muy fuerte”.



El ataque a Elizabeth Stride

El agresor aparentaba alrededor de 30 años de edad y portaba una gorra con visera negra. Lo más curioso es que casi al mismo tiempo, un segundo hombre salió de la cervecería situada en la esquina de la calle Fairclough, y se detuvo silenciosamente mientras encendía una pipa. Este último aparentaba 35 años, medía 1.80 metros y vestía con decoro, a diferencia del tipo que agredió a la mujer.



El hallazgo del cadáver de Elizabeth Stride


El atacante se percató de la presencia del testigo y para ahuyentarlo, le espetó en son de amenaza: “¡Lipski!” Se trataba de un insulto, ya que “Lipsky” era el apellido de un judío acusado de matar a una mujer en el East End.



Tanto Schwartz como el hombre bien vestido se alejaron cautelosamente de allí, y esa asustadiza prudencia selló la suerte de Elizabeth Stride. El asesino le cortó la garganta de izquierda a derecha.



El cadáver de Elizabeth Stride


El cuerpo de Stride fue descubierto alrededor de la 01:00. Estaba tirada en el suelo. El patio estaba tan oscuro que Louis Diemschutz (o "Diemschitz", según otras versiones), el portero del club adyacente, descubrió su cuerpo mientras iba conduciendo un carro arrastrado por un pony; apenas fue capaz de verlo sin casi iluminación.



Louis Diemschutz

La encontró aún con la sangre brotando de su herida, por lo que se dedujo que había sido asesinada momentos antes de la llegada de Diemschutz. El portero le dijo a los policías que él creía que al descubrir el cadáver, el asesino se encontraba todavía en el patio.



La investigación sobre el asesinato de Elizabeth Stride

Los sucesos previos a su asesinato fueron presenciados por un testigo clave. Se trataba de Israel Schwartz, un judío húngaro que no declaró en la encuesta judicial, sino ante los periódicos Star y Evening Post. Este inmigrante, que apenas hablaba inglés y recién había arribado a Londres, dio su testimonio sobre lo que había visto esa noche.



Israel Schwartz

Para matarla se utilizó una navaja de muelle. En este crimen no hubo mutilaciones infligidas a Stride, porque el asesino fue interrumpido por la llegada del portero. El ansia asesina del criminal buscaría satisfacerse esa misma noche, dando origen a lo que se conoce como “el doble evento” o “el doble acontecimiento”. El segundo ataque de esa noche ocurriría una hora más tarde.



Acta de defunción de Elizabeth Stride

Elizabeth Stride tenía 44 años. Fue enterrada el sábado, 6 de octubre de 1888, en el Cementerio Este de Londres Plaistow. El funeral fue pagado a expensas de la parroquia por un empresario, el Sr. Hawkes.



La tumba de Elizabeth Stride

Catherine “Kate” Eddowes nació el 14 de abril de 1842 en Graisley Green, Wolverhampton (Inglaterra). Cuando tenía apenas un año de edad, su familia se mudó a Londres, pero más tarde ella regresó a Wolverhampton para obtener un empleo como estampadora de hojalata. Al perder este trabajo, se mudó con un hombre llamado Thomas Conway en Birmingham y se trasladó con él a Londres. Tuvo tres hijos, una niña y dos niños. Se separó de su familia en 1880 y un año más tarde estaba viviendo con otro hombre, llamado John Kelly Cooney, en la casa de alojamiento común en la calle Flower and Dean número 55, en Spitalfields, el centro de la más notoria colonia de criminales de Londres. Se dedicaba a la prostitución ocasional para pagar el alquiler, aunque este dato no es seguro, y hay fuentes que niegan que se prostituyera. También era conocida como "Kate Conway", "Kate Kelly" y "Mary Ann Kelly".



Catherine Eddowes

A las 20:30 horas del sábado 29 de septiembre de 1888, Catherine Eddowes fue encontrada en la calle Aldgate por los agentes Louis Robinson y George Simmons, en estado de embriaguez. Fue puesta bajo custodia en la estación de policía de Bishopsgate. Estuvo detenida allí hasta la 01:00 horas, momento en que fue dejada en libertad por el agente de guardia George Hutt, quien comprobó que la mujer al menos podía mantenerse de pie. Tras suministrar como suyo el nombre falso de “Mary Ann Kelly” y alegar que vivía en la calle Fashion (lo cual también era mentira), le preguntó al agente de guardia qué hora era. La respuesta de Hutt fue: “Demasiado tarde para que vuelvas a emborracharte”. Luego le abrió el portón de la celda y la acompañó hasta la salida, donde Catherine se despidió de éste con la burlona frase: “Buenas noches, gallo viejo”. Al ser liberada aún seguía bajo los efectos del alcohol y estaba aturdida. Al salir de la estación de policía, se fue a la izquierda en dirección a Aldgate, en lugar de girar a la derecha para tomar la ruta más corta a su casa. Fue vista por última vez con vida por tres testigos: Joseph Lawende, Joseph Hyam Levy y Harry Harris, cuando estaba hablando con un hombre a la entrada de la Iglesia del Cristo, a las 01:35 horas.


Diez minutos más tarde, a las 01:45 horas, su cuerpo horriblemente mutilado fue encontrado en la esquina sur de la Plaza Mitre por Edward Watkins, agente de la policía de la ciudad de Londres con la placa 881. Este policía declaró que había pasado por la Plaza Mitre, efectuando su ronda habitual, sin notar nada fuera de lo común. En su siguiente patrullaje, quince minutos después, descubrió el cuerpo de la víctima. Muy alterado ante el hallazgo, corrió a la caseta de un velador de nombre George Morris, al tiempo que le anunciaba que habían despedazado a otra mujer.



El descubrimiento del cadáver



Catherine tenía una cortada en la garganta de izquierda a derecha, hecha con un cuchillo afilado de al menos 15 centímetros de largo. Su rostro y abdomen fueron mutilados, y sus intestinos se colocaron a lo largo del hombro derecho, con una longitud individual entre el torso y el brazo izquierdo.



Bocetos del cadáver de Catherine Eddowes


 Su riñón izquierdo y la mayor parte de su pecho izquierdo habían sido eliminados. Le faltaba un pedazo de la oreja. Tenía la palma de la mano derecha abierta y extendida hacia delante y sujetaba un paquete de dulces para refrescar el aliento en la mano izquierda; esto indicaba que ni siquiera había tenido tiempo de defenderse.



Pronto acudieron allí el agente Holland, el médico William Sequeira, el Inspector Collard y el cirujano de la policía de la ciudad de Londres, Frederick Gordon Brown, quien finalmente sería el encargado de practicar la autopsia. También fue convocado el Comisionado de la capital británica, el Mayor Henry Smith. Este jerarca pronto debió abandonar la escena del crimen, pues le avisaron que a pocas cuadras, sobre el piso de un edificio en la calle Goulston, yacía un trozo de delantal manchado de sangre que, según se presumía, el criminal le había arrancado a la víctima.



El cadáver de Catherine Eddowes


Pintada en la pared adyacente a esa prenda podía leerse una consigna que anunciaba: “Los judíos son los hombres que no serán culpados por nada”; aunque en vez de “jews” (“judíos”) decía “juwes”, palabra carente de significado. Pese a que el homicidio fue cometido dentro de la jurisdicción de la Policía de la Ciudad londinense, este segundo hallazgo se verificó bajo la competencia de la Policía Metropolitana. A las 05:00 horas se apersonó al lugar el máximo Jefe policial de la Metropolitana, Charles Warren, quien mandó borrar el graffiti sin esperar a que amaneciera para poder fotografiarlo.



Henry Smith y otro inspector aceptaron a regañadientes esa decisión. El General Warren explicó su resolución de hacer desaparecer la pintada. Adujo que como el edificio donde se escribió la misma era habitado por judíos, temía que el público creyese que detrás de estos crímenes estaban ellos, dado el fuerte sentimiento antisemita que imperaba en el East End de Londres.



Acta de defunción de Catherine Eddowes

Cuando Catherine Eddowes fue hallada muerta con una oreja cortada parcialmente, tres días después del envío de la primera carta firmada por “Jack el Destripador”, la frase “En el próximo trabajo le cortaré las orejas a la dama y se las enviaré a la policía para divertirme” llamó la atención. Sin embargo, la oreja de Eddowes parecía haber sido mellada por el asesino accidentalmente durante su ataque. La promesa del autor de la misiva de enviar la oreja a la policía, jamás se llevó a cabo.



Los titulares sobre el doble asesinato

Catherine Eddowes fue enterrada el lunes 8 de octubre de 1888 en un ataúd en el Cementerio de la Ciudad de Londres. Su tumba permanece hasta la fecha.



La tumba de Catherine Edowes


La postal conocida como “Saucy Jacky” fue enviada el 1 de octubre de 1888 y recibida el mismo día por la Agencia Central de Noticias. La caligrafía era similar a la primera carta. En ella se menciona que dos víctimas fueron asesinadas muy cerca una de la otra; la frase “Esta vez, un doble acontecimiento” se refería específicamente a los asesinatos de Stride y Eddowes. Fue enviada por correo antes de que los asesinatos se dieran a conocer, por lo que es poco probable que cualquiera tuviera conocimiento de los crímenes, pero fue sellada por el correo hasta 24 horas después de que los asesinatos tuvieran lugar, así que no fue sino hasta mucho después que los detalles fueron conocidos por los periodistas y residentes de la zona.



La postal “Saucy Jacky”

El texto decía:

“No bromeaba querido jefe cuando le di el soplo. Mañana tendrá noticias del ‘Bueno de Jack’. Esta vez, un doble acontecimiento; la primera chilló un poco y no pude rematarla, no me dio tiempo a quitarle la oreja para la policía, gracias por retener mi última carta hasta que volví al trabajo.

“Jack el Destripador”.


La carta “Desde el Infierno” fue recibida por George Lusk, líder del Comité de Vigilancia de Whitechapel, el 16 de octubre de 1888; la caligrafía y estilo de ésta difieren respecto de los de la primera carta, “Querido jefe”. La misiva iba dentro de una pequeña caja, en la cual Lusk descubrió la mitad de un riñón, preservado en etanol. Era parte del riñón izquierdo de Eddowes, extraído por el asesino en la escena del crimen. En un tono tétrico, el criminal afirma que frió y se comió la mitad del riñón que faltaba. El riñón fue examinado por el Dr. Thomas Openshaw del Hospital de Londres, quien determinó que era humano y que correspondía al lado izquierdo del cuerpo, pero, contrario a los falsos reportes de los periódicos, no pudo determinar ni la edad ni el sexo del propietario. Openshaw posteriormente recibió una carta firmada por “Jack el Destripador”. La tercera carta enviada por el asesino decía:

“Desde el Infierno.

“Señor Lusk. Señor le adjunto la mitad de un riñón que tomé de una mujer y que he conservado para usted, la otra parte la freí y me la comí, estaba muy rica. Puedo enviarle el cuchillo ensangrentado con que se extrajo, si se espera usted un poco. Firmado, Atrápeme si puede Señor Lusk.

“Jack el Destripador”.



La carta “Desde el Infierno”

Los asesinatos marcaron una importante línea divisoria respecto al tratamiento de los crímenes por parte de los periodistas. Aunque no fue el primer caso de un asesino en serie, “Jack el Destripador” fue el primero en crear frenesí mundial en los medios de comunicación. Las reformas fiscales en la década de 1850 habían permitido la publicación de periódicos baratos con una mayor difusión. Éstos se multiplicaron después de la época Victoriana para incluir periódicos de circulación masiva a un precio muy bajo (un penique), junto con revistas populares, como la célebre Illustrated Police News, que hizo del Destripador el beneficiario de una publicidad sin precedentes.



