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Jeremy Bamber: "El Asesino de la Granja White House"


“Hay cadáveres, hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia”.
Pablo Neruda


Nevill y June Bamber vivían en la rústica tranquilidad de sus inmensas propiedades en Tolleshunt, cerca de Maldon, en Essex. Pero el hecho de no poder tener hijos les había producido una gran tristeza desde los primeros años de matrimonio. Él, antiguo piloto de la RAF, recorría palmo a palmo los límites de cada propiedad, paseando por los caminos con una escopeta y un perro labrador negro. Su esposa disfrutaba ofreciendo sus servicios a la comunidad local. Eran conocidos por su constancia, piedad y constantes favores al prójimo. Él había ejercido como magistrado en la cercana población de Witham durante más de diez años. Ella había sido una incansable colaboradora en la Iglesia de San Nicolás, una pequeña parroquia del siglo XIV, visitando a los enfermos y ancianos. Ambos deseaban ardientemente tener hijos para continuar la tradición familiar en aquella región, pero pese a que lo intentaron por años, June nunca logró embarazarse.



June y Nevill Bamber

En 1957, cuando los Bamber tenían 34 años, adoptaron un bebé gracias a la Sociedad para la Adopción de la Iglesia de Inglaterra; era una niña a la que bautizaron como Sheila. En 1961 completaron la familia adoptando a Jeremy Neville cuando tenía tres meses. El niño asistió al Maldon Court, un colegio privado de enseñanza primaria en Essex. Allí demostró tener aptitudes de actor.



Jeremy Bamber durante su niñez

Los años de la escuela secundaria los pasó en el internado de Gresham, en Holt, Norfolk. La cuota, de mil libras por trimestre, reflejaba la preocupación del matrimonio en prepararle para las responsabilidades de un terrateniente.



El internado Gresham

Jeremy, sin embargo, estaba profundamente resentido por el hecho de haberle enviado fuera de su hogar. ¿Por qué su madre lo enviaba tan lejos después de haberlo adoptado?



Jeremy en el internado

En Gresham, el expediente académico del muchacho fue mediocre, pero aprendió a disfrutar de las clases de tiro. Ya en el colegio, la inseguridad del niño era preocupante. En una fotografía escolar aparece de pie en la última fila levantando la barbilla, mirando fríamente, reclamando atención con cierta arrogancia. Los que lo conocieron en el colegio se dieron cuenta de su necesidad de manifestar su superioridad. “Era el tipo de chico difícil y susceptible”, recordaría el director Bruce Lockhart. “Creo que algunos chicos le encontraban irritante por sus despiadadas bromas. Desde pequeño se mostró muy altivo. Era una persona un poco excéntrica”.



El camino a la granja White House

Bamber tuvo muy poco interés por los estudios, pero, tras una breve temporada en el colegio de Colchester, se las arregló para conseguir siete aprobados en el bachillerato elemental. Sus padres estaban ansiosos por enseñarle todo sobre la economía y entrega necesarias para llevar la granja. June Bamber estaba también deseando fomentar sus creencias religiosas. Parecía tener muy poco interés por el culto cristiano en el que le estaba educando su madre. Más tarde, él, que no entendió esa enseñanza, llegó a comentar incluso que sus padres eran unos fanáticos religiosos. A pesar de todo esto, la carrera académica de Jeremy y su personalidad eran mucho menos problemáticas que las de su hermanastra. Sheila había sido expulsada de varios colegios.



Sheila, June y Jeremy

Cuando sus hijos fueron adultos, Nevill y June Bamber, como la mayoría de los padres adoptivos, les dieron toda clase de facilidades para encontrar a sus padres naturales. En 1982 Sheila encontró a su madre. Cuando Sheila nació, su madre era la hija soltera del capellán más antiguo de cuantos había al servicio del Arzobispo de Canterbury. En 1957, los padres de Sheila emigraron a Canadá y ella fue dada en adopción. Jeremy Bamber, por otra parte, prefirió no seguir el rastro de sus padres. En 1986, el periódico The Sun descubrió que su padre era el interventor de aprovisionamiento del palacio de Buckingham. Jeremy nació en 1961, antes de que la pareja se casara. Fue adoptado tres meses después.



Nevill Bamber

De no ser por su inestabilidad mental, Sheila Caffell podría haber hecho carrera como modelo. Trató de ser peluquera, pero su belleza natural la condujo hasta la agencia de modelos de Lucy Clayton. A pesar de que la prensa afirmó que ella era una top model, su temperamento voluble le impidió seguir cualquier profesión que exigiera determinación y perseverancia. Pero, bajo la dirección personal de Penny, llevó a cabo pequeños y esporádicos trabajos con el apodo de “Bambi”. Su antiguo jefe, Penny Cotton, la describió como “una chica guapa, agradable, silenciosa un poco introvertida y totalmente entregada al cuidado de sus hijos. Algunas veces podía parecer un poco rara”. Fue este último aspecto de Sheila Caffell por lo que el pueblo de Tolleshunt D'Arcy la recordaría.



La familia Bamber

Jeremy Bamber fue educado en los mismos valores que sus padres. Responsabilidad, liderazgo y trabajo. Consideraban que sus inmensas propiedades eran una responsabilidad que él debería asumir, en lugar de la salida fácil de una herencia regalada. Sin embargo, se hizo evidente que, según iban creciendo, sus dos hijos adoptivos se iban convirtiendo en violentos desequilibrados. Jeremy, bruto y presumido, reprimió la tremenda ira que sentía y se convirtió en un manipulador. Un tiempo lo obligaron a trabajar en la pizzería "Sloppys Joe's", pero renunció al poco tiempo.



La pizzería donde trabajó Jeremy Bamber

Su hermanastra, Sheila, dio rienda suelta a su locura y a sus alucinaciones, pero pese a ello cumplió su papel como madre. Ambos reaccionaron drásticamente contra la costumbre materna de pronunciar constantemente frases bíblicas y tener muchas Biblias en su casa. El chico empezó a desdeñar cualquier religión, mientras que la chica desarrolló su propia locura mística. Ella misma hablaba a los vecinos de sus visiones paranoicas. Incluso llegó a creer que sus hijos iban a matarla. Ambos hijos adoptivos quedaron marcados por la moralidad de sus padres, pues sus desequilibrios no les permitieron entenderla.



Sheila Caffell, "Bambi"






June Bamber llamó a Sheila “Hija del Demonio” por demostrar interés por los jóvenes a la edad de 17 años. Jeremy era tratado como un irresponsable por su padre adoptivo, quien además no comprendía en absoluto las ansias de diversión de sus hijos. En cuanto a su moral personal, los dos niños escogieron justo lo opuesto a los deseos de sus padres. Sheila posaba como modelo, se quedó embarazada sin estar casada y se separó del padre de los gemelos, Colin Cafell.



Jeremy, empujado a convertirse en un duro y silencioso granjero, se transformó, sin embargo, en un joven arrogante y extravagante cuyo estilo de vida hedonista contrastaba seriamente con los valores de sus padres. Antes de cumplir veinte años, Jeremy Bamber pasó una temporada viajando por Australia y Nueva Zelanda, donde empezó un curso en dirección comercial. Este fue uno de los muchos temas que abandonó nada más empezarlos. Cuando volvió a casa, en Essex, sus padres intentaron completar la formación de su hijo adoptivo haciéndole capataz de la granja, comprándole una casa en el campo, una furgoneta y un terreno de 48 acres de tierra en el pueblo de Goldhanger.



Jeremy Bamber tras regresar a Essex

Pero Bamber aún era demasiado joven e irresponsable como para establecerse por su cuenta. Le gustaba que hubiera un toque de ilegalidad en su vida, mujeres hermosas y automóviles rápidos. Todo esto no podía permitírselo con su renta de 8.750 libras anuales, así que poco a poco fue hablando de sus padres como el mayor obstáculo a sus ambiciones.


Sabía que algún día las tierras serían suyas y le enloquecía la idea de no poder disfrutar de toda aquella fortuna mientras fuera joven. Esa región está compuesta por familias que han vivido allí durante siglos, por granjeros que como Nevill Bamber compraron sus tierras en lugar de heredarlas y por viajeros que suelen ir a Londres, Colchester y a los mercados de los pueblos de la zona. Había muy poco de la vida nocturna y el encanto que tanto gustaban a Bamber.



La granja White House


Bamber era novio de Julie Mugford. Ella tenía veintidós años de edad y era profesora de preescolar en Colchester. Confiaba más en la madre de Julie que en la suya propia, pese que a veces le importunaba preguntándole por qué no se casaba ya con su hija, si casi vivían juntos. “Jeremy sentía una gran aversión por su madre”, declaró la señora Mugford. “Solía llamarme mami todo el tiempo. Me ofreció el automóvil de su madre. Esto fue justo antes de los asesinatos. Quería venderlo todo”. Parece que la señora Mugford comprendió a Bamber mejor que nadie. Pronto se dio cuenta de que su arrogancia le ayudaba a creer que tenía el derecho de hacer lo que quisiera. “Jeremy siempre estuvo convencido de que todo lo que hizo fue lo correcto”, dijo por último.



Julie Mugford, la novia de Jeremy Bamber


Los habitantes de Tolleshunt D'Arcy y los parientes de la familia sabían de la confusión existente en la granja White House. Robert Boutflour había oído a su primo, Jeremy Bamber, decir en alguna ocasión con qué facilidad mataría a sus padres. Habían ocurrido varias tragedias en la granja White House. El anterior propietario, un granjero llamado Frank Page, fue hallado muerto en circunstancias extrañas en un abrevadero de caballos. El predecesor de Page también murió de forma violenta. Se colgó en el interior de la granja después de una profunda depresión.



La controversial Sheila



¿Por qué nadie se percató de que se avecinaba una tragedia? Hubo evidencias que explicaron esta tremenda incomprensión. Las crisis nerviosas de Sheila atraían toda la atención, todo el interés. Jeremy Bamber lo sabía perfectamente. Los vecinos estaban acostumbrados a oír a Sheila Caffell gritando debido a sus visiones religiosas. Él sólo podría conseguir su independencia rompiendo los lazos económicos de la familia por medio de un empleo, o siguiendo el camino que sus padres habían planificado para él en la granja. Jeremy se negó a seguir el primer camino y no estaba hecho para el segundo. Ambos hermanos eran ollas de presión listas para estallar. Ambos podrían, llegadas las circunstancias precisas, cruzar la línea y derramar la sangre de la familia.




Jeremy nunca supo muy bien quién era en realidad. En su relación con su novia Julie Mugford, era él quien mandaba. Con Brett Collins, su amigo íntimo, era mucho más pasivo. Estaba siempre dispuesto a cumplir sus deseos y a acatar sus órdenes.



Brett Collins, el mejor amigo de Jeremy Bamber

Para Nevill Bamber, la herencia de la granja era una gran responsabilidad. Quería, con todo su cariño, que su hijo adoptivo aceptara el duro trabajo y las responsabilidades inherentes a una gran propiedad. Para Jeremy, las propiedades sólo eran un medio para solventar sus costosas diversiones.



Sheila y sus hijos


El martes 6 de agosto de 1985, Bamber llamó a su novia Julie por teléfono; según contaría ella tiempo después, Jeremy acariciaba el plan de asesinar a sus padres. Al llamarla, le dijo que había tomado una decisión. “Tiene que ser esta noche o nunca”. Julie le dijo que no fuera estúpido, pero él ya había colgado. Por decisión propia, Julie no telefoneó a la familia para avisarles. La madrugada del miércoles 7 de agosto, a las 03:00 horas, el teléfono de Julie volvió a sonar otra vez. Era Jeremy. “Todo va bien”, dijo. Ella se estremeció. “No te preocupes. Algo va mal en la granja. Adiós, cariño. Te quiero. Besos”.


Los acontecimientos se precipitaban y dejarían una estela de confusión que nunca se resolvería del todo. A las 03:26 horas, el teléfono sonó en la comisaría de policía de Chelmsford, en Essex. Todas las llamadas del exterior al número de emergencia 999 quedaban automáticamente registradas en un ordenador, pero pese a que esta llamada no proviniera de esa línea, el agente de servicio recordaba la hora: 03:26 de la madrugada. Descolgó el teléfono y oyó la nerviosa voz de un joven bien educado. Dijo que se llamaba Jeremy Bamber y que vivía en Goldhanger. El agente de servicio conocía el lugar, un pueblo a unos 25 kilómetros de distancia, al norte de Maldon. Bamber dijo al agente de policía de servicio en Chelmsford que acababa de recibir una llamada preocupante de su padre desde un lugar en los alrededores de Toleshunt. La línea se había cortado, pero cuando marcó el número de su padre no cesaba de comunicar. Sin embargo, si su padre hubiera soltado el teléfono cuando fue atacado, la comunicación no se habría cortado. Bamber no podía haber escuchado un tono de comunicación normal hasta que el otro teléfono estuviera colgado. A esas horas de la noche, habría tardado unos diez minutos en recuperar la comunicación. Este hecho por si sólo hubiera determinado el derrumbamiento de la historia de Bamber.


La granja White House estaba situada al final de un camino privado. Lo único que le dijo Bamber a la policía fue que el propietario de aquellos terrenos, Nevill Bamber, había hecho una llamada pidiendo ayuda, en la que decía que su perturbada hija adoptiva se había vuelto loca y que tenía un rifle cargado en su poder. “Por favor, ven. Tu hermana se ha vuelto loca y tiene un arma”. En ese momento Jeremy oyó un disparo y la línea se cortó. Marcó rápidamente el número de su padre, pero sólo llamaba. El agente de servicio, escéptico al principio y preocupado después, tomó nota de todos los detalles. Le dijo a Bamber que fuera a la granja de su padre y esperara la llegada de la policía. El joven contestó que así lo haría y colgó el teléfono.


Un grupo armado de cuarenta hombres se movilizó inmediatamente. El equipo incluía tiradores de la Unidad Especial Armada, entrenados para enfrentarse a asedios, secuestros, retenciones de rehenes y a hombres armados que actúan en edificios u otros espacios cerrados. El convoy especial salió hacia Toleshunt D'Arcy, conduciendo a toda velocidad por las estrechas carreteras que se extienden a lo largo del paisaje del sureste de Essex. Se dirigieron hacia el norte en Maldom y adelantaron a un automóvil Citroén que iba en la misma dirección a unos 50 kilómetros por hora. A esa hora, las carreteras estaban oscuras, y casi desiertas. Los coches de policía llegaron al pueblo y se desviaron por Pages Laine, el largo sendero que iba hacia la casa. Al frente se veían las dependencias utilizadas para albergar el equipamiento y otros útiles de la granja. Cerca de ellas estaba la casa de ladrillo rojo con su porche estilo georgiano. Todo parecía perfectamente tranquilo. La policía se ocultó en posiciones estratégicas desde las que controlaban cada puerta y cada ventana. En poco tiempo, todo el lugar estaba rodeado. Seguía sin producirse ningún movimiento dentro de la casa. Los detectives Bill Miller y Ronald Cook ocuparon sus posiciones enfrente de la fachada principal. Cook estaba al mando de los encargados de tomar las huellas dactilares y de los agentes forenses del grupo. Poco tiempo después, el mismo Citroén que la policía había adelantado en la carretera entró por el sendero. Un hombre de aspecto juvenil salió del coche. Era Jeremy Bamber.


Cuando la policía comenzó a hacerle preguntas, se mostró seguro de sí mismo, tranquilo y un poco arrogante. Explicó que el arma a la que se había referido su padre por teléfono era un rifle semi-automático Anchutz del calibre .22, utilizado para cazar conejos. Él mismo lo había dejado en la casa de su padre la tarde anterior. Por lo que respecta a su hermana, no parecía inspirarle mucha simpatía. Explicó que su nombre era Sheila Caffell, pero todo el mundo la llamaba Bambi. Ambos eran hijos adoptivos, pero Sheila era dos años mayor que él y estaba separada de su marido. Tenía un largo historial de depresiones que culminaron en dos crisis nerviosas. La última la sufrió en marzo de ese mismo año y nada más salir del hospital se fue con sus dos hijos a White House. “Mi hermana es una loca”, dijo Bamber, “se ha vuelto muy rara, no nos llevamos demasiado bien”. Preferiría no entrar en la casa mientras ella estuviera armada. “Puede enloquecer en cualquier momento, como ya ha ocurrido anteriormente”. La policía hizo varios llamamientos con un megáfono, pero no hubo respuesta a ninguno.


Mientras transcurría el tiempo, Jeremy Bamber proporcionó a los detectives un claro retrato de la vida familiar en el interior de aquel caserón del siglo XVIII. La finca era propiedad de sus padres adoptivos, Nevill y June, y tenía cuatrocientos acres. Describió después la distribución de cada planta de la casa. Con base en esto, los policías determinaron dónde se escondería alguien que llevara un rifle y elaboraron un plan de ataque. Además de su propia seguridad, tenían que considerar el riesgo que correrían los miembros de la familia que estuvieran retenidos como rehenes. También cabía la posibilidad de que la inestable hermana de Bamber no estuviera en la casa, sino escondida en el campo. La policía mantuvo la vigilancia hora tras hora.