Illustrated Police News

Tras el asesinato de Mary Ann Nichols a comienzos de septiembre, el Manchester Guardian publicó: “Cualquier información que esté en manos de la policía, debe mantenerse en secreto”. Sin embargo, los periodistas se vieron frustrados por la renuencia de la policía judicial a revelar detalles de su investigación al público, por lo que recurrieron a la redacción de informes de veracidad dudosa o francamente falsos.


Como resultado de lo anterior, comenzaron a proliferar descripciones ficticias del asesino, que eran descartadas al mismo tiempo por reporteros rivales, como “consecuencia de la mítica fantasía de los periodistas”.


Después de la publicación de la carta “Querido jefe”, el sobrenombre de “Jack el Destripador” sustituyó a “Mandil de Cuero” como el nombre adoptado por la prensa y el público para describir al asesino. En un tiempo, el asesino también fue conocido como “Jack Rojo”. La invención y adopción de un alias para un asesino en particular, llegaría desde entonces a ser una práctica muy común entre los medios de comunicación. Los informes de la prensa sensacionalistas, combinados con el hecho de que nadie fuera declarado culpable, enturbiaron el análisis académico y crearon una leyenda.



El cuchillo utilizado por "Jack el Destripador"

Un diluvio de cartas inundó las redacciones de los periódicos y las oficinas de la policía. Más de trescientas misivas de gente que aseguraba ser el asesino se recibieron a lo largo de los años. En una se incluía un deficiente poema que se hizo célebre:

"Seis prostitutas, contentas de vivir
una topa con Jack y solo quedan cinco
cuatro y prostituta riman muy bien,
lo mismo que tres, y yo
incendiaré la ciudad y sólo quedarán dos".



Otra de las cartas atribuidas a "Jack el Destripador"

En el Londres de “Jack el Destripador” habitaba otro hombre que, como el célebre criminal, poseía una fascinante duplicidad: Joseph Merrick, más conocido como “El Hombre Elefante”, quien padecía el síndrome de Proteus y presentaba terribles malformaciones congénitas, que le impedían llevar una vida normal. Esto motivó que durante muchos años fuera exhibido como fenómeno de circo y que, según las crónicas de la época, la mayoría de los londinenses acudieran a mirarlo. Pese a su aspecto monstruoso, Merrick era un hombre inteligente y sensible.



Joseph Merrick: “El Hombre Elefante”

Tras múltiples peripecias, se quedó a vivir en el Hospital de Londres, donde se convirtió en una celebridad y fue visitado por importantes personajes de su tiempo, entre ellos la princesa de Gales, quienes lo consideraban un caballero de conversación amena y fino trato. Asombrosamente, muchos acusaron a Merrick, quien a duras penas podía sostener el peso de su deforme cabeza sin desnucarse, de ser el asesino de Whitechapel, ya que vivía cerca de la zona. Estos ridículos rumores duraron muy poco. Pero es inevitable pensar que en algún momento de su etapa como atracción de feria, “El Hombre Elefante” y “Jack el Destripador” se vieron a los ojos; uno de ellos exhibido y el otro como espectador.


Mary Jane Kelly, apodada “Marie Jeannette”, “Ginger”, o “Fair Emma”, nació en 1863 en Limerick (Irlanda). Era hija de John Kelly, un herrero. Mary Jane tenía seis hermanos que vivían en la casa familiar, un hermano que estaba en el ejército y una hermana que trabajaba en el mercado. La familia se había trasladado a Caernarvonshire, Gales, cuando Mary Jane era una niña. A los dieciséis años se casó con un minero llamado Davis, pero dos o tres años después, él murió en una explosión y Mary se fue a vivir a Cardiff con una prima suya. Fue en esa época cuando empezó a beber y a dedicarse a la prostitución, y estuvo ocho meses en un sanatorio para tratarse una enfermedad venérea.



El acta de matrimonio de Mary Jane Kelly

En 1884 se trasladó a Inglaterra, donde no tuvo problemas para atraer clientela. Tanto su ropa como sus modales eran un vestigio de un mundo mejor que el que trataba de olvidar con el alcohol. Mary fue prostituta en el West End durante un tiempo, y conoció a hombres que sabían cómo recompensar a una mujer bonita por sus favores. Uno de sus amantes la llevó a Francia, pero ella permaneció allí sólo diez días y regresó a Inglaterra. La vida en Francia no era para ella, explicó a sus amigas. Vivió con un hombre en Ratcliff Highway, luego con otro en Pennington Street y con un yesero en Bethnal Green. Su última pareja, Joseph Barnett, declararía tiempo después que no sabía con cuántos hombres había convivido ella, ni por cuánto tiempo. Una noche de viernes en Spitafiields, Mary Jane atrajo la atención de Joseph Barnett, que le invitó a una copa. Al cabo de unos días decidieron vivir juntos. Esto fue ocho meses antes de que él alquilase la habitación número 13 de la casa del 26 de Dorset Street. La vida de Mary con Joseph Barnett no era mala.



Mary Jane Kelly

Era una mujer muy atractiva a sus veinticuatro años, con piel tersa, cabello oscuro y figura juvenil. Estaba mejor educada que las demás prostitutas que trabajaban en los alrededores del número 26 de Dorset Street, donde vivía. La casa la había alquilado John McCarthy, un fabricante de velas que subalquilaba todas las habitaciones a los pobres. La habitación de Mary Jane, la número 13, se encontraba en la planta baja, medía cuatro metros cuadrados y estaba separada de otra por una pared delgada de madera, situada junto a la cama. La puerta y dos grandes ventanas daban a Miller Court, y Mary Jane había perdido las llaves hacía un tiempo, no recordaba cuándo. Esto no supuso un gran problema. Poco tiempo antes había bebido de más y se había peleado con su pareja, Joseph Barnett, un transportista de carbón. No lo recordaba, pero era probable que hubiera roto la ventana entonces. Ella y Barnett metían la mano por el agujero para abrir el pestillo de la puerta. No se molestaron en reparar el cristal, ni en hacer copias de la llave.


La última pelea importante entre Mary Jane y Joseph Barnett había tenido lugar diez días antes. Se golpearon mutuamente a causa de una mujer llamada María Harvey. Mary Jane había empezado a dormir con ella los lunes y los martes, y Barnett no lo aceptaba. Se marchó, dejando que ella se arreglase como pudiera para pagar lo que debían de alquiler: una libra y nueve chelines. Luego las relaciones de ambos mejoraron un poco, y él pasaba de vez en cuando a verla y le daba algo de dinero.



La calle Dorsett 26

De vez en cuando Mary Jane recibía cartas de su madre y, a diferencia de la mayoría de las otras prostitutas, sabía leer. Sin embargo, desde que empezaron los crímenes del East End, le pedía a Barnett que le leyese las noticias. Aunque no conocía a las víctimas, las había visto alguna vez en la calle o en un pub. María Harvey estuvo con Mary Jane por última vez el jueves 8 de noviembre por la tarde, cuando fue a visitarla a su habitación. María era lavandera y le preguntó a su amiga si podía dejar unas prendas sucias: dos camisas de hombre, una camisa de niño, un abrigo negro, un gorro negro de crespón con cintas de satén, una enagua blanca de niña y una papeleta de empeño de un chal gris. Prometió pasar a buscar la ropa más tarde, y todavía estaba en la habitación cuando Barnett se presentó de improviso. “Mary Jane, ya no te veré esta noche”, le dijo María al salir. Nunca volvió a verla.



Joseph Barnett

Según declaró él en el proceso, la había abandonado “porque aceptó en la habitación a una mujer que era prostituta y yo estaba en contra; ésa fue la única razón, y no que yo no tuviera trabajo. La dejé el 30 de octubre entre las cinco y las seis de la tarde”. Añadió que Mary Jane y él siguieron “llevándose bien”, y que la última vez que la había visto con vida había sido el jueves entre las 19:30 y las 19:45 horas, cuando había pasado por allí y encontrado a María en la habitación. Esta se marchó y Barnett se quedó un rato con Mary Jane. Le dijo que lo sentía, pero que no tenía dinero para darle. “Y no bebimos juntos. Estaba sobria; mientras vivió conmigo solía estarlo. Sólo se emborrachaba de vez en cuando”. Mary Jane era muy consciente de los asesinatos que se estaban cometiendo a escasas manzanas de su casa, pero continuó prostituyéndose por las noches después de que Barnett se marchara. No tenía otra forma de ganarse la vida. Necesitaba beber, estaba al borde del desahucio y no tenía esperanzas de encontrar otro hombre decente que la ayudara. Empezaba a desesperarse.



Joseph Barnett según un periódico de la época

Se saben pocas cosas sobre ella, pero en aquel entonces circulaban varios rumores. Se decía que tenía un hijo de siete años, y que hubiera preferido quitarse la vida a verlo pasar hambre. Si ese hijo existió, no se menciona en los informes de la policía ni en los testimonios del proceso. Al parecer, la última noche de su vida Mary se encontró con una amiga en la esquina de Dorset Street y le comentó que no tenía dinero. “Si no lo conseguía, no volvería a salir y se suicidaría”, declaró la amiga a la policía. Mary Jane era muy agresiva cuando se emborrachaba, y la noche del jueves 8 de noviembre había estado bebiendo. Era una noche muy fría. Vieron a Mary Jane varias veces el jueves por la noche, una de ellas cuando iba camino del pub más cercano, poco después de que Joseph Barnett se marchase de su habitación. También se le vio en Commercial Street, ebria por completo, y más tarde, a eso de las 22:00 horas, en Dorset Street. Una vecina de Mary Jane, una prostituta llamada Mary Ann Cox que vivía en la habitación número 5 de Miller's Court, declaró durante el proceso que la había visto borracha hacia la medianoche. Vestía una falda oscura y andrajosa, y una chaqueta roja; no llevaba sombrero y la acompañaba un hombre bajo y robusto con la piel manchada, un poblado bigote color zanahoria, ropa oscura y bombín negro; “con pinta de extranjero, tal vez un judío”. Sujetaba una jarra de cerveza y se dirigía a la puerta con Mary Jane. Esta iba unos pasos por detrás, y dio las buenas noches a su amiga. “Voy a cantar”, le dijo, mientras el hombre cerraba la puerta de la habitación número 13. Durante más de una hora la oyeron entonar una triste canción irlandesa, “Bellas violetas”: “Una violeta que yo recogí de la tumba de mi madre cuando era niña”, cantaba, mientras la luz de la vela se transparentaba a través de las cortinas. A las 03:00 horas, Mary Ann Cox se fue a acostar, y vio que la habitación de Mary Jane estaba oscura y silenciosa. Mary Ann se acostó vestida. Fuera, en el patio y las calles caía una lluvia intensa y fría. Oyó entrar y salir hombres del edificio hasta las 05:45 horas.



Mary Ann Cox

Elizabeth Prater, la vecina de la habitación número 20, justo encima de la de Mary Jane Kelly, refirió que a eso de la 01:30 horas vio “un destello de luz en el tabique” que separaba su habitación de la de Mary Jane. Elizabeth aseguró la puerta con dos tablas y se fue a la cama. Declaró que había bebido un poco, y que durmió profundamente hasta las 04:00 horas, cuando un gatito comenzó a andar sobre ella y la despertó. De repente, dijo, “oí un grito, ‘¡Ay! ¡Asesinato!’, y empujé al gato al suelo”. Añadió que la voz sonó amortiguada y cercana, y que no la escuchó por segunda vez. Elizabeth volvió a dormirse y se levantó a eso de las 05:00 horas. Unos hombres estaban enjaezando los caballos en Dorset Street, y ella se dirigió al pub Ten Bells, para despabilarse con una copa de ron.