Finalmente, al salir el sol, se tomó la decisión de entrar en la casa por la fuerza. A las 07:30 horas, un grupo de diez hombres recibía las últimas instrucciones y estudiaba un boceto de la casa que el muchacho había dibujado. El grupo se arrastró cautelosamente hasta la puerta de la cocina, temiendo que la hermanastra de Bamber estuviera esperándoles totalmente agotada, medio trastornada y con un rifle cargado. En el exterior, los tiradores comenzaron a disparar con sus rifles después de asegurarse de que la última advertencia por el megáfono no producía respuesta alguna. A continuación, derribaron la puerta de la cocina y entraron en la casa rápida y sigilosamente, cubriéndose unos a otros. Todos esperaban una reacción violenta. Sin embargo, no encontraron resistencia. No se dio un sólo movimiento, ni siquiera un ruido.


Contemplaron entonces la carnicería que hallaron en la casa. La habitación parecía un matadero. Desplomado cerca del teléfono descolgado estaba el propietario, Nevill Bamber. Le habían disparado seis veces en la cabeza y en el cuello, y tenía dos disparos más en un hombro y en un brazo. Era evidente que había habido una lucha. El padre, un robusto granjero de 61 años, había sido fuertemente golpeado.



El cadáver de Nevill Bamber


Fueron al piso de arriba y encontraron al resto de la familia. Los gemelos, Daniel y Nicholas, yacían muertos donde habían dormido. Daniel, que había recibido cinco disparos, todavía tenía su pulgar en la boca. Nicholas recibió tres disparos.



La escena del crimen




En el dormitorio principal, la mujer de Nevill, June, estaba tumbada en camisón cerca de la puerta. Aquí también había habido lucha.



El cadáver de June

Había manchas de sangre en su camisón y una Biblia ensangrentada tirada en el suelo, la cual pertenecía a Sheila. La señora Bamber murió bajo una lluvia de balas. Tenía siete heridas, una de ellas entre los ojos.



La Biblia ensangrentada




Por último, Sheila Caffell, hermanastra de Jeremy Bamber, fue encontrada descalza, tumbada de espaldas cerca de la ventana del dormitorio de su madre adoptiva. También estaba en camisón. Tenía una herida de bala en la garganta y un disparo que atravesó la mandíbula y llegó hasta el cerebro. El rifle tenía la culata dañada y el cargador vacío.



El cadáver de Sheila




Los agentes de policía bajaron para contarle a Jeremy Bamber que su familia había sido masacrada. Al escuchar aquello, vomitó y un médico de la policía le preparo una pequeña dosis de whisky. La sirena de la policía, oculta entre los árboles de los alrededores de la granja White House, los iluminó cuando bajaron sus armas. Había sido una noche muy larga. Hora tras hora habían estado contemplando la oscuridad, soportando un silencio que helaba la sangre. Ahora, muchos de ellos parecían paralizados por una gran resignación. El detective inspector Ronald Cook fue el encargado de realizar la investigación en el escenario del crimen. Sus análisis forenses fueron duramente criticados. Cook guió a su equipo forense al interior de la casa. Poco después se les unió el médico de la policía. El detective no había conocido a la familia Bamber, pero estaba convencido de que habían sido gente sencilla, estrechamente unidos a sus propiedades. Lo que parecía más extraño en todo el asunto era el comportamiento de Sheila, la hermanastra de Bamber. En el piso inferior había señales de lucha que parecían demostrar que el padre había peleado con alguien antes de ser asesinado.



El detective Ronald Cook

Los cuerpos de las víctimas fueron sacados de la granja la mañana posterior a la masacre. La policía fue duramente criticada por no haber tomado huellas dactilares y por ignorar o destruir pruebas vitales. En las caóticas habitaciones del piso de arriba podía verse que June Bamber y los gemelos habían sido víctimas impotentes de aquella carnicería. Sheila Caffell tenía sangre en las plantas de los pies, lo que indicaba que, si ella había sido la asesina, probablemente había pisado un charco. Eso podría corroborar que ella había matado a todos. El doctor Craig examinó detenidamente a la joven. Tenía dos heridas de bala. Un disparo la había atravesado la yugular, el segundo entró por la mandíbula y llegó hasta el cerebro. Debía haber muerto instantáneamente, cayendo de espaldas y soltando el rifle. Tenía alguna que otra contusión en la cara, pero, aparte de esto, no había ninguna otra señal. Sus manos estaban limpias y sus largas uñas perfectamente arregladas. Craig meditó sobre lo que había visto y sacó las primeras conclusiones.



Las huellas en las plantas de Sheila

Las puertas y ventanas estaban cerradas y no había ningún indicio de que un ladrón desconocido hubiera forzado la entrada, matado a cinco personas y se hubiera marchado después con o sin botín. Un simple ladrón no hubiera disparado veinticinco balas, no se hubiera detenido a masacrar a los niños. Aquella matanza parecía ser un acto de violenta locura, un arrebato de pasión. Cuando el doctor Craig expresó su primera impresión, Cook y Miller pensaron más o menos lo mismo. En su opinión, la joven había asesinado a su familia y después se había suicidado. Para él era sencillamente un caso doméstico, un crimen familiar sin más.


Los policías se habían fijado en lo tranquilo que había permanecido Jeremy Bamber durante la angustiosa espera de aquella noche. Pero las pruebas eran arrolladoras y demostraban que este había sido un crimen violento, fruto de alguien desequilibrado como Sheila Caffell. El estado en que se encontraba la casa también debió de influenciar a la policía.



Los Bamber habían estado muy ocupados por la proximidad de la época de recogida de la cosecha, pero los salones tenían poco del desorden del ajetreo diario. Estaban ordenados meticulosamente. Los detectives no tuvieron que examinar montones de detalles irrelevantes. Aquella carnicería humana y la impresión de que se trataba de un caso familiar resuelto fueron el contraste más destacado.



Cuando llegó el agente encargado de dirigir el caso, el detective Inspector Jefe Tom Jones, la policía, presente ya en la escena del crimen, estaba recogiendo las pruebas necesarias para cerrar el caso según la hipótesis del asesinato-suicidio. Jones, conocido por “Taff” entre sus compañeros, escuchó lo que sus subalternos le contaron y estuvo de acuerdo con sus teorías. Visto el lugar de los hechos, no tenía ningún motivo para rechazar esta versión, dejó que sus hombres se encargaran del caso y se marchó.



En vista de que el caso parecía resuelto, los expertos en huellas dactilares del equipo de Cook no fueron tan meticulosos como exigía la investigación de un crimen aparentemente tan complejo como éste. La policía no tomó las huellas de la familia, ni siquiera las de Jeremy Bamber. No se pusieron guantes para recoger el rifle automático. Se reunieron un montón de objetos para analizarlos, pero partes enteras de la casa y su contenido, fueron registrados por la policía muy descuidadamente.




Cuando se retiraron los cadáveres, Jeremy Bamber palideció. Dijo a la policía que no pasaría por el doloroso trance de entrar en la casa después de lo que había visto, a menos que se eliminaran todas las señales de tan tremenda tragedia. Los detectives fueron solidarios. Limpiaron las manchas de sangre que había en una pared, retiraron las ropas de cama y alfombras de dormitorios y salones. También se llevaron otros objetos molestos, como una manta eléctrica y los colchones de los gemelos.



La policía retira los cadáveres

Dos días más tarde, de manera inexplicable, la policía lo puso todo en una pira y lo quemó. Un agente de policía fue destinado a localizar a la novia de Bamber, Julie Mugford. Cuando le contaron lo sucedido, ella no dijo nada, pero parecía profundamente afectada. Nada más ver a Bamber se abrazó a él. Un policía que estaba cerca oyó que susurraban algo y después un sonido que pudo haber sido una risita o simplemente tos. El agente no estaba seguro.



Etiquetas policiales

La masacre de White House tuvo lugar en la próspera llanura del sudeste de Essex. La policía de uno de los pequeños pueblos cercanos a la granja habría sabido con exactitud dónde estaba la granja. La de Chelmsford, aunque sólo estaba a unos 25 kilómetros de Tolleshunt D'Arcy, no estaba familiarizada con ella. La policía entró a la fuerza en la casa de Sheila Caffell en Maida Vale, Londres, pero no encontraron nada que confirmara su hipótesis de asesinato y suicidio.