Elizabeth Prater

Mientras, John McCarthy estaba muy ocupado en su tienda de velas a media mañana. También estaba tratando de decidir qué iba a hacer con respecto a la habitación número 13. Mientras trabajaba esa fría y encapotada mañana de viernes, se vio obligado a considerar lo inevitable. Joseph Barnett se había ido hacía más de dos semanas, y Mary Jane Kelly debía una libra y nueve chelines de alquiler. McCarthy había sido muy paciente con ella, pero aquello no podía continuar. “Ve a la número 13 e intenta cobrar algo”, le indicó a su ayudante, Thomas Bowyer.



John McCarthy

Eran casi las 11:00 horas cuando Bowyer fue a la habitación de Mary Jane y llamó a la puerta. No respondieron. Trató de abrir, pero la puerta estaba cerrada con llave. Metió la mano, apartó las cortinas, miró por el agujero de la ventana y vio a Mary Jane sobre la cama, desnuda y cubierta de sangre. Retiró tan rápido la mano que se raspó el dorso, el cual empezó a sangrar levemente. Corrió a buscar a su jefe y ambos regresaron de inmediato a la habitación. Bowyer fue en busca de la policía.



El hallazgo del cadáver de Mary Jane Kelly

Un inspector de la División “H” se dirigió a toda prisa al escenario del crimen y al instante mandó llamar al doctor George Phillips y telegrafió a Scotland Yard para informar del último asesinato de “Jack el Destripador”. Al cabo de media hora el lugar se llenó de inspectores, incluido Frederick Abberline, que ordenó que no dejasen salir ni entrar a nadie sin autorización. También telegrafiaron al jefe de la policía, Charles Warren. Abberline preguntó si el jefe de la policía quería enviar a los sabuesos. Alguien dio una contraorden y los perros no llegaron. Antes de que acabara el día, la prensa se enteraría de la dimisión de Warren.



Charles Warren

No se dieron prisa en entrar en la habitación de Mary Jane Kelly. Durante el proceso, el doctor Phillips declaró que, tras mirar por el agujero del cristal, “me convencí de que el cadáver mutilado que estaba en la cama no necesitaba atención inmediata”. La policía extrajo un cristal de la puerta y el doctor Phillips empezó a tomar fotografías por la abertura. A las 13:30 horas, la policía usó un pico para abrir la puerta, que golpeó contra la mesa situada a la izquierda de la cama. Los policías y el médico entraron en la habitación y contemplaron la escena más horrible que habían visto en todos sus años de profesión. “Parecía obra de un demonio, más que de un hombre”, declaró McCarthy en el proceso. “Había oído muchas cosas sobre los asesinatos de Whitechapel, pero juro por Dios que no esperaba ver una imagen como esa”.



El cadáver de Mary Jane Kelly

Mary Jane Kelly estaba atravesada en la cama con un tercio del cuerpo fuera, casi tocando la puerta. “Sus restos estaban tan mutilados como si la hubiese atropellado un tren”, declararía uno de los agentes. “Jack el Destripador” le cortó las orejas y la nariz, y le practicó brutales incisiones en el rostro, levantando la carne casi hasta el hueso. No había en su cara ni rastro de sus facciones; sólo permanecía inalterable su melena oscura, todavía bien peinada, quizá porque no luchó con el asesino. Una cuchilla fuerte y afilada le cortó la carótida derecha. La sangre empapó la cama y formó un charco en el suelo. Abberline, que estaba a cargo del caso, registró la habitación. Encontró ropa quemada en la chimenea y dedujo que el asesino había avivado el fuego mientras trabajaba con el fin de tener suficiente luz, “ya que sólo había una vela en el cuarto”, según declaró. El calor era tan intenso que derritió el metal de una tetera. Con excepción del abrigo, habían quemado toda la ropa sucia de su amiga María. La de Mary Jane se encontró bien doblada junto a la cama, como si se hubiera desnudado por voluntad propia.


El asesino desgarró, acuchilló y destripó el cuerpo, abriéndolo en canal y convirtiendo los genitales en una masa informe. Le amputó los pechos y los colocó junto al hígado, en un lado de la cama. Puso las entrañas en la mesilla de noche. Extirpó todos los órganos salvo el cerebro, y la pierna derecha estaba despellejada y descarnada, dejando al descubierto el brillante fémur blanco. En el brazo izquierdo se observaban con claridad varias lesiones curvas, y una línea oscura alrededor de la pierna derecha, justo por debajo de la rodilla, indicaba que el criminal estaba descuartizándola y se detuvo por alguna razón. Puede que el fuego empezara a consumirse o que la vela se apagara. O quizá se le hiciera tarde para escapar.


El doctor Thomas Bond llegó al escenario del crimen a las 14:00 horas, y anotó en su informe que el rigor mortis había comenzado y que se había intensificado mientras examinaba el cadáver. Admitió que era incapaz de precisar la hora de la muerte, pero el cadáver estaba frío a esa hora. Basándose en este dato, la rigidez cadavérica y la presencia de alimentos a medio digerir en el estómago, que el asesino había desgarrado y arrojado sobre los intestinos, calculó que Mary Jane llevaba diez horas muerta.


En lo referente a la hora del asesinato, quizás el testigo más fiable fuera el gato que empezó a andar por encima de Elizabeth Prater a eso de las 04:00 horas. Los gatos tienen el sentido del oído muy desarrollado, y es posible que el animal se inquietase por los ruidos que oyó abajo. Fue a esa hora cuando Elizabeth oyó a alguien gritar “¡Ay! ¡Asesinato!”



El cadáver de Mary Jane Kelly (foto coloreada)

Según el informe de la autopsia, “la piel y los tejidos del abdomen estaban levantados en tres grandes zonas. El muslo derecho estaba tan descarnado que se veía el hueso. La parte inferior del pulmón derecho estaba seccionada. El pericardio estaba abierto, y faltaba el corazón”. Estos pormenores de la autopsia provienen de las páginas 16 y 18 del informe original, el único que ha sobrevivido. La autopsia de Mary Jane Kelly se llevó a cabo en el depósito de Shoreditch y duró seis horas y media. Estuvieron presentes los forenses ingleses más experimentados de su tiempo: el doctor Thomas Bond, de Westminster; el doctor Frederick Gordon Brown, de la City; el doctor Duke, de Spitalfields, así como el doctor George Phillips y su ayudante. Se dice que los médicos no terminaron el examen hasta que pudieron localizar todos los órganos. Algunos documentos sugieren que no faltaba ninguno, pero eso no es verdad: “Jack el Destripador” se llevó el corazón, parte de los genitales y el útero.



Reconstrucción digital del cadáver de Mary Jane Kelly


El proceso penal comenzó y terminó el 11 de noviembre. El doctor Phillips no había terminado de describir el escenario del crimen cuando el doctor Roderick McDonald, el juez de instrucción de Middlesex, le dijo que no era necesario que se explayase más por el momento. Los miembros del jurado, que habían visto los restos de Mary Jane Kelly en el depósito, podrían pedir más explicaciones luego, a menos de que ya estuvieran en condiciones de dictar un veredicto. Lo estaban. Todos escucharon otra vez: "Homicidio premeditado por persona desconocida".



En su certificado de defunción, Mary Jane Kelly fue registrada el 17 de noviembre bajo el nombre de "Marie Jeanette Kelly Davies". Fue enterrada en una ceremonia pública en el St Patrick's Roman Catholic Cemetery, en Langthorne Road, E11 Leytonstone, el 19 de noviembre de 1888. Su tumba era la nº 66 en la fila 66, parcela 10.



El acta de defunción de Mary Jane Kelly

La prensa calló casi de inmediato. Fue como si el caso de “Jack el Destripador” se hubiese cerrado de improviso. En los periódicos de los meses siguientes al proceso por el asesinato y el entierro de Mary Jane Kelly, sólo existen unas cuantas menciones sobre él. Sus cartas seguían llegando y se archivaban con las demás. Los periódicos respetables ya no las publicaban. A partir de ese momento, si un crimen guardaba alguna semejanza con los de él, al momento se decía que no era obra del asesino de Whitechapel. Tras la muerte de Mary Jane Kelly, “Jack el Destripador” se desvaneció, convertido en una pesadilla del pasado. Las hipótesis comenzaron a barajarse: tal vez fuera aquel médico sexualmente enfermo que en realidad era abogado y se arrojó al Támesis. O podría haber sido un barbero loco, o un judío demente, que ahora estaba encerrado en un manicomio. Podría inclusive haberse mudado de ciudad o de país, o tal vez estar muerto.



La tumba de Mary Jane Kelly


La última carta firmada por alguien que aseguraba ser “Jack el Destripador” se recibió en 1896. Su nombre dejó de mencionarse en relación con los crímenes siguientes, y la documentación de sus casos permanecería en un archivo clasificado durante un siglo. Aparte de los homicidios que la mayoría de los especialistas le imputan (las llamadas “víctimas canónicas” sólo son cinco: Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly), otros crímenes posteriores, también acaecidos en la zona este de la capital inglesa, podrían haber sido de su autoría, aunque ligeras variaciones en el modus operandi y otros aspectos disímiles en su ejecución determinan que, por lo común, no se le atribuyan. Aunque Mary Jane Kelly fue la última víctima “oficial” del asesino, al terminar el llamado “Otoño del Terror” los crímenes no se detuvieron.



Los titulares sobre el asesinato de Mary Jane Kelly



Rose Mylett, cuyo apellido verdadero era “Milet” y que también era conocida por el alias de “Lizzie Davis”, nació en 1858. Fue atacada el 20 de diciembre de 1888. Tenía 30 años de edad en el momento de su muerte. Según testimonios, “el descubrimiento del cuerpo de otra prostituta, Rose Milet, en Poplar, el 20 de diciembre de 1888, mantuvo en un punto alto la excitación, y proveyó a la prensa de más munición contra la policía. Aunque no se trató de un crimen desgarrador, produjo un intenso intercambio de comunicación entre las autoridades”.



Rose Mylett

Varios testigos vieron a Rose prostituyéndose la noche anterior a su deceso, y en la madrugada siguiente la policía encontró su cadáver en Clarke´s Yard, en la calle Poplar de Whitechapel. Se pensó que, en vez de un crimen, pudo haberse tratado de un suicidio, pues se descubrió el cadáver colgado por el cuello, atado con un pañuelo de la propia víctima. Según la autopsia, falleció a consecuencia de la sofocación provocada por el estrangulamiento. Quienes pensaban que era un homicidio, especularon que su victimario la había ahorcado con una gruesa cuerda de embalar, y luego montando la escena y anudando el pañuelo a su cuello, para hacer creer que la mujer se había suicidado.



Rose Mylett con dos clientes

Al médico forense le extrañó que la fallecida tuviese su boca cerrada con la lengua adentro cuando fue hallada, ya que al ser un ahorcamiento, lo usual es que la lengua asome fuera de la boca debido a la comprensión de la laringe. Este dato corrobora la hipótesis de una muerte ocasionada mediante estrangulación con un lazo en torno al cuello, donde se comprimen la carótida y las venas yugulares. Sin embargo, ni este cirujano, ni los restantes peritos deponentes, afirmaron con contundencia que el final de Rose necesariamente hubiese tenido como causa un homicidio. El 23 de diciembre de 1888 se abrió el archivo policial para la investigación del que dio en llamarse “Caso de Poplar”, y a su vez, la encuesta judicial instruida por motivo de esa muerte comenzó el 2 de enero de 1889 y finalizó ese 9 de enero de ese mismo año.



El funeral de Rose Mylett

Alice McKenzie nació alrededor de 1849. Se crió en la zona de Peterborough, y antes de 1874 pasó a residir en el East End londinense. Desde el año 1883 se unió en concubinato con John McCormack, un artista callejero que recibía una pensión por invalidez a causa de haber sido herido en la guerra de Crimea. La pareja convivió ocupando distintas pensiones durante casi seis años. A Alice se le conocía con el sobrenombre de “Pipa de Arcilla” o “Alice Pipa de Arcilla” ("Clay Pipe Alice”), dado que solía portar una pipa de dicho material asida a su cuello mediante un collar; este objeto ayudó a que identificaran su cadáver.



Alice McKenzie

Alice fue asesinada el 17 de julio de 1889. La causa de la muerte estuvo determinada por la ruptura de la arteria carótida izquierda, ocasionada por dos puñaladas asestadas en el lado izquierdo del cuello. A su vez, estaban presentes algunos hematomas en el pecho y cinco golpes o marcas en el sector izquierdo del abdomen. El corte decisivo se infirió de izquierda a derecha en el cuello mientras la agredida se hallaba caída en el suelo. El cadáver también exhibía una larga, pero no profunda, herida que discurría desde la zona inferior del pecho izquierdo hasta el ombligo, y se veían siete u ocho tajos superficiales que comenzaban desde el ombligo y terminaban en el área genital, así como una pequeña incisión a través del pubis.



El cadáver de Alice McKenzie


El Dr. Thomas Bond, uno de los facultativos que examinaron su cadáver, opinó que su asesino era “Jack el Destripador”. Dicho forense fue llamado para colaborar en este examen, precisamente a causa de que había tomado parte en la autopsia de Mary Jane Kelly. El médico percibió ciertas coincidencias entre ambas muertes. No obstante, prevaleció la posición de los doctores George Bagster Phillips, Frederick Gordon Brown, y otros galenos, quienes desestimaron cualquier posibilidad de que el crimen de esta mujer fuese obra del mismo hombre. El médico aseguró que el asesino poseía habilidades quirúrgicas. Sin embargo, al declarar en la subsiguiente encuesta judicial, opinó que las heridas en este caso no concordaban con las mutilaciones sufridas por las víctimas de “Jack el Destripador”. En su informe clínico, resaltó que las laceraciones padecidas por Alice McKenzie fueron en su mayoría efectuadas en forma superficial, la más profunda de las cuales ni siquiera abrió la cavidad abdominal, ni la estructura muscular. Las heridas también sugerían que el asesino era zurdo y en ese entonces se daba por descontado que “Jack el Destripador” era diestro. George Bagster Phillips propuso que las cinco marcas en el lado izquierdo del cuello de la occisa representaban la huella dejada por la mano derecha del homicida, quien empuñó el cuchillo con su mano izquierda para infligir las lesiones. En cuanto a las pesquisas emprendidas por motivo de este crimen, las investigaciones se encargaron a Edmund Reid, Inspector de Scotland Yard, que ya había intervenido en los anteriores homicidios perpetrados durante 1888.



Thomas Bond

El 10 de septiembre de 1889, fue hallado el cadáver de una mujer con los miembros amputados bajo el arco ferroviario de la calle Pinchin, esquina Blackchuch Lane, en San George, en el Este, zona aledaña al distrito de Whitechapel.



El torso de la calle Pinchin


El agente William Pennett fue el primer policía que se encontró con el mutilado cuerpo, en el curso de una acción de un grupo de uniformados de la División “G”, comandado por el Inspector Charles Ledger de la Policía Metropolitana. En las pesquisas subsiguientes, intervinieron los Sargentos George Godley, Stephen White y William Trick. También le correspondió una actuación destacada en las pesquisas al Inspector Edmund Reid.



Pero a pesar del esfuerzo expuesto por estos detectives, quienes recorrieron pensiones, tabernas y alojamientos en busca de pistas, no se localizó información que develara la identidad de la occisa. En la prensa se manejó el nombre de Lydia Hart, una prostituta que había desaparecido tiempo atrás, como posible víctima, pero el dato jamás fue verificado.



La tarea principal la llevó a cabo el forense Frederick Gordon Brown, que efectuó la autopsia sobre aquellos restos humanos. A su vez se solicitó la opinión de los doctores George Bagster Phillips y Thomas Bond, los cuales habían participado en autopsias y reportes de necropsias realizados a varias de las víctimas canónicas de “Jack el Destripador”, además de recabarse en la encuesta judicial el testimonio del cirujano asistente Clarke.



Frederick Gordon Brown

La labor médica desplegada resultó muy concienzuda, pero tampoco lanzó mayor luz sobre el caso. Sólo se pudo constatar que la difunta era una mujer morena y robusta, que rondaba los 35 años. Lo más relevante consistió en que todos los profesionales actuantes estuvieron de acuerdo con que, en el caso de “El torso de la calle Pinchin", el victimario (si realmente se había tratado de un homicidio) empleó un método de eliminación del cadáver muy distinto al modus operandi que utilizaba el célebre asesino. La presunta víctima había sido desmembrada, pero no eviscerada. Los miembros que faltaban nunca se hallaron, y al parecer fueron serrados cuando la mujer ya estaba muerta. Al desconocerse la identidad de la mujer, estaba claro que no podía afirmarse con certeza que la víctima fuera prostituta.



Además, en la encuesta judicial, presidida por el juez Wynne Baxter, se concluyó que el trabajo de mutilación fue realizado dentro de una casa u otro lugar cerrado donde el autor dispuso de tiempo y de medios para llevar a término su labor, lo cual constituía otra de las diferencias con los tradicionales asesinatos. Sin embargo, el archivo policial se rotuló como “Tronco de mujer”, y ese legajo se incluyó dentro del estudio de los “Asesinatos de Whitechapel”.


La prensa, a despecho de los rápidos desmentidos oficiales, propaló la versión de que el torso hallado en la calle Pinchin bien podía constituir otra obra del asesino de Whitechapel. La idea no prosperó, ante la falta de aval médico y por la notoria disimilitud con los crímenes anteriores. Se manejó que el amputado cuerpo pudo ser material clínico del cual se deshicieron estudiantes de medicina, y esta fue la posición que prevaleció. Tampoco se descartó que hubiera sido una broma macabra que un asesino quiso hacer a costa de la policía, aunque éste no fuera necesariamente “Jack el Destripador”.


La última víctima conocida de los “Asesinatos de Whitechapel”, fue Frances Coles, alias “Carroty Nell” (“Pelo Zanahoria”). Nació en Bermondsey, un distrito del sur de Londres, el 17 de septiembre de 1859. Era de procedencia humilde, siendo su padre, William James Coles, un zapatero de Publow, Somerset, y su madre, Mary Ann Carney, un ama de casa originaria de Armagh, Irlanda. Gran parte de los primeros años de su vida transcurrieron en la pobreza. En su adolescencia se mudó con su familia a White Lion Court, barrio del distrito de Bermondsey, donde su padre cambió de empleo en un intento de mejorar la economía familiar. En 1880, Frances abandonó el hogar paterno y se fue a vivir sola. Allí trabajó como dependiente en una droguería de la zona de Minories. A menudo se quejaba con su hermana mayor, Mary Ann, según narró ésta en la encuesta judicial, de que la tarea que realizaba era dolorosa para sus nudillos, pues básicamente su labor consistía en tapar y destapar botellas. Ese trabajo le duró poco tiempo, ya que Coles pronto renunció al mismo. No hay certeza de la fecha cuando comenzó a dedicarse a la prostitución, pero James Murray, un ex cliente, declaró a la policía que tenía conocimiento de que la chica había estado ejerciendo el oficio en las áreas de Whitechapel, Shoreditch, Bow, durante ocho años antes de morir asesinada. Este testimonio fue corroborado por declaraciones coincidentes y, por ende, se estima que en algún momento del año 1883, Frances Coles comenzó a prostituirse para sobrevivir.



Frances Coles

El 13 de febrero de 1891, el policía Benjamin Leeson acudió en respuesta a unos insistentes silbidos que pedían auxilio. “Aquella madrugada, un frío glacial azotaba a Londres, y en las calles desiertas la niebla estaba cerrada. La luz de las farolas de gas era insuficiente”, según testificaría. En Shallow Gardens fue donde Leeson se encontró con el responsable de los estridentes llamados: el agente de la Policía Metropolitana Ernest Thomson, quien ante la pregunta de su colega, respondió que acababan de matar a otra mujer. Muy nervioso, y tras hacer una pausa para tomar aliento, el vigilante exclamó: “Ha sido ‘Jack el Destripador’”. Acto seguido, apuntó con su dedo índice hacia un bulto tirado sobre el piso, que interrumpía el paso.



El asesinato de Frances Coles



Se trataba del cuerpo de una joven cuya vestimenta lucía desarreglada, y a la cual habían atacado encarnizadamente. Un profundo tajo abría su cuello y exhibía otras heridas, también sangrantes, en la región inferior del tronco. Los policías conocían de vista a la víctima. La mujer tenía 31 años y había vivido en una casa de huéspedes en la calle Thawl. Esa noche, un hombre la había visitado allí.



El cadáver de Frances Coles






El arrendador suministró a la policía la descripción de ese acompañante. Se acordaba bien de él, pues luego de visitar a la mujer y retirarse, el individuo retornó horas más tarde a la pensión solicitando que le dieran alojamiento. Estaba maltrecho, con las ropas manchadas de sangre, y adujo que unos bribones lo habían agredido para robarle. Pronto detuvieron al sospechoso, un marino de 53 años que trabajaba de fogonero llamado Thomas James Sadler, pero luego de un breve juicio, fue puesto en libertad por ausencia de pruebas que lo incriminasen en el homicidio de Frances Coles.



Thomas James Sadler

Algunos periódicos atribuyeron el violento asesinato a “Jack el Destripador”. Fue la última vez que se le mencionó en relación con un crimen cometido en Inglaterra, y el último que se quiso incluir dentro de los “Asesinatos de Whitechapel”. Años después, se consideró que se trataba de un asesinato de imitación, similar pero perpetrado mediante otro modus operandi por un criminal diferente. Esta posición prevalece hasta el día de hoy.



Thomas James Sadler y Frances Coles

En 1894, Sir Melville Macnaghten, asistente del jefe de la Policía Metropolitana y director del Departamento de Investigación Criminal (CID por sus siglas en inglés), escribió un reporte que decía: “El asesino de Whitechapel tuvo cinco víctimas y nada más”. De forma parecida, las cinco víctimas canónicas fueron relacionadas a través de una carta redactada por el médico de la policía Thomas Bond a Robert Anderson, jefe del CID de Londres, el 10 de noviembre de 1888. Algunos investigadores han postulado que si bien varios de los asesinatos fueron, indudablemente, obra de un único homicida, un número considerable y desconocido de asesinos que actuaban de forma independiente fueron responsables de los demás.



Prostituta londinense de la época

El doctor Percy Clark, asistente del médico forense George Bagster Phillips, vinculó solamente tres de los homicidios, considerando que los otros fueron perpetrados por “uno o más individuos de mente débil, inducidos a emular el crimen del homicida original”. Macnaghten se unió al cuerpo policíaco un año después de los acontecimientos y su memorándum contiene graves errores fácticos en cuanto a los posibles sospechosos.



Mujeres armadas en Whitechapel

Durante la investigación de los crímenes de “Jack el Destripador”, se entrevistó o interrogó a alrededor de 2,000 personas, se investigó más de 300 y 80 fueron detenidas. Al principio, la investigación era llevada a cabo por el Departamento de Investigación Criminal (CID) de la Policía Metropolitana de Whitechapel (División “H”), encabezada por el detective e inspector Edmund Reid.