La policía entra al departamento de Sheila Caffell

La pequeña población de Tolleshunt D' Arcy comenzó a saber de los asesinatos mientras se desarrollaba la investigación policial. Un granjero dijo de ellos: “Esas personas eran el pilar de la vida del pueblo”. El reverendo Bernard Robson parecía aceptar la teoría de que los crímenes eran un asunto de familia: “No tenía ni idea de que algo fuera mal entre ellos”. Todo lo que la policía oía sobre Sheila confirmaba lo que el hermanastro les había contado sobre ella. Un vecino dijo: “Sus ojos teman una mirada salvaje. Pensé que, o era la mujer más enferma del mundo, o estaba metida en algo. Sus ojos te seguían a todas partes”. Otro contó que: “Un día despertó a todos los vecinos gritando: ‘¡el mundo es maligno! ¡Tú eres maligno!’”.



El reverendo Bernard Robson

Los detectives estaban convencidos de que Jeremy Bamber no sólo no había exagerado con respecto a su hermana, sino que, en todo caso, había suavizado su historia. La policía oía constantemente historias de una mujer que tenía visiones delirantes y que iba proclamando por ahí que era la reencarnación de Cristo. Algunos amigos de la familia contaron a la prensa que la chica estaba metida en el mundo de las drogas y que lo único que había dado siempre a sus padres eran preocupaciones y dolores de cabeza.



Mapa de los crímenes (click en las imágenes para ampliar)


De repente, todo el país pudo leer en los periódicos que una mujer joven, totalmente desequilibrada, había disparado contra sus hijos hasta matarlos. El caso se convirtió en titular sensacionalista en todas las portadas. Los periodistas recorrían el pueblo a todas horas en busca de información sobre Sheila Caffell. Los asesinatos de la granja White House dieron pie a que los periodistas exageraran las especulaciones, centradas en Sheila Caffell particularmente. Cuando la historia salió a la luz y la policía hizo pública la presunción de culpabilidad de Sheila, el Daily Mail sacó en su portada el titular “Modelo asesina a cuatro miembros de su familia”, junto a una fotografía de ella que daba fe de todo su encanto.



Los titulares sobre el crimen




Se dijo que Sheila Caffell estaba convencida de ser objeto de una conspiración de sus gemelos de seis años, Daniel y Nicholas. A veces, creía ser la Virgen María o una bruja buena. También había estado convencida de que su novio era el demonio, sus hijos misóginos y ella misma una hechicera con poderes para acabar con la maldad del mundo. Durante las semanas que siguieron a la masacre, la prensa se permitió hacer descabelladas especulaciones sobre los motivos que pudo tener la joven para actuar corno lo hizo. Corrieron historias sobre su “mirada salvaje”. Se rumoraba que había sido chantajeada por un cártel internacional de drogas al que debía 40,000 libras y que las propiedades de los Bamber eran utilizadas con regularidad como zona en la que arrojar grandes cargamentos de droga desde una avioneta que venía desde el continente.



Las víctimas (click en la imagen para ampliar)

Pese a ello, los mismos vecinos estaban sorprendidos de la certeza de las afirmaciones policiales. No sabían que Sheila supiera cómo disparar un arma. Las únicas personas que dudaban de su culpabilidad eran David Boutflour, el primo de Jeremy Bamber, y su hermana, Christine Eaton. Boutflour apreciaba mucho a sus tíos, el matrimonio Bamber. También quería mucho a Sheila. Años atrás solía llevarla a bailar a Tolleston D'Arcy, donde siempre había sido la reina del baile. Incluso se pensaba que los primos habían tenido una relación amorosa en algún momento. “La granja White House era mi segundo hogar”, afirmó David. “Ella no era en absoluto como dicen. Era guapa y amable. Tenemos la sensación de que la familia sigue con vida y trata de decimos algo”. Boutflour no insinuó si sospechaba de alguna persona en particular en ese momento. La mayoría de los hombres de la familia eran excelentes tiradores. El mismo Jeremy era todo un reto para otro de sus primos, Anthony Pargerter, quien había participado en importantes torneos de tiro. También sabía que hacía tan sólo cinco meses que su padre, Robert, había estado discutiendo con Jeremy sobre la seguridad de la granja en una caravana propiedad de la familia situada en Osea Park, en Essex. Cuando Jeremy afirmó que era mejor acabar con los intrusos uno mismo, Robert le dijo que si mataba a alguien su conciencia sufriría siempre. Bamber contestó: “En absoluto. Podría matar a cualquiera. Podría, incluso, matar a mis padres”.



Las masacres familiares (click en la imagen para ampliar)

El lunes 11 de agosto se efectúo un oficia especial en la Iglesia de San Nicolás, en D' Arcy. La comunidad se reunió en memoria de la familia y juntos lloraron la pérdida de sus vecinos y amigos. “Roguemos porque Sheila, que tan triste y penosamente perdió el juicio, alcance la misericordia divina”, exclamó el canónigo Eric Turner. A los asistentes se les dijo que Jeremy estaba demasiado afligido como para acudir al oficio. Sin embargo, los allí presentes aún no conocían tres hechos que hubieran demostrado lo poco que la policía había comprendido a la familia Bamber. El primero de estos hechos era que Jeremy Bamber pasó el día del oficio especial bebiendo champagne con unos amigos. El segundo, que Boutflour y Christine Eaton hacían su propia investigación en la granja White House. Y el tercero, que un forense del Ministerio del Interior informó de que las heridas de Sheila indicaban que no pudo dispararse a sí misma.



El informe del forense


El forense también se había dado cuenta de que Sheila, que medía 1,69 m., tenía que haber dominado al altísimo Nevill Bamber, que medía 1,92 m., para poder golpearle con la culata del rifle, tan fuerte como para que algunos fragmentos de madera cayeran al suelo. Decidió que el primer disparo que tenía en la garganta la habría dejado totalmente incapacitada para disparar una segunda bala. Había además señales, muy técnicas pero claras, de que uno de los disparos que la mató había sido hecho con un silenciador acoplado al rifle. Sheila adquirió el sobrenombre de “Bambi” por sus largas piernas, pero sus brazos eran bastante cortos. Si el rifle hubiera tenido colocado un silenciador de 15 cm., el resultado de la longitud total del arma apuntando a su cara desde el gatillo sería de 91 cm. No pudo dispararse a sí misma. ¿Y dónde estaba el silenciador? No había ninguna señal de éste en la habitación en la que encontraron a June Bamber y a su hija adoptiva.



La bala que mató a Sheila

Al principio, los detectives del caso rechazaron el informe de este forense. El 14 de agosto, en el Departamento de Investigación Forense de Chelmsford Shire Hall, Jeremy obtuvo el certificado de defunción y la custodia de los cuerpos de June y Nevill Bamber. Se decidió por la incineración de los dos cadáveres y siguió adelante con todos los preparativos. Cientos de habitantes del pueblo volvieron a la Iglesia de San Nicolás dos días después. Los habitantes de Tolleshunt D'Arcy abarrotaron el lugar para ofrecer sus últimos respetos a June y Nevill Bamber. Los medios de comunicación también comparecieron para plasmar el dolor del único superviviente de la familia. La Iglesia estaba llena y la multitud se agolpaba en la entrada con la esperanza de oír la misa. Jeremy Bamber se preparó muy bien para el funeral de June, Nevill y Sheila el 16 de agosto de 1986. Llevó puesto un traje de negro Hugo Boss. No asistió al servicio especial que tuvo lugar cinco días antes en memoria de la familia. Al entrar en la Iglesia, pasó delante de un último recuerdo de su madre adoptiva: en el tablón de anuncios había una lista firmada por June Bamber, la ayudante del párroco.



El funeral







“El amor no oculta un historial familiar de errores”, comenzó el reverendo Robson. “Sheila no encontró descanso en su locura, pero el descanso eterno será pronto suyo”. Pocos oyeron las palabras que Jeremy murmuró a su novia, refiriéndose a sus familiares: “Son como un puñado de hienas esperando ver qué pueden sacar de todo esto. Si piensan que van a conseguir algo deben estar locos”. David Bouttlour, el primo de Jeremy, se dio cuenta de que su primo miraba constantemente el reloj durante el funeral y le oyó decir: "Vámonos de aquí; es la hora”.



Los ataúdes se llevaron a Colchester para ser incinerados. Allí, Jeremy Bamber se derrumbó sin poder controlarse, al contemplar los restos mortales de su familia. Consolado por su novia, Julie Mugford, Jeremy lloró como un niño desamparado. Tuvieron que llevarlo al automóvil.



Julie Mugford y Jeremy Bamber durante el sepelio




Pocos habitantes del pueblo y pocos miembros de la familia conocían a Julie Mugford. Durante el funeral se mantuvo junto a su novio, cogiendo su mano cuando se mostraba afligido; sin embargo, ella no demostró sus propios sentimientos. El marido de Sheila, Colin Caffell, el padre de los gemelos, colocó un ramo de rosas amarillas, las favoritas de ella, en su ataúd. Junto a una nota que decía: "Querida Sheila, siempre te imaginaré junto a nuestros hijos. Con amor: Colin”.



Las notas de condolencia

Alguien añadió un ramo de rosas y margaritas con un "mensaje” de los niños: "Pronto estaremos juntos otra vez, mami. David y Nicholas”. Los gemelos fueron enterrados en la Iglesia de St. James en Hampstead. Su desconsolado padre, que asistía a un segundo funeral en menos de tres días, leyó ante los ataúdes cubiertos de flores un fragmento de la historia favorita de los gemelos: El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Poco después los enterraron con el cofre de madera que contenía las cenizas de su madre.



La tumba de los Bamber

David Boutflour y Christine Eaton habían registrado la granja tres días después de los asesinatos. Sabían que para efectuar veinticinco disparos, recargando dos veces, se necesitaban unos conocimientos de coordinación de los que Sheila carecía. Volvieron sobre los pasos de la policía y llegaron hasta el estudio donde Nevill Bamber tenía su armero. La policía no había visto nada trascendente en su interior, pero Boutflour vio rápidamente el silenciador. Lo estudió y comprobó que podía encajar perfectamente en un rifle del calibre 22.



El silenciador

Ya familiarizados con cada rincón de la casa, los hermanos continuaron su búsqueda. Mientras ella hacía algunas comprobaciones en la ventana de la cocina, se dio cuenta de que, pese a parecer cerrada apresuradamente desde el interior, podía abrirse fácilmente desde fuera. Él encontró restos de sangre dentro del silenciador y varios arañazos diminutos en la repisa de la cocina. Todo esto se lo notificó a la policía inmediatamente, pero prestaron tan poco interés, que pasaron dos días antes de que fueran a recoger el silenciador.



Christine Eaton

Jeremy había estado ganando unas 9.000 libras como administrador de las propiedades de la finca. Además, poseía un tercio de los beneficios que producía un terreno de 48 acres y un 8% de los beneficios de un camping de la familia. Ahora, sólo tenía que esperar para heredar una fortuna de varios cientos de miles de libras. Los habitantes de Tolleshunt D'Arcy, que conocían el estado económico de Bamber, se sorprendieron al oír, el 8 de septiembre, que había sido arrestado por la policía de Essex en un apartamento de Londres. Le acusaron de robo y de la desaparición de 980 libras que había en la caravana que, en parte, le pertenecía. La detención de Jeremy Bamber bajo la acusación de robo despertó gran interés en el público. ¿Podía haber un ladrón y un asesino en una misma familia? Fue llevado a un juzgado especial en Chelmsford al día siguiente. Extraordinariamente, la fianza por estos “cargos menores” fue rechazada. ¿Podía esto significar que la detención había sido una excusa para interrogarle sobre otros temas? Al parecer no era así, porque el 13 de septiembre obtuvo la libertad incondicional bajo fianza y se fue de vacaciones a la ciudad de Saint Tropez, en el sur de Francia. No se fue con Julie Mugford, sino con su viejo amigo de Nueva Zelanda, Brett Collins.



Jeremy Bamber tras su arresto

Según diría después, Julie, liberada brevemente de la autoritaria, suplicante y carismática influencia de su amante, tuvo tiempo para pensar. Había algo que la atormentaba profundamente y Bamber se había dado cuenta de que, durante unas semanas, ella había estado ocultando sus sentimientos. Al abandonarla para irse de vacaciones con Collins, estaba jugando sus cartas de forma un tanto temeraria. El administrador de la familia Bamber, Basil Cock, que era el albacea testamentario de la herencia, anunció que a Jeremy le correspondían $229,980 libras que le dejaba June Bamber y otras $206,940 de Nevill, así corno la granja y otros bienes y propiedades. A finales de septiembre, Julie fue a ver a la policía de Essex. Les contó que Bamber le había revelado sus intenciones de matar a su familia. Jeremy había pasado meses planeando asesinar a sus padres. Quería cometer el crimen perfecto. Su primer plan consistía en ponerles droga en la bebida, dispararles y prender fuego a la casa. Decidió no llevarlo a cabo porque la prima del seguro de la casa era mínima y porque un valioso reloj antiguo quedaría también destruido. Los detectives la escucharon con atención. ¿Estaba la novia de Bamber contándoles algo de lo que ellos no se habían dado cuenta? ¿Estaba mintiendo por alguna extraña razón? La dejaron seguir hablando. Julie Mugford describió cuánto odiaba Bamber a su madre, a la que llamaba “vieja vaca”, y cómo deseaba romper sus lazos con la familia. Cuando ella le preguntaba por qué no se marchaba de allí, Jeremy contestaba que tenía mucho que perder y que es fundamental tener dinero cuando se es joven.


Ella contó que, antes de que él se fuera a Saint Tropez, le había avisado de que le resultaba muy doloroso seguir ocultando la verdad. Bamber le respondió: “Mi vida está en tus manos”. Cuando Julie Mugford acabó su declaración, el agente al mando, el superintendente Michael Ainsley, revisó todo el caso. Cuando Bamber y Collins volvieron a Dover el 30 de septiembre, la policía les estaba esperando. Al día siguiente Jeremy fue detenido, acusado de asesinato.



El arresto de Jeremy Bamber




Las historias sobre Sheila sólo empezaron a disminuir cuando Bamber fue arrestado y la prensa fijó su atención en la culpabilidad del nuevo acusado. La policía insistía en que los crímenes habían terminado con el suicidio del asesino. Pero entre bastidores, miembros de la propia familia se propusieron probar que estaban equivocados.



Durante los más de doce meses que estuvo en prisión preventiva antes del juicio, sobrevivió gracias al montón de cartas de amor, más de un centenar, que le escribió a una chica de la que se hizo amigo íntimo tras su arresto. Su nombre era Anji Greaves y era una maquilladora de Londres, de treinta años de edad. A petición de él, se arreglaba especialmente cuando iba a verle a la prisión de Brixton, al sur de Londres. El 11 de agosto de 1985, Bamber le escribió una nota que decía: “Cariño, te escribo esta nota para que sepas lo increíblemente atractiva que estabas el jueves. Me sentí realmente orgulloso cuando me senté en la sala de visitas”. Al acercarse el juicio, parecía muy seguro de que él y Anji estarían juntos otra vez. Una vez firmó una nota con las iniciales E.D.L.A.C., que significaban: “Estoy Deseando Llevarte A Casa”. En otra carta incluyó una estrofa: “Tres semanas más para poder salir. Tres semanas más he de sufrir. Tres semanas en este viejo agujero, y estaré en casa mucho antes de enero”.



Anji Greaves

Cuando Jeremy Bamber por fin fue llevado a juicio, el caso se convirtió en el principio de una confrontación. Julie Mugford afirmaba que Jeremy le había confesado su culpabilidad. Él simplemente declaró que era inocente de los asesinatos. El juicio por asesinato comenzó en el Tribunal de la Corona de Chelmsford el jueves 2 de octubre de 1986, más de un año después de los asesinatos. Presidía la sala el juez Drake.



El juez Drake

El detenido se había procurado los servicios de uno de los abogados criminalistas más prestigiosos del país, Sir David Napley. Algunos de sus clientes habían sido Jeremy Thorpe, el líder del Partido Liberal, absuelto tras ser acusado de conspiración de asesinato, y la familia del financiero italiano Roberto Calvi, quien fue hallado colgando del puente de Blackfriars en 1983. Mientras estaba en libertad condicional, Bamber decidió despedir a su abogado local, alegando que no tenía ninguna confianza en su inocencia. Se dedicó a buscar ayuda legal, pero los abogados de los juzgados de Maldon fijaron su tarifa en 26 libras la hora para que él no los contratara.



David Napley, el abogado defensor

Durante una vista preliminar el 28 de octubre de 1985, el acusado protestó diciendo que tenía derecho a escoger el abogado que quisiera, fuera o no respaldado por otra ayuda legal. George Ginn, que presidía la vista, le contestó terminantemente: “No tiene ese derecho. Un abogado de Londres sería un gasto adicional habiendo personas de la localidad que están disponibles”. Hacía poco tiempo que Sir David Napley había cobrado 135 libras la hora por representar al Ayuntamiento de Bristol. Pero, finalmente, se llegó a un acuerdo con él, quien dio instrucciones a Geoffrey Rivlin para que representara a Bamber.