Tras la muerte de Mary Ann Nichols, los agentes Frederick George Abberline, Henry Moore y Walter Andrews fueron enviados desde la Oficina Central de Scotland Yard para prestar ayuda. No fue sino hasta el homicidio de Catherine Eddowes, suscitado en Square Mile, que la policía municipal, dirigida por James McWilliam, se involucró en el caso.



"Jack el Destripador" en distintas representaciones


No obstante, la dirección general de las investigaciones en torno al expediente de los asesinatos se vio obstaculizada en cierto modo, debido a que el recién nombrado jefe de la CID, Robert Anderson, se hallaba de licencia en Suiza entre el 7 de septiembre y el 6 de octubre, período en que Chapman, Stride y Eddowes fueron asesinadas. Esto llevó al comisario de la Policía Metropolitana, Sir Charles Warren, a nombrar al inspector Donald Swanson como el coordinador de la investigación por parte de Scotland Yard.


Los carniceros, cirujanos y médicos se volvieron sospechosos debido a la naturaleza de las mutilaciones. Una nota de Henry Smith, Comisionado Interino de la policía municipal, indica que se indagaron las coartadas de los carniceros locales. Sin embargo, fueron eliminadas del proceso de investigación.


Un informe del inspector Donald Swanson al Ministerio Interior confirma que se visitó y examinó a un total de 76 carnicerías y mataderos, y que la investigación había abarcado a todos sus empleados durante seis meses.


Algunas figuras contemporáneas, inclusive la Reina Victoria, pensaban que el patrón de los asesinatos indicaba que el culpable era un carnicero o ganadero que abordaba alguno de los barcos de ganado que surcaban las aguas entre Londres y la Europa Continental.


Mucho tiempo se pensó que el culpable no era un inglés, sino un judío. Whitechapel estaba cerca de los muelles de Londres y por lo general estos barcos atracaban cada jueves o viernes y partían el sábado o el domingo.


Aun cuando se examinaron este tipo de embarcaciones, las fechas de los asesinatos no coincidían con el desplazamiento de un mismo barco, desestimándose también el traslado de un miembro de la tripulación entre dos o más barcos.


Robert Anderson pidió al médico de la policía, Thomas Bond, su opinión sobre las habilidades y conocimientos quirúrgicos del asesino. La opinión ofrecida por Bond es considerada como el primer perfil criminal de la historia que aún se conserva.


La evaluación del médico se basó en su propio examen de la víctima más mutilada y en las notas post mortem de los cuatro asesinatos canónicos anteriores, en la cual afirmaba lo siguiente: “No dudo que los cinco asesinatos fueron cometidos por la misma mano. En los primeros cuatro las gargantas parecieran haber sido cortadas de izquierda a derecha, mientras que en el último caso, debido a la considerable mutilación, es imposible señalar en qué dirección se hizo la cortada, aunque se hallaron rastros de la sangre arterial sobre la pared en forma de salpicaduras, muy cerca de donde la cabeza de la mujer debió haber estado.



"Todas las circunstancias en torno a los asesinatos me llevan a deducir que las mujeres fueron asesinadas cuando se encontraban recostadas y, en todos los casos, la garganta fue cortada en primer lugar. El asesino, en su apariencia externa, es muy probable que sea de aspecto inofensivo. Un hombre de mediana edad, bien arreglado y de aire respetable. Puede tener el hábito de llevar capa o abrigo porque si no, la sangre de sus manos y ropas hubiera llamado la atención a los viandantes”.


Bond se opuso totalmente a la idea de que el asesino poseía cualquier tipo de conocimiento científico o anatómico, o incluso “los conocimientos técnicos de un carnicero o matarife”.


En su opinión, el asesino debía tener hábitos de un hombre solitario, sujeto a “ataques periódicos de manía homicida o erótica” y el cáracter de las mutilaciones era un probable indicador de “hipersexualidad”.


Además, “el impulso homicida podía haberse desarrollado a partir de un sentimiento de venganza o de una condición mental melancólica, o la manía religiosa pudo haber sido la enfermedad original, pero no creo que alguna de éstas hipótesis sea la correcta”.


Aunque nunca se encontró evidencia de actividad sexual con ninguna de las víctimas, algunos psiquiatras suponen que la penetración de las víctimas con un cuchillo y la exhibición de los cadáveres en posiciones sexualmente degradantes, con las heridas expuestas, indican que el asesino obtenía placer sexual con los ataques.


Durante el resto del siglo XIX, tras los atroces asesinatos cometido por “Jack el Destripador”, se levantaron grandes incógnitas por saber quién era el famoso asesino. La circunstancia de que nunca fuese capturado y procesado, no implicó que durante su reinado de terror, Scotland Yard dejase de investigar y de arrestar a sujetos sobre quienes recaían sospechas.


Gran parte de la documentación relacionada con “Jack el Destripador” fue desapareciendo a lo largo de los años, a causa de robos y de los daños a los archivos durante la Segunda Guerra Mundial. Luego de cerrarse formalmente el respectivo expediente policial en 1892, continuaron emergiendo a la luz pública nombres de individuos sospechosos.


Uno de los nombres que más se mencionó como posible autor de los crímenes de Whitechapel fue el de Montague John Druitt, un abogado hijo de un cirujano de muy buena familia, que desapareció justo tras el crimen de Mary Jane Kelly y cuyo cuerpo fue hallado un mes después flotando sin vida en el Támesis; al morir, tenía 31 años. La sospecha hacia John Druitt parte de unas investigaciones realizadas años después de que el caso fuese cerrado. No hay evidencia sobre por qué se le consideró un sospechoso serio, ya que el expediente del caso sigue cerrado al día de hoy y las únicas noticias públicas habían sido que se sospechaba de la culpabilidad de Druitt porque era "sexualmente insano", o sea homosexual, y que además su propia familia creía que él había sido el asesino.



Montague John Druitt

Otro sospechoso fue Joseph Jacob Isenschmid, apodado por los periódicos como “El Charcutero Loco”. El 13 de septiembre de 1888, la policía detuvo a un hombre que se dedicaba a la comercialización de carne. Un par de días antes de ese arresto, dos médicos de Whitechapel lo habían denunciado a causa de sus hábitos extraños, y su propia esposa declaró en su contra alegando que Joseph Isenschmid era violento, que siempre portaba encima grandes y afilados cuchillos, aún en los momentos en que la práctica de su oficio no se lo requería, y que había amenazado con matarla. Se supo que el indagado había sido sometido ya a una prolongada internación en un manicomio debido a que padecía severos trastornos psíquicos y, luego de una nueva revisión médica donde se constató su demencia, se ordenó su encierro por causa de enajenación mental. Dado que se hallaba preso cuando ocurrieron los homicidios de Elizabeth Stride y Catherine Eddowes, fue descartado definitivamente.



Joseph Jacob Isenschmid

Otros señalaron a Severin Klosowski. Era un joven barbero polaco de 23 años, residente en el este de Londres, quien prefería que lo conocieran por un nombre más británico. Debido a ello adoptó el pseudónimo de “George Chapman”, tomando ese apellido típicamente inglés de una de sus ocasionales concubinas. Casualmente, era el mismo apellido de la segunda de las víctimas canónicas de “Jack el Destripador”. Cuando ocurrieron los asesinatos, no se le asoció con ellos. Años después, el polaco se hizo célebre por su condición de uxoricida, pues se descubrió que mediante dosis de arsénico había asesinado sucesivamente a tres esposas. En 1903 se impartió orden de capturarlo. Lo arrestó el sargento detective de la Policía Metropolitana George Albert Godley, quien en el pasado fuera uno de los más tenaces perseguidores del asesino de Whitechapel. El antiguo jefe de Godley, el inspector detective Frederick Abberline, felicitó públicamente a su ex subordinado. “Has atrapado a ‘Jack el Destripador’”, le dijo. Sin embargo, la mayoría de los expertos descartan a este hombre como sospechoso. Aunque es cierto que residió en una zona cercana a dónde se consumaron los asesinatos, el modus operandi de un envenenador no tiene relación con el evisceramiento.



Severin Klosowski

Otro de los sospechosos fue Aaron Kosminski, un judío polaco residente en Whitechapel, que sentía un odio patológico hacia las mujeres, y que fue ingresado en un hospital psiquiátrico en marzo de 1889 por sus tendencias homicidas. El doctor Houchin, quién certificó la locura de Kosminski, describió su comportamiento: "El paciente declaró que es dirigido y que sus movimientos son controlados por un instinto que informa su mente; dijo que conoce las actividades de toda la humanidad, y rechazó casi todos los alimentos porque su instinto le decía que no lo hiciera". En los registros del hospital sólo se ha encontrado una mención de comportamiento agresivo por parte de Kosminski, si bien su estado mental parecía deteriorarse con el tiempo: "Incoherente, de vez en cuando excitado y violento. Hace unos días se subió una silla e intentó golpear al asistente". Durante el tiempo que permaneció recluido, había sido diagnosticado como "enfermo crónico inofensivo, de vez en cuando molesto, pero no violento, que se recluye cada vez más en su propio mundo hasta el punto de no saber su edad o cuánto tiempo ha estado internado".



Aaron Kosminski

Michael Ostrog era un médico ruso que además se dedicaba a la estafa, por lo que pasó una gran parte de su vida en la cárcel. No era un delincuente ordinario, era muy inteligente, tenía buena educación, y en algunas ocasiones durante los juicios por sus delitos, su astucia le había llevado a simular que sufría un trastorno mental, lo que le había salvado de la cárcel en más de una ocasión. No se sabe a ciencia cierta por qué figura entre la lista de los sospechosos, pues no hay indicios de que haya asaltado a ninguna mujer; además, tenía sesenta años en 1888.



Michael Ostrog

El más serio sospechoso para Scotland Yard, en la época contemporánea a los crímenes, lo constituyó el curandero y pseudomédico estadounidense Francis Tumblety. Estaba mencionado en un expediente secreto de la Policía Metropolitana, donde se le designaba como “Dr. T”. Se le consideraba un sujeto afectado por una grave psicopatía sexual (eufemismo para referirse a la homosexualidad en aquel entonces) y cuyos sentimientos hacia las mujeres eran en extremo violentos. En aquel expediente se relata cómo ese individuo cometió “ofensas antinaturales en la vía pública”, siendo arrestado in fraganti en la calle Malborough el 7 de noviembre de 1888, aunque logró salir de inmediato libre bajo fianza. El 16 de noviembre de ese mismo año fue acusado formalmente y compareció ante una corte británica. Cuatro días después se celebró una audiencia tras la cual se pospuso el proceso hasta el 10 de diciembre. Pero antes de llegar esa fecha, el encausado aprovechó su libertad condicional huyendo de Inglaterra rumbo a Francia, utilizando el falso nombre de “Frank Townsend”. Arribó a tierras galas el 24 de noviembre, y desde allí viajó a Nueva York, Estados Unidos, a bordo del vapor Bretagne. Scotland Yard envió para capturar al prófugo a uno de sus más destacados investigadores, el inspector Walter Simon Andrews. Este detective iba secundado por otros dos inspectores y gozó del apoyo logístico de la policía estadounidense. Sin embargo no pudo atrapar al escurridizo Tumblety. Este falleció en Saint Louis, Missouri, en el año de 1903.



Francis Tumblety

William Henry Bury contaba con 29 años de edad en 1888, y residía en la localidad inglesa de Bow, donde convivía con su joven cónyuge Ellen Elliot, con la cual se había casado en el mes de abril de aquel año. El matrimonio vivió en el East End de Londres hasta enero de 1889 y luego se mudaron a la ciudad escocesa de Dundee. Este hombre llegó a la estación de policía local en la mañana del 10 de febrero de 1889, asegurando que su esposa, la cual ejercía la prostitución, se había suicidado. Pero las pruebas forenses mostraron que el individuo asesinó a su mujer valiéndose de una cuerda con la cual la estranguló. Tras desmayar a su víctima, Bury le asestó varias puñaladas en la región abdominal y genital causándole el deceso. Culminada la agresión, escondió el cuchillo ensangrentado dentro del hueco de un árbol. Sobre la puerta de ingreso del edificio de apartamentos donde moraba el victimario, alguien había escrito con letras de color rojo la advertencia: “’Jack el Destripador’ se oculta detrás de esta puerta”. A su vez, en la pared adyacente a la escalera que conducía al sótano se leía, estampada con tiza, una segunda frase acusatoria: “’Jack el Destripador’ está en este sótano”. Otros datos más objetivos incriminaban al sujeto, pues los médicos forenses creyeron percibir marcadas analogías entre las heridas mortales de su esposa y las incisiones ventrales infligidas a las víctimas de Whitechapel. El tribunal de Dundee lo halló culpable de homicidio especialmente agravado por el vínculo matrimonial, y lo condenó a purgar su culpa aplicándole la pena capital. El verdugo y criminólogo aficionado James Berry se trasladó desde Inglaterra hasta aquella cárcel de Escocia a fin de dialogar con el penado. Tras la entrevista quedó convencido de que aquel hombre era igualmente culpable de los asesinatos de Whitechapel, y así lo afirmó públicamente. En la mañana del 24 de abril de 1889 William Henry Bury fue ejecutado. El día anterior admitió por escrito haber matado a su cónyuge, pero negó cualquier participación en los asesinatos de “Jack el Destripador”.



William Henry Bury

Thomas Cutbush Haynes nació en 1866 en Kennington, localidad relativamente cercana a Whitechapel. Provenía de una respetable familia de clase media. Su infancia fue complicada, puesto que su padre era alcohólico y abandonó el hogar siendo su hijo adolescente. Thomas quedó entonces al cuidado de su madre y de su tía materna, mujeres muy religiosas. Mostró graves problemas de conducta ya en su primer trabajo, del cual a los pocos días lo despidieron. En su segundo empleo le fue aún peor, pues tras un arranque de furia empujó por las escaleras a su anciano patrón. Se presume que contrajo sífilis en el año 1888. Tres años más tarde fue detenido después de comprobarse que era responsable de agredir a las jóvenes Florence Grace Johnson e Isabella Frazer Anderson en plena vía pública, a quienes tajeó las nalgas con un cuchillo. A partir del mes de febrero de 1894, el periódico británico The Sun lo acusó públicamente, a través de una serie de artículos, de ser “Jack el Destripador”. Nunca se le levantaron cargos a raíz de tales crímenes, aunque quedó confinado “por orden de su Majestad” durante un tiempo indeterminado en el hospital psiquiátrico de Broadmor, al considerársele peligroso, mentalmente insano e irrecuperable. Un dato curioso y de interés en este caso, radica en que en el mismo año de 1894, y a modo de respuesta ante las denuncias contra Cutbush propaladas por The Sun, el Inspector de Scotland Yard, Sir Melville Leslie Macnaghten, redactó un memorándum policial, de circulación interna, donde manifestó su convencimiento de que Thomas no era el múltiple homicida de Whitechapel, sino un simple enajenado más o menos inofensivo. En lugar de Cutbush, el Inspector Macnaghten consignó en sus notas los nombres de tres personas que estimaba como posibles culpables, aunque los mismos jamás fueron formalmente acusados: Montague John Druitt, Michael Ostrog y Aaron Kosminsky.



Thomas Cutbush Haynes

Frederick Bailey Deeming era el nombre de un notorio delincuente sexual y victimario serial que fue colgado en Melbourne, Australia, en el año 1892. Tenía 46 años en 1888 y cargaba con un amplísimo historial delictivo, aunque sus crímenes más célebres, aquellos que le valieron la pena de muerte, los perpetraría tres años más tarde. En 1891 mató a su esposa y a sus cuatro hijos en Rainhill, Liverpool, y al año siguiente victimó a su segunda esposa en la ciudad de Melbourne, Australia. Se le vinculó al caso de “Jack el Destripador” a partir de una nota editada en la Pall Mall Gazette el 8 de abril de 1892 (estaba preso por sus crímenes desde el 11 de marzo de ese año), donde se aseguraba que en las oficinas de Scotland Yard se habían recibido decenas de cartas denunciando que Frederick Deeming era el implacable asesino de Whitechapel. Aunque insistieron en haberlo visto merodeando por los alrededores de los lugares donde se consumaron los homicidios, era muy dudoso que ese dato fuera veraz. Parece seguro, en cambio, conforme a diversas y coincidentes fuentes, que en el año 1888 el itinerante Deeming (entre otras facetas fue marino mercante y se valía de diversos alias) estaba en Sudáfrica timando a ciudadanos sudafricanos. Hay constancia de que por esas fechas compareció repetidas veces ante la justicia de aquel país, acusado por la comisión de fraudes y estafas.



Frederick Bailey Deeming

El marino mercante y florista ocasional alemán Carl Ferdinand Feigenbaum concluyó su existencia electrocutado en la cárcel de Sing Sing, Estados Unidos, en el año 1896. La drástica condena se estimó justa, pues dos años atrás había degollado a su casera, Juliana Hoffman, mediante un corte de izquierda a derecha en el cuello. No tuvo tiempo de abrirla en canal y extirparle órganos, si esa hubiera sido su intención, porque el adolescente hijo de su víctima lo descubrió y pidió socorro a gritos. Al escenario del crimen llegó la policía, junto con vecinos y curiosos, y lo capturaron mientras pretendía huir. Su propio abogado, el doctor William Lawton, creyó que su defendido era, además del asesino de la señora Hoffman, “Jack el Destripador”; y así lo declaró a los periódicos, luego de que su defendido muriera ejecutado. Pero no es seguro que Carl Feigenbaum haya estado en Inglaterra en 1888, a pesar de su condición de marinero, y pese también, al excelente trabajo de investigación del experto Trevor Marriott, quien en archivos navales británicos revisó cientos de listados sobre arribos de buques en los que ese hombre podría haber viajado como tripulante.



Carl Ferdinand Feigenbaum

Robert D'Onston Stephenson, de 48 años en 1888, entraba y salía con cada vez más asiduidad del Hospital de Londres en Whitechapel, en donde lo trataban por sus afecciones psiquiátricas. No obstante, más que un enajenado, el individuo era un excéntrico, un alcohólico y un charlatán. Y su poder de persuasión era muy grande, logrando ganarse fama de experto y practicante de magia negra. Su bella y juvenil amante Mabel Collins y una aristocrática socia, la baronesa Vittoria Cremers, lo mantenían económicamente, lo mimaban y lo consideraban una persona excepcional. Por lo menos lo tuvieron como un ser extraordinario hasta que comenzó a volverse patente que el hombre desvariaba, pues pretendía, alternativamente, saber quién era “Jack el Destripador”, o con un aire de misterio insinuaba que él mismo lo era. D'Onston llegó al extremo de denunciar a uno sus médicos tratantes, acusándolo de ser el asesino. Su denuncia fue desechada por la policía. A su vez, un socio ocasional lo acusó a él de ser el criminal. Esta segunda denuncia igualmente fue desestimada. El escritor Ivor Edwards planteó que Robert D'Onston en verdad fue el asesino de Whitechapel, y que sus homicidios se inspiraron en un ceremonial diabólico basado en la configuración de los lugares en donde aparecieron los cadáveres de las víctimas. La hipótesis de Ivor Edwards tiene su remoto origen en artículos periodísticos escritos por el célebre satanista Aleister Crowley, partidario de que el satanismo estuvo detrás de aquellos asesinatos, y de que Donston era el candidato más probable. Esta hipótesis no es tomada en serio por los especialistas.



Robert D'Onston Stephenson

También la nobleza se vio afectada por esta serie de crímenes. Uno de los principales sospechosos fue el duque de Clarence, el príncipe Alberto Víctor, hijo del rey Eduardo VII y nieto de la reina Victoria. Era el primogénito del príncipe de Gales, también llamado Alberto. De adolescente viajó en barco recorriendo el mundo en compañía de su hermano George. Tenía 28 años en el momento de los crímenes y murió en 1892, en una clínica a causa de la sífilis, poco después de consumados los asesinatos. Según parece, el joven príncipe era un apasionado de la caza con todo su ritual y crueldad, aunque nunca se le consideró como un hombre violento con sus congéneres; además, era un asiduo visitante de los prostíbulos. El anciano doctor Thomas Stowell publicó un artículo en noviembre de 1970 en la revista Criminologist, acusando al príncipe Alberto de ser “Jack el Destripador”, basando su hipótesis en algunos documentos de su médico personal, William Gull, quién le estaría tratando la enfermedad. Se alegó que el joven aristócrata desarrolló una obsesión por la sangre durante sus cacerías en Escocia, y que allí adquirió los rudimentos clínicos que el asesino demostró poseer a la hora de mutilar a sus víctimas. De acuerdo con esta versión, el aspirante a monarca pasó de despellejar venados a despedazar prostitutas, y de sus sórdidas andanzas recién se enteraría la Casa Real británica luego del doble crimen del 30 de setiembre de 1888. Tras el asesinato de Catherine Eddowes, la Policía Secreta detendría al llamado "Destripador Real" poniéndolo bajo custodia. No obstante, el preso logró escapar a la vigilancia, y en la madrugada del 9 de noviembre de ese año cometería el crimen contra Mary Jane Kelly. Lo volverían a atrapar y sería confinado, bajo estrictas medidas de seguridad, en un hospital psiquiátrico de la localidad de Ascot. El cuidado sanitario del príncipe le fue encomendado al médico imperial Sir William Gull. Tan exitoso fue el tratamiento que se produjo un repunte sanitario, el cual permitió al paciente emprender un nuevo viaje en crucero y tomar parte en acontecimientos públicos durante el año 1890. Por desgracia, la afección cerebral que sufría, agudizada por el avance de su enfermedad venérea, precipitó el trágico desenlace. En 1892 el malogrado joven falleció, y una virulenta epidemia de gripe que azotó Gran Bretaña aquel año le permitiría a la Corona pretextar que el heredero al trono había muerto a consecuencia de la misma, extremo que brindó la coartada perfecta para evitar el consiguiente bochorno.



El príncipe Alberto Víctor

Otro sospechoso fue el Dr. William Withey Gull. Esta hipótesis está estrechamente ligada a la denominada “Teoría de la conspiración monárquico-masónica”. Stephen Knight en su libro de 1976, Jack the Ripper: The Final Solution, adujo que los crímenes cometidos en el este de Londres fueron obra de un grupo de asesinos, en el cual el papel de principal ejecutor se le asignó al Dr. Gull. Su cochero, John Charles Netley, lo conduciría en su carruaje privado secundándolo en sus crímenes. El auxilio mayor para que el ejecutor saliera impune lo darían altas autoridades del gobierno monárquico y de la orden masónica, a la cual el doctor pertenecía. El móvil de los homicidios y la excesiva crueldad de los mismos, radicaría en el desorden cerebral que afectaba al facultativo, que en 1887 sufrió un ataque cardíaco que le produjo afasia, trastorno generador de estados de alucinación. El galeno habría sido contactado por jerarcas del gobierno británico para poner fin a la amenaza de un chantaje contra la Corona que pretendían llevar a cabo las prostitutas Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride y Mary Jane Kelly (a Catherine Eddowes la ultimarían por error). Estas mujeres habrían tenido conocimiento del matrimonio semiclandestino del príncipe Alberto Víctor con la plebeya y católica Annie Crook, quien engendró una hija del futuro monarca. Debía evitarse a cualquier precio que tan bochornoso escándalo trascendiera. Pero al parecer el médico, impelido por el desorden psíquico que lo agobiaba, malinterpretó o exageró el cometido que le habían adjudicado en la conjura: no le habían pedido que asesinase a las mujeres, sino que las asustara o les practicase lobotomías, como la que, según se pretendió, practicó a Annie Crook. Sin embargo, lamentablemente, el trastorno que padecía transformó al respetable galeno en un monstruo. Esta hipótesis no se sostiene por descabellada y no existe ninguna evidencia que la respalde.