Geoffrey Rivlin

Anthony Arlidge representaría a la acusación. Durante el juicio, Bamber vestía un traje a rayas oscuro, que lo hacía parecer un colegial cuando subió al estrado, solicitando un veredicto de no culpabilidad por las cinco acusaciones de asesinato. El jurado estaba compuesto por cinco mujeres y siete hombres. En su discurso inicial, Arlidge describió en términos muy gráficos el brutal ataque del que fue objeto la granja White House. Se hicieron veinticinco disparos, quince de ellos a quemarropa. El fiscal puso mucho énfasis en los supuestos motivos de Bamber, aunque en los juzgados británicos no es necesario demostrar los motivos más allá de la duda razonable cuando hay una prueba concluyente de culpabilidad. Bamber había visto un borrador del testamento de sus padres adoptivos. “Sabía que si sus padres, hermana y los gemelos morían, él se beneficiaría de la herencia”, afirmó Arlidge. En poco tiempo su fortuna ascendería a 436.000 libras.



El fiscal Anthony Alridge

Incluso en este punto del juicio era evidente que en la tribuna de los testigos se iban a producir duelos de preguntas capciosas, respuestas astutas, acusaciones de engaño, traición, violencia y negativas desafiantes. Las pruebas presentadas causaron controversia: el rifle, las huellas dactilares y la llamada de Jeremy a la policía de Chelmsford. Pero sobre todo, causó interés el desacuerdo en las declaraciones de dos jóvenes que fueron amigos y amantes: Jeremy Bamber y Julie Mugford.



El juicio de Jeremy Bamber

Los agentes de policía que estuvieron en el exterior de la casa aquella noche, fueron declarando uno por uno. El detective Cook tuvo que reconocer dolorosamente algunas cosas durante su declaración. No cogió con guantes el rifle calibre .22 de Bamber y no registró completamente el armero en el que fue encontrado el silenciador. Más grave aún era el hecho de que Cook perdiera, por descuido, un cabello encontrado en el silenciador y no notificara su pérdida. Cook fue severamente reprendido por el juez en su discurso final. A medida que se describía la investigación realizada por la policía en la granja White House, la trágica reputación de Sheila iba llenando la sala. Jeremy Bamber tenía que probar su inocencia contra la de dos mujeres: o era él el asesino, o lo había sido su hermana Sheila. O era él un mentiroso, o era su novia Julie quien mentía.


El quinto día del juicio, David Boutflour subió al estrado para declarar como testigo y el jurado pudo apreciar por primera vez las divisiones internas de la familia Bamber. El primo describió las investigaciones que había hecho con su hermana en la granja y los motivos por los que las llevaron a cabo.



David Bouttflour durante el juicio

Contó cómo supuestamente encontraron el silenciador, la forma en que se abría y cerraba la ventana de la cocina, los arañazos y virutas que había en la repisa de la cocina y una bicicleta que halló abandonada en un sendero detrás de la cocina. Los tíos de Bamber, Robert y Pamela Boutflour, oyeron cómo su hijo David había descubierto pruebas que demostraban la culpabilidad de Jeremy.



Robert y Pamela Boutflour

El arma que mató a Sheila Caffell era un rifle Anschutz del calibre .22, semiautomático y de fabricación alemana. Aunque se trata de un arma de pequeño calibre, su alta velocidad puede ser tremendamente dañina. En un caso anterior se encontró una bala en el tobillo de un hombre al que le habían disparado desde arriba, en el muslo. Pero en el juicio de Jeremy Bamber era más importante su longitud que su poder. Con el silenciador puesto, esa arma hubiera medido 1,24 mts. Para alcanzar el gatillo y dispararse a sí misma atravesándose la mandíbula, Sheila hubiera necesitado tener unos brazos de 91 cmts. de largo. Para demostrar que esto era totalmente imposible, un experto del Ministerio del Interior, Glynis Howard, se tumbó en el suelo y colocó en sus rodillas el rifle con el silenciador puesto. Era imposible alcanzar el gatillo.



El rifle



La mañana del 9 de octubre, el fiscal llamó a declarar a su testigo principal, Julie Mugford. Lloraba con frecuencia cuando recordaba los meses durante los cuales supuestamente la idea de Bamber de asesinar a su familia se iba transformando en una horrible conspiración criminal. Contó al jurado que Jeremy le había dicho que había matado ratas con sus propias manos, aunque después se ajustó correctamente a la historia narrada a la policía.



Julie Mugford durante el juicio

Julie Mugford recordó su encuentro con Bamber después de que ocurrieran los asesinatos. Se dieron un abrazo y él supuestamente le susurró: “Debería haber sido actor”. Según la versión de Julie, unas semanas después la pareja habló acaloradamente del tema mientras cenaban en un restaurante. “Le dije que me sentía culpable por los dos y que debería saber lo que él sentía. Contestó que estaba haciéndole un favor a todo el mundo y que no había nada por lo que sentirse culpable. Cuando le comenté que no sabía lo que iba a hacer o decir, me respondió que no hiciera ninguna estupidez”. Arlidge la preguntó por qué no le contó todo a la policía mucho antes. Esta fue una de las preguntas más acusadoras de todo el juicio. Según admitió ella misma, pudo haber llamado a la granja White House para avisarles de lo que iba a ocurrir, pero no lo hizo. Ante su incapacidad de dar una respuesta coherente, Julie añadió: “Al principio no quería creer lo que sabía. Me daba miedo hacerlo. Jeremy me convenció de que si le ocurría algo a él, también me pasaría a mí. Dijo que podría estar implicada en el crimen porque lo sabía todo previamente”.


Uno de los episodios más extraños del juicio se centró en un hombre de Colchester llamado Matthew Macdonald. Julie Mugford aseveró que Bamber le había contado que le había pagado 2.000 libras a este individuo para que cometiera los cinco asesinatos. Macdonald declaró que era un simple fontanero, pero tras un viaje a Malasia empezaron a correr rumores de que era un mercenario dispuesto a alquilarse por contratos de asesinato. Macdonald siempre negó las acusaciones y añadió que la noche de los asesinatos estuvo con su novia. Salió del juzgado sin una mancha en su reputación y asegurando que la historia de Julie era un invento absurdo.



Matthew Macdonald

Julie Mugford era una joven con un carácter duro y apasionado. Sus últimas declaraciones en el estrado molestaron a algunos miembros del jurado. Se oyeron exclamaciones de asombro cuando ella explicó por qué accedió a identificar los cadáveres de las víctimas en el depósito de Chelmsford: esperaba que al ver los cadáveres de Sheila Caffell y June Bamber pudiera establecer contacto con sus fantasmas y recibir algún consejo de ellos. "Jeremy y yo sabíamos algo que nadie sabía. No podía hablar normalmente con otras personas porque esta idea me obsesionaba”.



Julie Mugford con su madre

El 11 de octubre, una carta redactada por June Bamber con una nota adjunta que decía: “No abrir hasta mi muerte” fue leída a toda la sala: “Queridos hijos: por si me sucediera algo y tuviera que dejarlos, he escrito esto para que sepáis cuánto los quiero y cuanto les agradezco todo el amor que me han dado. Todo lo que le pido a Dios es que los ame y proteja durante los años venideros, y que permita que algún día nos podamos volver a encontrar. Con todo mi amor: mamá”. En el banquillo de los acusados, Jeremy Bamber se derrumbó y se puso a llorar desconsoladamente.


El 6 de octubre, Geoffrey Rivlin inició la defensa de Bamber. Al igual que Arlidge, el representante de la acusación, Rivlin era capaz de captar la atención del jurado con determinadas pautas y explicaciones gráficas. “La defensa se basará simplemente en que Jeremy Bamber no cometió esos asesinatos”, dijo dirigiéndose al jurado. “La acusación tendrá que demostrar, más allá de una duda razonable, si este joven es un asesino”. Rivlin pasó después a la inevitable demostración de que la madre de los gemelos, Sheila, estaba dominada por la locura, y la idea de que sus hijos estaban controlados por fuerzas demoníacas y ella misma poseída por el demonio. “Empezó a mezclar confusas ideas sobre los niños, como la de mantener relaciones sexuales con ellos, hacerles daño o sufrir junto a ellos”. Como experto abogado que era, Rivlin sabía perfectamente que manchando la reputación de Sheila no salvaría a su cliente. Quería describirla como una persona digna de compasión, pero tan inestable como para cometer los asesinatos.