William Withey Gull

Según un estudio realizado para el documental de Discovery Channel “Jack el Destripador” en América, el asesino fue James Kelly, quien nació el 20 de abril de 1860 en Preston, Lancashire, siendo hijo natural de Sarah Kelly. Ella dejó al infante al cuidado de su abuela Therese. La madre se desentendió del niño, pero le legó una pequeña fortuna valuada en 20.000 libras para ser administrada por una reserva fiduciaria, de la cual el beneficiario podría disponer al cumplir los 25 años. Con dieciocho años, en 1878, comenzó su actividad como tapicero empleándose al servicio de sucesivos patrones. A los 20 años conoció a Sarah Brider, de 19 años, una chica recatada, de familia católica y muy trabajadora. Se casaron, pero a causa de los celos de él, un día le cortó el cuello con un cuchillo. Fue juzgado y sentenciado a muerte, hasta que el médico que dirigía Broadmoor declaró que era un demente; gracias a eso, le conmutaron la sentencia. Cinco años después, el 23 de enero de 1888, se escapó del manicomio, usando una llave que él mismo había fabricado. El 10 de noviembre de 1888, un día después del asesinato de Mary Jane Kelly, se practicó una redada en su domicilio, pero el fugado no estaba allí y nadie conocía su paradero. Luego del cese de los asesinatos en ese país, al parecer viajó hacia Estados Unidos. Los indicios que en este caso atraen las sospechas, son que un tiempo antes se produjo el asesinato de una prostituta en ese país con las mismas características que los de Londres, además de una carta aparecida en un diario estadounidense en la que avisaba que se realizaría un asesinato en nombre de “Jack el Destripador”. James Kelly luego volvería al hospital psiquiátrico ya envejecido, y habría contado haber viajado hacia Estados Unidos y “luchado contra el mal”. Permaneció libre durante casi cuarenta años, hasta que en 1927 retornó de improviso por propia voluntad al asilo de Broadmoor, rogando que lo admitieran pues, conforme sus palabras recogidas por un periódico: “estoy muy cansado y quiero morir junto a mis amigos”. Fue su última reclusión y sólo vivió dos años más. En 1929 expiró a causa de neumonía lobular doble, según consta en su certificado de defunción. En ese lapso escribió unas memorias que el investigador policial Ed Norris afirmó, en un programa de Discovery Channel, haber leído. En esas notas, aunque Kelly no confiesa abiertamente haber sido “Jack el Destripador”, revela un enfermizo odio hacia las prostitutas. Además, en su propio diario personal reconoce que estaba escondido en Londres entre los meses de agosto y noviembre de 1888, es decir, desde el inicio hasta el término del “Otoño del Terror”.



James Kelly

En 1992 surgió una nueva hipótesis que causó sensación por lo evidente que parecía. Michael Barrett, un distribuidor de chatarra de Liverpool, presentó un diario escrito por un hombre llamado James Maybrick en 1889, que confesaba ser “Jack el Destripador”. Maybrick era un comerciante de algodón que comenzó su negocio en Londres, viajó a los Estados Unidos para abrir una oficina en Virginia y volvió varios años más tarde. Había contraído la malaria en Estados Unidos y tomaba una combinación de arsénico y estricnina. La medicación era adictiva y él siguió tomando arsénico hasta que falleció, en 1889. Nunca se sospechó de él hasta la aparición del diario, en el que Maybrick se autodenominaba “Jack”, y daba a entender que era el asesino de las prostitutas con hechos concretos: contando con detalle cada uno de los crímenes, hablando del placer que le producía el haberlos cometido, e incluso se burlaba de los esfuerzos vanos de la policía por encontrarlo. Es más, en el diario cuenta que era fácil buscar un nombre de asesino así que utilizó las dos primeras letras de su nombre y las últimas dos letras de su apellido. Sin embargo, en 1995, Michael Barret confesó haber escrito ese manuscrito aunque luego se retractó. Los expertos opinan que se trata de una falsificación.



James Maybrick

El pintor impresionista británico Walter Sickert fue un sospechoso tardío. Sickert vivió obsesionado con “Jack el Destripador” y pintó por lo menos lienzos dedicados al criminal: “Jack en tierra” y “El dormitorio de ‘Jack el Destripador’”. Otras obras pictóricas que hoy en día se exponen en la Galería Tate también serían reflejo de las matanzas victorianas. A su vez, varios cuadros suyos se inspiraron en el asesinato de una prostituta, acaecido en Camden Town el 12 de septiembre de 1907, y varios peritos en arte creen advertir en esas pinturas una recreación de las víctimas de 1888. Se especula, asimismo, que algunas de las cartas remitidas a la prensa y a la policía en la época de los homicidios fueron escritas por él, aunque las habría redactado como una broma macabra, igual que lo hicieron tantos ingleses. La escritora Patricia Cornwell publicó el libro Retrato de un asesino: “Jack el Destripador”. Caso cerrado, en el cual afirma que Sickert era el famoso criminal. Sin embargo, no aporta ninguna prueba concreta, sus deducciones se basan en hechos circunstanciales, descalifica a todos los que apuntan a otros sospechosos y demuestra una notoria obsesión con demostrar a toda costa que el pintor era el asesino.



Walter Sickert

Hubo dos mujeres acusadas de ser el asesino. La primera fue Elizabeth Williams, la esposa del Dr. John Williams, conforme sugiere el investigador John Morris en la obra Jack the Ripper: The Hand of the Woman, publicada en 2012. Según esta hipótesis, mutilaba a las prostitutas movida por celos y envidia al ser ella infértil. De paso, se vengaba así de Mary Jane Kelly, presunta amante de su marido.



Elizabeth Williams

La segunda era Mary Eleanor Pearcey, a quien se bautizó como “Jill la Destripadora” (“Jill the Ripper”). Era una joven convicta por matar a la esposa y a la pequeña hija de su amante. La condenaron a muerte, y en su época nadie manejó seriamente que, además, hubiera sido el asesino de prostitutas, aunque debido a su gran fuerza muscular se especuló al respecto.



Mary Eleanor Pearcey

Otros sospechosos menores, que no son tomados en serio. Entre ellos están Frederick George Abberline (el detective de Scotland Yard encargado de las principales investigaciones en los homicidios de 1888); Joseph Barnett (la pareja de Mary Jane Kelly); David Cohen (un judío propuesto como el asesino por el ripperólogo Martín Fido en el año 1993); el médico Thomas Neill Cream (un adinerado médico abortista escocés que cobró notoriedad por envenenar mujeres, en especial prostitutas); el obrero George Hutchinson; el fogonero James Thomas Sadler; el poeta y abogado James Kenneth Stephen; el proxeneta judío Joseph Silver; el médico John Williams; el escritor Lewis Carroll, autor de Alicia en el País de las Maravillas; los médicos Stephen Appleford y Frederick Gordon, quienes hicieron la autopsia de las víctimas; y el escritor Francis Thompson, un conocido misógino. El número de sospechosos suma más de un centenar.



Lewis Carroll

La naturaleza de los asesinatos y de las víctimas llamó la atención sobre las pobres condiciones de vida en el East End, al mismo tiempo que dio como resultado que la opinión pública se manifestara en contra del hacinamiento y la insalubridad en los barrios bajos londinenses. En las dos décadas posteriores a los asesinatos, los peores aspectos de aquellos barrios fueron eliminados o, en su caso, demolidos, aunque las calles y algunos edificios sobrevivieron y hasta la actualidad, la leyenda de “Jack el Destripador” es promovida por medio de un tour que recorre los sitios de los asesinatos.



Los sospechosos (click en la imagen para ampliar)

Además de las contradicciones y la falta de fiabilidad de los testimonios contemporáneos, los intentos de identificar al verdadero asesino se ven obstaculizados por la falta de pruebas forenses. Los análisis de ADN en las cartas no son concluyentes; el material disponible se ha manejado muchas veces y está demasiado contaminado como para ofrecer resultados significativos; hasta la fecha, más de cien obras no ficticias abordan exclusivamente los asesinatos, convirtiéndolo en el tema criminal más explorado en la literatura. Incluso se acuñó un término, “ripperología”, que describe los estudios sobre el caso.


Las representaciones del asesino eran a menudo fantásticas o monstruosas; un tiempo, se le tomaba como una figura para asustar a los niños, semejante al Coco, al Hombre del Saco, al Sacamantecas o al Robachicos. Entre 1920 y 1930, se le representó en el cine vistiendo ropa típica de un hombre que ocultaba un secreto, cazando a sus víctimas desprevenidas; la atmósfera y el mal eran mostrados por medio de iluminación y juego de sombras.



Mapa de los crímenes

En 1960, llegó a ser “el símbolo de la aristocracia depredadora”, que vestía como un caballero con capa, chistera y sombrero de copa, como un criminal elegante. La imagen de este asesino se fusionó con historias y símbolos del género del terror, tales como el manto de Drácula o la cosecha de órganos de Víctor Frankenstein. De hecho, el mundo ficticio de “Jack el Destripador” logró fusionarse con múltiples géneros, que incluían desde las aventuras detectivescas de Sherlock Holmes, las andanzas de Batman o el terror erótico japonés.


A diferencia de otros asesinos de menor popularidad, no existe ninguna figura suya en la Cámara de los Horrores del Museo de Cera de Madame Tussaud, pues se rigen por una política de no exhibir personajes cuya descripción no sea del todo conocida. Debido a ello, “Jack el Destripador” es representado como una sombra.



El verdadero rostro de "Jack el Destripador", según una reconstrucción facial por computadora

En 2006, el multiasesino inglés fue elegido por la revista BBC History y su comunidad de lectores como “el británico más detestable de todos los tiempos”. “Jack el Destripador” ha sido retomado en novelas, cuentos cortos, poemas, caricaturas, juegos, canciones, obras teatrales, películas, series de televisión, videojuegos, historietas y en la ópera Lulú, de 1930, escrita por Alban Berg. También en un sinnúmero de libros de investigación, estudios académicos y documentales para la televisión. Es el asesino más famoso de la historia y su figura ha sido origen también de accesorios, juguetes y muñecos de peluche.


Era escurridizo, nadie podía atraparlo, no había señales de él después de cometer sus crímenes. Una hipótesis afirmaba que era un “Hombre Invisible”. Es decir, alguien que no desentonaba en absoluto con el ambiente del lugar, o de quien nadie tendría sospechas: un cura, un policía, una prostituta. También se decía que podía ser alguien que era más conveniente no ver: un hombre poderoso, un miembro de la realeza. Prácticamente cualquiera podía ser.


Sobre él se han escrito más libros que sobre todos los presidentes estadounidenses. Caló hondo en la historia a causa de la saña con que cometió sus crímenes, y sobre todo por el misterio que siempre rodeó su figura. Con frecuencia es descrito como un asesino inteligente, eficaz, burlón, astuto, frío y obsesionado por el asesinato.



"La recámara de Jack el Destripador", pintura de Walter Sickert

Poseía además dos características que hicieron su presencia más ominosa: nadie conocía su apariencia y nunca era posible saber cuándo aparecería. Era una sombra afilada. Quienes lo representaban eran sus víctimas, los rastros sangrientos que dejaba tras de sí. Los cadáveres dejados por él tejieron una leyenda. Era, como lo es ahora, como lo es siempre, el tiempo de los asesinos.


Lo cierto es que a nuestra civilización su misterio homicida le resulta intensamente atractivo. Miles de personas, a través de los años, se han esforzado por dotarlo de un rostro, de una voz, por descifrar el mensaje oculto detrás de sus crímenes. Seguimos buscado esas frases dichas en una callejuela oscura, una noche de 1888, a una mujer trágicamente condenada. “Jack el Destripador” nos llama desde esas sombras y nosotros acudimos a su llamado.




VIDEOGRAFÍA:

Documental sobre “Jack el Destripador” (Discovery Channel)
video


Documental sobre “Jack el Destripador” (History Channel)
video


Documental sobre “Jack el Destripador” (National Geographic)
video


Documental sobre “Jack el Destripador”
video


Jack the Ripper (trailer)
video


From Hell (trailer)
video


Ripper: Letters From Hell (trailer)
video


Whitechapel (trailer)
video



HEMEROGRAFÍA:

Correspondencia completa: facsímil de todas las cartas enviadas por “Jack el Destripador” o por personas que aseguraban ser él (116 páginas) (doble click sobre la imagen para ampliar y leer)



Historieta sobre “Jack el Destripador” (completa, en español) (102 páginas) (doble click sobre la revista para ampliar y leer)



Desde el Infierno (From Hell) (novela gráfica completa, en español, en cinco volúmenes) – Tomo Primero (146 páginas) (doble click sobre la revista para ampliar y leer)




Tomo Segundo  (138 páginas) (doble click sobre la revista para ampliar y leer)



Tomo Tercero (138 páginas) (doble click sobre la revista para ampliar y leer)



Tomo Cuarto (138 páginas) (doble click sobre la revista para ampliar y leer)



Tomo Quinto (138 páginas) (doble click sobre la revista para ampliar y leer)




BIBLIOGRAFÍA:



























































FILMOGRAFÍA:








DISCOGRAFÍA:





JUEGOS Y JUGUETES:














18 comentarios:

Julio Mangiameli dijo...

Carlos.. me gusto el blog escrito con sangre, buen jale.
un saludo afectuoso.

Julio

AngeluzX dijo...

Jack es uno de mis asesinos faboritos uno de los mejores como dices es mas calidad que cantidad la verdad espero jamas lo encuentren o ayen evidencia de quien sea pues es lo que lo hace casi un dios un asesino perfecto aun que alguna vez vi la frace "El Asesinato Perfecto No Es El Que No Se Resuelve Si No El Que Se Resuelve Con El Asesino Equivocado"
bueno te invito a pasar por mi blog te parecera interesante de esho tengo la historia de un asesinato es http://erotismopuro.blogia.com

Saludos... Frome Hell


AngeluzX

Anonymous dijo...

Me gusta tu trabajo, en especial la forma seria en la que tratas cada caso. La verdad me asusté al principio creí que sería una de esas páginas de pseudo Killers, pero se te ve serio, !genial¡

26 de febrero de 2008 22:28:00 CST

sky_ulises dijo...

Bueno buen reportaje sobre Jack el Destripador, la verdad no sabia que solo a 5 prostitutas habia asesinado, lo que si es un asesino serial muy reconocido.
Saludos.

10 de julio de 2008 12:12:00 CDT

Escrito con Sangre dijo...

Gracias por tus comentarios. En esta página se busca ante todo el rigor de la investigación histórica, sin descuidar un tono literario en las crónicas. También la inclusión de materiales documentales de interés (fotos reales, videos, bibliografía, filmografía, etc.) Espero no dejes de visitarnos.

Anonymous dijo...

Me gustaría hacerte una llamada de atención acerda de como defines a Jack el destripador "El asesino psicótico". Hay una diferencia muy grande entre psicótico y psicópata. El psicópata controla la realidad, y la pone a su servicio mediante trucos y engaños para conseguir sus propósitos. El psicótico, en cambio, tiene alterado su sentido de la realidad, y construye un mundo propio donde sus actos homicidas son el producto de su cerebro dañado y de las experiencias que han coloreado y dado sentido al argumento de su enfermedad. Lo que quiero plantear aquí es que lo que puede determinar si algo es obra de "locos" o de cuerdos no es si ese algo nos parece racional o no, sino el contacto con la realidad del sujeto que realiza las acciones. Un psicótico es Norman Bates en la película de Aldred Hitchcock "Psicosis" ya que vive un delirio y cree que su madre sigue viva y que todavía ejerce la tiranía sobre él. En su cerebro hay voces e imágenes que no existen y que sólo oye él.
Por lo que pones como referencias veo que te has leído el libro de Patricia Cornwell has podido apreciar que uno de los principales sospechosos de ser el renombrado asesino es Wiliam Sickert. Cornwell deduce que el asesino era organizado: observaba, espiaba y acosaba. James Maybrick, otro de los principales sospechosos, del cual se ha encontrado el famoso diario. David Canter dijo " El diario es muy preciso (...), sus obsesiones, su confusión interior y la planificación cuidadosa de los crímenes que llega a convertirse en una narración de carácter perverso".
Todo esto viene a decir que sea quien sea Jack el destripador no era, ni mucho menos, un psicótico, era una persona organizada, metódica, que elegía a sus víctimas y que era consciente en todo momento de lo que hacía, además de disfrutar de ello: un psicópata.

Naxcho dijo...

Estimado compañero.
He de decirte que hay teorías de que Jack el destripador pudo haber sido Argentino, o tenía alguna relación con el mencionado país. El nombre del tipo era Alonzo Maduro. Esto lo vi en un documental de History Channel. Podría ser que estoy confundido o bien podría ser un buen dapo para que agregues a la biografía. Invesitga un poco y luego me avisas. Gracias por tu atención y por tu arduo trabajo con este fantastico sitio.

E dijo...

ENTREVISTA AL DR. POMBO SOBRE SU NUEVO LIBRO SOBRE JACK THE RIPPER EN

http://te-aliviara.blogspot.com/

http://te-aliviara.blogspot.com/

Espero que les guste. Saludos. Emi

CocoNash dijo...

Wow, un caso que me encanta, admiro a jack el destripador, no por los crímenes que cometió que fueron atroces, sino por su inteligencia para escapar de la policía y porque después de más de 120 años, aún no se sabe quién fue.

Estoy de acuerdo que no fue una mujer por la fuerza que se necesitaba para cometer los crímenes, pero no tanto en que no pudo haber sido un homosexual porque los homosexuales siempre matan a hombres, esto porqué se da?

Si un hombre está enamorado de un hombre heterosexual, no podría matar mujeres por la "impotencia" de no poder competir contra una mujer o algo así? y generar odio contra las prostitutas por satisfacer ese deseo sexual de un hombre heterosexual?

CocoNash dijo...

otra cosa que quería comentar, sobre si era psicótico o psicópata, no se puede saber por el hecho de que nunca lo atraparon, pudiera ser que a lo mejor tenía alucinaciones de que alguien lo mandaba a matar prostitutas, o pudiera ser que estaba totalmente consciente de lo que hacía

Darkviretha Lilith dijo...

No es por nada, pero la verdad hay que reconocer que este hombre era todo un genio en esa actividad.
Por otra parte también me intriga saber su identidad, yo creo que a muchos y por otra parte, aunque el termino "asesino serial" se haya definido mucho después, este señor sin quererlo dio un estereotipo a los asesinos posteriores y sin quererlo estaba siendo un críminal diferente y abriendo paso a muchos otros.

Aaron Maiden dijo...

Amigo, un excelente blog has creado. Mis felicitaciones porque además de la buena información, dejas material extra muy interesante!!
Saludos.

Anónimo dijo...

Imbecil.Aprende a escribir sin faltas.

Anónimo dijo...

Bueno, yo la impresión que tengo mirando únicamente la correspondencia es que las letras son diferentes.

La caligrafía solo se asemeja en dos cartas. En algunas de ellas el deje que tenemos al escribir , la inclinación es diferente , incluso la "rapidez" y el trazo escrito es diferente.

Normalmente las mujeres solemos hacer la letra mas redondita y los hombres mas angulosa , no es regla general , si que es una suposición basada en la generalidad.

Yo me inclino a pensar que era una sociedad puritana secreta de ciertas personas que posiblemente trabajaban de dos en dos.

Un hombre reclamaba los serviciós de la prostituta y después de hacerla sentir confiada....pues...ya hemos visto como acaba.

Creo que si que habría alguna mujer(esposa de alguno de la sociedad) que participaba en las "labores".

Pienso que entre las personas participantes habia algún médico y se llevaban órganos de las víctimas como trofeos para su sociedad y muestra del compromiso.

Me da la impresión de que para ellos era como una cruzada contra la prostitución y el libertinaje de la mujer, por ello el que fueran a por prostitutas y se centraran en sus órganos reproductores y sexuales como " cuna del pecado y la perversión de los hombres"

Es posible que fueran antisemitas y buscasen la "pureza".Me da la impresión de que sentian que ellos hacian un "trabajo de limpieza" que no hacia la policía.

Por la caligrafía , muy fina en algunas cartas , creo que algunos de los formantes de esta "sociedad" eran personas cultas, personas cuya imagen en sociedad jamás despertaría la sospecha....

Pero bueno , solo son teorias....

El blog está genial , lo tengo en favoritos.

Anónimo dijo...

He revisado las cartas , de nuevo , por curiosidad y las "p" cuando firma son diferentes , no son iguales en todas las cartas.

Hay una caligrafía que firma con "J" mayúscula y otras con j minúscula al igual que "Ripper", las "R" mayúsculas son diferentes.(Si depende de la prisa que tengas al escribir.....pero hay ciertos dejes que son distintivos)

La separación entre letras...Por ej en la carta de "From Hell" el escrito es diferente totalmente.

Distingo a alguien que es metódico y superordenado , de alguno que es un poco mas "zolorpas" y bruto.

Ciertas "y " griegas de la postal del "complice" me da a pensar que es una escritura femenina , la inseguridad en el trazo y los tachones , muestran cierta autocensura de sus propias palabras....como alguién que esta acostumbrado a esperar aprobación en lo que hace (Me parece bastante propio de la sociedad reprimida de entonces)

Bueno , son teorías que yo he sacado en lo referente a los datos aportados ....

Un saludo!!!!

Anónimo dijo...

Exacto solo son teorias pero le voy mas s la tuya.

Cristal Rivera dijo...

Amigo Escrito

Nueva información sobre el caso ha sido revelada. Muestras de ADN encontradas en una prenda de la segunda víctima confirman que Aaron Kosminski tuvo contacto con ella y ahora lo denominan como el verdadero Jack.

http://elcomercio.pe/mundo/europa/inglaterra-aaron-kosminski-nombre-jack-destripador-noticia-1755304

Anónimo dijo...

Sobre que encontraran ya al verdadero culpable, es cuestionable. Casualmente, compra un chal que conserva la sangre de la víctima y coincide con el asesino. Yo veo muchas lagunas.
Hay muchos investigadores que han ido tras la pista y han falsificado pruebas para obtener la fama de haber "atrapado a Jack".
En mi opinión, creo que jamás sabremos quién fue, además de que rompería la magia del misterioso asesino.
Considero que el asesino o asesina, pudo ser cualquiera, como si actuó solo o en compañía y también si cometió más asesinatos, que pudo cometer algunos que no se le hayan atribuido por su falta de experiencia en el campo criminal y, con los años, haya buscado su firma identificadora en los cadáveres.
Esta es mi mera opinión. Un saludo.