La policía examina el auto de Bamber

Pese a ello, el abogado fue incapaz de desacreditar a Malcolm Fletcher, un especialista en balística del Ministerio del Interior, que afirmaba que el silenciador utilizado en aquel rifle del .22 era demasiado largo como para que Sheila pudiera suicidarse con él. Tampoco tuvo mucho éxito con Peter Vanezis, quien declaró que los disparos efectuados en la cabeza de Nevill Bamber fueron realizados después de haber sido inmovilizado. El impacto en el jurado fue notable. Quien hubiera asesinado al anciano había tenido que golpearlo hasta dejarle inconsciente para poder disparar contra su cabeza varias veces. Pese a las preguntas de Rivlin, el doctor continuó afirmando que Sheila Caffell no tenía marcas o magulladuras que demostraran que hubiera tomado parte en alguna lucha, bien como víctima o como atacante.



La radiografía del cadáver de Sheila

Asombrosamente, en el juicio no se mostraron las fotografías que mostraban que el cadáver de Sheila había sido movido por la policía, ni tampoco las imágenes de las plantas de los pies llenas de manchas de sangre. La Biblia ensangrentada de Sheila Caffell nunca fue examinada por un forense ni presentada como prueba, a pesar de las repetidas solicitudes del abogado de Bamber. Las fotografías mostraban una nota escrita a mano que sobresalía de entre las páginas de la Biblia. Tal vez era una nota de suicidio, pero la policía de Essex le informó a los abogados de Bamber que la nota había sido destruida, sin que mediase una explicación de su parte. Pasarían más de veintisiete años para que muchas de aquellas evidencias salieran a la luz.



Los reportes de la policía



El 16 de octubre, el undécimo día del juicio, el acusado comenzó su declaración. Su abogado fue nombrando uno por uno a las cinco víctimas de la granja y a continuación le preguntó: “¿Las ha matado, Bamber?” “No”, respondía él suavemente a cada pregunta. Bebía agua frecuentemente y hablaba tan bajito que al principio de su declaración tuvieron que repetirle que alzara la voz. Continuó diciendo que había tenido una “tierna relación” con sus padres y que el motivo por el que no marcó el 999 cuando llamó a la comisaría de Chelmsford la noche de los asesinatos fue, simplemente, porque no se le ocurrió. Después le preguntaron acerca de las declaraciones de su tío, Robert Boutflour, y de su ex novia Julie Mugford. Bamber los atacó directamente diciendo que ambos estaban cometiendo perjurio. “Creo que sólo son dos mentirosos”, dijo. “Julie es quien más historias está inventando y mi tío piensa que no se equivoca nunca”. La arrogancia del acusado se puso de manifiesto cuando Arlidge, el fiscal, le dijo simplemente: “Usted no está diciendo la verdad” y Bamber le respondió: “Eso es lo que tiene usted que demostrar”.




Implacable, Arlidge continuó con preguntas del mismo estilo.

—¿No es verdad que le disparó a las cuatro primeras personas con el silenciador?
—No, no es verdad.
—Le disparó a Sheila con el silenciador puesto, ¿verdad?
—Eso es mentira.
—¿Cuando intentó falsear el suicidio se dio cuenta de que era imposible que ella se disparara con el silenciador puesto?
—Eso es falso.
—Ese fue el momento en que cambió sus planes y se llevó el silenciador abajo.
—Eso es mentira.
—Usted asesinó a todos. ¿No es verdad?
—No, no lo hice.







Al describir a su fallecida hermanastra, volvió sobre el tema de sus depresiones y visiones místicas. “Quería estar con el Señor. Quería ir al cielo, quería llevarse a la gente con ella y salvar al mundo”. Añadió que su hermanastra era bastante más dura con sus hijos de lo que se había dicho, “pero los miembros de la familia no se lo dijimos nunca a nadie”. Así terminó la dura prueba de Bamber. Su abogado se levantó para dirigirse al jurado por última vez. “Todas las pruebas revelan que Sheila estaba predestinada, se encontraba ya en un estado de esquizofrenia total”, dijo Rivlin. “Lo que realmente sería una coincidencia es que ella tuviera un desequilibrio la misma noche que el acusado decidiera matarlos a todos. Seria en verdad una coincidencia increíble que dos miembros de una misma familia enloquecieran totalmente la misma noche”. La prueba de la sangre en el silenciador era “bastante insatisfactoria”, continuó Rivlin, evitando mencionar el hecho de que Jeremy Bamber fue quien dejó el rifle en la casa la tarde anterior. “Si mi cliente hubiera asesinado a esas cinco personas aquella noche, ¿creen que se hubiera atrevido a decirle a la policía que fuera a la casa, pudiendo esperar a que encontraran a Sheila? Simplemente no tiene sentido”.



Los titulares sobre el juicio


En el discurso final de la acusación. Arlidge dijo que la excusa que Bamber había puesto para no llamar a la policía por el número de emergencia 999 “no se tenía en pie. Sabía perfectamente que la policía iría a su encuentro: así probaría que él no estaba en la casa. Era esencial para Bamber que cualquiera que entrara en la casa tuviera en la cabeza que Sheila estaba completamente loca. Pero la llamada a la policía fue un error fatal para él”.


En el resumen final, el juez Drake le rogó al jurado que se atuviera a tres puntos. ¿Creían en la historia de Bamber o en la de Julie Mugford? ¿Tenían la certeza de que Sheila no había asesinado a la familia? Y por último, ¿era cierto que Nevill Bamber llamó a Jeremy la noche de la masacre? “Si están convencidos de que Julie Mugford les ha contado la verdad, quiere decir que el acusado ha mentido. Lo mismo ocurre si están convencidos de que Sheila no cometió los asesinatos. Deben entonces estar seguros de que los cometió el acusado”.


El jurado se retiró a deliberar la tarde del 27 de octubre. Cinco horas después aún no habían llegado a un veredicto unánime. Los trasladaron a un hotel para que pasaran la noche incomunicados. A la mañana siguiente hubo fuertes desacuerdos con respecto a las pruebas principales. Finalmente, el juez dijo que aceptaría un veredicto mayoritario. Nueve horas y veinticuatro minutos más tarde, el jurado tenía su veredicto. Bamber los contemplaba impasible mientras lo declaraban culpable de los cinco asesinatos, por diez votos a dos en cada caso. Los primeros intentos serios de introducir veredictos mayoritarios en el código penal inglés comenzaron en 1953. El máximo representante de la justicia entonces, Lord Goddard, sugirió que su introducción prevendría el alto coste de las apelaciones. Pero mucha gente pensaba que tratándose de una sentencia por asesinato, la unanimidad era una garantía para salvaguardar la libertad civil. El debate continuó hasta 1968, fecha en que se hizo posible que un juez aceptara veredictos mayoritarios de 11 a 1 o, como en el caso de Bamber, de 10 a 2.


“Su conducta al planear y llevar a cabo los asesinatos de cinco miembros de su familia es increíblemente maligna”, le dijo el juez. “Y es evidente que usted, aun siendo tan joven, tiene una mente malvada, insensible y pervertida oculta tras una apariencia respetable y unos modales civilizados”. El juez afirmó que la codicia y la arrogancia eran la causa de muchos asesinatos. Lo sentenció a cinco condenas de cadena perpetua, con la recomendación de que un hombre capaz de matar a dos niños mientras dormían en su cama no debería salir en libertad condicional hasta pasados, por lo menos, veinticinco años. Bamber, imperturbable, abrió la portezuela del banquillo de los acusados y fue sacado de allí. Ya fuera, lloró desesperanzado por primera vez, gimiendo. Entre las asistentes estaban dos nuevas enamoradas de Bamber: Suzette Ford y Felicity Moyles.



Suzette Ford y Felicity Moyles

Tras la publicidad del juicio, Bamber tuvo que enfrentarse a la terrible realidad de una sentencia de cadena perpetua tras los muros de una prisión. La vista de apelación fue rechazada y tuvo que encarar el desprecio y la aversión especial que sentían sus compañeros de prisión por los asesinos de niños. Bamber comenzó a cumplir sus cinco sentencias de cadena perpetua en la prisión Wormwood Scrubs, al oeste de Londres.



La prisión Wormwood Scrubs

La pasión de Bamber y Anji Greaves no sobrevivió al duro golpe de las sentencias a las que él fue condenado: “No sé si podré seguir visitándole a partir de ahora”, dijo Anji. “Sería como una cadena perpetua para ambos”. Pero el gran atractivo que Bamber tenía para las mujeres no se había extinguido aún. A pesar del tremendo shock de verse encarcelado por el resto de sus días, era visitado regularmente por una jovencita que lo admiraba. Se trataba de Sabina Butt, de 24 años, quien le había escrito algunas cartas. Se rumoraba que, durante el juicio, el acusado recibía cartas de jóvenes que le pedían una cita para cuando fuera absuelto. Sabina Butt se describió a sí misma como la heredera de un imperio de manufacturación multimillonario. Prometió que la fortuna de su familia se utilizaría para conseguir una apelación para Bamber, pero nunca cumplió su promesa. Poco después se descubrió que estaba alojada en una vivienda de protección oficial. Sabina dijo: “No puedo creer que sea el monstruo demoníaco que dicen que es. Él dice que es inocente y yo le creo”. Esta mujer no fue la primera persona que creyó, de alguna forma, que Bamber no era responsable de los asesinatos. Tal vez sí fue la única persona que dijo que no fue realmente él quien apretó el gatillo del rifle del .22 la madrugada del 7 de agosto de 1985.



Bamber en prisión tras la condena

Un mes después de la condena, Bamber dijo que apelaría su sentencia. Su asesor jurídico le dijo que el resumen final del juez influenció al jurado al dejar clara su opinión de que Sheila no pudo haber atacado a Nevill Bamber, estuviera loca o no. Durante el largo proceso judicial que precedió a su condena, el acusado fue sacado en secreto de la prisión, en enero de 1988, para presentar su caso ante el tribunal territorial de apelaciones. Dejo de estar en prisión preventiva para pasar a ser el recluso P 12373. Todos sus intentos por asegurarse el control de sus propiedades fracasaron. Más tarde, Bamber escribió a un periódico local de Essex diciendo: “Si hubieran estado allí, sabrían que cometieron una injusticia conmigo”. Su condena por asesinato significaba que Jeremy nunca podría reclamar la herencia de White House, ni siquiera en el supuesto de que fuera puesto en libertad.


En febrero de 1989, el poeta Ken Smith publicó un relato de sus dos años de residencia en Wormwood Scrubs. En el libro, Inside Time, se cuenta que Bamber estaba “bajo estricta supervisión constantemente. No era muy popular en la galería”. Era bien sabido que los infanticidas eran tratados con violencia por sus compañeros de presidio. Además, su arrogancia hacía las cosas más difíciles. Smith recordó que Bamber estaba siempre vigilando a su alrededor y se encontraba muy nervioso. El escritor pudo ver, durante un breve encuentro con él, como otros prisioneros le hacían gestos amenazadores.



Durante años, Bamber siguió insistiendo en que era totalmente inocente. Smith contó que Bamber creía lo que decía. Inclusive, se presentó a la prueba del polígrafo y la pasó con éxito. Sus intentos de conseguir un juicio de apelación fueron atendidos por el máximo representante de la justicia británica, Lord Lane, el 14 de marzo de 1989. Los abogados no llegaron a ninguna parte. Lord Lane y sus colegas rechazaron tajantemente cualquier petición que les hicieron. No estaban de acuerdo con las reclamaciones del abogado de Bamber, basadas en la opinión de que el juez Drake se equivocó al proponer al jurado la simple opción de que si creían que Sheila no pudo haber cometido asesinatos, entonces el acusado era culpable de todos los cargos.



Por aquella época, la granja White House estaba siendo dirigida por un granjero local: Peter Eaton. Su esposa, Christine, había ayudado a David Boutflour a registrar la casa y a encontrar el silenciador y otras pruebas que fueron importantes a la hora de condenar a Bamber. Pocas cosas habían cambiado en el interior de la casa. Un año después de los asesinatos, aún había en la cocina una tarjeta de cumpleaños para Nevill Bamber por su cumpleaños número 61. En septiembre de 1989, Bamber renunció a su demanda de herencia de la granja en que murió su familia. Los sentimientos de sus familiares quedaron resumidos en las declaraciones del tío de Jeremy, Robert Bouttlour: “No me corresponde a mí hacer comentarios sobre mi sobrino. Esa es misión del juez y del jurado”. Cuando le preguntaron por la sentencia, dijo: “Nadie gana. Todo el mundo pierde. Esto no nos devolverá a la familia”.



Cronología (click en la imagen para ampliar)

En una entrevista de televisión realizada cuatro años después de la muerte de su esposa y sus dos hijos, Colin Caffell dijo que había perdonado a Bamber. Contó que le había enviado una carta explicándole sus sentimientos sobre tan tremenda tragedia. Mientras Bamber permanecía encerrado, Caffell afirmó que no lo odiaba. Dijo que June Bamber, la madre adoptiva de Sheila, también tenía un largo historial de desequilibrios y que la propia Sheila había sufrido varias crisis nerviosas. Aunque no estaban ligados por lazos de sangre, los Bamber y sus hijos habían formado una familia inestable.



Colin Caffell

Caffell añadió que ”Jeremy era tan víctima de sus propias acciones corno el resto de la familia”. En el salón de Colin Caffell siempre había una escultura de Sheila abrazando a sus hijos. Colin dijo que durante su embarazo, Sheila estuvo aterrada con la idea de perder a los gemelos. “Después de haber dedicado tanto amor y cuidado a sus hijos, nunca hubiera podido apuntarles con un arma, dijera lo que dijera durante sus desvaríos”, dijo su ex esposo.



La escultura de Sheila

Inmediatamente después de que finalizara el juicio, el Ministro del Interior, Douglas Hurd, ordenó una investigación exhaustiva del modo en que la policía de Essex condujo el caso. El día posterior a que el acusado fuera encarcelado, los titulares de los periódicos reflejaban la opinión pública del momento. Fue esta indignación lo que contribuyó a que el jefe de la policía, Robert Bunyard, ofreciera sus disculpas a los familiares, en particular a los de Sheila Caffell. También se pensaba que, aunque Jeremy realmente fuera un embaucador, la policía no debería haberse dejado engañar tan fácilmente.



Douglas Hurd

El informe del Ministerio del Interior fue preparado por el inspector jefe, Sir Richard Barratt. Recomendó, severamente, métodos bajo los que debían guiarse las investigaciones más estrictamente. Apuntó la necesidad de nombrar un oficial superior que comprobara el trabajo, punto por punto, de los hombres que encabezaban la investigación y que interrogara a todos los detectives del caso. Las propuestas específicas reflejaron los errores cometidos en la investigación de la granja White House. Los cuerpos de las víctimas no deberían haberse enterrado o incinerado hasta que el juez de instrucción hubiera visto el informe del forense. Los detectives deberían haber reflejado por escrito sus dudas y opiniones sobre la gente que interrogaran y, además, el equipo de investigación debería haber recorrido la escena del crimen con alguien familiarizado con el entorno, para prevenir la pérdida de pequeños detalles de gran importancia. “Es evidente que se cometieron errores en los primeros momentos de la investigación policial, en contra de las diligencias habituales”, declaró el Ministro del Interior. “Las recomendaciones recogidas en el informe no acusan la necesidad de cambios radicales en los procedimientos policiales. En su lugar evidencian y confirman la existencia de un método que se sigue estrictamente”.



Los policías de Essex

El juez del caso Bamber, Drake, criticó la investigación tachándola de superficial y el Ministro del Interior, Hurd, opinó que fue inadecuada. La policía de Essex fue también duramente criticada por sus colegas de otros cuerpos. En noviembre de 1986, justo después de la condena de Bamber, el periódico oficial de la Federación Policial comentaba: “La policía es un cuerpo disciplinado, y los agentes subordinados que cometen serios errores pueden esperar ser reprendidos con todo el rigor del procedimiento disciplinario. Lo que es más importante todavía, aquellos que imponen esos mismos principios a sus agentes serán también considerados responsables cuando los errores sean cometidos en las altas esferas”. Muchos detectives de Essex salieron perjudicados por su trabajo en el caso. El oficial que estaba al mando aquella noche, el inspector jefe de detectives, Tom Jones, nunca se recobró de su interpretación de lo sucedido. Tres días después del comienzo del caso cumplió con un compromiso de un torneo de golf, pero al poco tiempo se convirtió en un paria. En mayo de 1986, cinco meses después del juicio, murió como consecuencia de una caída desde una escalera de su casa. Los responsables de la policía de Essex dieron una conferencia de prensa tras el juicio para defender su modo de llevar el caso. Stone, el ayudante del jefe de policía, admitió que fueron “inicialmente engañados por Bamber”, pero negó los alegatos de que habían manejado el caso descuidadamente. También rehusó criticar a ninguno de sus agentes. Tiempo después, comenzaron los rumores de que Bamber era inocente, los cuáles llegaron hasta la prensa.



En 2013, varias fotografías y documentos que habían estado ocultos salieron a la luz. Con base en ellos, los abogados de Jeremy Bamber intentan de nuevo demostrar que es inocente y que fue Sheila Caffell quien mató a la familia Bamber. Sobre esta nueva esperanza, Bamber ha dicho: "Tengo un dibujo que un amigo hizo para mí; soy yo, estando de pie con mis manos alzadas. Está en mi pared, y yo lo miro todo el tiempo, y visualizo ese día".







BIBLIOGRAFÍA: